EL PRIMER LIBRO DE LOS REYES
INTRODUCCIÓN
[Lo que sigue es la introducción a 1 y 2 de Reyes, que son partes de un todo.]
1.
Título.
Los dos libros actuales de los Reyes fueron originalmente uno solo, conocido en hebreo como Melakim, "Reyes". En la Biblia hebrea, Reyes quedó sin dividir hasta la edición impresa de Daniel Bomberg, 1516-17. Los traductores griegos de la LXX, que dividieron el "libro de Samuel" en dos libros, dividieron también al "libro de Reyes" en dos libros, y consideraron los cuatro como las partes 1ª a 4ª de los "Reinos".
El título "Reyes" indica el contenido de los libros. Nuestro actual primer libro de Reyes presenta la historia de los monarcas hebreos desde la muerte de David y el reinado de Salomón, hasta la ascensión de Joram al trono, en Judá, y Ocozías, en Israel. El segundo libro de los Reyes comienza con una continuación del relato del reinado de Ocozías y termina con el fin del reino de Judá.
2.
Autor.
Los libros de los Reyes se parecen más a una compilación de material reunido por un redactor que a una producción original de un solo autor. Su contenido es de gran valor fidedigno desde un punto de vista histórico. Datos extraídos de fuentes antiguas por hombres inspirados fueron reunidos y ordenados en un marco con un diseño específico, con comentarios que indican un profundo propósito religioso. Muchas informaciones provienen directa o indirectamente de registros oficiales de la corte o del templo. Las investigaciones arqueológicas respecto de muchos de estos datos han comprobado, sin dejar lugar a dudas, la exactitud notable de los relatos de Reyes. Hay narraciones sin duda tomadas de registros conservados en las escuelas de los profetas. Los relatos se presentan a veces con gran contenido dramático y en otras ocasiones con sobrios juicios moralizadores. En estos escritos hay contribuciones históricas sin parangón en los registros de Asiria, Egipto o Babilonia. Aun cuando se los juzgue desde el punto de vista de la historia secular, estos escritos con profundo interés humano, encanto sin par, sagaces juicios 716 políticos y penetrante filosofía moral - se hallan entre las producciones más destacadas que hemos recibido del antiguo Oriente.
Pese a la diversidad de los documentos originales, existe una evidencia notable de un plan único y regular. Los relatos de los diversos reyes son presentados mediante una fórmula fija para el comienzo y fin de cada reinado. Se pronuncian juicios en los cuales se compara a los reyes con sus predecesores buenos o malos. Ciertas peculiaridades de pensamiento y expresión que abundan a través de los dos libros de Reyes, demuestran claramente que un solo individuo tuvo una parte importantísima en reunir su contenido y darle su forma actual.
La conclusión del libro mismo nos da la fecha de su composición, o sea el período final de la historia judía, cuando Nabucodonosor subyugó el reino meridional y llevó su pueblo cautivo a Babilonia. No podemos identificar con certeza a la persona que reunió en su forma actual el material de Reyes, pero la tradición judía nos informa que fue Jeremías (Talmud, Baba Bathra, 15ª). Si se considera a 2 Rey. 25: 27-30 como un post scriptum, el redactor bien pudo haber sido Jeremías o un contemporáneo suyo, también inspirado.
3.
Marco histórico.
Los libros de Reyes tratan de uno de los períodos más interesantes y memorables de la historia antigua del Cercano Oriente. En este período Asiria llegó a la cúspide de su poderío y sus reyes salieron a dominar al mundo, y en sus planes de conquista incluyeron las monarquías de Israel y de Judá. Esta es también la época de las dinastías XXI-XXVI de Egipto, cuando este país aún no había abandonado sus planes de expansión y rivalizaba con los pueblos de la Mesopotamia por el control de Palestina y Siria. Es la época del Imperio Neobabilónico, cuando los medos y los caldeos derrotaron al Imperio de Asiria, obtuvieron el dominio de gran parte del Cercano Oriente, destruyeron a la nación de Judá y llevaron a las tribus del sur en cautiverio a Babilonia.
Durante todo este período, los reinos de Israel y Judá estuvieron en contacto constante y vital con las naciones del Oriente. Entre las esposas de Salomón hubo una hija de un faraón. Salomón consideraba a Hiram, rey de Tiro, como su amigo personal, pues le prestó gran ayuda en la construcción del templo. Jeroboam, que sería el primer rey de Israel, fue exiliado por Salomón y se asiló en Egipto. Roboam, en el 5.º año de su reinado, fue atacado por Sisac rey de Egipto. Este "Sisac" bíblico fue el famoso Sheshonk I, fundador de la XXII dinastía de Egipto, el cual también dejó registrado su ataque contra las ciudades de Israel y de Judá. Omri fue un rey tan famoso que el reino de Israel llegó a ser conocido entre los asirios como Mat Humri, "Tierra de Omri". Salmanasar III menciona a Acab como uno de los aliados occidentales que lucharon contra Asiria en la batalla de Qarqar en el 6.º año del reinado de Salmanasar, y declara además que en su 18.º año recibió tributo de Jehú.
Se nos informa que Mesa de Moab pagó tributo a Acab y que después de la muerte de éste se rebeló contra Israel. La famosa Piedra Moabita nos da interesantes detalles adicionales acerca de este hecho (véase 2: 80-82). Inscripciones asirias indican que "Joás el samaritano", esto es, Joás, rey de Israel, pagó tributo al rey asirio Adad-nirari III, mientras que el registro de Reyes menciona que Manahén hizo lo propio a Pul (nombre babilónico que como rey usaba Tiglat-pileser III) de Asiria, y consigna el ataque de Tiglat-pileser contra las tribus septentrionales durante el reinado de Peka. También conservamos los registros de Tiglat-pileser III en los cuales menciona sus relaciones con Manahén, Peka y Oscas de Israel, y con Azarías y Acaz de Judá.
La Biblia también relata el pago de tributo de Oseas a Salmanasar V, la subsiguiente 717 conspiración de Oseas contra Asiria junto con So de Egipto, y el asedio de tres años a Samaria efectuado por Salmanasar, que terminó con la toma de esta ciudad y el fin del reino septentrional (2 Rey. 17).
Durante el 14.º año de Ezequías, Senaquerib realizó su famosa invasión de Palestina, y cayeron en sus manos "todas las ciudades fortificadas de Judá"; Ezequías mismo fue sitiado en Jerusalén. Senaquerib también dejó para la posteridad su propio vívido relato de esta campaña. Fue durante el tiempo de la heroica resistencia de Ezequías contra Senaquerib cuando Merodac-baladán, rey de Babilonia, envió sus emisarios al rey de Judá.
Josías halló la muerte a manos de Necao de Egipto mientras procuraba resistir una invasión egipcia a través de Palestina. Finalmente hay relatos detallados de las numerosas campañas de Nabucodonosor contra Jerusalén en los días de Joacim, Joaquín y Sedequías, que terminaron con la destrucción de Jerusalén y el fin del reino meridional.
Para apreciar este importante período de la historia hebrea es preciso comprender los sucesos que ocurrían entonces en Asiria, Egipto y Babilonia. Para integrar en forma correcta los asuntos de estas diversas naciones hay que ordenarlos cronológicamente, a fin de que se puedan ubicar correctamente los sucesos dentro del marco histórico y para que los reyes y los acontecimientos de la época concuerden entre sí. Con la excepción de los últimos tres o cuatro gobernantes de Asiria, las fechas asirias y babilónicas dadas para este período se aceptan generalmente como plenamente establecidas. No es tan segura la cronología de Egipto. Ver págs. 19, 127.
4.
Tema.
Aunque los libros de Reyes presentan la historia de los gobernantes hebreos desde la muerte de David y el reinado de Salomón, hasta la destrucción final de los reinos de Israel y Judá, el propósito principal no es presentar los sucesos de la historia con un mero fin histórico. Hay historia, pero ésta aparece con un fin: mostrar cómo las vicisitudes de los hebreos se relacionan con los planes y motivos de Dios. El propósito no fue tanto escribir una crónica detallada de los sucesos escuetos de la historia, como el de presentar las lecciones de la historia. El que compiló estos libros tenía un profundo motivo religioso y una meta muy práctica. Los hijos de Israel eran el pueblo de Dios, y debían cumplir con el propósito divino y vivir en la tierra los principios del reino de los cielos. La justicia debía ser el verdadero fundamento de la prosperidad nacional. El pecado produciría únicamente ruina. Si fuera fiel a su misión divina, la nación crecería en poder y grandeza. Si los reyes y gobernantes no vivieran de acuerdo con el propósito divino, Israel perecería como nación, porque no podría existir sin rectitud y sin Dios.
Lo más notable es que cuando los israelitas fracasaron como nación y se vieron frente a frente con su ruina aparentemente completa e irreversible, alguien halló en la oscura historia de las aflicciones y derrotas de Israel algo que valía la pena registrar para las generaciones venideras. Las lecciones del fracaso de Israel habían de ofrecer luz y esperanza al mundo. Sobre las cenizas de la derrota todavía debía levantarse una nueva estructura coronada por el éxito y la victoria. Israel podría perecer, pero no perecería la justicia. Si se aprendían las lecciones del fracaso de Israel, el mundo aún podría hallar esperanza en Dios.
El libro de Reyes se escribió en la época de los profetas, y en las declaraciones de este libro deben hallarse el valor y la penetración espiritual de esos mensajeros del cielo que hacían llegar al corazón humano lecciones procedentes de Dios.
El registro de Reyes comienza con el glorioso reinado de Salomón, y la construcción 718 del templo, cuando la nación era viril y fuerte. Termina con el reinado de un rey débil e infame, el templo destruido y la tierra de Judá en ruinas y desolación. Sin embargo, esta triste lección haría surgir un nuevo espíritu de esperanza y enfocaría la atención sobre una época nueva y mejor, en la cual Israel sería gobernado por su Rey eterno. "Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán" (Jer. 30: 3). "Servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré" (vers. 9). "Jacob volverá, descansará y vivirá tranquilo, y no habrá quien le espante" (vers. 10). "Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad" (cap. 32: 39-41).
Aun cuando el propósito principal de Reyes no es presentar la historia en sí misma, contiene historia de gran importancia y notable exactitud. Hay datos respecto de los gobernantes hebreos que no se hallan en los anales de los estados vecinos, anales que se escribieron para ensalzar a reyes paganos, para glorificarlos como constructores, cazadores o estadistas, para publicar sus acciones en el servicio de los dioses y para relatar sus hazañas guerreras. Por el contrario, los registros hebreos no se proponían glorificar al hombre sino a Dios. Por eso es que el libro de Reyes no sólo registra las realizaciones notables, sino también las debilidades y derrotas de los gobernantes israelitas.
Reyes contiene datos de importancia histórica no sólo respecto de los reinos de Israel y Judá, sino también en cuanto a las naciones circunvecinas. Hay datos de interés acerca de Tiro y Egipto, de naves de Tarsis que se dirigen a Ofir en busca de oro, de la flota que Salomón tenía en Ezióngeber sobre las costas del mar Rojo, y de la visita de la reina de Sabá a Jerusalén con una caravana de camellos que llevaban especias y oro. Además, registra la muerte de Senaquerib a manos de sus hijos Adramelec y Sarezer mientras rendía culto en la casa de su dios, los temores sirios a los reyes hititas, el tributo para Acab de 100.000 corderos entregados por Mesa, rey ganadero de Moab, el envío de las fuerzas egipcias de Tirhaca para hostigar a las huestes asirias que sitiaban a Laquis y Libna. Se refiere también a la importación de madera de sándalo, de Ofir, hecha por Hiram, para hacer columnas destinadas a la casa del Señor, al ofrecimiento del príncipe heredero como holocausto sobre el muro de una ciudad moabita para obtener la ayuda de los dioses, a emisarios asirios que hablaban el arameo, además del hebreo, en los siglos VIII-VII AC, a Zif, Etanim y Bul como nombres de meses en la historia antigua de Canaán, factores todos interesantes y vitales de la trama misma con la cual se hace la historia.
Uno de los rasgos sobresalientes de los libros de Reyes es su estructura cronológica básica. Hablando en términos generales, se presentan los reyes en el orden de su llegada al trono, sin tomar en cuenta si reinaron en Israel o en Judá. Se dan dos informaciones cronológicas principales de cada rey: (1) un sincronismo, que ubica el comienzo del reinado de un rey de Judá en un año específico del rey contemporáneo de Israel, y viceversa, y (2) la duración de cada reinado. A veces hay otras declaraciones cronológicas, tales como intervalos, sucesos fechados en años de reinado de ciertos reyes, o sincronismos entre ciertos reinados hebreos y los de otras naciones (ver págs. 138, 148).
Sin embargo, hay muchas dificultades para hacer concordar las cifras dadas para Israel con las de Judá, y para armonizar ambas con la cronología que no es bíblica. 719 Aun en una serie de reinados que comienzan y terminan juntos en Israel y Judá, los totales no son los mismos. Tales dificultades han llevado a algunos eruditos bíblicos a concluir que la cronología de los reyes hebreos se ha vuelto irremediablemente confusa a través de los siglos, a causa de errores de los copistas. Los esfuerzos hechos por otros para armonizar los datos han dado como resultado numerosas teorías, (aunque no muy dispares) basadas mayormente en variadas conjeturas que suponen revisiones de las cifras en un esfuerzo por reconciliarlas con la cronología que no es bíblica (ver págs. 138, 148).
En verdad, las aparentes discrepancias se deben mayormente, si no en su totalidad, a nuestra falta de información respecto de los diversos métodos técnicos de calcular el tiempo usados en tiempos bíbhcos. Nuestra creciente comprensión de los principios cronológicos básicos empleados por los escribas hebreos, gracias a estudios recientes, hace posible la construcción de un esquema coherente que ordena los reinados de ambos reinos hebreos en armonía prácticamente con todos los datos bíblicos, y con la cronología aceptada generalmente de Asiria y Babilonia (ver pág. 146).
Las fechas empleadas en este comentario para una referencia conveniente (ver la tabla de la pág. 79) se han derivado de sistemas cronológicos de los reyes basados en estudios recientes; se han escogido esas fechas porque representan el mayor grado de armonía entre los datos bíblicos y se acercan más a una solución completa del problema. Se las presenta tan sólo como un bosquejo aproximado, porque es posible que algunos descubrimientos futuros proyecten más luz sobre esos tiempos, y requieran un ajuste mayor o menor de este arreglo como resultado de un conocimiento más exacto de la cronología del período.
5.
Bosquejo.
I. Desde la muerte de David hasta la división del reino, 1 Rey. 1:1 a 11: 43.
A. Los últimos días de David, 1: 1 a 2: 11.
1. Última enfermedad de David, 1: 1-4.
2. Adonías se esfuerza por obtener el reino, 1: 5-53.
a. Preparación para tomar el trono, 1: 5-10.
b. Natán consulta con Betsabé, 1: 11-14.
c. Betsabé conversa con David, 1: 15-21.
d. Natán habla con David, 1: 22-27.
e. David promete el reino a Salomón, 1: 28-31.
f. David hace rey a Salomón, 1: 32-40.
g. Adonías oye que Salomón es rey, 1: 41-49.
h. Salomón perdona la vida de Adonías, 1: 50-53.
3. Ultimos encargos de David a Salomón, 2: 1-9.
4. La muerte de David, 2: 10, 11.
B. El reinado de Salomón, 2: 12 a 11: 43.
1. Se afirma el reinado de Salomón, 2: 12.
2. La forma en que Salomón trata a sus opositores, 2: 13-46.
3. Salomón se casa con la hija de Faraón, 3: 1.
4. Salomón sacrifica en Gabaón, y el mensaje que recibe de Dios, 3: 2-15.
5. Notable decisión judicial de Salomón, 3: 16-28.
6. Los funcionarios de la corte, 4: 1-28.
7. La sabiduría de Salomón, 4: 29-34. 720
8. La construcción del templo, 5: 1 a 8: 66.
9. Edificios, ofrendas y barcos de Salomón, 9: 1-28.
10. La visita de la reina de Sabá, 10: 1-13.
11. Oro de Salomón, su trono, naves y carros, 10: 14-29.
12. Las muchas mujeres de Salomón y su idolatría, 11:1-8.
13. Los adversarios de Salomón, 11: 9-40.
14. La muerte de Salomón, 11: 41-43.
II. Desde la división del reino hasta la caída de Samaria, 1 Rey. 12: 1 a 2 Rey. 17: 41.
A. Desde Jeroboam I hasta Tibni, 1 Rey. 12: 1 a 16: 22.
1. La coronación de Roboam y la división del reino, 12: 1-24.
2. Jeroboam I, 12: 25 a 14: 20.
a. Altares edificados en Dan y Bet-el, 12: 25-33.
b. El varón de Dios y el profeta desobediente, 13:1-32.
c. Los malos caminos de Jeroboam, 13: 33, 34.
d. Castigos divinos pronunciados contra la casa de Jeroboam, 14: 1-20.
3. Roboam, 14: 21-31.
4. Abiam, 15: 1-8.
5. Asa, 15: 9-24.
6. Nadab, 15: 25-27.
7. Baasa, 15: 27 a 16: 7.
8. Ela, 16: 8, 9.
9. Zimri, 16: 10-20.
10. Tibni, 16: 21, 22.
B. Desde Omri hasta Ocozías, 1 Rey. 16: 23 a 2 Rey. 8: 29.
1. Omri, 1 Rey. 16: 23-28.
2. Acab, 16: 29 a 22: 40.
a. Las iniquidades del reinado de Acab, 16: 29-34.
b. La reprensión pronunciada por el profeta Elías, 17: 1 a 19: 18.
c. El llamamiento de Eliseo, 19: 19-21.
d. Guerra y paz con Siria, 20: 1-43.
e. La usurpación de la viña de Nabot y la reprensión de Elías, 21: 1-29.
f. El ataque a Ramot de Galaad, 22: 1-40.
3. Josafat, 22: 41-50.
4. Ocozías en Israel, 1 Rey. 22: 51 a 2 Rey. 1: 17.
5. Joram en Israel, 2 Rey. 1: 17 a 8: 15.
a. Ascensión de Joram 2.º año de Joram de Judá, 1:17, 18.
b. Ascensión de Elías, 2: 1 -11.
c. Eliseo sucede a Elías, 2: 12-25.
d. Ascensión de Joram en el 18.º año de Josafat, 3:1.
e. Los males del reinado de Joram, 3: 2, 3.
f. Sojuzgamiento de los moabitas, 3: 4-27.
g. Milagros de Eliseo, 4: 1-44.
h. Naamán curado de su lepra, 5: 1-27.
i. Edificio construido por los hijos de los profetas, 6:1-7.
j. Los sirios heridos con ceguera, 6: 8-23.
k. Samaria sitiada por los sirios, 6: 24 a 7: 20.
l. Mensaje de Eliseo para Hazael, 8: 1-15.
6. Joram en Judá, 8: 16-24.
7. Ocozías en Judá, 8: 25-29. 721
C. Desde Jehú hasta el fin del reino septentrional, 2 Rey. g: 1 a 17: 41.
1. Jehú, 9: 1 a 10: 36.
a. Jehú ungido como rey, 9: 1-13.
b. Jehú mata a Joram y a Ocozías, 9: 14-29.
c. Muerte de Jezabel, 9: 30-37.
d. Jehú mata a toda la descendencia de Acab, 10: 1-17.
e. Jehú elimina a Baal de Israel, 10: 18-28.
f. Los males del reinado de Jehú, 10: 29-36.
2. Atalía, 11: 1-21.
3. Joás de Judá, 12: 1-21.
4. Joacaz, 13: 1-9.
5. Joás de Israel, 13: 10-25.
a. Sus malos actos y su guerra con Amasías, 13:10-13.
b. La muerte de Eliseo, 13: 14-21.
c. Ciudades recuperadas de Siria, 13: 22-25.
6. Amasías, 14: 1-22.
7. Jeroboam 11, 14: 23-29.
8. Azarías, 15: 1-7.
9. Zacarías, 15: 8-12.
10. Salum, 15: 13-15.
11. Manahem, 15: 16-22.
12. Pekaía, 15: 23-26.
13. Peka, 15: 27-31.
14. Jotam, 15: 32-38.
15. Acaz, 16: 1-20.
16. Oseas, 17: 1-41.
a. Rebelión contra Asiria y la caída de Samaria, 17: 1-6.
b. Los males de Israel que lo llevaron a la ruina, 17: 7-23.
c. El culto mezclado de los samaritanos, 17: 24-41.
III. Desde Ezequías hasta la destrucción de Jerusalén hecha por Nabucodonosor, 2 Rey.18: 1 a 25: 30.
A. Un período de reforma, 18: 1 a 20: 1.
1. Ezequías.
a. Ezequías sirve al Señor y destruye la idolatría, 18: 1-12.
b. Campañas de Senaquerib, 18: 13 a 19: 37.
c. Ezequías curado de su grave enfermedad, 20: 1-11.
d. Los embajadores de Merodac-baladán, 20: 12-19.
e. Realizaciones de Ezequías, 20: 20, 21.
B. Un período de decadencia, 21: 1-26.
1. Manasés, 21: 1-18.
2. Amón, 21: 19-26.
C. La última reforma, 22: 1 a 23: 30.
1. Josías.
a. La reparación de la casa del Señor, 22: 1-7.
b. Hallazgo del libro de la ley, 22: 8-20.
c. La reunión de los ancianos, 23: 1, 2.
d. La idolatría eliminada de Judá, 23: 3-20.
e. Se observa la pascua, 23: 21-23.
f. Amplias reformas de Josías, 23: 24-28. 722
g. Josías muerto por Necao, 23: 29, 30.
D. La decadencia final y el fin del reino meridional, 23: 31 a 25: 30.
1. Joacaz, 23: 31-34.
2. Joacim, 23: 35 a 24: 7.
3. Joaquín, 24: 8-16.
4. Sedequías, 24: 17 a 25: 21.
a. El mal reinado de Sedequías, 24: 17-20.
b. Nabucodonosor toma a Jerusalén y lleva al pueblo a Babilonia,5: 1-21.
5. Gedalías hecho gobernador, 25: 22-26.
6. Se libera a Joaquín de la prisión, 25: 27-30.

1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 1          AUDIO
1 Abisag conforta a David en su vejez. 5 Adonías, hijo favorito de David, usurpa el reino. 11 Por consejo de Natán, 15 Betsabé convence al rey, 22 y Natán la apoya. 28 David renueva su juramento a Betsabé. 32 Salamón, designado por David es ungido rey por Sadoc y Natán, y el pueblo se regocija. 41 Cuando Jonatán les lleva las noticias, los invitados de Adonías lo abandonan. 50 Adonías huye y se prende de los cuernos del altar; Salomón lo perdona.

1 CUANDO el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba.
2 Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey.
3 Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey.
4 Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció.
5 Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló, diciendo: Yo reinaré. Y se hizo de carros y de gente de a caballo, y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.
6 Y su padre nunca le había entristecido en todos sus días con decirle: ¿Por qué haces así? Además, éste era de muy hermoso parecer; y había nacido después de Absalón.
7 Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar, los cuales ayudaban a Adonías.
8 Pero el sacerdote Sadoc, y Benaía hijo de Joiada, el profeta Natán, Simei, Rei y todos los grandes de David, no seguían a Adonías.
9 Y matando Adonías ovejas y vacas y animales gordos junto a la peña de Zohelet, la cual está cerca de la fuente de Rogel, convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de judá, siervos del rey;
10 pero no convidó al profeta Natán, ni a Benaía, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano.
11 Entonces habló Natán a Betsabé madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Haguit, sin saberlo David nuestro señor?
12 Ven pues, ahora, y toma mi consejo, para que conserves tu vida, y la de tu hijo Salomón.
13 Ve y entra al rey David, y dile: Rey señor mío, ¿no juraste a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono? ¿Por qué, pues, reina Adonías?
14 Y estando tú aún hablando con el rey, Yo entraré tras ti y reafirmaré tus razones.
15 Entonces Betsabé entró a la cámara del rey; y el rey era muy viejo, y Abisag sunamita le servía.
16 Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes?
17 Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.
18 Y he aquí ahora Adonías reina, y tú, mi señor rey, hasta ahora no lo sabes.
19 Ha matado bueyes, y animales gordos, 723 y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, al sacerdote Abiatar, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado.
20 Entre tanto, rey señor mío, los ojos de todo Israel están puestos en ti, para que les declares quién se ha de sentar en el trono de mi señor el rey después de él.
21 De otra manera sucederá que cuando mi señor el rey duerma con sus padres, yo y mi hijo Salomón seremos tenidos por culpables.
22 Mientras aún hablaba ella con el rey, he aquí vino el profeta Natán.
23 Y dieron aviso al rey, diciendo: He aquí el profeta Natán; el cual, cuando entró al rey, se postró delante del rey inclinando su rostro a tierra.
24 Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has dicho tú: Adonías reinará después de mí, y él se sentará en mi trono?
25 Porque hoy ha descendido, y ha matado bueyes y animales gordos y muchas ovejas, y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también al sacerdote Abiatar; y he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: ¡Viva el rey Adonías!
26 Pero ni a mí tu siervo, ni al sacerdote Sadoc, ni a Benaía hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo, ha convidado.
27 ¿Es este negocio ordenado por mi señor el rey, sin haber declarado a tus siervos quién se había de sentar en el trono de mi señor el rey después de él?
28 Entonces el rey David respondió y dijo: Llamadme a Betsabé. Y ella entró a la presencia del rey, y se puso delante del rey.
29 Y el rey juró diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia,
30 que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío; que así lo haré hoy.
31 Entonces Betsabé se inclinó ante el rey, con su rostro a tierra, y haciendo reverencia al rey, dijo: Viva mi señor el rey David para siempre.
32 Y el rey David dijo: Llamadme al sacerdote Sadoc, al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada. Y ellos entraron a la presencia del rey.
33 Y el rey les dijo: Tomad con vosotros los siervos de vuestro señor, y montad a Salomón mi hijo en mi mula, y llevadio a Gihón;
34 y allí lo ungirán el sacerdote Sadoc y el profeta Natán como rey sobre Israel, y tocaréis trompeta, diciendo: ¡Viva el rey Salomón!
35 Después iréis vosotros detrás de él, y vendrá y se sentará en mi trono, y él reinará por mí; porque a él he escogido para que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá.
36 Entonces Benaía hijo de Joiada respondió al rey y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey.
37 De la manera que Jehová ha estado con mi señor el rey, así esté con Salomón, y haga mayor su trono que el trono de mi señor el rey David.
38 Y descendieron el sacerdote Sadoc, el profeta Natán, Benaía hijo de Joiada, y los cereteos y los peleteos, y montaron a Salomón en la mula del rey David, y lo llevaron a Gihón.
39 Y tomando el sacerdote Sadoc el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón; y tocaron trompeta, y dijo todo el pueblo: ¡Viva el rey Salomón!
40 Después subió todo el pueblo en pos de él, y cantaba la gente con flautas, y hacían grandes alegrías, que parecía que la tierra se hundía con el clamor de ellos.
41 Y lo oyó Adonías, y todos los convidados que con él estaban, cuando ya habían acabado de comer. Y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo?
42 Mientras él aún hablaba, he aquí vino Jonatán hijo del sacerdote Abiatar, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú eres hornbre valiente, y traerás buenas nuevas.
43 Jonatán respondió y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón;
44 y el rey ha enviado con él al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, y a Benaía hijo de Joiada, y también a los cereteos y a los peleteos, los cuales le montaron en la mula del rey;
45 y el sacerdote Sadóc y el profeta Natán lo han ungido por rey en Gihón, y de allí han subido con alegrías, y la ciudad está llena de estruendo. Este es el alboroto que habéis oído.
46 También Salomón se ha sentado en el trono del reino, 724
47 y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre, y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey adoró en la cama.
48 Además el rey ha dicho así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se siente en mi trono, viéndolo mis ojos.
49 Ellos entonces se estremecieron, y se levantaron todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino.
50 Mas Adonías, temiendo de la presencia de Salomón, se levantó y se fue, y se asió de los cuernos del altar.
51 Y se lo hicieron saber a Salomón,diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón, pues se ha asido de los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no matará a espada a su siervo.
52 Y Salomón dijo: Si él fuere hombre de bien, ni uno de sus cabellos caerá en tierra; mas si se hallare mal en él, morirá.
53 Y envió el rey Salomón, y lo trajeron del altar; y él vino, y se inclinó ante el rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa. Comentario Biblico Adventista

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
David era viejo.
El relato con que comienza este libro de los Reyes básicamente pertenece a la terminación del libro de Samuel, pues es una continuación de la narración que allí trata de David. Sin embargo, constituye una introducción adecuada del reinado de Salomón ya que proporciona el marco histórico de la insurrección de Adonías. La razón para que Salomón ascendiera al trono antes de la muerte de David se debió al intento de Adonías de usurpar el reino. David, entonces viejo y débil, indudablemente se acercaba al fin de su vida, por lo que no podía actuar con mano firme en un tiempo de crisis. Por eso el autor comienza con una descripción del estado fisico de David.
David tenía setenta años al término de su reinado, poco antes de morir (2 Sam. 5: 4). Había, pues, alcanzado una edad mayor que cualquier rey hebreo del cual haya quedado registro. Su vida había sido dificil y azarosa. Penalidades, sufrimientos, riesgos y pesares habían desgastado al rey, que una vez había sido robusto; en gran medida había perdido su energía y estaba muy debilitado. Quizá también lo extenuaba alguna enfermedad. Y ahora, además de sus achaques corporales, se había rebelado uno de sus hijos.
Al describir los detalles del relato, el autor demuestra que estaba bien informado. Con nitidez revela detalles sólo conocidos por alguien bien interiorizado de la vida íntima de la corte. No escribe para la gloria ni el beneficio del rey, sino para la posteridad. No hay necesidad de hacer resaltar lecciones morales: cada llamativo detalle de la narración habla por sí mismo. Las penalidades de la vida se registran exactamente como sucedieron: tal como ocurren en un mundo en que monarcas orgullosos y victoriosos y aun fervientes hombres de Dios no están libres de recoger la cosecha de las semillas sembradas.
2.
Sus siervos.
Eran servidores reales, auxiliares del rey que atendían sus necesidades personales y eran responsables ante la nación por el bienestar del monarca. Josefo los llama "médicos" (Antigüedades vii. 14. 3). El remedio que se propuso de que se buscara una mujer joven y sana para que comunicara calor y vigor a un cuerpo entumecido y debilitado, se usaba en la antigüedad, pues el conocimiento médico era reducido. Se sabe de prescripciones similares en la Europa medieval y en el Oriente moderno.
3.
Sunamita.
Sunem, que ahora se llama Sólem, estaba en Isacar (Jos. 19: 17, 18), en una altura de la llanura de Esdraelón, 10,4 km al suroeste del Tabor. La agraciada sunamita procedía del mismo lugar de la sulamita del Cantar de los Cantares de Salomón (Cant. 6: 13), pero no hay ninguna prueba de que ambas fueran la misma.
4.
Le servía.
La doncella elegida no sólo debía contribuir para dar vitalidad al achacoso monarca, sino que también tenía que servirle como enfermera y servidora; debía estar en su presencia para brindar comodidad al rey y para cuidar de su salud.
5.
Adonías.
El cuarto hijo de David (2 Sam. 3: 4; 1 Crón. 3: 2). Habían muerto los hijos mayores: Amnón y Absalón, y también probablemente Quileab, pues nada más se dice de él. De manera que Adonías parecía ser el siguiente en el orden de sucesión al trono.
Yo reinaré.
Sin duda Adonías alegaba que tenía derecho al trono. Abusando de su condición de hermano mayor y embriagado por su orgullo, resolvió dar los pasos que fueran 725 necesarios para apropiarse del reino. Aunque debe haber conocido los planes de su padre, estaba dispuesto a tomar el trono por la fuerza, si hubiera sido preciso, yendo en contra de lo que evidentemente era el plan divino (1 Crón. 22: 5-9). Salomón, su hermano menor, tenía mejores cualidades para servir como gobernante de Israel (PP 812), pero el mayor estaba determinado a ser el rey, sin importarle cuáles fueran las consecuencias para el país o para quienes se pusieran de parte de él. Siempre son trágicos los resultados cuando se desdeñan la razón y la prudencia y se va en pos del egoísmo.
6.
Nunca le había entristecido.
Adonías era un hijo malcriado por un padre demasiado indulgente. Cuando era niño, se había permitido que este aspirante al trono hiciera su propia voluntad, y ahora no se podía reprimirlo. Más de una vida se ha arruinado por un exceso de afecto paternal.
Muy hermoso.
Adonías era bello y atractivo, y por eso sin duda era popular entre muchos del pueblo. Pero la belleza personal no se cuenta entre las cualidades más esenciales para un cargo de liderazgo. Las dotes naturales de Adonías lo habían hecho vanidoso, necio, vanaglorioso, egoísta y ambicioso. Sus pasiones juveniles eran más poderosas que sus principios y sus impulsos superaban a sus convicciones. Era "hermoso" sólo en apariencia. Mucho más importante es que un hombre sea de buen corazón.
Había nacido después de Absalón.
Maaca era la madre de Absalón (2 Sam. 3: 3), y Haguit era la madre de Adonías (2 Sam. 3: 4).
7.
Se había puesto de acuerdo con Joab.
Con la ayuda de Joab, su comandante en jefe, Adonías esperaba ganar el favor del ejército, y mediante Abiatar, el sumo sacerdote, también procuraba conseguir el apoyo del sacerdocio. Tanto Joab como Abiatar habían sido íntimos de David y le habían prestado un noble servicio en tiempos dificiles. Joab era un hombre duro, osado y a veces inescrupuloso, en ocasiones imperioso y aun desobediente a las órdenes reales. Abiatar era hijo de Ahimelec, que murió defendiendo la causa de David. Abiatar había sido uno de los más firmes amigos de David, y estuvo con él en sus peregrinaciones cuando huía de Saúl (1 Sam. 22: 20-23), le prestó servicios mientras fue rey en Hebrón (2 Sam. 15: 35), y huyó con él cuando se rebeló Absalón (2 Sam. 15: 24, 29, 35, 36; 17: 15; 19: 11). No es clara la razón de su defección en este tiempo, pero podría ser porque consideró que la conducta de Adonías no era una verdadera rebelión. El hecho de que David designara a Salomón para que ocupara el trono puede haberse considerado como originado en un cariño excesivo, y que el hijo mayor recibiera la corona puede haber parecido tan sólo algo correcto y justificable. Por su parte Joab puede haber apoyado a Adonías debido a su inquina contra el rey por haberlo rebajado de cargo (2 Sam. 19: 13).
8.
Sadoc.
Sumo sacerdote con Ahimelec (ver com. 2 Sam. 8: 17), y después de la muerte de éste, con Abiatar (2 Sam. 20: 25). Cuando se sublevó Absalón, tanto Sadoc como Abiatar permanecieron leales a David, quien mientras huía los envió de regreso a Jerusalén con el arca (2 Sam. 15: 24-29, 35). No es clara la relación exacta entre los dos sacerdotes, pero podría ser que puesto que Sadoc servía en el tabernáculo del testimonio en Gabaón (1 Crón. 16: 39), tal vez Abiatar servía en el santuario donde estaba el arca en Sion (ver 1 Crón. 16: 1; cf. 2 Crón. 5: 2).
Benaía.
El principal de los cereteos y peleteos (2 Sam. 8: 18; 20: 23; 1 Crón. 18: 17) -la guardia personal de David (2 Sam. 23: 20, 23)- que lo acompañó cuando se rebeló Absalón (2 Sam. 15: 18). Debido a sus nombres existe la opinión generalmente aceptada de que se los reclutaba de entre los cretenses y los filisteos. Esas tropas no estaban bajo el comando de Joab, y sin duda éste -movido por la envidia- consideraba a Benaía como rival.
Natán.
Un profeta que actuó en los días de David y que estaba muy cerca del rey. Salomón podía contar con el apoyo de Natán. Cuando el príncipe era niño, él fue quien le dio el nombre de Jedidías, "amado de Jehová" (2 Sam. 12: 25).
9.
Matando Adonías ovejas.
Cuando Saúl fue investido como rey en Gilgal, "sacrificaron allí ofrendas de paz" (1 Sam. 11: 15). Cuando el Señor llamó a Samuel para que ungiera a David como rey, le ordenó que ofreciera un sacrificio al cual fueron invitados Isaí y sus hijos (1 Sam. 16: 1-5). También Absalón cuando se apoderó del trono, ofreció sacrificios (2 Sam. 15: 12). El sacrificio de Adonías fue un sacrificio de paz como los que se ofrecían en ocasiones de gozo o de agradecimiento, a los cuales se podía invitar a muchos. 726
Rogel.
Un manantial profundo cerca de Jerusalén, poco más allá de donde se unen los valles de Cedrón e Hinom. Según Josefo, estaba en el, jardín del rey (Antigüedades vii. 14. 4), fuera de la ciudad. Se conoce hoy día como Bîr'Ayyûb: "Pozo de Job".
10.
No convidó.
El hecho de que no invitara a Salomón al sacrificio demuestra que Adonías conocía muy bien el deseo de su padre de que se entregara el reino a Salomón, y que estaba resuelto a impedir que se cumpliera ese deseo. Al no invitar a Salomón, Adonías revelaba sus propios planes y propósitos, y también daba la oportunidad para que los que eran leales a David frustraran sus esfuerzos.
11.
Habló Natán.
El proceder de Natán condijo con sus responsabilidades como profeta de Dios y fiel servidor del Estado. Comprendió que la realización del complot iría en contra de la consumación del propósito divino, y con su característica resolución y prontitud tomó la inociativa para poner en marcha algunas medidas destinadas a frustrar la conspiración. Bien sabía Betsabé que si Adonías usurpaba el trono, inevitablemente eso significaría la muerte para su hijo y para ella. Nadie más que ella podía inducir al rey a dar los pasos indispensales para enfrentar la crisis. Con gran sabiduría, Natán surgirió un procedimiento para desbaratar la conspiración e impedir que se repitiera el desastre ocasionado por Absalón.
15.
Betsabé entró.
La madre de Salomón tenía libre acceso al palacio, y rápidamente llegó hasta la presencia del rey, que estaba enfermo. Cuando se inclinó con la humildad de una suplicante, inmediatamente reconoció David que algo de importancia desusada había provocado la visita, y pidió explicaciones. El hecho de que David no supiera nada de lo que sucedía, que Adonías no le hubiera consultado acerca de sus planes y que sólo se informara de ellos a Natán en el momento de su ejecución, muestra cuán secreto había sido todo. La intriga revelaba que Adonías no obraba dirigido por una conciencia limpia. Betsabé comenzó recordamdo a su esposo que él le había prometido que Salomón sería sucesor en el trono; luego, súbitamente, le informó que, a pesar de esa promesa, Adonías ya era rey. Este se había atrevido a tomar el reino miestras David mismo todavía estaba en el trono. Ante una situación tal, los ojos de todo Israel se fijaban en David para ver qué haría. Betsabé le hizo recordar su responsabilidad en esa hora de crisis, y le advirtió que si no actuaba, sería culpable de cualquier mal que le sobrevniera a ella o a su hijo.
22.
Vino el profeta Natán.
En el momento culminante de la entrevista entró Natán e interrumpió a la reina con su informe urgente. Betsabé hábilmente se retiró (ver vers. 28), dando a Natán la oportunidad para que presentara el mismo anuncio sorprendente: que reinaba Adonías. ¡Ciertamente eso no podía suceder sin la orden del rey! ¿Pero cómo podía haber dado David semejante orden? ¿Por qué había hecho eso sin comunicarle nada a su consejero y amigo de confianza? Cada pregunta implicaba un reproche, un ataque contra el rey por haber participado de algo tan injusto que era una afrenta que hería directamente a Salomón, a Benaía y a Sadoc. ¿Cómo podía haber dado la espalda David a estos hombres que le eran tan íntimos? Por supuesto, las preguntas sólo servían para provocar una vehemente negativa del rey. Era forzoso que la negativa implicara un reproche real contra todo ese afrentoso complot, pues no podía concebirse que hubiera sucedido nada semejante sin el consentimiento del rey, a menos que fuera un complot dirigido directamente contra el trono. Presentando así una supuesta injuria, Natán se estaba asegurando el éxito de su misión, pues había llegado el momento en que el rey se sentiría menoscabado y tomaría las medidas necesarias para frustrar el complot de los conspiradores.
28.
Llamadme a Betsabé.
La reina estaba preparada, esperando el siguiente episodio del drama que se desarrollaba rápidamente. Se aproximó con confianza al rey pues él le había dado palabra, y ella sabía que la cumpliría. David la tranquilizó, renovó su juramento y le prometió que se cumpliría ese mismo día.
32.
Llamadme al sacerdote Sadoc.
Adonías no había invitado a Sadoc, Natán y Benaía, pero ahora los llamaba el rey. No eran útiles para Adonías en su conspiración, pero debían ser figuras claves para sostener el trono. David, aunque era "viejo y avanzado en días", otra vez fue impulsado por la energía característica de su juventud. Pensó con claridad y actuó con rapidez. Se dieron órdenes precisas para que cada uno hiciera lo que le correspondía. 727 Esta súbita energía y decisión para actuar contrasta notablemente con la timidez y abatimiento con que recibió David -cuando era mucho más joven- la noticia de la rebelión de Absalón (2 Sam. 15: 14). En ese tiempo, David sabía que había estado en mal camino, y que estaba recibiendo un castigo de Dios. Ahora todo eso había terminado, y sabía que Dios estaba de su parte.
33.
Mi mula.
Un animal indudablemente bien conocido por el pueblo como reservado para uso exclusivo del rey, y que para los israelitas simbolizaba las prerrogativas y los privilegios de la realeza. Si se veía a Salomón montado en esa mula, el pueblo iba a saber que él era el rey.
Gihón.
El sitio elegido fue Gihón, el famoso manantial de la Jerusalén antigua, en la ladera sudorientas de Ofel. Estaba precisamente al este de la ciudad de David y se conoce hoy día con el nombre de 'Ain Sitti Maryam, "Manantial de nuestra Señora María". Este era el manantial hasta el cual los jebuseos construyeron un túnel para conseguir agua sin arriesgarse a salir de los muros de la ciudad. Más tarde Ezequías construyó un túnel desde Gihón para llevar agua al lado occidental de la ciudad de David (2 Crón. 32: 30), al estanque alto o estanque de Siloé, y en torno de este último construyó un muro de modo que se pudiera conseguir agua en caso de un asedio (2 Crón. 33: 14). Este lugar, donde Salomón debía ser ungido, estaba más o menos a 1 km, valle arriba, de la fuente de Rogel, donde se realizaban los festejos de la coronación de Adonías.
34.
Ungirán.
La ceremonia del ungimiento debía ser realizada por Sadoc como sacerdote y por Natán como profeta: ambos estaban autorizados a realizar el rito debido a sus prerrogativas oficiales. Samuel, que ungió a David (1 Sam. 16: 13), era tanto profeta como sacerdote. Jehú fue ungido por uno de los hijos de los profetas enviado por Eliseo (2 Rey. 9: 1-3).
35.
A él he escogido.
Es evidente que David tenía el derecho de nombrar su sucesor. Esto estaba de acuerdo con la costumbre oriental. Alyate nombró a Creso, Ciro designó a Cambises, y Darío nombró a Jerjes. Herodoto declara que era una ley de los persas que el rey siempre nombrara un sucesor antes de partir para una expedición. El derecho de nombrar un sucesor fue ejercido en forma más absoluta todavía por algunos de los emperadores de Roma y ocasionalmente por los califas. Ver com. caps. 1: 39 y 2: 24.
Sobre Israel y sobre Judá.
Aquí se advierte una diferencia intencional entre Israel y Judá. Se notan diferencias ya en los tiempos cuando se dividió la tierra entre las tribus (Jos. 11: 21; 18: 5). David reinó primero sobre Judá en Hebrón (2 Sam. 2: 4) y después le pidieron los ancianos de Israel que fuera su rey (2 Sam. 5: 1-3). Cuando se sublevó Absalón, la división entre Israel y Judá se había acentuado mucho (2 Sam. 15: 10,13; 18: 6, 7;19: 41-43; 20: 1, 2).
39.
¡Viva el rey Salomón!
Los bien trazados planes de David se llevaron a cabo pronta y eficazmente. El nuevo rey fue ungido con el aceite santo del tabernáculo. El ungimiento indicaba que el Señor le había dado ese cargo y que tenía la bendición divina. Después de que sonó la trompeta, el clamor "¡Viva el rey Salomón!" hizo saber que éste era el rey y que había sido aceptado por el pueblo. La proclamación oficial fue hecha primero por un heraldo de acuerdo con la orden de David (vers. 34), y después se produjo el clamor del pueblo (vers. 40).
41.
Oyendo Joab.
Con Salomón estaba un grupo que aclamó la coronación del nuevo rey con grande alegría y con gritos de gozosa aclamación. Con Adonías se encontraba un grupo de conspiradores que, aunque ya terminaban sus festejos, deben haber estado ensombrecidos por una ansiedad y aprensión mal disimuladas. El sonido de la trompeta que fue una nota de triunfo para un grupo, para el otro fue de condenación. El oído alerta de Joab, el guerrero veterano, prestamente captó el significado de lo que sucedía.
42.
Jonatán.
Sin duda, este hijo de uno de los conspiradores había sido apostado como espía para que averiguara lo que sucedía en Jerusalén y en el palacio. Antes había arriesgado la vida para llevar informaciones confidenciales (2 Sam. 15: 27, 36; 17: 17-21), pero entonces estaba al servicio de David.
Buenas nuevas.
Las noticias no eran buenas para los conspiradores, y difícilmente Adonías podía esperar que lo fueran. Habló de esa manera para tranquilizarse a sí mismo y a sus cómplices.
43.
Nuestro señor el rey David.
La palabra de David era ley mientras él viviera o hasta que oficialmente se nombrara un sucesor. A 728 menos que Adonías estuviera dispuesto a apoyar su rebelión por la fuerza de las armas, él y los que lo acompañaban sólo podían reconocer que la voluntad del anciano rey todavía era la voluntad del Estado y que se cumplirían sus decretos.
46.
Salomón se ha sentado en el trono.
Había que aceptar los hechos, aunque fueran desagradables para los conspiradores. Lo importante era que Salomón, y no Adonías, ocupaba el trono real. Había sido elegido formalmente por David como su sucesor; había ido hasta el lugar de su coronación montado en la mula real; había sido ungido solemnemente; la guardia real estaba con él; Sadoc, Natán y Benaía, como un solo hombre, estaban de su lado; el pueblo lo amaba; todo se había hecho en la debida forma y en orden, de acuerdo con la voluntad de David y con la evidente aprobación de Dios; se había dado la máxima publicidad a todo ese trámite, y lo único que podían hacer los rebeldes era reconocer que Salomón era ciertamente el rey. Ver com. vers. 35.
47.
El rey adoró.
Ningún monarca terrenal vive para siempre. El hecho de que David supiera que había llegado su fin y que el cetro real debía pasar a otras manos, está acompañado por una nota de tristeza. Pero David aceptó su suerte resignadamente, postrándose en su cama y reconociendo con humildad el hecho de que su sucesor ocupara el trono. No se prosternó delante del nuevo rey sino delante de Dios, manifestándole su agradecimiento por todas sus bendiciones y por su vigilante cuidado.
49.
Se estremecieron.
El informe de Jonatán produjo terror y consternación en Adonías y en sus partidarios. Sin ninguna ceremonia, los que hasta ese momento habían sido adictos de Adonías se levantaron y huyeron. Eso indicaba que reconocían que no había la menor esperanza para la causa que habían abrazado.
50.
Cuernos del altar.
Los cuernos del altar eran prolongaciones de sus cuatro esquinas (Exo. 27: 2; 30: 2; 38: 2) sobre las cuales se untaba sangre (Exo. 29: 12; Lev. 4: 7; Eze. 43: 20). Aferrarse de los cuernos del altar era recurrir al derecho de asilo del santuario. Ese derecho se negaba a los asesinos (Exo. 21: 14), y por eso le fue negado a Joab después de que murió David (1 Rey. 2: 28-31). Al recurrir al refugio del altar, Adonías reconocía que era culpable de un hecho por el que podía ser ejecutado. Al reconocer que Salomón era rey (vers. 51), pudo haber intentado un reconocimiento público de su falta y dar la impresión de que su usurpación había sido un acto precipitado, por lo cual podía legítimamente buscar el refugio del santuario.
53.
Vete a tu casa.
Felizmente la rebelión de Adonías terminó sin derramamiento de sangre. David había mostrado su sabiduría al poner a Salomón como rey, y al permitir que los acontecimientos siguieran su curso natural antes que enviar tropas para que aplastaran al usurpador. Salomón se dejó llevar por la sabiduría y la misericordia al extender el perdón, dejando sin embargo en claro que había otorgado esa clemencia con la condición de un buen comportamiento futuro. Si Adonías demostraba ser un hombre digno que viviera tranquilamente como un ciudadano particular y se sometía al nuevo régimen, permanecería en paz; de lo contrario, su vida correría peligro. Adonías se inclinó ante el rey y se sometió a su oscura suerte.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-53 PP 811, 812
1-7 PP 811
32-40 PR 17 729

 

1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 2          AUDIO
1 David después de haber encomendado a Salomón, 3 que sea piadoso, 5 y de encargarle a Joab, 7 a Barzilai, 8 y a Simei, 10 muere. 12 Lo sucede Salomón. 13 Adonías induce a Betsabé a pedirle a Salomón que le dé por mujer a Abisag, lo que le acarrea su muerte. 26 Se perdona la vida a Abiatar, pero se lo priva del sacerdocio. 28 Joab se refugia en los cuernos del altar, pero es muerto allí. 35 Benaía es puesto en lugar de Joab, y Sadoc en lugar de Abiatar. 36 Simei es confinado a Jerusalén, y es muerto cuando va a Gat.

