Resumen:
1 David procura llevar el arca de Quiriat-jearim a Jerusalén en un carro nuevo. 6 Uza es muerto en Pérez-uza. 9 Dios bendijo a Obed-edom a causa del arca. 12 David conduce el arca a Sion con sacrificios, danza delante de ella y es reprendido por Mical. 17 La coloca en un tabernáculo con mucho gozo y festejos. 20 Mical reprende a David por su gozo religioso, y no tiene hijos hasta el día de su muerte.
1 DAVID volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, treinta mil.
2 Y se levantó David y partió de Baala de Judá con todo el pueblo que tenía consigo, para hacer pasar de allí el arca de Dios, sobre la cual era invocado el nombre de Jehová de los ejércitos, que mora entre los querubines.
3 Pusieron el arca de Dios sobre un carro nuevo, y la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba en el collado; y Uza y Ahío, hijos de Abinadab, guiaban el carro nuevo.
4 Y cuando lo llevaban de la casa de Abinadab, que estaba en el collado, con el arca de Dios, Ahío iba delante del arca.
5 Y David y toda la casa de Israel danzaban delante de Jehová con toda clase de instrumentos de madera de haya; con arpas, salterios, panderos, flautas y címbalos.
6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban.
7 Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.
8 Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy.
9 Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová?
10 De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo.
11 Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.
12 Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegría el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David.
13 Y cuando los que llevaban el arca de Dios habían andado seis pasos, él sacrificó un buey y un carnero engordado.
14 Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.
15 Así David y toda la casa de Israel conducían el arca de Jehová con júbilo y sonido de trompeta.
16 Cuando el arca de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová; y le menospreció en su corazón.624
17 Metieron, pues, el arca de Jehová, y la pusieron en su lugar en medio de una tienda que David le había levantado; y sacrificó David holocaustos y ofrendas de paz delante de Jehová.
18 Y cuando David había acabado de ofrecer los holocaustos y ofrendas de paz, bendijo al pueblo en el nombre de Jehová de los ejércitos.
19 Y repartió a todo el pueblo, y a toda la multitud de Israel, así a hombres como a mujeres, a cada uno un pan, y un pedazo de carne y una torta de pasas. Y se fue todo el pueblo, cada uno a su casa.
20 Volvió luego David para bendecir su casa, y saliendo Mical a recibir a David, dijo: ¡Cuán honrado ha quedado hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy delante de las criadas de sus siervos, como se descubre sin decoro un cualquiera!
21 Entonces David respondió a Mical: Fue delante de Jehová, quien me eligió en preferencia a tu padre y a toda tu casa, para constituirme por príncipe sobre el pueblo de Jehová, sobre Israel. Por tanto, danzaré delante de Jehová.
22 Y aun me haré más vil que esta vez, y seré bajo a tus ojos; pero seré honrado delante de las criadas de quienes has hablado.
23 Y Mical hija de Saúl nunca tuvo hijos hasta el día de su muerte.
 
COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
David volvió a reunir.
El mismo relato, con una introducción más larga, se encuentra en 1 Crón. 13: 1, 6-14. David se proponía que Jerusalén fuera tanto la capital civil como la capital religiosa de la nación. Durante muchos años el arca había estado en Quiriat-jearim, adonde se la había llevado al ser devuelta por los filisteos después de la muerte de Elí (1 Sam. 7: 1). David deseaba albergar el arca en un santuario nacional en Jerusalén. Antes de llevar a cabo ese propósito, convocó a los dirigentes de la nación (1 Crón. 13: 1-4) para consultarles acerca de su plan.
Todos los escogidos.
La transferencia del arca debía ser motivo de una exhibición ostentosa y de regocijo nacional. David ordenó que 30.000 de los hombres principales del reino se reunieran en Jerusalén para participar de los solemnes festejos.
2.
Baala de Judá.
Otro nombre de Quiriat-jearim (Jos. 15: 9; 1 Crón. 13: 6), a unos 14 km al noroeste de Jerusalén.
El nombre de Jehová.
El arca era el símbolo de la presencia de Dios y por eso recibió su santo nombre. El pueblo de Dios (Deut. 28: 10) y su templo (1 Rey. 8: 43) también debían llevar el nombre divino, evidentemente en el sentido de posesión.
Entre los querubines.
