Los HECHOS de los APÓSTOLES
INTRODUCCIÓN
1.
Título.


Desde la antigüedad, este libro ha sido conocido con el nombre de Los Hechos de los Apóstoles, aunque el título no aparece en el libro mismo.
En la copia más antigua que tenemos (aunque incompleta) de este libro, conocida como Papiro 45 (ver t. V, p. 117), y en el Códice Sinaítico, se le da simplemente el título de "Hechos", sin mencionar a los apóstoles. Esto es razonable, pues el libro no es una historia completa de todos esos hombres. Unos pocos capítulos describen la obra de Pedro y Juan, mientras que el resto de libro registra la conversión y el ministerio de Pablo hasta el momento de su primer encarcelamiento en Roma. Por lo tanto, el libro no abarca la obra completa de ninguno de los apóstoles. Por el contrario, guarda silencio en cuanto a casi todos ellos. De los doce, sólo Pedro, Santiago y Juan Juegan papeles importantes en el libro; pero gran parte de la narración está dedicada a Pablo, que aunque fue apóstol no perteneció a los discípulos originales. Por eso el título "Hechos" sería más que suficiente.
A partir del siglo II comenzaron a aparecer muchas leyendas afirmando que relataban la vida y las vicisitudes de los apóstoles (los Actos de Juan, Pedro, Pablo, Tomás y Andrés están entre los más importantes; cf. Eusebio, Historia eclesiástica III. 25. 4-7). Estos escritos también llevaban el nombre de "Hechos", y quizá para distinguir al libro canónico de Hechos de estos apócrifos, se agregó al título la palabra "apóstoles", quedando como "Hechos de todos los apóstoles" o "Hechos de los apóstoles".


2.
Autor.
La introducción del libro de Hechos (cap.1: 1-14) pone de manifiesto que el Evangelio de Lucas y el libro de Hechos fueron escritos por el mismo autor. Un estudio detallado de la cuestión del autor de Lucas y Hechos aparece en el t. V, pp. 170-173, 649-65 l.
La iglesia primitiva nunca puso en duda la canonicidad del libro, y muy pronto se aseguró un lugar entre los escritos del NT.
3.
Marco histórico.
El Imperio Romano estaba en su apogeo. Augusto había colocado un firme fundamento administrativo sobre el cual sus mejores sucesores pudieron construir, y los peores no pudieron demoler. Continuaban los beneficios que la civilización romana aportaba a los habitantes del imperio, aun cuando el gobernante fuera débil o tiránico, o ambas cosas. Los emperadores, durante el período118 abarcado por el libro de Hechos, c. 31-63 d. C., fueron: Tiberio (14-37), Calígula (37-41), Claudio (41-54) y Nerón (54-68). Tiberio y Claudio se esforzaron por el bien de sus vastos territorios; en cambio, Calígula y Nerón, lo poco que hicieron, fu para mal. Pero, a pesar de estas variaciones en el gobierno se mantuvieron en e imperio las condiciones favorables para la propagación del Evangelio. Los factores que ayudaron en la tarea de los apóstoles fueron: un gobierno relativamente estable, un sistema administrativo común, la justicia romana, una ciudadanía que cada vez se otorgaba con más facilidad, la paz preservada por legiones bien disciplinadas los caminos que llegaban hasta cada rincón del mundo entonces conocido, y su idioma -el griego- que se entendía casi en todas partes.
Al principio la nueva religión aprovechó su vinculación con el judaísmo. La raza escogida había sido dispersada en muchos lugares del imperio, y sus creencias básicas con el tiempo fueron toleradas por los romanos. El cristianismo, como un desprendimiento de la fe más antigua, compartió esta tolerancia; pero después el judaísmo cayó en desgracia. Los judíos fueron expulsados de Roma durante el reinado de Claudio (Hech. 18: 2), y las vehementes aspiraciones nacionales de ello ocasionaron la rebelión en Palestina y las desastrosas guerras de los años 66-70 d. C., que culminaron con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. Cuando empeoro la situación del judaísmo, la posición del cristianismo se hizo más peligrosa. Era una religión no reconocida legalmente, y sus miembros no estaban amparados por la ley. Cuando surgían dificultades, como cuando Roma fue incendiada en el año 64 d. C., fue fácil echarle la culpa a la comunidad cristiana; y la persecución que sobrevino estableció un terrible precedente que se siguió Fielmente en los años sucesivos.
Esta situación sirvió como telón de fondo a Lucas al preparar su historia de la iglesia primitiva Y al escribir los Hechos de los Apóstoles. Un estudio más detallado del trasfondo histórico del NT aparece en el t. V, pp. 48-74, 650-651, y en el t. VI, pp. 24-35, 73-86, 91-97.
4.
Tema.
Lucas declara (Hech. 1: 1) que en el "primer tratado" había relatado todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñhar". Con clara visión histórica reconoció que la obra de Jesús en la tierra era sólo un comienzo, el cual había relatado en su Evangelio. Pero sabía que su historia estaría incompleta si se omitía la narración de lo que Jesús hizo por medio de su iglesia naciente después de su ascensión. Por lo tanto, se propuso describir la continuación de la obra de Cristo mediante el ministerio de sus discípulos. A partir de la orden registrada en Hechos 1: 8, describe en forma ordenada los hechos de los apóstoles. En obediencia al mandato de su Maestro, los discípulos dieron testimonio (1.) en Jerusalén, (2) en toda Judea, (3) en Samaria, y (4) hasta lo último de la tierra. En la descripción de las actividades de los apóstoles hecha por Lucas, en forma natural surgen estas divisiones, y de esa manera el libro registra el crecimiento geográfico de la iglesia primitiva.
También registra otro elemento de importancia. En sus comienzos, la iglesia era judía, pero nunca habría podido cumplir su misión mundial si hubiera permanecido dentro de los límites de una religión exclusivista como el judaísmo. Necesitaba liberarse de ese exclusivismo. Lucas bosqueja los pasos que llevaron a esa liberación. Su narración describe el crecimiento del cristianismo que comenzó siendo una secta judía, y se convirtió en una religión internacional, hasta que Pablo pudo decir que el Evangelio se predicaba "en toda la creación que está debajo del cielo" (Col. 1: 23). Lucas relata que miles de judíos, entre ellos sacerdotes, muy pronto aceptaron el Evangelio (Hech. 6: 7), y que las persecuciones pronto indujeron a Felipe a evangelizar a los samaritanos y al etíope que conocía algo del judaísmo (cap. 8). Narra cómo Pedro llegó hasta Cornelio, el centurión romano (cap. 10). Destaca cómo unos hombres 119 de Cirene y Chipre predicaron por primera vez a los que no eran judíos (cap. 11); cómo, una vez abiertas las puertas, Pablo y sus colaboradores evangelizaron a gran número de paganos (cap. 13-14); y cómo, con la ayuda de Pedro y Santiago, fue posible conseguir que los conversos gentiles fueran liberados de la sujeción al ritual judío (cap. 15). Su relato termina con un vívido cuadro de la propagación del Evangelio por todo el mundo romano oriental (cap. 16 a 28). Lucas ve cómo el cristianismo llega a ser, en gran medida, una religión de gentiles.
Lucas estaba muy bien dotado para ser el historiador de ese movimiento. Se cree que era gentil. Mostró un profundo interés por el ministerio a los que no eran judíos (ver t. V, pp. 649-650). Resultó, pues, muy apropiado que Lucas fuera el escogido para relatar la proclamación del Evangelio al mundo gentil.
El autor de los Hechos reconoce plenamente el lugar del Espíritu Santo en el crecimiento de la naciente iglesia. Desde el día en que Jesús dio "mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles" (cap. 1: 2), el Espíritu aparece como el consejero de los dirigentes y de sus colaboradores. Por medio del milagro de Pentecostés "fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen" (cap. 2: 4). Un poco Oirás tarde los creyentes también "fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios" (cap. 4: 31). Los siete varones escogidos como diáconos estaban también "llenos del Espíritu Santo y de sabiduría" (cap. 6: 3), y Esteban, uno de los más destacados de ellos, era "varón lleno de fe y del Espíritu Santo" (vers. 5). A medida que el relato prosigue, el Espíritu continúa guiando en situaciones tales como la ordenación de Saulo (cap. 9: 17), en la aceptación de los gentiles en la iglesia (cap. 10: 44-47), en la consagración de Bernabé y Saulo para la obra misionera (cap. 13: 2- 4), en el concilio de Jerusalén (cap. 15: 28), y en los viajes misioneros de Pablo (cap. 16: 6-7). Por lo tanto, puede decirse que el libro de los Hechos es el relato de una parte de lo que hacía el Espíritu por medio de los apóstoles y sus seguidores.
5.
Bosquejo.
I . Introducción, l: 1-11.
A. El "primer tratado" de Lucas, el Evangelio, l: l.
B. La comisión evangélica, 1: 2-8.
C. La ascensión de Cristo, l: 9-1 l.
II. Ministerio en Jerusalén, l: 12 a 7:60.
A. En espera del poder del Espíritu, l: 12-26.
1. El regreso de los apóstoles a Jerusalén, 1: 12-13.
2. El período de oración, 1: 14.
3. Muerte de Judas, 1: 15-20.
4. Designación de Matías como sucesor de Judas, 1: 21-26.
B. El poder del Espíritu, 2: 1-47.
1. El derramamiento del Espíritu, 2: 1-13.
2. Sermón de Pedro, 2: 14-36.
3. Resultados del sermón, 2: 37-41.
4. Devoción y crecimiento de la naciente iglesia, 2: 42-47.
C. Curación del cojo, 3: 1 a 4: 3 l.
1. El milagro de curación hecho en nombre de Cristo, 3: 1 -1 1.
2. El sermón de Pedro, 3: 12-26.
a. Acusación contra los judíos, 3: 12-18.
b. Llamado al arrepentimiento, 3: 19-26. 120
3. Arresto de Pedro y Juan, 4: 1-4.
4. Enjuiciamiento y liberación de los apóstoles, 4: 5-22.
5. La reunión de alabanza de la iglesia, 4: 23-31.
D. La comunidad cristiana primitiva, 4: 32 a 6: 7.
1. Bienes en común, 4: 32 a 5: 11.
a. Los creyentes comparten sus posesiones, 4: 32-37.
b. Fraude y muerte de Ananías y Safira, 5: 1-11.
2. Oposición de las autoridades, 5: 12-40.
a. Milagros de curación, 5: 12-16.
b. Arresto, liberación y nuevo arresto de los apóstoles, 5: 17-28.
c. Defensa de Pedro, 5: 29-32.
d. Gamaliel aconseja moderación, 5: 33-40.
3. Predicación de casa en casa, 5: 41-42.
4. Nombramiento de los diáconos, 6: 1-7.
E. Arresto y muerte de Esteban, 6: 8 a 7: 60.
1. La predicación de Esteban, uno de los siete diáconos, 6: 8-10.
2. Arresto y enjuiciamiento de Esteban, 6: 11 a 7: 53.
a. El arresto, 6: 11-14.
b. Iluminación de Esteban, 6: 15.
c. Su defensa, 7: 1-53.
3. Muerte de Esteban, 7: 54-60.
III. Ministerio en Palestina y Siria, 8: 1 a 12: 23.
A. Dispersión de la iglesia por la persecución, 8: 1-4.
B. Felipe, Pedro y Juan en Samaria, 8: 5-25.
1. Ministerio fructífero de Felipe, 8: 5-13.
2. Pedro reprende a Simón y su simonía, 8: 14-25.
C. Ministerio posterior de Felipe, 8: 26-40.
1. Felipe y el etíope, 8: 26-39.
2. Felipe en Azoto y Cesarea, 8: 40.
D. Conversión de Saulo, 9: 1-31.
1. Saulo de Tarso, el perseguidor, 9: 1-2.
2. Saulo ve a Cristo en visión, y se convierte, 9: 3-17.
3. Su bautismo y primera predicación, 9: 18-22.
4. Los judíos traman su muerte, 9: 23-24.
5. Su huida a Jerusalén con Bernabé, y su regreso a Tarso, 9: 25-30.
6. La iglesia deja de ser perseguida, 9: 31.
E. Ministerio posterior de Pedro, 9: 32 a 10: 48.
1. Milagros de curación, 9: 32-42.
a. Eneas curado de parálisis, 9: 32-35.
b. Dorcas es resucitado, 9: 36-42.
2. Conversión de Cornelio, 9: 43 a 10: 48.
a. Cornelio es dirigido hacia Pedro en Jope 9: 43 a 10: 8.
b. Visión de Pedro acerca de lo limpio y lo inmundo 10: 9-16.
c. Pedro va a Cesarea e instruye a Cornelio, 10: 17-43
d. Cornelio y los que estaban con él son bautizados, 10: 44-8.
F. El Evangelio a los gentiles, 11: 1-30.
1. Pedro defiende ante los apóstoles su ministerio entre los gentiles, 11: 1-18.
2. El Evangelio a los judíos fuera de Palestina, 11: 19-21.121
3. Bernabé y Pablo en Antioquía, 11: 22-26.
4. Los cristianos de Antioquía alivian el hambre de Judea, 11: 27-30.
G. Santiago y Pedro son perseguidos, 12: 1-23.
1. Herodes Agripa I encarcela y ejecuta a Santiago, 12: 1-2.
2. Encarcelamiento de Pedro y su milagrosa liberación, 12: 3-19.
3. Muerte de Herodes Agripa I, 12: 20-23.
IV. Primer viaje misionero de Pablo, 12: 24 a 14: 28.
A. Pablo y Bernabé en Antioquía, 12: 24-25.
B. Pablo y Bernabé comisionados por los profetas y maestros de Antioquía, 13: 1-3.
C. Su ministerio, 13: 4 a 14: 28.
1. Chipre, 13: 4-12.
2. Perge; regreso de Juan Marcos, 13: 13.
3. Antioquía de Pisidia, 13: 14-50.
4. Iconio, 13: 51 a 14: 5.
5. Listra, 14: 6-19.
6. Derbe y regreso a través de Pisidia, 14: 20-23.
7. Regreso a Antioquía, 14: 24-28.
V. El concilio de Jerusalén, 15: 1-35.
A. Dificultades con los judaizantes, 15: 1, 5.
B Delegados al concilio, 15: 2-4.
C. El debate, 15: 6-18.
D. La decisión, 15: 19-29.
E. La decisión se hace conocer en Antioquía, 15: 30-33.
F. Silas, Pablo y Bernabé quedan en Antioquía, 15: 34-35.
VI. Segundo viaje misionero de Pablo, 15: 36 a 18: 22.
A. Disensión entre Pablo y Bernabé, 15: 36-39.
B. Pablo y Silas parten para Cilicia, 15: 40-41.
C. El llamado de Timoteo en Listra, 16: 1-3.
D. El ministerio en Galacia, 16: 4-10.
1. El cuidado de las iglesias, 16: 4-5.
2. El Espíritu les impide ir a Asia y Bitinia, 16: 6-7.
3. El llamado macedónico en Troas, 16: 8-10.
E. El Evangelio en Europa, 16: 11 a 18: 17.
1. Filipos, 16: 11-40.
2. Tesalónica, 17: 1-9.
3. Berea, 17: 10-14.
4. Atenas, 17: 15-34.
5. Corinto, 18: 1-17.
a. Trabajo de Pablo, 18: 1-5.
b. Expulsión de la sinagoga, 18: 6-11.
c. Intervención de Galión, 18: 12-17.
F. Regreso a Antioquía, 18: 18-22.
VII. Tercer viaje misionero de Pablo, 18: 23 a 21: 17.
A. Ministerio en Galacia y Frigia, 18: 23.
B. Apolos en Efeso y Corinto, 18: 24-28.
C. Pablo rebautiza a conversos de Juan el Bautista, 19: 1-7.
D. Evangelización de Efeso, 19: 8-41.
E. Ministerio en Macedonia y Grecia, 20: 1-5. 122
F. Reunión en Troas en el primer día de la semana, 20: 6-12.
G. Reunión en Mileto con los ancianos de Efeso, 20: 13-38.
H. El viaje a Jerusalén, 21: 1-17.
VIII. Arresto y enjuiciamientos de Pablo, 21: 18 a 26: 32.
A. Informe de Pablo a los apóstoles y la purificación en el templo, 21: 18-26.
B. El alboroto, 21: 27-32.
C. Detención de Pablo, 21: 33-39.
D. Su defensa ante la multitud, 21: 40 a 22: 22.
E. Primer encarcelamiento de Pablo, 22: 22 a 26: 32.
1. Una nueva audiencia, 22: 22-30.
2. Defensa ante el sanedrín, 23: 1-10.
3. Visión de Pablo, 23: 11.
4. Complot de los judíos contra Pablo, 23: 12-22.
5. Pablo es trasladado a Cesarea, 23: 23-35.
6. Detención bajo el poder de Félix, 24: 1-27.
7. Pablo apela a César ante Festo, 25: 1-12.
8. Festo pide consejo a Herodes Agripa II, 25: 13-27.
9. Defensa de Pablo ante Agripa y Festo, 26: 1-29.
10. Su inocencia es confirmada, 26: 30-32.
IX. Viaje a Roma y encarcelamiento, 27: 1 a 28: 31.
A. El viaje, 27: 1 a 28: 16.
1. De Cesarea a Mira, 27: 1-5.
2. De Mira a Buenos Puertos, 27: 6-12.
3. En Creta y el naufragio, 27: 13-44.
a. La tormenta, 27: 13-20.
b. Seguridad de Pablo de que ninguno perecerá, 27: 21-26.
c. El naufragio, 27: 27-44.
4. Desembarco en Melita, 28: 1-10.
5. Terminación del viaje a Roma, 28: 11-16.
B. Defensa de Pablo ante los judíos en Roma, 28: 17-29.
C. Los dos años de Pablo en Roma 28: 30-31.

CAPÍTULO 1
1 Cristo reúne a sus apóstoles en el monte de los Olivos para que contemplen su ascensión, y les ordena que permanezcan en Jerusalén hasta que reciban el cumplimiento de la promesa del envío del Espíritu Santo, con cuyo poder deben testificar de él hasta lo más apartado de la tierra. 9 Cuando Cristo ascendió, dos ángeles aconsejaron a los discípulos que tuvieran en mente su segunda venida. 12 Los discípulos regresara a Jerusalén y, dedicándose a la oración, escogen a Matías como sucesor de Judas.

 


1 EN EL primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido;
3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.
4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.123
5 Porque ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.
6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;
8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos.
10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas,>
11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.>
12 Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo.*>
13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo.>
14 Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.>
15 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo:
16 Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,
17 y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio.
18 Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.
19 Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre.
20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, Y no haya quien more en ella; Y 'Tome otro su oficio'.
21 Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,
22 comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección.
23 Y señalaron a dos: a José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre justo, y a Matías.
24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,
25 para que tome la parte de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar.
26 Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.


1.
Primer.
Esto indica que la obra que así comienza es la segunda parte de otra anterior. Es evidente que el Evangelio según Lucas es ese "primer tratado" (t. V, p. 649).
Teófilo.
Ver com. Luc. 1: 3.
Todas.
El Evangelio de Lucas es un relato esencialmente completo de "todas las cosas desde su origen" (Luc. 1: 3). Lucas registra los hechos principales, pero no todos los detalles (p. 118). Esto puede verse al comparar el Evangelio de Lucas con el de Juan, el cual contiene mucha información omitida por Lucas; sin embargo, Juan también omite muchas cosas (Juan 20: 30; 21: 25). En las Escrituras la palabra "todo" o "todas" muchas veces se emplea en un sentido general (Mat. 2: 3; 3: 5; Hech. 2: 5; 12: 11; Rom. 11: 26; Col. 1: 6; 1 Tim. 1: 16; Sant. 1: 2).
Comenzó.
Del Gr. árjomai, "comenzar"; verbo característico del Evangelio de Lucas, donde aparece 31 veces. La presencia de este verbo en Hechos proporciona una evidencia 124 espontánea de que Lucas fue el autor de este libro. La obra del Evangelio que Jesús comenzó personalmente es llevada adelante en el libro de Hechos por el m

ismo Jesús mediante la obra del Espíritu Santo en la iglesia.
A hacer y a enseñar.
Jesús fue "poderoso en obra y en palabra" (Luc. 24: 19). Las obras a que se hace referencia son sus milagros (Hech. 10: 38). Tanto las palabras como las obras de Jesús tenían autoridad y poder (ver com. Luc. 4: 32). El autor insinúa que esta doble característica también debe encontrarse en el libro que está por escribir.
2.
Hasta el día.
Es decir, a los 40 días de su resurrección (vers. 3).
Fue recibido arriba.
La forma pasiva del verbo que se emplea en los vers. 9 y 11 y en Luc. 24: 51, indica que la ascensión de Jesús fue una manifestación del poder del Padre.
Después de haber dado mandamientos.
Se refiere especialmente a la comisión evangélica dada por nuestro Señor (Mat. 28: 18-20).
Por el Espíritu Santo.
Esta expresión puede entenderse en el sentido de que el Espíritu Santo guiaría a los discípulos a toda verdad (Juan 16: 13), o que Jesús, tanto antes como después de su crucifixión, habló como uno que estaba poseído por el Espíritu Santo. Debe entenderse lo segundo, pues todo lo que tiene que ver con la vida terrenal de Cristo fue hecho por el poder del Espíritu: (a) su concepción (Luc. 1: 35); (b) su bautismo (cap. 3: 21-22); (c) su justificación, es decir, la manifestación de su vida justa (1 Tim. 3: 16); (d) su comportamiento en su vida de servicio (Luc. 4: 1; ver com. cap. 2: 49); (e) sus milagros (Mat. 12: 28); (f) su resurrección (1 Ped. 3: 18).
Apóstoles.
Gr. apostolos, "enviado"; de la preposición apó, "de", "desde", y el verbo stéllÇ, "colocar", "mandar". El verbo apostéllÇ significa "despachar", "enviar". El verbo y el sustantivo son inseparables. En el griego clásico, la palabra apóstolos frecuentemente se refiere al despacho de una nave o de una expedición naval; también se emplea para designar al comandante de un escuadrón o a un embajador. Estas dos aplicaciones generales a cosas y a personas aparecen también en el griego koiné. Por ejemplo, un papiro egipcio del siglo II o III d. C. habla de la "cuenta de la nave [apóstolos] de Triadelfo" (J.H. Moulton and G. Milligan, The Vocabulary of the Greek New Testament, p. 70). Los papiros también muestran que el significado de la palabra se transmitió de la nave a su carga, pues esta también era "enviada". Se denominaba apóstolos tanto a la carga como a los documentos que representaban a la nave y a su carga. De modo que apóstolos podía referirse a la orden de despacho de una nave, a un conocimiento de embarque, o aun al permiso de exportación. Al mismo tiempo, tanto en el koiné como en el griego clásico, la palabra apóstolos podía referirse a una persona, como la emplea Josefo para designar a los embajadores enviados por los judíos a Roma (Antigüedades, xvii. 11. 1).
Sin embargo, ninguno de estos usos parece aclarar directamente el origen del empleo de la palabra "apóstol" tal como la usaban los cristianos primitivos. Pablo es el primer autor del NT que empleó este vocablo (1 Tes. 2: 6), y aparentemente lo usó como un término exacto para designar a un grupo específico de hombres que con autoridad ejercían funciones generalmente reconocidas en la iglesia (1 Cor. 4: 9; 9: 1-2). El hecho de que en los primeros escritos de la literatura cristiana ya se diera por sentado el sentido específico de la palabra, sugiere que ya se la había empleado antes. Lucas y Juan utilizaron la palabra apóstolos cuando escribieron en griego, años después de la muerte de Jesús (Luc. 6: 13; 11: 49; Juan 13: 16 ["el enviado"]). Parece que la función del apóstol en la iglesia primitiva surgió de la ordenación y comisión de los doce discípulos por Jesús.
Cuando Jesús designó a sus discípulos como "apóstoles", probablemente empleó la palabra aramea shelijá', equivalente del participio hebreo shalúaj, "enviado". Parece que estas palabras tuvieron un uso específico tanto entre los judíos como entre los cristianos. En la literatura rabínica se emplea la palabra shalúaj, más comúnmente con la grafía shalíaj, para designar a diversos mensajeros autorizados. Justino Mártir (c. 146 d. C.) escribió que los judíos enviaban mensajeros por todo el mundo hablando blasfemias contra Cristo (Diálogo con Trifón 17. 108). Eusebio, historiador eclesiástico del siglo IV, declaró que documentos que ya eran antiguos en su tiempo registraban que los sacerdotes y ancianos de los judíos enviaban hombres por todo el mundo para predisponer a su pueblo en contra del cristianismo. Llama "apóstoles" a esos judíos, y dice que en su propio tiempo 125 viajaban por toda la diáspora llevando cartas encíclicas (Comentarios a Isaías xviii. 1, 2). Epifanio (m. 403 d. C.) registra que esos "apóstoles" consultaban con los principales judíos y viajaban entre los judíos fuera de Palestina, restableciendo la paz en congregaciones desorganizadas y recogiendo diezmos y primicias, funciones muy parecidas a las del apostolado de Pablo (Hech. 11: 27-30; Rom. 15: 25-28; 1 Cor. 16: 1; Epifanio, Contra herejías i. 2., Herejía xxx. 4. 11). El Código de Teodosio (438 d. C.) señala: "Como parte de esta inútil superstición, los judíos tienen jefes de sus sinagogas, o ancianos, o personas a quienes llaman apóstoles, que son designados por el patriarca en cierta temporada para recolectar oro y plata" (Código de Teodosio xvi. 8. 14).
Por lo tanto, aunque no puede probarse que en los tiempos del NT ya se usaba la palabra apóstolos para designar a los mensajeros judíos que iban a los de la diáspora, la evidencia sugiere que así ocurría, y que el uso que la iglesia primitiva le dio a esta palabra se derivó de un uso similar entre los judíos.
Que había escogido.
Cf. Mar. 3: 13-19.
3.
Se presentó vivo.
Ver Nota Adicional de Mat. 28.
Pruebas indubitables.
Gr. tekm'rion, "prueba decisiva o convincente". Estas pruebas eran una demostración segura y no evidencias circunstanciales. Las "pruebas indubitables" fueron las apariciones de Cristo después de su resurrección, no los milagros que los discípulos habían visto hacer a Jesús (cap. 2: 22). Confirmaban el milagro culminante de la resurrección. Estas pruebas consistieron en: (1) que comiera y bebiera con los discípulos (Luc. 24: 41-43; Juan 21: 4-13); (2) su cuerpo real, el cual Jesús permitió que ellos tocaran (Mat. 28: 5-9; Juan 20: 27); (3) sus repetidas apariciones visibles, incluso su aparición ante 500 personas reunidas (Mat. 28: 7, 10, 16-17; Luc. 24: 36-48; Juan 20: 19-29; 1 Cor. 15: 6); (4) sus instrucciones en cuanto a la naturaleza y las doctrinas del reino (Luc. 24: 25-27, 44-47, Juan 20: 17, 21-23; 21: 15-17; Hech. 1: 8). La certeza de la resurrección dio poder dinámico al mensaje de los apóstoles (Hech. 2: 32, 36-37; 3: 15; 4: 10; 5: 28, 30-33). Esta fue la base del poderoso argumento de Pablo acerca de la certeza de la resurrección corporal de los redimidos (1 Cor. 15: 3-23).
Cuarenta días.
Jesús no permaneció con ellos en forma continua, sino que se manifestó repetidas veces durante el período posterior a la resurrección (ver Nota Adicional de Mat. 28). No hay ninguna contradicción entre estos 40 días y el relato sumamente breve de Lucas en su Evangelio (Luc. 24).
Acerca del reino de Dios.
Esta frase abarca: (1) la interpretación correcta de las profecías mesiánicas (Luc. 24: 27, 44-45); (2) la extensión de la misión de la iglesia en todo el mundo y la admisión de los salvados al reino por medio del bautismo (Mat. 28: 19); (3) la promesa de poder sobrenatural y de protección divina (Mar. 16: 15-18); y (4) la promesa de la presencia perpetua de Cristo en su iglesia (Mat. 28: 20). Ver com. Mat. 4: 17; 5: 3.
4.
Estando juntos.
Gr. sunalízÇ, que literalmente significa "poner sal juntos", y en consecuencia, "comer juntos" o "reunirse". Es posible que se refiera a una reunión realizada en Galilea (Mat. 28: 16-18), pues la última que tuvieron, cuando los discípulos vieron ascender a Jesús, no aparece hasta Hech. 1: 6.
No se fueran de Jerusalén.
Debían regresar a la capital, lugar donde tantas veces el Salvador había ministrado, y donde finalmente sufrió, fue sepultado, y resucitó. Allí sus discípulos serían investidos de poder y desde ese lugar debían comenzar a dar su testimonio (HAp 25-26).
Que esperasen.
Cf. Luc. 24: 49. La tarea que aguardaba a los discípulos no podía llevarse a cabo empleando sólo medios humanos. Debían esperar (1) hasta el momento designado, (2) en el lugar designado, en Jerusalén, el sitio de mayor peligro y de mayores oportunidades. Los discípulos debían esperar y no irse a pescar, como lo habían hecho Pedro y algunos otros poco antes (Juan 21: 3). Debía haber (1) una expectativa reverente del gran poder de Dios; (2) un profundo anhelo de recibir ese poder y de estar preparados para recibirlo; y (3) una oración ferviente y unánime para que Dios cumpliera su promesa.
La promesa del Padre.
Es decir, la promesa del don del Espíritu Santo (Juan 14: 16; 16: 7-13).
De mí.
La promesa fue pronunciada por Jesús, pero su cumplimiento vendría conjuntamente del Padre y del Hijo (Juan 14: 16, 26; 15: 26; 16: 7-15).
5.
Juan ciertamente bautizó.
Juan el Bautista (Mat. 3: 1-11).
Con el Espíritu Santo.
Esa clase de bautismo 126 había sido prometida por Juan el Bautista (Mat. 3: 11). La promesa (Hech. 1: 4) era de un bautismo no con agua (ver com. Mat. 3: 6, 11), sino con el Espíritu, "no muchos días" después de que la promesa fuera dada, es decir, en Pentecostés.
6.
Se habían reunido.
Se habían reunido en Jerusalén, en obediencia a la voluntad del Señor (vers. 4) y por acuerdo mutuo. Jesús mismo estuvo con ellos, aunque no se menciona ninguna aparición inesperada o sobrenatural. Esta fue la última reunión de los discípulos con su Señor, porque ocurrió el día de la ascensión (Mar. 16: 19; Luc. 24: 50-51; 1 Cor. 15: 7).
Le preguntaron.
Mejor "le preguntaban", pues el tiempo del verbo en griego sugiere una acción repetida.
¿Restaurarás el reino?
Mejor "en este tiempo, ¿restauras el reino?" O también, ¿Es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?" (BJ). Los discípulos aún no comprendíais la naturaleza del reino de Cristo. El no había prometido el tipo de restauración que ellos esperaban (ver com. Luc. 4: 19). Pensaban que Jesús "había de redimir a Israel" (Luc. 24: 21) es decir, liberarlo de los romanos. Pedro y los otros discípulos descubrieron una redención diferente en Pentecostés (Hech. 2: 37-39). La ascensión y la experiencia en el día de Pentecostés les dieron una nueva comprensión. Finalmente entendieron la naturaleza espiritual del reino de su Señor.
Los judíos sentían una fervorosa esperanza mesiánica. En los Salmos de Salomón, obra apócrifa escrita poco antes de la era cristiana (t. V, p. 90), se repite con frecuencia esta idea. La siguiente plegaria es típica. "Mira, oh Señor, y suscítales su rey, el hijo de David, en el tiempo que tú veas, oh Dios, que pueda reinar sobre Israel tu siervo. Y cíñelo de fuerza, para que pueda hacer añicos a los poderes impíos y purificar a Jerusalén de las naciones que la pisotean y la destruyen... Y él purificará a Jerusalén, y la santificará como en tiempos de antaño, para que las naciones vengan desde los confines de la tierra a ver su gloria, trayendo como regalos a sus Hijos que habían desmayado y para ver la gloria del Señor con la cual Dios la ha glorificado" (Salmos de Salomón, 17: 23-35). Pensamientos tales muy bien podrían haber inducido a los discípulos a esperar que hubiera llegado el tiempo para el establecimiento del reino prometido, lo cual motivó su pregunta.
Israel.
Hasta este momento los discípulos aún no habían captado el concepto del reino espiritual para todas las naciones (Mat. 8: 11-12), compuesto del verdadero Israel con el corazón circuncidado (Rom. 2: 28-29). Tampoco comprendían que cuando la nación judía rechazó a Jesús se había separado de la raíz y del tronco del verdadero Israel, en el cual los conversos cristianos, fueran judíos o gentiles, debían ser injertados (Rom. 11). Es evidente que aún esperaban que se estableciera el reino mesiánico de David, en la monarquía en Judá, en el pueblo judío literal. Ver t. IV, pp. 28-38.
No presenta dificultad alguna el hecho de que los discípulos emplearan la palabra "Israel" para referirse a "Judá". Es verdad que con frecuencia se emplea el nombre "Israel" para designar a las diez tribus del norte y distinguirlas de Judá; pero también se aplica muchas veces al conjunto de las doce tribus y aun a Judá específicamente, así como al pueblo escogido de Dios sin ninguna distinción de tribu (ver com. Isa. 9: 8). El contexto debe indicar el sentido en todos los casos. Por lo tanto, no es sorprendente que en el NT siempre encontremos que se aplica el nombre "Israel" a toda la nación judía. Aunque los judíos de ese tiempo eran mayormente de la tribu de Judá, les pertenecía la sucesión directa y legítima no sólo por ser de la provincia postexílica de Judá (que era la continuación del anterior reino de Judá), sino también de la nación de Israel originalmente unida.
Los judíos de los dias de Cristo eran los herederos de la antigua teocracia que había sido gobernada por la dinastía davídica instituida por Dios, centrada en el culto del templo divinamente ordenado y fundada sobre el pacto nacional entre Dios y su pueblo escogido. Pablo llama a sus compatriotas judíos "israelitas", de los cuales, según la carne, eran "la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo" (Rom. 9: 4-5; cf. vers. 3; ver cap. 3: 1-2; 11: 1).
Por lo tanto, no era irrazonable que los discípulos creyeran que las profecías y las promesas que habían sido dadas al Israel de la antigüedad pertenecieran a los judíos, sucesores del antiguo reino davídico, y no al "Israel" de las diez tribus del norte que se habían 127 separado de la casa de David; pues esas tribus no sólo se habían separado de Judá, sino también del templo y del verdadero culto a Dios, y por lo tanto del pacto nacional. A la realidad de la herencia monárquica de Judá se sumaba el hecho de que esta nación, desde el momento cuando se produjo la separación en los días de Jeroboam, había asimilado a muchos miembros de las diez tribus del norte que deseaban permanecer leales a Jehová (2 Crón. 11: 13-16; 15: 9; cf. cap. 16: 1). Estos hechos explican el uso repetido del término Israel para designar al reino de Judá, y, después del cautiverio, a la comunidad judía reconstituida como provincia de Judá, a la cual pertenecían todos aquellos que habían regresado del exilio, sin importar de qué tribu eran (Esd. 2: 70; 3: 1; 4: 3; 6: 16-17, 21; 7: 7, 13; 8: 29; 9: 1; 10: 5; Neh. 1: 6; 9: 1-2; 10: 39; 11: 3, 20; Eze. 14: 1, 22; 17: 2, 12; 37: 15-19; Dan. 1: 3; Zac. 8: 13; Mal. 1: 1).
Además, la nación judía del tiempo de Jesús representaba a las otras tribus de Israel, no sólo en población (Luc. 2: 36) sino también en territorio (t. V, pp. 47-48). Las siguientes personas emplearon el término "Israel" para designar a la nación judía: Juan el Bautista (Juan 1: 31), Simeón (Luc. 2: 32, 34), Jesús (Mat. 8: 10; Luc. 7: 9; Juan 3: 10), los discípulos y otros habitantes de Judea (Mat. 2: 20-22; 9: 33; Luc. 24: 21; Hech. 1: 6; 2: 22-23; 3: 12; 4: 8, 27; 5: 31; 21: 28), Gamaliel (Hech. 5: 35), Lucas (Luc. 1: 80) y Pablo (Hech. 13: 16-17, 23-24; Rom. 9: 4, 6, 31; 11: 1; 1 Cor 10: 18; 2 Cor. 11: 22; Fil. 3: 5).
De modo que estos discípulos continuaban buscando el reino mesiánico profetizado para Israel como restauración de la soberanía nacional judía. El reino del Mesías sin duda habría pertenecido a los judíos si no hubieran perdido su derecho al rechazar al Hijo de David, porque les ofreció un reino de justicia universal en vez de un reino establecido mediante una victoria judía. El rechazo de la nación judía como pueblo escogido, privilegio que desde el comienzo había sido condicional (Exo. 19: 5-6; Jer. 18: 6-10; Mat. 8: 11-12; 21: 33-45), era demasiado reciente como para que los discípulos ya lo comprendieran. Bien sabían que el antiguo reino del norte de Israel se había separado definitivamente del verdadero Israel del pacto, excepto en la medida en que sus miembros individualmente prefirieran unirse de nuevo al pueblo escogido. Lo que aún no comprendían era que la nación judía, por haber rechazado el gobierno del Hijo de David, ya no era más el pueblo escogido, aunque individualmente los judíos podían ser injertados en el tronco del verdadero Israel, la iglesia de Jesucristo (t. IV, pp. 27-40), en quien no hay distinciones de raza, nacionalidad, ni jerarquía (Gál. 3: 28-29; Col. 3: 11).
7.
Les dijo.
Cristo no respondió directamente a la pregunta de sus discípulos, sino que llamó su atención a la obra que tenían que hacer.
Los tiempos o las sazones.
Gr. jrónos y kairós. Jrónos se refiere sencillamente, en forma general, al "tiempo" cronológico; kairós se aplica a momentos específicos o culminantes en el tiempo, con énfasis en lo que acontece. Por lo tanto, cuando Jesús habla de "tiempos" se refiere, según parece, a la sucesión aparentemente interminable de los siglos, y cuando habla de "sazones" se refiere a los acontecimientos culminantes que ocurrirán al fin del siglo o mundo (ver com. Mat. 24: 3). Es como si les hubiera dicho: "No les corresponde a ustedes saber ni la fecha, ni la forma exacta del establecimiento del reino". Jesús, como hombre entre los hombres, no sabía ni el día ni la hora de su venida (ver com. Mat. 24: 36). Hay aquí una suave reprensión para los que (1) no están todavía listos para recibir un conocimiento pleno (Juan 16: 12), pero que (2) saben lo suficiente para poder llevar a cabo la comisión de su Señor (Mat. 28: 19-20), y (3) se dejan guiar por señales y por el Espíritu (Mat. 24: 32-33; Mar. 16: 17-18; Juan 16: 13).
En su sola potestad.
Mejor "ha fijado con su propia autoridad". La palabra griega que se traduce "potestad" o "autoridad" es exousía, y no dúnamis, el "poder" o "capacidad" del vers. 8 (ver com. Juan 1: 12). Dios no es siervo del tiempo; es su Amo. Su conocimiento trasciende al tiempo, porque es omnisapiente, sabe todas las cosas (Sal. 139: 1-6; Prov. 15: 3; Heb. 4: 13). Su conocimiento previo es una prueba de su deidad (Isa. 46: 9-10). El comparte lo que quiere con los que le sirven (Deut. 29: 29; Sal. 25: 14; Juan 15: 15; 16: 25).
8.
Poder.
Gr. dúnamis, "fuerza", "capacidad", "poder" (ver com. Juan 1: 12). La palabra "dinamita" deriva de dúnamis. Lucas se refiere al poder sobrenatural que reciben únicamente aquellos sobre quienes desciende el Espíritu Santo (ver com. Luc. 1: 35; 24: 49). 128
Este poder es para testifican Proporciona (1) poder interior, (2) poder para proclamar el Evangelio, (3) poder para llevar a otros a Dios. Por medio de sus discípulos, llenos de este poder, Jesús continuaría la obra que había comenzado en la tierra, y se harían obras aún mayores (Juan 14:12). El testimonio presentado por el Espíritu sería una señal distintiva de la iglesia cristiana.
Testigos.
Gr. mártus, el que corrobora o puede ratificar lo que él mismo ha visto u oído, o sabido de cualquier otra manera. La palabra aparece 13 veces en los Hechos. Como "testigos", los apóstoles sabían que Jesús era el Mesías de la profecía y el Redentor de la humanidad. También podían dar testimonio de su promesa de volver. Como testigos, los discípulos fueron el primer y más importante eslabón de evidencia visible entre el Señor crucificado, resucitado y ascendido, y el mundo; el cual, por medio del testimonio de ellos, podría llegar a creer (ver com. Juan 1: 12). Juan escribió: "Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos" (1 Juan 1:3). A los seguidores de Cristo también se les pide hoy que den un testimonio personal de las obras y enseñanzas de Jesús, del propósito de Dios de salvar al mundo por medio de su Hijo, y de la eficacia del Evangelio en su propio corazón. No puede darse un testimonio más convincente. Sin una experiencia personal no puede haber un verdadero testimonio cristiano. La valiente afirmación de Pedro después de la curación del cojo (Hech. 4: 10), es un excelente ejemplo de testificación en los tiempos apostólicos.
En Jerusalén.
El plan divino era que el pueblo escogido tuviera la primera oportunidad de beneficiarse con el ministerio de los apóstoles (ver com. Luc. 14: 21-24). Durante ese breve período, miles de judíos creyeron (Hech. 2: 41, 47; 4: 4, 32-33; 5: 14; 6: 1, 7; Material Suplementario de EGW sobre el cap. 2: 1, 4, 14, 41). Cuando los judíos desecharon este privilegió y apedrearon a Esteban (cap. 7), las buenas nuevas fueron llevadas a campos más lejanos.
En Samaria.
Los samaritanos eran un pueblo mezclado, siempre enemistados con los judíos (ver com. Juan 4: 9). Con referencia al ministerio personal de Jesús para el pueblo de Samaria, ver com. Luc. 10: 1, 33; 17: 16; Juan 4: 39-42. Después del apedreamiento de Esteban, recibieron en primer lugar la visita del diácono Felipe (Hech. 6: 5; 8: 5), después la de Pedro y de Juan, quienes fueron a ayudar a Felipe (cap. 8: 14). Hubo una buena cosecha de almas en Samaria.
Lo último de la tierra.
Los discípulos debían ir "por todo el mundo" (Mar. 16: 15), "a todas las naciones" (Mat. 24: 14). La obra mundial la comenzaron representantes del Evangelio esparcidos en diferentes lugares, quienes predicaron a los judíos de Fenicia, Chipre y Antioquía de Siria (Hech. 8: 4; 11: 19), y Saulo de Tarso en Siria y Cilicia (Hech. 9: 15, 30; 11: 25; Gál. 1: 21, 23). Poco después se extendió gracias a los extraordinarios viajes misioneros de Pablo (Hech. 13 a 28). Pablo se sintió movido a afirmar que en sus días el Evangelio se predicaba "en toda la creación que está debajo del cielo" (Col. 1: 23; cf. Tito 2: 11). En contraste con la comisión que Cristo dio por primera vez cuando envió a los doce (ver com. Mat. 10: 5-6), esta obra no debía ser nacional sino universal. Lo que Lucas describe en el libro de Hechos es el comienzo de esta obra mundial. Este libro no es una colección de biografías de los apóstoles, ni siquiera de ciertos apóstoles, ni tampoco trata exclusivamente de los apóstoles, sino de lo que hacían todos los creyentes para proclamar el Evangelio "hasta lo último de la tierra". Cuando esta obra finalmente sea terminada, Cristo vendrá (Mat. 24:14).
Lucas presenta aquí el bosquejo del libro de Hechos: La proclamación del Evangelio en (1) Jerusalén y Judea (cap. 1 a 7), (2) en Samaria (cap. 8 a 10), y (3) hasta lo último de la tierra (cap. 11 a 28).
9.
Y habiendo dicho estas cosas.
Ver com. Luc. 24: 50.
Viéndolo ellos.
Ningún creyente había visto al Salvador resucitar de entre los muertos, pero se les permitió a los once discípulos y a la madre de Jesús (PE 191) que lo vieran ascender al cielo. De este modo se convirtieron en testigos fidedignos de la realidad de la ascensión.
Fue alzado.
Aquí se relata la ascensión como un sencillo hecho histórico. En lo que resta del NT no se lo menciona a menudo, pero se acepta este hecho implícitamente como una verdad cardinal del cristianismo histórico. Jesús la había predicho (Juan 6: 62), Pedro habló nuevamente de ella (Hech. 3: 21), y más tarde Pablo se refirió a la misma (1 Tim. 3: 16). La ascensión fue una culminación apropiada del ministerio terrenal de Cristo. 129 Nuestro Salvador había descendido del cielo para efectuar la salvación del hombre (Juan 3: 13, 15). Cuando concluyó su obra terrenal, decidió regresar a su hogar celestial (Juan 14: 2) para mediar entre Dios y el hombre (1 Tim. 2: 5; Heb. 7: 25; 8: 1-2, 6; 1 Juan 2: 1) hasta su segunda venida (Juan 14: 3).
Una nube.
Esta nube era una hueste de ángeles (cf. DTG 771). Cristo regresará del mismo modo: "sobre las nubes" (Mat. 24: 30; 26: 64; Apoc. 1: 7). Innumerables multitudes de ángeles acompañarán a su Señor cuando venga en gloria (Mat. 25: 31). Jesús volverá en la misma forma en que se fue (Hech. 1: 11).
Le ocultó de sus ojos.
Literalmente "lo recibió de los ojos de ellos".
10.
Los Ojos puestos en el cielo.
Mejor "estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba" (BJ). Jesús ascendió gradualmente. No hubo una desaparición repentina como en Emaús (Luc. 24: 31).
Se pusieron junto a ellos.
Mejor "se habían puesto junto a ellos"; ya estaban allí cuando los discípulos advirtieron su presencia.
Dos varones.
Con referencia a la identidad uno de estos dos ángeles, ver com. Luc. 1: 19. Si bien se los llama "varones", pues aparecieron en forma humana, eran ángeles (DTG 771-772). Compárese con los dos ángeles vestidos de blanco que saludaron a María en la tumba (Juan 20: 12-13), uno de los cuales es llamado "un joven" (Mar. 16: 5).
Vestiduras blancas.
Lucas describe en su Evangelio a los ángeles que anunciaron la resurrección como "dos varones con vestiduras resplandecientes" (Luc. 24: 4). Ver también Hech. 10: 30; cf. cap. 11: 13.
11.
Varones galileos.
Todos los discípulos, a excepción quizá de Judas (ver com. Mar. 3: 19), eran oriundos de Galilea, y se conocían por su habla galilea (cf. Mat. 26: 73; ver com. Hech. 4: 13). Pero los ángeles conocían a estos hombres sin necesidad de que hablaran, así como conocen la vida de otros seres humanos (cf. cap. 10: 3-6).
¿Por qué estáis mirando?
Los discípulos, extasiados, parecían ser incapaces de apartar la vista del lugar donde su amado Maestro había desaparecido. Los dos ángeles rompen el hechizo con una pregunta: el que ha ascendido es Dios Hijo, os ha dicho sus planes, y volverá otra vez: "¿por qué estáis mirando al cielo?" El os ha dado una obra que hacer como preparación para su retorno. Compárese con la pregunta del ángel después de la resurrección: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Luc. 24: 5). Sin embargo, en cierto sentido los cristianos siempre deberían estar mirando al cielo (cf. Fil. 3: 20).
Este mismo Jesús.
El mismo Jesús a quien los discípulos habían conocido íntimamente durante los tres años y medio que acababan de transcurrir. Aunque había resucitado y ascendido al cielo como el Hijo de Dios, aún retenía su naturaleza humana (DTG 14-17).
Así vendrá.
Como suceso histórico, la segunda venida de Cristo está indisolublemente ligada a otros acontecimientos históricos: su resurrección y su ascensión. Las Escrituras revelan a: (1) Cristo el Creador (Col. 1: 16; Heb. 1: 2; ver. com. Juan 1: 1-3); (2) Cristo el encarnado (Fil. 2: 7; Heb. 2: 14-15; ver com. Juan 1: 14); (3) Cristo el crucificado (Hech. 17: 3; 1 Cor. 15: 3-4; ver com. Mat. 27: 31-56; Juan 19: 17-37); (4) Cristo el resucitado y ascendido al cielo (Rom. 1: 3-4; 1 Cor. 15: 3-22; ver com. Mat. 28: 1-15; Juan 20: 1-18, Mar. 16: 19-20; Luc. 24: 50-53; Hech. 1: 9-11); (5) Cristo el Intercesor (Heb. 4: 14-16; 7: 22; 1 Juan 2: 1); (6) Cristo el rey que viene (Mat. 24: 30; Apoc 11: 15; 19: 11-16; ver com. Mat. 25: 31). Estas revelaciones constituyen una presentación en conjunto del Hijo de Dios en fases relacionadas de su gran obra redentora. En todas ellas, él es el "mismo Jesús", "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Heb. 13: 8).
Según esa promesa, la venida de Jesús deberá ser: (1) personal: "este mismo Jesús (DTG 771-772); visible: "como le habéis visto ir"; (3) acompañada de nubes: "una nube... lo ocultó"; (4) segura: "así vendrá". Esta sencilla aunque solemne promesa de los consejeros angélicos le imprime a la doctrina de la segunda venida de Cristo una completa certeza, asegurada por la realidad de la ascención. Todo -acontecimiento y promesa- es verdad, o ninguno de los dos lo es. Sin la segunda venida de Cristo, toda la obra anterior del plan de redención sería tan vana como lo sería la siembra y el cultivo sin la cosecha.
12.
Volvieron.
Los discípulos se alejaron de la cruz profundamente tristes y completamente frustrados. Después de cada aparición del Maestro resucitado, quedaban perplejos aunque esperanzados. Sin embargo, ahora, después de haber visto que su Señor ascendía al cielo, volvieron con gozo y con la firme 130 seguridad de que volvería.
A Jerusalén.
Obedeciendo la orden del vers. 4.
Del Olivar.
El lugar de la ascensión. El monte de los Olivos está al este de Jerusalén, aproximadamente a mitad de camino a Betania (ver com. Mat. 21: 1). Betania queda a unos 15 estadios (Gr. stádion, t. V, p. 52), o sea a unos 3 km de Jerusalén (1 Juan 11: 18). Lucas explica que después de la última reunión con los discípulos en Jerusalén, Jesús "los sacó fuera hasta Betania" (Luc. 24: 50); lo hizo posiblemente porque quería estar otra vez en un lugar que le era familiar y que tanto amaba. Desde allí, recorriendo un corto camino sobre "el monte que se llama del Olivar", llegarían de regreso Jerusalén.
Camino de un día de reposo.
Esta frase sólo aparece aquí en la Biblia; indica la distancia que había entre Jerusalén y el monte de los Olivos (ver com. Exo. 16: 29; t. V, p. 52). Josefo registra que la distancia era de 5 ó 6 estadios (Antigüedades xx. 8. 6; Guerra v. 2. 3), o sea poco más de un kilómetro. La Mishnah concuerda con estas cifras, porque dice que el "límite sabático" era de 2.000 codos: "Si un hombre salía [más allá del límite sabático] para hacer algo permitido [dar testimonio de la luna nueva o salvar una vida] y entonces se le decía que esa acción ya se había realizado, tiene el derecho de moverse dentro de dos mil codos en cualquier dirección; si estaba dentro del límite sabático es como si no hubiera salido, porque cualquiera que sale para librar [a uno que está en peligro] puede volver a su lugar [de donde partió]" (Erubin 4. 3). Había maneras para superar los inconvenientes causados por ese límite: "Si un hombre estaba de viaje [a su casa] y lo sorprendía la noche, y reconocía un árbol o un cerco y decía, 'sea mi lugar de descanso sabático debajo de él, no ha dicho nada; pero si dijera: 'sea mi lugar de descanso sabático en su raíz, puede caminar desde donde está hasta su raíz [hasta la distancia de] dos mil codos y desde su raíz a su casa [hasta la distancia de] dos mil codos. De este modo puede viajar cuatro mil codos después de que haya oscurecido. Si no reconoce [ningún árbol o cerco]... y dice: 'Sea mi lugar de descanso sabático donde estoy parado', su posición le da el derecho a caminar hasta dos mil codos en cualquier dirección como [si estuviera] en un círculo... Pero los sabios dicen: como [si estuviera] en un cuadrado, como una tablilla cuadrada, para que aproveche el beneficio de las esquinas" (Mishnah, Erubin 4. 7-8).
"Los sabios no han ordenado la regla del límite sabático para añadir restricciones, sino para que sean menos rigurosas" (Erubin 5. 5). Se dice que el origen del límite de los dos mil codos puede hallarse en la tradición de que la distancia desde la tienda más apartada del campamento de Israel, en el desierto, hasta la tienda de la reunión o tabernáculo (Núm. 35: 5), era la mayor distancia que podía caminar un hebreo sin que se dijera que había salido de su lugar en el séptimo día (Exo. 16: 29). Pero con más probabilidad, era la distancia que Josué especificó que debía haber entre el pueblo y los levitas que llevaban el arca durante el cruce del Jordán (Jos. 3: 4).
Crisóstomo (Homilía III, Hechos 1:12) suponía que la ascensión tuvo que haber ocurrido en sábado, porque de otro modo no tendría razón la mención del "camino de un día de reposo". Sin embargo, esta conclusión no es necesaria. Es probable que la ascensión ocurriera un jueves (ver Nota Adicional de Mat. 28).
13.
Aposento alto.
Este aposento alto no estaba en el templo (Luc. 24: 53), donde los discípulos aún rendían culto a Dios (cf. Hech. 3: 1), sino en el piso alto de una casa particular, en un lugar privado (ver com. Mat. 26: 18; Mar. 14: 15; Luc. 24: 33; Juan 20: 19).
Pedro.
Con referencia a la lista de los apóstoles, ver com. Mat. 10: 2-5; Mar. 3: 13-19.
14.
Perseveraban unánimes.
Es notable el contraste con el espíritu de rivalidad manifestado durante la última cena (Luc. 22: 24). ¡Cuán diferente por su calma y solemne gozo fue este período de espera! Aquí comenzó el espíritu de unanimidad que dio resultados tan maravillosos pocos días más tarde (Hech. 2: 1, 41).
En oración.
Gr. t' proseuj', "en la oración". Estas palabras pueden interpretarse por lo menos en dos formas: (1) "en oración", o (2) "en el lugar de oración", sentido que tienen las mismas palabras en otro pasaje (cap. 16: 16). Algunos comentadores sugieren que los discípulos no permanecieron siempre en el aposento alto, sino que iban de vez en cuando al templo, y que tales visitas están incluidas en el significado de Luc. 24: 53: "y estaban siempre en el templo". 131
Y ruego.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. Sin embargo, permanece el hecho de la unanimidad en la oración de los discípulos. Durante los días antes de Pentecostés, los 120 (vers. 15) reverentemente suplicaron que se cumpliera la promesa de que vendría el Espíritu, el Consolador (Juan 14: 16), con poder (Hech. 1: 8) "dentro de no muchos días" (vers. 5; cf. HAp 29-30). Este texto contiene una excelente fórmula para la oración eficaz: (1) el pedido: oraron; (2) la perseverancia: continuaron orando; (3) la unanimidad: oraron con un mismo espíritu. Ver com. Mat. 18: 19-20; Luc. 18: 1-8.
Con las mujeres.
Literalmente "con mujeres", lo cual podría referirse a las esposas de los hombres allí reunidos. Esta interpretación se apoya en el hecho de que "María, la madre de Jesús", que no era la esposa de ninguno de los presentes, se menciona en otro lugar. Sin embargo, la interpretación más común es que estas mujeres eran las que servían a Jesús, entre las cuales estaban María Magdalena, Juana, Susana, y "muchas otras" (ver Nota Adicional de Luc. 7; com. Luc. 8: 23).
María.
Esta referencia a la madre de Jesús es muy significativa. Su relación especial con el Señor que acababa de ascender justifica que se la mencione en forma especial; pero no se le asigna ninguna preeminencia indebida. En esta ocasión -la última vez que se menciona en las Escrituras- María es una de las personas que se ha unido para perseverar "unánimes en oración y ruego". Las leyendas que se refieren a su vida posterior y a su posición después de muerta, no tienen base ni bíblica ni histórica.
Sus hermanos.
Jacobo, José, Simón y Judas (Mat. 13: 55; ver com. Mat. 12: 46; Mar. 6: 3). Ellos se habían distanciado de Jesús (Juan 7: 5; DTG 413-415), y no se los menciona entre los que se reunieron junto a la cruz (Juan 19: 25-27). Pero las escenas finales de la vida terrenal de Jesús los habían convertido, y ahora formaban parte de sus discípulos. De Simón y de José no se sabe más nada; pero Jacobo probablemente llegó a ser dirigente en la iglesia (ver com. Hech. 12: 17; cf. Hech. 15: 13; 1 Cor. 15: 7; Gál. 1: 19; t. V, p. 73); y muchos piensan que fue el autor de la Epístola de Santiago (ver Introducción a la Epístola de Santiago, t. Vll). Judas quizá fue el autor de la breve epístola que lleva su nombre (ver com. Mar. 6: 3; Introducción a la Epístola de Judas, t. VII).
15.
En aquellos días.
Entre la ascensión y Pentecostés. La ascensión ocurrió 40 días después de la resurrección (vers. 3). Por lo tanto, quedaban diez días hasta Pentecostés, el día quincuagésimo, el día de la fiesta de las semanas (ver com. Lev. 23: 16; Hech. 2: 1). Cf. t. V, p. 223.
Pedro.
Con referencia a su llamamiento, posición y carácter, ver com. Mar. 3: 14-16. Las lecciones que había recibido de Jesús (Luc. 22: 32; Juan 21: 15-17; DTG 752-754) ahora daban buen fruto. Sus dones naturales habían sido santificados por la conversión, y surge ahora como un dirigente de la iglesia. Pero en su liderazgo no hay nada dictatorial. Estimula a sus hermanos a la acción concertada, y las decisiones subsiguientes proceden de todo el grupo y no de un hombre. Desempeña un papel prominente en los asuntos de la iglesia primitiva. Su sermón en el día de Pentecostés es el único que se registra (Hech. 2: 14-40); otros sermones suyos también reciben mención específica (cap. 3: 12-26; 4: 8-12; 10: 34-43). El, junto con Juan, hace el primer milagro de curación que se registra en Hechos (cap. 3: 1-11); su don de hacer milagros se menciona en forma especial (cap. 5: 15; 9: 32-41), y cumple el papel principal en la reprensión de Ananías y de Safira (cap. 5: 3-11). No hay duda de que desempeñó una posición destacada en la iglesia primitiva; pero desaparece del relato de Lucas después del cap. 15: 7, y a partir de entonces éste concentra la atención en Pablo. Con referencia a la supuesta supremacía de Pedro, ver com. Mat. 14: 28; 16: 16-19.
Los hermanos.
Estos hermanos no son únicamente los hermanos de Cristo (Hech. 1: 14), pues había como 120 personas presentes. Es evidente que fue una reunión formal, convocada para elegir al duodécimo apóstol en reemplazo de Judas Iscariote.
Ciento veinte.
La palabra "como" indica que se trataba de un número aproximado; sin embargo, el grupo era suficientemente grande para constituir un cimiento firme de la joven iglesia en Jerusalén. El número no incluye a todos los que habían creído, porque "más de quinientos hermanos" habían visto a Jesús después de su resurrección (1 Cor. 15: 6).
16.
Varones hermanos.
Algunos han sugerido que Pedro se dirigió específicamente a 132 los hombres reunidos, y que sólo ellos participaron en la elección del duodécimo apóstol.
Era necesario que se cumpliese.
No se trata de que los acontecimientos fueron dispuestos para que coincidieran con las Escrituras, sino que las Escrituras, inspiradas por el Espíritu Santo, predijeron los acontecimientos. Mateo emplea muchas veces citas del AT de la misma manera (ver com. Mat. 1: 22).
La Escritura.
La Escritura que se cita en el vers. 20. Nótese cómo, desde su mismo comienzo, la iglesia apostólica basó su autoridad en el AT.
Espíritu Santo.
Pedro revela ahora la convicción de los discípulos en cuanto a la inspiración de los salmos de David. Creían que David había hablado (o escrito) como portavoz del Espíritu. Esta enseñanza concuerda con 2 Tim. 3: 16 y 2 Ped. 1: 21.
Judas.
Nótese la manera en que el apóstol aplica la Escritura. El ve el cumplimiento del suceso de acuerdo con la predicción de la Escritura, y lo aplica categóricamente a una persona: a Judas, aunque David no menciona el nombre del traidor.
Que fue guía.
O "que llegó a ser guía" (ver com. Mat. 26: 3, 14, 47). ¡Qué cambio tan terrible! El que había sido ordenado para guiar a los hombres a Cristo a fin de que fueran salvos, prefirió guiar a los hombres a Cristo para que el Salvador fuera destruido. Sin embargo, nótese la delicadeza con la cual se describe a Judas. A pesar del horror que Pedro y los otros apóstoles deben haber sentido, no hay recriminaciones. Deja el juicio de Judas en las manos de Dios.
17.
Era contado con nosotros.
Había sido del grupo apostólico (Mat. 10: 4; Mar. 3: 19; Luc. 6: 16). No hay registro alguno de que fuera llamado como discípulo; se ofreció para ser uno de los doce (DTG 260-261).
Tenía.
Mejor "obtuvo un puesto" (BJ). Se destaca el hecho de que Cristo lo aceptó como discípulo.
Parte.
Gr. kl'ros, "suerte", "porción", "parte". De esta palabra deriva "clero".
Este ministerio.
Gr diakonía, "servicio", "ministerio", y más tarde "diaconado". Quienes trabajaron en la iglesia primitiva sintieron profundamente la responsabilidad del ministerio (diakonía) del Evangelio (Hech. 12: 25; 20: 24; 1 Cor. 16: 15; Col. 4: 17; 2 Tim. 4: 5).
18.
Adquirió.
Es posible que los vers. 18 y 19 sean la explicación de Lucas intercalada en el discurso de Pedro. Difícilmente habría necesitado Pedro dar a los 120 detalles acerca de la muerte de Judas. No es necesario deducir de este relato que Lucas creía que Judas había comprado el "campo de sangre" antes de morir. Con el dinero mal habido de Judas se compró el campo, y su sepultura allí fue la recompensa de su iniquidad. El registro de Mateo es explícito: Cuando Judas vio que Jesús había sido condenado a ser crucificado y no hacía ningún esfuerzo por salvarse, sintió remordimiento por su traición. Devolvió las treinta piezas de plata a los sacerdotes con quienes había hecho su infame trato, y luego se ahorcó. Con ese dinero los principales sacerdotes compraron el campo del alfarero -donde se tiraban los desechos de las alfarerías-, y allí enterraron a Judas. Por causa de esto, o debido a que el dinero era el precio de "sangre inocente", el lugar fue llamado "campo de sangre" (ver com. Mat. 27: 3-10; DTG 669-670). La diferencia entre los relatos de Mateo y de Lucas es asunto de retórica, no de hechos. Todo lo que recibió Judas como recompensa fue una vergonzosa sepultura en un campo baldío.
Cayendo de cabeza.
Se ha sugerido que las palabras que así se traducen podrían haber significado "hinchado"; pero la evidencia es insuficiente para apoyar tal traducción. Judas, que quizá fue el discípulo que tuvo más ambición personal, había procurado alcanzar altos niveles de poder mundanal identificándose con el reino que creía que Jesús establecería sobre la tierra. Su horrible muerte parece señalar en forma notable los trágicos resultados de una ambición tal. En vez de alcanzar las alturas a las cuales traicioneramente ambicionaba, "cayendo de cabeza", pereció.
19.
Fue notorio a todos.
A medida que se divulgó el relato de la traición de Judas y su suicidio, probablemente influyó en la gente de Jerusalén en favor de Cristo, porque comprendió que él había sido la víctima de las intrigas sacerdotales y de la traición de un discípulo. Además, las escenas de la crucifixión habían sido vistas por las multitudes (Luc. 23: 27, 35; Juan 19: 19-20; DTG 690, 720-723). Los que resucitaron después del gran terremoto, se aparecieron a muchos (Mat. 27: 52-53; DTG 730). Los acontecimientos que rodearon el sacrificio de Cristo en favor 133 de los pecadores no ocurrieron en secreto; no se ocultaron en un rincón (Hech. 26: 26).
Se llama.
Algunos han sugerido que la forma verbal traducida "se llama", proporciona una evidencia natural de que Lucas escribió el libro de Hechos antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., pues luego de esto los nombres de los lugares, salvo los más significativos, se perdieron en gran medida.
Su propia lengua.
Mejor "su propio dialecto [dialéktos]". Esto sugiere que el arameo no era la lengua de Lucas y que no era judío.
Acéldama.
Una transliteración a través del griego de las palabras armaras jaqel dema, "campo de sangre". La tradición asocia el lugar con Hakk ed-Dumm, en la orilla sur del valle de Hinom, al sur de Jerusalén (ver com. Mat. 5: 22). En el campo comprado con las treinta piezas de plata se sepultaba a los extranjeros que no tuvieran parientes o amigos que los enterraran (Mat. 27: 6-10; cf. Zac. 11: 12-13).
20.
Está escrito.
Debe notarse y mantenerse la relación con el vers. 17. Después de la explicación de los vers. 18-19, Pedro cita Sal. 69: 25 (de la LXX, con ligeras modificaciones) y Sal. 109: 8 (también de la LXX). El Sal. 69 incluye imprecaciones sobre los enemigos de David, pero también declaraciones proféticas que se refieren al Mesías, como puede verse en los vers. 7-2 l. El vers. 25 es mayormente una maldición sobre los enemigos de David, y por extensión sobre los del Mesías; por lo tanto, puede aplicarse a judas. El Sal. 109 también es imprecatorio, con palabras aún más ásperas que el otro; y el vers. 8 es un ruego para que el enemigo aludido, al cual se maldice, tenga una vida corta y sea quitado de su cargo (ver com. Sal. 69; 1 09). Judas y sus terribles acciones concuerdan con lo que se describe en estos salmos, y su merecida suerte corresponde con la de los enemigos que se describen en estos pasajes. Este es un tipo de exégesis empleado con frecuencia en el NT para interpretar y aplicar el AT (cf. 1 Ped. 1: 10- 11; cf. com. Deut. 18: 15). Pedro ha tomado la cita y la ha aplicado al campo que judas compró (ver com. vers. 18), previendo que no sería habitado.
Tome otro su oficio.
El apóstol emplea Sal. 109: 8 como autoridad para la elección de otro que ocupara el lugar dejado vacante por judas.
21.
Es necesario.
Gr. dei, "es necesario" (cf. vers. 16). Parece que Pedro pensaba que se debía mantener el número original de discípulos. Sin duda, los apóstoles tenían el concepto de que el número 12 representaba plenitud, siguiendo el ejemplo de las 12 tribus de Israel. En verdad, se les había prometido 12 tronos desde los cuales gobernarían a las tribus (Mat. 19: 28), promesa que recuerda las 12 estrellas en la corona de la iglesia (Apoc. 12: 1), y los 12 cimientos de los muros de la nueva Jerusalén, donde están inscritos los nombres de los 12 apóstoles (Apoc. 21: 14). Jesús había ordenado un grupo de 12 de los cuales se había perdido uno. Pedro pensó que era necesario tener el número completo para dar testimonio concerniente a todos los aspectos de la vida y de las obras del Señor. Delante de los apóstoles había una gran tarea, y se necesitaba el número completo de testigos para llevarla a cabo. El número de los 12 fue discontinuado cuando Jacobo murió como mártir alrededor del año 44 d. C. (cap. 12: 2); pero no hay registro alguno de que se hubiera nombrado a otro para reemplazarlo.
Estos hombres.
Parece que entre los creyentes había más de un individuo que tenía las cualidades imprescindibles para ser el sucesor de Judas, pero sólo uno fue escogido.
Han estado juntos con nosotros.
Pedro describe aquí las cualidades que se deseaba que tuviera el candidato. Debía haber estado con los discípulos durante el ministerio terrenal del Señor, desde los días de Juan el Bautista hasta el día de la ascensión de Cristo.
Entraba y salía.
Hebraísmo para referirse a las actividades diarias, como las que Jesús había compartido con sus discípulos.
22.
Comenzando.
Compárese con el "principio" de Mar. 1: 1.
Bautismo de Juan.
Podría referirse a los días cuando Juan bautizaba y predicaba, o al día específico cuando bautizó a Jesús.
Uno sea hecho testigo.
O "sea constituido testigo". Con referencia al testimonio que debería dar, ver com. vers. 8. Se destaca el testimonio del hecho histórico de la resurrección (ver com. Luc. 24: 48).
23.
Señalaron.
Es probable que quienes hicieron este señalamiento fueran los 120, aunque el contexto inmediato de los vers. 21-22 posiblemente podría sugerir que sólo fueron los once apóstoles.
Señalaron a dos.
Gr. ést'san dúo, lo cual podría traducirse como "pusieron a dos delante" o "se pusieron de pie dos". En el primer 134 sentido, se entendería que José y Matías fueron propuestos por los discípulos como candidatos para los cuales podía echarse suerte. Si se entiende en la segunda forma, indicaría que cuando Pedro hubo presentado cuáles eran las cualidades necesarias para que un hombre ocupara el puesto de Judas, preguntó si había entre los presentes alguien con esas cualidades, y José y Matías se pusieron de pie.
José.
Nombre común judío (ver com. Gén. 30: 24).
Barsabás.
Gr. barsabbás, transliteración del arameo, quizá de bar shabba,, sea, "hijo del sábado", es decir, uno nacido en sábado; o de bar Ñeba' o bar sa'b<, ambos de significado dudoso. Algunos han tratado de identificar a este Barsabás con Bernabé, el levita de Chipre que fue compañero de Pablo (cap. 4: 36; 9: 27; 11: 22, 24), pero no hay base bíblica para hacerlo. Es posible que fuera el hermano de Judas Barsabás mencionado en otro pasaje (cap. 15: 22).
Justo.
Un apellido latino. En los tiempos de los romanos muchos judíos adoptaron tales apellidos.
Matías.
Quizá una forma abreviada de Matatías, que deriva del Heb. Mattithyah, "don de Jehová". Fuera del vers. 26 no se lo menciona más en el NT, ni tampoco hay ninguna tradición fidedigna en cuanto a su vida posterior. Eusebio (Historia eclesiástica i. 12. 3; iii. 25. 6) lo incluye entre los setenta, y menciona el evangelio apócrifo que se le atribuía. Se dice que murió como mártir en Etiopía o en Judea (p. 38).
24.
Orando.
¡Qué oración debe de haber sido esa, la cual brotaba pura de una fe sencilla y perseverante! La joven iglesia recurría espontáneamente a la oración en cada momento de dificultad. No lo hacían sólo por hábito, aunque el hábito era bueno; ni tampoco como un ritual, porque aún no habían organizado la liturgia de la iglesia, sino porque a los apóstoles les parecía que era tan natural hablar por medio de la oración con su Señor celestial como lo habían hecho cara a cara con Jesús en la tierra. Así debería haber ocurrido siempre en las vicisitudes de la iglesia, y así también debería ocurrir hoy.
Señor.
Puesto que Jesús había instruido a sus discípulos que debían dirigir sus pedidos al Padre en su nombre, es decir, el de Jesús, debe suponerse que aquí el nombre Señor se refiere al Padre.
Conoces los corazones.
Cf. 1 Sam. 16: 7; Sal. 139: 1-4; Juan 2: 25.
Muestra.
Los 120 habían recurrido a su mejor criterio al proponer los nombres de Barsabás y de Matías. Ahora pidieron al Señor que hiciera la decisión final.
25.
Parte.
La evidencia textual (cf. p. 10) favorece el texto "el lugar".
Este ministerio y apostolado.
Los apóstoles estaban plenamente conscientes de la dignidad espiritual de su llamamiento (ver com. vers. 17).
Cayó... por transgresión.
Mejor "que judas desertó" (BJ) o "se apartó", o "se desvió", como rezan otras versiones.
Su propio lugar.
"Adonde le correspondía" (BJ). Se le pedía al Señor que escogiera a uno para reemplazar al que había preferido la apostasía y había hallado "su propio lugar" en el desastre y la muerte. Tal lugar pertenecía a judas por su propia elección. Los acontecimientos habían probado lo que el Señor ya había previsto (Juan 6: 70-71; 13: 2, 21, 26): que a judas no le correspondía un lugar entre los doce.
26.
Les echaron suertes.
Podría entenderse de dos formas: (1) que el grupo echó suertes por los dos, o (2) que los candidatos mismos echaron suertes. No importa cuál fuera el método empleado, fue elegido Matías. Los judíos del AT conocían bien el método de echar suertes como algo habitual para tomar decisiones: (1) para escoger los machos cabríos en las muy significativas ceremonias del día de la expiación (Lev. 16: 5-10); (2) para distribuir la tierra de Canaán entre las tribus (Núm. 26: 55; Jos. 18: 10), y al volver del exilio (Neh. 10: 34; 11: 1); (3) para determinar casos de crímenes en los cuales había duda (Jos. 7: 14, 18; 1 Sam. 14: 41-42); (4) para elegir los combatientes para una batalla (juec. 20:8-10); (5) para designar a uno que debía ocupar un puesto de jerarquía (1 Sam. 10: 19-21); y (6) para designar las ciudades de los sacerdotes y levitas (1 Crón. 6: 54-65). En 1 Cron. 24 a 26 se ve cómo se aplicaba este método. Se entendía que el Señor era el que decidía cuando se echaba suerte (Prov. 16: 33). Los soldados echaron suertes en el Calvario para quedarse con el manto sin costura del Señor (Mat. 27: 35; ver com. Juan 19: 23-24). Pero la elección de Matías, echando suertes, es el único caso del empleo de este método entre los cristianos del NT. Con referencia a los peligros que implica el de 135 pender de tales métodos hoy, ver com. Jos. 7: 14; Prov. 16: 33. Hasta donde lo indica el registro, se aceptó sin discusión la propuesta de Pedro de que se usara el método de echar suertes. Parece que después de Pentecostés, la dirección directa del Espíritu Santo hizo que el echar suertes estuviera de más (Hech. 5: 3; 11: 15-18; 13: 2; 16: 6-9). En la iglesia posterior a los apóstoles hay un caso en donde se usó el echar suertes para elegir a un obispo en el tercer canon del Concilio de Barcelona, España, en el año 599 d. C.
Fue contado.
Del Gr. sugkataps'fízomai, de sun, "con", katá, "abajo", y ps'fos, "piedrecita". Se refiere al antiguo método de elegir a una persona echando una piedrecita en una urna. Puede traducirse "fue designado", "fue elegido por votación".
Con los once.
A los ojos del mundo Matías había ocupado una posición muy modesta: ser uno de los dirigentes de un insignificante grupo de humildes personas que pronto serían perseguidas. Pero para los creyentes, la posición a la cual Matías había sido comisionado representaba inconmensurables posibilidades para el futuro. No hay razón para negarle a Matías su dignidad como sucesor de Judas en el cuerpo apostólico. Si alguien afirma que no se dice nada en la Biblia en cuanto a la obra posterior de Matías, recuérdese que tampoco se menciona nada de la obra posterior de Andrés, Felipe (el Felipe del cap. 8 era el diácono), Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo el menor, Simón Zelote, y Judas Lebeo Tadeo.
No se registra que los discípulos hubieran impuesto las manos a Matías (cf. cap. 6: 6; 13: 3). Evidentemente la iglesia creía que el Espíritu Santo había demostrado su aprobación en la elección mediante suertes. En esta elección de Matías tenemos importantes y antiguas evidencias de organización eclesiástica: (1) una reunión oficial de creyentes, (2) el tratar un importante asunto eclesiástico, (3) la decisión y su ejecución. La iglesia estaba organizada y ahora aguardaba el poder divino.
Algunos hacen de Pablo el duodécimo apóstol. Sin embargo, aunque Pablo se llamó a sí mismo apóstol vez tras vez (Rom. 1: 1; 1 Cor. 1: 1; 2 Cor. 1: 1, y en otras epístolas), nunca pretendió ser uno de los doce, ni se lo designa de esa manera en ninguna parte. En verdad, reconocía y destacaba que ser de los doce era una distinción (1 Cor. 15: 5-8). Decía claramente que no había recibido su conocimiento del Evangelio de los doce (Gál. 1: 11-12, 15-19), y siguió un programa diferente al de ellos (Rom. 15: 20-21). En PE 199 y HAp 84 se afirma que Pablo ocupó el lugar de Esteban.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
3 FE 535; HAp 22; PE 188 .
5 MeM 58
5-7 HAp 25
6-7 SR 241 7
7 Ev 509; TM 51
8 HAp 15, 25, 88; 3JT 206; MeM 48; NB 368; OE 289, 301; 7T 273; 8T 56; TM 62, 199, 27.
9 PE 190
9-11 DTG 771; PE 190
10-11 HAp 27; NB 56; lT 41; 2T 194
11 CS 346, 388; PE 109
14 CE (1967) 146; EC 101; 3JT 193; PE 191; TM 168; 5TS 11
16-18 DTG 669
21-26 3JT 411
24 1JT 110 136