1 LLEGARON los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo:
2 Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.
3 Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas;
4 para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel.
5 Ya sabes tú lo que me ha hecho Joab hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, a Abner hijo de Ner y a Amasa hijo de Jeter, a los cuales él mató, derramando en tiempo de paz la sangre de guerra, y poniendo sangre de guerra en el talabarte que tenía sobre sus lomos, y en los zapatos que tenía en sus pies.
6 Tú, pues, harás conforme a tu sabiduría; no dejarás descender sus canas al Seol en paz.
7 Mas a los hijos de Barzilai galaadita harás misericordia, que sean de los convidados a tu mesa; porque ellos vinieron de esta manera a mí, cuando iba huyendo de Absalón tu hermano.
8 También tienes contigo a Simei hijo de Gera, hijo de Benjamín, de Bahurim, el cual me maldijo con una maldición fuerte el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: Yo no te mataré a espada.
9 Pero ahora no lo absolverás; pues hombre sabio eres, y sabes cómo debes hacer con él; y harás descender sus canas con sangre al Seol.
10 Y durmió David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad.
11 Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén.
12 Y se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue firme en gran manera.
13 Entonces Adonías hijo de Haguit vino a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de paz? El respondió: Sí, de paz.
14 En seguida dijo: Una palabra tengo que decirte. Y ella dijo: Di.
15 El dijo: Tú sabes que el reino era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi hermano, porque por Jehová era suyo.
16 Ahora yo te hago una petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla.
17 El entonces dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer.
18 Y Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey.
19 Vino Betsabé al rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono, e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su diestra.
20 Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la negaré.
21 Y ella dijo: Dese Abisag sunamita por mujer a tu hermano Adonías.
22 El rey Salomón respondió y dijo a su madre: ¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
23 Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas palabras. 730
24 Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.
25 Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de Joiada, el cual arremetió contra él, y murió.
26 Y el rey dijo al sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre.
27 Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová, para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.
28 Y vino la noticia a Joab; porque también Joab se había adherido a Adonías, si bien no se había adherido a Absalón. Y huyó Joab al tabernáculo de Jehová, y se asió de los cuernos del altar.
29 Y se le hizo saber a Salomón que Joab había huido al tabernáculo de Jehová, y que estaba junto al altar. Entonces envió Salomón a Benaía hijo de Joiada, diciendo: Ve, y arremete contra él.
30 Y entró Benaía al tabernáculo de Jehová, y le dijo: El rey ha dicho que salgas. Y él dijo: No, sino que aquí moriré. Y Benaía volvió con esta respuesta al rey, diciendo: Así dijo Joab, y así me respondió.
31 Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; mátale y entiérrale, y quita de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab ha derramado injustamente.
32 Y Jehová hará volver su sangre sobre su cabeza; porque él ha dado muerte a dos varones más justos y mejores que él, a los cuales mató a espada sin que mi padre David supiese nada: a Abner hijo de Ner, general del ejército de Israel, y a Amasa hijo de jeter, general del ejército de Judá.
33 La sangre, pues, de ellos recaerá sobre la cabeza de Joab, y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; mas sobre David y sobre su descendencia, y sobre su casa y sobre su trono, habrá perpetuamente paz de parte de Jehová.
34 Entonces Benaía hijo de Joiada subió y arremetió contra él, y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto.
35 Y el rey puso en su lugar a Benaía hijo de Joiada sobre el ejército, y a Sadoc puso el rey por sacerdote en lugar de Abiatar.
36 Después envió el rey e hizo venir a Simei, y le dijo: Edifícate una casa en Jerusalén y mora ahí, y no salgas de allí a una parte ni a otra;
37 porque sabe de cierto que el día que salieres y pasares el torrente de Cedrón, sin duda morirás, y tu sangre será sobre tu cabeza.
38 Y Simei dijo al rey: La palabra es buena; como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. Y habitó Simei en Jerusalén muchos días.
39 Pero pasados tres años, aconteció que dos siervos de Simei huyeron a Aquis hijo de Maaca, rey de Gat. Y dieron aviso a Simei, diciendo: He aquí que tus siervos están en Gat.
40 Entonces Simei se levantó y ensilló su asno y fue a Aquis en Gat, para buscar a sus siervos. Fue, pues, Simei, y trajo sus siervos de Gat.
41 Luego fue dicho a Salomón que Simei había ido de Jerusalén hasta Gat, y que había vuelto.
42 Entonces el rey envió e hizo venir a Simei, y le dijo: ¿No te hice jurar yo por Jehová, y te protesté diciendo: El día que salieres y fueres acá o allá, sabe de cierto que morirás? Y tú me dijiste: La palabra es buena, yo la obedezco.
43 ¿Por qué, pues, no guardaste el juramento de Jehová, y el mandamiento que yo te impuse?
44 Dijo además el rey a Simei: Tú sabes todo el mal, el cual tu corazón bien sabe, que cometiste contra mi padre David; Jehová, pues, ha hecho volver el mal sobre tu cabeza.
45 Y el rey Salomón será bendito, y el trono de David será firme perpetuamente delante de Jehová.
46 Entonces el rey mandó a Benaía hijo de Joiada, el cual salió y lo hirió, y murió. Y el reino fue confirmado en la mano de Salomón.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
l.
Los días en que David.
Este capítulo continúa la narración del anterior con los mismos vívidos detalles y el mismo estilo gráfico. El relato, tal como se da en Crónicas, omite la insurrección de Adonías, y en cambio 731 describe una gran asamblea de "todos los principales de Israel", "los sacerdotes y levitas", "los jefes de las divisiones que servían al rey" y los caudillos de todo el reino (1 Crón. 23: 1, 2; caps. 28, 29), para investir a Salomón como rey "por segunda vez" (cap. 29: 22). Tanto Saúl (1 Sam. 11: 14, 15) como David (2 Sam. 5: 1- 3) habían sido proclamados por segunda vez como reyes, y así sucedió también en el caso de Salomón. Su primer ungimiento se efectuó con suma rapidez en una ocasión bastante impremeditada, debido a la premura de las circunstancias, en un momento cuando sólo pudieron estar presentes unas pocas personas de las proximidades. Por eso correspondía que hubiera una segunda coronación más general, con la debida solemnidad y pompa ante los representantes de toda la nación.
2.
El camino de todos en la tierra.
Esta expresión nos recuerda las palabras de Josué (Jos. 23: 14) cuando afrontó el fin. La muerte es completamente imparcial. A los héroes máximos de la tierra les ocurre lo mismo que a los más humildes cuando descienden a la tumba. Las distinciones mundanales son transitorias, y desaparecen las glorias de los reyes cada vez que impera la muerte.
Esfuérzate.
David no pensó en sí mismo, sino en su hijo; no en el pasado, sino en el futuro. Habló como padre amante, soldado, patriota y, por encima de todo, como un hombre que ha demostrado en todo respecto que era realmente rey. Exhortó a Salomón para que se esforzara al tomar las responsabilidades del liderazgo, así como Moisés exhortó a Josué (Deut. 31: 7) y así como el Señor mismo exhortó a Josué (Jos. 1: 7).
Sé hombre.
Salomón ahora era rey a pesar de su juventud; por eso, de un modo especial, debía demostrar su hombría. Debía ser un varón que se dominara plenamente y que mandara a su pueblo; tenía que ser intrépido y libre de cohecho y de corrupción. No debía poner en primer término sus intereses sino los del pueblo a quien debía servir, y los de Dios cuyo representante era.
3.
Guarda los preceptos.
Por encima de todo, la exhortación de David a Salomón fue de una índole religiosa. En primer lugar, Salomón debía ser leal a Dios. Los israelitas eran el pueblo de Dios, y Salomón debía gobernarlos como siervo de Dios. Las últimas palabras de David a Salomón no fueron tanto las de un padre para su hijo, sino más bien las del que presidía a Israel -un Estado teocrático- para el que divinamente había sido nombrado como su sucesor al trono. Todo el discurso debe enfocarse desde este punto de vista. Como rey de Israel, Salomón debía ocupar "el trono del reino de Jehová" (1 Crón. 28: 5). Cuando hubo tomado el reino, "se sentó. . . en el trono de Jehová" (1 Crón. 29: 23). Israel era una nación cuyo rey era Jehová, y el gobernante humano era sólo un siervo de la nación y representante del Rey celestial.
Andando en sus caminos.
El rey debía conocer los caminos de Dios y caminar en ellos, no sólo por su propio bien sino también para dar un ejemplo al pueblo. Los caminos de Dios eran caminos de rectitud y paz, y redundarían en bendiciones y prosperidad.
Observando sus estatutos.
Los estatutos son las estipulaciones de la ley. Dios dio sus mandamientos al pueblo y añadió algunas órdenes para aclarar con exactitud qué clase de obediencia estaba implicada en los casos específicos. En la ley de Moisés se detallan estatutos, juicios y testimonios tales. Hay ritos ceremoniales, estatutos civiles, leyes de salud así como también requerimientos morales.
Para que prosperes.
Dios que dio todas sus leyes para beneficio de sus hijos, puso a éstos bajo la vigencia de esas leyes porque desea verlos felices y prósperos. No dio sus prescripciones y órdenes para hacer alarde de su autoridad suprema, sino para asegurar el bienestar y la felicidad de los habitantes de la tierra. Al caminar en armonía con las leyes del cielo, el hombre había de hallar gozo, paz, contentamiento de espíritu, salud física y plenitud de vida. La desobediencia a esas leyes ocasionaría dificultades, pesar, enfermedades, quebrantos, dolores y muerte. Esto se presentó con claridad en el comienzo de la historia de Israel. Los profetas lo han hecho resaltar constantemente hasta el mismo fin. "Si quisierais y oyerais, comeréis el bien de la tierra; si no quisierais y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho" (Isa. 1: 19, 20; cf. Jer. 7: 5- 7). Cuando Israel pereció finalmente, quedó en claro que eso se debió a que no había cumplido los mandamientos del Señor (2 Rey. 17: 7- 20).
4.
Para que confirme Jehová la palabra.
Dios hizo la promesa original a David por 732 medio del profeta Natán (2 Sam. 7: 11- 17) y quizá posteriormente a David mismo (Sal. 89: 3, 4). La promesa fue que la casa de David y su reino quedarían establecidos para siempre. El cumplimiento de esta promesa para los hijos de David dependía de una continua obediencia a los mandamientos de Dios (Sal. 132: 12). David le recordó a Salomón esta condición a fin de que fuera continuamente fiel y obediente a los mandamientos de Jehová.
6.
Harás conforme.
Joab había asesinado a Abner (2 Sam. 3: 27- 30). En ese tiempo David dejó en claro que no tenía parte en el crimen, y anunció que a su debido tiempo el Señor daría "el pago al que mal hace, conforme a su maldad" (2 Sam. 3: 31- 39). También Joab había asesinado a Amasa, a quien David acababa de nombrar para que ocupara el puesto de Joab (2 Sam. 19: 13; 20: 8- 10). La muerte de ambos debía ser vengada. Cuando se cometieron esos crímenes, David no podía castigar a Joab, debido a que éste sabía la parte que había tenido David en la muerte de Urías heteo (2 Sam. 11: 14- 25). Pero los dictados de la justicia demandaban que asesinatos como los que había cometido Joab no quedaran impunes. Por lo tanto, hablando no como un particular que había recibido durante muchos años los servicios penosos y fieles del hombre que ahora condenaba, sino como un rey teocrático, David dio las instrucciones para que un hombre cuyas manos estaban limpias y que no debía nada a Joab, castigara los crímenes de éste. Además, debe recordarse que Joab también era culpable de hechos que David no menciona aquí expresamente -tales como la muerte de Absalón en contra de una orden expresa de David (2 Sam. 18: 14, 15) y su reciente traición al apoyar a Adonías (1 Rey. 1: 7)- , lo que sin duda ya había indispuesto a Salomón contra él.
7.
Harás misericordia.
Un agradable contraste es el recuerdo de David de la hospitalidad que le brindó Barzilai cuando huía de Absalón (2 Sam. 19: 31- 39). Comer de la mesa del rey significaba recibir sostén del tesoro real (2 Sam. 9: 7; 1 Rey. 18: 19; Neh. 5: 17). Barzilai tenía un hijo que se llamaba Quimam (2 Sam. 19: 37). Algunos han pensado que la referencia de Jeremías a "Gerut-quimam [Refugio de Kimham, BJ]" (Jer. 41: 17), como que estaba cerca de Belén, indica que David había dado allí al hijo de Barzilai una heredad de una propiedad particular del rey.
8.
Simei.
Este hombre, que había procedido tan alevosamente contra David, podía ser un motivo de peligro para Salomón en esos tiempos turbulentos (ver vers. 36- 46).
10.
Durmió David.
Es muy escueto el relato de la muerte de David. Lo registrado en Crónicas tan sólo añade que "murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria"(1 Crón. 29: 28).
Sepultado.
Indudablemente en Sion, en terreno real cerca del palacio de David (2 Sam. 5: 9). "Los sepulcros de David", las tumbas de los sucesores de David, se mencionan en el registro de Nehemías (Neh. 3: 16), y quizá estuvieron al sur del templo (Eze. 43: 7- 9). Indudablemente esos sepulcros fueron excavados en la roca sobre la que se edificó a Jerusalén. Josefo informa que los tesoros de la tumba fueron saqueados por Hircano y más tarde por Herodes (Antigüedades vii. 15. 3; xvi. 7. 1). Existían en los días del NT (Hech. 2: 29), pero en la actualidad se desconoce su ubicación exacta. Las denominadas "tumbas de los reyes" -que una vez se creyó que eran el mausoleo de los reyes de Judá- en realidad datan del siglo 1 DC.
11.
Siete años.
Más exactamente, "siete años y seis meses" (2 Sam. 5: 5; 1 Crón. 3: 4).
12.
Fue firme en gran manera.
Compárese con el vers. 46, en el que -después de que se mencionó la muerte de Adonías, Joab y Simei y la humillación de Abiatar- se declara que "el reino fue confirmado en la mano de Salomón". Resulta claro que durante la primera parte del reinado de Salomón hubo descontentos que amenazaron la estabilidad del trono del joven rey. Salomón procedió rápida y firmemente contra esas fuerzas de disturbios y revueltas y, como resultado, quedó firmemente establecido el reino bajo su dominio.
13.
¿Es tu venida de paz?
La sola presencia de Adonías en el escenario despertó una pregunta acerca de sus intenciones. ¿Se había conformado con su suerte y estaba listo para apoyar a Salomón, o todavía esperaba conseguir el trono de alguna manera?
15.
El reino era mío.
La referencia de Adonías a su frustrado intento de subir al trono demuestra que todavía tenía mucha ambición. Parecen haber sido bien fundados los temores de Betsabé.
Por Jehová.
En apariencia una piadosa aceptación de la voluntad divina, pero en realidad 733 un mal disimulado propósito de esforzarse para conseguir con habilidad el reino que no había podido lograr por la fuerza.
17.
Que me dé Abisag.
Tal vez podría haber pedido el reino. Quizá su verdadero propósito no era movido por un amor despertado por la bella Abisag, sino que quería lograr el reino casándose con ella. En el antiguo Oriente las esposas de un rey se convertían en las esposas de su sucesor. Por eso David, cuando fue el sucesor de Saúl, tomó las esposas de éste (2 Sam. 12: 8). Siguiendo el consejo de Ahitofel, Absalón se allegó a las concubinas de su padre a la vista de todo el pueblo. Así demostró públicamente que había tomado los derechos del trono de su padre (2 Sam. 16: 20- 22). Sin duda se consideraba que Abisag era la última esposa, o por lo menos la última concubina de David. El pedído de Adonías de que Abisag fuera su esposa podía entenderse como un reclamo del mismo trono. Sin embargo, ante Betsabé fingió ser un joven consagrado y arrepentido, resignado con su suerte, y que sólo quería a la hermosa doncella para mitigar su adolorido corazón.
18.
Hablaré por ti.
¿Por qué estuvo dispuesta Betsabé para hablar en favor de Adonías delante del rey? ¿Pensaba que era sincero, o vislumbró a través de sus ardides pero accedió a su pedido con la esperanza de que Adonías quedara en paz y así se asegurara el reino para su hijo?
19.
Se inclinó ante ella.
La forma en que Salomón honró a su madre dio un ejemplo adecuado tanto para sus contemporáneos como para nosotros. En las cortes de la antigüedad, con frecuencia la reina madre recibía mucha honra.
22.
También. . . el reino.
Quizá Betsabé no notó nada peligroso en el pedido de Adonías, pero Salomón lo advirtió inmediatamente. Acceder al pedido de Adonías habría significado dar alas a sus pretensiones. Los que simpatizaban con él habrían tenido una base firme para apoyar sus demandas.
Al sacerdote Abiatar.
Salomón demostró su disgusto por la falta de perspicacia de su madre al haberse dejado llevar a una situación como ésa. Ya las cosas eran bastante malas sin que ella colaborara con los esfuerzos de Adonías por apoderarse del trono. Después de todo Adonías era el hermano mayor, y muchos podrían pensar que era legítima su pretensión al trono. Y a su lado estaban dos de los hombres más influyentes del país: Abiatar el sumo sacerdote y Joab el comandante en jefe, que lo ayudaban y apoyaban en toda forma posible. Ahora la madre del rey había permitido que se la comprometiera hasta el punto de que en realidad pedía nada menos que el trono para el hijo mayor. De hecho, Salomón dijo: "¿Por qué sólo pides a Abisag?, ¿por qué no pides también el reino? El es mi hermano mayor, ¿acaso no le pertenece el reino por derecho propio? Y para probar sus pretensiones, ¿acaso no tiene consigo a Abiatar el sacerdote y también a Joab que apoyan su causa y demuestran a todos que indudablemente él tiene derecho?" Es evidente que Betsabé entendió el merecido reproche.
23.
Contra su vida.
El pedido de Adonías equivalía a una traición, y como tal merecía la pena de muerte. El joven tenía un carácter peligroso, y no podía permitirse que sus maquinaciones pusieran en peligro la seguridad del Estado. Así razonaba Salomón y estaba enteramente en lo cierto.
24.
Quien me ha confirmado.
El plan de Adonías no sólo iba contra los hombres sino también contra Dios. El Señor era quien había confirmado a Salomón en el trono como sucesor de su padre David, pero ahora indudablemente Adonías hacía planes para fundar una dinastía al unirse con Abisag. No se debía permitir eso. Se había perdonado la conspiración anterior, pero no se podía pasar por alto este nuevo intento de rebelión. Salomón era rey elegido por Dios y ocupaba el trono de David que debía ser establecido para siempre. Sabiendo que lo que hacía estaba de acuerdo con la voluntad del cielo, Salomón, con un solemne juramento, condenó ese día a muerte a Adonías.
26.
Al sacerdote Abiatar.
Salomón no se contentó con medidas tomadas a medias. Posiblemente suponía con acierto que en esta nueva tentativa de ocupar el trono, Adonías tenía cómplices, incluso Abiatar.
A Anatot.
Se trató a Abiatar con misericordia debido a su larga amistad con David cuando éste estuvo en la adversidad. En vez de ser ejecutado, sólo perdería su cargo y tendría que retirarse. Anatot era una ciudad de sacerdotes, en territorio de Benjamín (Jos. 21: 17- 19; 1 Crón. 6: 60). El pueblo estaba a unos 5 km al noreste de Jerusalén. Es bien 734 conocido como el lugar de nacimiento de Jeremías (Jer. 1: 1; 32: 7).
27.
Para que se cumpliese.
La profecía cumplida era la de 1 Sam. 2: 30- 35; 3: 11- 14. Abiatar era descendiente de la casa de Elí y el único sobreviviente de la matanza que hizo Doeg de los hijos de Ahimelec (1 Sam. 22: 9- 23; 23: 6). Al deponer a Abiatar, el sumo sacerdocio pasaba de la casa de Itamar a la de Eleazar -hijo mayor de Aarón-, a la cual pertenecía Sadoc (Núm. 25: 11- 13; 1 Crón. 24: 1- 6). Hasta ese momento, tanto Abiatar como Sadoc habían ejercido la función de sacerdotes y habían mantenido cierta medida de coordinación entre ambos: el tabernáculo estaba en Gabaón a cargo de Sadoc y el arca en el monte de Sion a cargo de Abiatar. Cuando menguó Abiatar, la dignidad del cargo del sumo sacerdote pasó a Sadoc.
No se debe pensar que el propósito de Salomón al humillar a Abiatar era meramente hacer cumplir la profecía. Su proceder fue movido por las circunstancias. Dios decreta porque ve de antemano.
29.
Arremete contra él.
Joab huyó al santuario cuando supo de la muerte de Adonías. Si se hubiese sentido libre de toda complicidad en la última conspiración, difícilmente habría temido por su vida. Las palabras de Salomón al pronunciar sentencia sobre él no hacen referencia a nada, a no ser los antiguos crímenes mencionados en el encargo que le hizo David cuando moría. Sin duda, una de las razones fue que se negaba asilo en el santuario en los casos de asesinato con alevosía (Exo. 21: 14). Las leyes contra el derramamiento de sangre eran tan rígidas que es dudoso que de acuerdo con la ley pudiera perdonarse a un asesino (Núm. 35: 16- 34; Deut. 19: 11- 13). Si no se ejecutaba la sentencia contra el asesino, la tierra sería amancillada por la sangre (Núm. 35: 33). El altar proporcionaba asilo sólo para los que habían matado sin premeditación, pero éste no era el caso de Joab. Conociendo bien la ley, Joab sabía la suerte que le esperaba. Aunque era un rudo y endurecido soldado -"demasiado duro" aun para el vigoroso guerrero David-, el viejo capitán hizo frente a su suerte sin una palabra de protesta o un acto de resistencia. Era culpable de crímenes de los cuales no podía defenderse.
36.
No salgas de allí.
La situación del reino era tal, que a Salomón le pareció necesario mantener una estrecha vigilancia sobre todos los sospechosos. El inquieto Simei estaba entre las personas de quienes podía esperarse que se levantaran contra el rey apenas se presentara la oportunidad. Se sabía que era adicto de la casa de Saúl y acerbo enemigo de la casa de David. Prohibir a Simei que saliera de Jerusalén tan sólo era una razonable precaución contra una traición.
37.
Cedrón.
El valle que corre de norte a sur, muy cerca del muro oriental de Jerusalén. Más allá estaba lo que después se conoció como el monte de los Olivos. En la actualidad, ningún arroyo corre por este valle a no ser en la estación lluviosa.
La referencia a cruzar el Cedrón muestra que el propósito era impedirle que volviera a Bahurim de donde era oriundo (2 Sam. 16: 5), y donde podría tener su máxina influencia y las mejores oportunidades para fomentar disturbios. Bahurim estaba en las proximidades del monte de los Olivos, en el camino que desendía al Jordán.
39.
Gat.
Ciudad que perteneció antes a los filisteos, pero que fue tomada por David (1 Crón. 18: 1). Aquí se dice que tenía un rey, pero tal vez el rey dependía de la monarquía hebrea.
40.
Simei se levantó.
El relato no indica que no hubiera sido hecho de buena fe el viaje de Simei a Gat, con el propósito de traer de regreso a sus siervos. Pero queda en pie el hecho de que había desobedecido la orden del rey y quebrantado su propia solemne promesa. Esto es algo que se hace resaltar. Si Simei hubiese querido ser leal a su juramento, habría informado al rey de las circunstancias, le habría pedido permiso para ir a traer de vuelta a sus siervos y habría esperado la orden del rey. Pero al proceder por su propia cuenta y al aventurarse en un país extranjero que con frecuencia había estado en guerra con el padre de Salomón, era evidente que Simei se exponía a que se sospechara de él.
42.
Hizo venir a Simei.
Salomón no condenó a Simei sin considerar debidamente el caso y sin presentar claramente todos los hechos delante del acusado. Con preguntas escudriñadoras Salomón demostró que Simei no tenía excusa. Simei había jurado solemnemente que respetaría el decreto del rey. ¿Por qué no había respetado el juramento; La respuesta del silencio se convirtió en su sentencia de muerte. 735
44.
Tu corazón bien sabe.
Nadie conoce tan bien toda la maldad oculta en el corazón como el transgresor mismo. Teniendo su vida en juego, Simei sabía que su propio mal corazón era el mejor testigo contra él mismo.
Tu cabeza.
Dios no es un ejecutor arbitrario de la sentencia provocada por la transgresión. Los pecadores cosechan el castigo que ellos mismos han sembrado. Lo que condenó a muerte a Simei fue su propia iniquidad, no meramente el veredicto de un rey terrenal.
46.
El reino fue confirmado.
Ver com. vers. 12.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1- 4 PP 817; PR 17
2 MC 130
2, 3 5T 509


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 3          AUDIO
1 Salomón se casa con la hija de Faraón. 2 Salomón sacrifica en un lugar alto en Gabaón. 5 Salomón, a pedido de Dios, hace su elección en Gabaón, y como resultado recibe sabiduría, riqueza y honor. 16 El juicio de Salomón en el caso de dos mujeres rameras le da renombre.

1 SALOMON hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.
2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.
3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.
4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.
5 Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.
6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.
7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.
8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.
9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?
10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.
11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oír juicio,
12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.
13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.
14 Y si anduvieras en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.
15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.
16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.
17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. 736
18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.
19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.
20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto.
21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.
22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.
23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.
24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.
25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.
26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.
27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.
28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Parentesco con Faraón.
Este versículo está estrechamente relacionado con el precedente. El primer propósito de Salomón después de subir al trono fue afianzar la seguridad interna. Logrado ese fin, podría prestar atención a los asuntos exteriores. Lo primero que se menciona es la boda real con la hija de Faraón. En el caso del reinado de David sobre Judá, también lo primero que se menciona son medidas dispuestas para afianzar la seguridad interna (2 Sam. 2: 1- 32; 3: 1), seguidas por una enumeración de los hijos y de las esposas de David (2 Sam. 3: 2- 5); y después de su ungimiento como rey de Israel (2 Sam. 5: 1- 3), lo primero que se informa es el establecimiento de su poder sobre Israel (2 Sam. 5: 6- 12), a lo que sigue una vez más una mención de sus esposas y concubinas (2 Sam. 5: 13- 16).
El faraón con quien Salomón trabó parentesco se cree que fue uno de los reyes de la XXI dinastía, cuya capital estaba en Tanis, en el Bajo Egipto. Debe haber sido un predecesor de Sisac (Sheshonk), fundador de la XXII dinastía e invasor de Judá en el 5.° año de Roboam (1 Rey. 14: 25). Muchas autoridades piensan que el faraón con quien se emparentó Salomón fue Psusennes.
Cuando Salomón se alió con Egipto, este país era débil y estaba dividido. Fue también un período de debilidad para Asiria y Babilonia, y ya no existían como nación los hititas que habían sido poderosos. Un período semejante, de debilidad generalizada en el Cercano Oriente, ofrecía una oportunidad única para que David y Salomón afianzaran una nación poderosa para el pueblo de Dios en la tierra que el Altísimo había dispuesto para ellos.
Tomó la hija de Faraón.
Las alianzas políticas con frecuencia se sellaban mediante casamientos entre las familias reales. El escritor sagrado no reprocha a Salomón por haberse casado con esa princesa idólatra. Sencillamente registra el hecho, pero no lo sanciona al no censurarlo. Ese casamiento violaba directamente la orden de Dios. Aunque la hija de Faraón renunció a la religión de Egipto y echó su suerte con los hebreos entre los cuales había ido a vivir (PR 37), este saludable resultado no justificó el extraño casamiento. Faraón tomó la ciudad de Gezer de los cananeos, y la entregó a su hija como dote para la nación de Israel (1 Rey. 9: 16).
Ciudad de David.
Aquí se distingue entre la ciudad de David y Jerusalén. La antigua ciudadela de Sion, baluarte de los jebuseos (2 Sam. 5: 7- 9), estaba situada en el extremo meridional del cerro oriental, al oeste del manantial de Gihón en el valle de Cedrón, y al sur de la zona donde después se construyó el templo.
Su casa.
Sólo fue transitoria la residencia de la hija de Faraón en la ciudad de David, hasta que Salomón hubo construido su propio palacio. Este palacio debía estar al norte 737 de la ciudad de David, en la zona del templo. Posteriormente se edificaría una casa separada para su esposa egipcia (1 Rey. 7: 8).
2.
Sacrificaba en los lugares altos.
De acuerdo con la ley de Moisés, los hijos de Israel debían llevar sus sacrificios al tabernáculo y no ofrecerlos al aire libre (Lev. 17: 3-5). El Señor había prometido que designaría un lugar especial adonde debían llevarse los sacrificios (Deut. 12: 10, 11). Sin embargo, antes de la elección de ese lugar central se ofrecían sacrificios en diversos sitios por todo el país (Juec. 6: 25, 26; 13: 16; 1 Sam. 7: 10; 13: 9; 14: 35; 1 Crón. 21: 26). Esto se hacía sin que aparentemente se dieran cuenta de su culpa los que rendían culto. Dos razones principales pueden presentarse para la prohibición de ofrecer sacrificios en los lugares altos: (1) Para apartar a Israel de los lugares donde se efectuaba el corruptor culto idolátrico en el país; (2) para evitar que surgieran santuarios no autorizados por el Señor, donde podrían realizarse falsos cultos.
3.
Solamente sacrificaba.
Esto no debe interpretarse como una prueba de que hubiera culto idolátrico en este período de la vida de Salomón. El relato acaba de afirmar que él "amó a Jehová" y que anduvo "en los estatutos de su padre David"; pero no tuvo en cuenta las órdenes mosaicas que prohibían los sacrificios, con excepción de los realizados en un santuario central. Aunque no se había hecho caso de esa orden durante el período de los jueces y aun en los días de Samuel y David (vers. 2), Israel ahora había llegado a una hora nueva en su vida religiosa. Se estaba comenzando a reconocer que Dios no toleraría más una situación que antes había "pasado por alto" (Hech. 17: 30).
4.
Iba el rey a Gabaón.
Gabaón estaba a 9,6 km al noroeste de Jerusalén. Después del buen éxito de las medidas tomadas para afianzar el reino, Salomón celebró una gran fiesta en Gabaón para todo el reino (2 Crón. 1: 1-3), como un acto de acción de gracias para el Señor por sus bendiciones. Fue ubicado allí el tabernáculo que se había construido en el desierto (2 Crón. 1: 3). Se recordará que, mucho antes, los gabaonitas habían engañado a Josué y, por lo tanto, habían sido sentenciados para que fueran los que cortaran "la leña" y sacaran "el agua" para la casa del Dios de Josué (Jos. 9: 23).
5.
En sueños.
En los días de David, padre de Salomón, el Señor revelaba su voluntad por medio de los profetas Natán y Gad (2 Sam. 7: 2-17; 12: 1-14; 24: 11-14), y por medio de servicios especiales prestados por los sacerdotes (1 Sam. 23: 9-12; 30: 7, 8). Además, David mismo hablaba con frecuencia movido por la inspiración, como cuando escribió los Salmos (ver 2 Sam. 23: 2). Dios se comunicó con Salomón mediante un sueño, medio que usó con frecuencia para revelarse a sus siervos. Por ejemplo, a Abrahán (Gén. 15: 12), Jacob (Gén. 28: 12-16), José (Gén. 37: 5-10) y Daniel (Dan. 2: 19; 7: 1). También habló mediante sueños a quienes no eran de Israel, por ejemplo a Abimelec (Gén. 20: 3-7), Labán (Gén. 31: 24), Faraón y sus siervos (Gén. 40: 5; 41: 1-8), los madianitas (Juec. 7: 13) y Nabucodonosor (Dan. 2: 1; 4: 10-18).
Pide.
Bien sabía Dios lo que necesitaba Salomón, pero le mandó que pidiera. Esto debería ser una prueba para el joven rey. Su pedido revelaría la naturaleza de su corazón.
7.
Joven.
"Niño pequeño" (BJ). Salomón no quiere decir que era niño en años sino que se consideraba a sí mismo como niño en experiencia. Sus palabras revelan humildad. Teniendo sobre sí las pesadas responsabilidades de la nación, sintió que la tarea era demasiado grande para él y que necesitaba la ayuda divina. Cuando subió al trono ya estaba casado y probablemente ya era padre. Se deduce esto porque tenía un hijo de 41 años (2 Crón. 12: 13) en ocasión de su muerte, después de un reinado de 40 años (1 Rey. 11: 42).
9.
Corazón entendido.
La primera y la máxima necesidad de una persona es la de un corazón entendido que pueda comprender sus propios problemas y necesidades, así como la voluntad de Dios. Mientras mayores sean las responsabilidades que uno está llamado a desempeñar, mayor será su necesidad de un corazón entendido. El que está colocado en un puesto de autoridad necesita comprender los problemas ajenos y debe saber cómo resolverlos. En la administración de justicia y en la conducción de los asuntos de Estado se necesita mucha sabiduría práctica, agudeza de discernimiento y claridad de juicio. Una de las principales responsabilidades de Salomón sería la de escuchar los casos difíciles que le someterían los jueces de primera instancia del país. Al estar a la cabeza del pueblo de Dios, sentía su gran necesidad de sabiduría divina. En ninguna parte hay una 738 comprensión mejor de la naturaleza básica de la sabiduría que en las palabras escritas por él: "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría"(Prov. 9: 10). "Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia(Prov. 4: 7).
10.
Agradó delante del Señor.
Dios queda complacido cuando se le pide lo que es sabio y bueno, y cuando el hombre enfoca sabiamente los problemas de la vida.
12.
Corazón sabio y entendido.
La sabiduría de Salomón parece haber sido tanto moral como intelectual. Era una sabiduría práctica acerca de todos los aspectos de la vida, de las cosas y del corazón humano, como asimismo de las obras y los pensamientos del Creador.
13.
No pediste.
Esta es la confirmación de Dios en cuanto a la sabiduría del pedido de Salomón. Modestamente pidió sabiduría, lo que traería en su estela todas las otras bendiciones de la vida. "Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia" (Prov. 3: 13). "Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano" (Prov. 3: 17, 18). "El que me halle, hallará la vida, y alcanzará el favor de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda su alma" (Prov. 8: 35, 36). Esta es la gran ley básica del gobierno divino, acerca de la cual dijo Jesús: "Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mat. 6: 33).
15.
Sueño.
No era meramente un sueño, sino un sueño que provenía de Dios. Salomón estaba plenamente seguro de que el sueño era divinamente inspirado, y que se había comunicado con Dios. Tan seguro estaba de que era así, que inmediatamente después de volver a la capital se presentó delante del arca y ofreció sacrificios a Dios. Los resultados muestran más allá de toda duda de que estaba en lo correcto y que había recibido un mensaje directamente del Señor.
Delante del arca.
Salomón comenzó su reinado con una solemne ceremonia religiosa en cada uno de los dos lugares santos que había entonces en el país. Uno de ellos estaba en Gabaón, donde se encontraba el tabernáculo de la congregación, y el otro estaba en Jerusalén delante del arca, que unos años antes había sido llevada a la ciudad de David (2 Sam. 6: 12, 16).
Sacrificios de paz.
Además de la ceremonia religiosa del sacrificio de un holocausto ofrecido a Jehová como olor grato (Lev. 1: 9, 13, 17), para indicar un acto de consagración a Dios, hubo una gran ofrenda de sacrificios de paz, una gozosa festividad de compañerismo mutuo a la cual se invitaba al pueblo para que participara con alegre alabanza y agradecimiento por las bendiciones recibidas (ver Lev. 7: 12, 13, 15; 2 Sam. 6: 18, 19; 1 Crón. 16: 2, 3).
16.
Dos mujeres.
El caso era más difícil que los comunes, pues de lo contrario no habría sido llevado al rey. Esta fue una prueba de fuego para la sabiduría de Salomón. Ambas querellantes eran de un carácter dudoso. No merecía confianza la palabra de ninguna de ellas. Se equilibraban sus testimonios. La resuelta afirmación de una era resistida por la igualmente rotunda negativa de la otra. Parecía imposible llegar a ninguna decisión certera o justa. Todo el tribunal estaba envuelto en una atmósfera de suspenso. ¿Tendría que admitir el rey que el asunto era demasiado difícil para que él lo tratara? ¿La inferencia, la suposición, la deducción y la hipótesis no retardarían la justicia en un caso como éste? Pero Salomón tomó por un atajo en medio de la engorrosa maquinaria legal del tribunal y dio un veredicto rápido y certero, cuya justicia estaba más allá de toda duda. El niño fue devuelto a su madre, se había hecho justicia, y la fama de la sabiduría y del recto juicio de Salomón quedó asegurada para todo el porvenir.
Una pintura mural de Pompeya, actualmente en el Museo Nacional de Nápoles, presenta lo que se piensa que es la escena del juicio de Salomón entre las dos rameras.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 FE 498; PR 37
3-15 Ed 45
4 PR 19
5 3JT 428; PR 55
5-11 PR 19
7 PR 21, 33; 3T 449
7-15 3JT 428
12 FE 414; MeM 243; 3T 449
12-14 PR 20
16-28 PR 41
28 PR 22 739


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 4         AUDIO
1 Los jefes de Salomón. 7 Los doce gobernadores de abastecimiento. 20, 24 La paz y grandeza de su reino. 22 Su provisión diaria. 26 Sus establos. 29 Su sabiduría.

1 REINO, pues, el rey Salomón sobre todo Israel.
2 Y estos fueron losjefes que tuvo: Azarías hijo del sacerdote Sadoc;
3 Elihoref y Ahías, hijos de Sisa, secretarios; Josafat hijo de Ahilud, canciller;
4 Benaía hijo de Joiada sobre el ejército; Sadoc y Abiatar, los sacerdotes;
5 Azarías hijo de Natán, sobre los gobernadores; Zabud hijo de Natán, ministro principal y amigo del rey;
6 Ahisar, mayordomo; y Adoniram hijo de Abda, sobre el tributo.
7 Tenía Salomón doce gobernadores sobre todo Israel, los cuales mantenían al rey y a su casa. Cada uno de ellos estaba obligado a abastecerlo por un mes en el año.
8 Y estos son los nombres de ellos: el hijo de Hur en el monte de Efraín;
9 el hijo de Decar en Macaz, en Saalbim, en Bet-semes, en Elón y en Bet-hanán;
10 el hijo de Hesed en Arubot; éste tenía también a Soco y toda la tierra de Hefer;
11 el hijo de Abinadab en todos los territorios de Dor; éste tenía por mujer a Tafat hija de Salomón;
12 Baana hijo de Ahilud en Taanac y Meguido, en toda Bet-seán, que está cerca de Saretán, más abajo de Jezreel, desde Betseán hasta Abel-mehola, y hasta el otro lado de Jocmeam;
13 el hijo de Geber en Ramot de Galaad; éste tenía también las ciudades de jair hijo de Manasés, las cuales estaban en Galaad; tenía también la provincia de Argob que estaba en Basán, sesenta grandes ciudades con muro y cerraduras de bronce;
14 Ahinadab hijo de Iddo en Mahanaim;
15 Ahimaas en Neftalí; éste tomó también por mujer a Basemat hija de Salomón.
16 Baana hijo de Husai, en Aser y en Alot;
17 Josafat hijo de Parúa, en Isacar;
18 Simei hijo de Ela, en Benjamín;
19 Geber hijo de Uri, en la tierra de Galaad, la tierra de Sehón rey de los amorreos y de Og rey de Basán; éste era el único gobernador en aquella tierra.
20 Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose.
21 Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Eufrates hasta la tierra de los filisteos y el límite con Egipto, y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.
22 Y la provisión de Salomón para cada día era de treinta coros de flor de harina, sesenta coros de harina,
23 diez bueyes gordos, veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin los ciervos, gacelas, corzos y aves gordas.
24 Porque él señoreaba en toda la región al oeste del Eufrates, desde Tifsa hasta Gaza, sobre todos los reyes al oeste del Eufrates; y tuvo paz por todos lados alrededor.
25 Y Judá e Israel vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera, desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón.
26 Además de esto, Salomón tenía cuarenta mil caballos en sus caballerizas para sus carros, y doce mil jinetes.
27 Y estos gobernadores mantenían al rey Salomón, y a todos los que a la mesa del rey Salomón venían, cada uno un mes, y hacían que nada faltase.
28 Hacían también traer cebada y paja para los caballos y para las bestias de carga, al lugar donde él estaba, cada uno conforme al turno que tenía.
29 Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar.
30 Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.
31 Aun fue más sabio que todos los hombres, más que Etán ezraíta, y que Hemán, Calcol y Darda, hijos de Mahol; y fue conocido entre todas las naciones de alrededor.
32 Y compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron mil cinco.
33 También disertó sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo 740 que nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces.
34 Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría.


1.
Sobre todo Israel.
El énfasis puesto sobre la palabra "todo", sugiere que el autor recopiló su material después de la división del reino.
2.
Los jefes.
La lista es la del gabinete real, los consejeros principales y funcionarios del Estado. Eran dignatarios de primera categoría que dependían de la elección de Salomón para sus cargos y para continuar en ellos.
Azarías.
Es significativo que, mientras que en las listas de los magistrados de David está en primer lugar el capitán del ejército (2 Sam. 8: 16-18; 20: 23-26), ese funcionario, en la lista de Salomón, está después de los que ocupaban los cargos pacíficos de sacerdote, secretario y canciller. El título "sacerdote" parece que adecuadamente le correspondía a Azarías y no a Sadoc. A veces se piensa que el término "sacerdote" -Heb. kohen- se refiere a un funcionario civil. En 2 Sam. 8: 18, se da este título a los hijos de David (traducido como "príncipes" en la RVR), mientras que en el pasaje paralelo de 1 Crón. 18: 17 se da la explicación de que eran "príncipes cerca del rey"-
El pasaje de 2 Sam. 8: 18, en la BJ reza: "Los hijos de David eran sacerdotes". Esta traducción corresponde con el texto hebreo. La acompaña una nota de pie de página: "Dato extraño. Sin duda asistentes o sustitutos de su padre en las funciones sacerdotales que legítimamente ejercía el rey, cf. 6: 13-20".
En 1 Crón. 6: 8-13, hay en la lista tres Azarías en la genealogía: Ahitob, Sadoc, Ahimaas, Azarías, Johanán, Azarías, Amarías, Ahitob, Sadoc, Salum, Hilcías, Azarías. El primer Sadoc, hijo de Ahitob, era sumo sacerdote en el tiempo de David (2 Sam. 8: 17). Según Crónicas, Azarías era nieto y no hijo de Sadoc. El Azarías que aparece primero en la lista entre los "jefes" puede haber sido tan sólo un consejero privado de Salomón y posteriormente sumo sacerdote (ver com. 1 Crón. 6: 8-13).
3.
Hijos de Sisa, secretarios.
En 2 Sam. 20:25 se menciona a "Seva", y en 1 Crón. 18: 16 a "Savsa", el primero como "escriba" y el segundo como "secretario" de David (RVR). Estos nombres son quizá variantes de "Sisa", y los escribas (o secretarios) de Salomón pueden haber heredado ese cargo de su padre. El "escriba" era uno de los funcionarios más importantes del reino: redactaba los edictos del rey, atendía su correspondencia, y tal vez también manejaba el peculio real (2 Rey. 12: 10).
Canciller.
Josafat había ocupado ese cargo en tiempo de David (1 Crón. 18: 15). El canciller era el cronista de la corte. Su deber era registrar los sucesos tal como ocurrían, y su obra constituía una parte de los archivos oficiales del reino. Evidentemente era un funcionario estatal importante (ver 2 Rey. 18: 18, 37; 2 Crón. 34: 8).
4.
Sadoc y Abiatar.
Ver com. 2 Sam. 8: 17.
5.
Amigo del rey.
Este parece haber sido un cargo reconocido en tiempo de Salomón (ver 2 Sam. 15: 37; 16: 16; 1 Crón. 27: 33). En Egipto, el ser "amigo" o "confidente" del rey colocaba a un hombre en la posición envidiable de ser consejero real.
6.
Mayordomo.
En los días de Ezequías este cargo parece haber sido de gran importancia, superior al de escriba, pues cuando Sebna hubo de ser destituido, se deduce que fue rebajado de su puesto de "mayordomo" al de escriba (Isa. 22: 15-25; 2 Rey. 18: 18).
El tributo.
"Las levas" (BJ). Se alude a los trabajadores forzados que empleaba Salomón para sus grandes obras públicas (ver cap. 5: 13, 14). En la enumeración de los funcionarios de David de la primera parte de su reinado, no se encuentra este cargo (2 Sam. 8: 16-18), pero sí aparece en la lista de la parte final de su reinado (2 Sam. 20: 24). El que estuvo en este puesto impopular fue apedreado y muerto en la sublevación contra Roboam (1 Rey. 12: 18). Las excavaciones de Ezión-geber comprueban claramente que se empleaba el trabajo forzado.
7.
Mantenían al rey.
Esto implica la cobranza de impuestos, ya fuera en dinero o en especie, para mantener la corte y la casa real. Este cargo debe haber sido importante pues en dos casos (vers. 11, 15) los que lo ocuparon se unieron por casamiento con la casa real. Los distritos sobre los cuales ejercían los funcionarios no correspondían con las doce tribus. Sin duda esto se debía, en parte, al hecho 741 de que para este tiempo ya era anticuada la primitiva división de las tribus en el país. El que fueran 12 estos funcionarios no tiene relación con las 12 tribus sino con los 12 meses del año, en los cuales cada uno de ellos tenía a su cargo la cobranza de los tributos reales.
8.
Monte de Efraín.
La parte más elevada del territorio de Efraín, una de las zonas más fértiles de Palestina que rodeaba la ciudad de Siquem.
9.
Macaz.
Los pueblos aquí mencionados colocan el territorio del hijo de Decar al noroeste de Judá, en el territorio asignado originalmente a Dan (Jos. 19: 40-43), pero en la historia de los comienzos de Israel estuvo mayormente en poder de los filisteos.
10.
Soco.
Un lugar que estaba a 16,3 km al noroeste de Samaria, conocido como esh-Shuweikeh. No es la misma ciudad de Soco, cerca de la cual David luchó con Goliat (1 Sam. 17: 1, 2), ni la que estaba al sur de Hebrón (Jos. 15: 48).
Hefer.
Un distrito de Judá, desconocido.
11.
Territorios de Dor.
Este distrito estaba a lo largo de la costa, dominada por el monte Carmelo, en el territorio asignado a Manasés. Se menciona al rey de Dor en Jos. 11: 2 como que estuvo de parte de Jabín en la confederación del norte, y que posteriormente fue vencido (Jos. 12: 23) y su tierra fue dada a Manasés (Jos. 17: 11). Abinadab, cuyo hijo tenía a su cargo esta región, puede haber sido el hermano mayor de David (1 Sam. 16: 8; 17: 13).
12.
En Taanac.
Esta era una división importante de las secciones más fértiles de Palestina, que incluía la mayor parte de la llanura de Esdraelón. Debido a su ubicación, cruzada por caminos importantísimos de norte a sur y de este a oeste, estaba protegida por fortificaciones. Taanac, Meguido y Bet-seán estaban entre los baluartes más importantes de toda Palestina, y se asignaron a Manasés. No fueron conquistadas pero sí pagaban tributo cuando Israel tuvo poder (Jos. 17: 11-13; Juec. 1: 27, 28). Aunque fueron asignadas a Manasés, estas ciudades estuvieron dentro del territorio de Isacar (Jos. 17: 11). Meguido es el lugar donde murieron Ocozías (2 Rey. 9: 27) y Josías (2 Rey. 23: 29). Bet-seán es la fortaleza que domina el acceso oriental del valle y la ciudad donde los filisteos exhibieron en triunfo el cuerpo de Saúl (1 Sam. 31: 8-10).
13.
Las ciudades de Jair.
Esta era una sección grande de Transjordania que incluía una buena parte de los territorios de Manasés y de Gad. Ramot de Galaad estaba en el territorio de Gad, y era una de las ciudades de refugio (Deut. 4: 43; Jos. 20: 8; 21: 38).
Provincia de Argob.
Territorio que una vez perteneció al reino de Og, pero que fue tomado por Jair (Deut. 3: 4,13,14).
Grandes ciudades con muro.
Esta descripción es similar a la de Deut. 3: 4, 5.
14.
Mahanaim.
Esta división también estaba en Transjordania, en el territorio de Gad (Jos. 13: 26; 21: 38). Fue escenario del encuentro de Jacob con los ángeles cuando volvía a Canaán (Gén. 32: 2). Posteriormente se convirtió en un centro importante pues era la sede del gobierno de Is-boset (2 Sam. 2: 8, 12, 29) y el lugar donde se estableció David al huir de Absalón (2 Sam. 17: 24, 27).
15.
Neftalí.
Era un distrito septentrional de Galilea, al sur del monte Hermón, e incluía la costa noroccidental del mar de Galilea (Jos. 19: 32-39). En él estaba Cedes de Neftalí, una de las ciudades de refugio (Jos. 19: 37; 20: 7; Juec. 4: 6).
16.
En Aser y en Alot.
Esta división estaba en el norte, a lo largo de la costa del Mediterráneo (Jos. 19: 24-31). Los habitantes de Aser no pudieron expulsar a los cananeos de su territorio, pero se establecieron entre ellos (Juec. 1: 31, 32).
17.
Isacar.
El territorio de Isacar estaba al sur de Neftalí y al norte de Manasés, e incluía la sección septentrional de la llanura de Esdraelón (Jos. 19: 17-23). Este distrito parece haber estado al norte del distrito mencionado en 1 Rey. 4: 12.
18.
Benjamín.
Aunque pequeño, era importante el territorio de Benjamín. Incluía a Jericó, Geba, Gabaón, Ramá y originalmente a la misma Jerusalén (Jos. 18: 11-28).
19.
Galaad.
Un distrito al este del Jordán, que incluía partes de los territorios de Rubén, Manasés y Gad (ver com. vers. 13, 14).
El único gobernador.
No es claro el significado de estas palabras, puesto que cada distrito no tenía más que un gobernante. La LXX reza aquí: "Un gobernador en la tierra de Judá". Quizá esto sea lo correcto pues se notará que, fuera de este pasaje, el territorio de Judá está omitido de la lista de distritos que pagaban tributo a la corte real. Como un favor especial para Judá, puede haber habido un gobernador en este distrito que supervisaba 742 a los otros doce magistrados. Puesto que Judá era la provincia central, no estaba bajo otro gobierno que el de los funcionarios reales de Jerusalén, pero difícilmente se podría aceptar que, para los propósitos de los impuestos, se hubiera excluido a Judá del sistema general.
20.
Eran muchos.
La descripción que se da aquí y en el vers. 25 de la condición del pueblo -que se había multiplicado y vivía prósperamente y en paz-, evidentemente tiene el propósito de hacer resaltar que Israel había llegado a ser fuerte y disfrutaba de seguridad, pues no estaba más a merced de inquietos vecinos, y podía aprovechar la tierra que se le había concedido.
21.
Sobre todos los reinos.
En parte el imperio de Salomón consistía en un grupo de pequeños Estados vasallos semiautonomos, gobernados por sus propias reyes que, sin embargo, reconocían la soberanía del monarca hebreo y le pagaban sin tributo anual. Que los vecinos de Israel ahora habían sido destruidos o reducidos a servidumbre se hace resaltar nuevamente en cap. 9: 20, 21.
El Eufrates.
El autor hace resaltar que el reino de Salomón había alcanzado la extension prometida a Abrahán, Moisés y Josué. Ver mapa frente a la pág. 769.
Todos los días.
El imperio sólo duró mientras vivió Salomón. Los Estados semejantes al de Salomón -parcialmente compuestos de una cantidad de reinos sin mucha cohesión- con frecuencia se levantaban rápidamente y también se desmembraban pronto.
22.
La provisión de Salomón.
Hasta donde se sepa, el coro (Heb. kor) era una medida de volumen de la época que equivalía a 220 lt. (ver t. I, págs. 175-176). Se ha calculado que en la corte de Salomón había entre 10.000 y 15.000 personas.
24.
Tifsa.
Generalmente se estima que era un lugar sobre el Eufrates, que los griegos llamaban Tápsaco.
Gaza.
En el extremo sur de la llanura filistea.
Tuvo paz.
A lo menos durante ese tiempo. Todo parecía estar dominado, tranquilo internamente y libre de ataques exteriores. Pero una paz duradera debía descansar sobre un fundamento más firme que el que suministraba el gobierno de Salomón, como pronto lo demostrarían otros acontecimientos.
25.
Debajo de su parra.
Esta frase era común entre los hebreos (Miq. 4: 4; Zac. 3: 10), y también la empleaban los asirios (2 Rey. 18: 31). Es una descripción de un período ideal de paz y prosperidad.
Desde Dan hasta Beerseba.
Expresión que comenzó a usarse durante el período de los jueces y siguió empleándosela desde entonces: en los días de Samuel, Saúl, David y Salomón (ver Juec. 20: 1; 1 Sam. 3: 20; 2 Sam. 3: 10; 17: 11; 24: 2, 15; 1 Crón. 21: 2) para indicar una nación unida que se extendía desde el límite septentrional de Dan hasta Beerseba en el extremo sur. Después del reinado de Salomón, la expresión no se usó otra vez hasta que Ezequías convocó al pueblo "desde Beerseba hasta Dan" para la pascua de Jerusalén (2 Crón. 30: 5).
26.
Cuarenta mil caballos en sus caballerizas.
"Cuatro mil establos de caballos" (BJ). En 2 Crón. 9: 25 se lee: "Cuatro mil caballerizas para sus caballos" (RVR). Se ha pensado que podría explicarse la diferencia atribuyéndola a un error de copista, pues son muy similares las palabras hebreas para "cuatro" y "cuarenta". La multiplicación de caballos jinetes -prohibida para el futuro rey en Deut. 17: 16, pero predicha por Samuel cuando Saúl tomó posesión del trono (1 Sam. 8: 11, 12)- es una indicación del crecimiento del imperio por medio de la fuerza militar. En ocasión de la conquista efectuada por Josué, los caballos y los carros tomados al enemigo fueron destruidos (Jos. 11: 9).
27.
Estos gobernadores.
Los gobernadores mencionados en los vers. 7-19. Algunas traducciones griegas colocan este vers. después del vers. 19.
28.
Cebada.
Era, y todavía lo es, un alimento común para los caballos en el Oriente. Con ella se hacían, a veces, tortas o panes (Juec. 7: 13; Juan 6: 9). El trigo era el cereal comúnmente usado para el alimento humano.
29.
Sabiduría.
En su sentido más pleno. Especialmente como se usa esta palabra en los libros de Proverbios y Eclesiastés, la sabiduría es adecuadamente un atributo de Dios y es impartida al hombre (Sant. 1: 5). Una sabiduría tal tiene que ver tanto con el carácter como con el intelecto. Se la usa en un sentido más restringido en los vers. 30 y 31.
30.
Los orientales.
Los pueblos tribales que vivían entre Palestina y Mesopotamia (ver 743 Gén. 29: 1; Juec. 6: 3, 33; 7: 12; 8: 10). Se dice que moraban en tiendas (Jer. 49: 28, 29). Job fue uno de ellos (Job 1: 3).
Sabiduría de los egipcios.
La sabiduría de Egipto era famosa en todo el Oriente. Incluía astronomía, medicina, arquitectura, matemáticas, música, pintura, embalsamamiento y filosofía mística. Se ha preservado toda una riqueza de la llamada literatura sapiencial de Egipto.
31.
Más sabio que todos los hombres.
Estos rivales de Salomón en sabiduría sólo son conocidos por este pasaje. Algunos creen que Hemán y Etán son los músicos del tabernáculo nombrados por David (1 Crón. 6: 33, 44), que también pueden ser los "ezraítas" de los sobrescritos de los Sal. 88 y 89. Se designa a un "Hemán" como el "vidente del rey en las cosas de Dios" (1 Crón. 25: 5). Sin embargo, no se ha establecido la identidad de estos nombres.
32.
Tres mil proverbios.
Sus sentencias o apotegmas de sabiduría moral y práctica contienen sanos consejos, sagaces observaciones, exhortaciones a la virtud, principios de vida piadosa y útiles preceptos que inducen a la piedad, la felicidad y la prosperidad. Tan sólo unos pocos de sus proverbios se han preservado.
Sus cantares.
Se sabe que Salomón fue autor de cantares porque se han preservado algunos de ellos, incluso el Cantar de los Cantares y posiblemente los Sal. 72 y 127.
33.
Disertó sobre los árboles.
Los escritos de Salomón revelan que tenía un profundo aprecio por las bellezas de la naturaleza. Era un agudo observador y sin duda estaba habituado a consignar muchas de sus observaciones para beneficio de los que lo rodeaban. No se ha preservado ninguno de los tratados de Salomón dedicados únicamente a asuntos seculares en el campo de la historia natural.
34.
Venían.
Es tan sólo natural que se esparciera la reputación de la sabiduría de Salomón y que muchos vinieran desde naciones distantes para compartir su sabiduría.
Todos los reyes.
No todos los reyes en persona, pues muchos enviaban a sus mensajeros, aunque algunos gobernantes -como la reina de Sabá- prefirieron visitarlo en persona.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
21, 24, 25 PR 36
29-31 PR 22; 2T 305
32, 33 PR 23