"Sobre los querubines" (BJ). La palabra "entre" no está en el hebreo, y la relación de la forma verbal "mora" con los querubines es un asunto de interpretación. La palabra traducida "mora" se traduce también con frecuencia como alguna forma del verbo "sentarse" (Gén. 18: 1; 19: 1; 21: 16; etc.).
3.
Sobre un carro nuevo.
La ley de Moisés disponía que el arca fuera llevada por los hijos de Coat (Núm. 4: 4-15; 7:9). David debiera haber hecho caso de esta instrucción, pero tal vez razonó que llevar el arca en un carro nuevo, tirado por bueyes, representaría una señal de respeto especial. Sin duda recordaba que cuando los filisteos devolvieron el arca a Israel la llevaron en un carro nuevo (1 Sam. 6: 7-14). Sin embargo, ese caso era completamente diferente, pues procedieron según les pareció mejor. Cuando el arca llegó a Israel, la retiraron del carro unos levitas (1 Sam. 6: 15) de acuerdo con las instrucciones divinas dadas a Moisés.
En el collado.
"En la loma" (BJ). El arca estuvo en la casa de Abinadab, que estaba en la loma o colina, en Quiriat-jearim.
Hijos de Abinadab.
El arca había estado en la casa de Abinadab, por lo menos durante dos o tres generaciones antes de este tiempo, o sea a partir de la muerte de Elí (1 Sam. 4: 15-18; 6: 1; 7: 1). El hecho de que Uza y Ahío son llamados "hijos de Abinadab", tan sólo significa que eran sus descendientes, de acuerdo con el uso de ese término en hebreo (ver com. 1 Sam. 14: 50; ver también t. I págs. 190,191, 196). Puesto que Uza y Ahío habían tenido a su cargo el cuidado del arca mientras estaba en su hogar, les fue adjudicada la responsabilidad de llevarla a Jerusalén. Sin embargo, esto contradecía la orden explícita del Señor de que los levitas coatitas debían llevarla en hombros (Núm. 4: 15; 7: 9). No había una excusa válida para desobedecer las órdenes divinas en este asunto.
JERUSALÉN EN LOS TIEMPOS DE LOS ISRAELITAS *
Guiaban el carro nuevo.
Aunque guiaban el carro, no iban en él. Ahío caminaba delante 625 del carro (vers. 4) y Uza probablemente caminaba al lado o detrás del arca, donde podía cuidarla (ver vers. 6).
5.
Danzaban delante de Jehová.
La mudanza del arca a Jerusalén debía convertirse en un motivo de gozo impresionante. La multitud acompañante tocaba y cantaba. Para el pueblo, el arca representaba la presencia de Dios, y había regocijo debido a esa presencia.
Con arpas.
La lista de diversos tipos de instrumentos musicales es una indicación de que la habilidad musical era corriente en el tiempo de David. Hay pruebas de que, tanto en Egipto como en Mesopotamia, la música se había desarrollado muchísimo por lo menos 1.000 años antes de ese tiempo.
6.
La era de Nacón.
"La era de Quidón" (1 Crón. 13: 9). Este es un ejemplo del nombre de un hombre o de un lugar que se escribía en más de una manera. No hay indicios en cuanto a su ubicación. Cuando llegaron a la era, quizá los bueyes se volvieron a un lado para tomar algo del cereal que estaba esparcido, lo cual provocó la dificultad.
Extendió su mano.
El arca era santa. Nadie debía tocarla sino los sacerdotes descendientes de Aarón (Núm. 4: 15; PP 763). Dios es estricto en sus requerimientos. Es cierto que los filisteos habían tocado el arca sin recibir ningún daño, pero no podían ser responsables por lo que no sabían; sin embargo, los israelitas conocían la instrucción del Señor.
7.
Se encendió.
El hombre ve sólo la apariencia externa, pero Dios contempla el corazón. A los que acompañaban a Uza podría haberles parecido que las intenciones de él eran perfectamente honorables: tan sólo trataba de ayudar cuando extendió la mano para sostener el arca. Pero él no estaba en armonía con Dios. Al tocar el arca cometió un acto de presunción. Un ser pecador no debería haberse atrevido a tocar lo que simbolizaba la presencia de Dios. El Señor no podía permitir que se pasara por alto esa flagrante desobediencia a su orden expresa. Si el pecado de Uza no hubiese sido castigado, su falta podría haber implicado a muchos otros. Los que conocían las faltas de Uza se habrían envalentonado mucho en el pecado si se les hubiera permitido llegar a la conclusión de que Dios pasaba por alto faltas como la de Uza y que aceptaba al culpable. La muerte de Uza sirvió de advertencia para muchos de que el Señor es justo y requiere estricta obediencia de todos.