CAPÍTULO 2
1 Los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, hablan en diversas lenguas; unos los admiran, pero otros se burlan. 14 Pedro desaprueba a éstos, y les muestra que los apóstoles hablan así por el poder del Espíritu Santo; que Jesús resucitó, ascendió al cielo y ha derramado el Espíritu Santo sobre sus discípulos; que el Mesías (Jesús), un hombre conocido por ellos como aprobado de Dios por sus milagros, maravillas y señales, no fue crucificado sin la previa voluntad y conocimiento del Padre, 37 Pedro bautiza a un gran número de conversos, 41 los cuales perseveran en la doctrina, en la caridad y la oración. Los apóstoles hacen milagros, y crece la iglesia.
1 CUANDO llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,
11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.
14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
17 Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones. Y vuestros ancianos soñarán sueños;
18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo;
20 El sol se convertirá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
21 Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.
25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
26 Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; 137
27 Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.
28 Me hiciste conocer los caminos de la vida;
Me llenarás de gozo con tu presencia.
29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.
30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,
31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.
32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra,
35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;
45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.
46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
1.
Llegó.
Literalmente "al haberse cumplido". Esta forma verbal parece expresar que el día ya había llegado. Posiblemente se habla aquí de una hora matutina.
Día.
Hasta hoy los judíos palestinos celebran la fiesta de Pentecostés en un solo día; pero los judíos de la diáspora lo celebran durante dos días. Antiguamente se hacía esto para tener la seguridad de que la fiesta se celebrara en el día correcto.
Pentecostés.
Gr. pent'kost'- del adjetivo quincuagésimo", el cual es una referencia a los cincuenta días entre el comienzo de la fiesta de los panes sin levadura y la fiesta de las primicias (fiesta de las semanas o Pentecostés). Hasta donde se sepa, esta palabra griega se usó por primera vez para referirse a la fiesta judía de las semanas en Tobías 2: 1 (escrito c. 200 a. C.) y 2 Macabeos 12: 32 (c, 120 a. C), lo cual indica que se había empleado entre los judíos mucho antes de la era cristiana. Se comenta más ampliamente la fiesta de Pentecostés y su posición en el calendario judío en com. Exo. 23: 16; Lev. 23: 16; cf. t. I, p.722; t. II, pp. 109, 112; t. V, diagrama 10, p. 223. A continuación presentamos un breve resumen de los hechos importantes relacionados con el derramamiento del Espíritu Santo en esa ocasión. La fecha de Pentecostés depende de la fecha de la pascua. El cordero pascual era sacrificado el 14 de Nisán. El 15 de Nisán comenzaba la fiesta de los panes sin levadura, y el 16 se mecía delante del Señor una gavilla de las primicias de la cosecha de cebada (Lev. 23: 5-11). Desde el día 16 se contaban, de 138 acuerdo con el cómputo inclusivo, siete semanas y un día, es decir 50 días, hasta la fiesta de las primicias de la cosecha del trigo, que también se llamaba fiesta de las semanas, debido a las siete semanas que transcurrían (Lev. 23: 15-16). Esta era la fiesta que llegó a conocerse con el nombre de Pentecostés.
En vista de que en el año de la crucifixión, el 16 de Nisán cayó en día domingo (ver la primera Nota Adicional de Mat. 26), Pentecostés, 50 días más tarde, de acuerdo con el cómputo inclusivo, también habría caído en domingo ese año. Sin embargo, este hecho no le da apoyo bíblico a la santidad del día domingo (ver com. Mat. 28: 1).
De todas las fiestas judías, la de Pentecostés era la que atraía el mayor número de peregrinos de tierras lejanas. Los peligros propios de los viajes por mar y tierra a comienzos de la primavera o a fines del otoño (Hech. 27: 9), impedían que vinieran muchos de lugares lejanos para la pascua o para la fiesta de los tabernáculos. Pero la temporada de Pentecostés era favorable, y en ninguna otra fiesta habrían estado presentes en Jerusalén tantos representantes de otras naciones. No había ninguna otra ocasión cuando el don del Espíritu podría producir efectos tan directos, inmediatos y abarcantes. Además, el tipo de ofrendas, que eran principalmente de paz y de consagración, le daban a la ocasión un carácter de gozo. El pan era leudado, lo cual indicaba un nuevo espíritu de liberación y comunión que se manifestaba en medio de los celebrantes mientras se regocijaban juntos. La fiesta de Pentecostés se parecía mucho a una fiesta de cosecha. Hasta Pablo, que poco se interesaba en festividades como éstas (Rom. 14: 5), tenía deseos de celebrar la fiesta de Pentecostés en Jerusalén a pesar de sus viajes misioneros en Asia y Grecia (Hech. 18: 21; 20: 16).
Cada aspecto de la antigua fiesta de las semanas tenía un sentido figurado, lo que la hacía un símbolo de la obra que estaba a punto de consumarse. Como era la fiesta de las primicias, era apropiado que fuera la ocasión de la primera cosecha de los campos que ya estaban "blancos para la siega" (Exo. 23:16; Juan 4: 35). Cuando los israelitas recordaban en esta fiesta que habían sido esclavos en Egipto, podían sentir otra vez la libertad que les había dado el éxodo (Deut. 16: 9-12) y su liberación de la esclavitud (Lev. 23: 21). Por lo tanto, era un momento apropiado para el derramamiento del Espíritu del Señor, pues "donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Cor. 3: 17). Ese Espíritu habría de guiar a la iglesia en la verdad, la cual ciertamente libera a todos los que la reciben (Juan 8: 32).
Es interesante recordar que los rabinos, quienes computaron el intervalo entre la primera pascua y la entrega de la ley en el Sinaí, llegaron a la conclusión de que Dios "habló" (expuso con palabras) la ley al pueblo (Exo. 20: 1) en el día que más tarde fue observado como Pentecostés (Talmud, Pesaj 68b). Se cree que por medio de esta tradición la fiesta adquirió una naturaleza conmemorativa.
Pentecostés era un día importante en la vida de los israelitas, y se constituyó en un símbolo apropiado de un día aún más importante, cuando el Espíritu de Dios descendió sobre todos los que estaban preparados para recibirlo.
Todos.
Probablemente se refiera a los 120 y a otros creyentes que pudieron haberse unido a ellos.
Unánimes juntos.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "estaban todos reunidos en un mismo lugar" (BJ).
Aunque en el griego no se afirme que estaban "unánimes", es evidente que había unidad entre los discípulos. Los celos manifestados cuando no pudieron sanar al muchacho endemoniado (Mar. 9: 14-29; DTG 394,396398), cuando luchaban por los primeros puestos (Luc. 22: 24) y cuando se negaron a lavarse mutuamente los pies (Juan 13: 3-17; DTG 599-600), habían sido eliminados de sus corazones por las agonías de la crucifixión, la gloria de la resurrección y la majestad de la ascensión. Su Maestro había resucitado el día del ofrecimiento de la gavilla de cebada mecida, que lo representaba a él, las primicias. Durante 40 días Jesús había estado con ellos repetidas veces. Desde la ascensión habían transcurrido diez días, durante los cuales habían aguardado "la promesa del Padre". ¿Qué les depararía esa promesa? Los diez días de espera habían sido de ferviente oración (Hech. 1: 14), elevada con espíritu de unanimidad (HAp 29-30). Esta es la verdadera unidad que debe caracterizar al pueblo de Dios cuando aspire a disfrutar de una experiencia especial con su Señor, o espere de él una manifestación de poder. Todo lo que impida tal unidad debe quitarse para que no obstaculice la obra del Espíritu, que es la 139 obra de Dios en favor de su pueblo.
Es probable que todos estuvieran en el mismo aposento alto donde se había celebrado la última cena (Luc. 22: 11-14), lugar donde posiblemente también se refugiaron los discípulos después de la crucifixión, y al cual volvieron después de que Jesús ascendió (ver com. Hech. 1: 13). Algunos suponen que es probable que los discípulos se estuvieran reuniendo en uno de los aposentos del templo, a los cuales Josefo (Antigüedades viii. 3. 2) llama bikoi, "casas", y que podían ser usados por un grupo de amigos o miembros de una fraternidad durante una fiesta. Sin embargo, parece poco probable que los discípulos se hubieran arriesgado a que se los viera juntos en un lugar público como eran los recintos del templo.
2.
De repente.
Sin advertencia, en forma inesperada. Los 120 no podían tener ninguna idea de la manera en la cual habría de llegar el Consolador.
Del cielo.
Del mismo lugar de donde vino el Espíritu Santo para descender sobre Jesús cuando fue bautizado (Mat. 3: 16; Luc. 3: 2 1-22).
Estruendo.
Gr.' jos, "sonido", "ruido"; de donde deriva "eco". Lucas la usa en su Evangelio (cap. 21: 25) para describir el rugido de las olas del mar, y el autor de Hebreos (cap. 12: 19) para referirse al sonido de la trompeta tocada en el Sinaí.
Un viento recio.
Literalmente "un viento violento llevado", es decir, "un viento que sopla impetuosamente" (NC). Nótese que no fue un viento, sino "como" viento. La impresión sensorial de quienes vivieron esa experiencia fue la de un viento fuerte. La palabra que se traduce "viento" (pno') aparece en el NT sólo aquí y en el cap. 17:25, donde significa "aliento". En la LXX se usa con este mismo sentido. Lucas quizá escogió usar aquí la palabra pnoé como una descripción del "soplo" sobrenatural que los discípulos estaban a punto de experimentar, y que debe haberles recordado lo que sintieron cuando el Señor "sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20: 22). Ahora sintieron una vez más el impacto celestial de ese soplo divino que les inspiraba temor y reverencia.
Llenó.
Si bien la sintaxis exige que "estruendo" sea el sujeto de este verbo, es evidente que la casa se llenó del Espíritu Santo, representado en Juan 3:8 por el viento.
Toda la casa.
El lugar donde se hallaban reunidos (vers. 1). Tanto el sonido como el viento pueden llenar rápidamente todos los rincones de un edificio. Así también la venida del Espíritu llenó el lugar donde estos cristianos estaban reunidos.
Estaban sentados.
Por la mañana (vers. 15), posiblemente aguardando la hora de la oración.
3.
Se les aparecieron.
Acababan de recibir una evidencia audible de la venida del Espíritu (vers. 2); ahora tenían una evidencia visible de que sí había venido.
Lenguas repartidas.
Mejor lenguas "de fuego que dividiéndose" (BJ, 1966). En el griego da la idea de un fuego que se divide en muchas lenguas pequeñas que luego se posan en cada miembro de la asamblea reunida. La figura de "lenguas" es apropiada en vista del don del habla que el Espíritu concedió a los creyentes.
Como de fuego.
Las lenguas no eran llamas de fuego, sino que parecían fuego (cf. "como de viento recio", vers. 2). La divinidad y el fuego muchas veces aparecen unidos en las Escrituras (cf. Exo. 3: 2; Deut. 5: 4; Sal. 50: 3; Mal. 3: 2), sin duda, debido al poder, el resplandor y los efectos purificadores del fuego. Juan el Bautista había prometido que Cristo bautizaría "en Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3: 11).
Asentándose.
En el texto griego el verbo está en singular; por lo tanto, el sujeto debe ser cada una de las lenguas de fuego por separado o el Espíritu Santo (vers. 4). La forma verbal griega que se traduce "asentándose", sugiere una acción momentánea y no continua. Aunque las lenguas con apariencia de fuego permanecieron sobre los creyentes sólo brevemente, los efectos de este acontecimiento perduraron durante toda la vida de los fieles cristianos que recibieron el Espíritu.
4.
Fueron todos llenos.
Este es el cumplimiento de "la promesa del Padre" (ver com. cap. 1:4-5) y el resultado gozoso de los diez días de espera en oración. A los discípulos se les había enseñado a orar pidiendo el Espíritu (Luc. 11:13). Jesús había soplado sobre ellos la noche que siguió a la resurrección, y les había dicho: "Recibid el Espíritu Santo" (Juan 20:22). El Espíritu prometido se posesionó de ellos, llenando lo íntimo de su ser e instándoles a poner en intensa actividad todas sus facultades. Así participaron de las mismas experiencias de los profetas, pensando y hablando palabras que no eran las
LA DIÁSPORA
141 suyas, sino inspiradas (cf. 2 Ped. 1:21).
No debe pensarse que este derramamiento se limitó a los apóstoles. Las palabras y el contexto inducen al lector a creer que todos los que estaban reunidos, sin omitir las mujeres, compartieron la distribución del don del Espíritu Santo. De no haber sido así, Pedro difícilmente habría aplicado la profecía de Joel como lo hizo (Hech. 2: 16-18).
Espíritu Santo.
En el AT hay muchas claras referencias al Espíritu de Dios (Núm. 24: 2; Juec. 6: 34; 1 Sam. 16: 13; 2 Sam. 23: 2; 2 Crón. 24: 20; Sal. 51: 11; Isa. 48: 16; Eze. 11: 5; Joel 2: 28-29; etc.). Pero ninguna manifestación del Espíritu en el AT puede compararse con la que presenciaron los discípulos en el día de Pentecostés: (1) por la ineq uívoca identificación del Agente, (2) por la plenitud del derramamiento, y (3) por los resultados que siguieron. Por lo tanto, muchas veces se designa ese día como el cumpleaños de la iglesia. Los grandes episodios de la vida terrenal de Jesús -su nacimiento, su bautismo y la recepción del Espíritu Santo, su crucifixión, su resurrección, su ascensión- fueron de suprema importancia y vitales para el desarrollo del plan de salvación. Pero el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés vino inmediatamente después de la aceptación celestial del gran sacrificio de Cristo y su entronización con el Padre (HAp 31-32). Por medio de ese derramamiento la iglesia quedó capacitada para hacer por Cristo lo que nunca antes se había intentado: la predicación de las buenas nuevas de salvación a todas las naciones. Este no fue simplemente un movimiento del Espíritu; no fue sólo el soplo del Espíritu; fue el henchimiento de los discípulos, su completa posesión por el Espíritu Santo. A partir de ese momento la iglesia fue el instrumento del Espíritu. No hay nada en el registro posterior que sugiera que alguno de los que en ese día memorable fueron poseídos por el Espíritu, perdiera alguna vez esa posesión. Los cristianos, en las sucesivas generaciones, cada vez más alejados de la experiencia de Pentecostés, se hicieron menos y menos receptivos al don divino, y sobrevino la apostasía. Los creyentes de hoy pueden beneficiarse con esta realidad histórica de la iglesia primitiva.
Comenzaron.
Esto señala el efecto inmediato del descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos. No hubo un período de espera ni de aprendizaje. "Comenzaron a hablar" inmediatamente.
Otras lenguas.
Es decir "lenguas diferentes" de su propio idioma. La palabra griega glÇssa, "lengua" (aquí y en el vers. 11), se refiere en primer lugar a la lengua que permite hablar, y también se refiere a un idioma cualquiera.
La capacidad de hablar otros idiomas fue un don que se dio a los discípulos con el propósito especial de que pudieran llevar el mensaje evangélico a todo el mundo. Para la fiesta de Pentecostés se habían reunido en Jerusalén peregrinos de los cuatro puntos cardinales (ver com. vers. 9-11). Estos judíos de la diáspora (ver mapa p. 140; t. V, pp. 61- 62) quizá entendían suficientemente el hebreo como para poder aprovechar los servicios del templo; pero posiblemente no estaban en condiciones de entender el arameo, idioma cotidiano de los discípulos. Por el bien de los discípulos y de aquellos que habrían de recibir el mensaje por medio de ellos, el Espíritu Santo los capacitó para proclamar el Evangelio con fluidez en los idiomas hablados por los peregrinos. Este fue un gran milagro, y cumplió una de las últimas promesas del Señor (ver com. Mar. 16: 17). Facilitó que hubiera una gran cosecha ese día (Hech. 2: 41), y tuvo efectos de alcance mundial en los años que siguieron. Ver com. Hech. 10: 45-46; 1 Cor.14.
La narración no dice claramente si este don de hablar en otras lenguas fue permanente, pero debería tenerse en cuenta que lo que el Espíritu hizo una vez, es capaz de repetirlo cuando sea necesario (HAp 33).
Según el Espíritu.
El Espíritu dio a los discípulos no sólo el don de hablar en otras lenguas, sino también el mensaje. Hablaron movidos por la conducción directa del Espíritu.
Daba.
El tiempo del verbo en griego sugiere que el Espíritu continuaba dando palabras a los oradores según surgiera la necesidad. Es posible que los discípulos se dirigieron sucesivamente a los diferentes grupos lingüísticos, y que el sermón de Pedro (vers. 14-36) ante toda la multitud resumía sus mensajes.
Que hablasen.
Gr. apofthéggomai, "declarar", "decir francamente". La LXX emplea esta palabra para describir el acto de profetizar (1 Crón. 25: 1; Eze. 13: 19; Zac. 10: 2). Aquí se emplea para dar la idea de expresarse en forma clara, digna y potente, lo cual llevó a la conversión de 3.000 personas en un 142 solo día. Con referencia a la relación entre el día del Pentecostés y la lluvia temprana, ver com. Joel 2: 23.
5.
Moraban entonces en Jerusalén.
Ha surgido la pregunta de cómo puede entenderse que los extranjeros mencionados en los vers. 9- 11 pudieran estar viviendo en Jerusalén. Hay dos explicaciones posibles. Estos Judíos posiblemente llegaron a la ciudad de sus antepasados para permanecer algún tiempo quizá por asuntos comerciales, o tal vez, como Pablo, para estudiar (cap. 22: 3), o algunos podían haber estado ya retirados de la vida activa. Además, no es imposible entender que estas personas que "residían" (BJ) en Jerusalén, estaban allí de paso, especialmente porque algunos son llamados habitantes de Mesopotamia (cap. 2: 9) y "forasteros romanos" (vers. 10, BJ).
Piadosos.
Este adjetivo se usa para describir a Simeón (Luc. 2: 25). En primer lugar se refiere a la circunspección, la manera de ocuparse cuidadosamente de las cosas sagradas, con reverencia y consagración. Este significado podría incluir tanto a los prosélitos como a los que eran judíos de nacimiento. La expresión "todas las naciones bajo el cielo" hace que esta inclusión sea necesaria. Este mismo adjetivo aparece nuevamente en Hech. 8: 2.
De todas las naciones bajo el cielo.
En su famoso discurso, pronunciado unos 35 años más tarde, y en un intento por conseguir que los judíos no se rebelasen contra los romanos, Herodes Agripa II declaró que "no hay pueblo en el mundo que no contenga parte de nuestra raza" (Josefo, Guerra ii. 16. 4); y Santiago dirigió su epístola inspirada "a las doce tribus que están en la dispersión" (Sant. 1: 1). Esta "dispersión" de los judíos se debía en primer lugar a los grandes cautiverios que habían sufrido: (1) las diez tribus llevadas a Asiria y a Media en el año 722 a. C. (2 Rey. 17: 6); (2) la tribu de Judá a Babilonia, en tres deportaciones diferentes, comenzando en el año 605 a. C. (ver coro. 2 Crón. 36: 1-21; Jer. 52: 1-30; Dan. 1: 1-7); (3) el gran número de personas llevadas a Egipto por el Macedonia Tolomeo Sóter (Josefo, Antigüedades xii. 1.1). Además de los cautivos que habían sido dispersos por el cautiverio, miles de los cuales habían ido a todas partes del mundo atraídos por las actividades comerciales.
6.
Hecho este estruendo.
"Al producirse aquel ruido" (BJ). La palabra griega que se traduce "estruendo" es fÇn', "voz", "sonido". Se la usa en Juan 3: 8 para referirse al viento y para explicar los movimientos del Espíritu. Aquí podría entenderse en dos formas: (1) que se trata del estruendo que vino del cielo como un viento recio (Hech. 2: 2), (2) o como el ruido que produjeron los diferentes discursos de los discípulos (vers. 4). Pero como fÇn' aparece en singular, parece mejor relacionarla con el sonido de origen divino, el cual bien pudo haberse escuchado fuera de la casa donde estaban los creyentes; pero también puede relacionarse con las muchas voces del vers. 4.
La multitud.
Es decir, las multitudes en Jerusalén, entre las cuales se menciona especialmente a los visitantes de tierras lejanas.
Estaban confusos.
Gr. sugjéó "mezclar con", "confundir", "trastornar". Esta palabra sólo se usa en los Hechos, en donde aparece cinco veces. La multitud naturalmente quedó sorprendida cuando llegó al lugar de donde provenía el ruido, y oyó a oradores que usaban tantas lenguas diferentes.
Les oía hablar.
Algunas veces surge la pregunta si los apóstoles recibieron el don de hablar en otras lenguas, o si el don operó en los oyentes para que entendieran lo que decían los apóstoles. Es cierto que Pablo más tarde reconoció la existencia del don de interpretación de lenguas (1 Cor. 12: 30; 14: 13, 27), pero parece ser bien claro que en el día de Pentecostés el don fue concedido a los apóstoles, porque el Espíritu fue derramado sobre ellos (Hech. 2: 3-4; HAp 33; DTG 760).
Lengua.
Gr. diálektos (ver com. cap. 1: 19). La lista que sigue (cap. 2: 9-11) se refiere a grupos lingüísticos. Es probable que cada orador hablase en una lengua diferente, según el grupo al que se dirigía. Los que llegaban a la reunión sin duda buscaban en un lado y otro hasta encontrar el grupo donde se hallaba su propia lengua. De este modo muchas nacionalidades recibieron simultáneamente el mensaje.
7.
Estaban atónitos y maravillados.
"Atónitos" se traduce de una palabra griega que literalmente significa "estar fuera de sí"; se refiere al asombro que sobrevino a quienes fueron testigos del milagro del don de lenguas. Compárese con el uso del mismo verbo en Mar 3: 21: "Está fuera de sí". "Maravillados" tiene la connotación de una acción continuada: cuanto más oían, más maravillados quedaban.
Galileos.
Esta descripción de los mensajeros 143 evangélicos podría referirse en primer lugar a los apóstoles, que eran todos galileos (ver com. Mar. 3: 14), si se incluye a Matías como oriundo de esa provincia. De un modo general, podría decirse lo mismo de los 120, muchos de los cuales sin duda eran de Galilea.
Parece que el gentilicio "galileo" se usaba despectivamente porque los habitantes de Galilea no eran cultos (ver com. Mat. 2: 22; 4: 15; 26: 73; DTG 199). Por lo tanto, era muy sorprendente encontrarse con galileos que hablaran correctamente idiomas extranjeros.
8.
Les oímos nosotros hablar.
Sin duda se trata de una declaración compuesta en la que el autor incorpora numerosos comentarios de representantes de las diversas nacionalidades que a continuación se enumeran. El hecho que atestiguan estos maravillados oidores era tanto una profecía como una promesa de que el Evangelio sería proclamado en todo el mundo, a pesar de la gran diversidad de idiomas.
En la que hemos nacido.
Muchos de los presentes, aunque judíos por religión, habían nacido en otros países y se habían criado hablando los idiomas de sus diferentes lugares de nacimiento. La lista que sigue revela a un historiador bien preparado, que había investigado cuidadosamente en cuanto a las naciones representadas en esta gran ocasión, quien después asistió por lo menos a una fiesta de Pentecostés (cap. 21: 15), y que por lo tanto conocía la heterogénea multitud que se congregaba en esa fiesta. Lucas sigue cierta secuencia al enumerar las naciones, como si tuviera una visión panorámica del Imperio Romano. Con Palestina al centro, mira primero al este; luego, en orden, pasa al norte, al oeste, y al sur. De este modo se justifica la referencia a "todas las naciones bajo el cielo" (cap. 2: 5). Los judíos de la diáspora (t. V, pp. 61-62; Juan 7: 35; Hech. 6: 1) parecen, por lo general, haberse dividido en cuatro clases. Estas clases, junto con algunos de sus componentes, a los cuales se refiere Lucas, son: (1) los que venían de Babilonia y otras regiones orientales: partos, medos, elamitas; los que habitaban en Mesopotamia; (2) los de Siria y de Asia Menor: Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia; (3) los del norte de Africa: Egipto, regiones más allá de Cirene; (4)los de Roma. Por lo tanto, parece que esta lista se presenta conforme a un esquema generalmente conocido. Con referencia a la situación geográfica de los diversos pueblos mencionados, ver mapas del t. I, p. 283; t. V, mapa frente a la p. 289; t. VI, p. 140.
9.
Partos.
La lista comienza por el oriente con el gran reino parto. Partia era aún el principal enemigo del gobierno romano, como lo había sido casi un siglo antes en los tiempos de Craso, general romano a quien derrotó. Partia quedaba al sur del mar Caspio, desde el Tigris hasta el Indo. Allí se hablaba el persa, idioma que quizá hablaban también los medos.
Medos.
Media, al sudoeste del mar Caspio, al este de la región de Asiria. Algunos israelitas de las diez tribus habían sido llevados cautivos a Media (2 Rey 17: 6). Ver com. Gén. 10: 2; Dan. 2: 39.
Elamitas.
Este pueblo vivía en un reino limítrofe con Partia, al este; con Media, al norte; y con Babilonia, al oeste. El golfo Pérsico quedaba al sur. Ver com. Gén. 10: 22; Est. 1: 2; Dan. 8: 2. En la LXX los elamitas son llamados "persas", pero el idioma de ellos era diferente al de Persia.
Los que habitamos en Mesopotamia.
Mejor "habitantes de Mesopotamia" (BJ). Mesopotamia quedaba entre dos ríos, es decir, entre el Tigris y el Eufrates (ver com. Gén. 24: 10). Sus habitantes incluían varios grupos lingüísticos que hablaban diversos dialectos del arameo (t. I, p. 34; ver com. Dan. 2: 4).
Judea.
Llama la atención que Lucas mencione aquí a Judea. Algunos han supuesto que debería leerse India o Idumea. Pero era natural que el gentil Lucas mencionara a Judea, el punto central de su relato. Su presencia hacía más completa la lista. Puede entenderse que "Judea" se refiere, en sentido más amplio, a toda Palestina.
Capadocia.
Al desplazarse de este a oeste, Lucas nombra a continuación la provincia que quedaba al noroeste de Mesopotamia. Capadocia estaba en la parte central de lo que ahora es Turquía; limitaba con Armenia por el este y con el mar Negro (Ponto Euxino) y la provincia del Ponto por el norte; con Galacia por el oeste, y con Cilicia, el país de Pablo (cap. 21: 39), por el sur. No se sabe qué idioma se hablaba allí. Quizá era similar a la "lengua licaónica" (Hech. 14: 11).
Ponto.
Esta región quedaba en la orilla sur del mar Negro, al norte de Capadocia. Como su vecina, estaba bajo la administración romana. No se conoce su lengua autóctona.
Asia.
No se refiere a lo que hoy llamamos 144 Asia, sino a la provincia romana que quedaba en la parte occidental del Asia Menor, la cual abarcaba parte de lo que hoy es Turquía. La ciudad principal era Efeso. En el segundo viaje misionero de Pablo, el Espíritu Santo le impidió que entrara en esta región; con frecuencia se la llamaba Jonia y, en cuanto a la población, era peculiarmente griega. Las siete cartas de Apoc. 2 y 3 están dirigidas a ciudades de la provincia de Asia. Aunque la mayoría de la población de esta región y de la zona circunvecina hablaba el griego, con toda seguridad el pueblo usaba sus idiomas autóctonos.
10.
Frigia y Panfilia.
Dos pequeños distritos al sureste de la provincia romana de "Asia".
Egipto.
Egipto y los hebreos habían tenido relaciones por más de mil quinientos años. Jacob y su familia habían estado allí; las tribus hebreas habían sido esclavas en Egipto, y más tarde los egipcios invadieron a Palestina (ver com. 1 Rey. 14: 25). En los tiempos de Jeremías había en Judea un partido político fuertemente favorable a los egipcios, y muchos, incluso Jeremías, fueron llevados a Egipto mientras Judea caía en manos de los babilonios (Jer. 42: 13 a 43: 7). Miles de judíos fueron llevados a Egipto por Tolomeo, y otros emigraron allí durante las luchas de los Macabeos contra los reyes seléucidas. En los tiempos de Lucas, los judíos constituían como la tercera parte de la población de Alejandría, y tenían a su propio etnarca que los gobernaba (Josefo, antigüedades xiv. 7. 2). El país se había helenizado, pero su idioma era el copto, derivado del antiguo egipcio, escrito con el alfabeto griego y modificado por influencias demóticas (la escritura egipcia simplificada).
Regiones de Africa...
Corresponde a lo que hoy se conoce como Libia. La BJ dice "la parte de Libia fronteriza con Cirene". Su ciudad principal en la costa del Mediterráneo se llamaba Cirene. Su cultura era muy helenística, pero tenía una gran colonia judía, que era el resultado de una deportación de Palestina en los días de Tolomeo I (Josefo, Contra Apion ii. 4). Simón cireneo, que cargó la cruz de Jesús (Mat. 27: 32), era de allí, y de esa región salieron los misioneros que habrían de evangelizar a Antioquía de Siria, misioneros que tuvieron tanto éxito que Bernabé y Saulo de Tarso fueron a ayudarles (Hech. 11: 19-26). Ver com. Gén. 10: 13.
Romanos aquí residentes.
El griego dice hoi epidemountes rhomáioi, es decir, "los romanos que estaban viviendo en forma temporaria", los "forasteros romanos" (BJ). Los rhomáioi eran por lo general los "ciudadanos romanos" y no los "habitantes de Roma". Por lo tanto, estas palabras podrían referirse a judíos que habían vivido por un tiempo en Roma, o a judíos romanos que estaban en ese momento en Jerusalén. Había tantos judíos en Roma que cuando Varo les permitió enviar una embajada a Augusto, a los 50 embajadores se les unieron 8.000 compatriotas residentes en esa ciudad (Josefo, Antigüedades xvii, 11.1). Los judíos habían sido expulsados de Italia por Tiberio en el año 19 d. C. Por causa de ese edicto varios miles debieron salir en busca de asilo, y es natural que muchos de ellos hubieran regresado a Palestina. Tiberio revocó este edicto, pero es posible que muchos judíos romanos se hubieran quedado en Jerusalén (t. V, pp. 67).
Tanto judíos como prosélitos.
Estas palabras pueden aplicarse a toda la lista anterior, o pueden leerse como una nota explicativa que destaca la prominencia de los prosélitos romanos en esa multitud cosmopolita que venía a rendir culto.
Es natural que el gentil Lucas (t.V, p. 650), al escribir a Teófilo, también gentil (ver com. Luc.1: 3), mencionara a los visitantes que habían llegado de la capital del Imperio Romano. Con referencia a los prosélitos, ver com. Mat. 23: 15.
11.
Cretenses y árabes.
Estos dos gentilicios parecen haberse añadido a la lista anterior, lo cual se ha citado como una ilustración de la autenticidad del relato de Lucas, como si éste estuviera informando lo que un testigo ocular le había relatado. La isla de Creta, al sur de Grecia, tenía una numerosa población judía. Arabia, limítrofe con Palestina, era domicilio de muchos males de judíos.
Al estudiar la lista de los países mencionados en los vers. 9-11, se nota la ausencia de muchos nombres que se esperaría encontrar, y que, en cambio, están incluidos algunos de escasa importancia. Puede considerarse que esta es una evidencia adicional de que Lucas no inventó la lista, sino que la recibió de quienes habían sido testigos del milagro ocurrido en el día de Pentecostés. Sin embargo, esta lista no debería considerarse como una enumeración exacta de todos los que estaban en Jerusalén, sino más bien un intento de describir 145 la naturaleza cosmopolita de la multitud a la que se dirigieron los discípulos y los muchos y diversos idiomas que hablaban.
Las maravillas de Dios.
Esta frase abarca las providencias de Dios manifestadas en el transcurso de la obra y de la vida de Jesús.
12.
Atónitos.
Ver com. vers. 7.
Perplejos.
Gr. diaporéÇ "estar perplejo". Lucas es el único escritor del NT que emplea esta palabra.
¿Qué quiere decir esto?
Los oidores estaban genuinamente perplejos por el fenómeno, y discutían con vehemencia acerca de su significado.
13.
Otros.
Gr. héteros, "otro de clase distinta", no állos, "otro de la misma clase". Se sugiere un tipo de persona diferente al que se menciona en los vers. 5-12. Quizá estos "otros" eran los residentes oriundos de Jerusalén y Palestina, que no entendían ninguna de las lenguas habladas por los discípulos. Es probable que hubieran influido en ellos las muchas mentiras que se decían acerca de Jesús. Los judíos habían atribuido algunos de los milagros del Señor al poder del príncipe de los demonios (Luc. 11: 15), y Festo había dicho a Pablo que estaba loco (Hech. 26: 24). Los sacerdotes se habían burlado de Cristo en la cruz (Mat. 27: 41-43), y eran capaces de instigar viles rumores para explicar este milagro de las lenguas a fin de que no se debilitara la influencia de los sacerdotes sobre el pueblo (cf. HAp 33).
Mosto.
Gr. gléukos, "vino dulce", no "vino nuevo", puesto que Pentecostés caía en junio y las uvas no maduraban hasta agosto. Parece que aquí se refiere a una bebida embriagante. La acusación de estos burladores sugiere que había cierta excitación en la modalidad y el tono de los discípulos. Sin duda habría sido extraño que hubieran hablado con toda tranquilidad, como si nada hubiera ocurrido. El gran poder de Dios los había sobrecogido, y su tema era de inmensa importancia.
14.
Pedro.
En las pocas semanastranscurridas desde que negó a Jesús, se ha producido un gran cambio en el apóstol. Se ha convertido. Su mente ha sido abierta por la instrucción del Señor para que pueda comprender las Escrituras (Luc. 24: 45). Ha sido dotado de percepción y de poder por el Espíritu Santo. Y como resultado se destaca como un santificado dirigente de hombres. En vez de incertidumbre, hay convicción; en vez de temor, osadía; en vez de palabras apresuradas como las que se encuentran en los Evangelios, presenta un discurso detallado y bien razonado. Con método y claridad expone las profecías acerca de Cristo. Se observa aquí una prueba natural de autenticidad. Un inventor de cuentos difícilmente se habría atrevido a mostrar el cambio de carácter que Lucas muestra en Pedro.
Con los once.
Pedro no habla en forma aislada. Se levanta como representante de sus hermanos. En forma individual se han estado dirigiendo a los diferentes grupos nacionales; pero Pedro se dirige a la multitud y termina así esta gran reunión evangelística. La mención de "los once" muestra que Matías es contado entre los apóstoles, y que por lo tanto ha asumido rápidamente sus responsabilidades.
Alzó la voz.
Esta expresión es un hebraísmo, aunque también se encuentra en la LXX y en el griego clásico (Gén. 21: 16; 27: 38); y sugiere que Pedro clamó en alta voz, cosa que era necesaria para poder hacerse oír de la gran multitud.
Les habló.
Del Gr. apofthéggomai, "declarar" (ver com. vers. 4). El uso de esta palabra da más énfasis al hecho de que Pedro estaba hablando con el don del Espíritu. El apóstol no sólo hablaba, sino que estaba declarando lo que el Espíritu le había inspirado.
Varones judíos.
Parece que Pedro se dirigió en primer lugar a los judíos de Palestina (vers. 13), para hacer notar la diferencia entre éstos y los judíos de la diáspora, de los vers. 5-11.
Habitáis en Jerusalén.
Esta frase parece referirse a los que habitaban en la capital. Sin embargo, las palabras de Pedro podían abarcar a toda la multitud; y por el vers. 22 se llega a la conclusión de que el apóstol se dirigía a todo el conjunto.
Oíd.
Literalmente "prestad oído".
15.
No están ebrios.
Pedro apela al sentido común de sus oyentes. ¿Acaso era aceptable que los discípulos estuvieran ebrios por la mañana de la fiesta de Pentecostés? La ebriedad pertenecía a la noche (1 Tes. 5: 7). Indicaba una depravación completa el levantarse "de mañana para seguir la embriaguez" (Isa. 5: 11; cf. Ecl. 10: 16-17). Basando su práctica tradicional en Exo. 16: 8, los judíos comían pan por la mañana y carne por la noche (Talmud, Yoma 75a, 75b; Berakoth, 20b). Un judío de buenos modales no bebía vino sino hasta cerca del atardecer. 146
Como vosotros suponéis.
El apóstol encara con tacto la infundada acusación de ebriedad, y supone que se han equivocado y no que hayan hecho una acusación maliciosa.
Hora tercera.
Es decir, alrededor de las 9 de la mañana. Con referencia al cómputo de tiempo en el NT, ver t. V, p. 52; com. Mat. 27: 45. La hora tercera era la hora de la oración matutina.
16.
Esto es.
Pedro no encaró su tema con timidez. Sin temor identificó esta predicación como el cumplimiento de una profecía. Podía hacerlo, pues había sido enseñado por el Señor e inspirado por el Espíritu. Guiado por esta doble dirección, comenzó su primera exposición de la vida y las obras del Mesías registrada desde la ascensión. Los versículos que siguen son una prueba poderosa de lo que el apóstol era capaz de hacer ahora.
Joel.
Pedro no entró en controversias en cuanto a Jesús. Primero usó las Escrituras del AT -en las cuales creían sus oyentes- para demostrar la legitimidad del fenómeno que en ese mismo momento estaban viendo. Esto captó su atención, y les ayudó a aceptar el razonamiento del apóstol y los preparó para recibir las pruebas en cuanto a Cristo. Algunos creen que el libro de Joel es el libro profético más antiguo de la Biblia (t. IV, pp. 22-23). Joel, empleando el tema del "día de Jehová", llamó a Israel al arrepentimiento y prometió el derramamiento del Espíritu en un tiempo futuro, que identifica sólo como "después de esto" (ver com. Joel 2: 28-32; t. IV, pp. 961-962). La expectativa de tal derramamiento del Espíritu Santo era firme entre la gente piadosa del AT (ver com. Hech. 2: 3). Los vers. 17-21 se citan de Joel 2: 28-32, y siguen muy de cerca a la LXX.
17.
En los postreros días.
Pedro sugiere que el momento del cumplimiento de la profecía de Joel ha llegado; que ante los mismos ojos de sus oyentes se ha cumplido la profecía. Ver com. Joel 2: 28; cf. com. Isa. 2: 2.
Dice Dios.
Estas palabras no aparecen en el texto de Joel. Son una inserción de Pedro para efectos de su sermón, y para identificar al Dador de la promesa que sigue.
De mi Espíritu.
Ver com. cap. 3:19.
Sobre toda carne.
Es decir, sobre todos los seres humanos, concediendo así poder divino a los débiles mortales. El don no se concentra en los judíos, ni en ninguna clase social, ni en las personas de determinado sexo, aunque sin duda el pensamiento de Pedro lo imitaría, en esta etapa, a su propio pueblo.
Profetizarán.
La aplicación que hace Pedro de la profecía de Joel a este episodio de Pentecostés parece ligar el don de la profecía con el don de lenguas (ver com. Joel 2:28). La profecía también afirma que las mujeres y los hombres recibirían el don. Lucas registra el cumplimiento de esta promesa en Hech. 9: 10-16; 11: 27-28; 13: 1-3; 16: 6-7; 18: 9-10; 21: 9-11; 22: 17-18; 27: 10, 22-25. Ver com. Luc. 2: 36. Los dones del Espíritu siempre se han revelado en las actividades de los siervos de Dios, especialmente en momentos cruciales.
Vuestros jóvenes.
Se ha demostrado vez tras vez que los jóvenes tienen tanto los ideales como la energía para ver el futuro e intentar lo que parece imposible hacer. Parece que la mayoría de los discípulos de Jesús eran jóvenes, o quizá todos ellos. Muchos movimientos religiosos y empresas políticas y cívicas han tenido a jóvenes como sus protagonistas.
Verán visiones.
Con referencia a "visiones" y "sueños", ver com. Núm. 12: 6; 1 Sam. 3: 1. Los jóvenes tendrán visiones dadas por el Espíritu, con estímulo e instrucción para el presente y el futuro.
Vuestros ancianos.
En el libro de Joel éstos se mencionan antes que los jóvenes.
Sueños.
Esto es, revelaciones recibidas mientras se duerme, en contraste con las visiones que son revelaciones visuales, sin tomarse en cuenta si la persona duerme o no.
18.
Mis siervos.
El pasaje que aquí se cita (Joel 2: 29) dice "los siervos", tanto en el hebreo como en la LXX. Así se asegura que el Espíritu de Dios no está reservado para los nobles y los poderosos, sino que también será recibido por hombres y mujeres de los niveles más humildes de la sociedad (ver com. Joel 2: 28). Pero Pedro parece hacer en este contexto una aplicación más amplia de estas palabras. . En el vers. 17 habla de "vuestros hijos", "vuestras hijas", "vuestros jóvenes" y "vuestros ancianos". Luego, al comienzo del vers. 18 hace un cambio sutil del texto del AT, y dice: "Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas". Al añadir al texto del AT las palabras "de cierto" y "mis", Pedro parece insinuar que consideraba que los "siervos" y las "siervas" no eran otra categoría más de los que habrían de recibir el Espíritu, sino un resumen de todos los que ya habían sido mencionados. Vuestros hijos, hijas, jóvenes, y ancianos, 147 en realidad todo Israel (ver com. vers. 17), deberían ser mis siervos y siervas, verdaderos siervos de Dios.
En aquellos días.
Es decir "en los postreros días" (ver com. vers. 17).
De mi Espíritu.
Ver com. cap. 3:19.
Profetizarán.
Ver com. vers. 17. Estas palabras no aparecen en el pasaje paralelo de Joel 2: 29.
19.
Prodigios.
Gr. téras "portento", "prodigio" (ver t. V, p. 198).
En el cielo.
Pedro pudo haber pensado que la aplicación inmediata de esta profecía era el don del Espíritu que en ese momento descendía del cielo; pero la profecía de Joel también es importante para los últimos días (ver com. vers. 20).
Señales.
Gr. s'méion, "señal", "milagro". Esta palabra o su equivalente no aparece en Joel ni en el hebreo, ni en la LXX; pero sí con frecuencia en el NT con la palabra téras (ver com. "prodigios"), en cuyo caso ambas están en plural (Juan 4: 48; Hech. 4: 30; Rom. 15: 19; etc.).
En la tierra.
Podría referirse en forma inmediata al milagro de hablar en otras lenguas; pero como lo muestran las afirmaciones siguientes, su verdadera importancia es para los últimos días. Los adverbios "arriba' y "abajo" no aparecen en Joel; estas palabras fueron añadidas por Pedro para poner de relieve el contraste entre "cielo" y "tierra".
Sangre.
Sangre, fuego y humo son los terribles e inseparables compañeros de la guerra.
Vapor.
Aquí se sigue a la LXX. En el hebreo dice "columnas de humo".
20.
El sol.
Con referencia al cumplimiento específico de las señales mencionadas en este versículo, ver com. Joel 2: 10; Mat. 24: 29.
Antes.
Este adverbio insinúa que los "prodigios" y las "señales" precederán al "día del Señor", y que son en sí mismos parte de ese día.
Día del Señor.
Ver com. Isa. 13: 6; Joel l: 15; 2: 1. Ese día será terrible para los enemigos de Dios Joel 2: 1-2; Amós 5: 18-20; Apoc. 6: 15-17; etc.); pero grato para quienes acepten la invitación del Señor (Isa. 25: 9; Joel 2: 32).
Manifesto.
Gr. epifanés "manifiesto", "ilustre", "glorioso". La palabra hebrea que se usa en Joel 2: 31 significa "terrible", "temible" ' Hech. 2: 20 concuerda con ese pasaje de Joel como se lo registra en la LXX.
21.
Todo aquel.
Esta promesa se aplicó en primer lugar a los oyentes de Pedro; pero en su sentido más amplio abarca toda la humanidad y destaca la universalidad de la invitación evangélica.
Invocare el nombre del Señor.
"Invocar el nombre del Señor" era una frase hebrea comúnmente relacionada con los que adoraban a Dios (Gén. 12: 8; ver com. cap. 4: 26). Lucas y Pablo la utilizan (Hech. 7: 59; 9: 14; 22: 16; Rom. 10: 12; 1 Cor. 1: 2). En Hechos se emplea el mismo verbo con el sentido de apelar a un tribunal superior (cap. 25: 11-12, 21, 25).
La oración de fe proporcionará un espíritu de tranquila seguridad en medio de los terrores del día del Señor, y es cierto también que los que en cualquier momento sinceramente invocan el nombre del Señor encuentran el camino de la salvación (cap. 4: 12).
Pedro presenta la gran conclusión hacia la cual se había estado dirigiendo: Jesús es el "Señor y Cristo" (cap. 2: 36). Ha tomado una profecía del AT que habla de Yahweh "Jehová" (t. I. pp. 180- 182), y la aplica a Jesús. El título kúrios, "señor", empleado en la LXX para designar a Yahweh, se le atribuye al Maestro que ascendió al cielo: es una valiente afirmación. Demuestra cómo la convicción de que Cristo era Dios constituía la nota clave del pensamiento y de la doctrina de Pedro.
La palabra "nombre" en relación con el Señor aparece tantas veces en el libro de Hechos que constituye un tema guiador. El nombre del Señor se convirtió para los discípulos en un símbolo del glorioso carácter y del ilimitado poder de Aquel con quien habían recorrido Palestina.
Será salvo.
Aquí hay una doble aplicación: la salvación del hombre del pecado y también de los juicios de Dios que caerán sobre la tierra. En cuanto a estos juicios, los cristianos del siglo I que obedecieron el consejo de Jesús registrado en Mat. 24: 15-20, se salvaron de morir durante la destrucción de Jerusalén a manos de los romanos (Eusebio, Historia eclesiástica iii. 5. 3; ver com. Mat. 24: 16). Los verdaderos cristianos se salvarán de las catástrofes de los últimos días, si siguen fielmente los consejos del Señor como Salvador y Rey próximo a venir; sin embargo, la principal aplicación de las palabras de este versículo se refiere a la salvación del hombre del pecado.
22.
Varones israelitas.
La palabra Israel abarca la relación de pacto de Dios con su 148 pueblo (ver com. Gén. 32: 28).
Oíd estas palabras.
Estas impresionantes palabras constituyen el punto divisorio de la argumentación de Pedro. Hasta aquí ha presentado el aspecto profético; pero ahora comienza a presentar su tema principal: la divinidad de Jesús.
Jesús nazareno.
La primera parte del título que fue puesto sobre la cruz (cf. Juan 19: 19); pero siete semanas más tarde Pedro lo usa para presentar a quien está demostrando que es "Señor y Cristo" (Hech. 2: 36). El uso de ese título muy difícilmente podría haber sido algo casual.
Varón.
Pedro comienza su argumentación hablando del Jesús humano, el Hombre que había vivido y andado entre ellos manifiesta y públicamente, y había probado por medio de su vida y de sus obras que era todo lo que Pedro ahora afirmaba que era.
Aprobado por Dios.
Es decir, reconocido por Dios.
Maravillas, prodigios y señales.
Las maravillas son "obras portentosas" o "milagros". Los prodigios y las señales bien podrían aludir a las palabras de Joel citadas en el vers. 19. Las tres palabras en cierto modo son sinónimas, pero expresan diferentes aspectos del mismo hecho y no una minuciosa clasificación de las obras de Cristo.
Dios hizo.
Pedro afirma que Dios autorizó y aprobó los milagros de Jesús.
Vosotros mismos.
Difícilmente podían oponerse los oyentes a lo que Pedro decía, porque sabían que era cierto y se basaba en hechos sucedidos en medio de ellos.
23.
A éste.
Es decir, a Jesús nazareno (vers. 22).
Entregado.
Esto es, traicionado por judas. Dios, para darle a Satanás la oportunidad de demostrar la perversidad de su gobierno (el de Satanás), permite que ocurran muchas cosas que son contrarias al propósito final divino; sin embargo, en su divina sabiduría todo lo encauza para su gloria.
Determinado consejo.
Pedro había desarrollado de tal modo su percepción espiritual, que ahora podía comprender cómo Dios estaba cumpliendo su propósito en armonía con su presciencia, en los trágicos acontecimientos relacionados con la muerte de Cristo (cf. cap. 1: 16). Ver com. Isa. 53: 10; cf. Luc. 22: 22.
Prendisteis.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de este verbo.
Matasteis.
"Vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos" (BJ). Pedro incluye a sus oyentes entre los que son culpables de la muerte del Señor. Esta es una terrible acusación si se tiene en cuenta cómo concluye (vers. 36).
24.
Al cual Dios levantó.
Probablemente había circulado entre la gente el relato de la resurrección de Jesús, pero es posible que se estuviera poniendo en duda debido al falso relato registrado en Mat. 28: 11-15. Esta es la primera vez que se registra que uno de los seguidores de Jesús diera testimonio público de su resurrección.
Dolores.
Literalmente "dolores de parto". Esta palabra también se usa en Mat. 24: 8.
Imposible.
La convicción de Pedro se basa, en parte, en las seguras palabras profiéticas citadas en los vers. 25-28, en donde se predice el triunfo del Mesías sobre la muerte; pero además hay otras razones: (1) la impecabilidad de Cristo (Juan 8:46; 1 Ped. 2: 22; ver com. Mat. 4: 1 -11; Nota Adicional de Juan 1): la muerte no podía retener al Inocente; (2) el Dador de la vida no podía ser sujetado indefinidamente por la muerte (Juan 5:26; 10: 17-18).
25.
De él.
Sin este complemento podría parecer que el Sal. 16 sólo presenta la esperanza de David de que sería librado de sus enemigos. La resurrección dio un nuevo significado a las profecías, que ellas mismas no habrían sugerido, pero sin el cual eran incompletas.
Señor.
Dios el Padre.
A mi diestra.
Puede aludirse a la escena de una batalla, durante la cual un soldado se sitúa a la diestra de su amigo para protegerlo contra un ataque. También puede representar a un abogado al lado de su cliente. Esta cita destaca el apoyo inquebrantable que Dios da al Hijo.
26.
Mi corazón se alegró.
Ser uno con Dios es el mayor motivo de felicidad.
Mi lengua.
Ver com. Sal. 16: 9.
Mi carne.
Es decir "mi cuerpo".
Descansará.
Literalmente "pondrá tienda" o "vivirá en tienda" (ver com. 2 Ped. 1: 13-14). En Sal. 16 se habla de la seguridad de David en esta vida, pero Pedro aplica las palabras del salmista a la resurrección.
27.
Alma.
Ver com. Sal. 16: 10; Mat. 10: 28.
Hades.
Gr. hád's, "sepulcro" (ver com. Sal. 16: 10; Mat. 11:23). La muerte de Cristo fue real, pero su resurrección garantizó la victoria 149 sobre la muerte, la cual él había gustado por todos los hombres (Heb. 2:9).
Santo.
Gr. hósios, "piadoso", "santo". Esta palabra transmite la idea de piedad personal (Heb. 7: 26; Apoc. 15: 4), y en eso difiere de hágios, "santo", que se refiere a la consagración o la dedicación (Mar. 1: 24). Ver Nota Adicional del Sal. 36.
Corrupción.
En el texto hebreo del versículo citado se emplea la palabra shajath, "sepulcro" (ver com. Sal. 16: 10). Sin duda Lucas seguía la LXX de Sal. 16: 10, en donde se traduce "corrupción".
28.
Los caminos de la vida.
Esto concuerda con la LXX, la cual presenta una traducción muy libre del hebreo (ver com. Sal. 16: 11).
Gozo.
Gr. eufrosún', "gozo", "alegría", "bienestar".
Con tu presencia.
Literalmente "con tu rostro" (BJ). El rostro, o sea la presencia de Dios, es el motivo de gozo y de alegría.
29.
Varones hermanos.
Pedro sigue con su forma persuasiva de dirigirse a la multitud.
Se os puede decir libremente.
Los que escuchaban las palabras del apóstol no podían contradecir los sucesos de la muerte y sepultura de David; por lo tanto, la profecía que se acababa de citar debía tener otra aplicación.
Patriarca.
En sentido primario, el patriarca era el fundador de una familia o de una dinastía. En el NT se emplea también este término para referirse a los 12 hijos de Jacob (cap. 7: 8) y a Abrahán (Heb. 7: 4).
Su sepulcro.
El rey David fue sepultado en Jerusalén, en "la ciudad de David" (ver com. 1 Rey. 2: 10; 3: 1).
30.
Siendo profeta.
Una rara descripción del rey David, aunque justificada porque el Sal. 16 va más allá de la experiencia personal de David para convertirse en un salmo mesiánico.
Dios le había jurado.
Ver com. 2 Sam. 7: 12-14, 16. El juramento al cual se refiere Pedro aparece en Sal. 132: 1 1.
En cuanto a la carne.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la frase "en cuanto a la carne, levantaría al Cristo". De ese modo, el versículo se leería: "Siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que sentaría a uno de sus descendientes en su trono". Esto concuerda mejor con Sal. 132: 11.
31.
Viéndolo antes.
Se atribuye visión profética a David, pero no se indica que él mismo hubiera comprendido que la profecía se refería a la resurrección del Mesías (cf. 1 Ped. 1: 11).
Su alma.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de "su alma", y que sólo se leía "no fue dejado en el Hades". Ver com. vers. 27 con referencia a "hades" y "corrupción"; con referencia a "alma", ver com. Sal. 16: 10; Mat. 10: 28.
32.
Este Jesús.
Jesús de Nazaret, el crucificado, de los vers. 22-23.
Resucitó Dios.
Cristo se levantó al ser llamado por Dios el Padre, quien comisionó a los ángeles para que llamaran a su Hijo a fin de que saliera de la tumba (Mat. 28: 2-6; Rom. 8:11; DTG 729).
Testigos.
Ver com. cap. 1: 8, 22.
33.
Exaltado.
Ver com. Juan 1: 1-3, 14; Nota Adicional de Juan 1.
Por la diestra de Dios.
O también "a la diestra de Dios". Esta era una posición de honor (Mat. 20: 21; 25: 33), y Pedro dice que Cristo la ocupó cuando fue glorificado (Mat. 26: 64; Heb. 1: 3; cf. Hech. 2: 34).
La promesa del Espíritu Santo.
Ver com. Juan 14: 16, 26; 15: 26.
34.
No subió.
El argumento de Pedro es claro: David había muerto y había sido sepultado (ver com. vers. 29); por lo tanto, la declaración de Sal. 16: 10 "no dejarás mi alma en el Seol" (ver com. Hech. 2: 27) no podía referirse a él. Aquí hay una evidencia de que Pedro creía que el hombre no asciende al cielo cuando muere (cf. 1 Tes. 4: 14-17; com. 2 Sam. 12: 23; 22: 6; Job 7: 9).
Dice.
Pedro cita Sal. 110: 1. Este es el salmo más citado en el NT (Mat. 22: 44; 1 Cor. 15: 25; Heb. 1: 13; 5: 6; 7: 17, 21; 10: 13). Los judíos consideraban que este era un salmo mesiánico, y así también lo interpretó Jesús (Mat. 22: 41-46). Ver coro. Sal. 110: 1.
El Señor.
Dentro de este contexto, este título se refiere a Dios el Padre (ver com. Sal. 110: 1).
Mi Señor.
Dentro de este contexto, este título se refiere a Cristo (ver com. Sal. 110: 1).
Siéntate.
Estas palabras sugieren el reconocimiento de que Cristo mantiene una jerarquía única (Efe. 1: 20; cf. Fil. 2: 10-11).
35.
Tus enemigos.
Cristo es el vencedor en la gran lucha con Satanás y sus huestes. En el triunfo final sobre el mal, el "postrer enemigo que será destruido es la muerte" (1 Cor. 15: 26).
Estrado.
El poderoso rey sentado en un 150 trono seguro, pone su pie sobre un estrado (ver com. Sal. 99: 5). Poner a un enemigo en el vergonzoso lugar de un estrado para los pies, es símbolo de un completo triunfo (ver com. Jos. 10: 24). Cristo finalmente vencerá en forma completa a todos sus enemigos, y su reino será establecido con gloria eterna (Apoc. 11: 15). En ese tiempo triunfal, el Hijo entregará el reino universal al Padre (1 Cor. 15: 24-28).
36.
Casa de Israel.
Pedro tiene el propósito de que sus palabras vayan más allá del círculo inmediato de sus oyentes: a todo Israel; sin embargo, hasta este momento su visión evidentemente está limitada a la raza judía, y lo mismo ocurría con los otros discípulos. El propósito de Pedro se hace evidente por su experiencia con Cornelio (cap. 10: 9-16; 11: 1-18).
A este Jesús.
Mejor "a este mismo Jesús" (cf. vers. 22-23).
Vosotros crucificasteis.
En el griego aparece el pronombre "vosotros" (huméis) como para destacar el contraste entre la forma en que los judíos habían tratado a Jesús y cómo lo había reconocido el Padre. En el griego la forma verbal "crucificasteis" aparece al final de la oración y significa una conclusión muy solemne. Pedro acusa sin temor a los judíos del crimen perpetrado. Con firmeza insiste en la culpabilidad de ellos, y de ese modo prepara el camino para los efectos que se describen en el vers. 37.
Señor y Cristo.
La palabra "Señor" refleja la idea del salmo citado en el vers. 34. El título "Cristo" identifica a Jesús como el Mesías (ver com. Sal. 2: 2; Mat. 1: 1). La sintaxis del griego original tiene una fuerza que se pierde con la traducción: "Tanto Señor como Cristo hizo Dios a este Jesús".
37.
Al oír esto.
Dios ha ordenado que la predicación de su Palabra sea uno de los medios más eficaces para llevar al hombre a la fe y a la convicción de que es pecador (Rom. 10: 17; 1 Cor. 1: 21).
Se compungieron.
Del Gr. katanússomai, "traspasar", y en sentido metafórico, "causar dolor mental". Este es el profundo dolor que debe acompañar al verdadero arrepentimiento (2 Cor. 7: 9-11).
Apóstoles.
Deben haber estado cerca, apoyando a Pedro en su dinámico ministerio.
Varones hermanos.
Esta misma expresión fue empleada entre los discípulos (cap. 1: 16), y Pedro ya la había usado al dirigirse a la multitud (cap. 2: 29). El sermón inspirado por el Espíritu Santo impulsó a la gente a simpatizar con los apóstoles.
¿Qué haremos?
El clamor genuino de los corazones arrepentidos (cf. cap. 16: 30; 22: 10).
38.
Arrepentíos.
Con referencia al significado de esta palabra, ver com. Mat. 3: 2; 4: 17. Este es el mensaje que Cristo ordenó que se predicara (Luc. 24: 47).
Bautícese.
Ver com. Mat. 3: 6; Mar. 16: 16. El bautismo debía ser una parte vital del ministerio de los apóstoles (Mat. 28: 19).
Cada uno.
Pedro insiste en que todos, sin excepción, deben bautizarse. Aunque el bautismo no salva, sí es un símbolo visible de la muerte a la vida antigua y el comienzo de una vida nueva.
En el nombre.
Si bien la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "sobre el nombre", entendiéndose así que se bautizaban al confesar el nombre de Jesús -interpretación que corresponde al contexto que trata de Jesús como "Señor y Cristo" (vers. 36)-, no hay una verdadera diferencia entre el sentido de las preposiciones "en" y "sobre" según su uso en el griego koiné.
Surge la pregunta: ¿Por qué en este caso, como también en otros pasajes (cap. 10: 48; 19: 5), sólo se menciona el nombre de Jesús en relación con el bautismo, y no la triple fórmula que aparece en Mat. 28: 19? Se han dado varias explicaciones. La más satisfactoria parece ser la que dice que Lucas no registra la fórmula bautismal, sino la exhortación de Pedro a quienes están dispuestos a confesar a Jesús como el Cristo. Era lógico que algunas veces se relacionara el bautismo cristiano con un solo nombre, pues, de las personas de la Deidad, el bautismo se relaciona específicamente con Cristo. Esto puede verse en la literatura cristiana primitiva, tanto en el NT como después. Por ejemplo, en la Didajé o Doctrina del Señor [predicada] por los doce apóstoles a los [cristiano-] gentiles (7; 9), se usa tanto el nombre de Cristo solo como también los tres nombres en relación con el bautismo. Esta antigua actitud fue también la de Ambrosio (m. 397 d. C.), quien declaró lo siguiente en cuanto a la fórmula bautismal: "El que dice uno, quiere decir la Trinidad. Si se dice Cristo, se ha designado también a Dios el Padre de parte de quien el Hijo fue ungido, y también el Hijo, el mismo que fue ungido, y el Espíritu Santo por quien fue ungido" 151 (De Spiritu Sancto, i. 3). Los oyentes de Pedro ya creían en Dios el Padre. En lo que a ellos concernía, la verdadera prueba consistía en aceptar a Jesús como el Mesías.
Como Cristo lo había enseñado, el bautismo se administró "en el nombre"; es decir, en relación vital con la persona de Jesucristo. El converso sólo podía ser bautizado si lo aceptaba. Los discípulos acababan de recibir el don del Espíritu Santo, y por lo tanto estaban en condiciones de reconocer el significado de la profecía de Juan el Bautista de que Cristo los bautizaría con "Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3:11). Con el rito del bautismo se simboliza la unión mística entre el creyente y su Señor, hecha real por el Espíritu.
Los pecados.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "vuestros pecados" (BJ). De este modo el perdón se convierte en un asunto muy personal (ver com. Mat. 1: 21; 3: 6; 26: 28; Luc. 3: 3).
El don del Espíritu Santo.
Estas palabras pueden entenderse como una identificación del don, y por lo tanto podrían leerse "el don que es el Espíritu Santo". La palabra griega dÇrJa es un término general, y se diferencia de járisma, vocablo que se aplica a los dones más específicos del Espíritu (1 Cor. 12: 4). El apóstol promete la presencia del Espíritu de Dios como una posesión personal para cada creyente, sin necesariamente preocuparse de que se concedan poderes especiales.
Nótense los pasos en la bendita experiencia de llegar a ser verdadero cristiano, según se presentan en este versículo: (1) arrepentimiento, (2) bautismo, (3) remisión o perdón de los pecados, (4) recepción del Espíritu Santo.
39.
Para vosotros.
Los mismos que habían participado en la crucifixión del Señor. Sus hijos también estaban en condiciones de beneficiarse de la promesa (cf. Mat. 27: 25).
Promesa.
Ver com. cap. 1: 4.
Los que están lejos.
Los judíos de la diáspora (t. V, pp. 61-62), a quienes el apóstol más tarde escribió (1 Ped. 1: 1-2), y posiblemente también las naciones paganas entre las cuales vivían los judíos dispersos (cf. Efe. 2: 13, 17). Es posible que, movido por la inspiración, Pedro hubiera estado pronosticando aquí la entrada de los gentiles en la iglesia (Mat. 28: 19).
El Señor nuestro Dios.
Dios el Padre, a quien los judíos afirmaban que servían.
Llamare.
Mejor "llamare a sí". La invitación de Dios es para todos. Todos tienen la oportunidad de ser salvos. Según la invitación, los "llamados" son muchos; pero los "escogidos" son sólo los que responden al llamamiento (ver com. Mat. 22: 14). Estos últimos son, en sentido esencial o básico, los "llamados" (ver com. Rom. 8: 28-30).
40.
Otras muchas palabras.
En este versículo Lucas resume el resto del discurso de Pedro, citando sólo su exhortación final (cf. com. Juan 21: 25).
Testificaba.
"Advertía" o "conjuraba". En el griego el pretérito imperfecto sugiere, como en castellano, repetición de la acción.
Sed salvos.
Nótese que no dice "salvaos". Los hombres no pueden salvarse a sí mismos, pero sí pueden aceptar o rechazar las provisiones que Dios ofrece para la salvación.
Perversa.
"Torcida", "inescrupulosa". La misma palabra aparece en Luc. 3: 5; Fil. 2: 15. Cf. com. Deut. 32: 5.
41.
Se añadieron.
Se agregaron a los que ya confesaban a Cristo (ver com. cap. 1: 15).
Tres mil.
Debido al gran número de personas que pidieron el bautismo, se ha sugerido que el rito se administró por aspersión y no por inmersión. Pero no es necesario suponer que fue así (ver com. Mat. 3: 6). En Jerusalén y en sus proximidades había suficiente agua para bautizar a un gran número de personas. Estaban los estanques de Betesda (ver com. Juan 5: 2), de Siloé (ver com. Juan 9: 7) y los de Salomón. Además, no debe pensarse que sólo los doce administraron el rito. Los capítulos siguientes muestran que se convirtieron muchos de entre los judíos helenísticos que estaban presentes en la fiesta (Hech. 6: 1) y que muy pocos conversos pertenecían a las clases gobernantes locales (cap. 4: 1). Algunos de estos conversos regresaron a sus lugares de origen, y bien pueden haber sido los fundadores desconocidos de iglesias en ciudades como Damasco, Alejandría o aun Roma.
42.
Perseveraban.
Gr. proskarteréÇ, "perseverar", "atenerse a", "prestar atención constante a". Este verbo extiende la narración más allá del día de Pentecostés, abarcando la acción de los creyentes en los días que siguieron (ver com. cap. 3: 1).
Doctrina.
Es decir, la enseñanza. Los recién bautizados habían escuchado el sermón de Pedro, y los diferentes grupos se habían beneficiado con los mensajes presentados en 152 muchos idiomas. Esa primera instrucción sería reforzada en días futuros por 2nuevas lecciones acerca de Cristo. Toda esta instrucción está comprendida en el término "doctrina", o sea enseñanza. Es difícil pensar que los apóstoles ya hubieran redactado algo que se asemejara a un credo.
Comunión.
Gr. koinónía, "comunión", "asociación", "participación". La RVR traduce generalmente "comunión" (1 Cor. 1: 9; 10: 16; 2 Cor. 13: 14; Fil. 1: 5; 1 Juan 1: 3, 6-7; etc.); pero la misma palabra se usa en Rom. 15: 26; 2 Cor. 9: 13; Heb. 13: 16 para referirse a contribuciones con fines de caridad, y se traduce, respectivamente, "ofrenda", "contribución", "ayuda mutua". Queda claro dentro del contexto de Hech. 2 que la palabra se refiere a la hermandad que existió entre los apóstoles y sus conversos.
El partimiento del pan.
Es probable que este término abarque tanto la Cena del Señor (1 Cor. 10: 16) como las comidas habituales en conjunto (pp. 46-47; Hech. 2: 44, 46).
La expresión "partimiento del pan" o su equivalente, aparece en Mat. 14: 19; 15: 36; Mar. 8: 6, 19; Luc. 24: 30, 35 para referirse a comidas que evidentemente no eran la celebración de la Cena del Señor. "Partimiento del pan" era una frase idiomática, judía equivalente a "comer". En Mat. 26: 26; Mar. 14: 22; Luc. 22: 19; 1 Cor. 10: 16; 11: 24 se emplea específicamente para referirse a la Cena del Señor; pero en Hech. 2: 42, 46; 20: 7, 11 podría tener cualquiera de los dos sentidos. No se menciona la copa en relación con el pan, pero esto no necesariamente excluye la posibilidad de que se haga referencia a la Cena del Señor. Si bien el contexto no justifica una conclusión dogmática, podría señalarse que la expresión "partimiento del pan" aparece en un conjunto que describe actividades religiosas. El vers. 41 habla de que los creyentes habían recibido la palabra, habían sido bautizados, y añadidos a la iglesia. Por lo tanto, podría ser lógico suponer que el "partimiento del pan" que nos ocupa también tuvo un significado religioso específico. Ver com. Hech. 20: 7; 1 Cor. 11: 20-21.
Oraciones.
Ver com. cap. 1: 14. He aquí cuatro elementos básicos en la vida de la nueva sociedad cristiana: (1) los creyentes creían en el conocimiento de la verdad por medio de la enseñanza de los apóstoles; (2) eran conscientes de su comunión con Cristo y con sus hermanos por medio de cultos en conjunto y en bondad y caridad mutuas; (3) participaban en el "partimiento del pan, lo cual probablemente incluía la Cena del Señor; y (4) oraban con frecuencia, tanto en privado como en público.
43.
Sobrevino.
Mejor "les sobrevenía".
Temor.
Reverencia, no miedo.
Toda persona.
El temor reverente tuvo que haber sobrevenido tanto a los creyentes como a los no creyentes. Durante los meses que acababan de pasar, Jerusalén había experimentado momentos difíciles. La obra de Jesús había llegado a su culminación, y la atención del público se concentró en él. Había sido crucificado y se había levantado de los muertos. Los discípulos sin temor habían proclamado su resurrección y ascensión. Luego habían transcurrido los notables sucesos del día de Pentecostés. El derramamiento del Espíritu Santo había sido presentado como una prueba de que Cristo había sido aceptado en el cielo. El impacto de la comunidad cristiana sobre los incrédulos había resultado en la conversión y el bautismo de millares. Había muchos motivos para que hubiera un reverente temor en el corazón de los habitantes de Jerusalén.
Maravillas y señales.
Había un motivo más para maravillarse. El Espíritu se manifestó dando a los apóstoles gran poder, no sólo para predicar, sino también para hacer milagros, tal como Jesús lo había prometido (ver com. Mar. 16: 14-18).
44.
Juntos.
Podría referirse a la reunión literal de los creyentes o a su unidad espiritual.
Tenían en común todas las cosas.
"Tener,en común todas las cosas" no era desconocido en la vida cotidiana de ese tiempo. Quienes llegaban a Jerusalén para celebrar las fiestas anuales recibían lo que necesitaban de sus amigos en esa ciudad; sin embargo, es claro que la afirmación de Lucas sugiere más que esto. Los cristianos tenían que depender de sí mismos, y eso dio lugar a una nueva forma de vida cristiana; sin embargo, esto no significa que se hubiera instituido lo que se llama "socialismo cristiano". Era quizá la continuación y la ampliación de la "bolsa" común de Juan 12: 6; 13: 29. Los nuevos conversos estaban más dispuestos a compartir sus posesiones materiales por causa del nuevo amor que habían hallado en Cristo y en sus hermanos, y su ferviente expectación del pronto retorno del Señor (Hech. 1: 11). No estaban obligados 153 a compartir nada (cap. 5: 4). Era el cumplimiento literal de las palabras de nuestro Señor (Luc. 12: 33), y una actitud muy natural en una sociedad fundada, no sobre la ley del interés propio y de la competencia, sino sobre la ley de la simpatía y de la abnegación. El Espíritu de Dios estaba manifestando su poder no sólo en dones específicos, sino en forma de amor.
No hay evidencia alguna de que esta forma de vida hubiera continuado en la iglesia por mucho tiempo, salvo en la generosa caridad que la iglesia sin duda mostró en toda oportunidad posible. Sin embargo, al mismo tiempo la iglesia aprendió a discriminar en su manera de proceder (2 Tes. 3: 10; 1 Tim. 5: 8, 16). La iglesia de Jerusalén repetidas veces tuvo que depender de la generosidad de las iglesias gentiles, según se ve en Hech. 11: 29; sin embargo, no debiera pensarse que la iglesia de Jerusalén quedó reducida a la pobreza por haber practicado excesivamente la caridad en sus primeros años, sino debido a las duras persecuciones y hambres a que fue sometida (ver com. Hech. 11: 27-30; Rom. 15: 26; 1 Cor. 16: 1-3).
45.
Vendían.
Las ventas se hacían cuando se presentaban situaciones difíciles que exigían el gasto de fondos para ayudar a los necesitados.
Sus propiedades y sus bienes.
Gr. ktéma, "bienes raíces", y húparxis, "posesiones", "bienes muebles".
Lo repartían.
Distribuían lo que juntaban por la venta de sus posesiones.
A todos.
Es decir, a todos los creyentes.
Según la necesidad de cada uno.
Estas palabras implican una juiciosa discriminación. La ayuda dependía del grado de necesidad. Pronto quedó preparado el camino para la ayuda sistemática (ver com. cap. 6: 1-6).
46.
Perseverando... cada día.
Los nuevos creyentes eran constantes en su culto público.
Unánimes.
Ver com. cap. 1: 14.
En el templo.
Podría pensarse que los seguidores de Aquel a quien los dirigentes habían condenado a muerte, habrían dejado de ir al templo; al contrario, lo frecuentaban aun antes del día de Pentecostés (Luc. 24: 53). Tuvo que ser ahora para ellos un lugar más precioso que en los días en que no sabían que su Señor era el Mesías. Por medio de él habían aprendido a conocer en verdad al Dios del templo. También podrá parecer extraño que se les permitiera rendir culto y enseñar en el templo, porque más tarde se les prohibió hacerlo. Pero debe recordarse que los atrios del templo estaban abiertos a todo israelita que no alterara el orden; esto se debía quizá, en parte, a que había en el sanedrín personas como Gamaliel, Nicodemo y José de Arimatea, que estaban a punto de aceptar a Cristo. También es posible que la iglesia hubiera adquirido cierta popularidad por la santidad de la vida de sus miembros y la liberalidad de sus limosnas. En cuanto a los discípulos, éstos no concebían que su religión significara que habían apostatado del judaísmo, sino que era más bien el cumplimiento de éste. Por lo tanto, los cristianos rendían culto con sus hermanos de sangre judíos (Hech. 3: 1), no sólo por costumbre y por deseo, sino también con la esperanza de ganarlos para el Evangelio. Ver com. cap. 3: 1.
Partiendo el pan.
Ver com. vers. 42.
En las casas.
Los cristianos rendían culto en el templo, pero los rasgos distintivos de su vida en común, el partimiento del pan y el compartir el alimento se practicaban en las casas.
Comían juntos.
Es evidente que el partimiento del pan era una práctica habitual de los cristianos (ver com. Hech. 2: 42; 1 Cor. 11: 20-22).
Con alegría.
Gr. agallíasis, "gozo", "exaltación". Se regocijaban por el privilegio de ser cristianos.
Sencillez.
Gr. afelót's, que literalmente significa "libre de piedras", es decir, suelo liso; aquí se refiere a sencillez de carácter, a la benevolencia pura y la generosidad. Es natural que estas emociones fueran evidentes entre los primeros cristianos.
47.
Alabando a Dios.
Esta frase es empleada con frecuencia por Lucas (Luc. 2: 13, 20; 19: 37; Hech. 3: 8-9). El gozo que sentían en su nueva fe naturalmente los inducía a alabar al Padre. El verdadero hijo de Dios siempre halla suficiente razón para alabar al Señor.
Favor.
Jesús había sido bien recibido por el pueblo. Ahora la iglesia gozó de un favor similar, posiblemente porque sus miembros alababan a Dios y eran caritativos.
El Señor.
La iglesia reconocía que el aumento del número de quienes aceptaban la fe se debía al Señor y no a ella misma.
Añadía.
El pretérito imperfecto del verbo sugiere la idea de continuidad después del día de Pentecostés, idea que se refuerza por 154 medio del complemento del verbo: "cada día".
A la iglesia.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de esta frase; sin embargo, aparece la frase epí to autó, expresión idiomática que según algunos debería entenderse como "a la comunidad" (BJ).
Los que habían de ser salvos.
La frase griega dice hoi sÇzoménoi, "los que estaban siendo salvados". La traducción "habían de ser salvos" quizá refleje la idea teológica de los traductores, pero no representa correctamente lo que dice el griego.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-47 HAp 29-38; SR 241-247; 5TS 270
1 DTG 767; Ed 90; 1JT 495; MeM 59; MM 201
1-2 Ed 90; Ev 505; HAp 31-32; PVGM 90-91; 5T 252; TM 168
1-4 CS 11; SR 242; TM 63; 5TS 11
2 3JT 193
2-4 3JT 206; MeM 61
3-5 HAp 32
4 DTG761; 3JT 193; PE 24;8T 26
5 HAp 72
5-8 SR 243
6-8, 13 HAp 33
13-16 TM 63
14-18 HAp 33
17 CS 669; PE 78
19 PP 100
21 CS 669; MeM 63
22-25 HAp 34
23 FE 535
25-27 SR 244
26-27, 29 HAp 34
29 CS 602
30 1JT 74
31-32 HAp 34
34 CS 602
36 HAp 134
37-38 SR 245
37-39 HAp 35
38 CC 21
38-39 CS 11
39 8T 57
41 Ev 30, 507; DTG 240, 715, 767; HAp 19, 36; 3JT 206, 211; MeM 62; PVGM 91; SR 245; 8T 26
41-47 MB 285
43 Ev 30
46 HAp 37
46-47 DMJ 116; 2JT 81
47 CS 419; PE 174; PVGM 92; 5TS 12


CAPÍTULO 3
1 Pedro predica a la gente que viene a ver al cojo sanado, y 12 declara que la curación de éste no ha sido por su poder o el de Juan, sino por el de Dios y de su Hijo Jesús, mediante la fe en su nombre. 13 Además, le los reprende por haber crucificado a Jesús, 17 lo cual hicieron debido a su ignorancia de las Escrituras; pero que aún así cumplieron las profecías divinas de las Escrituras. 19 Los exhorta al arrepentimiento y a la fe para alcanzar el perdón de sus pecados y la salvación en el nombre de Jesús.


1 PEDRO y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
2 Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
3 Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
4 Pedro, con Juan, fijando en él los Ojos, le dijo: Míranos.
5 Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
6 Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.
7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 155
8 y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
9 Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
10 Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salmón.
12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los Ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?
13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.
14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,
15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
16 Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.
18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.
19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,
20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.
22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;
23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.
24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.
25 Vosotros sois los Hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.
26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.


1.
Pedro y Juan.
No se dice nada en cuanto al tiempo que pudo haber transcurrido desde el día de Pentecostés. El pasaje de Hech. 2: 42-47 probablemente resume un progreso gradual sin que se produjera algún episodio extraordinario, y bien podría abarcar un período de varios meses. Es digno de notar que Lucas, quien le da tanta importancia a los datos cronológicos en el Evangelio (Luc. 3: 1; 6: 1), no haga lo mismo en Hechos.
El hecho de que Pedro y Juan aparezcan juntos, liga estrechamente el relato de los Evangelios con el de Hechos. Ambos apóstoles habían estado relacionados personalmente desde mucho tiempo atrás. Habían pescado juntos en el mar de Galilea (Luc. 5: 10). Con Jacobo, habían gozado de una amistad íntima con el Señor (Mar. 5: 37; 9: 2; 13: 3; 14: 33). Habían sido enviados juntos para que prepararan la pascua que Jesús deseaba comer con sus discípulos (Luc. 22: 8). La noche del juicio de Jesús, Juan, que era conocido por quienes componían la casa del sumo sacerdote, llevó a Pedro al palacio de ese jerarca (Juan 18: 15-16). Juan y Pedro serían enviados más tarde para ayudar a Felipe en su ministerio en Samaria (Hech. 8: 14), y con Jacobo aprobarían la obra hecha por Pablo y Bernabé entre los gentiles (Gál. 2: 9). Por lo tanto, el hecho de que ahora aparezcan juntos es una consecuencia directa de la camaradería entre los dos apóstoles.
Subían.
Este episodio ocurrió mientras los dos apóstoles se dirigían al templo a rendir culto.
Al templo.
Gr. hierón, "templo", que no sólo incluía el santuario, sino también el atrio 156 y todos los edificios del predio del templo (ver com. Mat. 4: 5). Los apóstoles "estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios" (Luc. 24: 53; Hech. 2: 46). Los judíos que se convertían al cristianismo no tenían edificios de iglesia donde reunirse, y aún no habían comprendido que los servicios del templo ya no tenían un significado espiritual especial para los cristianos.
La hora novena, la de la oración.
Corresponde a las 15 horas, es decir, las 3 de la tarde (ver com. cap. 2: 15; t. V, p. 52). Esta era la hora del sacrificio vespertino (Josefo, Antigüedades xiv. 4. 3). Se conocía como "la hora de la oración" y como "la hora del incienso" (Luc. 1: 9-10). Los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecían con incienso a la hora tercera y a la hora novena (alrededor de las 9 y las 15 respectivamente); en esas horas los piadosos oraban en los atrios del templo. Parece que algunos, por lo menos, acostumbraban orar también a mediodía (Sal. 55: 17; ver com. Dan. 6: 10; Hech. 10: 9). Se sabe que en el siglo II d. C. se hacía una tercera oración diaria cerca de la puesta del sol, y es posible que esta costumbre fuera anterior a ese período. Los escritos rabínicos sugieren que había cierta libertad en cuanto a la hora precisa de estas oraciones. La práctica de orar tres veces al día aparece con seguridad en la iglesia cristiana ya en el siglo II; probablemente, se tomó de la sinagoga judía (Didaje 8). A comienzos del siglo III, parece que muchos cristianos oraban durante tres períodos diarios (Clemente de Alejandría, Stromata, vii. 7).
2.
Era traído.
Como en esos días no había hospitales ni asilos, el cojo tenía que ser puesto por sus amigos donde la gente de buena voluntad pudiera verlo y ayudarlo (Mar. 10: 46; Luc. 16: 20; 18: 35). Las multitudes que iban al templo podían sentirse inclinadas a socorrerlo debido al sentimiento religioso del momento.
Cojo de nacimiento.
La información exacta de la duración del sufrimiento de este cojo es característica de Lucas (cap. 9: 33; 14: 8). El cojo tenía unos 40 años de edad cuando fue sanado (ver com. cap. 4: 22).
Puerta... la Hermosa.
No aparece una puerta con este nombre en otro pasaje bíblico ni en la literatura judía. Los eruditos no concuerdan en cuanto a si esta puerta puede identificarse con la de Susa, en el muro exterior, al este de la zona del templo, o con la puerta de Nicanor, la cual quizá comunicaba el atrio de los gentiles con el atrio de las mujeres. Algunos han ubicado la puerta de Nicanor entre el atrio de las mujeres y el de los hombres. Desde que se realizaron las últimas excavaciones del área del templo, se ha sugerido que la puerta "la Hermosa" es la triple puerta que daba al lado sur, a la cual se ascendía por una magnífica escalinata.
Que la puerta "la Hermosa" haya formado parte del muro exterior, o que estaba entre los atrios, es algo que parece depender en gran medida de la ruta que se cree que siguieron los apóstoles durante esta narración. Lucas registra que llegaron a la puerta, sanaron al cojo, entraron en el templo y, al parecer, después de haber orado se encontraron con una multitud atraída por el milagro ocurrido en el pórtico de Salomón. Como parece que este pórtico estaba dentro del muro exterior oriental (ver com. vers. 11), es posible que la puerta "la Hermosa" pudiera haber sido una puerta exterior, porque si hubiera sido interior, entre los atrios, los apóstoles tendrían que haber pasado por ella de nuevo para llegar al pórtico de Salomón. Muchos eruditos prefieren suponer que los apóstoles salieron de nuevo por la puerta "la Hermosa" antes de encontrarse con la multitud en el pórtico de Salomón, y que esta puerta es la de Nicanor, situada probablemente entre el atrio de los gentiles y el atrio de las mujeres. Josefo describe esta puerta de la siguiente manera: "Una, la que estaba fuera del santuario, era de bronce corintio, y tenía un valor mucho mayor que el de las que estaban revestidas de plata y adornadas de oro" (Guerra v. 5. 3). Con respecto a la misma puerta, la Mishnah afirma: "Todas las puertas fueron cambiadas por puertas de oro excepto la puerta de Nicanor, porque con ella había ocurrido un milagro; de cualquier modo, algunos dicen que su bronce brillaba como oro" (Middoth 2. 3). Considerando la evidencia, es imposible precisar de qué puerta se trata.
Para que pidiese limosna.
Es probable que en los alrededores del templo, como ocurre hoy en muchas mezquitas e iglesias, hubiera muchos ciegos, cojos, inválidos y mendigos.
3.
Entrar en el templo.
El hecho de que los apóstoles estaban por entrar en el templo, probablemente para rendir culto, sin duda hizo pensar al cojo que eran hombres piadosos de quienes podía esperar una limosna.
Les rogaba que le diesen limosna.
Debido 157 a su pobreza, no podía ver más allá de sus necesidades y de los recursos materiales que le hacían falta. Puede ser que aun el más piadoso, como llegó a serlo el cojo después que fue curado (vers. 8), no reconozca, debido a sus deficiencias físicas inmediatas, de dónde o cómo viene el poder divino. Por su apariencia, Pedro y Juan no demostraban que eran instrumentos del poder celestial. Por otra parte, este cojo, testigo diario de los servicios del templo, y quizá también conocedor de lo que allí se comentaba, difícilmente podía ignorar los conmovedores acontecimientos que habían acompañado a la reciente crucifixión y resurrección de Jesús.
4.
Fijando en él los ojos.
O "fijó en él la mirada" (BJ). Ver com. Hech. 10: 10; Luc. 4: 20.
Míranos.
Pedro y Juan no estaban insinuando que el cojo debía pensar que ellos poseían poder en sí mismos para sanarlo (vers. 6); pero sí procuraron que el cojo fijara su atención en ellos para poder conducirlo a Cristo.
5.
Esperando.
La esperanza del cojo era recibir algo para satisfacer una necesidad física temporal, para lo cual habría bastado un poco de dinero.
6.
Plata ni oro.
Se sabe que los apóstoles administraban los fondos encomendados a los dirigentes de la iglesia por la generosidad de los miembros de la comunidad cristiana (cap. 2: 45; 5: 2). Podría entenderse que Pedro y Juan no tenían dinero propio, pero ¿por qué no le dieron al cojo de la tesorería de la iglesia? O no tenían consigo nada de ese dinero en el momento, o por alguna razón creían que esos recursos debían reservarse para ayudar a los conversos cristianos. Pero tenían más que dinero para dar: un don que la iglesia con su posterior riqueza ha demostrado no poseer. Se relata una notable anécdota en cuanto a una visita de Tomás de Aquino al papa Inocencio IV, en una ocasión cuando éste tenía delante de sí una gran cantidad de dinero sobre la mesa. Dijo el papa: "Tomás, como puedes ver, la iglesia no puede decir lo mismo que dijo la iglesia primitiva: 'No tengo plata ni oro' ". A lo cual Tomás de Aquino respondió: "Es verdad, Santo Padre; pero tampoco puede decir como le dijo Pedro al cojo: 'Levántate y anda"'.
Lo que tengo.
Lucas ya se ha referido antes de este episodio (cap. 2: 43) a las "maravillas y señales" hechas por los apóstoles; por lo tanto, este milagro no necesariamente fue el primero de Pedro después de Pentecostés. En este pasaje Pedro habla con firme certeza. Frente a este notable episodio, cada cristiano debe preguntarse ¿qué tengo yo para dar? Uno ni puede dar lo que no ha recibido, ni puede dar sinceramente si su corazón es mezquino. No puede dar de Cristo si no posee a Cristo; pero cuando tiene a Cristo, lo sabe, y no puede esperar antes de compartir su precioso don con otros.
En el nombre.
El nombre Jesucristo, el Salvador ungido, contiene la descripción de la personalidad y del carácter de su divino Portador. La reverente invocación de este nombre dio por resultado la demostración del poder de Cristo. El reconocimiento y la invocación del poder de este nombre es frecuente en el libro de los Hechos (cap. 4: 10, 12; 9: 14; 16: 18; 19: 5, 13; 22: 16). La plena confianza con la cual Pedro pronunció este nombre antes de sanar al cojo, fue la expresión de una sencilla fe en la promesa de su Maestro (Mar. 16: 18). Ver com. Hech. 3: 16.
Jesucristo de Nazaret.
Es probable que este nombre no fuera desconocido para el inválido. Un ciego había recibido antes la vista en el estanque de Siloé (Juan 9: 7-8), y quizá este cojo sabía de la curación del paralítico en el estanque de Betesda (Juan 5: 2-9), que padecía una enfermedad parecida a la suya.
Nazaret era un lugar de mala fama (Juan 1: 46). Según Juan, en el letrero que se puso sobre la cruz (cap. 19: 19) aparecía la palabra "nazareno", gentilicio de los de Nazaret. Para los judíos no sólo era una piedra de tropiezo que Jesús fuera de origen galileo (cap. 7: 40-42), sino también que fuera de Nazaret. Para el cojo tuvo que haber sido una gran prueba de fe responder a la invitación de Pedro, pues apenas unas pocas semanas antes Jesucristo de Nazaret había muerto vergonzosamente sobre la cruz como si hubiera engañado al pueblo. Pero el pronunciar ese nombre con fe abrió el camino para que obrara el poder de Dios. "Tan pronto se menciona el nombre de Jesús con amor y ternura, los ángeles se acercan a fin de enternecer y subyugar el corazón" (CM 112).
Levántate y anda.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) que el texto decía así; pero admite que también podría haber sido simplemente "anda". Si este hombre caminó alguna vez, lo hizo con gran dificultad, pues era cojo de nacimiento (vers. 2). La orden de 158 Pedro tenía que ser obedecida confiando en el poder de Dios, sin tomar en cuenta las condiciones. La obediencia con fe significa curación.
7.
Se levantó.
El proceder de Pedro fue como una ayuda bondadosa a la fe infantil y quizá incipiente del cojo. Fue una ayuda provisoria que salvó el abismo que se interponía entre el último momento de invalidez del hombre y el primer momento de su aceptación por la fe del hecho de que se había obrado en él un milagro. Los hijos de Dios deben también hacer lo que hizo Pedro: "Fortaleced las manos cansadas, afirmad las rodillas endebles" (Isa. 35: 3).
Se le afirmaron.
Los débiles y flácidos músculos y tendones se pusieron fuertes y activos.
Tobillos.
Lucas era médico (Col. 4: 14); por lo tanto, es un escritor con experiencia médica el que describe con precisión lo que le ocurrió al cojo.
8.
Saltando, se puso en pie y anduvo.
Probablemente sería mejor traducir "comenzó a caminar", en vez de "anduvo". Cuando recibió fuerza, dio un salto y fue capaz de ponerse de pie por primera vez en su vida. Caminó paso tras paso, alternando uno y otro con saltos de gozo.
En el templo.
¡Cuánto habrá anhelado este hombre durante años poder entrar caminando en el templo como lo hacían otros! Ahora que era capaz de hacerlo, entró inmediatamente. En esa hora de la oración los atrios del templo estaban llenos de quienes acudían a rendir culto. ¡Cuál no debe haber sido la admiración de la multitud cuando lo vio "andando, y saltando, y alabando a Dios"!
9.
Todo el pueblo le vio.
Este milagro no ocurrió a escondidas. Los testigos de esta curación fueron numerosos, y entre ellos tuvo que haber muchos que durante años sabían que ese hombre era cojo. Las autoridades judías estuvieron dispuestas a admitir esto (cap. 4: 16).
El relato detallado y minucioso de Lucas es convincente. Sin duda se basó en las narraciones de testigos oculares con quienes habló, y fue autenticado por la Inspiración. El Dios que creó puede volver a crear, y lo hace a voluntad.
10.
Le reconocían.
La gente sabía con seguridad que el hombre había sido cojo, y que no era impostor; ahora veían que estaba sano. Podían ver que había entrado en el templo, saltando y regocijándose sano y alabando a Dios.
A la puerta... la Hermosa.
Ver com. vers. 2.
11.
Teniendo asidos.
Un MS del siglo VI dice: "Cuando Pedro y Juan salieron, él [el cojo sanado] salió sosteniéndose en ellos; y los que estaban asombrados se hallaban en el pórtico llamado de Salmón". Esta variante, si bien no es de gran autoridad, ayuda a ubicar la puerta "la Hermosa" y a identificarla con la puerta de Nicanor (ver com. vers. 2).
Atónito.
Jesús había predicado acerca de los obras de Dios sólo unos pocos meses antes desde "el pórtico de Salomón", durante la fiesta de la dedicación (Juan 10: 22-23). El recuerdo de lo que entonces dijo, tuvo que haber permanecido en el pensamiento de los discípulos. La gente se había quejado porque Jesús no había declarado con franqueza si era el Cristo o no (Juan 10: 24-26); sin embargo estuvieron listos para apedrearle cuando dijo que era uno con el Padre (Juan 10: 30-33). Pero ahora la gente oyó que Jesús era proclamado "Santo y justo", "Autor de la vida", el Cristo, el Mesías de la profecía (Hech. 3: 14-15, 18).
Pórtico.
Gr. stoá, "pórtico", "galería". En el ralato original de la construcción del primer templo no se encuentra ninguna mención de un "pórtico que se llama de Salomón". Josefo (Antigüedades xx. 9. 7) ubica este pórtico al lado oriental del predio del templo. Dice que se distinguía por dos hileras de columnas de unos 12 m de alto (Guerra v. 5. 2). Se lo llamó "pórtico de Salomón" quizá porque en él había restos del edificio anterior al tiempo de Zorobabel. Cuando Herodes Agripa I estaba completando la obra de su abuelo, la gente procuró persuadirlo de que echara abajo este pórtico y lo reconstruyera, pero se negó a hacerlo.
12.
¿Por qué os maravilláis?
Esta pregunta es similar a la del ángel: "¿Por qué estáis mirando al cielo?" (cap. 1: 11). En ambos casos la idea es que los testigos del milagro no deberían estar tan asombrados por el acontecimiento como evidentemente lo estaban.
¿Por qué ponéis los ojos en nosotros?
Ver com. cap. 1: 10. No debía atribuirse el milagro a hombres como Pedro y Juan, sino sólo al poder divino.
Piedad.
Las palabras de Pedro hacen recordar la teoría popular de que si una persona es suficientemente piadosa, Dios la oirá y se producirán grandes resultados (Juan 9: 31) 159 El apóstol rechaza esta idea. Ninguna pureza propia le habría servido a Pedro. Sólo el poder de Dios manifestado en el nombre de Jesús de Nazaret podía efectuar el milagro.
13.
El Dios de Abraham.
Este es un eco de la enseñanza y de la forma de hablar de nuestro Señor (Mat. 22: 32), aunque la frase es del AT (Exo. 3: 6, 15). Cuando Pedro aseveró que Jesús era Hijo del Dios de Abrahán, aseguró a sus oyentes judíos que no estaba predicando un nuevo Dios, sino que relacionaba a Jesús con el Dios de los padres de ellos.
Hijo.
Gr. páis, palabra que puede significar "hijo", "niño" o "siervo". La LXX emplea la palabra país en este tercer sentido en los últimos capítulos de Isaías para designar al "siervo de Jehová". En verdad, este pasaje se parece mucho a Isa. 52: 13. En el NT se aplica país a Cristo en Mat. 12: 18; Hech. 3: 26; 4: 27, 30. Estos pasajes sugieren que Mateo y Lucas comprendían que el siervo sufriente de Isaías era una figura que podía aplicarse a Cristo. Ver com. Isa. 41: 8.
Entregasteis.
Pedro es franco y valiente al culpar a los judíos de la muerte de Jesús, y así lo hicieron siempre los apóstoles a partir de ese momento.
Negasteis.
Cf. Juan 19: 15.
Resuelto.
O "decidido". Pilato había decidido con plena justicia dejar en libertad a Jesús por ser inocente (Juan 19: 4); pero los judíos, para su culpa y vergüenza, le persuadieron que lo condenara a muerte.
14.
Santo.
Este notable calificativo quizá no era nuevo para los oyentes de Pedro, pues aparece en la literatura judía del período intertestamentario (ver com. Juan 6: 69). El endemoniado lo había usado al dirigirse a Cristo (Mar. 1: 24). Jesús había sido hallado inocente de toda acusación durante el juicio a que fue sometido (Mar. 15: 10; Luc. 23: 4). Tanto Pilato como su esposa habían dado un claro testimonio de que Jesús era inocente (Mat. 27: 19, 24). Lo mismo hicieron el ladrón arrepentido (Luc. 23: 41) y el centurión (vers. 47). Ver com. Hech. 2: 27.
Justo.
Ver 1 Ped. 3: 18; 1 Juan 2: 1; com. Hech. 7: 52.
Pedisteis... un homicida.
Es decir, a Barrabás (Mar. 15: 7; Luc. 23: 19).
15.
Autor de la vida.
Gr. arj'gós t's zó's, "autor u originador de la vida" (cf. Heb. 2: 10; 12: 2). "En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra" (DTG 489). El autor de la vida y de la salvación es Aquel de quien fluyen vida y salvación. Se presenta a Cristo claramente como el Creador de toda vida. El mismo lo afirmó repetidas veces (Juan 3: 14-15; 5: 26, 40; 6: 48, 51). Los judíos habían preferido dejar con vida a un homicida, a un asesino, y matar al Autor y Dador de la vida.
Dios ha resucitado.
En el NT se afirma repetidas veces que el Padre fue quien levantó a Cristo de los muertos (Hech. 2: 24; Rom. 6: 4; 8: 11). Al mismo tiempo, Jesús afirmó que tenía poder de poner su vida y volverla a tomar (Juan 10: 18). Estas dos declaraciones en cuanto a la resurrección no son contradictorias, pues aunque Cristo tenía vida en sí mismo, como el Hijo encarnado que tomó la "forma de siervo" (Fil. 2: 7), no podía "hacer nada por sí mismo" (Juan 5: 19). Jesús usaba su poder divino sólo por orden del Padre; por esto, aunque "el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él" (DTG 729), lo hizo cuando Dios, su Padre, lo llamó.
De lo cual.
Es decir, "del cual" o "de quien". Pedro asevera de nuevo el hecho básico de que los apóstoles sabían de qué estaban hablando. Habían conocido al Señor, lo habían visto morir, y lo habían visto resucitado.
16.
Su nombre.
Repetidas veces en el NT, y especialmente en Hechos, se presenta el nombre de Jesús como el medio por el cual se hacen milagros y se obtiene la salvación (Hech. 3: 6; 4: 10, 12, 17-18; 16: 18; Mar. 9: 38; Luc. 10: 17). El empleo de la palabra "nombre" en este sentido debe entenderse teniendo en cuenta el rico significado del término en el NT. Ver com. Hech. 2: 21.
Los eruditos han destacado que en los tiempos antiguos se creía que ciertos nombres tenían especial santidad y particular eficacia; por lo tanto, entre los judíos del período posterior al exilio, la manera de pronunciar el nombre divino Yahweh era mantenida en secreto, conocida sólo por el sumo sacerdote; finalmente se perdió del todo. Se creía que la mención de otros nombres era especialmente poderosa para que se efectuaran milagros. Josefo relata haber visto a un tal Eleazar que pretendía echar fuera demonios usando el nombre de Salomón (Antigüedades viii. 2.5). Los siete hijos de Esceva intentaron en Efeso usar el nombre de Jesús con el mismo propósito (cap. 19: 13-14). Pensaron que había un poder mágico en sólo mencionar 160 el nombre. Sin duda muchos de los que observaron los milagros realizados por los discípulos en el nombre de Jesús, pensaron que la eficacia de esos milagros consistía en el empleo de un nombre mágico. Ver t. I, pp. 179-182.
Pero queda fuera de toda duda que los discípulos al hacer milagros no emplearon el nombre de Cristo con la idea de que había poder mágico en la pronunciación de ese nombre. En el AT, la palabra hebrea shem, "nombre", algunas veces se emplea con el sentido de "carácter" (Jer. 14: 7, 21), y puede ser casi un sinónimo de la persona misma (Sal. 18: 49). Esta estrecha relación entre el nombre y el carácter se ilustra con la abundancia de nombres del AT que indican el carácter de quienes los tenían o la anticipación que los padres expresaban respecto a la personalidad de sus hijos. Es probable que la misma idea de "carácter" sea la que corresponda con la palabra "nombre" en el libro pseudoepigráfico de Enoc (cap. 48: 7), donde se dice del Hijo del Hombre: "Porque en su nombre [los justos] son salvos".
Otro aspecto de esto puede verse en tiempos del NT, cuando la palabra griega ónoma, "nombre", puede significar "persona". Por eso, en un papiro egipcio del año 13 d. C. aparece la frase "de parte del nombre escrito debajo", lo cual significa, "de parte del suscrito". Un uso similar aparece en Hech. 1: 15; Apoc. 3: 4; 11: 18.
Todo esto indica que al pronunciar el nombre de Jesús para realizar milagros y para proclamar salvación, los apóstoles declaraban que el poder de sanar y de salvar se empleaba en una relación vital con la persona y el carácter de Jesucristo. La declaración de Pedro en este pasaje, "le ha confirmado su nombre", era una afirmación de que Cristo mismo era quien había hecho el milagro, y no que un encanto mágico hubiera actuado automáticamente sobre el cojo. El poder de Cristo está al alcance de todos, pero debe ser aceptado mediante una fe viva en él.
Vosotros veis y conocéis.
No había nada oculto en este milagro, ninguna posibilidad de hacer trampas. No se sustituyó al cojo con un hombre sano para hacer creer que el inválido había sido sanado. Todos conocían al hombre que había sido cojo, y ahora veían que estaba curado.
Por él.
Es decir, por medio de Cristo. Cf. 1 Ped. 1: 21. La fe que hubo tanto en Pedro el sanador como en el hombre sanado, dependió en cada uno de ellos del poder de Cristo. Pedro recibió el poder de Dios por medio de la fe; el hombre también recibió fe, por la cual pudo ser sanado su cuerpo. La fe sanadora es en sí misma un don (Rom. 12: 3; 1 Cor. 12: 9).
17.
Por ignorancia.
La ignorancia es tan peligrosa en el aspecto espiritual como en otros asuntos. Se puede pecar por ignorancia, como ocurrió en el caso que aquí se presenta; pero la ignorancia no es una excusa válida para justificar el pecado. Aun en el gobierno humano, el no conocer una ley no es razón para excusarse de su transgresión. Es necesario arrepentirse con tanta sinceridad de un pecado de ignorancia como de cualquier otro pecado. Son especialmente culpables los que son ignorantes porque permiten que el prejuicio y sus sentimientos les impidan conocer las cosas de las cuales la razón y la conciencia dan testimonio. Cf. Luc. 23: 34.
18.
Ha cumplido así.
Esta es la culminación de todo lo expuesto por Pedro y la base de su exhortación al arrepentimiento. La fuerza de su lógica residía en el hecho de que estaba predicando una profecía cumplida.
Profetas.
Cf. Luc. 24: 25-27. Como se registra en Hech. 1: 16; 2: 23, Pedro también destaca el hecho de que los profetas del AT predijeron la obra de Cristo. El propósito de todas las Escrituras es exponer el plan trazado para la salvación del hombre por medio del sufrimiento redentor de Cristo. A partir de la primera promesa evangélica (Gén. 3: 15) continuó un testimonio a través del AT que destaca la expiación vicaria por medio de Jesucristo. En este sentido son de especial importancia en el AT los pasajes que se encuentran en Sal. 22: 18 (cf. Mat. 27: 35); Dan. 9: 26; Zac. 11: 13 (cf. Mat. 27: 9-10); Isa. 53.
Que su Cristo había de padecer.
Hasta donde se sepa, los judíos nunca aplicaron al Mesías la profecía de Isaías respecto al siervo sufriente. La doctrina de un Mesías sufriente discrepaba muchísimo con las opiniones de los judíos en la edad apostólica, y casi no fue comprendida por los mismos discípulos de Cristo hasta después de su resurrección. Pedro mismo protestó cuando Cristo expuso claramente a sus discípulos los sufrimientos que padecería, y fue severamente reprendido porque vacilaba en aceptar esa perspectiva (Mat. 16: 21-23). Este pasaje de Hechos revela un cambio notable en la comprensión de 161 Pedro; ahora afirma que los sufrimientos de Cristo armonizaban con el plan divino. Sin duda los apóstoles habían recibido esta instrucción por medio de la enseñanza de Jesús después de la resurrección (Luc. 24: 44-48) y por la iluminación del Espíritu Santo en Pentecostés. Pedro más tarde demostró que comprendía esta doctrina fundamental cuando escribió acerca del Salvador que había llevado "él mismo" los pecados (1 Ped. 2: 23-24).
19.
Arrepentíos.
Gr. metanoéÇ, "cambiar de opinión", y en el sentido espiritual, "arrepentirse" (ver com. Mat. 3: 2). Esta exhortación al arrepentimiento es la culminación lógica de la dura reprensión de Pedro a quienes lo habían desafiado. No tendría mucho sentido tal reprensión si no tuviera el propósito de producir arrepentimiento. Esto es lo que debe suceder con toda predicación evangélica.
Convertíos.
Gr. epistréfÇ, "darse vuelta". En la LXX se emplea con frecuencia esta palabra para traducir el vocablo hebreo shub "volver", término que muchas veces tiene el sentido espiritual de volver a Dios (ver com. Eze. 18: 30). El verbo epistréfÇ describe apropiadamente el cambio que ocurre en una persona cuando acepta a Cristo como Salvador y Rey, y Lucas lo emplea frecuentemente en este sentido (Hech. 9: 35; 11: 21; 26: 20). La conversión es la base de una experiencia cristiana genuina. Se distingue del nuevo nacimiento (Juan 3: 3, 5) sólo en que puede considerarse como el acto del hombre que se aparta de su vieja vida de pecado, mientras que el nuevo nacimiento o regeneración es la obra del Espíritu Santo que actúa sobre el hombre simultáneamente con su conversión. Ninguna de las dos fases de esta experiencia puede cumplirse sin el Espíritu Santo; pero el Espíritu Santo no puede hacer su obra mientras la persona no esté dispuesta a permitir que Dios se posesione de su vida (Apoc. 3: 20).
Borrados.
O "limpiados". En la Biblia el perdón del pecado muchas veces se representa como un lavamiento (Juan 13: 10; Apoc. 1: 5; ver com. Apoc. 22: 14). La idea de quitar o lavar el pecado es similar. La imagen que bien puede asociarse con las palabras aquí expresadas es la de una acusación que define los pecados del penitente, que son absueltos por el amor perdonador del Padre (Isa. 43: 25; Col. 2: 14; ver com. Mat. 1: 21; 3: 6; 26: 28; Luc. 3: 3).
El resultado inmediato para los que aceptaron la exhortación de Pedro al arrepentimiento fue el perdón de sus pecados. En este sentido puede considerarse que esos pecados fueron borrados de inmediato; sin embargo, la eliminación definitiva del pecado ocurrirá precisamente antes de la segunda venida de Cristo y en relación con el fin de la obra del Salvador como Sumo Sacerdote (ver com. inmediato, "para que"). La culpa por pecados específicos queda cancelada cuando son confesados y perdonados, y serán borrados del registro en el día del juicio (cf. Eze. 3: 20; 18: 24; 33: 13; CS 539).
Para que.
Gr. hópÇs an, "para que", "a fin de que". Esta frase expresa propósito. La conversión de los pecadores tiene el poder de acelerar el cumplimiento de los propósitos de Dios y, por lo tanto, de apresurar la venida de su reino en su plenitud. La traducción "pues que vendrán" (RVA) no es precisa.
En este pasaje Pedro parece señalar una cierta secuencia de acontecimientos. Instó a sus oyentes a arrepentirse y a convertirse. Dijo que estas actitudes serían seguidas por (1) el perdón de sus pecados, (2) la venida de los "tiempos de refrigerio", y (3) el glorioso advenimiento de Jesucristo.
En cualquier estudio de la secuencia de sucesos implicados en las palabras de Pedro, deberían tenerse en cuenta dos puntos: (1) Pedro, como los otros discípulos, no conocía "los tiempos o las sazones" (Hech. 1: 7; cf. Juan 21: 20-23); su visión del futuro no era de largo alcance, y esperaba gozosamente el muy pronto retorno de su Señor (ver Nota Adicional de Rom. 13). (2) Por inspiración divina Pedro se dio cuenta que ciertas profecías de los últimos días se estaban cumpliendo en su tiempo. En verdad, esa inspiración bien pudo haberle permitido ver sólo ese cumplimiento inmediato, que resultó ser limitado, aunque este punto no es esencial en este estudio. Por ejemplo, en el día de Pentecostés, afirmó que la profecía de Joel, de que en "los postreros días" Dios derramaría su Espíritu sobre toda carne, se estaba cumpliendo entonces (Hech. 2: 14-18). Verdaderamente hubo un cumplimiento limitado de la profecía de un derramamiento divino; y también es cierto, como ya se dijo, que en cierto sentido los pecados de los convertidos fueron entonces borrados, porque fueron cubiertos por la sangre redentora de Jesucristo. 162
Pero de acuerdo con la perspectiva de los planes en el cielo hasta su segunda venida. planes de Dios que se llevaban a cabo, especialmente en relación con el cumplimiento de la profecía, ahora podemos ver que en un sentido más literal y completo "los postreros días" son nuestros días, y que es ahora cuando realmente podemos esperar la venida de Cristo. Del mismo modo vemos que el gran derramamiento del Espíritu de Dios -los "tiempos del refrigerio"- se refieren específicamente a nuestros días: los días de la lluvia tardía (ver com. Joel 2: 23). Así también podemos y debemos considerar que el perdón de los pecados corresponde con nuestro tiempo. ¿Por qué tenemos que separarlo tanto de los otros dos acontecimientos que dijo Pedro que ocurrirían? En verdad, cuando estudiamos este tema del perdón de los pecados dentro del ámbito de la obra de Cristo en el santuario celestial (ver com. Dan. 8: 14), descubrimos que los pecados serán finalmente borrados en los últimos días de la historia de esta tierra, inmediatamente antes de la venida de Cristo (PP 371-372; CS 472-475; ver com. Eze. 18: 24).
Es, pues, evidente que la afirmación de Pedro (vers. 19), tomada en conjunto, implica un elemento temporal definido. Hablando por inspiración, y por lo tanto más allá de su propia comprensión limitada, Pedro se refiere claramente a dos grandes acontecimientos de los últimos días de la historia de este mundo: (1) El gran derramamiento del Espíritu de Dios, y (2) la eliminación final de los pecados de los justos. Estos acontecimientos están ligados con un tercer acontecimiento culminante: la segunda venida de Cristo.
De la presencia.
Literalmente "del rostro". El "refrigerio" viene directamente desde el trono de Dios.
20.
El envíe.
El tema dominante de los escritores del NT es el retorno de Cristo. Ver com. vers. 19.
Os fue antes anunciado.
Mejor "os fue antes designado", "os había sido destinado" (BJ). Para Dios el plan de la redención existe desde la eternidad (Mat. 25: 34; Efe. 1: 4; Apoc. 13: 8), y se puso en marcha a pesar de la resistencia de Satanás y de los pecadores. Resta que los que están implicados en el plan cumplan sus condiciones mediante su obediencia (cf. Luc. 22: 42; Heb. 10: 7).
21.
El cielo reciba.
Los discípulos habían sido testigos de la ascensión de Cristo (cap. 1: 9-10), y comprendían que Cristo debía permanecer en el cielo hasta su segunda venida. Jesús había dicho a sus discípulos que era necesario que él los dejara (Juan 14: 1-6), pero un aún entonces no lo comprendieron, hasta que lo vieron ascender y se dieron cuenta de que debían esperar su regreso.
Restauración.
Cristo murió como Redentor del mundo, y por lo tanto la restauración prometida fue posible por su crucifixión.
Aquí Pedro presenta un resumen de la idea que desarrolla plena y cabalmente en 2 Ped. 3: 7-13. Los cielos nuevos y la tierra nueva de este pasaje son una restitución, una restauración frente al pecado y la degradación, que, como resultado de la caída del hombre en el pecado, destruyeron la hermosura y la perfección de la creación original (ver com. Isa. 65: 17-25; Miq. 4: 8).
Este pasaje no enseña, como han pensado algunos, que finalmente se salvarán todos. La Escritura no enseña tal doctrina; pero sí expresa la idea de un estado final en el cual la justicia, y no el pecado, tendrá dominio sobre un mundo redimido y recreado. Presenta una meta de elevadísimo valor para la experiencia cristiana, que resulta del verdadero arrepentimiento y de la conversión, y ofrece una esperanza aún más amplia para el posible crecimiento en sabiduría y en santidad en el mundo venidero que el que los cristianos algunas veces han estado dispuestos a destacar.
De que habló Dios.
Esta frase puede referirse a "los tiempos de la restauración", es decir, al acto divino de la restauración, predicho proféticamente, o a "todas las cosas", en cuyo caso se refiere al cumplimiento de las promesas de Dios por medio de los profetas. Aquí hay una clara aseveración de que las declaraciones de los profetas son los mensajes de Dios. Fue Dios quien habló por medio de los profetas (2 Ped. 1: 21). Este pasaje es prácticamente idéntico a Luc. 1: 70.
Desde tiempo antiguo.
Estas palabras abarcan las muchas e inmutables promesas manifestadas por medio de los profetas que fomentaron las esperanzas del pueblo de Dios a través de los siglos. Zacarías vio el comienzo del cumplimiento de estas promesas en el nacimiento de su hijo Juan (Luc. 1: 70). El plan de salvación ha existido desde antes del "principio del mundo" (Apoc. 13: 8).
22.
Moisés dijo.
El linaje de profetas verdaderos sugerido aquí y en el vers. 24, revela la esperanza de la venida de algún profeta 163 que sobrepujaría a todos los otros, tal como se revela en la pregunta que le hicieron a Juan el Bautista: "¿Eres tú el profeta?" (Juan 1: 21). Ninguno de los dirigentes posteriores a Moisés fue exactamente como él (ver Deut. 18: 15; com. Hech. 3: 22, "como a mí"). Su obra señaló una nueva época: la manifestación de la gloria de Dios por medio de una teocracia, con su ley y sus servicios de culto divinamente ordenados. La venida de Jesús señaló el comienzo de otra nueva época: su reino fue establecido en el corazón "nuevo" de los hombres (Jer. 31: 31-34; Heb. 8: 8-12).
A los padres.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
Como a mí.
Aquí se le hace citar a Moisés la promesa de Dios de que el profeta que vendría sería como él (Deut. 18: 18); pero el paralelo no es completo, porque Moisés no fue el Hijo unigénito de Dios ni quien pagó el precio de la expiación en forma vicaria; y Jesús fue ambas cosas.
A él oiréis.
Es decir, le obedeceréis (ver com. Juan 6: 60).
Os hable.
Aquí Pedro modifica algo la cita de Deut. 18: 18 para convertirla en una orden para sus oyentes.
23.
Alma.
Gr. psujé (ver com. Mat. 10: 28; cf. Hech. 2: 41).
Será desarraigada.
El pasaje que Pedro cita (Deut. 18: 19), aunque no literalmente, dice, "yo le pediré cuenta". Las palabras que Pedro coloca en su lugar son un eco de la frase común en el AT: "será cortado el tal varón de entre su pueblo" (Lev. 17: 4, 9; cf. Exo. 12: 15, 19).
24.
Desde Samuel.
Es probable que se nombre aquí a Samuel porque los profetas de Israel primero aparecen en relación con él como un grupo, especialmente en lo que se refiere a las escuelas de los profetas. En el siglo III d. C., Juda-ha-Nasi, redactor de la Mishnah, se refirió a Samuel como "el mayor de los profetas" (Talmud palestino Hagigah, 77a). Esto bien podría representar una posición aceptada en los días de Pedro.
Estos días.
No es claro si Pedro se refiere aquí a "los tiempos de la restauración" (vers. 21) o a los notables momentos en los cuales vivían él y sus oyentes. Bien pudo haber pensado en los dos, creyendo que los acontecimientos que estaba presenciando finalmente serían el comienzo de las escenas finales (cf. cap. 2: 17).
25.
HiJos de los profetas.
Los profetas y sus mensajes fueron enviados especialmente a los israelitas (Rom. 3: 2).
Del pacto.
Pedro identifica aquí el pacto abrahánico (Gén. 12: 3) con el pacto de la salvación, así como lo hace Pablo (Gál. 3: 8). A pesar de la luz espiritual y de los privilegios de que gozaban los judíos, no habían reconocido a Jesús como el Mesías. En todas las edades, y sobre todo ahora, quienes gozan de privilegios espirituales especiales pueden ser culpables del mismo error.
En tu simiente.
Refiriéndose a Gén. 12: 3, Pablo dice que Cristo es la "simiente" y que todos los fieles en Cristo son herederos de Abrahán (Gál. 3: 16, 29). El uso que Pedro le da al pasaje no es tan explícito, pero al citarlo es evidente que lo aplica a Cristo.
26.
A vosotros primeramente.
Es digno de notarse esta prioridad del judío como receptor del Evangelio. Pedro no sabía aún las condiciones en las cuales el Evangelio sería predicado a los paganos, pero sus palabras implican que entendía claramente que el mensaje tenía que ir primero a los judíos. Esta secuencia también fue empleada por Pablo: "Al judío primeramente, y también al griego" (Rom. 1: 16; cf. cap. 2: 9- 10). Empleó tanto esta secuencia en su predicación del Evangelio, que se convirtió en una fórmula (Hech. 13: 46; cf. cap. 9: 19-20;14: 1; 17: 1-3). Cf. t. IV, pp. 31-32.
Hijo.
Gr. páis (ver com. vers. 13).
Para que os bendijese.
La bendición de la cual se habla aquí sigue a la resurrección, e implica el poder de Cristo que capacita al hombre para apartarse del pecado y entrar en una nueva vida en el Salvador. Esta nueva vida del creyente es posible por medio de la resurrección de nuestro Señor (Efe. 2: 4-6; Col. 2: 12-13).
Se convierta.
Gr. apostréfo, "volverse", que como el verbo afín epistréfo, aparece con frecuencia en la LXX como traducción del verbo hebreo shub (ver com. vers. 19). Este pasaje es ambiguo. Puede entenderse que Jesús aparta a los hombres de la iniquidad o que los bendice cuando se apartan de ella. Pero en cierto sentido ambas cosas son ciertas. Las bendiciones de la salvación sólo pueden recibirse por medio del poder restaurador del Espíritu Santo, que obra en el transgresor el imprescindible apartamiento del pecado, con arrepentimiento y conversión. 164
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE.
1-26 HAp 47-49; SR 248-250
1-2 HAp 47
1-6 SR 248
2 PE 192
4-11 HAp 47
7-10 SR249
8-9 PE 192
12 HAp 48; SR 249
12-16 PE 192
14-15 TM 272
14-19 HAp 48
15 HAp 50
16-18 SR249
19 C 21; CN 203; CRA 37; CS 671; Ev 509; 1JT 63; 3JT 214, 355, 416; MeM 59; MJ 71; PE 71, 86, 271; PP 372; ST 103; 9T 216
19-20 CS 539, 670
21 CS 346; DTG 714
22 DTG 25-36, 163
22-23 FE 405
25-26 HAp 49


CAPÍTULO 4
1 Los gobernantes judíos se ofenden por el sermón de Pedro, 4 y aunque miles se convierten, encarcelan a Pedro y a Juan. 5 Despus de ser interrogados, Pedro declara valientemente que el cojo fue sanado en el nombre de Jesús, y que sólo en su nombre podemos tener vida eterna. 13 Los gobernantes ordenan a Pedro y a Juan que no prediquen más en el nombre de Jesús y los amenazan; 23 entonces la iglesia se dedica a orar. 31 Como señal de que ha escuchado sus oraciones, Dios hace temblar el lugar donde están reunidos, y aprueba a su iglesia enviándoles el don del Espíritu Santo e inspirándolos a la caridad y el amor mutuos.
1 HABLANDO ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,
2 resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos.
3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde.
4 Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.
5 Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas,
6 y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes;
7 y poniéndolos en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?
8 Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel:
9 Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado,
10 sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano.
11 Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.
12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
13 Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús.
14 Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra.
15 Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí,
16 diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar.
17 Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre.
18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.165
19 Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;
20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.
21 Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho,
22 ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años.
23 Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;
25 que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas?
26 Se reunieron los reyes de la tierra,
Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo.
27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,
28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
30 mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.
31 Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.
32 Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.
33 Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.
34 Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido,
35 y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.
36 Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre,
37 como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles.