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 5        AUDIO
1 Hiram envía mensajeros a Salomón y se entera de su propósito de edificar un templo, y le manifiesta su deseo de proporcionarle madera. 7 Hiram bendice a Dios por causa de Salomón, pide comida para su familia y promete suministrarle madera. 13 El número de los obreros de Salomón.

1 HIRAM rey de Tiro envió también sus siervos a Salomón, luego que oyó que lo habían ungido por rey en lugar de su padre; porque Hiram siempre había amado a David.
2 Entonces Salomón envió a decir a Hiram:
3 Tú sabes que mi padre David no pudo edificar casa al nombre de Jehová su Dios, por las guerras que le rodearon, hasta que Jehová puso sus enemigos bajo las plantas de sus pies.
4 Ahora Jehová mi Dios me ha dado paz por todas partes; pues ni hay adversarios, ni mal que temer.
5 Yo, por tanto, he determinado ahora edificar casa al nombre de Jehová mi Dios, según lo que Jehová habló a David mi padre, diciendo: Tu hijo, a quien yo pondré en lugar tuyo en tu trono, él edificará casa a mi nombre.
6 Manda, pues, ahora, que me corten cedros del Líbano; y mis siervos estarán con los tuyos, y yo te daré por tus siervos el salario que tú dijeres; porque tú sabes bien 744 que ninguno hay entre nosotros que sepa labrar madera como los sidonios.
7 Cuando Hiram oyó las palabras de Salomón, se alegró en gran manera, y dijo: Bendito sea hoy Jehová, que dio hijo sabio a David sobre este pueblo tan grande.
8 Y envió Hiram a decir a Salomón: He oído lo que me mandaste a decir; yo haré todo lo que te plazca acerca de la madera de cedro y la madera de ciprés.
9 Mis siervos la llevarán desde el Líbano al mar, y la enviaré en balsas por mar hasta el lugar que tú me señales, y allí se desatará, y tú la tomarás; y tú cumplirás mi deseo al dar de comer a mi familia.
10 Dio, pues, Hiram a Salomón madera de cedro y madera de ciprés, toda la que quiso.
11 Y Salomón daba a Hiram veinte mil coros de trigo para el sustento de su familia, y veinte coros de aceite puro; esto daba Salomón a Hiram cada año.
12 Jehová, pues, dio a Salomón sabiduría como le había dicho; y hubo paz entre Hiram y Salomón, e hicieron pacto entre ambos.
13 Y el rey Salomón decretó leva en todo Israel, y la leva fue de treinta mil hombres,
14 los cuales enviaba al Líbano de diez mil en diez mil, cada mes por turno, viniendo así a estar un mes en el Líbano, y dos meses en sus casas; y Adoniram estaba encargado de aquella leva.
15 Tenía también Salomón setenta mil que llevaban las cargas, y ochenta mil cortadores en el monte;
16 sin los principales oficiales de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra.
17 Y mandó el rey que trajesen piedras grandes, piedras costosas, para los cimientos de la casa, y piedras labradas.
18 Y los albañiles de Salomón y los de Hiram, y los hombres de Gebal, cortaron y prepararon la madera y la cantería para labrar la casa.
1.
Hiram rey de Tiro.
En 2 Sam. 5: 11 y 1 Crón. 14: 1 se menciona que Hiram envió a David obreros y materiales para la edificación de su casa. Josefo cita a Menandro de Efeso -el cual escribió en griego una historia de Tiro por el año 300 AC- para decir que Hiram fue hijo de Abibaal y que reinó 34 años, que murió a la edad de 53 años y que lo sucedió su hijo Baleazar (Contra Apión 1. 18). Según Josefo, el templo fue edificado en el 11.° (Antigüedades viii. 3. 1) o en el 12.° (Contra Apión 1. 18) año de Hiram. Puesto que la edificación del templo se comenzó en el 4.° año de Salomón (1 Rey. 6: 1), el reinado de Hiram debe haber sido paralelo con el de David durante unos siete u ocho años.
3.
Casa.
Después de haber dado una descripción general del gobierno de Salomón, el autor prosigue con un relato de la gran empresa de su reinado: la edificación del templo. Una narración paralela de esta importante empresa se encuentra en 2 Crón. 2 a 4.
Por las guerras.
La razón por la cual David no construyó el templo no fue porque hubiese estado tan ocupado con guerras que no tuvo tiempo para edificarlo, sino porque había derramado mucha sangre (1 Crón. 22:8) y el Señor no le permitió que lo hiciera.
4.
Paz.
No era el propósito del Señor que Israel estuviera en constantes guerras con sus vecinos. Durante el reinado de David fue necesario que hubiera guerra para afianzar el trono. Pero Dios había prometido a David un hijo que sería "varón de paz", y el Altísimo daría "paz y reposo sobre Israel en sus días"(1 Crón. 22: 9). El nombre Salomón significa "pacífico". Salomón reconocía que la paz de que disfrutaba la había recibido como una bendición de Dios.
5.
He determinado ahora edificar.
David se había propuesto edificar una casa para Dios, pero dejó esa obra a su hijo porque Dios no le permitió llevarla a cabo (1 Crón. 22: 6-16). Salomón asumió esa responsabilidad no sólo como un encargo de su padre sino como una sagrada comisión de Dios. El propósito de David se convirtió en su propósito y la voluntad de Dios en su voluntad. Su primera ocupación de la vida llegó a ser la de edificar el templo del Señor.
Jehová habló.
Cuando David primero se propuso edificar el templo, Dios le envió un mensaje mediante el profeta Natán para explicarle que no debía emprender esa obra, sino su hijo (2 Sam. 7: 2-17; 1 Crón. 17: 1-15). Dios habla a la humanidad de diversas maneras, pero con frecuencia mediante un profeta.
6.
Manda, pues, ahora.
Aquí se da un 745 resumen de una parte de un mensaje de Salomón a Hiram, que se presenta mucho más ampliamente en 2 Crón. 2: 3-10. El pedido no sólo era de cedros sino también de sándalos (2 Crón. 2: 8) y cipreses (1 Rey. 5: 8, 10), y también de un hombre que supiera "trabajar en oro", plata, bronce y hierro (2 Crón. 2: 7). A cambio de esa madera, Salomón prometió dar a Hiram trigo, cebada, vino y aceite (2 Crón. 2: 10; cf. 1 Rey. 5: 11). El propósito específico de la edificación del templo se presenta con detalles mucho más amplios en 2 Crón. 2: 4-6.
Cedros.
El famoso cedro del Líbano era muy apreciado en la antigüedad. Los tirios lo usaban para mástiles de sus barcos (Eze. 27: 5). Los reyes de Asiria y Babilonia lo empleaban para sus templos y palacios. En Egipto se usaba mucho el cedro del Líbano. Los bosques del Líbano eran proverbiales por su belleza y fragancia (Sal. 92: 12; Cant. 4: 11; 5: 15; Isa. 35: 2; Eze. 31: 3-9; Ose. 14: 6, 7); estaban regados por corrientes perennes de agua provenientes de las cumbres nevadas (Cant. 4: 15; Jer. 18: 14; Eze. 31: 4, 5, 7), en tanto que el resto de Palestina podía estar agostado y árido. Los cedros del Líbano de hoy día por lo general pueden tener de unos 15 a 25 m de alto y una forma como de cúpula. Las hojas se producen en manojos y las ramas son largas, bien separadas y retorcidas. Los famosos cedros han desaparecido en gran medida de los montes del Líbano. Sin embargo, este árbol todavía florece en los montes del Tauro.
Que sepa labrar.
Los fenicios en general, y los sidonios en particular, se mencionan con frecuencia en la literatura antigua por su habilidad mecánica y artística. Eran especialmente capaces para cortar troncos y transportar maderas.
7.
Se alegró en gran manera.
Parece haber existido una amistad genuina entre Hiram y Salomón que, sin duda, se remontaba a la sincera amistad entre Hiram y David. La respuesta de Hiram al pedido de Salomón se da más plenamente en 2 Crón. 2: 11-16.
Bendito sea hoy Jehová.
Esta es una insólita respuesta de un rey de Tiro. Mediante sus relaciones con David y Salomón, Hiram había oído del Dios de los hebreos. En ese tiempo, el nombre de Jehová llegó a ser honrado por muchos de los vecinos de Israel, y se comprendieron mejor los principios de su ley y gobierno; se derribaron las barreras y se efectuaron conversiones. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que Hiram mismo llegara a ser adorador de Jehová o que esta respuesta demostrara un cambio básico en sus creencias religiosas. Estas palabras más bien parecen una deferencia ante el Dios de Israel, a quien Hiram reconocía entonces como al que "hizo los cielos y la tierra" (2 Crón. 2: 12).
8.
Todo lo que te plazca.
No se podía haber esperado una respuesta más amable de nadie. Hiram entró de lleno en los planes de Salomón y estuvo de acuerdo en hacer todo lo que se le pidiera. Lo que hizo fue hecho con espíritu bien dispuesto y corazón alegre. Las tareas seculares serían mucho más livianas si con más frecuencia se hallara el mismo espíritu en las personas a quienes se les da oportunidades para responder a favores que se les pide.
9.
Desde el Líbano.
Quizá los troncos fueron transportados flotando aguas abajo por los ríos de las montañas o se los hizo deslizar cuesta abajo. De allí fueron llevados al mar y reunidos en forma de balsas hasta Jope (2 Crón. 2: 16), a 54,4 km de Jerusalén. Igual procedimiento se empleó en la construcción del segundo templo (Esd. 3: 7).
10.
Dio, pues, Hiram a Salomón.
Parece haber existido un convenio formal, escrito, entre Salomón e Hiram (2 Crón. 2: 11). Salomón presentó los términos del contrato, e Hiram los aceptó prontamente. Hiram convino en entregar la madera que necesitaba Salomón, según las estipulaciones pactadas. Josefo afirma que en los días de Menandro (c. 300 AC) aún existían copias de las cartas entre Hiram y Salomón, y se las podía ver en los archivos de Tiro (Antigüedades viii. 5. 3).
11.
Salomón daba a Hiram.
Los convenios entre Hiram y Salomón eran mutuamente ventajosos. Salomón necesitaba madera, de la cual tenía poca y que Hiram poseía en abundancia. Hiram necesitaba alimentos que escaseaban en Fenicia y que sobreabundaban en Israel. Ambos dieron de lo que tenían y recibieron lo que necesitaban, y como resultado ambos se beneficiaron. Los dos quedaron contentos con ese convenio que fomentó tanto la prosperidad como la paz.
Cada año.
Salomón edificó durante varios años, y entregaba anualmente a Hiram una cantidad de trigo y aceite a cambio de los materiales que proporcionaba continuamente 746 y de los servicios de los valiosos obreros tirios.
12.
Sabiduría.
Se necesita sabiduría en todos los asuntos de la vida: tanto en la religión como en los negocios, en el gobierno tanto como en la agricultura, en el hogar tanto como en el aula. La sabiduría promueve el contentamiento y la prosperidad, la felicidad y la piedad. La verdadera sabiduría provienede Dios y lleva a Dios.
13.
Decretó leva.
Pareciera que ésta fue la primera vez cuando se demandó un trabajo forzado de los israelitas. Samuel había predicho que eso sucedería con el advenimiento del reino (1 Sam. 8: 16). David había impuesto un trabajo forzado a "los extranjeros que había en la tierra de Israel" (1 Crón. 22: 2), pero hasta este momento los israelitas se habían librado de ese servicio. Se reclutaron a 30.000 trabajadores para la edificación del templo. Suponiendo una población de 1.300.000 israelitas físicamente capaces (2 Sam. 24: 9), esto sería 1 de cada 43.
14.
Cada mes.
Este arreglo de que sólo hubiera un mes de servicio de cada tres, debe haber hecho mucho menos aborrecible este sistema de trabajo forzado de lo que habría sido de otra manera. Este tipo de labor no era considerado como un trabajo de siervos de la clase que se demandaba de los extranjeros, pues "a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio" (1 Rey. 9: 22). Con todo, era muy desagradable y fue una de las principales causas de descontento al final del reinado de Salomón (1 Rey. 12: 4).
Adoniram.
Uno de los principales funcionarios del Estado (ver com. cap. 4: 6).
15.
Llevaban las cargas.
Estos trabajadores no eran israelitas sino extranjeros (2 Crón. 2: 17, 18), tales como los que ordenó David que "labrasen piedras" (1 Crón. 22: 2). Estos fueron verdaderos siervos o esclavos que prestaban servicios continuos en trabajos pesados, tales como llevar cargas o labrar piedras.
16.
Principales oficiales de Salomón.
"Capataces de los prefectos" (BJ). El número que se da acá es de 3.300, pero un pasaje paralelo habla de 3.600 (2 Crón. 2: 18). En 1 Rey. 9: 23 se da el número de "los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las obras" como 550, mientras que en 2 Crón. 8: 10 se dice que eran 250 los "gobernadores principales" de Salomón. Se notará que el número total de funcionarios de todas las categorías en cada caso es de 3.850. Pareciera que los autores de Reyes y Crónicas clasificaron a los "oficiales" ("capataces", BJ) de una manera diferente. Aun es posible que hubiera habido una reorganización en la cual algunos fueron ascendidos, y es posible también que uno de los autores dé la clasificación tal como era antes de la reorganización y el otro como fue después de ella.
17.
Piedras grandes.
Esas piedras eran grandes y estaban cuidadosamente labradas. Demandó mucho trabajo su preparación y transporte desde la cantera hasta el lugar del templo en Jerusalén. Pueden haber sido usadas no tanto para el fundamento del templo mismo como para la subestructura de la zona del templo, que formaba un cuadrado en la cumbre irregular del monte Moriah. todavía se ven grandes piedras en esa subestructura, que hasta no hace mucho se pensaba que databan de los días de Salomón, pero que ahora se sabe que no van más allá de los días de Herodes. Algunas de esas piedras tienen 10 m de largo y 21/2 m de alto.
18.
Los hombres de Gebal.
"Guiblitas" (BJ). Habitantes de Gebal o Biblos (ver Eze. 27: 9), ciudad costera de Fenicia. Parece que eran hábiles artesanos para trabajar en piedra. Fueron empleados por Salomón de la misma forma en que empleó a otros expertos para la realización de tareas que requerían obreros especializados.


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 6        AUDIO
1 La edificación del templo de Salomón. 5 Sus aposentos. 11 La promesa de Dios. 15 El interior y sus entalladuras. 23 Los querubines. 31 Las puertas. 36 El atrio interior. 37 Duración de la edificación.

1 EN EL año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová.
2 Ia casa que el rey Salomón edificó a Jehová tenía sesenta codos de largo y veinte de ancho, y treinta codos de alto.
3 Y el pórtico delante del templo de la casa tenía veinte codos de largo a lo ancho de la casa, y el ancho delante de la casa era de diez codos.
4 E hizo a la casa ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera.
5 Edificó también junto al muro de la casa aposentos alrededor, contra las paredes de la casa alrededor del templo y del lugar santísimo; e hizo cámaras laterales alrededor.
6 El aposento de abajo era de cinco codos de ancho, el de en medio de seis codos de ancho, y el tercero de siete codos de ancho; porque por fuera había hecho disminuciones a la casa alrededor, para no empotrar las vigas en las paredes de la casa.
7 Y cuando se edificó la casa, la fabricaron de piedras que traían ya acabadas, de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas se oyeron en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro.
8 La puerta del aposento de en medio estaba al lado derecho de la casa; y se subía por una escalera de caracol al de en medio, y del aposento de en medio al tercero.
9 Labró, pues, la casa, y la terminó; y la cubrió con artesonados de cedro.
10 Edificó asimismo el aposento alrededor de toda la casa, de altura de cinco codos, el cual se apoyaba en la casa con maderas de cedro.
11 Y vino palabra de Jehová a Salomón, diciendo:
12 Con relación a esta casa que tú edificas,si anduvieras en mis estatutos e hicieres mis decretos, y guardares todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra que hablé a David tu padre;
13 y habitaré en ella en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel.
14 Así, pues, Salomón labró la casa y la terminó.
15 Y cubrió las paredes de la casa con tablas de cedro, revistiéndola de madera por dentro, desde el suelo de la casa hasta las vigas de la techumbre; cubrió también el pavimento con madera de ciprés.
16 Asimismo hizo al final de la casa un edificio de veinte codos, de tablas de cedro desde el suelo hasta lo más alto; así hizo en la casa un aposento que es el lugar santísimo.
17 La casa, esto es, el templo de adelante, tenía cuarenta codos.
18 Y la casa estaba cubierta de cedro por dentro, y tenía entalladuras de calabazas silvestres y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía.
19 Y adornó el lugar santísimo por dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del pacto de Jehová.
20 El lugar santísimo estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, veinte de ancho, y veinte de altura; y lo cubrió de oro purísimo; asimismo cubrió de oro el altar de cedro.
21 De manera que Salomón cubrió de oro puro la casa por dentro, y cerró la entrada del santuario con cadenas de oro, y lo cubrió de oro.
22 Cubrió, pues, de oro toda la casa de arriba abajo, y asimismo cubrió de oro todo el altar que estaba frente al lugar santísimo.
23 Hizo también en el lugar santísimo dos querubines de madera de olivo, cada uno de diez codos de altura.
24 Una ala del querubín tenía cinco codos, y la otra ala del querubín otros cinco codos; así que había diez codos desde la punta de una ala hasta la punta de la otra.
25 Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un mismo tamaño y de una misma hechura. 748
26 La altura del uno era de diez codos, y asimismo la del otro.
27 Puso estos querubines dentro de la casa en el lugar santísimo, los cuales extendían sus alas, de modo que el ala de uno tocaba una pared, y el ala del otro tocaba la otra pared, y las otras dos alas se tocaban la una a la otra en medio de la casa.
28 Y cubrió de oro los querubines.
29 Y esculpió todas las paredes de la casa alrededor de diversas figuras, de querubines, de palmeras y de botones de flores, por dentro y por fuera.
30 Y cubrió de oro el piso de la casa, por dentro y por fuera.
31 A la entrada del santuario hizo puertas de madera de olivo; y el umbral y los postes eran de cinco esquinas.
32 Las dos puertas eran de madera de olivo; y talló en ellas figuras de querubines, de palmeras y de botones de flores, y las cubrió de oro; cubrió también de oro los querubines y las palmeras.
33 Igualmente hizo a la puerta del templo postes cuadrados de madera de olivo.
34 Pero las dos puertas eran de madera de ciprés; y las dos hojas de una puerta giraban, y las otras dos hojas de la otra puerta también giraban.
35 Y talló en ellas querubines y palmeras y botones de flores, y las cubrió de oro ajustado a las talladuras.
36 Y edificó el atrio interior de tres hileras de piedras labradas, y de una hilera de vigas de cedro.
37 En el cuarto año, en el mes de Zif, se echaron los cimientos de la casa de Jehová.
38 Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octavo, fue acabada la casa con todas sus dependencias, y con todo lo necesario. La edificó, pues, en siete años.

1.
Año cuatrocientos ochenta.
Este versículo sincroniza el 480.º año a partir del éxodo, con el 4.º año del reinado de Salomón. Esta información es de capital importancia, pues con ella se puede computar la cronología hebrea desde Salomón, remontándonos a Moisés y más atrás. De la exactitud de la fecha AC asignada al 4º año del reinado de Salomón, depende la exactitud de todas las otras fechas basadas en ella. No hay evidencia alguna para suponer que 480 sea un número redondo o que indique 12 generaciones, ni para hacer que ese período abarque el tiempo de los jueces al sumar todos los años de los jueces y omitir los años de opresión extranjera (ver com. pág. 133). Este comentario considera este número como el del 480.º año (pág. 134) y cuenta el año del éxodo como el primero (tal como Moisés numeró los 40 años de peregrinación; ver t. I, págs. 197, 198).
¿A qué corresponde este 480.º año, sincronizado con el 4.º de Salomón? Según el método cronológico bosquejado en las págs. 146-148, y los sincronismos asirios (pág. 163), el 40.º y último año del reinado de Salomón (cap. 11: 42) puede fecharse 931/30 AC. (Ese sería un año civil judío, que va de otoño a otoño y que empezaba el 7.° mes; véase pág.119.)Entonces, su 4.° año fue 967/66, cuyo segundo mes, Zif (más tarde llamado Iyyar), cae en la primavera de 966 AC.
Si este segundo mes del 480.º año fue en 966 AC, el segundo mes del primer año de los 480 fue 479 años antes del 966 -en 1445 AC-, y el éxodo ocurrió en el primer mes de ese mismo año. Acerca de ese año como el primero de los 480, ver t. I, págs. 197, 198; sobre el cómputo de 1445, ver t. I, págs. 201-203; t. II, págs. 137, 138. Las fechas del AT dadas en este comentario se basan en los sincronismos entre 966 AC en el 4.° año de Salomón y el año 480, inclusive, comenzando con el año del éxodo.
Debería advertirse que este dato cronológico, "en el año cuatrocientos ochenta", se da formal y categóricamente, sin ninguna vacilación ni reserva y con una precisión insólita. Se da no sólo el año de Salomón y la era del éxodo, sino también el mes. Es evidente que se quiere establecer un sincronismo exacto, como el de 2 Rey. 18: 9, 10; Jer. 25: 1; etc.
La cifra que da la LXX es 440 en vez de 480, y Josefo presenta 592 ó 612 (Antigüedades vii. 3. 1; xx. 10. 1). Tanto la LXX como Josefo tienen numerosas discrepancias con las cifras hebreas de Reyes. Pero un estudio cuidadoso de las cifras de Josefo muestra que son posteriores y erróneas, y las del texto hebreo son las más antiguas y las más fidedignas. Josefo es notorio por sus cifras contradictorias y erróneas, y no se puede confiar en ellas para establecer una sólida cronología.
Mes de Zif.
Este es el nombre hebreo antiguo para el mes segundo. Después del exilio 749 comúnmente se lo llamó Iyyar. Los nombres raros y arcaicos de los meses hebreos dados aquí y en el vers. 38 son una prueba de la antigüedad del libro.
Comenzó él a edificar.
La decisión de Salomón de edificar el templo no fue arbitraria e inconsulta, ni debida exclusivamente al deseo y a la voluntad de su padre David. No le movía una ambición personal, ni amor a la gloria, ni la ostentación, sino un afán de realizar el propósito del cielo. Era evidente que había llegado la hora para que se construyera la casa del Señor, y Salomón se entregó de todo corazón a la tarea. Era un período de quietud y paz, tanto dentro de la nación de Israel como entre las naciones circunvecinas. También había prosperidad, lo que permitió a Salomón conseguir los materiales necesarios. El pueblo pudo construir y estuvo dispuesto a hacerlo.
El relato de la construcción del templo de Salomón también está en 2 Crón. 3 y 4, pero el registro de Reyes es más antiguo y más completo. El pasaje paralelo de 2 Crón. concuerda con él en todos los detalles esenciales. Aunque es bastante más breve que el de Reyes, contiene algunos detalles suplementarios.
Además de los relatos bíblicos, disponemos de la descripción que hace Josefo del templo de Salomón (Antigüedades viii. 3.1-9). Sin embargo, esta descripción, aunque es detallada, no es del todo fidedigna. Lo que han escrito los autores cristianos no añade nada significativo a los detalles del templo, y las repetidas destrucciones que ha experimentado Jerusalén desde los días de Salomón han impedido que las excavaciones arqueológicas hagan una contribución notable.
2.
De largo.
Una comparación de las especificaciones del templo con las del tabernáculo muestra que las dimensiones del templo guardaban una proporción con las del tabernáculo: cada una de ellas era el doble. De modo que el largo del templo era de 60 codos: el doble del largo del tabernáculo (Exo. 26: 16, 18). Las dimensiones en sistema métrico serían: 26,7 m de largo, 8,9 m de ancho y 13,3 m de alto, aproximadamente.
El tabernáculo del desierto fue hecho estrictamente de acuerdo con el diseño mostrado a Moisés "en el monte" (Exo. 25: 9, 40). El templo, al ser diseñado a semejanza de la construcción antigua, se ajustó al modelo original. Además, David transmitió a Salomón minuciosas indicaciones para la construcción del templo, tal como le habían sido reveladas por inspiración divina (PP 813).
3.
El pórtico.
En la parte delantera del templo había un pórtico de 8,9 m de largo y 4,5 m de ancho. No se da su altura en Reyes, pero en 2 Crón. 3:4 se nos dice que era de 120 codos (53,4 m). Esta altura no coincide con nada conocido en la arquitectura antigua, y daría a la construcción proporciones muy insólitas y una apariencia rara. Varios de los manuscritros de la LXX y de la Siriaca dicen "20 codos". El hebreo generalmente repite la palabra para "codos" con cada dimensión. En el texto hebreo del pasaje de 2 Crón. 3: 4 se omite la palabra "codos" al referirse a la altura. (Está esa palabra en la RVR, pero no en la BJ, que en este caso se ajusta más al original.) En hebreo se parecen las palabras "codo" -´ammah- y "cien" -me´ah-, y es posible que una se hubiera escrito por la otra.
4.
Ventanas anchas por dentro y estrechas por fuera.
"Ventanas con celosías" (BJ). Los eruditos hebraístas aún no han despejado la incógnita del significado exacto de este pasaje. Muchos creen que se trata de ventanas con celosías fijas. Otros concuerdan con la traducción de la RVR. Esas ventanas "estrechas por fuera" darían la apariencia de meras ranuras, anchas por dentro, lo que les daría la apariencia de las ventanas de los castillos antiguos. Las ventanas estaban bastante altas, apenas debajo del cielo raso y encima de los aposentos descritos en los vers. 5-8.
5.
Edifícó ... aposentos.
Adheridos al templo, en tres de sus lados exteriores: norte, oeste y sur, se construyó una serie de aposentos auxiliares. Se entraba en ellos desde afuera del templo, y estaban dispuestos de tal manera que no se los considerara una parte básica de la estructura del templo. En toda la descripción de estas "cámaras laterales alrededor", el autor parece emplear un cuidado minucioso para indicar que esos aposentos no constituían una parte de la edificación principal, sino que eran externos. Por lo menos, sin duda algunos de esos aposentos servían como morada para los sacerdotes y otros servidores del templo.
Alrededor del templo.
Los aposentos laterales se extendían alrededor de la edificación, y colindaban tanto con el "templo" -el lugar santo, en la parte delantera del edificio-, 750 como con el "lugar santísimo", en la parte posterior del mismo.
6.
El de en medio.
A la altura de 5 codos había una entrada ("disminución") de el codo en la pared externa del templo. Encima de esa entrada estaban las vigas para el piso de la segunda planta. Como resultado, los aposentos del segundo piso tenían un codo más de ancho que los del primero.
El tercero.
Sobre el segundo piso había otra entrada de 1 codo en la pared del templo, lo que permitía que las cámaras del tercero y último piso fueran de 7 codos de ancho, o sea 3,1 m.
Disminuciones a la casa.
Los aposentos estaban distribuidos en tres pisos. A fin de preservar la santidad del templo y al mismo tiempo permitir la unión de las cámaras exteriores, la parte externa del muro principal del templo formaba una serie como de peldaños sobre los cuales descansaban las vigas que formaban los techos de los aposentos y los pisos de las plantas superiores. Había tres de esos peldaños, cada uno de 1 codo de profundidad. En su base, el muro del templo tenía 3 codos más de espesor que en su parte más alta. La pared externa de los aposentos auxiliares era perpendicular, sin peldaños ni entradas. Esta disposición hacía que los aposentos de más abajo fueran los más angostos, de sólo 5 codos, o sea unos 2,2 m. Esa también era su altura (vers. 10).
Para no empotrar.
Siendo que los muros tenían esas entradas ("disminuciones" RVR) que se acaban de describir, no se necesitaba que las vigas que sostenían los pisos de los aposentos exteriores atravesaran los muros del templo, sino sencillamente que descansaran sobre los peldaños, o "disminuciones" de este tipo de construcción. Así no habría una unión básica de los aposentos externos empleados para usos seculares con el templo sagrado en sí.
7.
Piedras ... ya acabadas.
A fin de que la obra de la edificación se llevara a cabo tan silenciosamente como fuera posible, en la cantera misma se cortaron todas las piedras del tamaño conveniente. Así, sólo se necesitaba que se las colocara en su debido lugar en el templo. Esta medida asombrosa, que implicaba mucho trabajo y cuidado, y que demandaba gran habilidad, sin duda obedecía a la necesidad de reverencia. De ese modo, ya en la construcción del templo se dio la debida consideración al propósito santo que éste cumpliría.
8.
Aposento de en medio.
"Piso intermedio" (BJ). Algunos entienden que se refiere al aposento de en medio del piso bajo. La LXX y los targumes dicen "aposento bajo". Esto parecería indicar que todo el piso bajo sólo tenía una puerta que estaba colocada en el lado sur del templo. Si estaba en el departamento del medio o en el delantero, cerca del pórtico, no es claro, aunque esto último es lo más probable. No había acceso al templo mismo directamente desde los aposentos externos.
Escalera de caracol.
Este es un tipo raro de escalera, pero las investigaciones arqueológicas han descubierto una cantidad de tales construcciones en el antiguo Cercano Oriente. La escalera parecería haber estado dentro de la construcciones lateral, ocupando quizá el espacio que de otra manera habría correspondido a uno de los aposentos.
9.
La terminó.
Esta expresión se repite en el vers. 14 y una declaración similar, "fue acabada", se presenta en el vers. 38. Sin duda el vers. 9 se refiere a la parte principal de la edificación el templo en sí con exclusión del aposento externo, y la terminación de que se habla es la de la armazón y el techo. Los detalles internos se añadieron posteriormente (vers. 15-22).
La cubrió.
Es decir, la techó. Se colocaron tablas de cedro sobre las vigas de cedro. No se nos dice si era un techo plano o a dos aguas. La mayoría de los comentadores opinan que podría haber sido un techo plano, tal como se acostumbraba en el antiguo Cercano Oriente, pero algunos sostienen que debe haber sido a dos aguas.
10.
Edificó ... el aposento.
Parece que primero se completó el cuerpo principal del templo, y después se construyeron los aposentos apoyados en el edificio.
Cinco codos.
Puesto que había 3 pisos, cada uno de 5 codos de alto, la altura total de la edificación exterior era de 15 codos. Puesto que el templo mismo tenía 20 codos de alto, quedaba para las ventanas un espacio de 5 codos por encima de los aposentos (vers. 4). Esas ventanas daban luz y ventilación al templo.
11.
Palabra de Jehová.
En medio de la descripción del trabajo arquitectónico se inserta una breve referencia a la promesa del Señor acerca del templo. Es evidente que este 751 mensaje llegó a Salomón mientras se construía el edificio. No se nos dice cómo le llegó. En Gabaón, el Señor se le apareció a Salomón en un sueño (cap. 3: 5). Después de que se terminó el templo, el Señor otra vez se le apareció a Salomón en la misma forma, con un mensaje de advertencia y bendición (cap. 9: 2-9). Este mensaje quizá también le llegó a Salomón en un sueño, aunque puede haber sido también por medio de un profeta.
Una de las razones para que el Señor enviara su mensaje en este tiempo fue que Salomón necesitaba recordar constantemente su solemne responsabilidad para con el cielo. Aun cuando una persona esté trabajando para el Señor, actuando por orden suya en el cumplimiento de designios celestiales, puede olvidar la necesidad de una continua reconsagración de los propósitos. Siempre existe el peligro de que proceda de una manera que le haga perder la bendición divina. Vez tras vez el Señor envía a su pueblo mensajes destinados a recordarle la vital importancia de aferrarse a los principios básicos, lo único que asegurará prosperidad, paz y bendición continuas.
12.
Si anduvieres.
Son condicionales las promesas o amonestaciones del Señor en cuanto a lo que hará a sus hijos (Jer. 18: 7-10; 26: 13). Difícilmente podrían ser de otra manera, puesto que las leyes básicas de causa y efecto actúan constantemente en relación con todas las obras de los hombres, ya sean buenas o malas. La obediencia a las leyes de Dios es para el propio bien del hombre, puesto que esas leyes se han dado para beneficio suyo y del mundo en que vive. Los mandamientos de Dios nunca son decretos arbitrarios. Señalan siempre un sendero de rectitud y bendición. La desobediencia a esas órdenes inevitablemente acarrea dolores y congojas.
La rectitud es la base de la paz, del bienestar y de la prosperidad del hombre (Prov. 11: 5, 19; 12: 28; Isa. 32: 17, 18). Es un hecho sencillo pero inexorable que "la paga del pecado es muerte" (Rom. 6: 23), y que "el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Sant. 1: 15). Por eso los profetas presentaron vez tras vez el principio de que la obediencia a las órdenes del Señor produce vida y bendiciones, y que la desobediencia acarrea frustración y muerte (Exo. 15: 26; Lev. 16: 2-33; Deut.28: 1-68; Isa. 1: 19,20; Jer. 7: 3-7; Dan. 9: 10-14). Cada generación y cada nación necesita comprender con claridad que para disfrutar de paz y bendiciones hay que cumplir con las leyes fundamentales de rectitud y justicia. Las leyes de Dios son las leyes de la vida.
13.
Habitaré ... en medio.
Repetidas veces Dios ha indicado que desea estar cerca de los suyos (Exo. 29: 45; Lev. 26: 12; Isa. 41: 10, 13). En esa comunión el pueblo de Dios halla su mayor paz y su gozo más excelso (Isa. 12: 3-6; Sof. 3: 14, 15; Zac. 2: 10). Básicamente el ser humano es espiritual, creado para que su alma necesitara y anhelara la presencia de Dios (Sal. 42: 1, 2, 5; 63: 1, 8). Dios creó al hombre para que éste tuviera comunión con su Creador, y sólo en una comunión tal alcanza su desarrollo pleno y su gozo máximo. Nada más puede colmar sus anhelos ni saciar su alma.
15.
Tablas de cedro.
En los anales de las naciones del antiguo Cercano Oriente se mencionan con frecuencia el cedro y el ciprés como maderas fragantes y durables que se empleaban en la construcción de templos y palacios.
16.
El lugar santísimo.
El departamento más interno del templo. Quizá a unos 20 codos de la pared posterior Salomón construyó un tabique de tablas de cedro que iban desde el piso al cielo raso.
17.
El templo de adelante.
Es decir, el lugar santo, el aposento importante del templo donde ministraban diariamente los sacerdotes. Tenía 40 codos de largo.
18.
Calabazas.
Los adornos arquitectónicos quizá tenían la forma de una especie de calabaza. Otra forma de la misma palabra también se traduce "calabazas" (2 Rey. 4: 39).
19.
El arca.
El más importante de los artículos del templo era el arca que contenía las tablas de la ley del pacto (Exo. 34: 1, 4, 10, 27, 28). De acuerdo con las instrucciones dadas a Moisés, se la había colocado "del velo adentro", en el lugar santísimo del tabernáculo antiguo (Exo. 26: 33). Ahora, en el templo de Salomón, se la puso en un lugar correspondiente.
20.
Veinte codos.
El lugar santísimo era un cubo perfecto de 20 codos de largo, de ancho y de alto, y su interior estaba completamente revestido del oro más puro.
Cubrió de oro el altar.
En la parte final de este vers. dice la LXX: "Y él hizo un altar en frente del oráculo y lo cubrió con oro". Esta traducción muestra que el altar del incienso 752 estaba en el lugar santo, delante del velo que lo separaba del lugar santísimo (Exo. 30: 6; 40: 26).
22.
Cubrió.
No sólo cubrió con oro el interior del lugar santo y del lugar santísimo, sino también el pórtico delante del edificio (2 Crón. 3: 4). No se incluyeron los aposentos laterales, puesto que no formaban parte de "la casa" o templo propiamente dicho.
23.
Dos querubines.
En lo que respecta a los querubines, también se siguió el modelo del tabernáculo (Exo. 37: 6-9) pero con algunas modificaciones. Los querubines originales eran de oro puro, pero los del templo de Salomón eran mucho más grandes y por eso se los hizo de madera que se recubrió con oro. Tenían las alas extendidas al máximo, de modo que las 4 alas -cada una de 5 codos (vers. 24)- se extendían a lo ancho de todo el templo (vers. 27).
31.
Puertas.
Estas puertas permitían ir del lugar santo al lugar santísimo.
Cinco esquinas.
"El dintel y las jambas ['el umbral y los postes', RVR] ocupaban la quinta parte" (BJ). La traducción de la BJ transmite mejor la idea expresada en el hebreo. Parecería que el umbral era un quinto del ancho de la pared, y que la altura de cada poste (o jamba de la puerta) era la quinta parte de la misma. Esto haría que la abertura fuera un cuadrado de 4 codos, 1,8 m. Por lo tanto, cada puerta tendría 1,80 m por 0,90 m.
32.
Las cubrió de oro.
Años después, Ezequías "quitó el oro de las puertas del templo" y lo dio a Senaquerib, rey de Asiria que en ese tiempo había invadido el país (2 Rey. 18: 16). Desde los días más remotos hasta los más recientes de la historia asiria, los registros cuentan de portones y de puertas de cedro recubiertas principalmente con bronce, pero también con plata y oro, que se instalaron en templos y palacios. La famosa puerta de bronce de Balawat -del tiempo de Salmanasar III- está entre los tesoros más selectos del Museo Británico.
33.
Puerta del templo.
Esta es la puerta externa que comunicaba el pórtico con el lugar santo.
Postes cuadrados.
"Los montantes de madera de acebuche ocupaban la cuarta parte" (BJ). Nuevamente la traducción de la BJ sigue con mayor fidelidad el hebreo. Esas puertas, pues, tendrían 5 codos de alto, o sea 2,2 m.
34.
Giraban.
"Eran giratorias" (BJ). Parecería que cada puerta hubiera tenido dos partes que se plegaban la una sobre la otra.
36.
El atrio interior.
Quizá era "el atrio de arriba" de Jer. 36: 10. El atrio del tabernáculo antiguo tenía 50 por 100 codos (Exo. 27: 9-13, 18). Puesto que todas las dimensiones fueron duplicadas, es probable que el atrio del templo de Salomón hubiera tenido 100 por 200 codos, o unos 44,5 por 89 m. No se da ninguna información en cuanto a un atrio exterior, pero la mención de un atrio interior presupone la existencia de uno exterior. En 2 Rey. 21: 5 y 23: 12 se mencionan "dos atrios". Esos dos atrios se describen como "el atrio de los sacerdotes" y "el gran atrio" (2 Crón. 4: 9).
Tres hileras.
Algunos han pensado que esto significa que el piso del atrio estaba hecho de tres hiladas de piedras cubiertas con tablones de cedro, lo que habría formado una plataforma alta. Otros creen que se hace referencia a una pared que circundaba el atrio, hecha de tres capas de piedra y un caballete (o cumbrera) de cedro. Esto último es más posible, pues difícilmente hubiera sido adecuado un pavimento enmaderado para el piso de un atrio que se usaba constantemente como el del templo.
38.
El mes de Bul.
Este era el nombre hebreo antiguo para el octavo mes, que comenzaba a mediados de octubre. Bul significa lluvia, por lo que probablemente signifique el mes de la lluvia. Después del exilio se lo llamó Marheshván, abreviado más tarde como Heshván. Detalles tales como el mes y el año del reinado de Salomón cuando comenzó y se completó la obra del templo, y el empleo de palabras arcaicas tales como los nombres de los meses hebreos, constituyen una evidencia sumamente importante para la autenticidad de este documento.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1, 2 CS 464
7 3JT 379; PR 25; 4T 258
17 CS 221
38 PR 25 753



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 7        AUDIO
1 Construcción del palacio de Salomón. 2 Construcción de la casa del Líbano. 6 Construcción del pórtico de columnas. 7 Construcción del pórtico del juicio. 8 Construcción de la casa de la hija de Faraón. 13 Obra de Hiram con las dos columnas de bronce. 23 Con el mar de bronce. 27 Con las diez basas. 38 Con los diez fuentes de bronce, 40 y con todos los vasos.