Lo hirió allí Dios.
Algunos han considerado que la muerte de Uza fue un castigo desproporcionadamente severo. Sin embargo, el incidente sucedió dentro de un régimen teocrático, cuando los castigos civiles incluían infracciones religiosas y se infligía pena de muerte por faltas por las que ahora no se la aplica (Exo. 22: 20; Lev. 20: 2, 9, 27; Núm. 15: 32-36; cf. Hech. 5: 1-11). Se necesitan castigos severos para impedir el mal. Si se relajaran nuestras actuales leyes que reprimen los crímenes, habría un tremendo incremento de la criminalidad. Uza había estado tanto tiempo en la presencia del arca que la familiaridad había creado en él un espíritu de irreverencia. Había sido culpable de presunción temeraria e imprudente, y de acuerdo con ella lo había tratado el Señor. La alarmante catástrofe hizo que las huestes congregadas de Israel comprendieran la importancia de las órdenes expresas de Dios y la enormidad del pecado de la irreverencia.
8.
Se entristeció David.
La tristeza de David por la muerte de Uza principalmente se debió a que él mismo no era de corazón recto. Si hubiese estado plenamente en paz con Dios no habría tenido razón para temer y habría aceptado la voluntad del Señor. Todo lo que Dios hace es perfecto, y cada vez que el ser humano queda descontento con las obras de Dios, es una indicación de que algo anda mal en su propia experiencia. Habría sido mejor que David se hubiese humillado y autoexaminado en busca de sus propios defectos ocultos en vez de buscar faltas en Dios.
9.
Temiendo.
David temía que algún pecado de su propia vida pudiera provocar el castigo divino sobre él (ver PP 764).
10.
Obed-edom.
Este nombre aparece en 1 Crón. 15: 18, 21; 26: 4, 8, 15, pero no se ha podido establecer su identidad con exactitud.
Geteo.
"De Gat" (BJ). Difícilmente se trata de un geteo de Filistea sino que más bien se refiere a alguien que una vez habitó la ciudad levítica de Gat-rimón, en Dan o en Manasés, 626 asignada a los coatitas (Jos. 21: 24-26). De ese modo, Obed-edom puede haber sido miembro de la familia designada especialmente para llevar el arca (Núm. 4: 15; 7: 9).
11.
Bendijo Jehová a Obed-edom.
La presencia del arca en el hogar de Obed-edom significó una bendición y no una maldición. El sabía cuán terriblemente el Señor había castigado la irreverencia con la cual se había profanado el arca. Quizá había visto a David y a los miles de Israel temblando espantados, temerosos de la presencia del arca de Dios. Sin embargo, y a pesar de todo esto, dio la bienvenida al arca en su casa.
Toda su casa.
La bendición prodigada a Obed-edom no sólo fue para él sino para toda su casa. Mediante el fiel Abrahán habían de ser bendecidas todas las familias de la tierra (Gén. 12: 2, 3). Muchos reciben alegría, prosperidad y paz cuando alguien goza de la presencia de Dios, y el que recibe esa bendición se convierte en una bendición.
12.
Fue dado aviso.
Lo que sucedió con Obed-edom demostró que, aunque Dios es santo, no lo debe temer el humilde y obediente. La nación había estado esperando para ver qué sobrevendría al geteo y a su familia (PP 765). La bendición despejó la lobreguez y los presentimientos que había ocasionado la muerte de Uza.
13.
Los que llevaban el arca.
David había aprendido la lección de completa obediencia a los requisitos de Dios. Ahora no se llevó el arca en un carro, sino que, de acuerdo con la orden de David (1 Crón. 15: 2) y la palabra de Dios (Núm. 4: 5, 6, 15; 7: 9; 1 Crón. 15: 15); la trasladaron los levitas. El registro de Crónicas acerca del regreso del arca es mucho más detallado y explícito que éste (ver 1 Crón. 15: 1-29).
Seis pasos.
La muerte de Uza en el intento anterior de trasladar el arca hizo que David procediera con sumo cuidado. Al principio sólo se dieron seis pasos moviendo el arca, y cuando no apareció ninguna evidencia del desagrado del Señor, se ofrecieron sacrificios para expresar el agradecimiento del pueblo a Dios porque su presencia ahora estaba con ellos y su buena voluntad los amparaba.
