Comentario Sobre El Primer Libro de Moisés Llamado GÉNESIS
1 Isaac pide a Esaú que vaya de caza y le prepare comida 6 Rebeca instruye a Jacob para que recíba la bendición. 15 Jacob se hace pasar por Esaú y es bendecido. 30 Esaú trae la comida. 33 Isaac se estremece. 34 Esaú se queja e insiste en ser bendecido. 41 Amenaza a Jacob. 42 Rebeca frustra el proyecto de Esaú .
Versículos1 " ACONTECIÓ que cuando Isaac envejeció y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. "
2 " Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte. "
3 " Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza; "
4 " y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera. "
5 " Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer. "
6 " Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: "
7 " Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera. "
8 " Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando. "
9 " Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta; "
10 " y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte. "
11 " Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño. "
12 " Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición. "
13 " Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos. "
14 " Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba. "
15 " Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor; "
16 " y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos; "
17 " y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo. "
18 " Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío? "
19 " Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas. "
20 " Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí. "
21 " E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no. "
22 " Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. "
23 " Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. "
24 " Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. "
25 " Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. "
26 " Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. "
27 " Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: " " Mira, el olor de mi hijos Como el olor del campo que Jehová ha bendecido; "
28 " Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto. "
29 " Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeron, Y benditos los que te bendijeron. "
30 " Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido " Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar. "
31 " E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga. "
32 " Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú. "
33 " Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. "
34 " Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío. "
35 " Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. "
36 " Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí? "
37 " Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío? "
38 " Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. "
39 " Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosura de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba; "
40 " Y por tu espada vivirás, y a tu hermanos servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz. "
41 " Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob. "
42 " Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió y llamó a Jacob su hijo menor, y le dijo: He aquí, Esaú tu hermano se consuela acerca de ti con la idea de matarte. "
43 " Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz; levántate y huye a casa de Labán mi hermano en Harán, "
44 " y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue; "
45 " que se aplaque la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho; yo enviaré entonces, y te traeré de allá. ¿Por qué seré privada de vosotros ambos en un día? "
46 " Y dijo Rebeca a Isaac: Fastidio tengo de mi vida, a causa de las hijas de Het. Si Jacob toma mujer de las hijas de Het, como éstas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida? "
COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA Cuando Isaac envejeció. Por las siguientes conclusiones, Isaac debe haber tenido unos 137 años cuando sucedió el incidente narrado en este capítulo. Esaú ya estaba casado (vers. 46; cap. 26: 34). Esto ocurrió cuando Isaac tenía 100 años (cap. 25: 26). Pero, como se verá, los sucesos aquí registrados deben haber ocurrido en una fecha muy posterior. Jacob tenía 130 años cuando descendió a Egipto (cap. 47: 9), y su hijo José 39. Esto es claro por el hecho de que el último de los nombrados tenía 30 años cuando entró al servicio de Faraón (cap. 41: 46), y que desde entonces habían pasado 7 años de abundancia y 2 de carestía (caps. 41: 54; 45: 6). Estos 9 años deben ser añadidos a los 30, lo cual lleva a José a la edad de 39 años. Por lo tanto, Jacob tenía 91 años cuando José nació. Esto sucedió al final de los 14 años del servicio de Jacob en la casa de Labán (caps. 29: 18, 27; 30: 25). De ahí que Jacob tuviera 77 años cuando huyó a Harán. Puesto que la huida de Jacob probablemente se produjo poco después de los acontecimientos de este capítulo, y puesto que su padre Isaac tenía 60 años cuando Jacob nació (cap. 25: 26), la edad de Isaac en el cap. 27 puede haber sido de unos 137 años. Isaac vivió otros 43 años hasta la avanzada edad de 180 (cap. 35: 28). Para que yo te bendiga. Puesto que su medio hermano Ismael, 14 años mayor que él (caps. 16: 16; 21: 5), había muerto a la edad de 137 años (cap. 25: 17), sus achaques propios de la edad que iban en aumento pueden haberle sugerido el pensamiento de la muerte que se aproximaba. Sin tomar en cuenta las instrucciones de Dios sobre los dos hijos, dadas antes de que nacieran, y sin tener en cuenta que Esaú vendió su primogenitura y se casó con cananeas, indudablemente Isaac persistió en su preferencia por Esaú. Esa preferencia fue incrementada por su afición a la carne de los animales de caza (cap. 25: 28). Era pues natural que pidiera un "guisado" para celebrar la ocasión. Rebeca estaba oyendo. ¿Qué motivos la impelieron a ese proceder? Le parecía a ella que la elección que Dios había hecho de Jacob estaba por ser desvirtuada. Era clara la intención de Isac, y era contraria a la voluntad revelada de Dios. Indudablemente ella llegó a la conclusión de que ni el razonamiento ni los argumentos cambiarían el parecer de su esposo. Sintiendo que Dios necesitaba desesperadamente de su ayuda, Rebeca tomó las cosas en sus manos. Recurrió a una injusticia con la esperanza de enderezar otra. A ella la crisis le parecía real y urgente. Isaac, suponiendo que estaba en su lecho de muerte, había dispuesto transferir la primogenitura a Esaú. Enviando a Esaú al campo en procura de caza, había iniciado el proceso de transferencia, que cuando se completara, sería irrevocable. ¿Qué debía hacer ella? Podía prevenir lo que parecía ser una injusticia irremediable. Esta era su última oportunidad de actuar, y si la dejaba escapar, se habría perdido toda esperanza. Le parecía imposible dejar de actuar cuando dependía de ella remediar la situación, y sencillamente confiar en Dios para que guiara las cosas de la debida manera y en el tiempo oportuno. Por un proceso de racionalización tal, procuró convencerse a sí misma de que cualquier medio para conseguir el deseado fin era justificado. ¿No estaba acaso ayudando a Dios para que realizara el deseo divino claramente expresado? Y si al hacer eso cometía un pecado, ¿no estaba Dios obligado a perdonarla? Cuando los hombres proceden en una forma que no está de acuerdo con la más estricta norma de justicia, se oscurecen sus necios corazones. Lo blanco parece negro y lo injusto parece correcto. Y siempre que lo que Dios ha dicho claramente que es injusto parece ser correcto, el poder hipnótico del tentador es completo (Gén. 3: 6; Rom. 1: 21, 22; Isa. 5: 20; Miq. 3: 2). Traeré sobre mí maldición. Rebeca acalló los temores de Jacob acerca de la maldición que su padre podría pronunciar sobre él, si descubría su engaño. Ella misma aceptaría la maldición. Estaba tan decidida en su proceder como Isaac en el suyo. Resuelta a conseguir lo que le parecía de valor supremo, y que estaba por escurrírsele de las manos, estaba decidida a contar el costo más tarde; no ahora. Por el momento tan sólo le interesaba una cosa. Estaba tan segura del éxito de su estratagema como para no temer la posibilidad de una maldición. Fue. Jacob accedió al plan de ella y tomó los cabritos. No se trataba de la variedad común europea, cuya piel era completamente inadecuada para un engaño de esa clase, Se trataba de los cabritos de piel parecida al camello del Oriente, cuyo pelo negro y semejante a la seda a veces se usaba como sustituto del cabello humano. La objeción de Jacob muestra que él no estaba tan preocupado por el mal proceder como por el riesgo de ser descubierto. La naturaleza humana degenerada se preocupa menos del pecado que de sus consecuencias. Tan sólo el Espíritu de Cristo puede impartir al hombre un corazón contrito y arrepentido, valiente para hacer lo correcto y dispuesto a confiar en Dios frente a los resultados de una conducta tal (ver 2 Cor. 7: 10; Miq. 6: 8). Durante años, Jacob había hecho planes para obtener la codiciada bendición, y