1 DESPUES edificó Salomón su propia casa en trece años, y la terminó toda.
2 Asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien codos de longitud, cincuenta codos de anchura y treinta codos de altura, sobre cuatro hileras de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas.
3 Y estaba cubierta de tablas de cedro arriba sobre las vigas, que se apoyaban en cuarenta y cinco columnas; cada hilera tenía quince columnas.
4 Y había tres hileras de ventanas, una ventana contra la otra en tres hileras.
5 Todas las puertas y los postes eran cuadrados; y unas ventanas estaban frente a las otras en tres hileras.
6 También hizo un pórtico de columnas, que tenía cincuenta codos de largo y treinta codos de ancho; y este pórtico estaba delante de las primeras, con sus columnas y maderos correspondientes.
7 Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, el pórtico del juicio, y lo cubrió de cedro del suelo al techo.
8 Y la casa en que él moraba, en otro atrio dentro del pórtico, era de obra semejante a ésta. Edificó también Salomón para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, una casa de hechura semejante a la del pórtico.
9 Todas aquellas obras fueron de piedras costosas, cortadas y ajustadas con sierras según las medidas, así por dentro como por fuera, desde el cimiento hasta los remates, y asimismo por fuera hasta el gran atrio.
10 El cimiento era de piedras costosas, piedras grandes, piedras de diez codos y piedras de ocho codos.
11 De allí hacia arriba eran también piedras costosas, labradas conforme a sus medidas, y madera de cedro.
12 Y en el gran atrio alrededor había tres hileras de piedras labradas, y una hilera de vigas de cedro; y así también el atrio interior de la casa de Jehová, y el atrio de la casa.
13 Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a Hiram,
14 hijo de una viuda de la tribu de Neftalí. Su padre, que trabajaba en bronce, era de Tiro; e Hiram era lleno de sabiduría, inteligencia y ciencia en toda obra de bronce. Este, pues, vino al rey Salomón, e hizo toda su obra.
15 Y vació dos columnas de bronce; la altura de cada una era de dieciocho codos, y rodeaba a una y otra un hilo de doce codos.
16 Hizo también dos capiteles de fundición de bronce, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas; la altura de un capitel era de cinco codos, y la del otro capitel también de cinco codos.
17 Había trenzas a manera de red, y unos cordones a manera de cadenas, para los capiteles que se habían de poner sobre las cabezas de las columnas; siete para cada capitel.
18 Hizo también dos hileras de granadas alrededor de la red, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con las granadas; y de la misma forma hizo en el otro capitel.
19 Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico, tenían forma de lirios, y eran de cuatro codos.
20 Tenían también los capiteles de las dos columnas, doscientas granadas en dos hileras alrededor en cada capitel, encima de su globo, el cual estaba rodeado por la red.
21 Estas columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzando la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz.
22 Y puso en las cabezas de las columnas tallado en forma de lirios, y así se acabó la obra de las columnas.
23 Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo; su altura era de cinco codos, y lo ceñía alrededor un cordón de treinta codos.
24 Y rodeaban aquel mar por debajo de su 754 borde alrededor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar alrededor en dos filas, las cuales habían sido fundidas cuando el mar fue fundido.
25 Y descansaba sobre doce bueyes; tres miraban al norte, tres miraban al occidente, tres miraban al sur, y tres miraban al oriente; sobre estos se apoyaba el mar, y las ancas de ellos estaban hacia la parte de adentro.
26 El grueso del mar era de un palmo menor, y el borde era labrado como el borde de un cáliz o de flor de lis; y cabían en él dos mil batos.
27 Hizo también diez basas de bronce, siendo la longitud de cada basa de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y de tres codos la altura.
28 La obra de las basas era esta: tenían unos tableros, los cuales estaban entre molduras;
29 y sobre aquellos tableros que estaban entre las molduras, había fíguras de leones, de bueyes y de querubines; y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de bajo relieve.
30 Cada basa tenía cuatro ruedas de bronce, con ejes de bronce, y en sus cuatro esquinas había repisas de fundición que sobresalían de los festones, para venir a quedar debajo de la fuente.
31 Y la boca de la fuente entraba un codo en el remate que salía para arriba de la basa; y la boca era redonda, de la misma hechura del remate, y éste de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus tableros, los cuales eran cuadrados, no redondos.
32 Las cuatro ruedas estaban debajo de los tableros, y los ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio.
33 Y la forma de las ruedas era como la de las ruedas de un carro; sus ejes, sus rayos, sus cubos y sus cinchos, todo era de fundición.
34 Asimismo las cuatro repisas de las cuatro esquinas de cada basa; y las repisas eran parte de la misma basa.
35 Y en lo alto de la basa había una pieza redonda de medio codo de altura, y encima de la basa sus molduras y tableros, los cuales salían de ella misma.
36 E hizo en las tablas de las molduras, y en los tableros, entalladuras de querubines, de leones y de palmeras, con proporción en el espacio de cada una, y alrededor otros adornos.
37 De esta forma hizo diez basas, fundidas de una misma manera, de una misma medida y de una misma entalladura.
38 Hizo también diez fuentes de bronce; cada fuente contenía cuarenta batos, y cada una era de cuatro codos; y colocó una fuente sobre cada una de las diez basas.
39 Y puso cinco basas a la mano derecha de la casa, y las otras cinco a la mano izquierda; y colocó el mar al lado derecho de la casa, al oriente, hacia el sur.
40 Asimismo hizo Hiram fuentes, y tenazas, y cuencos. Así terminó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová:
41 dos columnas, y los capiteles redondos que estaban en lo alto de las dos columnas; y dos redes que cubrían los dos capiteles redondos que estaban sobre la cabeza de las columnas;
42 cuatrocientas granadas para las dos redes, dos hileras de granadas en cada red, para cubrir los dos capiteles redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas;
43 las diez basas, y las diez fuentes sobre las basas;
44 un mar, con doce bueyes debajo del mar;
45 y calderos, paletas, cuencos, y todos los utensilios que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová, de bronce bruñido.
46 Todo lo hizo fundir el rey en la llanura del Jordán, en tierra arcillosa, entre Sucot y Saretán.
47 Y no inquirió Salomón el peso del bronce de todos los utensilios, por la gran cantidad de ellos.
48 Entonces hizo Salomón todos los enseres que pertenecían a la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa también de oro, sobre la cual estaban los panes de la proposición;
49 cinco candeleros de oro purísimo a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, frente al lugar santísimo; con las flores, las lámparas y tenazas de oro.
50 Asimismo los cántaros, despabiladeras, tazas, cucharillas e incensarios, de oro purísimo; también de oro los quiciales de las puertas de la casa de adentro, del lugar santísimo, y los de las puertas del templo. 755
51 Así se terminó toda la obra que dispuso hacer el rey Salomón para la casa de Jehová. Y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, plata, oro y utensilios; y depositó todo en las tesorerías de la casa de Jehová.
1.
Su propia casa.
Esta sección describe sumariamente la forma en que Salomón construyó su propio palacio. La palabra "casa", tal como se usa aquí, sin duda no significa sólo una casa sino el conjunto de edificios del palacio. Eran varios, y su naturaleza exacta o propósito no se conocen con certeza. Sin duda incluían la mayoría de los edificios que generalmente son propios de un palacio real: para el gobierno civil, para tribunales, la residencia real, la residencia de la reina, armería, etc. Deben haber formado un grupo grande de edificaciones incluidas dentro de un gran patio.
Todas las edificaciones del tiempo de Salomón se construyeron sobre los dos cerros, entre los valles de Cedrón y Tiropeón, -el monte Moriah y el monte de Sion-. En realidad, no había edificación al oeste del valle de Tiropeón antes del período helenístico.
Trece años.
Los 13 años deben contarse desde el fin de los 7 años cuando se terminó el templo, en el 11.º del reinado de Salomón (cap. 6: 38). Todo el período de edificaciones de Salomón le ocupó, pues, 20 años (1 Rey. 9: 10; 2 Crón. 8: 1), desde el 4.º año de su reinado hasta el 24.º La construcción del templo llevó sólo 7 años porque era una sola estructura, y un largo período de preparación había precedido a la verdadera edificación (1 Crón. 22: 2-4). Sin embargo, el conjunto del palacio constaba de toda una serie de edificios para los cuales no se había hecho ningún preparativo.
2.
La casa del bosque del Líbano.
Puesto que es muy poca la información disponible, mucho de lo que los comentadores han dicho acerca de esta casa y de las otras mencionadas en este capítulo es mayormente una conjetura. Algunos suponen que la casa propia de Salomón (vers. 1), la casa del bosque del Líbano (vers. 2) y la casa de la hija de Faraón (vers. 8) eran tres edificios completamente distintos y separados, pero otros los consideran como meras partes de una sola estructura. Ni siquiera se conoce con exactitud la ubicación. Parecería más razonable concluir que eran tres edificios separados, situados uno cerca del otro, estrechamente relacionados y que juntos constituían lo que en otro lugar se llama "la casa real" (1 Rey. 9: 10).
Algunos creen que "la casa del bosque del Líbano" estaba en los montes del Líbano. Pero el nombre dado a esa edificación parece indicar su naturaleza más bien que su ubicación. Al ser edificada con cuatro hileras de columnas de cedro, debe haber tenido la apariencia de un bosque de cedros, y quizá recibió su nombre por ese parecido. Debido a la declaración de 1 Rey. 10: 16, 17, algunos deducen que el edificio servía como armería principalmente, o del todo, pues Salomón depositó allí "doscientos escudos grandes de oro batido", y en cada escudo se emplearon 600 siclos de oro, junto con "trescientos escudos de oro batido" de aproximadamente 11/2 kg de oro cada uno. Pero tales "escudos" difícilmente podrían haber servido para fines bélicos. Habría sido extraño correr el riesgo de que los soldados fueran a la batalla con escudos de oro. Además, por lo general, las armas no se depositan en edificios como éste. El edificio parece haber sido un gran recinto destinado a fiestas, de una clase que era frecuente en los palacios de Mesopotamia. El edificio era grande, de 44,5 m por 22,3 m. Sin embargo, no era tan espacioso como algunos de los grandes palacios asirios que se descubrieron en las modernas excavaciones. Con todo, algunas partes del edificio pueden haberse usado para guardar armas, pues en Isa. 22: 8 se habla de "la casa de armas del bosque".
De las cuatro hileras de columnas de cedro, quizá la primera y la cuarta estuvieron colocadas como pilastras contra las paredes, lo que formaba así tres grandes pasillos a todo lo largo del edificio.
4.
Tres hileras de ventanas.
Quizá estaban al final de cada uno de los tres pasillos o naves (ver vers. 3). Si estaban colocadas en la parte alta de las paredes, cerca del techo, podía haberse logrado un notable efecto al entrar los rayos de luz en medio de las columnas como la luz solar en un bosque de cedros.
6.
Pórtico de columnas.
Sin duda esto formaba un vestíbulo de entrada al aposento principal de ceremonias. Su largo era de 50 codos, exactamente el ancho del aposento 756 principal, y su ancho era de 30 codos. No se da su altura, pero quizá era la misma que la de la edificación principal: 30 codos.
7.
Pórtico del juicio.
No es claro si éste era un edificio separado como han sostenido algunos, o si era una cámara dentro de la casa del bosque del Líbano. Si hubiese sido esto último, podría haber estado en el extremo opuesto del pórtico delantero. Los que iban en procura de injusticia real habrían pasado por la imponente entrada y el gran aposento hasta la cámara de cedro, donde adecuadamente estaba el trono del juez real.
8.
La casa en que él moraba.
Sólo se menciona brevemente el palacio de Salomón. Puede haber estado en la parte posterior del aposento donde juzgaba, dentro de su propio atrio. No se dan detalles, excepto que era de una artesanía semejante a la de las edificaciones ya descritas.
12.
El gran atrio.
Todo el conjunto del palacio parece haber estado incluido dentro de un gran atrio. Quizá había atrios más pequeños para los diversos edificios públicos o privados. Las paredes eran de tres hileras de piedras, con un caballete (o cumbrera) de cedro, similares a las paredes del atrio del templo (cap. 6: 36).
13.
Hiram.
Según el relato de 2 Crón. 2: 7-14, Salomón pidió al rey Hiram que le mandara un artífice hábil en trabajos en metal. En respuesta, Hiram le envió un experto que también se llamaba Hiram (o Hiram-abi).
14.
Neftalí.
En 2 Crón. 2: 14 se nos dice que Hiram era hijo de una mujer de Dan. Esto es correcto, pues por su linaje materno era descendiente de Aholiab, de la tribu de Dan, a quien -centenares de años antes- Dios había dado una sabiduría especial (PR 45). No hay necesariamente discrepancia, pues puede haberse casado antes la mujer con alguien de la tribu de Neftalí.
15.
Dos columnas.
En varios lugares se dan indicaciones en cuanto a diversas partes de las columnas, pero los detalles dados no bastan para que la descripción sea enteramente clara. La columna principal parece haber tenido 18 codos (1 Rey. 7: 15; 2 Rey. 25: 17; Jer. 52: 21), con capiteles que consistían en varias partes de diversos tamaños, algunas de 3 codos (2 Rey. 25: 17), de 4 codos (1 Rey. 7: 19) y 5 codos (1 Rey. 7: 16; 2 Crón. 3: 15; Jer. 52: 22). En 2 Crón. 3: 15 se da la altura de 35 codos, que algunos consideran como la altura total que incluía las diversas partes de los capiteles y tal vez también la base. Otros entienden que es el largo de las dos columnas. Esto tiene alguna base en el hecho de que en 2 Crón. 3: 15 se usa la palabra hebrea 'orek, "largo", en tanto que aquí se usa qomah, "alto". Se dice que la circunferencia de estas columnas era de 12 codos, lo que implica un diámetro de 1,7 m. En Jer. 52: 21 se nos dice que eran huecas y que su espesor era de "cuatro dedos".
No es claro si las columnas eran principalmente para ornamento. Algunos creen que servían como soporte del techo del pórtico del templo. Otros piensan que no sostenían nada, sino que estaban debajo o en frente del pórtico. No parece que su propósito hubiera sido el de sostener el techo, pues no se emplean columnas de bronce como sostén en edificios de piedra, y las medidas no concuerdan con las del pórtico del templo. En monedas fenicias con frecuencia se representan templos con una columna alta e independiente a cada lado. Varios modelos de arcilla de templos desenterrados en Siria muestran este hecho, como también un templo descubierto en Tell Tainat, en el norte de Siria. Todo indica que las columnas de Salomón eran obras de arte y no servían para sostener el techo.
Los nombres Jaquín, "él establecerá", y Boaz, que probablemente significa "en él está la fortaleza" (vers. 21), sin duda tenían el propósito de dar el testimonio de que comprendían que la fortaleza de Israel y de todas sus instituciones viene de Dios (Sal. 28: 7, 8; 46: 1, 2; 62: 7, 8; 140: 7; Isa. 45: 24; 49: 5; Jer. 16: 19), y que él establece el reino y a su pueblo en justicia y misericordia (Deut. 28: 9; 29: 13; 2 Sam. 7: 12, 13; 1 Rey. 9: 5; Sal. 89: 4; 90: 17; Prov. 16: 12; Isa. 16: 5; 54: 14). Es significativo que cuando Israel se apartó de Dios y de su justicia, la nación se destruyó a sí misma (Ose. 13: 9; 14: 1). Cuando Nabucodonosor tomó a Jerusalén, las famosas columnas de Salomón fueron llevadas a Babilonia (2 Rey. 25: 13; Jer. 52: 17).
23.
Hizo fundir ... un mar.
Para un lavatorio gigantesco para los diversos lavamientos de los sacerdotes que correspondía con la fuente de bronce del tabernáculo (Exo. 30: 18-21; 38: 8).Tenía un diámetro de 4,4 m y una altura de 2,2 m y contenía 2.000 batos (vers. 26), o sea 43.998 litros (ver t. I, págs. 175, 176). Esto puede referirse a la cantidad 757 normal de agua que contenía, y una declaración de 2 Crón. 4: 5 que da la capacidad de 3.000 batos, o sea 65.998 litros, quizá se refiera a la capacidad máxima que podía contener el "mar" de fundición. No han tenido éxito los intentos de determinar el volumen de un "bato" tomando como base las medidas del "mar" de este versículo.
Los "mares" eran objetos comunes en los templos antiguos, y a veces tenían agua corriente. En el caso del templo de Salomón, quizá el agua provenía de cisternas subterráneas. El propósito del mar era "para que los sacerdotes se lavaran en él" (2 Crón. 4: 6). En los relieves asirios se representan palanganas de un tamaño considerable, pero ninguna se puede comparar con el "mar" de Salomón. Las palanganas antiguas más grandes que se conozcan son muy inferiores a este gran lavatorio de bronce del templo de Salomón. Sin duda era una obra maestra, sin par, que producía admiración a todos.
25.
Doce bueyes.
Quizá los bueyes estaban representados sólo parcialmente, se habían suprimido sus "ancas" debajo de la curva del lavatorio y sólo era visible su parte delantera. Las fuentes adornadas con representaciones de animales son bien conocidas en el Oriente.
La fuente estaba colocada en el lado sudeste del templo (vers. 39), cerca del gran altar. No lejos de este lugar manaban las aguas en la representación del templo de Ezequiel (Eze. 47: 1). Cuando Nabucodonosor capturó a Jerusalén, el mar de bronce fue destrozado y llevado a Babilonia (2 Rey. 25: 13; Jer. 52: 17).
27.
Diez basas.
Eran bases portátiles y cada una tenía cuatro ruedas de bronce. Sobre ellas se colocaron fuentes de bronce de 4 codos de ancho. Se describen minuciosamente los adornos y la forma en que encajaban. En Chipre y en otras partes se han encontrado soportes antiguos similares a éstos, provistos de ruedas.
40.
Fuentes.
"Acetres" (BJ). Algunos manuscritos hebreos, la LXX y la Vulgata, dicen aquí "calderos", como en el vers. 45. Los calderos eran utensilios usados para cocer la carne de los sacrificios de paz (1 Sam. 2: 13, 14). Cada fuente contenía 40 batos, que de acuerdo con las estimaciones más recientes equivalían a 879 litros. Escritores anteriores daban una estimación de 1.454 litros, lo que pesaría casi 11/2 toneladas. Resulta difícil comprender cómo podían transportar los vehículos antiguos una carga tal. Cinco estaban al norte del templo y cinco al sur, probablemente cerca del altar, pues servían para que se lavara "lo que se ofrecía en holocausto" (2 Crón. 4: 6).
Tenazas.
"Paletas" (BJ). Las "tenazas" y los "cuencos" se usaban en los servicios del altar. (En Exo. 27: 3 se usan las palabras "paletas", "tazones", "garfios" y "braseros".) No se consigna aquí nada acerca del altar de bronce, aunque se lo menciona en la descripción de Crónicas entre las otras cosas hechas por Hiram (2 Crón. 4: 1).
46.
Sucot.
Este sitio estaba al este del Jordán, en el territorio de Gad (Gén. 33: 17; Jos. 13: 27; Juec. 8: 5).
47.
No inquirió Salomón el peso.
Fue tan grande la cantidad de bronce empleado en la construcción de los utensilios, que no fue pesado. Este bronce había sido tomado por David de las ciudades de Tibhat y Cun, ciudades de Hadad-ezer, rey de Soba, en Siria (1 Crón. 18: 5-8). Grandes cantidades de bronce se han encontrado en el antiguo Cercano Oriente.
Bronce.
El uso abundante de esta aleación de cobre y estaño en proporciones variables data de tiempos relativamente recientes. El "bronce" de los tiempos bíblicos a veces puede haber sido cobre puro o una aleación de zinc y cobre en proporciones diversas.
48.
Altar de oro.
Este era el altar del incienso que estaba delante del velo (1 Rey. 61 20, 22; Exo. 30: 1-10).
Mesa también de oro.
La mesa de los panes de la proposición (ver Exo. 25: 23-28; 37: 10- 15). Cuando David entregó a Salomón los materiales que había reunido para el templo, le dio oro para "las mesas de la proposición" (1 Crón. 28: 16). Según 2 Crón. 4: 18, 19, había 10 mesas: 5 en el lado norte y 5 en el lado sur del aposento. Es evidente que, a veces se hace referencia a las 10 mesas como a una sola. Se comprueba esto cuando en Crónicas no sólo se habla en plural de "las mesas" (2 Crón. 4: 19) sino también en singular (2 Crón. 13: 11; 29: 18).
49.
Candeleros.
Estos 10 candeleros 5 al lado norte y 5 al lado sur del lugar santo quizá se añadían al candelero de siete brazos hecho para el tabernáculo (Exo. 25: 31-40; 37: 17-24).
50.
Los cántaros.
"Las cucharas" (BJ). 758 Muchos de los artículos mencionados aquí también se enumeran entre los utensilios preparados para el santuario (Exo. 25: 29, 38). Cuando cayó Jerusalén ante Nabucodonosor, todos ellos fueron llevados a Babilonia (2 Rey. 25: 14, 15).
51.
Había dedicado.
David había acumulado una inmensa cantidad de plata y oro para el templo y su mobiliario (1 Crón. 22: 3-5, 14-16; 28: 14-18; 29: 2-5). Muchos despojos tomados en las guerras fueron dedicados al Señor y a la tesorería del templo (1 Crón. 18: 7-11). Esa tesorería parece haber existido durante algún tiempo. Samuel, Saúl, Abner y Joab, y también David, habían hecho sus contribuciones a esa tesorería (1 Crón. 26: 26-28).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
13, 14 PR 46



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 8       AUDIO
1 La fiesta de la dedicación del templo. 12, 54 La bendición de Salomón. 22 La oración de Salomón. 62 Sus ofrendas de sacrificio de paz.

1 ENTONCES Salomón reunió ante sí en Jerusalén a los ancianos de Israel, a todos los jefes de las tribus, y a los principales de las familias de los hijos de Israel, para traer el arca del pacto de Jehová de la ciudad de David, la cual es Sion.
2 Y se reunieron con el rey Salomón todos los varones de Israel en el mes de Etanim, que es el mes séptimo, en el día de la fiesta solemne.
3 Y vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes tomaron el arca.
4 Y llevaron el arca de Jehová, y el tabernáculo de reunión, y todos los utensilios sagrados que estaban en el tabernáculo, los cuales llevaban los sacerdotes y levitas.
5 Y el rey Salomón, y toda la congregación de Israel que se había reunido con él, estaban con él delante del arca, sacrificando ovejas y bueyes, que por la multitud no se podían contar ni numerar.
6 Y los sacerdotes metieron el arca del pacto de Jehová en su lugar, en el santuario de la casa, en el lugar santísimo, debajo de las alas de los querubines.
7 Porque los querubines tenían extendidas las alas sobre el lugar del arca, y así cubrían los querubines el arca y sus varas por encima.
8 Y sacaron las varas, de manera que sus extremos se dejaban ver desde el lugar santo, que está delante del lugar santísimo, pero no se dejaban ver desde más afuera; y así quedaron hasta hoy.
9 En el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés en Horeb, donde Jehová hizo pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de la tierra de Egipto.
10 Y cuando los sacerdotes salieron del santuario, la nube llenó la casa de Jehová.
11 Y los sacerdotes no pudieron permanecer para ministrar por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.
12 Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad.
13 Yo he edificado casa por morada para ti, sitio en que tú habites para siempre.
14 Y volviendo el rey su rostro, bendijo a toda la congregación de Israel; y toda la congregación de Israel estaba de pie.
15 Y dijo: Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que habló a David mi padre lo que con su mano ha cumplido, diciendo:
16 Desde el día que saqué de Egipto a mi pueblo Israel, no he escogido ciudad de todas las tribus de Israel para edificar casa en la cual estuviese mi nombre, aunque escogí a David para que presidiese en mi pueblo Israel.
17 Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. 759
18 Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo.
19 Pero tú no edificarás la casa, sino tu hijo que saldrá de tus lomos, él edificará casa a mi nombre.
20 Y Jehová ha cumplido su palabra que había dicho; porque yo me he levantado en lugar de David mi padre, y me he sentado en el trono de Israel, como Jehová había dicho, y he edificado la casa al nombre de Jehová Dios de Israel.
21 Y he puesto en ella lugar para el arca, en la cual está el pacto de Jehová que él hizo con nuestros padres cuando los sacó de la tierra de Egipto.
22 Luego se puso Salomón delante del altar de Jehová, en presencia de toda la congregación de Israel, y extendiendo sus manos al cielo,
23 dijo: Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón;
24 que has cumplido a tu siervo David mi padre lo que le prometiste; lo dijiste con tu boca, y con tu mano lo has cumplido, como sucede en este día.
25 Ahora, pues, Jehová Dios de Israel, cumple a tu siervo David mi padre lo que le prometiste, diciendo: No te faltará varón delante de mí, que se siente en el trono de Israel, con tal que tus hijos guarden mi camino y anden delante de mí como tú has andado delante de mí.
26 Ahora, pues, oh Jehová Dios de Israel, cúmplase la palabra que dijiste a tu siervo David mi padre.
27 Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?
28 Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti;
29 que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.
30 Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona.
31 Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa;
32 tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia.
33 Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieron a ti y confesaran tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa,
34 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres.
35 Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaran tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres,
36 tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad.
37 Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea;
38 toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiera sus manos a esta casa,
39 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres);
40 para que teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres.
41 Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre
42 (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa,
43 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu 760 morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué.
44 Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre,
45 tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia.
46 Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieras airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,
47 y ellos volvieron en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;
48 y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,
49 tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.
50 Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;
51 porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.
52 Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren;
53 porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.
54 Cuando acabó Salomón de hacer a Jehová toda esta oración y súplica, se levantó de estar de rodillas delante del altar de Jehová con sus manos extendidas al cielo;
55 y puesto en pie, bendijo a toda la congregación de Israel, diciendo en voz alta:
56 Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.
57 Esté con nosotros Jehová nuestro Dios, como estuvo con nuestros padres, y no nos desampare ni nos deje.
58 Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos, y guardemos sus mandamientos y sus estatutos y sus decretos, los cuales mandó a nuestros padres.
59 Y estas mis palabras con que he orado delante de Jehová, estén cerca de Jehová nuestro Dios de día y de noche, para que él proteja la causa de su siervo y de su pueblo Israel, cada cosa en su tiempo;
60 a fin de que todos los pueblos de la tierra sepan que Jehová es Dios, y que no hay otro.
61 Sea, pues, perfecto vuestro corazón para con Jehová nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos, como en el día de hoy.
62 Entonces el rey, y todo Israel con él, sacrificaron víctimas delante de Jehová.
63 Y ofreció Salomón sacrificios de paz, los cuales ofreció a Jehová, veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas. Así dedicaron el rey y todos los hijos de Israel la casa de Jehová.
64 Aquel mismo día santificó el rey el medio del atrio, el cual estaba delante de la casa de Jehová; porque ofreció allí los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz, por cuanto el altar de bronce que estaba delante de Jehová era pequeño, y no cabían en él los holocaustos, las ofrendas y la grosura de los sacrificios de paz.
65 En aquel tiempo Salomón hizo fiesta, y con él todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto, delante de Jehová nuestro Dios, por siete días y aun por otros siete días, esto es, por catorce días.
66 Y al octavo día despidió al pueblo; y ellos, bendiciendo al rey, se fueron a sus moradas alegres y gozosos de corazón, por todos los beneficios que Jehová había hecho a David su siervo y a su pueblo Israel.


1.
Salomón reunió.
La narración de las ceremonias de la dedicación del templo constituye uno de los capítulos resaltantes de la Biblia. El relato es de gran belleza y profundo significado espiritual. A través de los siglos, los dirigentes de la iglesia han encontrado en él palabras de inspiración y ánimo para la consagración de casas de culto. Este capítulo resalta en notable contraste con el precedente. En el cap. 7.º encontramos los detalles técnicos y de las formas de los objetos del templo. En el 8.º penetramos en el significado más profundo de esas cosas: nos ponemos en contacto con Dios mismo. Ambos capítulos se complementan al darnos un cuadro fiel y completo del templo y su significado, y el uno no sería completo sin el otro.
Salomón es el personaje importante que preside las diversas actividades de la dedicación del templo. Resalta su majestad real; pero parece ser más que un mero rey que sólo se interesa en los asuntos seculares del Estado: está atareado con ceremonias específicamente religiosas para el culto de Dios. Un servicio tal de ninguna manera disminuye su dignidad real; más bien la realza. Realiza las funciones que se esperan de él como rey, y más. Reúne a los dirigentes de la nación y dirige las disposiciones efectuadas. Pero habiendo hecho eso podría esperarse que los sacerdotes se encargaran de las funciones netamente religiosas y las presidieran. Sin embargo, no sucede así. Es el rey quien consagra el santuario y ofrece la oración de consagración, el que amonesta al pueblo para que sea fiel a Dios y pronuncia sobre él la bendición.
Salomón respondió exactamente al tipo de liderazgo espiritual que Dios demanda de los que son llamados para dirigir su obra. Por desgracia este liderazgo sólo continuó durante un corto período. Aquel hombre joven sobre quien se concentró tanta dignidad temporal y espiritual, cayó pronto ante la tentación de la idolatría propia. Prestamente la humildad, la consagración y la obediencia cedieron ante el orgullo, la ambición y la complacencia, y los propósitos egoístas y las ambiciones mundanas pervirtieron los dones que una vez se emplearon para la gloria de Dios. Su resultado fue que quien había sido tan grandemente honrado con las pruebas del favor divino degeneró convirtiéndose en un tirano y opresor, cuyo reino se despedazó a su muerte. Siguiendo su ejemplo, Israel perdió el secreto para disfrutar de paz y riquezas en la tierra, y la teocracia que una vez fue floreciente se convirtió en una ruina corrupta y desolada.
Jefes de las tribus.
Todos los jefes de Israel debían tener una parte en el traslado del arca al monte Moriah. Debe haber concurrido mucha gente: ancianos, jefes de las tribus y los principales de los padres, pues en la ocasión cuando David sacó el arca de Dios "que mora entre los querubines" de la casa de Abinadab, para llevarla a la ciudad de David, se emplearon a 30.000 "escogidos de Israel" (2 Sam. 6: 1-5).
El arca.
Lo más destacado de las ceremonias de la consagración fue el traslado del arca de la ciudad de David a su nueva ubicación en el lugar santísimo del templo. Cuando David llevó el arca de la casa de Obed-edom al tabernáculo que había hecho para ella en su propia ciudad, fue una ocasión tanto de gran gozo como de solemnidad (2 Sam. 6: 12-19). El arca que contenía las dos tablas de la ley era lo más importante del santuario.
2.
El mes de Etanim.
Se da el mes pero no el año. Muchos creen que fue el año después de que se completó el templo. Puesto que el templo se terminó en el mes de Bul -el 8.º mes (cap. 6: 38)- y que la consagración se efectuó en el de Etanim -el 7.º mes-, esto habría sido 11 meses después de que se concluyó el templo. Otros creen que la dedicación no se efectuó hasta algunos años más tarde, quizá un año de jubileo, o el 24.º año del reinado de Salomón, 13 años después de que se completó el templo (1 Rey. 7: 1).
Después del exilio, el 7.º mes fue llamado Tishri -del acadio o babilonio antiguo Tashritu, "comienzo"-. El nombre implica un calendario que empieza con este mes. El año civil de la monarquía indivisa y del reino de Judá comenzaba con Tishri. El primero de ese mes era un día de santa convocación (Núm. 29: 1), al iniciarse el nuevo año. El día 10.º de ese mes era el día solemne de la expiación cuando se efectuaba la purificación del santuario (Núm. 29: 7; Lev. 16: 29, 30; 23: 27), y en el 15.º día comenzaba la fiesta de los tabernáculos (Núm. 29: 12; Lev. 23: 34; Deut. 16: 13; Neh. 8: 14-18; Eze. 45: 25). El principio de este mes correspondía más o menos con la luna nueva de septiembre u octubre.
3.
Los sacerdotes.
En 2 Crón. 5: 4 se nos dice que "los levitas tomaron el arca". Todos 762 los sacerdotes eran levitas (Jos. 3: 3), pero no todos los descendientes de Leví eran sacerdotes. Llevar el arca en sus viajes era una responsabilidad propia de los levitas de la familia de Coat (Núm. 3: 31; 4: 15; 1 Crón. 15: 2-15). Pero los coatitas sólo podían llevar el arca después de que ésta había sido preparada para el viaje por Aarón y sus hijos (Núm. 4: 5, 15). Cuando cruzaron el Jordán y rodearon a Jericó, fueron los sacerdotes quienes llevaron el arca (Jos. 3: 6-17; 6: 6). Cuando se transfirió el arca a su ubicación permanente en el lugar santísimo del templo de Salomón, quizá esa importante responsabilidad fue desempeñada por ciertos jefes entre los sacerdotes (ver 1 Crón. 15: 11, 12).
4.
El tabernáculo.
En ese tiempo el tabernáculo estaba en Gabaón (1 Crón. 16: 39, 40; 2 Crón. 1: 3), pero el arca estaba en Jerusalén en una tienda que David había levantado para ella en "la ciudad de David" (2 Sam. 6: 2, 16, 17; 1 Crón. 15: 1; 2 Crón. 1: 4). De allí en adelante debía haber un solo centro nacional de culto, de modo que los objetos santos, tanto del tabernáculo de Gabaón como de la tienda de la ciudad de David, fueron llevados al templo del monte Moriah para ser usados o depositados dentro de sus predios (ver PR 27). Quizá cada sección de sacerdotes y levitas, en procesión solemne, llevó los objetos santos que les habían confiado. De acuerdo con la ley de Moisés, los coatitas se encargaban del arca, la mesa de los panes de la proposición, los altares y los vasos del santuario; los gersonitas, del tabernáculo en sí y sus cortinas; y los meraritas, de las tablas y columnas del tabernáculo y de su atrio (Núm. 3: 25-37).
5.
Sacrificando ovejas.
Este sacrificio inaugural correspondía en gran medida con el ceremonial cuando David transfirió el arca de la casa de Obed-edom a la ciudad de David (2 Sam. 6: 13; 1 Crón. 15: 26).
6.
En el lugar santísimo.
Allí, entre los querubines, debía manifestarse la presencia de Dios. Esto mostraba el carácter sagrado de la ley de Dios. La ley es una transcripción del carácter de Dios. Así como Dios es santo, también sus mandamientos son santos, justos y puros.
7.
Cubrían ... el arca.
Para representar la reverencia con que la hueste celestial considera la ley de Dios.
8.
Sacaron las varas.
De acuerdo con Exo. 25: 15. las varas no debían quitarse de sus anillos en el arca. Pero ahora parece que se las sacó hacia adelante de tal forma que desde el lugar santo se veían sus partes finales. Parece que colocaron el arca a lo ancho del templo, de norte a sur, en el lugar santísimo. No sólo el arca misma sino también sus varas recibían la sombra de los querubines. En el tabernáculo un velo separaba el lugar santo del lugar santísimo (Exo. 26: 31-33) e impedía que el arca fuera vista por los que estaban en el lugar santo. Es evidente que en el templo había una pared que separaba ambos recintos (ver com. 1 Rey. 6: 16); parece que había también un velo (2 Crón. 3: 14). Se sabe que el templo de Herodes tenía un velo que se rasgó en dos durante la crucifixión (Mat. 27: 51; Mar. 15: 38; Luc. 23: 45). Las varas pueden haber sido puestas en tal forma como para que fueran parcialmente visibles, más allá del fin del velo y a través de la puerta abierta, para los que estaban dentro del lugar santo. Ver com. cap. 6: 31.
Hasta hoy.
Esto indica que se escribieron estas palabras antes de que Nabucodonosor destruyera el templo. Cuando finalmente se terminó la recopilación de los libros de los Reyes, el templo había sido destruido y sus enseres habían sido llevados a Babilonia (2 Rey. 14: 13, 14; 25: 9, 13-17). Evidentemente, mucho del contenido de los Reyes se escribió antes del exilio y permaneció en su forma original cuando se completó la recopilación.
9.
En el arca ninguna cosa había.
Esta declaración, repetida en 2 Crón. 5: 10, parece indicar claramente que no había nada en el arca misma excepto las dos tablas de piedra. La urna que contenía el maná, y la vara de Aarón, a las que se alude en Heb. 9: 4, originalmente se ordenó que se colocaran "delante del Testimonio" (Exo. 16: 33, 34; Núm. 17: 2-10). Algunos han entendido que esto se refiere a un lugar frente al arca. Sin embargo, las palabras pueden significar delante de las tablas del testimonio dentro del arca (PE 32). No necesitan estar en pugna estas declaraciones, pues esos objetos pueden haber sido sacados durante la agitada historia de Israel y no haber estado en el arca en este tiempo.
Hay algo singularmente impresionante en esta santificación especial de las dos tablas de la ley. Estando así colocadas dentro del arca, y puesto que Dios se encontraba con su pueblo directamente encima de ellas (Exo. 25: 22), la ley está indisolublemente unida con Dios 763 mismo. El sitio más sagrado del templo era el lugar santísimo, y lo más sagrado allí era el arca que contenía la ley de Dios. Puesto que Dios, por su misma naturaleza, es santo y eterno, así también lo es su ley. Todo lo que podía haberse hecho para impresionar a sus hijos con la santidad eterna de su ley fue hecho por Dios en el mobiliario de su santo templo. Esta ley, en el antiguo pacto, fue escrita en dos tablas de piedra; en el nuevo pacto está escrita en el corazón de los rectos Jer. 31: 31-33).
10.
Llenó la casa.
Esta nube de gloria significó la presencia divina, así como lo fue la nube que apareció en el Sinaí (Exo. 24: 15-18) y también en la dedicación del tabernáculo (Exo. 40: 34-38). En visión Ezequiel contempló una gloria similar sobre la casa de Dios (Eze. 10: 4). Cuando en un himno de alabanza a Dios se alzaron las voces de los sacerdotes congregados, la gloria divina apareció en la forma de una nube (2 Crón. 5: 13).
11.
No pudieron permanecer.
Tan grande fue la abrumadora gloria de la presencia de Dios, que los sacerdotes que oficiaban se vieron obligados a retirarse momentáneamente. Así también cuando se erigió el tabernáculo, Moisés no pudo entrar debido a la gloria de Dios que llenaba la tienda sagrada (Exo. 40: 35). Cuando Isaías tuvo su visión de Dios, el séquito de la gloria divina llenó el templo, y el profeta se sintió morir por haber estado tan cerca de la presencia del Señor (Isa. 6: 1-5). Así también los discípulos de Jesús temblaron cuando la nube de la gloria de Dios se posó sobre ellos en el monte de la transfiguración (Luc. 9: 34). ¿Por qué esas reacciones humanas ante la presencia de Dios? Debido a la naturaleza del Ser Supremo, su grandeza y santidad, su magnificencia y sublimidad, su majestad y poder. Aun ante la presencia de las grandes fuerzas de la naturaleza, con frecuencia los seres humanos quedan con temor reverente. Pero el Dios del cielo es tan infinitamente santo que el pecador no puede aproximarse a su sublime presencia y continuar viviendo. Dios es como fuego consumidor al cual no se pueden acercar los impíos sin ser destruidos.
La nube del templo no era Dios, sino un medio por el cual él velaba su presencia para no consumir al hombre. Tan grande fue la gloria divina en ocasión de la dedicación del templo, que a pesar de la nube envolvente los sacerdotes oficiantes se vieron obligados a retirarse con santo temor. Así también, tal vez al tener conciencia de la presencia divina, David pronunció sus palabras de admiración y alabanza cuando se colocó el arca en la tienda del Señor (1 Crón. 16: 25, 27, 34).
12.
Entonces dijo Salomón.
Salomón quedó profundamente impresionado por las manifestaciones sublimes de la proximidad y la grandeza de Dios. Sus palabras son entrecortadas y espontáneas, como si procedieran de un hombre profundamente conmovido. Habla con sentimientos de pavor y gozo entremezclados. No son palabras que hubiera preparado cuidadosamente de antemano; son expresiones de admiración y alabanza que brotan espontáneamente debido al espectáculo que acaba de ver.
Oscuridad.
"Densa nube" (BJ). Contemplando la oscuridad combinada con la gloria que estaba delante de él, la mezcla de sombra y de luz, Salomón quedó seguro de que el Señor estaba allí (Eze. 48: 35). Recordó ocasiones previas en que se habían presenciado fenómenos similares -cuando la presencia del Señor se había manifestado en el Sinaí en una densa nube (Exo. 19: 9) y la nube de gloria que llenó el tabernáculo del desierto (Exo. 40: 34, 35)-, y como resultado pudo reconocer en la aparición de la nube la señal de la presencia divina en el templo que había edificado. Por eso sus primeras palabras fueron una explicación del fenómeno que había presenciado. Esto es una prueba de la verdadera presencia de Dios; él está con nosotros; no tenemos nada que temer, y por el contrario tenemos todo por lo cual agradecer en esta gloriosa ocasión.
13.
Casa por morada.
Se edificó el templo como una casa de Dios. Cuando se levantó el tabernáculo en el desierto, Dios había dicho: "Harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos" (Exo. 25: 8). En ese santuario el Señor había manifestado su presencia y se había comunicado con su pueblo.
Sitio en que tú habites.
Israel tenía su santuario, pero no era estable, pues se lo llevaba de un lugar a otro por el desierto. Ni siquiera en la tierra prometida tuvo un lugar fijo. Durante 300 años había estado en Silo, hasta que debido al pecado se lo trasladó otra vez, primero a Nob (1 Sam. 21: 1-6; PP 711) y más tarde a Gabaón (1 Crón. 16: 39,40; 2 Crón. 1: 3). Ahora, por fin se había terminado el templo 764 y el arca de Dios tendría un lugar estable para que Dios habitara allí por los siglos. El propósito de Dios era estar con su pueblo para siempre, y si Israel le hubiera sido leal ese glorioso edificio habría existido siempre (PR 31). Grande debe haber sido el gozo de Salomón al contemplar retrospectivamente los años de preparación y edificación que habían significado tanta ansiedad y preocupación, al darse cuenta de que su tarea se había completado y que se había terminado la casa donde Dios había de hacer su morada con su pueblo.
14.
Volviendo el rey su rostro.
Según el libro de Crónicas, Salomón había hecho un estrado de bronce de 3 codos de alto, que estaba en medio del atrio, delante del altar (2 Crón. 6: 12, 13), y desde allí se dirigió al pueblo. Hasta ese momento, Salomón solemnemente había estado mirando el templo lleno con la gloria del Señor. Tenía los pensamientos concentrados en Dios, y a él dirigió sus palabras. Ahora, vuelto del templo, habló a la gran multitud que estaba ante él.
Israel estaba de pie.
El pueblo de pie, mostrando atención y respeto, sin duda compartió la felicidad y solemnidad de la ocasión, y estaba ansioso de recibir las bendiciones del rey.
15.
Bendito sea Jehová.
Salomón bendice al pueblo, pero otra vez sus primeros pensamientos son para Dios, la fuente de toda bendición. Lleno de gozo y gratitud, y con profunda emoción, menciona lo que Dios había hecho para su padre David al confiarle los propósitos divinos acerca del templo. Mediante el profeta Natán Dios había revelado a David que no él sino su hijo Salomón debía edificarle la casa (2 Sam. 7: 4-13).
16.
Escogí a David.
La elección de Dios no es movida por una preferencia ciega o por un prejuicio sino por la sabiduría y el amor. Así como Dios eligió a Israel entre las naciones, escogió a Jerusalén entre las numerosas ciudades de Israel, y también eligió a David para bendición y salvación de todo el pueblo. Cuando Dios escogió a David, no miró la apariencia externa sino el corazón (1 Sam. 16: 7).
17.
David ... tuvo en su corazón.
El deseo y el propósito de David fueron honrar y glorificar a Dios. Por eso tuvo "en su corazón" la construcción de la casa del Señor. Cuán diferente sería este mundo si los hombres se preocuparan más por construir casas para Dios que para sí mismos, por fortalecer el reino de Dios antes que los reinos de los hombres. David deseaba con vehemencia que hubiera una casa para Dios, y como resultado se construyó el templo. Hay majestuosos templos que tuvieron humildes comienzos en el corazón de algunos seres humanos.
18.
Bien has hecho.
El propósito de David era bueno, aunque no estaba enteramente de acuerdo con la voluntad de Dios. La voluntad de Dios era que se edificara un templo, pero debido a que David había sido guerrero, el Señor no lo aceptaba como el edificador (1 Crón. 22: 7, 8; 28: 3).
19.
Tú no edificarás.
Dios expresó su aprobación por el propósito de David; sin embargo, indicó que la obra que deseaba efectuar la debía hacer otro. Hay ocasiones cuando algunas personas tienen un digno propósito de hacer una obra para Dios, pero, por razones que no siempre se comprenden claramente -quizá debido a la falta de experiencia, capacidad o preparación-, en su sabiduría el Señor ordena que otros la realicen. La sumisión de David a la voluntad divina demostró tanto su sabiduría como la profundidad de su experiencia religiosa.
20.
Ha cumplido su palabra.
Se cumplió la voluntad de Dios de que Salomón y no David edificara el templo. Una persona puede acarrear desgracia sobre sí misma y sobre otros al oponerse obstinadamente a la voluntad de Dios. La cooperación con Dios es la que proporciona el mayor progreso a la obra de Dios. Al edificar el templo, de acuerdo con la voluntad de Dios, Salomón se colocaba en una posición en la que recibiría las bendiciones celestiales. Fue entonces cuando el Señor cumplió su palabra. Salomón fue el instrumento, pero indudablemente Dios fue el poder impulsor.
21.
El pacto.
Los Diez Mandamientos son llamados aquí "el pacto" porque formaban la base del pacto entre Dios y su pueblo. El pacto era el plan por el cual debían reproducirse en el hombre los santos principios revelados en la ley. Así, mediante una figura de lenguaje, la ley es llamada el pacto. Desde los días más remotos de la humanidad, Dios ha deseado escribir su santa ley en el corazón humano.
22.
Se puso Salomón delante.
El relato de Crónicas es más completo. Es verdad que durante su discurso de dedicación Salomón estuvo de pie (2 Crón. 6: 12), pero al terminar 765 ese discurso "se arrodilló"(2 Crón. 6: 13) para la oración de consagración.
24.
Has cumplido.
Al comenzar su oración, Salomón da gracias y alaba a Dios por haber cumplido su promesa a David de que tendría un sucesor en el trono y por la edificación del templo, y le implora que continúe la promesa de una sucesión ininterrumpida.
27.
¿Es verdad que Dios morará?
El santuario fue construido como el lugar de morada de Dios. Al trasladar el arca, David reconoció que Dios había elegido a Sion y "la quiso por habitación", prometiendo que la haría "siempre el lugar de" su "reposo" y que allí moraría (Sal. 132: 13, 14). Pero cuando Salomón contempló la grandeza y la magnificencia de Dios, Aquel que habita la eternidad, Aquel que "midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra y pesó los montes con balanza y con pesas los collados" (Isa. 40: 12), le pareció incomprensible que un Dios tal estableciera su morada en la tierra, en una casa como la que había hecho Salomón. El pensamiento aquí expresado ilustra un permanente contraste que se encuentra en toda la Biblia. Por un lado, hay un concepto profundísimo e invariable de la infinitud de Dios -eterno, invisible, imposible de abarcar, del Señor alto y sublime, el gran "Rey de reyes y Señor de señores" (Apoc. 19: 16)-; por otro lado, hay un concepto igualmente vívido: que el infinito Jehová es un Dios que está muy próximo, muy cerca; que es amigo de la humanidad y un compañero personal de cada individuo; uno que camina y conversa con sus hijos y mora en santuarios terrenales hechos para su morada santa. Nunca dejará de ser un motivo de asombro que un Ser tan poderoso, tan trascendentalmente grande, condescienda hasta el punto de saludar al hombre mortal y venga a morar en santuarios hechos de madera y piedra, y dentro del corazón humano.
28.
Tú entenderás.
Las palabras fluyen de un corazón profundamente conmovido por sentimientos en que se entremezclan el temor y la humildad. El hombre es completamente indigno de tener por compañero al Creador del universo. Un templo de la tierra no merece la presencia del Alto y Sublime que "extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar" (Isa. 40: 22). Aunque la humanidad sea indigna, aunque el templo sea indigno, Salomón ora para que Dios se acuerde de este edificio terrenal, para que de día y de noche y desde el cielo su verdadera morada- preste oídos a las fervientes oraciones de los hombres.
30.
Perdona.
Salomón reconoció que cada persona que eleva una oración al cielo necesita perdón. Este sentimiento de culpa y de la necesidad del perdón del cielo se encuentra en toda la ferviente oración ofrecida por Salomón por sí mismo y por su pueblo (vers. 34, 36, 39, 50). Salomón sabía que el perdón de los pecados sería el más ferviente deseo de los que oraban. También sabía que la esperanza del hombre de recibir una respuesta a sus peticiones dependería grandemente de la gracia de Dios que perdona los pecados.
31.
Contra su prójimo.
Este es el primero de siete casos particulares en que Salomón ora invocando la misericordia perdonadora de Dios. Este primer caso implica transgresiones personales de un hombre contra su prójimo.
32.
Condenando al impío.
Aquí Salomón pide a Dios que las obras de iniquidad y las sendas de rectitud pongan de manifiesto sus resultados merecidos en cada caso. Más de lo que muchos se dan cuenta, tanto el bien como el mal dan frutos en este mundo, de acuerdo con su especie. "Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gál. 6: 7). "La justicia guarda al de perfecto camino; mas la impiedad trastornará al pecador" (Prov. 13: 6; ver también Prov. 14: 34; 11: 5, 19). Cuando Israel cayó, pudo decirse con justicia "Tu ruina, oh Israel, viene de ti" (Ose. 13: 9, versión Straubinger). "Por tu pecado has caído"(Ose. 14: 1).
33.
Si tu pueblo Israel fuese derrotado.
Antes de que fuera establecida la nación de Israel, el Señor predijo exactamente el resultado de la transgresión. Israel sería herido delante de sus enemigos (Lev. 26: 14, 17; Deut. 28: 15, 25). Se retiraría la gracia protectora del cielo y se permitiría que sus enemigos lo humillaran.
Se volvieren a ti.
Con frecuencia el castigo provoca el arrepentimiento, "poque luego que hay juicios" de Dios "en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia" (Isa 26: 9). Salomón no ora para que la misericordia perdonadora de Dios descienda sobre los que persisten en la rebelión y en el pecado, sino sólo sobre los que reconocen sus transgresiones y se vuelven a él. A todos los tales se les asegura el perdón (1 Juan 1: 9).
35.
Se cerrare.
Cuando Dios retira su mano protectora, con frecuencia las fuerzas de la naturaleza se convierten en instrumentos de castigo. Salomón dio por sentado que el castigo de la sequía a que se refirió Moisés (Lev. 26: 19; Deut. 28: 23, 24) se convertiría en una realidad.
37.
Hambre.
La lista de estas calamidades aparece como una clara amenaza en el código mosaico (Lev. 26: 16, 20, 25; Deut. 28: 22, 35, 38, 42). Cuando los hombres abandonan los caminos de justicia, se multiplican tales castigos, y cuando aparecen a todo lo largo y lo ancho de la tierra, el mundo puede saber que está siendo retirada la benéfica mano del Señor.
38.
Plaga.
El que cada persona reconozca "la plaga en su corazón" significa que se da cuenta de su pecaminosidad y la parte que ella ha tenido en provocar las desgracias que azotan la tierra. Las plagas de la tierra tienen su origen en la plaga del corazón. La plaga del pecado es la verdadera plaga, la causa básica de todos los otros azotes. A menos que se reconozcan los males del pecado y que se lo elimine, no hay esperanza de remediar los muchos otros males que amenazan reducir al mundo a la desolación.
39.
Tu conoces.
Sólo Dios conoce realmente el corazón. Muchas personas tienen poca o ninguna comprensión de los males de su propio corazón, y de las desgracias que están acarreándose a sí mismos y al mundo que los rodea como resultado del pecado que acarician. Dios conoce el corazón y sabe cómo cambiarlo, cómo crear para el hombre "un corazón limpio" y cómo renovar "un espíritu recto" dentro de él (Sal. 51: 10).
41.
El extranjero.
Esta parte es una notable y feliz digresión en medio de la serie de referencias a Israel. Hombres de países lejanos y extraños vendrían para honrar y adorar al Señor.
42.
Oirán.
Jehová era el Dios no sólo de Israel sino de todo el mundo. Su plan era que Israel hiciera conocer su nombre por toda la tierra, de modo que por doquiera los hombres pudieran oír de su bondad y gracia, y se unieran con Israel en el culto.
43.
Harás conforme a todo.
¡Cuán diferente era el espíritu de Salomón en esta ocasión del que movió al pueblo hebreo en los años siguientes! El pacto de Dios debía incluir no sólo a una nación sino a todas. Su gracia no era sólo para los hebreos sino para todos los que estuvieran dispuestos a reconocerlo. Cuando se inauguró el templo, Salomón recordó a los extranjeros de todos los países para que ellos también pudieran oír del pacto de la gracia de Dios y vinieran al templo a adorarlo. Israel debía ser una luz que iluminara al mundo. Si hubiera sido fiel a su misión divina, no habría perecido la nación sino que habría continuado creciendo hasta abarcar a todas las naciones de la tierra, hasta que Jerusalén se hubiera convertido en la metrópoli del mundo y su templo se hubiera vuelto la fuente de un río de vida para llevar salud y curación a todos (Zac. 14: 8).
46.
Si pecaren.
Esta es la petición final de Salomón. Con perspicacia casi profética, sus pensamientos se proyectan hacia algún día futuro cuando, debido al pecado, Israel sería abandonado por el Señor y caería en las manos del enemigo para ser llevado a una tierra extraña. Moisés había predicho claramente esa posibilidad (Deut. 28: 45, 49-52, 63, 64).
Que no peque.
Conociendo la debilidad de la carne, que no hay ningún hombre ni ninguna nación que no pequen, surgió ante Salomón la grave posibilidad de que el pueblo pecara tan gravemente contra el Señor como para que él retirara su presencia divina e Israel cayera en manos enemigas. Oró con sumo fervor para que Dios se acordara de los suyos en esa hora trágica. ¡Cuán corto es el intervalo entre la gloria y la tumba! ¡El templo terminado, el templo destruido! ¡Un día de gloria, un día de ruina! Al elevar Salomón la voz a Dios en ferviente petición para que esa casa fuera la morada del Señor para siempre, en esa misma hora de consagración comprendió bien los trágicos e inevitables resultados del pecado. Por eso en su oración encontramos esta extraña mezcla de gozo y dolor, de gloria y de cenizas, de honra y de vergüenza. Pocas veces se ha ofrecido una oración por un pueblo con esperanzas tan excelsas, ni con un espíritu tan humilde, como en esta hora de la dedicación del templo de Dios. Fue una oración de promesas y de profecía, de visiones de la gloria divina y de la vileza del hombre pecaminoso.
47.
Volvieren en sí.
Siempre hay esperanza en la hora de la más profunda tragedia. No importa cuán profundamente se depravara Israel como resultado del pecado, si tan sólo volviese en sí y reconociese su error y perversidad y eligiese el mejor camino, hallaría gracia delante de Dios.
48.
Hacia su tierra.
Cuando Daniel oraba en Babilonia, ante sus ventanas abiertas se arrodillaba hacia Jerusalén (Dan. 6: 10).
50.
Perdonarás a tu pueblo.
Esta oración de Salomón, ofrecida tres siglos y medio antes del exilio, es muy similar a la oración de Daniel en el tiempo cuando el cautiverio de Babilonia se aproximaba a su fin (Dan. 9: 2-19). Al dedicarse el templo parecía haber poca necesidad de una oración como ésta. Pero movido por la inspiración, Salomón contempló una hora cuando ese espléndido templo yacería en ruinas, cuando la tierra de la promesa sería una tierra de amargura y angustia, cuando los hijos de Israel vivirían proscritos en tierra extraña. Hay un sentimiento conmovedor en el hecho de que en la hora de la mayor gloria de Israel, Salomón ofreció la misma clase de oración que Daniel elevó en la hora del mayor oprobio de la nación. Se necesitaron ambas oraciones y ambas fueron oídas. La primera no sólo fue una oración sino también un mensaje de amonestación que ayudaría a evitar la condenación que traería la transgresión. La otra se elevaría al Dios del cielo que sólo esperaba un arrepentimiento genuino de su pueblo antes de permitir que volviera del cautiverio.
51.
Ellos son tu pueblo.
La razón por la que Israel existía como pueblo separado era que el Señor lo había elegido entre las naciones y lo había establecido en la tierra prometida (Exo. 19: 4-6; Deut. 9: 29; 2 Sam. 7: 23; Sal. 135: 4). Puesto que Israel pertenecía a Dios, tenía la seguridad de que él lo amaría y ayudaría, que su diestra lo sostendría y que no debería temer en la hora de la mayor angustia (Deut. 33: 26, 27; Isa. 41: 8-14; 43: 1-6). Puesto que la mayor preocupación de Dios era la felicidad y el bienestar de sus hijos, éstos creían que, al insistir en sus peticiones, tenían derecho a rogarle que no los abandonara. Sin embargo, esto solo no garantizaba el éxito. Las promesas de Dios son condicionales, y quienes las esperan deben cumplir con las condiciones.
Sacaste de Egipto.
La liberación de Egipto era historia. Nunca podría cambiarse el hecho de que Dios había sacado a Israel del horno de hierro de Egipto. En ese hecho Salomón encontró un poderoso argumento para otra liberación si Israel se encontrara de nuevo bajo un amo extranjero. Posteriormente, cuando Jeremías comparó la liberación del cautiverio babilónico con la de Egipto, declaró que, en vista de la liberación mayor venidera, Israel no diría más: "vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto", sino "vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte" (Jer. 16: 14, 15; cf. 23: 7, 8).
53.
Heredad tuya.
Esta es la razón final y más poderosa que Salomón encuentra para presentar a fin de que Dios recuerde a su pueblo Israel. Él es la heredad del Señor de acuerdo con el derecho de Dios muchas veces presentado y con sus promesas muchas veces repetidas. Mediante Moisés el Señor reveló que haría de Israel su pueblo peculiar, elegido entre todos los pueblos de la tierra (Exo. 19: 5, 6; Deut. 14: 2). Había de ser conocido como "el pueblo de su heredad" (Deut. 4: 20; cf. 9: 26, 29). Si el Señor ahora los rechazaba, pondría en peligro el honor de su santo nombre (Exo. 32: 12, 13; Núm. 14: 13, 14). Se elevaron fervientes oraciones en los momentos de gran peligro, para que el Señor liberara a Israel por el honor de su nombre (Sal. 79: 9, 10), y debido a la ciudad y al pueblo que llevaban su nombre (Dan. 9: 19). En los días de Ezequiel, el Señor declaró que era a causa de su "nombre, para que no se infamase ante los ojos de las naciones" (Eze. 20: 9, 14; cf. 20: 22) por lo que él había realizado prodigios al liberar a Israel de Egipto.
54.
Cuando acabó.
Salomón había elevado una oración notabilísima y sumamente conmovedora. No sólo incluía a Israel sino a los extranjeros distantes; era para los individuos tanto como para la nación; para las generaciones que todavía no habían nacido como para los que estaban en los atrios del templo; para los que eran fieles en la causa de Dios y también para los que podrían descarriarse. En realidad, el rasgo más notable de toda la oración es su profunda y genuina preocupación por los que estuvieran en la máxima necesidad de la gracia divina, los que pudieran pecar contra el Señor y necesitaran ser rescatados. Una oración tal sólo podía proceder de un corazón lleno de compasión y amor, movido por la piedad y la misericordia de Dios. Salomón no hacía esfuerzo alguno por buscar 768 efectos retóricas, hacer ostentación, ni recibir la aclamación humana; sólo quería que sus palabras llegaran a los oídos de Dios. Esta oración fue genuina; procedió de los labios de un hombre de Dios. Cuando terminó, el Señor manifestó su aprobación mediante una segunda e insólita exhibición de poder y esplendor: descendió fuego del cielo para consumir el sacrificio y llenó el templo de gloria (2 Crón. 7: 1-3).
55.
Bendijo a toda la congregación.
El pronunciar esta bendición formal fue un acto nítidamente religioso. Aarón y sus hijos habían recibido el deber y privilegio especiales de pronunciar la bendición divina (Núm. 6: 23-26). El hecho de que Salomón pronunciara ahora estas palabras finales de bendición muestra la gran importancia que ponía en las cosas del espíritu. Como rey no sólo se interesaba en los asuntos comunes del Estado sino en el bienestar espiritual de sus súbditos.
56.
Ninguna . . . ha faltado.
Josué pronunció palabras similares (Jos. 21: 45; 23: 14). Dios nunca falla. Ha hecho muchas promesas a su pueblo, y es fiel en cumplirlas (Heb. 10: 23). Si los seres humanos no reciben las bendiciones que el Señor ha prometido darles, es por su propia falta. El Señor había prometido a Abrahán y a su descendencia la tierra de Palestina como una heredad eterna (Gén. 12: 7; 13: 15; 17: 8), pero los descendientes de Abrahán según la carne perdieron esa herencia debido a sus transgresiones contra el Señor (2 Rey. 17: 7-23; Jer. 7: 3-15; 25: 4-9).
57.
Esté con nosotros Jehová.
Como un Dios de amor, el Señor desea estar con su pueblo. El templo fue edificado para que él pudiera morar entre los suyos (Exo. 25: 8; 1 Rey. 6: 12, 13). Jesús vino al mundo como Emanuel, "Dios con nosotros" (Mat. 1: 23), y cuando se fue, prometió que estaría con los suyos "todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28: 20). En el corazón de cada verdadero hijo de Dios no puede haber más elevado deseo ni más profundo anhelo que poder apreciar la presencia de Dios (Sal. 42: 1, 2; Apoc. 22: 20, 21).
58.
Incline nuestro corazón.
El deseo de seguir en los caminos del Señor y de guardar sus mandamientos es un impulso divinamente implantado. Constantemente obra el Espíritu Santo de Dios guiando a las personas por las sendas de verdad y obediencia. Mientras más cerca está uno del Señor, más plenamente abandona todo lo pecaminoso de la tierra y está más dispuesto a hacer lo que Dios requiere. El Espíritu de Dios guía a los seres humanos a obedecer y los inclina a guardar sus mandamientos, pero no hace esto contra su voluntad. A quien está dispuesto a obedecer, la obediencia le resulta habitual. Mientras más cerca uno está del Señor, más plenamente los pensamientos de Dios se convierten en sus pensamientos y los caminos de Dios en sus caminos. Quienquiera que viene ante el Señor con humildad de espíritu y buena disposición del corazón, con el deseo de aprender los caminos del cielo y caminar en ellos (Sal. 119: 26, 27, 30, 32-36), comienza a encontrar que la obediencia a Dios es un placer y no un deber, y que la ley de Dios es una ley de libertad (Sal. 119: 45, 47, 97; Sant. 1: 25; 2:
12) y no un yugo.
60.
Todos los pueblos.
Este es el gran propósito de Dios, y debe ser también el blanco supremo en el corazón de cada hijo del reino: que todos los pueblos de la tierra lleguen a conocer al Señor y compartan la comunión y el servicio.
61.
Sea, pues, perfecto.
Las Escrituras aclaran que la perfección del carácter es un prerrequisito para entrar en el reino de los cielos. La norma de perfección se encuentra en los principios de rectitud y amor presentados en los mandamientos de Dios (Mat. 19: 16-21; Luc. 10: 25-28; Deut. 5: 2-22, 29-33; 6: 3-5). El Evangelio, revelado en los símbolos del AT y con plena claridad en el NT, muestra cómo podemos obtener la perfección de la cual habló Salomón.
63.
Ofreció Salomón.
Al ofrecer esos sacrificios, en ese momento Salomón no realizaba las funciones de un sacerdote; presentó su ofrenda en el mismo sentido en que cualquiera podía presentar su sacrificio delante del Señor (Lev. 2: 1; 3: 7, 12). Los sacrificios aquí mencionados se identifican como sacrificios de paz. En el caso de tales ofrendas, sólo una parte del sacrificio se quemaba sobre el altar como "olor grato para Jehová" (Lev. 3: 3-5, 14-17). La parte restante era comida por el oferente y su familia o amigos (Lev. 7: 15-21). Esa ofrenda no era un sacrificio expiatorio sino una ofrenda de agradecimiento presentada ante Dios como grato y gozoso reconocimiento por las bendiciones recibidas. Era una ocasión feliz y festiva en la que podía participar un gran número de personas
EL IMPERIO DE DAVID Y SALOMÓN
769 (2 Sam.6:18,19; 1 Crón. 16:2,3). El número de animales sacrificados en la dedicación del templo fue extraordinariamente grande, pero debe recordarse que muchísimos se hallaban presentes, que se había reunido "todo Israel, una gran congregación, desde donde entran en Hamat hasta el río de Egipto", y que estuvieron allí durante un período de 14 días (1 Rey. 8: 65).
64.
El altar de bronce.
Ninguna mención se haice en Reyes de la construcción de este altar, pero se hace referencia a ella en 2 Crón. 4: 1. Ese altar era muy grande: de unos 10 m de largo, 10 de ancho y 5 de alto. Pero debido a la gran cantidad de ofrendas resultó inadecuado para esta ocasión. Para hacer frente a la situación, los sacerdotes consagraron toda "la parte central del atrio" para que sirviera como un enorme altar, en cualquiera de cuyas partes pudieran ofrecerse sacrificios de diversas clases (ver 2 Crón. 7: 7).
65.
Fiesta.
La fiesta duró 14 días, y en el día 23.º del 7.º mes fue despedido el pueblo (2 Crón. 7: 10), de modo que comenzó en el día 10.º del 7.º mes, que era el solemne día de la expiación (Lev. 16: 29, 30; 23: 27; Núm. 29: 7). En este mes se celebraba la fiesta de los tabernáculos, que comenzaba en el 15.º día del mes y continuaba durante 7 días (Lev. 23: 34, 39). Durante ese tiempo la gente debía morar en cabañas hechas de ramas de árboles (Lev. 23: 34, 40-42).
Donde entran en Hamat.
Hamat señala el extremo norte de la Tierra Santa (ver Núm. 13: 21; 34: 8; Jos. 13: 5; Juec. 3: 3; 2 Rey. 14: 25; 1 Crón. 13: 5; Amós 6: 14). En cuanto a la identificación de "entran en Hamat", ver com. Núm. 34: 8 y Jos. 13: 5. El gran valle entre los montes Líbano y Antilíbano, conocido por los griegos como la Celesiria, señala la principal entrada en Palestina desde el norte. Por ese valle entraban los ejércitos que invadían a Palestina desde el norte.
Río de Egipto.
La palabra usada aquí para "río" no es nahar -la palabra común hebrea- sino nájal; es decir, una corriente de agua o torrente que podría secarse en la estación seca, como en Job 6: 15, donde la palabra se traduce "corrientes". Esta corriente de agua quizá era el Wadi el-'Arísh, en el límite meridional extremo de Palestina (Núm. 34: 5; Jos. 15: 4, 47; 2 Rey. 24: 7; Isa. 27: 12), 80 km al sudoeste de Gaza (ver a la izquierda el mapa en colores).
66.
Alegres y gozosos.
La verdadera religión proporciona gozo. Quien ha hecho la paz con Dios, tiene un espíritu de verdadera felicidad y tranquilo contentamiento que otros nunca pueden conocer. Las ceremonias dedicatorias del templo habían sido un motivo de inspiración y regocijo para los participantes. En la comunión mutua, en el canto de alabanzas a Dios, en el repaso de sus bendiciones, en darle la honra y la gloria debidas a su santo nombre, habían encontrado una plenitud de paz y gozo que ninguno de los placeres del mundo jamás puede proporcionar. Cuando uno entrega a Dios lo que es de Dios, puede realizar sus tareas diarias con paz y alegría de corazón. Se nos dice que esos adoradores estaban alegres no sólo por la bondad que el Señor les había demostrado sino también por su bondad con David y Salomón (2 Crón. 7: 10). Bienaventurado el país donde los gobernantes y el pueblo se desean bendiciones mutuas y se regocijan en la prosperidad y el gozo recíprocos, donde interceden el uno por el otro y trabajan para el bienestar y la paz comunes (ver Sal. 85: 9-12).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-66 PR 27-35, 47, 48; SR 193, 194
4-7 SR 193
10, 11 SR 194
29 PR 47
33, 34 PR 248, 265
42, 43 PR 48
54 SR 194
56 MeM 347
59, 60 PR 265
60 PR 48
61 PR 41; 7T 218 770


