La primera mención bíblica de un cordero aparece en
Génesis 22;
CB
es decir, en la misma historia que menciona por primera vez el amor. El cordero es uno de los símbolos más recurrentes del Apocalipsis, donde Jesús es llamado "Cordero" más de veinte veces. En una de las escenas más impactantes del libro, la visita de Juan a la sala del Trono de Dios en los capítulos 4 y 5, el Cordero desempeña el papel central.
La primera mención de un cordero en la Biblia aparece en la
pregunta de Isaac: "¿Dónde está el cordero?" (Gén. 22:7). Curiosamente, el resto de la Biblia responde esa pregunta con lujo de detalles. Los otros 38 libros del Antiguo Testamento conducen al lector por un camino en el que la pregunta de Isaac es respondida progresivamente con más y más detalles, desde los rituales de la Pascua hasta el primer trabajo de David y en adelante. Toda la historia bíblica está salpicada de innumerables profecías mesiánicas que anticipan la respuesta a la pregunta de Isaac. Luego, en el Nuevo Testamento, la pregunta es respondida cuando Jesús aparece en persona, ministra entre su pueblo y entrega finalmente su vida como sacrificio en la Cruz.
Veamos la primera mención de un cordero en el Evangelio de Juan
(Juan 1:29-34).
CB
Daría la impresión de que Juan el Bautista estuviera respondiendo la pregunta de Isaac en un escenario que no podría ser más apropiado. Los pecadores se arrepienten y se sumergen en el agua del bautismo, que simboliza la muerte del pecador y el comienzo de una nueva vida. En este contexto, Jesús, el Cordero de Dios, aparece súbitamente y, según el relato de Mateo, los cielos se abren para anunciarlo:" 'Este es mi Hijo amado, en quien me complazco'" (Mat. 3:17). En el caso de Abraham e Isaac, la voz del Ángel del Señor anuncia también desde el Cielo la solución divina para el
problema de ellos
(Gén. 22:11-14).
CB
Cuando se entretejen todos los hilos, queda claro que Jesús, el
Cordero de Dios, es nuestro Sustituto. Eso arroja mucha luz sobre nuestra comprensión
del Cordero inmolado en la visión de Juan acerca del Trono en Apocalipsis.
■ ¿Por qué es fundamental para nuestra salvación saber que Jesús es nuestro Sustituto? ¿Qué esperanza tendríamos sin él como Sustituto, especialmente en ocasión del Juicio?
Los seres celestiales fueron testigos de la escena en que se probaron la fe de Abraham y la sumisión de Isaac... Todo el cielo aplaudió su fidelidad. Se demostró que las acusaciones de Satanás eran falsas. Dios declaró a su siervo: "Ya conozco que temes a Dios [a pesar de las denuncias de Satanás], pues que no me rehusaste tu hijo, tu único". El pacto de Dios, confirmado a Abraham mediante un juramento ante los seres de los otros mundos, atestiguó que la obediencia será premiada.
Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la redención, entender que el Soberano del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abraham se le mandó ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor, observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: "¿Dónde está el cordero para el holocausto?" Abraham contestó: "Dios se proveerá de cordero"; y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre. Véase 1 Pedro 1:12 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 151).
Nadie de entre los oyentes, ni aun el que las pronunció, discernió el verdadero significado de estas palabras, "el Cordero de Dios". Sobre el monte Moria, Abraham había oído la pregunta de su hijo: "Padre mío. ¿Dónde está el cordero para el holocausto?" El padre contestó "Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío". Génesis 22:7, 8. Y en el carnero divinamente provisto en lugar de Isaac, Abraham vio un símbolo de Aquel que había de morir por los pecados de los hombres. El Espíritu Santo, mediante Isaías, repitiendo la ilustración, profetizó del Salvador: "Como cordero fue llevado al matadero", "Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros"; (Isaías 53:7, 6) pero los hijos de Israel no habían comprendido la lección. Dios deseaba enseñarles que el don que los reconcilia con él proviene de su amor (El Deseado de todas las gentes, p. 87).
Nuestro Padre Celestial entregó a su amado Hijo a las agonías de la crucifixión. Legiones de ángeles presenciaron la humillación y la angustia del alma del Hijo de Dios, pero no se les permitió interponerse como en el caso de Isaac. No se
oyó ninguna voz que impidiera el sacrificio. El amado Hijo de Dios, el Redentor del mundo, fue burlado, escarnecido, ridiculizado y torturado, hasta que inclinó la cabeza y murió. ¿Qué mayor prueba puede darnos el Infinito de su divino amor y piedad? (The Signs of the Times, 1o de abril, 1875, "The Faith of Abraham", párr. 23).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos
nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios,
para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que
es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.