PARA MEMORIZAR:
«Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección» (Col. 3: 14).
 

Lección 11: Para el 14 de marzo de 2026

Vivir con Cristo


- Audio Lección -

Sábado 7 de Marzo

Lee para el estudio de esta semana Colosenses 3: 1–17; Romanos 1: 18; 6: 1–7; Efesios 4: 22–24; Deuteronomio 7: 6–8; 1 Samuel 16: 23.

Texto para memorizar
«Y sobre todo, vístanse de amor, que es el vínculo de la perfección» (Col. 3: 14).

Es muy común la idea de que las personas demasiado espirituales corren el peligro de vivir desconectadas de la realidad. Si bien eso puede tener cierto sentido, Pablo destaca un concepto igualmente importante en Colosenses 3: Si tenemos una mentalidad demasiado terrenal, no seremos de utilidad celestial para el Señor.

Pablo señala muchos principios prácticos y reales que nacen del Cielo, y que solo pueden entender quienes han «resucitado con Cristo» (Col. 3: 1).

Los consejos del apóstol son principios muy prácticos que mejorarán todas nuestras relaciones, no solo las que tenemos dentro de la iglesia.

Jesús dijo: «Pero yo les digo: “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen, hagan bien a los que los aborrecen, y oren por los que los maltratan y persiguen. Para que sean hijos de su Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos”» (Mat. 5: 44, 45).

Eso suena imposible y lo es, humanamente hablando. Necesitamos morir al yo antes de poder vivir realmente para Dios. Por eso, debemos tener una mentalidad celestial si esperamos ser de alguna utilidad terrenal para nuestro Padre celestial.

Esta semana veremos cómo el hecho de vivir con Cristo puede marcar la diferencia, ahora y en la Eternidad.


Comentarios Elena G.W

Debemos elevarnos a un grado más alto en el tema de la fe. Tenemos tan poca fe. La Palabra de Dios es nuestro respaldo. Debemos tomarla, creyendo sencillamente cada palabra. Con esta seguridad podemos pedir grandes cosas, y de acuerdo con nuestra fe nos serán concedidas… Si humillamos nuestros corazones delante de Dios; si buscamos morar en Cristo, tendremos una experiencia más santa y elevada…

La verdadera fe consiste en hacer precisamente las cosas que Dios ha ordenado, no las que no ha mandado. Los frutos de la fe son la justicia, la verdad y la misericordia. Necesitamos caminar a la luz de la Ley de Dios; y entonces las buenas obras serán el fruto de nuestra fe, los resultados de un corazón renovado cada día…

De ninguna manera debemos convertir el yo en nuestro dios. Dios se dio a sí mismo para morir por nosotros, a fin de purificarnos de toda iniquidad. El Señor llevará a cabo esta obra de perfección en nosotros si le permitimos que nos controle…

La obra de justificación no puede ser realizada a menos que ejercitemos una fe implícita. Actuemos cada día bajo el poder todopoderoso de Dios que obra en nosotros. El fruto de la justificación es serenidad y seguridad eternas. Si hubiéramos ejercitado más fe en Dios y confiado menos en nuestras propias ideas y sabiduría, Dios habría manifestado su poder sobre los corazones humanos de una manera señalada. Por medio de la unión con él, por medio de la fe viviente, tenemos el privilegio de gozar de la virtud y la eficacia de mediación. En consecuencia, somos crucificados, muertos y resucitados con Cristo, para caminar en novedad de vida con él.

No debemos sostenernos con nuestras propias manos. Debemos abandonar el yo en las manos de Dios… Nuestra falta de fe es la razón por la cual no hemos visto más del poder de Dios. Ejercitamos más fe en nuestras propias obras que en la obra de Dios por nosotros. Dios dispuso que se hiciera todo lo posible para que pudiéramos estar corazón con corazón, mente con mente, hombro con hombro. La falta de amor y confianza entre nosotros debilita nuestra fe en Dios.}

Necesitamos orar como nunca hemos orado por el bautismo del Espíritu Santo, porque, si hubo alguna vez un tiempo cuando necesitamos ese bautismo, es ahora. No hay nada que el Señor nos haya dicho más frecuentemente que nos concedería, ni nada por lo que su nombre sería más glorificado al dárnoslo, que el Espíritu Santo. Cuando participemos de este Espíritu, los hombres y las mujeres nacerán de nuevo… Las almas que una vez estuvieron perdidas, serán encontradas y traídas de regreso (Alza tus ojos, 28 de noviembre, p. 344).