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 9       AUDIO
1 Dios se le presenta en visión a Salomón y hace pacto con él. 10 Salomón e Hiram intercambian regalos. 15 En las obras de Salomón, los gentiles eran sus siervos y los israelitas tenían ocupaciones honorables. 24 La hija de Faraón es trasladada a su casa. 25 Sacrificios anuales solemnes de Salomón. 26 Su flota trae oro desde Ofir.

1 CUANDO Salomón hubo acabado la obra de la casa de Jehová, y la casa real, y todo lo que Salomón quiso hacer,
2 Jehová apareció a Salomón la segunda vez, como le había aparecido en Gabaón.
3 Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mi ojos y mi corazón todos los días.
4 Y si tú anduvieras delante de mí como anduvo David tu padre, en integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decretos,
5 yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre, como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de tu descendencia en el trono de Israel.
6 Mas si obstinadamente os apartarais de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardarais mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante de vosotros, sino que fuereis y sirvierais a dioses ajenos, y los adorarais;
7 yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y refrán a todos los pueblos;
8 y esta casa, que estaba en estima, cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá: ¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa?
9 Y dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová sobre ellos todo este mal.
10 Aconteció al cabo de veinte años, cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa de Jehová y la casa real,
11 para las cuales Hiram rey de Tiro había traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en tierra de Galilea.
12 Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades que Salomón le había dado, y no le gustaron.
13 Y dijo: ¿Qué ciudades son estas que me has dado, hermano? Y les puso por nombre, la tierra de Cabui, nombre que tiene hasta hoy.
14 E Hiram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro.
15 Esta es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Jerusalén, y Hazor, Meguido y Gezer:
16 Faraón el rey de Egipto había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los cananeos que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija la mujer de Salomón.
17 Restauró, pues, Salomón a Gezer y a la baja Bet-horón,
18 a Baalat, y a Tadmor en tierra del desierto;
19 asimismo todas las ciudades donde Salomón tenía provisiones, y las ciudades de los carros, y las ciudades de la gente de a caballo, y todo lo que Salomón quiso edificar en Jerusalén, en el Líbano, y en toda la tierra de su señorío.
20 A todos los pueblos que quedaron de los amorreos, heteos, ferezeos, heveos y jebuseos, que no eran de los hijos de Israel;
21 a sus hijos que quedaron en la tierra después de ellos, que los hijos de Israel no pudieron acabar, hizo Salomón que sirviesen con tributo hasta hoy.
22 Mas a ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio, sino que eran hombres de guerra, o sus criados, sus príncipes, sus capitanes, comandantes de sus carros, o su gente de a caballo.
23 Y los que Salomón había hecho jefes y vigilantes sobre las obras eran quinientos cincuenta, los cuales estaban sobre el pueblo que trabajaba en aquella obra.
24 Y subió la hija de Faraón de la ciudad 771 de David a su casa que Salomón le había edificado; entonces edificó él a Milo.
25 Y ofrecía Salomón tres veces cada año holocaustos y sacrificios de paz sobre el altar que él edificó a Jehová, y quemaba incienso sobre el que estaba delante de Jehová, después que la casa fue terminada.
26 Hizo también el rey Salomón naves en Ezión-geber, que está junto a Elot en la ribera del Mar Rojo, en la tierra de Edom.
27 Y envió Hiram en ellas a sus siervos, marineros y diestros en el mar, con los siervos de Salomón,
28 los cuales fueron a Ofir y tomaron de allí oro, cuatrocientos veinte talentos, y lo trajeron al rey Salomón.


1.
Cuando Salomón hubo acabado.
La obra del templo, comenzada en el 4.º año de Salomón (cap. 6: 1), se completó 7 años más tarde, en su 11.º año (cap. 6: 38). La edificación del palacio llevó otros 13 años (cap. 7: 1). De modo que el programa de Salomón que incluía la edificación del templo y del palacio le llevó 20 años (cap. 9: 10; 2 Crón. 8: 1), habiéndose completado en el 24.º año de su reinado. Surge una pregunta en cuanto al significado exacto de las palabras "cuando Salomón hubo acabado". ¿Significa esto que no fue hasta la terminación del período de edificación de 20 años cuando el Señor se le apareció con el mensaje de que había oído la oración que ofreció en la dedicación del templo? Si es así, entonces ¿cuándo fue consagrado el templo: poco después de que se terminara, o después de 13 años cuando se hubo completado todo el programa de edificación? Si el templo fue consagrado poco después de su terminación, ¿esperaría 13 años el Señor antes de decir a Salomón que había contestado su oración? ¿O pudo haber sido que se efectuó la consagración 13 años después de haberse terminado el templo? No podemos contestar estas preguntas con absoluta certeza debido a la brevedad del relato. Sin embargo, parece que la respuesta a la oración de Salomón le vino poco después de que elevara esa plegaria (ver PR 31).
2.
La segunda vez.
La primera vez Dios se había aparecido a Salomón en un sueño nocturno, en Gabaón, en los comienzos de su reinado (cap. 3: 4-15). Otra vez le dio una visión nocturna (PR 31), pero este mensaje presenta un contraste con el mensaje de la visión anterior. En la primera, predominaron una promesa y un estímulo (caps. 3: 12-14; 6: 12, 13); ahora otra vez hubo promesas y aliento, pero también hubo solemnes amonestaciones en cuanto a los tristes resultados que traería la transgresión.
3.
He oído.
Dios aseguró a Salomón que había oído sus palabras de ferviente súplica, con las cuales había hecho todo lo que pudo a fin de animar al pueblo para que fuera fiel a Dios y a sus mandamientos. El Señor recompensó su espíritu y su propósito, y ahora le aseguró de nuevo el favor divino. ¡Con cuánta frecuencia el Señor da a sus hijos expresiones renovadas de confianza, nuevas vislumbres desde lo alto, encomio por los servicios de días anteriores y promesas de buena voluntad y bendiciones para los días venideros!
Yo he santificado.
Sólo Dios puede santificar. Su presencia hace santas las cosas. El templo era santo porque Dios estaba allí. Por afuera tenía la apariencia de una construcción edificada por las manos de los hombres con madera y piedra, un lugar esplendoroso y bello. Pero ahora era una casa santificada y sagrada, adornada con la presencia invisible de un Dios santo. Las cosas santas sólo se perciben espiritualmente. Los hombres de corazón endurecido quizá no vean diferencia entre lo sagrado y lo profano. El santo sábado, la Palabra de Dios, la casa de culto, pueden parecerles que no son diferentes de las cosas terrenales de todos los días. El cielo puede estar muy cerca, pero no lo disciernen. En el énfasis que se pone en esta visión en "esta casa que tú has edificado", "este lugar" (2 Crón. 7: 12) se sugiere que la visión fue dada dentro del predio sagrado del templo, así como el sitio de la primera visión fue "el lugar alto principal" de Gabaón, donde Salomón había ido a sacrificar (cap. 3: 4).
Para siempre.
No era el propósito de Dios que alguna vez fuera destruido el templo de Jerusalén. Si el templo hubiera permanecido en santidad, se habría mantenido para siempre. Si Israel hubiera continuado siendo fiel al Señor, la presencia y el nombre divinos habrían estado allí para siempre como un testimonio ante todo el mundo de que Israel era el escogido del Señor, su "especial tesoro. . . sobre todos los pueblos" (Exo. 19: 5; ver PR 32). 772 En cuanto al significado de "para siempre", ver com. Exo. 12: 14.
4.
Si tú anduvieras.
Todas las promesas de las bendiciones de Dios están condicionadas por la obediencia. No puede ser de otra manera. Tanto las leyes de la naturaleza como las que gobiernan la conducta moral son leyes de Dios, y cualquiera que viola esas leyes peca contra sí mismo. Todas las leyes de Dios son para beneficio del hombre y del mundo en que vive. Cuando se violan esas leyes, el inevitable resultado es pesar, enfermedades, dolores, desgracias y muerte. Esto es cierto tanto para los individuos como para la nación, para la comunidad, para el mundo. El sendero de la obediencia es el único de paz y prosperidad, de vida y salud. El bienestar de la sociedad, la paz de la nación, la esperanza del mundo: todo requiere que los seres humanos aprendan la sabiduría y el valor práctico de la obediencia a cada orden de Dios. Cuando Israel todavía era próspero y Salomón era joven aún, Dios hizo bien claro que la transgresión no traería gozo sino dolor, no traería bendiciones sino desastres y muerte.
5.
Israel para siempre.
Dios no eligió a los hijos de Israel con el propósito de rechazarlos más tarde, ni escogió a David con el fin de abandonar después a su casa. Cada elección de Dios es sabia y detrás de ella hay razones básicas que prueban que es buena. Fue su plan que el trono de David y la nación de Israel se establecieran para siempre. A pesar del fracaso de los descendientes de David y de Israel según la carne, todavía se cumplirá el propósito de Dios mediante el Israel espiritual (Rom. 2: 28, 29; 4: 16; Gál. 3: 29) y por medio de Jesús el Hijo de David (Miq. 5: 2; Hech. 2: 34-36; Rom. 1: 3).
6.
No guardareis.
El que no guarda los mandamientos de Dios, le da la espalda al Señor. "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14: 15). "Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos" (1 Juan 5: 3). Los verdaderos hijos de Dios guardan los mandamientos de Dios no porque estén forzados a hacerlo, sino porque lo desean; no por temor a Dios, sino por amor a Dios.
7.
Cortaré a Israel.
Dios es santo, y el pecado no puede permanecer en su presencia. Cuando los hombres pecan, se separan de Dios y de la vida y las bendiciones. Mediante sus profetas, repetidas veces el Señor advirtió a Israel de las trágicas consecuencias de la transgresión, y sus solemnes amonestaciones parecen haberse multiplicado en los días finales de la historia de Israel y de Judá cuando la transgresión acarreó la condenación del pueblo (Isa. 1: 19-24, 28; Jer. 7: 9-15; Eze. 20: 7-24; Dan. 9: 9-17; Ose. 4: 1-9; Amós 2: 4-6; 4:1-12; Miq. 1: 3-5; Sof. 3: 1-8).
Por proverbio.
Ver Deut. 28: 37. Las desgracias y el vituperio que han caído sobre Israel durante siglos son un trágico cumplimiento de esta amonestación.
8.
En estima.
Heb. 'elyon, "lo más alto", "lo más encumbrado". Probablemente en el sentido de ser un ejemplo conspicuo. En siriaco y en árabe dice le 'iyin: "ruinas".
9.
Que había sacado.
La forma bondadosa en que Dios liberó a Israel de Egipto debería haber sido un poderosísimo motivo para que los israelitas se mantuvieran fieles a él. La ingratitud de Israel y su necedad al abandonar a un Dios tal y volverse a la adoración de ídolos, habían de ser reconocidas por el mundo como una causa justa para el castigo que cayó sobre este pueblo.
10.
Veinte años.
Estos 20 años comienzan con el 4.º año de Salomón (cap. 6: 1), cuando él principió a construir el templo. Incluyen los 7 años empleados en la obra del templo (cap. 6: 38) y los 13 años durante los cuales fue edificada su propia casa (cap. 7: 11).
11.
Oro.
El oro que Hiram dio a Salomón quizá no fue entregado en el tiempo cuando se construyó el templo, sino probablemente fueron los 120 talentos mencionados en el vers. 14. Después de 20 años de edificación, sin duda estaba muy agotada la tesorería de Salomón, y éste recurrió a Hiram, quien puede haber convenido en entregarle oro a cambio de algunas ciudades.
Salomón dio a Hiram.
Esas ciudades no se mencionan en el pacto hecho entre Salomón e Hiram, por el cual éste debía proporcionar madera y mano de obra para las tareas propias de la edificación del templo, y en cambio debía recibir ciertas cantidades de alimentos (1 Rey. 5: 5-11). Tampoco se dice nada en el convenio original de que Hiram daría oro a Salomón. Ciñéndose estrictamente al código mosaico, Salomón no tenía derecho a ceder esas ciudades (Lev. 25: 23). Pero así son las necesidades creadas por una política mundana: determinan que las disposiciones de la ley fácilmente sean puestas a un lado. 773
Galilea.
El nombre "Galilea" significa "círculo", y se refiere al distrito mencionado dos veces en el libro de Josué, en el cual estaba situada la ciudad de Cedes (Jos. 20: 7; 21: 32). La región estaba al noroeste del mar de Galilea. La porción oeste de este territorio estaba cerca de las fronteras de Tiro, por lo que se ajustaba bien a los propósitos tanto de Hiram como de Salomón. Parece que en el tiempo en que se hizo el pacto, esas ciudades estaban pobladas por habitantes oriundos del país y no por israelitas, pues sólo 20 años después de la devolución de esas ciudades a Salomón los israelitas volvieron a morar allí (2 Crón. 8: 2).
12.
No le gustaron.
Quizá Hiram había puesto sus ojos en la bahía de Aco o algunas otras tierras ricas en cereales, y quedó chasqueado cuando recibió un grupo de ciudades inferiores, tierra adentro. Parece que Hiram rehusó la dádiva de Salomón, y jamás tomó posesión de las ciudades.
13.
Tierra de Cabul.
Una ciudad llamada Cabul, a unos 14 km al sureste de Acre, se menciona en Jos. 19: 27, en el territorio de Aser. Pero el territorio de Cabul estaba en Galilea, en el territorio de Neftalí. Hiram, mediante un juego de palabras, manifestó su descontento con la dádiva de Salomón. No se conoce la etimología exacta ni el significado de la palabra "Cabul". Josefo afirma que la interpretación de la palabra, de acuerdo con el idioma fenicio, es "lo que no agrada" (Antigüedades viii. 5. 3). La palabra puede derivarse de la raíz aramea kbl: "ser árido". Una tradición rabínica pretende explicar el nombre como proveniente de una raíz que significa llengrillado" o "encadenado".
14.
Ciento veinte talentos de oro.
El ingreso anual de Salomón era de 666 talentos de oro (cap. 10: 14). De modo que la suma que recibió de Hiram sería aproximadamente un sexto de su renta anual. Es imposible fijar con exactittid el valor monetario del talento. Una estimación basada en las últimas informaciones (t. 1, págs. 176, 177) determinaría que el peso del talento es de 34,2 kg.
15.
Leva.
El resto de este capítulo consiste en breves notas históricas y explicativas, pero contiene algunos asuntos de gran valor. La leva a que aquí se hace referencia fue mencionada en el cap. 5: 13, 14. Este trabajo obligatorio se usó primero para la edificación del templo y después para el palacio y otras empresas.
Milo.
Se piensa que era una ciudadela o baluarte de Jerusalén. Puesto que David moraba en la "fortaleza" de la antigua ciudad jebusea capturada por él, y más tarde conocida como la "Ciudad de David" (2 Sam. 5: 7, 9; 1 Crón. 11: 5, 7), quizá Milo era un baluarte de la ciudad cuando fue tomada por David. Probablemente estaba en el extremo norte de la ciudad. David (2 Sam. 5: 9; 1 Crón. 11: 8) y Salomón (1 Rey. 9: 24; 11: 27) incrementaron las fortificaciones primitivas y más tarde Ezequías también hizo añadiduras (2 Crón. 32: 5). Otros han explicado que Milo era el terraplén de tierra entre los montes de Sion y Moriah.
El muro de Jerusalén.
David fortaleció y extendió mucho las murallas de la antigua ciudad jebusea, edificando "alrededor desde Milo hacia adentro" (2 Sam. 5: 9). Salomón efectuó más reparaciones y añadiduras con las que cerró ciertos puntos débiles de la defensa de la Ciudad de David (1 Rey. 11: 27).
Reyes posteriores continuaron con las reparaciones y añadiduras hasta que finalmente el muro corría cerca del valle de Hinom en el sur (Jer. 19: 2), incluyendo una doble muralla en el sureste cerca de los huertos del rey (2 Rey. 25: 4), una muralla fuera de la Ciudad de David por el este "al occidente de Gihón, en el valle" y el muro de "Ofel", que llegó a ser "muy alto" (2 Crón. 33: 14). La puerta en el ángulo noroeste era una puerta importante llamada "la puerta del Ángulo" (Jer. 31: 38). Una sección de esta muralla del lado norte, que tenía "desde la puerta de Efraín hasta la puerta de la esquina, cuatrocientos codos" (2 Rey. 14: 13), fue derribada por Joás de Israel durante el reinado de Amasías. Uzías reparó y fortificó el muro edificando torres "junto a la puerta del ángulo, y junto a la puerta del valle, y junto a las esquinas; y las fortificó" (2 Crón. 26: 9).
Hazor.
Esta era una importante ciudad del norte, en las tierras altas, cerca de las aguas de Merom. Había sido la ciudad de Jabín, jefe de la confederación del norte (Jos. 11: 1). Después de su gran victoria sobre esa confederación, Josué quemó la ciudad (Jos. 11: 13) y más tarde la asignó a Neftalí (Jos. 19: 36). En vista de la importancia de la ciudad, que dominaba una ruta vital para una invasión desde el norte, Hazor fue fortificada por Salomón. En los días de Peka fue capturada por Tiglat-pileser III (2 Rey. 15: 29). 774
Meguido.
Este era un baluarte importante de la parte meridional de la llanura de Esdraelón. Dominaba un paso entre las llanuras de Sarón y de Esdraelón. La ciudad se asignó a Manasés, pero esta tribu no pudo subyugar a los pobladores autóctonos (Jos. 17: 11-13). Se menciona en el relato de la batalla entre los reyes de Canaán y Débora y Barac (Juec. 5: 19). Fue a Meguido a donde huyó Ocozías cuando lo hirió Jehú, y allí murió (2 Rey. 9: 27). En Meguido murió también Josías cuando trataba de contener a las fuerzas de Necao de Egipto que iba rumbo al norte, hacia el Eufrates (2 Rey. 23: 29). Meguido ha sido completamente desenterrada. Entre las ruinas que se han excavado hay establos de piedra, con piso de cemento, para cerca de 500 caballos. Primero se supuso que eran del tiempo de Salomón, pero ahora se cree que eran los establos de Acab.
Gezer.
Era un importante pueblo cananeo, en un bastión que se extendía dentro de la planicie marítima, a 10 km al oeste de Ajalón, sobre el límite de Efraín (Jos. 16: 3). La ciudad fue asignada a los levitas (Jos. 21: 12), pero no fue tomada en el tiempo de la conquista (Juec. 1: 29) aunque fue tributario durante un tiempo (Jos. 16: 10). Ocupaba una posición estratégica en la llanura de Ajalón; un paso importante usado con frecuencia por los filisteos cuando entraban en las planicies centrales. Se menciona en varias ocasiones en relación con las batallas de David (2 Sam. 5: 25; 1 Crón. 14: 16; 20: 4).
16.
En dote.
Gezer fue tomada por Faraón y entregada como dote en ocasión del casamiento de su hija con Salomón. Se consignan obsequios de importantes territorios entregados como dote de bodas reales en el antiguo Oriente.
17.
Gezer.
Esta ciudad ha sido cuidadosamente desenterrada, y se ha confirmado plenamente el relato bíblico de su destrucción y reedificación por el año 1000 AC. Un interesante descubrimiento fue el de un túnel cavado en la roca que descendía por ella hasta una fuente en una cueva a 28,7 m por debajo de la superficie de la roca y a 36,6 m por debajo del actual nivel del terreno. También son notables las fortificaciones macizas de la ciudad, incluso torres, que más tarde fueron añadidas a los muros, posiblemente por Salomón.
La baja Bet-horón.
Había dos pueblos que se llamaban Bet-horón, ambos situados en un paso montañoso entre el valle de Ajalón y Gabaón, en la altiplanicie central. La ciudad baja está a 19,2 km al noroeste de Jerusalén. Ascendiendo por el paso 2,8 km, a 225 m por encima de la ciudad baja, está la alta Bethorón. Ambas ciudades fueron fortificadas por Salomón (2 Crón. 8: 5). Después de vencer a los amorreos en Gabaón, Josué los persiguió por este lugar (Jos. 10: 10, 11). Los filisteos subieron por este paso para combatir con Saúl (1 Sam. 13: 18), y también por este paso subió el general británico Allenby para combatir a los turcos en la Primera Guerra Mundial.
18.
Baalat.
Todavía no se ha identificado este pueblo. Está incluido con los pueblos de Ajalón y Ecrón en el límite de la planicie marítima, en el territorio originalmente asignado a Dan (Jos. 19: 42-44). Josefo lo ubica cerca de Gezer (Antigüedades viii. 6. 1).
Tadmor.
Heb. Tamor, Tadmor en un pasaje paralelo (2 Crón. 8: 4). Hay mucha incertidumbre en cuanto a la ciudad a que se refiere. Algunos la han identificado con Tamar, ciudad mencionada por Ezequiel, como si estuviera en el límite meridional de la nueva tierra de Israel (Eze. 47: 19; 48: 28). No se conoce la ubicación exacta de esta ciudad, pero se piensa que estaba al sur del mar Muerto. Por otro lado, hay una ciudad que se llama Tadmor, a 210,7 km al noreste de Damasco y a 179,2 km al oeste del Eufrates, en un oasis del desierto de Arabia. Las inscripciones de Tiglat-pileser I mencionan esta ciudad una cantidad de veces, como que hubiera estado en la tierra de Amurru (Siria). Muchos años más tarde Tadmor quedó bajo el dominio de los romanos, quienes la llamaron con su nombre griego, Palmira, y a esta ciudad se refiere josefo como a la "Tadmor del desierto" que construyó Salomón (Antigüedades viii. 6. 1 l). La palabra hebrea tamar quiere decir "palmera", significado que se preserva en el nombre posterior: Palmira.
Por regla general, los eruditos no creen que el reino de Salomón hubiera alcanzado fronteras tan dilatadas. Pero en relación con la edificación de "Tadmor en el desierto", Crónicas informa que Salomón fue contra "Hamat de Soba, y la tomó" (2 Crón. 8: 3, 4). Se ha pensado que este lugar es una zona que está a unos 100 km al norte de Damasco y a unos 160 km al oeste de Tadmor-Palmira, y su 775 mención indicaría una campaña en la cual los israelitas dominaron toda esta zona septentrional. En 1 Rey. 4: 24 se dice que el límite norte del reino de Salomón era Tifsa, una ciudad que se cree que estuvo en el Eufrates, a unos 160 km al norte de Tadmor. Todo esto parecería indicar que el reino de Salomón fue mucho más grande de lo que generalmente se ha admitido y que la "Tadmor en tierra del desierto" (1 Rey. 9: 18) bien podría haber sido la Tadmor-Palmira del desierto del norte de Arabia.
En tierra.
Una frase que quizá se ha añadido para indicar con orgullo que esta ciudad fronteriza estaba dentro de los límites del extenso dominio de Salomón.
19.
Quiso edificar.
En el orgullo de su ambición y prosperidad, Salomón emprendió varios extensos proyectos de construcciones. Una descripción de algunos de ellos se da en Ecl. 2: 4-10, lo que incluía casas, huertos, jardines, estanques de agua -"no negué a mis ojos ninguna cosa que desearan"-. Ansioso de sobrepasar las gloriosas realizaciones de todas las naciones que lo rodeaban, la ambición de Salomón lo llevó a ocuparse de empresas que estaban contra los propósitos del cielo y de los mejores intereses del Estado. Las pesadas cargas colocadas sobre el pueblo pronto se volvieron intolerables y lo indujeron al descontento, la amargura y finalmente a la revolución.
21.
Tributo.
"Leva" (BJ). Trabajo forzado, impuesto para realizar las vastas empresas de construcciones de Salomón. Poco después de la conquista, algunos de los habitantes de la tierra debían pagar tributo, lo que continuó mientras Israel fue fuerte (Juec. 1: 28). David había sometido a trabajos forzados a muchos de los habitantes oriundos del país (1 Crón. 22: 2).
22.
A ninguno de los hijos de Israel impuso Salomón servicio.
Esta exención no los liberó de ciertas clases de trabajo forzado. Salomón reclutó a 30.000 hombres "en todo Israel" (cap. 5: 13, 14). Aunque se hicieron esfuerzos para que este servicio fuera lo más llevadero, se produjo un vivo resentimiento que fue una de las principales acusaciones contra el trono en el tiempo de la muerte de Salomón (cap. 12: 4), y dio como resultado el apedreamiento de Adoram, que estaba a cargo de la leva (cap. 12: 18).
Hombres de guerra.
Sin embargo, en líneas generales se hizo el esfuerzo para tratar a los hijos de Israel como a una raza superior y dominante. Fueron elegidos para ser los guerreros del rey y cortesanos, directores de las diversas empresas y comandantes de sus carros y jinetes. Pero a medida que crecía el poder absoluto del rey, se convertía cada vez más en un déspota opresor y endurecido. Sus favoritos se volvieron arrogantes y vanidosos, y la condición de los menos favorecidos se convirtió tal vez en una servidumbre real, aunque no lo fuera de nombre. Como resultado, el descontento se ahondó y difundió.
23.
Jefes.
Puesto que Salomón tenía 3.300 "principales oficiales" (ver com. cap. 5: 16), los 550 jefes mencionados aquí tienen que haber sido de una categoría superior. En 2 Crón. 8: 10 se dice que los "gobernadores principales" de Salomón eran 250 y que sus "capataces" en total eran 3.600 (2 Crón. 2: 18). De modo que Reyes y Crónicas concuerdan en el número total de esos funcionarios, pero varían en cuanto al número que había en cada una de las dos categorías.
24.
A su casa.
En 2 Crón. 8: 11 se da la razón de este traslado: "Porque aquellas habitaciones donde ha estado el arca de Jehová son sagradas". Puesto que se había llevado el arca a la Ciudad de David (2 Sam. 6: 12), es evidente que Salomón consideraba como sagrada toda la zona y que no era adecuada para que fuera la morada de su esposa extranjera. Se ha sugerido que esta nueva residencia real quizá estuvo en el monte al oeste de la zona del templo y que entre ellas estaba el valle Tiropeón.
25.
Tres veces cada año.
La fiesta de los panes sin levadura, la fiesta de las semanas y la fiesta de los tabernáculos (2 Crón. 8: 13), las tres importantes fiestas anuales a las que debían asistir en Jerusalén todos los hebreos varones del país (Exo. 23: 14-17; Deut. 16: 16).
Ofrecía Salomón.
Algunos han supuesto que este versículo indica que Salomón oficiaba como sacerdote tres veces al año cuando ofrecía sacrificios y quemaba incienso; pero no hay nada en la Biblia que justifique esta opinión. Del hombre que traía un sacrificio se dice que lo ofrecía (Lev. 2: 1; 3: 1, 3, 7, 9, 14). En relación con los sacrificios ofrecidos después de la dedicación del templo, se añade que "los sacerdotes desempeñaban su ministerio" (2 Crón. 7: 5, 6). En tales ceremonias quizá Salomón no fue más allá que cualquiera 776 del pueblo común al ofrecer incienso o sacrificio, permitiendo que los sacerdotes realizaran las funciones que les eran privativas (Lev. 1:7, 8, 11; 2: 2, 9, 16; 3: 11, 16; 10: 1, 2; Núm.16:1-7, 17-40; etc.).
26.
Ezión-geber.
Este lugar, situado en el extremo norte del golfo de Akaba, era un puerto marítimo de Edom en uno de los brazos del golfo Arábigo. Los israelitas acamparon cerca de allí en sus andanzas por el desierto (Núm. 33: 35; Deut. 2: 8). El sitio que ahora se halla a unos 450 m del mar era Ezión- geber o un suburbio y centro comercial relacionado con él. Se desenterró un edificio que primero se identificó como una fundición pero después como un depósito fortificado. En ese sitio también se encontraron varios artefactos de cobre (ver com. Deut. 8: 9). Es indudable que Salomón dominaba la ruta comercial terrestre de Palestina a Arabia y la ruta marítima a Ofir. El anhelo de dominar esas rutas quizá fue una de las causas principales de contiendas entre Israel y Edom. Saúl luchó contra Edom (1 Sam. 14: 47) y David ubicó allí guarniciones (2 Sam. 8: 14; 1 Crón. 18: 13). "Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber" (1 Rey. 22: 48). En los días de Joram, Edom se sublevó contra Judá y tuvo su propio rey (2 Rey. 8: 20). Amasías luchó con éxito contra Edom (2 Rey. 14: 7), y su hijo Azarías reedificó "a Elat, y la restituyó a Judá" (2 Rey. 14: 22).
Elot.
A veces se escribe Elat. Un lugar del golfo de Akaba cerca de Ezión-geber. El nombre sobrevive en Eilat, ciudad moderna cercana a este lugar.
27.
Envió Hiram.
Los hebreos no eran un pueblo de navegantes marítimos. Por eso Salomón empleó marineros fenicios, así como los egipcios empleaban marineros de Biblos en sus diversas empresas comerciales en la zona del mar Rojo.
28.
Ofír.
Hoy se tiene por segura la identificación de Ofir con Punt. Se ubica aproximadamente a Punt en lo que ahora se conoce como Somalia, en la costa noreste del Africa. Además de oro, también se traían de allí madera de sándalo y piedras preciosas (cap. 10: 11), y también probablemente plata, marfil, monos y pavos reales (cap. 10: 22). Hay un registro de que la reina egipcia Hatshepsut envió una expedición a Punt para traer árboles de mirra para su templo. Los navíos de la reina egipcia también trajeron de allí ébano, marfil, oro, canela, pieles de panteras, monos y mandriles.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
2 PR 55
15-19 PR 52
16 PR 37
26, 28 FE 501; PR 52


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 10       AUDIO
1 La reina de Sabá admira la sabiduría de Salomón. 14 El oro de Salomón. 16 Sus escudos de oro. 18 El trono de marfil. 2l Sus vasos. 24 Sus presentes. 26 Sus carros y caballos. 28 Su tributo.

