En la conclusión de Colosenses 1, Pablo expresa su deseo de que su audiencia crezca en madurez en Cristo (Col. 1:28) y desarrolla esta idea en Colosenses 2. Los versículos 1 al 5 sientan las bases de lo que viene a continuación. Pablo quiere que sus lectores estén “unidos en amor” (Col. 2:2), que alcancen “la riqueza de la plena seguridad de comprensión”, que conozcan “el misterio de Dios” (Col. 2:2) y fortalezcan su fe en Cristo (Col. 2:5).
En esencia, Pablo está exhortando a su audiencia a estar “completa” en Cristo o, para utilizar un término diferente, a demostrar “madurez” en el ejercicio de su fe. La lección de esta semana subraya dos temas principales:
Cuando James Garfield, quien más tarde sería presidente de los Estados Unidos, era director del Hiram College de Ohio, un padre le preguntó si no se podrían acortar los estudios de su hijo:
“Desde luego —respondió Garfield—. Pero todo depende de lo que usted quiera hacer de su hijo. Cuando Dios quiere hacer un roble, tarda cien años. Cuando quiere hacer una calabaza, solo necesita dos meses”.Filipenses 1:6: “El que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo”.
Pablo estaba muy preocupado por los falsos maestros infiltrados en la iglesia. El término “conflicto” (Col. 2:1) procede del ámbito deportivo, sugiriendo un esfuerzo extenuante. Pablo consideraba que enfrentarse a las falsas enseñanzas no era un asunto menor.
El antídoto contra el engaño es el conocimiento de Dios y de Cristo (Col. 2:1-4, 8). Este conocimiento procede de la Palabra de Dios, como Pablo sugiere en Colosenses 3:16.
En Colosenses 2:11 al 15, Pablo ensalza la obra salvadora de Cristo. Fuimos circuncidados con una “circuncisión hecha sin mano”, sepultados y resucitados con él mediante el bautismo.
Contrario a interpretaciones populares, Colosenses 2 no anula los Diez Mandamientos. Pablo cita diversos mandamientos en sus cartas (Efe. 6:2-3; Rom. 13:9; Rom. 7:7) como vigentes bajo el Nuevo Pacto. El "quirografo" o "acta de los decretos" clavada en la cruz se refiere a la deuda del pecado o a la ley ceremonial, no a la Ley Moral de los Diez Mandamientos.
La consumación en Cristo implica el proceso de llegar a conocerlo a través de su Palabra. La Ley Moral no es un obstáculo para el evangelio; es un preludio que nos revela el carácter de Dios y nos señala a Cristo.