Domingo 8 de Marzo

Mentalidad celestial


- Audio Lección -

Lee Colosenses 3: 1-4. ¿Qué condición es necesaria para tener una mentalidad celestial?

Colosenses 3:1-4 -- Reina-Valera 1960
3 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

Desde la cima de una montaña es posible contemplar el vasto paisaje circundante. Las montañas han sido frecuentadas desde tiempos inmemoriales por quienes procuran una experiencia más cercana con Dios (ver Sal. 121: 1, 2). Incluso los paganos construían montañas artificiales llamadas zigurats, para reunirse allí con sus dioses. Curiosamente, la ciudad de Ur, que Abram fue llamado a abandonar, tenía un gran zigurat visible desde varios kilómetros a la redonda. Pero la altura no acerca a nadie al Cielo en un sentido espiritual. El esfuerzo humano no es suficiente para ello.

Solo es posible acercarse al Cielo en virtud del milagro de la gracia, por el cual morimos y resucitamos con Cristo (figuradamente, mediante el bautismo [Col. 2: 12, 13]).

Nótese que desde el principio de Colosenses 3 se insiste repetidamente en lo que está arriba, es decir, lo que hay en el Cielo: «Las cosas de arriba», «donde está Cristo sentado a la diestra de Dios», «con él en gloria» (Col. 3: 1-4).

Ciertamente hay muchas cosas en la vida cristiana que no tienen explicación. ¿Cómo puede alguien «morir» y «resucitar» sin haber dejado de existir literalmente? Hay muchas cosas que no tienen sentido para la mente natural, que no está dirigida por el Espíritu Santo. Pero la muerte al pecado y la resurrección con Cristo son realidades genuinas para quienes tienen una mente espiritual, porque han recibido el nuevo corazón prometido por Dios. Como afirma un conocido himno: «¿Me preguntas cómo sé que él vive? Porque vive dentro de mi corazón».

No obstante, Pablo prescribe estos mandamientos porque existe una necesidad constante de que la vida espiritual sea renovada (ver 2 Cor. 4: 16). En efecto, podemos caer y perder la salvación, y nunca estamos libres de la tentación en esta vida. Por lo tanto, debemos optar cada día por buscar «las cosas de arriba» (Col. 3: 1). Nuestra vida eterna está a salvo, «escondida con Cristo en Dios» (Col. 3: 3), pero la expresión externa de esa vida estará lejos de permanecer oculta.

Dónde suelen estar tus pensamientos: en las cosas de arriba o en las de abajo? Si están en las de abajo, ¿cómo puedes cambiar su dirección?


Comentarios Elena G.W

Cuando el diablo viene con sus dudas, cerrad la puerta de vuestro corazón. Cerrad vuestros ojos para no espaciaros en sus sombras infernales. Alzad vuestra vista a donde podáis contemplar las cosas que son eternas, y encontraréis fuerzas para cada hora.

No debemos hablar de nuestras dudas y pruebas, porque se hacen más grandes cada vez que hablamos de ellas. El alma que ama a Dios se eleva por encima de la niebla de la duda y gana una experiencia brillante, amplia y viva.

(Nuestra elevada vocación, 21 de marzo, p. 88)

Como las gotas de agua conforman un río, así las pequeñas cosas conforman la vida. En esta vida podéis someteros a la disciplina del Espíritu Santo. Mediante la santificación del Espíritu creceréis cada vez más a la semejanza de Cristo.