Un buey y un carnero.
El 13er. versículo no está en la LXX. En su lugar, dice esa versión: "Y estaban con él llevando el arca siete bandas [o coros], y como sacrificio un becerro y ovejas".
14.
Danzaba ... delante de Jehová.
La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. No había nada en la danza de David que pudiera ser comparable con las danzas modernas o que las justifique. Mediante el baile actual común, nadie se acerca a Dios ni recibe la inspiración de pensamientos más puros para llevar una vida santa. Degrada y corrompe. Descalifica a la persona para la oración o el estudio de la Palabra de Dios, y la aparta de la rectitud induciéndole a francachelas. La moral se corrompe; no sólo se malgasta el tiempo sino que se lo emplea mal y, con frecuencia, se sacrifica la salud (ver PP 766).
Un efod de lino.
Compárese con 1 Crón. 15: 27. David puso a un lado su manto real para esta ocasión y se vistió con un sencillo efod de lino, de la clase que generalmente llevaban los sacerdotes y otros (ver com. 1 Sam. 2: 18; cf. 1 Sam. 22: 18; 2 Crón. 5: 12). Al hacer esto no asumió prerrogativas sacerdotales; tan sólo mostraba a su pueblo que estaba dispuesto a humillarse y hacerse uno con ellos en el servicio de Dios.
16.
Le menospreció.
Mical no podía apreciar ni entender el fervor que inducía a David a unirse con la gente para expresar en forma tan vívida su gozo en el Señor. Cuando David cantó y danzó delante de Dios, su acto de culto fue aceptado por el cielo, pero fue despreciado por su esposa. Mical, cuyo padre había estado en éxtasis en más de una ocasión (1 Sam. 10: 10; 19: 22-24), no tenía derecho a quejarse de que David fuera tan expresivo. Pero quizá la ocasión le dio una excusa para dar rienda suelta a sus reprimidos sentimientos de mala voluntad. Una vez había estado enamorada de David como de un héroe juvenil, pero su casamiento había terminado pronto cuando él huyó de Saúl. Ahora habían pasado unos 20 años, durante los cuales se había casado con otro hombre del cual había sido arrancada a la fuerza y entregada a su esposo anterior, en aras de una maniobra política después de una larga guerra contra la casa de su padre. La orgullosa hija de Saúl estaba llena de resentimiento y dispuesta para encontrar faltas en David, aun en el celo de él 627 por honrar al Señor en lo que, en ese tiempo, se aceptaba como una forma de alabanza.
17.
Una tienda.
No se trata del antiguo tabernáculo, que entonces estaba en Gabaón (1 Crón. 16: 39), sino una tienda nueva que David había preparado especialmente para el arca (2 Crón. 1: 3, 4).
Holocaustos.
El altar normal de los holocaustos estaba entonces en el tabernáculo mosaico, en Gabaón (1 Crón. 21: 29). Pero debe haberse erigido otro altar en Jerusalén. Los holocaustos eran ofrendas consagradas, en tanto que los sacrificios de paz, por su misma naturaleza, se ofrecían en ocasiones de alegría y regocijo. La gente comía, como un festejo, la mayor parte del sacrificio. El pasaje de 2 Sam. 6: 16-19 es paralelo con 1 Crón. 15: 29 a 16: 3. Pero en Crónicas se han añadido muchos detalles de las ceremonias de esa ocasión que no se encuentran en el libro de Samuel (1 Crón. 16: 4-42).
18.
Bendijo al pueblo.
David era el dirigente tanto espiritual como secular de su pueblo. Era perfectamente adecuado que el rey de Israel, que había sido elegido para ese cargo por Dios, pronunciara la bendición divina sobre el pueblo. Compárese con la bendición de Salomón en la dedicación del templo (1 Rey. 8: 14, 55).
19.
Repartió a todo el pueblo.
David era liberal por naturaleza. Cuando el pueblo estuvo por esparcirse, cada persona recibió un regalo proporcionado por la generosidad real. Así cada uno volvería a su casa contento, lo cual le ayudaría a olvidar sus dificultades individuales y a cantar alabanzas a su Dios y a su rey.
Un pedazo de carne.