1.
Hablando ellos.
En ese tiempo y constantemente después, las actividades de los apóstoles preocupaban profunda y desagradablemente a las autoridades judías. Es evidente que la noticia de la curación del cojo se había difundido rápidamente por la ciudad; y por primera vez después de la crucifixión, los dirigentes del sanedrín, que habían condenado al Señor, se ocupaban nuevamente del cristianismo. Habían transcurrido sólo unas pocas semanas desde la crucifixión. Durante ese tiempo, los dirigentes judíos sin duda se habían congratulado por haberse librado de Jesús para seguridad de la nación, tal como Caifás lo había aconsejado (Juan 11: 49-50). Sabían que la tumba de Jesús había sido hallada vacía, y negándose a creer en la resurrección se habían ocupado en hacer circular la versión de que los discípulos habían robado su cuerpo (Mat. 28: 13-15). No se sabe si algunos de los dirigentes judíos habían estado presentes el día de Pentecostés, pero tuvieron que haberse enterado de los acontecimientos de ese día y del crecimiento de la nueva iglesia. Y ahora habían encontrado a dos de los principales portavoces de los cristianos enseñando públicamente en los mismos portales del templo.
Vinieron sobre ellos.
Con el propósito de apresarlos.
Sacerdotes.
Estos eran los que se ocupaban de los servicios del templo (1 Crón. 24: 1-19), y naturalmente fueron los primeros en sentirse molestos por causa de las multitudes que, atónitas, habían presenciado la curación del cojo.
El jefe.
Parece que era uno de los funcionarios que habían estado presentes en el arresto de Jesús (Luc. 22: 52). El AT menciona a un magistrado cuyo título era "príncipe de la casa de Dios" (BJ, 1 Crón. 9: 11; 2 Crón. 31: 13; Neh. 11: 11). En 2 Macabeos 3: 4 aparece un benjamita como "administrador del 166 Templo" (BJ). Lucas menciona repetidas veces a los "jefes de la guardia del templo" (Luc. 22: 52; Hech. 5: 24, 26), y Josefo también se refiere a ese magistrado (Guerra ii. 17. 2; Antigüedades xx. 9. 3). Es evidente que el funcionario mencionado por Josefo es el mismo del cual habla Lucas, y podría ser el mismo que se menciona en el AT y en 2 Macabeos. En los escritos judíos posteriores aparecen varios funcionarios que podrían corresponder con este "jefe de la guardia del templo". Uno de ellos era el 'ish har habbáyith, o "magistrado del monte del templo" (Mishnah Middoth 1.2). Este no era uno de los soldados, sino supervisor de la guardia de sacerdotes y levitas que cuidaban el templo, sobre todo por la noche. Como inspector hacía sus rondas nocturnas visitando todas las puertas y despertando a los guardias que dormían. Parece haber tenido que ver especialmente con el atrio exterior, lugar donde Pedro acababa de pronunciar su discurso. Otro magistrado que con mayor probabilidad puede identificarse con el "jefe de la guardia" es el segan hakkohanim, "prefecto de los sacerdotes". Ocupaba el cargo de ayudante del sumo sacerdote, con quien cooperaba en sus funciones oficiales, y era el responsable de los servicios del templo y de mantener el orden en toda el área del templo.
Saduceos.
Ver t. V, pp. 54-55. Los saduceos no se mencionan a menudo en el relato evangélico; pero en Hech. 23: 8 se registra que enseñaban que "no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu". Cuando Jesús y sus apóstoles enseñaban la doctrina de la resurrección y de la vida futura, los saduceos se les oponían, según se registra aquí y en Mat. 22: 23-33.
Cuando hallaron a los discípulos de Jesús predicando la resurrección, los saduceos reaccionaron como lo habían hecho ante el mismo Jesús, y se convirtieron en perseguidores de la iglesia. No se registra en el NT que ningún saduceo hubiera aceptado el Evangelio. No puede decirse lo mismo de los fariseos, algunos de los cuales manifestaron ser creyentes (Hech. 15: 5; cf. cap. 23: 6).
2.
Resentidos.
"Molestos" (BJ). El verbo de donde deriva este participio es empleado para describir la reacción de Pablo cuando una mujer en Filipos lo seguía gritando (cap. 16: 18). Los dirigentes de los judíos estaban disgustados porque los discípulos enseñaban la doctrina de la resurrección -tan opuesta a los conceptos de los principales sacerdotes que eran saduceos-, y también porque predicaban sin preparación ni autorización para hacerlo, algo semejante al caso de Jesús (Juan 7: 14-15). Ha sucedido a menudo que quienes tienen autoridad eclesiástica se han opuesto al ministerio de quienes no han sido comisionados por ellos. Quienes tienen cierto poder fácilmente se imaginan que sólo ellos pueden instruir a otros en cuanto a la forma en que deben actuar en público.
De que enseñasen.
Una de las objeciones que sin duda presentaron las autoridades en contra de los apóstoles, fue que eran "hombres sin letras y del vulgo" (vers. 13), y por lo tanto no estaban capacitados para enseñar al pueblo.
Anunciasen en Jesús la resurrección.
Los apóstoles predicaban la doctrina de la resurrección "en Jesús", es decir, enseñaban que esta resurrección era una prueba irrefutable de la resurrección general de los muertos, doctrina que los saduceos rechazaban. Cf. cap. 23: 8. Pablo más tarde destacó que la resurrección de Cristo es una garantía de que todos los justos resucitarán en el día final (1 Cor. 15: 16-23; Fil. 3: 10-11).
3.
En la cárcel.
"Bajo guardia" (BJ). Con este episodio comienza la primera persecución de los apóstoles.
Tarde.
Debe recordarse que el caso de la curación del cojo había comenzado como a las 15 horas (ver com. cap. 3: 1). Después de la curación de ese hombre, Pedro había presentado su discurso, y entonces él y Juan fueron arrestados. Para entonces, ya era "tarde", sin duda como la hora duodécima, muy cerca de la puesta del sol. A los judíos les estaba prohibido dictar sentencia en una sesión nocturna, y como su día terminaba a la hora duodécima ya era demasiado tarde para llevar a cabo un procedimiento judicial (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26). Los rabinos imponían esta restricción a los juicios nocturnos por causa de Jer. 21: 12, que dice: "Casa de David, así dijo Jehová: Haced de mañana juicio". Aplicaban esto aun a las deliberaciones en cuanto a la proclamación de la fiesta de la luna nueva (Mishnah Rosh Hashanah 3. 1).
4.
Pero.
Los nuevos creyentes no se acobardaron por causa del arresto de los apóstoles.
Muchos. . . creyeron.
Creyeron en Jesús, a quien Pedro había presentado como el profeta 167 acerca del cual Moisés había escrito. Todo el que creyó se convirtió en parte de la creciente hueste de conversos que se incorporaban a la iglesia.
Varones.
Gr. an'r, "varón". Esta palabra se emplea sólo para el sexo masculino; no es la palabra genérica "hombres". Parece que sólo se contaron los varones (ver com. Mat. 14: 21).
Como cinco mil.
O "llegó a unos cinco mil" (BJ). Es probable que Lucas hubiera querido decir aquí que el número total de los discípulos alcanzó a cinco mil, y no que ese día se convirtieron cinco mil. Tres mil se habían convertido en Pentecostés, y desde ese momento diariamente se habían añadido miembros a la iglesia (cap. 2: 47).
5.
Al día siguiente.
Esta fue la primera oportunidad que tuvieron los dirigentes judíos de hacer una investigación judicial (ver com. vers. 3).
Se reunieron.
Evidentemente la reunión había sido citada, como la de Mat. 26: 3-4, para estudiar qué se podía hacer frente a la nueva crisis. Por supuesto, esta reunión incluía tanto a fariseos como a saduceos; pero éstos dominaban el sanedrín en esa época.
Los gobernantes.
Es probable que este término designe a los "sacerdotes" y al "jefe de la guardia del templo" del vers. 1.
Ancianos.
Sin duda éstos eran los que en hebreo eran designados como zeqenim, "ancianos". Representaban el elemento laico del sanedrín, en contraste con los escribas y los sacerdotes.
Escribas.
El tercer grupo que componía el sanedrín era el de los escribas, quienes eran los juristas profesionales y eran reconocidos como intérpretes de la ley (t. V, p. 57). Es comprensible que estuvieran resentidos por esta nueva enseñanza presentada por hombres que aparentemente no tenían preparación (cf. Mat. 7: 29).
6.
Anás.
Anás (llamado Ananus por Josefo), hijo de Set, fue designado como sumo sacerdote alrededor del año 6 d. C. por el gobernador romano Quirino (Cirenio), y fue depuesto alrededor del año 14 d. C. (Josefo, Antigüedades xviii. 2. 1-2). Cristo había sido llevado primeramente ante Anás (Juan 18: 13), y luego éste lo envió a Caifás, el sumo sacerdote. Esto indicaría que, aunque no era entonces el sumo sacerdote, Anás tenía una gran influencia entre los judíos. Esto es muy fácil de entender por el hecho de que Caifás era yerno de Anás. Probablemente sea imposible ahora definir exactamente cuáles eran las funciones de Anás y de Caifás. Parece que era costumbre que aquellos que una vez habían ejercido el sumo sacerdocio siguieran empleando el título después de dejar de desempeñarlo. Cuando murió Anás cinco de sus Hijos ya habían sido sumos sacerdotes (Id. xx. 9. 1); pero su vejez se vio perturbada por las atrocidades cometidas en el templo por los insurgentes durante la guerra de los años 66 a 73 d. C. (Josefo, Guerra iv. 3. 78).
Caifás.
Caifás había sido nombrado alrededor del año 18 ó 19 d. C., y fue depuesto alrededor del año 36 d. C. En los Evangelios aparece como político y hábil administrador (Juan 18: 14. Ver com. "Anás").
Juan.
Posiblemente haya sido Johanán (es decir, Juan) ben Zakkai, dirigente judío de quien se dice que estuvo en el apogeo de su influencia 40 años antes de la destrucción del templo en el año 70 d. C. Después de la guerra entre judíos y romanos, fue el fundador y el presidente del Concilio de Jamnia (t. V, p. 79); sin embargo, esta identificación no es muy segura. Otra posibilidad, sugerida por un antiguo manuscrito en el que se lee "Jonatán", es que éste era Jonatán, hijo de Anás, quien fue sumo sacerdote por un corto período después de Caifás, y nuevamente en tiempos de Félix (aproximadamente del año 52 al 60 d. C.).
Alejandro.
No hay ninguna identificación segura de este personaje.
La familia de los sumos sacerdotes.
El Talmud (Pesahim 57a) menciona a varias destacadas familias de las cuales en ese tiempo se nombraban a los sumos sacerdotes. Caifás, que ejercía entonces el sumo sacerdocio, tenía varios parientes que ocupaban puestos encumbrados (ver com. "Anás"), y es probable que varios de ellos estuvieran presentes en el juicio de Pedro y de Juan que se registra aquí. Ver com. Mat. 2: 4.
7.
En medio.
Los miembros del sanedrín se sentaban en semicírculo (Mishnah Sanhedrin 4. 3), y, al parecer, Pedro y Juan fueron colocados en el centro.
¿Con qué potestad?
Gr. en póia dunámei, "¿con qué clase de poder?" La palabra dúnamis, "fuerza", "capacidad", empleada aquí se aplica con frecuencia a los milagros de Cristo ("milagros", Mat. 11: 20; "poderes", Mar. 6: 14; "maravillas", Luc. 19: 37). Los dirigentes de los judíos aceptaban que el cojo había 168 sido curado por una maravillosa manifestación de poder. Eso era demasiado evidente para negarlo (ver com. Hech. 4: 16); pero su pregunta insinuaba una sospecha de que se trataba de un poder demoníaco, acusación similar a la que se había lanzado contra Jesús (Luc. 11: 15; Juan 8: 48).
¿En qué nombre?
"¿En qué clase de nombre?" Ver com. cap. 3: 16. Los dirigentes judíos sin duda sabían que Pedro y Juan habían sanado al cojo en el nombre de Jesús. Pero para ellos Jesús era un hombre que hacía poco había sido crucificado como criminal; por eso su pregunta es tan despreciativa.
8.
Pedro.
Pocas semanas antes, Pedro había temblado ante los siervos y los soldados en el patio de la casa del sumo sacerdote, y había negado a su Señor; pero desde entonces había recibido el Espíritu de Dios que lo había "mudado en otro hombre" (ver com. 1 Sam. 10: 6; cf. Mat. 10: 19-20). En pie delante del más alto tribunal de los judíos, habla, ciertamente en forma respetuosa, pero con firme valor. Con amargo llanto Pedro se había arrepentido de haber negado a su Señor (Luc. 22: 54- 62). Una evidencia del verdadero arrepentimiento es buscar cómo reparar el mal producido por una falta de la cual uno se ha arrepentido. Pedro había deshonrado a su Maestro y a su causa en presencia de los judíos. Ahora, en la misma ciudad, en presencia de las mismas personas que habían participado en la condenación de Jesús, Pedro dio gozoso su testimonio de la misión divina del Salvador a quien una vez había negado. Aquí demostró la validez de su posterior amonestación: "Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros" (1 Ped. 3: 15).
Gobernantes del pueblo.
Compárese este respetuoso saludo con el más familiar de Pablo: "Varones hermanos" (cap. 23: 1, 6). Sin duda Pablo conocía personalmente a varios miembros del tribunal, y por lo tanto sentía menos temor ante ellos (ver com. cap. 9: 1). Al cristiano se le ordena que respete a quienes ocupan puestos de autoridad (Mat. 22: 21; Rom. 13: 7; 1 Ped. 2: 13-17).
Ancianos de Israel.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión de la frase "de Israel". Ver com. vers. 5.
9.
Se nos interroga.
Gr. anakrínô, "examinar", que muchas veces tiene el sentido específico de hacer una interrogación judicial, como en Luc. 23: 14. En el NT sólo emplean este verbo Pablo y Lucas (Hech. 12: 19; 24: 8; 1 Cor. 2: 14-15; 4: 3-4).
Beneficio.
En el griego podría leerse "una buena obra hecha en favor de un débil", pues ninguno de los sustantivos tiene artículo. Pedro pone de relieve el "beneficio" indudable que el Señor había hecho por medio de Juan y de él; y al hacerlo, subrayaba que el juicio que ahora se le hacía a él y a Juan era irrazonable. Sus palabras podrían indicar que preveía la posibilidad de que también le hicieran otras acusaciones debido a su sermón (cap. 3: 12-26), como ocurrió en el caso de Esteban, quien fue acusado de blasfemia "contra este lugar santo [el templos] y contra la ley" (cap. 6: 13).
Este.
El uso de este pronombre podría indicar que el que había sido sanado también estaba presente en el sanedrín (vers. 14).
Sanado.
Gr. sózô, "salvar", ya fuera física o espiritualmente. Esta palabra sugiere decididamente una restauración tanto espiritual como física (Mar. 10: 52; Luc. 7: 50).
10.
A todo el pueblo.
Pedro deseaba que todos oyeran el importante testimonio que estaba a punto de dar a los dirigentes y al pueblo (cf. cap. 2: 14).
En el nombre.
Ver com. cap. 3: 16.
A quien vosotros crucificasteis.
Esta declaración presupone una decidida intrepidez. Pedro no vacila en afirmar que aunque Pilato había pronunciado la sentencia oficial, ellos -los mismos que lo estaban interrogando- habían sido los que crucificaron a su propio Rey No había tratado de evitar confesar al Nazareno como el Mesías. Pedro proclamó que Cristo había resucitado de los muertos y que seguía sanando como lo había hecho cuando estaba en la tierra.
11.
La piedra.
Este versículo es una cita no literal de Sal. 118: 22. Algunos miembros del sanedrín, a quienes Pedro se dirigía, habían oído cuando Jesús había citado estas palabras y hecho la aplicación de las mismas a los judíos escépticos (Mat. 21: 42-44). Su ceguedad les había hecho pensar entonces que podían desafiar la advertencia y exhortación de Cristo. Por su jerarquía eran edificadores de la iglesia de Israel (ver com. Hech. 7: 38), pero habían rechazado la piedra que Dios había escogido como cabeza del ángulo (Efe. 2: 20). Esta misma idea es la nota dominante en una de las epístolas de Pedro: que la iglesia está 169 construida de piedras vivas sobre el fundamento de Jesucristo como "cabeza del ángulo" (1 Ped. 2: 6-8).
12.
En ningún otro hay salvación.
Pedro afirma que la curación física del cojo es la manifestación externa del poder de Jesús para la salvación del alma, salvación que el inválido también había recibido. Debido a los resultados producidos por la orden: "Levántate y anda", los testigos oculares debían deducir que el mismo poder era capaz de traer consigo la bendición mayor de la salvación espiritual (Mat. 9: 5). La salvación de la cual Pedro estaba hablando era exactamente lo que los dirigentes decían que buscaban. La afirmación de Pedro de que Cristo es el único Salvador concordaba exactamente con lo que Jesús mismo afirmaba: que sólo en él hay salvación (Juan 3: 16; 14: 6).
No hay otro nombre.
Ver com. cap. 3: 16. Pedro había aprendido a unir a la idea del nombre toda la personalidad y el poder de quien poseía el nombre. Para los que habían conocido y aceptado a Cristo, el nombre de Jesucristo de Nazaret era la única verdadera fuente de liberación y salvación.
Podamos ser salvos.
Cristo es el único camino, y necesariamente por él debemos buscar la salvación si anhelamos ser salvos (Juan 14: 6; 17: 3). El plan de salvación ofrecido por medio de Jesucristo (1) glorifica a Dios como gobernante moral; (2) enaltece la ley de Dios como regla de gobierno; (3) da evidencia de que su origen es la revelación divina; (4) por medio de la expiación vicaria satisface las necesidades de los pecadores, quienes de otro modo están bajo la condenación de Dios. Cristo es el único mediador entre el hombre y Dios (1 Tim. 2: 5).
13.
Entonces viendo.
El verbo griego implica más que ver superficialmente; incluye contemplar y considerar.
Denuedo.
Gr. parr'sía, "valor", "valentía"; de las palabras pan, "todo" y rh'sis, "habla". Por lo tanto, "libertad de hablar", o sea "valor" o "temeridad". Esta palabra sugiere una prontitud para hablar que no se espera de uno que no se ha preparado para la enseñanza. La parr'sía había sido característica de la enseñanza del Señor, la cual se había impartido "claramente" (Mar. 8: 32). Desde ahora en adelante también sería un rasgo distintivo de la obra de los apóstoles; aquí en el caso de Pedro, y también en el de Pablo (Hech. 28: 31; 2 Cor. 7: 4). La parr'sía era una característica de Juan en la confianza que demostraba al acercarse a Dios (1 Juan 4: 17; 5: 14).
De Pedro y de Juan.
Hasta donde se registre, Juan no había hablado, pero sin duda su porte y su apariencia, y quizá sus palabras no registradas en este pasaje, revelaron evidentemente un valor similar.
Sin letras.
Gr. agrámmatos, "sin letras", es decir, sin educación, por lo menos en lo que a las letras y las tradiciones de los judíos se refería. Por otra parte, un escriba era un grammatéus, "hombre de letras". Los dirigentes de los judíos, sabiendo que Pedro y Juan no tenían la educación de los escribas, naturalmente llegarían a la conclusión de que tales ignorantes no estaban calificados para ser maestros de religión.
Del vulgo.
Gr. idiÇt's, de ídios, "propio de uno". La palabra se refiere a una persona común, a un ciudadano particular, en contraste con el que tenía un cargo oficial. Los discípulos no tenían una jerarquía conocida como maestros de religión. Carecían del puesto y de la preparación que se requerían para un cargo tal. La palabra idiÇt's tiene una historia posterior curiosa. Pasó al latín casi con la misma grafía, idiota; y luego a los idiomas occidentales modernos como un término que equivale a ignorancia e incapacidad. Lucas empleó esta palabra no para significar que Pedro Y Juan carecían de inteligencia, sino más bien que no eran figuras públicas reconocidas. Los miembros del sanedrín estaban enfurecidos porque los apóstoles intentaban hacer la obra de los maestros de religión.
Reconocían.
Pedro ya había declarado ante el sanedrín que su poder emanaba de Jesús de Nazaret. En este momento, cuando los dirigentes judíos procuraban explicarse de dónde provenía la valentía de los apóstoles para enseñar, a pesar de que les faltaba la preparación académica para hacerlo, comprendieron que el modo de hablar de Pedro era también el de Jesús. No sólo su poder para sanar, sino también su mensaje y la manera de su presentación derivaban de Cristo. Para el sanedrín tuvo que haber sido como si Jesús estuviera de nuevo vivo ante sus ojos en la persona de sus dos discípulos. Así debería ocurrir siempre con todos los que verdaderamente siguen a Cristo. Para el cristiano que habla en representación de su Maestro, el mayor poder y la más grande convicción provienen de que haya estado con Jesús en oración, en meditación y en compañerismo en 170 todas las actividades de la vida. Esta clase de comunión con el divino Señor proporciona un privilegio inestimable, un poder transformador y una seria responsabilidad para el servicio de Cristo.
14.
No podían decir nada.
"No podían replicar" (BJ). Es decir, "no tenían nada que contradecir". La evidencia era irrefutable. ,Los dirigentes judíos no podían acusarlos de engaño como lo habían intentado hacer en cuanto a la resurrección del Señor, porque la persona sanada estaba frente a ellos (vers. 16). A juzgar por lo que sigue, es probable que en esa augusta asamblea hubiera hombres que pensaban que Dios estaba obrando por medio de los apóstoles. Poco después de este acontecimiento Gamaliel sugirió esa posibilidad (cap. 5: 34-39). No es difícil que también hubiera otros que, aunque sin decir nada, temieran que también fueran "hallados luchando contra Dios" (cap. 5: 39; cf. vers. 40).
15.
Concilio.
Es decir, el sanedrín. Los dos discípulos y quizá también el que había sido cojo, fueron sacados de la sala del concilio mientras los miembros del sanedrín discutían qué debía hacerse.
16.
¿Qué haremos?
Esta pregunta no tendría por qué haberse debatido. El sanedrín funcionaba como un tribunal y, según correspondía, debería haberse pronunciado el veredicto en favor o en contra del acusado. El cojo ya no era un inválido. Lo veían sanado. Los dos hombres que habían sido los instrumentos humanos de su restauración habían estado delante de ellos, y ahora aguardaban su decisión. Los miembros del sanedrín no actuaron como Jueces, y comenzaron a debatir entre sí lo que deberían hacer frente a las claras circunstancias. Todo este proceder es muy característico de Caifás (Juan 11: 49-50).
Señal.
Gr. s'méion, "señal", y por extensión, "milagro" (ver t. V, p. 198; com. Isa. 7: 14). Las autoridades judías admitieron que se había hecho una señal innegable en medio de ellos.
Notoria a todos.
El cojo, que mendigaba a la puerta del templo, era tan ampliamente conocido, que sólo podía pensarse en dos razones para que se considerara que los apóstoles eran dignos de castigo: (1) o que el milagro era una impostura, cosa que ninguno del concilio creía ni se atrevía a insinuar; o (2) que el milagro había sido hecho por alguna clase de magia o por algún otro medio ilegal (Deut. 13: 1-5). La pregunta del sanedrín, "¿Con qué potestad . . . habéis hecho vosotros esto?" podría sugerir la segunda posibilidad; pero desde el mismo comienzo Pedro (Hech. 3: 13) había atribuido el milagro al "Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob", y había insistido en que Dios, por medio de Jesucristo, había sanado al hombre; por lo tanto, no se les podía hacer ninguna acusación.
No lo podemos negar.
La construcción de esta oración sugiere no sólo el deseo de negar el milagro, sino también que admitían que en tales circunstancias carecían de poder para hacerlo. Veían la evidencia, pero se negaban a examinarla imparcialmente y a aceptar al Cristo que había manifestado el poder. Este tipo de rechazo es peor que no conocer nunca la verdad.
17.
Para que no se divulgue.
Los dirigentes judíos temían que el relato del milagro se divulgara por toda la ciudad y sus alrededores y entonces sucediera que la gente pudiera aceptar a Jesucristo como el Mesías y el divino Hijo de Dios. Este sería el resultado lógico, y sin duda de ese modo muchos fueron conducidos a la fe en Jesús.
En este nombre.
O "acerca de este nombre" o" debido a este nombre" (ver com. cap. 3: 16). Los discípulos no debían predicar más acerca de Jesús o por su autoridad.
18.
Llamándolos.
Llamaron a Pedro y a Juan a la sala del concilio para informarles en cuanto a los resultados de la deliberación.
En ninguna manera hablasen.
Ni siquiera debían pronunciar el nombre de Jesús.
En el nombre.
Ver com. vers. 17.
19.
Pedro y Juan.
Los dos apóstoles se unieron ahora para expresar su determinación de hacer pública la vida, la muerte y la resurrección de Cristo. Es posible que el concilio hubiera amonestado a cada uno por separado para que desistieran, y cada uno confirmó su determinación de seguir adelante a pesar de la advertencia del concilio. Hay una expresión similar de firmeza de judíos fieles en 2 Macabeos 7: 30.
Juzgad.
Aquí se sugiere un principio importante. Estas palabras introducen una afirmación del derecho de conciencia para desobedecer a la autoridad humana cuando ésta se opone a la autoridad divina. La declaración enfática de los apóstoles -"Juzgad si es justo"- muestra que reclamaban este derecho como algo axiomático. Sin embargo, en 171 la práctica, muchas veces surge la dificultad de establecer si el que pretende poseer tal autoridad divina realmente la tiene. En casos como éste, cuando el problema se refiere al testimonio de los hechos, si los hombres sienten que son enviados por Dios para declarar tales hechos, que no se atrevan a modificar la verdad, ni siquiera por temor de ofender a los hombres.
Cuando haya una disputa con la autoridad civil, el que tiene convicciones religiosas debe aceptar la responsabilidad de probar que sus convicciones se basan en la autoridad divina. Si desea que su caso pueda triunfar, debe convencer a sus oyentes de que sus convicciones son correctas. Pedro y Juan sabían que tenían la autoridad del Espíritu Santo, ya demostrada por milagros y conversiones. Tenían la convicción permanente de la verdad, y la demostraban en su predicación y en sus resultados. En esa situación no podían consentir en obedecer a los hombres antes que a Dios (cap. 5: 29). Los apóstoles habían recibido de Cristo la orden de predicar. El también les daba el poder que tenían. En tal situación ninguna otra consideración podía tener validez (HAp 55-57).
Cuando un hombre tiene que elegir entre su honrada convicción acerca de la voluntad de Dios para con él y las leyes de los hombres, sólo debe seguir lo que cree que es la voluntad de Dios. Si intenta servir a dos señores no podrá satisfacer a ninguno de los dos, y venderá su alma por intentar beneficiarse personalmente. Pero si siempre reconoce que Dios tiene derecho a pedirle su completa lealtad, nadie podrá llamarlo deshonesto, y su alma estará a salvo.
Si es justo.
En vista de la evidencia irrefutable de su inocencia, los apóstoles intrépidamente desafiaron a los dirigentes judíos a que reconocieran los hechos. Que el sanedrín dejara en libertad a Pedro y a Juan sin castigarlos, es un reconocimiento tácito de que no eran culpables.
20.
No podemos dejar de decir.
En el griego dice: "no podemos nosotros", lo que da énfasis al pronombre. Como apóstoles de Jesús, Pedro y Juan habían recibido la misión especial de dar testimonio de él (Mat. 28: 19-20; Hech. 1: 8).
Hemos visto y oído.
El testimonio de los apóstoles se basaba en sus experiencias personales, las cuales habían disfrutado con Jesús. Muchos años después, tanto Pedro como Juan destacaron en sus epístolas la importancia de haber sido testigos oculares de las verdades que enseñaban (2 Ped. 1: 16-18; 1 Juan 1: 1-3). La experiencia íntima de la presencia de Cristo en la vida del cristiano constituye una de las evidencias más convincentes de la realidad práctica de la verdad cristiana.
21.
Les amenazaron.
El sanedrín no se atrevió a hacer más que esto, porque todos sabían que el cojo había sido sanado y que no podía hacerse a los apóstoles ninguna acusación que mereciera castigo. En vista de que el cojo sanado era conocido por todos, no podían negar que el relato del milagro fuera cierto. Y, además, como era una buena obra, confirmada sin lugar a dudas, no podía aplicarse un castigo. Tampoco podían justificar el castigo de los apóstoles por haber afirmado que habían sanado al cojo en el nombre de Jesús.
Castigarles.
Es indudable que algunos de los dirigentes judíos se inclinaban a favorecer a los apóstoles (ver com. vers. 14), sin embargo, en general había un sentimiento de chasco porque no habían sido capaces de encontrar algún pretexto para aplicar un castigo sin enfurecer a la gente. En este caso la conveniencia parece haber sido un factor importante, tanto en el razonamiento de los dirigentes como en su decisión (cf. Juan 11: 49-50).
Glorificaban a Dios.
Una descripción de la manera como reaccionó la gente ante el milagro. En su discurso en el templo Pedro había presentado claramente cuál era la fuente del poder por medio del cual el hombre había sido sanado (cap. 3: 12-16).
22.
Tenía más de cuarenta años.
Al comparar este pasaje con el cap. 3: 2, se ve que el hombre había estado cojo durante todos esos años. Una incapacidad tan larga hizo que el milagro fuera aun más notable. Lucas señala repetidas veces la duración de una enfermedad o de una dolencia física que fue curada en forma milagrosa (Luc. 8: 42-43; 13: 11; Hech. 9: 33; 14: 8). Sería exagerado decir que todas estas alusiones puedan atribuirse a que Lucas era médico (Col. 4: 14) -aunque en algunos casos sí podría ser cierto-, pues esto mismo hicieron otros autores ajenos a la medicina al relatar curaciones milagrosas (Mar. 5: 25; 9: 21; Juan 5: 5; 9: 1). Es probable que los autores del NT presentaran esta información mayormente porque ayudaba a mostrar la magnitud del milagro realizado. 172
23.
Los suyos.
Gr. hoi ídioi, "los suyos". Los autores judíos al escribir en griego empleaban esta expresión para referirse a compañeros de armas y a compatriotas. Pablo la usó para referirse a parientes (1 Tim. 5: 8; cf. Hech. 24: 23), uso que también aparece en los papiros. Juan la usa para referirse a los discípulos de Jesús (Juan 13: 1). "Los suyos" sin duda se refiere en este pasaje a los otros creyentes. Parece que no tenían un lugar fijo donde reunirse. En el día de Pentecostés probablemente se juntaron en el aposento alto (Hech. 1: 13; 2: 1). A medida que la iglesia crecía, se reunían diariamente en el templo, y también en sus casas (cap. 2: 46; 12: 12). Por lo tanto, es fácil que Pedro y Juan hallaran reunidos a los otros apóstoles y a los creyentes.
Contaron todo.
El informe se presentó para gloria de Dios y no de los apóstoles que relataron el episodio (cf. cap. 15: 3-4).
Los principales sacerdotes y los ancianos.
Ver com. vers. 1.
24.
Alzaron unánimes la voz.
Al escuchar el informe de los apóstoles, los cristianos reunidos elevaron sus voces en alabanza y adoración al Dios que tan maravillosamente había intervenido. Las palabras que siguen sugieren que hubo un canto de alabanza diferente al lenguaje común. Es probable que fuera un himno, y puede que haya sido recitado o cantado por Pedro mientras los otros decían "amén", o pueden haberlo repetido después de él, frase tras frase. Pero es dudoso que la comunidad cristiana ya hubiera compuesto y aprendido de memoria un himno tal como parte de su liturgia. Este pasaje, basado en Exo. 20: 11 y Sal. 146: 6, se destaca por ser la primera manifestación que se registra del culto público en la historia cristiana.
Soberano Señor.
Gr. despót's, "amo", "señor", en contraste con un siervo. Esta palabra se emplea en el NT seis veces para referirse al Señor (ver com. Luc. 2: 29). Es interesante notar que aparece dos de estas veces en los escritos 'de Pedro y de Juan (2 Ped. 2: 1; Apoc. 6: 10), los discípulos que sin duda dirigieron este acto de adoración y culto.
Dios.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la palabra "Dios", y el uso de sólo el pronombre "tú". Sin embargo, tal omisión no cambia el hecho de que Dios es el creador y que esto es base eterna para la alabanza y la obediencia de sus criaturas (Isa. 44: 23-27; Heb. 1: 1-5).
El cielo y la tierra, el mar.
Como ocurre con muchos salmos, esta atribución a Dios de la alabanza comienza con la exposición de la gloria del Altísimo como Creador.
25.
Por boca.
Los manuscritos más antiguos de este pasaje presentan una construcción griega confusa y al parecer errónea. En los manuscritos posteriores se aprecian variantes que dan la impresión de ser intentos de los copistas por enmendar el texto. El MS más antiguo que tenemos (Sinaítico, siglo IV) puede traducirse de la siguiente forma: "Tú hablaste por boca del Espíritu Santo, por medio de nuestro padre David, tu siervo".
Se amotinan las gentes.
La cita de los vers. 25-26 es de Sal. 2: 1-2, que sin duda se había aplicado en primer lugar a alguna revuelta contra un rey de Israel. Durante el reinado de David se mencionan conflictos con los sirios, los moabitas, los amonitas y otros que en vano intentaron rebelarse (2 Sam. 8). Aquí se presenta el salmo como un paralelo con la lucha de los dirigentes judíos contra el Señor de la iglesia. Una antigua aplicación judía del Sal. 2: 1, probablemente proveniente del siglo II d. C., interpreta que las "gentes" eran Gog y Magog, que de acuerdo con el pensamiento judío se opondrían al Mesías cuando viniera (Talmud, Abodah Zarah 3b). Si tal aplicación de este versículo era conocida en los tiempos de los apóstoles -cosa que bien pudo haber sido -, es fácil entender que los apóstoles aplicaran Sal. 2: 1 con toda propiedad a los que ya se oponían al Mesías.
26.
Los reyes.
En este caso, los romanos (ver com. vers. 27).
Cristo.
Gr. jristós, "ungido". La LXX emplea esta palabra para traducir el Heb. mashíaj, "ungido", que se aplicaba en el AT a reyes (Sal. 18: 50; Isa. 45: 1), sacerdotes (Lev. 4: 3), y sobre todo al Salvador que habría de venir. La palabra mashíaj se translitera "Mesías". Los que seguían a Jesús reconocían que era el Salvador esperado, y por lo tanto lo llamaban jristós, "Cristo". Este pasaje es una cita de la LXX, por esto es probable que la palabra jristós deba traducirse con el sentido que le da el AT: "ungido".
Dentro de su aplicación primaria, la palabra mashíaj de Sal. 2: 2 sin duda se refiere al rey de Israel; pero el hecho de que también pudiera emplearse para referirse al Mesías, hacía que este pasaje moviera a los apóstoles a aplicárselo a Cristo. Que lo empleaban así en forma consciente se ve por Hech. 4: 27, 173 donde hablan de Cristo como el que había sido ungido.
27.
Hijo.
Gr. páis, palabra que puede significar "hijo", "niño" o "siervo" (ver com. cap. 3: 13). Se usa también en el vers. 25 para referirse a David; la RVR la traduce "siervo". Quizá sea mejor traducirla aquí también como "Siervo" se entiende así, recuerda al siervo de Jehová de Isa. 52: 13.
Herodes.
Los dos gobernantes ante los cuales Jesús fue juzgado, Herodes el rey, y Pilato el gobernador, aparecen como ejemplos destacados de los "reyes" y "príncipes" del vers. 26 (Sal. 2: 2). Con referencia a Herodes Antipas, ver t. V, pp. 65-66. Es interesante señalar que Lucas, autor de este relato, es también el único evangelista que registra el papel de Herodes en el juicio de Jesús (Luc. 23: 7-15).
Poncio Pilato.
Con referencia a este gobernador romano, ver t. V, pp. 67-68.
Gentiles.
Sin duda se trata de los romanos que compartieron con los judíos la culpabilidad por el crimen de la crucifixión.
El pueblo de Israel.
La secuencia de Herodes, Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel, completa el paralelismo con la secuencia anterior de gentes, pueblos, reyes y príncipes (vers. 25-26). Este es un paralelismo invertido, forma característica de la poesía hebrea (ver t. III, pp. 25-29).
28.
Para hacer.
Los apóstoles habían citado del Sal. 2, y lo habían aplicado a la crucifixión de Cristo. Aquí reconocen que los judíos y los romanos, aun en su pecado contra el Hijo de Dios, habían ayudado a cumplir el propósito que Dios tenía para Cristo en su obra de salvación. En el gobierno de este mundo y en la salvación de las almas se manifiesta la obra de la voluntad divina. Esto no excluye el libre albedrío del hombre. La historia, sobre todo la historia sagrada, testifica que la voluntad de cada persona es libre, y que cada uno permanece o cae según la parte que haya desempeñado en el desarrollo del plan de la redención. Ver com. Dan. 4: 17.
El que se entrega a Dios se esfuerza por cumplir la divina voluntad; pero el que no se rinde a él, descubre que está obrando contra Dios, quien, a pesar de la desobediencia del hombre, cumple su voluntad divina y final. Los rebeldes, los impíos y los desobedientes ayudan a Dios: "Ciertamente la ira del hombre te alabará" (Sal. 76: 10).
29.
Señor, mira.
El contexto muestra que la plegaria de la iglesia está dirigida a Dios el Padre. Los apóstoles no se desanimaron frente a las amenazas de los dirigentes judíos, sino que se acercaron al Dios que podía ayudarlos en cualquier peligro al que tuvieran que hacer frente. Las amenazas de los judíos estaban dirigidas después de todo contra Dios (ver com. cap. 9: 4-5).
Siervos.
Gr. dóulos, "esclavo".
Denuedo.
Gr. parr'sía, "valor" (ver com. vers. 13). Los apóstoles habían demostrado "denuedo" al hablar ante el sanedrín (vers. 13), y ahora en su oración, como si demostraran que reconocían su debilidad natural, piden que se les aumente este don del valor (cf. Luc. 21: 15). Comprendían que ahora lo necesitaban más que nunca para sí mismos y también para toda la iglesia.
Hablen tu palabra.
No basta que el cristiano viva piadosamente como un testimonio del poder de Cristo; la doctrina de la salvación en Jesucristo también debe ser proclamada (Rom. 10: 13-17).
30.
Extiendes tu mano.
Era Dios quien hacia las maravillas de las cuales este milagro era un ejemplo. Nicodemo, que era miembro del sanedrín, había dicho que nadie podía hacer tales obras si Dios no estaba con él (Juan 3: 2).
Señales y prodigios.
Con referencia a estas palabras, ver t. V, p. 198; com. Hech. 2: 19; 4: 16; 2 Cor. 12: 12.
Mediante el nombre.
Ver com. cap. 3: 16.
Hijo.
Mejor "siervo". Ver com. cap. 3: 13; 4: 27.
31.
Hubieron orado.
La iglesia oraba constantemente (cap. 1: 14, 24; 2: 42; 6: 4).
El lugar. . . tembló.
En vista de otras notables manifestaciones de la poderosa presencia del Espíritu de Dios, puede deducirse que este sacudimiento no se debió a un terremoto, sino a un acontecimiento sobrenatural. Fue la renovación del prodigio del día de Pentecostés, pero al parecer no se vieron las lenguas de fuego. De este modo los cristianos comprendieron inmediatamente que estaba entre ellos el Dios de toda la naturaleza, al cual se habían dirigido (vers. 24). Dios vio su necesidad, y les respondió inmediatamente como señal de que había oído sus plegarias.
Todos fueron llenos. Ver com. cap. 2: 4. Como había ocurrido en el día de Pentecostés, los discípulos otra vez fueron llenos del poder del Espíritu. Recibieron la seguridad de que podían hablar con valor las palabras 174 que se les había ordenado proclamar. El hecho de que los discípulos hubieran recibido el Espíritu en Pentecostés no quería decir que no pudieran recibir una nueva unción en momentos futuros de necesidad especial. En verdad, el primer derramamiento del Espíritu los había preparado para recibir nuevos derramamientos. Lo mismo ocurre con el cristiano. La vida que comienza en el Espíritu, como lo indica el bautismo, depende de la comunión constante y de una provisión de gracia continuamente renovada.
Hablaban con denuedo.
Llenos de valor por medio del poder del Espíritu, por el cual habían orado, desde allí en adelante los apóstoles proclamaron el Evangelio en todas las ocasiones y en todos los lugares donde hallaban la oportunidad de hacerlo, sin hacer caso de cualquier tipo de amenazas que se les hiciera.
32.
Un corazón y un alma.
El Códice de Beza (siglo VI) añade: "y no había entre ellos diferencia alguna". Como ocurre con otros grupos de palabras análogas, el sentido de "corazón" y "alma" se superponen, y deberían entenderse aquí como la totalidad del carácter sin hacer distinciones sutiles. En el pensamiento hebreo, ser "de un corazón" indicaba completo acuerdo (Jer. 32: 39; cf. 1 Crón. 12: 38). Y no fueron nada más Pedro, Juan y los otros apóstoles quienes participaron en este común acuerdo, sino además toda la multitud de creyentes.
Ninguno decía.
Cada uno sentía que sus posesiones pertenecían a Dios, y que las debía entregar cuando le fueran pedidas. Esto sólo podía provenir del profundo amor mutuo, predicho por Cristo como una identificación de sus verdaderos discípulos (Juan 13: 35). Los idealistas que se han esforzado por describir teóricamente una sociedad perfecta, como lo hizo Platón en su obra La República o Tomás Moro en su Utopía, han propuesto como condición de su sociedad perfecta una comunidad de bienestar similar a la que se practicaba en la iglesia primitiva. Para alcanzar el éxito, tal sociedad exige la perfección de sus componentes. La esperanza de los creyentes de que su Señor pronto volvería, junto con su unidad de pensamiento y sentimiento, sin duda los hacía estar dispuestos a desprenderse de sus posesiones materiales. Sin embargo, como en el caso de Ananías (Hech. 5: 4), no estaban obligados a hacerlo.
Todas las cosas en común.
Esta declaración corresponde con un pasaje paralelo (cap. 2: 44). En realidad, los vers. 32-35 de este capítulo repiten en términos generales lo que apareció antes (cap. 2: 43-45). Es probable que Lucas haya repetido esta afirmación para preparar el camino para el relato de la liberalidad de Bernabé (vers. 36-37) y del egoísmo de Ananías (cap. 5: 1-11). A Lucas le agrada detenerse en la descripción de la comunidad de bienes como una expresión ideal de la igualdad y fraternidad manifestadas en la iglesia primitiva. Movidos por la ley del amor, los miembros de la comunidad cristiana renunciaban voluntaria y espontáneamente a sus derechos de propiedad personal. Su generosidad era genuina, completa, sin esperanza de recompensa material. No se consideraban poseedores para beneficio propio, sino mayordomos para el bien de otros.
33.
Con gran poder.
El testimonio de los apóstoles fue presentado no con su propia fuerza sino con un poder que nunca podrían haber producido dentro de sí mismos. El que les daba energía era el Espíritu divino.
Daban.
Gr. apodídÇmi, "entregar [lo que se debe]". Los apóstoles seguían dando el testimonio que ya habían dado en Pentecostés y en el templo. Sentían una motivación íntima de dar testimonio. Habían visto las maravillosas obras de Jesús; lo habían visto morir; habían visto lo que no habían creído que pudiera ocurrir: que el Señor resucitara de entre los muertos. Este milagro supremo constituía el punto culminante de la predicación evangélica. Los apóstoles podían relatar ese hecho como testigos oculares del Señor resucitado, y lo narraron "con gran poder".
Gracia.
Gr. járis (ver com. Rom. 3: 24), que puede entenderse aquí como "favor" (como en Luc. 2: 52), y así indica que el favor del pueblo hacia los cristianos aún continuaba. Sin embargo, como el contexto destaca el don espiritual del poder que habían recibido, probablemente sea mejor dar a járis su sentido más específico de "gracia divina", como en Luc. 2: 40.
34.
Necesitado.
El griego parece unir este versículo con el anterior por medio de la conjunción gar, "porque", que la RVR traduce "así que". Gar sugiere que había una estrecha relación entre la liberalidad de los cristianos y la gracia de la cual disfrutaban (ver com. vers. 33). 175
Poseían heredades.
Algunos de los nuevos cristianos tenían abundantes recursos. Lo genuino de su amor fraternal se manifestó en su abnegación por el bienestar de sus hermanos menos afortunados.
Las vendían, y traían.
La construcción verbal sugiere que esto se repitió varias veces a medida que los creyentes se iban deshaciendo, uno tras otro, de sus posesiones para el bien común de la iglesia. Los motivos que los movían eran el amor y el impulso a la dadivosidad. Aunque Locas no lo menciona, también existe la posibilidad de que los cristianos estuvieran impresionados con las advertencias de su Señor de que vendrían guerras y dificultades (Mat. 24: 5-12), y por lo tanto que las posesiones terrenas son inestables. Las tierras y las propiedades en Palestina seguramente perdieron su valor cuando sobrevinieron las dificultades que el Señor había profetizado. Jeremías había demostrado su fe en la futura restauración de su pueblo a Palestina, mediante su compra de un terreno en Anatot (Jer. 32: 6-15); pero los cristianos mediante una acción opuesta -la venta de sus propiedades- mostraron su fe en la seguridad del mensaje del cual eran testigos.
35.
Lo ponían a los pies.
Poner el valor de la venta a los pies de los discípulos era un acto significativo, pues mostraba que daban a los apóstoles el pleno manejo del dinero. En Sal. 8: 6 se emplea en forma similar esta expresión. Cicerón usa la misma figura al hablar de dones que se colocan "a los pies del pretor" (Pro Flacco xxvii. 68). Parece que estas palabras reflejan la costumbre de que cuando se hacían regalos u ofrendas a un rey, un sacerdote, o un maestro, no se las colocaba en sus manos, sino a sus pies.
A cada uno según su necesidad.
Mejor "según cualquiera tuviera necesidad". Sin duda muchos de los cristianos no estaban necesitados, y se mantenían sin ayuda. Los ayudados eran los que no podían ganarse la vida por estar enfermos o quizá por haber perdido su empleo por haber cambiado su fe religiosa (cf. Juan 9: 22: los que aceptaron a Cristo fueron amenazados con excomunión), las viudas y los recién llegados que aún no se habían establecido en la ciudad. También pueden haber estado entre los que recibían ayuda porque, según lo creían los apóstoles, eran merecedores de apoyo material por su actividad espiritual en la propagación de la fe, aunque Lucas no lo menciona específicamente. Aquí se ve un ministerio prudente y bien organizado para satisfacer las necesidades materiales, ministerio que siempre ha sido para bien de la iglesia dondequiera que así se lo ha desempeñado (1 Tim. 5: 5-16, 21).
36.
Bernabé.
Esta es la primera vez que se menciona a Bernabé, quien más tarde viajaría con el apóstol Pablo en su primer viaje misionero. Lucas interpreta el nombre Bernabé como huiós parakl'seÇs, "hijo de consolación" o "hijo de exhortación". Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a las palabras hebreas o arameas representadas por esta traducción. Quizá fuera un bar nebu'ah, "hijo de profecía". En todo caso, su apellido parece indicar que Bernabé se caracterizaba por su don de exhortación (cf. cap. 11: 23). No se sabe cuándo se convirtió al cristianismo. Como era levita pudo haber participado en el servicio del templo y haber oído al Señor o a los apóstoles cuando predicaban allí. Era pariente de Juan Marcos (Col. 4: 10), quien vivía en Jerusalén (Hech. 12: 12). Una tradición consignada por Clemente de Alejandría (Stromata ii. 20) afirma que Bernabé fue uno de los setenta enviados por Jesús (Luc. 10: 1; ver com. Hech. 9: 27).
Existe una epístola que lleva el nombre de Bernabé que, según lo creían Clemente de Alejandría y Orígenes -autores cristianos del siglo III-, había sido escrita por este apóstol. Sin embargo, el contenido de la epístola muestra que no es así. La epístola consiste mayormente en interpretaciones antijudías y alegóricas de los relatos del AT. La epístola se opone a la observancia del séptimo día, sábado, y está en favor de la observancia del "octavo día", domingo. Es probable que fuera escrita por un desconocido a mediados del siglo II d. C.
Chipre.
Esta isla está situada en el extremo oriental del mar Mediterráneo. Allí se radicaron judíos por lo menos desde los tiempos de los Macabeos (1 Macabeos 15: 23). Los maestros cristianos huyeron de Jerusalén a Chipre durante la persecución en que fue muerto Esteban (Hech. 11: 19). Pablo y Bernabé visitaron la isla de Chipre en su primer viaje misionero, probablemente por pedido de Bernabé.
37.
Una heredad.
Mejor "un campo" (BJ). Según la dispensación hebrea, los levitas no tenían propiedad privada sino que vivían en ciudades y en propiedades comunes, y se sostenían 176 tenían con los diezmos que entregaba la gente (Núm. 18: 20-2 l). Pero el caso de Jeremías (Jer. 32: 7-12) indica que no había nada que impidiera que un sacerdote o levita adquiriera tierra por medio de una compra o de una herencia. Además, Bernabé pudo haber adquirido su propiedad al casarse. No se informa en dónde estaba situado el campo que Bernabé vendió. María, tía de Bernabé, también tenía una propiedad, y aunque no vendió su casa, la puso a disposición de la comunidad cristiana (Hech. 12: 12).
Parece que Bernabé tuvo que trabajar más tarde para ganarse la vida, como también lo hizo Pablo (1 Cor. 9: 6). Es posible que Bernabé hubiera sido escogido como ejemplo de la liberalidad dentro de la iglesia cristiana primitiva, porque tenía algo de extraordinario el tipo de su dádiva o la naturaleza del sacrificio que hizo.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE.
1-37 HAp 49-59; SR 250-253
1-2 HAp 49
1-3 SR 250
3 HAp 50
3-6 PE 193
5-6 HAp 51
5-7 SR 250
7 HAp 52
8 SR 251
10-12 HAp 52; PE 193; SR 251
11 HAp 52
12 CC 17; CM 50; CS 80; DMJ 125; DTG 147, 747; HAp 475; MC 134; PP 61, 459; PVGM 208
13 CC 75; CM 366, 391; DMJ 28; DTG 215, 321; Ed 90; Ev 502; FE 242, 456, 514; HAp 37, 52, 169, 462; 1JT 595; 2JT 102,190; MC 410; MJ 126; PE 193; PVGM 100; 2T 343; 4T 378; 5T 225; 6T 70, 421; 8T 174, 191l; 9T 146
13-16 SR 252
16 PE 194
18-20 ECFP 80; 2JT 320
18-21 SR 253
19 HAp 56-57
19-20 HAp 54; 3JT 46; PE 194
21 HAp 54
22 HAp 47
24-30 HAp 55
29-31 PE 24
31 HAp 59
31-32 CS 429; EC 101
32 Ed 90; Ev 506; HAp 37, 58; MB 285
32-33 3JT 210-211; PVGM 120-121
32-34 DMJ 116; DTG 505
33 HAp 40, 55; MeM 62; TM 64
34-35 HAp 58
36 HAp 135


CAPÍTULO 5
1 Ananías y Safira mueren por haber mentido al Espíritu Santo. 12 Los apóstoles hacen muchas señales y prodigiosos, 14 y aumenta en gran cantidad el número de los convertidos. 17 Los apóstoles son de nuevo encarcelados, 19 pero son liberados por un ángel, quien les ordena que prediquen públicamente a todos. 21 Los apóstoles predican en el templo 29 y delante del concilio. 33 Los sacerdotes, enfurecidos, intentan matarlos, pero son librados por el consejo de Gamaliel, un respetable maestro de los judíos. 40 Los apóstoles son azotados, pero glorifican a Dios y no cesan ni un solo día de predicar y enseñar.
1 PERO cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una heredad,
2 y sustrajo del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles.
3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?
4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 177
6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.
7 Pasado un lapso como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que había acontecido.
8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendiste en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto.
9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti.
10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.
11 Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
12 Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.
13 De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.
14 Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres;
15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos.
16 Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.
17 Entonces levantándose el sumo sacerdote y todos los que estaban con él, esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos;
18 y echaron mano a los apóstoles y los pusieron en la cárcel pública.
19 Mas un ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel y sacándolos, dijo:
20 Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida.
21 Habiendo oído esto, entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con él, y convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos.
22 Pero cuando llegaron los alguaciles, no los hallaron en la cárcel; entonces volvieron y dieron aviso,
23 diciendo: Por cierto, la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando abrimos, a nadie hallamos dentro.
24 Cuando oyeron estas palabras el sumo sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello.
25 Pero viniendo uno, les dio esta noticia: He aquí, los varones que pusisteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo.
26 Entonces fue el jefe de la guardia con los alguaciles, y los trajo sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo.
27 Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote les preguntó,
28 diciendo: ¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre.
29 Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.
30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero.
31 A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.
32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.
33 Ellos, oyendo esto, se enfurecían y querían matarlos.
34 Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles,
35 y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer respecto a estos hombres.
36 Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien. A éste se unió un número como de cuatrocientos hombres; pero él fue muerto, y todos los que le obedecían fueron dispersados y reducidos a nada.
37 Después de éste, se levantó Judas el galileo, en los días del censo, y llevó en pos de sí a mucho pueblo. Pereció también él, y todos 178 los que le obedecían fueron dispersados.
38 Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá;
39 mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios.
40 Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimidaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad.
41 Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
42 Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo.


1.
Pero.
Hay un agudo contraste entre la bondadosa generosidad de Bernabé (cap. 4: 36-37) y la avaricia de Ananías y Safira (cap. 5: 1-11).
Cierto hombre.
Sólo un narrador veraz relataría la historia de Ananías y de Safira a esta altura del relato. Así como hubo un Judas entre los doce discípulos, así también en la naciente iglesia, pura y activa, hubo dos que prefirieron la mezquindad a la generosidad, y la hipocresía a la honestidad. Pero a pesar de todo se presenta el relato tranquila e imparcialmente, y el lector aprende y se conmueve por la narración de los hechos tales como sucedieron.
Ananías.
Significa "Jehová es benigno". Era un nombre común. También se llamaba así el que ayudó a Saulo de Tarso cuando éste se convirtió (cap. 9: 10-17), y un sumo sacerdote (cap. 23: 2; 24: 1). Es el mismo nombre que aparece en Jer. 28: 1 ("Hananías") y Dan. 1: 6-7.
Safíra.
Es probable que este nombre derive del arameo shappira', "hermosa", aunque algunos sugieren que sería del griego sápfeiros, "zafiro" o "lapislázuli".
Heredad.
Ver com. cap. 2: 45. Sin duda se trataba de un terreno (cap. 5: 3).
2.
Sustrajo.
Gr. nosfizomai, "guardar para uno mismo". En Tito 2: 10 se traduce "defraudando". En la LXX se emplea en Jos. 7: 1 el mismo verbo para describir el pecado de Acán ("cometieron una prevaricación", RVR). El hecho de que Ananías retuviera parte del precio de la propiedad no era en sí mismo un pecado, pues en realidad no estaba obligado a dar nada. Había dicho que daría, pero no le era imperioso dar una cantidad específica. El dinero le pertenecía, y podía darlo todo o sólo una parte; pero presentó la parte como si fuera el todo. Este fue el engaño. Su acción fue una mentira.
La forma sincera como Lucas narra la abnegación de Bernabé probablemente refleje la aprobación de la iglesia. Ananías posiblemente también pensó que podía conseguir esa misma aprobación, pero haciendo un menor sacrificio. El deseo de agradar a otros no fue suficientemente fuerte para alcanzar una victoria total sobre la avaricia; pero la codicia sí fue más que suficiente para triunfar sobre la honradez. El impulso a vender provenía del Espíritu de Dios; por lo tanto era malo el impulso de retener parte del precio. Este acto fue un intento de servir al mismo tiempo a Dios y a Mamón. Este pecado fue en cierto sentido similar al de Giezi (ver com. 2 Rey. 5: 20-27); pero teniendo en cuenta los milagros de Pentecostés y el extraordinario progreso de la iglesia bajo la conducción del Espíritu, fue más repulsivo y recibió un castigo más severo.
Su mujer.
Evidentemente Safira se prestó para ser cómplice del plan. Su falta fue premeditada.
3.
Pedro.
Aquí el portavoz de la iglesia.
¿Por qué . . . ?
Si Ananías lo hubiera deseado, podría haber resistido la tentación. Si así lo hubiera hecho, el tentador se habría apartado de él (Sant. 4: 7).
Llenó Satanás tu corazón.
Pedro señaló el origen del mal. Su conocimiento de lo que habían hecho Ananías y Safira le venía del don de discernir (1 Cor. 2: 14; 12: 10). Pero en triste contraste con este discernimiento, Ananías había abierto su corazón a Satanás hasta que su mente se llenó de codicia y de engaño.
Espíritu Santo.
El Espíritu había sido dado para guiar a los creyentes a toda verdad (Juan 16: 13), pero Ananías estaba en verdad intentando engañar al Espíritu de verdad (ver com. Juan 14: 17, 26; 16: 13).
4.
Reteniéndola.
Nadie había obligado a Ananías a vender la propiedad. Sólo se esperaba 179 que honradamente entregara el producto de lo que había prometido. Lo que Pedro dijo indica que la iglesia no obligaba a nadie a contribuir para el fondo común, pero si una persona prometía dar, debía entregar lo que había prometido. Ananías estuvo siempre libre de hacer lo que mejor le parecía. Es posible que la parte que retuvo no fuera grande, y podría haberse guardado mucho más si lo hubiera hecho en forma honrada. Pero este intento de obtener fama de ser generoso sin hacer realmente un sacrificio lo hizo culpable de sacrilegio.
Pusiste esto.
En el texto griego dice "pusiste esta acción". Esto implica un plan premeditado de Ananías. No se trataba de haber cedido a una tentación repentina, sino de haber acariciado un plan que nunca fue correcto, y que resultó en un mal acto. Satanás había entrado en su corazón con este plan, y Ananías nunca lo rechazó.
Mentido . . . a Dios.
No significa que Ananías no hubiera mentido a los hombres, sino que su pecado en primer lugar consistía en que había tratado de engañar a Dios. En última instancia, todo pecado es contra Dios, aunque también afecta mucho a los hombres. David reconoció esto cuando dijo: "Contra ti, contra ti solo he pecado" (Sal. 51: 4). Ananías o no tuvo en cuenta a Dios, o pensó que podía engañarlo así como esperaba engañar a sus hermanos en la fe. Sea como fuere, estaba pecando contra Dios, y con justicia Pedro destaca esto.
El empleo de la palabra "Dios" aclara la enseñanza bíblica referente al Espíritu Santo. En Hech. 5: 3 se dice que el pecado de Ananías fue mentir "al Espíritu Santo"; aquí se dice que mintió "a Dios". Esta relación sugiere la unidad que existe entre el Espíritu y el Padre, y sirve para advertir al cristiano en cuanto a la pecaminosidad de una santidad fingida (ver com. Mat. 12: 31).
5.
Expiró.
Gr. ekpsújÇ, "expirar", "morir", que aparece también en la literatura médica griega. La muerte de Ananías no fue una simple coincidencia. Hubo una estrecha relación entre el reproche de Pedro contra el pecado y la muerte del pecador. Cualquier duda que pudiera haber en cuanto a esto desaparece al considerar la muerte de Safira (vers. 7-10), la cual fue predicha por Pedro después de poner en claro el engaño. Compárese esto con el castigo de Nadab y Abiú (Lev. 10: 2) y de Acán (Jos. 7: 20-26); ver com. 2 Crón. 22: 8. Cf. Mat. 27: 50.
Este fue un castigo terrible, pero no debemos asombrarnos. Ananías y Safira eran miembros de la naciente iglesia. Se habían acercado a Dios. Indudablemente habían gustado de algunos de los dones celestiales de la salvación. Quizá habían recibido algunos de los dones del Espíritu; pero, siguiendo a un espíritu falso, habían cometido un acto sacrílego. Si no recibían un castigo visible y notorio en esos primeros días de la iglesia, tales actos de engaño podrían haber socavado la obra de los apóstoles. Dios intervino en este caso para salvar a su iglesia de mayores males y peligros. Este episodio encierra una lección para nosotros: si una persona asiste a un servicio religioso y canta con fervor,
"Mi espíritu, alma y cuerpo,mi ser, mi vida entera, cual viva, santa ofrenda te entrego a ti, mi Dios",

cuando en realidad no ha entregado todo, comete el pecado de Ananías y Safira.
Gran temor.
Lucas muchas veces asocia los milagros con el temor que sintieron quienes lo contemplaban (Luc. 1: 12, 65; 5: 26; 7: 16; 8: 37; Hech. 2: 43; 19: 17); pero aquí es evidente que hay más que el temor reverente que se presenta en Hech. 2: 43. En un grupo grande bien podría haber otras personas deshonradas quienes pudieron haber sentido cierto terror Debe haberse apoderado de los demás una mayor reverencia hacia el Dios que podía destacar de este modo la justicia divina. El temor fue inmediato. Se extendió entre los creyentes antes de que Safira se enterara de la muerte de su esposo. Este tipo de temor debería ser saludable para cualquiera que no sea completamente sincero en su vida cristiana.
6.
Los jóvenes.
Con más precisión, "los más jóvenes".
Lo envolvieron.
Quizá en el manto que llevaba puesto en ese momento. Era costumbre envolver el cuerpo en una mortaja y enterrarlo de inmediato fuera de los muros de la ciudad. Para los judíos el contacto con un cadáver causaba la contaminación ceremonial (ver com. Núm. 19: 11). Esto, más el deseo de evitar costosos métodos de embalsamamiento, requería un entierro inmediato.
Lo sepultaron.
Como puede verse por los relatos del entierro de Lázaro (ver com. Juan 11: 38) y de Jesús (ver com. Mat. 27: 60), los 180 muertos eran colocados en cuevas o tumbas cuya entrada se cerraba con grandes piedras. Se habrá necesitado, pues, poco tiempo para enterrar a Ananías. Con referencia a los aspectos de los ritos funerarios judíos, ver com. Hech. 8: 2.
7.
Lapso como de tres horas.
Es posible que este lapso fue el que transcurrió hasta la siguiente hora de oración. Hubo suficiente tiempo para retirar el cuerpo de Ananías, pero Safira aún no se había enterado.
Entró.
Entró donde estaban Pedro y el resto de la congregación que acababan de ser testigos de la muerte y entierro de su esposo.
8.
Le dijo.
Pedro no hizo esta pregunta para entrampar a un cómplice, sino para darle a Safira la oportunidad de manifestar arrepentimiento. Posiblemente ella hubiera podido impedir el pecado de su esposo, pero no lo había hecho. Ahora se le presentaba la oportunidad de confesar su pecado y dejar limpia su conciencia. No había aprovechado bien la oportunidad anterior; ahora fracasó de nuevo.
Dime.
La pregunta directa de Pedro podría haber advertido a Safira que su engaño ya era conocido; sin embargo, siguió afirmando la mentira que había convenido con su esposo, y contestó sin vacilar: "Sí, en tanto". Quizá Pedro le dijo la suma que Ananías había entregado.
9.
Convinisteis.
La falta era especialmente detestable porque implicaba un engaño premeditado.
Tentar al Espíritu.
Es decir "poner a prueba" (BJ) al Espíritu para saber si realmente podía discernir los secretos del corazón humano. Es probable que se emplee la expresión "Espíritu del Señor" con el sentido que se le da en el AT: "Espíritu de Jehová" (cf. 2 Rey 2: 16; Isa. 61: 1; etc.). La frase "Espíritu del Señor" aparece sólo aquí en el NT y en 2 Cor. 3: 17.
Te sacarán a ti.
Pedro no habla como juez sino como profeta. El Espíritu Santo ya los había condenado. En este caso se predice el castigo venidero, y su anuncio apenas precedió a su ejecución. El don de discernir le mostró a Pedro que los jóvenes, cuyas pisadas oía cuando regresaban de enterrar a Ananías, muy pronto tendrían que hacer otra tarea similar
10.
Al instante.
Su muerte fue tan inmediata como la de su marido.
La hallaron muerta.
Esto ocurrió en cumplimiento de la profecía de Pedro.
La sepultaron.
En otras ocasiones se prodigaban cuidados especiales a los muertos (cf. Luc. 23: 55-56); pero en esta doble tragedia no hubo ninguna ceremonia fúnebre.
11.
Gran temor.
Ver com. vers. 5.
La iglesia.
Esta es la primera vez que se usa la palabra "iglesia" en el libro de Hechos, con excepción de su dudosa inclusión en el cap. 2: 47. Su utilización sugiere que ya hay cierto desarrollo en la organización. Ver com. Mat. 18: 17. La sorpresivo muerte de Ananías y de Safira daba un nuevo significado a dicha sociedad y a sus dirigentes.
Todos los que oyeron.
Estos estaban fuera de la iglesia, pero oyeron del poder que actuaba entre sus miembros.
12.
Por la mano.
Es posible que esta sea una forma hebrea de expresar el instrumento que ejecuta la acción (cf. Exo. 35: 29; Lev. 8: 36; etc.). Pero en el NT las manos de Jesús muchas veces aparecen como el instrumento de sus milagros (Mar. 6: 2, 5; Luc. 4: 40; etc.). La promesa para los seguidores de Cristo fue: "Sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán" (Mar. 16: 18). Por lo tanto, esta expresión puede tomarse en forma literal, aunque en Hech. 5: 15 se muestra que la gente creía que también podían hacerse curaciones sin que los apóstoles usaran las manos.
Señales y prodigios.
Ver com. Mar. 16: 17-18; Juan 14: 12; Hech. 2: 22. La iglesia primitiva surgió dentro de un ambiente de milagros, así como había transcurrido el ministerio de Cristo. La tragedia de Ananías y Safira fue seguida por milagros de curación y de bendición.
Unánimes.
Ver com. cap. 1: 14; 4: 24. A Lucas le agrada destacar la unidad de los discípulos. Como menciona "el pórtico de Salomón", es posible que esta descripción se refiera a las reuniones dirigidas por los apóstoles a las horas acostumbradas de la oración, alrededor de las 9 de la mañana y las 3 de la tarde.
El pórtico de Salomón.
Ver com. Juan 10: 23 y Hech. 3: 2, 11. Este pórtico parece que era un lugar de reunión preferido por los maestros para congregarse con sus oyentes; sin embargo, no hay ninguna prueba de que los cristianos hubieran ocupado este pórtico como un lugar acostumbrado para su culto exclusivo (cf. cap. 3: 11).
13.
De los demás.
Nótese el contraste entre 181 estas personas y los que según el vers. 12 sí eran creyentes. Los comentadores han sugerido diversas explicaciones para este pasaje. El aparente contraste entre "el pueblo" -última parte del versículo- y "los demás", podría sugerir que éstos pertenecían a la clase alta, a los dirigentes.
Ninguno se atrevía.
El temor de compartir la suerte de Ananías y de Safira apartó a los que no estaban dispuestos a seguir de todo corazón a Jesucristo.
A juntarse.
Gr. kolláÇ "apegarse", "unirse". Cf. com. cap. 9: 26.
Mas.
Se destaca la reacción favorable del "pueblo".
Los alababa grandemente.
Mejor "el pueblo hablaba de ellos [los apóstoles] con elogio" (BJ).
14.
Aumentaban más.
Mejor "Cada vez en mayor número se adherían al Señor" (BJ). Las conversiones se sucedían casi diariamente.
Hombres . . . mujeres.
El hecho de que se mencione específicamente a las mujeres sugiere que muchas de ellas entraban en la iglesia. En cuanto a la importancia que se da a las mujeres en los relatos de Lucas, ver com. Luc. 8: 2. Lucas también menciona mujeres que sufrieron durante la persecución que se desató después de la muerte de Esteban (Hech. 8: 3).
15.
Tanto que.
Este pensamiento sigue a lo que se expresa en la primera parte del vers. 12, después de varias oraciones que son una especie de paréntesis.
Sacaban los enfermos.
Cf. Mar. 1: 32-34. No bastaba que los discípulos sanaran en lugares públicos y en las casas. Los parientes de los enfermos los sacaban a la calle para que pudieran ser atendidos con mayor rapidez. La maravillosa obra de curación se llevaba a cabo en la manera más pública posible. Las noticias de las extraordinarias labores de los apóstoles y de sus hermanos en la fe, llegaron no sólo a toda la ciudad de Jerusalén sino también a las aldeas vecinas (Hech. 5: 16), y fue grande la cosecha de almas.
Su sombra.
Aquí sólo se menciona a Pedro, y es posible que él hubiera hecho la mayor parte de las curaciones. Sin embargo, en el vers. 12 se dice claramente que todos los apóstoles participaban en la realización de milagros. Los que eran sanados tenían fe, pero no en Pedro ni en sus compañeros, sino en Dios, a quien los apóstoles representaban.
16.
A Jerusalén.
Mejor "También acudía la multitud de las ciudades vecinas a Jerusalén" (BJ). La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto de la BJ. No era que necesariamente los traían a Jerusalén, sino que la gente venía de las ciudades vecinas a Jerusalén. Es posible que este versículo describa lo ocurrido durante un período relativamente largo, durante el cual los apóstoles bien podrían haber visitado muchas "de las ciudades vecinas" a Jerusalén.
Atormentados.
El verbo griego que se traduce "atormentados" en el NT sólo se encuentra aquí y en Luc. 6: 18, pero aparece con frecuencia en las obras de los autores médicos griegos. Es una palabra que evidentemente bien podría encontrarse en los escritos del médico Lucas.
Espíritus inmundos.
Ver com. Mat. 12: 43-44. Cristo dio a sus discípulos poder para expulsar esos espíritus inmundos (Mat. 10: 1). Los setenta ya habían ejercido ese poder (Luc. 10: 17), y los doce, sin duda, habían hecho milagros parecidos. Pero ahora, con el poder pleno del Espíritu Santo, estaban haciendo las obras "mayores" que Jesús había prometido (Juan 14: 12; Mar. 16: 17).
Todos eran sanados.
Cf. Mat. 8: 16; 12: 15; DTG 208, donde se describen resultados similares del ministerio médico de Cristo. Cuán extraordinario debe haber sido ver familias, y quizá hasta comunidades enteras, libres de enfermedades. La fama de la iglesia y de sus dirigentes se extendió por todas partes.
17.
Entonces.
Mejor "pero". Se presenta el contraste entre las multitudes que acudían a los discípulos en busca de curación y el sumo sacerdote que se preparaba para perseguir a los discípulos por segunda vez.
Sumo sacerdote.
Anás (ver com. cap. 4: 6).
Todos los que estaban con él.
Quizá sea esta una expresión más abarcante que la que se emplea en el cap. 4: 6: "Todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes" (ver com. sobre "la familia de los sumos sacerdotes"). La oposición había tenido tiempo para fortalecerse.
Secta.
Gr. háiresis, "elección", "opinión elegida"; por extensión, "partido" o "facción". De esta palabra deriva "herejía", palabra que originalmente no tenía el sentido peyorativo que las autoridades eclesiásticas le dieron después. En otros pasajes (cap. 15: 5 y 26: 5) le emplea háiresis, "secta", para referirse al 182 grupo de los fariseos, sin que se note un tono despectivo; sin embargo, cuando se usa para identificar a los nazarenos (cristianos) en cap. 24: 5 y 28: 22, bien podría tener una connotación despectiva.
Los saduceos.
Ver com. cap. 4: 1.
Celos.
Gr. z'los, "celos", "envidia".Hubo un intenso brote de hondos sentimientos partidistas. Había preocupación por lo que pudieran hacer los seguidores del Nazareno, y tanto los fariseos como los saduceos podían estar dominados por esa emoción. Había resentimiento en ambos grupos porque los apóstoles iletrados se atrevían a enseñar a la gente; pero los saduceos estaban especialmente contrariados porque los apóstoles enseñaban que había una vida futura, creencia que ellos rechazaban. El hecho de que los fariseos concordaran con los apóstoles en esta doctrina, desagradaba a los saduceos (ver t. V, pp. 53-55).
18.
Echaron mano.
Las autoridades saduceas estaban sumamente indignadas y los apóstoles -quizá todos- fueron apresados. Esto aclara que aunque Lucas sólo ha mencionado los discursos de Pedro y ha hecho alguna referencia a las actividades de Juan, el resto de los apóstoles también había estado trabajando públicamente.
En la cárcel pública.
La frase griega puede también entenderse: "públicamente, en la cárcel"; sin embargo, la traducción de la RVR es la más acertada. El uso rabínico posterior apoya la traducción de la RVR.
19.
Mas.
Se destaca aquí un contraste con el vers. 18. Las autoridades encarcelaron a los apóstoles; pero el ángel los libertó. Parece como si fuera una protesta divina contra el proceder de los saduceos, que enseñaban que no había "ni ángel, ni espíritu" (cap. 23: 8).
Ángel.
Lucas evidentemente registra lo que considera algo sobrenatural. Los que no aceptan esa posición, y sin embargo desean conservar la historicidad del relato, se ven obligados a sugerir que el "ángel" era algún discípulo valiente y celoso, y que los apóstoles, en la oscuridad de la noche y emocionados por su liberación, erróneamente atribuyeron su rescate a la intervención de un ángel. Sin embargo, es imposible explicar adecuadamente las palabras de Lucas si es que no se aceptan como la narración de un hecho milagroso. La ayuda de Gamaliel en un momento posterior y casi inmediato, se registra en forma clara y manifiesta (vers. 34-39); pero la liberación se describe aquí como evidentemente sobrenatural. Aunque los apóstoles fueron arrestados de nuevo unas pocas horas después (vers. 26), Dios había demostrado su poder. Los apóstoles habían sido reconfortados por la intervención celestial en su favor, y los saduceos habían recibido la oportunidad de darse cuenta que estaban luchando contra poderes sobrenaturales. Indudablemente los ángeles son "espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. 1: 14).
De noche.
Mejor "durante la noche".
Abriendo . . . las puertas.
Para los ángeles de Dios las puertas, aun las más herméticamente cerradas de una cárcel, no constituyen problema alguno. Los apóstoles fueron sacados delante de los mismos ojos de sus guardianes, ya fuera rodeados de profunda oscuridad o porque los ojos de los guardias estuvieran cerrados (cf. cap. 12: 6-7). Las puertas fueron cerradas y sin duda trancadas de nuevo, dejando todo como había estado antes de que llegara el ángel del Señor (cf. cap. 5: 23).
Sacándolos.
Cf. cap. 12: 10.
20.
Puestos en pie.
Se les ordenó que debían presentarse públicamente y con toda decisión, porque el templo era el lugar más público. Allí habían sido arrestados (cap. 3: 1, 11; 4: 1-3).
Las palabras de esta vida.
El adjetivo "esta" es significativo. Se refiere a la vida que los apóstoles estaban proclamando: la vida de Cristo. Esa vida comienza en este mundo y continuará por la eternidad (cf. Juan 17: 3). Esta enseñanza era especialmente inaceptable para los saduceos porque no creían en la vida futura. Ver t. V, p. 54.
21.
Habiendo oído esto.
Nótese la obediencia inmediata de los apóstoles.
De mañana.
Mejor "al amanecer" (BJ). La Mishnah indica que los sacrificios comenzaban a ofrecerse en el templo en cuanto el cielo comenzaba a clarear por la mañana (Talmud, Yoma 3.1; Tamid 3.2).
Enseñaban.
Esto era precisamente lo que los saduceos habían prohibido en el concilio que hicieran los apóstoles (cap. 4: 17-18). Esos orgullosos dirigentes estaban llenos de ira porque unos galileos indoctos y sin autorización estuvieran enseñando; que enseñaran que había resurrección y que dieran testimonio de que Jesucristo después de ser crucificado 183 se había levantado de entre los muertos. Pero los apóstoles obedecían órdenes divinas. La iglesia tiene una misión que cumplir: presentar el Evangelio del Señor Jesucristo a un mundo enfermo de pecado. Esta tarea nunca debe descuidarse.
Vinieron.
El sumo sacerdote y los ancianos llegaron a la sala de sesión del concilio para decidir qué debía hacerse con los apóstoles encarcelados. El concilio aún no había recibido la noticia de su misteriosa liberación.
Los que estaban.
Ver com. vers. 17.
Concilio.
Es decir, el sanedrín (ver t. V, p. 68). El caso que tenían delante de ellos evidentemente era considerado tan importante, que no ahorraron esfuerzos para reunir a tantos miembros como fuera posible. La presencia de Gamaliel indica que fueron convocados a esta reunión no sólo los saduceos sino también los fariseos y otros más (cf. vers. 34).
Los ancianos.
Gr. gerousía, "consejo de los ancianos", palabra que se aplicó al consejo de los ancianos de Esparta. Esta palabra también designa al sanedrín de Jerusalén (t. V. p. 68). Aquí se refiere a un grupo oficial de ancianos, calificados por su edad y su experiencia para aconsejar en ocasiones especiales. Es posible que fuera una asamblea equivalente a "los ancianos" (cap. 22: 5).
Cárcel.
Gr. desmÇt'rion, "lugar donde se guardan los presos". Aunque es una palabra diferente de la que se emplea en el vers. 18, puede referirse al mismo lugar.
22.
Los alguaciles.
Gr. hup'rét's, el que sirve a un superior, "siervo", "ayudante". Aquí y en Luc. 4: 20 se refiere a funcionarios que estaban a las órdenes del sanedrín.
No los hallaron.
No había ninguna evidencia visible de su fuga de la prisión (ver com. vers. 19, 23).
23.
Hemos hallado cerrada.
Si el ángel abrió las puertas, las cerró de nuevo después de libertar a los apóstoles. Los que vigilaban las puertas parece que no se habían dado cuenta de la fuga de los presos. Compárese con la liberación de Pedro (cap. 12: 6-10); pero nótese el contraste con la agitación que rodeó el episodio de Pablo y Silas en Filipos (cap. 16: 25-30).
24.
Estas palabras.
O sea el informe de los alguaciles.
El sumo sacerdote.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
El jefe de la guardia.
Ver com. Luc. 22: 4; Hech. 4: 1.
Los principales sacerdotes.
Gr. "los sumos sacerdotes". Probablemente fueran los principales de los 24 grupos de sacerdotes. No deben confundirse con el sumo sacerdote.
Dudaban.
Mejor "se preguntaban perplejos" (BJ). No sabían qué hacer ni cómo entender lo que había ocurrido. Los esfuerzos represivos de los dirigentes judíos habían fracasado; un milagro había liberado a sus víctimas, y progresaba la difusión del cristianismo.
25.
Viniendo uno.
Ya era tarde. El sanedrín había sido convocado y se había reunido, pero aún no sabían dónde estaban los apóstoles. Mientras tanto la noticia acerca de las actividades de éstos se había difundido por todas partes, y llegó al sanedrín.
Que pusisteis en la cárcel.
Esto fue como una burla para los dirigentes judíos. Habían encarcelado a los apóstoles, pero ahora estaban en el templo haciendo exactamente lo que se les había prohibido que hicieran en cualquier lugar.
Están en el templo.
En el griego dice, "están en el templo en pie y enseñando". Los apóstoles siguieron estrictamente las instrucciones del ángel (vers. 20). Actuaban como hombres que sabían cuál era la obra que debían hacer, obra que sólo había sido brevemente interrumpida, pero que debían reanudar tan pronto como les fuera posible. A los saduceos les irritaba mucho que enseñaran al pueblo. Si los apóstoles sólo se hubieran conformado con rendir culto, guardándose para sí su nueva fe, podrían haberse librado de molestias; pero habían recibido una comisión, y se sentían impulsados a llevarla a cabo. Debían propagar su fe. El sufrir persecución por compartir el tesoro de la fe es mucho mejor que sufrir una mala conciencia por haberla escondido "debajo de un almud" (Mat. 5: 15).
26.
El jefe de la guardia con los alguaciles.
Ver com. cap. 4: 1; 5: 22.
Sin violencia.
Los apóstoles dieron ejemplo de sumisión, no opusieron resistencia, aunque sin duda el sentimiento popular estaba en su favor y fácilmente podría haberse levantado un tumulto popular. Sus recientes milagros y su conducta intachable les habían ayudado a ganar amigos para la nueva fe. Su actitud de no oponer resistencia fue una imitación del ejemplo de su Maestro. Cuando comparecieron pacíficamente ante el sanedrín 184 tuvieron una excelente oportunidad de proclamar el Evangelio a sus miembros, quienes de otro modo quizá nunca hubieran oído el mensaje de salvación.
Temían ser apedreados por el pueblo.
Cf. com. Mat. 21: 26, 46. Hay muchas pruebas de la estimación que tenía el pueblo por los creyentes en ese momento. Aparentemente la gente estaba tan dispuesta a apedrear a los alguaciles como lo estaban los sacerdotes para apedrear a los apóstoles.
27.
El sumo sacerdote les preguntó.
Hasta donde lo señala el relato de Lucas, el sanedrín evitó discutir el tema de la liberación de los apóstoles: o no creyeron que hubo una intervención sobrenatural, o se negaron a hacer referencia a la misma. Su actitud no sorprende, pues ya se habían negado a creer en un milagro mayor: en la resurrección de Aquel a quien habían crucificado.
28.
¿No os mandamos estrictamente?
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto como aparece en la RVR. Sin embargo, en varios MSS se lee como en la BJ: "Os prohibimos severamente". La frase griega "con mandato os mandamos" parece ser la reproducción de la construcción hebrea enfática con el infinitivo absoluto, lo cual podría sugerir que Lucas está traduciendo algo que originalmente fue dicho en arameo. La orden de no predicar había sido dada sólo a Pedro y a Juan (cap. 4: 18), pero los doce ya la conocían. Los apóstoles habían declarado que no obedecerían esa orden, y habían seguido predicando con valor (cap. 4: 19-20, 31). Estaban obedeciendo a su Señor, a la Autoridad Suprema (Mat. 28: 19-20; Hech. 1: 8).
Que no enseñaseis en ese nombre.
Cf. com. cap. 3: 16; 4: 17. Este era el gran delito de los apóstoles. Los judíos habían ordenado que ni siquiera se mencionase ese nombre, el nombre de Aquel a quien ellos sabían que habían crucificado, y que ahora se proclamaba que estaba vivo, y cuyos seguidores estaban haciendo prodigios que no podían ser negados. Este nombre, y la actividad que se centraba en él, eran el objeto del ataque de los saduceos.
Habéis llenado a Jerusalén.
Este es un testimonio inconsciente de los enemigos de los apóstoles de que éstos habían trabajado fielmente y con éxito para cumplir la primera parte de la orden de Cristo (cf. cap. 1: 8): proclamar primero el Evangelio en Jerusalén.
Doctrina.
Mejor "enseñanza"; la misma palabra se traduce también "doctrina" en Mat. 7: 28. Sin embargo, esa "enseñanza" rápidamente estaba adquiriendo las características y el significado de una "doctrina", con su sentido moderno, como se ve en 1 Tim. 4: 16.
Queréis.
Esto no era cierto. Pedro quería la salvación de ellos y no su condenación.
La sangre de ese hombre.
Evitaron mencionar el nombre de Jesús. Esto pudo haber ocurrido porque despreciaban al Galileo crucificado, o porque se sentían culpables debido a su participación en su muerte, o por el temor que tenían, pues sabían cuán poderoso era ese nombre. En ocasiones anteriores, y sin vacilación, Pedro los había acusado de crucificar a este Jesús (cap. 2: 36; 3: 13-15; 4: 10), haciendo vano el desprecio de ellos y razonable su temor. Si lo que sostenían hubiera sido justo, estos Jueces sacerdotales habrían pronunciado sentencias; pero se encontraban en la situación de ser unos culpables que aguardaban una acusación. En sus oídos debe haber sonado el terrible clamor de la multitud ante Pilato: "Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos" (Mat. 27: 25). Ellos mismos habían hecho que "la sangre de ese hombre" cayera ahora sobre ellos,
29.
Pedro y los apóstoles.
Este orden no significa que Pedro fuera superior a los apóstoles ni que estuviera excluido del grupo. Había sido sin duda el más activo en todo lo que había acontecido hasta entonces, y es natural que su nombre y su personalidad descuellen en este relato.
Es necesario obedecer a Dios.
Es imprescindible (cf. cap. 1: 16) que así lo hagamos. Esta es una afirmación aun más contundente que otra que Pedro y Juan habían hecho anteriormente (cap. 4: 19), con un mayor énfasis en el hecho de que no podían escoger otra cosa sino obedecer a Dios, no importa cuáles pudieran ser las consecuencias. Habían recibido la orden de Jesús en la gran comisión y la exhortación a ser testigos de él (cap. 1: 8), y más tarde, el mandato explícito del ángel (cap. 5: 20). Jesús había establecido el principio de que se debía obedecer a César y a Dios. Se debía obedecer a César en lo que se refiere a las leyes de derecho común, y a Dios en lo que a él le corresponde (Mat. 22: 21). Pero el cristiano no puede servir a dos señores (Mat. 6: 24; Luc. 16: 13). Como hay sólo 185 un Señor a quien se debe rendir por sobre todo la lealtad máxima, ese Señor debe ser Dios. Pedro presenta con toda claridad este principio básico. Los dirigentes del sanedrín no se habían dignado mencionar el nombre de Jesús, por lo tanto Pedro tampoco enuncia los nombres de los dirigentes en la declaración de este principio. Sencillamente dice "hombres"; hombres de autoridad como aquellos delante de los cuales se hallaba. Considera a los miembros del sanedrín como hombres que una vez fueron instrumentos de Dios, pero que ahora han perdido de vista su deber para con Dios.
En la dieta de Worms, Lutero declaró: "Si no se me convence con testimonios bíblicos, o con razones evidentes, y si no se me persuade con los mismos textos que yo he citado, y si no sujetan mi conciencia a la Palabra de Dios, yo no puedo ni quiero retractarme de nada, por no ser digno de un cristiano hablar contra su conciencia. Heme aquí; no me es dable hacer de otro modo. ¡Que Dios me ayude! ¡Amén!" (CS 170-171). Estas valientes palabras ilustran un principio noble, y revelan una noble experiencia. ¡Ojalá que los cristianos pudieran imitarla!
30.
El Dios de nuestros padres.
Los apóstoles no se apartaron de Israel. Estaban sirviendo al mismo Dios al cual los miembros del sanedrín afirmaban que servían (cf. cap. 3: 13 ( CB ) ).
Levantó.
Hay dos posibles interpretaciones de esta palabra: o puede referirse al don de Dios -Cristo encarnado (cf. cap. 3: 22)-, o al acto de Dios al resucitar a Cristo de entre los muertos (cf. cap. 10: 40; 13: 37). Ambas interpretaciones son aceptables.
Vosotros matasteis.
En griego el pronombre es enfático, y señala el contraste con lo que el Señor había hecho. Esta expresión insinúa que la culpabilidad de los judíos por la crucifixión era tan grande como si ellos mismos hubieran matado a Jesús.
Colgándole.
Mejor "habiéndole colgado". Se describe la forma romana de crucifixión, y no la judía. Esta misma expresión aparece en la LXX en Deut. 21: 23 donde se emplea con un sentido más amplio, para incluir castigos tales como el ahorcamiento y el empalamiento. Los judíos colgaban sólo a los que ya estaban muertos (Deut. 21: 22-23; Jos. 10: 26). El "madero" es evidentemente la cruz, pero el griego emplea la palabra que se traduce "árbol" (ver com. Hech. 16: 24), la cual puede referirse a algo hecho de madera. Pedro usa la frase "colgado de un madero" en Hech. 10: 39 y alude a lo mismo en 1 Ped. 2: 24: "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero". En Gál. 3: 13 se hace referencia a la maldición de Deut. 21: 23, que recaía sobre el que era colgado de un madero (cruz o árbol).
Pero el pecador que busca a su Señor sabe que no se puede echar la culpa de la muerte de Jesús sobre judíos o romanos, porque comprende que son sus propios pecados los que mataron a su Señor. Cristo, que no conocía pecado, se hizo pecado por nosotros, para que por medio de una transacción infinitamente bondadosa pudiéramos recibir la justicia de Dios por medio de él (2 Cor. 5: 21).
31.
Ha exaltado.
Gr. hupsóÇ, literalmente "levantar" (Juan 3: 14; 12: 32), y en su sentido figurado "exaltar". En Hech. 2: 32-33, y nuevamente aquí, Pedro habla de que Dios resucitó a Jesús y lo exaltó; y a continuación describe esa exaltación.
Con su diestra.
O "a su diestra" (ver com. Hech. 2: 33). En la Biblia la "diestra" se emplea comúnmente para representar autoridad y poder (cf. Exo. 15: 6).
Príncipe.
Ver com. cap. 3: 15. El título de soberanía está estrechamente ligado al que promete salvación. Cristo desea gobernar a los hombres para poder ser su Salvador. No puede ser nuestro Salvador a menos que nos gobierne; y si gobierna nuestras vidas, nos salvará. Esas dos funciones del Señor son inseparables.
Salvador.
Con referencia al significado de este título, ver com. Mat. 1: 21.
Para dar a Israel arrepentimiento.
Nótese cómo concuerdan la enseñanza de los apóstoles con la de Juan el Bautista y la de Jesús (ver com. Mat. 3: 2; 4: 17). El registro de la enseñanza apostólica presenta una revelación más completa de la manera en la cual se ordenó que el perdón fuera mediante la muerte vicaria del Salvador.
Perdón de pecados.
La palabra griega que se traduce "perdón" viene de un verbo que significa "despedir", "soltar", y se refiere al acto de quitar los pecados (ver com. Hech. 2: 38). El arrepentimiento es una introducción necesaria para que haya perdón. El perdón es un regalo conjunto del Padre y del Hijo (ver com. Mar. 2: 7-11). Un Dios justo y santo no puede aceptar en su presencia a un pecador, a menos de que éste conozca por fe 186 a Jesucristo como el que lleva sus pecados (1 Ped. 2: 24) y lo acepte como Salvador personal (Rom. 3: 23-26). Por medio de la obra de Cristo como el que carga con los pecados, las transgresiones del que se arrepiente son perdonadas (ver com. Juan 1: 29), y el pecador queda justificado delante de Dios.
32.
Testigos suyos.
Algunos MSS antiguos dicen "testigos de él"; otros pocos, "testigos en él (o por él)". Pero la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto más corto: "somos testigos de estas cosas". Ver com. cap. 1: 8. "Estas cosas" son los grandes hechos de la salvación: la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús, tal como se mencionan (cap. 5: 30-31).
Y también el Espíritu Santo.
Cuando Cristo estuvo en la tierra declaró que el Espíritu Santo testificaría de él Juan 15: 26; ver com. Juan 16: 13-14). El Espíritu Santo testificó de Jesús recordando a los discípulos todo lo ocurrido (Juan 14: 26), y dándoles entendimiento en cuanto a la manera en que la vida de Cristo había cumplido las profecías; pero además el Espíritu Santo también estaba dando testimonio de Cristo mediante las facultades que habían recibido los apóstoles desde el derramamiento de Pentecostés. El Espíritu también dio un testimonio íntimo de la resurrección en el corazón de los creyentes. Ver com. Hech. 4: 33.
Ha dado Dios.
Los apóstoles entendían que el Espíritu provenía del Padre (ver com. Juan 14: 26; 15: 26; Hech. 1: 4).
A los que le obedecen.
El Espíritu es dado no sólo a los apóstoles, sino a todos los que sinceramente se dejan dirigir por Dios, y por lo tanto le obedecen. obediencia de la criatura a su Creador, prestada de todo corazón y con amor, es el fundamento y la esencia de una relación correcta con Dios. Los ángeles obedecen a Dios (Sal. 103: 20-21), pero por amor, no con un formalismo frío y legal (DMJ 90). Los hombres deben obedecer (Sal. 103: 17-18; Ecl. 12: 13), pero movidos por el amor (Juan 14: 15). La obediencia es mejor que cualquier sacrificio (1 Sam. 15: 22). Se debe obedecer a la verdad (Rom. 2: 8), a la doctrina correcta (Rom. 6: 17) y al Evangelio (2 Tes. 1: 8; 1 Ped. 4: 17). La salvación eterna, ofrecida por gracia y recibida por fe (Efe. 2: 5, 8), está a disposición de los que obedezcan y se sometan a la voluntad de Dios (Heb. 5: 9). Cf. com. Hech. 5: 29. La verdadera obediencia se manifiesta observando con amor los santos mandamientos de Dios (1 Juan 5: 3).
33.
Se enfurecían.
Gr. diapríÇ "cortar en dos", en forma figurada, "enfurecer". En el NT este verbo sólo se usa aquí y en Hech. 7: 54. La BJ traduce: "se consumían de rabia". Su furia era un elocuente testimonio del efecto de la verdad de las valientes acusaciones de los apóstoles.
Querían.
Algunos MSS griegos y la RVA dicen, "consultaban"; pero la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la palabra "querían". Ya eran responsables de la sangre de Jesús, y ahora "querían" quitar la vida a sus doce principales seguidores.
Matarlos.
Deseaban matar a los apóstoles porque habían desobedecido al sanedrín y lo acusaban de haber dado muerte a Cristo.
34.
Entonces.
Mejor "pero" (cf. com. vers. 13).
Fariseo.
Los fariseos eran un partido religioso opuesto al del sumo sacerdote, que era saduceo (vers. 17).
Gamaliel.
Heb. Gamli'el, "Dios ha recompensado". Gamaliel era nieto del famoso Hillel (t. V, p. 98), pero él también era un renombrado maestro y un destacado fariseo. La responsabilidad de Hillel parece haber caído sobre sus hombros; ejerció la dirección de su partido desde aproximadamente el año 25 hasta el 50 d. C. No hay suficiente base para afirmar que fue uno de cuatro presidentes del gran sanedrín de Jerusalén, puesto que en los años anteriores a la destrucción del templo el cargo supremo siempre era ocupado por el sumo sacerdote (vers. 27). Pero no hay duda de que fue un hombre de gran influencia y muy estimado por los judíos. Fue el primero que recibió el título de Rabban, lo que sugiere la alta estima en que le tenían sus compatriotas. La tradición judía lo destaca como el fariseo ideal, digno representante de la escuela de Hillel, que era más tolerante y menos legalista que la escuela de Shammai. Pablo tuvo el privilegio de estudiar con Gamaliel (cap. 22: 3). Es posible que pueda verse la influencia del maestro en la trayectoria de su famoso alumno. Este Gamaliel era conocido como "Gamaliel el mayor", para distinguirlo de su nieto "Gamaliel el menor", quien se destacó alrededor del año 90 d. C.
Doctor.
Es decir, maestro.
Apóstoles.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la palabra "hombres" y no 187 "apóstoles". Es probable que Gamaliel hubiera empleado esa palabra (como en el vers. 35) y no ,"apóstoles". Gamaliel quería que los apóstoles salieran de la sala donde estaban reunidos los miembros del sanedrín, mientras él y sus colegas discutían libremente lo que debía hacerse. Parece que era común deliberar en ausencia del acusado (cf. cap. 4: 15). El informe de lo ocurrido mientras los apóstoles estuvieron fuera de la sala pudo haberle llegado a Lucas mediante algún miembro del concilio, quizá por medio de Nicodemo (HAp 85-86).
35.
Varones israelitas.
Una manera familiar y simpática de dirigirse a iguales (cf. cap. 2: 22). Nótese, como contraste, la modalidad de Pedro al dirigirse al mismo grupo (cap. 4: 8).
Mirad por vosotros.
Es decir "mirad bien" (BJ) o "tened cuidado". No se trata de advertir de un peligro inminente, sino de indicar la necesidad de pensar antes de actuar. Compárese con la manera en que Jesús (Mat. 6: 1; 7: 15; 10: 17) y Pablo (1 Tim. 1: 4; 4: 13; Tito 1: 14) utilizaron este mismo recurso.
36.
Teudas.
Probablemente sea la forma abreviada de algún nombre griego del cual forma parte la palabra theós, "dios". Este nombre aparece en manuscritos griegos. Josefo relata una insurrección dirigida por un tal Teudas que afirmaba ser profeta. Ese caudillo persuadió a muchos a que lo siguieran al Jordán, cuyas aguas prometía dividir para facilitar su paso. El procurador Fado (44- 46 d. C.) rápidamente puso fin al levantamiento, capturó a su cabecilla y envió su cabeza a Jerusalén (Antigüedades xx. 5. 1).
Según Gamaliel, citado por Lucas, Teudas se levantó antes que "Judas el galileo" (vers. 37), quien se rebeló "en los días del censo", o sea en el año 6 ó 7 d. C., y el discurso de Gamaliel fue pronunciado alrededor del año 40 d. C. Por lo tanto, no es posible hacer coincidir los relatos de Josefo y de Lucas en el mismo suceso. Pocos eruditos atribuirían error a Josefo en este asunto, y tampoco hay razón válida para atribuírselo a Lucas. Lucas, citando a Gamaliel, dice que "cuatrocientos hombres" siguieron a Teudas; pero Josefo afirma específicamente que "una gran parte del pueblo" siguió a este falso profeta. Algunos han visto en esta discrepancia que ambos escritores se refieren a diferentes sucesos.
37.
Después de éste.
Es decir, después de la rebelión de Teudas.
Judas el galileo.
Josefo habla de un rebelde llamado Judas. En un pasaje (Antigüedades xviii. 1. 1) dice que era de Golán; en otros, que era de Galilea (Antigüedades xx. 5. 2; Guerra ii. 8. 1). Judas, que se rebeló contra la dominación romana, se propuso lograr la independencia de Israel, y su revolución fue de grandes proporciones. El y sus seguidores prohibieron el pago de impuestos a César. Josefo describe la insurrección como una guerra religiosa en la cual podía usarse cualquier arma. Judas y sus seguidores estaban afiliados a los fariseos y su movimiento. Su caudillo fue derrotado y muerto, pero esto dio origen a la secta o partido de los zelotes (t. V, p. 56).
Censo.
Ver com. Luc. 2: 1. Este no es el censo mencionado en Luc. 2: 2. La revolución de Judas ocurrió más tarde, alrededor del año 6 d. C. Josefo, Antigüedades xviii. 1. 1; cf. t. V, p. 232). Judas declaró que ese impuesto era el comienzo de la esclavitud, e instó a toda la nación a proclamar su libertad.
Mucho pueblo.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "pueblo". El adjetivo fue añadido posteriormente.
Pereció.
Josefo no dice cuál fue el fin de Judas y de sus seguidores, pero Gamaliel bien pudo haber sabido cómo terminaron sus días y estaba en condiciones de dar los detalles que están en este versículo.
38.
Apartaos.
El argumento de Gamaliel era perfectamente lógico. Resistir al movimiento representado por los apóstoles era innecesario o inútil. Si era innecesario, ¿para qué gastar energías en combatirlo? Si era inútil ¿para qué enfrentar dificultades para combatirlo?
Se desvanecerá.
"Se destruirá" (BJ) o "será destruido". Para dar mayor énfasis a la idea, se repite el mismo verbo en el vers. 39.
39.
De Dios.
El consejo de Gamaliel, típicamente rabínico, da lugar a la posibilidad de que la obra de los apóstoles fuera de origen divino.
Luchando contra Dios.
Gr. theomájos, "quien lucha contra Dios".
40.
Convinieron.
Los saduceos quizá habrían preferido una acción más enérgica, pero había muchos fariseos en el sanedrín y se decidió adoptar una actitud menos radical, según lo había recomendado Gamaliel.
Llamando a los apóstoles.
Los hicieron regresar a la sala del concilio.
Después de azotarlos.
Probablemente con 39 azotes (ver com. Deut. 25: 1-3; 2 Cor. 11: 24), 188 un castigo muy doloroso. Evidentemente el sanedrín juzgó que los apóstoles eran dignos de castigo, ya porque habían desobedecido la orden de Hech. 4: 18, o por causar disturbios públicos con su predicación en el templo (cap. 5: 25), o por haberse fugado de la cárcel, o por todas estas razones juntas. Parece que esta fue la primera vez que la iglesia tuvo que sufrir un castigo físico.
Que no hablasen.
La misma prohibición anterior (cap. 4: 18), más la añadidura del castigo físico para darle mayor realce.
En el nombre.
Ver com. cap. 2: 38; 3: 6, 16; 4: 12. Los dirigentes judíos estaban comenzando a temer el poder que acompañaba a ese nombre.
41.
Salieron.
No volvieron a la cárcel, sino que salieron libres.
Gozosos.
Demostraron el espíritu de la última bienaventuranza (Mat. 5: 11-12). Su reacción frente al dolor no fue la habitual, sino que se sintieron felices de sufrir, se sintieron honrados por padecer por la causa de Cristo. Este mismo espíritu animó a muchos mártires que los siguieron. Los doce estaban preparados para este trato; deben haber recordado lo que el Maestro les había advertido en Mat. 10: 17-20.
42.
En el templo.
Nótese el valor de los apóstoles. Volvieron al lugar donde habían sido arrestados en dos ocasiones (cap. 3: 11; 4: 3; 5: 26).
Por las casas.
Es probable que esta frase se refiera a la obra misionera hecha en forma privada y a las reuniones cristianas que se celebraban en los hogares.
No cesaban.
No necesitaban que nadie les animara a dar su testimonio.
Enseñar y predicar.
La construcción griega insinúa continuidad: continuamente estaban enseñando y predicando. El griego dice que enseñaban y "evangelizaban"; esta última palabra se emplea en Hech. 8: 4, 12, 25; Rom. 10: 15.
Jesucristo.
Literalmente "a Cristo Jesús". Enseñaban y predicaban que el Mesías había venido en la persona de Jesús de Nazaret. Este era constantemente el contenido del mensaje presentado por la iglesia primitiva.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE.
1-42 HAp 59-71
1-2 1JT 542; 2T 128
1-4 CS 48; HAp 59
1-11 CMC 326, 349; SR 255
3 1JT 550; 2JT 16
3-4 1JT 543
4-5, 7-11 HAp 60
8 1T 221
12 HAp 64
14 TM 65
14-18 HAp 64
16 MC 99
17-18 TM 65
17-20 2JT 320
18 ECFP 81
18-19 PE 194
19-20 HAp 66; TM 66
19-21 SR 255
20 ECFP 81; 3JT 67; TM 272
20-21 HAp 66
20-23 PE 194
20-26 TM 68
22-23 HAp 67
25-28 HAp 67; PE 195; SR 256
27-34 TM 69
28-33 DTG 626; OE 301; TM 272
29 CS 216, 651; HAd 265; 1JT 73; 3JT 49
29-32 PE 195; SR 257
29-34 HAp 67
31 CC 24; DTG 147; PVGM 91, 208; TM 16
35-39 SR 257
35-41 HAp 68
38-40 TM 69
38-42 PE 195; SR 258; TM 20
41 DTG 469; 1JT 387; 2JT 68; 5T 87 189


CAPÍTULO 6
1 Los apóstoles, deseosos de satisfacer las necesidades materiales de los pobres, pero a la vez no queriendo dejar de predicar la Palabra, 3 aconsejan a la iglesia que escoja a siete varones de buen testimonio para que sirvan como diáconos. 5 Uno de éstos es Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, 12 que presenta las Escrituras con gran poder y confunde a sus opositores; 13 pero es falsamente acusado de blasfemia contra la ley y contra el templo.
1 EN AQUELLOS días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquéllos eran desatendidas en la distribución diaria.
2 Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas.
3 Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.
4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.
5 Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía;
6 a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos.
7 Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.
8 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo.
9 Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban.
10 Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
11 Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.
12 Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio.
13 Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley;
14 pues le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Moisés.
15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.