(A fin de conocerle, 22 de julio, p. 210)


Lunes 9 de Marzo

Acabemos con lo terrenal


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Actualmente se escuchan muchos eslóganes: «¡Acabemos con la guerra!», «¡Acabemos con la deforestación!», «¡Acabemos con las armas nucleares!». Pero uno que probablemente nunca hayamos oído es «¡Acabemos con lo terrenal!». Eso simplemente no armoniza con la sensibilidad de nuestro mundo. El problema de la mayoría de los eslóganes no es que propician algo incorrecto, sino que son demasiado limitados y estrechos de miras desde la perspectiva de la Eternidad. Nuestro enfoque debe estar puesto en algo mucho más elevado y eterno.

Lee Colosenses 3: 5, 6 y Romanos 6: 1-7. ¿Cómo experimentamos lo que significa estar muertos al yo y vivos para «las cosas de arriba»?

Aunque espiritualmente hemos muerto con Cristo, nuestros «miembros», es decir, las tentaciones que nos presentan nuestro cuerpo y nuestra mente, necesitan morir.

No obstante, debemos tener presentes dos cosas en relación con este mandato.

En primer lugar, la forma griega que utiliza Pablo en Colosenses 3: 1 supone que hemos resucitado con Cristo. En segundo lugar, la expresión «por tanto» indica que el mandato de Colosenses 3: 5 es una consecuencia de ese hecho. Podemos dar muerte a las cosas terrenales (fornicación, impureza, pasiones, malos deseos, codicia, etc.) solo porque hemos resucitado con Cristo y disponemos de su vida espiritual y su poder para eliminar estas cosas de nuestras mentes y vidas.

La frase griega traducida como «la ira de Dios» solo aparece en Colosenses 3: 6 y en Romanos 1: 18. Dios «entrega» a las personas a sus propios caminos perversos, en el sentido de que respeta su libertad de elección, y como resultado «viene» o se manifiesta su ira (ver Apoc. 6: 16, 17) «sobre los desobedientes» (Col. 3: 6). En Romanos 1: 18, Pablo se refiere a «la impiedad y la injusticia». Luego, en Romanos 1: 24, equipara la «inmundicia» (usa la misma palabra griega que se encuentra en Col. 3: 5) específicamente con las personas que satisfacen «la concupiscencia de sus corazones, de modo que deshonraron sus propios cuerpos entre sí mismos».

¿En qué sentido deshonran sus cuerpos? En primer lugar, porque se niegan a reconocer al Creador, pero también a causa de «pasiones vergonzosas». «Aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. De igual modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres» (Rom. 1: 26, 27).

¿Qué significa la expresión «hagan morir en ustedes lo terrenal» (Col. 3: 5)?


Comentarios Elena G.W

Alabado sea el Señor porque tenemos un Sumo Sacerdote misericordioso y tierno que es sensible a nuestras flaquezas. No esperamos descansar aquí. No, no. El camino hacia el cielo es un camino en el que debemos cargar la cruz; es una senda recta y angosta, pero avanzaremos con gozo sabiendo que el Rey de gloria la transitó antes que nosotros.

No nos quejaremos de las asperezas del camino, sino que seremos mansos seguidores de Jesús, siguiendo sus huellas. Él fue varón de dolores, experimentado en quebranto. Por nuestro bien se hizo pobre para que por su pobreza pudiéramos ser enriquecidos. Nos regocijaremos en la tribulación y recordaremos que la recompensa del galardón “produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. 2 Corintios 4:17.

No adoptaremos pensamientos de murmuración por causa de las pruebas. Los queridos hijos de Dios siempre las tuvieron, y cada prueba adecuadamente soportada aquí nos hará más ricos en gloria. Anhelo mi cuota de sufrimiento. Aunque pudiera no iría al cielo sin padecer sufrimientos, pues allí vería a Jesús quien sufrió tanto para compramos tan rica herencia; y también vería a los mártires que entregaron sus vidas por causa de la verdad y de Cristo. No, no. Déjeme [ser] perfeccionada mediante los sufrimientos. Anhelo participar con Cristo de sus sufrimientos, pues si lo hago sé que participaré con él en su gloria. Jesús es nuestro modelo. Procuremos que nuestras vidas sean tan semejantes a la de Cristo como sea posible.

