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Lección 7: Para el 17 de mayo de 2025

Lección 7 | Martes 13 de mayo
Los querubines, ya sea como seres vivientes (Eze. 10:8) o como símbolos hechos de oro (Éxo. 25:18), aparecen a lo largo de todo el Antiguo Testamento. A menudo se los representa junto al Trono de Dios, desde donde la gloria de él se irradia al universo. Los querubines también están bordados en la cortina que está delante del Lugar Santísimo (Éxo. 26:1). En el libro de Salmos, el poder supremo de Dios sobre la Creación es representado poéticamente mediante la imagen de querubines que transportan a Dios en el aire (Sal. 18:10). Dios ordenó que el Arca de la Alianza estuviera coronada por dos querubines de oro macizo con sus alas extendidas hacia adelante y uno frente al otro (Éxo. 25:18-20).
Lee Ezequiel 1:4 al 14. CB ¿Qué similitudes ves entre este pasaje y las escenas representadas en Isaías 6:1 al 6 y Apocalipsis 4:1 al 11?
Ezequiel se encuentra ante un impresionante despliegue del poder de Dios. Se trata de una escena que coincide con la difícil situación en la que se encontraba el pueblo de Dios en ese momento. El pueblo elegido no estaba en la Tierra Prometida, sino en el cautiverio, en Babilonia. Mientras Ezequiel analiza la escena que se le presenta, mira hacia arriba, y ve el Trono de Dios por encima de todo.
Obsérvense las importantes similitudes con otras visiones del "Trono". Los seres vivientes que ve Ezequiel tienen los mismos rostros que los de la visión de Juan: cara de león, de águila, de buey y de hombre.
Las misteriosas criaturas de cuatro caras no son nombradas específicamente en la descripción inicial de Ezequiel, pero más tarde, en otra escena de la sala del Trono (ver Eze. 10:1-21), se los llama "querubines". También encontramos en la escena los carbones encendidos de la visión de Isaías acerca de los serafines. Los rostros de estos son iguales a los de los seres vivientes mencionados en la visión de Juan.
Siempre que vemos el Trono de Dios, ya sea en el Arca del Pacto, que sirvió como lugar de encuentro de Dios con Moisés (Éxo. 25:22), o en las impresionantes visiones de los profetas, los querubines aparecen allí y están íntimamente ligados al Trono de Dios. Todas las criaturas de Dios fueron diseñadas para reflejar su gloria, tanto los seres humanos, hechos a su imagen, como los seres angélicos, que están junto a su glorioso Trono.
En el mundo por venir, Cristo llevará a los redimidos junto al río de la vida, y les enseñará maravillosas lecciones de verdad. Abrirá ante ellos los misterios de la naturaleza; verán que hay una Mano Maestra que mantiene a los mundos en su lugar; presenciarán las habilidades del Gran Artista al colorear las flores del campo, y comprenderán los propósitos de un Padre misericordioso que dispensa cada rayo de luz. Junto a los santos ángeles, los redimidos reconocerán en canciones de agradecida adoración, el supremo amor de Dios por un mundo desagradecido. Entonces se comprenderá plenamente que "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Juan 3:16 (La verdad acerca de los ángeles, p. 290).
Desde las edades eternas, había sido el propósito de Dios que todo ser creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un templo para que en él habitase el Creador. A causa del pecado, la humanidad había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado por el pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del Ser divino. Pero por la encarnación del Hijo de Dios, se cumple el propósito del Cielo. Dios mora en la humanidad, y mediante la gracia salvadora, el corazón del hombre vuelve a ser su templo (El Deseado de todas las gentes, p. 132).
A orillas del río Quebar, Ezequiel contempló un torbellino que parecía venir del norte, "una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente". Cierto número de ruedas entrelazadas unas con otras eran movidas por cuatro seres vivientes. Muy alto, por encima de estos "se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él". "Y apareció en los querubines la figura de una mano de hombre debajo de sus alas". Ezequiel 1:4, 26; 10:8 .
Las ruedas eran tan complicadas en su ordenamiento, que a primera vista parecían confusas; y sin embargo se movían en armonía perfecta. Seres celestiales, sostenidos y guiados por la mano que había debajo de las alas de los querubines, impelían aquellas ruedas; sobre ellos, en el trono de zafiro, estaba el Eterno; y en detrás del trono, había un arco iris, emblema de la misericordia divina.
Como las complicaciones semejantes a ruedas eran dirigidas por la mano que había debajo de las alas de los querubines, el complicado juego de los acontecimientos humanos se encuentra bajo control divino. En medio de las disensiones y el tumulto de las naciones, el que está sentado más arriba que los querubines sigue guiando los asuntos de esta tierra (La verdad acerca de los ángeles, p. 142).
Juan 8:54-58 |
1 Corintios 1:26-2926 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. |