1.
En aquellos días.
Es decir, en los días descritos en el cap. 5: 41-42. Lucas maneja con notable soltura los datos históricos. Ha mostrado el crecimiento de la iglesia bajo el poder del Espíritu Santo y la gran afluencia de nuevos creyentes. Ha mostrado cómo la administración de la iglesia, por lo menos por un tiempo, fue la de una comunidad fraternal. El cap. 6 muestra algunas de las dificultades que surgieron de ese modo de vida, pero también sirve como introducción para el caso de Esteban, episodio estrechamente relacionado con la conversión de Saulo de Tarso y sus actividades misioneras posteriores. El relato es puramente histórico. La narración del cap. 6 está muy relacionada con la del cap. 5: 14, pero no se sabe cuánto tiempo transcurrió entre los dos acontecimientos.
Creciera.
"Al multiplicarse los discípulos" (BJ). Era evidente que un gran crecimiento traería nuevos problemas. Había sido fácil atender las necesidades de la familia apostólica con lo que había en la bolsa que llevaba Judas. Fue más complicado, aunque no imposible, atender al primer grupo de creyentes en Pentecostés. Pero los miembros de la sociedad cristiana ahora habían aumentado de tal modo que el cuidado de los necesitados ocupaba todo el tiempo de los apóstoles, impidiéndoles atender deberes más importantes.
Discípulos.
Primera vez que aparece en los Hechos esta palabra para describir a los cristianos. Los discípulos de los Evangelios se 190 han convertido en apóstoles, y el término "discípulo" se emplea para referirse a los creyentes en general.
Murmuración.
No fue una queja suave, sino una protesta suficientemente fuerte como para merecer seria preocupación. El registro no culpa de nada a los apóstoles, porque no tenían la menor culpa. El rápido crecimiento de la feligresía había superado los recursos de la iglesia, y había creado un problema.
Griegos.
Gr. hell'nists, "helenista", es decir judíos que hablaban griego. En el NT se distingue cuidadosamente entre el hellínistás y e1 héll'n, persona de lengua y de raza griega (Juan 12: 20). Los helenistas eran los judíos de la diáspora odispersión (ver t. V, pp. 61-62; ver com. Juan 7: 35; Hech. 2: 8), que no sólo hablaban el griego sino que también habían absorbido, hasta cierto punto, la cultura griega. También podían ser judíos nacidos en lugares donde comúnmente se hablaba griego, y por lo tanto no sabían hebreo ni arameo, y que, en vez de participar en los servicios religiosos celebrados en hebreo en Palestina, tenían sus propias sinagogas en Jerusalén. Podrían también haber sido prosélitos que hablaban griego. De todos modos, eran conversos del judaísmo, porque hasta este momento el Evangelio no había sido predicado a los gentiles. Muchos de los conversos del día de Pentecostés deben haber pertenecido a este grupo, entre ellos Bernabé (cap. 4: 36) y otros cuyos nombres se mencionan específicamente en el relato (cap. 6: 5).
Estos judíos helenistas leían el AT en la versión griega de los LXX, versión que con mayor frecuencia se cita en el NT. Por lo general eran más fervientes que los judíos de Palestina. Con gran sacrificio venían a rendir culto en los lugares sagrados de Jerusalén, mientras que para los judíos de Palestina los recintos del templo con demasiada frecuencia eran considerados comunes (cf. cap. 21: 27-28). La tradición rabínica permitía que se pronunciara en griego la shema' o confesión hebrea de fe en Jehová (Deut. 6: 4; ver t. V, P. 59).
Hebreos.
Eran los judíos que a diferencia de los helenistas, habían nacido en Palestina, que vivían allí y hablaban arameo, llamado hebreo en el NT (cf. cap. 22: 2; ver t. I, p. 34).
Las viudas de aquéllos.
Como los judíos palestinos constituían la mayoría de los miembros en la naciente iglesia -lo cual no significa que hubiera mala voluntad hacia los helenistas-, los necesitados que había entre éstos bien podrían haber quedado desatendidos debido a diferencias de idioma y de costumbres. En las Escrituras se destaca la importancia de la atención de las viudas (ver com. Exo. 22: 22; Deut. 14: 29; Isa. 1: 17; Luc. 18: 3). Es posible que aquí haya una referencia a la atención que se debía prestar a todos los pobres y necesitados. Es evidente que la administración de la iglesia como una comunidad fraternal exigía algún tipo de supervisión organizada del fondo común que se había creado (Hech. 4: 32). Más tarde la iglesia estableció reglas para el cuidado de sus viudas (1 Tim. 5: 3-16).
Distribución.
Gr. diakonía, "servicio", que se traduce "asistencia" en la BJ, y "socorro" en Hech. 11: 29 (RVR). Esta palabra deriva de la misma raíz de diákonos, "diácono", "el que sirve". Esta ayuda se daba diariamente sin duda porque las necesidades eran apremiantes. Es probable que constantemente estuvieran llegando dádivas y quizá se las repartiera desde varios puntos de la ciudad. Esta obra debe haber quitado mucho tiempo a los apóstoles; pero no hay ningún indicio de que ellos fueran culpables de discriminación o negligencia, ni de que hubiera resentimiento contra ellos.
2.
Los doce.
Matías era evidentemente el duodécimo apóstol (ver com. cap. 1: 24-26).
Convocaron a la multitud.
Cuando los apóstoles escucharon las quejas y comprendieron su seriedad, aparentemente no trataron de disculparse; actuaron con prontitud. Pueden haber recordado el precedente establecido por Moisés (Exo. 18: 25) y, como él, resolvieron compartir su autoridad. La expresión "multitud de los discípulos" no debe hacer pensar que cada uno de los cristianos de Jerusalén y de sus alrededores fue llamado a una reunión, sino que más bien se hizo una convocación especial, a la cual asistieron todos los que pudieron y en la cual presentaron los apóstoles el problema y el plan que habían trazado para resolverlo. Muchos habían contribuido para el fondo acerca de cuya distribución se habían levantado quejas, y por lo tanto era justo que se consultara a muchos. Este método de consultar a los hermanos, usado en varias oportunidades (Hech. 1: 15, 21-22; 11: 2-18; 15: 2-20), sirvió para desbaratar los esfuerzos de Satanás por 191 lograr que hubiera disensiones (HAp 78-79).
No es justo.
Mejor "no es apropiado", "no parece bien" (BJ). Los apóstoles no debían pasar tanto tiempo atendiendo asuntos materiales y financieros.
Dejemos.
Gr. kataléipÇ- "abandonar". Este verbo es enfático y sugiere que ya los apóstoles habían dedicado mucho tiempo a atender a los necesitados.
La palabra.
Los doce reconocían que su primera responsabilidad era el ministerio de la Palabra de Dios mediante la predicación y la enseñanza.
Servir a las mesas.
Es decir, atender a las necesidades materiales de los pobres.
3.
Buscad.
Los doce colocaron sobre los creyentes la responsabilidad de escoger de entre ellos a quienes debían elegir.
Siete varones.
Era razonable que los apóstoles pensaran en el número siete. Entre los judíos se respetaba ese número. En tiempos posteriores eran siete los que estaban encargados de los asuntos públicos de las aldeas judías (Talmud, Megillah 26a). O simplemente puede haber sido porque en ese momento se necesitaban siete personas.
En el NT no se llama "diáconos" a estos siete que fueron elegidos, y cuando se los vuelve a mencionar en el cap. 21: 8 son "los siete", como si constituyeran un grupo especial. Sin embargo, con ellos se originó la función de los "diáconos" (HAp 73-74), y es claro que los diáconos descritos por Pablo cumplían con funciones análogas (1 Tim. 3: 8-13). En algunas iglesias, como en Roma, se fijó más tarde en siete el número de diáconos (Eusebio, Historia eclesiástica vi. 43. 11). El concilio de NeoCesarea (año 314 d. C.; canon 14) indicó que debía haber siete diáconos en cada lugar. Muchos comentadores piensan que los siete escogidos aquí corresponden con los "ancianos" que aparecen en Hech. 11: 30; 14: 23, y en adelante. Ver p. 27; HAp 73-74.
De buen testimonio.
Literalmente "de quien se ha dado testimonio"; "de buena fama" (BJ) entre sus hermanos (cf. 1Tim. 5: 10). La situación de la iglesia no mejoraría a menos que se asignara la tarea de distribuir equitativamente los fondos a hombres de reputación intachable. Debían ser personas honradas y eficientes, aceptables ante sus hermanos. Con referencia a la enumeración inspirada de cualidades que debían tener tanto los diáconos como los ancianos (obispos), ver 1 Tim. 3: 1-14; Tito 1: 5-11.
Llenos del Espíritu Santo.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "llenos de espíritu". Sin embargo, en el vers. 5 se dice que Esteban, uno de los siete, era lleno del Espíritu Santo. Por lo tanto, es razonable pensar que el espíritu de este versículo es el Espíritu Santo. Era importantísimo que en esta primera expansión de la organización eclesiástica, además de los apóstoles, se escogiera a personas aptas. Además de tener buena reputación se esperaba que cada uno estuviera lleno del Espíritu Santo. Es evidente que los apóstoles entendían que la obra del Espíritu incluía más que el don de profecía y de lenguas.
Sabiduría.
Los varones elegidos no sólo debían atender las necesidades espirituales de los pobres, sino manifestar prudencia, discreción, capacidad administrativa y sabiduría en su obra. Pablo incluye la sabiduría entre los dones del Espíritu (1 Cor. 12: 8). Santiago dice que es don de Dios (Sant. 1: 5) que debe ser acompañado de "buena conducta" (Sant. 3: 13). El único otro personaje del que se dice específicamente en Hechos que tuvo "sabiduría" es Esteban (Hech. 6: 10), y la palabra sólo aparece en su discurso (cap. 7: 10, 22). También se dice de Esteban que estaba "lleno de fe" (cap. 6: 5).
A quienes encarguemos.
Los apóstoles estaban dispuestos a nombrar a los que fueran escogidos por los hermanos. Esta actitud promovía la confianza mutua entre los dirigentes y los hermanos.
4.
Y nosotros.
Se señala la diferencia entre la obra de los apóstoles y la de los siete.
Persistiremos en.
La misma palabra se emplea varias veces para describir la conducta llena de piedad de los primeros cristianos (cap. 1: 14; 2: 42, 46).
La oración.
Estos hombres piadosos, en cuyo recuerdo era patente la vida de oración de Cristo, colocaban la oración en primer lugar. Sin embargo, debiera recordarse que la oración incluye el culto público de la iglesia además del culto privado.
Ministerio.
Gr. diakonía, la misma palabra que aparece en el vers. 1. Los siete debían ocuparse de la administración de los recursos materiales, mientras que los doce debían quedar libres para ocuparse del ministerio de los beneficios espirituales derivados de la Palabra de Dios. Esto lo tenían que hacer mediante la predicación y diversas formas de enseñanza. Aquí se explica claramente lo que 192 significa "dejemos la palabra de Dios" (vers. 2).
5.
Agradó.
Es evidente que no había habido ninguna intención de excluir a nadie ni de descuidar a nadie, y se produjo entonces un regocijo general porque se hizo frente al problema y se presentó una solución aceptable.
Eligieron.
Ver com. vers. 3. Los nombres de los siete que fueron escogidos son griegos, y es posible que fueran helenistas (ver com. vers. 1); sin embargo, muchos judíos tenían nombres griegos, entre ellos apóstoles como Andrés y Felipe (ver com. Mar. 3: 18). Además, no hay evidencia alguna de que los siete hubieran limitado su ministerio a los creyentes helenistas. Después de esto, sólo se tiene noticias de la obra de Esteban y de Felipe.
Esteban.
Gr. Stéfanos, "corona de victoria", se refiere generalmente a la que se hacía con hojas, a veces de laurel. Este nombre es relativamente común y aparece en inscripciones antiguas.
Según la tradición, Esteban y Felipe estuvieron entre los setenta que fueron enviados a todas las ciudades y aldeas para anunciar que el Mesías había llegado (Luc. 10: 1-11). Es posible que hubieran desempeñado su ministerio en Samaria (ver com. Luc. 10: 1), pues es probable que los judíos helenistas fueran mejor recibidos en Samaria que los judíos de Palestina. Esto podría explicar por qué se envió a Felipe como evangelista entre los samaritanos (Hech. 8: 5).
Felipe.
Gr. Fílippos, "aficionado a los caballos" (ver com. Mar. 3: 18). Uno de los doce tenía este nombre, y así también se llamaban dos de los hijos de Herodes el Grande. Fue un nombre frecuente en la casa real de Macedonia en siglos anteriores. Nada se sabe acerca de lo que había hecho Felipe antes; la tradición afirma que fue uno de los setenta (ver com. "Esteban"). Pablo lo visitó en Cesarea (Hech. 21: 8), y es probable que fuera por mucho tiempo dirigente de la iglesia en esa ciudad. El hecho de que Felipe tuviera cuatro hijas ya mayores cuando Pablo lo visitó, sugiere que ya estaba casado cuando fue nombrado como uno de los siete.
A Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas.
De estos cuatro nada se sabe, ni hay base para hacer conjeturas.
Nicolás.
Gr. Nikólaos, "vencedor del pueblo". Este fue el primer cristiano no judío cuyo nombre se registra.
Prosélito.
Sin duda Nicolás era un "prosélito de justicia", es decir uno que había aceptado plenamente el judaísmo, y como tal conocía bien la religión judía. Ver t. V, p. 64. Con referencia a la tradición de que este Nicolás fue el fundador de la secta de los nicolaítas, ver t. VI, pp. 59-60 y com. Apoc. 2: 15.
Antioquía.
Esta ciudad siria (ver mapa, p. 226) tenía estrechas relaciones con Palestina debido a sus muchos habitantes judíos.
Herodes el Grande construyó en ella una espléndida columnata a todo lo largo de la calle principal. Es de especial interés notar que Nicolás era de Antioquía, pues allí fue donde los cristianos fueron llamados por este nombre (cap. 11: 26). La ciudad más tarde se convirtió en una sede de la primera obra misionera de la iglesia (ver com. cap. 11: 19).
6.
A los cuales presentaron.
Quizá los presentaron para que fueran examinados, instruidos y, sin duda, ordenados.
Orando.
La iglesia primitiva no daba un solo paso importante sin antes orar (ver com. cap. 1: 14, 24; 2: 42).
Les impusieron las manos.
Esta es la primera vez que se menciona esta ceremonia en el NT. En el AT se la menciona en relación con el acto de bendecir (ver com. Gén. 48: 13-14), de consagrar a los sacerdotes (ver com. Núm. 8: 10), y en la dedicación de Josué al liderazgo (ver com. Núm. 27: 18, 23). Por lo tanto, los fieles judíos no desconocían el significado de este acto. Para los cristianos estaba el hecho adicional de que Jesús muchas veces sanaba poniendo las manos sobre los enfermos (Mar. 6: 5; Luc. 4: 40; 13: 13; cf. Mar. 16: 18), y del mismo modo bendijo a los niños (Mat. 19: 15). Por todo esto, los apóstoles tenían un buen precedente para pedir una bendición sobre los siete y consagrarlos mediante la imposición de manos. Siguieron haciendo esto en situaciones similares, como puede verse en Hech. 8: 17; 13: 3; 19: 6. En la iglesia apostólica, los que iban a ser ministros, eran ordenados mediante la imposición de manos (1 Tim. 4: 14; 5: 22; 2 Tim. 1: 6). Según Heb. 6: 2, la imposición de manos era un procedimiento eclesiástico acostumbrado. Esta costumbre debía significar una estrecha relación espiritual entre el Señor y el que era así consagrado (HAp 130-131).
7.
Y crecía.
Mejor "iba creciendo" (BJ), o seguía creciendo, lo cual indica un crecimiento gradual, pero continuo. Esta declaración implica más que el aumento numérico 193 que se menciona en la frase siguiente. Era la palabra de Dios lo que aumentaba. La "palabra del Señor" se refiere aquí a las enseñanzas de Cristo tal como eran expuestas por los apóstoles. Los versículos siguientes muestran que los siete estaban muy activos en la obra del Señor. La obra de los diáconos, y especialmente la de Esteban, señala una clara expansión, un evidente desarrollo de la proclamación del mensaje cristiano (cf. cap. 6: 8; 8: 5).
El número de los discípulos.
El crecimiento de la iglesia había sido extraordinario: "Se añadieron aquel día como tres mil personas" (Hech. 2: 41); "el Señor añadía cada día a la iglesia" (vers. 47); "muchos... creyeron; y el número de los varones era como cinco mil" (cap. 4: 4); "los que creían en el Señor aumentaban más, gran número" (cap. 5: 14). La cantidad de miembros de iglesia "se multiplicaba grandemente en Jerusalén".
Muchos de los sacerdotes.
Esta declaración es muy significativa. Hasta donde se sepa, ninguno de los seguidores íntimos de Cristo era sacerdote, ni tampoco se nombra a ningún sacerdote entre los primeros conversos. Era de esperarse que algunas de las claras enseñanzas de los apóstoles y de los diáconos hubieran producido la profunda enemistad de todos los sacerdotes. Muchos de éstos sin duda eran hostiles, pero el poder del Espíritu Santo atrajo a "muchos" de ellos a Cristo por medio de la predicación.
Obedecían.
El tiempo del verbo griego sugiere continuidad: las conversiones de sacerdotes seguían produciéndose. Con referencia a la necesidad de obedecer, ver com. cap. 5: 32.
Fe.
Hay opiniones divergentes en cuanto a la correcta interpretación de "obedecían a la fe". La posición literal sostiene que la "fe" se refiere al conjunto de doctrinas cristianas al cual los sacerdotes asentían y por las cuales regían sus vidas (cf. Hech. 13: 8; 14: 22; 16: 5; Gál. 1: 23). Sin embargo, muchos comentadores piensan que aquí se emplea la palabra "fe" en un sentido subjetivo, y que Lucas dice que los sacerdotes manifestaban fe en Jesús. Esto armoniza con una forma común de expresarse en el NT (cf. Hech. 24: 24; Rom. 1: 5; 16: 26; Gál. 3: 2). Una fe tal comprende la doctrina cristiana, porque ésta es la que permite que los hombres tengan una fe inteligente en Jesús. Cf. com. Rom. 1: 5.
8.
De gracia y poder.
Esta "gracia" no sólo era el atributo divino (cf. com. Juan 1: 14, 16), sino la gracia y la hermosura de espíritu con las cuales presentaba el mensaje evangélico (cf. Luc. 4: 22). El "poder" era la virtud de hacer milagros. Parece que Esteban tenía tantos dones del Espíritu como los doce.
Prodigios y señales.
Ver com. cap. 2: 19. Estos milagros demostraban el poder del cual estaba investido Esteban. No se sabe cuánto tiempo transcurrió entre la ordenación de Esteban como diácono y su martirio; pero es probable que no hubiera sido un lapso prolongado.
9.
Se levantaron.
Ver com. cap. 5: 17.
Sinagoga.
Ver. t. V, pp. 57-59. Una sinagoga podía ser establecida por diez adultos. En tiempos posteriores hubo 12 sinagogas en Tiberias, y la tradición, quizá exagerando mucho, dice que en Jerusalén había 480. Aunque esta última cifra no es digna de confianza, muestra que en la capital había gran número de sinagogas.
Libertos.
Palabra de origen latino que se usaba para referirse a los esclavos que adquirían su libertad. Se cree que estos "libertos" eran judíos que habían sido esclavos en el Imperio Romano, quizá descendientes de judíos llevados cautivos a Roma por Pompeyo en el 63 a. C., y que después fueron puestos en libertad por los romanos.
Es difícil saber exactamente si había una o más sinagogas de libertos. El griego permite entender que había una, y que sus miembros provenían de diferentes países. También permite interpretar que eran dos: una de cireneos y alejandrinos (cabe señalar que en esos lugares había grandes colonias de judíos), y otra de los de Cilicia y de Asia. Algunos interpretan que había cinco sinagogas: de libertos, de cireneos, de alejandrinos, de los de Asia y de los de Cilicia; sin embargo, es difícil sostener esta última posición.
Los descubrimientos arqueológicos muestran que antes del año 70 d. C. había en Jerusalén por lo menos una sinagoga dedicada específicamente para que se congregaran los judíos helenistas. En Jerusalén se descubrió una inscripción en griego que relata la construcción de una sinagoga hecha por un tal Teodoto, la cual era especialmente para el uso de los judíos de la dispersión. La inscripción dice:
"Teodoto, [hijo de] Veteno, sacerdote y dirigente de la sinagoga, hijo del jefe de la sinagoga, nieto de un jefe de la sinagoga, construyó 194 la sinagoga para la lectura de la ley y para la enseñanza de los mandamientos; y la cámara de visitas, y las habitaciones, y la provisión de agua, para alojar allí a los extranjeros que la necesitan, la cual [sinagoga] los padres de él y los ancianos y Simónides fundaron" (Citado en Seventh-day Adventist Bible Dictionary, bajo "Freedmen").
Aunque no puede probarse, es posible que ésta fuera la sinagoga de los libertos que se menciona en este pasaje. Sea como fuere, esta inscripción es un testimonio de la existencia de una sinagoga helenista en Jerusalén, similar a aquella con cuyos miembros Esteban entró en conflicto.
Los de Cirene.
Había gran número de judíos en Cirene, en la costa norte de Africa, entre Egipto y Cartago. Josefo (Antigüedades xiv. 7. 2) cita a Estrabón, geógrafo clásico, quien dice que en Cirene había cuatro clases de habitantes, de las cuales una era de judíos. Los judíos de Cirene se habían destacado por las generosas ofrendas que enviaron al templo de Jerusalén, y habían buscado la ayuda de César Augusto para que los protegiera de las irregularidades en los impuestos que les exigían los gobernadores de la provincia, quienes habían procurado apoderarse de sus dádivas (Id. xvi. 6. 5). Simón cireneo, quien llevó la cruz de Cristo, parece haber sido uno de esos judíos (ver com. Mat. 27: 32). Hubo judíos de Cirene que estuvieron presentes en Pentecostés (Hech. 2: 10), y en Hech. 11: 20 aparecen varones de Cirene predicando el Evangelio a los gentiles en Antioquía.
De Alejandría.
Probablemente en ninguna ciudad del imperio, excepto Jerusalén, hubiera una comunidad judía más numerosa e influyente que en Alejandría (ver t. V, p. 61). Se calcula que en ese tiempo había unos 100.000 judíos en Alejandría. Tenían su propia sección, que formaba uno de los cinco distritos en que se dividía la ciudad de Alejandría. Eran gobernados por su propio etnarca (Josefo, Antigüedades xiv 7. 2), como si hubieran formado una república autónoma. Los gobernantes romanos los reconocían como ciudadanos (Id. xiv. 10. 1). En Alejandría se había traducido el AT al griego (ver t. I, p. 43); Filón, filósofo y escritor judío, vivió allí durante el primer siglo de la era cristiana, y en Alejandría fue donde nació Apolos (cap. 18: 24).
De Cilicia.
En el extremo sudeste de Asia Menor. Una de las principales ciudades de Cilicia era Tarso, donde nació Pablo. Allí vivían muchos judíos descendientes de 2.000 familias que Antíoco el Grande había llevado a Asia Menor (Josefo, Antigüedades xii. 3. 4), para asegurarse la lealtad de la provincia y quizá para ayudar a defenderla. Por lo que se dice en otro pasaje (cap. 7: 58-60) es evidente que Saulo de Tarso estaba en Jerusalén en este tiempo, y parece que fue uno de los que disputaba con Esteban. Los irrefutables argumentos de Esteban sin duda produjeron en Saulo una intensa oposición, aunque se sugiere que inconscientemente sintió una inquietante convicción (HAp 83).
De Asia.
En los tiempos del NT Asia era la provincia romana situada en lo que ahora se conoce como Asia Menor. Comprendía las regiones que antes se llamaban Lidia y Jonia. Efeso era su ciudad principal. En Pentecostés habían estado presentes judíos de Asia (cap. 2: 9). Algunos judíos provenientes de Asia demostraron más tarde su celo por la defensa de la santidad del templo (cap. 21: 27).
Disputando.
Literalmente "buscando juntos", o sea "discutiendo" o "disputando". La disputa la iniciaron judíos de la dispersión. Eran hombres piadosos que habían venido a Jerusalén con profundo espíritu de consagración, porque cuanto más lejos están las personas del centro de su devoción tanto más celosas suelen ser. Tuvo que haber algo en la enseñanza de Esteban que los hacía pensar que estaba disminuyendo, o quizá tratando de quitarle la singular importancia espiritual del templo de Jerusalén (ver com. cap. 6: 13; 7: 1). Los que disputaban en la sinagoga deben haber estado bien preparados para discutir temas teológicos con los cristianos.
10.
No podían resistir.
En este episodio se cumplió la promesa de Cristo hecha a sus seguidores (Luc. 21: 15).
Sabiduría.
Cf. com. vers. 3. En los Evangelios se le atribuye sabiduría a Cristo (Mat. 13: 54; Luc. 2: 40, 52), y en Mat. 12: 42 se habla de "La sabiduría de Salomón". Pero Esteban fue el primer maestro de la nueva sociedad a quien se le atribuyó específicamente sabiduría. Si se tiene en cuenta la precisión con que describe Lucas, esta palabra debe tener un significado específico; sugiere que Esteban poseía una visión singularmente clara de la verdad y la capacidad para destacar verdades que antes no se percibían.
Espíritu.
En primer lugar, se hace referencia a la energía inspirada con la cual hablaba 195 Esteban. Compárese este caso con el de Juan el Bautista, quien obraba "con el espíritu y el poder de Elías" (Luc. 1: 17).
11.
Sobornaron.
Gr. hupobállÇ- literalmente "echar debajo", con el sentido de "sobornar", "instigar secretamente". Este término se usa a veces para referirse a la acción de emplear, instigar o instruir a un agente secreto.
Palabras blasfemas.
Ver com. Mat. 12: 31. La acusación es más clara en Hech. 6: 13. Esta se basaba en una distorsión de la verdad, así como había ocurrido en el caso de Jesús. Cristo fue acusado de blasfemar (ver com. Mat. 26: 65) porque se había llamado a sí mismo Hijo de Dios, "haciéndose igual a Dios" (Mat. 26: 63-64; Juan 5: 18), y, según se afirmaba, haba amenazado con "derribar el templo" (Mat. 26: 61). Cada una de estas acusaciones se basaba en declaraciones hechas por Jesús. Esteban bien pudo haber dicho lo que aparentaba dar fundamento a las acusaciones. Pudo haber enseñado que ya no había necesidad de que existiera el templo (Cf. Hech. 7: 48), así como lo había insinuado Jesús al hablar con la mujer samaritana (Juan 4: 21). Esto habría significado atacar las raíces mismas del judaísmo y, naturalmente, despertó una fuerte oposición. Frente a tal enseñanza, los saduceos y los fariseos se unieron para oponerse a ella. La blasfemia era castigada con pena de muerte mediante apedreamiento (Lev. 24: 16).
Moisés.
Es decir, contra los sistemas que Moisés había instituido y que se registraron en el Pentateuco. Nótese que se menciona a Moisés junto con Dios; esto señala la gran importancia que se le daba al caudillo de los hebreos, y sugiere que lo que se decía contra Moisés se decía contra Cristo.
12.
Soliviantaron.
"Amotinaron" (BJ), "pusieron en movimiento". Por medio de estas falsas acusaciones encolerizaron a la gente entre la cual Esteban había hecho milagros (vers. 8).
Ancianos.
Estos ya habían estado disgustados contra los apóstoles (cap. 4: 5-7) y no necesitaban que se los incitara mucho para atacar a Esteban.
Arremetiendo.
"Vinieron de improviso" (BJ), así como lo habían hecho los escribas y los fariseos con Jesús en el templo (Luc. 20: 1).
Concilio.
Este juicio delante del concilio, así como había ocurrido con Jesús, fue el preludio de un fin violento (cap. 7: 57). Nótese cuán parecido es el paralelismo entre el martirio de Esteban y el de su Maestro.
13.
Testigos falsos.
Ver com. vers. 11.
Este hombre.
Estas palabras fueron pronunciadas en forma despectiva y sarcástica.
Palabras blasfemas.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "palabras". Se omite el adjetivo.
Contra este lugar santo.
Es decir, contra el templo y sus inmediatos alrededores (ver com. cap. 3: 1).
La ley.
Esteban tuvo que haber insistido, como lo había hecho Jesús (Mat. 5: 17-19) y posteriormente lo hizo Pablo (Hech. 24: 14-16; 25: 8), que el cristianismo no estaba introduciendo ningún cambio en los principios morales básicos de la ley que los judíos tanto amaban. Sin embargo, era claro que la proclamación concerniente al Cordero de Dios equivalía al fin del sistema de sacrificios que se explicaba en la ley. Tal predicación se interpretaba como destructora de casi todo lo que los judíos valoraban.
14.
Le hemos oído decir.
La enseñanza pudo haber sido mal entendida por los sinceros de corazón, y evidentemente fue mal aplicada por los deshonestos. Esto ocurre con relativa frecuencia en los asuntos que encienden disputas religiosas.
Ese Jesús.
Otra referencia despectiva, aunque en los labios de un cristiano este nombre debe haber sido hermoso (cf. cap. 2: 22). Nótese cómo los testigos falsos le atribuyen a Esteban la continuación de la predicación de Cristo.
Destruirá este lugar.
Cf. com. Mat. 24: 2; 26: 61; 27: 40. Las palabras de Cristo, posiblemente repetidas por Esteban, evidentemente habían hecho una profunda y duradera impresión en la mente de los acusadores. Aunque creían que Cristo había muerto, estaban preocupados porque destruiría el templo y cambiaría sus costumbres en algún momento futuro.
Cambiará las costumbres.
Es posible que esta acusación pudiera haber sido hecha por los fariseos, ya que tiene que ver con "costumbres" (ver t. V, pp. 53-54). Aunque era hecha contra Esteban, aún está unida a Jesús de Nazaret y sus enseñanzas. Ya habían acusado a Esteban en cuanto al templo y la ley (vers. 13); ahora lo acusaban en relación con las "costumbres" que habían surgido en cuanto al templo y la ley. Afirmaban que 196 Moisés les había dado estas leyes, pero tal aseveración no era válida. Se habían impuesto restricciones difíciles, la mayor parte de ellas después del retorno del exilio en el año 536 a. C., casi mil años después de los días de Moisés (ver com. Mar. 7: 1-23, especialmente el vers. 3). Jesús había condenado fuertemente estas tradiciones (Mat. 15: 1-13).
15.
Al fijar los ojos. Este verbo es emplea con frecuencia por Lucas (ver com. Hech. 1: 10). Era natural que los acusadores de Esteban lo miraran fijamente, preguntándose lo que diría para defenderse. Los miembros del concilio se asombraron por lo que vieron y oyeron.
El rostro de un ángel.
No basta decir que la mirada de Esteban se debía a una natural dignidad de expresión, o que Esteban estaba admirablemente tranquilo y sereno frente a los graves peligros que lo amenazaban. Sin duda su rostro se iluminó con un brillo divino. El resplandor de los mensajeros angélicos se describe vez tras vez en las Escrituras. Por ejemplo, en el caso del "joven" de Mar. 16: 5. El rostro de Moisés brilló cuando descendió del monte Sinaí donde había estado en la misma presencia de Dios (Exo. 34: 28-35). El rostro de Esteban también estaba iluminado porque estaba muy cerca de Cristo, y por la luz de la visión que estaba por recibir de Jesús, que está a la diestra de Dios (Hech. 7: 56).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE.
1-15 HAp 72-81; 3JT 53; SR 259-264
1 HAp 72
1-4 SR 259
1-6 MB 289
2 4T 356
2-7 HAp 73
3 HAp 75
4 Ev 71
7 DTG 231
7-8 PE 197; SR 260
8-10 HAp 80; SR 262
11 SR 263
12-13 PE 197
13 HAp 81
14-15 HAp 81; PE 197
15 DMJ 32; ECFP 120; HAp 95; PP 340; PVGM 172; SR 263


CAPÍTULO 7
1 Se le permite a Esteban responder contra la acusación de blasfemia, 2 y demuestra que Abrahán adoró a Dios correctamente, y cómo Dios escogió a los patriarcas 20 antes de que naciera Moisés y de que el tabernáculo y el templo fueran construidos; 37 que Moisés testificó de Cristo, 44 y que todas las ceremonias externas fueron ordenadas de acuerdo con el modelo celestial, para existir sólo por un poco de tiempo. 51 Reprenden su rebelión y el haber dado muerte a Cristo, el justo, de quien los profetas predijeron que vendría al mundo. 54 Esteban, que es apedreado, encomienda su espíritu a Jesús, y ora por sus enemigos.


1 EL SUMO sacerdote dijo entonces: ¿Es esto así?
2 Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán,
3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré.
4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora.
5 Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo.
6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años.
7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar.
8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
9 Los patriarcas, movidos por envidia, 197 vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él,
10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría delante de Faraón rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.
11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos.
12 Cuando oyó Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.
13 Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José.
14 Y enviando José, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en número de setenta y cinco personas.
15 Así descendió Jacob a Egipto, donde murió él, y también nuestros padres;
16 los cuales fueron trasladados a Siquem, y puestos en el sepulcro que a precio de dinero compró Abraham de los Hijos de Hamor en Siquem.
17 Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa, que Dios había jurado a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
18 hasta que se levantó en Egipto otro rey que no conocía a José.
19 Este rey, usando de astucia con nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres, a fin de que expusiesen a la muerte a sus niños, para que no se propagasen.
20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.
21 Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo.
22 Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.
23 Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los Hijos de Israel.
24 Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido.
25 Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así.
26 Y al día siguiente, se presentó a unos de ellos que reñían, y los ponía en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os maltratáis el uno al otro?
27 Entonces el que maltrataba a su prójimo le rechazó, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez sobre nosotros?
28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al egipcio?
29 Al oír esta palabra, Moisés huyó, y vivió como extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.
30 Pasados cuarenta años, un ángel se le apareció en el desierto del monte Sinaí, en la llama de fuego de una zarza.
31 Entonces Moisés, mirando, se maravilló de la visión; y acercándose para observar, vino a él la voz del Señor:
32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Y Moisés, temblando, no se atrevía a mirar.
33 Y le dijo el Señor: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra santa.
34 Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su gemido, y he descendido para librarlos. Ahora, pues, ven, te enviaré a Egipto.
35 A este Moisés, a quien habían rechazado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por gobernante y juez?, a éste lo envió Dios como gobernante y libertador por mano del ángel que se le apareció en la zarza.
36 Este los sacó, habiendo hecho prodigios y señales en tierra de Egipto, y en el Mar Rojo, y en el desierto por cuarenta años.
37 Este Moisés es el que dijo a los Hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor vuestro Dios de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis.
38 Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos;
39 al cual nuestros padres no quisieron obedecer, sino que le desecharon, y en sus corazones se volvieron a Egipto,
40 cuando dijeron a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.
41 Entonces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de 198 sus manos se regocijaron.
42 Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios En el desierto por cuarenta años, casa de Israel?
43 Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, Y la estrella de vuestro dios Renfán, Figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia.
44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.
45 El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David.
46 Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob.
47 Mas Salomón le edificó casa;
48 si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:
49 El cielo es mi trono,
Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor;
¿O cuál es el lugar de mi reposo?
50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas?
51 ¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.
52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores;
53 vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.
54 Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él.
55 Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios,
56 y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.
57 Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él.
58 Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.
59 Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu.
60 Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.


1.
¿Es esto así?
La pregunta del sumo sacerdote sirvió para interrumpir la admiración con que los presentes contemplaban el rostro de Esteban; pero era una manera normal para comenzar un juicio, y es análoga a la pregunta que se le hizo a Jesús (Mat. 26: 62). Con ella se le pedía al acusado que admitiera o negara su culpabilidad. La defensa de Esteban se presenta a continuación.
2.
El dijo.
La respuesta de Esteban fue una declaración de fe y también un reproche para sus acusadores. Ver la primera Nota Adicional al final de este capítulo.
Varones hermanos y padres.
El discurso de Esteban está lleno de dignidad, pero tiene un tono más familiar que el de Pedro (cf. cap. 4: 8). El acusado se dirige a los dirigentes judíos como a hermanos, pero muestra respeto por los ancianos. Pablo utilizó las mismas palabras cuando se dirigió a la multitud desde las gradas de la fortaleza (cap. 22: 1).
Dios de la gloria.
Es decir, el Dios manifestado a Israel en la gloria de la columna de fuego y de nube, y la gloria visible sobre el arca (Exo. 13: 21-22; 40: 34-35). La gloria de Dios es su carácter (ver com. Exo. 34: 6), gloria que se reveló en forma impresionante en la vida y obras de Jesucristo (ver com. Isa. 40: 5; Juan 1: 14; cf. Sant. 2: 1). La frase "Dios de la gloria" constituye un sabio comienzo para el discurso de Esteban. Refuta la acusación de blasfemia, y prepara el camino para un nuevo concepto de Dios, a quien los judíos afirmaban adorar.
Apareció.
Esto muestra que Dios se manifestó antes de que existiera el templo. En el 199 libro de Génesis se enumeran cinco manifestaciones divinas dadas a Abrahán, además de las que se relacionaron con las exhortaciones para que dejara su familia y saliera de su tierra (cap. 12: 1-3; 15: 7): la promesa (cap. 12: 7), el pacto (cap. 13: 14-17), la ratificación del pacto (cap. 15), el pacto de la circuncisión (cap. 17: 10) y la renovación del pacto en Mamre (cap. 18: 1).
Mesopotamia.
Es decir, la región entre el Tigris y el Eufrates (cf. com. Gén. 24: 10). Esteban parece limitar Mesopotamia a la zona sur, junto al golfo Pérsico. La ciudad de donde Abrahán era oriundo es llamada "Ur de los caldeos" (Gén. 11: 31; cf. Hech. 7: 4), de la cual se dice que estaba "al otro lado del río" (Jos. 24: 2-3), es decir, más allá del Eufrates. La ciudad de Ur se ha identificado y excavado (ver com. Gén. 11: 28).
Harán.
Ver com. Gén. 11: 31. Esteban parece distinguir entre Harán y Mesopotamia, aunque esta ciudad estaba en la parte noroeste de lo que, en términos generales, se llama Mesopotamia.
3.
Sal de tu tierra.
Esteban cita Gén. 12: 1, pero omite la frase "de la casa de tu padre", probablemente porque aplica este pasaje a la salida de Abrahán junto con la familia de su padre desde Ur, en tanto que Génesis lo refiere al momento cuando Abrahán dejó a sus parientes en Harán.
4.
La tierra de los caldeos.
Corresponde aproximadamente con Babilonia (ver com. Gén. 10: 22).
Muerto su padre.
Ver com. Gén. 11: 26 donde se presenta la relación entre esta declaración y Gén. 11: 26, 32; 12: 1. Taré murió a la edad de 205 años; Abrahán tenía entonces 75 años.
Dios le trasladó.
Es decir, Dios dirigió su migración; "Dios le hizo emigrar" (BJ).
5.
No le dio herencia.
Como la posesión de un sepulcro difícilmente puede llamarse herencia, el hecho de que Abrahán comprara la cueva de Macpela para enterrar a sus muertos (Gén. 23) confirma este hecho en vez de contradecirlo. Si hubiera heredado la tierra no habría necesitado comprar una tumba. Abrahán utilizó las tierras de pastoreo, mayormente incultas, de la zona central y sur de Canaán para sus grandes rebaños; pero estas tierras no eran exclusivamente suyas, y de ningún modo podían llamarse "herencia".
Pero le prometió.
Cf. Gén. 12: 7; 13: 15-16.
No tenía hijo.
Abrahán tenía 75 años cuando salió de Harán (Gén. 12: 4), y 100 años cuando nació Isaac (Gén. 21: 5).
6.
Le dijo Dios.
Estas palabras son, en esencia, las que aparecen en Gén. 15: 13-14, (LXX).
En tierra ajena.
Según la cronología adoptada por este Comentario, se refiere tanto a Canaán como a Egipto (ver com. Gén. 15: 13).
Cuatrocientos años.
Ver com. Gén. 15: 13; Exo. 12: 40; t. I, p. 203-205.
7.
Saldrán.
Dentro de la libertad natural de una narración, Esteban combina la promesa para Abrahán con una versión aproximada de la promesa dada a Moisés (Exo. 3: 12).
8.
El pacto de la circuncisión.
Es decir, el pacto del cual la circuncisión era la señal (ver com. Gén. 17: 10-14).
Engendró a Isaac.
El nacimiento de Isaac fue una evidencia visible de que Dios cumpliría su pacto con Abrahán. Al circuncidar a Isaac, Abrahán siguió cumpliendo sus responsabilidades del mismo pacto.
Patriarcas.
Con referencia a este término, ver com. cap. 2: 29. Aquí la palabra se aplica a los doce hijos de Jacob, cada uno de los cuales fue fundador de una familia.
9.
Movidos por envidia.
Dice el relato que los hermanos de José "le aborrecían" (Gén. 37: 4-5) y "le tenían envidia" (vers. 11). Este fue el primer argumento en el tema de Esteban, de que los mensajeros de Dios siempre habían sufrido la oposición de aquellos que en determinado tiempo habían sido los representantes de la nación hebrea.
Vendieron a José para Egipto.
José fue vendido a unos mercaderes madianitas y a ismaelitas que se dirigían a Egipto (Gén. 37: 25, 28), y allí lo vendieron como esclavo; por lo tanto no tienen validez las objeciones contra esta forma con que se expresa Esteban. José mismo dijo a sus hermanos que ellos lo habían "vendido acá" (Gén. 45: 5), a Egipto.
Dios estaba con él.
Esto refleja el relato de Gén. 39: 2, 21, 23. La presencia de Dios no está'e limitada a ningún lugar, pues el Señor estaba con José aun en el Egipto pagano. El recuerdo de este hecho debe haber sido consolador para Esteban durante su juicio.
10.
Libró.
Gr. exairéÇ, que en su voz media significa "rescatar", "libertar", "escoger para sí". José no fue liberado de Egipto sino de sus aflicciones en Egipto. Lo mismo ocurre cuando 200 Dios libera a su pueblo: le da fuerza para triunfar sobre sus pruebas y aflicciones.
Gobernador.
Cf. Gén. 41: 38-45.
11.
No hallaban alimentos.
La palabra que se traduce "alimentos" es la que suele emplearse para describir el forraje del ganado (Gén. 24: 25, 32, LXX). Pero el hambre abarcó más que la comida de los animales, por lo cual es apropiado considerar que se hace referencia a alimentos para animales y para personas.
12.
Trigo.
Gr. sitíon, diminutivo de sítos, "trigo". Sitíon se emplea en el plural, como aquí, para referirse al alimento hecho de cereales.
Nuestros padres.
Es decir, los diez hijos de Jacob enviados en la primera ocasión a Egipto (Gén. 42: 1-3). Esteban hace aquí algo más que desarrollar una secuencia histórica, pues está procurando mostrar que los mismos que afligieron a José, más tarde dependieron de la abundancia que vino como fruto de su sabiduría. Así también los judíos de los días de Esteban debían buscar su alimento espiritual en Jesús, a quien habían afligido.
13.
En la segunda.
Cf. Gén. 45:1-4.
El linaje de José.
Gr. génos, "raza", 'linaje". José no había procurado ocultar su origen hebreo (Gén. 41: 12), pero cuando ocurrió esta crisis fue de conocimiento general, y le fue manifestada al mismo Faraón (Gén. 45: 16).
14.
Su parentela.
Gr. suggéneia, "parentela", "familiares", palabra que también aparece en el vers. 3 y en Luc. 1: 61.
Setenta y cinco personas.
Ver com. Gén. 46: 26-27. Hay varias tradiciones judías en cuanto al número de personas que fueron a Egipto (Talmud, Baba Bathra 123a, 123b).
15.
Descendió Jacob.
Aquí comienzan los 215 años de la permanencia de los hebreos en Egipto (ver com. Gén. 15: 13; Exo. 12: 40; t. I, pp. 201-202), fuera de la tierra prometida. Murió él. Algunos comentadores han dicho que se habla aquí de la muerte de José, pero el texto griego no permite esta interpretación.
16.
Fueron trasladados.
Excepto el entierro de los huesos de José en Siquem (Gén. 50: 25; Exo. 13: 19; Jos. 24: 32), no hay ningún registro bíblico de que se hubiera llevado los cuerpos de los patriarcas a Canaán. Josefo dice: "Sus cuerpos fueron llevados algún tiempo después por sus descendientes y los hijos de éstos a Hebrón, donde fueron enterrados" (Antigüedades ii. 8. 2). Una antigua tradición judía sostiene que los cuerpos de los patriarcas fueron sacados de Egipto durante el éxodo.
Compró Abraham.
La compra de la cueva de Macpela, al este de Mamre, junto a Hebrón, es la única transacción de este tipo registrada en el relato de Abrahán (ver com. Gén. 23: 3-20). Aquí fueron sepultados Abrahán, Sara, Isaac, Rebeca y Lea; sin embargo, Abrahán se había establecido primeramente en Siquem cuando llegó a Canaán, y había construido allí un altar (Gén. 12: 6-7). Posiblemente compró terreno para que sirviera como sepultura, pero no hay ningún registro de la compra.
La compra del campo en Siquem es la única transacción comercial registrada en el relato de Jacob en la cual aparecen los hijos de Hamor como vendedores (Gén. 33: 19). Allí se erigió un altar (Gén. 33: 20) y allí se enterraron los huesos de José; pero no hay registro alguno de que allí hubieran enterrado a sus hermanos ("nuestros padres", Hech. 7: 15). Jerónimo, autor cristiano del siglo IV, afirma (Epístola 108. 13) que en sus tiempos se identificaban las tumbas de los 12 patriarcas. Esto corresponde con una tradición samaritana conservada por muchos siglos. Posiblemente también coincida con alguna información conocida por Esteban, pero que no conocemos hoy.
En Siquem.
Aquí se hace referencia a la Siquem del AT (ver com. Gén. 12: 6).
17.
El tiempo de la promesa.
Es decir, el tiempo de su cumplimiento en el éxodo de los israelitas de Egipto (ver com. Gén. 15: 13-14; Exo. 12: 40; ver t. 1, pp. 198-204). Los padres murieron "sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos" (Heb. 11: 13).
Creció y se multiplicó.
Ver com. Exo. 1: 7; 12: 37.
18.
Se levantó en Egipto otro rey.
No era otro del mismo linaje, sino un rey muy diferente (ver com. Exo. 1: 8), que en forma definida tenía otra actitud hacia los hebreos.
No conocía.
Es decir, no había conocido; lo cual puede significar que el nuevo monarca desconocía los grandes servicios prestados por José a Egipto, o que quería desconocerlos (compárese con el uso de "conocer" en Mat. 7: 23; 25: 12).
19.
Astucia.
Ver com. Exo. 1: 10.
Maltrató.
Josefo (Antigüedades ii. 9. 1) dice 201 que los egipcios obligaron a los israelitas a hacer canales y diques en la zona del Nilo.
A fin de que.
Mejor "obligándolos a exponer a sus niños". Se alude aquí a lo que hizo Faraón con los odiados hebreos (ver com. Exo. 1: 22).
20.
En aquel mismo tiempo.
Es decir, cuando se estaba exponiendo al peligro a los niños para que murieran.
Agradable a Dios.
Ver com. Exo. 2: 2. Josefo (Id. ii. 9. 6) dice que la hermosura del niño Moisés era tal que los que lo veían lo miraban de nuevo para admirarlo.
21.
Siendo expuesto.
Jocabed, madre de Moisés, cumplió con la orden del rey, pero al mismo tiempo ejecutó su propio plan (ver com. Exo. 2: 3).
Recogió.
El verbo griego significa literalmente "levantar"; en sentido figurado, significa "escoger", y así es usado en Fil. 1: 22. Su sentido en este pasaje queda claro por la frase que sigue.
Hijo suyo.
Ver com. Exo. 2: 5, 10. Josefo (Antigüedades ii. 9. 7) afirma que según la tradición judía el faraón que entonces reinaba no tenía hijo, y Moisés fue elegido para ser el heredero.
22.
Fue enseñado.
También podría traducirse "educado" o "instruido". El AT no lo dice específicamente, pero lo sugiere al describir la relación de Moisés con la casa de Faraón.
La sabiduría de los egipcios.
Ver com. Exo. 2: 11; 1 Rey. 4: 30. Hay muchas leyendas en cuanto a los primeros cuarenta años de la vida de Moisés. Filón presenta detalles de los cursos que estudió Moisés (Vida de Moisés i. 5), pero la Biblia nada dice sobre este tema.
Poderoso en sus palabras.
Esto se aplica en primer lugar a la manera como hablaba Moisés mientras era un gran magistrado en la corte egipcia, y no contraría su declaración posterior: "soy tardo en el habla y torpe de lengua" (ver com. Exo. 4: 10), la cual hizo después de sus cuarenta años en Madián. También puede entenderse como un resumen de la obra del gran líder.
Y obras.
Aunque no hay registro bíblico de los hechos de Moisés de sus primeros cuarenta años, sería extraño que uno que después demostró tener tantos dones no los hubiera manifestado ya en su juventud (ver com. Exo. 2: 11 ). Josefo (Antigüedaes ii. 10) narra su campaña victoriosa contra los etíopes.
23.
Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años.
El AT no da ninguna información precisa en cuanto a la edad que tenía en esta ocasión. Se indica que Moisés tenía 80 años cuando fue enviado al Faraón (Exo. 7: 7) y 120 cuando murió (Deut. 34: 7). La antigua tradición judía divide la vida de Moisés en tres períodos de cuarenta años cada uno (Midrash Rabbah com. Gén. 50: 22). Esteban emplea una división similar: (1) 40 años en Egipto, (2) 40 años como pastor en el desierto, (3) 40 años mientras condujo a su pueblo desde Egipto hasta las fronteras de Canaán.
Visitar.
Gr. episképtomai, "mirar", con el sentido de preocuparse por el bienestar de una persona, "vigilar" (cf. Exo. 4: 31; Luc. 7: 16; Sant. 1: 27). Moisés estaba empeñado en ayudar a sus compatriotas (ver com. Exo. 2: 11).
24.
Era maltratado.
Con golpes (cf. Exo. 2: 11).
Hiriendo al egipcio.
Lo mató (ver com. Exo. 2: 12).
Vengó al oprimido.
Literalmente "defendió al que era atormentado". Inició así la obra que debería haber dejado al Señor.
25.
Pero él pensaba.
Dio por sentado que los hebreos entenderían lo que había hecho y por qué lo había hecho; pero pronto se desilusionó. Lo que se dice en este versículo no aparece en forma explícita en el AT, pero el Espíritu Santo pudo habérselo revelado a Esteban. Es posible que Esteban estuviera sugiriendo una comparación entre Moisés y Jesús, ambos rechazados por la gente a quien habían procurado ayudar.
Por mano suya.
Parece que a Moisés le había sido revelado que él habría de librar a Israel; pero creía erróneamente que la obra se haría con los mismos medios que comúnmente empleaban los egipcios para hacer respetar su autoridad.
No lo habían entendido así.
Esta declaración sencilla pero expresiva destaca la dureza de corazón del pueblo escogido. Con demasiada frecuencia el pueblo de Dios no comprende y no está listo para aceptar los actos de liberación de Dios (compárese con la actitud de los judíos para con Cristo, Juan 1: 11).
26.
De ellos.
Los que reñían eran dos hebreos (Exo. 2: 13).
Los ponía en paz.
Es decir, trataba de conseguir que se reconciliaran.
Varones, hermanos sois.
El sentido de fraternidad que acababa de surgir en Moisés era tan poderoso, que no podía tolerar cosa alguna 202 que no fuera unidad fraterna entre los hebreos que sufrían juntos.
27.
¿Quién te ha puesto por gobernante?
Como se señala en el vers. 35, Esteban pone de relieve este primer desafío a la autoridad de Moisés para mostrar que los mensajeros de Dios, enviados para el bien de la nación, habían sido rechazados en toda la historia de Israel. El repudio contra Jesús fue la culminación de esos rechazos.
28.
¿Quieres tú?
Ver com. Exo. 2: 14.
29.
Moisés huyó.
En el breve bosquejo presentado por Esteban se pasa por alto el hecho de que Faraón se enteró de lo ocurrido y procuró apresar a Moisés. Josefo dice que Moisés tuvo que huir por causa de los celos de los egipcios, quienes temían que encabezara una revuelta (Antigüedades ii. 11. 1).
Madián.
Gr. Madiám; Heb. midyan. Ver com. Exo. 2: 15-16.
Engendró dos Hijos.
Gersón y Eliezer. Su madre fue Séfora, hija de Jetro (ver com. Exo. 4: 20; 18: 2-4).
30.
Cuarenta años.
Sumando los 40 años del vers. 23, se llega a los 80 que tenía Moisés cuando fue llamado para liberar a Israel (ver com. Exo. 7: 7).
Un ángel.
La referencia que hace Esteban al episodio de Moisés junto a la zarza ardiente, fue indirectamente una respuesta a la acusación de que había hablado contra Moisés, pues le atribuye el debido honor por haber tenido una experiencia personal con Dios. Con referencia a la identificación de ese ángel con el Señor, ver com. Exo. 3: 2.
Llama de fuego.
Ver com. Exo. 3: 2.
Una zarza.
Gr. bátos, "espino", "zarza". Es imposible identificar con precisión esta planta.
31.
Se maravilló.
Cf. Exo. 3: 3.
Voz del Señor.
Ver com. Exo. 3: 2.
32.
Dios de Abraham.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión de las palabras "el Dios de" antes de Isaac y de Jacob. Si Esteban, como lo indica la tradición, fue (ver com. cap. 6: 5) uno de los setenta, sin duda había oído a Jesús citar estas palabras como testimonio contra la incredulidad de los saduceos en cuanto a la resurrección (Mat. 22: 32). Si algunos de esos mismos saduceos estuvieron en el concilio, habrían recordado esa referencia cuando Esteban se dirigía a ellos. Esas palabras majestuosas habrían traído a su memoria la promesa de la resurrección y cómo ésta quedó comprobada con la resurrección de Jesús.
33.
Quita el calzado de tus pies.
En Exo. 3 esta orden lógicamente precede al momento cuando Dios se da a conocer a Moisés, quien difícilmente habría necesitado recibir instrucciones una vez que hubiera reconocido la presencia de Dios. El hecho de que Esteban usara este episodio hacía destacar su verdadero respeto por los lugares santos, y mostraba que la presencia de Dios no se limitaba a los recintos del templo de Jerusalén (ver com. Exo. 3: 5).
34.
He visto.
Este versículo es un resumen de Exo. 3: 7-8, 10.
Te enviaré.
Esteban quizá empleó este versículo para sugerir a sus oyentes la manera en que Cristo, como Moisés, había sido enviado en respuesta a la oración para aliviar la aflicción y librar a su pueblo (ver com. vers. 35).
35.
A este Moisés.
Esta frase expresa con énfasis que Moisés fue honrado por Dios, pues a él se le apareció.
A quien habían rechazado.
Se destaca de nuevo que Moisés fue rechazado por el pueblo hebreo, aunque tenía tan buen testimonio como mensajero de Dios. Tal vez Esteban insinuaba que sus oyentes habían actuado del mismo modo al rechazar a Jesucristo.
Libertador.
Gr. lutrÇt's, "libertador", "redentor". Esta palabra sólo aparece aquí en el NT, pero en la LXX se usa como traducción del término hebreo go'el (ver com. Sal. 19: 14; cf. com. Rut 2: 20). Aunque tiene el sentido básico de "libertador", en el uso bíblico conlleva el significado más amplio asociado a la idea hebrea del pariente redentor. Moisés libertó, y por lo tanto redimió a su pueblo de Egipto; pero Cristo libera o redime a su pueblo del pecado y de la muerte.
Por mano.
Esta frase hace notar que la obra de Moisés fue hecha en cooperación con los poderes celestiales. En cuanto a la identidad del ángel ver com. Exo. 3: 2; cf. com. Hech. 7: 30.
36.
Los sacó.
Moisés pudo hacerlo, pues disponía del poder de Dios (ver com. Exo. 3: 12).
Prodigios y señales.
Ver com. cap. 2: 19, 22; 6: 8; cf. t. V, p. 198.
Mar Rojo.
Este es el nombre que le daban los griegos al mar que los hebreos llamaban mar de las Cañas (ver com. Exo. 10: 19). No se sabe exactamente por qué recibía esos dos nombres. 203
Cuarenta años.
Cf. Núm. 14: 33; Deut. 29: 5.
37.
Profeta.
Esteban, lo mismo que Pedro (ver com. cap. 3: 22), se refiere a la profecía de Deut. 18: 15-18, y como Pedro, entiende que esa profecía se ha cumplido en Jesús. Ahora decide confrontar al sanedrín con este profeta -Jesús- a quien ellos habían crucificado.
A él oiréis.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras, pero establece su inclusión en Hech. 3: 22 donde se cita el mismo pasaje del AT.
38.
La congregación.
Gr. ekkl'sía, "asamblea", "congregación" (ver com. Mat. 18: 17).
En el desierto.
Esteban se está refiriendo a la asamblea de la nación hebrea en el monte Sinaí antes de que se le diera la ley (Exo. 19).
Con el ángel.
Como en el vers. 35, el ángel es el Señor mismo, así como en el vers. 31 la voz que habló fue "la voz del Señor".
Palabras de vida.
Gr. lógia z^nta, "dichos vivientes". En griego, lógion es diminutivo de lógos, "palabra", y se emplea para referirse a lo que dice una persona, sobre todo lo que dice un dios, es decir, un oráculo. En la LXX se aplica esta palabra a los "dichos" de Dios (Núm. 24: 4, 16), y Filón (ver t. V. p. 93) la aplica al Decálogo. La RVR siempre traduce "palabra" o "palabras" (Rom. 3: 2; Heb. 5: 12; 1 Ped. 4: 11). Aquí se emplea esta frase para describir la ley recibida por Moisés y transmitida a generaciones sucesivas. Estos oráculos son considerados "vivos", es decir, que permanecen de generación en generación (cf. Heb. 4: 12; 1 Ped. 1: 23).
39.
No quisieron obedecer.
Esta rebelión de los Hijos de Israel ocurrió un mes después de su liberación en el mar Rojo y antes de que llegaran al Sinaí (Exo. 16: 2-3). Mientras Moisés estuvo en el monte, el descontento de ellos los llevó a la apostasía (Exo. 32: 1), tal como lo dice Esteban en los versículos siguientes; y, por deducción, presenta un paralelo entre el proceder de los israelitas para con Moisés y el de los judíos para con Jesús. La gente de ambas épocas desobedeció al que era su redentor. En cuanto a la obediencia, ver com. Hech. 5: 32.
En sus corazones.
No regresaron a Egipto físicamente, sino anhelaban intensamente disfrutar de los alimentos que habían comido en el país de su cautiverio (ver com. Exo. 16: 3; cf. com. Núm. 11: 4-6). " esposa de Lot también miró atrás hacia Sodoma, y murió (Gén. 19: 26). El Señor desaprueba al que pone su mano en el arado, y luego mira atrás (Luc. 9: 62).
Se volvieron.
Esteban se refiere a las vicisitudes registradas en Exo. 16: 2-3; 32: 1-6; pero hubo muchas otras similares (Exo. 17: 1-3; Núm. 11: 1-5; 14: 1-4; etc.).
40.
Haznos dioses.
Ver com. Exo. 32: 1. Esteban muestra cómo la falta de fe de los israelitas en la dirección de Moisés los llevó a una de las peores formas de pecado: la idolatría.
41.
Hicieron un becerro.
Ver com. Exo. 32: 4-5. Los hebreos probablemente habían visto a los egipcios adorar al toro Mnevis en Heliópolis, o al buey Apis en Menfis, y deseaban tener una imagen similar para representar al gran Dios del universo.
Idolo.
Los hebreos proclamaron que el becerro de oro era un dios (Exo. 32: 4), pero Esteban lo llama con toda corrección un "ídolo".
Las obras de sus manos.
La adoración de un ídolo no sólo es la negación de Dios, sino, lo que es aún peor, coloca a un objeto hecho por el hombre en el lugar del Señor. El idólatra le da la espalda a su Hacedor, y en vez de inclinarse ante él, se inclina ante lo que él mismo ha hecho. Cf. Ose. 6: 6.
Se regocijaron.
Mejor "se regocijaban"; es decir, continuaban en la idolatría y en las orgías que la acompañaban. El verbo describe la alegría de un festín, como en Luc. 15: 23-24, 29 (cf. com. Exo. 32: 5-6). Moisés no oyó gritos de guerra, sino "voz de cantar" (Exo. 32: 18).
42.
Y Dios se apartó.
Israel se había apartado de Moisés, representante de Dios, y ahora Dios se apartó de ellos (cf. Jos. 24: 20).
Dios abandona a los seres humanos sólo cuando éstos llegan a una condición espiritual terrible (ver com. Ose. 4: 17; 5: 6). Pablo describe esta catastrófica situación en Rom. 1: 24, 26, 28.
Que rindiesen culto.
Gr. latréuÇ, "servir"; en el NT se usa con referencia al servicio religioso, o sea "rendir culto".
Ejército del cielo.
Ver com. Deut. 4: 19; Sof. 1: 5. A Israel se le había advertido que tal culto era una forma de idolatría (Deut. 4: 19; 17: 3). Pero tanto los historiadores (2 Rey. 17: 16; 23: 5; 2 Crón. 33: 3, 5) como los profetas (Jer. 8: 2; 19: 13; Sof. 1: 5) registran que la advertencia fue dada en vano. Este culto de los astros se conoce como sabeísmo.204
El libro de los profetas.
Es decir, los profetas del AT (ver com. Luc. 24: 44). Los judíos generalmente consideraban que los escritos de los doce profetas menores formaban un solo libro. Siguiendo la costumbre de la época, Esteban no identifica al autor de lo que cita.
¿Acaso me ofrecisteis?
Con ligeras modificaciones, la cita corresponde con Amós 5: 25-26 (LXX). Desde el punto de vista histórico debe responderse con una afirmación, pues en el desierto se ofrecieron sacrificios a Dios; pero espiritualmente la respuesta es negativa, porque muchos de los israelitas, a pesar de ofrecer sacrificios a Dios, estaban también adorando dioses falsos y el Señor rechazó su culto compartido.
43.
Antes bien.
Mejor "y". Con ligeras variaciones, este versículo es una cita de Amós 5: 26 (LXX), que difiere bastante del texto masorético hebreo. Este pasaje relaciona el culto inaceptable de Israel con su devoción a los ídolos. Mientras Israel iba por el desierto sólo debería haber llevado el tabernáculo del Señor, pero muy a menudo también llevó el tabernáculo de una imagen pagana.
Moloc.
Un dios a quien se ofrecían sacrificios humanos. Ver com. Lev. 18: 21; 20: 2; Jer. 7: 31. En estos textos se prohibe totalmente el culto a Moloc, pero la prohibición había sido en vano (2 Rey. 16: 2-3; 23: 10; Jer. 7: 31; 32: 35; Eze. 23: 37; etc.).
Renfán.
En los MSS griegos la grafía de este nombre varía mucho. En Amós 5: 26 (LXX), de donde se toma esta cita, se lee raifán, palabra que parece haber sido considerada como equivalente del hebreo kiyyun (o kewan), que quizá sea uno de los nombres babilónicos de Saturno. De todos modos es claro que Amós, a quien cita Esteban, condena el culto a los astros. Por lo tanto, Esteban tiene toda la razón al condenar a los antiguos judíos como idólatras.
Más allá de Babilonia.
En Amós 5: 27, de donde está tomado este versículo, tanto el hebreo como la LXX dicen "Damasco". Hasta los tiempos de Amós, Siria, representada por Damasco, había sido un serio enemigo tanto de Israel como de Judá. El cautiverio babilónico aún no había tenido lugar, pero Esteban mirando hacia atrás, ve que Babilonia sobresale como el enemigo máximo de los judíos, y sin duda por esa razón dijo Babilonia y no Damasco. En los vers. 37-43 Esteban ha destacado las apostasías de los hebreos, quienes se apartaron de Dios al apartarse de Moisés, y en sus días se rebelaron contra Dios al oponerse a Jesús.
44.
El tabernáculo del testimonio.
Ver com. Exo. 25: 8; Núm. 9: 15.
Cuando dijo.
Mejor "como mandó el que dijo a Moisés" (BJ). Ver com. Exo. 25: 8-9.
Conforme al modelo.
Ver com. Exo. 25: 9. La argumentación de Esteban equivale a decir que el santuario celestial es lo más importante y central, y por eso destaca la naturaleza pasajera del tabernáculo terrenal como la sede central de la adoración a Dios.
45.
Recibido a su vez.
Recibieron el tabernáculo de sus padres. La generación siguiente a la del éxodo fue la que llevó el tabernáculo a Canaán, porque todos los que salieron de Egipto, excepto Caleb y Josué, murieron en el desierto.
Josué.
Gr. I'sóus, "Jesús", equivalente al Heb. yehoshua'(ver com. Mat. 1: 1).Una clara referencia a Josué, quien introdujo en Canaán a los israelitas y el tabernáculo.
Gentiles.
Es decir "naciones", o "paganos", refiriéndose específicamente a los cananeos.
A los cuales Dios arrojó.
Ver com. Deut. 9: 3; Sal. 44: 2.
Los días de David.
Esta frase puede tener dos aplicaciones: (1) que la población cananea autóctono de Palestina no fue totalmente conquistada hasta los días de David, (2) que el tabernáculo fue el centro del culto israelita inclusive durante el reinado de David. El templo reemplazó al tabernáculo después del reinado de este rey.
46.
Halló gracia.
David, favorecido por Dios, quiso construir el templo; pero Dios no se lo permitió (ver com. 2 Sam. 7: 1-17; 1 Crón. 22: 6-10).
Proveer tabernáculo.
El griego dice "encontrar un tabernáculo". Esta expresión parece ser un poco extraña dentro del contexto. Es una cita de Sal. 132: 5 (LXX). La palabra griega que se traduce "tabernáculo" es sk'nÇma, que quizá pueda traducirse mejor como "morada" (BJ), puesto que el tabernáculo (sk'n') había existido desde los tiempos de Moisés, y David deseaba construir un templo permanente.
Dios de Jacob.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "casa de Jacob". Sal. 132: 5 (LXX), de donde Esteban cita este pasaje, dice "Dios de Jacob".
47.
Salomón le edificó casa.
Ver com. 1 Rey. 6: 1. 205
48.
Si bien.
"Aunque" (BJ). Se señala un contraste. con los versículos anteriores que hablan del tabernáculo y del templo como lugares donde Dios se encuentra con los hombres, y los vers. 48-49 que destacan el hecho de que Dios no mora en edificios hechos por el hombre.
El Altísimo.
En cuanto a esta manera de llamar a Dios, ver com. Gén. 14: 18 .
No habita.
En el griego dice que Dios no habita en "cosas fabricadas por mano". Se sobrentiende la palabra "templos" (RVR) o "casas" (BJ). Ver com. Heb. 9: 11, 24. A los judíos no tendría por qué habérseles recordado la omnipresencia de Dios, pues se les había instruido bien en cuanto a este aspecto de la naturaleza divina (ver com. 1 Rey 8: 27; Sal. 139: 7-13); pero se habían concentrado tanto en la verdad de que el Señor había prometido favorecer al templo con su presencia, que limitaban al Altísimo a este edificio. Y lo que era peor, habían llegado a reverenciar más el edificio que a Aquel para quien había sido construido. Esto los incapacitó para reconocer y recibir a Dios "manifestado en carne" (1 Tim. 3: 16) cuando se encarnó y vivió entre ellos.
Pablo, que había escuchado la defensa de Esteban, empleó un argumento similar al hablar a los filósofos de Atenas (Hech. 17: 24-25).
Dice el profeta.
La cita es de Isaías, el profeta evangélico (cap. 66: 1-2), quien vio a Dios en su templo celestial (cap. 6: 1-7).
49.
El cielo es mi trono.
Esteban cita la LXX casi textualmente. Ver com. Isa. 66: 1-2. Isaías destaca que el Altísimo no puede reducirse a los límites humanos, pero anhela vivir con los quebrantados y humildes de corazón (cap. 57: 15). Estas palabras fueron un reproche para los judíos que las escuchaban. Su culto estaba centralizado en el templo terrenal, y por lo tanto estaban lejos de ser humildes de corazón. Esteban los exhorta a aceptar al Ser divino que había caminado entre ellos con tanta humildad, y les había mostrado el hermoso carácter del Padre celestial. Muchos de los sacerdotes ya habían aceptado el Evangelio (Hech. 6: 7); otros lo harían después. Estos conversos que habían dejado el antiguo sistema simbólico, estaban construyendo un templo espiritual en el corazón de los hombres.
51.
¡Duros de cerviz!
Este repentino cambio de tono en el discurso de Esteban debe atribuirse, sin duda, a la ira creciente del sanedrín y el resentimiento causado por las palabras del mártir (cf. HAp 82; Mat. 26: 65). Parece que Esteban, al comprender que se acerca su fin, y que ningún argumento adicional podrá cambiar la situación, pronuncia una dura reprimenda. Los adjetivos que usó ya habían sido aplicados a los israelitas de antaño: "duros de cerviz" (Exo. 33: 3, 5; 34: 9), e "incircuncisos de corazón"(Lev. 26: 41). En Ezequiel 44: 7 se aplica esta frase a los "extranjeros". Además de decirles que su veneración del templo era excesiva e inútil, Esteban los compara con los gentiles. No podría haberse lanzado un peor insulto contra esa gente furiosa.
Resistís siempre al Espíritu Santo.
Este fue un resumen histórico exacto, porque desde los días de Moisés -a quien sus padres habían desobedecido- hasta los días de Jesucristo -a quien habían crucificado-, los israelitas habían resistido al Espíritu Santo. La palabra griega que se traduce "resistir" (antipíptÇ), implica una resistencia activa e intensa.
52.
¿A cuál de los profetas?
Este es un eco de las palabras de Jesús mismo (Mat. 5: 12; Luc. 11: 47; 13: 34). En cuanto a la historia de la persecución de los profetas, ver com. Mat. 5: 12; 23: 37 (cf. 1 Tes. 2: 15; com. 2 Crón. 36: 16).
Justo.
Este excelso título se aplica a Jesús en Hech. 3: 14; 22: 14. En la literatura judía este nombre se había aplicado al Mesías esperado (Enoc 38: 2) sugerido quizá por Isa. 11: 4-5. La esposa de Pilato empleó esta palabra para referirse a Jesús (Mat. 27: 19). La iglesia primitiva parece haber aceptado este título. Un ejemplo de su aplicación puede verse en 1 Juan 2: 1 donde Jesús es llamado "justo". Cristo, que había sido condenado como malhechor, se destacaba entre todos los hombres como "el justo". Y como él, Esteban había recibido esta misma justicia, y se destacaba en contraste con los que, movidos por su impía furia, estaban a punto de matarlo.
Habéis sido.
Mejor "habéis llegado a ser".
Entregadores y matadores.
Esteban viendo en el rostro de sus perseguidores la suerte que pronto le tocaría, les recuerda lo que habían hecho con Jesús.
53.
Por disposición de ángeles.
Es decir "mediante ángeles" o tal como Dios dio instrucciones a los ángeles para que la dieran. 206 Fue Cristo, el Hijo de Dios, quien dio la ley en el monte Sinaí (ver com. Exo. 20: 2). El era también el Ángel del pacto (ver com. Exo. 23: 20). Pero con el Señor hubo una hueste de ángeles en el monte Sinaí (cf. com. Deut. 33: 2; Sal. 68: 17; Gál. 3: 19; Heb. 2: 2). En Deut. 33: 2, al describirse el momento cuando Dios dio la ley, se dice que "vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha". La LXX traduce: "a su derecha ángeles con él". Josefo (Antigüedades xv. 5. 3) presenta la misma idea.
No la guardasteis.
Esta afirmación es un agudo contraste con la anterior: "recibisteis la ley". Tuvo que haber sido un rudo golpe para los que escuchaban: no habían guardado ni la letra ni tampoco el espíritu de la ley. La ley, dada por ángeles, podría haber sido la gloria de Israel; pero su perversión estaba precipitando su vergüenza y destrucción.
54.
Se enfurecían en sus corazones.
Ver com. cap. 5: 33. "Sus corazones se consumían de rabia" (BJ). Esta no es la misma emoción del cap. 2: 37; no produjo arrepentimiento, sino ira y furia.
Crujían los dientes contra él.
Esta expresión aparece en más de una ocasión en el NT (Mat. 8: 12; 13: 42; etc.); pero aquí es una manifestación literal de ira. Los judíos habían permitido que su enojo fuera más allá de los límites de su dominio propio. Mudos de ira, querían hacerlo pedazos así como las bestias feroces desgarran su presa con los dientes.
55.
Pero Esteban.
Nótese el contraste entre Esteban y sus furiosos enemigos.
Lleno.
Esto no indica una repentina inspiración, sino continua. Esteban había estado en las mismas condiciones tanto al principio (cap. 6: 5) como al final: estaba "lleno del Espíritu Santo".
Puestos los ojos.
Ver com. cap. 1: 10.
En el cielo.
Esteban vio "los cielos abiertos" (Hech. 7: 56; cf. com. Isa. 6: 1). Ninguno de los presentes vio la gloria de los cielos abiertos; por lo tanto, esta afirmación de Esteban de que veía esa gloria agravaba, según ellos, su culpabilidad. Pero sólo los profetas pueden decirnos si lo que ven lo contemplan con el ojo interior espiritual, o mediante una aguda penetración del sentido físico (cf. Mat. 3: 16; 2 Cor. 12: 2-6).
Vio la gloria de Dios.
Cf. com. Gén. 3: 24; Exo. 13: 21; Juan 1: 14; Hech. 7: 2. El discurso de Esteban comenzó con una referencia al "Dios de la gloria", y concluyó describiendo una visión de gloria divina que brillaba en su mente. ¡Cuán absorto debe haber estado contemplando esa gloria! Olvidó los peligros de muerte de ese momento, y se entregó enteramente a la visión celestial.
Estaba.
Mejor "que estaba en pie a la diestra de Dios" (BJ). Por lo general, se dice que Cristo está sentado a la diestra de Dios.
La diestra de Dios.
Ver com. Mat. 26: 64. La visión del Padre y del Hijo fortaleció a su fiel y sufriente siervo.
56.
Hijo del Hombre.
Además de los Evangelios, este título sólo aparece aquí y en Apoc. 1: 13; 14: 14. Esteban pudo haber oído de labios de Jesús o de los apóstoles, pues presentó su discurso antes de que se hubiera escrito algún Evangelio. Es probable que los miembros del sanedrín recordaran que Jesús mismo había empleado este título cuando fue juzgado ante ellos (Mat. 26: 64). Entonces habían catalogado como blasfemia esa declaración de Jesús. En cuanto a este título, ver com. Mar. 2: 10; cf. t.V. pp. 894-895.
57.
Dando grandes voces.
Gritaron para silenciar a Esteban, y no escucharlo ni reconocer su falta en la presencia de la gloria de Dios.
Se taparon los oídos.
Consideraron que las palabras de Esteban eran blasfemas, y no quisieron escuchar más. De esta manera demostraron que merecían lo que se estaba diciendo de ellos en el vers. 51. Los blasfemos eran ellos, no Esteban.
Arremetieron a una contra él.
Satanás había conseguido que hubiera en el sanedrín el tipo de unidad requerido por la ley (Deut. 13:9-10) cuando había que ejecutar a una persona. No fue necesario esperar que se diera un veredicto oficial. Su deseo y su decisión fueron unánimes. Con referencia a los aspectos judiciales de este procedimiento, cf. com. Mat. 26:59.
58.
Echándole fuera.
Según Lev. 24: 14, el que iba a ser apedreado tenía que ser llevado fuera del campamento, lo que en los días de Esteban equivalía a ser llevado fuera de los muros de Jerusalén.
Le apedrearon.
Mejor "le apedreaban". El tiempo del verbo griego sugiere que mientras el mártir oraba (vers. 59- 60), seguían apedreándole. Según la ley mosaica, la muerte por apedreamiento era el castigo por la blasfemia (Lev. 24: 14-16; ver com. Juan 8: 7); se ciñeron a esta ley, pero bajo el gobierno 207 romano no tenían autoridad para aplicar la pena de muerte, sobre todo si Esteban era ciudadano romano (ver com. Hech. 6: 5). Sin embargo, era posible sobornar a los funcionarios romanos para que guardaran silencio (HAp 80, 83). Pilato, que aún era procurador (ver. t. V, pp. 68-69), bien pudo haber estado ausente de la ciudad en ese momento; pero difícilmente habría querido impedir el atropello contra Esteban después de su episodio humillante en el juicio de Jesús. El hecho de que los miembros del sanedrín no cumplieran la ley romana ni tampoco sus propios reglamentos legales (ver la segunda Nota Adicional de Mat. 26), sugiere que la furia del momento pudo haber dominado a la turba, sin pensar que la muerte de Esteban tenía que ajustarse a una determinada ley.
Pusieron sus ropas.
La ley mosaica exigía que el acusador lanzara la primera piedra contra el acusado (Deut. 17: 7; cf. com. Juan 8: 7). Los mantos anchos y holgados que llevaban habrían impedido la libre acción de los brazos de los verdugos, y por lo tanto se los quitaron (cf. Hech. 22: 20).
Un joven.
Gr. neanías, "joven". Esta palabra se usaba para referirse a hombres que estaban entre los 20 y los 40 años; por lo tanto, este vocablo no ayuda para determinar la cronología de la vida de Pablo (cf. com. File. 9). Con referencia a una posible fecha para el martirio de Esteban ver p. 102.
Saulo.
En cuanto al significado de este nombre, ver com. 1 Sam. 9: 2. En la segunda Nota Adicional de este capítulo se presenta la vida de Saulo antes de este episodio, su presencia en el martirio de Esteban y su siguiente cambio de nombre.
59.
Invocaba.
El texto no dice explícitamente quién era invocado, pero la oración de Esteban indica claramente que se dirigía al Señor Jesús, a quien acababa de ver a la diestra de Dios (vers. 56).
Recibe mi espíritu.
Ver com. Mat. 27: 50; Luc. 8: 55; Hech. 7: 60. Nótese que Lucas registra una oración similar de Jesús cuando estaba a punto de morir (Luc. 23: 46).
60.
Puesto de rodillas.
Se postró para adorar e implorar a Aquel a quien había visto a la diestra de Dios, aunque es indudable que el apedreamiento lo obligó a tomar esta posición.
No les tomes en cuenta.
Poco era lo que Esteban podía hacer en relación con los pecados pasados de sus perseguidores, pero tenía el derecho de pedir perdón por este pecado. Este ruego por ellos revela cuán plenamente estaba imbuido del espíritu perdonador que había caracterizado a su Maestro (cf. Luc. 23: 34).
Durmió.
Ver com. Mar. 5: 39; Juan 11: 11. La conducta de Esteban en toda su defensa fue muy diferente de la de sus acusadores. Ellos estaban llenos de furia y odio, pero él conservó una tranquilidad como la de Cristo en el pretorio. Lucas concluye su registro del ministerio de este mártir, conservando esa sagrada atmósfera con la última palabra: "durmió". Ha concluido la batalla; la victoria ha sido ganada; el fiel guerrero de Dios abandona el tumulto, y silenciosamente duerme hasta el día de la resurrección. Los capítulos siguientes demuestran que su muerte no fue en vano.
NOTAS ADICIONALES DEL CAPÍTULO 7
Nota 1
El discurso de Esteban presenta algunas dificultades en cuanto a su propósito, su contenido y algunos datos históricos. Al estudiar estos problemas, debería tenerse en cuenta lo siguiente: (1) El discurso se presenta no como Lucas podría haber recordado su contenido y entender su significado 30 años más tarde cuando escribió el libro de Hechos, sino probablemente como le fue contado por uno o más de los que lo oyeron, quizá por Pablo o algunos de los sacerdotes convertidos (cap. 6: 7). Por supuesto, en ese proceso no debe descartarse la obra inspiradora del Espíritu Santo. (2) El discurso nunca concluyó, pues los que lo oían arremetieron con furia contra Esteban, lo llevaron fuera de la ciudad, y lo apedrearon hasta matarlo. (3) El discurso de Esteban fue histórico, como habían sido antes los de Pedro (cap. 2; 3) y luego los de Pablo (cap. 13; 22; 26), y en este sentido la disertación de Esteban registra poco del pensamiento teológico de su autor. Los conceptos teológicos que Esteban había llegado a formar deben verse en lo que se deduce del esbozo histórico que presentó y en las acusaciones de sus enemigos. (4) Su discurso fue sin duda una continuación del mensaje evangelístico presentado por los siete después de su ordenación (cap. 6: 7-10) y 208 de la presentación evangélica que Esteban había hecho en las sinagogas de los helenistas (ver com. vers. 9). Por lo tanto, su defensa daba por sentados muchos puntos que hoy no conocemos y que serían de ayuda para analizar y evaluar esa defensa. (5) Algunos de los problemas históricos y exegéticos que surgen de su discurso -que Abrahán no partiera de Harán hasta después de la muerte Taré (cap. 7: 4), las 75 personas que descendieron a Egipto con Jacob (vers. 14), la parcela que Abrahán compró en Siquem (vers. 16), el entierro de Jacob en esa parcela (vers. 15-16), la cita de Amós 5: 26-27, en la cual Esteban dice "Babilonia" en vez de "Damasco" y los nombres de las deidades paganas que se mencionan (Hech. 7: 43)-, pueden deberse en parte o totalmente a que no tenemos hoy toda la información que Esteban pudo haber conocido.
Del discurso pueden inferirse tres objetivos relativamente claros:
1. Ganar la aprobación, o por lo menos disminuir la desaprobación, del sanedrín, mostrando que él conocía la historia hebrea, y presentar los fundamentos de su ortodoxia.
2. Mostrar históricamente cómo Dios había procurado guiar a los hebreos, y cómo con tanta persistencia ellos habían rechazado esa conducción dada mediante Moisés, los profetas y el Mesías, quien había sido predicho con muchísima anticipación.
3. Mostrar la naturaleza y el significado del culto que Dios había ordenado para los patriarcas y para su pueblo escogido, como debía reconocerse en relación con la obra que Cristo acababa de comenzar a la diestra de Dios. Quizá deba considerarse que este era el objetivo más importante, aunque es el que aparece menos claramente expresado. En relación con él deben señalarse cuatro hechos:
a. Cuando los diáconos, de los cuales Esteban surge como el principal evangelista, comenzaron su ministerio público, "muchos de los sacerdotes obedecían a la fe" (cap. 6: 7). Este pudo haber sido el resultado de algún énfasis específico en la predicación del Evangelio presentado por Esteban y los otros diáconos.
b. A Esteban se le había hecho la grave acusación de que enseñaba lo que era contrario "a este lugar santo", es decir, el templo, la "ley" y las "costumbres" (cap. 6: 13-14).
c. Esteban hizo hincapié en el llamamiento de Abrahán y el cuidado providencia de Dios para con Jacob y sus descendientes (cap. 7: 2-17), en la liberación de los hebreos de Egipto bajo la conducción de Moisés (vers. 18-36), en el testimonio de Moisés en cuanto a un profeta futuro para la congregación en el desierto (vers. 37-38), en el culto falso y los sacrificios desprovistos de consagración de los hebreos (vers. 39-43), en la construcción del tabernáculo del desierto según el modelo mostrado a Moisés (vers. 44-45), en el templo de Salomón (vers. 46-47), y en el hecho de que Dios de ningún modo necesita templos hechos por manos humanas (vers. 48-50). Este énfasis en el culto podría sugerir que Esteban se proponía llegar al tema del ministerio de Cristo en los cielos.
d. En el caso de Esteban se puede percibir una relación con la profecía de las 70 semanas (Dan. 9: 24-27), la cual comenzó en el año 457 a. C., en cuya última semana se quitaría la vida al Mesías "mas no por sí", y el sistema simbólico de sacrificios terrenales terminaría como un medio eficaz de intercesión, con lo cual también terminaría el sacerdocio terrenal. Este Comentario adopta la posición de que la crucifixión ocurrió en el año 31 d. C. (ver t. V, pp. 242-258), "a la mitad de la semana". Por lo tanto, la última de las 70 semanas proféticas debía terminar en el año 34 d. C. De este modo puede considerarse que el ministerio de Esteban simboliza dramáticamente el llamamiento de Dios a su pueblo escogido durante la última semana profético, antes de que se presentara el Evangelio a los gentiles. Por esto parece razonable ubicar el martirio de Esteban en el año 34 d. C., puesto que su muerte puede entenderse como el último acto del rechazo del Evangelio de parte de los judíos como nación.
Cuando el discurso de Esteban se proyecta sobre este telón de fondo, se percibe como un episodio dramático y vital en un período crítico de la historia de la iglesia primitiva.
Nota 2
El joven Saulo, presentado en este relato (cap. 7: 58), juega un papel tan importante en el escenario del NT, que merece nuestra mejor atención desde que se menciona su nombre por primera vez. Son escasos los detalles biográficos directos, pero las referencias indirectas permiten reconstruir con cierta seguridad los primeros años de su carrera.
Las Escrituras no dicen nada acerca de sus padres, excepto una mención pasajera a su 209 madre (Gál. l: 15) y de referencias generales sus antepasados hebreos (Hech. 24: 14; Gál. l: 14; 2 Tim. 1: 3). Según Hech. 23: 16 no era hijo único, pues allí aparece "el hijo de la hermana de Pablo". Es posible que su familia lo consideró un apóstata cuando se convirtió al cristianismo y rompió toda relación con él (Fil. 3: 8), y que este hecho le hiciera penoso hablar de los suyos, aunque por Rom. 16: 7 podría entenderse que algunos de sus parientes eran cristianos.
Una tradición del siglo II, registrada por primera vez por Jerónimo, afirma que los padres de Saulo vivieron originalmente en Giscala de Galilea. Dice también que alrededor del año 4 a. C. fueron llevados como esclavos a Tarso, principal ciudad de Cilicia en el Asia Menor, donde finalmente obtuvieron su libertad, prosperaron y se hicieron ciudadanos romanos. Más tarde les nació allí un hijo, Saulo.
La vida de Saulo comenzó en Tarso (Hech. 22: 3), donde al octavo día fue circuncidado (Fil. 3: 5) y, según la costumbre, recibió su nombre (ver com. Luc. l: 59). Puesto que era de la tribu de Benjamín (Rom. 11: 1; Fil. 3:5), pudo haber recibido el nombre de Saulo en honor del primer rey de Israel, también de esa tribu.
Desde su nacimiento tuvo ciertos privilegios envidiables. Era ciudadano romano de nacimiento (Hech. 22: 28). En el siglo I d. C. la ciudadanía romana era muy codiciable, y es probable que la familia de Saulo fuera de cierta alcurnia y de una riqueza más que común. El poseedor de tal ciudadanía tenía amplia razón para enorgullecerse, y naturalmente sentiría afecto por el Imperio Romano. Además, Santo era leal a su propia y distinguida ciudad; era ciudadano de Tarso (cap. 21: 39). Esto significa que no sólo residía allí, sino que poseía derechos de ciudadano. Es probable que tuviera este privilegio por servicios prestados por su familia a la ciudad.
Pero por encima de estos privilegios sociales, Saulo valoraba su herencia racial y religiosa. Se gloriaba describiéndose como "hebreo de hebreos" (Fil. 3: 5; cf. 2 Cor. 11: 22), y era celoso de las tradiciones de sus antepasados. Este orgullo era plenamente compatible con el que sentía por su ciudadanía, tanto romana como de Tarso, porque hasta el año 70 d. C., cuando Vespasiano abolió los derechos legales de los judíos, ellos podían conservar su nacionalidad peculiar, aun dentro del ambiente de la Roma pagana. A esta satisfacción de trasfondo religioso, Saulo añadía un orgullo especial por ser fariseo. Vivía como fariseo, "conforme a la más rigurosa secta" de la religión judía (Hech. 26: 5; cf. cap. 23: 6; Fil. 3: 5). Algunos comentadores sugieren que este fariseísmo fue heredado de su padre; pero es igualmente posible que se hiciera fariseo por causa de su educación bajo la tutela de Gamaliel (cf. com. Hech. 5: 34).
Cuando era aún joven, quizá a los 12 años, Saulo fue enviado a Jerusalén (cap. 26: 4) para ser educado por el famoso Gamaliel I (cap. 22: 3; ver com. cap. 5: 34). Fue instruido "estrictamente conforme a la ley", "creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas", llegando a ser "celoso de Dios", y "mucho más celoso de las tradiciones de" sus "padres" (Hech. 22: 3; 24: 14; Gál. l: 14). Parece que llegó a ser un partidario más fanático de su secta que su mismo maestro (cf. com. Hech. 5: 34). De este modo puso el fundamento para su futura y enérgica cruzada contra la iglesia cristiana (cap. 8: 1, 3; 22: 4-5; 26: 9-12). Con este trasfondo y dentro de estos antecedentes, Saulo se introduce en el relato del libro de Hechos (cap. 7: 58). Como miembro celoso de la secta más estricta del judaísmo, presenta su apoyo y da asentimiento con su presencia a la muerte de Esteban, quien parece condenar al judaísmo. Su presencia sugiere que Saulo había seguido viviendo en Jerusalén; por lo tanto, estaría bien enterado del ministerio y de la muerte de Cristo, y del posterior testimonio apostólico cada vez más poderoso. Pero puesto que menciona sólo su encuentro sobrenatural con Jesús en el camino a Damasco (Hech. 22: 7-8; 26: 14-15; 1 Cor. 15: 8), es poco probable que alguna vez lo hubiera visto personalmente. Con todo, Saulo estaba bien preparado para ser perseguidor de los cristianos, y no hay nada de extraño en que hubiera participado en la muerte del primer mártir.
Se ha debatido mucho en cuanto al cambio de nombre que ocurre a la mitad del libro de Hechos. Se habla de "Saulo, que también es Pablo" (cap. 13: 9). ¿Por qué habría de presentarse aquí un segundo nombre cuando se ha empleado el nombre "Saulo" 18 veces (cap. 7: 58 a 13: 9)? Desde los días de Jerónimo el nuevo nombre se ha relacionado con el de Sergio Paulo, procónsul de Chipre. Se ha 210 sugerido que Saulo tomó el nombre de Pablo en esa ocasión en honor a la conversión del procónsul al cristianismo. Tal explicación parece poco probable, porque hay razones de peso para suponer que Saulo tuvo desde su infancia más de un nombre.
Saulo nació en un mundo políglota; en una población heterogéneo que hablaba una multitud de idiomas diferentes, pero cada grupo tenía su lengua vernácula. Por encima de todo, estaba el griego, lengua franca del mundo civilizado (ver t. V, p. 104), y el latín, idioma oficial del Imperio Romano. Por esto muchas personas hablaban griego y latín, además de su lengua vernácula. Por esta razón muchos tenían más de un nombre o quizá diferentes formas del mismo nombre, según el idioma o la sociedad en que se lo usara. En otros casos tenían nombres sin relación lingüística entre sí; es decir, no eran traducciones de un idioma a otro. En el caso de Saulo, puede haber pasado lo siguiente: cuando fue circuncidado recibió un nombre judío, Saulo, pero como vivía en una comunidad gentil se le dio también un nombre latino relativamente común: Paulus. Pueden señalarse muchos casos de personas que tuvieron dos nombres: Beltsasar-Daniel, Ester-Hadasa, Juan Marcos (ver Hech. 1: 23; 13: 1; Col. 4: 11). Lucas muestra que sabía que el apóstol tenía dos nombres: Saulo y Pablo. Antes de Hech. 13: 9 lo describe dentro de un ambiente mayormente hebreo, y por lo tanto ha usado su nombre hebreo, Saulo. Posteriormente (cap. 13: 9), Lucas lo ve frente a frente con un funcionario romano, quien naturalmente le habría preguntado su nombre, su procedencia, etc. Un ciudadano romano no habría respondido: "Soy Saulo, fariseo de Jerusalén", sino "Soy Pablo, ciudadano romano de Tarso". Por lo tanto, el uso del segundo nombre del protagonista del relato de Lucas es sumamente apropiado dentro de las circunstancias, y casi no necesita ninguna otra explicación. De aquí en adelante, Lucas emplea el nombre gentil, excepto en tres referencias al Saulo de tiempos pasados (cap. 22: 7, 13; 26: 14), lo que muestra con cuánta precisión Lucas registró los discursos de Pablo. Esto es muy apropiado, porque el ministerio del apóstol en la segunda mitad del libro de Hechos fue casi enteramente en medio de los gentiles. De esa manera el nombre de Pablo está entretejido con su misión para los gentiles. Esto está corroborado por el uso casi invariable del nombre de Pablo en sus epístolas (Rom. 1: 1; 1Cor. l: 12; 2 Cor. 10: 1; Gál. 5: 2; Col. 4: 18; etc.).
Otra interpretación merece ser considerada. La palabra latina paulus, cuyo equivalente griego es páuros significa "pequeño" o "chico", y se ha interpretado como una descripción de la estatura de Saulo. Esta idea tiene el apoyo del libro apócrifo de Hechos de Pablo y Tecla, que data aproximadamente de 160-180 d. C., y aunque no es digno de confianza quizá refleje una tradición genuina referente a la apariencia personal del gran apóstol. El pasaje en cuestión dice que Pablo era: "Un hombre pequeño de estatura, calvo, estevado, fornido, cejijunto, de nariz bastante larga, lleno de gracia, pues algunas veces parecía ser un hombre y otras veces tenía el rostro de un ángel". Sin embargo, debe reconocerse que esta explicación requiere que se acepte que Pablo recibió ese nombre cuando era grande, una vez que se destacaron sus características físicas.
Sea cual fuere el origen del segundo nombre del apóstol, era un nombre romano muy apropiado para su propósito final de llevar el Evangelio a la capital imperial (cf. com. Hech. 19: 21; Rom. 1: 15). Además, cuando Lucas presenta el tema central de su libro -el ministerio de Pablo para los gentiles-, usa siempre el nombre romano del apóstol.
Ver en las pp. 100-105 una cronología sugerente de la vida de Saulo, llamado con más frecuencia, Pablo.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-60 HAp 81-84; SR 264-267
4 PP 119
5 PP 166
6 8T 207
22 CM 311, 319; CV 84; Ed 58; FE 342,
360, 393; MC 376; PP 250; SR 108
23-25 CM 312
25 PP 253
29-30 FE 360, 423; MC 406
37 HAp 81
44 PP 370
48 PE 197
48-50 HAp 82; SR 264 211
51-52 PE 198
51-55 HAp 82
51-56 SR 265
55 HAp 95
55-56 ECFP 120; PE 198, 208
56 HAp 95; MeM 69; MJ 111; SR 270
56-60 HAp 83
57-58 PE 198
58-60 PR 515
59 HAp 459, 477; 3TS 376
59-60 MeM 69; SR 206
60 DMJ 32; PE 198


CAPÍTULO 8
1 Por causa de la persecución en Jerusalén, la iglesia es establecida en Samaria 5 por la predicación de Felipe, el diácono, quien predicaba, hacía milagros y bautizaba a grandes multitudes, inclusive a Simón el mago, quien engañaba a muchos. 14 Pedro y Juan llegan para confirmar y aumentar la iglesia mediante la oración y la imposición de las manos. 18 Simón ofrece comprar el don del Espíritu Santo; 20 Pedro lo reprende duramente por su hipocresía y avaricia, y le aconseja que se arrepienta de su pecado; luego, regresan a Jerusalén. 26 El ángel del Señor envía a Felipe a enseñar y a bautizar al eunuco etíope.