Mi alma clama por el Dios vivo. Mi ser entero anhela al Señor. ¡Oh, si tan solo pudiera reflejar más perfectamente su imagen amorosa! ¡Oh, si pudiera consagrarme completamente a él! ¡Oh, cuán difícil le es morir al querido yo! Podemos regocijarnos en un Salvador completo; uno que nos salva de todo pecado. Debiéramos decirle a Dios diariamente: “Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí para obrar tanto el querer como el hacer su buena voluntad”. A Dios sea la gloria. Sé que mi vida está escondida con Cristo en Dios.

El velo ha sido levantado. Contemplé el rico galardón reservado para los santos. He probado los gozos del mundo por venir, y me ha llevado a despreciar este mundo. Mis afectos, mis intereses, mis esperanzas, mi todo está en el cielo. Anhelo ver al Rey en su hermosura; a quien ama mi alma. Cielo, dulce cielo. Anhelo allí vivir; y el solo pensar cuán cerca está, me hace impacientar por ver a Cristo aparecer. Alabado sea el Señor por darnos esperanza de inmortalidad y de vida eterna a través de Cristo (Reflejemos a Jesús, 2 de diciembre, p. 342).


Martes 10 de Marzo

Renovación en el conocimiento


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Lee Colosenses 3: 6-11. ¿Cómo continúa Pablo su exposición?

Colosenses 3:6-11
6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, 7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. 8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10 y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

Las palabras iniciales de Colosenses 3: 8 («pero ahora») señalan el cambio dramático y decisivo que conduce de la muerte a la vida. La palabra «ahora» está expresada de manera enfática en griego. Ahora, es decir, puesto que han resucitado con Cristo y buscan las cosas de arriba, la vida presente de ustedes debe mostrar un marcado contraste con su vida anterior. Habiendo hecho morir «lo terrenal» «en ustedes» (Col. 3: 5), «ahora, dejen también ustedes todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, palabras groseras» (Col. 3: 8).

Tanto la ira como el enojo pueden describir la justa respuesta de Dios al pecado (tema tratado ayer), al igual que la de Jesús (Mar. 3: 5; Apoc. 6: 16). Por el contrario, se exhorta a cada uno a ser «rápido para escuchar, lento para hablar, lento para enojarse, porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios» (Sant. 1: 19, 20). La malicia desea la desgracia del otro. La maledicencia o calumnia tiene por objeto difamar. Pablo también condena el lenguaje abusivo y obsceno. Por último, está prohibido mentirse unos a otros (Lev. 19: 11, 18), «habiéndose despojado del viejo hombre con sus prácticas» (Col. 3: 9).

¿Qué quiere decir Pablo cuando contrasta el «viejo hombre» con el «hombre nuevo»? Ver Romanos 6: 6 y Efesios 4: 22-24.


Comentarios Elena G.W

Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor…

El pecado mancilló y casi borró la semejanza divina. Las facultades físicas del hombre se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció. Quedó sujeto a la muerte. No obstante, la especie humana no fue dejada sin esperanza. Con infinito amor y misericordia había sido trazado el plan de salvación y se le otorgaba una vida de prueba. La obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, hacerlo volver a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se llevase a cabo el propósito divino de su creación; esta había de ser la gran obra de la redención.

Aunque la imagen moral de Dios fue prácticamente eliminada por el pecado de Adán, puede ser renovada por los méritos y el poder de Jesús. El hombre puede permanecer de pie con la imagen moral de Dios en su carácter; porque Jesús se la dará.

Fue algo maravilloso para Dios crear al hombre, hacer la mente. La gloria de Dios será revelada en la creación del hombre a su imagen y en su redención. Una sola alma vale más que un mundo… El Señor Jesucristo es el autor de nuestro ser y es también el autor de nuestra redención, y todo aquel que quiera entrar en el reino de Dios desarrollará un carácter que reproducirá el carácter de Dios.