ahora que estaba por escurrírsele de entre los dedos, se necesitó sólo una pequeña insinuación de parte de Rebeca para transformar su vacilación en activa cooperación. Sus propios deseos no santificados lo convirtieron en una fácil víctima de los ardides del tentador. Yo soy Esaú. La tarea de convencer al padre de ninguna manera era fácil ni el éxito era seguro. Habiendo anunciado su llegada, Jacob se vio frente a varios problemas embarazosos. Era necesario un engaño tras otro para lograr su propósito. Se declaró ser Esaú, afirmó que la carne de los cabritos era de venado, y atribuyó su rápido regreso a una supuesta bendición de Dios. ¿Eres tú mi hijo Esaú? El sentido del tacto de Isaac tiene que haber estado afectado seriamente por su debilidad o por su edad. Por otro lado, su sentido del oído era más agudo y le hizo sospechar de la voz de Jacob. Pero el aroma del campo y de la selva de las ropas de Esaú (vers. 15) parecía confirmar el toque de las manos vellosas de su hijo. Finalmente, el aroma fragante de las "viandas" " (vers. 9) incitó su apetito y despejó sus temores. No podía ver, pero el tacto, el gusto y el olfato prevalecieron sobre el oído. El error 390 original que había llevado a este engaño era del mismo Isaac. Además él había proseguido deliberadamente con su plan de investir a Esaú con la primogenitura a pesar de una orden divina que decía lo contrario, y por lo tanto Dios permitió que fuera engañado (ver 1 Sam. 28: 6; 1 Rey. 14: 1-6; Hech. 5: 1-11). Y le bendijo. La bendición misma, al igual que otras declaraciones similares (Gén. 49; Deut. 33), está concebida en el estilo poético hebreo. Consiste en cláusulas paralelas cuyo estilo y cuya gramática son peculiares de la poesía. El aroma del campo y del bosque sobre los vestidos que llevaba Jacob sugirió a la mente del patriarca un cuadro de la futura prosperidad de su hijo. Isaac parecía verlo en posesión de la tierra prometida y disfrutando plenamente de sus bendiciones acompañantes. Se hace mención especial del "rocío del cielo" porque en los países orientales, donde llueve tan poco, el rocío es indispensable para el crecimiento de los frutos de la tierra. Se lo menciona con frecuencia como una fuente de bendición (Deut. 33: 13, 28; Ose. 14: 5; Zac. 8: 12). Sírvante pueblos. Jacob había de ser preeminente no sólo sobre sus hermanos, y en el sentido más amplio sobre todos sus parientes, sino sobre los pueblos extranjeros también. Esta bendición abarca el concepto del dominio universal que indudablemente fue el plan original de Dios para Israel (Deut. 4:6; 28: 10; 2 Crón. 9: 22, 23; Sal. 126: 3; Zac. 2:11; 8: 22, 23; 14: 16; PVGM 232). ¿Quién eres tú? Apenas Jacob había recibido la bendición y dejado a su padre, Esaú regresó. La sorpresa debe haber sido agobiadora para Isaac. Pero, indudablemente, vio en el incidente la intervención de la Providencia y llegó a la conclusión de que cualquier otra tentativa de su parte para actuar en contra de la voluntad de Dios sería inútil. Sabía que no podía hacerlo. Por lo tanto, no estuvo dispuesto a retirar la bendición de Jacob ni a maldecirlo. Isaac debe haber comprendido su propia responsabilidad por la triste situación. ¿Porqué echaría la culpa a Jacob? Así como Esaú había actuado independientemente de sus padres en la elección de una esposa, así también Isaac había actuado independientemente de Dios al tratar de elegir su heredero. Al igual que Balaam, Isaac se encontró impotente para retirar la bendición de Dios de aquel destinado a recibirla (Núm. 22: 35; 23: 8, 11, 12). Bien llamaron su nombre Jacob. En cuanto al significado del nombre de Jacob ver com. de cap. 25: 26. Esaú se quejó amargamente de que ahora Jacob lo había engañado dos veces. Es cierto que él, Esaú, había vendido su primogenitura a Jacob; pero ahora, demasiado tarde, reconocía su necedad. Ahora vio que realmente era un robo la forma en que Jacob se aprovechó de él.
Génesis cap. 27
¿Una sola bendición, padre mío?
Ciertamente, Dios tiene un número ilimitado de bendiciones que está dispuesto a prodigar con mano generosa. Si Esaú hubiera comprendido que su carácter defectuoso lo descalificaba para recibir la bendición, y que podría ser suya únicamente cambiando de actitud, en tal caso las bendiciones de Dios a Abrahán e Isaac podrían haber sido suyas también (ver Jer. 18: 7-12). Pero Esaú no pensaba en esto cuando habló. Anhelaba la bendición sin ninguna intención de aceptar las obligaciones que la acompañaban. Como el hijo mayor de la parábola del hijo pródigo, celosamente se oponía a que ese favor fuera otorgado a su hermano menor (Luc. 15: 29).