Y SAULO consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.
2 Y hombres piadosos llevaron a enterrar a Esteban, e hicieron gran llanto sobre él.
3 Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.
4 Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.
5 Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.
6 Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.
7 Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;
8 así que había gran gozo en aquella ciudad.
9 Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.
10 A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.
11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo.
12 Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres.
13 También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.
14 Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan;
15 los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;
16 porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.
17 Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.
18 Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,
19 diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo.
20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero.
21 No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios.
22 Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;
23 porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.
24 Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí.
25 Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio.
26 Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
27 Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,
28 volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
29 Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.
30 Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees?
31 El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.
32 El pasaje de la Escritura que leía era este:
Como oveja a la muerte fue llevado;
Y como cordero mudo delante del que lo trasquila,
Así no abrió su boca.
33 En su humillación no se le hizo justicia;
Mas su generación, ¿quién la contará?
Porque fue quitada de la tierra su vida.
34 Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?
35 Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús.
36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.
40 Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.
1.
Saulo consentía.
Algunos sugieren que la primera oración del versículo corresponde en realidad al final del cap. 7, para unir el relato del martirio de Esteban con una nota acerca de la actitud que Saulo adoptó frente a ese hecho. Saulo estaba de acuerdo con lo que se había hecho, aunque él mismo no tomó parte personalmente en el apedreamiento. El intrépido testimonio de Esteban sin duda conmovió a Saulo más profundamente de lo que él se daba cuenta. Esto le produjo un conflicto íntimo entre su propio fanatismo farisaico y su convicción de que Esteban representaba una causa justa. La consecuencia de este conflicto fue que se acentuara el rencor de Saulo contra los cristianos, que se intensificara su persecución (HAp 83-84, 92-93). Como recompensa por la parte que había tenido en el martirio de Esteban, Saulo fue recibido como miembro del sanedrín (HAp 84; ver com. 1 Cor. 7:7). Pero más tarde, arrepentido, confesó la parte que había desempeñado en la muerte de Esteban (cf. Hech. 22:20).
En aquel día.
El apedreamiento de Esteban señaló el comienzo de una persecución organizada en contra de la iglesia. Después de haber llegado hasta el punto de matar a Esteban, los dirigentes judíos dieron rienda suelta a su ira contra todos los cristianos.
Gran persecución.
La iglesia fue perseguida una vez más por las autoridades judías, como ya lo había sido en una escala menor después de la curación del cojo (cap. 4:1-7) y de la muerte de Ananías y Safira (cap. 5:17-18). Esta persecución se distingue de las anteriores por ser "una gran persecución", más grande en extensión y severidad. Ver mapa, p. 214.
Según el vers. 3 y la descripción hecha más tarde por Pablo (cf. cap. 22:4; 26: 10-11), se deduce que esta persecución produjo muchos sufrimientos y encarcelamientos.
La iglesia.
Es decir, la congregación que se había formado en la ciudad capital desde Pentecostés (ver com. Mat. 18:17). Esto sugiere que la iglesia tenía otras ramas fuera 213 de Jerusalén, lo cual indica un crecimiento animador.
Esparcidos.
Gr. diaspeirÇ, "esparcir"; específicamente se refiere a la siembra al voleo. La ira de los enemigos sólo logró de este modo que la iglesia cumpliera lo que Cristo había predicho (cap. 1:8). No necesariamente debe entenderse que "todos" los miembros de la naciente iglesia fueron esparcidos (ver com. cap. 1: 1), sino sólo los que sintieron más temor, o quizá los más activos en predicar, o los que eran conocidos personalmente por los perseguidores. Pero en la ciudad quedaron creyentes de ambos sexos (cap. 8:3).
De Judea y de Samaria.
Es posible que ciudades y aldeas como Hebrón, Gaza, Lida y Jope pudieran haber servido de refugio para los cristianos. La existencia de comunidades cristianas en algunos de estos lugares pudo deberse a esta dispersión de cristianos y a la predicación de Felipe (vers. 40; cf. cap. 9:32, 36). Algunos huyeron a Samaria sin duda por causa del odio de ese pueblo contra los judíos; el que huía de los sacerdotes y dirigentes de Jerusalén probablemente era bien recibido allí. La segunda región mencionada en el cap. 1:8 ya estaba siendo alcanzada. Esto pudo haber servido como el primer paso para deshacer la antipatía contra los samaritanos, y finalmente contra los gentiles.
Salvo los apóstoles.
Se han señalado tres posibles razones para que se quedaran los apóstoles: (1) Los doce habían aprendido de su Maestro que "el asalariado huye, porque es asalariado" (Juan 10:13), y se negaban a abandonar sus responsabilidades. (2) Los doce deseaban permanecer en Jerusalén a pesar de toda la persecución, porque esa ciudad era considerada como el centro de las actividades de los cristianos, y los fugitivos debían buscar allí consejo y ayuda. (3) Esta persecución parece haberse dirigido especialmente contra aquellos que, como Esteban, enseñaban que las costumbres a las cuales los fariseos daban tanta importancia eran transitorias (ver com. Hech. 6:14). Parece que los apóstoles siguieron rindiendo culto en el templo manteniéndose ceremonialmente limpios (cap. 10: 14), y permanecían alejados de los gentiles (vers. 28). Es probable que la mayoría del pueblo los considerara con bastante favor y respeto; por lo tanto, es posible que la persecución se hubiera dirigido más bien contra los discípulos helenistas. Este grupo fue el que en forma más activa inició el siguiente gran paso en la expansión de la iglesia. Sin embargo, no puede adoptarse ninguna posición dogmática en cuanto a una u otra de las tres razones presentadas por comentadores e historiadores eclesiásticos.
2.
Piadosos.
Gr. eulab's, "el que toma bien", "cuidadoso", "piadoso" (ver com. cap. 2:5). Ananías, quien bautizó a Pablo es calificado de "piadoso" (cap. 22:12). Sólo Lucas emplea esta palabra (Luc. 2:25; Hech. 2:5; 8:2; 22:12). Se ha sugerido que "piadosos" se refiere a un grupo de personas que enterraron a Esteban, sin defender plenamente la verdad que éste había presentado mientras vivía, así como lo habían hecho Nicodemo y José de Arimatea después de la crucifixión de Cristo. Este versículo es la conclusión del cap. 7.
Gran llanto.
Cf. Mat. 9:23; com. Mar. 5:38-39. Los que participaron en el entierro tuvieron que tener mucho valor para cumplir con los ritos funerarios, pues Esteban había caído ante la ira del sanedrín. Lo habitual era que una persona que había sido acusada de blasfemia y apedreada, no tuviera derecho a funerales (Mishnah, Sanhedrin 6. 5-6). La lamentación de los piadosos en público pudo haber tenido un tono de protesta contra los que habían causado la muerte de Esteban.
3.
Saulo asolaba la iglesia.
Se continúa el relato comenzado en el vers. 1. El verbo "asolar", es traducción del griego lumáinÇ, "destrozar", "destruir", "asolar". En Sal. 80:13 (LXX) este verbo describe el destrozo que hace un jabalí. El tiempo aquí empleado sugiere una persecución continuada. Pablo afirma: "perseguía yo este Camino hasta la muerte" (Hech. 22:4; cf. cap. 26:10). Según lo confesó más tarde (cap. 26:11), en su violencia parecía haber una extrema ferocidad.
Iglesia.
La de Jerusalén. Ver com. vers. 1; cf. cap. 26: 10.
Casa por casa.
Por lo que se dice posteriormente (cap. 26:11), parece que Saulo iba en primer lugar a las sinagogas en busca de víctimas, y después perseguía a los cristianos de casa en casa. Es posible que esas casas fueran sus lugares de reunión.
A hombres y a mujeres.
La mención de que había mujeres entre los perseguidos, sugiere que ellas eran prominentes en la iglesia (cf. com. Luc. 8:2-3; Hech. 1:14). Las mujeres han demostrado ser fieles en las persecuciones
MINISTERIO DE FELIPE
215 a través de la historia de la iglesia.
4.
Iban por todas partes.
Gr. diérjomai, "atravesar", palabra predilecta de Lucas para referirse a la obra misionera (cf. Luc. 9:6; Hech. 8:40; 9:32; 11:19; 13:6). En este caso el intento de raer la nueva le dio un campo de acción más amplio, así como el Señor lo había deseado (Hech. 1:8), y obligó a la iglesia a ir más allá de los límites que de otro modo la habrían detenido durante un período de espera mucho más largo. Entonces -como ha sucedido después-, la sangre de los mártires fue la semilla de la iglesia.
Anunciando el evangelio.
Gr. euaggelízomai, "evangelizar", "anunciar buenas noticias". Esta era la tarea de los cristianos perseguidos: anunciar el Evangelio, o sea las buenas nuevas (ver com. Mar. 1:1) en los muchos lugares donde eran esparcidos.
El griego dice "evangelizando la palabra", es decir, anunciando las buenas nuevas de la Palabra. Esta palabra era todo lo que se refería a Cristo. Buena parte de esa "palabra" provenía del AT. La mayoría de lo que se presentaba de la historia de Jesús aún no había sido escrita, y se basaba en los mensajes orales de los diligentes evangelistas.
5.
Felipe.
No puede referirse a Felipe el apóstol, pues en el vers. 1 se dice específicamente que los apóstoles permanecieron en Jerusalén; por lo tanto, debe referirse al diácono que llevaba ese mismo nombre (ver com. cap. 6:5). Puesto que tuvo una parte importante en estos primeros esfuerzos de evangelización, se lo conoció después como Felipe el evangelista (cap. 21:8).
Ciudad de Samaria.
Samaria era la región; "la ciudad de Samaria" se refería lógicamente a la ciudad capital de la región; sin embargo, no se sabe si Lucas se refería a Sebaste, conocida antes como Samaria, o a Neápolis, la Nablús actual, o quizá a alguna otra ciudad (cf. com. vers. 9). Tampoco se sabe por qué no dio el nombre preciso de la ciudad. No importa cuál fuera esa ciudad, la semilla ya se había sembrado en Samaria (ver com. Juan 4:4-42). Como resultado los campos estaban ya "blancos para la siega" (Juan 4:35).
Predicaba.
Gr. k'rússÇ, "proclamar", lo que implica una predicación más formal y organizada que la de los creyentes. Se utiliza esta palabra para referirse tanto a la predicación de Juan el Bautista como a la de Cristo (Mat. 3:1; 4:17). El tiempo del verbo indica que Felipe predicaba constantemente.
Cristo.
Mejor "el Cristo", el Ungido, el Mesías. En Juan 4:25 se ve que entre los samaritanos, como entre los judíos, había mucha expectativa en cuanto al Mesías, y que por lo tanto la obra de Felipe fue la de proclamar que Aquel a quien por tanto tiempo habían esperado ya había venido, y que Jesús de Nazaret era el Cristo, el Hijo de Dios.
6.
La gente.
Mejor "las multitudes", refiriéndose a muchedumbres.
Unánime.
Ver com. cap. 1:14.
Escuchaba.
Gr. proséjÇ, "aplicar la mente a", "atenerse a"; es decir, "oír atentamente" (Hech. 8:10-11; 16: 14; 1 Tim. 1:4; 3:8; 4:1, 13; 2 Ped. 1:19). El texto implica que multitudes aceptaron la nueva enseñanza. La prontitud con que creyeron muestra que a pesar de la influencia adversa de Simón el Mago (Hech. 8:9-11), la cual se había hecho sentir después de que Cristo enseñó allí, la obra del Maestro no había sido en vano.
Oyendo.
Los samaritanos habían creído al principio simplemente como resultado de oír predicar a Cristo (Juan 4:39-42), sin que entonces se produjeran "señales" (cf. Mat. 12:38-42). Los milagros que ahora se hacían no eran la base de su fe, sino que la fortalecían. Los milagros quitaron toda duda acerca del poder que actuaba por medio de Felipe. Sin duda también sirvieron para contrarrestar la influencia de Simón el Mago (Hech. 8:9-11).
7.
Espíritus inmundos.
Nótese cómo Lucas, el médico, distingue entre los que estaban endemoniados y los que sufrían de otras enfermedades. Con referencia a los "espíritus inmundos", ver com. cap. 5:16; la Nota Adicional de Mar. 1.
8.
Gran gozo.
El gozo de esta ciudad samaritana muestra cuán favorablemente fue recibida la obra de los mensajeros cristianos por la gente de Samaria.
9.
Simón.
Ver com. Juan 1:42. Este Simón comúnmente es llamado Simón el Mago. Según, Justino Mártir, nació en Gitto, aldea de Samaria (Apología primera 26). Relatos posteriores de los tiempos de los padres de la iglesia, lo describen como un constante enemigo de Pedro, a quien siguió a Roma para oponerse a su enseñanza. Estas leyendas carecen de autoridad. Simón era un ejemplo típico de cierto grupo de Judíos que dependían del prestigio de su raza y de la credulidad de los paganos. Tales fueron Elimas de Chipre (Hech. 13:8), los exorcistas "ambulantes" 216 judíos de Efeso (cap. 19:13), y Simón de Chipre, a menos que éste fuera el mismo de este pasaje (Josefo, Antigüedades xx. 7. 2). Ver t. V,p.890; t. VI, p. 36.
Antes ejercía la magia.
La "magia" la practicaban los "magos". Ambas palabras derivan de mágos, nombre que daban los griegos a los miembros de una tribu de medos que ejercían funciones sacerdotales entre los iranios; sin embargo, debe admitirse que no sabemos exactamente cuáles eran las artes mágicas que practicaba Simón. Los magos que vinieron del Oriente a ver al niño Jesús (ver com. Mat. 2:2) eran hombres piadosos y eruditos; pero se sabe que los "magos" también se dedicaban a la astrología, a la interpretación de sueños y a la adivinación. En relación con los "magos" de Babilonia, ver com. Dan. 1:20. Indudablemente, Simón era un hombre astuto y sabía engañar a los crédulos del pueblo, pero su éxito no se debió exclusivamente a inteligencia humana, sino que trabajaba con la ayuda de los demonios (CS 570; cf. com. Exo. 7:11).
Aquella ciudad.
Ver com. vers. 5. Muchos comentadores creen que debería leerse "una ciudad" y no "la ciudad". Aquí Samaria parece referirse de nuevo a la región y no a una ciudad.
Había engañado a la gente.
Mejor "tenía atónito al pueblo de Samaria" (BJ). Los habitantes de Samaria eran supersticiosos, y por eso quedaron impresionados por los supuestos milagros del gran Simón el Mago.
Algún grande.
El vers. 10 explica con más claridad la naturaleza de lo que pretendía ser. Cuando el pueblo exclamaba que Simón era "el gran poder de Dios", sin duda no hacía más que repetir lo que él mismo afirmaba, pues de una u otra manera pretendía ser la encarnación del poder divino. Es posible que se identificara como el Mesías. Las esperanzas mesiánicas judías favorecían a los impostores y les ayudaban a conseguir adeptos. Nótese el contraste con Felipe (vers. 5) que predicaba a Cristo, y no llamaba la atención hacia sí mismo.
10.
Oían atentamente todos.
Ver com. vers. 6. Sus engaños habían logrado mucho éxito, porque todo tipo de gente creía en él. Jesús advirtió que se levantarían personas que harían "grandes señales y prodigios" para engañar, (cf. Mat. 24:24; 2 Tes. 2:9).
Este es el gran poder de Dios.
Según el griego, el pronombre "éste" sólo puede representar a Simón. Refiriéndose a Simón el Mago, Ireneo, obispo de Lyon, dice que "era glorificado por muchos como si fuera un dios... En una palabra, se hacía pasar como el más elevado de todos los poderes" (Contra herejías i. 23).
11.
Estaban atentos.
Gr. proséjÇ (ver com. vers. 6).
Les había engañado.
Ver com. vers 9. Algunos han sugerido que Simón había actuado en Samaria durante varios años, quizá desde poco tiempo después que Jesús visitó esa región, unos seis o siete años antes. Sin embargo, no se sabe cuánto abarcó el "mucho tiempo" de este versículo.
12.
Anunciaba el evangelio.
"Anunciaba la Buena Nueva del Reino"(BJ). Así como entonces, también ahora los hombres son salvados por la predicación del Evangelio (ver com. 1 Cor. 1:21). El poder del mensaje de Felipe fue mucho más poderoso que la fascinación de la magia de Simón.
Reino de Dios.
Ver com. Mat. 4:17; Luc. 17:20-21; Hech. 1:6. A medida que se extendía el campo de la labor evangélica, el mensaje de los discípulos se hacía más claro. Era abarcante y específico; llevaba al bautismo a quienes lo escuchaban.
Nombre de Jesucristo.
Ver com. cap. 2:21; 3:16.
Se bautizaban.
Ver com. Mat. 3:6. El tiempo del verbo griego denota un continuo crecimiento debido a los que se iban bautizando y se añadían a la iglesia.
13.
También creyó Simón mismo.
Sin duda quedó impresionado por los milagros que hacía Felipe (vers. 6). Se sentía como si estuviera ante la presencia de un poder infinitamente mayor que el suyo, y aceptó lo que Felipe decía acerca de la muerte y de la resurrección de Cristo sin que madurara en él una fe personal. Su fe era de la clase que habla Santiago (Sant. 2:14, 19). En Juan 8:31 se describe una fe similarmente imperfecta; algunos judíos creyeron en Jesús, pero como se explica en los versículos siguientes, su creencia no era aquella que salva. Sin embargo, Simón comprendió lo suficiente como para ser bautizado aunque, según lo mostró su actitud posterior, su bautismo no significó un nuevo nacimiento que lo condujera a una vida superior. Todavía permanecía en "prisión de maldad" (Hech. 8:23). Lucas destaca la diferencia entre la creencia de los samaritanos 217 y la de Simón: la gente fue ganada por la predicación de Felipe, pero Simón fue simplemente atraído por las maravillas que vio. Sin embargo, Dios no rechazó esta fe imperfecta; la aceptó como una base para construir una fe más aceptable. Cuando Simón erró, Pedro lo animó (vers. 22) a arrepentirse y a pedir perdón en oración.
Viendo... estaba atónito.
Ver com. vers. 9. Los papeles se habían invertido. El mago, que había mantenido atónita a la gente, cedió ante maravillas superiores a las suyas, y también quedó atónito al contemplar el poder que acompañaba a la proclamación del Evangelio.
14.
Los apóstoles.
Habían quedado en Jerusalén (vers. 1) dirigiendo las actividades de la iglesia. El Señor había fijado un límite geográfico para la predicación del mensaje del reino (Mat. 10: 5); pero había eliminado esos límites por medio de la comisión evangélica (Mat. 28:19-20) y mediante la instrucción dada en Hech. 1:8. La noticia del éxito de Felipe en Samaria fue para los doce una prueba de que en verdad se habían eliminado esos límites. Había llegado el momento de testificar de Cristo en Samaria.
Oyeron.
A pesar de la persecución, parece que se mantuvieron las comunicaciones entre los obreros esparcidos y el cuartel general.
Samaria.
El mensaje de Felipe fue llevado a través de toda la región por sus entusiastas conversos.
Palabra de Dios.
Lucas emplea esta expresión, tanto aquí como en su Evangelio, para resumir todo el Evangelio de Cristo (cf. Luc. 5:1; 8:11, 21).
Pedro y.. Juan.
Evidentemente en esos primeros tiempos no se le asignaba ninguna preeminencia especial a ninguno de los doce. Por decisión de todos los apóstoles, Pedro y Juan fueron enviados en misión a Samaria. Era lógico que eligieran a estos dos, pues habían sido los más activos en comenzar la obra de la iglesia (cf. cap. 1:15; 2:14; 3:1; 4:8; etc.). Aquí no hay evidencia alguna de la supremacía de Pedro; estaba bajo la dirección del cuerpo apostólico. El y Juan fueron enviados por ese grupo para cumplir esta misión. Juan, que una vez había deseado que descendiera fuego del cielo sobre los samaritanos (Luc. 9:54), ahora debía llevarlos con amor al bautismo del Espíritu Santo y de fuego (Mat. 3:11). Es difícil afirmar que este Juan sea en verdad Juan Marcos (ver com. Hech. 13:5, 13). Si Juan Marcos hubiera pasado por las vicisitudes descritas en los versículos siguientes, difícilmente más tarde habría dejado de acompañar a Pablo y Bernabé (cap. 13:13).
15.
Oraron.
Este fue el primer acto de los dos apóstoles. No concedieron el Espíritu Santo a los creyentes samaritanos recientemente bautizados, sino que imploraron al Señor que les concediera el Espíritu como resultado de su bautismo (cf. cap. 2:38), y como evidencia de que habían sido aceptados por Dios.
16.
Aún no había descendido.
En este versículo se hace una clara distinción entre el bautismo de agua administrado por Felipe, y la recepción del Espíritu Santo por medio del ministerio de Pedro y de Juan. El verbo que se traduce "había descendido", es el mismo que se traduce como "cayó", en Hech. 10: 44 y 11:15.
Solamente habían sido bautizados.
Felipe los había bautizado con agua, pero no recibieron los dones del Espíritu hasta que llegaron Juan y Pedro.
En el nombre.
Esto indica el estrecho vínculo con el cual los nuevos conversos a la fe estaban ligados a Cristo por medio del bautismo.
17.
Les imponían las manos.
Ver com. cap. 6:6.
Recibían.
Nótese los tres pasos que capacitaron a los samaritanos para recibir el Espíritu Santo: (1) Su propia confesión de fe por medio del bautismo (vers. 12), (2) la oración de los apóstoles (vers. 15), y (3) la imposición de las manos de los apóstoles (vers. 17).
18.
Vio Simón.
Simón había sido bautizado por Felipe así como lo habían sido los otros samaritanos; pero las manos de los apóstoles no habían sido puestas sobre él, y no había recibido el Espíritu que generosamente había sido dado a los otros creyentes. Sin duda hubo alguna razón para esto; la verdadera naturaleza de Simón quizá había sido claramente percibida. Sin embargo, la diferencia que se hizo entre él y sus compatriotas, despertó su deseo. Vio la evidencia de que habían recibido el Espíritu. Eran personas transformadas que posiblemente habían comenzado a hablar en lenguas y a profetizar. Era evidente que el Espíritu Santo había penetrado en la vida de ellos.
Les ofreció dinero.
Simón vio que sus 218 compañeros estaban siendo dotados de facultades mucho más grandes que las que él tenía. Aunque no poseía el Espíritu Santo deseaba el poder que recibiría con él; por lo tanto, ofreció dinero a Pedro y a Juan, esperando poder comprar lo que no había recibido gratuitamente. Esta conducta reveló las fallas de su fe y descubrió los motivos que lo dominaban. Su ofrecimiento de dinero ha dado su nombre a toda una serie de errores eclesiásticos. Cualquier intento de comprar un poder de orden espiritual o eclesiástico se llama "simonía",
19.
Dadme.
Ahora se reveló plenamente el carácter de Simón. No deseaba tener el Espíritu Santo como un don espiritual para sellar su bautismo, sino para poder usar el poder para dominar a otros. Quería el poder externo sin haber experimentado el cambio interno que justificara la posesión de tal don. Es posible que tuviera la intención de ganar dinero con la facultad de impartir a su antojo el Espíritu Santo a otros.
20.
Tu dinero perezca contigo.
O "vaya tu dinero a la perdición y tú con él" (BJ). Pedro expresa su disgusto por la oferta de Simón. Comprendió que si Simón no cambiaba, sería destruido. Pero no consideró que no había más esperanza para Simón, porque en el vers. 22 se registra que lo instó a arrepentirse para que fuera perdonado.
Don de Dios.
La actitud de Simón mostraba una incomprensión fundamental del carácter de Dios y de los dones del Espíritu. Todavía tenía que aprender que las cosas más preciosas de la vida no pueden comprarse con dinero.
21.
No tienes tú parte.
Esta no es una declaración arbitraria, sino una sentencia basada en el estado evidente del corazón de Simón. No pertenecía en verdad a la familia de Dios, y por lo tanto no estaba en condiciones de compartir sus privilegios y responsabilidades. Con referencia a "suerte", ver com. cap. 1:26.
Este asunto.
"Este asunto" es evidentemente el tema que se estaba discutiendo: el poder de impartir el Espíritu Santo por medio de la imposición de manos (vers. 19).
Recto.
Gr. euthús, "recto", tanto en el sentido literal como en el moral. Aparece 8 veces en el NT: 4 veces en los Evangelios (Mat. 3:3; Mar. 1:3; Luc. 3:4-5), 3 en Hechos (cap. 8:21; 9:11; 13: 10), y una en 2 Ped. 2:15.
22.
Arrepiéntete.
Ver com. Mat. 3:2. El arrepentimiento es la primera condición para alcanzar el perdón y evitar el castigo merecido. Nótese que aunque la actitud de Simón es denominada "maldad", la exhortación de Pedro muestra que todavía había salvación para él.
Ruega a Dios.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "Ruega al Señor". Si bien los judíos comúnmente llamaban "Señor" a Dios, es posible que aquí Pedro le dijera a Simón que debía orar al Señor Jesús.
Si quizás.
Esto implica duda, no de que Dios no estuviera dispuesto a perdonar, sino de que Simón estuviera listo para arrepentirse. Pedro también pudo haber pensado que el pecado de Simón se acercaba al pecado imperdonable contra el Espíritu Santo (ver com. Mat. 12:31). Cristo había dado a los apóstoles tanta autoridad para disciplinar (Juan 20:23), que estas palabras en labios de Pedro indicarían la gravedad de la situación.
Pensamiento.
Gr. epínoia, "intención", pensamiento"; sugiere la idea de algo premeditado. Esto hace que el pecado fuera aún más grave. El apóstol vio que la mente de Simón se había entregado plenamente a su plan, y si bien no quería afirmar que no había esperanza para él, su codicia, que rayaba en idolatría, hacía que el arrepentimiento fuera casi imposible. Dios está siempre dispuesto a perdonar, pero muchas veces el hombre no está listo para ser perdonado (ver com. Sal. 32:1; 130:4).
23.
Hiel de amargura.
Pedro comprendió que Simón estaba sumergido en amargura y encadenado en iniquidad. Había permitido que la envidia y la codicia amargaran su alma, y que la iniquidad se convirtiera en un hábito, de modo que estaba preso en estos males.
Veo.
Pedro pudo entender nítidamente lo que había en el corazón de Simón.
24.
Rogad vosotros por mí.
Por la forma en que Simón hizo su petición se ve que no había sido impulsado por un arrepentimiento genuino. No manifestaba tristeza. No parecía preocuparse por el debido desarrollo de su carácter. Sólo pedía que se lo liberara de la amenaza del castigo. Su ruego puede compararse con el pedido de Faraón, que repitió en varias ocasiones a Moisés: "Orad a Jehová" (Exo. 8:8, 28; 9:28; 10:17), que sólo reflejaba su temor, pero que no produjo ningún cambio en su conducta. No se registra posteriormente ningún arrepentimiento de 219 Simón, y por lo tanto puede suponerse que siguió sin convertirse.
Aquí termina el relato de Simón en el libro de Hechos, pero la iglesia primitiva conservó muchas leyendas acerca de él. En éstas aparece como un usurpador que presidía una corrupta secta pseudocristiana que constantemente luchó contra la recta doctrina. Las informaciones acerca de Simón el Mago aparecen en las Homilías pseudoclementinas ii. 1839; Reconocimientos clementinos ii. 5-16; Justino Mártir, Apología primera 26, 56; Ireneo, Contra herejías i. 23; Eusebio, Historia eclesiástica ii. 13. 3-18; 14. 1-6; 15. 1. En estos escritos se describe a Simón como precursor de los herejes gnósticos, un maestro cuyo sistema se basaba mayormente en la astrología y la angelología, y una obstinada creencia en sus propios poderes divinos. Ver p. 36; t. V, p. 890.
25.
Y ellos.
Sin duda se refiere a los apóstoles Pedro y Juan.
Habiendo testificado.
Gr. diamartúromai, "presentaron un testimonio solemne".
Se volvieron.
En su viaje de regreso a Jerusalén predicaron el Evangelio en muchas aldeas samaritanos. Aquí termina el relato inspirado del progreso del cristianismo en Samaria. Después no hay más que una mención pasajera (cap. 15:3).
26.
Un ángel.
Lucas señala repetidas veces el ministerio de los ángeles (cf. Luc. 1:38 y Hech. 10:7; Luc. 2:9 y Hech. 12:7; Luc. 24:4 y Hech. 1:10; 10:30). Es posible que este llamamiento sobrenatural fuera mediante una visión (compárese con el caso de Cornelio, Hech. 10:3).
Gaza.
Esta es la transliteración griega del hebreo 'azzah, de una raíz que significa "ser fuerte". Gaza era una ciudad de la frontera sur de los antiguos cananeos (Gén. 10:19). Fue ocupada primeramente por los aveos y después por los caftoreos (Deut. 2:23). Josué no pudo subyugarla (Jos. 10:41; 11:22). Judá la ocupó por un corto tiempo (Juec. 1:18), pero pronto la perdió y quedó en poder de los Filisteos (Jos. 13:3; Juec. 3:3), y éstos la convirtieron en la más austral de sus cinco grandes ciudades. Fue el escenario de la humillación y muerte de Sansón (Juec. 16), y continuó en poder de los filisteos en tiempos de Samuel y aun después (1 Sam. 6:17). La atacaron Salomón (1 Rey. 4:21, 24) y más tarde Ezequías (2 Rey.18: 8). Resistió a Alejandro Magno durante cinco meses, pero finalmente fue conquistada y se convirtió en un importante centro militar durante las luchas entre los Tolomeos y los Seléucidas, y en las guerras de los Macabeos (1 Mac. 11:61).
Gaza fue destruida alrededor del año 96 a. C., y sus habitantes fueron masacrados por Alejandro Janeo (Josefo, Antigüedades xiii. 13. 3); pero fue reconstruida por Gabinio, general y gobernador de Siria (Id. xiv. 5. 3), aunque se dice que la ciudad restaurada estaba más cerca del mar que la antigua. Había más de un camino desde Jerusalén a Gaza, a unos 80 km al suroeste. La ruta del norte pasaba cerca de Lida, después corría paralelamente a la costa hacia el sur, pasando por Azoto, hasta Gaza. La otra ruta corría hacia el sur hasta cerca de Hebrón, y después hacia el oeste por el desierto hasta la ciudad de Gaza. Esta segunda es la ruta más probable para este relato.
Desierto.
El griego dice "éste es desierto". No queda claro si el ángel incluyó en sus instrucciones este detalle acerca del desierto, o si se trata de una explicación añadida por Lucas. En el griego, el "desierto" podría ser tanto el camino como la ciudad; pero lo más probable es que se refiera al camino, pues Gaza era una ciudad, y el ángel le había dicho que fuera "por el camino... a Gaza", y no a la ciudad. Felipe debía ir con fe sencilla por el camino menos frecuentado, menos promisorio, de Jerusalén a Gaza, y sin saber que en el camino se encontraría con un viajero cuya conversión llegaría a ser tan memorable.
27.
Se levantó y fue.
Su inmediata obediencia revela que no tenía duda alguna en cuanto a la autenticidad del mensaje que había recibido.
Etíope.
Etiopía, llamada Cus (Heb. kush) en el AT (Gén. 2:13; Est. 1:1; etc.), se refiere a la región al sur de la primera catarata del Nilo. También se denominó Nubia a este país que hoy se conoce como Sudán. No equivale a la Etiopía de hoy. En su parte norte estaba el gran reino de Meroé, en el valle del alto Nilo, que fue gobernado por reinas durante un largo período. Es muy probable que el eunuco procediera de este reino. La relación de esta nación con el pueblo judío presenta muchos puntos interesantes. Según la Carta de Aristeas 13, durante el reinado del faraón llamado Samético (quizá Samético II, 594-588 a. C.), un ejército de judíos fue enviado a Egipto para ayudar en una campaña militar contra Etiopía. Indudablemente las 220 influencias judías se habían dejado sentir en esa región durante siglos. Esto puede reflejarse en el valiente proceder del eunuco etíope Ebed-melec en tiempos de Jeremías (cap. 38: 7-13; 39: 15-18). Aún antes se dice en el Salmo 68: 31, que Etiopía (kush) extendería sus manos hacia Dios.
Eunuco.
Ver com. Est. 1: 10, 2: 3; Mat. 19: 12.
Funcionario.
Gr. dunást's, "hombre poderoso", "príncipe"; "alto funcionario" (BJ). La ley excluía específicamente a los eunucos del santuario de Dios (ver com. Deut. 23: 1), pero es indudable que en la práctica se los aceptaba. En Isaías se registra la promesa de que se admitiría en el pueblo de Dios a los eunucos que guardaran el sábado (cap. 56: 4). Ni jerarquía, ni raza, ni defectos físicos impiden la aceptación en la familia de nuestro Padre celestial (Gál. 3: 28-29; Col. 3: 10-11).
Candace.
Parece que este era un título dinástico, como Faraón, o Tolomeo en Egipto, o César entre los romanos, y no el nombre de una determinada reina. Este nombre aparece en Estrabón, Geografia xvii. 1. 54, y Dión Casio, Historia liv. 5. 4-6. Según Eusebio (c. 325 d. C.), en sus días Etiopía aún estaba bajo el gobierno de una reina (Historia eclesiástica ii. 1. 13).
Tesoros.
Gr. gáza, "tesoro real", "tesorería", palabra de origen persa usada por los autores clásicos a partir de unos 300 años a. C. Los traductores de la LXX la emplearon en Esd. 5: 17; 6: 1; 7: 21; Isa. 39: 2. En el NT sólo aparece aquí en su forma simple, y en una forma compuesta en relación con la tesorería del templo (Luc. 21: 1). Felipe encontró a un hombre que administraba el tesoro real; pero el evangelista ayudó a este tesorero a encontrar un tesoro aun mayor, así como el hombre de la parábola de Mat. 13: 44 halló un gran tesoro cuando lo buscó con toda diligencia.
Para adorar.
Parece que este eunuco era un prosélito judío (ver t. V, p. 64) que había ido a Jerusalén para adorar en el templo. Prosélitos y judíos viajaban a Jerusalén con este propósito, como puede verse por la enumeración de los que estaban presentes en la celebración de Pentecostés (Hech. 2: 10). De acuerdo con Juan 12:20, unos griegos también fueron a las fiestas celebradas en Jerusalén. El eunuco había ido a Jerusalén buscando una bendición, pero antes de regresar a su casa recibiría una bendición que sobrepasaría todas sus expectativas. Ver t. IV, pp. 29-32.
28.
Volvía.
Regresaba de Jerusalén a Etiopía, después de haber visitado a Jerusalén para adorar en el templo.
Leyendo.
Parece que leía en voz alta (vers. 30), como era la práctica habitual en el antiguo Cercano Oriente. El etíope posiblemente acababa de comprar el rollo de Isaías en Jerusalén. Si así fue, las maravillosas expresiones del profeta evangélico deben haberle parecido nuevas y deleitosas. Según los vers. 32 y 33 es evidente que leía en el capítulo 53 de Isaías, versión de los LXX.
29.
El Espíritu dijo.
Cf. com. vers. 26. El Espíritu habla y le da al evangelista instrucciones explícitas, ya sea por medio de una impresión interior o de una voz audible.
Júntate.
Este funcionario real sin duda era acompañado por una gran comitiva, y era natural que uno que viajaba solo por un camino desierto se uniera a su caravana.
30.
Acudiendo Felipe.
Mejor "Felipe corrió hasta él" (BJ). Reaccionó inmediatamente en respuesta a la orden del Espíritu. Los cristianos deberían imitar esta rápida respuesta. Quienes lo hagan, encontrarán más gente preparada para escuchar una conversación sincera, centrada en Cristo, de lo que comúnmente esperarían hallar.
¿Entiendes?
Felipe inicia la conversación muy hábilmente; comenzó en donde encontró al hombre, y adaptó su presentación a los intereses del etíope. Esto proporciona un ejemplo para cada obrero cristiano. La pregunta de Felipe se refería al significado, no a las palabras. En el griego la forma interrogativa sugiere que esperaba una respuesta negativa. Es posible que el eunuco hubiera oído algunas exposiciones judaicas de este pasaje; pero probablemente no tenía ninguna noción de que estas palabras se referían a Jesucristo. Pero Felipe conocía su significado, y fue impulsado por el Espíritu para que explicara al eunuco el sentido que tenían.
31.
¿Cómo podré?
La pregunta insinúa que no podía comprender porque no era versado en la interpretación de las Escrituras.
Enseñare.
Gr. hod'géÇ, "guiar por el camino", "conducir". Jesús empleó la misma palabra para referirse a la conducción del Espíritu Santo (Juan 16: 13). El eunuco regresaba a Etiopía, en donde estaría separado de quienes hasta aquí lo habían guiado en Jerusalén; 221 sentía que necesitaba recibir instrucciones adecuadas acerca de este pasaje difícil. Su pregunta sugiere que leía este pasaje por primera vez, o que al leerlo de nuevo el Espíritu lo estaba grabando en él con renovado énfasis.
Rogó.
Esta palabra indica un pedido ferviente e indica que el eunuco estaba deseoso de recibir más instrucciones. Nótese con cuánta naturalidad se cumple la orden del Espíritu (vers. 29). Felipe se acerca, y el eunuco invita al evangelista a subir a su carro e ir con él.
32.
El pasaje.
Gr. perioj', "contenido", que le, equivale al hebreo parashah o haftarah, o sea el "pasaje" escogido para la lectura pública en la sinagoga (ver t. V, p. 59). Esta palabra la usaban comúnmente los griegos, y Cicerón la incorporó en su forma griega en una carta escrita en latín, dándole el sentido que le daban los judíos (Cartas a Ático xiii. 25). El pasaje citado es Isaías 53: 7-8; es idéntico al griego de la LXX, no al hebreo.
Como oveja.
En cuanto a este pasaje, ver coro. Isa. 53: 7-8; debe recordarse que esta cita no es una traducción del texto hebreo sino del texto griego de la LXX.
33.
En su humillación.
En el griego dice literalmente: "en su humillación su juicio fue quitado", lo cual puede interpretarse de diversas formas: o que su condenación fue quitada, es decir, que por cuanto se humilló, después fue exaltado, o que en su humillación se le negó la justicia, lo que indudablemente ocurrió durante su juicio. El hebreo de Isa. 53: 8 dice: "Por opresión y por juicio fue quitado", esto es: fue víctima de un asesinato, judicial.
Su generación.
A esta frase se le han dado diversas interpretaciones. (1) ¿Quién declarará el número de los que compartieron la vida de él y en cierto modo surgieron de él? Es decir, ¿quién puede contar sus discípulos fieles? (2) ¿Quién de su generación fue suficientemente sabio para tomarlo en cuenta? (3) ¿Quién declarará la maldad de la generación torcida y perversa en la cual vivió? Cf. com. Isa. 53: 8.
Fue quitada... su vida.
El texto hebreo de Isa. 53: 8 sugiere que el Salvador fue llevado en forma apresurada a una muerte violenta. La LXX expresa la misma idea, y no hace referencia alguna a que Jesús hubiera partido de la tierra en la ascensión.
34.
Te ruego.
El breve encuentro del eunuco con Felipe, siervo de Dios, debe haberle impresionado muy favorablemente, porque inmediatamente mostró confianza en la capacidad de Felipe para responder sus preguntas. En esta forma se le presentó a Felipe la oportunidad que buscaba. El cristiano con frecuencia se sorprenderá de la manera como surgen oportunidades cuando está preparado y dispuesto a utilizarlas.
¿De quién?
El eunuco era suficientemente perspicaz para hacer la pregunta más importante acerca de lo que leía. ¿A quién se referían las palabras de Isaías? La pregunta no había sido respondida claramente en sus días, y aún se sigue discutiendo (ver com. Isa. 41: 8; 42: 1; 52: 13; 53: 1). Felipe no tenía ninguna duda en cuanto al tema, y nosotros tampoco debiéramos tenerla. La pregunta proporcionó a Felipe el texto básico para presentar al etíope un sermón acerca de Jesús.
35.
Abriendo su boca.
Siempre que aparece esta frase en el NT, significa que está a punto de pronunciarse un discurso y no unas pocas palabras (cf. Mat. 5: 2; 13: 35; Hech. 10: 34).
Esta escritura.
Felipe comenzó su discurso por el pasaje que el eunuco estaba leyendo. En ese momento no había un mejor punto para comenzar. Debe empezarse con aquellos pasajes que interesan a los oyentes.
Le anunció el evangelio de Jesús.
Es posible que el eunuco hubiera oído en Jerusalén de la enseñanza de Jesús. La obra de los discípulos había captado la atención de toda la ciudad (cap. 2: 41; 4: 33; 5: 12-14; 6: 7-8); pero en muchas de las discusiones que había oído sin duda se había clasificado a Jesús como impostor, y es poco probable que hubiera entendido Isa. 53 a la luz de la predicación de los apóstoles. Sin embargo, esta profecía es una de las presentaciones más claras del AT en cuanto a la muerte de Jesucristo como sacrificio y sustituto del pecador, como la única manera de salvarse de los efectos del pecado: la condenación que trae consigo y el poder destructivo que lo acompaña. Lo que sucede a continuación muestra que la enseñanza de Felipe abarcaba no sólo la aplicación de la profecía a Jesucristo, sino también instrucciones en cuanto a lo que significaba unirse al compañerismo con los discípulos de Cristo. El NT establece claramente que tales instrucciones eran impartidas antes de que el candidato fuera sumergido en las aguas bautismales. 222
Predicar a Jesús es la obra de todo predicador evangélico y también de todo cristiano, ya sea mediante la palabra o por fiel testimonio de la vida diaria. No importa cuál sea el tema del sermón que se presente, su centro siempre debe ser Jesucristo.
36.
Yendo por el camino.
Felipe y el eunuco tuvieron que haber viajado juntos cierto tiempo, porque el instructor no sólo presentó los puntos básicos de la salvación en Cristo Jesús de acuerdo a la luz de Isa. 53, sino que prolongó la instrucción hasta tal punto que el eunuco comprendió el significado del bautismo, y deseó recibirlo.
Cierta agua.
La región del camino a Gaza es árida, y no es fácil encontrar agua. Según el mapa de Medeba (probablemente del siglo VI), el eunuco etíope fue bautizado cerca de Bet-sur, al noroeste de Hebrón. Otros piensan que lo fue en algún manantial del Wadi el-Hesi, entre Eleuterópolis y Gaza.
¿Qué impide?
Es ejemplar el anhelo del eunuco por completar su preparación para ser miembro en la iglesia del Señor que acababa de hallar. La iniciativa fue suya. Felipe no necesitó animarlo a que lo hiciera. Había aprendido del Salvador y recibido el perdón de sus pecados. Había sido instruido en cuanto al Nombre y al Camino (cf. Hech. 4: 12; Juan 14: 6). ¿Qué razones podían darse para negarle el rito del bautismo?
37.
Si crees.
La crítica textual tiende a confirmar (cf. p. 10) la omisión de este versículo. Es posible que fuera una explicación marginal, tomada de una antigua confesión bautismal que se incorporó al texto. Sin embargo, debe notarse que la verdad expresada en el vers. 37 aparece en diversas formas en otros pasajes bíblicos (cf. Juan 3: 16; Hech. 2: 38; 16: 30-31).
38.
Mandó.
La comitiva se detuvo. Sus miembros tuvieron que haber contemplado con interés el bautismo; es posible que algunos de ellos formaran el núcleo de la primera congregación cristiana de Etiopía. La tradición afirma que el eunuco proclamó el Evangelio entre sus compatriotas.
Descendieron ambos al agua.
Si sólo apareciera esta frase, no se podría saber si Felipe y el etíope "descendieron" hasta la orilla, o si entraron en el agua. Pero la duda se despeja en el vers. 39.
39.
Subieron del agua.
El texto griego dice que subieron de dentro del agua. Si no hubieran descendido [entrado] ambos en el agua, no podrían haber salido de dentro de ella. Aquí sin duda se presenta un bautismo por inmersión. Ver com. Mat. 3:6; Mar. 16: 16; Rom. 6: 3-6. Esta es una clara ilustración del método de bautismo que utilizaba la iglesia primitiva, aunque fuera en una situación inesperada, y desprovista de toda ceremonia.
El Espíritu.
El Espíritu había iniciado el encuentro de Felipe con el eunuco, y después de que hubo alcanzado un resultado positivo, el Espíritu presentó otra vez a Felipe nuevas posibilidades de servicio.
Arrebató.
Gr. harpázÇ, "arrebatar" "llevarse por la fuerza". El mismo verbo se emplea en forma similar en 1 Tes. 4: 17; Apoc. 12: 5. Los sentimientos podrían haber llevado naturalmente al evangelista a quedarse para completar su tarea con el eunuco e instruirlo completamente; pero Felipe fue apartado de su compañero de viaje por medio de un poder sobrenatural (cf. 1Rey. 18: 12; 2 Rey. 2: 16; Eze. 3: 12, 14).
Y siguió.
Mejor "porque siguió". Así se explica por qué el eunuco no vio más a Felipe; y también sugiere que el eunuco aceptó la desaparición de Felipe como un acto sobrenatural, y por lo tanto no dedicó tiempo buscando inútilmente a quien le había enseñado y bautizado, sino que siguió su camino, continuando el viaje que se había interrumpido.
Gozoso.
Esta expresión parece ser típica de Lucas (cf. Luc. 15:5; 19:6). El eunuco creyó que Felipe estaba en las manos de Dios, y no se preocupó por él sino prosiguió su viaje regocijándose en la nueva luz que había recibido. Eusebio dice que el eunuco regresó a su tierra natal y allí predicó "el conocimiento del Dios del universo y la vida de nuestro Salvador que da vida a los hombres", y de este modo cumplió las palabras de Sal. 68:31: "Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios" (Historia eclesiástica ii.1. 13). Si bien muchas veces se dice que el eunuco fue el primer misionero al país que conocemos como Etiopía, debe recordarse que este funcionario de Candace era de lo que hoy se llama Sudán (ver com. Hech. 8: 27). Parece que el Evangelio entró en Etiopía alrededor del siglo IV.
40.
Se encontró en Azoto.
El texto griego no sugiere que lo hayan buscado, sino que de pronto "apareció" en Azoto, la cual correspondía con la Asdod del AT (1 Sam. 5:1-7). Era una de las cinco principales ciudades de 223 los filisteos, a unos 5 km del mar, a mitad de camino entre Gaza y Jope. Azoto, como Gaza, sufrió asedios sucesivos: por los asirios (Isa. 20: 1); por los egipcios (Herodoto, Los nueve libros de la historia ii. 159; ver com. Jer. 47: 1), y por los Macabeos (1 Mac. 5: 68; 10: 84). Fue reconstruida en el año 55 a. C. por el general romano Gabinio. Felipe no permaneció allí, sino que "pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades" (ver com. Hech. 8: 4).
Anunciaba.
El notable episodio de Felipe con el eunuco no interrumpió las otras actividades del diácono como predicador del Evangelio.
En todas las ciudades.
Es probable que su ruta pasara por Lida y Jope, y los efectos de sus labores sin duda pudieron verse en las florecientes comunidades cristianas que más tarde se establecieron en ambas ciudades (cap. 9: 32, 36).
Cesarea.
Cesarea estaba junto al camino de Tiro a Egipto, y alcanzó en tiempos de los romanos gran importancia histórica. Originalmente la ciudad se llamó Torre de Estrato, y era sólo un lugar donde se sacaban las barcas a tierra. Herodes el Grande la construyó en 12 años, dotándola de un puerto tan grande como el de El Pireo, cerca de Atenas, y la llamó Cesarea en honor de Augusto César. Después que Arquelao fue depuesto, se convirtió en residencia oficial del gobernador romano (6-41 y 44-66 d. C.) y capital de Palestina (Hech. 23:23-24). Tácito llama a Cesarea "metrópoli de Judea" (Historias ii. 78). Su población era mayormente pagana, pero también vivían allí muchos judíos, lo que la hacía un centro promisorio para la obra misionera. Cesarea fue una ciudad importante en la historia de la iglesia, pues en los capítulos siguientes de Hechos se la menciona 15 veces. Se puede deducir (cap. 21: 8) que Felipe hizo de esta ciudad el centro de su obra evangelística. Más tarde vivió allí Orígenes de Alejandría (c. 184-254 d. C.), y Eusebio (c. 260-340 d. C.), historiador de la iglesia primitiva, fue su obispo. Hoy quedan sólo ruinas de lo que fue una gran ciudad. Desde 1959 se han realizado en Cesarea importantes excavaciones arqueológicas que han dejado ver la magnitud y la magnificencia de la antigua ciudad (ver National Geographic, febrero, 1987, pp. 261-279).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-40 HAp 85-91
1 HAp 83, 85, 105; 2JT 546; PE 198; PVGM 250
3 HAp 85, 93; PE 198
4 CE (1967) 86; CS 233; DTG 201; EC 464; HAp 87, 93, 135; 2JT 546; OE 403; PR 515; 3T 413; 8T 57
4-5 CS 375
5-8 HAp 87; MC 99
9 CS 570
9-10 CS 682
14 8T 57
17 PE 101
18-19 9T 217
20 CS 137
23 2T 563
26-28 HAp 88
26-40 8T 57
29 MC 375


CAPÍTULO 9
Mientras Saulo se dirige a Damasco, 4 una luz celestial lo postra en tierra. 10 El Señor lo llama para el apostolado; 18 Ananías lo bautiza. 20 Saulo predica valientemente a Cristo. 23 Los judíos procuran matarlo, 29 y también los griegos; pero él se escapa de ambos. 31 Las iglesias disfrutan de paz. Pedro cura a Eneas, el paralítico, 36 y resucita a Tabita (Dorcas).
1 SAULO, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,
2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.224
3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.
7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.
8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,
9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.
11 Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.
13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;
14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
15 El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;
16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.
19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
20 En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.
21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?
22 Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
23 Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle;
24 pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle.
25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
26 Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.
27 Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.
28 Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía,
29 y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle.
30 Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.
31 Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.
32 Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.
33 Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico.
34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó.
35 Y le vieron todos los que habitaban en Lida y en Sarón, los cuales se convirtieron al Señor. 225
36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido quiere decir, Dorcas. Esta abundaba en buenas obras y en limosnas que hacía.
37 Y aconteció que en aquellos días enfermó y murió. Después de lavada, la pusieron en una sala.
38 Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron los hombres, a rogarle: No tardes en venir a nosotros.
39 Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas.
40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.
41 Y él, dándole la mano, la levantó; entonces, llamando a los santos y a las viudas, la presentó viva.
42 Esto fue notorio en toda Jope, y muchos creyeron en el Señor.
43 Y aconteció que se quedó muchos días en Jope en casa de un cierto Simón, curtidor.


1.
Saulo.
Ver la segunda Nota Adicional del cap. 7.
Respirando.
Gr. empnéÇ, "respirar", "inspirar" o "exhalar aire". El arresto y matanza de los cristianos eran, hablando figuradamente, el aire que respiraba Saulo. Los pueblos semíticos a menudo asociaban con el aliento la emoción causada por la ira.
Aún.
Gr. éti, "todavía". Se relaciona el relato del cap. 9 con el cap. 8:3. La iglesia seguía extendiéndose fuera de Jerusalén (cap. 8:4-40), pero Saulo seguía persiguiéndola en la capital y sus alrededores.
Amenazas y muerte.
Mejor "amenaza y homicidio". El celo del perseguidor se había intensificado. Estaba dispuesto a llegar a cualquier extremo para arrancar de raíz la odiada enseñanza. Pablo lo reconoció posteriormente (cap. 22:4; 26:9-11). No intentó empequeñecer su importancia en el terrible papel que desempeñó en el asolamiento de la iglesia. Algunos de los antiguos padres de la iglesia encontraron un paralelismo semiprofético entre las palabras de Jacob, "Benjamín es lobo arrebatador; a la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos" (Gén. 49:27), y la actuación del que sentía orgullo de ser miembro de la tribu de Benjamín (Fil. 3:5) y llevaba el nombre del gran héroe real de esa tribu.
Contra los discípulos.
No se dan los nombres de las víctimas de esta persecución continua; pero la confesión posterior de Pablo, "cuando los mataron, yo di mi voto" (Hech. 26: 10), indica que Esteban no fue el único muerto en ese período. El celo manifestado durante la muerte de Esteban hizo que Saulo fuera elegido miembro del sanedrín (HAp 84), e inmediatamente fue investido de autoridad por los principales sacerdotes para buscar con afán a los cristianos en Jerusalén. Cuando se supo en Jerusalén que se habían admitido samaritanos en la iglesia (ver com. cap. 8:1), el odio de los judíos indudablemente se intensificó,
Sumo sacerdote.
Anás o Caifás (ver com. cap. 4:6), ambos saduceos, mientras que Saulo se gloriaba de ser un estricto fariseo (cap. 26:5). Sin embargo, esta extraña alianza (t. V, pp. 53-54) no fue un impedimento para el empedernido perseguidor. La alianza de saduceos y fariseos que antes se había formado contra Jesús (Mat. 26:3), se renovó contra sus seguidores.
2.
Cartas.
Las cartas que Saulo pidió eran una prueba de la "comisión" y los "poderes" (cap. 26:12) que le habían sido concedidos. Parece que Roma cooperaba con las autoridades judías, dándole al sumo sacerdote la autoridad de apresar a los fugitivos judíos. Es probable que este poder comenzara desde aproximadamente el año 56 a. C. (Josefo, Antigüedades xiv. 8. 5; cf. 1 Mac. 15:15-24).
Sinagogas.
La ciudad era cosmopolita, y es probable que vivieran allí personas de muchas naciones. Como sucedía en Jerusalén (ver com. cap. 6:9), era natural que los diferentes grupos establecieran sus propias sinagogas. Se calcula que en ese tiempo pudo haber en Damasco entre 30 y 40 sinagogas. Sin duda los cristianos aún asistían fielmente a la sinagoga, y Saulo se proponía proceder contra ellos.
Damasco.
Damasco es una de las ciudades más antiguas del mundo que aún es habitada. Josefo (Antigüedades i. 6. 4) dice que fue fundada por Uz, nieto de Sem (ver t. I, p. 282). Damasco aparece en el relato de Abrahán 227
LA VIDA DE PABLO
como el lugar donde nació Eliezer, su mayordomo (Gén. 15:2). David puso guarniciones en ella (2 Sam. 8:6); pero en los días de Rezón la ciudad se convirtió en un centro de oposición contra Salomón (1 Rey. 11:23-25). Sus ríos, Abana y Farfar, según la opinión de Naamán, el general sirio que sufría de lepra, eran mejores que los ríos de Israel (2 Rey. 5:12). Damasco era el centro del reino sirio (arameo), y alternadamente fue aliada y enemiga de Israel y de Judá (2 Rey. 14:28; 16:9-10; Amós 1:3, 5). Comerciaba con Tiro vendiendo vino y lana blanca, como lo afirma Ezequiel (cap. 27:16, 18). Parmenio, general macedonio, en el año 333 a. C., tomó la ciudad en nombre de Alejandro Magno. Fue conquistada de nuevo por Pompeyo, general romano, en el año 64 a. C. Cuando Saulo se convirtió, Damasco estaba bajo la jurisdicción de Vitelio, entonces gobernador romano de Siria. Cuando Tiberio murió en el año 37 d. C., Vitelio fue a Roma, y Aretas IV, rey de los nabateos, dominó a Damasco y la gobernó mediante un representante suyo. Tal era la situación cuando Saulo se escapó de esta ciudad (2 Cor. 11: 32).
Damasco está situada en un oasis en el desierto de Siria. El río Abana, alimentado por las nieves de las montañas del Antilíbano, riega los alrededores y le da mucha fertilidad. Con razón se describía la ciudad como "una capital predestinada a la prosperidad". Su población era principalmente aramea, pero en la ciudad había una numerosa colectividad judía. El relato de Hech. 9 sugiere que allí había muchos "discípulos del Señor" (vers. 1). De éstos, muchos pueden haber sido refugiados que habían huido de la persecución de Jerusalén y sus alrededores. Sin duda en las sinagogas locales se dio la orden de hacer respetar el decreto del sanedrín de Jerusalén. Lucas no explica por qué Saulo prefirió llevar a cabo su obra de persecución contra la iglesia de ese lugar; sin embargo pueden sugerirse algunas razones: (1) como ya se señalara, los cristianos se habían refugiado allí, a bastante distancia de Judea; (2) había conversos oriundos de ese lugar; (3) es posible que Damasco se hubiera convertido en un núcleo secundario de la creciente iglesia; (4) Saulo pudo haber conocido a las autoridades judías del lugar y contado con su cooperación contra los cristianos.
Hombres o mujeres.
La inclusión de mujeres entre sus posibles víctimas destaca la furia con que actuó Saulo contra los cristianos (cf. cap. 22:4).
De este Camino.
El sustantivo "camino" aparece como sinónimo del cristianismo en sus primeras décadas (cf. cap. 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22). Compárese con la manera en que Locas usa algunos otros términos: "el Nombre" (cap. 5:41), "la palabra" (cap. 4:4; 8:4; 14:25), "el camino de salvación" (cap. 16:17), "el camino del Señor" (cap. 18:25). Posiblemente este término surgió de la declaración de Jesús de que él era el "camino" (Juan 14:6), o de la referencia que hizo al "camino" angosto (Mat. 7:14).
Presos a Jerusalén.
La misión de Saulo implica que el delito de los cristianos no pertenecía a la jurisdicción de los tribunales locales (ver com. Mat. 10: 17), y debía ser referido al sanedrín (ver t. V, p. 68) de Jerusalén. El poder de los sacerdotes era tan grande (ver com. "cartas"), que las autoridades judías podían apresar a quienes desearan, aun en países extranjeros.
3.
Yendo.
No se sabe por qué camino fueron Saulo y sus compañeros; pero disponían por lo menos de dos posibles rutas. Una era el camino principal de las caravanas, que iba de Egipto a Damasco, y que corría paralelamente con la costa de Palestina hasta cortar el valle del Jordán, al norte del mar de Galilea. El otro camino pasaba por Samaria y cruzaba el Jordán al sur del mar de Galilea, y después de pasar por Gadara seguía al noreste hacia Damasco. Era posible recorrer los 240 km de distancia en una semana.
Cerca de Damasco.
No se sabe dónde tuvo Saulo la visión. Hay por lo menos cuatro tradiciones, pero contradictorias y sin base histórica. No hay duda de que fue cerca de la ciudad, pues los que iban con él "llevándole por la mano, le metieron en Damasco" (vers. 8; cf. HAp 93-94).
El libro de Hechos registra tres versiones de lo que ocurrió cerca de Damasco. Con referencia a las pequeñas variantes entre relatos bíblicos paralelos, ver la Nota Adicional de Mat. 3. La comparación de las tres versiones que se presenta a continuación, destaca los puntos principales de los tres relatos.
Le rodeó un resplandor de luz.
En otros pasajes (cap. 22:6; 26:13) se dice que la visión tuvo lugar al mediodía. No importa cuán brillante fuera la luz del sol del mediodía, Pablo dijo que la luz que vio del cielo "sobrepasaba el resplandor del sol" (cap. 26:13). En 228 medio de ese fulgor vio tan claramente al Cristo glorificado, que después se incluyó entre los que habían tenido el privilegio de contemplar al Señor después de su resurrección (Hech. 9: 17; 1 Cor. 9: 1; 15: 8; HAp 94). En cuanto a la forma de la visión, es natural que fuera similar a la que había contemplado Esteban (ver com. Hech. 7: 55-56). Las palabras del mártir: "Veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios", habían sido como una blasfemia frente al fogoso celo de Saulo, el fariseo. Ahora Saulo mismo vio al Hijo del hombre, en la gloria del Padre. Sus compañeros oyeron la voz, pero no distinguieron las palabras (cap. 22: 9; cf. com. cap. 9: 7). Vieron la luz (cap. 22: 9), pero no percibieron la forma de Aquel que habló (ver com. Juan 12: 29). Estos detalles prueban que fue un suceso real.
4.
Y cayendo.
La luz del cielo los abrumó de tal manera que todos los viajeros cayeron al suelo (cap. 26: 14), aunque Lucas sólo menciona a Saulo. No hay indicación alguna de que hubieran ido a caballo.
LOS TRES RELATOS DE LA CONVERSIÓN DE PABLO
229
Oyó una voz.
Al comparar este pasaje con los otros (cap. 9: 7 y 22: 9) se entiende que Saulo oyó y comprendió la voz que le habló, mientras que sus compañeros oyeron su sonido, pero no entendieron lo que se dijo (ver com. cap. 9: 7).
Saulo.
Hasta el cap. 9:1 apareció el nombre de Saulo en su forma griega: Sáulos; pero aquí y en otros pasajes (cap. 9: 17; 22: 7, 13; 26: 14) se usa Saóul, forma hebrea de este nombre. Esto probablemente refleje las palabras que fueron dichas (1) por Jesús, quien hablaba en lengua aramea o hebrea (cap. 26:14; ver t. I, p. 34), y (2) por Ananías, que probablemente era judío y por lo tanto hablaba hebreo (arameo). Con referencia a la repetición del nombre de una persona en las comunicaciones divinas, cf. Gén. 22: 11; 1Sam. 3: 10; Mat. 23: 37; Luc. 10: 41; 22: 31.
¿Por qué me persigues?
Cristo le hace una pregunta penetrante al perseguidor. Sacudió la base de su conducta, y demostró que no conocía al que tan implacablemente perseguía. Cristo -nótese- se identifica de tal modo con sus discípulos, que los sufrimientos de éstos se convierten en los de él (HAp 95-96). "En toda angustia de ellos él fue angustiado"(Isa. 63: 9) y "el que os toca, toca a la niña de su ojo" (Zac. 2: 8). El Señor considera que lo que les hacen a sus discípulos es como si se lo hicieran a él (Mat. 10: 40).
5.
¿Quién eres, Señor?
Difícilmente Pablo habría usado la palabra "Señor" en toda la plenitud del sentido que se le da en el NT. Su respuesta natural era de temor y respeto (ver com. Juan 1: 38); sin embargo, Saulo sentía vagamente la presencia divina, y lo mostró pronunciando el título "Señor".
Yo soy Jesús.
Unos pocos manuscritos añaden "de Nazaret", pero la evidencia textual afirma la omisión de esas palabras (cf. p. 10) que aparecen en Hech. 22: 8, en el relato de Pablo. Jesús de Nazaret es el nombre que usaron despectivamente los acusadores de Esteban (cap. 6: 14). Era el mismo nombre que Saulo había estado obligando a los discípulos a repudiar (cap. 26: 11; cf. vers. 9). Al aplicarse a sí mismo ese nombre, el Ser celestial que se le aparece a Saulo se identifica inequívocamente como Jesucristo. El perseguidor se rinde. La comprensión de que Jesús era el Cristo señaló el momento de la conversión de Saulo y el fin de su furia perseguidora. Se vio obligado a reconocer lo que su maestro Gamaliel ya había sugerido (cap. 5: 39): que era inútil luchar "contra Dios". Ver com. cap. 22: 8; 26: 15.
A quien tú persigues.
En el griego los pronombres "tú" y "yo" son enfáticos. Se establece entonces un agudo contraste entre Cristo: amor, poder, gloria, y Saulo: perseguidor, pero ahora rendido y temeroso.
Dura cosa.
La evidencia textual tiende a confirmar la omisión (cf. p. 10) de la frase "dura cosa te es dar coces contra el aguijón"; sin embargo, establece su presencia en el cap. 26: 14. Esta declaración aparece en varios manuscritos latinos, pero no en los griegos. Aparece en la RVR porque Erasmo (ver t. V, pp. 142-143) la tradujo del latín y la incorporó al texto de su NT en griego. En cuanto a esta declaración, ver com. Hech. 26: 14.
6.
El, temblando y temeroso.
La evidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 10) la omisión de "El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo". Sin embargo, se establece la inclusión de la pregunta de Pablo: "¿Qué haré, Señor?", en el pasaje paralelo (cap. 22: 10). Este pasaje, así como la última parte del vers. 5 (ver com. "dura cosa"), no se encuentra en los manuscritos griegos. Parece que se introdujo en la RVR a través de la inserción (basándose en la Vulgata) que hizo Erasmo cuando preparó su NT en griego.
Levántate.
Saulo permanecía en tierra en donde había caído.
Entra en la ciudad.
Esto sugiere que Saulo y los que le acompañaban estaban cerca de Damasco (cf. vers. 3).
Se te dirá.
Posteriormente Pablo da un informe más detallado de las instrucciones que recibió de Cristo (cap. 26: 16-18). El relato de Lucas aquí es más breve. Se le dieron instrucciones más amplias por medio de Ananías (vers. 15-17).
7.
Los hombres.
A Saulo no sólo se le había dado autoridad para llevar adelante su obra de persecución, sino también varios ayudantes. Según parece, tenían el plan de desarraigar por completo el cristianismo de la ciudad de Damasco.
Se pararon.
También habían caído en tierra (cap. 26: 14). Quizá se levantaron antes que Saulo.
Atónitos.
La experiencia, aunque menos intensa para ellos que para su caudillo, los dejó asombrados.
Oyendo a la verdad la voz.
En la RVA hay una aparente oposición entre esta afirmación 230 y otra que es paralela: "no oyeron la voz" (cap. 22:9). La RVR interpreta bien el griego, y traduce aquí "oyendo la voz", y en el cap. 22:9 que, aunque la oyeron. El verbo griego akóuÇ puede significar "oír", "escuchar" o "entender". La diferencia está en el caso gramatical de la palabra a la cual se refiere el verbo. En este pasaje, en el griego dice akoúontes... t's fÇn's, y la palabra traducida "voz" está en caso genitivo, por lo cual se puede traducir "oyeron la voz". En Hech. 22:9 dice t'n ... fon'n ouk 'kousan, y la palabra que se traduce "voz" está en el caso acusativo, por lo cual es perfectamente posible traducir "no entendieron la voz". Los que acompañaban a Saulo vieron una luz resplandeciente, y oyeron una voz pero no comprendieron lo que decía, ni tampoco pudieron distinguir a ninguna persona.
Sin ver a nadie.
Vieron la luz celestial (cap. 22:9), pero no percibieron la forma divina que Saulo vio envuelta en esa luz.
8.
Abriendo los ojos.
Abrió los ojos, pero nada vio; estaba ciego.
No veía a nadie.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "no veía nada". Saulo había quedado ciego por la deslumbrante gloria de la luz celestial (cf. cap. 22:11). Su ceguera probaba que lo que había visto no era una alucinación. Para Saulo la ceguera bien pudo haber tenido un significado espiritual. Se había considerado como "guía de los ciegos", jactándose de que veía claramente (cf. Rom. 2:19). Ahora debía aceptar su ceguera por un tiempo, hasta que la luz interior y también la exterior, volvieran a iluminarlo.
Algunos comentadores creen que los efectos de este enceguecimiento fueron permanentes en la vista del apóstol, porque generalmente dictaba sus cartas (cf. 2 Tes. 3:17), cuando escribía lo hacía con letras grandes (ver com. Gál. 6:11), y porque no reconoció al sumo sacerdote que ordenó que lo golpearan (Hech. 23:2-5). La más razonable de las varias teorías acerca del "aguijón" en la "carne" de Pablo, es que se trataba de una deficiencia de la vista, lo que quizá implicaba ataques de agudo dolor (ver com. 2 Cor. 12:7). Esta posibilidad daría un significado especial al deseo de los gálatas de sacarse los ojos, si eso hubiera sido posible, para dárselos al apóstol (ver com. Gál. 4:15).
Llevándole.
La vista de los compañeros del apóstol no quedó muy afectada. Quizá no habían mirado tan directamente la deslumbrante gloria, o la radiación plena no había brillado sobre ellos. Sea como fuere, pudieron guiar a Saulo; llevaron de la mano al que había sido su caudillo. El orgullo de Saulo se convirtió en humillación. Su misión ya era conocida en Damasco, y los sacerdotes esperaban ansiosamente su llegada mientras que los cristianos la temían. Saulo llega, pero su misión ha fracasado, y las cartas para las sinagogas sin duda nunca fueron entregadas.
9.
Tres días.
El conflicto en el alma de Saulo debe haber sido terrible, y fue necesario que transcurrieran los tres días hasta que disfrutara de paz. El Espíritu de Dios utilizó esos tres días de ceguera para iluminar la mente del afectado. En la tranquila oscuridad Saulo pudo recordar las profecías mesiánicas, pudo aplicarlas a Jesús de Nazaret y examinar su propio pasado teniendo en cuenta sus nuevas convicciones. ¡Cuán grande debe haber sido su angustia, cuán fervientes sus plegarias en procura de perdón; cuán dulce la dádiva del perdón de Cristo! Ver HAp 96-98.
No comió ni bebió.
Este ayuno no fue sólo un acto de arrepentimiento. Por un tiempo la angustia mental fue mayor que el apetito normal. Los tres días de ceguera fueron un período de introspección y arrepentimiento.
10.
Ananías.
Con referencia al significado de este nombre, ver com. cap. 5: 1. Ananías era un nombre común entre los judíos. No se menciona más a este discípulo en el NT, excepto en el cap. 22:12, donde Pablo lo describe como un "varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que... moraban" en Damasco. Es posible que, de acuerdo a estas cualidades, fuera el dirigente de la comunidad cristiana y estuviera preparado para ser el mensajero del Señor para Saulo. No se sabe cómo llegó a ser cristiano. Quizá siguió al Salvador durante su ministerio terrenal; pudo haber estado entre los conversos judíos de Pentecostés o haber aceptado después el cristianismo. Posiblemente se vio obligado a huir de Jerusalén debido a las persecuciones después de la muerte de Esteban; pero éstas son sólo conjeturas. Por otra parte, las palabras con que Ananías expresa su vacilación en visitar a Saulo (cap. 9:13-14), indican que aún recibía noticias de Jerusalén, porque conocía el desastre que había causado el perseguidor y también el propósito de su misión en Damasco. 231
En visión.
Ananías fue preparado mediante una visión para visitar a Saulo, y también Saulo fue preparado del mismo modo para recibir la visita de Ananías (vers. 12). Con referencia a esta preparación mediante visiones y su parecido con la preparación de Pedro y Cornelio (cap. 10:1-18), los comentadores Conybeare y Howson hacen notar: "La preparación simultánea de los corazones de Ananías y de Saulo, y la preparación simultánea de Pedro y Cornelio -la duda y vacilación de Pedro y también la de Ananías-: el uno dudando si debía establecer relaciones con los gentiles, y el otro vacilando si debía acercarse al enemigo de la iglesia; la resuelta obediencia de los dos cuando la voluntad divina les fue claramente revelada y el estado mental en el cual se encontraban el fariseo y el centurión, aguardando ambos para ver lo que el Señor podría decirles, es una estrecha analogía que no será olvidada por quienes lean reverentemente los dos capítulos consecutivos (9 y 10) de los Hechos de los Apóstoles, donde se narran los bautismos de Saulo y de Cornelio" (The Life and Epistles of the Apostle Paul, p. 94).
Heme aquí, Señor.
Estas palabras expresan la prontitud de Ananías para llevar a cabo las instrucciones del Señor. Compárese con los ejemplos de Samuel (1 Sam. 3: 1-10 ) e Isaías (Isa. 6:8).
11.
Calle.
Gr. rhúm', "calle angosta", "callejón". Este estrecho pasaje entre las casas sería considerado angostísimo en comparación con las calles modernas.
Derecha.
La calle que tradicionalmente se denomina "la Derecha" es la Sultaniyeh, que tiene como 3 km de largo y va de noreste a suroeste. Puesto que su nivel actual está por encima del nivel de la calle de los días de Pablo, es imposible identificar ninguna casa. Excavaciones realizadas en ella muestran que en tiempos antiguos tenía magníficas columnatas; hoy gran parte de su extensión está ocupada por un inmenso bazar.
Judas.
No se da ninguna información en cuanto a este Judas ni porqué llevaron a Saulo a su casa. El relato muestra cuán detallados son tanto el conocimiento como los planes de Dios.
Saulo, de Tarso.
En este pasaje se señala por primera vez el lugar de nacimiento de Saulo (ver la segunda Nota Adicional del cap. 7; mapa p. 226). Su posición geográfica garantizaba la importancia de Tarso. Aunque estaba a unos 15 km del mar, había un puerto seguro entre la ciudad y el mar, y las embarcaciones pequeñas podían llegar hasta la ciudad. Más allá de ella se elevaban los montes Tauro, a través de los cuales el angosto desfiladero conocido como puertas de Cilicia conducía al interior del Asia Menor. Pero la antigua ciudad era famosa no sólo por su posición estratégica; se destacaba además como centro educativo, y algunas veces era llamada la Atenas del Asia Menor. Sus eruditos eran respetados por sus conocimientos científicos, y entre sus filósofos había muchos renombrados estoicos, los cuales pueden haber influido algo en la forma de pensar de Saulo. En cuanto a los oficios, es significativo que se diera importancia a la fabricación de tiendas, el oficio de Saulo (cap. 18:3).
Ora.
Aquí se nota el contraste entre las amenazas y la muerte que respiraba el perseguidor al acercarse a Damasco, y el espíritu de oración del humilde arrepentimiento que ahora lo embargaba. Las oraciones de Saulo incluirían la súplica de perdón por su pasado, y luz y sabiduría para el futuro, fuerza para la obra a la cual se lo llamaba, e intercesión en favor de aquellos a quienes había estado persiguiendo.
12.
En visión.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión de las palabras ,"en visión", sin embargo, es muy probable que Dios se hubiera comunicado con Saulo de este modo. No es de extrañarse que el Señor que se reveló en el camino a Damasco, ahora asegurara el éxito de sus planes dando visiones casi simultáneas a quienes deseaba que se encontraran.
Un varón.
Jesús le habla a Ananías para ponerlo al tanto de lo que ya sabe Saulo. Según esta descripción hecha a Ananías, es claro que Saulo aún no lo conocía.
Que entra.
Nótese la forma indirecta en que el Señor le da instrucciones a Ananías. Le relata la visión y espera que éste la haga una realidad encontrando a Saulo y restaurándole la vista.
13.
He oído de muchos.
Ananías siente mucha inquietud por la orden que se le da. Su espíritu obediente, pero humano, vacila en ayudar a alguien como Saulo, que tiene una fama tan terrible. Con todo respeto discute con el Señor. Las palabras muestran que Ananías había estado viviendo en Damasco, que no acababa de llegar de Jerusalén (cf. 232 com. vers. 10). También indican cuánto se había propagado entre los cristianos la fama de la violencia de los ataques de Saulo contra la iglesia. Los informes habían sido tristemente confirmados por los refugiados que habían llegado a Damasco procedentes de Jerusalén.
Cuántos males.
Ver com. cap. 8: 1, 3; 9: 1.
Santos.
Con referencia al trasfondo hebreo de esta palabra, ver com. Sal. 16: 3; y en cuanto a su significado entre los cristianos, ver com. Rom. 1: 7. Es interesante notar que este uso temprano de la palabra "santos" en el NT (cf. Mat. 27: 52) corresponda a Ananías, el mensajero enviado para ser el instructor de Saulo, y que este mismo vocablo hubiera sido usado tantas veces por el apóstol (Rom. 1: 7; 15: 25; 16: 2; 2 Cor. 1: 1; Efe. 1: 1; Fil. 1: 1; etc.).
14.
Autoridad.
La autorización oficial y escrita que Saulo había conseguido personalmente(vers. 1-2).
Todos los que invocan.
Invocar el nombre de Cristo es creer en él. Ver com. cap. 2: 21; cf. Hech. 9: 21; 1 Cor. 1: 2; 2 Tim. 2: 22.
15.
Ve.
Ananías estaba perplejo porque ignoraba cuál era la verdadera situación; pero el Señor conocía todas las circunstancias del caso, y dirigió a su siervo de acuerdo con su conocimiento.
Instrumento.
Gr. skéuos, "vaso", "implemento". En el NT se emplea esta palabra con una gran variedad de sentidos (Mat. 13: 48; Luc. 8: 16; Juan 19: 29; Hech. 10: 11; Rom. 9: 21; 2 Cor. 4: 7; 1 Tes. 4: 4). La utilizaban los autores clásicos para referirse a los siervos útiles y dignos de confianza. Con este sentido el Señor aplica el término a Saulo: lo usaría como instrumento para cumplir su voluntad entre los gentiles.
Para llevar mi nombre.
Este fue el propósito del Señor al llamar a Saulo; éste llevaría el nombre de Cristo o manifestaría su carácter (ver com. cap. 3: 16).
Gentiles.
Los gentiles aparecen en primer lugar en la enumeración, pues el radio de acción de Saulo debía ser especialmente entre ellos (ver com. Rom. 1: 13-14; 11: 13). Esto debe haber sido una revelación sorprendente para Ananías, quien, como piadoso judío, no había comprendido aún que todo el mundo debía oír de Cristo. Pero ahora ve en el hombre del cual sólo había oído que era un gran perseguidor, a uno que ha sido escogido y capacitado más que todos los otros para la obra de extender el Evangelio por todo el mundo.
Reyes.
Estas palabras hallan un cumplimiento suficiente, aunque quizá no exclusivo, en el discurso de Pablo ante Agripa (cap. 26: 1-2) y ante Nerón (ver com. 2 Tim. 4: 16).
Los hijos de Israel.
Aunque Pablo fue el apóstol para los gentiles, predicó a los judíos en todas las oportunidades que tuvo (cap. 13: 5; 14: 1; 17: 1, 10; 18: 4, 19; 19: 8).
16.
Yo le mostraré.
Esto sugiere que Saulo recibió instrucciones especiales de Cristo, posiblemente en visión (cf. cap. 20: 23). La perspectiva de tener que sufrir influye para que algunas personas vacilen en emprender determinada empresa; pero para Saulo de Tarso tal perspectiva era sólo un desafío. Esto lo capacitaría, si no a expiar su pasado, por lo menos a producir frutos dignos de arrepentimiento. El cumplimiento de la predicción de sufrimientos se registra en 2 Cor. 11: 23-28, y con menos detalles en 2 Cor. 6: 4-5. Cf. com. Mat. 5: 10-12; Hech. 14: 22; Rom. 8: 17; 2 Tim. 2: 12.
17.
Fue entonces Ananías.
Aceptó lo que Dios le dijo, y obedeció inmediatamente.
Poniendo sobre él las manos.
En esta acción había un doble propósito: (1) sanar (cf. Mar. 16: 18), y (2) conceder el Espíritu Santo (cf. com. Hech. 6: 6). Este acto sirvió para confirmar la visión de Saulo (cap. 9: 12) y para identificar a su visitante enviado por el cielo.
Hermano Saulo.
El que fuera perseguidor se había apartado de las autoridades judías y, aparentemente, tenía pocas esperanzas de ser aceptado por los cristianos. El hecho de que Ananías usara la palabra "hermano" debe haberle inspirado confianza y disipado sus temores. Ananías usa la forma hebrea (aramea) del nombre (Saóul) que Jesús ya había empleado en la visión del camino a Damasco (ver com. vers. 4).
Señor Jesús.
Esta forma compuesta combina el título que Saulo ya había usado para dirigirse a su interlocutor celestial (vers. 5) y la manera como Cristo se había identificado: Jesús (vers. 5). Esto también debe haber sido animador para Saulo.
Que se te apareció.
El hecho de que Ananías, a quien Saulo no había visto hasta entonces, ya conociera la revelación del camino a Damasco, tuvo que haber confirmado en Saulo la certeza de lo que había visto y oído.
Me ha enviado.
Esto vincula la visión de 233 Pablo en el camino con la visita de Ananías. Saulo ahora podía esperar que recibiría la instrucción prometida (vers. 6), de la cual se da un informe más completo en el cap. 22: 14-16.
Recibas la vista.
O "recobres la vista" (BJ). Se ve aquí una estrecha relación entre la imposición de manos, la recuperación de la vista y el henchimiento con el Espíritu Santo.
Seas lleno.
Cf. com. Hech. 2: 4; 4: 31; Efe. 5: 18.
18.
Escamas.
Gr. lepís, "escama", palabra que usa la LXX para designar las escamas de peces. Galeno e Hipócrates la usaron para referirse a algo parecido a las escamas que pueden desprenderse de la piel o de los ojos. Es posible que Lucas emplee la palabra como un término médico. Puesto que la ceguera de Saulo era resultado de una manifestación sobrenatural, es inútil tratar de identificar exactamente su dolencia con términos médicos modernos. Sin embargo, es comprensible que Lucas empleara un término médico para describir la situación de Saulo.
Al instante.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras; sin embargo, aclara que la curación fue inmediata.
Fue bautizado.
El relato posterior más completo (cap. 22: 16) muestra que Ananías exhortó a Saulo a que participara del rito. Es claro que se consideraba que el bautismo era una condición necesaria para la admisión en la iglesia (ver com. Mat. 3:6; Hech. 22:16). Ninguna visión ni revelación del Señor, ninguna convicción personal por intensa que fuera, podía eximir a Saulo de ser bautizado. Probablemente el bautismo se celebró en el río Abana o en el Farfar, que aparecen en el relato de Naamán (2 Rey. 5: 8-14). Elena de White da a entender que Ananías, como representante de Cristo, administró el bautismo (HAp 99-100).
19.
Habiendo tomado alimento.
En cierto modo esta frase parece corresponder mejor como parte del vers. 18. No cabe la menor duda de que Saulo estaba débil después de ayunar tres días.
Recobró fuerzas.
"No fortaleció su cuerpo con alimentos hasta que su alma hubo recibido fuerzas" (Juan Calvino, Commentaries, Hech. 9: 19). Entonces el cuerpo y el alma se fortalecieron para desempeñar la obra que estaba por delante.
Algunos días.
Lucas emplea también esta frase en Hech. 10: 48; 15: 36; 16: 12; 24: 24; 25: 13, y en todos esos casos indica un período breve. Describe el tiempo que estuvo Pedro con Cornelio, el corto lapso que pasaron Pablo y Bernabé en Antioquía, la corta permanencia de Pablo en Filipos, el breve tiempo que Pablo estuvo detenido en Cesarea antes de que fuera oído por Félix, y un período similar entre la llegada de Festo y la visita que Agripa le hizo para saludarlo como nuevo gobernador. Se destaca por contraste con la expresión "muchos días" (cap. 9: 23), que parece indicar un período más largo. La forma como se refiere a los "discípulos" hace pensar que probablemente ya había en Damasco muchos cristianos en esos primeros años de la proclamación del cristianismo. Recibieron a Saulo, no como enemigo, sino como un hermano. La obra del fiel Ananías termina aquí, y no aparece más en el libro de los Hechos.
20.
En seguida.
Cristo sanó a Saulo "al instante" (vers. 18), y Saulo comenzó a presentar su testimonio "en seguida". En ambos casos se usa en el griego la misma palabra.
Predicaba a Cristo.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "predicaba a Jesús", lo que todavía no era tan común. La proclamación de que Jesús de Nazaret era el Cristo, el tan anhelado Mesías, era el contenido principal del mensaje del apóstol a los judíos. La predicación de Saulo, como la de Pedro (ver com. cap. 2: 16), seguramente tenía una firme base profética (HAp 101-102).
En las sinagogas.
Saulo fue a las sinagogas como lo había hecho Jesús (ver com. Luc. 4: 16), pues eran los lugares más apropiados para que se reuniera la gente a escuchar su proclamación evangélica. Como observador del sábado, iba a la sinagoga el sábado; como apóstol, proclamaba allí el Evangelio. En vez de entregar a los dirigentes de las sinagogas las cartas que había recibido de los jefes de Jerusalén (Hech. 9: 2), les proclamaba el Evangelio que había recibido de una autoridad muy superior a la de los principales sacerdotes. En cuanto a la costumbre de Pablo de predicar a los "hijos de Israel" en las sinagogas, ver com. vers. 15.
El Hijo de Dios.
Con referencia al significado de este título, ver com. Luc. 1: 35. Esta es la única vez que se utiliza en los Hechos para referirse a Jesús. Lo que Pablo proclamaba era (1) que Jesús era verdaderamente el Hijo de Dios así como era hijo de David, y 234 (2)que se había demostrado que Jesús de Nazaret era el Cristo. Esto era no sólo motivo de perplejidad para los judíos (cf. com. Mat. 22: 41-46), sino que les parecía una pretensión blasfema. A los judíos les parecía sumamente difícil aceptar el mensaje de que Jesús era Hijo de Dios.
21.
Atónitos.
Ver com. cap. 2: 7. Este asombro es fácil de entender si se recuerda que Saulo tenía una terrible fama de perseguidor de los cristianos. Es posible que las autoridades de las sinagogas hubieran recibido instrucciones de prestarle a Saulo su cooperación en la obra que debía hacer. Por lo que sigue se ve claramente que su fama era bien conocido entre los judíos de Damasco.
Asolaba.
"Perseguía encarnizadamente" (BJ). Pablo emplea el mismo verbo para describir sus acciones del pasado (Gál. 1: 13, 23). Esta fuerte expresión explica claramente que la matanza de cristianos en Jerusalén no se había limitado sólo al apedreamiento de Esteban.
Invocaban este nombre.
Ver com. cap. 2: 21; 3: 16; 4: 12.
Vino.
Mejor "había venido", indicando así que Saulo había desistido del propósito que lo había movido al ir a Damasco.
22.
Saulo mucho más se esforzaba.
Mejor "se fortalecía". Iba aumentando su experiencia y su eficacia. A medida que pasaba el tiempo, el Espíritu Santo le daba cada vez más poder. En los años posteriores la idea de "fuerza" y "fortalecer" fue prominente en el pensamiento de Pablo: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4: 13). Comprendía que el poder que se perfeccionaba "en la debilidad" (2 Cor. 12: 9) era de Cristo; que era Cristo quien lo había fortalecido para cumplir su ministerio (1 Tim. 1: 12), y quien le "dio fuerzas" en las pruebas finales de su vida (2 Tim. 4: 17).
Confundía.
Gr. sugjúnÇ, "confundir", "aturdir". A Pablo lo ayudó mucho la preparación que había recibido de Gamaliel. Podía emplear su completo conocimiento del judaísmo para apoyar sus nuevas convicciones. Sus métodos hacían que su fe fuera aceptable para aquellos judíos que estaban buscando con sinceridad la Esperanza de Israel; pero desafortunadamente ellos no serían más que una pequeña parte de sus oyentes; el resto de los judíos quedaban confundidos. Escuchaban a una persona culta e instruida que aplicaba sus propias Escrituras a la vida de Jesús. Seguían rechazando al Salvador, pero aún no se atrevían a atacar a Saulo.
Demostrando.
Gr. sumbibázÇ, "unir", "llegar a una conclusión", "demostrar". Saulo unía todas las pruebas con gran habilidad, presentaba las profecías mesiánicas y concluía que se cumplían en Jesús de Nazaret. Así demostraba que Jesús era el Cristo, el Ungido, el Mesías.
23.
Muchos días.
Esta frase aparece también en el vers. 43 donde se refiere al tiempo que Pedro pasó en Jope; al tiempo que Pablo quedó en Corinto después de ser oído por Galio (cap. 18: 18), y también al lento viaje de Pablo a Roma (cap. 27: 7). Por lo tanto, parece que representan un tiempo relativamente largo, de duración indefinida. Como contraste, "algunos días" se refiere a un tiempo corto (ver com. cap. 9: 19).
Esta distinción es muy importante al tratar de reconstruir este período de la carrera del apóstol. Los "algunos días" del vers. 19 y los "muchos días" de este versículo parecen referirse a dos períodos de residencia en Damasco. El primero fue breve y concluyó cuando Saulo confundió a los judíos (vers. 22); el segundo fue más largo, y terminó cuando huyó de Damasco (vers. 23-25). El viaje a Arabia (Gál. 1: 15-18) puede situarse entre estos dos períodos (HAp 102-105). Lucas no habla de este viaje, pero Pablo afirma que fue a Arabia poco después de su conversión, antes de que regresara a Damasco y volviera a Jerusalén (Gál. 1: 15-18). Después de la crisis del camino a Damasco, Pablo necesitaba reposo, aislamiento y tranquila comunión con Dios para prepararse para los años de ardua labor que tenía por delante. Si se cuentan los tres años de Gál. 1: 18 a partir de la conversión de Saulo, ambas permanencias en Damasco estarían dentro de ese período, y el viaje a Arabia y los "muchos días" en la ciudad no habrían sido demasiado largos.
No se sabe dónde estaba la "Arabia" a la cual fue Saulo. Sin embargo, el hecho de que Damasco por ese tiempo estuviera ocupada por las tropas de Aretas, rey de Arabia Pétrea o Nabatea (ver t. V., mapa frente a la p. 353), hace probable que Saulo fuera a esa región. Pero era una región tan grande, desde las fronteras de Egipto hasta las inmediaciones de Damasco, que no puede saberse con certidumbre el lugar específico. Tampoco hay datos exactos en cuanto al tiempo de su viaje. En la p.103 se presenta una serie de 235 datos cronológicos importantes.
Es probable que durante la ausencia de Saulo la comunidad cristiana de Damasco hubiera crecido mucho, con un tipo de disciplina y un culto similares a los que había en Jerusalén. Hasta donde se sepa, aún no se habían admitido e la iglesia conversos gentiles y la predicación del Evangelio aún estaba restringida a los judíos. Con profundo afecto por quienes eran sus hermanos según la carne (Rom. 10:1), Saulo se entregó de lleno a la obra de la evangelización entre ellos, hasta que la abierta oposición lo obligó a marcharse de Damasco. Saulo estaba sufriendo ahora el mismo odio manifestado contra Esteban.
Resolvieron en consejo.
El disgusto de las autoridades los impulsó a conspirar contra Cristo debido al éxito de su ministerio (ver com. Mat. 15: 21; 19: 3; Juan 5: 16). La obra de Saulo indujo también a los judíos a una oposición homicida. Su evaluación del testimonio del nuevo apóstol puede estimarse por las medidas drásticas que tomaron en sus intentos por destruir a Saulo.
24.
Sus asechanzas.
Gr. epiboul', "complot". Esta palabra sólo aparece en Hechos (cap. 20: 3, 19; 23: 30). Implica una oposición cuidadosamente planificada, cuyo objeto era la muerte de Saulo. Este se enteró del complot quizá por medio de uno de sus propios discípulos (ver com. cap. 9: 25). El hecho de que fuera advertido muestra que tenía amigos en la ciudad, y que estaban dispuestos a ayudarle en la emergencia que surgió.
Guardaban.
En 2 Cor. 11: 32-33 se dan los detalles de este episodio de la vida del apóstol. El etnarca (gobernador) de la ciudad tomó parte activa en el complot contra Saulo. Este etnarca representaba al nabateo Aretas, rey de Arabia Pétrea, cuya capital estaba en Petra, en el antiguo país de Edom, y era padre de la mujer de quien Herodes Antipas se divorció para casarse con Herodías (ver t. V, pp. 40, 65-66). Con referencia a la manera en que Aretas había llegado a dominar la ciudad de Damasco, ver com. Hech. 9: 2. Se han hallado monedas damascenas con los nombres de Augusto y de Tiberio, pero no se ha encontrado ninguna con los nombres de los sucesores de Tiberio, Calígula y Claudio. Tiberio había sido amigo de Herodes Antipas y lo respaldaba en su oposición contra Aretas; pero es posible que Calígula hubiera cambiado su política y creado una nueva etnarquía para beneficio de Aretas, a cuyos predecesores había pertenecido Damasco (Josefo, Antigüedades xiii. 15. 2). Parece que el etnarca quería granjearse el favor de la numerosa población judía, y creyendo que Saulo estaba perturbando la paz pública tomó medidas para apresarlo y condenarlo. A juzgar por lo que dice Lucas, parece que los judíos participaron bastante en los esfuerzos por capturar a Pablo. El relato de Pablo (2 Cor. 11: 32) concuerda con esto, y agrega que tenían el apoyo de Aretas. Para impedir que Saulo se escapara, evidentemente pusieron centinelas en todas las puertas de la ciudad por donde un fugitivo podría tratar de huir.
25.
Los discípulos.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto: "los discípulos de él". Esto concuerda con las aplicaciones de la frase "muchos días" del vers. 23. En su segunda visita a Damasco, Saulo permaneció suficiente tiempo como para rodearse de un grupo de seguidores que lo aceptaron como su maestro y estaban dispuestos a arriesgar su vida para protegerlo.
Una canasta.
Gr. spurís, una canasta más bien pequeña, como aparece en Mat. 15: 37. Pero en 2 Cor. 11: 33 Pablo emplea la palabra sargán', una canasta hecha de soga, suficientemente grande para que cupiera una persona. Pablo menciona este episodio en relación con sus "debilidades" (entre las cuales puede haberse incluido su tradicional pequeña estatura), de las cuales estaba contento de gloriarse (2 Cor. 11: 30). Pablo escapó por una abertura o "ventana" del muro de la ciudad (2 Cor. 11: 33; compárese con la fuga de los espías de la casa de Rahab, Jos. 2:15 y de David de su propia casa, 1 Sam. 19: 12). Saulo parece haber comprendido que se hallaba en una situación muy peculiar: lo estaban salvando en una forma poco elegante las mismas personas a quienes había venido a destruir.
26.
A Jerusalén.
Este viaje a Jerusalén siguió al período de tres años en Arabia (Gál. 1: 17-18); por lo tanto, esta sería su primera visita a la capital desde que salió para Damasco. Probablemente los cristianos de Jerusalén lo conocieran mayormente como a un antiguo enemigo.
Trataba de juntarse.
El verbo que se traduce "juntarse" (kolláÇ) se emplea en griego para describir un compañerismo muy íntimo, como el de marido y mujer, o entre hermanos o entre amigos (cf. com. Mat. 19: 5; Luc. 15: 15). Saulo procuraba un completo 236 compañerismo con los discípulos. Si Saulo hubiera ido como judío a Alejandría o a alguna otra ciudad donde había muchos judíos, su primer impulso habría sido el de buscar sus hermanos en la fe. En Jerusalén procuró unirse con la comunidad cristiana; pero la iglesia le tenía desconfianza. Sus miembros sólo conocían a Saulo por sus terribles persecuciones. Sospechaban que aún podría tener la intención de destruirlos. Deseaban ser cautelosos hasta estar seguros de su sinceridad. El hecho de que no supieran de la autenticidad de su conversión puede explicarse de dos maneras: (1) la ausencia de "tres años" (ver com. Hech. 9: 23) daba poca base para recibir noticias ciertas de su actitud hacia el cristianismo; (2) las comunicaciones entre los cristianos de esta ciudad y los de Jerusalén.
Pero todos le tenían miedo.
Quizá sería mejor traducir "y todos le tenían miedo". Esto hace menos agudo el contraste entre el deseo de Saulo de unirse con los hermanos y la actitud de ellos. En lo pasado el miedo de los discípulos había sido bien fundado. Como no estaban seguros de que había razón para modificar su reacción, siguieron temiéndole. Podían haberse preguntado si sólo estaba encubriendo su verdadera naturaleza para espiarlos y causarles más dificultades.
No creyendo.
Esto indica que alguien había informado a los discípulos en cuanto a la conversión de Saulo, pero que no habían estado dispuestos a aceptar la noticia de un milagro tal. Querían tener una evidencia fidedigna del cambio ocurrido en él antes de aceptarlo en su compañía. En esas circunstancias su cautela era natural, y correcta desde el punto de vista humano.
27.
Bernabé.
¿Por qué recibió Bernabé a Saulo mientras que los otros discípulos le temían? La respuesta puede hallarse en el carácter de Bernabé, que parece haber sido amable y generoso (ver com. cap. 4: 36-37). Muchos comentadores sugieren que Bernabé abogó por Saulo porque lo conocía desde antes. Si esto fuera cierto, podemos entender que Bernabé, fundándose en la confianza que tenía en la sinceridad de Saulo, creyó que había ocurrido el milagro de la conversión, y con regocijo lo recomendó a los apóstoles. Este acto bondadoso también sugiere que Bernabé tenía una posición de influencia dentro de la iglesia apostólica.
A los apóstoles.
Lo trajo a los apóstoles que estaban entonces en Jerusalén en el relato más detallado de Gál. 1: 18-19, Saulo dice que fue a Jerusalén "para ver a Pedro" y que el único otro dirigente a quién vio fue "a Jacobo el hermano del Señor". Aunque había recibido su comisión directamente de Jesús, deseaba escuchar acerca de su Señor de quienes habían observado personalmente su vida terrenal y su ministerio. Como solo se menciona a Pedro y a Jacobo, es posible que los otros apóstoles no estuvieran en Jerusalén en ese tiempo. También es posible que después de haber conocido a la iglesia no hiciera ningún esfuerzo por imponerles su presencia. Más tarde escribiría que "no era conocido de vista a las iglesias de Judea" (Gál. 1: 22); sin embargo, esta expresión podría significar que no era conocido en las pequeñas iglesias de Judea, aunque si lo era personalmente por los creyentes de Jerusalén. En vista de su intensa actividad evangelística en Jerusalén (Hech. 9: 28-29), es difícil que hubiera seguido siendo desconocido por la iglesia en esa capital. Por otra parte su visita sólo duró 15 días (Gál. 1: 18), y terminó porque se atentó contra su vida (Hech. 9: 29-30).
Los contó.
"Les narró". Bernabé presento la historia de lo que le había sucedido a Saulo. Esto presupone que ya Saulo le había narrado con detalles lo que le había ocurrido, y que luego Bernabé repitió el admirable relato a los apóstoles.
Visto en el camino al Señor.
En ningún otro registro de la conversión de Saulo en el camino a Damasco (cap. 9: 3-9; 22: 6-11; 26: 12-18) se dice específicamente que él vio al Señor Jesús. Sin embargo, se afirma que el Señor se le apareció a Saulo (cap. 9: 17; 26: 16), y Ananías dijo que Saulo había visto "al Justo" (cap. 22: 14). Ahora Bernabé afirma claramente que Saulo "había visto en el camino al Señor". Esto concuerda con lo que Pablo más tarde afirmó: "¿No he visto a Jesús el Señor nuestro?", y "me apareció [el Señor] a mí" (1 Cor. 9: 1; 15: 8).
Le había hablado.
Era importante que los apóstoles supieran que Cristo verdaderamente había hablado a aquel por quien abogaba Bernabé. Ellos habían recibido su comisión directamente del Señor (ver com. Mar. 3: 14; Mat. 28: 19-20; etc.), y les impresionaría mucho saber que Saulo también había recibido 237 personalmente su comisión del mismo Maestro.
Había hablado valerosamente.
Gr.parr'siázomai,"hablar con libertad", "expresarse sin temor" (cf. cap. 9: 29; 14: 3; 18: 26; etc.). Esta era la prueba de que la conversión de Saulo había sido genuina. Defendía valientemente la causa que una vez había decidido destruir. Bernabé se daba cuenta que la noticia del valeroso ministerio de Saulo causaría una profunda impresión en la mente de los apóstoles y los induciría a recibirlo como a uno de ellos.
El nombre de Jesús.
Ver com. cap. 3: 6, 16.
28.
Estaba con ellos.
Esto sugiere una estrecha comunión.
Entraba y salía.
No significa que Saulo salía y entraba constantemente de la ciudad, sino que se movía libremente en Jerusalén (ver com. cap. 1: 21).
29.
Hablaba denodadamente.
Ver com. vers. 27.
Nombre.
Ver com. cap. 2: 21; 3: 6, 16.
Disputaba.
Mejor "hablaba también y discutía con los helenistas" (BJ). La palabra griega que se traduce "disputaba" es la que Lucas empleo para describir el debate de Esteban con los griegos (ver com. cap. 6: 9); sin embargo, hay una diferencia notable: los helenistas habían disputado con Esteban, pero ahora Saulo disputaba con ellos, y como judío oriundo de Tarso, estaba bien preparado para el debate (ver com. cap. 9: 11). Los helenistas fueron dominados por un furor desenfrenado. La vida del apóstol estuvo en peligro dos veces en pocas semanas: primero en Damasco (vers. 24) y ahora en Jerusalén.
Los griegos.
Es decir, los judíos helenistas (ver com. cap. 6: 1).
Matarle.
Saulo estaba listo para hacer frente a la muerte como Esteban, pero el Señor tenía otros planes para su valiente siervo. La visión de advertencia y de instrucción puede situarse en este momento (ver com. cap. 22: 17-21; cf. HAp 106).
30.
Supieron esto los hermanos.
Habían llegado a conocer a Saulo y estaban enterados del complot que había para matarlo. Lo llevaron a la costa, desde donde pudo huir del país.
Cesarea.
Puerto marítimo a unos 100 km al noroeste de Jerusalén. Allí podría embarcarse para Tarso o seguir el camino que iba hacia el norte bordeando la costa de Siria. En Cesarea pudo haberse encontrado con Felipe. Ambos - Felipe y Pablo- el amigo y el antiguo enemigo de Esteban, respectivamente, se encontrarían como hermanos. Ver com. cap. 8: 40.
Le enviaron.
"Le hicieron marchar" (BJ); lo despacharon. Esto pareciera sugerir que lo enviaron por mar a Tarso. No hay discrepancia entre esta afirmación y lo que Pablo dijo más tarde: "Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia" (Gál. 1: 21), pues Siria y Cilicia formaban en ese tiempo una misma provincia romana, y al viajar a Tarso pasó por esa región. También se ha sugerido que el navío en el cual viajaba Saulo tocó en puertos de Siria al dirigirse a Tarso, o que Saulo fue primero a Tarso y después hizo viajes misioneros a lugares cercanos en Cilicia y en Siria. Esta última sugerencia podría explicar la presencia de iglesias cristianas en esa región, las cuales tuvieron que haber sido establecidas en otro momento que en el primer viaje misionero de Pablo (ver com. Hech. 15: 36, 41).
Tarso.
La ciudad natal de Saulo (ver com. vers. 11) pudo no haber sido el refugio más cómodo para el apóstol. Probablemente el dicho de Jesús de que un "profeta no tiene honra en su propia tierra" (Juan 4: 44) fue una difícil realidad para Saulo. No sólo regresaba a su tierra natal, sino que lo hacía como judío que había apostatado de la fe de sus padres, como dirigente de la despreciada y perseguida secta de los cristianos. Es de imaginarse cuál fue la recepción que se le dio. Esto ayudará a entender el silencio que guarda en cuanto a su familia. A partir de aquí se deja el relato de la vida de Saulo, y se lo retoma a cuando Bernabé lo busca para llevar a cabo un ministerio más extenso (Hech. 11: 25).
31.
Entonces.
La secuencia de los acontecimientos relatados en los vers. 29-32 es similar a la del cap. 8: 3-5. Saulo había perseguido antes a la iglesia, y por lo tanto los creyentes fueron esparcidos; pero habían predicado la palabra, con lo que se había abierto el camino para que Felipe llevara el Evangelio a Samaria. Ahora Saulo es perseguido, se retira a Tarso, la iglesia disfruta de cierto respiro, que usa provechosamente, y Pedro evangeliza las zonas de la costa.
Iglesias.
La evidencia textual favorece ( cf. p. 10) el texto: "la iglesia". Se hace referencia a todo el conjunto de cristianos y no a congregaciones locales. Esto destaca la unidad 238 de las iglesias locales dentro del conjunto de la iglesia. La palabra "iglesia" parece emplearse aquí en sentido universal y no local.
Paz.
Es posible que el respiro hubiera sido motivado por la partida de Pablo. Cuando se fue, desapareció la espina que tanto irritaba a los judíos. También podría haber habido paz porque la atención se enfocó en el intento del emperador Calígula de poner su estatua en el templo de Jerusalén (p. 80), intento del cual desistió, según Josefo (Antigüedades xviii. 8. 2-8), debido a la resuelta oposición de los judíos, a los fervorosos ruegos del rey Herodes Agripa que en ese tiempo vivía en la ciudad de Roma, y por las peticiones de Petronio, gobernador de Siria. Según Josefo, el gobernador de Siria había quedado impresionado por lluvias que habían caído de un cielo claro, después de una larga sequía, cuando los judíos oraron por ellas.
Toda Judea.
Esta breve nota cubre una gran parte de la historia de la iglesia primitiva, y es de gran importancia. Es la primera indicación de que existían comunidades religiosas organizadas en los pueblos y las aldeas de Palestina. No se nombra ninguna iglesia local, pero deben haber surgido muchas como resultado final del ministerio personal de Jesús. Además debe tomarse en cuenta la obra de Felipe, Pedro y Juan (ver com. cap. 8:5-6, 14, 25). Pero sea cual fuere el origen de estas iglesias de Palestina, este versículo afirma su existencia y demuestra que la orden de Cristo (cap. 1:8) se estaba obedeciendo fielmente.
Eran edificadas.
Gr. oikodoméÇ, "construir una casa", y por extensión, "construir" o "edificar". La paz que se menciona en el versículo anterior hizo posible que la iglesia se fortaleciera tanto en su organización como en su desarrollo espiritual. Este verbo aparece con frecuencia en el vocabulario de Pablo (Hech. 20: 32; Rom. 15: 20; 1Cor. 8: 1; Gál. 2: 18; etc.).
El temor del Señor.
Esta frase es común en el AT para describir la reverencia ante Dios (ver com. Job 28: 28; Sal. 19: 9; Prov. 1: 7). En el NT es poco común.
Se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.
Mejor es traducir "aumentaban por la consolación o el estímulo del Espíritu Santo". La palabra parákl'sis puede traducirse "consolación", o "exhortación", o "estímulo" (ver com. Mat. 5: 4; Luc. 6: 24; Juan 14: 16). La idea es que la iglesia prosperaba debido al temor y al estímulo del Espíritu Santo. Los miembros de la iglesia temían al Señor y eran guiados por el Espíritu. Toda su vida estaba bajo el control divino, y como resultado de este alto estado espiritual de la iglesia, aumentó el número de miembros y también el de las congregaciones. Así sucede siempre. La profunda vida espiritual del cristiano dará como fruto la salvación de los perdidos. Este fruto podrá observarse tanto en la vida de los laicos como en el ministerio de los que dirigen la iglesia.
32.
Aconteció que.
Ver com. Luc. 1: 8. Expresión característica del estilo de Lucas. La emplea por lo menos 39 veces en su Evangelio y 14 en Hechos. Suele indicar una transición en el relato.
Pedro.
A partir de este punto y hasta el cap. 11: 25, el relato deja a Saulo y se ocupa de la obra de Pedro. Por esta razón esta parte es llamada algunas veces "Hechos de Pedro". Sin embargo, es evidente que Lucas presenta esta descripción del ministerio de Pedro, no como una biografía parcial de esta columna de la iglesia, sino como parte de su plan literario general de describir la conversión de los gentiles. Cuando, por medio de la obra de Pedro, esta nueva fase del servicio cristiano está bien encaminada, el autor vuelve a la carrera misionera de Pablo y se concentra en sus labores entre los gentiles.
El relato de Lucas (Hech. 8: 25) había dejado a Pedro y Juan predicando el Evangelio en las aldeas samaritanas, al regresar a Jerusalén. En esta ciudad Pedro recibió la visita de Saulo durante 15 días (Gál. 1: 18). Pero es claro que los apóstoles no se enclaustraron en Jerusalén, sino que salieron y ministraron a grupos de creyentes recién establecidos. Tales visitas ayudaban a unificar a la naciente iglesia y a promover su equilibrado crecimiento.
Visitando a todos.
Mejor "recorriendo todos los lugares" (BJ); del Gr. diérjomai, "pasar por", "recorrer". Con referencia a su significado misionero, ver com. cap. 8:4; cf. Luc. 9:6.
Santos.
Ver com. vers. 13.
Lida.
Lod en el AT (1 Crón. 8: 1,12; Esd. 2: 33; Neh. 7: 37; 11: 35), y nuevamente Lod bajo el gobierno israelí. La ciudad fue fundada por miembros de la tribu de Benjamín (1 Crón. 8: 1, 12) en la rica llanura de Sarón. Se encontraba a unos 15 km al sudeste de Jope y a un día de viaje a pie al noroeste de Jerusalén. 239 Por pedido de Judas Macabeo, Demetrio Soter transfirió la posesión de Lida de Galilea a Judea (1 Mac. 11: 32-34). Poco después de la muerte de Julio César, Casio, famoso por su crueldad, la redujo a la esclavitud junto con otras ciudades (Josefo, Antigüedades xiv. 11. 2). Parece que la ciudad recuperó su anterior prosperidad, pues Josefo (Id. xx. 6. 2) la describe como aldea "no menor que una ciudad en cuanto a su tamaño". En el tiempo al cual se refiere este capítulo parece haber existido allí una comunidad cristiana floreciente. En las guerras que precedieron a la destrucción de Jerusalén (66 d. C.), Lida fue incendiada por Cestio Galo cuando la mayoría de sus habitantes se hallaban en la fiesta de los tabernáculos en Jerusalén (Josefo, Guerra ii. 19. 1). Fue ocupada por Vespasiano en el año 68 d. C. (Id. iv. 8. 1). Cuando Lida fue reedificada, quizá en tiempo de Adriano (c. 130 d. C.), recibió el nombre de Dióspolis (ciudad de Zeus). Más tarde fue sede de uno de los obispados más importantes de la iglesia de Siria. Parece que su característica sobresaliente era la pobreza. El rabino Natán (160 d. C.) dijo en el comentario Midrash Rabbah, Est. 1: 3, p. 30: "En el mundo hay diez porciones de pobreza; de éstas nueve están en Lida y la otra en todo el mundo". Es muy probable que la fe cristiana fuera arraigada en esa ciudad por Felipe el evangelista, pues estaba junto a la ruta que éste tuvo que recorrer cuando pasó por todas las ciudades entre Azoto y Cesarea (ver com. Hech. 8: 40).
33.
Eneas.
Gr. ainéas, antiguo nombre griego que no debe confundirse con ainéias, famoso héroe de Troya. Este nombre se da a un judío (Antigüedades xiv. 10. 22); por lo tanto, este Eneas bien pudo ser un judío helenista (ver com. cap. 6: 1). No se dice que era discípulo, pero puede deducirse que estaba entre los "santos". La exactitud con que Lucas registra que Eneas había estado paralítico en cama por ocho años, podría reflejar su minuciosidad profesional (cf. Luc. 13: 11; Hech. 3: 2; 4: 22; 14: 8). Con referencia al interés de Lucas en asuntos médicos, ver com. Hech. 3: 7; 9: 18; 28: 8. Con respecto a "paralítico", ver com. Mat. 4: 24; Mar. 2: 3. No podía dudarse de que esta curación era milagrosa.
34.
Jesucristo.
Nótese con cuánto cuidado Pedro evita afirmar que hubiera en él algún poder personal para curar al inválido (cf. cap. 3: 6, 12; 4: 9-10).
Te sana.
El uso del tiempo presente sugiere que la curación fue inmediata (cf. "en seguida se levantó").
Levántate.
El Señor empleó esta orden en casos similares (Mat. 9: 6; Juan 5: 8).
Haz tu cama.
Ahora debía hacer lo que por tantos años otros habían hecho por él.
35.
Le vieron todos.
En la región se sabía perfectamente que Eneas había estado en cama paralítico durante ocho años. Ver curado a uno que había sufrido una invalidez tal debe haber atraído tanta atención como la curación del cojo en el templo (cf. cap. 3). Sin duda muchos preguntaron cómo había sido sanado. Lo vieron todos los que quisieron, pues era un hecho de conocimiento público y no había nada oculto.
Sarón.
En griego tiene artículo, "el Sarón"; sin duda del Heb. sharon. No se conoce ninguna aldea ni pueblo de este nombre. El artículo sugiere que se hace referencia a la llanura de Sarón entre las montañas del centro de Palestina y el mar Mediterráneo, que se extendía por la costa desde Jope hasta el monte Carmelo. Era proverbial por su hermosura y fertilidad (ver com. Isa. 35: 2; 65: 10).
Se convirtieron al Señor.
El milagro de la restauración corporal de Eneas despertó fe en el poder de Jesucristo para sanar espiritualmente. De este modo se extendió aún más el círculo de creyentes. Se estaba preparando el camino para la proclamación del Evangelio a los gentiles que vivían en esa zona costera.
36.
Jope.
Gr. Iópp'; Heb. yafo, "hermosura"; hoy Yafo, que significa "hermosa". Ver com. Jos. 19: 46; 2 Crón. 2: 16; Jon. 1: 3. Esta ciudad aparece en inscripciones egipcias de Tutmoses III (siglo XV a. C.), en las Cartas de Amarna y en inscripciones fenicias. Según la mitología griega, Andrómeda había estado encadenada allí hasta que la liberó Perseo (Estrabón, Geografía xvi. 2. 28; cf. Josefo, Guerra iii. 9. 3). Era el puerto más cercano a Jerusalén, y aunque era peligroso y de difícil acceso, en este lugar se desembarcó la madera del Líbano que fue usada por Salomón y por Zorobabel para construir el templo (1 Rey. 5: 9; 2 Crón. 2: 16; Esd. 3: 7). Desde este puerto partían las naves hacia Tarsis (Jon. 1:3). Durante el período de los Macabeos se restauraron el puerto y las fortificaciones (1 Mac. 14: 5). Augusto (Octavio) dio la ciudad a Herodes el Grande, y más tarde a Arquelao 240
MINISTERIO DE PEDRO
241 (Josefo, Antigüedades xv. 7. 3; xvii. 11. 4). Cuando Arquelao fue depuesto, la ciudad pasó a formar parte de la provincia romana de Siria. A pesar de esto siguió siendo fanáticamente judía, y durante las revoluciones de los años 66 a 70 d. C. permaneció leal al judaísmo. Aunque no era un buen puerto, o quizá por esto mismo, Jope se convirtió en un centro de piratas; pero Vespasiano puso fin a esas actividades (Josefo, Guerra iii. 9. 2-4). Como en Lida (ver com. Hech. 9: 32), es probable que la iglesia cristiana surgiera por la obra de Felipe (ver com. cap. 8: 40).
Una discípula.
Gr. math'tria, "discípula".
Tabita.
Transliteración del nombre arameo tabyetha, "gacela". Equivale al nombre hebreo tsibyah (Sibia en 2 Rey. 12:1; 1 Crón. 8: 9; 2 Crón. 24: 1, RVR). La forma griega, dorkás, significa también "gacela". El hecho de que se dé el nombre de esta discípula en dos idiomas podría sugerir que de alguna manera estaba relacionada con helenistas y con judíos, o que Lucas simplemente quiso dar la traducción griega de su nombre para que se entendiera su significado.
Abundaba en buenas obras.
Algunos piensan que Dorcas era diaconisa de la iglesia de Jope. Si fue así, podría reflejar la influencia de Felipe, uno de los siete primeros diáconos (cap. 6: 3, 5), quien pudo haber llevado la organización de la iglesia de Jerusalén a las iglesias que él mismo establecía. Dorcas podría de este modo haber estado encargada de la atención de la viudas de la iglesia (cf. cap. 6: 1; 9: 39).
Limosnas.
Gr. ele'mosún', "obra de caridad", especialmente el dar limosnas. La bondad de Dorcas se expresaba de dos maneras principales: prestaba servicios en "buenas obras" y daba de sus recursos en "limosnas". No se conformaba con que otros hicieran sus obras de caridad, sino que se daba a sí misma junto con sus posesiones.
37.
Y aconteció.
Ver com. vers. 32.
Enfermó y murió.
Los detalles que se dan acerca de lo que se hizo con el cuerpo de Dorcas demuestran que verdaderamente había muerto. Los críticos muchas veces intentan hacer dudar de la realidad de los milagros de resurrección alegando que la persona simplemente estaba en estado de coma.
Después de lavada.
La costumbre de lavar el cadáver era común entre los pueblos de la antigüedad. Entre los judíos se le daba el nombre de "purificación de los muertos". En la Mishnah (Shabbath 23. 5) se dice que en día sábado "puede hacerse todo lo que requiera el muerto; puede ser ungido con aceite y lavado". Las mujeres de la iglesia hicieron en favor de su amada Dorcas lo que exigía la costumbre.
La pusieron.
Los judíos lavaban y ungían el cuerpo, y después acostumbraban añadirle especias y envolverlo en lienzos (Juan 19: 39-40). El muerto era velado, a veces con el acompañamiento de plañideras (Mat. 9: 23). El entierro se efectuaba pocas horas después del fallecimiento (ver com. Hech. 5: 6, 10, generalmente dentro del mismo día y antes de 24 horas. En el caso de Dorcas los preparativos no se completaron según la costumbre. Los hermanos, en vez de hacerlo, mandaron buscar a Pedro que estaba en Lida y acababa de curar a Eneas.
38.
Cerca de Jope.
Lida se encontraba a sólo unos 18 km al sureste de Jope, por lo cual no era de extrañarse que los hermanos estuvieran enterados de la curación de Eneas.
No tardes.
Es posible que los mensajeros salieran de Jope antes de que muriera Dorcas, con la esperanza de que el apóstol pudiera llegar a tiempo para evitar su muerte; pero si partieron después de la muerte de Dorcas, lo que parece más probable, la iglesia tenía fe en que, por el poder de Dios, era posible la resurrección. En uno u otro caso apremiaba el tiempo: o para salvar una vida o para impedir el entierro.
39.
Levantándose entonces Pedro.
Pedro estaba listo para responder a cualquier invitación que le llegara, sobre todo si se trataba de un llamamiento tan urgente como el de los cristianos de Jope.
Todas las viudas.
Lucas parece mostrar especial simpatía por las mujeres (ver com. Luc. 8: 2-3). Menciona a viudas 9 veces en el Evangelio y 3 veces en Hechos. Las viudas de la iglesia recibían una atención especial (ver com. Hech. 6: 1).
Las túnicas y los vestidos.
Las palabras griegas empleadas son jitÇn e himátion, respectivamente, Ver com. Mat. 5: 40.
Hacía.
Dorcas tenía la costumbre de hacer vestidos para los necesitados (ver com. vers. 36).
40.
Sacando a todos.
Pedro siguió el ejemplo de su Señor cuando resucitó a la hija de Jairo (ver com. Mar. 5: 39-40), de lo cual había sido testigo. En la habitación donde estaba 242 el cuerpo de Tabita se oía el ruido de grandes lamentos (Hech. 9:39). Pedro sintió la necesidad de tener silencio para comunicarse con Dios. Compárese con lo que hizo Elías con el hijo de la viuda (1 Rey. 17: 17-23) y el procedimiento de Eliseo al resucitar al hijo de la sunamita (2 Rey. 4: 33). Nótese cómo los siervos de Dios evitan un espectacular despliegue de poder.
Oró.
Pedro se arrodilló y oró fervientemente, pues comprendía que sólo el poder divino podría hacer el milagro deseado. La oración demostró ser de nuevo el medio por el cual la joven iglesia obtenía poder (cf. com. cap. 1: 14, 24; 6: 4, 6; 8: 15; 9: 11; 10: 2; etc.). En este caso se manifestó claramente la humildad, la consagración y el fervor de Pedro (cf. com. cap. 3: 1).
Volviéndose.
Luego de haber orado, recibió la seguridad de que su oración había sido escuchada. Comprendía su completa dependencia del poder sobrenatural; pero cuando se le aseguró que lo tendría no vaciló en actuar.
Cuerpo.
El uso de esta palabra no deja duda en cuanto al milagro que siguió. Dorcas estaba muerta (ver com. vers. 37). Pedro se volvió hacia el cuerpo inerte.
Levántate.
La brevedad de la orden de Pedro demuestra su fe firme en que su oración recibiría una respuesta afirmativa.
Se incorporó.
Gr. anakathízÇ, "sentarse". Esta palabra es empleada por los autores médicos para referirse a un paciente que se sienta en la cama, y Lucas también lo usa en su Evangelio (cap. 7: 15). La breve descripción de la resurrección de Dorcas es extraordinariamente real: abrió sus ojos, como si hubiera estado durmiendo; vio inesperadamente a Pedro, a quien posiblemente no conocía; y, dramáticamente, se levantó como una persona que había estado muerta. Tales detalles concuerdan bien con los conocimientos médicos de Lucas.
41.
Dándole la mano.
Aceptó la mano que se le extendía porque ya estaba consciente, a diferencia de la hija de Jairo a quien Jesús tomó de la mano (Mat. 9: 25). Algunos han pensado que este milagro es sólo el eco de lo que se relata en Mat. 9. Sin embargo, debe entenderse que se trata de dos episodios parecidos, pero enteramente diferentes.
Los santos.
Ver com. vers. 13. No se sugiere necesariamente que las viudas no fueran santas, es decir, cristianas, aunque es posible que algunas de las mujeres a quienes Dorcas había ayudado no fueran miembros de la iglesia.
La presentó viva.
Pedro se aseguró de que este milagro de Dios recibiera su debido reconocimiento; reunió primero a los que conocían personalmente a Dorcas y podían dar testimonio del hecho de su muerte, y después la presentó públicamente ante los que estaban reunidos. De este modo se aseguró de que hubiera un amplio testimonio del hecho de que se había efectuado un gran milagro.
42.
Muchos creyeron.
La noticia de este milagro se propagó rápidamente. Toda la zona de Jope se interesó, y la predicación del Evangelio recibió un gran impulso.
43.
Y aconteció.
Ver com. vers. 32.
Se quedó.
No se sabe cuánto tiempo se quedó Pedro en Jope. Con referencia a la frase "muchos días", ver com. vers. 23.
Simón, curtidor.
Lucas manifiesta interés en los nombres de los personajes de menor importancia de su relato (cf. cap. 9: 11, 33, 36; 12: 13; 21: 16; etc.), y en sus ocupaciones (cf. cap. 8: 27; 10: 1; 16: 14;18: 3; 19: 24). A los judíos ortodoxos les repugnaba el oficio de curtidor, quizá por el contacto con los cueros de animales muertos, lo que implicaba impureza ceremonial (Lev. 11: 24-25), o, en general, porque era un oficio desagradable. En la Mishnah (Kethuboth 7. 10) se declara que si un curtidor que estaba a punto de casarse ocultaba a su prometida cuál era su oficio, ese encubrimiento era considerado como un fraude y quedaba invalidado el compromiso.
La casa del curtidor estaba "junto al mar" (Hech. 10: 6). Durante su larga permanencia con el humilde y hospitalario Simón, a Pedro le habría resultado fácil volver a su antigua ocupación de pescador para ganarse la vida. El hecho de que estuviera dispuesto a vivir con un curtidor indica que el apóstol ya tendía a abandonar los prejuicios judíos. Aun en esto Dios estaba preparando a su siervo para dar el paso mayor de predicarle a Cornelio el gentil (ver com. cap. 10).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-43 HAp 92-108
1-2 SR 268 243
1-5 HAp 93
1-13 PE 200
1-22 SR 268-275
3-5 Ed 61; 1JT 392; OE 59; SR 269
4-6 HAp 95
6 CE (1949) 52; CE (1967) 62; CMC 357;
CS 659; ECFP 18; FE 127,216; HAp 98;
1JT 392, 396; 2JT 229, 252, 403; 3JT
54, 78, 367; MJ 203; MM 325, 333; NB
295; SR 270-271; 1T 45; 2T 166; 4T 54;
5T 220; 8T 94
7 HAp 94
8 HAp 96
8-9 1JT 393; SR 271
9 HAp 96
10-15 HAp 99; SR 272
11 1JT 393-394
15 DMJ 32; HAp 98-99, 129, 132, 1JT 392, 394,396;
OE 59; PE 199, 222; 6T 415
15-18 PE 200; IT 78
17 HAp 99; 1JT 396
17-18 1JT 394; SR 272
18 HAp 99
18-20 SR 273
19-20 HAp 101
21 HAp 102; PE 201
21-22 SR 274
22 HAp 102; PE 201
22-26 SR 276
23-29 PE 202
25-26 HAp 105
26-27 SR 277
27,29 HAp 105
29-30 SR 279
30 HAp 106
32-39 HAp 107
34-40 SR 281
36-37 MB 71,148
40 HAp 108; OE 187; PR 34
40-41 MB 148; SR 282


CAPÍTULO 10
1 Un ángel ordena a Cornelio, un gentil devoto, 5 que mande a buscar a Pedro, 11 a quien el Señor le enseña en una visión 15, 20 que no debe rechazar a los gentiles. 34 Al predicar acerca de Cristo a Cornelio y a sus huéspedes, 44 el Espíritu Santo desciende sobre ellos y 48 son bautizados.
1 HABÍA en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana,
2 piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre.
3 Este vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio.
4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.
5 Envía, pues, ahora hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro.
6 Este posa en casa de cierto Simón curtidor, que tiene su casa junto al mar; él te dirá lo que es necesario que hagas.
7 Ido el ángel que hablaba con Cornelio, éste llamó a dos de sus criados, y a un devoto soldado de los que le asistían;
8 a los cuales envió a Jope, después de haberles contado todo.
9 Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.
10 Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis;
11 y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra;
12 en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo.
13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come.
14 Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
15 Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
16 Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.
17 Y mientras Pedro estaba perplejo dentro 244 de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.
18 Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro.
19 Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan.
20 Levántate, pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.
21 Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?
22 Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.
23 Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó. Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.
24 Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos.
25 Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró.
26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.
27 Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido.
28 Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo;
29 por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar. Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?
30 Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente,
31 y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.
32 Envía, pues, a Jope, y haz venir a Simón el que tiene por sobrenombre Pedro, el cual mora en casa de Simón, un curtidor, junto al mar; y cuando llegue, él te hablará.
33 Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado.
34 Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas,
35 sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia.
36 Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos.
37 Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan:
38 cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero.
40 A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase;
41 no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.
42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por juez de vivos y muertos.
43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.
44 Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso.
45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo.
46 Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.
47 Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
óbautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.