El Señor, mediante las exactas y agudas verdades para estos últimos días, está extrayendo un pueblo del mundo y purificándolo para sí mismo. El orgullo y las modas dañinas para la salud, el amor a la ostentación, el amor a la aprobación, todo ello debe ser dejado con el mundo si queremos ser renovados en conocimiento de acuerdo con la imagen del que nos creó.

Mediante el elemento transformador que posee su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura.

El Espíritu Santo, el Consolador, el que Jesús dijo que enviaría al mundo, es el que transforma nuestro carácter a la imagen de Cristo; y cuando esto se realiza reflejamos, como un espejo, la gloria del Señor (God’s Amazing Grace, p. 246; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 26 de agosto, p. 246).

El amor de Cristo en el corazón, que revela por medio de la vida su maravilloso poder, es el mayor milagro que puede realizarse ante el mundo caído y contencioso. Tratemos de obrar este milagro, no con nuestro propio poder sino en el nombre del Señor Jesucristo, de quien somos y a quien servimos. Llenémonos de Cristo, y el poder milagroso de su gracia será tan plenamente revelado en la transformación del carácter que el mundo se convencerá de que Dios envió a su Hijo al mundo para que los hombres sean como ángeles en carácter y vida.

Los que verdaderamente creen en Cristo se sientan junto a él en los lugares celestiales. Aceptemos la insignia del cristianismo. No es un distintivo externo, no es usar una cruz o una corona, sino algo que revela la unión del hombre con Dios. Despojémonos “del viejo hombre con sus hechos, y… [revistámonos] del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno”. Colosenses 3:9, 10. La belleza de la santidad se revela a medida que los cristianos se unen, fusionándose en el amor de Cristo (Dios nos cuida, 21 de octubre, p. 303).


Miercoles 11 de marzo

El carácter de la nueva vida


- Audio Lección -
Tras describir las características negativas y los malos hábitos desechados cuando venimos a Cristo, Pablo se refiere a lo positivo, como si pasara de las tinieblas a la luz.

Lee Colosenses 3: 12-14. ¿Cómo se describe a los creyentes y cómo se relaciona esto con las cualidades con las que deben «vestirse»?

Al igual que Israel, llamado por Dios a ser su pueblo especial y reflejar su carácter, los creyentes en Jesús son «los elegidos de Dios» (Col. 3: 12), sus escogidos. Sin embargo, no todos están a la altura de este llamado. Como dijo Jesús: «Porque muchos son los llamados, y pocos los elegidos» (Mat. 22: 14, comparar con Mat. 24: 22, 24, 31). Las referencias de Pablo a los elegidos tienen un significado similar (Rom. 8: 33; 2 Tim. 2: 10). Además, al igual que con Israel, los creyentes son amados por Dios y «consagrados» (Deut. 7: 6-8). Este privilegio conlleva una importante responsabilidad: «Para que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Ped. 2: 9). Esa proclamación consiste en el testimonio de nuestra vida.

Las ocho cualidades mencionadas por Pablo son una verdadera lista. «Entrañable compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y tolerancia. Sopórtense y perdónense unos a otros» y «sobre todo [...] amor» (Col. 3: 12-14). Estas cualidades solo pueden surgir de un corazón unido a Cristo, pues describen su carácter y la manera en que nos ha tratado. Debemos perdonar a los demás «de la manera que Cristo [nos] perdonó» (vers. 13). El amor es «el vínculo de la perfección» (vers. 14), pues su amor por nosotros nos une a él y nos permite amar verdaderamente a los demás (1 Juan 4: 11, 12).

Estas cualidades influyen en nuestras relaciones de dos maneras. En primer lugar, el hecho de mostrar amor, misericordia, bondad y perdón a los demás es una bendición tanto para nosotros como para ellos. Amar a las personas y ser una bendición para ellas es algo muy gratificante. Normalmente, las personas nos responderán con amabilidad, y seguiremos disfrutando de la misericordia y el perdón de Dios (Mat. 5: 7; 6: 14). En segundo lugar, y más importante aún, una conducta tal glorifica a Dios y puede animar a otros a creer y seguir a Jesús, pues muestra el poder de la gracia divina.