"Un pastel de dátiles" (BJ). Heb. 'eshpar. Esta palabra aparece sólo aquí y en el pasaje paralelo de 1 Crón. 16: 3. Su significado es dudoso. La BJ dice, en nota de pie de página, "sentido conjetural". La traducción de la RVR es la interpretación dada a la palabra por los judíos. La Vulgata dice: "Un pedazo de carne bovina para asar". Algunos eruditos modernos dan a 'eshpar el significado de "alimento para el viajero", "provisiones consistentes en dátiles y cereales cocinados o crudos" y "pastel de dátiles".
Una torta de pasas.
"Un pan de pasas" (BJ). Heb. 'ashishah. Esta palabra se ha definido literalmente como "una torta", tales como las que se preparaban con uvas secas o pasas prensadas para darles cierta forma. Las palabras "de vino", añadidas en cursiva en la RVA, pueden haber estado implícitas en el término ´ashishah (ver Ose. 3: 1; PP 767).
Se fue todo el pueblo.
En 1 Crón. 16: 4-42 hay muchos detalles adicionales acerca de las festividades y los arreglos que se hicieron en las ceremonias de dedicación.
20.
A recibir a David.
David había pasado por su casa mientras acompañaba el arca cuando la llevaban a su nueva tienda, y Mical lo había observado (vers. 16). Después de completar las diversas ceremonias de dedicación, volvió a su hogar, y Mical -que mientras tanto se irritaba más y más- salió a su encuentro. Estaba ansiosa de reprochar a su esposo por las manifestaciones de gozo que había exhibido en las ceremonias del traslado del arca. Mical no participó en absoluto del espíritu de regocijo de esa ocasión.
Hoy día hay muchos en la iglesia que hacen una profesión de religión pero que, pudiendo ser felices, tienen amargado el espíritu; en lugar de regocijarse en el Señor, están enojados con sus hermanos; y en vez de tener la mirada fija en las cosas de Dios, se lo pasan buscando faltas en los que se regocijan en el Señor. Hacer resaltar estas cosas no implica que la excitación y la emotividad lleven necesariamente a la espiritualidad. Un despliegue público de emociones no siempre es la medida de la consagración del alma; un temperamento más tranquilo puede expresar una consagración más profunda a Dios mediante el arrobamiento interno del alma o mediante actos de amor. Pero si la falta de manifestaciones externas se debe a apatía interior o indiferencia, entonces la dignidad se convierte en formalismo.
Cuán honrado.
En vez de saludar a su esposo con una palabra de gozosa bienvenida, Mical vituperó a David con esa cortante ironía, acusándolo de actuar más como un bufón que como un rey.
Descubriéndose.
Es decir, quitándose su atavío real y apareciendo en público con el sencillo efod de lino que usaban los sacerdotes y otros (ver com. vers. 14).
21.
Fue delante de Jehová.
Mical necesitaba entender la verdadera razón de la conducta de David. También le hacía falta saber que el orgullo egoísta de ella era la raíz de su amargura de espíritu. David creía que Mical no había despreciado al rey sino al Señor y a su servicio. 628
En preferencia a tu padre.
David recordó a Mical que el Señor había rechazado a su padre, pero lo había elegido a él. Dios se había agradado con el proceder de David, pero Mical adoptaba la misma actitud arrogante que había ocasionado el rechazo de su padre como rey. Las palabras de David no fueron agradables, pero fueron justificadas.
Danzaré.
David hizo saber a Mical que ella no tenía razón para emplear palabras cortantes de reproche, y que su acusación no aminoraría en él su ardor ni le haría cambiar de conducta. Continuaría regocijándose delante del Señor, expresando su gratitud por todo lo que Dios había hecho por él.
22.
Vil.
Heb. qalal, "ser liviano, pequeño, o de poca estima"; en la forma empleada aquí, "rebajarse".
A tus ojos.
De allí en adelante, las acciones de David harían que él fuera todavía más menospreciado a la vista de Mical.
De las criadas.
David confiaba en que la mayoría del pueblo entendería su celo religioso. No tomó en cuenta la opinión de Mical, ni esperaba que el pueblo la tuviera en cuenta.
 
 

COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-23 PP 763-768; SR 191-193
1-4 PP 763
5-7 PP 763
6, 7 CW 97; Ev 89, 90; LS 321; MC 343; SR 192; 8T 284; TM 354, 470
8-10 PP 763
9- 11 SR 192
11-13 PP 765
12 SR 193
14 PP 765, 766
16-20 PP 768
17 SR 193
21-23 PP 768