1.
Cesarea.
Ver com. Hech. 8: 40. Cesarea era la capital de la provincia romana de Judea y residencia habitual del procurador romano. Sin duda era una ciudad cosmopolita e importante centro comercial. Ver mapa de la p. 240.
Cornelio.
Posiblemente Lucas conoció los detalles de este relato durante las veces que estuvo en Cesarea (cap. 21: 8; 23: 33; 24: 27). La conversión de Cornelio señaló una nueva etapa en la expansión del crecimiento de la iglesia. Cornelio, oficial romano, no era totalmente pagano. Era "piadoso y temeroso de Dios" y daba "limosnas al pueblo" (ver com. cap. 10: 2). De todos modos, según los judíos era un gentil e incircunciso; por lo tanto, su admisión en la iglesia marca una nueva etapa en la expansión del cristianismo. Puede entenderse por lo tanto que los apóstoles de Jerusalén prestaran atención especial a este caso (cap. 1l: 1-18). Las notables circunstancias sobrenaturales de la conversión de Cornelio tuvieron que ser un factor importante que indujo a los apóstoles a aceptar el hecho de que un gentil no circuncidado podía llegar a ser cristiano. Sin embargo, la iglesia tardó varios años más antes de llegar a comprender plenamente que los gentiles debían estar exactamente en el mismo nivel de los judíos y disfrutar de los mismos privilegios de ellos (Hech. 15: 1-31; Gál. 2: 12).
Centurión.
Ver com. Luc. 7: 2. Un centurión tenía bajo su mando aproximadamente a cien hombres. Era considerado como un oficial subalterno que tenía la responsabilidad de vigilar que sus soldados cumplieran con sus deberes y mantuvieran la disciplina. Los centuriones por lo general no ascendían a jerarquías más elevadas en el ejército romano. Lo más probable es que Cornelio fuera ciudadano romano.
De la compañía.
El griego indica claramente que Cornelio era de la compañía, pero no dice que fuera su comandante. La "compañía" -unidad administrativa de las fuerzas auxiliares romanas-, tenía 500 ó 1.000 hombres.
La Italiana.
Es probable que ésta fuera la Cohors II. Itálica, la cual estuvo en Siria durante la guerra entre judíos y romanos. Parece que estaba desde antes, según se puede deducir por este relato. Se piensa que la compañía la Italiana estaba compuesta mayormente de libertos, o por lo menos de personas que no eran de origen romano. Era una compañía auxiliar de arqueros.
2.
Temeroso de Dios.
Esta frase, el adjetivo "piadoso" y el verbo "temer" aparecen en Hechos en relación con Dios (cap. 10: 22, 35; 13: 16, 26, 50; 16: 14; 17: 4, 17; 18: 7) para referirse a gentiles que, como Cornelio, habían aceptado el judaísmo y adoraban a Jehová. En algunos casos también significaba que guardaban el sábado y se abstenían de alimentos prohibidos por la ley. Pero estos gentiles no se habían identificado plenamente con el judaísmo, pues no se habían sometido a la circuncisión ni guardaban minuciosamente todo lo que debía observar un judío piadoso. Ver t. V, pp. 63-64.
Las expresiones mencionadas han sido muy debatidas entre los eruditos. En 2 Crón. 5: 6 (LXX) aparecen, además de la congregación de Israel, "los que temían", lo cual induce a pensar que éstos no eran considerados como miembros de la congregación de los judíos. Josefo (Antigüedades xiv. 7. 2) habla también de los judíos y de "adoradores de Dios" que enviaban sus ofrendas al templo desde todas partes del mundo.
Se ha sugerido además que los que "temían a Dios" o "adoraban a Dios", que aparecen en Hechos, son los "prosélitos de la puerta", de quienes se dice que eran medio prosélitos porque aunque adoraban a Jehová y observaban parte de la ley judía no habían sido circuncidados, y por lo tanto no eran considerados completamente judíos. Algunos dudan de esta explicación.
Por eso podría decirse que las expresiones "temeroso de Dios" o "adorador de Dios" pueden haber sido frases convencionales en el período del NT para referirse a un determinado grupo de semiprosélitos del judaísmo, quienes, como muchas veces se ha sugerido, eran reconocidos hasta cierto punto en la sinagoga. Es posible que un término similar, "temerosos del cielo", pudiera haber representado al mismo grupo en el judaísmo posterior. Los que temían a Dios difícilmente podrían haber sido reconocidos formalmente dentro de la comunidad judía, y su relación con el judaísmo no debe haber tenido un carácter legal; sin embargo, el hecho de que existieran esos varones piadosos en todo el Imperio Romano proporcionaba a los predicadores cristianos un público de gentiles que, aunque no estaban atados al legalismo judío, eran sinceros buscadores de Dios y conocían algo de las Escrituras de los judíos 246 (especialmente la LXX) y las creencias judías.
Con toda su casa.
Cornelio no estaba satisfecho con haber encontrado una verdad superior, sino que procuraba impartírsela a su familia, a sus siervos y a los que estuvieran bajo su influencia. El soldado que fue enviado a buscar a Pedro es llamado "devoto" (vers. 7).
Muchas limosnas.
Cornelio era generoso como el otro centurión de quien los judíos dijeron:
"ama a nuestra nación,y nos edificó una sinagoga" (Luc. 7: 5).
Al pueblo.
El pueblo judío, no los gentiles.
Oraba.
La combinación de la generosidad y la oración era común en cl judaísmo y también en el cristianismo primitivo (cf. Mat. 6: 2, 5; Hech. 10: 4; 1 Ped. 4: 7-8; Tobías 12: 8).
La visión que se relata a continuación indudablemente puede considerarse como una respuesta a las oraciones de Cornelio, por esta razón es lógico pensar que él estaba buscando cómo conocer más ampliamente la voluntad de Dios (cf. Hech. 1l: 14).
3.
Una visión.
Gr. hórama, "lo que se ve", y especialmente, como aquí, lo que la Divinidad permite que se vea. El artículo no aparece en griego; podría traducirse sencillamente: "en visión". Ver com. 1 Sam. 3: 1.
La hora novena.
Las 3 de la tarde era la hora de la oración vespertina en el templo (ver com. Mat. 27: 45; Hech. 3: 1). Según parece, Cornelio se había habituado a las horas judías de oración, pues estaba orando cuando le fue dada esta visión (cap. 10: 30).
4.
Atemorizado.
Cornelio describió al ángel como "un varón con vestido resplandeciente" (vers. 30; cf. cap. 1: 10). La repentina aparición del ángel atemorizó a Cornelio al comienzo. Los soldados romanos que vigilaban la tumba de Jesús, pero que no tenían la experiencia espiritual de Cornelio, temblaron y quedaron como muertos ante la presencia de la resplandeciente gloria del ángel de la resurrección (Mat. 28: 2, 4; cf., Dan. 10: 7-11).
¿Qué es?
Esta pregunta de Cornelio indicaba que la visión implicaba más de lo que él podía comprender; y sus palabras dan a entender que estaba listo para seguir la conducción divina. Compárese con la respuesta de Santo cuando Cristo se le apareció cerca de Damasco (cap. 9: 6).
Señor.
La palabra griega kúrios, "señor", no es más que un título de cortesía cuando se aplica a las personas (cap. 16: 30); sin embargo, los judíos usaban el término kúrios para referirse a Jehová, y los cristianos lo utilizaron para indicar la soberanía y la divinidad de Jesús. No se sabe si Cornelio usó este término como una expresión de respeto, o si comprendió que estaba hablando con un ser celestial y lo usó como una señal de devoción y piedad. La segunda interpretación es más probable.
Mis oraciones y tus limosnas.
Ver com. vers. 2. Las limosnas de Cornelio eran una expresión concreta de la sinceridad de su vida espiritual íntima, fortalecida por sus constantes oraciones.
Han subido.
La oración se considera como un incienso que asciende al trono de Dios (Apoc. 5: 8; 8: 3-4) o como el humo del holocausto que en hebreo era llamado 'olah, "lo que sube". Esta expresión era especialmente apropiada para referirse a una oración ofrecida a la hora del sacrificio vespertino (ver com. Hech. 10: 3).
Memoria.
Gr. mn'mósunon, "memoria", palabra que se usa repetidas veces en la LXX para referirse a la parte de la ofrenda de granos que el sacerdote quemaba sobre el altar (Lev. 2: 2, 9, 16; 5: 12; 6: 15). El humo que subía de la ofrenda quemada representaba las oraciones de Israel. La misma palabra aparece en Tobías 12: 12, LXX: "Era yo el que presentaba y leía ante la Gloria del Señor el memorial de vuestras peticiones" (BJ). Las oraciones de Cornelio eran aceptables a Dios, pues seguía "aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Juan 1: 9), y compartía esa fe que desde la fundación del mundo abrió el camino a la justificación: la fe de que el verdadero Dios existe "y que es galardonador de los que le buscan" (Heb. 11: 6).
5.
Envía, pues, ahora hombres.
Dios anhelaba que Cornelio hiciera un esfuerzo intenso para obtener el conocimiento del Evangelio. Las verdades que se aprenden como resultado de la búsqueda personal, muchas veces son consideradas más preciosas que las que se nos enseña a aceptar.
Haz venir a Simón.
Sin duda, el centurión podría haber descubierto que Simón el apóstol estaba alojado con Simón el curtidor; pero Dios, el Omnisapiente, sabía dónde estaba Pedro y dio a Cornelio la dirección exacta. Dios conoce los detalles más íntimos de la vida de cada persona. Cuando el hombre 247 comprende esto se siente convencido de que no debe pecar; pero aún más: se siente animado a vivir una vida piadosa. Dios conocía las andanzas y las tristezas del salmista (Sal. 56: 8). El Señor se da cuenta hasta de la caída de un pajarillo y tiene contados los cabellos de cada persona (Mat. 10: 29-31). Es notable el paralelo que hay entre los casos de Cornelio, de Ananías y de Saulo (Hech. 9: 10-12).
6.
Simón curtidor.
Ver com. cap. 9: 43.
El te dirá.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de la última frase del versículo. Sin embargo, esta idea está implícita en el relato que hizo Pedro de su visita a Cornelio: "él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa" (cap. 11: 14). Este es uno de varios casos que aparecen en algunos manuscritos tardíos de Hechos, donde aparentemente se intentó presentar una narración completa en los primeros capítulos juntando y cotejando declaraciones que aparecían originalmente sólo en capítulos posteriores (cf. cap. 9: 6).
Respecto a la posición de los prosélitos y de los "temerosos de Dios", que habían aceptado parcialmente la fe judía, ver t. V, p. 63-64.
7.
Un devoto soldado.
El adjetivo "devoto" sugiere que este hombre era, como el centurión que lo mandaba, adorador del verdadero Dios; pero es difícil pensar que ya fuera un prosélito circuncidado (ver t. V, p. 64).
8.
A Jope.
De Cesarea a Jope había unos 50 km. Jope era la ciudad de donde huyó Jonás cuando fue llamado a predicar a los gentiles un mensaje que los salvó. En esta ocasión se llama a Pedro en esta misma ciudad para que fuera a predicar el Evangelio a los gentiles.
Haberles contado todo.
Es evidente la confianza que Cornelio tenía en quienes estaban bajo su mando, pues les contó franca e inmediatamente todo lo relacionado con su visión. Sin duda ya conocían sus esperanzas y oraciones, y ahora estaban listos para compartir la respuesta prometida. Todo esto proyecta luz sobre el carácter de Cornelio e indica que, hasta donde le fue posible hacerlo, había tratado de compartir con los que estaban al alcance de su influencia la verdad que lo había llevado a él a una vida mejor.
9.
Se acercaban.
Los acontecimientos que precedieron a la visión de Pedro ocurrieron de tal modo que la culminación de la visión se produjo justamente cuando llegaron los mensajeros (vers. 17-20).
La azotea.
Gr. dôma, "casa", "edificio". Estar "sobre la casa" (dôma), como dice en el griego, equivalía a estar sobre el techo de la casa, es decir, en la "azotea" o "terrado" (BJ), pues los techos solían ser planos. Este era un lugar apropiado para la oración y la meditación. En una ciudad como Jope y en la casa de un curtidor, la azotea era quizá el único lugar apropiado para un propósito tal. En 1 Sam. 9: 25; 2 Rey. 23: 12; Jer. 19: 13; Sof. 1: 5; Mat. 10: 27 aparecen otros usos que se daba a las azoteas.
La hora sexta.
A mediodía. Entre los judíos ésta no era probablemente una de las horas regulares de oración; la literatura judía más antigua nada dice al respecto. Es posible que las personas muy piadosas pudieran haberla observado (Sal. 55: 17), y quizá pueda interpretarse que así ocurría en el caso de Pedro (ver com. Hech. 3: 1); sin embargo, también son posibles otras explicaciones. La oración matutina, que regularmente se ofrecía a las 9 de la mañana podía elevarse en cualquier momento antes del mediodía; por lo tanto, Pedro podría muy bien haber estado haciendo la oración matutina. Un reglamento judío que se remonta por lo menos al siglo III d. C. sugiere otra posibilidad interesante: Si una persona no había comido hasta mediodía, entonces debía ofrecer primero su oración vespertina antes de comer, porque la oración vespertina (normalmente alrededor de las 3 de la tarde) no debía pronunciarse poco después de haber comido. Como se dice que Pedro tenía "gran hambre" (cap. 10: 10), es posible que ese día aún no hubiera comido, y por lo tanto quizá estaba ofreciendo su oración vespertina en una hora temprana.
Cualquiera que sea la explicación que se dé al hecho de que Pedro estaba orando a esa hora, es claro que su meditación y su devoción abrieron la puerta para que recibiera la visión exactamente en el momento apropiado que lo prepararía para recibir a los mensajeros enviados por Cornelio, un gentil.
10.
Gran hambre.
Pedro no estaba ayunando porque tenía intenciones de comer. El apetito que sintió antes de mediodía lo preparó para recibir la orden de comer que le sería dada en relación con su visión. En estas circunstancias la orden tenía un significado especial.
Un éxtasis.
Gr. éktasis, tiene la idea de estar fuera de sí, indica que la mente se ha alejado de su ambiente natural. En el cap. 22: 17 248 Lucas emplea de nuevo la palabra éxtasis para describir lo que Pablo vio en el templo. La LXX usa este mismo vocablo para describir el sueño profundo de Abrahán (Gén. 15: 12). Durante el éxtasis se presenta un estado en el cual la captación natural de los sentidos queda en suspenso, de modo que la visión es sólo mental, como en sueños (cf. 2 Cor. 12: 3). El éxtasis de Pedro fue un medio para recibir la revelación de la voluntad divina.
11.
El cielo abierto.
Esto indica que la visión y su mensaje eran de Dios (cf. cap. 7: 56).
Algo.
"Una cosa" (BJ). Gr. skéuos, "vasija", "tiesto", palabra empleada para describir muchos tipos de utensilios. Aquí es un término general que describe algún tipo de recipiente.
Atado.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "era bajado de las cuatro puntas". En el griego se habla de "los cuatro comienzos del lienzo", y lógicamente se entiende que son sus puntas. Parece que lo que el apóstol vio fue un lienzo extendido que bajaba sostenido por sus cuatro puntas, lo que podría compararse con los cuatro extremos o puntos cardinales del cielo abierto.
12.
De todos los cuadrúpedos.
En la visión había toda clase de animales, tanto los que eran permitidos comer a los judíos como los que les eran prohibidos, pero los comían los gentiles.
13.
Mata y come.
Pedro tenía hambre, y lo que su apetito lo impulsaba a hacer fue confirmado por una voz del cielo. Pedro se negó a comer por causa de su conciencia; aún no había aprendido que la distinción entre judío y gentil había sido eliminada en Cristo (Gál. 3: 28-29). Y es evidente que Pedro no lo aprendió plenamente ni aun después de esta visión, pues más tarde en Antioquía procedió hipócritamente, y Pablo tuvo que reprenderlo en forma pública (Gál. 2:9-21).
14.
Señor, no.
La enfática negación de Pedro aun ante la orden del cielo, concuerda bien con su carácter (cf. Mat. 16: 22; Juan 13: 8). Esta exclamación suya recuerda la de Ezequiel cuando vio a Israel comiendo alimentos inmundos (cap. 4: 14). Abstenerse de las carnes inmundas era una de las características más resaltantes de los judíos, y una distinción a la cual se ceñían rigurosamente. Este había sido uno de los problemas básicos entre judíos y sirios durante la guerra de los Macabeos (2 Mac. 6: 18-31), y por cumplirlo los judíos más fieles habían estado dispuestos a sacrificar sus vidas.
Sin embargo, la distinción entre animales limpios e inmundos, presentada claramente en Lev. 11, era anterior a la nación judía. Esta distinción fue establecida por Dios y respetada por Noé cuando supervisó la entrada de los animales en el arca (Gén. 7: 2; cf. cap. 8: 20). La alimentación original del hombre se componía de frutas, cereales y leguminosas (Gén. 1: 29). Antes que la carne se añadiera a este régimen alimentarlo (Gén. 9: 2-3), ya se había presentado claramente la distinción entre animales limpios e inmundos; por lo tanto, no tiene una base sólida la posición de que la prohibición de los alimentos inmundos fue quitada cuando la ley ceremonial judía terminó en la cruz. En la visión de Pedro estas restricciones alimentarias se referían en forma simbólica a las distinciones que hacían los judíos, entre ellos y los gentiles, y a la abrogación de esas distinciones. Esta diferencia era lo que se estaba destacando en ese momento (ver com. Gén. 9: 3; Lev. 11; Hech. 10: 15; Nota Adicional de Lev. 11).
Común.
El uso de la palabra "común" para referirse a lo "impuro" según la ley mosaica, reflejaba la actitud judía hacia los gentiles. Se consideraba que todos los que no eran judíos eran gente "común" que estaba excluida del pacto de Dios. Las prácticas de esos parias espirituales, diferentes de las del pueblo escogido, eran llamadas "comunes" y como estas cosas "comunes" eran generalmente las que prohibía la ley, todas las costumbres o actos prohibidos se denominaban "comunes". Cuando las manos de una persona estaban ceremonialmente impuras también se las llamaba "manos comunes" (en Mar 7: 2 literalmente en griego, "inmundas").
15.
Lo que Dios limpió.
Nótese que en la visión todos los animales -limpios e inmundos- estaban en un mismo nivel, pues se los había hecho descender del cielo en un mismo lienzo. Representaban una mezcla general, de la cual ninguna parte debía llamarse "común o inmunda". Al interpretar la visión, debe reconocerse que aunque fue dada cuando Pedro sintió verdadera hambre (vers. 10), sin embargo no tenía nada que ver con comida sino con personas. Pedro debía llegar a sentir hambre por las almas de las personas de toda raza y lugar Después de haber aprendido esta lección, al menos en parte, Pedro declaró: "Me ha mostrado Dios 249 que a ningún hombre llame común o inmundo" (vers. 28). Los gentiles, a quienes solía considerarse "inmundos", estaban aguardando el ministerio espiritual de Pedro. El no debía vacilar en brindarles ese ministerio. Ya no debían ser considerados "inmundos".
16.
Se hizo tres veces.
La visión se repitió tres veces, sin duda para que pudiera ser fijada en la mente del apóstol. El sueño de Faraón también se le repitió dos veces (Gén. 41: 32), y Jesús había repetido a Pedro tres veces la orden de alimentar sus "corderos" y sus "ovejas"(Juan 21: 15-17), orden que ahora debía cobrar un significado nuevo y más amplio para el apóstol.
17.
Estaba perplejo.
Esta misma expresión se emplea para describir la perplejidad de Herodes cuando la gente decía de Cristo que era Juan el Bautista que había resucitado (Luc. 9: 7). Cuando Pedro sale del éxtasis, no sabe cómo aplicar lo que ha visto y oído; pero los enviados por Cornelio, que en ese momento lo llaman, le traen la respuesta. Ver Hech. 10: 28.
Llegaron a la puerta.
A Cornelio se le había dado en términos generales la dirección de la casa de Simón (vers. 6). Cuando los mensajeros comprobaron que los detalles eran correctos, sin duda sintieron confianza en que su misión tendría éxito. No fue por coincidencia que Cornelio recibiera la visión con el momento exacto de anticipación, para que la llegada de los mensajeros a la casa de Pedro después de caminar unos 50 km -(ver com. vers. 8)-, coincidiera con el momento preciso de la visión de éste.
19.
Pedro pensaba.
Pedro meditaba en su dificultad y se preguntaba qué era lo que Dios había querido enseñarle mediante la visión. Mientras estaba en esta condición, vino la respuesta.
Le dijo el Espíritu.
Pedro ya no estaba en éxtasis. El Espíritu divino le habló en lo más íntimo de su alma. Estas instrucciones implicaban que Pedro debía relacionar la llegada de la delegación que lo buscaba con la visión que había tenido.
Tres hombres.
Los dos siervos y el soldado a quienes Cornelio había enviado (vers. 7). Algunas versiones dicen: "dos hombres"; sin embargo la evidencia textual se inclina (cf. p.10) por el texto "tres".
20.
Desciende.
Pedro estaba todavía en la azotea.
No dudes.
"Ve con ellos sin vacilar" (BJ).Como en una ocasión anterior, Pedro aún no sabía lo que estaba haciendo su Señor, pero pronto lo conocería (Juan 13: 7). El y los mensajeros de Cornelio actuaban movidos por el Espíritu Santo. En la visión no se le había ordenado a Pedro que debía hacer un viaje; pero ahora se le informó que tenía que hacerlo, y comprendió que la orden "no dudes en ir" significaba que al viajar no debía hacer diferencias de ninguna clase entre judíos y otras personas. Por lo tanto, la visión se hizo poco a poco más comprensible y se disipó su perplejidad.
21.
Que fueron enviados por Cornelio.
Si bien es cierto que los hombres habían sido enviados por Cornelio, la evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
¿Cuál es la causa?
El Espíritu le había dicho a Pedro que los hombres lo aguardaban y que debía ir con ellos; pero no se le había informado en cuanto a la razón por la cual habían venido. Era, pues, natural que su primera pregunta se refiriera al propósito de la visita de ellos.
22.
Cornelio el centurión.
La descripción que dan los mensajeros parecería implicar que Cornelio no era del todo desconocido en Jope. Pedro bien pudo haber recordado aquel otro centurión cuyo nombre no se registra, que estaba en la guarnición de Capernaúm y había construido una sinagoga para los judíos (Luc. 7: 5). Al recordar ese caso también pudieron venir a su mente las palabras de su Maestro cuando alabó la fe del centurión, y dijo que vendrían "muchos del oriente y del occidente" y se sentarían "con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos" (Mat. 8: 11).
Temeroso de Dios.
Ver com. vers. 2.
Que tiene buen testimonio.
Tenía buen testimonio por las limosnas que había dado y por su evidente reverencia hacia el verdadero Dios. La piedad de Cornelio no sólo era conocida por la población de Cesarea, sino también entre todos los judíos.
Ha recibido instrucciones.
Gr. jr'matízÇ, "advertir", se usa con frecuencia para señalar las instrucciones dadas por Dios. Los autores paganos lo emplean para referirse a los oráculos de las divinidades paganas. Josefo lo usa varias veces para indicar que Dios habla a las personas. En el NT se aplica para describir las advertencias dadas a los magos (Mat. 2: 12) y a José (Mat. 2: 22), para la revelación dada a Simón (Luc. 2: 26) y los mensajes 250 divinos enviados a Moisés (Heb. 8: 5) y a Noé (Heb. 11: 7).
Para oír tus palabras.
Es decir, para aprender de Pedro lo que Dios quería que Cornelio hiciera (cap. 11: 14).
23.
Haciéndoles entrar.
Cuando Pedro invitó a estos gentiles a entrar en la casa, dio el primer paso hacia la eliminación de los escrúpulos que los judíos tenían contra los gentiles.
Al día siguiente.
Alrededor del mediodía "Pedro subió a la azotea para orar"; por lo tanto, la llegada de los mensajeros, después de la visión, debe haber ocurrido en las primeras horas de la tarde. Como ya era muy tarde para que llegaran ese mismo día a Cesarea, a unos 50 km de distancia, Pedro no emprendió el viaje en seguida. Además, sin duda los mensajeros necesitaban descansar de su viaje hasta Jope.
Algunos de los hermanos.
Según el relato del apóstol (cap. 11: 12) fueron seis los hermanos, sin duda cristianos judíos (vers. 45), que lo acompañaron. Es probable que Pedro recordara las palabras de Cristo: "Toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra" (Mat. 18: 16). Deseaba que ellos informaran a la iglesia de cualquier cosa que él hiciera. En Hech. 11: 12 se alude a la utilidad del testimonio que más tarde dieron en Jerusalén. Seguramente Pedro les informó de su visión y del mensaje que habían traído los siervos de Cornelio. La buena reputación de Cornelio tuvo que haber sido de importancia para ellos y los impulsó a ir con Pedro.
24.
Al otro día.
Parece que Pedro y sus compañeros se hospedaron en algún lugar entre Jope y Cesarea, lo que también pudieron haber hecho los mensajeros de Cornelio cuando viajaban a Jope (vers. 7-9, 17). El camino corría a lo largo de la costa del Mediterráneo.
Los estaba esperando.
Los preparativos de Cornelio demuestran cuán convencido estaba de que su visión había sido real y que Dios estaba a punto de dar respuesta a sus oraciones.
Sus parientes y amigos más íntimos.
Indudablemente, entre éstos había soldados que estaban bajo el mando de Cornelio, que más o menos simpatizaban con su creencia religiosa, y también amigos de la comunidad; y procuró que la nueva luz que estaba por recibir, llegara a tantos como fuera posible.
25.
Adoró
Gr. ProskunéÇ, significa "arrodillarse delante". Puede significar "rendir homenaje" o "adorar", según sea el caso y el objeto del homenaje. La BJ traduce literalmente: "Cayó postrado a sus pies". Caer a los pies de alguien era la forma más apropiada de rendirle homenaje. Así se postraron Jairo (Mat. 9: 18) y Juan (Apoc. 22: 8) delante de Jesús y del ángel, respectivamente. Esta actitud de Cornelio, oficial romano, demuestra que aceptaba a Pedro como un mensajero de Dios. Un acto tal sin duda no era común entre los soldados romanos, y mucho menos para con un judío.
26.
Le levantó.
La respuesta de Pedro indica que el homenaje y la adoración deben reservarse sólo para Dios. Nunca es correcto que una persona exija o reciba tal homenaje de parte de otro ser humano. Las palabras de Pedro son similares a las de Pablo en Listra (cap. 14: 15). Al adorar a los santos o aun a los ángeles se borra la distinción que siempre debe existir entre Dios y el hombre (Apoc. 22: 9).
27.
Hablando con él.
Lo que sigue indica que Cornelio le dijo al apóstol muchas cosas que no se mencionan específicamente en el texto.
Entró.
Parece que la recepción tuvo lugar cerca de la entrada de la casa de Cornelio. La acción de Cornelio al salir a recibir a Pedro mostraba algo del espíritu del centurión que dijo a Jesús: "No soy digno de que entres bajo mi techo" (Luc. 7: 6).
Muchos.
La personalidad y la conducta de Cornelio le habían ganado muchos amigos. Su entusiasmo y su fe lo habían inducido a reunirlos para que vieran y escucharan a un hombre acerca del cual él nada sabía (ver com. vers. 24).
28.
Cuán abominable es.
El apóstol dio por sentado que quienes le escuchaban sabían que un judío no podía juntarse con un gentil. Los autores clásicos conocían el exclusivismo judío. Juvenal (60?- 122 d. C.) escribió: "Ellos, acostumbrados a desobedecer las leyes de Roma, aprenden, y practican, y reverencian la ley judía, y todo lo que Moisés les entregó en su tomo secreto, prohibiéndoles que señalen el camino a cualquiera que no adore los mismos ritos y que no conduzcan a nadie a la fuente deseadas sino a los circuncidados" (Sátiras xiv. 100-104). Tácito escribió algo similar: "Los judíos son extremadamente leales el uno con el otro, y siempre están 251 listos para mostrar compasión; pero para con todo otro pueblo no sienten sino odio y enemistad. Se sientan aparte en las comidas, y duermen aparte" (Historia v. 5).
Por supuesto, Pedro hablaba desde el punto de vista del fariseísmo tradicional y no de la ley en sí; pero se hacía amplio alarde de tales sentimientos y se manifestaban en las rigurosas formas cada vez que se relacionaban judíos y paganos. Un judío estricto vacilaría en vivir en casa de un gentil. En la Mishnah se lee: "Las moradas de los paganos son inmundas" (Oholoth 18. 7). En un antiguo comentario judío sobre Levítico, aparece un notable ejemplo de contaminación ceremonial por contacto con un gentil. "Se relata que Simeón, hijo de Kimjith salió a hablar con un rey árabe, y un chorrillo de saliva de la boca de éste cayó sobre las vestiduras de aquél y lo contaminó. [Entonces] su hermano Judas entró, y ministró como sumo sacerdote en su lugar" (Midrash Rabbah, Lev. 20: 11). El sistema hindú de castas, según el cual las castas superiores no deben tener nada que ver con las inferiores -algo que va desapareciendo lentamente bajo la presión de la ley y los sentimientos liberales-, presenta un paralelo moderno muy semejante al sentimiento judío para con los gentiles.
Juntarse.
Es decir, tener contacto directo. Ver com. cap. 9: 26. Aunque el trato de la vida diaria obligaba a los judíos a estar constantemente en compañía de los gentiles, debían evitar un estrecho contacto para no contaminarse desde el punto de vista ceremonial.
A ningún hombre llame común.
El apóstol mostró de esta manera que había aprendido la enseñanza de la visión. La humanidad había sido redimida por la encarnación, el sacrificio y la ascensión de Cristo, y hasta el pagano más humilde ya no era común o inmundo. Dios estaba dispuesto a recibir a todos los hombres, y por medio de Jesús lo sigue haciendo. El pecado es lo único que puede separar al hombre de Dios (Isa. 59: 2). La impureza debe considerarse como una tacha moral, no física ni racial. El seguidor de Dios debe aprender la ver en cada pecador la posibilidad de que llegue a ser una persona justificada, santificada y redimida. Puesto que cada persona puede llegar a experimentar esta magnífica transformación, debe ser respetada como alguien en quien la imagen de Dios no se ha borrado totalmente y en quien puede restaurarse (1 Ped. 2: 17). El orgullo de clase social que sólo se basa en diferencias de cultura o de oportunidad, y se manifiesta en hechos y palabras de desprecio, es, desde cierto punto de vista, aun menos excusable que las diferencias que tienen una base religiosa. Estas últimas tienen más posibilidades de remediarse.
De este versículo se deduce claramente que la lección que Dios le enseñó a Pedro tenía que ver con gente y no con animales. El Evangelio debía alcanzar a todas las personas. Finalmente serían inmundos sólo quienes rechazaran los esfuerzos de Dios para su salvación.
29.
Sin replicar.
Pedro había ido a Cesarea sin vacilar, y sin discutir la orden que había recibido; había seguido por fe la conducción del Espíritu aunque sólo veía vislumbres de lo que Dios quería que hiciera.
30.
Hace cuatro días.
Este es un claro ejemplo de cómputo inclusivo (ver. t. I, pp. 191-192; t. II, pp. 139-141; t. V, pp. 240-241). Cornelio recibió la visión y envió a sus siervos el primer día (vers. 3, 7-8); llegaron a Jope al segundo día (vers. 9, 17); y junto con Pedro y sus compañeros partieron de Jope al tercer día (vers. 23); y todos llegaron a Cesarea al cuarto día (vers. 24). Puesto que se encontraron con Cornelio aproximadamente a la misma hora en que había tenido su visión (ver com. "a esta hora"), el período total difícilmente habría sido mayor de 72 horas. Sin embargo, como en ese lapso se incluían partes de cuatro días, Cornelio dijo que habían transcurrido "cuatro días".
Estaba en ayunas.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) la omisión de esta frase.
A la hora novena.
Este versículo aparece en los manuscritos antiguos en diversas formas. En el griego dice: "estaba orando la novena", es decir, la oración de la hora novena. Quizá la forma más sencilla de traducir este pasaje sea la siguiente: "Hace cuatro días, alrededor de esta misma hora, estaba yo orando la [oración de la hora] novena en mi casa".
Con vestido resplandeciente.
Cf. cap. 1:10. La frase griega aquí empleada es la misma que se traduce como "ropa espléndida" en Sant. 2: 2-3. El mismo adjetivo es empleado por Juan para describir la vestimenta "resplandeciente" de los ángeles (Apoc. 15: 6) y de la esposa (Apoc. 19: 8).
31.
Tu oración.
En el pasaje paralelo (vers. 4) se habla de "oraciones" en plural; aquí 252 aparece en singular. Se insinúa aquí que Cornelio había presentado un pedido específico, que había orado por algo definido. Sin duda en esa oración había pedido mayor luz y un conocimiento más pleno de la verdad (ver com. vers. 2).
Tus limosnas.
Ver com. vers. 4.
Han sido recordadas.
En el griego aparece aquí una forma verbal del sustantivo que se traduce "memoria" en el pasaje paralelo (ver com. vers. 4).
32.
Jope.
Ver com. cap. 9: 36; 10: 8.
Simón, un curtidor.
Ver com. cap. 9: 43.
33.
Tú has hecho bien.
Cornelio expresa no sólo aprobación sino profunda gratitud (ver Fil. 4: 14).
Todos nosotros estamos aquí.
Estas palabras indican que los amigos reunidos con Cornelio compartían su ansiedad por ampliar su conocimiento de la verdad, y estaban dispuestos a cumplir con cualquier condición que les fuera revelada como la voluntad de Dios.
Para oír.
Esta expresión incluye también la intención de creer y de obedecer (ver com. Juan 5:24). El centurión esperaba escuchar de Pedro palabras por medio de las cuales él y toda su casa pudieran ser salvos.
34.
Abriendo la boca.
Expresión que se usa como introducción para dichos importantes (ver com. cap. 8: 35).
Acepción de personas.
Gr. prospolémptes, "el que recibe la cara", es decir, uno que distingue entre las personas según las apariencias externas. En hebreo se encuentra un paralelo interesante en la frase naÑa´fanim "levantar el rostro", que en el uso común significaba hacer distinciones injustas entre los hombres. Ver t. V, p. 108. Pedro había visto que su Señor no hacía "acepción de personas", es decir, no tomaba en cuenta distinciones ni de posición social, ni de conocimiento, ni de riqueza. Esto lo admitieron hasta sus enemigos (Mat. 22: 16). Santiago subraya este mismo rasgo de carácter como algo esencial en todos los que quieren ser verdaderos discípulos de Cristo (cap. 2: 1-9). Pedro necesitaba aprender que la total aplicación de este gran principio exigía que los cristianos judíos aceptaran a los de otras razas como iguales a ellos. Pablo, paladín del cristianismo entre los gentiles, destaca este principio en Rom. 2:9-11. Pedro estaba aprendiendo de la visión de Cornelio, semejante a la que él mismo había tenido, que Dios se hace conocer de todos los que aspiran a la justicia, ya sean judíos o gentiles, cf. Deut. 10: 17; 1 Sam. 16: 7.
35.
En toda nación.
Pedro vagamente comprendía que el cristianismo no debía ser una religión nacional. En su trato con Cornelio comenzó a comprender cómo podría ocurrir esto, aunque aún no lo entendía cabalmente. Pablo declararía poco después que delante de Dios no importan ni raza, ni sexo, ni posición social (Gál. 3:28; Col. 3: 10-11). Los judíos habían llegado a considerarse como el pueblo exclusivo del interés, del cuidado y de la misericordia de Dios. Antes del cautiverio babilónico habían amoldado su vida, sus creencias y prácticas religiosas a las de las naciones paganas que los rodeaban (ver t. IV, p. 33); pero cuando regresaron del cautiverio se esforzaron hasta el máximo por aislarse de sus vecinos gentiles. Se desarrolló en ellos un espíritu de exclusivismo que los llevó a despreciar a los que no eran israelitas y a negar que pudieran ser aceptados por Dios.
Al principio este espíritu exclusivista constituyó el principal obstáculo para el avance del Evangelio entre los que no eran judíos. Si el cristianismo hubiera seguido siendo sólo una secta judía -según lo concebían los primeros cristianos de origen judío- nunca podría haberse difundido entre toda clase de gente, por todas partes. Por lo tanto, la primera gran tarea de la iglesia fue romper las estrechas ataduras del judaísmo. Por medio de la conversión de Cornelio, el Espíritu Santo hizo que la naciente iglesia diera su primer paso importante en esa dirección.
Se agrada.
"Le es grato" (BJ). Dios acepta a todos. Ya no tiene una raza o un pueblo escogido. El llama a todos que se arrepientan, y acepta a los que lo hacen con sinceridad.
Le teme.
Puede pensarse que esta frase y la siguiente abarcan, respectivamente, las dos tablas de la ley: la primera, referente al deber del hombre para con Dios; la segunda, a su deber para con sus prójimos. Ver com. Miq. 6: 8; Mat. 22: 34-40.
36.
Mensaje.
Este era el mensaje del Mesías, que traía paz a la tierra por medio de un Salvador, Cristo el Señor (Luc. 2: 14). Este mensaje fue predicado en primer lugar a Israel como pueblo escogido de Dios; pero en esta ocasión Pedro reconoció que Dios perdona los pecados de todos los que creen en él (Hech. 10: 43). El mensaje de paz no sólo sería 253 dado por Dios a la raza escogida, sino también a los gentiles.
Anunciando el evangelio.
Gr, euaggelízomai, "dar buenas nuevas"; en el sentido cristiano, "predicar el Evangelio" (cf. Isa. 52: 7).
Paz.
Se dice que Dios da paz al que está lejos como también al que está cerca, tanto al gentil como al judío (ver com. Isa. 57: 19; cf. cap. 49: 6). Cristo predicó esta paz entre Dios y todas las naciones sin distinción (Mat. 8: 11; Juan 12: 32; cf. Mat. 28: 19). Los apóstoles llevaron estas buenas nuevas al mundo. Hablando a los gentiles, Pablo dijo: "Vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo" (Efe. 2: 13). Los apóstoles siempre predicaban que no había otro nombre debajo del cielo, fuera del de Cristo, por el cual puedan ser salvos los hombres (Hech. 4: 12), y que para los judíos y también para los griegos, Cristo era el todo y en todos (Col. 3: 11). Por lo tanto, en esta doctrina de la paz por medio de Cristo, hay armonía entre el AT y el NT, entre profetas y apóstoles. Cristo es Señor de todos (Rom. 3: 29).
La paz que se ha prometido no es en primer lugar paz entre los hombres, sino entre Dios y cada persona, y se la obtiene cuando se recibe la expiación por medio de Jesucristo por la fe (Rom. 3: 24-26; 5: 1). Jesucristo es el mensajero de paz; la base de la paz es su obra expiatorio; los términos de la paz son la fe; la bendición de la paz es la remisión de los pecados; el fruto de la paz es la santidad.
Señor de todos.
Puesto que Jesucristo es Señor de todos, ante él cada persona debe ser considerada como igual. Al decir esto, también Pedro quería evitar que Cornelio pensara que el Jesús a quien él consideraba como Mesías era sólo profeta y maestro.
37.
Lo que se divulgó.
Es decir, todas las nuevas de salvación mediante Cristo que se habían esparcido después de la predicación de Juan el Bautista acerca de Jesús. Parece que Cornelio y sus amigos conocían estas cosas, quizá por medio de la enseñanza que ya había llegado a Cesarea (cap. 8: 40). El contenido de esta enseñanza era que aunque Jesús había vivido como hombre en Nazaret, era el Ungido de Dios, el Mesías, y lo comprobaban las maravillas que había hecho (cap. 10: 38). Esto demuestra que la historia de Jesús era ampliamente conocida, que las nuevas acerca de él habían sido divulgadas en forma fervorosa y efectiva por apóstoles y laicos.
Comenzando desde Galilea.
Después que Jesús fue bautizado en el Jordán, comenzó a predicar en Galilea (Mar. 1: 14).
38.
Ungió.
Gr. jríÇ, "ungir"; de este mismo verbo deriva la palabra jristós, "ungido", o sea Mesías o Cristo (ver com. cap. 4: 26). Como esta palabra está poco después de la referencia de Pedro a Cristo (cap. 10: 36), parece implicar que fue durante su bautismo cuando Jesús recibió el Espíritu y se convirtió en el Mesías en forma pública y oficial (Mat. 3: 16-17), en el "Ungido", aunque era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13: 8).
Espíritu Santo
Jesús fue ungido en su bautismo, no con aceite, sino con el Espíritu Santo (Mat. 3: 13-17).
Con poder.
Cuando el Hijo de Dios se humilló en la encarnación, dejó a un lado el ejercicio independiente de sus atributos como la Segunda Persona de la Deidad (cf. t. V, pp. 895-896). Todo lo que realizó en la tierra lo hizo, como deben hacerlo todos los hombres, dependiendo del poder de lo alto (ver DTG 117; cf., Juan 5: 19, 30; 8: 28).
Anduvo haciendo bienes.
La vida de Jesús fue un ejemplo consecuente de dedicación al servicio de la humanidad (cap. 2: 22; DTG 51).
Oprimidos por el diablo.
Toda enfermedad y todo sufrimiento en cierto sentido vienen de Satanás; hasta la espina que Pablo tenía en la carne era un "mensajero de Satanás" que lo abofeteaba (2 Cor. 12: 7). Además, también existe la posesión demoníaca específica, no siempre reconocida como tal por el diagnóstico médico moderno. Esta posesión se manifestó con todo su espanto y horror durante los primeros años de la proclamación del Evangelio. Jesús venció esta fuerza todas las veces que le hizo frente. Vez tras vez echó fuera demonios. Ver Nota Adicional de Mar. 1.
Dios estaba con él.
Nicodemo confesó: "No puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Juan 3: 2).
39.
Nosotros somos testigos.
Pedro había estado con Jesús desde el principio de su ministerio (Juan 1: 40-42). El apóstol reconocía que el objetivo principal de su misión era ser testigo de Cristo ante los hombres, así como el Señor lo había ordenado (Hech. 1: 8, 21-22; cf. Mat. 28: 19-20; Luc. 24: 48).
La tierra de Judea.
Mejor "la región de los judíos". La palabra griega jóra significa 254 "distrito", o algunas veces "campiña", haciendo notar la distinción entre campo y ciudad. Probablemente aquí pueda dársele este segundo significado (cf. Luc. 2: 8; Hech. 26: 20).
Mataron colgándole.
Ver com. cap. 5: 30.
Como lo hiciera antes (cap. 2: 23), Pedro presenta la crucifixión principalmente como un acto de los dirigentes y del pueblo de Jerusalén, y no del gobernador romano.
40.
Al tercer día.
Este es un ejemplo de cómputo exclusivo. Este método de computar el tiempo se estudia en el t. I, p. 191; t, II, pp. 139-141; t. V, pp. 240-241; cf. com. vers. 30. con referencia al tiempo que pasó Cristo en la tumba, ver Mat. 16: 21; Luc. 23: 53 a 24: 6.
Hizo que se manifestase.
Jesús no se dejó de ver de todos(vers. 41), pero mediante muchas pruebas fue claro para los que lo vieron que era el mismo Jesús, ahora vivo y glorificado, que había estado colgado en la cruz.
41.
No a todo el pueblo.
Los judíos en general, que no habían reconocido a Jesús como el Mesías predicho en las profecías del AT, difícilmente habrían sido testigos voluntarios de su resurrección (Luc. 16: 31). El hecho de que aun algunos de sus discípulos al principio no estuvieron dispuestos a aceptar al Cristo resucitado (Mat. 28: 17; Mar. 16: 14), ilustra de cuán poco valor habría sido una presentación pública ante todos los judíos.
Testigos que Dios había ordenado.
Los discípulos habían sido escogidos desde el principio no sólo para ayudar a Jesús en su ministerio, sino aún más: para ser testigos de lo que habían visto y oído después que él se fuera (Mat. 28: 19-20; Juan 17: 6-8; Hech. 1: 8; 2 Ped. 1: 16-18).
A nosotros.
Cf. Hech. 1: 3; 1 Cor. 15: 5-8.
Comimos y bebimos.
Luc. 24: 42-43; Juan 21: 13-15. El hecho de que Jesús comiera y bebiera era una prueba segura de que no era un fantasma fruto de la imaginación de sus discípulos.
42.
Nos mandó que predicásemos.
Esta orden está implícita en Mat. 28: 18-20 y también en las instrucciones de Hech. 1: 8 dar testimonio del reino de Dios (cf. cap. 1: 2).
Dios ha puesto.
Bajo las condiciones del pacto eterno, Cristo efectuaría la salvación del hombre. Por esto es apropiado que también fuera el juez de los hombres, en pleno cumplimiento del pacto.
Vivos.
Pablo (cap. 17: 31) concuerda con Pedro al relacionar la resurrección con la seguridad de que el que había resucitado sería el futuro juez de todos los hombres. El hecho de que Jesús fuera hombre, pero un hombre victorioso sobre el pecado y la muerte, y de que al mismo tiempo era Dios, el autor de la ley por la cual los hombres serán juzgados, hacen que sea lógico y apropiado que sea él quien juzgue a todos los hombres (ver com. Juan 5: 22, 27).
43.
Todos los profetas.
Pedro, como lo había hecho en sus discursos anteriores (cap. 2:16, 30; 3: 18 ), aquí también revela que comprende el significado de las profecías del AT en cuanto a Cristo y a su obra. Sin duda gran parte de esta comprensión era el resultado de la enseñanza que él y los otros apóstoles habían recibido de Cristo en el intervalo entre la resurrección y la ascensión (Luc. 24: 27, 44). En esta ocasión es probable que Pedro se estuviera refiriendo a pasajes como Isa. 49: 6; Joel 2: 32. El hecho de que Pedro empleara las Escrituras del AT para reforzar su argumento es una evidencia de que sabía que Cornelio y su casa conocían esos escritos. Todos los que en él creyeren. Esta es la promesa de Juan 3: 16. Pedro la repite como lo hará Pablo más tarde (Hech. 16: 31). La salvación se obtiene por la aceptación de la gracia de Dios por medio de Jesucristo (Efe. 2: 5, 8), y no por medio de las obras de la ley (Gál. 2: 16, 20-21). Las obras son el fruto de recibir la dádiva de la salvación (Efe. 2: 10; Fil. 2: 12-13).
Perdón de pecados.
Cf. cap. 2: 38; 3: 19.
Por su nombre.
Estas palabras deben haber impresionado profundamente a los que atentamente escuchaban a Pedro. Esta era la respuesta a sus dudas y perplejidades. Debían encontrar la salvación sin someterse a la circuncisión, ni a las tradiciones de los judíos, ni a todo lo que estas obligaciones implicaban, sino mediante el sencillo acto de fe en Cristo y en el poder de su nombre (ver com. cap. 3: 16). La salvación de ellos dependía del poder de los atributos divinos de Cristo, de los cuales su nombre era un pleno símbolo. Por medio de Jesucristo de Nazaret, ellos, a pesar de ser gentiles, recibirían el perdón de sus pecados. Su conciencia sensibilizada les enseñaría que esa era la condición necesaria para tener paz con Dios. La satisfacción de sus anteriores anhelos los colocaría en la condición espiritual apropiada para participar en el maravilloso acontecimiento que se va a 255 narrar en el versículo siguiente.
44.
El Espíritu Santo cayó.
El descenso del Espíritu Santo sobre el gentil Cornelio y su familia antes de que fueran bautizados cumplió directamente ante los compañeros de Pedro la promesa de Cristo de que el Espíritu Santo los guiaría "a toda la verdad" (Juan 16: 13). A pesar de la visión de Pedro, "los fieles de la circuncisión" aún no estaban preparados para aceptar plenamente a los gentiles en la iglesia (Hec. 10: 45), hasta que el derramamiento del Espíritu Santo demostró que los gentiles eran aceptados por Dios.
Muchos cristianos afirman que la recepción del Espíritu Santo viene después del bautismo. Enseñan que el bautismo tiene una virtud sacramental y que, por lo tanto, es un rito que produce gracia divina en el que lo recibe. Pero Cornelio y su familia recibieron el don del Espíritu Santo antes de ser bautizados, lo que demuestra que la recepción del Espíritu no depende del bautismo (ver com. vers. 47). El bautismo más bien es un símbolo visible de una regeneración espiritual interior, y deriva su significado de esa experiencia (ver pp. 44-46; com. Mat. 3: 6; Rom. 6: 3-6).
45.
Los fieles de la circuncisión.
Es decir los seis cristianos judíos ya mencionados (cap. 11: 12; cf. cap. 10: 23) que acompañaron a Pedro. Su asombro es una prueba de la realidad del don que recibieron Cornelio y su familia. Los cristianos habían supuesto hasta este momento que si los gentiles habían de ser cristianos, debían, en primer lugar, convertirse en prosélitos judíos. Es probable que el eunuco etíope bautizado por Felipe no fuera una excepción a esta regla; pero Cornelio y su familia eran gentiles y los compañeros de Pedro, cristianos judíos, no pudieron entender cómo tales personas podían recibir el don del Espíritu Santo sin antes haber sido prosélitos judíos. Otra razón más por la cuales estuvieran atónitos posiblemente pueda sugerirla el Talmud, el cual dice que el rabino José había afirmado que en los días del Mesías no se recibirían en Israel más prosélitos (Talmud Abodah Zarah 3b). Como los compañeros de Pedro creían que los tiempos del Mesías habían llegado, bien pudieron haber sentido la influencia de tal actitud exclusivista hacia los prosélitos.
Sobre los gentiles.
Los compañeros de Pedro, cristianos de origen judío, vieron el claro cumplimiento de la visión del apóstol. Cornelio y su familia, henchidos del Espíritu Santo, demostraban que desde ese momento nadie debía llamar a los gentiles comunes o inmundos. Sin duda esta evidencia fue suficiente para los cristianos que acompañaban a Pedro.
46.
Hablaban en lenguas.
En esta ocasión se vio una manifestación de los dones de Dios, similar a la que se había visto en Jerusalén en el día de Pentecostés (ver com. cap. 2: 4). Estas palabras implican una repentina emoción de gozo y ensalzamiento espiritual que se manifestó en un estallido de alabanza espontánea. En la historia de la iglesia apostólica hay varios casos registrados de la manifestación del Espíritu Santo por medio del don de lenguas (cf. Hech. 19: 6; cf. cap. 2: 4; ver com. 1 Cor. 14). Este don fue dado con un propósito útil. En el día de Pentecostés permitió que los apóstoles predicaran el Evangelio a las multitudes reunidas para la fiesta, que no hablaban arameo. En el caso de los conversos de Apolos que fueron rebautizados por Pablo en Efeso, es razonable suponer que esto los preparó para una eficiencia cristiana más amplia (ver com. Hech. 19:6). Del mismo modo, en este caso el don de lenguas fue una señal y un testimonio para los compañeros de Pedro que no estaban preparados para recibir a los gentiles en la iglesia.
47.
Entonces respondió Pedro.
No se registra la pregunta que Pedro respondió, pero es evidente que sus palabras responden las preguntas de los atónitos cristianos de origen judío en cuanto a lo que debía hacerse en vista de que el gentil Cornelio y su familia habían recibido el Espíritu Santo. Pedro había seguido la dirección de Dios al viajar a Cesarea a predicarles; ¿se atrevería también a bautizarlos ahora?
Impedir el agua.
¿Podía negárseles a estos gentiles la señal visible, cuando la gracia invisible y espiritual a la cual simbolizaba había sido concedida por Dios tan directa y manifiestamente? Como había ocurrido en el caso de los samaritanos (cap. 8: 15-17), el bautismo por lo general era seguido por la imposición de las manos, acompañada por el don del poder espiritual. Pero en este caso el don del Espíritu había sido concedido primero, y lo único que quedaba era realizar el acto visible de hacer que estos creyentes formaran parte de la sociedad de la iglesia. Este acontecimiento mostró que Dios da sus dones en forma directa y en la medida en que los hombres 256 estén listos para recibirlos (ver com. cap. 10: 44). Pero demostró de forma igualmente clara que ningún don espiritual, no importa cuán maravilloso sea, hace innecesario seguir ciertas formas visibles, tales como el bautismo. En verdad, el don excepcional fue concedido para que quitara cualquier escrúpulo que pudieran tener los de la circuncisión en cuanto a bautizar a esos gentiles. El don del Espíritu abrió el camino y siguió el bautismo.
También como nosotros.
Pedro reconocía que Dios había escogido a los gentiles tanto como a los judíos y concedido a ambos la misma gracia.
48.
Mandó bautizarles.
La construcción sintáctica de esta frase parece sugerir que Pedro no bautizó a estos conversos. Jesús ( Juan 4: 1-2) y Pablo (1 Cor. 1: 14-16) no bautizaron a sus conversos, y según parece, Pedro hizo lo mismo en esta ocasión. Pablo afirma que, por lo general, no bautizaba para que no surgieran diferentes grupos y se rompiera la unidad cristiana, pues los conversos se dividían según el que los había bautizado. Esta también pudo haber sido la razón que movió a Pedro en este caso (cf. 1 Cor. 1: 12).
No se dice quién fue el que bautizó. Quizá bautizaron los compañeros de Pedro. Es posible que ya hubiera una congregación organizada en Cesarea como resultado de la obra de Felipe, y los ancianos o diáconos de esta congregación, o Felipe mismo, pueden haber actuado siguiendo instrucciones de Pedro.
Señor Jesús.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "Jesucristo".
Que se quedase.
Es probable que Pedro hubiera aceptado la invitación (cf. cap. 11: 3), y de este modo hubiera mostrado que estaba preparado para actuar de acuerdo con la enseñanza de su visión. Pedro debe haberse juntado sin traba alguna con los nuevos conversos, comiendo y bebiendo con ellos (vers. 2-3), sin temor de contaminarse. Lucas le da tanta importancia al episodio de Pedro en Cesarea, que debe considerarse como un momento decisivo en la vida del apóstol, quien demostró que, en esencia, concordaba con Pablo. Aunque Pedro más tarde vaciló en su trato con los gentiles cristianos (Gál. 2: 11-13), y fue reprendido por Pablo, el relato de esa dura reprensión demuestra que Pedro había abandonado en gran parte sus prejuicios judíos; pero había actuado así porque fue presionado por la influencia de ciertos judíos muy estrictos que habían ido de Jerusalén a Antioquía.
Algunos días.
Ver com. cap. 9: 19.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-48 Ev 406; HAp 108-115; PE 79; SR 282-290
1-2 SR 282
2 CN 246; MC 160
2-5 HAp 108
4 1JT 386; 7T 216
4-6 SR 283
5,7-8 HAp 109
9-16 HAp 110
11-13 SR 306
11-16 SR 284
15 HAp 157; SR 307
17-20 HAp 111
17-24 SR 286
19-20 MC 375
21-23 HAp 111
24 HAp 112
25-26 HAp 112
25-29 SR 287
27-29 HAp 112
33 FE 108; 1JT 526; PVGM 39
33-34 HAp 112
33-35 SR 288
34 CMC 139, 168; 3JT 84; MB 114; PP 444; PR 21, 226, 274;
1T 475, 536; 4T 423
34-45 CRA 452
38 CC 10; CH 498; CS 22, 375; DTG 208; Ed 76; 1JT 209;
2JT 483; 3JT 298; MB 57, 60; MeM 121, 134,171,234; NB 95; PR 530;
PVGM 342; 1T 482; 2T 337; 3T 217; 4T 139, 268; 6T 415; 7T 221; 8T 208; 3TS 269
43 DTG 182
44-48 HAp 113; SR 289
46-47 SR 306 257
PALESTINA BAJO HERODES AGRIPA I


CAPÍTULO 11
1 Pedro es acusado de juntarse con los gentiles, 5 pero presenta su defensa, 18 y es aceptada. 19 El Evangelio es predicado en Fenicia, Chipre y Antioquía. Bernabé es enviado para que confirme a los creyentes. 26 Los discípulos son llamados "cristianos" por primera vez. 27 Hay hambre, y los discípulos envían socorro a los hermanos de Judea.
1 OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios.
2 Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión,
3 diciendo: ¿Por qué has entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?
4 Entonces comenzó Pedro a contarles por orden lo sucedido, diciendo:
5 Estaba yo en la ciudad de Jope orando, y vi en éxtasis una visión; algo semejante a un gran lienzo que descendía, que por las cuatro puntas era bajado del cielo y venía hasta mí.
6 Cuando fijé en él los ojos, consideré y vi cuadrúpedos terrestres, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.
7 Y oí una voz que me decía: Levántate, Pedro, mata y come.
8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda entró jamás en mi boca.
9 Entonces la voz me respondió del cielo por segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.
10 Y esto se hizo tres veces, y volvió todo a ser llevado arriba al cielo.
11 Y he aquí, luego llegaron tres hombres a la casa donde yo estaba, enviados a mí desde Cesarea.
12 Y el espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,
13 quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro;
14 él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa.
15 Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio.
16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
18 Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!
19 Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos.
20 Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.
21 Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor.
22 Llegó la noticia de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalén; y enviaron a Bernabé que fuese hasta Antioquía.
23 Este, cuando llegó, y vio la gracia de Dios, se regocijó, y exhortó a todos a que con propósito de corazón permaneciesen fieles al Señor.
24 Porque era varón bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
25 Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo; y hallándole, le trajo a Antioquía.
26 Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía.
28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. 258
29 Entonces los discípulos, cada uno conforme lo que tenía determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea;
30 lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.
1.
En Judea.
O "por Judea" (BJ). El contexto implica que mientras Pedro permaneció en Cesarea la noticia de su entrevista con Cornelio se esparció, probablemente primero por Jope y Lida, y luego por Jerusalén.
Los gentiles.
La noticia de la conversión de los gentiles debe haber causado un gran impacto en la iglesia de Jerusalén. Hasta donde se sepa, esta fue la primera vez en que se bautizaron gentiles incircuncisos y se los recibió en la iglesia.
2.
A Jerusalén.
Donde aún estaba la sede central de la iglesia (ver com. cap. 8: 14).
Disputaban.
Gr. diakrínÇ, "separar", "vacilar", "dudar"; "distinguir", "hacer distinción", "discriminar"; "oponerse", "disputar con" (cap. 10: 20; 11: 12; 15: 9); lo que significa que se separaron de Pedro con hostilidad; se oponían a él y disputaban con él. Los que disputaban insistían en que la diferencia entre judíos y gentiles aún debía mantenerse; es decir, que los cristianos debían tener relaciones sólo con los que se habían hecho prosélitos del judaísmo y que observaban estrictamente la ley ritual. Cornelio no había sido recibido en la comunidad de judíos de Cesarea (cap. 10: 2), y el activo sentimiento judaizante en la iglesia tendía a impedir que fuera aceptado en la comunidad cristiana. Esto era comprensible debido al prejuicio que se había ido acumulando entre los judíos a través de generaciones de ritualismo. Es imposible hacer que toda una nación cambie radicalmente su modo de pensar en corto tiempo.
También debe señalarse que el hecho de que las ideas y la conducta de Pedro pudieran ser atacadas violentamente, demuestra que no se lo consideraba como cabeza de la iglesia, ni jefe de los apóstoles.
De la circuncisión.
No hay indicación alguna de que esta expresión describa a una clase especial de cristianos de origen judío, porque cuando esto ocurrió todos los conversos eran judíos o prosélitos. Por lo tanto, la protesta debe haberse levantado en toda la iglesia. Sin embargo la narración de Lucas fue escrita posteriormente, cuando "los de la circuncisión" se habían convertido en un partido separado, y su influencia estaba causando una clara división en las congregaciones cristianas. Por dicha razón, debe considerarse significativo el uso que le da Lucas a esta expresión. Ver com, vers. 3.
Los judíos de nacimiento, y que no habían oído acerca de la visión de Pedro ni habían visto el derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa, deben ser perdonados si sus escrúpulos los hacían dudar del proceder de Pedro. Después de que escucharon su relato, quedaron satisfechos (cf. vers. 18); pero muchos cristianos de origen judío siguieron debatiendo este asunto en otras partes (Hech. 15: l; Gál. 2: 11-14).
3.
Has entrado.
Ver com. cap. 10: 28.
Incircuncisos.
En labios de un judío esto expresaba el máximo desprecio. En realidad indica el profundo sentimiento que se había despertado contra Pedro. Los hombres con los cuales había tenido trato no son llamados gentiles, sino "incircuncisos", palabra de amargo reproche en labios de un judío piadoso.
Has comido.
Pedro había comido con hombres entre los cuales, por lo general, no se tenía en cuenta la clase de alimento que se servía ni la forma de prepararlo, cosas muy importantes para el judío. Esta acusación era en esencia el problema. Compárese con las acusaciones de los fariseos contra Cristo (Luc. 5: 30; 15: 1-2; etc.). La actitud de los judíos en cuanto a comer con los gentiles se ve claramente en un pasaje del libro de los jubileos, escrito quizá a fines del siglo III a. C.:
"Y tú, hijo mío, Jacob, recuerda mis palabras, y observa los mandamientos de Abrahán, tu padre: Sepárate de las naciones, y no comas con ellos"(Jubileos 22: 16).
4.
Comenzó Pedro a contarles.
Esta repetición del relato del cap. 10, casi palabra por palabra, a primera vista parece no concordar con el pulido estilo literario de Lucas. Algunos comentadores explican que Lucas se informó de lo que presenta en la primera narración por lo que le contaron los discípulos con quienes se encontró en Cesarea, y que el segundo relato se lo contaron los discípulos 259 en Jerusalén; y comprendió que su semejanza confirmaba el episodio. Lucas hace lo mismo con las narraciones de lo sucedido a Pablo en Damasco (cap. 9; 22; 26), dejando las ligeras variantes como una prueba de que eran relatos independientes y como testimonio de diferentes testigos.
Si se quiere saber algo más detallado de lo que se presenta en los vers. 5-17, ver com. cap. 10: 9-48. Más adelante se verán sólo los puntos que no se trataron en el cap. 10 (ver com. cap. 11: 5- 17). Las variaciones entre el relato del cap. 10 y del cap. 11 son pequeñas y de poca importancia.
5.
Venía hasta mí.
Esta es una vívida pincelada que evoca un recuerdo personal en la descripción del lienzo que baja del cielo y se acerca a Pedro.
6.
Consideré.
Mejor "estaba considerando". Otro vívido detalle. El apóstol recuerda la atenta y anhelante mirada con que había contemplado la extraña visión.
9.
No lo llames tú común.
La advertencia se refiere al juicio de Pedro en cuanto a los hombres y no en cuanto a los animales (ver com. cap. 10: 28).
10.
Volvió todo a ser llevado.
Se presenta aquí una descripción algo más detallada que la del relato paralelo (cap. 10: 16.)
11.
Donde yo estaba.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "donde nosotros estábamos" (BJ). Así quedarían incluidos los seis compañeros.
12.
El Espíritu me dijo.
Pedro, guiado por el Espíritu, no había presentado obstáculos como lo estaban haciendo ahora los "de la circuncisión", quienes se estaban oponiendo a lo que el Espíritu había ordenado a Pedro que hiciera.
Estos seis hermanos.
Los seis habían acompañado a Pedro en el viaje a Cesarea, y éste también los había llevado a Jerusalén para que sus declaraciones apoyaran el relato de él, y para que dijeran a la iglesia lo que habían visto.
14.
Serás salvo.
Estas palabras no aparecen como parte de lo que dijo el ángel (cap. 10: 4-6), pero están implícitas en su declaración. Cornelio anhelaba la salvación, y cuando en respuesta a su oración se le dijo que mandara a buscar a uno que podría explicarle, comprendió que oiría acerca del camino de la salvación.
15.
Comencé.
El Espíritu Santo estaba listo para manifestarse sobre Cornelio y su familia tan pronto como todos los presentes estuvieran preparados psicológica y espiritualmente para apreciar lo que estaba por suceder. Sin duda las primeras palabras del sermón de Pedro (cap. 10: 34-43) influyeron para que sus oyentes participaran de este derramamiento. El Espíritu siempre está listo para bendecir, cada vez que los hombres estén dispuestos a recibirle.
Al principio.
Es decir, en el día de Pentecostés. Estas palabras de defensa fueron pronunciadas delante de los apóstoles y los discípulos que habían compartido con él el don del día de Pentecostés. Pedro testificó que lo que había visto en Cesarea era tan ciertamente obra del Espíritu como lo que los discípulos habían experimentado "al principio".
16.
Me acordé.
Cuán maravillosa experiencia debe haber sido la de permitir que el Espíritu les recordara las cosas que Jesucristo les había enseñado. Jesús había prometido que esto ocurriría (Juan 14: 26).
Lo dicho por el Señor.
La promesa específica a la cual Pedro hace referencia es la que se registra en el cap. 1: 5, referente al bautismo del Espíritu Santo. Cuando fue dada, a los discípulos les pareció que sólo se refería a ellos. Ahora Pedro veía el don del Espíritu con una perspectiva más amplia, como algo que también sería concedido a los que no eran de Israel. Puesto que el bautismo del Espíritu Santo les había sido concedido también a ellos, por lo tanto les correspondía también el bautismo de agua, así como lo mayor incluye lo menor.
17.
Mismo don.
Los gentiles recibieron el don del Espíritu Santo lo mismo que los cristianos de origen judío.
Que hemos creído.
Aquí se establece un paralelo entre "ellos", los gentiles, y "nosotros", los que ya antes habíamos creído (vers. 15). Porque así como la fe de Pedro y de los apóstoles existía antes de que fuera concedido el don del Espíritu, así también, antes de que recibieran el don, había existido en Cornelio y sus compañeros cierta medida de fe (ver com. cap. 10: 35). En el caso de "ellos", esta medida de fe fue suficiente para capacitarlos para recibir mayores dones, y así fueron hechos aptos para el bautismo y para que pudieran tener comunión con la iglesia.
18.
Callaron, y glorificaron a Dios.
El derramamiento del Espíritu Santo sobre Cornelio y su casa era evidentemente de gran importancia en relación con el conflicto que 260 pronto surgiría entre Pablo y los judaizantes (Hech. 15; Gál. 2). El Espíritu Santo guió en el primer paso para la libre admisión de los gentiles en la iglesia mediante Pedro, y se añadió la aprobación formal de los apóstoles y de los otros cristianos de origen judío de Jerusalén.
A los gentiles.
Los judíos tenían una elevadísima opinión de sí mismos, como si las bendiciones de Dios hubieran sido destinadas sólo para ellos, y las otras naciones hubieran sido abandonadas a su desventura. Este exclusivismo parece reflejarse en un pasaje del libro pseudoepigráfico de 2 Esdras, escrito a comienzos del siglo II d. C.: "Tú hiciste el mundo por amor a nosotros. En cuanto a las otras naciones... tú has dicho que no son nada, que son como un salivazo, y has comparado a la multitud de ellos con una gota en un balde" (2 Esdras 6: 55-56). Se había divulgado la creencia de que el Mesías salvaría a los judíos y los convertiría en un pueblo glorioso, pero que al mismo tiempo destruiría a las otras naciones o las sometería a los judíos. Para librar a la creciente iglesia cristiana de este arrogante exclusivismo, el Señor hizo algo espectacular al conceder su Espíritu a Cornelio y a los que le acompañaban.
La lección que la iglesia aprendió con el caso de Cornelio fue que Dios deseaba que la "pared intermedia de separación" (Efe. 2: 14) entre judíos y gentiles fuera derribado. Pablo sabía que el Evangelio de Cristo debía ser el medio de destruirla. Las ceremonias simbólicas concluyeron con la muerte de Cristo. Su gracia salvadora y su divina fuerza, impartidas al creyente a fin de capacitarlo para que observe la ley, libran al pecador de la condenación de la ley (Rom. 8: 1-4). No hay diferencia, puesto que así se benefician tanto gentiles como judíos: todos están condenados, pero todos los que creen en Dios son salvos (Gál. 3: 27-29; Col. 3: 10-11). Ambos grupos son reconciliados con Dios y puestos en armonía con el Padre celestial (Efe. 2: 11-22).
Este es el "misterio" que ahora se ha revelado (Efe. 3: 1-12). La gracia de Dios había descansado sobre Israel; pero los israelitas no habían reconocido que Dios tenía el propósito de que esa gracia se extendiera también a las otras naciones. Ahora, en Cristo todo se aclara. Los gentiles pueden entrar en "la dispensación del misterio" (Efe. 3: 9) de justicia, que incluye a todos en el mismo gran plan de salvación.
Ha dado Dios arrepentimiento.
Dios da arrepentimiento. La fe es un don de Dios (Rom. 12: 3) y también lo es el arrepentimiento que le sigue (Rom. 2: 4; 2 Tim. 2: 25). Dios, por medio de su Espíritu, no sólo había dado a esos gentiles la oportunidad de arrepentirse, sino había hecho que sintieran el arrepentimiento. Y con su corazón transformado (cf. Jer. 24:7; Eze. 11: 19; 36: 26), arrepentidos y perdonados, fueron aceptados por Dios, ¿Cómo podía Pedro oponerse a Dios?
19.
Habían sido esparcidos.
Lo que sigue es una continuación de lo que venía relatándose en el cap. 8: 1-4. Se hace una digresión para narrar la obra de Felipe con los samaritanos y el etíope, la obra de Saulo en Damasco y en Tarso de Cilicia (cap. 9: 27-30), y la de Pedro con Cornelio y su casa. Esta digresión prepara al lector para lo que sigue, que es el relato de la conversión de los griegos al Evangelio.
Persecución.
O "tribulación" (BJ). Se alude a la persecución en la cual Saulo había tomado una parte activa (cap. 8: 1; 9: 1-2).
Con motivo de Esteban.
La muerte del mártir fue seguida por una terrible persecución de los cristianos en Jerusalén (cap. 8: 1-4). Esto causó la dispersión de muchos creyentes. Felipe trabajó en Samaria y en Cesarea; otros fueron a Fenicia, a las ciudades de Tiro, Sidón y Tolemaida, y probablemente ayudaron a fundar las iglesias mencionadas en otros pasajes (cap. 21: 3-7; 27: 3). En Chipre se preparó el camino para la obra posterior de Bernabé y Saulo (cap. 13: 4-13; ver mapa, p. 264).
Hasta Fenicia.
Fenicia era el territorio en donde se hallaban las importantes ciudades de Tiro y Sidón (ver t. II, pp. 69-71).
Chipre.
Ver com. cap. 13: 4.
Antioquía.
Este es el primer contacto que se menciona entre la naciente iglesia cristiana y la capital de Siria. Después de Roma, Alejandría y Efeso, Antioquía era la ciudad más grande del Imperio Romano. Durante largo tiempo fue un importante centro del cristianismo. Nicolás, prosélito de Antioquía (cap. 6: 5), quizá había regresado allí a proclamar su nueva fe. La penetración del cristianismo en Antioquía fue de gran importancia. Estaba situada a orillas del río Orontes, a unos 25 km del puerto de Seleucia, y había sido fundada por Seleuco Nicator alrededor del año 300 a. C., quien le dio su nombre en honor de su padre el rey Antíoco. La ciudad había 261 alimentado en riqueza y en poder hasta llegar a ser la principal ciudad de Asia. El mundo aclamaba a sus eruditos y literatos. Cicerón dedicó un famoso discurso a Arquías, escritor antioqueño. Juvenal reconoció la influencia de Antioquía sobre la vida y el gusto de los romanos, cuando escribió: "¿Qué parte de nuestro sedimento viene de Grecia; El Orontes de Siria desde hace mucho ha desembocado en el Tíber, trayendo consigo su idioma, sus modales, sus flautas y sus liras de cuerdas diagonales" (Sátiras iii. 62-64).
En Antioquía había una numerosa colonia judía en cuyo honor Herodes el Grande hizo construir una columnata de mármol que atravesaba la ciudad. Antioquía era la sede del prefecto, o propretor romano de Siria. En Antioquía el cristianismo se relacionó más íntimamente con la cultura griega que en Jerusalén o en Cesarea. Aquí también tuvo que enfrentarse con el paganismo en sus formas más seductoras y degradantes. Los bosques de Dafne eran famosos por su culto lleno de voluptuosidad e idolatría. Una gran victoria fue la que hizo posible que la iglesia convirtiera a Antioquía en una de sus principales sedes.
Sino sólo a los judíos.
Naturalmente esto era de esperarse de quienes habían salido de Jerusalén antes de la conversión de Cornelio o antes de que se divulgara esa noticia. No habían sido informados, como en cambio lo había sido Pedro, de que había llegado el momento de llevar la misión profética de Cristo hasta su más completa extensión (cap. 1: 8). Parece que se destaca el hecho de que se predicaba sólo a los judíos como un contraste con el relato anterior acerca de Pedro y de Cornelio, y lo que sigue en cuanto a las labores misioneras.
20.
Varones de Chipre y de Cirene.
En el caso de estos hombres, de procedencia más cosmopolita, es probable que hubiera menos vacilación en mezclarse con los gentiles que la que hubo entre los judíos de Palestina, centro de la nación judía y baluarte de sus prejuicios. Sólo puede conjeturarse en cuanto a la identidad de estos varones: quizá Lucio de Cirene, que aparece en la lista de profetas del cap. 13: 1; posiblemente Simón de Cirene, quien probablemente fue discípulo de Jesús (ver com. Mat. 27: 32; cf. Mar. 15: 21). Los fundadores de la iglesia de Antioquía siguen en el anonimato.
En Antioquía.
Ver com. vers. 19.
Hablaron.
El verbo griego se traduce mejor "hablaban" (BJ), lo que indica una acción repetida.
Los griegos.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto "helenistas" (hell'nistás) y no "helenos", es decir griegos (héllenas). El problema no es sólo textual, sino que además aumenta debido a la controversia en cuanto a la identidad de los "helenistas" (ver com. cap. 6: 1). Generalmente se entiende que los "helenistas" eran personas de otros pueblos que habían adoptado la lengua y la manera de vivir de los griegos. En Hech. 6: 1 parece aplicarse este término a los judíos cuyo idioma era el griego y que no habían nacido en Palestina. Si así se entendiera, entonces los evangelistas anónimos de Antioquía predicaron a personas de cultura y lengua griega, pero no de raza griega, entre los cuales los judíos griegos ocupaban un lugar destacado. En cierto sentido, los helenistas serían el eslabón entre los judíos y los helenos o griegos.
Sin embargo, y a pesar de que el peso de la evidencia de los antiguos manuscritos griegos se inclina por el texto "helenistas", muchos sugieren que debe entenderse "helenos", o sea "gentiles". Afirman que: (1) si no se tratara de helenos gentiles, no tendría sentido la distinción que hace Lucas entre los judíos del vers. 19 (entre los cuales podrían perfectamente estar los judíos que hablaban griego) y los gentiles del vers. 20; (2) en vista de que había judíos de habla griega en Jerusalén, no sería una novedad que se los mencionara específicamente en Antioquía; (3) sería completamente natural diferenciar a judíos de helenos (cf. cap. 14: 1; 18: 4), y registrar el progreso que hacía la iglesia al extenderse más allá de los límites del pueblo judío; (4) referencias posteriores señalan la presencia de cristianos de origen gentil en Antioquía de Siria (cap. 15: 1, 28- 31; HAp 126-131, 153); (5) el hecho de que fueran helenos no significa que fueran paganos idólatras antes de convertirse, y que quizá, como Cornelio, algunos de ellos ya temían a Dios (ver com. cap. 10: 2) y asistían a la sinagoga (compárese con los corintios, Hech. 18: 4).
No se sabe si la conversión de los helenistas que se registra en este capítulo precedió o siguió a la conversión de Cornelio. Es probable que por mucho tiempo se hubiera trabajado en Antioquía entre los judíos, tanto griegos como palestinos o sirios, y que los varones de 262 Chipre y de Cirene llegaran después de que la historia de Cornelio hubiera puesto en acción fuerzas que permitieron proclamar el mensaje del Evangelio más allá de los límites de la raza judía.
21.
La mano del Señor.
Esta expresión aparece con frecuencia en el AT para referirse a la intervención directa de Dios en los asuntos de la tierra. Ver Exo. 14: 31, donde el "hecho que Jehová ejecutó" en hebreo es la mano (yad) de Jehová". Compárese también con la frase "mano de Jehová" en Exo. 9: 3; Rut 1: 13; 1 Sam. 7: 13; Neh. 2: 8; etc. que hace destacar la verdad de un Dios personal.
Gran número creyó.
Aquí hay nuevas señales del maravilloso crecimiento de la iglesia. Cf. cap. 2: 47; 4: 4; 5: 14; 6: 7; 8: 6, 12; ver com. cap. 9: 31; 11: 24.
22.
La noticia de estas cosas.
Es decir, el informe acerca de los conversos de Antioquía. Si, como es probable, los nuevos conversos eran gentiles, la recepción favorable que tuvo en Jerusalén la noticia de su conversión sin duda se debió a que Cornelio ya había sido aceptado.
Iglesia que estaba en Jerusalén.
Ver com. cap. 8: 14.
Enviaron a Bernabé.
Lo enviaron para que fortaleciera la obra en Antioquía y para darle el apoyo y la aprobación de la iglesia de Jerusalén, así como se había enviado a Pedro y a Juan a Samaria (cap. 8: 14). Quizá se escogió a Bernabé porque se sabía que simpatizaba con la obra que se estaba haciendo en Antioquía. Era amigo de Saulo, a quien había presentado a algunos de los discípulos en Jerusalén (cap. 9: 27), y debe haber conocido las convicciones de Saulo y sus esperanzas en cuanto a los gentiles. Por lo tanto, se sentiría feliz de tener la oportunidad de trabajar de ese mismo modo. También era ventaja el hecho de que era del mismo país de algunos de los misioneros que estaban trabajando en Antioquía.
Hasta Antioquía.
Es posible que Bernabé hubiera visitado otras congregaciones mientras se dirigía a Antioquía.
23.
La gracia de Dios.
Ver com. Rom. 3: 24.
Se regocijó.
Bernabé vio en la nueva obra sólo lo que era digno de su aprobación, y el hecho de que más miembros se estuvieran añadiendo a la iglesia fue para él motivo de profundo gozo. En verdad, toda la experiencia y el programa del cristiano debería ser siempre motivo de gozo continuo.
Exhortó.
Mejor "exhortaba" (BJ); el verbo griego expresa acción repetida o continua.
Propósito de corazón.
"Con corazón firme"(BJ).
Permaneciesen fieles al Señor.
La lealtad debe ser hacia el Señor Jesucristo, la cual debe permanecer en él con "corazón firme", como lo indica la frase anterior. Bernabé había visto el resultado de la acción de la gracia de Dios en los conversos de Antioquía, pero sabía, como lo sabe todo verdadero pastor, que la voluntad del hombre o la falta de ésta puede frustrar la gracia. No es cierto que el que ha aceptado a Cristo nunca más puede perderse, pues la gente puede apartarse de Cristo. Es necesario que la voluntad del hombre coopere con Dios para que se complete la obra de la santificación.
24.
Bueno.
Es decir, recto (cf. Luc. 18: 18-19). En relación con Bernabé, esto significa un gran elogio, y sin duda expresaba la opinión personal de Lucas respecto a él. Es posible que usara esta alabanza en su narración porque poco después se refería a la contienda que separó a Bernabé de Saulo de Tarso, amigo y compañero de labores de Lucas (Hech. 15: 39).
Lleno del Espíritu Santo.
Un hombre de buen carácter como Bernabé, destacado entre los judíos griegos de Antioquía, tendría una gran influencia entre judíos y griegos en esa ciudad. Esteban tenía la misma característica (cap. 6: 5). Como resultado de la persecución que siguió a la muerte de Esteban, los misioneros habían ido a Antioquía. Algunos de ellos pueden haber sido helenistas activos en la obra por la cual fue apedreado Esteban.
Una gran multitud.
Esta frase sugiere un gran incremento, superior al que se registra en el vers. 2l. La aprobación de lo que se estaba haciendo en Jerusalén, tal como lo expresaban el gozo y la exhortación de Bernabé, el "hijo de consolación", sin duda serviría para aumentar el celo de estos fervientes obreros de Cristo.
25.
Fue Bernabé a Tarso.
Esto es importante, pues presupone que Saulo aprobaba la obra que se estaba haciendo en Antioquía, y demuestra la confianza de Bernabé en que Saulo era la persona apta para ayudar en la obra allí. También sugiere que había habido comunicación con Saulo, ya fuera mediante un mensajero o por carta, después de que éste salió de Jerusalén. Se puede deducir que 263 Saulo había permanecido en Tarso o en sus alrededores, predicando el Evangelio y también en las aldeas vecinas de Cilicia (ver pp. 104-105; com. cap. 15: 41).
Para buscar a Saulo.
Ahora se le pide a Saulo, a quien el Señor se le había aparecido y había sido señalado como "instrumento escogido" (cap. 9: 15) para llevar el nombre de Cristo a los gentiles, que se una a Bernabé en esta nueva tarea de predicar a los gentiles de Antioquía. Saulo aceptó la invitación, pues sin duda ya había oído de los resultados del poder de Dios allí.
26.
Todo un año.
Aquí se menciona el tiempo preciso, a diferencia de casos anteriores. Saulo, arriesgando su vida, había predicado en Damasco y en Jerusalén. En la iglesia de Antioquía halló cierta tranquilidad y amplias oportunidades adecuadas a su fervor.
Con la iglesia.
O "en la iglesia". No se trata de un edificio, pues la iglesia no tuvo edificios sino hasta el siglo III; se refiere a la congregación. Los interesados se reunían con los creyentes y eran incorporados en la iglesia tan pronto como aceptaban plenamente el mensaje evangélico.
Enseñaron a mucha gente.
Ver com. vers. 21, 24.
Se les llamó cristianos.
Juliano, el emperador romano llamado el apóstata (361-363 d. C.), hizo notar que la población de Antioquía de su tiempo se caracterizaba por la tendencia de inventar sobrenombres satíricos. Parece que esta tendencia existía cuando el cristianismo apareció en esa ciudad. La primera sílaba de la palabra jristianós viene del vocablo griego jristós, "Cristo", mientras que la última parte se parece más al latín, y se asemeja a palabras como pompeiani, nombre dado a los seguidores de Pompeyo. En los Evangelios aparece un vocablo similar: "herodianos" (h'rÇdianós Mat. 22: 16), que parece reflejar cierta relación con Roma. También es posible que los paganos hubieran dado el nombre a los cristianos para ridiculizarlos, así como 15 siglos más tarde los enemigos de Lutero usaron el término lutherani para burlarse de los seguidores del reformador.
Evidentemente, los discípulos de Cristo no se pusieron a sí mismos este nombre. Como su uso indicaba que los que lo llevaban eran seguidores del Mesías, el Cristo, no podía ser un nombre inventado por los judíos. Es clara la razón por la cual apareció este nuevo nombre. A medida que los nuevos conversos gentiles se unían a la iglesia en Antioquía, ninguno de los nombres anteriores servía para abarcar a todo ese conjunto cosmopolita. Ya no eran todos nazarenos, ni galileos, ni judíos griegos. Para los habitantes de Antioquía debe haber parecido una extraña mezcla. Por lo tanto, la palabra híbrida "cristiano", basada en un término griego con terminación latina, parecía ser adecuada. Y lo que en un principio fue una burla, más tarde se convirtió en un nombre en el cual gloriarse: "Si alguno padece como cristiano, no se avergüence" (1 Ped. 4: 16).
Existe una antigua tradición, por cierto no digna de mucho crédito, de que fue Evodio, primer obispo de Antioquía, quien comenzó a usar el término "cristiano". Uno de los primeros documentos cristianos que emplea este vocablo es la Didajé (12. 4), de comienzos del siglo II.
27.
En aquellos días.
Ver segunda Nota Adicional del cap. 12.
Unos profetas descendieron.
Cumplimiento de la profecía de Joel, a la cual Pedro se refirió en su sermón de Pentecostés (cap. 2: 17), de que en la joven iglesia habría profetas (Hech. 13: 1-2; Efe. 2: 20). Sin embargo, no es posible apreciar en el NT una descripción clara de lo que era la tarea del "profeta". Se trataba de personas que poseían un don del Espíritu, que algunas veces se ocupaban en predicar y explicar la Palabra de Dios, y en otras ocasiones tenían la capacidad de predecir acontecimientos futuros, como lo hizo Agabo (Hech. 13: 1; 15:32; 19: 6; 21: 9-10; Rom. 12: 6; 1 Cor. 12: 10, 28-29; 13: 2; 14: 6, 29-37). La misión de los profetas evidentemente debe ser considerada como otra muestra de aprobación dada por la iglesia en Jerusalén a la obra que Saulo y Bernabé estaban realizando en Antioquía.
28.
Agabo.
Este mismo profeta aparece después en Cesarea (cap. 21: 10-11). Corresponde señalar que en el Códice de Beza se lee en este versículo el siguiente texto: "Y había allí gran gozo. Y reunidos nosotros, uno de ellos, de nombre Agabo habló". Si este fue el texto original, se tendría aquí el primer pasaje en el cual Lucas, el médico amado, emplea la primera persona del plural (ver com. cap. 16: 10). En relación con esto es interesante notar que según una antigua tradición cristiana Lucas era oriundo de la ciudad de Antioquía. 265
PERSECUCIÓN Y ESPARCIMIENTO
Daba a entender por el Espíritu.
Cf. cap. 21: 11.
Una gran hambre.
Es probable que sea el hambre mencionada por Josefo (Antigüedades xx. 2. 5), quien relata que Helena, reina de Adiabene, país situado al este del Tigris, estando de visita en Jerusalén, socorrió a la gente consiguiéndole cereales de Alejandría e higos secos de Chipre. Puede entenderse que esta hambre fue un cumplimiento parcial de la profecía de Jesús de Mat. 24: 7. En cuanto a su relación con la cronología del NT, ver pp. 101, 103; primera Nota Adicional del cap. 12.
La tierra habitada.
Gr. oikoumén', vocablo correctamente traducido por la RVR. En Luc. 2: 1; 4: 5 y en otros pasajes del NT se emplea esta palabra para designar al Imperio Romano.
Claudio.
El reinado de Claudio duró desde el año 41 hasta el 54 d. C. Fue un período notable por sus frecuentes hambres (Suetonio, Claudio xviii. 2; Tácito, Anales xii. 43).
29.
Entonces los discípulos.
Es decir, los miembros de la iglesia de Antioquía.
Cada uno conforme a lo que tenía.
Es decir, "conforme a sus posibilidades financieras", "según era prosperado". Esta colecta parece que se hizo como resultado de la profecía, antes de que viniera el hambre. Sin duda Saulo y Bernabé activamente procuraron que los gentiles apoyaran esta colecta. Fue la primera de las colectas "para los pobres" que había "entre los santos" de Jerusalén (Rom. 15: 25-26). Posteriormente fueron tan importantes en el trabajo de Pablo (cf. Hech. 24: 17; 1 Cor. 16: 1; 2 Cor. 9; Gál. 2: 10), que el apóstol las consideraba como un lazo de unión entre los sectores judíos y gentiles de la iglesia. La liberalidad de los conversos de Jerusalén en el brillo de su primer amor (Hech. 2: 45), junto con la persecución que después sufrieron (cap. 8: 1), probablemente los había empobrecido más que a otros. Por eso, cuando hubo hambre quizá tuvieron que depender en gran medida de la ayuda de las iglesias que estaban en zonas no afectadas por el hambre. La iglesia de Antioquía dio un digno ejemplo a las otras iglesias.
30.
Los ancianos.
Gr. presbúteros, "mayor" [en edad], por lo tanto, "anciano", "presbítero". Esta es la primera noticia que se tiene de un cargo tal en la iglesia cristiana. Es probable que no se refiera a los apóstoles, porque en otro pasaje (cap. 15: 2, 4, 6) los apóstoles y los ancianos se presentan como dos grupos diferentes. Desde aquí en adelante, los ancianos aparecen como un elemento importante en la organización eclesiástica. El término "anciano" y hasta cierto punto el puesto en la iglesia al cual se refiere, tenía las raíces de su origen tanto en los antecedentes de los gentiles como de los judíos. Algunos papiros de Egipto muestran que los "ancianos" desempeñaban un papel importante en la vida económica de los aldeanos. A ellos se les pedía que decidieran en cuanto a cuestiones de alquiler de tierra y el pago de impuestos (J. H. Moulton y G. Milligan, The Vocabulary of the Greek Testament, p. 535). Este término se empleaba en el Asia Menor para designar a los miembros de una corporación; y en Egipto, para referirse a los sacerdotes de un templo (A. Deissmann, Bible Studies, pp. 156, 233). Entre los judíos la palabra "anciano" (presbúteros) era empleada para designar al dirigente de una sinagoga local, como se ve en la inscripción de Teodoto (ver com. cap. 6: 9). Los miembros del sanedrín también son llamados "ancianos" (Heb. zeqenim; ver com. cap. 4: 5). Por lo tanto, puede verse que el término era conocido, y fácilmente pudo haber sido adoptado para designar a los dirigentes que desempeñaban las responsabilidades principales en sus congregaciones locales. Además de llevar esas responsabilidades en las congregaciones, los ancianos de la iglesia de Jerusalén pueden también haber estado en un nivel algo similar al de los zeqenim del sanedrín judío, pues ellos, como los apóstoles, aparecen en el cap. 15 como quienes tenían cierta autoridad que trascendía los límites de sus propias congregaciones. En este caso los fondos recolectados en Antioquía fueron enviados mediante Bernabé y Saulo a los ancianos de Jerusalén, para que fueran distribuidos entre los pobres.
En la iglesia primitiva también se le daba el nombre de epískopos al anciano. Esta palabra significa "supervisor", y ha pasado al castellano como "obispo". Históricamente, por lo menos desde el siglo III d. C., el "anciano" (presbítero) y el "obispo" han ejercido funciones diferentes dentro de la iglesia. Sin embargo, la evidencia del NT indica claramente que en los tiempos apostólicos los dos términos se aplicaban indistintamente (cf. 1 Tim. 3: 2-7 y Tito 1: 5-9; ver com. Hech. 20: 28; cf. Fil. 1: 1). Clemente de Roma (c. 96 d. C.) parece hacer equivaler a los dos (Epístola a los 266Corintios 44), y Crisóstomo (m. 407 d. C.) declaró: "En tiempos antiguos, los ancianos [presbíteros] eran llamados obispos y diáconos de Cristo; y los obispos, ancianos [presbíteros]" (Comentario sobre la Epístola a los Filipenses 1).
Según la epístola de Santiago, uno de los deberes del anciano es visitar a los enfermos, orar al Señor para que les devuelva la salud y ungirlos con aceite para su curación (cap. 5:14). Respecto a la evolución posterior del cargo de anciano y de obispo, ver pp. 28, 39-44.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-4 HAp 114; SR 290
12 HAp 112; SR 290
15-17 HAp 115, 157; SR 290
18 HAp 115; SR 291
19 HAp 126
20 HAp 135
20-25 HAp 126; SR 301
26 HAp 127; SR 301
27-30 2JT 509


CAPÍTULO 12
1 El rey Herodes persigue a los cristianos, mata a Santiago y aprisiona a Pedro; pero la iglesia ora, y éste es liberado. 20 Herodes, lleno de orgullo, se atribuye el honor que pertenece sólo a Dios; es herido por un ángel y muere devorado por los gusanos. 24 Despues de su muerte, la palabra de Dios avanza.


1 EN AQUEL mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.
2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan.
3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura.
4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua.
5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.
6 Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.
7 Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.
8 Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme.
9 Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión.
10 Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él.
11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.
12 Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.
13 Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode,
14 la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta.
15 Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!
16 Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos.
17 Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar.
18 Luego que fue de día, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué había sido de Pedro.
19 Mas Herodes, habiéndole buscado sin hallarle, después de interrogar a los guardas, ordenó llevarlos a la muerte. Después descendió de Judea a Cesarea y se quedó allí.
20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y de Sidón; pero ellos vinieron de acuerdo ante él, y sobornado Blasto, que era camarero mayor del rey, pedían paz, porque su territorio era abastecido por el del rey.
21 Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó.
22 Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre!
23 Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.
24 Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
25 Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.