«Ninguna otra influencia que pueda rodear al alma humana ejerce tanto poder sobre ella como la de una vida abnegada. El argumento más poderoso en favor del evangelio es un cristiano amante y amable» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 338).

¿Cuán bien representa a Jesús tu manera de tratar a los demás, especialmente a quienes son tal vez descorteses contigo?


Comentarios Elena G.W

Nunca encontramos a dos personas exactamente iguales. Entre los seres humanos como en las cosas del mundo natural existe la diversidad. La unidad en la diversidad entre los hijos de Dios, la manifestación de amor y tolerancia, a pesar de las diferencias de disposición, este es el testimonio de que Dios envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores.

La unidad que existe entre Cristo y sus discípulos no destruye la personalidad de uno ni otro. Son uno en mente, propósito y carácter, pero no en persona. El hombre, al someterse a la ley de Dios y participar de su Espíritu, llega a ser participante de la naturaleza divina. Cristo conduce a sus discípulos a una unión viva consigo mismo y con el Padre. El hombre se completa en Cristo Jesús mediante la obra del Espíritu Santo en su mente. La unidad con Cristo establece un vínculo de unión de los unos con los otros. Esta unidad es para el mundo la prueba más convincente de la majestad y la virtud de Cristo, y de su poder para quitar el pecado.

Los poderes de las tinieblas tienen poca ocasión contra los creyentes que se aman mutuamente como Cristo los amó, que rehúsan crear desunión y contienda, que permanecen juntos, que son bondadosos, corteses y compasivos, fomentando la fe que obra por amor y purifica el alma. Debemos poseer el Espíritu de Cristo, o no somos suyos.

En la unidad está la fortaleza; en la división está la debilidad.

Mientras más íntima sea nuestra unión con Cristo, más íntima será nuestra unión con el prójimo. La discordia y el desafecto, el egoísmo y el orgullo, están luchando por la supremacía. Estos son los frutos de un corazón dividido y abierto a las sugerencias del enemigo de las almas. Satanás se goza cuando puede sembrar las semillas de la disensión.

En la unidad hay una vida, un poder, que no puede obtenerse de ninguna otra manera (Sons and Daughters of God, p. 286; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, 6 de octubre, p. 288).

Los que aman a Jesús pondrán su vida entera en armonía con la voluntad de él… La gracia de Dios los capacita para mantener intactos sus principios. Ángeles santos están a su lado, y revelan a Cristo por su firme adhesión a la verdad. Son los milicianos de Cristo, y, como buenos testigos, hablan con fuerza y firmeza en favor de la verdad. Demuestran la realidad de la potencia espiritual que hace a hombres y mujeres capaces de no sacrificar nada de la justicia y de la verdad, por mucho que el mundo quiera ofrecerles en cambio. El Cielo honrará a tales cristianos, porque conformaron su vida a la voluntad de Dios, sin fijarse en los sacrificios que les tocaba hacer (La maravillosa gracia de Dios, 27 de agosto, p. 247).


Jueves 12 de Marzo

Viviendo la nueva vida


- Audio Lección -
La preocupación de Pablo por la paz y la armonía en la iglesia se observa claramente en los últimos versículos de Colosenses 3. Ya hemos examinado con cierto detalle la paz de Dios (ver la lección 7). A diferencia de la pax romana (la paz romana), la pax Christi (la paz de Cristo) no es impuesta desde afuera, sino que debe «gobernarnos» desde nuestro interior (vers. 15). Eso solo puede suceder si Cristo tiene el control.

Lee Colosenses 3: 16, 17. ¿Qué es lo que permite a Cristo tener el control y qué papel desempeña la música en todo esto?

El lenguaje usado en ese texto es muy descriptivo: presenta la idea de que la palabra de Cristo habite en nosotros. Eso ocurre cuando leemos la Biblia con atención para escuchar y aprender de la sabiduría de Dios. Al parecer, aunque el texto en griego es algo ambiguo, la música desempeña un papel importante en la instrucción y la exhortación mutuas (Col. 3: 16).