Alzó Esaú su voz, y lloró.
En respuesta a la súplica posterior de Esaú: "Bendíceme también a mí", Isaac repitió en su esencia la bendición pronunciada sobre Jacob y le dijo a Esaú que no podía hacer nada más por él. Cuando aun su padre, su mejor amigo, parecía volverse contra él, finalmente Esaú volvió en sí y comprendió lo tremendo de su completo rechazo de parte de Dios. Sus lágrimas expresaron pesar por su pérdida, pero no por la conducta que había hecho inevitable la pérdida. Sus lágrimas no tuvieron valor porque no era ya capaz de arrepentirse verdaderamente (Heb. 12: 17). Como un abismo insondable, su carácter imperfecto se levantaba entre él y la comprensión de lo que ahora le parecía de valor incomparable (ver Jer. 8: 20; Luc. 16: 26; PVGM 215).
Su padre habló.
Conmovido por el patético lamento de su amado hijo Esaú, Isaac accedió a su apasionada petición. Una vez más habló Isaac, quizá por inspiración, esta vez en cuanto a la suerte futura de Esaú. Sin embargo, este pronunciamiento no es llamado una "bendición". En realidad era una maldición modificada.
Tu habitación.
Literalmente: "Tu habitación será [procederá de, min ] la grosura de la tierra, y del rocío del cielo". La "bendición" de Esaú parece substancialmente una repetición de la bendición temporal dada a Jacob. Ciertamente hay algunas variaciones importantes, tales como la omisión de "abundancia de trigo y de mosto" y del nombre de Dios.
Sin embargo, la preposición "de", min , también significa "lejos de". En ese caso lo que quiso decir Isaac sería: " "Lejos de la grosura de la tierra será tu morada, y lejos del rocío que baja del cielo" " (BJ), lo que significa que en contraste con la tierra de Canaán, el hogar de los edomitas sería una región estéril. Una traducción tal no sólo está de acuerdo con la construcción del hebreo sino que se ajusta mucho mejor al contexto y a los hechos de la historia: (1) Es una descripción adecuada de la sequedad y el carácter desértico de Idumea, el hogar de los descendientes de Esaú. (2) Concuerda con la declaración de Isaac de que toda bendición ya había sido conferida a Jacob y de que no podía retractarse (vers. 33, 37). (3) Explica el uso de las palabras "grosuras" y "rocío", que aquí describen un estado de cosas precisamente opuesto del que se había declarado que sería la parte de Jacob (vers. 28). Es cierto que esta interpretación usa la preposición min del vers. 39 en forma diferente de la del vers. 28. Sin embargo, la fraseología distinta de los versículos sugiere que en el vers. 39 Isaac está haciendo un hábil juego con esas palabras. El hecho de que Isaac aquí no mencione el nombre de Dios quizá indique que su pronunciamiento lo hacía con su propia autoridad y no por inspiración, a diferencia del caso de Jacob.
Por tu espada.
La forma de vida y la ocupación de los edomitas se adaptaron bien a su país. Esta predicción encontró su cumplimiento en la disposición fiera y belicosa de los edomitas, que se ganaban el sustento cazando y controlando por la fuerza las rutas del comercio.
A tu hermano servirás.
La promesa hecha a Esaú permitía vislumbrar una lucha perpetua, y no del todo ineficaz, para liberarse de Jacob. Fue una repetición de la predicción divina hecha antes de su nacimiento (cap. 25: 23). La historia de Edom principalmente narra su servidumbre bajo Israel, las revoluciones contra Israel y la reconquista hecha por Israel. Para comenzar, después de un largo período de independencia, los edomitas fueron derrotados por Saúl (1 Sam. 14: 47), y más tarde fueron subyugados por David (2 Sam. 8: 14). A pesar de su intento de revuelta contra Salomón (1 Rey. 11: 14-22), quedaron sometidos como súbditos del reino de Judá hasta el tiempo de Joram cuando se rebelaron (2 Rey. 8: 20-22). Fueron sometidos otra vez por Amasías (2 Rey. 14: 7-10; 2 Crón. 25: 1114), y permanecieron en sujeción bajo Uzías y Jotam (2 Rey. 14: 22; 2 Crón. 26: 2). El control de Elat, a la entrada del golfo de Akaba, equivalía al control de todo Edom. No fue sino hasta el reinado de Acaz cuando los edomitas sacudieron permanentemente el yugo de los reyes de Judá (2 Rey. 16: 6; 2 Crón. 28: 16, 17). Sin embargo, a la larga fueron conquistados completamente por Juan Hircano, por el año 126 AC, compelidos a aceptar la circuncisión y absorbidos en el Estado judío (Josefo, Antigüedades xiii. 9. 1; xv. 7. 9). En un período todavía posterior, mediante Antipater y Herodes, una dinastía idumea gobernó a Judea, con la bendición de Roma.