1 OYENDO la reina de Sabá la fama que Salomón había alcanzado por el nombre de Jehová, vino a probarle con preguntas difíciles.
2 Y vino a Jerusalén con un séquito muy grande, con camellos cargados de especias, y oro en gran abundancia, y piedras preciosas; y cuando vino a Salomón, le expuso todo lo que en su corazón tenía.
3 Y Salomón le contestó todas sus preguntas, y nada hubo que el rey no le contestase.
4 Y cuando la reina de Sabá vio toda la sabiduría de Salomón, y la casa que había edificado,
5 asimismo la comida de su mesa, las habitaciones de sus oficiales, el estado y los vestidos de los que le servían, sus maestresalas, y sus holocaustos que ofrecía en la casa de Jehová, se quedó asombrada.
6 Y dijo al rey: Verdad es lo que oí en mi tierra de tus cosas y de tu sabiduría; 777
7 pero yo no lo creía, hasta que he venido, y mis ojos han visto que ni aun se me dijo la mitad; es mayor tu sabiduría y bien, que la fama que yo había oído.
8 Bienaventurados tus hombres, dichosos estos tus siervos, que están continuamente delante de ti, y oyen tu sabiduría.
9 Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia.
10 Y dio ella al rey ciento veinte talentos de oro, y mucha especiería, y piedras preciosas; nunca vino tan gran cantidad de especias, como la reina de Sabá dio al rey Salomón.
11 La flota de Hiram que había traído el oro de Ofir, traía también de Ofir mucha madera de sándalo, y piedras preciosas.
12 Y de la madera de sándalo hizo el rey balaustres para la casa de Jehová y para las casas reales, arpas también y salterios para los cantores; nunca vino semejante madera de sándalo, ni se ha visto hasta hoy.
13 Y el rey Salomón dio a la reina de Sabá todo lo que ella quiso, y todo lo que pidió, además de lo que Salomón le dio. Y ella se volvió, y se fue a su tierra con sus criados.
14 El peso del oro que Salomón tenía de renta cada año, era seiscientos sesenta y seis talentos de oro;
15 sin lo de los mercaderes, y lo de la contratación de especias, y lo de todos los reyes de Arabia, y de los principales de la tierra.
16 Hizo también el rey Salomón doscientos escudos grandes de oro batido; seiscientos siclos de oro gastó en cada escudo.
17 Asimismo hizo trescientos escudos de oro batido, en cada uno de los cuales gastó tres libras de oro; y el rey los puso en la casa del bosque del Líbano.
18 Hizo también el rey un gran trono de marfil, el cual cubrió de oro purísimo.
19 Seis gradas tenía el trono, y la parte alta era redonda por el respaldo; y a uno y otro lado tenía brazos cerca del asiento, junto a los cuales estaban colocados dos leones.
20 Estaban también doce leones puestos allí sobre las seis gradas, de un lado y de otro; en ningún otro reino se había hecho trono semejante.
21 Y todos los vasos de beber del rey Salomón eran de oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en tiempo de Salomón no era apreciada.
22 Porque el rey tenía en el mar una flota de naves de Tarsis, con la flota de Hiram. Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro, plata, marfil, monos y pavos reales.
23 Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.
24 Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios había puesto en su corazón.
25 Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas, caballos y mulos.
26 Y juntó Salomón carros y gente de a caballo; y tenía mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes, los cuales puso en las ciudades de los carros, y con el rey en Jerusalén.
27 E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser como piedras, y los cedros como cabrahigos de la Sefela en abundancia.
28 Y traían de Egipto caballos y lienzos a Salomón; porque la compañía de los mercaderes del rey compraba caballos y lienzos.
29 Y venía y salía de Egipto, el carro por seiscientas piezas de plata, y el caballo por ciento cincuenta; y así los adquirían por mano de ellos todos los reyes de los heteos, y de Siria.
1.
La reina de Sabá.
Ha habido opiniones muy dispares en cuanto al país donde gobernaba esta reina. Se ha supuesto que ese país podría haber estado en Arabia o Etiopía. La expresión "reina del Sur", aplicada a la reina de Sabá en Mat. 12: 42, podría corresponder igualmente bien con una reina de Arabia o de Etiopía. Los resultados de algunas investigaciones arqueológicas de la Arabia meridional tienden a identificar a la reina con ese territorio, y su capital con Marib, en el Yemen. La Sabá arábiga era un país que producía bastantes especias, y muchos se han inclinado a creer que ése fue el país de Sabá cuya reina visitó a Salomón (ver t. I, págs. 138, 286, 287).
2.
Especias.
Las especias de Arabia han sido famosas por mucho tiempo. En Eze. 27: 22 se menciona a Sabá cuando comerciaba 778 con Tiro empleando "especiería", piedras preciosas y oro.
3.
Todas sus preguntas.
Sin duda preguntas que atañían a diversos aspectos del saber. A esas preguntas Salomón dio respuestas útiles e inteligentes que orientaron a la reina hacia la verdadera fuente de la sabiduría y prosperidad del rey.
5.
Holocaustos.
Quizá presenció la reina alguno de estos sacrificios en los que se empleaba un número prodigioso de animales.
9.
Jehová . . . sea bendito.
Después de que la reina de Sabá fue testigo de la sabiduría y de las obras de Salomón, contestó no con palabras que mostraran un mero aprecio formal por la hospitalidad que se le había ofrecido, sino con expresiones que revelaban que había quedado profundamente conmovida. En su respuesta tan sólo se refirió superficialmente a toda la magnificencia externa y a la evidencia de prosperidad mundanal, y puso énfasis principalmente en ensalzar al Dios de Salomón que le había dado sabiduría, prosperidad y una fama que se había difundido por todo el mundo. En vez de ensalzar al instrumento humano, con justicia dio la gloria a Dios. Su visita puede haber significado su conversión. Hay razones para creer que la reina estará entre los redimidos en el reino de Dios (Mat. 12: 42). El propósito divino era que muchas conversiones tales resultaran del proceder de Israel entre los pueblos de la tierra. De aquí y de allá, por todas las naciones, la gente iría a Israel para conocer al Dios de los israelitas. Así debía esparcirse la luz entre todas las naciones.
10.
Dio ella.
Los bienes materiales que la reina de Sabá dio a Salomón fueron una recompensa pequeña por los bienes espirituales que ella había recibido. Dio oro, piedras preciosas y fragantes especias, pero en cambio recibió tesoros celestiales que sobrepujan el valor humano.
11.
Oro de Ofir.
En el pasaje del cap. 9: 28 se menciona que se traía oro de Ofir, y en el cap. 10: 1-10 se narra la visita de la reina de Sabá. Ahora, en el vers. 11, otra vez se habla del oro de Ofir. Probablemente este orden de la presentación tiene algún significado. El mismo orden se encuentra en 2 Crón. 8: 18; 9: 1-10. Parece que hubiera alguna relación entre el oro de Ofir traído por los siervos de Hiram y de Salomón y el oro traído por la reina de Sabá. Probablemente el comercio de Salomón con Ofir hizo que la reina supiera de la sabiduría y riqueza del rey de Israel, y como resultado hizo su visita a Jerusalén.
12.
Balaustres.
Heb. mis'ad, literalmente "soportes". En el pasaje paralelo de 2 Crón. 9: 11 se usa la palabra hebrea mesilloth, traducida como "gradas" en la RVR y "entarimados" en la BJ. La palabra mesilloth se traduce "camino" en Juec. 20: 31; 1 Sam. 6: 12; Isa. 40: 3. Este significado no corresponde con 2 Crón. 9: 11, por lo que es probable que esa palabra corresponda allí con el vocablo mis'ad, como en Reyes.
13.
Todo lo que ella quiso.
La costumbre oriental era no sólo desear regalos, sino pedirlos. Las Cartas de Amarna dicen mucho en cuanto a intercambio de regalos entre las casas reales, y se mencionan allí muchos pedidos de regalos, tales como marfil, ébano, carros, caballos y oro. Salomón no sólo recibió sino que también dio. La reina de Sabá volvió con más de lo que había dado, pues además de los regalos materiales, volvió con algo que es de valor infinito: un conocimiento del verdadero Dios.
14.
El peso del oro.
La suma que se presenta como el ingreso anual de Salomón, 666 talentos de oro, es una cifra enorme. Si se computa el talento a 34,2 kg, sería tan total de 22.777 kg de oro por año. Esto es más que el ingreso que recibía Persia de sus 20 satrapías, que llegaba a 14.560 talentos de plata al año. Sin embargo, debe advertirse que estas cifras nada nos dicen en cuanto al verdadero valor adquisitivo que ese ingreso representaba en los tiempos antiguos.
15.
Mercaderes.
El ingreso de Salomón no sólo consistía en los impuestos directos procedentes de los Estados tributarios y en los impuestos que pagaban sus súbditos, sino también en las grandes ganancias de sus vastas empresas comerciales y en tributos impuestos al Comercio internacional.
16.
Escudos grandes.
O broqueles que cubrían el largo del cuerpo. Los que mandó hacer el rey Salomón pueden haber servido para exhibirlos o tal vez para su guardia personal. En los países del Cercano Oriente se usaba el oro con profusión, como puede verse por los carros dorados y los ataúdes de Egipto.
17.
Escudos de oro batido.
Más pequeños que los del vers. 16, y eran probablemente redondos. Puesto que había 200 escudos 779 grandes y 300 más pequeños, en total serían 500. La guardia personal de David constaba de 600 hombres (2 Sam. 15: 18). Quizá la de Salomón constaba de 500 que usaban los escudos de oro para algunas ceremonias, y en otras oportunidades para adornar las paredes de la imponente "casa del bosque del Líbano". Habrá sido todo un espectáculo ver un cuerpo de soldados provistos con escudos de oro resplandeciente y marchando delante de su rey.
18.
Trono de marfil.
Quizá el trono mismo era de madera, y el marfil -reducido a delgadas planchas, y cincelado siguiendo diseños ornamentales con incrustaciones de oro- era aplicado por afuera como una placa exterior. En Palestina -tanto en Samaria como en Meguido- se han encontrado notables ejemplares de esta clase de trabajo. Quizá en los "palacios de marfil" de Sal. 45: 8 y en las "casas de marfil" de Amós 3: 15 se empleaban las mismas clases de ornamentos.
19.
Seis gradas.
Sin duda el trono mismo estaba en una plataforma alta a la que se subía por seis gradas, evidentemente para hacerlo resaltar desde una posición dominante.
La parte alta era redonda por el respaldo.
Redondo, Heb. 'agol, voz que se confunde fácilmente con 'égel, becerro; en tal caso se traduciría "una cabeza de becerro en el respaldo". La LXX dice: "Y becerros en alto relieve detrás del trono", lo que muestra que los traductores confundieron ambos términos.
20.
Doce leones.
Por lo general, las entradas a los palacios asirios estaban adornadas con grandes toros alados a cada lado de la entrada. En otros países ese adorno consistía en leones. En el caso del trono de Salomón, había un león a cada lado de cada una de las seis gradas lo que daba un aspecto imponente al conjunto. Quizá los 12 leones eran emblemas de las 12 tribus.
En ningún otro.
La gran altura indicada por las seis gradas, la doble hilera de leones a los costados y el profuso empleo de marfil y oro deben haber dado como resultado un trono de grandeza sin par.
21.
Vasos de beber.
Copas, tazones y platos de oro no eran raros en las cortes del Cercano Oriente. Sin embargo, un sorbo de agua es tan dulce y refrescante si se lo toma de un vaso de barro como de un vaso de oro ricamente cincelado.
De plata.
Según el vers. 27, Salomón hizo que "la plata llegara a ser como piedras". Era tan abundante, que para una corte tan esplendorosa como la de Salomón no se usaba plata ni aun para los utensilios más comunes.
22.
Tarsis.
En cuanto a este nombre y su presencia en la enumeración de los descendientes de Javán, y su aplicación a Tartesos en España, ver com. Gén. 10: 4. Tal vez Tartesos era el lugar hacia el cual pretendió viajar Jonás saliendo de Jope (Jon. 1: 3). Sin embargo, Tarsis -que significa "lugar de fundición"- tal vez era el nombre de varios lugares que podían estar en Cerdeña o Túnez, que proporcionaban metales a los navíos tirios (Isa. 23: 1, 6, 14; Eze. 27: 12, 25).
Las "naves de Tarsis", que antes se creía que eran navíos suficientemente grandes como para navegar hasta España, se interpretan ahora como una "flota de la refinería". La flota de Salomón no podía ir de Ezión-geber al Mediterráneo, pero tal vez sí a Ofir (ver com. cap. 9: 26-28).
Una vez cada tres años.
Estas "naves de Tarsis", que operaban con la ayuda de Hiram de Tiro, parecen haber tenido su base en Ezión-geber (cap. 9: 26). De allí podrían haber viajado a lejanos puertos del Africa, la India, quizá aun de la China. Así resultaría razonable un viaje de tres años con frecuentes escalas en diversos puertos. Sin embargo, se afirma explícitamente que los barcos de Salomón iban a Tarsis (2 Crón. 9: 2 l); Josafat y Ocozías construyeron naves en "Ezión-geber" para "que fuesen a Tarsis" (2 Crón. 20: 36).
Puesto que una flota que saliera de Ezióngeber, en el golfo de Akaba, difícilmente podía haber ido a España, y siendo que el cargamento incluía "monos y pavos reales", algunos han sostenido que era una Tarsis del Africa, quizá en Ofir o Punt, en Somalia.
23.
Excedía . . . a todos los reyes.
Esto concordaba con la promesa de Dios a Salomón (1 Rey. 3: 13) y a Israel, bajo la condición de su fidelidad (Deut. 28: 1, 13). En el tiempo de Salomón estaban en decadencia algunos imperios como Asiria, Babilonia y Egipto, de modo que fue literalmente cierto que el reino de Salomón ocuparía el primer lugar en sabiduría, riqueza y esplendor.
24.
La tierra procuraba.
El propósito de Dios era que Israel fuera exaltado "sobre todas las naciones de la tierra" y que estuviera "encima solamente, y no... debajo" (Deut. 28:1, 13); 780 pero el hijo de Dios debe buscar primero el reino de Dios (Mat. 6: 33; Luc. 12: 31). La sabiduría más excelsa del mundo es la de Dios, y es el fundamento de toda otra sabiduría; es el secreto para hallar las mayores bendiciones y los mayores tesoros de la tierra. El propósito de Dios se cumplía en el encumbramiento de Israel. Las naciones que procuraban ver a Salomón debían oír del Dios de Salomón y recibir una invitación para aceptar la religión de Jehová. Esas relaciones y una actividad misionera agresiva debían evangelizar gradualmente al mundo.
Que Dios había puesto.
La sabiduría de Salomón, que toda la tierra acudía para oír, provenía de Dios y conducía a Dios. En esta sabiduría más elevada radicaba el secreto de la verdadera fortaleza y gloria del reino de Israel.
25.
Sus presentes.
Este versículo indica claramente la naturaleza del extenso reino de Salomón. Consistía en un grupo de Estados tributarios, unidos, pero sin cohesión, que rendían vasallaje al reino predominante de Israel y le pagaban tributo. Tal era la naturaleza de muchos imperios orientales antiguos. Muchos de los Estados que pagaban tributo a Israel sin duda habían pagado tributo a otras grandes naciones vecinas.
26.
Carros y gente de a caballo.
Ver com. cap. 4: 26. La reunión de carros y gente de a caballo es una señal de un triunfo bélico y la extensión del imperio por la fuerza. La acumulación de caballos violaba expresamente el propósito de Dios, quien ordenó que el futuro rey de Israel no debía aumentar "para sí caballos" (Deut. 17: 16). Las ganancias obtenidas de esa manera a la larga tan sólo resultarían pérdidas. Salomón no se dio cuenta de esto. Ya se hallaba en una encrucijada vital del camino. Delante de él estaba la senda de la obediencia, que conduciría a una paz y a una gloria permanentes, y el sendero de la desobediencia, que llevaría a las dificultades, la opresión y la vergüenza.
Ciudades de los carros.
Quizá estas ciudades eran a manera de puestos militares para mantener en sujeción a los pueblos. Se han desenterrado establos en Meguido, que casi seguramente eran de Acab (ver com. cap. 9: 15).
27.
Como piedras.
Abundaban la plata y los cedros, pero era escasa la piedad. Los que multiplican el oro, multiplican los dolores y las dificultades. Los que multiplican el verdadero amor tienen riquezas de paz y contentamiento que jamás puede comprar ninguna cantidad de oro (Prov. 16: 8, 16).
28.
Lienzos.
Heb. miqweh. Palabra traducida de diversas maneras: como "reunión" (Gén. l: 10), "estanques" (Exo. 7: 19), "donde se recogen" (Lev. 11: 36), "esperanza" (Esd. 10: 2; Jer. 14: 8; 17: 13; 50: 7). Aquí se sabe definidamente que es un nombre propio, y por lo tanto se debería transliterar en vez de traducir. Por ejemplo, la LXX da miqweh como "de Thekoue". La Vulgata dice "de Coa", que se ha identificado con un antiguo nombre de Cilicia. Además se ha sugerido que la palabra hebrea mitsrayim, "Egipto", debería leerse mutsri, "Musri", conocida más tarde como Capadocia, región próxima a Cilicia, en Anatolia (Asia Menor). Coa (Kue) y Musri aparecen juntas en la famosa inscripción del monolito de Salmanasar III, y por separado, en otros documentos asirios. En las Cartas de Amarna y en diversos textos asirios se menciona a Musri por sus famosos criaderos de caballos. Los hititas hasta habían publicado un texto sobre este tema. El conocimiento de la forma de criar caballos se propagó desde Anatolia a Siria, donde sin tratado ugarítico de veterinaria, del siglo XIV, trata del asunto.
Por lo tanto, el vers. 28 podría traducirse: "Y la exportación de caballos de Salomón [procedía] de Musri [Capadocia] y de Kue [Cilicia]; los mercaderes del rey los conseguían de Kue a un precio".
El vers. 28 aparece así en la BJ: "Los caballos de Salomón procedían de Musur [Capadocia] y de Cilicia". La nota de pie de página añade: "de Egipto". Se advertirá que no figura la palabra "lienzos" y que la traducción de la BJ, en su esencia, concuerda con la del párrafo anterior.
Hasta donde sepamos, los egipcios no criaban caballos para exportar. Sin embargo, parece haber un consenso general de que mitsrayim, Egipto, es lo que realmente dice en el vers. 29 (ver com. Gén. 10: 6). Egipto fue importante por exportar carros pero no caballos. De manera que, como una de sus empresas comerciales, pareciera que Salomón sacaba buen provecho con su negocio de caballos de Cilicia y carros de Egipto.
El comercio es una ocupación honorable y proporciona muchas ganancias justas y que valen la pena; pero también ocasiona muchas 781 tentaciones y, con frecuiencia, significa un camino rápido a la ruina. Cuanto más se interesaban los hijos de Israel en ganancias mundanales, tanto más se apartaban de Dios. La ambición ocupó el lugar de la misericordia, y se prestó atención a intereses egoístas antes que a los intereses de todos. La nación no podía perdurar sobre ese fundamento. La gente imitó al rey descendiendo por una senda de egoísmo e insensatez, y aunque con frecuencia fue reprochada por los profetas, persistió en una conducta que sólo podía terminar en la ruina.
29.
Heteos.
"Hititas" (BJ). En el tiempo de Salomón, el que una vez había sido el gran imperio hitita se había desintegrado y solo quedaban fragmentos: una cantidad de pequeños Estados hititas (o heteos) en el norte de Siria. Tanto los hititas como los egipcios usaban con profusión caballos y carros, por lo que había un activo intercambio de carros egipcios y caballos de Anatolia. Salomón estaba ventajosamente ubicado para servir como intermediario en este comercio internacional. En cuanto al interés de los habitantes de Anatolia en criar y preparar caballos, ver com. vers. 28. Existen registros de tributos pagados por los egipcios, en caballos, a Sargón y a Asurbanipal.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1, 2 PR 48
3-9 PR 49
11 Ed 45; PR 52; 7T 217
22 Ed 45; 7T 217
26 PR 40


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 11      AUDIO
1 Las mujeres y concubinas de Salomón. 4 Lo inducen a idolatría en su edad avanzada. 9 Dios lo amenaza. 14 Los adversarios de Salomón eran Hadad, quien es recibido en Egipto, 23 Rezón, quien reinaba en Damasco, 26 y Jeroboam, contra quien profetizó Ahías. 41 Las obras de Salomón, su reinado y su muerte: Roboam asciende al trono.

1 PERO el rey Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras; a las de Moab, a las de Amón, a las de Edom, a las de Sidón, y a las heteas;
2 gentes de las cuales Jehová había dicho a los hijos de Israel: No os llegaréis a ellas, ni ellas se llegarán a vosotros; porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses. A éstas, pues, se juntó Salomón con amor.
3 Y tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas; y sus mujeres desviaron su corazón.
4 Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.
5 Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable de los amonitas.
6 E hizo Salomón lo malo ante los ojos de Jehová, y no siguió cumplidamente a Jehová como David su padre.
7 Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemos, ídolo abominable de Moab, en el monte que está enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de los hijos de Amón.
8 Así hizo para todas sus mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
9 Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces,
10 y le había mandado acerca de esto, que no siguiese a dioses ajenos; mas él no guardó lo que le mandó Jehová.
11 Y dijo Jehová a Salomón: Por cuanto ha habido esto en ti, y no has guardado mi pacto y mis estatutos que yo te mandé, romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo.
12 Sin embargo, no lo haré en tus días, por 782 amor a David tu padre; lo romperé de la mano de tu hijo.
13 Pero no romperé todo el reino, sino que daré una tribu a tu hijo, por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, la cual yo he elegido.
14 Y Jehová suscitó un adversario a Salomón: Hadad edomita, de sangre real, el cual estaba en Edom.
15 Porque cuando David estaba en Edom, y subió Joab el general del ejército a enterrar los muertos, y mató a todos los varones de Edom
16 (porque seis meses habitó allí Joab, y todo Israel, hasta que hubo acabado con todo el sexo masculino en Edom),
17 Hadad huyó, y con él algunos varones edomitas de los siervos de su padre, y se fue a Egipto; era entonces Hadad muchacho pequeño.
18 Y se levantaron de Madián, y vinieron a Parán; y tomando consigo hombres de Parán, vinieron a Egipto, a Faraón rey de Egipto, el cual les dio casa y les señaló alimentos, y aun les dio tierra.
19 Y halló Hadad gran favor delante de Faraón, el cual le dio por mujer la hermana de su esposa, la hermana de la reina Tahpenes.
20 Y la hermana de Tahpenes le dio a luz su hijo Genubat, al cual destetó Tahpenes en casa de Faraón; y estaba Genubat en casa de Faraón entre los hijos de Faraón.
21 Y oyendo Hadad en Egipto que David había dormido con sus padres, y que era muerto Joab general del ejército, Hadad dijo a Faraón: Déjame ir a mi tierra.
22 Faraón le respondió: ¿Por qué? ¿Qué te falta conmigo, que procuras irte a tu tierra? Él respondió: Nada; con todo, te ruego que me dejes ir.
23 Dios también levantó por adversario contra Salomón a Rezón hijo de Eliada, el cual había huido de su amo Hadad-ezer, rey de Soba.
24 Y había juntado gente contra él, y se había hecho capitán de una compañía, cuando David deshizo a los de Soba. Después fueron a Damasco y habitaron allí, y le hicieron rey en Damasco.
25 Y fue adversario de Israel todos los días de Salomón; y fue otro mal con el de Hadad, porque aborreció a Israel, y reinó sobre Siria.
26 También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey.
27 La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre.
28 Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José.
29 Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo.
30 Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos,
31 y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus;
32 y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel;
33 por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre.
34 Pero no quitaré nada del reino de sus manos, sino que lo retendré por rey todos los días de su vida, por amor a David mi siervo, al cual yo elegí, y quien guardó mis mandamientos y mis estatutos.
35 Pero quitaré el reino de la mano de su hijo, y lo daré a ti, las diez tribus.
36 Y a su hijo daré una tribu, para que mi siervo David tenga lámpara todos los días delante de mí en Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre.
37 Yo, pues, te tomaré a ti, y tú reinarás en todas las cosas que deseare tu alma, y serás rey sobre Israel.
38 Y si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieras en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo y te edificaré casa firme, como la edifiqué a 783 David, y yo te entregaré a Israel.
39 Y yo afligiré a la descendencia de David a causa de esto, mas no para siempre.
40 Por esto Salomón procuró matar a Jeroboam, pero Jeroboam se levantó y huyó a Egipto, a Sisac rey de Egipto, y estuvo en Egipto hasta la muerte de Salomón.
41 Los demás hechos de Salomón, y todo lo que hizo, y su sabiduría, ¿no está escrito
en el libro de los hechos de Salomón?
42 Los días que Salomón reinó en Jerusalén sobre todo Israel fueron cuarenta años.
43 Y durmió Salomón con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de su padre David; y reinó en su lugar Roboam su hijo.
l.
Muchas mujeres extranjeras.
Hasta aquí, en la descripción de la riqueza y la gloria de Salomón, han aparecido muchas indicaciones de debilidad moral. La excesiva acumulación de plata y oro y la multiplicación de caballos eran una violación de las amonestaciones dadas por Moisés (Deut. 17: 16, 17). Estas faltas de Salomón no se han mencionado específicamente como tales. Sencillamente se presentan los hechos como hechos a fin de que el lector los interprete como pruebas de éxito y gloria, o como advertencias de dificultades venideras. Pero en lo que atañe a la multiplicidad de esposas, los excesos de Salomón fueron tan resaltantes que se llama específicamente la atención a estos descarríos del monarca. Moisés menciona la poligamia en el mismo contexto de la acumulación de caballos y plata y oro (Deut. 17: 16, 17). Aunque la defección de Salomón claramente se atribuye a las "mujeres extranjeras", no se debe pasar por alto el papel desempeñado por otros factores que provocaron su caída.
2.
De las cuales.
El Señor había dado instrucciones explícitas para que no se establecieran vínculos matrimoniales con los pueblos de la tierra (Exo. 34: 11-16; Deut. 7: 1-4). Salomón, que debiera haber dado el mejor ejemplo de obediencia a esta orden y que tendría que haber hecho respetar la ley, se convirtió en su más descarado infractor. Un hombre que había sido el más sabio de todos, llegó a ser también el más necio. Nunca hay sabiduría al ir en contra de una orden explícita del Señor.
3.
Desviaron su corazón.
Esto es exactamente lo que había dicho el Señor que resultaría por las uniones matrimoniales con extranjeros (Exo. 34: 16; Deut. 7: 4). Salomón conocía esta instrucción y no había excusa para la violación de ese explícito mandato.
4.
No era perfecto.
Fue una lástima que un hombre que había comenzado tan bien en su juventud diera un espectáculo tan triste en sus últimos años. El que había sido amo de hombres, ahora se convertía en esclavo de sus propias pasiones. Sin duda Salomón conservó las formas externas de su religión, pero estaba lejos de ser perfecto a la vista de Dios.
5.
Astoret.
"Astarté" (BJ). La diosa del amor y de la fertilidad, cuyo culto se caracterizaba por expresiones de sensualidad e impureza.
Milcom.
Dios principal de los amonitas.
Abominable.
El culto de esos dioses de la región implicaba ritos demasiado horribles para ser mencionados. Tan monstruosos eran los crímenes cometidos en honor de esos dioses, que el Señor ordenó que los pueblos oriundos de Canaán -que rendían culto a esas deidades- fueran destruidos completamente (Deut. 7: 2-5).
7.
Un lugar alto.
No sólo permitió Salomón que su corazón fuera descarriado yendo en pos de esos dioses paganos, sino que llegó al punto de establecer centros para su culto. Cegado por la belleza de sus esposas paganas, fue inducido a unirse con ellas en el culto de sus ídolos.
El monte.
El monte de los Olivos, donde se levantaron muchos y bellos edificios como santuarios idolátricos (PR 40).
Moloc.
Probablemente en este versículo debe ser "Milcom", que aparece en el vers. 5 como "idolo abominable de los amonitas". Al eliminarse la m final se podría cambiar Milcom en Moloc. Son nombres casi idénticos (mlkm y mlk) en la escritura hebrea son vocales, puesto que los puntos que indican vocales se añadieron mucho después de los tiempos bíblicos. Hay otra razón para relacionar el lugar alto del Milcom de este versículo con el lugar alto de Quemos que estaba "delante" (al este) de Jerusalén. Allí era donde estaba Milcom, mientras que el lugar de los sacrificios humanos a Moloc estaba en el valle de Hinom (2 Rey. 23: 13, 10).
9.
Se enojó.
El joven que comenzó la vida en forma tan promisoria, a quien el Señor había 784 favorecido tanto y a quien había honrado con manifestaciones de su presencia, se descarrió tanto en su vida posterior que el Señor se enojó con él y le retiró su bendición.
11.
Romperé de ti el reino.
Salomón había pecado gravemente, pero Dios se dignó hablarle. El mensaje fue diferente del que recibió en los días de su juventud e inocencia. Entonces el Señor se le apareció con una promesa de bendición; esta vez fue con una severa advertencia de los males que debía acarrear esa desobediencia. Perdería el reino que había sido dado a su padre.
12.
Por amor a David.
El Señor recuerda a los suyos, y por amor a ellos extiende su misericordia a algunos cuya vergonzosa conducta no la merece. Dios es "misericordioso y clemente; . . . lento para la ira, y grande en misericordia" (Sal. 103: 8). En la ira se acuerda de la misericordia. Por amor a David fue postergado el castigo.
13.
Una tribu.
A no ser por David todo el reino hubiera sido quitado del hijo de Salomón. Tal como fueron las cosas, sólo la tribu de Judá (cap. 12: 20) quedó para la casa de David. Benjamín y Leví (2 Crón. 11: 12, 13) debían estar con Judá, y se incluyeron con esta tribu para formar una nación.
14.
Un adversario.
El autor de Reyes presenta ahora las diversas dificultades del reinado de Salomón. No se debe pensar que fueron reservadas únicamente para los últimos años de su vida, pues a medida que Salomón se hundía en el pecado aumentaban sus dificultades. La presencia continua de Dios no puede quedar para siempre con los que desprecian su gracia. Un rechazo obstinado de la misericordia y del amor del Señor hace que al fin Dios retraiga su gracia y su brazo protector. El resultado es que interviene el maligno para desgarrar y destruir. La aflicción y las calamidades provienen de Satanás. En las calamidades que le sobrevinieron, Salomón tuvo la oportunidad de ver la verdadera naturaleza de aquel que había elegido obedecer.
Hadad.
Un nombre semítico común. Aparece en la lista de reyes edomitas de Gén. 36: 31-39, y también se encuentra como parte del nombre de los reyes sirios "Ben-adad" (1 Rey. 15: 18; Jer. 49: 27) y "Hadad-ezer" (2 Sam. 8: 3-6).
15.
En Edom.
Tenemos aquí una valiosa indicación histórica. David había vencido a Edom (2 Sam. 8: 14; 1 Crón. 18: 12, 13), pero poco se sabe de la campaña, que debe haber incluido muchos detalles interesantes. Este relato de las adversidades de Salomón saca a relucir una narración que, de lo contrario, podría no haberse preservado. Es evidente que David intentó raer esta raza odiada del sur (1 Rey. 11: 15, 16). El resultado fue que algunos siervos huyeron a Egipto con Hadad, el joven príncipe. No se sabe quién era el rey egipcio que concedió asilo a Hadad, pues éste fue un período de gran incertidumbre e intranquilidad en Egipto. Pero recibir al exiliado real era tanto una adecuada costumbre oriental como una excelente política, como sucedió en el caso de Jeroboam (1 Rey. 11: 40). A la muerte de David, Hadad volvió a Edom para ser una espina en la carne de Salomón. Relatos como éste permiten conocer mejor la política internacional de ese tiempo.
23.
Rezón.
David había tenido éxito al guerrear contra los reyes sirios (2 Sam. 8: 3-13; 10: 6-19). La derrota de Hadad-ezer, rey de Soba, dejó al país en confusión. como resultado, Rezón -caudillo de una de las bandas armadas- pudo establecerse en Damasco como rey para ser adversario de Salomón. Este es el primer rey de Damasco cuyo nombre se sabe.
26.
Jeroboam.
La primera mención del hombre cuyo nombre llegaría a ser proverbial por su impiedad. De allí en adelante, sistemáticamente los impíos reyes de Israel son comparados con él y sus "pecados con que hizo pecar a Isiael" (1 Rey. 15: 26; cf. 1 Rey. 16: 2, 19, 26; 21: 22; 22: 52; 2 Rey. 3: 3; 10: 29, 31; 13: 2, 6, 11; 14: 24; 15: 9, 18, 24, 28; 17: 21, 22). Era de la tribu de Efraín, que desde antaño sentía irrefrenables celos por Judá, pues el Señor había desechado "la tienda de José, y no escogió la tribu de Efraín, sino que escogió la tribu de Judá" (Sal. 78: 67, 68).
Alzó su mano.
Esta frase significa rebelión (2 Sam. 20: 21).
27.
Edificando a Milo.
Evidentemente Salomón ejecutó su obra en Milo después de haber completado su tarea en el templo y en el palacio (ver 1 Rey. 9: 15, 24). Previamente David había hecho mucho para fortalecer esta zona de la antigua ciudad jebusea capturada por él (2 Sam. 5: 9; 1 Crón. 11: 8).
28.
Era valiente.
Jeroboarn era activo y hábil, capaz y valeroso para tomar decisiones y 785 para ejecutarlas. Pocas veces hubo tanto en juego al encumbrar a un individuo a un puesto de confianza como cuando Salomón eligió a Jeroboam para un cargo de responsabilidad. Sin duda Salomón miró las características externas del joven sin poder juzgar lo que tenía adentro. Los talentos naturales de Jeroboam para el liderazgo, consagrados a Dios, lo capacitarían para hacer mucho en la causa de la justicia, pero si no fuera así, haría mucho en la causa de la injusticia.
El cargo.
Salomón colocó a Jeroboam como superintendente de todos los que realizaban trabajos forzados en la tribu de Efiaín para la construcción de Milo y la fortificación de la Ciudad de David.
30.
La capa nueva.
El profeta tenía puesta la capa (ver vers. 29). La capa nueva representaba el nuevo reino tan recientemente establecido, pero que estaba por ser despedazado. Los actos simbólicos son frecuentes en la profecía (Jer. 13: 1-11; 19: 1; 27: 2; Eze. 4: 1-4, 9; 12: 3-7; 24: 3-12, 15-24), y eran un medio eficaz para hacer ver claramente y con vigor los mensajes del Señor.
31.
Yo rompo.
Iba a ser despedazada la monarquía unificada, y diez de sus tribus iban a dar su lealtad a un nuevo señor que no era de la casa de David. Es muy cierta la lección que enseña que "el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da" (Dan. 4: 17).
32.
Una tribu.
En tanto que diez tribus iban a seguir a Jeroboam (vers. 31), solo dos irían con la casa de David, pues la "una tribu" de Judá incluía a Benjamín (2 Crón. 11: 12, 13). El reino de Judá también llegó a ser un asilo para los levitas que rehusaron apoyar, la religión apóstata de Jeroboam.
34.
Por amor a David mi siervo.
Esta frase, frecuentemente repetida, aclara la gran misericordia de Dios para con sus hijos.
Guardó mis mandamientos.
Debido a que David fue obediente al Señor, guardando sus mandamientos y estatutos, Dios le concedió grandes favores. Es notable este elogio de David en vista de sus graves errores, como en el caso de Urías heteo (2 Sam. 11) y cuando efectuó el censo de Israel (2 Sam. 24). David se arrepintió sinceramente de ambas faltas, y debido a las disposiciones de la gracia fue aceptado como si nunca hubiera cometido esas infracciones. Finalmente el carácter no se determina por hechos o faltas ocasionales sino por la tendencia habitual de la vida.
36.
Lámpara.
El propósito de Dios es que la senda de los justos sea como "la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto" (Prov. 4: 18). Así debería haber sido en el caso de la luz de David. Nunca debiera haberse apagado sino que debería haber aumentado su brillo en su posteridad (1 Rey. 15: 4; 2 Rey. 8: 19; cf. 2 Sam. 14: 7). Sucedió precisamente lo contrario. Con Roboam disminuyó grandemente el brillo de la luz. Continuó borrosamente a través de los siglos, hasta que al fin vaciló y se apagó cuando el remanente de Judá fue llevado cautivo a Babilonia (2 Rey. 25).
38.
Si prestares oído.
Jeroboam era un joven promisorio. Tenía notables facultades que lo habrían convertido en un poderoso caudillo sumamente influyente para el bien, si hubiese caminado en las sendas del Señor. Dios no es parcial sino que concede sus bendiciones a todos los que le son fieles.
Casa firme.
La promesa era condicional, y no se realizó porque Jeroboam no cumplió la condición. La desobediencia es un fundamento de arena y ninguna casa que se construye sobre ella puede resistir (Mat. 7: 24-27). La dinastía de Jeroboam terminó con su hilo Nadab (1 Rey. 15: 25, 28).
39.
No para siempre.
Dios aflige transitoriamente, no para siempre. Sus misericordias duran para siempre (Sal. 103: 8, 9, 17). Debido al fracaso de los desendientes de David, las promesas hechas al hijo de Isaí iban a hallar su cumplimiento en la casa espiritual de la iglesia del NT y en Cristo, el Hijo de David, Cabeza de la iglesia.
40.
Matar a Jeroboam.
Tuvo que haber buenos motivos para que Salomón reaccionara contra su siervo, pues Jeroboam había alzado "su mano contra el rey" (vers. 26). Las transgresiones premeditadas de Jeroboam que le acarrearon el desagrado del rey no se relatan, pero sin duda Jeroboam fue ambicioso y procuró apropiarse de la corona. Pertenecía a una de las principales tribus. Cuando se hizo la repartición de Palestina, ésta recibió la mejor parte de la tierra en lo que una vez fue su mejor región y su mismo corazón y centro. Los de Efraín eran celosos de su supuesta superioridad Y creían que no se debía tomar ninguna decición importante sin que fueran consultados (Juec. 8: 1; 12: 1 ). Sin duda la ambición y el orgullo de Jeroboam 786 le ocasionaron el desagrado del rey.
Sisac rey de Egipto.
Este es el primer rey de Egipto mencionado por nombre en la Biblia. Fue el primer rey de una dinastía nueva. Se ha identificado a Sisac con el poderoso y hábil Sheshonk I, fundador de la XXII dinastía. Era libio y había sido comandante de tropas mercenarias antes de que se apoderara del trono. Su capital estaba en Bubastis, en el delta. Las naciones antiguas, que no estaban comprometidas por obligaciones de tratados, tenían la costumbre de conceder asilo a los refugiados políticos.
41.
El libro de los hechos.
Los hebreos mantenían un registro oficial de los asuntos de Estado. David tenía un cronista y un escriba (2 Sam. 8, 16, 17; 20: 24, 25) y los anales de su reinado se preservaron en "el registro de las crónicas del rey David" (1 Crón. 27: 24). Los anales de los reyes posteriores de Israel fueron consignados en un volumen conocido como "el libro de las historias de los reyes de Israel" (1 Rey. 14: 19; 15: 31; 22: 39; 2 Rey. 10: 34) y los de Judá, en "las crónicas de los reyes de Judá" (1 Rey. 14: 29; 15: 7, 23; 2 Rey. 8: 23). Otros registros del reinado de Salomón fueron "los libros del profeta Natán", "la profecía de Ahías silonita" y "la profecía del vidente Iddo contra Jeroboam hijo de Nabat" (2 Crón. 9: 29). Del profeta Iddo también había otro libro titulado "el registro de las familias" o ["registro genealógico de los levitas", BJ, 1967] (2 Crón. 12: 15). Los profetas aquí aparecen en el carácter de cronógrafos. El relato, tal como aparece en Reyes, evidentemente es una recopilación tomada de varias fuentes. Se puede depositar plena confianza en la exactitud histórica del material de Reyes, puesto que se basa en fuentes completas, originales y oficiales, y recibió su forma final bajo inspiración divina.
42.
Cuarenta años.
A partir de David, el AT consigna la duración de los reinados de los diversos reyes de Israel y Judá. Josefo dice que el reinado de Salomón duró 80 años (Antigüedades viii. 7. 8). Esto demuestra que las cifras de Josefo, no siempre dignas de confianza, con frecuencia difieren ampliamente de las cifras bíblicas.
43.
Durmió Salomón con sus padres.
Los vers. 41 a 43 presentan una fórmula oficial que de aquí en adelante se usará al registrar las narraciones de los reyes. Esta fórmula incluye una declaración en cuanto al registro oficial del cual se tomó la narración, declara que el rey durmió con sus padres, nombra el lugar de la sepultura y da el nombre del sucesor (ver 1 Rey, 14: 29, 31; 15: 7, 8, 23, 24; 2 Rey. 8: 23, 24; 12: 19, 21; etc.).
Ciudad de su padre David.
De aquí en adelante, éste fue el lugar acostumbrado para sepultar a los reyes de Judá. En unos pocos casos el entierro fue en un sepulcro privado (ver 2 Rey. 21: 18, 26; 23: 30). En circunstancias especiales el entierro fue en la ciudad de David, pero no en el sepulcro real (ver 2 Crón. 21: 20; 24: 25; 26: 23; 28: 27). Como una demostración de respeto, Joiada el sacerdote fue sepultado en la tumba real (2 Crón. 24: 16). De Ezequías se dice que "lo sepultaron en el lugar más prominente de los sepulcros de los hijos de David" (2 Crón. 32: 33).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-8 FE 498; 2 JT 245; PR 36-43; 6T 250
4 1JT 578
4, 5 PR 40
6-8 PR 297
7 PR 41
9, 10 PR 55
11, 12, 14-28 PR 56
28, 31, 33 PR 64
34, 35 PR 64
43 PR 64 787


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 12      AUDIO
1 Los israelitas se reúnen en Siquem para coronar a Roboam, y el pueblo le hace un pedido por boca de Jeroboam. 6 Roboam rehusa el consejo de los ancianos, sigue el consejo de los jóvenes y trata mal al pueblo. 16 Diez tribus se rebelan, matan a Adoram y hacen huir a Roboam. 21 Roboam reune un ejército, pero Dios se lo prohíbe por boca de Semaías. 25 Jeroboam se fortalece en las ciudades, 26 y establece la adoración de dos becerros de oro.

1 ROBOAM fue a Siquem, porque todo Israel había venido a Siquem para hacerle rey.
2 Y aconteció que cuando lo oyó Jeroboam hijo de Nabat, que aún estaba en Egipto, adonde había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto,
3 enviaron a llamarle. Vino, pues, Jeroboam, y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo:
4 Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora disminuye tú algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y te serviremos.
5 Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volved a mí. Y el pueblo se fue.
6 Entonces el rey Roboam pidió consejo de los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo. ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo?
7 Y ellos le hablaron diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y lo sirvieras, y respondiéndoles buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre.
8 Pero él dejó el consejo que los ancianos le habían dado, y pidió consejo de los jóvenes que se habían criado con él, y estaban delante de él.
9 Y les dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me ha hablado diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros?
10 Entonces los jóvenes que se habían criado con él le respondieron diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo, mas tú disminúyenos algo; así les hablarás: El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre.
11 Ahora, pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
12 Al tercer día vino Jeroboam con todo el pueblo a Roboam, según el rey lo había mandado, diciendo: Volved a mí al tercer día.
13 Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado;
14 y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones.
15 Y no oyó el rey al pueblo; porque era designio de Jehová para confirmar la palabra que Jehová había hablado por medio de Ahías silonita a Jeroboam hijo de Nabat.
16 Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.
17 Pero reinó Roboam sobre los hijos de Israel que moraban en las ciudades de Judá.
18 Y el rey Roboam envió a Adoram, que estaba sobre los tributos; pero lo apedreó todo Israel, y murió. Entonces el rey Roboam se apresuró a subirse en un carro y huir a Jerusalén.
19 Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy.
20 Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam había vuelto, enviaron a llamarle a la congregación, y le hicieron rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino solo la tribu de Judá.
21 Y cuando Roboam vino a Jerusalén, reunió a toda la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil hombres, guerreros escogidos, con el fin de hacer guerra a la casa de Israel, y hacer volver el reino a Roboam hijo de Salomón.
22 Pero vino palabra de Jehová a Semaías varón de Dios, diciendo:
23 Habla a Roboam hijo de Salomón, rey 788 de Judá, y a toda la casa de Judá y de Benjamín, y a los demás del pueblo, diciendo:
24 Así ha dicho Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volvieron y se fueron, conforme a la palabra de Jehová.
25 Entonces reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraín, y habitó en ella; y saliendo de allí, reedificó a Penuel.
26 Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David,
27 si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.
28 Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.
29 Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.
30 Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan.
31 Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.
32 Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho. Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.
33 Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.
1.
Roboam.
Es relativamente detallada la narración del reinado de Salomón. Este mismo estilo continúa en los caps. 12, 13 y 14. El relato de Crónicas, después de omitir toda la narración de la idolatría de Salomón y de sus adversarios, presenta la primera parte de lo que atañe a Roboam casi con las mismas palabras de Reyes (2 Crón. 10: 1-19; 11: 1-4; cf. 1 Rey. 12: 1-24).
Siquem.
Quizá se eligió a Siquem para la coronación a fin de asegurarse la lealtad de Efraín y de las tribus del norte. Siquem estaba en el mismo centro del país, al lado del monte Gerizim, directamente al frente del monte Ebal, en el lugar donde Josué celebró una asamblea general del pueblo (Jos. 8: 30-35). José fue sepultado cerca de allí (Jos. 24: 32). En las proximidades estaba el lugar del pozo de Jacob (Gén. 33: 19; 37: 12; Juan 4: 5, 6; cf. Jos. 24: 32).
3.
Enviaron a llamarle.
El relato de 2 Crón.10:2, 3 parece implicar que Jeroboam no fue llamado de Egipto sino de Efraín, pues sin duda ya había regresado de Egipto. Jeroboam era un caudillo reconocido. Con justicia había quejas contra el trono, y era natural que se presentara el asunto en esa ocasión y que Jeroboam participara en los procedimientos.
4.
Agravó nuestro yugo.
Había razón para la queja. El pueblo no estaba contento con la pesada carga de impuestos y los trabajos forzados que exigía Salomón para sus vastas obras públicas. Habiendo estado a cargo de los que tenían que prestar trabajos forzados en Efraín, sin duda Jeroboam había escuchado muchas quejas, y tal vez estaba mejor informado que los otros consejeros del rey en cuanto al amplio descontento que existía. El pedido hecho para que se aliviara la carga era justo, y tanto por justicia como por prudencia, habría convenido prestar oídos a las quejas del pueblo.
5.
De aquí a tres días.
Es decir, hasta el tercer día (vers. 12).
6.
Los ancianos.
Los consejeros de Salomón estaban en condiciones de conocer el carácter irascible del pueblo y de dar un buen consejo en cuanto a lo que se debía hacer. Esos hombres no eran necesariamente viejos en años sino en experiencia.
7.
Siervo.
El primer deber de un rey para con su pueblo es servir, no gobernar. Si un pueblo sabe que sus intereses son los intereses más importantes de su gobernante, se unirán efectivamente con él y le obedecerán. Cristo vino al mundo no "para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Mat. 20: 28).
8.
Dejó el consejo.
La madurez produce experiencia, y la sabiduría aumenta con la edad. Cuando los que son jóvenes tanto en años como en experiencia abandonan el consejo de sus mayores, prevalece el de los necios. 789
Jóvenes.
Es perfectamente adecuado pedir consejo tanto de los jóvenes como de los viejos, pero debe recordarse que a veces los jóvenes no ven lo que disciernen los ojos de la experiencia.
10.
Así hablarás.
El consejo dado por los jóvenes compañeros de Roboam no fue fruto de la sabiduría sino de la precipitación y de la arrogancia. No demostraba un tierno cuidado por el bienestar del pueblo al cual el rey debía servir, sino una determinación de gobernarlo sin tener en cuenta su expresa voluntad. El consejo dado se expresaba en un lenguaje innecesariamente ofensivo, y era de tal naturaleza como para no aliviar las dificultades sino como para agravarlas. Los jóvenes confundieron obstinación con energía y fatuidad con sabiduría. No supieron leer en las señales de los tiempos, y su consejo hizo inevitable la rebelión.
11.
Escorpiones.
Se ha pensado que es una metáfora que representa látigos provistos de garfios afilados o puntas, cuyos latigazos eran en extremo dolorosos.
13.
Duramente.
Por supuesto, el propósito era hacer una exhibición de autoridad, pero en realidad sólo fue una demostración de debilidad y necedad. Las palabras bondadosas proceden de personas magnánimas de corazón y bondadosas, y conducen a la sumisión y a la obediencia, a la felicidad y a la paz. Las palabras ásperas proceden de individuos ruines, excitan las pasiones y la amargura y provocan conmoción y revueltas.
15.
De Jehová.
No se debe pensar que el consejo dado por los jóvenes era consejo de Dios, ni que la respuesta dada por el rey fue dictada por el Señor. Dios es un Dios de bondad y de sabiduría, pero las palabras del rey emanaron de un corazón empedernido y necio. Dios inclina el ánimo de las personas a la simpatía y a la caridad, no al resentimiento ni a la maldad. Sin embargo, castiga ciertamente a los malos permitiéndoles que cosechen los frutos de su propia maldad. Ni los pecados de Salomón ni el apresuramiento e imprudencia de Roboam piocedían del Señor. Eran censurables y emanaban de una fuente ajena a Dios. Pero el Señor, en su sabiduría, permitió que las cosas siguieran su curso para castigar el pecado con el pecado y la necedad con la necedad. Por regla general, el Señor no realiza un milagro para contrarrestar los resultados de las pasiones humanas, la ira, el orgullo, la perversidad y la arrogancia. Sin interferir con el libre albedrío humano en lo que atañe a la salvación personal, y sin ser la causa de los malos hechos de los impíos, Dios guía sabiamente la marcha de la vida de las personas y las naciones, y realiza la voluntad divina. Así hace que lo alabe la ira del hombre.
16.
Con David.
Las palabras reflejan el espíritu de celos tribales y de enemistad. Efraín estaba en orden de batalla contra Judá; la población del norte se había propuesto independizarse del sur. Seba empleó palabras similares en su rebelión contra David (2 Sam. 20: 1).
A tus tiendas.
Este no era necesariamente un grito de guerra, sino una invitación para que todos volvieran a su tribu y a su hogar sin reconocer a Roboam.
Provee ahora en tu casa.
Esta es una expresión del disgusto profundamente arraigado contra la casa real de David. Que se ocupara esa casa de sus propios asuntos y de su propia tribu, y se desentendiera del resto de Israel. Los demás se las arreglarían solos, independientemente de Judá, y de allí en adelante no tolerarían ninguna interferencia.
17.
Hijos de Israel.
Esta frase parece tener un doble significado. En primer lugar, indica que en el territorio de Judá había los que no eran miembros de esa tribu. Además de Benjamín -asociado con Judá- muchos sacerdotes y levitas y gente "de todas las tribus de Israel" abandonaron más tarde el norte y se unieron con Judá y Jerusalén (2 Crón. 11: 12-17). En segundo lugar, aunque Israel de allí en adelante significaría principalmente el reino del norte en contraposición con Judá, la frase "hijos de Israel" quizá tenía el propósito de que recordara el lector que también había en Judá verdaderos hijos de Israel y que el reino del norte no era el dueño exclusivo de ese honroso título.
18.
Adoram.
Según 1 Rey. 4: 6; 5: 14, Adoniram (una forma alargada de Adoram) estaba a cargo de la leva de trabajadores forzados. Siendo que Adoram conocía bien las penalidades de ese tipo de trabajo, quizá Roboam pensó que era el hombre indicado para negociar en cuanto a ese asunto. Pero la presencia de Adoram, el capataz del pueblo oprimido, despertó un nuevo estallido de furia que provocó su muerte.
Lo apedreó.
En la antigüedad, era un modo común de dar muerte en los casos de 790 una venganza multitudinaria. En Egipto, Moisés había expresado el temor de que los egipcios se airaran y apedrearan a los hijos de Israel (Exo. 8: 26). Más tarde, los israelitas casi estuvieron listos para apedrear a Moisés (Exo. 17: 4). David también afrontó el peligro de una muerte tal ante un grupo airado (1 Sam. 30: 6).
En un carro.
Los carros eran los vehículos más rápidos. Los caminos mejorados permitían usar carros en muchas partes de Palestina.
20.
Jeroboam había vuelto.
Estas palabras parecerían implicar que Jeroboam se presentó tan sólo después de la revolución de las diez tribus. Sin embargo, según el vers. 3 Jeroboam ya había actuado encabezando la delegación del pueblo ante Roboam. Algunos siguen uno de los manuscritos de la LXX que omite el nombre de Jeroboam en los vers. 3 y 12, y hace que en el vers. 20 aparezca su primera presentación en público. Sin embargo, es mejor seguir el hebreo y entender que "todo Isrrael" vers. 1 significa los representantes de las diferrentes tribus, y "todo Isrrael" del vers. 20 significa la nación que había oído de la presencia de Jeroboam en el país por lo que contaron sus representantes cuando volvieron a sus pueblos (vers. 16).
La noticia de la insurreción cundió pronto por todo el reino. Después de poner en marcha la rebelión, quizá Jeroboam astutamente se abstuvo de tomar otras medidas y esperó que lo llamara el pueblo. Se convocó a una gran asamblea que nombró rey a Jeroboam.
Sobre todo Israel.
Esta frase parece indicar la pretención de las diez tribus del norte de que sólo ellas constituían el verdadero Israel.
21.
Benjamín.
Anteriormente la tribu de Benjamín había estado más íntimamente relacionada con Efraín que con Judá. La larga contienda familiar entre David y Saúl benjamita (1 Sam. 9: 1), las guerras de Joab y Abner, entre los siervos de David y de los de Benjamín (2 Sam. 2: 2, 12-31; 3: 1-27) y el clamor de Seba, benjamita, para levantarse en armas contra David (2 Sam. 20: 1), todo indica la antipatía de Benjamín contra Judá. Sin embargo, el establecimiento de la capital en Jerusalén, en el límite entre las dos tribus (Jos. 15: 8; 18: 16) estimuló un cambio, y de allí en adelante Benjamín echó su suerte con Judá.
Ciento ochenta mil.
En tiempo del censo de David había 500.000 hombres en Judá (2 Sam. 24: 9). Algún tiempo después, Abías pudo reunir un ejercito de 400.000 hombres (2 Crón. 13: 3).
22.
Varón de Dios.
Este término se usó para Moisés (Deut. 33: 1; Jos. 14: 6), y se emplea muy poco en los pasajes de las Escrituras anteriores o posteriores, incluso Crónicas, pero es una expresión favorita del autor de Reyes. Semaías era el principal profeta de Judá durante el reinado de Roboam (2 Crón. 12: 5-8, 15).
24.
No vayáis.
Por regla general, las guerras civiles son las más mortíferas y sus heridas son las más difíciles de curar. Dios no había llevado a los israelitas a Canaán para que se destruyeran mutuamente. Tampoco tenía el propósito de que se dividieran formando dos reinos hostiles. El Señor no podía bendecir a las diez tribus separatistas. Tampoco podía apoyar la dura política gubernamental que había anunciado Roboam. La pérdida de las diez tribus fue un castigo para Roboam; de ahí que el Señor no pudiera bendecir una campaña en la que Roboam procurara recuperar esas tribus por la fuerza de las armas. Más bien Dios decretó que el tiempo pusiera de manifiesto la historia de ambos reinos, para que la condenación divina sobre uno y su castigo sobre el otro se vieran en toda su justicia. Con frecuencia hay personas fervorosas que se apresuran a resolver un asunto difícil en el que hay injusticia de ambas partes. Tales personas deberían estudiar bien la lección que hay en este versículo.
25.
Siquem.
Esta ciudad se menciona en la historia patriarcal desde el tiempo de la primera entrada de Abraán en la tierra prometida (Gén. 12: 6; 33: 18; 35: 4; 37: 12, 13). En el tiempo de la conquista de Canaán se convirtió en una ciudad de refugio (Jos. 20: 7; 21: 21), y fue allí donde poco antes de su muerte Josué reunió a todas las tribus para una renovación del pacto (Jos. 24: 1-25). Cuando Abimelec fue puesto como rey sobre Israel, estableció su capital en Siquem (Juec. 9: 1-20) y cuando la ciudad se rebeló contra él, Abimelec la destruyó "y la sembró de sal" (Juec. 9:22-45). Ahora la ciudad fue reconstruida como la capital de Jeroboam.
Penuel.
Lugar al este del Jordán, al que Jacob puso nombre después de que había visto a Dios cara a cara (Gén. 32: 30, 31). En tiempo de Gedeón, había una torre en Penuel que Gedeón destruyó (Juec. 8: 8, 9, 17). 791 Jeroboam reedificó la ciudad como un puesto de avanzada de su nueva capital. El pueblo está situado sobre el río Jaboc, 6,5 km al este de Sucot.
27.
Se volverán.
Bien comprendía Jeroboam la poderosa atracción del culto del Señor en el templo de Jerusalén. Si Israel conservara su lealtad a Dios y si continuara yendo a Jerusalén para rendir culto con sus hermanos de Judá, otra vez se reconciliaría el pueblo y una vez más se reuniría el reino. Ese resultado ciertamente habría sido para el bien de todos, pero eso no era lo principal para Jeroboam.
28.
Becerros de oro.
Era una renovación del culto por el cual Israel había merecido el castigo de Dios en el desierto (Exo. 32: 1-35). Al rechazar así al Señor, Israel seguía un cambio que sólo podía terminar en la ruina. Es inevitable el desastre cuando los hombres abandonan al Creador de los cielos y de la tierra a cambio de la adoración de becerros de oro.
29.
Bet-el.
Ciudad fronteriza del sur del reino. Bet-el significa "casa de Dios", y Jacob le puso ese nombre como recuerdo del sueño en el que Dios se le apareció cuando él huía de Esaú (Gén. 28: 11-22) y otra vez cuando regresaba (Gén. 35: 8-15). Se pensó que era un lugar adecuado para establecer un santuario rival.
Dan.
Ciudad fronteriza del norte, donde ya había existido un culto idolátrico durante una buena parte del período de los jueces (Juec. 18: 30, 31).
30.
Fue causa de pecado.
En vista de los amplios efectos del pecado, una terrible responsabilidad descansaba sobre Jeroboam.
Delante de uno.
Algunos de los manuscritos más recientes de la LXX añaden después de Dan: "y al otro hasta Bet-el". Pero tal vez sea mejor entender las palabras tales como están, lo que implica que al principio el pueblo casi exclusivamente acudía al santuario de Dan.
31.
De entre el pueblo.
"Del común del pueblo" (BJ). Los levitas rehusaron prestar sus servicios como sacerdotes en esos santuarios idolátricos, y habiendo sido separados de su sagrado ministerio se fueron a Judá y a Jerusalén (2 (Cón. 11: 13-16; PR 74). Sólo gente de las más depravadas normas podría consentir en servir como "sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho" (2 Crón. 11: 15). Como resultado se depravaron cada vez más las normas morales del pueblo.
32.
El mes octavo.
Era una fiesta rival de la fiestade los tabernáculos, celebrada en Jerusalén el 7.º mes. En apariencia se conservaban ciertas formas de la antigua religión, pero en muchos aspectos la nueva religión se oponía diametralmente al culto de Jehová. Se ha preguntado por qué se celebraría la fiesta en Israel un mes después que en Judá. Quizá porque la ruptura entre Israel y Judá aconteció en ese tiempo, y así se instituyó esa fiesta de todo el pueblo para celebrar el establecimiento del nuevo régimen.
33.
Sacrificó.
Parece que Jeroboam asumió tanto funciones sacerdotales como monárquicas. Habiendo desechado el sacerdocio levítico e instituido a nuevos sacerdotes de su propia elección, bien pudo Jeroboam hacer culminar el procedimiento asumiendo el papel dejefe supremo del sacerdocio irregular que había creado. Bet-el es llamada "santuario del rey" y "capital del reino" (Amós 7: 10, 13). Eso podría indicar que el "santuario" de Bet-el era el templo privado de Jeroboam, donde el rey presidía en asuntos religiosos y al mismo tiempo era la sede gubernamental desde donde gobernaba. Siquem era la capital normal y el lugar donde juzgaba el rey, pero cuando oficiaba como sacerdote en Bet-el, tal vez su tribunal estaba en su palacio de ese lugar.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-24 PR 65-67
4 PR 39, 65
9-11 PR 66
12-14 PR 66
15 PR 67
16 PR 67
18 PR 67
20 PR 73
21-24 PR 67
26, 27 PR 73
28 PR 74
28-33 PR 296
29 PR 73
31, 32 PR 74 792