Pablo no se refiere a cualquier música, sino que utiliza una terminología muy específica, tanto aquí como en Efesios 5: 19: «Salmos, himnos y canciones espirituales».

Aunque no es seguro, parece que aquí se hace una distinción entre los salmos del Antiguo Testamento y una creciente colección de himnos cristianos de la época del Nuevo Testamento. «Canciones espirituales» puede ser un término genérico usado como designación de cualquier canto de alabanza relacionado con la experiencia espiritual o la vida de la iglesia. Las palabras de esos cánticos eran el medio para comunicar la verdad e instruir acerca de cómo vivir la nueva vida de un cristiano. Muchos grandes himnos de los últimos siglos contienen poderosos mensajes de esperanza y seguridad, tan necesarios en un mundo que pugna por arrastrarnos hacia abajo.

La influencia de la música es poderosa. El rey Saúl se tranquilizaba cuando David tocaba el arpa (1 Sam. 16: 23). Pero, cuando el rey sintió que David se convirtió en su rival, la ira y el resentimiento de aquel aumentaron (1 Sam. 18: 10, 11). Se ha demostrado clínicamente que la música clásica serena reduce la ansiedad, optimiza el funcionamiento del cerebro, produce relajación, alivia el dolor y favorece la sociabilización.

¿Quién no ha experimentado la poderosa influencia positiva o negativa de la música en las emociones y los pensamientos? La música adecuada puede ser espiritualmente edificante.

Se nos dice que hagamos todo «en el nombre del Señor Jesús» (Col. 3: 17).
Colosenses 3:17
17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
¿Haces eso? Si no es así, ¿cómo puedes lograrlo? Es decir, ¿qué debes dejar de hacer si no puedes hacerlo en el nombre del Señor?


Comentarios Elena G.W

La religión bíblica no es una túnica que se puede poner y sacar cuando a uno le gusta. Es una influencia que lo llena todo y que nos induce a ser seguidores de Cristo, pacientes y abnegados, obrando como él lo hizo, caminando como él caminó…

Si no hubierais conocido a nadie que necesitara de vuestra simpatía, vuestras palabras de compasión y piedad, entonces estaríais sin culpa delante de Dios por no haber puesto en ejercicio estos preciosos dones; pero todo seguidor de Cristo encontrará la oportunidad de manifestar amabilidad y amor cristianos; y al hacerlo probará que es poseedor de la religión de Jesucristo.

Esta religión nos enseña a ejercer paciencia y longanimidad cuando llegamos a ciertos lugares donde recibimos un trato duro e injusto… “No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”. 1 Pedro 3:9… Cuando Cristo fue maltratado, no devolvió mal por mal… Su religión trae con ella un espíritu manso y humilde…

Se necesita constantemente de paciencia, bondad, abnegación y espíritu de sacrificio en el ejercicio de la religión bíblica. Pero si la Palabra de Dios se convierte en un principio permanente en nuestras vidas, todo lo que hagamos, cada palabra, cada acto por insignificante que sea revelará que estamos sujetos a Jesucristo… Si la Palabra de Dios es recibida en el corazón, vaciará el alma de suficiencia propia y de dependencia de sí mismo. Nuestras vidas serán un poder para el bien porque el Espíritu Santo llenará nuestras mentes con las cosas de Dios…

No podemos ni conseguir ni practicar por nosotros mismos la religión de Cristo, porque nuestros corazones son engañosos más que todas las cosas; pero Jesús… nos ha mostrado que podemos ser limpios de pecado. “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9), nos dice… Al mirar a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, captaremos la luz de su rostro, reflejaremos su imagen, y creceremos a la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. Nuestra religion será atractiva porque poseerá la fragancia de la justicia de Cristo. Seremos felices porque Nuestro alimento spiritual será para nosotros justicia y paz y gozo (God’s Amazing Grace, p. 248; parcialmente en La maravillosa gracia de Dios, 28 de agosto, p. 248).