1.
En aquel mismo tiempo.
Lo que aquí se relata debe haber ocurrido poco antes de la muerte de Herodes Agripa I (cf. vers. 20-23). Puesto que este rey murió en el año 44 d.C., los acontecimientos de la primera parte de este capítulo quizá puedan ubicarse en el año 43 o a comienzos del 44 d. C.
El rey Herodes.
Herodes Agripa I era hijo de Aristóbulo y Berenice, y nieto de Herodes el Grande y de la princesa asmonea Mariamna; era también hermano de la Herodías que aparece en el relato de Juan el Bautista (ver t. V, p. 40). Su nombre era el del estadista que fue primer ministro de Augusto. Después de que su padre fue víctima de los recelos de su abuelo Herodes el Grande, en el año 7 a. C., (ver t. V, p. 43), fue enviado a Roma en parte como rehén y también para que no fuera implicado en intrigas políticas. Allí se hizo amigo de Calígula y de Claudio, los cuales más tarde llegaron a ser emperadores. Cuando Herodes Antipas se casó con Herodías, hermana de Herodes Agripa, éste fue nombrado como supervisor del mercado de Tiberias, pero pronto riñó con Antipas y se marchó a Roma. Allí sufrió el desagrado de Tiberio por haber expresado imprudentemente el deseo de que su amigo Calígula pudiera ser emperador. Fue encarcelado por Tiberio y permaneció en prisión hasta la muerte de ese emperador. Cuando Calígula sucedió a Tiberio en el trono, colmó de honores a su amigo Agripa; primero le dio la tetrarquía de Felipe y después la de Lisanias (Luc. 3: 1), y le concedió el título de rey Cuando Antipas fue depuesto (ver t. V, p. 66), Agripa pasó a gobernar sus territorios, además de los que ya tenía. En el t. V, pp. 69, 224 hay más detalles acerca de su reinado.
Maltratarles.
Puesto que Agripa anhelaba que lo consideraran como un judío piadoso, pudo ser fácilmente incitado por los judíos para que atacara a los cristianos. Por lo tanto, comenzó a perseguir a la iglesia, "despojando de casas y bienes a los creyentes" (HAp 116).
2.
Mató a espada a Jacobo.
Si este apóstol hubiera sido hallado culpable de blasfemia o de herejía, el sanedrín lo habría sentenciado a muerte por apedreamiento. Como ocurrió con Juan el Bautista (Mat. 14: 10), el hecho de que Jacobo fuera decapitado demuestra que su muerte fue decretada por un gobernante civil que empleaba métodos romanos de castigo (cf. Mat. 20: 23). Sólo puede conjeturarse en cuanto a la razón por la cual Herodes escogió a Jacobo como la primera de sus víctimas. Es posible que en la predicación del Evangelio, Jacobo hubiera seguido ocupando el lugar destacado que había compartido con Pedro y Juan en el relato evangélico. Quizá se distinguía por su elocuencia natural, pues lo llamaban hijo "del trueno" (Mar. 3: 17). En una tradición procedente de Clemente de Alejandría y conservada por Eusebio (Historia eclesiástica ii. 9), se relata que el que acusó a Jacobo, se convirtió al contemplar la fe y la paciencia de su víctima.
Según la cronología que se conoce de los Hechos, Jacobo desempeñó un corto ministerio de sólo 13 años después de la ascensión de Cristo. Fue el primero de los apóstoles en morir, mientras que Juan, su hermano, fue probablemente el último en fallecer.
Los romanos aplicaban la pena de muerte por decapitación. Posteriormente, como lo 268 declara la Mishnah (Sanhedrin 7. 3), los judíos la emplearon algunas veces.
3.
Había agradado a los judíos.
El objetivo de Agripa era agradar a los judíos. Josefo también señala esto. Cuando compara a Agripa con Antipas, dice que este último se mostraba más amigable con los griegos que con los judíos; pero que Agripa no lo era (Antigüedades xix. 7. 3).
En la Mishnah (Sotah 7. 8) se relata un caso que muestra cuán sensible era el rey ante las alabanzas o la censura popular. Cierta vez, el rey Agripa leía en el libro de la ley durante la fiesta de los tabernáculos en un año sabático. Cuando llegó a las palabras de Deut. 17: 15, donde dice, "no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano", se le llenaron los Ojos de lágrimas al pensar en su origen idumeo. El pueblo vio que lloraba, y pensando éste más bien en su ascendencia asmonea, exclamó: "¡Nuestro hermano! ¡Nuestro hermano eres tú!", con lo cual el corazón del rey se sintió confortado.
A menos que fuera a los dirigentes de los judíos a quienes Agripa deseaba complacer en primer lugar, este relato da a entender que se había obrado un gran cambio de sentir en el pueblo, pues es evidente que había un sentimiento popular en favor de los apóstoles (cap. 2: 47; 5: 26). Este cambio fue causado sin duda por el rápido aumento de la feligresía de la iglesia.
También a Pedro.
Después de encarcelar y matar a Jacobo, hizo prender a Pedro, quien era una figura destacada entre los doce y constituía un blanco lógico del ataque de Herodes.
Días de los panes sin levadura.
Se refiere a toda la fiesta de la pascua, lo cual puede deducirse de Luc. 22: 1: "La fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua".
4.
Le puso en la cárcel.
Para tenerlo ahí hasta que terminara la fiesta.
Cuatro grupos de cuatro soldados cada uno.
Es probable que dos soldados estuvieran encadenados a Pedro y dos estuvieran guardando la puerta (ver com. vers. 10). Eran necesarios cuatro grupos para que fueran rotándose.
Sacarle al pueblo.
Agripa quería presentarlo ante el pueblo para juzgarlo y condenarlo, así como Pilato había llevado a Jesús ante el tribunal (Juan 19: 13).
Pascua.
Se hace referencia a toda la fiesta de la pascua, y no sólo a un día. Pedro fue arrestado al comenzar la fiesta de la pascua (la cena pascual se comía la noche que daba comienzo al día 15 de Nisán), y el rey quería sentenciarlo y castigarlo el día 21, después de que terminara la fiesta.
5.
Estaba custodiado.
La frase griega sugiere que estuvo en la cárcel algunos días.
Sin cesar.
Gr. ektenÇs, "insistentemente" (BJ), "fervorosamente". Esta palabra se usa también para describir la oración de Jesús en el Getsemaní: "intensamente" (Luc. 22:44, RVR). En 1 Ped. 4: 8, se traduce "ferviente". Por lo que se sabe en cuanto a la situación general de la iglesia cristiana, puede conjeturarse que estas oraciones eran ofrecidas por grupos de cristianos reunidos en casas particulares (Hech. 12: 12), porque debido a la persecución de Agripa era peligroso celebrar públicamente los cultos cristianos, como ocurrió muchas veces en los primeros días del cristianismo.
6.
Le iba a sacar.
Esto indica que había transcurrido cierto tiempo desde su encarcelamiento al comienzo de la fiesta de la pascua, hasta que fuera ejecutado después de terminar dicha fiesta.
Estaba Pedro durmiendo.
Es una inspiración y una exhortación para la fe notar el tranquilo descanso del apóstol, que duerme como uno a quien Dios le ha concedido el sueño de sus amados (Sal. 127: 2), sin ser turbado por el temor del inminente sufrimiento o de la muerte.
Guardas.
Probablemente los dos soldados del grupo de cuatro (vers. 4) que no estaban encadenados al preso.
7.
Se presentó.
Gr. efist'mi, literalmente, "ponerse encima". Es el mismo verbo que se emplea al hablar de la aparición de los ángeles a los pastores (Luc. 2: 9).
Una luz resplandeció.
Así como "la gloria del Señor.. rodeó de resplandor" a los pastores, la presencia del ángel introdujo la gloria del cielo en la oscura cárcel.
La cárcel.
Gr. oik'ma, "vivienda", "habitación"; aquí, "celda". Los atenienses usaban este sustantivo como un eufemismo para referirse a la "cárcel".
Las cadenas se le cayeron.
Pedro estaba encadenado a dos soldados, y a pesar de que las cadenas se le cayeron de los tobillos y las muñecas, los soldados no se despertaron.
8.
Cíñete.
Pedro seguramente se había aflojado el cinturón y se había quitado las sandalias para dormir. "Ceñirse" podría 269 referirse literalmente a atarse un cinto; pero además tenía la idea más amplia de "vestirse" (Juan 2 1: 18), o la idea figurada de prepararse como para un viaje (Luc. 12:35).
Manto.
Gr. himátion, manto exterior, no la túnica interior (ver t. V, p. 49). Es probable que Pedro hubiera estado durmiendo envuelto en este manto.
Sígueme.
El ángel no dio ninguna explicación sino que sencillamente libró a Pedro de sus cadenas, y este acto fue suficiente para que el apóstol lo siguiera con confianza.
9.
No sabía.
A Pedro posiblemente le pareció ahora que la situación era parecida a la que había experimentado al recibir la visión narrada en el cap. 10. Debe haber pensado que al despertar se encontraría aún encadenado a los dos soldados, como cuando al volver en sí después de la anterior visión aún se encontraba en el terrado de la casa.
10.
Guardia.
Gr. fulak', "guardia". Podría referirse a los guardias apostados junto a la puerta interior de la cárcel y en alguna puerta a cierta distancia, o posiblemente a los guardias que estaban encadenados con Pedro y a los otros de la puerta (vers. 4). Pedro quizá había sido encerrado en una celda interior, y por lo tanto tenía que salir atravesando dos patios.
A la ciudad.
Evidentemente la cárcel estaba dentro de la ciudad. Pudo haber estado situada en la torre Antonia (ver t. V, p. 215; cf. com. "salidos", en este versículo).
Por sí misma.
Ningún ser humano abrió la puerta; sin duda, la abrió un ángel invisible. Nótese la forma sencilla y natural como Lucas narra este milagro.
Salidos.
El Códice de Beza añade: "descendieron los siete escalones y..", luego continúa el texto. Aunque la evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase, la misma podría sugerir un conocimiento más detallado de la ciudad de Jerusalén que la que hoy tenemos. Posiblemente se base en la tradición de que Pedro fue encarcelado en la torre Antonia, a la cual parece que se entraba por una escalinata (cap. 21: 34-35, 40).
Calle.
Gr. rhúm', "calle", aun mejor "calle estrecha".
El ángel se apartó de él.
Cuando Pedro ya no necesitaba la ayuda sobrenatural, el ángel lo dejó para que hiciera lo que era necesario para escapar.
11.
Volviendo en sí.
Pedro se encuentra libre en una calle de la ciudad de Jerusalén, envuelto en el aire fresco de la noche.
El Señor.
Pedro no tenía ninguna duda en cuanto al origen de su tan oportuna liberación.
Me ha librado.
El Señor de Pedro había enviado como antes (cap. 5: 19) a su ángel para librarlo. Ya no había duda en cuanto a la autenticidad de su liberación.
12.
Habiendo considerado esto.
"Consciente de su situación" (BJ). Pedro había estado en un primer momento como en un sueño (vers. 9; cf. Sal. 126: 1); pero al fin pudo comprender la maravillosa verdad y entró en acción. Entonces comprendió las circunstancias de su liberamiento y se dio cuenta qué debía hacer.
María.
Esta María era parienta de Bernabé (cf. Col. 4: 1 0, donde se llama a Juan Marcos "sobrino de Bernabé", aunque la palabra griega significa más bien "primo"). Puesto que no se menciona al padre de Marcos, se podría suponer que María era viuda. Al igual que Bernabé (Hech. 4: 36-37), parece que tenía ciertos recursos, ya que disponía de una casa suficientemente grande que servía como lugar de oración de la iglesia.
Juan.
Pedro llama "hijo" a Marcos (1 Ped. 5: 13), por lo tanto, es posible que el joven hubiera sido un converso del apóstol. El nombre latino Marcus sugiere que había alguna relación con romanos o judíos romanos.
Reunidos orando.
Estas reuniones probablemente eran comunes en la casa de María. En el mismo momento en que Pedro era liberado de la cárcel, el grupo estaba orando fervientemente (vers. 5) por su vida, pues estaban conscientes de que la iglesia se enfrentaba a una gran crisis.
13.
Llamó Pedro.
Cuando el ángel abrió las puertas de la cárcel, el poder sobrenatural intervino para ayudar en una necesidad extraordinaria; pero Pedro, unos minutos después del milagro de su liberación, tuvo que llamar a la puerta de una casa para poder entrar en forma normal.
Puerta.
Gr. pulón; ver com. Mat. 26: 71.
A escuchar.
El hecho de que Rode haya salido "a escuchar", da a entender que había un sentimiento de peligro por causa de la persecución que sufrían los discípulos motivada por el celo de Agripa a favor del judaísmo. Saulo había entrado antes en las casas (cap. 8: 3) para llevar hombres y mujeres a la cárcel; ahora existía la posibilidad de un peligro similar. Por esta razón Rode no abrió la 270 puerta hasta que supo quién pedía permiso para entrar.
Muchacha.
Gr. paidísk', "muchacha" o "sirvienta".
Rode.
Nombre griego que significa "rosa". Rode se menciona aquí; pero son pocas las muchachas de servicio tan bien conocidas como ella. A Rode, como al ladrón en la cruz, a María la que lavó los pies de Jesús y la viuda anónima que puso las dos blancas en el cofre de las ofrendas del templo, la han conocido por casi 20 siglos todos los lectores de la Biblia.
14.
la voz de Pedro.
El amor cristiano de esta joven por el piadoso y valiente soldado de la cruz, sin duda la había impulsado a escuchar atentamente a Pedro en anteriores ocasiones, y por eso conocía su voz. Además, Pedro hablaba con acento galileo, razón por la cual otra sirvienta lo reconoció en una ocasión anterior (Mat. 26: 73).
De gozo.
No fue por falta de fe que Rode no abrió en seguida la puerta a Pedro, sino debido al profundo gozo que sentía. Ella había compartido la preocupación que los hermanos sentían por Pedro, y había participado en las plegarias ofrecidas en su favor. Su intenso anhelo de contar las buenas nuevas de la liberación de Pedro hizo que perdiera su serenidad. Lucas también registra que los discípulos, al reconocer a Jesús en la tarde del día de la resurrección, "de gozo, no lo creían" (Luc. 24: 41).
15.
Estás loca.
Cuando Rode dio la noticia de que Pedro estaba a la puerta, los hermanos no podían creerle. No tenían suficiente fe para creer que Dios había contestado sus oraciones; por lo tanto, pensaron que la joven debía haber perdido la razón.
Su ángel.
En Heb. 1: 14 se expresa interrogativamente la creencia de los judíos en cuanto a los ángeles: "¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?" Los judíos creían que cada persona desde su nacimiento tenía un ángel guardián (Sal. 91: 13-15; jubileos 35: 17; Tobías 12: 12). Cuando Jesús habló de los ángeles de los niños (Mat. 18: 10), se refería a algo familiar para los judíos. Después del exilio, y quizá por la influencia pagana, la angelología judía fue tornándose cada vez más complicada. En la literatura rabínica los ángeles tienen funciones más explícitas que en la Biblia.
16.
Persistía en llamar.
Pedro persistía tanto en llamar a la puerta como habían persistido los creyentes en sus oraciones rogando por su liberación.
Se quedaron atónitos.
Es difícil encontrar una mejor ilustración de la incapacidad, aun de gente buena, para creer que sus oraciones son contestadas definitiva y específicamente. Cuando Pedro estuvo delante de ellos, les costó admitir que era , sin embargo, Jesús había dado a sus seguidores la más plena seguridad de que sus oraciones de fe serían respondidas (Juan 14: 13-14).
17.
Le había sacado.
Cuando fue liberado de la cárcel y volvió en sí, exclamó: "El Señor ha enviado su ángel" (vers. 11). Ahora testifica otra vez que había sido el Señor el que lo había librado.
Haced saber.
Gr. apaggéllÇ, "anunciar", "declarar".
Jacobo.
Sin duda el mismo que presidió el concilio de Jerusalén, en el cual se discutió el tema de la circuncisión, y pronunció su decisión en cuanto a ese asunto (cap. 15: 13). Esto hace pensar que, de una manera u otra, era la persona principal de la iglesia de Jerusalén y, por lo tanto, era natural que Pedro quisiera que Jacobo se enterara inmediatamente de su liberación.
Es posible que este Jacobo fuera el hijo de Alfeo, o el Jacobo que era hermano del Señor. Los hermanos de Jesús sólo creyeron en él cuando su vida terrenal llegaba a su fin, mucho después de que los doce fueron elegidos. Pablo llama "hermano del Señor" (Gál. l: 19; cf. cap. 2: 9) al mismo Jacobo que era una de las columnas de la iglesia de Jerusalén después de la muerte de Jacobo, hijo de Zebedeo. Es probable que este sea el Jacobo al cual Pedro se refiere aquí. Eusebio (Historia eclesiástica ii. 23) lo llama obispo de Jerusalén, y cita el libro quinto de Commentaria de Hegesipo, que aunque no necesariamente contiene datos exactos, puede contener algunos elementos de verdad: "Recibió el gobierno de la Iglesia, juntamente con los apóstoles, Santiago hermano del Señor, quien ya desde los tiempos de Cristo hasta nuestra edad ha sido llamado el Justo. Pues ciertamente han existido muchos que se llamaban con el nombre de Santiago pero éste fue santo desde el vientre de su madre. Nunca bebió vino ni zumo de dátiles; se abstuvo totalmente de las carnes de animales. Nunca se cortó la cabellera, ni acostumbraba a ungir ni a bañar su cuerpo. Era el único entre todos que tenía el 271 derecho y la facultad de entrar en el santuario íntimo del templo. No usaba vestidura de lana sino de lino. Acostumbraba a entrar solo en el templo y orar allí intercediendo ante Dios de rodillas por los pecados del pueblo, hasta el punto de que sus rodillas hubiesen encallecido como las del camello, cuando venerando a Dios asiduamente se postraba en el suelo haciendo votos por la salvación del pueblo" (traducción de Luis M. Cádiz [Buenos Aires: Editorial Nova, 1950], pp. 88-89). Luego sigue el relato de su martirio. De acuerdo con la tradición, Jacobo fue llevado a la cima del templo, y como siguió afirmando su fe en Jesús, fue lanzado al vacío, lo apedrearon, y finalmente un batanero lo mató a bastonazos (ver t. V, p. 73). Según Josefo, murió apedreado (Antigüedades xx. 9.1 ). Ver la Introducción del libro de Santiago.
A otro lugar.
El viaje de Pedro a otro lugar armonizaba con la orden que el Señor había dado a los doce (Mat. 10: 23). No se sabe adónde escapó Pedro. Algunos autores católicos dicen que fue a Roma, y que después de fundar allí la iglesia, regresó a Jerusalén para asistir al concilio que se registra en Hech. 15. Otros han sugerido que fue a Antioquía, lo que parece más probable; pero no hay huellas de su presencia en esa ciudad sino hasta después del concilio de Jerusalén (a menos que Gál. 2: 1-10 corresponda con Hech. 11: 30; ver la primera Nota Adicional del cap. 15; cf. Gál. 2: 12). Bien pudo bastarle con refugiarse en una ciudad más cercana, como Jope o Lida. El hecho de que no se dé el nombre del lugar sugiere que para el registro de Lucas era un detalle relativamente de poca importancia.
18.
No poco alboroto.
Los guardias, que estaban encadenados con Pedro, al despertar deben haberse dado cuenta que su prisionero había escapado. Estaban conscientes de que merecían la pena de muerte porque el prisionero se les había escapado.
A partir de este momento Pedro sólo aparece cuando participa en el concilio de Jerusalén (Hech. 15: 7). Pablo lo menciona en Gál.1: 18; 2:7-8, 11, 14) y se sabe algo de sus actividades por lo que él mismo dice en sus epístolas (1 Ped. 1: 1; 5:12-13; 2 Ped. 1: 14). El NT no dice nada más en cuanto a él. La tradición sí dice mucho; pero lo que afirma no siempre puede aceptarse o rechazarse con seguridad. Jerónimo afirma en su paráfrasis del Crónicon de Eusebio, que Pedro predicó durante 25 años en Roma; pero esto es muy dudoso, pues estuvo en el concilio de Jerusalén (Hech. 15), y después estuvo en Antioquía -posiblemente después del concilio (Gál. 2: 11-14; ver Nota Adicional de Hech. 15)-.Además, Pedro mismo insinúa que trabajó en la zona noroeste del Asia Menor (1 Ped. 1: 1; Eusebio, Historia eclesiástica iii. 1). Según Hech. 8-12, todo esto tuvo que haber ocurrido después de que Pedro fue liberado de la cárcel alrededor del año 44 d. C.
19.
Llevarlos a la muerte.
El carcelero de Filipos estuvo a punto de suicidarse cuando creyó que todos sus prisioneros se habían escapado, pues sabía que sería condenado a muerte, según lo ordenaba la ley (Hech. 16: 27; cf. Hech. 27: 42). Parece que era ley, o por lo menos costumbre, que el carcelero era responsable por los presos que le habían sido confiados. Una ley romana, promulgada alrededor del año 529 d. C., dice: "La custodia y el cuidado de las personas encarceladas, es deber del carcelero, quien no debe pensar que un despreciable y vil subordinado será responsable si, de algún modo, se escapa un preso; porque [en tal caso] deseamos que él sufra el mismo castigo que se demuestre que debería haber sufrido el preso que se escapó (Justiniano, Código ix. 4. 4).
A Cesarea.
Agripa, y no un gobernante romano, era quien gobernaba en Cesarea en este tiempo, porque Josefo dice que había recibido de Claudio la jurisdicción de Judea y de Samaria, además de la de los distritos que había gobernado en los días de Calígula (Antigüedades xix. 8. 2).
20.
Estaba enojado.
"Estaba... fuertemente irritado" (BJ). Estaba muy airado contra ellos.
Tiro y.. Sidón.
Estas dos ciudades fenicias, sedes de la industria marítima, no estaban sometidas a Agripa. En cierto sentido eran ciudades autónomas, aunque estaban bajo el control de Roma. La simpatía de Agripa por la gente de Berito, hoy Beirut, otro puerto marítimo fenicio un poco al norte de Sidón, quizá pudo haber estado relacionada con su enojo contra la gente de esas dos ciudades más antiguas. Josefo describe los espléndidos edificios construidos por Agripa en Beirut (Antigüedades 7. 5; cf. t. V, p. 70). Es claro que la ira del rey se hizo sentir de algún modo, y fue un obstáculo para la prosperidad comercial de Tiro y de Sidón.
Vinieron.
Las dos ciudades se unieron 272 para enviar una embajada común que las representara, y para tratar de apaciguar la ira de Herodes.
Sobornado.
En el griego dice, "habiendo persuadido a Blasto". No es raro que la cooperación de Blasto se hubiera logrado mediante un cohecho.
Blasto.
Nada más se sabe de este personaje. El "camarero" era el encargado del dormitorio del rey. El mismo título aparece en inscripciones del período bizantino. El "camarero", que después se denominó "camarlengo" o "chambelán", era un funcionario de alta jerarquía, algunas veces secretario personal o encargado de los asuntos especiales del rey.
Pedían paz.
Esto no significa que Agripa estuviera en guerra con Tiro y Sidón, sino que no tenía buenas relaciones con ellas. Israel había tenido buenas relaciones comerciales con Tiro desde mucho tiempo atrás (1 Rey. 5: 11). En Eze. 27: 12-25 se describe el comercio de la ciudad de Tiro con diversas naciones.
Era abastecido.
El dominio de Herodes Agripa era amplio (ver t. V, pp. 70, 224), y si favorecía a otro puerto y desviaba el tráfico de Tiro y Sidón, podía perjudicar seriamente su comercio.
21.
Un día señalado
Josefo dice (Antigüedades xix. 8. 2) que era un día festivo dedicado para hacer votos por el bienestar del César.
Se sentó.
Josefo describe con detalles este episodio en Antigüedades xviii. 6-8. Ver la primera Nota Adicional de este capítulo.
22.
El pueblo.
Gr. d'mos, "la masa del pueblo", el populacho pagano reunido en un lugar público. Sólo Lucas usa esta palabra y lo hace dentro de un contexto que no es judío.
¡Voz de Dios!
Probablemente deba entenderse en el sentido de culto al emperador, y no de adoración a un ser celestial o un dios pagano (ver com. vers. 21).
23.
Le hirió.
En el vers. 7 un ángel tocó a Pedro para despertarlo y liberarlo; pero aquí, en agudo contraste, un ángel toca a Herodes para destruirlo. Ser golpeado por un agente divino equivale generalmente a un severo castigo (1 Sam. 25: 38; 2 Rey. 19: 35; Hech. 23: 3).
No dio la gloria a Dios.
Estas palabras no necesariamente significan que Agripa sólo había fallado en rendir a Dios la alabanza que le corresponde a él, y sólo a él. Dar gloria a Dios siempre implica proceder de tal forma que se glorifique su nombre a pesar de las circunstancias. "Dar gloria a Dios" algunas veces ha significado confesar los pecados y las debilidades, como en Jos. 7: 19 (cf. com. Juan 9: 24).
Comido de gusanos.
Josefo no menciona en su relato paralelo la enfermedad en forma específica. Es posible que la descripción más detallada de Lucas responda a sus conocimientos médicos, aunque difícilmente pueda considerarse que la frase "comido de gusanos" represente la descripción literal de una enfermedad específica. Este fue un castigo divino. Los antiguos consideraban que el ser comido de gusanos era un castigo celestial porque era una muerte espantosa. En la historia se registran varios casos: Feretime, reina de Cirene (Herodoto, Historia iv. 205); Antíoco Epífanes (2 Mac. 9: 5-10); Herodes el Grande (Josefo, Antigüedades xvii. 6. 5), y Galerio, enemigo de la iglesia en los tiempos de la persecución de Diocleciano, 303-313 d. C. (Lactancio, De la manera que murieron los perseguidores, 33). Hay un relato similar en cuanto a la muerte de Felipe II, rey de España. Agripa murió en el año 44 d. C., en el séptimo año de su reinado, a los 53 años de edad.
24.
La palabra del Señor crecía y se multiplicaba.
Cf. cap. 6: 7; 19: 20; ver com. cap. 11: 24. "La semilla es la palabra de Dios" (Luc. 8: 11), dijo Cristo. Lucas, el historiador cristiano, refiere que la palabra fue como semilla: cuando era sembrada en forma diligente, crecía y daba fruto. Esta declaración describe una expansión continua. La muerte de Agripa, principal perseguidor, dejó a los predicadores del Evangelio en libertad para proclamar su mensaje, y no fueron tardos para aprovechar esta oportunidad.
25.
Bernabé y Saulo... volvieron.
Regresaron de su visita a Jerusalén (cap. 11: 27-30) para seguir trabajando entre los gentiles de Antioquía (ver com. "de Jerusalén"; también la segunda Nota Adicional de este capítulo).
De Jerusalén.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) el texto "a Jerusalén", como si los apóstoles hubieran regresado desde Antioquía a Jerusalén. Sin embargo, los redactores de manuscritos griegos posteriores, tomando en cuenta el contexto, y considerando que el vers. 25 es la conclusión del relato que comienza en el vers. 27, cap. 11, pusieron "de Jerusalén", como se lee en la RVR y en la BJ. Además, existe la posibilidad de que en el 273 texto griego, que no tenía puntuación, pudiera haberse leído "Bernabé y Saulo volvieron habiendo completado su ministerio en Jerusalén".
Servicio.
Literalmente "su diaconado"; es decir, su "ministerio". La palabra griega es la misma que se traduce como "socorro" en el cap. 11: 29. Bernabé y Saulo completaron la misión que les había confiado la iglesia de Antioquía.
Llevando también consigo a Juan.
Ver com. vers. 12. Esta elección se explica, en parte, por el parentesco de Juan Marcos con Bernabé (Col. 4: 10); pero también demuestra que Juan Marcos entraba de lleno en la obra de convertir a los gentiles. Ver Hech. 13: 5, 13; 15: 37-39; 2 Tim. 4: 11. Evidentemente, hasta este momento había estado viviendo en su casa en Jerusalén.
NOTAS ADICIONALES DEL CAPÍTULO 12
Nota 1
Al comparar los relatos de Lucas y de Josefo, parece probable que los delegados de Tiro y de Sidón estuvieron entre los que clamaron "voz de Dios, y no de hombre", y añadieron, como lo informa Josefo, "ten misericordia de nosotros". Nótese el agudo contraste entre la actitud de Pedro, quien se negó a recibir el homenaje de Cornelio, y la de Agripa, que aceptó la lisonja blasfema de la multitud en Cesarea. El relato de Josefo concuerda con el de Lucas en los siguientes detalles: (1) Entre la multitud que lisonjeaba a Agripa había algunos que estaban procurando recuperar su favor. (2) La fiesta se celebró en un "día señalado". (3) Herodes estaba vestido de ropas reales. (4) La lisonja consistió en llamarlo "dios". (5) El rey no los reprendió por eso. (6) Cayó enfermo inmediatamente, y fue llevado a su palacio. Josefo añade que Agripa reconoció que el castigo era de Dios por aceptar los elogios blasfemos, y que todos esperaban que muriera en seguida. En cuanto a la última parte del relato de Josefo donde dice que el dolor violento aumentó rápidamente, y al relato del NT que dice que Agripa fue comido de gusanos, debe señalarse que en el relato de la muerte de Antíoco Epífanes se describen en forma separada estos dos mismos hechos como características de la misma enfermedad: "Pero el Señor Dios de Israel que todo lo ve, le hirió con una llaga incurable e invisible: apenas pronunciada esta frase, se apoderó de sus entrañas un dolor irremediable, con agudos retortijones internos,... hasta el punto que del cuerpo del impío pululaban gusanos, caían a pedazos sus carnes, aun estando con vida, entre dolores y sufrimientos, y su infecto hedor apestaba todo el ejército" (2 Mac. 9: 5, 9, BJ). Josefo, quien apoyaba decididamente a Agripa, sólo describió los primeros síntomas de la enfermedad del rey y omitió los repugnantes detalles del relato de la muerte de quien, en su opinión, era un gran rey. En el libro de Hechos se da una presentación más detallada, porque el objetivo de su autor era destacar en toda su gravedad el pecado por el cual, como lo relata Josefo, Agripa sabía que había sido castigado. Los puntos de concordancia entre los dos relatos son tantos, y las diferencias tan pequeñas y tan fácilmente explicadas, que debe considerarse que el relato de Josefo es un tributo a la precisión y al cuidado de Lucas como historiador.
Nota 2
Al Final del cap. 12 surge la pregunta en cuanto a si la visita de Bernabé y de Saulo, para llevar socorro a los cristianos de Jerusalén (cap. 11: 27-30) ocurrió antes o después del encarcelamiento de Pedro y de la muerte de Herodes Agripa I, pues el último vers. del cap. 12 es evidentemente la conclusión del relato que comienza en el cap. 11: 27. Este problema aparece porque la evidencia cronológica sugiere que la muerte de Herodes ocurrió antes de la misión de Bernabé y de Saulo, secuencia que parece invertirse en el relato de Lucas.
Al considerar este problema debe reconocerse que Lucas no siempre procura presentar los acontecimientos en estricto orden cronológico, ni en su Evangelio ni en Hechos. En su Evangelio menciona a "muchos" que habían "tratando de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas" (Luc. 1: 1). Lucas escogió de lo que aquellos habían registrado, tal como a él le había "parecido.... después de haber investigado 274 con diligencia todas las cosas desde su origen", aquellos acontecimientos que proporcionaban una narración coherente de determinadas fases de la historia primitiva (cap. 1: 3). Después de haber seguido las actividades de un personaje (principalmente Pedro, Hech. 1-12), o de haber presentado un cuadro coherente de un aspecto de la marcha de la obra (la predicación del Evangelio en Palestina, hasta el cap. 1l: 18), Lucas se ocupa de otro personaje u otro aspecto del trabajo misionero, y lo sigue hasta llegar a otra culminación o conclusión lógica (ver la transición, cap. 11: 18-19). El orden cronológico a veces es menos importante para Lucas que otras clases de presentación ordenada, por ejemplo la presentación por determinado tema o por área geográfica. Esta actitud es característica de la literatura de su época, como también del AT (ver com. Gén. 25: 19; 27: 1; 35: 29; Exo. 16: 33, 35; 18: 25).
Las frases "en aquellos días" (cap. 11: 27) o "en aquel mismo tiempo"(cap. 12: 1) se emplean como acontece con frecuencia en los Evangelios, sólo como frases rutinarias que indican una transición, pero no necesariamente con el fin de señalar un momento cronológico específico. Es muy posible que los acontecimientos del cap. 12: 1-24 hubieran ocurrido entre los vers. 26 y 27 del cap. 11; el cap. 12: 25 sigue lógicamente al 11: 30. El "servicio" del cap. 12: 25 parece referirse al "socorro" enviado por los hermanos de Antioquía a los hermanos de Judea (cap. 11: 29). Por lo tanto, la visita debida al hambre pudo haber ocurrido después de que Pedro fue encarcelado, milagrosamente liberado y partió de Jerusalén, y después de la muerte de Herodes Agripa, que tuvo lugar en el año 44 d. C.
Siguiendo el método histórico ya descrito, Lucas ha relatado el comienzo de la obra en favor de los gentiles en Antioquía. Al concluir ese relato, sus héroes, Bernabé y Saulo, son enviados a Jerusalén para llevar a los ancianos de la iglesia el socorro necesario por causa del hambre. En vista de este cambio de escenario, Lucas tiene que relatar lo que mientras tanto ha estado ocurriendo en Jerusalén (cap. 12: 1): la persecución de la iglesia, la muerte de Jacobo, el encarcelamiento de Pedro y el terrible fin de Herodes el perseguidor. Después retoma su relato en Antioquía, y narra el envío de Bernabé y de Saulo como misioneros ordenados (cap. 13: 1-3). Pero primero, debe hacer volver a sus personajes principales a Antioquía, diciendo que "cumplido su servicio volvieron de Jerusalén" (cap. 12: 25). También se vale de esta oportunidad para introducir a un nuevo personaje: Juan Marcos (ya mencionado de paso en Jerusalén, vers. 12), porque Marcos acompañará a dos misioneros de más edad en el viaje que Lucas describe a continuación (cap. 13: 4 a 14: 27): el primer viaje de Pablo.
Si se tiene en cuenta el método habitual de Lucas para organizar su material, este pequeño desplazamiento carece de importancia, y no es necesario que se haga un reajuste especial de los dos acontecimientos o del registro de los mismos, como se hace cuando se siguen ciertos puntos de vista (ver la primera Nota Adicional del cap. 15).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-25 Ev 422-423; HAP 116-125; SR 292-300
1-3 HAp 116; SR 292
2 HAp 477
2-3 PE 185
4-5 HAp 117
5-6 SR 293
6-7 HAp 118
6-10 CN 40
6-11 2Jt 345
7 HAp 123; PE 185
7-8, 10 SR 295
8-10 HAp 119
11 SR 296
11-15 HAp 120
13-17 SR 296
16-19 HAp 120
19 SR 297
21 HAp 121
21-23 PE 185
22 SR 298
22-23 HAp 122
23 HAp 123; SR 299 275


CAPÍTULO 13
1 Pablo y Bernabé son escogidos para predicar a los gentiles. 7 Sergio Paulo y Elimas el mago. 14 Pablo predica en Antioquía que Jesús es el Cristo. 42 Los gentiles creen, 45 pero los judíos contradicen y blasfeman; 46 por lo tanto, Pablo y Bernabé se dirigen a los gentiles. 48 Creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.


1 HABÍA entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros: Bernabé, Simón el que se llamaba Niger, Lucio de Cirene, Manaén el que se había criado junto con Herodes el tetrarca, y Saulo.
2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.
3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
4 Ellos, entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia, y de allí navegaron a Chipre.
5 Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.
6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, hallaron a cierto mago, falso profeta, judío, llamado Bar Jesús,
7 que estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Este, llamando a Bernabé y a Saulo, deseaba oír la palabra de Dios.
8 Pero les resistía Elimas, el mago (pues así se traduce su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul.
9 Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los Ojos,
10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?
11 Ahora, pues, he aquí la mano del Señor está contra ti, y serás ciego, y no verás el sol por algún tiempo. E inmediatamente cayeron sobre él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese de la mano.
12 Entonces el procónsul, viendo lo que había sucedido, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.
13 Habiendo zarpado de Palos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén.
14 Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo* y se sentaron.
15 Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.
16 Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo. Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:
17 El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo, siendo ellos extranjeros en tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.
18 Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto;
19 y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio.
20 Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio Jueces hasta el profeta Samuel.
21 Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.
22 Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.
23 De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.
24 Antes de su venida, predicó Juan el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel.
25 Mas cuando Juan terminaba su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy? No soy yo él; mas he aquí viene tras mí uno de quien no soy digno de desatar el calzado de los pies.
26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a 276 Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación.
27 Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo,* las cumplieron al condenarle.
28 Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase.
29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro.
30 Mas Dios le levantó de los muertos.
31 Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo.
32 Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres,
33 la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.
34 Y en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias fieles de David.
35 Por eso dice también en otro salmo: No permitirás que tu Santo vea corrupción.
36 Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción.
37 Mas aquel a quien Dios levantó, no vio corrupción.
38 Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,
39 y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.
40 Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:
41 Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced; Porque yo hago una obra en vuestros días, Obra que no creeréis, si alguien os la contare.
42 Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo* les hablasen de estas cosas.
43 Y despedida la congregación, muchos de los judíos y de los prosélitos piadosos siguieron a Pablo y a Bernabé, quienes hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios.
44 El siguiente día de reposo* se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.
45 Pero viendo los judíos la muchedumbre, se llenaron de celos, y rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.
46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.
47 Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles, A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.
48 Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.
49 Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia.
50 Pero los judíos instigaron a mujeres piadosas y distinguidas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Bernabé, y los expulsaron de sus límites.
51 Ellos entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio.
52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
La iglesia... en Antioquía.
Cf. cap. 11: 26. A partir del cap. 13, el centro geográfico del relato se traslada de Jerusalén a Antioquía, como se anticipó (cap. 11: 19-30). Fue desde Antioquía que Pablo, como apóstol a los gentiles, emprendió sus tres grandes giras misioneras. El registro de estos tres viajes ocupa la mayor parte de los capítulos restantes del libro de Hechos; por lo tanto, es apropiado que el punto central del relato se traslade a Antioquía. Allí, por primera vez, muchos gentiles habían entrado en la iglesia. 277 Ver pp. 30-31; com. cap. 11: 19-20, 26.
Profetas y maestros.
Esta es la primera vez que se mencionan en la administración de la iglesia personas que poseían dones espirituales específicos. No se da ninguna indicación concreta en cuanto a la organización formal de la iglesia de Antioquía, aunque sin duda existía. En todo caso, es claro que hombres dotados del Espíritu trabajaban en forma activa. Ver pp. 28, 39-41.
En el NT se habla de tales hombres como si constituyeran un grupo reconocido, aunque no aparecen organizados oficialmente. Se reconocía a una persona como miembro de este grupo, no sólo porque era espiritual o piadosa (Gál. 6: 1), sino porque demostraba que poseía un don del Espíritu Santo en acción. Más tarde, en la literatura cristiana del siglo II, estas personas aparecen como pneumatikói, "espirituales". Finalmente desaparecieron, injustamente desacreditadas por la aparición de "falsos profetas" (1 Juan 4: 1) y por la presión de los dirigentes elegidos, los ancianos u obispos (ver pp. 28, 39). Una presentación más detallada de los dones del Espíritu, aparece en com. 1 Cor. 12.
Las diferentes relaciones y actividades de las personas que aquí se mencionan, indican que en la iglesia de Antioquía había un grupo cosmopolita de dirigentes. Bernabé era chipriota; Lucio, cirenio; Manaén, parece que era un aristócrata palestino; y Saulo, un rabino de Tarso de Cilicia.
Bernabé.
Ver com. cap. 4: 36; cf. cap. 9: 27; 11: 22.
Simón.
Simón es nombre judío. Niger es un adjetivo latino que significa "negro", y puede haberse referido a su tez oscura. Los judíos, además de su nombre propio, a menudo tenían otro de origen gentil, como se ve en los casos de Juan Marcos, Simón Pedro, José Bernabé y Saulo "también llamado Pablo" (ver com. vers. 9). Es posible que a Simón se le hubiera dado este segundo nombre para distinguirlo de otras personas que se llamaban del mismo modo.
Lucio de Cirene.
El hecho de que Lucio fuera de Cirene, sugiere que podría haber sido uno de los judíos que abundaban en esa provincia, y quizá uno de los "varones de Chipre y de Cirene" (cap. 11: 20) que habían estado entre los primeros en evangelizar a los gentiles de Antioquía. Posiblemente sea el mismo Lucio que aparece en Rom. 16: 21. Algunos autores, basándose que en Cirene había una famosa escuela de medicina y en la evidencia de las inscripciones que indica que el nombre Lucio se usaba como un sinónimo de Lucas, han identificado a este hombre con Lucas, el médico, autor de los Hechos. Sin embargo, tal identificación podría aceptarse con extrema cautela, ya que el nombre Lucio era muy común entre los romanos, y bien pudo llamarse así más de uno de los cristianos destacados.
Manaén.
Forma griega del nombre hebreo Menahem.
Se había criado... con.
Gr. súntrofos, palabra que podría indicar que Manaén era hermano adoptivo de Herodes, quizá para significar que la madre de Manaén amamantó a Herodes, o que fue criado con él, o, sencillamente, que de algún modo se relacionó con la corte de Herodes. "Herodes el tetrarca" debe ser Herodes Antipas (Mat. 14: 1; Luc. 3: 19; 23: 7-12; ver t. V, pp. 65-66), a quien Jesús una vez llamó "aquella zorra" (Luc. 13: 32). Josefo (Antigüedades xv. 10. 5) menciona a un esenio llamado Menahem o Manaén, que predijo que Herodes el Grande sería rey. En el Talmud aparece un Menahem que se supone estuvo al servicio de Herodes el Grande (Jagigah 16b). Todo esto parece sugerir que Manaén era un nombre predilecto de quienes mantenían buenas relaciones con la casa de Herodes. Herodes Antipas y su hermano Arquelao se educaron en Roma, y es posible que Manaén, quien aquí aparece en Antioquía, pudiera haberlos acompañado allí. No se sabe cómo ni cuándo llegó a creer en Jesús como Cristo. Su actividad como maestro cristiano en Antioquía presenta un notable contraste con la carrera de Herodes Antipas, el rey que mató a Juan el Bautista, se burló de Jesús, y algunos años antes del momento de este relato fue desterrado en forma vergonzosa a las Galias.
Saulo.
Saulo de Tarso se encuentra "entre los profetas" con resultados mucho mejores que el rey Saúl, mil años antes (1 Sam. 10: 11-12). El nombre de Saulo es el último de la lista. La construcción de este pasaje en griego podría sugerir, aunque no necesariamente, que los primeros tres que se mencionan eran profetas, y los dos últimos, maestros. Es posible que todavía no se hubiera manifestado en Saulo el don profético.
2.
Ministrando.
Gr. leitourgéÇ, "ministrar", "servir", palabra griega para describir el servicio prestado por un funcionario del Estado 278 y tanto en la LXX como en el NT, para referirse al ministerio de los sacerdotes y levitas en el santuario (Núm. 18: 2; Heb. 10: 11). Pablo la empleó en forma figurada para describir su ministerio a los gentiles, comparándose con un sacerdote que presentaba a los gentiles como ofrenda a Dios (Rom. 15: 16).
Al Señor.
El ministerio de los profetas y maestros de Antioquía -su obra de oración, exhortación y enseñanza-, estaba dedicado a Dios (cf. Rom. 14: 18; Col. 3: 24).
Ayunando
Fue un solemne acto de devoción de los varones de Antioquía cuando hicieron frente a la obra que les esperaba. Se ha dicho con razón que un estómago lleno no estudia con diligencia ni ora con fervor. Ver com. Mat. 4: 2-3
Dijo el Espíritu Santo.
Sin duda el Espíritu Santo expresó su voluntad por medio de los labios de los profetas, como en el cap. 20: 23.
Apartadme.
En el griego la partícula d' sigue a este verbo, para indicar que se trata de una orden precisa que debe cumplirse inmediatamente. Bernabé y Saulo debían ser apartados para una nueva obra.
A Bernabé y a Saulo.
Con referencia al compañerismo que ya existía entre Saulo y Bernabé, ver cap. 9: 27; 11: 25-26. Saulo fue designado desde el comienzo como "instrumento escogido" (cap. 9: 15), pues Dios lo había destinado a prestar grandes servicios misioneros. Debido a su previa amistad era lógico que Bernabé fuera elegido como colaborador de Saulo. Los dos habían estado hasta este momento entre los profetas y maestros de la iglesia; pero ahora, bajo la autorización de una orden inspirada, serían enviados en una misión diferente, y fueron consagrados para la obra del apostolado entre los gentiles.
Para la obra.
La orden básica provenía del Espíritu Santo, por lo cual es de suponerse que sería él quien dirigiría en términos generales a los apóstoles en la trayectoria de su primer viaje misionero. No hay indicación alguna de que la iglesia fue la que estudió los planes para este viaje misionero.
3.
Habiendo ayunado y orado.
La repetición de estas palabras sugieren que el ayuno (vers. 2) continuaba. La orden que se acababa de dar demandaba una vida espiritual ferviente, de la cual el ayuno era el comienzo, ayuno que deberían practicar con frecuencia. Se deduce que el ayuno concluyó con un solemne servicio de consagración.
Impusieron las manos.
Ver com. cap. 6: 6. Los apóstoles habían puesto las manos sobre los siete. Así también los profetas y los maestros de la iglesia de Antioquía reconocieron la divina comisión confiada a Saulo y a Bernabé, e imploraron para ellos la bendición divina.
4.
Enviados..
Aquí comienza el primer viaje misionero de Saulo (Pablo); ver mapa p. 280. Pablo y Bernabé fueron enviados bajo la dirección directa del Espíritu Santo, evidentemente con instrucciones específicas procedentes de esa fuente divina. Ver p. 3 l.
¿Cómo se sostendrían esos misioneros? No hay explicación alguna de que recibirían sueldo, ni de que se les hubiera dado dinero. Es probable que Pablo, como lo hizo más tarde (cap. 18: 3-4), trabajara en su oficio durante la semana, y predicara en las sinagogas el día sábado. Años después, escribiendo a los filipenses, Pablo declaró que había recibido poco sostén financiero (Fil. 4: 15-18). Según parece, la joven iglesia aún no había pensado que el diezmo, que siempre fue entregado a los levitas, podía usarse correctamente para pagar los gastos de los consagrados misioneros cristianos. Pero debe recordarse que aún no había una organización de hombres dedicados sólo al ministerio.
A Seleucia.
Esta ciudad que estaba cerca de la desembocadura del río Orontes, y que distaba unos 25 km de Antioquía, era el puerto marítimo de ésta. Llevaba el nombre de su fundador, Seleuco Nicator (m. 280 a.C.), el general de Alejandro que estableció el imperio seléucida. Ver mapa frente a p.33.
Navegaron a Chipre.
Bajo la dirección del Espíritu, los misioneros decidieron comenzar su tarea misionera en Chipre, probablemente porque allí había nacido Bernabé. La población de la isla era mayormente griega, y su diosa patrona era Venus o Afrodita. Su principal centro de culto se encontraba en Pafos, ciudad conocida por el libertinaje de las sacerdotisas prostitutas del templo de esa diosa. Muchos comentadores creen que el antiguo nombre de la isla fue Quitim (Gén. 10: 4; Isa. 23: 1, 12; ver t. I, p. 285). En Chipre había minas de cobre, en latín cuprum, de donde deriva su nombre. Situadas a corta distancia de la costa de Siria, habían atraído a muchos judíos a Chipre. Es probable que el Evangelio ya hubiera sido predicado entre 279 ellos por los primeros evangelistas cristianos (cap. 11: 19). También es probable que algunos chipriotas que se convirtieron el día de Pentecostés hubieran llevado el mensaje cristiano a su patria cuando regresaron.
5.
Salamina.
Situada en el extremo oriental de la isla, era el puerto chipriota más cercano a Seleucia.
Anunciaban.
Predicaron directamente de las Escrituras del AT, proclamando el mensaje del Mesías crucificado y resucitado (cf. vers. 12).
Las sinagogas.
El plural "sinagogas" sugiere que había una numerosa población judía. Siguiendo su costumbre de predicar primero a los judíos (vers. 46), es natural que los apóstoles comenzaran su obra en las sinagogas. Los servicios de la sinagoga proporcionaban excelentes oportunidades para que predicaran visitantes como Saulo y Bernabé (ver t. V, pp. 57-59).
Juan.
Juan Marcos, "sobrino de Bernabé" (ver com. Col. 4: 10).
Ayudante.
Gr. hup'rét's, "subordinado" de cualquier clase (ver com. Hech. 5: 22; Luc. 4: 20). En el NT se emplea esta palabra para referirse al funcionario que ejecuta la sentencia impuesta por un juez (Mat. 5: 25), al jazzan de la sinagoga (ver t. V, p. 58), y a los funcionarios bajo el mando de los dirigentes judíos (Juan 7: 32). Lucas emplea este término dos veces más para designar a ministros del Evangelio (Luc. 1: 2; Hech. 26: 16). No se mencionan los deberes específicos de Marcos, pero evidentemente era un ayudante general en el ministerio de los dos apóstoles.
6.
Toda la isla.
Es probable que Pablo y Bernabé hubieran enseñado en varios lugares a medida que cruzaban la isla.
Pafos.
La ciudad de Pafos estaba en el extremo occidental de la isla. Hubo una antigua ciudad de Pafos, famosa por su santuario dedicado a Afrodita; pero en los días de Pablo se había construido una nueva ciudad a unos 11 km al noroeste. En ella estaba la sede del gobernador romano de Chipre. Pablo y Bernabé fueron a esa ciudad nueva.
Mago.
Gr. mágos, palabra de origen persa, empleada en un principio para designar a cierta clase de medos que desempeñaban funciones sacerdotales en la religión de Ormuz. Estos magos eran personas dignas y respetables. Los "magos" que vinieron a Belén a ver al niño Jesús eran de esta clase de personas (ver com. Mat. 2: 1). Pero en el siglo V a. C. el término ya se aplicaba también al "hechicero". El poeta griego Sófocles hace que Edipo se burle de Teiresias llamándolo "mago", una persona que practicaba magia (Edipo Rey 387). En relación con Simón, el mago de Samaria, Lucas emplea el verbo de la misma raíz (Hech. 8: 9). Parece que aquí usa el vocablo magos en un sentido general en relación con "falso profeta", para indicar que Barjesús, aunque ocupaba un puesto de influencia cerca del gobernador, no era digno de confianza.
Falso profeta.
La decadencia en la práctica de la verdadera revelación produce falsos profetas, quienes a su vez aceleran la decadencia.
Judío.
Parece que entre los judíos no era raro que aparecieran personas que se dedicaban a la magia (Simón el mago, Hech. 8; los siete hijos de Esceva, cap. 19: 13-15; ver también un ejemplo en el Talmud Berakoth 59a). Trabajaban basándose en parte en el prestigio religioso de su raza; se jactaban además de que sus libros sagrados de encantamientos y hechizos los habían recibido de Salomón.
BarJesús.
Este nombre aparece escrito de diferentes maneras en los manuscritos griegos, sin embargo es evidente que se trata de un nombre judío. Aunque no se sabe con seguridad la ortografía griega, no hay duda de que el significado del nombre sea "hijo de Josué" (ver com. Mat. 1: 1).
7.
Procónsul.
Gr. anthúpatos, equivalente al título romano "procónsul". Augusto dividió las provincias romanas en dos clases (27 a. C.). Las que necesitaban control militar estaban bajo el emperador como comandante de las legiones, y eran gobernadas por propretores y procuradores; las provincias más pacíficas eran regidas por el senado, y estaban gobernadas por procónsules. Chipre había sido una provincia imperial (Estrabón, Geografía xiv. 6. 6); pero más tarde fue asignada de nuevo al senado (Dión Casio, Historia romana iii. 12. 7), y, por lo tanto, en los días de Pablo era gobernada por un procónsul. El que se hayan encontrado monedas de Chipre de los días de Claudio, y que den el título de procónsul a Cominio Procio, gobernador local, es otra demostración de que en la isla había un gobierno proconsular. Como en otros pasajes, Lucas tiene cuidado de usar los títulos correctos de los funcionarios que aparecen en su relato (ver com. Hech. 23: 24; cf. com. Mal. 27: 2; Luc. 2: 2). 281
PRIMER VIAJE MISIONERO DE PABLO
Sergio Paulo.
Este nombre aparece en varios manuscritos e inscripciones de la antigüedad, pero no puede afirmarse que alguno de ellos se refiera al Sergio Paulo de este relato. En una inscripción latina del año 35 d. C., en la cual aparece un grupo de hermanos Arval, sacerdotes guardianes del río Tíber, figura el nombre L[ucius] Sergius Paullus. Aunque no es posible identificarlo definidamente con el Sergio Paulo de Hechos, existe la posibilidad de que hubiera sido sacerdote en Roma antes de ser enviado a Chipre. Otra inscripción hallada en Soli, Chipre, dice que fue escrita en tiempos de "Paulus, procónsul". Algunos eruditos han querido identificar a este procónsul con el Sergio Paulo de Hechos; pero su fecha no concuerda con la del primer viaje misionero de Pablo. Probablemente se refiera a un procónsul que gobernó varias décadas antes. Se ha pensado que Plinio el Viejo, quien escribió alrededor del año 90 d. C., presentaba como principal autoridad para algunos datos de su Historia natural a un tal Sergio Paulo; pero al estudiar cuidadosamente los manuscritos se llega a la conclusión de que la persona que allí se menciona es Sergius Plautus. Por lo tanto, fuera de lo registrado por Lucas, nada se sabe con certeza acerca del Sergio Paulo de Hechos.
Varón prudente.
Este adjetivo destaca inteligencia y discernimiento, como en Mat. 11: 25; Luc. 10: 21; 1 Cor. 1: 19. La presencia de Elimas junto a Sergio Paulo significa que el procónsul era un hombre de mente inquisitiva. Esta característica la demostró, sin duda, cuando deseó oír a Bernabé y a Saulo; y demostró su prudencia cuando reconoció la superioridad del carácter de los misioneros. Es, pues, difícil que hubiera estado bajo el dominio del mago.
8.
Elimas.
Se ha conjeturado mucho en cuanto al significado de este nombre; pero los eruditos no han llegado a ninguna conclusión. Es posible que sea una palabra semítica de la misma raíz de la palabra árabe que se traduce como "hechicero" ('alim), en cuyo caso "Elimas" no sería una traducción de "Bar jesús" sino una identificación de éste como hechicero. Algunos piensan que este hechicero es el mismo que aparece en Antigüedades xx. 7. 2; pero éste se llama Simón nacido en Chipre.
El mago.
Ver com. vers. 6.
Procurando apartar.
El hechicero temía perder la influencia que creía ejercer sobre el procónsul. Veía que su víctima estaba por liberarse al dejar de creer en la hechicería para ejercer fe en el Evangelio. Elimas estaba decidido a impedir ese cambio. Janes y Jambres también se opusieron a Moisés (2 Tim. 3: 8) en circunstancias muy similares y con el mismo afán satánico.
Hasta este momento Sergio Paulo no había aceptado la doctrina de Cristo, aunque es probable que él y Elimas hubieran oído muchos informes acerca del mensaje de los apóstoles desde que éstos llegaron a Salamina. El mago vio que se había despertado el interés del procónsul, y quería desviar su atención para que no enviase a buscar a Bernabé y a Saulo. Pero el procónsul estaba resuelto, e hizo que los apóstoles se presentaran delante de él.
9.
También es Pablo.
Aquí se emplea por primera vez el nombre por el cual se conoce mejor al apóstol de los gentiles. En la segunda Nota Adicional del cap. 7 se presenta un estudio de los nombres Saulo y Pablo.
Lleno del Espíritu Santo.
El tiempo del participio griego que se emplea aquí sugiere que Pablo súbitamente fue henchido del Espíritu Santo para que pudiera hacer frente a la crisis de ese momento. Así pudo apreciar bien el carácter de Elimas. Sintió santa indignación y previó el castigo divino que debía ser aplicado. El Espíritu evidentemente le reveló al apóstol el castigo que caería sobre Elimas. Dios también le reveló a Pablo que se cumpliría lo que estaba a punto de decir.
Fijando en él los ojos.
Gr. atenízÇ, "mirar fijamente". Se ha sugerido que una mirada tal era necesaria porque la vista de Pablo quedó afectada por la deslumbrante luz que vio en el camino a Damasco; pero Lucas emplea este verbo repetidas veces para referirse a la mirada fija de personas con vista normal, que contemplaban con asombro o en forma escrutadora (Hech. 3: 4; Luc. 4: 20; 22: 56). Era necesario observar a Elimas, porque estaba listo para cm picar cualquier medio posible a fin de desacreditar a los apóstoles. Pablo lo miró con fijeza y lo reprendió duramente.
10.
De todo engaño y de toda maldad.
La palabra traducida como "maldad" sólo aparece aquí en el NT. Su sentido primitivo es "facilidad de obrar", pero fuera del NT se la usa para referirse a "maldad", "engaño". "falta de escrúpulos". Pablo fue explícito y directo en su condenación a Elimas. Lleno 282 del Espíritu Santo, condenó al mago con dureza y con razón. Muchos piensan que un cristiano lleno del Espíritu debe mostrar sólo los frutos relativamente pasivos del Espíritu, que son enumerados por Pablo en Gál. 5: 22-23. Pero el Espíritu también hace que sus mensajeros identifiquen y definan francamente el pecado y lo condenen con palabras bien claras. Pablo, lleno del Espíritu, hizo esto en el caso de Elimas.
Hijo del diablo.
Ver com. Juan 8: 44. El diablo es el padre de la mentira, y Elimas, que se ocupaba de engañar, también merecía este duro calificativo. Si el nombre Barjesús significa "hijo de Josué" (nombre éste que significa "Jehová es salvación"; ver com. vers. 6; com. Exo. 17: 9), entonces la forma en que Pablo lo califica establece un notable contraste.
Enemigo de toda justicia.
Pablo se dio cuenta que el procónsul tenía un ferviente deseo de conocer la verdad, y su ira se encendió contra Elimas por estar estorbando ese deseo.
Trastornar los caminos rectos.
La influencia de Elimas impedía y torcía el camino de Dios; las sendas rectas de Dios las estaba convirtiendo en las veredas torcidas de la astucia humana. Era algo completamente opuesto a lo que describió Isaías (cap. 40: 4) como la verdadera preparación del camino del Señor, que consiste en enderezar lo torcido.
11.
La mano del Señor.
Ver com. Hech. 11: 21; cf. Exo. 9: 3; Juec. 2: 15. Es probable que Sergio Paulo hubiera estado preguntando a Elimas en cuanto a la fe Judía; pero en vez de enseñarle al procónsul a conocer a Dios, lo había extraviado con sus engaños. La mano del Señor, cuyos caminos Elimas había pervertido, estaba a punto de caer sobre él.
Serás ciego.
Era un castigo muy apropiado, pues Elimas había luchado contra la luz de la verdad. Su castigo presenta un agudo contraste con la experiencia previa del apóstol. Pablo había quedado ciego físicamente, pero interiormente había sido dominado por la luz del cielo (ver com. cap. 9: 9). Elimas, ciego y a oscuras por un tiempo, podría también recibir la Luz que alumbra a todos los hombres (Juan 1: 9).
Por algún tiempo.
La ceguera, sólo transitoria, significa que no era apenas un castigo, sino que también debía servir como remedio. El castigo de Elimas fue menor que el de Ananías y Safira, porque la conducta de éstos, si continuaba, habría arruinado a la iglesia. El pecado de Ananías y Safira fue cometido contra una luz mayor que la que había recibido el mago de Chipre.
Oscuridad y tinieblas.
En el texto griego la primera palabra indica una oscuridad menor que la siguiente, por eso algunos han sugerido que se trata de una progresión: que la vista de Elimas se fue oscureciendo poco a poco. Pero también se puede entender como un paralelismo, para destacar la idea de oscuridad o de tinieblas. La palabra que se traduce como "oscuridad" se emplea en la literatura médica para referirse a oscurecimiento de la vista, lo cual ha hecho pensar que Lucas empleó esta palabra como médico (ver Col. 4: 14; cf. com. Hech. 9: 18).
Quien le condujese.
Elimas había utilizado en forma egoísta y engañosa el conocimiento que tenía, para extraviar a otros, para su propia ventaja. Ahora debía buscar a otros para que lo guiasen; pero caminó a tientas porque un hombre como él no querría demostrar hasta qué punto se habían cumplido las palabras del apóstol contra él.
12.
El procónsul.
El procónsul vio el milagro, y escuchó las palabras que Pablo había pronunciado. Creyó que los apóstoles habían demostrado un poder mayor, y aceptó su mensaje, que evidentemente era muy superior al que Elimas le había estado enseñando.
Maravillado.
"Pasmado". Se emplea la misma palabra que en Mat. 7: 28, para describir la emoción de quienes escuchaban felices el Evangelio.
La doctrina del Señor.
Es decir, la enseñanza acerca de Jesucristo.
13.
Pablo y sus compañeros.
Literalmente "los que rodeaban a Pablo". A partir de este momento Pablo es reconocido como el líder de la misión, y el apóstol a los gentiles se convierte en la figura central de casi todas las escenas del libro de los Hechos.
Perge de Panfilia.
Panfilia era una pequeña región en la parte central de la costa sur del Asia Menor. En el año 43 d. C., poco antes de la visita de Pablo, fue unida con Licia, su vecina occidental, para formar una provincia imperial. Perge era la ciudad principal, y estaba ubicada a unos 12 km del mar, a orillas del río Cestro. Lucas no registra que en esa ocasión se hiciera alguna obra evangelística en Perge, quizá porque allí no había sinagogas. Posiblemente la aflicción por causa 283 de la partida de Juan Marcos hubiera hecho que Pablo y Bernabé siguieran su viaje. Pero a su regreso predicaron en Perge (cap. 14: 25). Ver mapa p. 280.
Juan... volvió.
Es decir, Juan Marcos (ver com. vers. 5). No se dice cuál fue la razón por la cual Juan Marcos se fue. Probablemente temía los peligros y las dificultades que se presentarían en el interior de Asia Menor.
Es probable que Juan Marcos sea el que escribió el segundo Evangelio. Más tarde se convirtió en un ferviente obrero de Cristo. Pablo habló más tarde con afecto acerca de él (Col. 4: 10), y deseó verlo durante su último encarcelamiento (2 Tim. 4: 11). Si Lucas sabía la razón por la cual Juan Marcos se fue, es posible que el respeto por el éxito de sus labores posteriores hubiera hecho que desistiera de mencionarla.
14.
Pasando de Perge.
O "pasando por Perge". La ruta de Pablo y de Bernabé llevaba al norte, a la provincia de Galacia, quizá a lo largo de uno de los brazos del río Cestro. Para llegar a Antioquía cruzaron toda Panfilia y la parte sudoccidental de Galacia. Ver mapa p. 280.
Antioquía.
Pisidia era nada más que una región en los días de Pablo; se convirtió en provincia sólo a fines del siglo III d. C. Esta Antioquía no estaba en Pisidia, sino cerca, en la región de Frigia. En el año 39 a. C. había sido conquistada por el rey de Pisidia, y desde entonces fue conocida como Antioquía de Pisidia para distinguirla de otras ciudades del mismo nombre. En los tiempos del NT formaba parte de la provincia de Galacia.
Antioquía era una de las muchas ciudades construidas por Seleuco Nicator (m. c. 280 a. C.), quien le puso el nombre en honor de su padre Antíoco. La ciudad estaba en las estribaciones inferiores de los montes Tauro, a una altura de algo más de 1.000 m sobre el nivel del mar. En el tiempo de Augusto se había concedido a sus habitantes una forma de ciudadanía romana. Es probable que en Antioquía hubiera una población judía considerable, lo que aparentemente había hecho que los gentiles se interesaran en el judaísmo (vers. 42).
En este viaje Pablo y sus compañeros quizá estuvieron expuestos a "peligros de ladrones", de los cuales habla en 2 Cor. 11: 26. Pisidia, por donde debían cruzar para llegar a Antioquía, era un territorio montañoso. Estrabón (m. c. 24 d. C.) escribió: "la gente de Panfilia no se abstiene totalmente de la piratería" (Geografia xii. 7. 2).
La sinagoga.
Aunque Pablo era el apóstol de los gentiles, siempre iba primero a las sinagogas (ver com. cap. 13: 5, 14), donde con frecuencia se le brindaba la oportunidad de hablar a los visitantes (ver t. V, pp. 57-59). La organización de la sinagoga excluía todo tipo de ceremonia sacerdotal y la predicación de los laicos era habitual para los que estuvieran preparados para efectuarla. Ni los ancianos ni los escribas de la sinagoga tenían que ser de la tribu de Leví, lo que era necesario para ser sacerdotes en el templo.
Un día de reposo.
Pablo, como su Señor (Luc. 4: 16), tenía la costumbre de asistir a los servicios de la sinagoga en día sábado (Hech. 13: 42-44; 17: 2; 18: 4; cf. cap. 16: 13). Es evidente que en esto el apóstol Pablo tenía un doble propósito: deseaba tener un contacto espiritual eficaz con los judíos (ver com. "sinagoga"), y guardar el día sábado "conforme al mandamiento" (Luc. 23: 56).
15.
La lectura de la ley.
Respecto a la lectura de la ley y de los profetas en los servicios de la sinagoga, ver t. V, p. 59. Estas lecturas eran a menudo la base del sermón que seguía. Aunque no es posible asegurar cuáles fueron las lecturas de este sábado en particular, es interesante notar que en los vers. 17 y 18 se encuentran ciertas palabras claves que también están en Isa. 1: 2 y Deut. 1: 31, pasajes que todavía se leen juntos el sábado en el servicio de la sinagoga (ver com. Hech. 13: 17-18). Esto parece sugerir que estos dos pasajes, en los cuales se encuentran temas parecidos, también pudieron haberse leído juntos en los tiempos de Pablo. Sin embargo, como no hay ninguna evidencia de que en el momento de ocurrir lo que aquí se relata existiera ya un ciclo fijo para las lecturas sabáticas (ver Nota Adicional de Luc. 4), es dudoso cualquier intento de determinar el tiempo del año citando Pablo estuvo en Antioquía, basándose en la fecha en la cual estos pasajes se leían juntos.
Los principales de la sinagoga.
Gr. arjisunágÇgos, término empleado por paganos y también por los judíos. En Tracia se descubrió una inscripción pagana en la cual se aplica este título al presidente de una asociación de peluqueros. En los círculos judíos, esta designación correspondía con la frase hebrea ro´sh hakkenéseth, "cabeza de la asamblea", funcionario que era uno de los principales 284 dirigentes de la comunidad judía. Su principal deber, como se refleja aquí, era hacer los arreglos necesarios para la celebración de los cultos en la sinagoga. Escogía a los que habían de ofrecer las oraciones, leer las Escrituras y presentar el sermón (ver t. V, p. 58). La práctica común parece haber sido tener sólo uno de estos funcionarios en cada congregación; sin embargo, en este pasaje se insinúa que en algunos casos había un grupo de dichos funcionarios para dirigir los asuntos de la sinagoga.
"Los principales de la sinagoga" sin duda vieron a Pablo y a Bernabé en la congregación, y quizá al enterarse de que Pablo tenía preparación rabínica, invitaron al apóstol a hablar, ya que era parte de sus deberes oficiales el extender tales invitaciones.
Varones hermanos.
Era una forma cortés de dirigirse al público. Cf. cap. 1: 16; 2: 37.
Exhortación.
Esta palabra también equivale a "consolación". Bernabé era llamado "hijo de consolación" [o de "exhortación", BJ] (ver com. cap. 4: 36). Se usa aquí la misma palabra.
16.
Señal de silencio con la mano.
Ver Hech. 12: 17.
Varones israelitas.
Cuando se toma en cuenta el público, el contenido y el propósito, no es de sorprenderse que este discurso de Pablo en Antioquía, el de Pedro en Pentecostés y la defensa de Esteban, sean similares. Pablo había oído la defensa de Esteban, y sus visiones en Damasco (cap. 9: 3-7) y en Jerusalén (cap. 22: 17-21), habían confirmado las verdades que Esteban había pronunciado. Pablo habla ahora con confianza acerca de la verdad de la resurrección.
Los que teméis a Dios.
Entre el público que escuchaba a Pablo parecen haber estado presentes gentiles, o por lo menos prosélitos (ver com. cap. 10: 2; cf. cap. 13: 42).
17.
El Dios de este pueblo.
Pablo comenzó su discurso en una forma muy similar a la de Esteban. El enfoque judío de la religión era más bien histórico que teológico. Por eso Pablo comienza con no resumen de los principales hechos de la historia de Israel, tema que los judíos nunca se cansaban de escuchar. Este enfoque también demostraba que los apóstoles reconocían que los hebreos eran el pueblo escogido de Dios.
Enalteció.
Gr. hupsóÇ, "enaltecer", "exaltar", "engrandecer". Este mismo verbo aparece en la LXX en Isa. 1:2. En este caso posiblemente fuera no eco de la haftarah, la porción que se leía de los profetas y que quizá acababa de ser escuchada (ver com. Hech. 13: 15; cf. com. vers. 18).
Con brazo levantado.
Es decir, con demostración de poder.
18.
Cuarenta años.
El tiempo que transcurrió desde que los hebreos salieron de Egipto hasta que llegaron a Canaán (Exo. 16: 35; Núm. 14: 33-34; Deut. 8: 2-4).
Los soportó.
Aunque la evidencia textual sugiere (cf. p. 10) el texto "los soportó", muchos MSS dicen "los cuidó". La diferencia en el griego entre los dos verbos es mínima. La misma variante aparece en los MSS de la LXX en Deut. 1: 31, donde el hebreo dice "los llevó". Es posible que Pablo se estuviera refiriendo más bien al cuidado que tuvo Dios para con Israel y no a la paciencia divina. La aparente relación entre este versículo y Deut. 1: 31 puede no ser una coincidencia, puesto que este pasaje pudo haber estado en la parte de la ley (parashah) que se había leído antes de que Pablo comenzara a hablar (ver t. V, p. 59; com. Hech. 13: 15; cf. com. vers. 17).
19.
Siete naciones.
En Deut. 7: 1 se enumeran las siete naciones que Israel debería desplazar o destruir: los heteos (hititas), los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos.
20.
Cuatrocientos cincuenta años.
La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) el texto: "Les dio su tierra como heredad como cuatrocientos cincuenta años. Y después les dio Jueces hasta Samuel el profeta". Con referencia a la importancia de este pasaje para la reconstrucción de la cronología hebrea, ver t. I, p. 203.
Jueces.
El primer plan de Dios para el gobierno de su pueblo en Canaán fue el de Jueces itinerantes. Cuando los israelitas se rebelaron contra ese plan divino fue que Dios les dio un rey como "todas las naciones" (1 Sam. 8: 5-9).
21.
Pidieron rey.
Los antepasados de los oyentes judíos de Pablo rechazaron a Dios cuando hicieron esto (1 Sam. 8: 7). El apóstol pronto les diría (Hech. 13: 23-28) que sus compatriotas también habían rechazado a Jesús como el Mesías. La expectativa de un Mesías rey, a quien los judíos de los días de Pablo esperaban en vano, los había hecho cometer un pecado similar al de sus antepasados.
Saúl.
Pablo, el que les hablaba, también se 285 llamaba Saúl (Saulo), y era de la tribu de Benjamín (cf. Fil. 3: 5).
Cuarenta años.
En el AT no se da la duración del reinado de Saúl, pero Isboset, hijo menor de Saúl (ver com. 1 Crón. 8: 33), tenía 40 años cuando murió Saúl (2 Sam. 2: 10), y éste era joven cuando lo eligieron rey (1 Sam. 9: 2). Josefo (Antigüedades vi. 14. 9) dice que Saúl reinó 18 años antes de la muerte de Samuel y 22 años después de ese momento, lo que concordaría con la afirmación de Pablo. Ver com. 1 Sam. 13: 1.
22.
He hallado a David.
Aquí Pablo hace una cita compuesta, al estilo rabínico, de Sal. 89: 20 y 1 Sam. 13: 14.
Conforme a mi corazón.
Ver 1 Sam. 13: 14. David fue ungido rey porque era un varón conforme al corazón de Dios. El propósito de su corazón era servir a Dios (Sal. 57: 7; 108: 1), y cuando pecó, se arrepintió sincera y humildemente (Sal. 32: 5-7; 51: 1-17). "El carácter se da a conocer, no por las obras buenas o malas que de vez en cuando se ejecutan, sino por la tendencia de las palabras y de los actos en la vida diaria" (CC 58).
Hará todo lo que yo quiero.
Esta frase recuerda lo que se dice de Ciro en Isa. 44: 28. Aquí se presenta el requisito básico para ser aceptado por Dios como siervo útil (cf. Luc. 22: 42; Juan 14: 15; Heb. 10: 9). El que entre en el reino de los cielos no será el que haga grandes obras, sino el que cumpla la voluntad del Padre celestial (Mat. 7: 21-23).
23.
Conforme a la promesa.
Una referencia general a las promesas mesiánicas, y quizá más específicamente a pasajes como 2 Sam. 22: 51; Sal. 132: 11; cf. Hech. 2: 30.
Levantó.
La evidencia textual (cf. p. 10) favorece el texto "trajo" o "condujo", es decir, "suscitó", y no "levantó", con el sentido de "resucitó".
Jesús por Salvador a Israel.
El nombre Jesús significa "Jehová es salvación" (ver com. Mat. 1: 1). De este modo Pablo podía presentarlo en forma muy apropiada como Salvador. Es probable que el nombre de Jesús no fuera enteramente desconocido, aun en las distantes regiones de Pisidia. Cualquier judío que hubiera ido a una fiesta en Jerusalén en años recientes habría oído acerca de Jesús. Por la forma de hablar, Pablo parece haber supuesto que sus oyentes tenían por lo menos un conocimiento vago de Jesús, y ofreció darles una mayor instrucción.
24.
Bautismo de arrepentimiento.
Ver Mat. 3: 1-12. El mensaje de Juan era esencialmente una exhortación al arrepentimiento, como preparación para la venida del Mesías; por lo tanto, su bautismo significaba arrepentimiento y perdón del pecado (Luc. 3: 3). En cuanto a la distinción entre el bautismo de Juan y el conocimiento espiritual de los que eran bautizados por él, en comparación con el bautismo en el nombre de Jesús, ver Hech. 19: 1-7.
25.
¿Quién pensáis?
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "¿qué pensáis que soy?" Esta pregunta no se encuentra en los Evangelios. Las palabras de Juan aparecen en Mat. 3: 11; Mat. 1: 7; Luc. 13: 16; Juan 1: 20-21, 27.
26.
Varones hermanos.
Ver com. vers. 15.
Linaje de Abraham.
"Raza de Abraham" (BJ)
Los que... teméis a Dios.
Ver com. vers. 16.
A vosotros.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) el texto "a nosotros". Esto concordaría con la frase "Dios... escogió a nuestros padres" (vers. 17). Es evidente que en todo este discurso Pablo procuró no herir la sensibilidad religiosa de los judíos. Siempre que podía hacerlo con honestidad, se colocaba en el mismo lugar de sus oyentes.
Esta salvación.
En relación con el vers. 23, el adjetivo demostrativo hace claro que la salvación que Pablo predicaba estaba basada sobre la obra de Jesucristo y se obtenía mediante la unión con él.
27.
No conociendo a Jesús.
Ver cap. 3: 17. Pablo da a entender que ahora estaba predicando a los gentiles y a los judíos de la dispersión, porque el ofrecimiento de salvación había sido rechazado por quienes normalmente deberían haberla aceptado, y que de haberlo hecho así se habrían convertido en testigos para los que estaban "lejos" (Efe. 2: 17) tanto geográfica como espiritualmente.
Se leen todos los días de reposo.
Ver com. vers. 15. Pablo recurrió a las lecturas que se hacían cada sábado en la sinagoga para que testificaran del Mesías sufriente, quien no era otro que Jesús. El pensamiento de un Mesías tal se oponía diametralmente al concepto de un Mesías rey, lo cual impedía a los judíos a aceptar el Evangelio.
Las cumplieron.
Pablo usa las Escrituras hebreas para convencer a los judíos de que habían pecado al crucificar a Cristo. Afirma que los judíos mismos habían hecho cumplir 286 las profecías mesiánicas. Cf. com. Luc. 24: 26-27, 32.
28.
Causa digna de muerte.
El sanedrín había condenado a Jesús por el supuesto delito de blasfemia (Mat. 26: 65-66); pero no pudo presentar pruebas concluyentes para fundamentar la acusación (vers. 59-60). Cuando vinieron delante de Pilato, vacilaron en presentar esa acusación y se conformaron con decir, en términos generales, que lo habían condenado como malhechor (Juan 18: 30). Después, en presencia del vacilante Pilato, añadieron que según su ley debía morir porque se había hecho Hijo de Dios (Juan 19: 7), y que, además, al hacerse rey había actuado contra el emperador (Juan 19: 12). Sin embargo, Pilato dijo que no había hallado en él "ningún delito digno de muerte" (Luc. 23: 22). Cristo "no hizo pecado" (1 Ped. 2: 22).
29.
Habiendo cumplido todas las cosas.
Jesús había cumplido todas las profecías que anticipaban el cruel tratamiento que sufriría y las demás circunstancias que rodearían su muerte.
Quitándolo.
Pablo parece estar diciendo, en este contexto, que los mismos hombres que habían condenado a Jesús también lo bajaron del madero. En realidad, quienes lo bajaron y sepultaron fueron José de Arimatea y Nicodemo, dos destacados judíos, los cuales no estuvieron implicados en la condenación de Jesús (Luc. 23: 50-51; cf. Juan 19: 39). De una u otra manera es claro que los dirigentes judíos sí habían expresado el deseo de que el cuerpo de Jesús fuera quitado de la cruz Juan 19: 3l). En vista de todo esto puede entenderse que en este breve resumen Pablo estaba presentando generalizaciones.
Madero.
Ver com. cap. 5: 30.
30.
Dios le levantó.
Ver com. Hech. 2: 32; cf. com. Juan 5: 26; 10: 17-18. Pablo presentó la resurrección de Jesús como una prueba de que Dios había cumplido la promesa que le había hecho a Abrahán y a David, en cuanto a la "simiente" en quien serían benditas todas las naciones de la tierra (Gén. 12: 1-3). En otro pasaje Pablo dice que Jesús "fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos" (Rom. 1: 4). Como en todas las presentaciones de los apóstoles en los primeros días de la joven iglesia, el tema de la resurrección era -y es- necesario en la presentación del argumento evangélico. La resurrección era la prueba de que Jesús era el Mesías.
31.
Muchos días.
Pablo habla como quien ha conversado con los testigos y se ha convencido de que su testimonio es verídico. Lo que dice en este pasaje aparece más extensamente en 1 Cor. 15: 3-8. Ver Nota Adicional de Mat. 28.
De Galilea a Jerusalén.
Los apóstoles y la mayor parte de los seguidores de Jesús eran de Galilea. Por eso aun antes de la crucifixión el pueblo llamó a sus seguidores "galileos" (Mar. 14: 70). Pablo confirma este antecedente galileo a pesar del desprecio oficial y popular por los que eran de Galilea (Juan 7: 52; cf. cap. 1: 46).
Ahora son sus testigos.
Pablo no ha mencionado la ascensión de Jesús; pero dice tácitamente que Jesús ya no estaba en la tierra para ser visto de los hombres. Se destaca, por lo tanto, el testimonio presentado por los que habían estado con Cristo durante su vida terrenal. Según parece, en esta ocasión Pablo no dijo que él había visto a su Señor resucitado (cf. 1 Cor. 15: 8).
El pueblo.
Es decir, los judíos, a quienes los apóstoles aún predicaban preferentemente el Evangelio (cap. 26: 17, 23).
32..
Os anunciamos el evangelio.
Gr. euaggelízomai, "proclamar buenas nuevas", es decir, "proclamar el evangelio" (ver com. cap. 5: 42). Pablo afirma que los doce eran testigos de Jesús, pero que él y Bernabé eran sus evangelistas, los portadores de las buenas nuevas.
Promesa.
La promesa de la profecía se convierte en las "buenas nuevas" del Evangelio. La promesa y el Evangelio son una sola cosa.
33.
Ha cumplido.
Gr. ekpléróÇ, "cumplir", "completar".
Resucitando a Jesús.
Estas palabras parecen referirse naturalmente a la resurrección de Jesús; pero entonces surge un problema en cuanto a la aplicación de la cita del Sal. 2 que se da a continuación (ver com. "hoy"). Por lo tanto, muchos comentadores entienden que con ellas no se alude a la resurrección de Jesús, sino a la forma en que Dios hizo que Cristo viniera a este mundo. Por eso les dan el sentido que tienen en los cap. 3: 22; 7: 37. Ver com. Deut. 18: 15.
Salmo segundo.
La cita es de Sal. 2: 7. La evidencia textual sugiere (cf. p. 10) el texto "segundo"; sin embargo, hay varios manuscritos que dicen "primero". Debe señalarse que en los tiempos antiguos muchas veces se 287 contaban como uno los Salmos 1 y 2, por lo cual este pasaje se habría encontrado en el "salmo primero".
Mi hijo.
Ver com. Luc. 1: 35.
Hoy.
La cita de Sal. 2: 7 se ha entendido de diversas maneras dentro del contexto de este pasaje. Algunos intérpretes consideran que se refiere directamente a la resurrección de Jesús; para otros, el Sal. 2 fue en su contexto histórico original un canto de triunfo escrito para celebrar la victoria de un rey de Israel. La victoria de ese día había probado que el rey era un "hijo" escogido de Dios, y el día mismo fue señalado como día de un nuevo engendramiento o manifestación de que era hijo. Pablo aplica por inspiración las palabras de este salmo a Cristo como el Rey de Israel y como Hijo de Dios en un sentido especial, y a su resurrección (cf. com. Deut. 18: 15). Los creyentes cristianos hicieron de la resurrección el fundamento de su creencia de que Cristo era el Hijo. Cristo fue "el primogénito de los muertos" (Apoc. 1: 5), y se entiende que la resurrección le confirmó el título de "Hijo de Dios" Ver com. Luc. 1: 35.
Otra interpretación de este pasaje afirma que la "promesa" (Hech. 13: 32) se refiere en su sentido amplio a todas las promesas del AT que hablan de Cristo como Salvador, de las cuales la resurrección fue el cumplimiento culminante. Según esta posición, la cita de Sal. 2: 7 no se refiere directamente a la resurrección, sino a toda la vida de Jesús, que culminó con su resurrección. Tal posición sitúa esta cita dentro de un contexto similar al que se encuentra en Heb. 1: 5.
Otra interpretación diferente surge de entender que las palabras "resucitando a Jesús" (ver com. "resucitando a Jesús") no tratan de la resurrección sino de la encarnación. La cita de Sal. 2: 7 se referiría entonces claramente también a la encarnación, y estaría dentro del mismo contexto de Heb. 1: 5. En Hech. 13: 34 se habla específicamente de la resurrección.
34.
En cuanto a que le levantó.
Pablo se refiere directamente ahora a la resurrección, lo que podría indicar que en el versículo anterior aún no la había considerado en forma tan específica (ver com. vers. 33).
Corrupción.
No como Lázaro, quien después de ser resucitado tuvo que morir de nuevo. Aunque Cristo es para siempre "Jesucristo hombre" (1 Tim. 2: 5; cf. Heb. 2: 9-18), también es eternamente ensalzado y glorificado (1 Cor. 15: 20-25; Fil. 2: 9-11).
Misericordias fieles de David.
Pablo cita aquí a Isa. 55: 3. La frase griega es idéntica a la de la LXX, que seguramente usaban los judíos de Antioquía. La palabra griega que la RVR traduce como "misericordias fieles" es el plural de hósios, que suele traducirse como "santo", pero que como sustantivo plural se refiere a los decretos divinos en contraste con los estatutos humanos. La palabra jésed, que aparece en el hebreo en Isa. 55: 3 es una palabra de significado muy amplio, traducida perfectamente aquí como "misericordia fiel". Se refiere a la bondad divina manifestada en diferentes formas (ver Nota Adicional de Sal. 36). Entre las "misericordias Fieles" prometidas a David estaba la promesa de un reino eterno (2 Sam. 7: 16), que se cumplió por medio de Cristo, el Hijo de David. Esta interpretación de las "misericordias fieles de David" es confirmada por la parte de Isa. 55: 3 que no se cita: "Haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David". La victoria de Cristo, asegurada por la resurrección, fue un cumplimiento de este pacto y un punto crucial en el establecimiento del reino que se prometió a David.
35.
Tu Santo.
La cita es de Sal. 16: 10. En el griego se relaciona esta cita con la anterior mediante la repetición de la palabra hósios, "santo" (ver com. vers. 34). El argumento que Pablo presenta aquí es muy similar al de Pedro en el día de Pentecostés (cap. 2: 25-31 ). Expresa la tesis básica de la predicación apostólica.
Vea corrupción.
El hecho de que Cristo resucitó corporalmente al tercer día significa que su cuerpo, en contraste con el cuerpo de otros que mueren, no sufrió descomposición.
36.
Habiendo servido a su propia generación.
O "después de haber servido en sus días a los designios de Dios, murió". (BJ). Se sugiere un contraste entre el servicio limitado que uno puede prestar a sus semejantes, no importa cuán grande o poderoso pueda ser, y el servicio infinito, sin límites, de Jesús, Hijo del hombre, a toda la humanidad.
Según la voluntad de Dios.
La BJ traduce: "Después de haber servido en sus días a los designios de Dios, murió". También podría unirse esta frase con el verbo siguiente. Por lo tanto, las tres interpretaciones posibles serían: (1) David sirvió según la voluntad de Dios; (2) David sirvió al propósito de Dios; 288 (3)David murió según la voluntad de Dios cuando hubo terminado la obra de su vida. La palabra "voluntad" deriva del Gr. boul', "voluntad", "propósito", "consejo".
Durmió.
Pablo emplea aquí la acostumbrada terminología bíblica para describir la muerte (Hech. 7: 60; Juan 11: 11-14; 1 Tes. 4: 13-14). Los paganos creían que el sueño de la muerte era, eterno, como lo indican numerosos epitafios griegos y romanos.
37. A quien Dios levantó.
Ver com. vers. 30.
No vio corrupción.
Cf. vers. 35; cap. 2: 27. En contraste con el caso del reverenciado David, quien, a pesar de su elevada jerarquía en la historia hebrea, continuaba muerto.
38.
Sabed, pues.
La culminación del sermón con una aplicación directa al público era una característica de la predicación apostólica (cap. 2: 36; 7: 51).
Varones hermanos.
Ver com. vers. 15.
Se os anuncia.
El tiempo presente destaca el hecho de que en ese mismo momento se estaba anunciando el perdón.
Perdón de pecados.
Este mensaje del perdón de los pecados es la buena nueva del Evangelio, que produce regocijo en todos los corazones abrumados por el pecado (1 Juan 1: 9). Esta fue la nota tónica de la predicación de Pablo (Hech. 26: 18), y también la de Pedro (cap. 2: 38; 5: 31; 10: 43). Había sido el tema de Juan el Bautista (Mar. 1: 4) y el de Jesús (Mat. 9: 2, 6; Luc. 7: 47-48; 24: 47).
39.
La ley de Moisés.
Para los oyentes de Pablo, la ley de Moisés era la Torah -toda la ley contenida en el Pentateuco-, tal como era interpretada por los escribas.
No pudisteis ser justificados.
En relación con la impotencia de la ley, ver com. Rom. 3: 27-28; Gál. 2: 16-21. Este es el punto central de la enseñanza de Pablo. La ley presenta la norma suprema de justicia, y demanda completa obediencia; los sacrificios presentan cuán terrible es el pecado. Sin embargo, la ley no tiene poder para liberar la conciencia ni para impartir justicia. Desde que el hombre cayó, el propósito de la ley ha sido el de señalar el pecado o condenar (Rom. 7: 7), y no de librar a los seres humanos del pecado. Pablo había descubierto que la libertad de la culpabilidad, y la felicidad que viene a continuación, sólo podían obtenerse mediante la fe en Jesús. "El justo por su fe vivirá" (Hab. 2: 4; cf. Rom. 1: 17; Gál. 3: 11).
En él.
La justificación se obtiene mediante una relación vital con Cristo.
Es justificado.
El verbo cuya inflexión se ha traducido "es justificado", sólo aparece aquí en el libro de Hechos. Esta es la primera vez que se registra en el NT la doctrina de la justificación, tan característica en la teología de Pablo (Rom. 3: 21-26). En el contexto del perdón de los pecados, ser justificado significa básicamente ser perdonado, ser declarado inocente, ser puesto en correcta relación con Dios.
Todo aquel que cree.
Una declaración de aplicación tan personal como el Evangelio mismo.
40.
Mirad, pues.
Pablo presenta una solemne advertencia, sin la cual la predicación del Evangelio es sólo una presentación retórica.
Venga sobre vosotros.
Poco después de que se pronunciara la profecía de Habacuc, que está a punto de ser citada aquí, los caldeos bajo las órdenes de Nabucodonosor propinaron a la tierra y al pueblo de Judá un terrible castigo que culminó en el cautiverio babilónico. Esta cruel situación fue el resultado de la desobediencia de los hebreos a Dios. Pablo advirtió ahora a los judíos que no podían esperar mejor suerte si rechazaban a Jesucristo como el Mesías.
En los profetas.
Una referencia general a la sección profético del AT, de la cual forma parte Habacuc, profeta que Pablo cita a continuación. Ver com. Luc. 24: 44.
41.
Mirad, oh menospreciadores.
Esta es una cita de Hab. 1: 5, según la LXX.
Desapareced.
Así está en la LXX; el texto masorético usa el verbo hebreo tamah, "estar atónito".
Hago una obra.
Pablo aquí está por terminar su argumento y hacer una aplicación severa de lo que ha dicho. Si se continúa durante mucho tiempo haciendo el mal, el resultado es incredulidad y endurecimiento del corazón en contra de las advertencias. La "obra" de la cual hablaba Habacuc era el surgimiento de los caldeos, "nación cruel y presurosa"(Hab. 1: 6) para ejecutar el castigo de Dios. Es posible que Pablo hubiera estado pensando en un castigo similar ya predicho por Cristo, y que estaba por ser ejecutado por los romanos (Mat. 24: 2-20), y estrechamente relacionado con el rechazo de Jesús por la nación judía. Como sucedió con el discurso de Esteban (ver com. Hech. 7: 51), el penetrante tono de advertencia sugiere que 289 Pablo vio señales de enojo e impaciencia entre sus oyentes.
LA IGLESIA ANTES DE LOS VIAJES MISIONEROS DE PABLO
42.
Cuando salieron ellos.
Mejor "estando ellos fuera". Algunos MSS tardíos añaden "de la sinagoga".
Los gentiles les rogaron.
Si bien algunos MSS especifican que fueron los gentiles quienes "rogaban" (nótese el tiempo verbal que sugiere repetición e insistencia), la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto más sencillo: "rogaban". No se dice quiénes lo pedían, así que podría entenderse que eran tanto judíos como prosélitos, y no necesariamente sólo los gentiles, como lo sugiere la RVR basándose en el Textus Receptus (ver t. V, p. 143).
El siguiente día de reposo.
Gr. eis to metaxú sábbaton. Metaxú, como adverbio de tiempo, puede traducirse "entre" o "mientras tanto", o también "después". En este caso corresponde la segunda acepción, y el "sábado después" viene a ser el "siguiente día de reposo".
Cosas.
Gr. rh'mata, "palabras", y por extensión "discurso", "declaración". La gente necesitaba que se le presentara la doctrina cristiana en forma completa.
43.
Despedida la congregación.
Mientras Bernabé y Pablo se retiraban de la sinagoga, eran seguidos por muchos de sus oyentes judíos y no judíos.
Prosélitos piadosos.
Se ha debatido cuál sería exactamente la situación religiosa de estas personas. Es probable que fueran gentiles de nacimiento que se habían convertido al judaísmo. Tales personas eran sin duda comunes en las sinagogas de la diáspora (ver t. V, p. 64).
Les persuadían.
O "los instaban". El tiempo imperfecto del verbo griego sugiere que esta exhortación era la continuación de la que había comenzado en la sinagoga.
En la gracia de Dios.
En circunstancias similares Bernabé había instado a que hicieran lo mismo los conversos de Antioquía de Siria (cap. 11: 23). Aunque Lucas no dice que ya se habían convertido algunos en Antioquía de Pisidia, los apóstoles deben haber comprendido la intención de quienes preguntaban, y por eso los instaban a continuar "en la gracia de Dios" de la cual ya habían comenzado a participar.
44.
Casi toda la ciudad.
La predicación del Evangelio, ya fuera por Cristo en Palestina o por los Apóstoles en cualquier parte, no se hacía en secreto ni sólo a unos pocos. Numerosas multitudes oían la predicación y ciudades enteras eran instruidas y amonestadas. El contraste tácito entre "casi toda la ciudad" y "los judíos" (vers. 45) da a entender que había muchos gentiles entre la multitud.
Es evidente que la sinagoga judía donde se celebró la reunión al "siguiente día de reposo" no podía contener a la multitud, y por lo tanto debemos imaginarnos a los oyentes agolpados, junto a las puertas y las ventanas mientras los apóstoles hablaban adentro, o si no, a la multitud reunida al aire libre cerca de la sinagoga y escuchando lo que se le predicaba desde la puerta. Como Lucas no relata este discurso, podría suponerse que fue similar al sermón que Pablo había presentado la semana anterior.
La palabra de Dios.
Nótese el énfasis que se te da a la Palabra de Dios en los vers. 44, 46, 48. Pablo y Bernabé presentaron el Evangelio como el mensaje de Dios para sus oyentes.
45.
Los Judíos.
El número de judíos aparece en contraste con la gran multitud que había venido a escuchar a Pablo y a Bernabé, en la cual evidentemente había muchos gentiles (ver com. vers. 44).
Celos.
Gr. z'los, "celo", "envidia". Parece que dos factores influían en este sentimiento. Sin duda los judíos de Antioquía se sentían ofendidos de que dos recién llegados, como Pablo y Bernabé, pudieran atraer tanto interés entre los gentiles. También comprendían que a estos gentiles se los invitaba a tener los mismos privilegios religiosos de que disfrutaban los judíos, y esto les resultaba intolerable. Hacía mucho tiempo que habían pensado que ellos eran los únicos Hijos de Dios, y no podían aceptar ahora que los gentiles fueran también invitados a recibir la salvación bajo las mismas condiciones que ellos. Podían aceptar un mensaje como enviado de Dios y tolerar que se hicieran algunos cambios en sus enseñanzas y en su manera de hacer el culto; pero no podían soportar que los gentiles fueran delante de Dios iguales a su pueblo escogido. Este repudio, expresado por Pablo y Bernabé, de los privilegios exclusivos de los cuales los judíos estaban tan orgullosos, era más de lo que podían tolerar.
Contradiciendo y blasfemando.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la palabra "contradiciendo". Los judíos en Corinto se opusieron a los misioneros cristianos en forma similar (Hech. 18: 6). 290
46.
Hablando con denuedo.
Ver cap. 9: 27, 29; cf. cap. 13: 9-11.
Se os hablase primero.
Cristo había venido primero a lo suyo (Juan 1: 11), y sus mensajeros también proclamaron sus buenas nuevas primeramente a los judíos. El orden que se debía seguir al predicar el Evangelio era "al judío primeramente y también al griego" (Rom. 2: 10). La predicación a los judíos tenía el propósito de que se convirtieran en el medio para que pudieran ser "benditas todas las naciones de la tierra" por el conocimiento de la salvación por medio de Jesucristo (Gén. 22: 18). Rechazaron este privilegio; pero, de todos modos, el mensaje fue llevado a los gentiles.
No os juzgáis dignos.
En las palabras de Pablo se nota un dejo de ironía. Los judíos se creían dignos de las más grandes bendiciones de Dios, y los apóstoles les habían presentado la mayor bendición de todas: vida eterna por medio de Cristo Jesús. Pero en su exclusivismo y celoso orgullo, rechazaron el mensaje y demostraron ser indignos. Con su rechazo del Evangelio se condenaron a sí mismos.
A los gentiles.
Estas palabras eran un eco de lo que Pablo había oído en su visión en el templo en Jerusalén poco después de su conversión (cap. 22: 21). Los gentiles creyentes las escucharían con gozo; pero los judíos oirían con envidia.
47.
Te he puesto.
Se cita a Isa. 49: 6. Allí puede entenderse como referencia, primero, a Israel, y proféticamente a Cristo (ver com. Isa. 41: 8; 49: 6). Parece que los judíos le habían dado una aplicación mesiánica a este pasaje durante el período intertestamentario (los 400 años que transcurrieron entre Malaquías y Cristo), porque en el libro apócrifo de Enoc (cap. 48: 4) se afirma que el Mesías sería "la luz de los gentiles". Poco después del nacimiento de Jesús, el anciano Simeón aplicó directamente esta profecía al niño Jesús, y declaró que sería "luz para revelación a los gentiles" (Luc. 2: 32). En este caso, Pablo y Bernabé tomaron una profecía que originalmente había sido para Israel, cuyo cumplimiento había iniciado Cristo, y la aplicaron a la iglesia cristiana en general y a sí mismos en particular. A ellos les había sido encomendada la responsabilidad de llevar las buenas nuevas de la salvación al mundo, pues los judíos no la habían cumplido.
Lo último de la tierra.
Cf. Mat. 28: 19; Col. 1: 23.
48.
Se regocijaban.
En contraste con los judíos, que se llenaron de celos y de envidia por la predicación de Pablo, los gentiles creyeron con alegría.
Palabra del Señor.
Es decir, la enseñanza que tenía al Señor Jesús como su tema central. Ver com. vers. 44.
Estaban ordenados.
Gr. tássÇ, "establecer", "designar", "ordenar". Los teólogos han debatido muchísimo la interpretación de este pasaje. La traducción de la RVR parece apoyar el dogma de que los decretos divinos determinan el destino final de los seres humanos. Sin embargo, cabe señalar que en este pasaje el verbo griego aparece en su voz pasiva, cuyo significado es "poner bajo el mando de" o "colocarse en determinada categoría". Por lo tanto, significaría: "creyeron todos los que se colocaron en la categoría de los que tenían vida eterna", o "y creyeron los que se habían decidido por la vida eterna". Dos papiros egipcios del siglo III d. C. ilustran esta acepción. Uno dice: "Hice los arreglos con Apolo y él escogió con seguridad el día once para su venida", es decir, "él mismo escogió el once como día para venir", o sea, "él se impuso esa decisión". El otro ejemplo dice: "Por todos los medios estoy cuidando del cobre según lo dispuse", es decir, "según yo me lo impuse o lo decidí".
Esta interpretación armoniza con el contexto de este pasaje, pues según el vers. 46, los judíos se habían mostrado indignos de la vida eterna, y las palabras de este versículo tienen el propósito de describir lo opuesto de ese caso. Los judíos habían actuado de tal modo que habían proclamado que ellos eran indignos, mientras que los gentiles manifestaron el deseo de ser considerados dignos. Los dos bandos eran como ejércitos adversarios, que se habían alineado en campos opuestos, y en cierta medida se consideraba como si Dios hubiera tenido algo que ver con esa disposición. De este modo los gentiles se estaban poniendo de parte de la vida eterna. El texto no dice que Dios hubiera ordenado que una persona tomara determinada decisión o que más tarde no pudiera modificarla si las circunstancias así lo exigían. Ver com. Juan 3: 16-18; Rom. 8: 29.
49.
Por toda aquella provincia.
El Evangelio ya se había difundido mucho en Antioquía de Pisidia (vers. 44); ahora era plantado en las regiones vecinas, hasta los límites con Frigia, Licaonia y Galacia. Es probable que 291 en muchos pueblos y aldeas de la región hubiera por lo menos unos pocos hombres y mujeres que dejaron de adorar a los dioses de su país y aceptaron el judaísmo. Muchos de ellos, junto con los judíos que se habían convertido al cristianismo, sin duda se habían reunido ahora en grupitos aquí y allá como discípulos de su nuevo Maestro, Jesús de Nazaret, el Salvador y Mesías.
50.
Mujeres piadosas y distinguidas.
Es probable que fueran mujeres gentiles de cierta jerarquía, que demostraban interés en el judaísmo. Quizá por medio de ellas los judíos procuraron influir en los principales personajes de Antioquía. En muchos casos los judíos encontraban de parte de tales mujeres un verdadero anhelo de alcanzar una vida más elevada y más pura que la que ofrecía la profunda degradación de la sociedad grecorromana, y muchas de ellas habían llegado a apreciar la ética superior en la vida y en la fe de Israel. Esas mujeres con frecuencia se convertían en prosélitos.
Los principales.
Los judíos de Antioquía procuraron, por medio de los magistrados paganos, que se tomaran medidas contra Pablo y Bernabé de modo muy similar al empleado por los judíos en Jerusalén en cuanto a Jesús.
Levantaron persecución.
Es evidente que Pablo y Bernabé no fueran los únicos que sufrieron por esta persecución. Los cristianos de Antioquía de Pisidia tuvieron que aprender desde el mismo comienzo que el reino de Dios sólo podía venir "a través de muchas tribulaciones" (cap. 14: 22). Pablo recordó vez tras vez esos sufrimientos, y finalmente los describió en los últimos momentos de su vida (2 Tim. 3: 11).
51.
Sacudiendo contra ellos el polvo.
Lo hicieron en obediencia literal a la orden del Señor (Mat. 10: 14), lo cual muestra que estos misioneros sabían lo que Jesús había enseñado a los doce. En este caso no fue un repudio a los paganos, sino contra los judíos incrédulos y amargados. El polvo de sus calles era inmundo para los apóstoles, pues habían rechazado el Evangelio.
A Iconio.
Ver com. cap. 14: 1.
52.
Llenos de gozo.
La forma del verbo griego implica que esta fue una experiencia prolongada. Este gozo es el resultado normal de la conversión.
Del Espíritu Santo.
Estar llenos del Espíritu Santo posiblemente se refiera a los dones específicos, como el de lenguas y el de profecía; pero además, la recepción del Espíritu produjo un estímulo en la vida espiritual, y el resultado natural fue el gozo. El mensaje de esta nueva fe religiosa les resultaba tan reconfortante a los conversos gentiles, que pudieron haber expresado mayores manifestaciones externas de gozo que las de sus hermanos en la fe, los judíos convertidos (ver Rom. 14: 17; com. Hech. 2: 4; 15: 9).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-52 HAp 130-143
1-2 HAp 130
2 HAp 132
2-3 SR 303
3 HAp 130
4-5 HAp 135
5-8 CS 570; HAp 135
9-12 HAp 136
13 HAp 137
14-15 HAp 138
16 HAp 138
22 Ed 44
23-31 HAp 139
32-39 HAp 139
42-48 HAp 140
46-48 PVGM 179
47 CS 361
49 HAp 141
50, 52 HAp 142 292