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 13      AUDIO
1 A Jeroboam se le seca la mano por haber amenazado al profeta que profetizó contra el altar de Bet-el, 6 y se le restaura el uso de la mano por la oración del profeta. 7 El profeta rehúsa la hospitalidad del rey y se va de Bet-el. 11 Un profeta anciano lo seduce y lo trae de vuelta. 20 Es reprochado por Dios, 23 es muerto por un león, 26 y es enterrado por el profeta anciano, 31 quien confirma su profecía. 33 La obstinación de Jeroboam.

1 HE AQUÍ que un varón de Dios por palabra de Jehová vino de Judá a Bet-el; y estando Jeroboam junto al altar para quemar incienso,
2 aquél clamó contra el altar por palabra de Jehová y dijo: Altar, altar, así ha dicho Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los lugares altos que queman sobre ti incienso, y sobre ti quemarán huesos de hombres.
3 Y aquel mismo día dio una señal, diciendo: Esta es la señal de que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará.
4 Cuando el rey Jeroboam oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar de Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, dijo: ¡Prendedle! Mas la mano que había extendido contra él, se le secó, y no la pudo enderezar.
5 Y el altar se rompió, y se derramó la ceniza del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová.
6 Entonces respondiendo el rey, dijo al varón de Dios: Te pido que ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi mano me sea restaurada. Y el varón de Dios oró a Jehová, y la mano del rey se le restauró, y quedó como era antes.
7 Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré un presente.
8 Pero el varón de Dios dijo al rey: Aunque me dieras la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este lugar.
9 Porque así me está ordenado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni regreses por el camino que fueres.
10 Regresó, pues, por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el.
11 Moraba entonces en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo y le contó todo lo que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el; le contaron también a su padre las palabras que había hablado al rey.
12 Y su padre les dijo: ¿Por qué camino se fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde había regresado el varón de Dios que había venido de Judá.
13 Y él dijo a sus hijos: Ensilladme el asno. Y ellos le ensillaron el asno, y él lo montó.
14 Y yendo tras el varón de Dios, le halló sentado debajo de una encina, y le dijo: ¿Eres tú el varón de Dios que vino de Judá? El dijo: Yo soy.
15 Entonces le dijo: Ven conmigo a casa, y come pan.
16 Mas él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo, ni tampoco comeré pan ni beberé agua contigo en este lugar.
17 Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan ni bebas agua allí, ni regreses por el camino por donde fueres.
18 Y el otro le dijo, mintiéndole: Yo también soy profeta como tú, y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Tráele contigo a tu casa, para que coma pan y beba agua.
19 Entonces volvió con él, y comió pan en su casa, y bebió agua.
20 Y aconteció que estando ellos en la mesa, vino palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver.
21 Y clamó al varón de Dios que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al mandato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había prescrito,
22 sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el lugar donde Jehová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres.
23 Cuando había comido pan y bebido, el que le había hecho volver le ensilló el asno. 793
24 Y yéndose, le topó un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno junto a él, y el león también junto al cuerpo.
25 Y he aquí unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba.
26 Oyéndolo el profeta que le había hecho volver del camino, dijo: El varón de Dios es, que fue rebelde al mandato de Jehová; por tanto, Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y matado, conforme a la palabra de Jehová que él le dijo.
27 Y habló a sus hijos, y les dijo: Ensilladme un asno. Y ellos se lo ensillaron.
28 Y él fue, y halló el cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león que estaban junto al cuerpo; el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno.
29 Entonces tomó el profeta el cuerpo del varón de Dios, y lo puso sobre el asno y se lo llevó. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle.
30 Y puso el cuerpo en su sepulcro; y le endecharon, diciendo: ¡Ay, hermano mío!
31 Y después que le hubieron enterrado, habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muera, enterradme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios; poned mis huesos junto a los suyos.
32 Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los lugares altos que están en las ciudades de Samaria.
33 Con todo esto, no se apartó Jeroboam de su mal camino, sino que volvió a hacer sacerdotes de los lugares altos de entre el pueblo, y a quien quería lo consagraba para que fuese de los sacerdotes de los lugares altos.
34 Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la faz de la tierra.
1.
Estando Jeroboam.
La ocasión era importante. Jeroboam estaba oficiando como sacerdote en la dedicación del nuevo altar de Bet-el. Se esforzaba por conferirle una santidad que le mereciera el homenaje y el respeto del pueblo. Dios no podía permitir que el osado desafío del rey prosiguiera sin ser reprochado.
2.
Llamado Josías.
El Señor no predice con frecuencia el futuro con detalles tan definidos como el de señalar personajes específicos. Un ejemplo paralelo es el de la referencia a Ciro, el rey persa, mencionado por nombre muchos años antes de que naciera (Isa. 44: 28; 45: 1). Esta profecía concerniente a Josías se cumplió literalmente (2 Rey. 23: 15, 16).
3.
Una señal.
Para que Jeroboam y el puelo quedaran convencidos de que el varón de Dios era un verdadero profeta y que su mensaje de amonestación era serio, presentó una profecía notable que se cumpliría inmediatamente.
4.
Extendiendo.
Es peligroso que cualquiera -no importa quién sea- extienda la mano contra un varón enviado con un mensaje solemne de Dios. El brazo extendido fue herido inmediatamente para aterrorizar tanto al rey como al pueblo y para que comprendieran nuevamente que tenían ante sí a un verdadero profeta de Dios.
5.
El altar se rompió.
Esta manifestación de la presencia y del poder del Señor era algo que no se podía contradecir con éxito. En vez de creer en la solemnidad del altar y en la santidad de su rey-sacerdote, el pueblo comprendió entonces que Jeroboam desafiaba directamente al cielo y que se atraía el reproche divino.
6.
Ores por mí.
El rey había sido humillado. También fue inducido a comprender que trataba con un varón de Dios el cual, en esas circunstancias, era el único que podía liberarlo de su aprieto. La curación del brazo al someterse el rey y debido a la oración del profeta, tenía el propósito de dar a Jeroboam otra oportunidad de arrepentimiento. Todavía no había ido demasiado lejos como para que el Señor no pudiera perdonarlo. Si el rey hubiese estado dispuesto a volver completamente sobre sus pasos y hubiera pedido tanto la curación del corazón como la de la mano, se le habría abierto el camino para que la nación se volviera a Dios y se habría producido una magnífica reforma en toda la tierra de Israel.
7.
Un presente.
El ofrecimiento del rey no era movido por la gratitud sino era calculado. La aceptación de la hospitalidad y del presente habría implicado a los ojos del pueblo que el profeta paliaba la conducta del rey, y 794 habría servido para destruir la solemne impresión que había hecho el profeta. También habría creado una impresión desfavorable en cuanto a su carácter y misión.
8.
No iría.
La rotunda negativa a recibir el presente ofrecido por el rey colocó al profeta en terreno ventajoso e hizo una profunda impresión tanto sobre el rey como sobre el pueblo.
11.
Un viejo profeta.
Profeta, pero falso; un hombre que fue un instrumento de Satanás y no de Dios. Habiendo fracasado en conseguir sus fines de una manera, Satanás procedió en otra forma, determinado a desviar los propósitos del Señor, haciendo que se desprestigiara su mensajero.
15.
Ven conmigo a casa.
Era exactamente la invitación que le había extendido el rey y que el profeta había rechazado porque estaba en contra de la expresa voluntad de Dios (vers. 9). El enemigo es muy persistente y vuelve con sus tentaciones vez tras vez. Las modifica en una forma u otra resuelto a provocar la caída de una persona.
18.
También soy profeta.
Lo era, pero no profeta de Dios. El Señor nunca envía mensajes contradictorios mediante sus profetas.
Un ángel me ha hablado.
Quizá, pero debe haber sido un ángel malo el que le habló. Cuando Dios prohibió a Adán y Eva que comieran del árbol del conocimiento del bien y del mal, bajo pena de muerte, se presentó la serpiente con el mesaje contradictorio: "No moriréis" (Gén. 3: 4). Las palabras del falso profeta denotaban su origen. El profeta verdadero debiera haberse dado cuenta que si él mismo ciertamente había sido enviado por el Señor, entonces el ángel que habló por medio del profeta de Bet-el era un mensajero de Satanás.
Mintiéndole.
Satanás es mentiroso y engañador y, debido a sus ardides engañosos, debieran reconocerlo los hijos de Dios.
19.
Volvió.
Un mensajero de Dios nunca puede volver atrás en lo que Dios le ordena, y sin embargo ser leal al Señor. El profeta había recibido las instrucciones de Dios y dos veces las había presentado como una razón para no hacer caso a una invitación contraria (vers. 8, 9, 16, 17). Al ir en contra de las indicaciones expresas del Señor, se colocaba en el terreno del enemigo, donde el Señor no podía estar con él.
20.
Palabra de Jehová.
En esta ocasión Dios habló al verdadero profeta mediante el falso profeta. El varón de Dios fue inducido a ver su equivocación por medio de las palabras de un emisario de Satanás. Después de que el varón de Dios hubo desobedecido la orden expresa de Jehová, Dios permitió que viera con claridad su falta mediante un hombre que había consentido en ser usado como mensajero del maligno (ver PR 77).
22.
Tu cuerpo.
El deseo de ser sepultado en el sepulcro familiar era muy notable entre los hebreos. Debía negarse ese privilegio al profeta desobediente. El árbol del mal produjo una temprana y segura cosecha. Con su desobediencia, el profeta de Dios se había colocado en el terreno del enemigo, donde no contaría ni con la presencia ni con la protección divinas.
24.
Le topó un león.
Con frecuencia los profetas se encuentran con leones, pero mientras estén ocupados en su misión divina, no necesitan temer. Nadie puede ser más arriesgado ni puede tener mayores motivos para ser valiente, que el mensajero que sale para obedecer las órdenes del Señor. Para él se aplica la promesa: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28: 20); "no temas porque yo estoy contigo" (Isa. 43: 5). Daniel fue arrojado al foso de los leones, pero los leones no tuvieron poder sobre él porque el Señor lo acompañaba. El explicó eso diciendo que era inocente (Dan. 6: 22). No podía dar ese testimonio el profeta de esta ocasión.
26.
Que fue rebelde.
En una cierta hora el varónde Dios cumplía una misión; a la siguiente, era un cadáver a la vera del camino. Por desobedecer a Dios murió súbitamente y sin gloria. El rápido castigo que le sobrevino fue un nuevo testimonio para el rey y para el pueblo de Israel de que la obediencia a las órdenes de Dios es el único sendero seguro. En el altar destruido, en el brazo seco del rey y en la rápida muerte del profeta que había desobedecido al Señor, la nación pudo haber comprobado el desagrado divino y el propósito de Dios de que Israel entendiera con toda claridad que la senda de la desobediencia es una senda de dolor y de muerte.
30.
En su sepulcro.
Probablemente como una señal de remordimiento y de compasión personal por la víctima de su engaño. En Palestina, las tumbas eran talladas en la roca, donde se podía sepultar juntas a las familias. 795
¡Ay, hermano mío!
El profeta falso se identificó con el verdadero, así como la verdadera religión de Jehová estaba siendo identificada con la nueva religión idolátrica de Jeroboam. Quizá sólo era otro esfuerzo para confundir al pueblo de modo que no percibiera la seriedad de los principios que estaban en juego. La desobediencia del profeta fomentaba la impiedad.
31.
Mis huesos junto a los suyos.
Es decir, poned mi cuerpo en el nicho al lado del de él. En vida, fuimos hermanos; en la muerte seremos hermanos. El rey Josías encontró en la cripta los huesos de ambos profetas cuando contaminó el altar de Bet-el quemando sobre él huesos humanos de los sepulcros, pero ordenó que no tocaran los huesos de los dos profetas (2 Rey. 23: 17, 18).
32.
Sin duda vendrá.
La profecía no era condicional. El mensaje de advertencia fue dado con misericordia y amor para salvar al reino de Israel de la condenación que inevitablemente le acarrearía su mal proceder.
33.
No se apartó.
Se había dado una amonestación; pero se la rechazó. El rey persistió en su mal proceder a pesar de la profecía de condenación. En lo futuro no podría culpar a nadie sino a sí mismo por los resultados que habrían de originarse en sus malos caminos.
34.
Fue cortada.
Pronto iba a perecer la casa de Jeroboam que podría haber sido estable. Cuando Jeroboam rechazó la amonestación divina y persistió en su mal proceder, sentenció a ruina a su propia casa. El pecado no puede ni debe perdurar para siempre, y no perdurará (ver Isa. 1: 28; ver también Sal. 34: 16; 37: 9).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-34 PR 75-78
1 PR 75, 296
2 PR 296
2, 3 PR 75
4 3T 278
4-6 PR 75
7-9 PR 76
18-26 PR 77
33, 34 PR 78



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 14      AUDIO
1 Por estar Abías enfermo, Jeroboam envía a su esposa disfrazada con presentes al profeta Ahías en Silo. 5 Ahías, alertado por Dios, denuncia los juicios de Dios contra el rey. 17 Muerte y sepultura de Abías. 19 Nadab sucede a Jeroboam. 21 El reinado impío de Roboam. 25 Sisac saquea a Jerusalén. 29 Abiam reina en lugar de Roboam.

1 EN AQUEL tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo.
2 Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo.
3 Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño.
4 Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez.
5 Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada.
6 Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura.
7 Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel,
8 y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos,
9 sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas;
10 por tanto, he aquí que yo traigo mal 796 sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada.
11 El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho.
12 Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño.
13 Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam.
14 Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo.
15 Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová.
16 Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel.
17 Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió.
18 Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías.
19 Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel.
20 El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.
21 Roboam hijo de Salomón reinó en Judá. De cuarenta y un años era Roboam cuando comenzó a reinar, y diecisiete años reinó en Jerusalén, ciudad que Jehová eligió de todas las tribus de Israel, para poner allí su nombre. El nombre de su madre fue Naama, amonita.
22 Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron.
23 Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso.
24 Hubo también sodomitas en la tierra, e hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que Jehová había echado delante de los hijos de Israel.
25 Al quinto año del rey Roboam subió Sisac rey de Egipto contra Jerusalén,
26 y tomó los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, y lo saqueó todo; también se llevó todos los escudos de oro que Salomón había hecho.
27 Y en lugar de ellos hizo el rey Roboam escudos de bronce, y los dio a los capitanes de los de la guardia, quienes custodiaban la puerta de la casa real.
28 Cuando el rey entraba en la casa de Jehová, los de la guardia los llevaban; y los ponían en la cámara de los de la guardia.
29 Los demás hechos de Roboam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en las crónicas de los reyes de Judá?
30 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días.
31 Y durmió Roboam con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David. El nombre de su madre fue Naama, amonita. Y reinó en su lugar Abiam su hijo.
1.
Abías.
Se menciona este hecho para mostrar la persistencia de Jeroboam en su mal proceder y el castigo que, como resultado, iba a caer sobre él y su casa. Abías, el nombre de su hijo, significa "Jehová es mi padre", y quizá sea una indicación de que cuando nació el niño, Jeroboam no tenía la intención de abandonar el culto de Jehová. Es interesante la coincidencia del nombre con el del hijo de Roboam, "Abiam" (vers. 31) o "Abías" (2 Crón. 12: 16). Quizás sea más que una coincidencia, puesto que el nacimiento de los dos hijos puede haber acaecido aproximadamente al mismo tiempo, cuando Jeroboam gozaba del favor de Salomón.
2.
Silo.
En este pueblo se había centralizado el culto durante 300 años, desde cuando se colocó allí el arca después de la conquista (Jos. 18: 1) hasta que la tomaron los filisteos (1 Sam. 4: 4, 11), cuando se cree que también Silo fue destruida (ver Jer. 7: 12; PR 305, 306). Sin embargo, allí moraba el anciano 797 profeta ciego Ahías, el que había dicho a Jeroboam que sería rey (1 Rey. 11: 29- 31). Silo estaba en el territorio de Israel, a unos 16 km al sur de Siquem. Es, pues, evidente que a pesar de la nueva idolatría en Bet-el y Dan, Dios todavía consideraba a Israel como su pueblo escogido, al cual debían ministrar sus profetas y para el cual este ministerio era de importancia capital. Cuando Jeroboam quiso recibir un mensaje de Dios, sabía que podía obtenerlo del profeta Ahías. Disfrazada como una mujer del pueblo, la esposa de Jeroboam fue a ver al profeta.
3.
Toma en tu mano.
El humilde obsequio concordaba con la costumbre de la época (1 Sam. 9: 7, 8) de visitar al profeta con algún presente, aunque fuese insignificante. Era una prueba de aprecio y respeto.
4.
Se habían oscurecido.
Aun los profetas de Dios están sujetos a las aflicciones comunes a los seres humanos.
5.
Jehová había dicho.
La esposa de Jeroboam quería engañar al profeta, pero Dios iluminó la mente de él. El pleno conocimiento que tenía el profeta de las circunstancias de la visita era una evidencia para que Jeroboam supiese que estaba recibiendo un mensaje directo de Dios.
7.
Di a Jeroboam.
Anteriormente Dios había enviado a Ahías a Jeroboam con el alegre mensaje de que iba a ser rey, y que si fuera fiel el Señor estaría con él y afianzaría su casa (cap. 11: 38). Pero Jeroboám no había obedecido los preceptos del Señor; había pecado gravemente e inducido a Israel al pecado. En un momento cuando el rey esperaba de Dios una palabra de esperanza, sólo merecía un mensaje de reproche.
8.
De la casa de David.
Jeroboam tenía ante sí el ejemplo de la vida descarriada de Salomón. Ciertamente había recibido su reino porque no lo merecía Roboam, hijo de Salomón. Por eso Jeroboam no tenía excusa ante Dios ni ante todo Israel.
9.
Sobre todos.
El lenguaje es vigoroso, pero no lo es demasiado. Hubo pecadores entre los dirigentes de Israel que precedieron a Jeroboam, pero ninguno lo igualaba en sus tremendas iniquidades. Al servir a los ídolos en lugar de Dios, Jeroboam repudiaba al Altísimo que le había dado el reino. Desdeñosamente menospreció las advertencias que había recibido. Se le había confiado la heredad de Dios, como un depósito sagrado, pero él no fue fiel. Deliberadamente indujo al pueblo de Israel al pecado, y lo estimuló para que diera la espalda al Senor que lo había sacado de Egipto y le había dado la tierra prometida.
10.
Destruiré.
Serían eliminados todos los varones de la familia de Jeroboam para que pereciera su casa. Esto lo ejecutó Baasa (cap. 15: 29). La frase "meante a la pared" (RVA), usada para indicar "varones", era una expresión común de ese período, desde el tiempo de David (1 Sam. 25: 22, 34) y de Baasa (1 Rey. 16: 11) hasta Acab (1 Rey. 21: 21; 2 Rey. 9: 8), y es una expresión despectiva aplicada a los varones condenados a una destrucción completa.
El siervo como el libre.
No es claro el significado de esta frase, pero se usa en relación con el término despreciativo aplicado a los varones que serían desechados y destruidos (1 Rev. 21: 21; 2 Rey. 9: 8) y en tiempos de calamidad o adversidad (Deut. 32: 36; 2 Rey. 14: 26). La expresión parece ser idiomática y se le han dado varios significados, tales como: (1) casado y soltero, (2) siervo y libre, (3) precioso y vil, (4) jóvenes y gente de edad.
11.
Comerán los perros.
El mismo castigo terrible se pronunció sobre otros que habían pecado gravemente (caps. 16: 4; 21: 24). Era común que los perros se alimentaran de carroña en las ciudades orientales, y con frecuencia devoraban los cuerpos insepultos de los muertos.
12.
Morirá el niño.
No era un mensaje de consuelo para el corazón adolorido de una madre, ni para un padre que ansiosamente esperaba la curación de su hijo. La muerte del niño debía ser un símbolo para Jeroboam de la condenación de su casa que, si continuaba en sus malos caminos, sería completamente destruida. Quizá la muerte de ese hijo pudiera tocar tan hondo el corazón del rey como para llevarlo a razonar y a volverse a Dios.
13.
Alguna cosa buena.
Sin duda Dios fue misericordioso al permitir que muriera ese hijo. Dios vio lo bueno que había en ese joven, y lo trató de acuerdo con esa bondad. Hay algo singularmente patético en este anuncio de la muerte, como la única recompensa posible en vista de los castigos venideros. Hay veces cuando aun la muerte es una bendición para el justo.
14.
Un rey.
Este fue Baasa, que mató a Nadab, el hijo de Jeroboam, y aniquiló a todos 798 los miembros de la casa de Jeroboam (cap.15: 28, 29).
Ahora mismo.
El castigo no se demoraría. El día de la retribución ya había llegado, y cualquiera que leyera en las señales de los tiempos podría saber que los días eran malos. El pensamiento es similar al que expresó Jesús: "Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?" (Luc. 12: 49).
15.
Más allá del Eufrates.
Aquí se predice el cautiverio futuro. Sin embargo, este anuncio de castigo era condicional, y sólo se llevaría a cabo si la nación no se arrepintiera (Jer. 18: 7, 8).
Imágenes de Asera.
"Cipos" (BJ). "Sus bosques" (RVA). Heb. 'asherim. Ver com. Exo. 34: 13; Deut. 7: 5; Juec. 6: 25. Las religiones oriundas de Palestina exaltaban la fecundidad; su culto consistía en la aclaración de divinidades masculinas y femeninas e iplicaba la más crasa inmoralidad. Los bosques eran símbolos de la divinidad femenina, comúnmente llamada Astarot, y con frecuencia aparecía junto a los baales que eran dioses masculinos. Por eso Gedeón derribó el altar de Baal y cortó la imagen de Asera que estaba junto a él (Juec. 6: 25- 30). Se prohibió expresamente al pueblo de Dios que plantara árbol alguno "para Asera cerca del altar de Jehová" (Deut. 16: 21). Israel fue llevado en cautiverio porque había hecho "imágenes de Asera" y había servido a "Baal" (2 Rey. 17: 16). Manasés incurrió en el desagrado del Señor porque "levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera, como había hecho Acab rey de Israel" (2 Rey. 21: 3). Josías derribó "el altar que estaba en Bet- el", que había hecho Jeroboam, y "quemó. . . la imagen de Asera" (2 Rey. 23: 15).
17.
Tirsa.
Pareciera que Jeroboam traslado su capital de Siquem a Tirsa. Tirsa continuó como capital de Israel hasta que Omri fundó a Samaria (1 Rey. 16: 23, 24).
18.
Lo enterraron.
La mención de la muerte y del entierro de Abías, hijo de Jeroboam, señala el fin del minucioso registro del reinado de Jeroboam. Hubo muchos otros sucesos, tales como la guerra entre Jeroboam y Abías de Judá (2 Crón. 13: 2- 20), pero todo esto pasa por alto el autor de Reyes. De todo el material disponible, él eligió un asunto: la enfermedad y muerte de Abías a fin de destacar la lección del castigo de la casa de Jeroboam que había hecho pecar a Israel.
19.
Los demás hechos.
Esta es una parte de una fórmula usada para terminar los relatos de los reinados de los monarcas. Siempre había otros asuntos concernientes a los reyes, además de los que habían sido elegidos: en el caso de Jeroboam, "las guerras que hizo, y cómo reinó". Tales asuntos podían encontrarse en los anales oficiales "de las historias de los reyes de Israel".
20.
Veintidós años.
Esta cifra representa los años oficiales de su reinado. La verdadera duración del reinado fue sólo de 21 años. En la forma del cómputo que empleaban los reyes de Israel en ese tiempo, el resto del año calendario en el cual un rey subía al trono se consideraba como el primer año del rey, mientras que la parte anterior de ese año ya había sido asignada al rey precedente como su ultimo año (ver com. cap. 15: 28).
En su lugar.
Una referencia al sucesor es el último asunto de una fórmula regular usada de aquí en adelante al concluir el relato acerca de cada rey (ver com. cap. 11: 43).
21.
Reinó en Judá.
Esta declaración ilustra como se da principio a los reinados de los monarcas en la fórmula oficial. Ya se ha presentado el relato de la visita de Roboam a Siquem para su coronación, y su rápida retirada a Jerusalén debido a la rebelión de las tribus del norte (cap. 12: 1- 24). Después sigue el relato del reinado de Jeroboam (caps. 12: 25 a 14: 20), y ahora viene el registro del reinado de Roboam después de la introducción oficial. Son breves los registros tanto de los reyes de Judá como de Israel durante un período, hasta la aparición de Elías (cap. 17: 1). Sin embargo, hay mucho material suplementario en 2 Crón. 11: 1 a 16: 14.
Cuarenta y un años.
Debe, pues, haber nacido antes de que su padre, Salornón, subiera al trono, puesto que Salomón reinó durante 40 años (cap. 11: 42).
Diecisiete años.
Años oficiales, pero en este caso tambien años verdaderos. El sistema de cómputo en Judá difería del de Israel (ver com. vers. 20). En Judá, el resto del año calendario durante el cual un rey subía al trono no era considerado como su primer año. Su primer año oficial se contaba desde el comienzo del próximo año calendario.
Naama, amonita.
Es extraño que la sucesión pasara al hijo de una esposa anterior a la que probablemente era la principal reina de Salomón, la hija de Faraón. Se acostumbraba 799 hacer referencia a la reina madre en los anales reales.
22.
Judá hizo lo malo.
El principal motivo de los registros de Reyes pareciera ser poner de manifiesto el papel que cada individuo desempeñó en la historia religiosa del reino. En el caso de ciertos reyes, se nos informa que el gobernante fue quien procedió mal (2 Rey. 17: 2; 21: 2, 20; 23: 32, 37; 24: 9, 19), pero en el caso de Roboam el relato dice que "Judá hizo lo malo". Es evidente que la apostasía de Judá fue la cosecha de la letal simiente sembrada por el mal ejemplo de Salomón, durante cuya idolatría habían crecido los jóvenes de la nación. Roboam era débil y vacilante y no procuró reprimir al pueblo cuando éste hizo lo malo.
23.
Imágenes.
"Estelas" (BJ). Heb. matstseboth, literalmente, "columnas". Había reiteradas órdenes para que los israelitas destruyeran las "estatuas", "imágenes" y "esculturas" de los cananeos, y para que derribaran y quemaran sus imágenes de Asera (o bosques) (Exo. 23: 24; 34: 13; Deut. 7: 5; 12: 3; ver com. Deut. 16: 22). Las "señales" de piedra erigidas por Jacob (Gén. 28: 18; 31: 13; 35: 14) no eran objeto de culto (ver com. Gén. 28: 18).
24.
Sodomitas.
Heb. qadesh, invertidos que se prostituían en los templos. Realizaban su abominable oficio con sanción religiosa. Debido a la práctica de estas abominaciones debían ser raídos los antiguos habitantes del país, y ahora el pueblo de Judá rivalizaba con ellos en su impiedad (ver 1 Rey. 15: 12; 2 Rey. 23: 7).
25.
Sisac.
Conocido en la historia egipcia como Sheshonk I. Fue el fundador de la XXII dinastía de Egipto. Hizo su famosa incursión contra Judá en el 5.º año de Roboam. Este registro está notablemente confirmado por la célebre inscripción de Carnac (Karnak) que enumera las victorias de Sheshonk y da una lista de las ciudades capturadas en esa campaña (ver ilustración frente a la pág. 32). Entre los lugares que pueden ser identificados, hay muchos dentro de los límites de Israel, principalmente en la llanura de Esdraelón, tales como Taanac, Meguido, Bet-seán, Sunem y otros. Soco y Arad son los únicos pueblos bien conocidos de Judá cuyos nombres se han podido leer. Algunos han pensado que en el tiempo de este ataque las ciudades ya mencionadas de Israel habían sido capturadas y eran retenidas por Roboam, por lo que Jeroboam pidió a su antiguo protector que las rescatara. Lo más probable es que Sheshonk hubiera estado resentido con Jeroboam quizá por algunas promesas hechas antes de que fuera rey sobre Israel, y que no había cumplido. El fragmento de una estela conmemorativa de una victoria, encontrada en la excavación de Meguido, indica que Sheshonk trató a esa ciudad como si hubiera sido una localidad conquistada y no liberada.
26.
Los tesoros.
Es triste este saqueo de los tesoros del templo que tan laboriosamente habían acumulado David y Salomón, y que eran la gloria de todo Israel. Pero esta calamidad sólo era un presagio de días más amargos que aún vendrían.
27.
Escudos de bronce.
El hecho de que los escudos de bronce fueran dados a los capitanes de la guardia indica que los escudos de oro habían sido usados por la guardia en ocasiones de gala.
29.
Las crónicas.
La referencia a este documento original de los reyes de Judá constituye otro elemento de la fórmula oficial con que termina el relato de cada rey. Esas crónicas se citan constantemente de aquí en adelante en toda la historia de Judá (ver 1 Rey. 15: 7, 23; 22: 45; 2 Rey. 8: 23; 12: 19; 14: 18; 15: 6, 36; 16: 19; etc.).
30.
Hubo guerra.
No se ha preservado ningún relato específico de esta guerra. Referencias a detalles como éste -que no se mencionan en otra parte en relación con el registro de Reyes- aparecen con frecuencia en las declaraciones finales del reinado de un monarca.
31.
Durmió Roboam.
Ver com. cap. 11: 43.
El nombre de su madre.
Se dio el nombre de su madre en el vers. 21. El lugar acostumbrado para esa mención está en la declaración con que empieza el reinado del monarca. Este es el único caso en que ese detalle aparece como parte de la fórmula real con que termina un reinado.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
15, 16 PR 78
16 PR 78
25 PR 69
26, 27 PR 70
31 PR 70 800

1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 15      AUDIO
1 El reinado impío de Abiam. 7 Asa reina en su lugar. 9 El buen reinado de Asa. 16 La guerra entre Baasa y Asa induce a éste a aliarse con Ben-adad. 23 Josafát sucede a Asa. 25 El reinado impío de Nadab. 27 La conspiración de Baasa contra él cumple la profecía de Ahías. 31 Las obras y la muerte de Nadab. 33 Reinado impío de Baasa.

1 EN EL año dieciocho del rey Jeroboam hijo de Nabat, Abiam comenzó a reinar sobre Judá,
2 y reinó tres años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom.
3 Y anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre.
4 Mas por amor a David, Jehová su Dios le dio lámpara en Jerusalén, levantando a su hijo después de él, y sosteniendo a Jerusalén;
5 por cuanto David había hecho lo recto ante los ojos de Jehová, y de ninguna cosa que le mandase se había apartado eh todos los días de su vida, salvo en lo tocante a Urías heteo.
6 Y hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días de su vida.
7 Los demás hechos de Abiam, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y hubo guerra entre Abiam y Jeroboam.
8 Y durmió Abiam con sus padres, y lo sepultaron en la ciudad de David; y reinó Asa su hijo en su lugar.
9 En el año veinte de Jeroboam rey de Israel, Asa comenzó a reinar sobre Judá.
10 Y reinó cuarenta y un años en Jerusalén; el nombre de su madre fue Maaca, hija de Abisalom.
11 Asa hizo lo recto ante los ojos de Jehová, como David su padre.
12 Porque quitó del país a los sodomitas, y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho.
13 También privó a su madre Maaca de ser reina madre, porque había hecho un ídolo de Asera. Además deshizo Asa el ídolo de su madre, y lo quemó junto al torrente de Cedrón.
14 Sin embargo, los lugares altos no se quitaron. Con todo, el corazón de Asa fue perfecto para con Jehová toda su vida.
15 También metió en la casa de Jehová lo que su padre había dedicado, y lo que él dedicó: oro, plata y alhajas.
16 Hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.
17 Y subió Baasa rey de Israel contra Judá, y edificó a Ramá, para no dejar a ninguno salir ni entrar a Asa rey de Judá.
18 Entonces tomando Asa toda la plata y el oro que había quedado en los tesoros de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa real, los entregó a sus siervos, y los envió el rey Asa a Ben-adad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión, rey de Siria, el cual residía en Damasco, diciendo:
19 Haya alianza entre nosotros, como entre mi padre y el tuyo. He aquí yo te envío un presente de plata y de oro; ve, y rompe tu pacto con Baasa rey de Israel, para que se aparte de mí.
20 Y Ben-adad consintió con el rey Asa, y envió los príncipes de los ejércitos que tenía contra las ciudades de Israel, y conquistó Ijón, Dan, Abel-bet-maaca, y toda Cineret, con toda la tierra de Neftalí.
21 Oyendo esto Baasa, dejó de edificar a Ramá, y se quedó en Tirsa.
22 Entonces el rey Asa convocó a todo Judá, sin exceptuar a ninguno; y quitaron de Ramá la piedra y la madera con que Baasa edificaba, y edificó el rey Asa con ello a Geba de Benjamín, y a Mizpa.
23 Los demás hechos de Asa, y todo su poderío, y todo lo que hizo, y las ciudades que edificó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Mas en los días de su vejez enfermó de los pies.
24 Y durmió Asa con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y reinó en su lugar Josafat su hijo.
25 Nadab hijo de Jeroboam comenzó a reinar sobre Israel en el segundo año de Asa rey de Judá; y reinó sobre Israel dos años.
26 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, andando en el camino de su padre, y en los pecados con que hizo pecar a Israel. 801
27 Y Baasa hijo de Ahías, el cual era de la casa de Isacar, conspiró contra él, y lo hirió Baasa en Gibetón, que era de los filisteos; porque Nadab y todo Israel tenían sitiado a Gibetón.
28 Lo mató, pues, Baasa en el tercer año de Asa rey de Judá, y reinó en lugar suyo.
29 Y cuando él vino al reino, mató a toda la casa de Jeroboam, sin dejar alma viviente de los de Jeroboam, hasta raerla, conforme a la palabra que Jehová habló por su siervo Ahías silonita.
30 por los pecados que Jeroboam había cometido, y con los cuales hizo pecar a Israel; y por su provocación con que provocó a enojo a Jehová Dios de Israel.
31 Los demás hechos de Nadab, y todo lo que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
32 Y hubo guerra entre Asa y Baasa rey de Israel, todo el tiempo de ambos.
33 En el tercer año de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Baasa hijo de Ahías sobre todo Israel en Tirsa; y reinó veinticuatro años
34 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de Jeroboam, y en su pecado con que hizo pecar a Israel.
1.
El año dieciocho.
En la antigüedad casi cada nación tenía su propio calendario y registraba las fechas relativas a países extranjeros en términos de sus propios métodos de cómputo. Hoy día expresamos todas las fechas antiguas registradas en diversos calendarios, en términos de nuestro propio calendario moderno, usando la escala de años AC. En el período de las monarquías hebreas, los años no se numeraban en una serie continua (así como el año 1974 representa el 1974.º año de la era cristiana), sino que se computaban por los reinados de cada monarca. Por eso en Judá el año en que comenzó a reinar Abiam fue llamado 18º año de Jeroboam, rey de Israel. Esta es la primera de muchas declaraciones cronológicas que muestran la relación entre los reinados de las dos monarquías hebreas. Por estas relaciones parece evidente que los libros de Reyes registran las fechas referentes a la ascensión de un rey de Judá de acuerdo con el sistema de cómputo usado en Judá, y mediante el sistema israelita las referentes a un rey de Israel. Puesto que la afirmación de este versículo es un registro referente al reinado de un rey de Judá, la mención del 18º año de Jeroboam en este caso significaría el 18º año de su reinado según el cómputo de Judá, y no necesariamente el 18º año tal como Jeroboam mismo lo computaba (ver págs. 151, 152).
2.
Hija.
Probablemente la nieta, pues según 2 Crón. 13: 2 la madre de Abías -allí llamada Micaías- fue hija de "Uriel de Gabaa". El "Abisalom" de este pasaje, también llamado "Absalón" (2 Crón. 11: 20), muy probablemente es el hijo rebelde de David, cuya madre también se llamaba Maaca (2 Sam. 3: 3). Absalón sólo tenía una hija, Tamar (2 Sam. 14: 27), que probablemente se casó con Uriel. De las "dieciocho mujeres y sesenta concubinas" de Roboam, Maaca era la favorita, y su hijo Abías fue elegido por Roboam para el reino entre sus 28 hijos (2 Crón. 11: 21, 22).
3.
Pecados que su padre había cometido.
Aunque siguió las prácticas idolátricas de su padre, Abías se presentó ante Israel como el paladín del templo de Jerusalén y del culto de Jehová, y reprochó a los israelitas porque rendían culto a los becerros de oro (2 Crón.13: 4- 12).
4.
Lámpara.
Es decir, su posteridad. "Por amor a David" se refiere a la promesa del Señor hecha a David en 2 Sam. 7: 12- 16.
5.
Lo tocante a Urías.
Este es el único pasaje donde se encuentra esta excepción en la alabanza a David. La referencia a Urías no se halla en una cantidad de manuscritos de la LXX.
6.
Hubo guerra.
Este versículo, que repite la afirmación del cap. 14: 30, falta en una cantidad de manuscritos de la LXX.
7.
Entre Abiam y Jeroboam.
En 2 Crón. 13: 3- 20 hay un relato de la guerra. El autor de Reyes toca someramente los asuntos bélicos y omite del todo varios asuntos descritos con detalles en Crónicas.
10.
El nombre de su madre fue Maaca.
Los judíos, de acuerdo con una costumbre oriental, llaman padre o madre, según el caso, a cualquier antepasado, aunque sea remoto (ver Gén. 3: 20; 10: 21; 17: 4; 36: 43; etc.). Maaca era madre de Abiam (1 Rey. 15: 2) y, por lo tanto, abuela de Asa. Se la llama "reina madre" ("Gran Dama", 1 Rey. 15: 13 BJ), lo que indica que -en tiempo de Abiam- ocupaba el honroso puesto de reina madre en la 802 corte y que todavía se la trataba con gran deferencia.
11.
Lo recto.
El reinado de Asa fue un punto decisivo en la historia de Judá. Los profetas Azarías y Hanani (2 Crón. 15: 1, 2; 16: 7) aconsejaban e inspiraban al rey en su empeño por seguir en los caminos del Señor. El relato de Reyes sólo da unos pocos y breves detalles de este interesante reinado, del que se presenta un informe mucho más amplio en Crónicas (2 Crón. 14: 1 a 16: 14).
12.
Quitó.
Es evidente que no tuvo un éxito completo en su empeño de limpiar de sodomitas el país, pues su hijo Josafat terminó esa tarea (1 Rey. 22: 46).
13.
Idolo.
Heb. miflétseth. Esta palabra sólo aparece aquí y en el pasaje paralelo de 2 Crón. 15: 16. Implica algo horrible ("Horror", BJ) y espantoso. Tal vez se refiera a alguna imagen obscena particularmente monstruosa. El acto de Maaca de hacer un ídolo tal fue considerado tan notorio, que se la privó de su elevada jerarquía cuando ya era anciana y se quemó públicamente el ídolo.
14.
No se quitaron.
Asa se esforzó por quitar "los altares del culto extraño, y los lugares altos" y por limpiar el país de los lugares de corrupción religiosa (2 Crón. 14: 3- 5), pero su esfuerzo no logró un éxito completo.
15.
Metió.
Tanto Abiam como Asa se esforzaron por reponer en el templo los tesoros que se había llevado Sisac durante el reinado de Roboam (cap. 14: 26).
16.
Entre Asa y Baasa.
El país estuvo en paz durante los primeros diez años del reinado de Asa (2 Crón. 14: 1, 6). Durante su 15.º año logró una gran victoria sobre el ejército invasor del etíope Zera (2 Crón. 14: 9- 15; cf. 2 Crón. 15: 10). Quizá después de esto estallaron las hostilidades contra Baasa de Israel.
17.
Edificó a Ramá.
Debido a la gran victoria de Asa sobre Zera, muchos forasteros acudieron a él "de Efraín, de Manasés y de Simeón; porque muchos de Israel se habían pasado a él, viendo que Jehová su Dios estaba con él" (2 Crón. 15: 9). Para evitar que sus súbditos se fueran con Asa, Baasa fortificó a Ramá -pueblo de Benjamín a 9,6 km al norte de Jerusalén, cerca de la frontera entre Israel y Judá- en un esfuerzo para fiscalizar el límite.
18.
Ben-adad.
Ben-adad I. Hubo un Ben-adad II que fue contemporáneo de Acab (cap. 20: 1, 34) y Ben-adad III, hijo de Hazael, que fue contemporáneo de Joás (2 Rey. 13: 24, 25).
Hezión.
Quizá sea Rezón, adversario de Salomón (cap. 11: 23). En el corto lapso de Salomón a Asa, Siria debe haberse convertido en un formidable poder militar. Usando los tesoros del templo, Asa procuró comprar la ayuda de Ben-adad contra Baasa. Se ha encontrado un interesante monumento de piedra de un rey de nombre Ben-adad, identificado por algunos con este rey, donde se ve su figura y una importante inscripción en arameo.
20.
Ciudades de Israel.
Las ciudades atacadas estaban en el norte, cerca de la frontera de Siria. Ijón probablemente estaba en el valle entre el Líbano y el Antilíbano, al oeste del monte Hermón. Dan estaba a 38 km al norte del mar de Galilea. Abel-bet-maaca estaba a unos 6 km al oeste de Dan, y Cineret estaba a orillas del mar de Cineret (Galilea). La tierra de Neftalí, la zona en la cual estaba la mayoría de las ciudades mencionadas, quedaba al norte del mar de Galilea. Parece que Siria retuvo estas ciudades por lo menos hasta el tiempo de Acab (cf. cap. 20: 34). Véase el mapa de la pág. 826.
21.
Dejó de edificar.
El proceder de Asa, aunque logró su propósito inmediato de liberarse de la amenaza de Baasa, no fue sabio ni correcto. Asa debiera haber puesto su confianza una vez más en el Señor como lo había hecho en la crisis provocada por Zera etíope, cuando invadió el país (2 Crón. 14: 9- 15). A pesar de los aprietos en que se encontraba, Asa no tenía derecho a emplear los tesoros del templo del Señor para comprar la ayuda de un rey pagano. Por eso fue reprochado por el profeta Hanani, pero se enojó y encarceló al profeta (2 Crón. 16: 7- 10). Más tarde, Isaías reprochó también a Israel por depender de Egipto y no de Dios (Isa. 30: 1- 17).
22.
Edificaba ... con ello.
Asa había fomentado una vigorosa política militar construyendo puestos fortificados donde se los pudiera necesitar, "con torres, puertas y barras" (2 Crón. 14: 6, 7). Después de que Baasa renunció a su empeño en Ramá -la moderna er-Râm-, en Benjamín, Asa eligió un lugar más fuerte, a 2,8 km al este, Geba -la moderna Jeba'- que estaba en la cima de una montaña terraplenada que domina el valle al norte, y otro lugar, Mizpa -identificada por algunos con Tell en-Natsbeh-, a 5,6 km al 803 noroeste de Geba. Los materiales que acopió Baasa para fortificar a Ramá fueron usador por Asa para fortificar Geba y a Mizpa. Mizpa debe haber sido una fortaleza importante, pues Gedelías, gobernador de Judá nombrado por Nabucanodosor, la eligió como la sede de donde gobernaba el camino real desde Siquem y Samaria hasta Jerusalén (Jer. 41: 1-5).
23.
Los demás hechos de Asa.
Algunos de ellos se registran en Crónicas. Los más importantes son su guerra con Zera etíope, la celebración de una gran fiesta en Jerusalén en su 15.º año, el encarcelamiento del evidente Hanani, la forma en que oprimió algunos del pueblo, y cuando, en su enfermedad final, sólo recurrió a los médicos y no al Señor.
Su vejez.
Según 2 Crón. 16:12, esto fue en el 39.º año de su reinado.
24.
Josafat.
Según el sistema de cronología adoptado en este comentario, Josafat reinó con su padre. Asa durante un tiempo. Es evidente que la declinante salud de Asa hizo que compartiera el trono con su hijo para que lo ayudara.
25.
El segundo año.
De acuerdo con el cómputo israelita, pero primero, según el propio cómputo de Asa (ver com. vers 1). Los datos cronológicos de los reyes que comienzan la relación de sus reinados, en términos generales están dispuestos de acuerdo con el orden de su ascensión al trono. Por eso el reinado de Nadab se presenta ahora después del de Asa, y no el reinado de Josafat, sucesor de Asa, y no el reinado de Josafat, sucesor de Asa. Hasta aquí esta ha sido la sucesión:
1 Rey. 15: 1, 2
Abiam de Judá 18.º año de Jeroboam
1 Rey. 15: 9, 10
Asa de Judá 20.º año de Jeroboam
1 Rey. 15: 25
Nadab de Israel 2.º año de Asa
Los restantes reinados registrados en 1 Reyes siguen el orden siguiente:
1 Rey. 15: 28, 33
Baasa de Israel 3er. año de Asa
1 Rey. 16: 8
Ela de Israel 26.º año de Asa
1 Rey. 16: 10
Zimri de Israel 27.º año de Asa
1 Rey. 16: 23
Omri de Israel 31.º año de Asa
1 Rey. 16: 29
Acab de Israel 38.º año de Asa
1 Rey. 22: 41, 42
Josafat de Judá 4.º año de Acab
1 Rey. 22: 51
Ocozías de Israel 17.º año de Josafat
Se advertirá que todos estos reinados están dispuestos en un orden perfecto de sucesión cronológica. De esta forma, no comienza el reinado de Josafat hasta que se ha dado el reinado de Acab, puesto que fue en el 4.º año de Acab cuando comenzó a reinar Josafat, y no comienza Ocozías hasta después de Josafat, puesto que fuen el 17.º año de Josafat cuando comenzó su reinado Ocozías. Esto muestra como los libros de Reyes están dispuestos en torno de una armazón de datos cronológicos.
26.
Hizo lo malo.
Esto es lo único que se registra del reinado de Nadab.
27.
De Isacar.
Baasa provenía de una tribu oscura que apenas se distingue en la historia hebrea.
Gibetón
Ciudad levítica del territorio originalmente asignado a Dan (Jos. 19: 44; 21: 23). Estaba en la Sefela (ver com. Jos. 19: 44). Muchas poblaciones de esa zona fronteriza con frecuencia eran poseídas alternadamente por los hebreos y por los filisteos. La ciudad ahora estaba en manos de los filisteos, quienes todavía la ocupaban 24 años más tarde (1 Rey. 16: 15).
28.
Tercer año de Asa.
Nadab comenzó su reinado en el sesundo año de Asa (vers. 25), y fue muerto por Baasa en el tercer año de Asa, después de reinar dos años (vers. 25). Esto fue posible porque el reinado de Nadab se computó según un sistema en el cual el último año de Jeroboam también se consideró como el primer año de Nadab, y cualquier parte del siguiente año en que comenzó el reinado de Nadab fue contada como su segundo año. Puesto que gobernó durante de dos años -el de su ascensión al trono y el siguiente-, se diría que reinó des años (ver pág. 141; también PR 80).
29.
Mató a toda la casa.
Ver com. cap. 16: 12. Baasa hizo esto para su propia seguridad y cumplió saí la profecía de Ahías (cap. 14: 7-11).
33.
Tirsa.
Esta ciudad, que había sido la capital de Jeroboam (cap. 14: 17), continuó siendo la capital de Israel bajo la casa de Baasa y hasta el reinado de Omri (cap. 16: 23). Una vez fue una ciudad cananea real (Jos. 12: 24) y, como Jerusalén, fue famosa por su belleza (Cant. 6: 4). 804
Veinticuatro años.
Es decir, 24 años según el cómputo inclusivo (ver com. vers. 28), pues comenzó su reinado en el 3er. año de Asa y continuó en el trono hasta el 26.º año de Asa (cap. 16: 8).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
11 PR 80, 142
16-24 PR 83
29, 30 PR 80


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 16      AUDIO
1, 7 Profecía de Jehú contra Baasa. 6 Ela reina en su lugar. 8 Zimri conspira contra Ela y reina en su lugar.11 Zimri cumple la profecía de Jehú. 15 Omri es hecho rey por los soldados y fuerza a Zimri a inmolarse. 21 División del reino y Omri prevalece contra Tibni. 23 Omri edifica a Samaria. 25 Su reinado impío. 27 Acab reina en su lugar. 29 El reinado de Acab, más impío que ninguno. 34 Maldición de Josué se cumple en Hiel, edificador de Jericó.