Viernes 13 Marzo

Para estudiar y meditar


- Audio Lección -

«Cuando el Espíritu de Dios domina la mente y el corazón, el alma renovada prorrumpe en una nueva canción; porque ha reconocido que la promesa de Dios se ha cumplido en su experiencia, que su transgresión ha sido perdonada y su pecado cubierto. Ha sentido arrepentimiento hacia Dios por la violación de su divina ley, y fe hacia Cristo, quien murió por la justificación del hombre. Justificado “pues por la fe” tiene “paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom. 5: 1).

»Pero cuando alcanza esa experiencia, el cristiano no debe por lo tanto cruzarse de brazos conforme con lo que ha logrado. Aquel que está determinado a entrar en el reino espiritual encontrará que todos los poderes y las pasiones de la naturaleza no regenerada, respaldadas por las fuerzas del reino de las tinieblas, están preparadas para atacarlo. Cada día debe renovar su consagración, cada día debe batallar contra el pecado. Los hábitos antiguos, las tendencias hereditarias hacia el mal, se disputarán el dominio, y contra ellos debe siempre velar, apoyándose en el poder de Cristo para obtener la victoria. […]

»El poder de una vida más elevada, pura y noble es nuestra gran necesidad. El mundo abarca demasiado de nuestros pensamientos, y el reino de los cielos demasiado poco.

»En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debe desesperarse de ningún empeño. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, pp. 354, 355).

Preguntas para dialogar:

¿Has experimentado la justificación por la fe? ¿Cómo transformó tu vida? ¿Cómo se relaciona la promesa de la justificación por la fe con la idea de que también has «resucitado con Cristo» (Col. 3: 1)?

¿Qué significa para ti tener una mentalidad celestial? ¿Es más importante que hacer el bien terrenal? ¿Dónde está el equilibrio?

Piensa en la influencia que tu vida ejerce sobre los demás. Aunque tendemos a pensar en esto en el contexto de nuestra influencia individual, ¿cuál es nuestra influencia como iglesia? ¿Cómo influye tu iglesia local en la comunidad?

Lee Colosenses 3: 11.¿Qué nos dice acerca de la unidad que debemos tener en Cristo?
Colosenses 3: 11
11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

Colosenses 3:16-17

16 La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Romanos 6:6

6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Efesios 4:22-24

22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Colosenses 3:1-17

1Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. 4Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

5Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; 6cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, 7en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.

8Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. 9No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, 11donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

12Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

15Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. 16La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. 17Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Romanos 1:18

18Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.

Romanos 6:1-7

1¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

5Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Efesios 4:22-24

22En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Deuteronomio 7:6-8

6Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. 7No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; 8sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.

1 Samuel 16:23

23Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.

Colosenses 3:12-14

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
14 Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.
COMENTARRIO BIBLICO DE COLOSENSES 3:14
14. Amor. Gr. agápè. Ver com. Mat. 5: 43; 1 Cor. 13: 1. El amor es la virtud que debe dar cohesión a todas las demás virtudes. No importa cuánto haga alarde de su fe el cristiano nominal, si su alma no está llena del amor a Dios y a sus prójimos, no es un verdadero discípulo de Cristo (ver com. 1 Cor. 13: 1-3). Vínculo. Gr. súndesmos, "lo que mantiene unido", "vínculo". En otro pasaje de esta epístola (cap. 2: 19) se refiere a las "coyunturas y ligamentos" del cuerpo. El amor mantiene juntas con perfecta unidad las virtudes del cristiano y también a los diversos miembros del cuerpo místico de Cristo. Perfecto. O "maduro". Cada uno en su propia esfera debe alcanzar el máximo desarrollo posible. "Primero hierba, luego espiga, después grano lleno" (Mar. 4: 28). Así como Dios es perfecto en su esfera, así también el cristiano debe serlo en la suya (Mat. 5: 48; PVGM 45; HAp 423-424).

Colosenses 3:5-6

5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; 6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

Romanos 6:1-7

1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. 5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.