CAPÍTULO 14
1 Pablo y Bernabé son perseguidos en Iconio. 8 Pablo sana a un cojo en Listra por lo cual la gente cree que él y Bernabé son dioses. 19 Pablo es apedreado. 21 Ambos regresan a las iglesias para confirmarlas en la fe y en la perseverancia. 26 Regresan a Antioquía, e informan de lo que Dios hizo por ellos.
1 ACONTECIO en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.
2 Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos.
3 Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios.
4 Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles.
5 Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente con sus gobernantes, se lanzaron a afrontarlos y apedrearles,
6 habiéndole sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina,
7 y allí predicaban el evangelio.
8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado.
9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado,
10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.
11 Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.
12 Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.
13 Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios.
14 Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces
15 y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.
16 En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios caminos;
17 si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del ciclo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.
18 Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.
19 Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto.
20 Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe.
21 Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía,
22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.
23 Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.
24 Pasando luego por Pisidia, vinieron a Panfilia.
25 Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron a Atalia.
26 De allí navegaron a Antioquía, desde donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían cumplido.
27 Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había 293 echo Dios con ellos, y cómo había abierto a puerta de la fe a los gentiles.
28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
1.
Iconio.
Lucas no dice nada del viaje de Antioquía a Iconio, de lo cual podría deducirse que hubo poca oportunidad de hacer obra misionera por el camino. Iconio estaba a unos 145 km al sureste de Antioquía, en la encrucijada de varias rutas importantes. Algunos escritores antiguos ubicaban esta ciudad en Frigia; otros, en Licaonia. Iconio era bastante grande, por esto merecía ser llamada la Damasco de Licaonia. En la tradición cristiana posterior se conoció por haber sido el escenario del episodio de Pablo y su conversa Tecla. En la Edad Media, Iconio fue importante como capital de los sultanes selyúcidas. Actualmente se llama Konya, y es una floreciente ciudad de Turquía. Ver mapas p. 280 y frente a p. 33.
Entraron juntos.
Evidentemente no se describe una visita especial a la sinagoga, sino las repetidas veces que Pablo y Bernabé fueron a reunirse con los judíos.
En la sinagoga.
Pablo, como de costumbre, comenzó su trabajo entre los judíos y los gentiles temerosos de Dios que se reunían con ellos para celebrar el culto. Es evidente que estas visitas a la sinagoga se hicieron en día sábado (ver com. cap. 13: 14, 44).
Hablaron de tal manera.
Predicaron n varias ocasiones, en algunas de las cuales parece que hubo gentiles, además de judíos (ver com. "Griegos").
Una gran multitud.
Como sucedió en Antioquía de Siria (cap. 11: 21, 24), la predicación del Evangelio fue un rotundo éxito.
Griegos.
Gr. héll'n, "heleno", palabra que usa Lucas para referirse a un gentil, en contraposición con hell'nist's, "helenista", que se aplicaba a un judío de habla griega (ver com. cap. 11: 20). Parece que aquí, como en Antioquía, había en la sinagoga gentiles creyentes (cf. cap. 13: 16). Además, los apóstoles pasaron mucho tiempo en Iconio (cap. 14: 3), y sin duda predicaron en otros lugares fuera de la sinagoga.
2.
Los judíos que no creían.
O "judíos que no habían sido persuadidos". La palabra que se traduce "que no creían" se refiere a una incredulidad que genera rebeldía, y por lo tanto describe bien el carácter de estos, judíos que persiguieron a Pablo y Bernabé.
Excitaron.
Las persecuciones que se registran en el libro de los Hechos fueron ocasionadas mayormente por la enemistad de los judíos. El caso de Demetrio (cap. 19: 24) es casi la única excepción, y aun entonces los judíos pudieron haber causado la violenta reacción del orfebre griego. En una fecha muy posterior, en la segunda mitad del siglo II, los judíos influyeron muchísimo para que Policarpo fuera muerto en Esmirna (Eusebio, Historia eclesiástica iv. 15. 29). A comienzos del siglo III Tertuliano dijo que las sinagogas judías de su tiempo eran "fuentes de persecución" (Scorpiace 10).
Corrompieron.
"Les envenenaron contra los hermanos" (BJ). El verbo griego que se usa aquí no sólo se refiere a la mala voluntad que se creó en contra de los hermanos, sino también al daño que se hizo en la mente de aquellos en quienes se suscitaron malos pensamientos.
Contra los hermanos.
Es decir, los nuevos conversos, en contraste con "los judíos que no creían".
3.
Mucho tiempo.
Quizá varios meses. Mientras no hubo persecución, los apóstoles pudieron trabajar con éxito, ganando nuevos conversos y afirmando la fe de los nuevos creyentes.
Hablando con denuedo.
Su entusiasmo provenía de la completa presentación del Evangelio de la gracia divina que predicaban, en agudo contraste con el estrecho criterio judaico que los gentiles convertidos al judaísmo habían conocido hasta entonces. Cf. cap. 9: 27-29. Ese denuedo estaba íntimamente relacionado con los milagros y otras señales y maravillas que hacían en el nombre de Jesucristo.
El cual daba testimonio.
El Señor capacitó a Pablo y a Bernabé para que hicieran maravillas y así demostró que los apóstoles eran sus servidores y hablaban su verdad.
La palabra de su gracia.
Es decir, el mensaje acerca de la gracia salvadora de Dios, las buenas nuevas del Evangelio. Pablo siempre predicó acerca del favor inmerecido de Dios para salvación (Efe. 2: 5, 8; Rom. 5: 1-2).
Señales y prodigios.
No tenían el propósito de servir de base para la fe, sino de ser una evidencia de la fe. En este pasaje de Hechos 294 no se especifica cuáles fueron las "señales" hechas.
4.
Estaba dividida.
Los cristianos y los que no lo eran, formaron bandos opuestos en la ciudad, y entre estos últimos se manifestó un espíritu de maldad. Evidentemente Lucas se refiere a la mayor parte de la población pagana. Los conversos al cristianismo sin duda eran la minoría, y quizá procedían de las clases más pobres de la sociedad, como ocurrió con frecuencia en los primeros tiempos de la iglesia (1 Cor. 1: 26-28). Como había sucedido en Antioquía, los principales hombres y mujeres de la ciudad estaban en contra de ellos (Hech. 13: 50).
Unos estaban con los judíos.
Lo mismo sucedió cuando Pablo predicó en Tesalónica (cap. 17: 4-5). Jesús había predicho que tales divisiones resultarían de la predicación de su Palabra (Luc. 12: 51-53).
5.
Gobernantes.
La construcción del griego permite entender que se trataba de los gobernantes de la sinagoga donde Pablo y Bernabé habían comenzado a predicar cuando llegaron a Iconio.
Se lanzaron.
El griego dice "hubo un intento de" (horm', "intento") afrontarlos o "ultrajarles" (BJ). Los judíos excitaron y azuzaron a sus amigos paganos, esperando que se produjera una situación de violencia.
Afrentarlos.
"Tratarlos con violencia", "ultrajarles" (BJ), "insultarlos". Parece que el plan era incitar a la multitud para que los tratara de ese modo. En 1 Tim. 1: 13 Pablo usa una palabra afín, "injuriador", que deriva de la misma raíz, para describir su conducta cuando era perseguidor.
Apedrearlos.
El apedreamiento era el castigo judío por la blasfemia (Lev. 24: 14-16), y los judíos parece que entendían que la enseñanza de los apóstoles era de esa categoría. Es probable que no se procedió legalmente para desarrollar ese plan. Sencillamente decidieron maltratarlos (ver com. Hech. 7: 58; cf. Juan 10: 31).
6.
Habiéndolo sabido.
Evidentemente había algunos del lado de los apóstoles que tenían suficientes relaciones con el grupo adversario, y conocían el complot. Lucas no se propone exagerar los sufrimientos de los evangelistas cristianos. El relato de cómo pudieron salvarse los apóstoles de ser apedreados, se presenta con un lenguaje sencillo, sin adornos.
Huyeron.
Los apóstoles obedecieron la orden de Jesús: huir de la persecución (ver com. Mat. 10: 23).
Listra.
Hasta 1885 no se conoció la situación geográfica exacta de Listra. En ese año se encontró una inscripción que llevaba el nombre latino Lustra, con la cual pudo identificarse como Listra el lugar que ahora es llamado Zoldera, ubicado a unos 35 km al suroeste de Iconio, Los apóstoles, viajando por el camino desde Iconio, ascendieron por entre los cerros hasta la planicie donde se encontraba Listra. Aunque Licaonia aparece en la literatura clásica como un territorio poco civilizado, se sabe por algunas inscripciones que Listra fue convertida en colonia romana por Augusto, y por lo tanto sin duda fue una ciudad donde había más cultura que en el territorio circunvecino. Como centro comercial romano, Listra pudo haber contado con muchos judíos entre su población; sin embargo, el registro de Hechos no dice que en la ciudad había una sinagoga. Las relaciones que Pablo tuvo allí parecen haber sido mayormente con gentiles. Ni aun Timoteo, hijo de una piadosa mujer judía, probablemente de Listra, había sido circuncidado (ver com. cap. 16: 1, 3; mapa p. 280).
Derbe.
La posición geográfica de Derbe no se conoció sino hasta 1956, cuando su nombre se encontró en Kerti Hüyük, en una inscripción a 83 km al sureste de Iconio, la moderna Konya. Esta ciudad estaba casi en la frontera de la provincia romana de Galacia con el reino de Antíoco de Comagene. Esto podría explicar por qué los apóstoles se volvieron de Derbe en vez de entrar en un nuevo territorio. Gayo, más tarde compañero de viaje de Pablo, era de Derbe (cap. 20: 4; ver mapa p. 280).
Licaonia.
Licaonia no era una provincia romana, sino una región en la cual se hablaba un idioma diferente del de Pablo y Bernabé. La parte occidental estaba en la provincia romana de Galacia, y la parte oriental en el reino de Antíoco de Comagene. Parece que Pablo y Bernabé permanecieron dentro de los límites de Galacia. En tiempos del NT se consideraba que lconio pertenecía a Frigia; por lo tanto, al viajar a Listra y a Derbe, los apóstoles entraban en un nuevo territorio.
Toda la región circunvecina.
Esto podría sugerir que las ciudades de Listra y de Derbe eran pequeñas, y que Pablo y Bernabé las evangelizaron en corto tiempo. En su trabajo misionero en las aldeas tuvieron que haber 295 encontrado casi únicamente gentiles.
7.
Predicaban el evangelio.
Gr. euaggelízomai (ver com. cap. 13: 32).
8.
De nacimiento.
Un ejemplo del cuidado de Lucas, como médico, de registrar este detalle (ver com. cap. 3: 7; 9: 33).
9.
Oyó.
Mejor "escuchaba" (BJ).
Fijando en él sus ojos.
Gr. atenízÇ (ver com. cap. 13: 9; 23: 1). Sin duda la fe del cojo se reflejó en su rostro, y Pablo reconoció que era un hombre que, una vez curado, podía ser una prueba viviente para el pueblo de Listra.
Tenía fe.
La fe era y es un requisito previo para la curación milagrosa (Mat. 9: 22; Mar. 9: 23).
10.
Gran voz.
Pablo levantó el tono de su voz por encima del que estaba usando al dirigirse a la gente.
Levántate derecho.
Esta orden habría sido una burla para cualquiera que no hubiera estado preparado por la fe para ir más allá de los límites de la experiencia humana común. El cojo decidió actuar en respuesta a la fe. Lo mismo hicieron otros que fueron sanados en forma milagrosa: el paralítico (Mat. 9: 6-7), el paralítico de Betesda (Juan 5: 11, 14), el cojo en la puerta del templo (Hech. 3: 6-8). En cada uno de estos casos la restauración espiritual fue seguida por la curación física.
Es evidente el paralelo entre la curación del cojo hecha por Pedro en la puerta la Hermosa del templo (cap. 3: 1-11), y la curación del cojo de Listra que hizo Pablo.
Saltó, y anduvo.
"Dio un salto y se puso a caminar" (BJ). Ver com. cap. 3: 8.
11.
Lengua licaónica.
Pablo afirmó que hablaba en lenguas (1 Cor. 14: 18), pero su don parece no haber incluido la comprensión de la lengua de los de Licaonia. Lo que se sabe con certeza es que Pablo y Bernabé no sabían que la gente de Listra estaba a punto de adorarlos. No es posible pensar que deliberadamente permitieron que el pueblo siguiera adelante con el plan de adorarlos como a dioses, para poder producir un efecto dramático al rechazar esa adoración. Es probable que la gente de Listra fuera bilingüe y entendiera lo que Pablo y Bernabé decían en griego; pero que los misioneros no pudieran comprender lo que la gente decía cuando trazaba sus planes para ofrecer el sacrificio pagano. Nada se sabe en cuanto a la lengua licaónica, pues no se han encontrado ni textos ni inscripciones.
Dioses.
En los tiempos del NT no eran sólo los sencillos licaonios los que creían que los dioses podían mezclarse con los hombres, pues ésta era una idea generalizada entre los paganos. En las Metamorfosis de Ovidio (viii. 626-724) aparece el mito de que Zeus y Hermes (Júpiter y Mercurio) se habían aparecido una vez en forma humana, y habían sido recibidos por un matrimonio de ancianos, Filemón y Baucis, a quienes les habían dado regalos. La leyenda dice que el lugar donde se supone que vivieron los dioses, más tarde se convirtió en un santuario a donde iban los devotos, como peregrinos, para dejar allí sus ofrendas.
12.
Júpiter.. Mercurio.
Gr. Zéus... Herm's. El Zeus griego, el principal de los dioses, y su hijo Hermes, heraldo y mensajero de los dioses y patrono de la elocuencia. En el panteón romano los equivalentes de estos dioses eran Júpiter y Mercurio, por eso la RVR emplea estos nombres. El culto de Zeus y de Hermes parece haber sido popular en la región de Listra. Cerca de Listra se ha encontrado una inscripción en la cual se registra que ciertos hombres, cuyos nombres son licaónicos, habían dedicado una estatua a Zeus. Cerca de Listra también se encontró un altar de piedra dedicado a "El que oye la oración", probablemente a Zeus y a Hermes. La gente de Listra creía, naturalmente, que si cualquier divinidad se aparecía en medio de ellos con buenos propósitos, tenía que ser el dios Júpiter, a quien habían levantado un templo frente a su ciudad (ver com. vers. 13), y a quien rendían su principal culto. Se consideraba que Mercurio era el primer ayudante de Júpiter. Es posible que Bernabé tuviera un porte más impresionante que Pablo, y por eso se le dio el título de Júpiter Como Pablo era el que más había hablado, se lo identificó como Mercurio.
13.
Cuyo templo estaba frente a la ciudad.
Esto significaría que Zeus era el dios tutelar de la ciudad de Listra, y su templo evidentemente estaba cerca de la ciudad para protegerla. Fue el sacerdote de Zeus quien dirigió los preparativos para el sacrificio, y fue al lugar donde estaban alojados los apóstoles.
Guirnaldas.
Estas guirnaldas aparecen a menudo en las esculturas antiguas, Solían hacerse de lana blanca y a veces se decoraban con flores y hojas. Frecuentemente se adornaban con guirnaldas los sacerdotes, sus ayudantes, las puertas, los altares y también los 296 animales que iban a ser sacrificados.
Las puertas.
Gr. pulÇn, "puerta" o "portón", a veces de una casa (Hech. 12: 14); pero mayormente de algún edificio mayor, o de una ciudad (Apoc. 22: 14). En este pasaje podría referirse a las puertas de la ciudad, o a la entrada del templo de Zeus (ver com. "cuyo templo...").
Ofrecer sacrificios.
El acto de ofrecer sacrificios posiblemente consistía en degollar los toros y derramar parte de su sangre sobre un altar.
14.
Los apóstoles.
Los complicados preparativos para el sacrificio naturalmente despertaron el recelo de los apóstoles.
Rasgaron sus ropas.
Entre los judíos esta era una expresión de gran horror. Se empleaba específicamente como protesta por una blasfemia (ver com. Mat. 26: 65). Los apóstoles entendieron como una blasfemia lo que por ignorancia estaba por hacer el pueblo de Listra. No se sabe si la gente de Listra entendía el significado de la acción de Bernabé y Pablo; seguramente deben haberse admirado y sorprendido al verlos rasgar sus ropas.
Se lanzaron.
Gr. ekp'dáÇ, "lanzarse", "correr al encuentro". Los apóstoles se lanzaron al lugar donde estaba reunida la gente, quizá en la puerta de la ciudad, o junto al templo de Zeus (vers. 13) que estaba "frente a la ciudad", donde se estaban preparando para hacer el sacrificio.
15.
Semejantes a vosotros.
"De igual condición que vosotros" (BJ). Es notable el parecido entre las palabras de Pablo y Bernabé, y las de Pedro a Cornelio (Hech. 10: 26).
Os anunciamos.
Literalmente "evangelizamos", "damos buenas nuevas" (ver com. cap. 13: 32). Para los idólatras, un mensaje que presenta al Dios vivo y no a los ídolos mudos, debe ser buenas nuevas, especialmente porque Jesucristo es Dios encarnado, Salvador de los hombres.
Estas vanidades.
Es decir, ceremonias semejantes al sacrificio pagano que estaba a punto de ofrecerse con todo lo que implicaba. La "vanidad" simboliza con frecuencia el vacío y la carencia de valor del culto pagano (Efe. 4: 17; 1 Ped. 1: 18).
Dios vivo.
El apóstol aconseja al pueblo de Listra a abandonar su idolatría y a volverse a un Dios que vive y actúa, quien hizo los cielos y la tierra, el dador de toda buena dádiva y que juzgará a todos los hombres. Isaías presenta en forma dramática el contraste entre Dios y los ídolos (Isa. 40: 6-31; 41: 18-29; 44: 6-28).
El ciclo y la tierra, el mar.
La afirmación de que Dios es creador de todo contrasta grandemente con la creencia popular pagana, que asignaba diferentes deidades al cielo, la tierra y el mar. Pablo proclama que un solo Dios hizo todas las cosas y las dirige.
En las Escrituras se señala con frecuencia el hecho de que Dios es el Creador. Esta realidad se encuentra al comienzo de la historia de la relación de Dios con el universo (Gén. 1), y es el fundamento del último mensaje evangélico de advertencia para el mundo (Apoc. 14: 7).
16.
Las gentes.
Gr. plural de éthnos, "pueblo", palabra que se emplea comúnmente para referirse a los gentiles. Aquí aparece la primera indicación de lo que podría llamarse la filosofía paulina de la historia. Pablo presentó una idea similar (cap. 17: 30) en el discurso en Atenas, cuando declaró que Dios había "pasado por alto los tiempos de esta ignorancia". Quienes vivieran en esos tiempos serían tratados en forma justa y juzgados conforme a su conocimiento limitado. En Rom. 1 y 2 amplía esta filosofía. Se había permitido que siguieran su curso la ignorancia y el pecado del mundo gentil como parte, podría decirse, de un drama divino para inducir a los gentiles a que sintieran la necesidad de redención y prepararlos para recibir esa redención.
17.
No se dejó a sí mismo sin testimonio.
Dios no ha quedado sin testimonio entre los paganos como los de Listra. Aquí aparece nuevamente un esbozo de lo que Pablo más tarde amplió en Rom. 1:19-20, aunque aquí lo que argumenta es que a pesar de todo los paganos están sin excusa. En esta oportunidad Pablo recalcó la evidencia de la bondad divina como podían verla de continuo sus oyentes en la naturaleza. Más tarde, al dirigirse a los filósofos de Atenas, afirmó que "en él vivimos, y nos movemos, y somos" (Hech. 17: 28; cf. Rom. 2: 14-15).
Haciendo bien.
Esto incluye la continua manifestación de la bondadosa voluntad divina en favor de los hombres (Mat. 5: 45). Pablo señaló que Dios era quien daba lluvia, y no Júpiter, el supuesto Dios de las lluvias.
Nuestros.
La evidencia textual establece el texto "vuestros".
18.
Difícilmente lograron impedir.
Evidentemente, 297 la gente estaba decidida a ofrecer sacrificio y rendir culto. Algunos de los que fueron impedidos a ofrecer sacrificios quizá se apartaron de "estas vanidades" al Dios vivo. No se sabe cuánto tiempo más permaneció Pablo en Listra antes de ocurrir lo que se narra en los vers. 19-20; pero es probable que se hubiera establecido allí una iglesia. Según parece, la judía Loida, su hija Eunice y su nieto Timoteo, se contaron entre los primeros conversos (2 Tim. 1: 5; ver com. Hech. 16: 1).
19.
Judíos de Antioquía.
Se habla aquí de Antioquía de Pisidia (ver com. cap. 13: 14). El hecho de que los judíos de Antioquía y de lconio hubieran actuado de común acuerdo, y que los de Antioquía hubieran viajado más de 150 km hasta Listra para impedir la obra de los apóstoles, demuestra el odio de los judíos de Antioquía contra Pablo y su misión.
Una inscripción descubierta en una estatua en Antioquía afirma que el monumento fue erigido en honor de esa ciudad por la población de Listra, lo que sugiere que había entre las dos ciudades una estrecha amistad.
Estos judíos estaban furiosos con Pablo y Bernabé, sus conciudadanos. Para justificar su conducta podían presentar razones religiosas, alegando que los apóstoles estaban poniendo a un lado requerimientos legales que eran tan importantes para los judíos; pero tales razones no habrían tenido validez para incitar a los paganos de Listra en contra de los apóstoles. El milagro de la curación del cojo había probado que el poder de los apóstoles era real; pero no se había dicho cuál era la fuente de ese poder. Es posible que los judíos lo hubieran atribuido a un poder demoníaco para persuadir a los paganos a que persiguieran a los apóstoles (compárese con un caso similar de Jesús, Mat. 12: 24-27). También pudieron haber buscado algún otro motivo legal o supersticioso para acusar a los apóstoles.
Persuadieron a la multitud.
El repentino cambio de actitud de parte de la gente de Listra recuerda lo que ocurrió en la última semana de la vida de Jesús, cuando en pocos días, los hosannas de la multitud de Jerusalén se convirtieron en gritos de "¡crucifícale!" (Mat. 21: 9; 27: 22). No es difícil entender tales altibajos emocionales en gente supersticiosa como eran los licaonios, tradicionalmente descritos como indignos de confianza. Otro cambio de actitud, pero a la inversa, se registra en la narración de la relación de Pablo con los habitantes de Malta (Hech. 28: 3-6). Los habitantes de Listra quizá pensaron que si Pablo y Bernabé poseían poderes tan misteriosos, pero no eran dioses hechos hombres, debían ser hechiceros o tal vez demonios. Los judíos bien pudieron haber fomentado esta idea e instado al pueblo a proceder en forma tan cruel.
Habiendo apedreado.
Apedrear a alguien era un castigo típico de los judíos, y éstos, sin duda ayudados por los habitantes paganos de Listra, evidentemente fueron los instigadores del castigo. Esta es la única vez que se registra que el apóstol hubiera sufrido esta clase de persecución (cf. 2 Cor. 11: 25). Pablo escapó por muy poco de ser apedreado en Iconio (Hech. 14: 5-6). Lucas registra los dos casos; pero el apóstol sólo habla de la vez cuando realmente fue apedreado. Este episodio aún estaba claro en el recuerdo de Pablo cuando se acercaba el fin de su vida (2 Tim. 3: 11-12).
Fuera de la ciudad.
La ley hebrea ordenaba que el apedreamiento se efectuara fuera del campamento (Lev. 24: 14) o de la ciudad. Pero en esta oportunidad, quizá porque Listra era una ciudad pagana y el apedreamiento era el resultado de la furia de una turba, parece haberse hecho dentro de la ciudad, y Pablo fue después arrastrado fuera de ella.
20.
Los discípulos.
Esto es, los nuevos creyentes. No habían podido impedir el ataque; pero habían ido hasta el lugar donde Pablo había sido arrastrado inconsciente, probablemente pensando con preocupación cómo sepultarlo dignamente. Puede suponerse que Timoteo fue testigo del apedreamiento; para él esta amarga experiencia de Pablo debe haber sido tanto un desafío para el servicio como un ejemplo de consagración (HAp 149-150). Quizá Loida y Eunice también estuvieron presentes en el grupo, primero llorando, y más tarde regocijándose de que su amado maestro no estuviera muerto.
Se levantó.
Debe haberse considerado un milagro que Pablo recuperara el conocimiento e inmediatamente demostrara su energía y su valor al entrar de nuevo en la ciudad. El haber sido apedreado por una turba enfurecida, y dejado por muerto, y luego recuperarse y caminar como si nada hubiera pasado, era una evidencia aun más convincente del poder de Dios que la curación del cojo (vers. 8-10). 298
Al día siguiente salió.
Aunque Pablo había sido librado de la muerte en forma providencial, sin duda comprendió que el sentimiento del populacho hacia él no había variado, y que por el momento era mejor que se fuera de la ciudad. En ocasiones posteriores visitó por lo menos dos veces la ciudad de Listra (vers. 21; cap. 16: 1).
Con Bernabé.
Bernabé no había sufrido tanto como Pablo la ira de los judíos. Aunque su poder como "hijo de exhortación" o "de consolación" era grande (ver com. cap. 4: 36), evidentemente no había sido tan manifiesto como el de su compañero en el apostolado.
Derbe.
Ver com. vers. 6.
21.
De hacer muchos discípulos.
Gayo de Derbe, a quien Lucas nombra como uno de los compañeros de Pablo en un viaje posterior (cap. 20: 4), quizá pudo ser uno de los que se convirtieron en esta oportunidad. La obra hecha sugiere que los apóstoles permanecieron allí durante varios meses.
Volvieron.
Hubiera sido mucho más sencillo ir al este hasta Tarso, y regresar por barco a Antioquía de Siria. Sin embargo, Pablo y Bernabé escogieron el camino largo y difícil de unos 400 km para llegar hasta el mar. Pero al regresar por donde habían venido, tuvieron la oportunidad de sembrar aun más ampliamente la semilla de la palabra que antes habían sembrado con tanto peligro para sus vidas. La hostilidad de los judíos en Antioquía y en Iconio parecía haberse sosegado lo suficiente como para que los apóstoles pudieran visitar de nuevo esas ciudades sin mayores dificultades. Durante el tiempo transcurrido, en algunos lugares quizá habían cambiado los gobernantes de esas ciudades. Ver mapa p. 280.
22.
Confirmando los ánimos.
Mejor "fortaleciendo el ánimo", es decir, "afirmando la fe de los hermanos". Lo que hizo Pablo estaba en armonía con lo que Jesús le había ordenado a Pedro: "Y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (Luc. 22: 32). Pablo pudo haber hecho esto por medio de advertencias y exhortaciones tomadas de sus pruebas y de la forma en que fue librado de ellas.
La fe.
Probablemente deba entenderse como la expresión objetiva de la fe, es decir, lo que se creía y enseñaba. Esta acepción de "fe", que sugiere el contenido de lo que se cree, aparece en los escritos apostólicos posteriores (2 Tim. 4: 7; Jud. 3, 20), y probablemente se emplea aquí en ese sentido.
Es necesario que... entremos.
Una cita directa de lo que dijo Pablo en esa ocasión. Algunos han pensado que el uso de la primera persona del plural ("entremos"), indica que Lucas estaba presente y se incluía entre los oyentes de esos sermones, sin embargo, no hay ninguna indicación de que Lucas hubiera sido compañero de Pablo sino hasta el segundo viaje misionero, en Troas (cap. 16: 10). Por lo tanto, es mejor entender que ésta es una cita directa en donde Pablo se incluye con sus oyentes. Indudablemente podía referirse a sus propias tribulaciones como ilustraciones de la verdad de lo que decía.
Muchas tribulaciones.
En 2 Tim. 3: 12, epístola escrita al discípulo amado de Listra (Hech. 16: 1-3), aparece una conmovedora referencia a la persecución que se presentó en Antioquía, Iconio y Listra. Pablo presenta allí este axioma: "Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución" (ver también Apoc. 1: 9; 7: 14).
El reino de Dios.
Ver com. cap. 1: 6. Esta frase, frecuente en los Evangelios, aparece repetidas veces en la enseñanza de Pablo (Rom. 14: 17; 1 Cor. 4: 20; 6: 9; Col. 4: 11; 2 Tes. 1: 5). Para Pablo era un reino de verdad, y Cristo era el Rey.
23.
Constituyeron.
Gr. jeirotonéÇ, literalmente "extender la mano". Este verbo lo usaban los griegos para describir la acción de elegir gobernantes levantando la mano. Por este uso pasó a tener el significado de "elegir", sin tomar en cuenta el método preciso empleado en la elección (se traduce como "designado" en 2 Cor. 8: 19 y como "ordenado" en Hech. 10: 41). Basándose en el uso de este verbo, algunos han pensado que esto indica que en Listra, Iconio y Antioquía se eligieron los ancianos por voto popular. Aunque es probable que en la iglesia apostólica se practicara algún sistema de elección (Hech. 6: 3; 2 Cor. 8: 19), es dudoso que en este caso se hubiera hecho una elección tal como se entiende hoy. En este pasaje se dice que Pablo y Bernabé hicieron la elección (o nombramiento) de los ancianos, y que no fueron los miembros de iglesia quienes eligieron a sus dirigentes; por lo tanto, la traducción de la RVR es muy apropiada. En Tito 1: 5 Pablo parece recomendar que el nombramiento de los ancianos fuera hecho por el misionero y no por la iglesia. Es posible que se haya celebrado una ceremonia de imposición de manos (cf. 1 Tim. 4: 14; 5: 22; 2 Tim. 1: 6); pero 299 el verbo jeirotonéÇ no lo indica.
En fecha posterior los obispos fueron elegidos regularmente mediante el voto del clero y de los miembros. Fabián fue escogido en Roma por la iglesia en el año 236 d. C. (Eusebio, Historia eclesiástica vi. 29. 2-4). Cipriano, de Cartago (m. 258 d. C.), habla del "voto de toda la hermandad" (Epístola lxvii. 5), y las Constituciones apostólicas (quizá del siglo IV) indican que los dirigentes de la iglesia debían ser elegidos por todo el pueblo (viii. 2. 4). A partir del siglo IV se estableció la norma de que el nuevo obispo fuera elegido por los obispos vecinos y que su nombre fuera aprobado por el clero y los laicos de su diócesis. En la Edad Media, los laicos que podían elegir pertenecían a la aristocracia y no a la gente común.
Ancianos.
Ver com. cap. 11: 30. En virtud de la autoridad que les había sido confiada como misioneros (cap. 13: 3), Pablo y Bernabé dirigieron la elección de los ancianos. De este modo instituyeron en las iglesias gentiles la forma de organización que ya había sido adoptada por los cristianos en Jerusalén. Esto se basaba en la organización de la sinagoga y no en la del templo (cf. t. V, p. 59). Pablo organizó estas iglesias poco después de que sus miembros se hicieran cristianos, lo cual muestra que la organización es esencial para mantener la vida espiritual y el crecimiento de la iglesia.
Habiendo orado con ayunos.
Tal fue el procedimiento que se siguió cuando los apóstoles fueron enviados desde Antioquía (ver com. cap. 13: 3).
Encomendaron.
Esta palabra sugiere que se tiene confianza en la persona a cuyo cuidado se encomiendan posesiones que son preciosas para el que las entrega. En este caso indica confianza absoluta en Dios.
24.
Pisidia.
Ver com. cap. 13: 14.
Panfilia.
Ver com. cap. 13: 13.
25.
Perge.
La ciudad de donde Juan Marcos había vuelto a Jerusalén (cap. 13: 13). No se menciona que los apóstoles hubieran predicado antes aquí. Cuando regresaron, hicieron lo que al parecer no habían hecho antes.
Atalia.
Parece que cuando entraron en esa provincia, los apóstoles fueron directamente desde Palos hasta Perge, a orillas del río Cestro (ver com. cap. 13: 13). Al regresar pasaron por Atalia, puerto que se hallaba en la desembocadura del río Catarractes. Esta ciudad fue construida por Atalo II Filadelfo, rey de Pérgamo (159-138 a. C.). No se registra que se haya hecho obra misionera en Atalia. Es probable que los apóstoles sólo fueron allí porque era un puerto desde donde podían embarcarse hacia Siria. Ver mapa p. 280.
26.
Antioquía.
En Siria, desde donde los apóstoles habían comenzado su viaje. Su barco pudo haber pasado entre Cilicia y Chipre y haber atracado en Seleucia o, si era pequeño, entrado en el río Orontes y navegado hasta Antioquía.
Encomendados.
Cuando la iglesia de Antioquía envió a Pablo y a Bernabé, los había encomendado a la gracia de Dios para que fueran guiados, protegidos y sostenidos en su trabajo. Esa gracia no les había faltado.
Que habían cumplido.
Pablo y Bernabé habían sido enviados por la iglesia de Antioquía para que hicieran una tarea específica: la evangelización de los gentiles. Ahora podían volver a su iglesia de origen con la satisfacción de que habían cumplido con su comisión. Aunque sólo habían comenzado a predicarles a los paganos, lo que habían hecho estaba bien hecho.
27.
La iglesia.
Es decir, la congregación cristiana de Antioquía, la cual había sido impulsada por el Espíritu (cap. 13: 2) a enviarlos en su gira. Era apropiado que los apóstoles presentaran a esta iglesia los resultados de su primer viaje misionero.
Refirieron.
Es probable que mientras los apóstoles viajaban, los cristianos de Antioquía no hubieran tenido noticias de ellos. Es de imaginarse el interés que demostraron al reunirse para escuchar el relato de lo ocurrido.
Había hecho Dios.
Las grandes cosas que habían logrado los apóstoles eran en realidad lo que Dios había hecho.
Había abierto la puerta.
Esta frase llena de significado es una metáfora preferida por Pablo (1 Cor. 16: 9; 2 Cor. 2: 12; Col. 4: 3); aparece aquí quizá como un fragmento de su discurso.
A los gentiles.
Los privilegios del Evangelio habían sido concedidos a todos los que creyeron. Esta libertad fue ofrecida por primera vez a los gentiles de Antioquía, donde Pablo había ayudado a Bernabé y a otros en la obra (cap. 11: 20-26). Ahora se había llevado el Evangelio a los gentiles en un territorio mucho más amplio. Pablo estaba cumpliendo su comisión de ir a los gentiles (cap. 22: 21). 300
28.
Mucho tiempo.
Literalmente "no poco tiempo" (BJ). Era natural que Pablo se sintiera más atraído a Antioquía que a Jerusalén, porque en Antioquía se había formado la primera iglesia gentil y esa era la iglesia que lo había enviado como misionero a los gentiles. Durante este tiempo los dos apóstoles sin duda siguieron atrayendo a muchos conversos gentiles, además de los que habían ganado antes.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-28 HAp 144-153
1-3 HAp 144
4 HAp 145
5-6 HAp 145
8-10 PE 203
8-13 HAp 147
13-15 PE 203
14-18 HAp 148
17 Ed 63; HAp 478
19 HAp 148
19-20 HAp 149; PE 203
21-23 HAp 150
24-26 HAp 152
27 HAp 153


CAPÍTULO 15
1 Hay una gran disputa en cuanto a la circuncisión. 6 Los apóstoles consultan con los dirigentes de la iglesia acerca de esto, 22 y comunican por carta sus decisiones a las iglesias. 36 Pablo y Bernabé deciden visitar de nuevo a los hermanos; pero hay una disensión entre ellos, y se separan.
1 ENTONCES algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.
2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión.
3 Ellos, pues, habiendo sido encaminados por la iglesia, pasaron por Fenicia y Sumaria, contando la conversión de los gentiles; y causaban gran gozo a todos los hermanos.
4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos.
5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.
6 Y se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto.
7 Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen.
8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros;
9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones.
10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?
11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos.
12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.
13 Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme.
14 Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre.
15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:
16 Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar,
17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre,
18 Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.
19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios,
20 sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.
21 Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo.*
22 Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos;
23 y escribir por conducto de ellos: Los apóstoles y los ancianos y los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.
24 Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaras y guardar la ley,
25 nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo,
26 hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo.
28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias:
29 que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardarais, bien haréis. Pasadlo bien.
30 Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquía, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta;
31 habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación.
32 Y Judas y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron a los hermanos con abundancia de palabras.
33 Y pasando algún tiempo allí, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a aquellos que los habían enviado.
34 Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí.
35 Y Pablo y Bernabé continuaron en Antioquía, enseñando la palabra del Señor y anunciando el evangelio con otros muchos.
36 Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están.
37 Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos;
38 pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra.
39 Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre,
40 y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor,
41 y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias.


1.
Algunos.
No se nombra a los agentes de la disensión. Posiblemente fueran fariseos convertidos al cristianismo (cf. vers. 5).
De Judea.
Estos nuevos maestros habían venido a Antioquía desde Judea, el centro de la autoridad apostólica; pero parece que sin la autorización de enseñar lo que presentaban.
Enseñaban a los hermanos.
La iglesia de Antioquía era un conjunto cosmopolita, compuesto de judíos, prosélitos gentiles y miembros convertidos directamente del paganismo (cf. com. cap. 11: 19-20). Además, Pablo y Bernabé, principales evangelistas para los gentiles, eran importantes allí y habían sido comisionados por esa iglesia. Por estas razones, y puesto que la iglesia de
EL CONCILIO DE JERUSALÉN
303 Antioquía era la más próxima a Judea que tenía un gran número de gentiles, era natural que se levantara allí la pregunta en cuanto a cómo debía tratarse a los gentiles.
Si no os circuncidáis.
Ver com. cap. 7: 8. Esta exigencia prueba lo que no se dice claramente en ningún otro pasaje del NT: que Pablo y Bernabé no habían exigido que sus conversos gentiles se circuncidaran. Aquí se inicia el relato de la primera controversia importante en la iglesia cristiana, lucha que de seguro aumentaría a medida que el cristianismo se extendiera más allá de las fronteras de Palestina. Los primeros conversos al cristianismo fueron judíos, quienes retuvieron mucho de las prácticas y de los prejuicios de la religión en la cual se habían formado. Por lo tanto, les molestó ver que los gentiles entraran en la iglesia cristiana antes de haberse hecho plenamente prosélitos del judaísmo. Era de haberse esperado que con la conversión de Cornelio, o aun la del etíope, o la de los samaritanos, hubiera quedado resuelto el problema. Quienes ahora presentaron objeciones bien pudieron haber estado dispuestos a aceptar a Cornelio y su casa en la iglesia; pero posiblemente argumentaban que en el caso de Cornelio el Espíritu Santo había hecho una excepción, y que la ley de la circuncisión aún estaba en vigencia. Por lo tanto, afirmaban que los que entraban en la iglesia por medio del bautismo y mediante la clara conducción del Espíritu Santo, debían ser ahora circuncidados.
Es posible que estos agitadores hubieran llegado a Antioquía afirmando que hablaban en nombre de Jacobo, quien presidía la iglesia de Jerusalén. Pero Jacobo definidamente negó haberles autorizado para que hicieran eso (vers. 24). Sin embargo, puesto que en su vida personal Jacobo parece haber seguido con constancia el ritual y las costumbres judías (cf. Gál. 2: 12), pudieron haber sentido que se justificaba el identificar a Jacobo con la enseñanza de ellos. Afirmaban que la circuncisión era parte de la ley, y que si no se cumplía con ella se quebrantaba toda la ley. No estaban ni preparados ni dispuestos a reconocer la verdadera relación entre Cristo y la ley. Los judaizantes destacaron en Antioquía un tema que continuó siendo motivo de disensión durante todo el ministerio de Pablo, y dejó su huella en muchos de los escritos del NT y aun en la literatura cristiana posterior a los apóstoles.
Podría preguntarse por qué Cristo no se anticipó a dar la solución a problemas tales como éste mientras estuvo en la tierra. No habló de la circuncisión en forma específica, pero recalcó que la verdadera religión era la del alma y no la de ritos externos. Cristo puso un fundamento amplio y enunció principios antes que dogmas detallados. La iglesia sería guiada paso a paso a toda verdad por el Espíritu Santo (Juan 16: 13). Esto no significaba que la iglesia debía desarrollar una tradición que se convirtiera en autoridad; pero sí que debía descubrir y conocer nueva luz. El cristianismo ha tenido que resolver muchos problemas debido a las nuevas realidades que se presentan; pero esto no debía hacerse cambiando las enseñanzas y los ejemplos de las Escrituras (Rom. 15: 4). La nueva luz, junto con la solución de problemas imprevisibles, resultaría del estudio cada vez mayor de las verdades de las Escrituras y de la aplicación de los principios bíblicos a la obra de la iglesia.
Rito de Moisés.
La circuncisión fue dada a Abrahán por Dios (Gén. 17: 10-13), y le fue confirmada a Moisés (Lev. 12: 3; cf. Juan 7: 22).
No podéis ser salvos.
Este era el punto central del problema. Difícilmente se podía exigir a los gentiles que se circuncidaran argumentando que era una costumbre antigua, ni porque fuese una condición para que entraran en la iglesia. Los judaizantes presentaban la circuncisión como algo necesario para la salvación. Sin embargo, Dios "había abierto la puerta de la fe a los gentiles" (cap. 14: 27), apertura que probaba que ya no se necesitaban practicar los ritos ceremoniales.
2.
Pablo y Bernabé.
Los apóstoles se encontraban en el centro de la contienda, porque las exigencias de los judaizantes condenaban directamente el trabajo que estos dos misioneros habían hecho en Cilicia, en Antioquía, y en su primer viaje misionero. No podían sino interpretar que esa obra era el triunfo de la gracia de Dios. Habían proclamado la salvación por medio, de la fe en Cristo. Ahora no podían permanecer callados cuando oían que se les decía a sus conversos que no bastaba aceptar la gracia de Dios por medio de la fe, sino que debían practicarse ritos externos para obtener la salvación.
Discusión.
Gr. stásis, "discordia", "desunión", "contienda"; "rebelión", "levantamiento" Mar. 15: 7: "revuelta"; Luc. 23: 19: 304 "sedición"). Aquí describe una acalorada disputa.
Contienda.
Gr. z't'sis , "lo que se busca", "lo que se pregunta", es decir, un debate.
Se dispuso.
Gr. tássÇ, "disponer", "decidir", "ordenar" (ver com. cap. 13: 48).
Pablo y Bernabé.
No podrían haberse elegido mejores representantes de la causa de la libertad en el Evangelio, que estos dos que ya habían trabajado con tanto éxito entre los gentiles.
A Jerusalén.
En cuanto al problema de la identificación de este viaje a Jerusalén con el que se registra en Gál. 2, ver la primera Nota Adicional al final de este capítulo.
Algunos otros.
No se dan los nombres. Posiblemente fueran algunos de los profetas de Antioquía (cap. 13: l), o algunos de los varones de Chipre y de Cirene (cap. 11: 20) que tenían especial interés en los gentiles. Tito también fue, quizá como un notable ejemplo del tipo de obra que el Espíritu Santo había capacitado a Pablo y a Bernabé para que hicieran (Gál. 2: 1).
Los apóstoles y los ancianos.
Pedro, Juan y Jacobo, hermano del Señor, estaban en Jerusalén (Gál. 2: 9; cf. cap. 1: 19). Ellos, juntamente con los ancianos (ver com. Hech. 11: 30) y posiblemente otros apóstoles cuyos nombres no se especifican, aparecen como dirigentes de la joven iglesia. La iglesia primitiva confió el enojoso asunto de la circuncisión a un concilio de apóstoles y ancianos en Jerusalén, lo cual fue un precedente importantísima para la organización de la iglesia. Esta resolución contradice abiertamente la teoría de que la decisión final en asuntos eclesiásticos debe hacerla una sola persona en forma autocrática, y también ilustra la necesidad de buscar consejo y autoridad en un nivel más amplio que el de una congregación local, cuando se tratan asuntos que afectan a toda la iglesia. Era lógico que los apóstoles y los dirigentes de la primera congregación de Jerusalén constituyeran ese tribunal de apelaciones en los tiempos del NT; pero al mismo tiempo, como se verá posteriormente (cap. 15: 22, 25), la decisión final se basó en el acuerdo de todos los presentes, entre los cuales estaban los que habían venido de Antioquía, y no únicamente en la decisión de los ancianos de Jerusalén. Cuando Pablo y Bernabé y toda la iglesia de Antioquía llevaron su problema a Jerusalén, demostraron su confianza en la conducción del Espíritu Santo por medio de los dirigentes de Jerusalén. Por eso Pablo declaró que había ido a Jerusalén "según una revelación" (Gál. 2: 2; ver Hap 79).
3.
Habiendo sido encaminados.
En el libro de Hechos se registra repetidas veces esta costumbre (cap. 20: 38; 21: 16). Los judíos consideraban que era una demostración de hospitalidad acompañar a un huésped que se iba, especialmente si era un maestro. Abrahán acompañó a los ángeles cuando emprendieron su camino hacia Sodoma (Gén. 18: 16). Una antigua tradición judía afirma: "Un maestro [acompaña] a sus alumnos hasta las afueras de una ciudad; un colega [acompaña a otro] hasta el límite sabático; un alumno [acompaña] a su maestro una distancia ilimitada" (Talmud Sotah 46b). Una declaración atribuida al Rabí Meir (c. 150 d. C.), dice: "El que no acompaña a otros ni permite ser acompañado, es como el que derrama sangre" (Ibíd.).
Fenicia.
El camino que siguieron los apóstoles de Antioquía a Jerusalén iba por la costa, pasando por Sidón, Tiro y probablemente por Cesarea, y después por Samaria. En su ruta encontraron "hermanos", lo que da a entender que había congregaciones establecidas. Algunas de ellas sin duda habían sido establecidas por Felipe. En cuanto al origen de otras congregaciones nada se sabe, excepto esta breve alusión, lo cual hace suponer que una gran parte de la historia primitiva de la iglesia cristiana nunca fue registrada.
Conversión de los gentiles.
Este era ciertamente el tema dominante de Pablo. Estas conversiones sin duda las describió en numerosas ocasiones con abundancia de detalles, destacando, como lo había hecho Pedro al narrar la conversión de Cornelio, que el Espíritu había puesto el sello de su aprobación sobre la aceptación de los incircuncisos.
Causaban gran gozo.
La forma del verbo sugiere que a medida que Pablo y Bernabé iban hacia Jerusalén, la noticia de la conversión de los gentiles era recibida continuamente con gozo. Esta actitud de las iglesias de Fenicia y Samaria contrasta agudamente con la estrechez y la amargura de los fariseos de la iglesia de Jerusalén (vers. 5), y del partido judaizante que intentaba hablar en nombre de esa iglesia.
Todos los hermanos.
Cf. cap. 11: 2-4, 18. La iglesia se alegraba por las buenas nuevas que traían Pablo y Bernabé. Los que insistían 305 en que los gentiles debían circuncidarse eran sólo un grupo de los judíos cristianos, descritos como "algunos de la secta de los fariseos, que habían creído" (cap. 15: 5). Los fariseos apoyaban decididamente la ley ritual. Fueron recibidos por la iglesia. Cuando los apóstoles llegaron a Jerusalén recibieron una cordial bienvenida de parte de la iglesia en general. El grupo de la oposición se hizo oír después que los apóstoles presentaron en público el éxito alcanzado entre los gentiles.
Los apóstoles.
Ver com. cap. 1: 2.
Refirieron.
Si se compara este versículo con el 6, parece entenderse que se efectuó una reunión preliminar en la cual Pablo y Bernabé relataron sus trabajos misioneros. Esta reunión quizá fue la que se llevó a cabo en privado con "los que tenían cierta reputación", a los cuales Pablo más tarde alude (Gál. 2: 2). Tuvo que gastarse algunas horas contando los hechos y los sufrimientos, las señales y las maravillas, así como la pureza y el amor de los conversos gentiles. Esa presentación fue la mejor introducción posible al tema que más tarde fue discutido y decidido en el concilio.
5.
Secta.
Gr. háiresis (ver com. cap. 5: 17). Algunos de los fariseos se habían hecho cristianos. Aceptaron a Jesús como maestro enviado de Dios (Juan 3: 2), y como Mesías; aceptaron el Evangelio, y sabían que la salvación era por medio de Cristo; sin embargo, no querían admitir que ya no eran necesarios los ritos judíos a los cuales habían estado acostumbrados. Consideraban, además, que la iglesia cristiana era principalmente para los judíos, y que sólo podían aceptarse a aquellos gentiles que estuvieran dispuestos a observar los ritos judíos, sobre todo la circuncisión (HAp 153-163). Estos fueron los que se opusieron a lo que habían hecho Pablo y Bernabé. Es posible que se pusiera a Tito como ejemplo de la situación general (Gál. 2: 3): un gentil convertido que no había llenado los requisitos de un prosélito. La participación de Tito en esta controversia lo preparó para luchar más tarde contra la insistencia de los judaizantes, de que debían practicarse formas religiosas ya en desuso (cf. Tito 1: 10, 14-15).
Se levantaron.
Estos fariseos que "se levantaron" quizá hicieron necesario que se convocara un concilio más organizado.
La ley de Moisés.
Ver com. cap. 6: 13. La circuncisión no era el único requisito que los judaizantes proponían como necesario para los cristianos; era sólo su cuña de entrada. Deseaban imponer la observancia de toda la ley ritual. Los apóstoles y los ancianos. Ver com. vers. 2; cap. 11: 30. Por lo que dice el cap. 15:23, se ve que además de los dirigentes de la iglesia, los "hermanos", es decir los laicos, participaron en alguna medida en el concilio.
7.
Discusión.
Gr. z't'sis (ver. com. vers. 2). Las características humanas que se observan al tratar un asunto tan crucial como el que se decidió en esta ocasión, demuestra categóricamente que el Espíritu de Dios guía y actúa a través de los seres humanos, y cumple su voluntad a pesar de las flaquezas y los desacuerdos de las personas.
Pedro se levantó.
Pedro ocupaba una posición de autoridad, pero no de primacía. No presidió este concilio, y aunque su discurso dio la nota clave para la última decisión, no propuso la resolución final. El hecho de que hubiera sido el instrumento en la conversión de Cornelio, un romano, quizá el primer gentil que se hizo cristiano, y de que esa conversión había sido aprobada por la iglesia (cap. 11: 1-18), lo colocaba en una situación especialmente favorable para aconsejar que se aceptara en esta ocasión a otros gentiles.
Varones hermanos.
Ver com. cap. 1: 16; 2: 37; 13: 15.
Ya hace algún tiempo.
"Desde días antiguos". Pedro alude a la conversión de Cornelio (cap. 10), ocurrida quizá una década antes. Mucho de lo que se relacionaba con el problema del momento había ocurrido desde aquella conversión.
Por mi boca.
Pedro no estaba exigiendo que se le diera prominencia. Sencillamente dijo que Dios había hablado por medio de él.
8.
Conoce los corazones.
Esta expresión sólo aparece aquí y en Hech. 1: 24. Dios había actuado colocando a los incircuncisos en el mismo nivel de los circuncisos, y la iglesia sólo podía proceder de la misma forma.
El Espíritu Santo.
Ver com. cap. 10: 44.
9.
Ninguna diferencia.
"No hizo distinción" (BJ). Dios había dado a los nuevos conversos gentiles, sin que fueran circuncidados, el mismo derramamiento del Espíritu, como lo había hecho por primera vez en Pentecostés, sin hacer distinción entre judíos y gentiles. Esto evidentemente representaba la aceptación completa de los gentiles dentro de la iglesia. Ver en Rom. 10: 12 la declaración 306 posterior de Pablo en cuanto al mismo principio.
Purificando por la fe sus corazones.
Cornelio y su familia no habían necesitado purificarse mediante la observancia de las ceremonias judías. Dios les había purificado el corazón por medio de la fe. Según los fariseos, la purificación se lograba mediante la observancia de ritos y ceremonias, y como los gentiles no cumplían con esas leyes, aquéllos los consideraban impuros. Pero Dios siempre había tenido otro sistema para purificar (cf. Sal. 5l) el corazón manchado de pecado: el arrepentimiento y la fe en el sacrificio de Jesús. Pedro había aprendido que el hombre no puede considerar inmundo lo que Dios ha purificado (Hech. 10: 28). El NT enseña que la verdadera pureza depende de lo que hay dentro y no de lo externo (Tito 1: 15; Mat. 23: 25-28).
10.
¿Por qué tentáis a Dios?
Es decir, ¿por qué tenían que pedir señales a Dios, cuando él ya había manifestado su voluntad aceptando a los gentiles? ¿Era acaso más poderosa la voluntad del hombre para oponerse que la voluntad de Dios? Los judíos habían tentado a Dios en el desierto (Heb. 3: 9) cuando, a pesar de las maravillas que había hecho en su favor, murmuraron contra los dirigentes que él les había dado. Habían tentado a Cristo (1 Cor. 10: 9), y su desobediencia les había traído el castigo de las serpientes venenosas. Ananías y Safira habían tentado al Espíritu de Dios cuando intentaron engañar a la iglesia con sus ofrendas (Hech. 5: 9). Pedro advirtió a sus oyentes que no tentaran otra vez a Dios en este asunto de la admisión de los gentiles en la iglesia.
Un yugo.
El yugo del cual habla Pedro es la ley ceremonial (ver HAp 158), más sus elaboraciones tradicionales, por medio de las cuales los judíos se esforzaban por ganar la salvación. Pablo no podría haber pronunciado palabras más duras que éstas, palabras que recordaban lo que Jesús había dicho acerca de las tradiciones de los fariseos: "cargas pesadas y difíciles de llevar" (Mat. 23: 4), en contraste con su yugo y su carga: "fácil" y "ligera" (cap. de Pablo a los gálatas de que no se dejaran sujetar dé nuevo por el "yugo de esclavitud" (Gál. 8: 1).
Hemos podido llevar.
Dios no había tenido originalmente la intención de que los requisitos de la ley de Moisés fueran pesados. Se convirtieron en un yugo insoportable porque los judíos perdieron de vista su verdadero significado y los transformaron en una rutina ceremonial por medio de la cual intentaban ganar la salvación. Además, los rabinos habían procurado levantar una pared alrededor de la ley para defender sus preceptos, añadiendo sus exigencias para impedir que pudieran quebrantarse los mandamientos. Como resultado de esto, la observancia ceremonial judía se había convertido en una carga opresiva.
11.
La gracia del Señor Jesús.
Pedro afirmó que la salvación no se obtenía por medio de la conformidad con la ley, sino por la gracia del Señor; y con esta afirmación concluyó su discurso.
Seremos salvos
La salvación que Dios promete es por medio de la gracia (Rom. 3: 21-26; 5: 1-2; 11: 5-6; Efe. 2: 5, 8). Las obras aparecen como resultado de la recepción del don de la salvación mediante la gracia (Rom. 8: 4; Efe. 2: 9-10; Fil. 2: 12-13).
12.
La multitud.
Es decir, el grupo reunido (ver com. vers. 6).
Calló.
En respuesta al testimonio convincente de Pedro, no se oyeron voces de disensión. La oposición fue acallada, aunque todos no quedaron convencidos. Cuando se convirtió Cornelio, los prejuicios de Pedro habían sido eliminados; ahora su testimonio debía ayudar a otros a vencer los suyos.
Oyeron.
Parece que hasta este momento Pablo y Bernabé no habían hablado a la congregación; pero el discurso de Pedro había preparado a los oyentes para escuchar la narración de los notables acontecimientos del primer viaje misionero de ellos. Entonces los dos misioneros repitieron en público lo que ya le habían dicho a los apóstoles y ancianos (vers. 4).
Señales y maravillas.
Ver t. V, p. 198. En vista de las dudas de algunos de los presentes, es probable que Bernabé y Pablo destacaran el aspecto milagroso de su obra, como testimonio de que Dios había aceptado sus resultados. Su informe mostró que se habían obrado milagros tanto entre los gentiles como entre los judíos.
13.
Jacobo.
Es probable que este fuera hermano del Señor y dirigente de la iglesia de Jerusalén. Ver com. cap. 12: 17.
Varones hermanos.
Ver com. cap. 1: 16; 2: 37; 13: 15.
Oídme.
El resumen de Jacobo pasa por 307 alto la "mucha discusión" (vers. 7). La percepción de Pedro (vers. 7-11) concordaba con la profecía del AT, y Jacobo basó su decisión en este hecho.
14.
Simón.
Era natural que Jacobo, como galileo que era, usara el nombre hebreo o arameo de Pedro. En 2 Ped. 1: 1 el apóstol se denomina Simón Pedro, usando sus dos nombres.
Cómo Dios visitó por primera vez.
Lo que Pedro narrara apoyaba la aceptación del primer gentil en la iglesia. El verbo que se traduce como "visitó" es episképtomai, "visitar", "atender", casi siempre con la idea de hacer algo para bien de otro (cf. Luc. 1: 68; 7: 16; Heb. 2: 6).
Pueblo.
Los judíos creían que sólo ellos eran el pueblo de Dios, y que todos los demás estaban fuera del círculo del amor de Dios. Pero Jacobo proclamó que Dios también estaba aceptando como suyo a un pueblo procedente de las naciones paganas. Pablo reconoció este mismo hecho (Rom. 9: 26). Como los cristianos ya no debían considerar que el pueblo escogido era únicamente el pueblo judío, habían caducado los requisitos ceremoniales que habían distinguido a los judíos de los gentiles.
15.
Con esto concuerdan.
Es decir, los profetas del AT estaban de acuerdo con lo que Dios había hecho. Ellos habían previsto la conversión de los gentiles que estaba ocurriendo ahora.
Como está escrito.
La cita de los vers. 1617 es de Amós 9: 11-12, según la LXX. Los presentes, que conocían bien las Escrituras del AT, podrían recordar otras profecías similares, como lo hizo Pablo en Rom. 15: 9-12. El hecho de que la cita de Jacobo sea de la LXX y que el texto de este pasaje cuadre mejor con el argumento de Jacobo que las palabras del texto masorético, ha suscitado la pregunta en cuanto a si el concilio deliberó en griego. En favor de esta posibilidad está el hecho de que muchos judíos, incluso los que vivían en Palestina, eran bilingües, y que la cuestión que se estaba tratando era de interés para los cristianos de habla griega. Había presentes cristianos de Antioquía (Hech. 15: 2), que no necesariamente sabían arameo. Tito, un gentil incircunciso, también estaba allí (Gál. 2: 3), y probablemente no entendía arameo. En beneficio de estas personas habría sido apropiado hablar en griego.
Sin embargo, hay buenas razones para suponer que Jacobo presentó su discurso en arameo, y probablemente citó el pasaje del AT en hebreo, muy similar al arameo. En el NT y en la literatura cristiana primitiva, Jacobo aparece como dirigente de los cristianos de origen judío. Lo que se estaba tratando era esencialmente un problema judío que había sido presentado por los más judíos de los judíos cristianos: los fariseos. Por lo tanto, sería razonable esperar que un debate entre los apóstoles de Jerusalén se hubiera hecho en arameo. Esto no significa, sin embargo, que Lucas no actuó bien al citar la LXX, la versión de la Biblia conocida por sus lectores griegos. Amós 9: 11-12 en hebreo, según aparece en el texto masorético, no sería inapropiado para su argumento. De no haberse valido del texto masorético, pudo haber usado un texto hebreo más parecido a la LXX que el masorético. Los hallazgos de Qumrán han mostrado que tales textos existían, por lo menos para ciertas partes del AT (ver t. V, p. 94).
16.
Volveré.
Esta frase no concuerda con Amós 9: 11, ni en el texto hebreo ni en la LXX; pero sí corresponde con una expresión hebrea muy usada para decir "haré algo otra vez" (cf. Ecl. 9: 11; Ose. 2: 9; 11: 9). Este hebraísmo podría ser una indicación de que Jacobo citó el AT en hebreo.
Tabernáculo.
Gr. sk'n', "tienda", palabra que representa la palabra hebrea sukkah, la "enramada" que se construía para la celebración de la fiesta de los tabernáculos cuando los hebreos vivían durante una semana en unas enramadas frágiles y temporales.
17.
El resto de los hombres. Así traduce la LXX; el texto masorético dice "resto de Edom" (she´erith 'edom). Debe destacarse que la frase hebrea correspondiente a "resto de los hombres" sería she`erith 'adam, que las consonantes son las mismas en las dos frases y que las vocales hebreas no se escribían en tiempos del AT. Se supone que los traductores de la LXX leyeron 'dm como "hombres" y no como "Edom". El argumento de Jacobo se apoya mejor en la traducción griega. "El resto de los hombres", es decir, los gentiles, debían buscar al Señor y sobre ellos sería invocado su nombre, Jacobo reconoció que esta profecía era una predicción de la conversión de los gentiles, y por lo tanto tenía que ver con lo que se estaba debatiendo en ese momento.
Busque al Señor.
La diferencia que existe 308 en el pasaje de Amós 9: 12 entre el texto masorético y la LXX, se ve claramente en la diferencia que hay en la RVR entre Amós 9: 12 y Hech. 15: 17-18 p. p. En Amós 9: 12 se describe la restauración del pueblo de Israel (mediante la figura del tabernáculo) como poseedor del resto de Edom y de todas las naciones. Pero tal como Jacobo emplea esta profecía, es una declaración de la intención de Dios de que los gentiles le busquen. Jacobo explica que cuando los gentiles busquen al Señor, se reparará tanto la casa de David como la de toda la humanidad.
Sobre los cuales es invocado mi nombre.
Esta expresión es semítica, y puede interpretarse como "los que son llamados por mi nombre". Aparece en Deut. 28: 10, en hebreo, y en Sant. 2: 7, en griego.
18.
Que hace conocer.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto: "Dice el Señor que hace estas cosas conocidas desde el siglo". La cita de Amós 9: 12 termina con la frase "dice el Señor que hace estas cosas". La última parte de la oración parece haber sido añadida por Jacobo. Puede interpretarse en dos formas, sin violentar el texto griego: (1) "Dice el Señor que hace estas cosas, que son conocidas desde hace mucho", o, (2) "Dice el Señor que hace que estas cosas sean conocidas desde hace mucho". Cualquiera de las dos interpretaciones indica que la salvación de los gentiles no era una novedad en el plan de Dios (ver t. IV, pp. 29-32).
Los judíos estaban asombrados de que Dios aceptara a los gentiles; pero él había revelado esto por medio de sus profetas. Ahora llevaba a cabo lo que había decidido desde el principio (Efe. 3: 2-12).
19.
Yo juzgo.
"Opino yo" (BJ). Las palabras de Jacobo significan que hablaba con autoridad. Sin embargo, lo que sigue no fue no decreto, porque su promulgación final dependió de la autoridad de los apóstoles y los ancianos (cap. 16: 4).
No se inquiete.
Gr. parenojléÇ "afligir", "inquietar", "turbar"; "molestar" (BJ), poniendo obstáculos en el camino de otro. Este verbo sólo aparece aquí en el NT.
Que se convierten.
La obra de la conversión continuaba entre los gentiles en ese movimiento. El verbo Gr. epistréfo, que se emplea en este pasaje, aparece varias veces en Hechos para referirse a la conversión (ver com. cap. 3: 19). El informe de Pablo y Bernabé, y quizá la presencia de Tito, cristiano de origen gentil, demostraba que los gentiles realmente se estaban convirtiendo a Dios y que el Señor los estaba aceptando (cf. Gál. 2: 1; primera Nota Adicional al final de este capítulo). Esta fije la razón básica para que el concilio tomara tal decisión. Los gentiles se estaban convirtiendo; Dios los estaba aceptando. ¿Cómo podía la iglesia rechazarlos?
Muchos cristianos de origen judío aún no comprendían claramente que las leyes ceremoniales que señalaban a Cristo se habían cumplido en él, y que los símbolos étnicos que caracterizaban a los judíos (tales como la circuncisión) también habían perdido su valor. Durante décadas muchos cristianos de origen judío siguieron practicando los rituales del templo, y aun Pablo se unió con ellos cuando fue a Jerusalén (Hech. 20: 16; 21: 18-26, cf. cap. 18: 19). Pero con el correr del tiempo, y en buena medida gracias a los escritos de Pablo, quedó claro que los sacrificios ya no eran necesarios, pues habían servido para prefigurar a Cristo, quien ya había sido sacrificado como cordero pascual (1 Cor. 5: 7) de una vez por todas (Heb. 9: 12, 28). Además los hermanos fueron entendiendo que la circuncisión, como señal de que la persona era miembro del pueblo especial de Dios, había dejado de tener significado, pues en Cristo todos, incluso los gentiles convertidos, podían ser ahora miembros de la "nación santa" (1 Ped. 2: 9), y ya no había más diferencia entre gentil y judío (Rom. 10: 11-12; Col. 3: 10-11). Pablo comprendía claramente que el espíritu de legalismo, que en gran medida dependía de esos ritos, se había convertido en una barrera entre judíos y gentiles, lo que no debía existir entre aquellos que eran uno en Cristo Jesús (Efe. 2: 13-16).
20.
Se les escriba.
Gr. epistéllÇ, "enviar un mensaje", "escribir una carta" (cf. Heb. 13: 22). Los mensajeros enviados por los apóstoles llevaron consigo la decisión escrita del concilio (Hech. 15: 23).
Que se aparten.
La decisión era, en esencia, práctica (ver com. vers. 19). La cuestión de comer carnes sacrificadas a los ídolos fue considerada más tarde en forma algo diferente (ver com. "las contaminaciones de los ídolos"). En las condiciones existentes cuando se reunió el concilio de Jerusalén, la iglesia no se animó a permitir mayores libertades. Los gentiles no podían menos que sentirse satisfechos porque no se les había impuesto 309 ninguna carga pesada, y los que tenían tendencia al fariseísmo no podían negar que los gentiles de veras se habían convertido. Los requisitos estipulados parecían muy aceptables a los judíos cristianos.
Las contaminaciones de los ídolos.
En vista de que el manifiesto escrito oficial del concilio de Jerusalén, manda abstenerse "de lo sacrificado a ídolos" (eidlóthuton, vers. 29), probablemente deba entenderse que "contaminaciones de los ídolos" se refiere a alimentos o bebidas que se habían ofrecido a los dioses paganos. En las religiones de Roma y de Grecia era común en los templos ofrendar alimento a los dioses. Sin embargo, sólo se colocaba una pequeña porción sobre el altar. El resto era comido por quienes vivían del templo, o era enviado al mercado para ser vendido. Según los judíos ortodoxos, tales alimentos estaban contaminados. Una opinión atribuida al rabí Aquiha (c. 100 d. C.) afirma: "La carne que se trae a un ídolo es permitida; pero la que se saca de allí es prohibida porque es como sacrificios para los muertos" (Mishnah Abodah Zarah 2. 3). En forma similar, otro reglamento de la Mishnah (recopilada c. 200 d. C.) dice lo siguiente en cuanto a vino ofrecido a un ídolo: "El vino de la libación en cualquier cantidad es prohibido, y hace que otro vino sea prohibido. Si se mezcla el vino de la libación con otro vino o el agua de la libación con otra agua en cualquier cantidad, hace que sea prohibido. Pero si se mezcla el vino de la libación con agua, o el agua de la libación con vino, el otro se convierte en prohibido sólo si es suficiente como para dejar sabor. Esta es la regla general: si se mezcla con líquido de la misma clase en cualquier cantidad, hace que el otro sea prohibido. Pero si se mezcla con un líquido de otra clase, hace que el otro sea prohibido sólo si es suficiente como para dejar sabor" (Mishnah Abodah Zarah 5. 8). Por lo tanto, un judío estricto nunca compraba carne en el mercado común, sino sólo a un carnicero judío. Cuando viajaba lo hacía con su kófinos o canasta al hombro; llevaba consigo su comida (ver com. Mar. 6: 43).
En vista de este intenso sentimiento judío, el concilio creyó apropiado pedir a los cristianos de origen gentil que se abstuvieran de carnes ofrecidas a los ídolos. Esto exigía una gran abnegación. El converso debería rechazar invitaciones a muchas fiestas, y si iba, abstenerse de comer. El que tuviera una conciencia meticuloso también se negaría a comer en una casa particular, a menos que estuviera convencido de que el alimento que le servían no había sido ofrecido en un templo. Esta restricción tenía además el valor práctico de salvaguardar a los cristianos de origen gentil contra la tentación de participar en ritos paganos, donde era parte esencial del culto probar el alimento y el vino de los sacrificios. Si no se debía comer nada ofrecido a un ídolo, el cristiano meticuloso entendería claramente que aun el ritual de probar comida y bebida en el altar del emperador, era prohibido. Esta situación parece haber sido especialmente problemática en el período cuando se escribió el Apocalipsis (ver com. Apoc. 2: 14).
Esta restricción fue objeto de cierta oposición pocos años después del concilio de Jerusalén. En Corinto algunos pretendieron tener el derecho de comer lo que les parecía. Pablo concedió que tenían el derecho de comprar alimento en los mercado sin preguntar si había sido ofrecido anteriormente en un templo, puesto que "un ídolo nada es" (1 Cor. 8: 4); pero apoyó la restricción debido al amor fraternal y al respeto por los escrúpulos de otros (1 Cor. 8 - 10; ver com. Rom. 14).
De fornicación.
A primera vista puede sorprender que se encuentre una regla moral entre unas restricciones que parecen ser únicamente ceremoniales. Pero el primer asunto que se menciona en el decreto era también moral, pues se basaba en el segundo mandamiento del Decálogo. En cuanto a la fornicación, la ley levítica en contra de toda forma de falta de castidad era muy estricta (Lev. 18; 20: 10-21). En algunos MSS griegos no aparece esta frase; pero la evidencia textual favorece (cf. p. 10) su inclusión.
El pecado de fornicación, que implica falta de verdadero respeto por la pureza de la mujer, era un mal tan difundido en el mundo antiguo que casi podría considerarse como una característica de la cultura grecorromana. La idolatría y la fornicación muchas veces estaban relacionadas en los cultos paganos. Como ocurría en el caso de las sacerdotisas prostitutas de Afrodita en Corinto y en Pafos, la prostitución con frecuencia era parte de la idolatría. El hombre que tenía relaciones sexuales con una de las prostitutas del templo expresaba así su veneración por la diosa que allí se adoraba. Para el pagano la 310 fornicación era permitida y aun natural. Por esta razón los cristianos de origen judío querían estar seguros de que los conversos gentiles habían adoptado una vida pura (1 Cor. 6: 15; Apoc. 2: 14). Por lo tanto, en el concilio de Jerusalén el cristianismo dio el primer paso público para mantener en alto las normas morales, no sólo por su enseñanza general sino mediante una regla específica que se esperaba que respetaran los miembros de la iglesia.
De ahogado.
Esta frase no aparece en varios MSS griegos, sin embargo, la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por su inclusión. En el AT no aparece ninguna prohibición clara de comer carnes de animales "estrangulados" (BJ); pero aquí parece estar relacionada con la prohibición siguiente: abstenerse "de sangre". Un animal estrangulado no podía ser desangrado en forma aceptable, y por lo tanto su carne no era buena como alimento (Lev 17: 13-14). Es posible que la declaración de Jacobo se hubiera basado en las restricciones mosaicas en cuanto a la carne de animales muertos en forma natural, o muertos por algún otro animal (Lev. 17: 15; Deut. 14: 21). Esas restricciones eran obedecidas por la iglesia primitiva, como se ve por el testimonio de Tertuliano (m. c. 230 d. C.), quien escribiendo a los paganos, afirmó: "Sonrojaos por vuestra vil conducta delante de los cristianos, quienes ni siquiera participan de sangre de animales en sus comidas de alimento sencillo y natural; quienes se abstienen de comer lo estrangulado y de animales que mueren de muerte natural, sin otra razón que la de no contaminarse, ni siquiera por la sangre de las vísceras" (Apología 9). Una antigua regla (siglo IV) de la iglesia oriental dice: "Si un obispo, o presbítero, o diácono, o cualquiera del clero, come carne con la sangre de su vida, o lo que ha sido despedazado por animales, o que muere en forma natural, sea privado [de su puesto]; porque esto lo ha prohibido la ley. Pero si es un laico, que sea suspendido"* (Cánones apostólicos 63). La antigua tradición judía declaraba que cuando se le quebraba el pescuezo a un animal, la sangre fluía a las extremidades de tal modo que no se la podía sacar, ni siquiera usando sal (Talmud Hullin 113a).
De sangre.
La prohibición de comer sangre fue hecha inmediatamente después de que se permitió a los hombres que comieran carne (Gén. 9: 4), y en la ley mosaica se repite con frecuencia (Lev. 3: 17; 7: 26; 17: 10; 19: 26). En los tiempos de Saúl se consideraba que comer sangre era pecado contra el Señor (1 Sam. 14: 33).
El alimento preparado con sangre era común en la mesa de romanos y griegos. Homero describe la siguiente escena: "Dos vientres de cabras, ahítos de sangre y grasa ásanse al fuego para el yantar: aquél de entrambos que venza al otro, elegirá la porción que le guste" (Odisea xvii. 44- 49). En los sacrificios paganos se acostumbraba beber vino mezclado con sangre.
Josefo, hablando desde el punto de vista de los judíos del siglo I d. C., afirmó que "cualquier clase de sangre él [Moisés] ha prohibido que se use como alimento, considerándola como alma y espíritu (Antigüedades iii. 11. 2). La actitud de los judíos hacia esta prohibición puede verse por una declaración atribuida al rabí Simón ben Azzai (c. 110 d. C.): "En la Torah hay 365 prohibiciones, y entre todas las leyes no hay ninguna como ésta... Si las Escrituras os amonestan así en cuanto a la prohibición de la sangre [Deut. 12: 23], en comparación con la cual no hay mandamiento más fácil entre todos los mandamientos, "¡cuánto más se aplica esto a todo el resto de los mandamientos!" (Sifre Deuteronomio 12: 23). El hecho de que se considerara que la prohibición de comer sangre fuera el más fácil de observar de todos los mandamientos, ayuda a comprender la posición de los cristianos de origen judío, de Jerusalén, en el sentido de que los conversos gentiles debieran atenerse a ella. Durante siglos, al menos en ciertas zonas, la iglesia cristiana primitiva parece haber seguido esta regla (ver com. "ahogado"). Al mismo tiempo, especialmente en el Occidente, parece haberse hecho un intento de presentar las restricciones del concilio de Jerusalén sólo como prohibiciones morales. Ireneo (c. 185 d. C.) cita este pasaje de la siguiente forma: "Que se les mande que se abstengan de las vanidades de los ídolos, y de fornicación, y de sangre; y que cualquier cosa que no quieren que se les haga a ellos, no la hagan a otros" (Contra herejías iii. 12. 14). Algo muy similar dice el Códice de Beza del siglo VI. Desde este punto de vista, "abstenerse de sangre" era 311 abstenerse de derramar sangre humana. Tertuliano (m. c. 230 d. C.) lo dice con claridad: "La prohibición de 'sangre' la debemos entender como prohibición principalmente de sangre humana" (Sobre la modestia 12). Ver com. Gén. 9: 4.
21.
Desde tiempos antiguos.
Literalmente "desde las generaciones antiguas". Según parece, Jacobo sólo podía pensar que los cristianos de origen judío retendrían todo lo que el judaísmo les había dado, y que no se separarían de la sinagoga judía.
En las sinagogas.
Con referencia al culto en la sinagoga, ver t. V, pp. 57-60. Los cristianos de origen judío seguían asistiendo a los servicios en la sinagoga. La relación de este versículo con el anterior puede entenderse de diversos modos. Algunos interpretan que significa que los cristianos de origen judío no tenían que temer que la libertad concedida a los gentiles afectaría su observancia de las leyes mosaicas puesto que ellos y sus hijos seguirían recibiendo la amonestación de la ley cada sábado cuando asistieran a la sinagoga. Otros interpretan que este versículo es la base de las prohibiciones de Jacobo en el sentido de que, por cuanto Moisés era leído en la sinagoga, los gentiles deberían por lo menos, abstenerse de las cosas que él enumera. Otros sugieren que esto significa que los cristianos de origen gentil ciertamente no encontrarían difícil las prohibiciones de Jacobo, pues ya las conocían por sus relaciones con la sinagoga, donde se leía regularmente la ley.
22.
Pareció bien.
Gr. dokéÇ, "parecer apropiado" o , en un sentido oficial,
"decidieron" (BJ) o "se ordenó".
Toda la iglesia.
Esto muestra la importancia que se daba a los miembros de la iglesia. Estuvieron de acuerdo en enviar a los que llevarían la carta. En los siglos posteriores los laicos fueron mayormente excluidos de los concilios regulares de la iglesia.
Con Pablo y Bernabé.
Los mensajeros escogidos fueron enviados junto con Pablo y Bernabé, para que la confirmación de los decretos que se habían adoptado pudiera ser presentada por otros labios que no fueran los de estos dos, que estaban personalmente implicados en la cuestión. De este modo, no habría posibilidad de que algún judaizante fanático acusara a Pablo y a Bernabé de haber falsificado el documento.
Judas que tenía por sobrenombre Barsabás.
José, "que tenía por sobrenombre justo", también se llamaba Barsabás (ver com. Hech. 1: 23). Si Barsabás se considera como un nombre de familia, es posible que este Judas sea hermano de aquel José. De este José se sabe que había estado con Jesús; de Judas se dice que era profeta (cap. 15: 32).
Silas.
Este nombre podría ser arameo o quizá un apócope de Silvano, nombre romano. Silas, como Judas, era profeta (vers. 32). Fue compañero de Pablo en su segundo viaje misionero (vers. 40), y es probable que sea el Silvano de 1 Tes. 1: 1; 2 Tes. 1: 1; 1 Ped. 5: 12.
Varones principales.
Su posición puede haberse debido al hecho de que eran profetas (vers. 32). Si hubieran sido seguidores de Jesús, esto también habría sido motivo para que fueran respetados por los hermanos.
23.
Escribir.
Lo que sigue es sin duda la transcripción del documento enviado, el primero de una larga serie de decretos y cánones de los concilios que aparecen en la historia de la iglesia. Es probable que esta carta fuese escrita en griego, pues su forma es griega. Los gentiles más afectados por las decisiones de esa carta eran mayormente de habla griega. Fue indudablemente enviada a la iglesia de Antioquía.
Por conducto de ellos.
"Por su medio" (BJ). Judas y Silas fueron los portadores de la carta.
los apóstoles y los ancianos y los hermanos.
La evidencia textual favorece (cf.'. p. 10) el texto: "los apóstoles y los ancianos hermanos". De este modo los dirigentes en Jerusalén aseguraban a los cristianos a quienes les escribían que todos eran hermanos en Cristo. La BJ traduce: "Los apóstoles y los presbíteros hermanos, saludan a los hermanos venidos de la gentilidad que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia".
Gentiles.
Como se señaló en el vers. 20, la carta del concilio iba dirigida a los gentiles y no a los cristianos de origen judío.
En Antioquía, en Siria y en Cilicia.
La discusión acerca de lo que debía requerirse de los gentiles había llegado a su culminación en Antioquía. Las iglesias de las regiones circunvecinas de Siria sin duda también estaban inaplicadas. La mención de Cilicia sugiere la idea de que Pablo había hecho una obra importante en su provincia natal, antes de trabajar con Bernabé en Antioquía (cf. cap. 11: 25).
Salud.
Gr. jáirein. Esta era una palabra habitual 312 con la cual se iniciaban las cartas griegas. En el NT sólo aparece esta forma verbal aquí, en Hech. 23: 26, en Sant. 1: 1 y en 2 Juan 10-11.
24.
Algunos que han salido.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la inclusión de esta frase, aunque muchas versiones no la tienen. Por lo que dice el vers. 1, se deduce que eran de Judea. Su falta de autoridad se destaca en agudo contraste con la autoridad que el concilio dio a Judas y a Silas (vers. 27).
No dimos orden.
Se desmiente categóricamente que se hubiera dado autoridad a algún judaizante. Este pasaje es importante también en la evaluación de las pretensiones posteriores del mismo grupo (Gál. 2: 12).
Os han inquietado.
Gr. anaskeuázÇ, "inquietar", "trastornar". Los judaizantes habían trastornado la fe de los conversos gentiles, ya que sus afirmaciones afectaban profundamente la base de la experiencia y creencia del cristianismo: que la salvación no se gana mediante ritos externos ni identificándose con un determinado grupo.
Mandando circuncidaros.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de esta frase. Probablemente se añadió más tarde para aclarar qué era lo que pedían los que pretendían tener autoridad de parte de la iglesia de Jerusalén.
25.
Nos ha parecido bien.
Gr. dokéÇ (ver com. vers. 22). "Hemos decidido de común acuerdo" (BJ).
Elegir varones.
A saber, Judas y Silas.
Amados.
Gr. agap'tós, adjetivo que en el NT se aplica especialmente a los que estaban unidos en fe y en amor. Toda la carta honra a propósito a Pablo y a Bernabé, y la palabra ,"amados" aclara lo que más tarde dijera Pablo en cuanto a que los que eran "columnas" en la iglesia le habían dado la "diestra en señal de compañerismos" (Gál. 2: 9). Pedro usa este mismo adjetivo al referirse a Pablo (2 Ped. 3: 15).
Bernabé y Pablo.
Probablemente se puso en primer lugar el nombre de Bernabé, porque antes había sido un mensajero especial enviado de la iglesia de Jerusalén a Antioquía (cap. 11: 22).
26.
Han expuesto.
Gr. paradídÇmi, "entregar"; "han entregado" (BJ). Este pasaje podría significar que eran hombres que se habían mostrado dispuestos a entregar la vida por amor a Cristo, lo que evidentemente era cierto (cap. 13: 50; 14: 5, 19), o de un modo más general, que eran hombres que habían entregado su vida a la causa de Cristo.
Por el nombre.
Aquí, como antes, el "nombre" se refiere a la dignidad mesiánica y a la autoridad divina de Jesús. Los misioneros habían estado predicando que Jesús era el Cristo. Ver com. cap. 3: 16.
28.
Ha parecido bien.
Se usa aquí el mismo verbo del vers. 25. Jesús había prometido que el Espíritu de verdad guiaría a sus discípulos a toda verdad (Juan 16: 13), y Lucas muchas veces dice que ellos estaban llenos del Espíritu. Por lo tanto, los miembros del concilio afirmaron sin vacilación que eran guiados por el Espíritu de Dios. Con la dirección del Espíritu, los cristianos de origen judío estaban dejando a un lado su viejo prejuicio que les impedía tener comunión con los gentiles. Cuánto mejor hubiera sido que la iglesia pudiera decir honradamente que siempre era dirigida y conducida por el Espíritu Santo.
Ninguna carga más.
Aun los judíos sentían la carga que les imponían los ritos legales (ver com. Hech. 15: 10; Apoc. 2: 24).
29.
Lo sacrificado a ídolos.
Esta manera de expresarse define con mayor claridad la advertencia de Jacobo en contra de las "contaminaciones de los ídolos" (ver com. vers. 20).
De ahogado y de fornicación.
En algunos manuscritos falta una frase, y en otros, la otra; sin embargo, la evidencia textual favorece (cf. p. 10) la inclusión de ambas. Los problemas exegéticos y de crítica textual que presenta este versículo son los mismos del vers. 20. Ver com. vers. 20.
Bien haréis.
De la expresión griega eu prássÇ, "irle bien a uno", o "hacer lo correcto". Aunque el primer significado es más común, la literatura cristiana a partir del siglo II apoya el segundo porque parece ser más adecuado en este contexto. De acuerdo con los papiros, eu prássÇ era una expresión que se empleaba en las epístolas del período del koiné, para manifestar un pedido con cortesía; por lo tanto, este pasaje podría, inclusive, traducirse: "De las cuales guardaos, por favor".
Pasadlo bien.
Del verbo Gr. rÇnnumi, "ser fuerte", "prosperar". Era una forma común de concluir una carta en griego. Esta carta sigue el estilo griego tanto al comienzo como al final (ver com. vers. 23).
30.
Descendieron a Antioquía.
Es natural 313 suponer que los enviados por el concilio regresaron al norte por el camino de Samaria y de Fenicia. Sin duda hubo alegría entre los gentiles de las congregaciones cristianas al oír acerca de las gratas noticias que recibieron.
La congregación.
Gr. pl'thos, que a veces se traduce como "multitud"; pero en Hechos se usa repetidas veces para referirse a la "asamblea" (BJ) de los cristianos (cap. 4: 32; 5: 14; 6: 2; 15: 12).
Entregaron la carta.
Tuvo que haber cierto nerviosismo cuando, con toda solemnidad, se abrió la carta y fue leída en voz alta. Quizá se oyó alguna murmuración en unos y aplausos por parte de otros cuando se oyó claramente que la carta no apoyaba la enseñanza de los judaizantes, y confirmaba la posición adoptada por Pablo y Bernabé. Para los creyentes gentiles de Antioquía esta epístola fue una declaración de libertad, ganada después de una intensa lucha.
31.
La consolación.
Bernabé, "hijo de consolación" (ver com. cap. 4: 36) era un digno miembro de esa embajada. Tanto judíos como gentiles sentirían consolación; aquéllos, porque ahora sabían sobre qué base apoyarse para recibir a los conversos gentiles como hermanos cristianos; éstos, porque habían quedado libres del yugo de las ceremonias y de los ritos. Ver segunda Nota Adicional al final del capítulo.
32.
Judas y Silas... profetas.
Ver com. cap. 13: 1. El término "profeta" se emplea aquí no necesariamente para el que predice el futuro, sino para el que, lleno del Espíritu, es un portavoz de Dios. Por lo tanto, Judas y Silas estaban calificados para aconsejar y fortalecer a los discípulos. Los gentiles necesitaban ser exhortados; esta era la obra a la cual Pedro había sido llamado por su Señor (Luc. 22: 32), y ahora debía realizarse tal como Pedro lo había aprendido en su trato con Cornelio.
33.
En paz.
Traducción de la despedida normal entre los hebreos. No significa que a esas personas se les permitía irse tranquilamente, sino que las acompañarían las oraciones de la iglesia para que se fueran en paz. Cf. Mar. 5: 34.
A aquellos que los habían enviado.
La RVA dice "a los apóstoles"; pero la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto que aparece en la RVR.
34.
Mas a Silas.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión del vers. 34. Sin embargo, puesto que Pablo escogió poco después a Silas como compañero de viaje (vers. 40; cf. vers. 36), éste debe haber permanecido en Antioquía, o de lo contrario tuvo que haber regresado poco tiempo después.
35.
Anunciando el evangelio.
Gr. euaggelízomai (ver com. cap. 13: 32). Para presentar a Jesús como el Salvador era necesario enseñar y predicar. También debía instruirse a los nuevos conversos en cuanto a la manera de vivir para Dios. Sin duda esto era especialmente necesario para los gentiles quienes, según se veía cada vez con mayor claridad, eran ahora participantes del nuevo pacto por el Evangelio.
36.
Después de algunos días.
Ver com. cap. 16: 1.
Volvamos a visitar.
Esta es una idea característica en Pablo. Siempre sentía "la preocupación por todas las iglesias" (2 Cor. 11: 28), a las cuales constantemente recordaba en oración (Rom. 1: 9; Efe. 1: 16; Fil. 1: 3). A juzgar por su preocupación por Timoteo, la cual se revela en las epístolas que le dirigió, el apóstol estaba tan preocupado por el crecimiento espiritual de los miembros de las iglesias, que eran sus hijos en la fe, como por la condición general de las congregaciones que había fundado. Pablo propuso el viaje para tener una oportunidad de visitar de nuevo las iglesias fundadas en su primer viaje; pero viajó más lejos cuando el Espíritu lo impulsó a ir a Europa en respuesta al llamamiento macedónico (cap. 16: 8-10).
37.
Quería.
La relación familiar de Bernabé con Juan Marcos fue, sin duda, lo que lo indujo a querer llevar al joven en otro viaje misionero, con el fin de darle la oportunidad de demostrar su aptitud para el servicio (cf. Col. 4: 10). Reconoció, a no dudarlo, a diferencia de Pablo, que había circunstancias que explicaban, por lo menos en parte, el hecho de que Juan hubiera desertado ante una tarea difícil (ver com. Hech. 13: 13). Posiblemente, para Pablo, fervoroso y valiente guerrero de Cristo, cualquiera que se hubiera echado atrás no parecía ser "apto para el reino de Dios" (Luc. 9: 62), y necesitaba ser disciplinado, dejado de lado -por lo menos por un tiempo-, con el fin de prepararlo para realizar otros trabajos.
38.
Se había apartado.
Ver com. cap. 13: 13. Juan Marcos había regresado de Perge a Jerusalén. 314
SEGUNDO VIAJE MISIONERO DE PABLO
315
No había ido.
Estas palabras sugieren que Pablo se quejaba de que Marcos al regresar a Jerusalén había abandonado la parte del trabajo misionero que le correspondía hacer.
39.
Desacuerdo.
Gr. paroxusmós, "irritación", "arranque de ira". "Paroxismo... exaltación extrema de los afectos y pasiones" (Diccionario de la lengua, española). La cálida y antigua amistad entre Pablo y Bernabé, confirmada por el apoyo que éste le prestó al apóstol cuando más necesitaba de un amigo (ver com. cap. 9: 27), además de su mutuo esfuerzo en una gran obra y de su éxito en asegurar una importante decisión en Jerusalén, hizo que la ruptura entre ambos fuera más dolorosa. Esta es la última vez que se menciona a Bernabé o a Marcos en el libro de los Hechos. Este desacuerdo dio como resultado que se iniciaran dos viajes misioneros, y no uno solo. Aunque los apóstoles no concordaban en cuanto a quién era digno de unirse con ellos para hacer esa obra, no había desacuerdo en cuanto a cuál era la obra que demandaba el Evangelio. El nombre de Bernabé aparece en las epístolas paulinas en 1 Cor. 9: 6; Gál. 2: 1, 9, 13; y Col. 4: 10. Cuando escribe a los Corintios (1 Cor. 9: 6), el apóstol afirma que Bernabé había dado el mismo noble ejemplo de trabajar con sus propias manos, para no ser sostenido por las iglesias donde predicaba. En Col. 4: 10 se ve que Pablo recibió de nuevo a Juan Marcos como colaborador (cf. File. 24). Pablo reconoció que Juan Marcos le era "útil para el ministerio" (2 Tim. 4: 11). Después de haber trabajado Marcos con Bernabé en Chipre, parece que regresó donde estaba Pedro y estuvo con éste en Roma (1 Ped. 5: 13). Posiblemente fue durante esa permanencia en Roma cuando Marcos trabajó de nuevo con Pablo.
Navegó a Chipre.
Bernabé era oriundo de Chipre y era natural que él y Juan Marcos comenzaran allí su trabajo.
40.
Pablo, escogiendo a Silas.
Ver com. vers. 34. Esto muestra el interés que tenía Silas en el evangelismo entre los gentiles. Sin duda estaba tan bien preparado como Bernabé, porque tenía el don de profecía. Desde este momento Silas podía aspirar al título de apóstol en su sentido más amplio de "misionero", pues había sido enviado como tal por la iglesia de Antioquía.
Encomendado.
Ver com. cap. 14: 26.
41.
Pasó.
El verbo aparece en singular, pero el relato indica que Silas acompañó a Pablo, el apóstol más experimentado.
Siria y Cilicia.
Como Pablo no había visitado a Cilicia, su provincia natal, en el primer viaje, es probable que las iglesias que había allí fueran fundadas por él durante los años que vivió en Tarso después de su conversión (cap. 9: 30; 11: 25). Pero los judaizantes habían estado activos en las dos provincias mencionadas, y la presencia de Pablo con Silas como uno de los enviados del concilio, debe haber ayudado a disipar dudas o preguntas tanto de los judíos como de los gentiles en las iglesias que visitaban.
Confirmando.
Ver com. cap. 14: 22.
NOTAS ADICIONALES DEL CAPÍTULO 15
Nota 1
Uno de los problemas más difíciles de resolver en el libro de los Hechos es el que se presenta cuando se comparan el registro de Lucas de las visitas de Pablo a Jerusalén con el relato del apóstol en Gál. 1 y 2. Hasta ahora Lucas ha registrado tres visitas (Hech. 9: 26-30; 11: 27-30; 12: 25; 15: 1-29), mientras que Pablo sólo menciona dos (Gál. 1: 18-19; 2: 1-10). De éstas, las visitas mencionadas en Hech. 9: 26-30 y Gál. 1: 18-19 son evidentemente la misma. Sin embargo, surge la duda en cuanto a la relación entre la segunda y la tercera visitas mencionadas en Hechos, con la segunda visita de Gálatas. ¿Cuál de las visitas registradas por Lucas en los Hechos corresponde con la que Pablo menciona en Gálatas?
Por lo general, los eruditos han propuesto tres soluciones al problema. Algunos entienden que la visita debida al "hambre", que se registra en Hech. 11: 27-30; 12: 25, es la misma de Gál. 2: 1-10. Otros al afirman que la visita de Gál. 2 corresponde a la de Hech. 15, durante la cual Pablo asistió al concilio de Jerusalén. Pero otros, que no aceptan estas explicaciones, consideran que la única forma de poder armonizar los relatos de Lucas y de Pablo es reconstruir completamente el relato de los Hechos. Algunos de los que son de esta opinión sugieren que la visita a Jerusalén por causa del "hambre" (Hech. 11 y 12) y el viaje 316 al concilio (Hech. 15), son un solo viaje, el cual Pablo menciona en Gálatas. Según esta interpretación, Lucas tomó de diferentes fuentes los dos relatos de los Hechos, y aunque ambas relataban el mismo viaje, equivocadamente entendió que eran dos visitas separadas. Otra posición, un poco radical, es la que sitúa la visita de Pablo a Judea con motivo del "hambre" al final del tercer viaje misionero, antes de su encarcelamiento; lo cual identifica este viaje con el que se registra en Hech. 21, cuando llevó una ofrenda de las iglesias de Macedonia y Acaya (Rom. 15: 25-26). El profeta Agabo aparece en Hech. 21 y en Hech. 11, y en ambos casos pronunció una profecía.
Al evaluar estos puntos de vista debe decirse en primer lugar, que el tercer tipo de solución, que requiere la reconstrucción completa del relato de Lucas, parece no tomar debidamente en cuenta el conocimiento que él tuvo que tener de este período de la carrera de Pablo. Una persona que tuviera tanto interés en la biografía de Pablo como lo demostró Lucas, y que se relacionara personalmente con él, difícilmente podría haber ignorado las relaciones de Pablo con la iglesia de Jerusalén en cuanto al problema de los gentiles, hasta el punto de ignorar en cuál momento de la obra de Pablo se celebró el concilio de Jerusalén. Además, es poco razonable pensar que Lucas hubiera confundido tanto los hechos en el relato de Agabo. Desde el punto de vista de este Comentario, no hay razón para pensar en la reconstrucción completa del relato de Lucas.
Pueden presentarse algunas pruebas en favor de la posición que sostiene que la visita de Pablo y Bernabé a Jerusalén para llevar socorro a los hermanos (Hech. 11: 27-30; 12: 25), es la misma que se registra en Gál. 2: 1-10:
1. Pablo afirma que fue a Jerusalén "según una revelación" (Gál. 2: 2). Lucas parece sugerir algo parecido al describir la visita a Jerusalén, como resultado directo de la profecía de Agabo de que habría "una gran hambre" (Hech. 11: 28).
2. En Gál. 1 y 2 Pablo afirma que no recibió de ningún hombre el Evangelio, ni mucho menos de los judaizantes de la iglesia de Jerusalén, sitio sólo de Cristo. Luego habla de su vida después de su conversión, destacando especialmente sus relaciones con los dirigentes que estaban en Jerusalén, para mostrar que su conexión con ellos había sido relativamente escasa y siempre en contra del espíritu judaizante. Si la segunda visita a Jerusalén que Pablo menciona en Gál. 2: 1-10 es la misma que se registra en Hech. 15, entonces es evidente que el apóstol omitió una visita (la de Hech. 11) en su relato de Gálatas, lo que lo habría hecho merecedor de la acusación de que a propósito había reducido al mínimo sus relaciones con los hermanos de Jerusalén para favorecer su argumento. Pero es difícil pensar que Pablo fuera tan ingenuo como para caer en ese error. En cambio si en Gál. 2 se refiere a la visita por causa del "hambre", y si escribe antes del concilio de Jerusalén, como opinan muchos eruditos (ver p. 107), entonces registró todas sus visitas a Jerusalén hasta el momento de escribir, y no se le puede acusar de ocultar alguna evidencia para favorecer su argumento.
3. Pablo afirma que durante los años entre su primera visita a Jerusalén (Gál. 1: 18-19) y la visita que consideramos, "no era conocido de vista a las iglesias de Judea" (cap. 1: 22). Esta afirmación difícilmente puede concordar con el hecho de que había ido a Jerusalén a llevar "socorro" a los hermanos (Hech. 11: 27-30), si este viaje se hubiera efectuado entre las dos visitas narradas en Gál. 1 y 2.
4. En Gálatas, donde Pablo se preocupa mayormente con la relación entre los cristianos de origen gentil y el judaísmo, no menciona el acuerdo oficial tomado por los dirigentes de Jerusalén en cuanto a este mismo problema. Esto sería extraño, a menos que el segundo viaje que registra en Gálatas fuera el de Hech. 11: 27-30 y el concilio de Jerusalén todavía no se hubiera celebrado.
5. Si el viaje de Hech. 11 corresponde con el de Gál. 2, la simulación de Pedro y Bernabé en Antioquía (Gál. 2: 11-13), habría ocurrido antes del concilio de Jerusalén y del primer viaje misionero. Así se entendería mejor que si se acepta que ellos cedieron ante la presión judaica después de los episodios de Bernabé con los gentiles en el primer viaje, y después de que Pedro y Bernabé públicamente habían tomado la iniciativa en la decisión a que se llegó en Jerusalén (Hech. 15: 7-12). Si Pedro y Bernabé fueron tan valientes en la posición que adoptaron en Jerusalén, ¿por qué tenían que simular más tarde en Antioquía?
Argumentos como los que se acaban de presentar han inducido a muchos eruditos a 317 pensar que la visita debido al "hambre" (Hech. 11), y no la que hubo por causa del concilio (Hech. 15), es la que Pablo registra en Gál. 2.
Sin embargo, muchos de los comentadores más antiguos han identificado la visita de Hech. 15 con la de Gál. 2. A continuación presentamos los argumentos que apoyan este punto de vista:
1. En Hech. 11: 27-30 y 12: 25 no hay indicación alguna de que el problema de los gentiles hubiera surgido durante la visita debido al "hambre". Por otra parte, este problema se ve claramente en Hech. 15 y Gál. 2. Además, el primer viaje misionero (Hech. 13 y 14) proporciona un antecedente lógico para el problema presentado en Gál. 2.
2. Tanto en Hech. 15 como en Gál. 2 el tema discutido fue suscitado por intrusos. Lucas dice que eran "algunos de la secta de los fariseos" (Hech. 15: 5); pero Pablo los llama en una forma más dura: "falsos hermanos" (Gál. 2: 4). No hay indicación alguna de tales personas en el relato de Hech. 11 y 12.
3. En relación al hecho de que si se considera que el viaje de Gál. 2 es el mismo que el que se registra en Hech. 15, faltaría un viaje en el relato de Pablo en Gál. 1 y 2, se ha sugerido que durante la visita debido al "hambre" Pablo no se relacionó con ningún apóstol. Lucas sólo dice que Pablo y Bernabé llevaron "socorro " y lo entregaron a los "ancianos" (Hech. 11: 30) que estaban en Jerusalén. Por eso, al relatar sus encuentros con los apóstoles, Pablo posiblemente no consideró que la visita debida al "hambre" fuera suficientemente importante para que la mencionara.
4. No hay necesariamente contradicción entre la afirmación de Lucas de que desde Antioquía enviaron "socorro" a "los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo" (cap. 11: 30), y lo que dice Pablo: que "no era conocido de vista a las iglesias de Judea" (Gál 1: 22). El breve relato de Lucas sólo indicaría que en ese viaje nada más se entregó a los ancianos el dinero recolectado, misión que pudo haberse cumplido sin demora, y que Pablo y Bernabé regresaron inmediatamente para seguir con su urgente trabajo en Antioquía. (Con referencia a la identificación de los ancianos, ver com. Hech. 11: 30.) De modo que Pablo podría haber omitido en Gálatas el relato de este viaje, por no haberlo considerado de suficiente importancia para su tema.
5. Aunque es más fácil comprender la simulación de Bernabé y de Pedro, si se entiende que ocurrió antes del concilio de Jerusalén, no es imposible entender que después de ese concilio hubieran claudicado frente a la presión judía. Pablo indica claramente que actuaron así a pesar de la información que tenían (Gál. 2: 12-13).
6. El relato de Lucas del viaje de Pablo y Bernabé con motivo del "hambre", no indica que alguien hubiera acompañado a los misioneros a Jerusalén. Pero Lucas dice específicamente que cuando fueron a Jerusalén para asistir al concilio fueron también "algunos otros de ellos" (Hech. 15: 2). Esto podría corresponder con la afirmación de Pablo de que llevó a Tito consigo en el viaje a Jerusalén, registrado en Gál. 2: 1.
Debido a razones como las que acaban de presentarse, muchos eruditos han preferido considerar que la visita de Pablo y de Bernabé a Jerusalén registrada en Hech. 15 y la que aparece en Gál. 2, es la misma. La cronología provisoria que sigue este Comentario hace equivaler el viaje de Gál. 2 con el que se relata en Hech. 15, con motivo del concilio. de Jerusalén (ver p. 103).
Nota 2
Es difícil dar demasiada importancia a las decisiones del concilio de Jerusalén. Allí se redactaron cuatro prohibiciones específicas pero la disposición general de no imponer "ninguna carga más", era la vital. Por decreto oficial de la iglesia, se declaró que los gentiles estaban libres de la obligación de cumplir los ritos judíos. Esta fue una proclama de emancipación.
El ingreso en la iglesia del etíope, de los samaritanos, de Cornelio y su casa, y, sobre todo, de los griegos completamente paganos de Antioquía, fue significativo y tuvo un efecto que se dejó sentir más y más sobre el pensamiento del elemento judío de la iglesia. Pero en Jerusalén la iglesia se reunió en concilio y llegó a un acuerdo definitivo. La circuncisión, el ofrecimiento de sacrificios, los lavamientos y todo el ritual que eran parte de la religión judía -o que habían introducido por tradición en la práctica de esa religión-, no debían exigirse de los gentiles que fueran recibidos en la iglesia cristiana mediante el bautismo.
En vista de la importancia de esta decisión, 318 el hecho de que se especificaran ciertas prohibiciones que se esperaba que rigieran para los gentiles, era quizá menos importante; pero, con todo, necesario para completar el cuadro doctrinal. El punto esencial de la decisión estaba en la declaración general en cuanto a lo que no debía exigirse a los gentiles. Junto con esta declaración aparecía una afirmación breve de lo que realmente debía esperarse. Los puntos escogidos evidentemente hacían destacar las cosas en las cuales un gentil podía errar, o en relación con las cuales podía ser indiferente.
La vacilación de Pedro en Antioquía (Gál. 2: 11-14), la tenaz oposición de los endurecidos judaizantes de Galacia (cap. 3: 1-2), y más tarde la aparición de las sectas judaizantes de los nazarenos y de los ebionitas (ver pp. 54-56), todo en conjunto muestra cuán esencial era que la iglesia llegara a una decisión clara en cuanto al asunto de los judaizantes, pues de no ser así, tendría que haberse preocupado por antiguas formas y ceremonias -honrosas pero simbólicas- que habían caducado con la llegada del bendito Antitipo (o "realidad simbolizada"), que ya había cumplido con su obra. La iglesia habría sentido siempre la atracción de Jerusalén como su centro, aun después de que esta ciudad fuera destruida. Peor aún: habría sido una iglesia de una nación, de una raza judía en esencia. Sin duda, se habría hecho sentir cada vez en forma creciente que los gentiles eran admitidos, no por la gracia de Dios, sino por la condescendencia de los de la raza escogida. Tal egocentrismo, tal complejo racial y centralización habrían tenido un efecto dañino y finalmente fatal para la vida, el programa y el progreso de la iglesia.
Tal situación habría hecho que la iglesia se viera obligada a caracterizarse por formas externas y ritos. Pero la verdadera naturaleza del cristianismo no se encuentra en las formas y las ceremonias. El genio del cristianismo es su espiritualidad, su adoración a Dios en espíritu y en verdad. La intención de Dios era que el cristianismo quedara libre de las antiguas formas, ritos y ceremonias. Si se hubiera aplicado en la evolución posterior de la iglesia el significado pleno de la decisión del concilio de Jerusalén, se habría evitado una gran cantidad de error y también la apostasía.
Podría preguntarse por qué el concilio de Jerusalén no es edificio que los Diez Mandamientos seguían vigentes. Debe responderse que el concilio no estaba discutiendo la vigencia del Decálogo. Adorar a Dios, guardar el sábado, honrar a los padres, permitir que nuestros prójimos vivan y disfruten de la vida, ser honrados y vivir contentos, era una parte tan vital de la moralidad básica del cristianismo, que por lo mismo ni se mencionaron. Más aún: estos puntos no eran los que se estaban debatiendo en este concilio. Ya se señaló que las prohibiciones tenían que ver con asuntos en los cuales los gentiles ya convertidos debían cuidarse, para no caer en pecados indecorosos o prácticas que pudieran causar discordia en la iglesia. Comer sangre o carne de la cual no se hubiera eliminado bien la sangre, participar en la idolatría y la fornicación eran prácticas comunes entre los gentiles, quienes ni siquiera pensaban que pudieran ser dañinas para el cuerpo, el espíritu, o ambos. Por lo tanto, estas eran las cosas contra las cuales se debía advertir a los gentiles, y de las cuales debían abstenerse.
En cuanto a los acuerdos del concilio, es natural preguntarse cómo los consideró la iglesia en tiempos posteriores. Fue un convenio entre gentiles y judíos en la iglesia, y, por lo tanto, fue en cierto modo un arreglo o solución de compromiso, o al menos una base para que pudieran convivir ambos grupos (ver com. vers. 19). Aún no había llegado el momento de proclamar el pleno significado de la enseñanza de Pablo (Gál. 2: 2), quien había aceptado la decisión del concilio como un arreglo satisfactorio del problema, y nunca más hizo referencia a lo que se había decretado. Aun cuando se ocupó de uno de los principales puntos tratados -el problema de la comida ofrecida a ídolos (1 Cor. 8; 10)-, no mencionó la decisión del concilio. En verdad, difícilmente podría considerarse que lo que aconsejó al respecto armonizaba totalmente con la decisión del concilio, si bien es cierto que no era contrario al espíritu y al propósito del misma firma que no necesariamente era incorrecto comer lo que había sido ofrecido a ídolos, porque los dioses representados por los ídolos eran nada. Lo que realmente hubiera estado mal era el no tener en cuenta los escrúpulos de otros cristianos que no comían tales cosas, y que hubieran sido perturbados si sus prójimos lo hacían. Este acuerdo tendía a evitar toda fricción innecesaria entre cristianos de origen 319 judío y gentiles en sus relaciones sociales.
Cuando Pablo trató el asunto de la impureza en lo sexual, como lo hizo vez tras vez en sus epístolas, no se refirió al concilio de Jerusalén, sino se fundó en los principios bíblicos básicos, verdadera raíz de la decisión del concilio. Es decir, trató el problema teniendo en cuenta que el cristiano pertenece a Dios y que toda su persona se ha convertido en templo del Espíritu Santo, en cuya divina presencia no puede haber impureza.
Debe, pues, entenderse que la importancia del concilio no dependió en primer término del efecto que tuvo sobre la iglesia con sus prohibiciones específicas, sino más bien en la liberación de la iglesia cristiana de origen gentil, de la obligación de cumplir con ciertos ritos religiosos por muy respetables que pudieran parecer.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-41 HAp 153-165, 321; SR 304-309
1-3 HAp 153-154
4-6 HAp 153, 155
7-8 HAp 156, 159
8-10 HAp 157; SR 307
12-13 HAp 158
14 PVGM 57
18 MC 341; ST 282
19 HAp 158; SR 307
20 HAp 159
22-23 HAp 160
25-29 HAp 159
32, 35 HAp 160
36-40 HAp 138, 164
37-41 HAp 164
39 1JT 439


CAPÍTULO 16
1 Pablo circuncida a Timoteo 7 y es guiado por el Espíritu para ir de un País a otro. 14 Lidia se convierte 16 y una muchacha es librada de un espíritu de adivinación, 19 razón por la cual Pablo y Silas son azotados y encarcelados. 26 Las puertas de la cárcel se abren. 31 Conversión del carcelero, 37 y liberación de Pablo y Silas.
1 DESPUES llegó a Derbe y a Listra; y he aquí, había allí cierto discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego;
2 y daban buen testimonio de él los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.
3 Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.
4 Y al pasar por la ciudades, les entrega las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalén, para que las guardasen.
5 Así que las iglesias eran confirmadas en fe, y aumentaban en