Así pues, las predicciones de Isaac acerca de sus dos hijos fueron cumplidas exactamente (Heb. 11: 20). La bendición sobre cada hijo constituyó una profecía. Aunque Isaac fue engañado cuando habló acerca de Jacob, sin embargo lo que dijo fue inspirado, y Jacob continuó siendo bendecido (Gén. 27: 33). Esto no indica que Dios aprobara el engaño, pues el Eterno no depende de trampas para cumplir su voluntad. Dios no ordenó el engaño, lo encauzó. La bendición vino sobre Jacob no debido al engaño, sino a pesar de él.
Tanto los padres como los hijos estaban todos equivocados, y cada uno sufrió el resultado a su manera. Los que perpetraron el engaño fueron separados inmediatamente y para siempre. Rebeca se vio obligada a enviar a su amado hijo lejos del hogar de su padre a una tierra extranjera para no
verlo nunca más. Jacob sufrió 20 años de exilio por su pecado contra su hermano y su padre, y durante ese lapso él mismo, repetidas veces, fue engañado y chasqueado. Además salió de su hogar en una completa indigencia. Isaac, debido al éxito de la estratagema de Jacob, fue castigado por persistir en su preferencia por Esaú a pesar de la voluntad revelada de Jehová. Había de quedar separado del hijo a quien había pasado por alto y había de tener delante de sí siempre el ejemplo impío del hijo a quien había mimado tan ciegamente. Por su desprecio de Dios y las cosas religiosas, Esaú perdió para siempre los privilegios de dirigir la familia como primogénito. Y a través de todos los tejes y manejes de los planes y las pasiones de los hombres, fue realizado el propósito de Dios.
Los días del luto de mi padre.
La desesperación de Esaú pronto se convirtió en un odio mortal hacia su hermano, pero por respeto a su padre decidió evitarle a éste el dolor y la vergüenza del propuesto acto de fratricidio. Pensando que la enfermedad de su padre lo haría morir pronto, pospuso sus planes de asesinato. Por supuesto, él no sabía que su padre se curaría y viviría 43 años más.
Huye a casa de Labán.
Quizá, en términos generales, Esaú era popular entre los siervos de Isaac. Había otros que también conocían su plan. Cuando Rebeca fue informada por uno de ellos de las intenciones de Esaú, aconsejó a Jacob que se fuera en un exilio voluntario por "algunos días", pensando que el carácter vacilante de Esaú le provocaría un cambio de corazón. Además, al huir, Jacob tácitamente admitiría su error y dejaría indudablemente a Esaú en posesión de la propiedad de su padre en el tiempo cuando muriera Isaac, lo que se pensaba que era inminente.
¿Por qué seré privada?
Si Esaú mataba a Jacob, entonces el pariente más cercano de éste, conforme a la costumbre, estaba obligado a matar a Esaú. Quizá Esaú razonó que su popularidad en el campamento lo protegería de tal eventualidad, particularmente después de la muerte de su padre.
Fastidio tengo.
A fin de obtener el consentimiento de Isaac para su plan, sin herir su corazón contándole las intenciones asesinas de Esaú, ella basó su propuesta en una razón enteramente diferente y legítima. Isaac consintió prestamente porque él, al igual que Rebeca, estaba dolido por las esposas de Esaú (cap. 26: 34, 35).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-46 PP 178-182; SR 88, 89
1-4 PP 178
6 SR 88
6-8, 30 PP 178
31-34 PP 180
34 CC 21
34-41 CH 110
36 Ed 142; PP 180
41-43 Ed 142; PP 182, 242; SR 89
about:blank 01-05-2025