1 Y VINO palabra de Jehová a Jehú hijo de Hanani contra Baasa, diciendo:
2 Por cuanto yo te levanté del polvo y te puse por príncipe sobre mi pueblo Israel, y has andado en el camino de Jeroboam, y has hecho pecar a mi pueblo Israel, provocándome a ira con tus pecados;
3 he aquí yo barreré la posteridad de Baasa, y la posteridad de su casa; y pondré su casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat.
4 El que de Baasa fuere muerto en la ciudad, lo comerán los perros; y el que de él fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.
5 Los demás hechos de Baasa, y slas cosas que hizo, y su poderío, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
6 Y durmió Baasa con sus padres, y fue sepultado en Tirsa, y reinó en su lugar Ela su hijo.
7 Pero la palabra de Jehová por el profeta Jehú hijo de Hanani había sido contra Baasa y también contra su casa, con motivo de todo lo malo que hizo ante los ojos de Jehová, provocándole a ira con las obras de sus manos, para que fuese hecha como la casa de Jeroboam; y porque la había destruido.
8 En el año veintiséis de Asa rey de Judá comenzó a reinar Ela hijo de Baasa sobre Israel en Tirsa; y reinó dos años.
9 Y conspiró contra él su siervo Zimri, comandante de la mitad de los carros. Y estando él en Tirsa, bebiendo y embriagado en casa de Arsa su mayordomo en Tirsa,
10 vino Zimri y lo hirió y lo mató, en el año veintisiete de Asa rey de Judá; y reinó en lugar suyo.
11 Y luego que llegó a reinar y estuvo sentado en su trono, mató a toda la casa de Baasa, sin dejar en ella varón, ni parientes ni amigos.
12 Así exterminó Zimri a toda la casa de Baasa, conforme a la palabra que Jehová había proferido contra Baasa por medio del profeta Jehú,
13 por todos los pecados de Baasa y los pecados de Ela su hijo, con los cuales ellos pecaron e hicieron pecar a Israel, provocando a enojo con sus vanidades a Jehová Dios de Israel.
14 Los demás hechos de Ela, y todo lo que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
15 En el año veintisiete de Asa rey dejudá, comenzó a reinar Zimri, y reinó siete días en Tirsa; y el pueblo había acampado contra Gibetón, ciudad de los filisteos.
16 Y el pueblo que estaba en el campamento oyó decir: Zimri ha conspirado, y ha dado muerte al rey. Entonces todo Israel puso aquel mismo día por rey sobre Israel a Omri, general del ejército, en el campo de batalla.
17 Y subió Omri de Gibetón, y con él todo Israel, y sitiaron a Tirsa.
18 Mas viendo Zimri tomada la ciudad, se metió en el palacio de la casa real, y prendió fuego a la casa consigo; y así murió,
19 por los pecados que había cometido, haciendo lo malo ante los ojos de Jehová, y andando en los caminos de Jeroboam, y en 805 su pecado que cometió, haciendo pecar a Israel.
20 El resto de los hechos de Zimri, y la conspiración que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
21 Entonces el pueblo de Israel fue dividido en dos partes: la mitad del pueblo seguía a Tibni hijo de Ginat para hacerlo rey, y la otra mitad seguía a Omri.
22 Mas el pueblo que seguía a Omri pudo más que el que seguía a Tibni hijo de Ginat; y Tibni murió, y Omri fue rey.
23 En el año treinta y uno de Asa rey de Judá, comenzó a reinar Omri sobre Israel, y reinó doce años; en Tirsa reinó seis años.
24 Y Omri compró a Semer el monte de Samaria por dos talentos de plata, y edificó en el monte; y llamó el nombre de la ciudad que edificó, Samaria, del nombre de Semer, que fue dueño de aquel monte.
25 Y Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, e hizo peor que todos los que habían reinado antes de él;
26 pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en el pecado con el cual hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehová Dios de Israel con sus ídolos.
27 Los demás hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
28 Y Omri durmió con sus padres, y fue sepultado en Samaria, y reinó en lugar suyo Acab su hijo.
29 Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá.
30 Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de él.
31 Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró.
32 E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria.
33 Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.
34 En su tiempo Hiel de Bet-el reedificó a Jericó. A precio de la vida de Abiram su primogénito echó el cimiento, y a precio de la vida de Segub su hijo menor puso sus puertas, conforme a la palabra que Jehová había hablado por Josué hijo de Nun.
1.
Hijo de Hanani.
Hanani fue profeta para Asa en el reino de Judá (2 Crón. 16: 7-10). Ahora el Señor envía a un hijo de Hanani, Jehú, con un mensaje para Baasa de Israel. Jehú debe haber sido joven en este tiempo porque aparece reprochando a Josafat después de la muerte de Acab (2 Crón. 19: 2) y escribiendo los anales del reinado de Josafat (2 Crón. 20: 34).
2.
Pecar a ... Israel.
Este mensaje de reproche para Baasa es similar al mensaje de Ahías para Jeroboam (cap. 14: 7-11). Aquí la expresión "del polvo", que no está en el cap. 14: 17, parece indicar que Baasa no tenía ninguno de los antecedentes de categoría, riqueza, etc., que en alguna medida encuadraban con Jeroboam por su elevado cargo. En cambio, Baasa fue tomado de los estratos más humildes del pueblo.
3.
Pondré su casa.
Baasa había sido el instrumento para raer la casa de Jeroboam. Por eso debe haberle resultado muy clara la terrible suerte que le estaba reservada si seguía en los pasos de Jeroboam. El arrepentimiento podría haber evitado en cierta medida la terrible condenación. Los mensajes de castigo de Dios son con frecuencia advertencias del irrevocable destino del transgresor si persiste en su conducta. Dios desea salvar, no destruir.
5.
Los demás hechos.
Baasa gobernó durante 24 años, y sin duda hubo muchos asuntos de interés en los anales oficiales que podrían haber sido escogidos para presentar un amplio relato de su reinado. Pero el autor de Reyes pasa todo eso por alto y dice que está escrito en "el libro de las crónicas de los reyes de Israel". Lo que más le preocupa es la forma en que procedió cada gobernante en cuanto a Jehová y sus propósitos para Israel, y la influencia que eso tendría sobre la historia nacional del pueblo escogido de Dios. ¿Prosperaría la nación o declinaría, duraría para siempre o descendería a la ruina? La respuesta a estas preguntas dependía del proceder del rey y del pueblo para con Dios. 806
7.
Por el profeta.
A primera vista, este versículo parece estar fuera de lugar. El relato oficial del reinado de Baasa se ha terminado con el anuncio de su muerte y sepultura, del versículo precedente, y la entronización de su hijo. Pero ahora el relato nuevamente se remonta al reinado de Baasa y se refiere una vez más al mensaje de Jehú contra Baasa y su casa. Esta declaración adicional quizá fue hecha para hacer resaltar la perversidad especial de los pecados de Baasa.
Como la casa de Jeroboam.
Baasa había raído la casa de Jeroboam, sin embargo, él mismo no fue mejor. Cayó en las mismas impiedades que habían causado el castigo sufrido por la casa que él destruyó.
8.
Dos años.
Dos años según el cómputo inclusivo. Ela comenzó a reinar en el 26.º año de Asa y terminó su reinado en el 27.º año (vers. 10; ver com. cap. 15: 28).
9.
Conspiró.
Esto muestra el bajo nivel moral en que se había hundido Israel. Zimri ocupaba un alto cargo de confianza en el ejército de Ela, pero demostró ser desleal y se volvió contra el rey cuyo trono debía sostener. Prevaleció el interés egoísta, y aparece en el registro otro asesinato de un rey. No puede haber paz, seguridad ni tranquilidad cuando el rey y el pueblo menosprecian la ley de Dios y no permiten que su vida se amolde a la imagen divina.
Bebiendo y embriagado.
La ebriedad es un mal que arruina a las naciones. Cuando los gobernantes se entregan a la bebida, descuidan los asuntos del Estado y sufre la nación. "No es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la sidra; no sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los afligidos" (Prov. 31: 4, 5).
11.
Amigos.
Estas palabras indican un procedimiento de una severidad desusada. No sólo fueron extirpados todos los miembros de la casa real, sino también todos los amigos, incluso quizá los consejeros y signatarios del gobierno. No es extraño que la nación no fuera bondadosa con un rey tal, especialmente Omri que, como oficial del ejército que sirvió al rey anterior, tenía razón para temer por su seguridad personal. Los que ponen en peligro a otros, se ponen en peligro a sí mismos.
12.
Conforme a.
Con frecuencia las predicciones de los profetas tienen el carácter de simples preanuncios y no de decretos divinos. Dios no decreta todos los acontecimientos que predice. En otras ocasiones, las palabras de los profetas son pronunciamientos de castigos. Dios disponía el castigo que caería sobre un gobernante impío. El castigo era la muerte cuando la merecía la impiedad. Al efectuar el castigo, los ejecutores del decreto divino procedían como instrumentos del cielo (ver 2 Rey. 9: 7), sin embargo, con frecuencia perseguían fines egoístas impulsados por motivos de venganza. En la medida en que actuaban con tales motivos, incurrían en una falta. Por eso los asirios, que ejecutaron los juicios de Dios, fueron después castigados por los motivos crueles y egoístas que impulsaron su conducta (Isa. 10: 5-13). Probablemente Zimri fue más allá del propósito original del castigo pregonado contra la "casa de Baasa", y mató a muchos que no merecían ser destruidos.
13.
Sus vanidades.
Es decir, su culto a los ídolos (ver Deut. 32: 16, 21; 1 Sam. 12: 10, 21; Jer. 8: 19). Pocas cosas son tan necias como hacerse uno dioses con sus propias manos y luego prosternarse delante de ellos para adorarlos. La necedad de tal proceder se hace resaltar varias veces en la Palabra de Dios (Sal. 115: 4-8; Isa. 41: 21-29; 44: 9-20; Jer. 10: 3-8).
15.
Siete días.
Los reinados de menos de un año de duración con frecuencia son dados en términos de días o meses (2 Rey. 15: 8, 13; 23: 31; 24: 8; 2 Crón. 36: 2, 9).
Contra Gibetón.
Veinticuatro años antes, Baasa había herido a Nadab mientras éste luchaba contra Gibetón (cap. 15: 27).
16.
Omri.
Mientras Ela se embriagaba en casa de su mayordomo en Tirsa, lo asesinó Zimri (vers. 9), y tan pronto como llegó la noticia al ejército que estaba en Gibetón, proclamaron rey a Omri. Este suceso recuerda la práctica favorita de los ejércitos romanos, que cuando recibían la noticia del asesinato de un emperador en Roma, tenían la costumbre de investir con la púrpura a su propio comandante.
18.
Tomada la ciudad.
El asedio de Tirsa debe haber sido corto pues todo el reinado de Zimri sólo duró siete días (vers. 15). Sin duda Omri recibió ayuda desde dentro de la ciudad puesto que pudo capturarla casi inmediatamente.
En el palacio.
Quizá en el punto más fortificado del palacio, la ciudadela. Esta acción de 807 incendiar el palacio y morir en las llamas tiene muchos paralelos en la historia del Oriente.
19.
Por los pecados.
Zimri sólo reinó siete días sobre Israel, sin embargo, recibe la misma condenación de los reyes de los reinados más largos. Su muerte ilustra la lección que el autor de Reyes extrae de toda la historia de los monarcas de Israel, que una maldición estaba sobre ellos y la nación por persistir en el pecado de Jeroboam, que finalmente llevó a cada casa real a un fin ignominioso y sangriento.
21
Dividido.
La muerte de Zimri dejó a Israel con dos reyes, cada uno de los cuales gobernaba la mitad de la nación. Puesto que Zimri comenzó su corto reinado de siete días en el 27.º año de Asa (vers. 10, 15) y que Tibni y Omri comenzaron sus reinados en ese tiempo, ambos comenzaron a reinar en el 27.º año de Asa.
22.
Tibni murió.
No se nos dice cómo gobernó Tibni ni cómo murió, pero hay un ominoso significado en la breve declaración de que murió y que reinó Omri. Es evidente que hubo una lucha permanente entre los dos, que no terminó hasta que Omri hubo eliminado a su rival.
23.
El año treinta y uno.
Esto indica el tiempo cuando Omri comenzó a reinar solo. Primero fue constituido rey en el año 27.º de Asa (vers. 15, 16). Comenzó su reinado cinco años más tarde, según el cómputo inclusivo (el 31.º año de Asa).
Doce años.
Este período ha provocado muchas dificultades a los cronólogos de la Biblia. Con todo, es comparativamente simple. Estos 12 años abarcan todo el reinado de Omri, no sólo el período cuando no tuvo rivales, sino también el lapso cuando Tibni gobernó parte del país. De modo que los años de Omri comenzaron en el año 27.º de Asa, cuando el pueblo instituyó a Omri como rey (vers. 15, 16), y terminaron en el 38.º año de Asa, cuando Acab sucedió a Omri (vers. 29), un período de 12 años, según el cómputo inclusivo (ver- pág. 139).
Seis años.
Desde el período cuando comenzó su reinado hasta poco después de la muerte de Tibni. Durante un año, después de la muerte de su rival, Tirsa continuó siendo la capital de Omri.
24.
El monte de Samaria.
Con Omri comenzó un nuevo período de gobierno estable y de prosperidad para el reino del norte. Mientras la capital estuvo en Tirsa, la nación pasó por un largo período de disensiones e intranquilidad. Posiblemente persistían las semillas de descontento en Tirsa, por lo que Omri decidió trasladar su capital, y eligió para ello el monte de Samaria, a 11,6 km al noroeste de Siquem. Habría sido difícil encontrar un sitio más perfecto para la capital de la nación, pues era un lugar de gran belleza. Desde la cumbre del monte se dominaba un amplio panorama. El sitio se encontraba en el corazón mismo del país. El monte, con sus escarpadas laderas, militarmente se adaptaba muy bien para su defensa, como quedó demostrado en los largos asedios que soportó (1 Rey. 20: 1; 2 Rey. 6: 24; 17: 5; 18: 9, 10). La zona que lo circundaba era muy productiva. La población parece haberse abastecido de agua mediante el uso de cisternas. Su historia confirmó la sabiduría de su fundador, pues Samaria consintió como capital de Israel hasta el fin de la historia de la nación. Las excavaciones del antiguo lugar de Samaria remontan los niveles más antiguos de la ciudad a los días de Omri.
25.
Hizo peor.
Desde un punto de vista secular, Omri tuvo éxito como gobernante. Hizo mucho para proporcionar paz y prosperidad a su atribulado país. Su nombre aparece en la famosa Piedra Moabita, que registra cuando Omri ocupó a Moab (ver nota adicional de 2 Rey. 3). Para los asirios, Israel llegó a ser conocido como "la tierra de Omri", y aun Jehú -que extirpó la casa de Omri- es llamado "hijo de Omri" (ver la ilustración frente a la pág. 33). Pero a la vista del Señor, Omri fue peor que todos los malos reyes anteriores. Además de aceptar la antigua idolatría, quizá fue más allá e introdujo y fomentó el culto del Baal sidonio. Miqueas menciona "los mandamientos de Omri" (Miq. 6: 16) en relación con "toda obra de la casa de Acab", como símbolos de apostasía empedernida y sin esperanza.
31.
Jezabel.
El nombre de Jezabel llegaría a convertirse en sinónimo de impiedad. Su padre Et-baal, era sumo sacerdote de Baal (PR 84). Josefo lo llama el sacerdote de Astarté, quien mató a Feles, rey de Tiro, y fundó tina nueva dinastía que reinó en Tiro durante 32 años (Contra Apión 1. 18). El origen sacerdotal de Jezabel podría explicar la dedicación fanática de la reina al difundir la falsa religión en Israel. 808
Rey de los sidonios.
En este tiempo, Tiro era la principal ciudad de Fenicia (ver com. Gén. 10: 15), pero la fama histórica de Sidón indujo a los reyes de Tiro a adoptar el título de "rey de los sidonios". Un recipiente de consagración hallado en la isla de Chipre lleva esa misma inscripción.
Baal.
Literalmente, "señor". El nombre se refiere al gran dios de la tormenta y a los muchos dioses locales de la fertilidad que eran adorados como el principio productor de la naturaleza. Acab ahora promovía una religión corrupta.
32.
El templo de Baal.
No se han hallado restos de este templo, pero podría haber sido parte del espléndido palacio de Acab que ha sido desenterrado.
33.
Una imagen de Asera.
Ver com. Juec.3: 7; 1 Rey. 14: 15. Con frecuencia se relacionaba a Baal con la diosa Astarté o Astarot (Juec. 2: 13), y a menudo había una imagen de Asera en las proximidades de su altar (ver Juec. 6: 25, 30).
34.
Reedificó a Jericó.
Ver com. Juec. 6: 26. Jericó fue reedificada y otra vez se convirtió en un lugar muy importante. Tenía grandes ventajas naturales, disponía de agua en abundancia y dominaba el camino real del valle del Jordán a la meseta de Bet-el. La reedificó uno de Bet-el, tal vez patrocinado por Acab.
A precio de la vida de Abiram.
Ver PR 172. Algunos entienden que este texto se refiere a los sacrificios humanos que eran parte de la religión corrupta de ese tiempo. Si así fuera, el primogénito habría sido ofrecido al echar el cimiento, y el menor cuando fue inaugurada la ciudad (cuando le puso "sus puertas").
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
25 PR 83
29-33 PR 83, 132
30-33 3T 262
34 PR 173; 3T 273


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 17      AUDIO
1 Elías, después de Profetizar contra Acab es enviado a Querit, donde es alimentado por los cuervos. 8 Es enviado a la casa de la viuda a Sarepta. 17 Resucita al hijo de la viuda. 24 La mujer cree en él.

1 ENTONCES Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.
2 Y vino a él palabra de Jehová, diciendo:
3 apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán.
4 Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer.
5 Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán.
6 Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo.
7 Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.
8 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:
9 Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.
10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.
11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.
12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y 809 para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.
14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra.
15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella y su casa, muchos días.
16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.
17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento.
18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios? ¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y para hacer morir a mi hijo?
19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama.
20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo?
21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él.
22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.
23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo vive.
24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca.
1.
Elías.
Aquí comienza una nueva sección de Reyes, muy diferente en espíritu de lo anterior. En vez de unos pocos hechos fríos acerca de los reinados de los monarcas, ahora encontramos una relación de algunas de las acciones más conmovedoras de un notabilísimo profeta. Los relatos son detallados y gráficos, llenos de belleza espiritual e instrucción moral. Elías aparece en el escenario como un hombre que tiene una misión urgente al servicio de Dios. Se vivía una crisis. El pecado había invadido el país, y si no se lo detenía, pronto sumiría todo en la ruina. Como un valiente guerrero de Dios, Elías hizo frente al enemigo, dando testimonio del Altísimo por palabra y ejemplo, viviendo la vida de un eremita, o irguiéndose osadamente en la cumbre del Carmelo para demandar que descendiera fuego del cielo y blandiendo la espada de la venganza en el exterminio de los profetas de Baal. A medida que el emocionantísimo relato pone de manifiesto su valor, fe, fidelidad asombrosa, tierno afecto o ferviente celo en el servicio para Dios, es imposible dejar de ver en el profeta a un símbolo del Elías mayor que aún había de venir (Mat. 17: 10-12). El nombre Elías hacía cabalmente idóneo al profeta para su misión, pues significa "Jehová es mi Dios".
De Galaad.
El hogar de Elías estaba en Galaad, al este del Jordán. Se desconoce la ubicación exacta del pueblo de donde procedía.
Dijo a Acab.
El relato de Elías comienza en forma dramática y súbita. No hay introducción, nada acerca del llamamiento del profeta, nada en cuanto a los comienzos de su vida. Se lo menciona por nombre como uno de los habitantes de Galaad, y luego aparece delante del rey presentando su solemne mensaje del castigo venidero. En la soledad de las montañas de Galaad, Elías se había conmovido profundamente mientras pensaba en la marea siempre creciente de apostasía que inundaba el país. Acongojado, se despertó su indignación y oró con sumo fervor para que sucediera algo que detuviese la marca de maldad; que si fuera necesario, sobrevinieran castigos para que el pueblo volviera en sí y viera la necedad de confiar en Baal. Dios escuchó su oración y lo envió a él mismo al rey con su sorprendente mensaje del castigo venidero (ver PR 87, 88).
Lluvia ni rocío.
Baal era adorado como la fuente de vida y bendiciones, como el gran dios de las tormentas que daban humedad a la tierra y la hacían producir. Ahora Israel había de aprender que Baal no podía proporcionar esas bendiciones.
3.
Apártate de aquí.
No había tiempo que 810
VIAJES DE ELÍAS
811 perder. Antes de que el rey pudiese volver en sí para hacer apresar y matar al profeta, éste se había ido. El Señor le dio instrucciones para que fuera al arroyo de Querit cerca del valle del Jordán. No se conoce la ubicación exacta de ese arroyo, pero tal vez estaba en alguna tranquila hondonada, muy lejos del bullicio mundanal.
4.
Los cuervos.
Corrían tiempos extraños, y se había endurecido el corazón de los hombres. Si algo bueno había de realizarse, Dios mismo debía manifestarse en formas sumamente insólitas. Cualquiera fuera el recurso, no importa cuánto tiempo demandara, Dios demostraría delante de la nación que él era Dios y que cuidaría de los suyos.
7.
Se secó.
El mensaje de Elías para el rey se cumplió inmediatamente. Desde el momento en que pronunció las palabras, no hubo lluvia, y todo el país estaba quedando árido y agostado. El rey y el pueblo rehusaban creer que la sequía fuera un castigo de Dios. Insistían en que Baal y Astarot les darían todavía la lluvia vivificante. Entonces, el mismo arroyo de Querit se secó.
9.
Sarepta.
Ciudad costera de Fenicia, 14,4 km al sur de Sidón y 21,6 km al norte de Tiro. A esta ciudad -en el mismo corazón del país gobernado por los reyes propicios a Baal- Dios envió a Elías para que lo sostuviera una viuda que no era israelita. Ciertamente, Acab nunca lo habría buscado allí. Sarepta es una aldeíta conocida hoy como Tsarafand.
10.
Recogiendo leña.
Esta es una de las escenas más comunes en los países del Cercano Oriente donde escasea el combustible. Mujeres y niños buscan por doquiera unos pocos palitos o briznas de pasto seco que se puedan usar para encender el fuego.
11.
Un bocado de pan.
Fue el Señor quien impulsó al profeta para que pidiera pan. Conocía exactamente la situación que prevalecía: el estado paupérrimo de la viuda y que el profeta necesitaba pan. Estando ella misma en una situación tan desesperada, ¿pensaría la viuda que podía negar a su propio hijo lo que daría a un forastero de otro país?
13.
Hazme ... de ello.
El pedido era una prueba de fe. La viuda acababa de exponer el aprieto económico en que estaba. Casi se había terminado su escasísima provisión; sólo le quedaba lo suficiente para una última mezquina comida, y luego la inanición.
14.
Jehová ... ha dicho.
El pedido estaba acompañado por una promesa. Se le dijo de las bendiciones que resultarían de su dádiva. Dios le aclaró que si daba al profeta, el Altísimo le devolvería mucho más de lo que había dado. Afrontó la prueba, y fue ricamente recompensada.
15.
Comió ... muchos días.
Comió porque creyó en la promesa de Dios. Miles en torno de ella -los que confiaban en Baal- morían de hambre. Cuando se le pidió que diera, tan sólo tenía lo suficiente para una última comida para ella y su hijo. Pero cuando hubo dado, tuvo suficiente para ella y toda su casa, y también para el profeta, durante muchos días. Encontró vida y bendiciones debido a su fe en Dios. "Hay quienes reparten, y les es añadido más" (Prov. 11: 24).
16.
No escaseó.
El almacén de Dios nunca queda vacío. El Señor es la fuente de todas las bendiciones. Los que aprenden a confiar en él, aun en esta vida hallarán una plenitud de gozo y bendiciones que nunca podrán conocer los que desprecian su gracia (ver Mat. 6: 25, 33).
17.
Cayó enfermo.
La viuda recibió abundantes pruebas de la presencia y de las bendiciones de Dios, sin embargo, su hijo enfermó. El pesar y la muerte llegan a los hogares de los justos tanto como a los de los impíos.
18.
Varón de Dios.
Las palabras indican que la mujer creía en Dios y que Elías era su profeta. Es una confesión de fe notable de una mujer de Fenicia. Aun antes de que llegara Elías, ya ella "creía en el verdadero Dios, y había andado en toda la luz que resplandecía sobre su senda" (PR 94). En un momento cuando Israel se desviaba de Dios al culto de Baal, una mujer del país de Baal demostraba su fe en el Dios de Israel. La simiente sembrada en los lugares que parecen menos promisorios puede brotar para producir su cosecha de gracia.
Para traer a memoria.
Las palabras expresan la sinrazón del corazón dolorido. La visita de Elías había proporcionado a la viuda vida y no muerte, gozo y no pesar. En su aflicción, ella relacionó su dificultad con el profeta y con Dios, y creyó que el castigo que recibía se debía a algún pecado propio. La presencia del profeta había despertado en ella una comprensión más nítida del pecado, y ahora consideraba su desgracia como sin castigo de Dios.
20.
Clamando a Jehová.
Un ejemplo que 812 muestra que en la presencia de la muerte, los hijos de Dios pueden clamar a él. "La oración eficaz del justo puede mucho" (Sant. 5: 16).
21.
Se tendió.
Esto no significa que el profeta estaba recurriendo a algún medio natural para revivir al muerto. Tan sólo Dios, el Dador de la vida, puede restaurarla. Elías oró fervientemente a Dios para que restaurara la vida del niño.
Alma.
Heb. néfesh. Esta palabra hebrea aparece más de 700 veces en el AT y ha sido traducida en la RVR como "ser" (Gén. 1: 21, 24; 2: 7; Lev. 11: 46; etc.), "persona" (Gén. 12: 5; 14: 21; Lev. 11: 43; Jer. 43: 6; etc.), "alma" (Gén. 12: 13; etc.), "vida" (Gén. 9: 4; Jos. 2: 14; 1 Rey. 19: 4; etc.), "muerte" (Exo. 4: 19 [en el sentido de quitar la vida], ["vida", VM]; etc.), "muerto" (Lev. 19: 28; Núm. 9: 6, 7, 10; etc.), "alguno" (Jos. 20: 9), "ellos mismos" (Isa. 46: 2), "animales" (Gén. 2: 19 ["ser", BJ]), y en muchas otras formas. De todas estas maneras de traducir néfesh, quizá "vida" sería la más adecuada en el texto que estamos tratando. La traducción "alma" es engañosa: hace que muchos piensen que se trata de una entidad inmortal, capaz de existir conscientemente fuera del cuerpo. Esta idea no se halla en la palabra néfesh. No se da esta idea y ni siquiera se insinúa en ninguno de los más de 700 casos en que aparece esta palabra. Ni una vez se llama inmortal a néfesh. Traducir néfesh como "vida" está en armonía con lo que los traductores de la RVR han hecho en unos 150 casos. Un ejemplo notable es 1 Rey. 19: 4, cuando exclamó Elías: "Oh Jehová, quítame la vida [Heb. néfesh]". Aquí los traductores han empleado correctamente la palabra "vida". Un estudio más amplio del problema está en com. Gén. 35: 18 y Sal. 16: 10.
22.
Revivió.
Mediante la oración hecha con fe, "las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección" (Heb. 11: 35). Este milagro se realizó durante una hora de crisis en la historia de Israel y del mundo. Declinaba la fe en Dios. La gente consideraba las fuerzas de la naturaleza como la fuente de la vida y de la curación. Necesitaba que se dirigiera su atención a Dios, quien da vida y es el único que puede no sólo curar a los enfermos sino levantar a los muertos. No podía silenciarse la noticia de un milagro tal. Se trataba de algo que Baal nunca podría hacer. Cuando se supo que el poder de Dios había levantado de los muertos al hijo de la viuda comenzó a quebrantarse el poder de Baal.
23.
Tu hijo vive.
¡Cuántos corazones maternos adoloridos han anhelado oír palabras como éstas! Pero, si son fieles, muchas madres oirán las mismas alegres palabras antes de mucho. ¡Cuántas bendiciones inesperadas y cuántos favores había recibido la viuda de Sarepta como resultado de su fe y hospitalidad! Había compartido su última comida con el profeta y le albergado en su humilde hogar. Como recompensa, le fue devuelta la vida a su hijo. "El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá" (Mat. 10: 41; cf. Isa. 58: 10, 11).
24.
Ahora conozco.
La viuda había recibido una extraordinaria confirmación de que era fidedigno el mensaje, pues Dios había cumplido su promesa. Siempre son seguras las promesas del Señor. Es bueno que cada hijo de Dios se aferre a la profesión de su fe sin fluctuar "porque fiel es el que prometió" (Heb. 10: 23). Aunque quizá el Señor no efectúe milagros para nosotros como lo hizo en el caso de la viuda de Fenicia, hay miles de formas por las cuales cada uno de sus hijos puede saber que su Palabra es verdadera. Dios es igualmente bueno y poderoso. Y está tan cerca de nosotros hoy día como estuvo de la viuda de Sarepta, y se interesa en responder a cada una de nuestras necesidades (ver Mat. 6: 25-34).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-24 PR 87-96
1 PE 162; PR 86, 88; 3T 263, 273
3, 4 PR 89
3-6 3T 288
4 MC 154
6 1JT 503; PE 56
7-9 3T 288
9 DTG 205; HAp 333, 344; 3T 274
9-11 PR 94
9-16 2T 29
12-14 PR 95
12-15 2JT 572
15-24 2JT 573; PR 95 813


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 18      AUDIO
1 En la severidad del hambre, Elías es enviado a Acab y se encuentra con el buen Abdías. 9 Abdías trae a Acab a la presencia de Elías. 17 Elías reprocha a Acab y desenmascara por medio del fuego a los profetas de Baal. 41 Elías ora pidiendo lluvia y va a Jezreel con Acab.

1 PASADOS muchos días, vino palabra de Jehová a Elías en el tercer año, diciendo: Ve, muéstrate a Acab, y yo haré llover sobre la faz de la tierra.
2 Fue, pues, Elías a mostrarse a Acab. Y el hambre era grave en Samaria.
3 Y Acab llamó a Abdías su mayordomo. Abdías era en gran manera temeroso de Jehová.
4 Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.
5 Dijo, pues, Acab a Abdías: Ve por el país a todas las fuentes de aguas, y a todos los arroyos, a ver si acaso hallaremos hierba con que conservemos la vida a los caballos y a las mulas, para que no nos quedemos sin bestias.
6 Y dividieron entre sí el país para recorrerlo; Acab fue por un camino, y Abdías fue separadamente por otro.
7 Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías; y cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo: ¿No eres tú mi señor Elías?
8 Y él respondió: Yo soy; ve, di a tu amo: Aquí está Elías.
9 Pero él dijo: ¿En qué he pecado, para que entregues a tu siervo en mano de Acab para que me mate?
10 Vive Jehová tu Dios, que no ha habido nación ni reino adonde mi señor no haya enviado a buscarte, y todos han respondido: No está aquí; y a reinos y a naciones él ha hecho jurar que no te han hallado.
11 ¿Y ahora tú dices: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías?
12 Acontecerá que luego que yo me haya ido, el Espíritu de Jehová te llevará adonde yo no sepa, y al venir yo y dar las nuevas a Acab, al no hallarte él, me matará; y tu siervo teme a Jehová desde su juventud.
13 ¿No ha sido dicho a mi señor lo que hice, cuando Jezabel mataba a los profetas de Jehová; que escondí a cien varones de los profetas de Jehová de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los mantuve con pan y agua?
14 ¿Y ahora dices tú: Ve, di a tu amo: Aquí está Elías; para que él me mate?
15 Y le dijo Elías: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él.
16 Entonces Abdías fue a encontrarse con Acab, y le dio el aviso; y Acab vino a encontrarse con Elías.
17 Cuando Acab vino a Elías, le dijo: ¿Eres tú el que turbas a Israel?
18 Y él respondió: Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre, dejando los mandamientos de Jehová, y siguiendo a los baales.
19 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel.
20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo.
21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra.
22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres.
23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiera por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
25 Entonces Elías dijo a los profetas de 814 Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo.
26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.
27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle.
28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos.
29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado.
31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada la palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre,
32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano.
33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña.
34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez,
35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas.
37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos.
38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.
39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!
40 Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
41 Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.
42 Acab subió a comer y a beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo, y postrándose en tierra, puso su rostro entre las rodillas.
43 Y dijo a su criado: Sube ahora, y mira hacia el mar. Y él subió, y miró, y dijo: No hay nada. Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces.
44 A la séptima vez dijo: Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar. Y él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro y desciende, para que la lluvia no te ataje.
45 Y aconteció, estando en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento, y hubo una gran lluvia. Y subiendo Acab, vino a Jezreel.
46 Y la mano de Jehová estuvo sobre Elías, el cual ciñó sus lomos, y corrió delante de Acab hasta llegar a Jezreel.


1.
El tercer año.
El período de sequía duró tres años, pero el intervalo desde la lluvia precedente añadió seis meses (Luc. 4: 25; Sant. 5: 17). En cuanto a la estación seca normal, mayo-octubre, véase la pág. 113.
Muéstrate.
El rey había estado buscando a Elías por todos lados, sin encontrarlo. Ahora se le mandó al profeta que fuera y se mostrara al rey. El castigo del Señor había caído sobre el país tal como Elías lo había anunciado directamente a Acab. Era adecuado que desapareciera el castigo de la misma manera. No se daría al rey ni al pueblo excusa alguna para que atribuyeran el fin de la sequía al poder de sus dioses o profetas.
2.
Fue, pues, Elías.
Elías sabía que 815 peligraría su vida, pero cuando recibió la orden del Señor de mostrarse ante Acab, obedeció inmediatamente y confió en que Dios lo protegería.
3.
Abdías.
El nombre significa "siervo de Jehová". El carácter de este hombre estaba en armonía con el significado de su nombre. Es notable que el rey conservara en un cargo tan importante a un hombre a quien reconocía como siervo del Señor. Con todo, Acab sabía que este hombre, que era tan fiel a Dios, también sería fiel para administrar los asuntos de la casa real.
4.
Jezabel destruía.
Antes no se nos había descrito la dureza de la persecución contra el pueblo de Dios, y quién era la persona que la fomentaba. La reina Jezabel, enfurecida porque el mensaje de Elías había cerrado el cielo para que no lloviera, estaba determinada a que fueran muertos el profeta y todos los que lo acompañaban en el servicio de Jehová. Ciertamente, aunque no hubiese habido el hambre, la consagración de Jezabel a Baal la hubiera hecho ser hostil a los profetas de Dios.
Cien profetas.
Es evidente que los profetas aquí mencionados eran miembros de las escuelas de los profetas. Era un grupo de eruditos profetas y predicadores profetas que originalmente se prepararon bajo la dirección de los profetas y se dedicaron a la promulgación del mensaje de una vida correcta y santa. El hecho de que 100 de ellos fueran ocultados por Abdías muestra que deben haber sido bastante numerosos aun en Israel, que durante un período tan largo se había opuesto a la voluntad del Señor.
En cuevas.
Las cuevas eran comunes en Palestina, Tan sólo en la región del monte Carmelo se han contado más de 2.000 cuevas. Las cuevas de Palestina eran tanto naturales como hechas por mano humana, y servían como hogares, tumbas, depósitos, cisternas o establos para el ganado. En tiempos de guerra y de opresión se convertían en excelentes lugares de refugio Jos. 10: 16-27; Juec. 6: 2; 1 Sam. 13: 6; 22: 1; 24: 3-10; 2 Sam. 23: 13).
5.
Fuentes.
Palestina es famosa por sus manantiales y fuentes que emanan de debajo de una roca o loma, o del terreno. Permanentemente mantienen el caudal de muchos arroyos y ríos. Es evidente que mucho después de que se habían secado los ríos, algunos arroyos eran alimentados por manantiales que recibían su caudal de las nieves del Líbano, y continuaban fluyendo durante la cálida estación seca, cuando no había lluvia.
6.
Dividieron entre sí el país.
Esta inspeción personal del país hecha por el rey y uno de sus principales funcionarios muestra el difícil aprieto en que se encontraba Israel debido a la sequía.
7.
¿No eres tú mi señor Elías?
Quizá sería mejor traducir: "¿Eres tú en persona mi señor Elías?" o "¿Estás tú aquí, mi señor Elías?" Es notable la humildad de Abdías en la presencia del profeta. Esto nace de la reverencia para con Dios. Abdías era uno de los principales funcionarios del reino, pero se reconocía como siervo o esclavo (ver vers. 9, 12) ante el mensajero del Señor. Hizo la pregunta no para obtener información sino debido a la sorpresa. "¿Estás aquí, cuando el rey ha estado buscándote todos estos años por todo el país?"
8.
Di a tu amo.
El Señor ordenó a Elías que fuera y se mostrara a Acab. Ahora se había encontrado con Abdías, pero no acompañó a éste ante el rey. Por el contrario, Abdías debía anunciar a Acab la presencia de Elías, y si así lo deseaba el rey podía ir al encuentro del profeta. La verdadera relación entre las personas no siempre se indica por los títulos o cargos oficiales que tienen. Con frecuencia, el siervo o esclavo está en un plano muy superior -en lo que atañe a verdadera grandeza o superioridad- que el rey o el amo.
10.
Nación ni reino.
Había muchos reinos pequeños no muy lejos de Israel. Hubiera sido natural que alguien que debía huir para salvar la vida se exiliara en alguno de esos Estados cercanos. Acab no sólo buscó a Elías en su propio país, sino que había preguntado por él en todos los países vecinos.
12.
Te llevará.
Abdías confiaba plenamente en que Dios cuidaría de su siervo Elías. Temía que "el Espíritu de Jehová" arrebatara a Elías para protegerlo en algún refugio oculto antes de que pudiera hablar con Acab.
14.
Ahora dices tú.
Abdías no deseaba causar la muerte de Elías, lo que sabía que sucedería si llevaba al profeta ante el rey. Pero si no lo hacía, estaba seguro de que él mismo moriría. ¿Era posible que deseara Elías ocasionar la muerte de un hombre que había salvado la vida de 100 profetas?
15.
Me mostraré a él.
Elías había recibido su misión de Dios, y aunque esto le pareciera 816 inconcebible a Abdías, Elías estaba listo para hacer frente a Acab ese mismo día.
16.
Acab vino.
El rey fue al profeta, no el profeta al rey. Acab comprendía que Elías, en primer lugar, era leal y servía a Aquel que es mayor que un rey terrenal, y por eso el rey se vio obligado a ir al hombre cuya vida buscaba. Sabía muy bien que el profeta no había estado de acuerdo con ese extraño encuentro para entregarse en las manos del rey. El rey y no el profeta hizo frente a ese encuentro con temor, aunque el rey estaba acompañado por una poderosa guardia personal de soldados, y el profeta sólo tenía la defensa de Dios.
17.
El que turbas a Israel.
Era grande la turbación de Israel, y en el fondo de su conciencia Acab comprendía cuál era la causa. Pero el culpable siempre trata de rehuir la responsabilidad del mal que provoca. Acab procuró acusar a Elías por la maldición que había herido al país. Uno de los mayores males del pecado es que siempre procura confundir las cosas. Rehúsa llevar la culpa de la dificultad que ocasiona, y aun procura que parezca que el justo y no el inicuo es responsable por la desgracia del hombre.
18.
Sino tú.
El rey se ha encontrado con su amo. La humilde capa del profeta tiene mayor autoridad que el manto real. Es Elías el que ocupa el asiento del juez, mientras que el rey es el culpable que está ante el tribunal. Mientras Elías intrépidamente le dice que él es quien ha turbado a Israel, el rey se acobarda ante las palabras del merecido reproche.
Dejando los mandamientos.
El rey y todos los que están en el reino necesitan saber que es su desobediencia a los mandamientos de Dios lo que ha traído los terribles castigos sobre ellos y sobre su desventurado país. Sirviendo a Baal han seguido la senda de una felicidad sólo aparente. Buscando la vida, encontraron la muerte; buscando el gozo, encontraron dolores y desgracias; buscando paz y prosperidad, encontraron dificultades y ruina.
19.
Congrégame.
Es el profeta y no el rey quien da las órdenes. Acab reconoció el origen divino de la orden, y la obedeció inmediatamente.
Monte Carmelo.
Cadena montañosa de 9,3 km de largo. Su promontorio noroeste penetra en el Mediterráneo. Los montes tienen 167,7 m de alto en el promontorio y 518,3 m de alto en el sureste. La altura proporciona sin bello panorama del Mediterráneo, las llanuras de Esdraelón y Sarón y una buena parte de Samaria.
Profetas de Baal.
Estos eran los sacerdotes y maestros de Baal, y los profetas de Asera eran los sacerdotes encargados del culto de Astoret [diosa de los sidonios; Astarot, diosa de los cananeos]. El número da una idea de cómo se habían difundido esos cultos degradantes, a los que se había entregado el pueblo de Israel.
Comen de la mesa de Jezabel.
Es decir, eran sostenidos por la reina. Constituían el clero que recibía un subsidio de Jezabel.
20.
Acab convocó.
En armonía con las indicaciones de Elías, Acab convocó a todo Israel para que se reuniera en el Carmelo junto con los profetas de Baal y Astoret. El pueblo se presentó con extraños presentimientos. El monte Carmelo, que una vez ofrecía un bello panorama, con sus templos de ídolos y bosques florecientes, ahora estaba desolado. Los árboles se alzaban desvaídos y sin follaje, los manantiales estaban secos y no había más flores. Los dioses de la fertilidad tristemente habían fracasado ante sus adoradores; y éstos mismos también habían fracasado. Sus propios santuarios eran lugares de molestia y deshonra. Allí, en esos mismos terrenos consagrados a los santuarios paganos -una vez tan bellos y ahora tan áridos y abandonados- Elías se proponía demostrar la completa necedad del culto de Baal.
21.
¿Hasta cuándo claudicaréis?
El pueblo de Israel estaba en una encrucijada. ¿Rechazaría para siempre al Dios que lo había establecido como a un pueblo separado, y aceptaría a Baal como su amo y señor? Si Jehová era Dios, era él quien debía ser adorado. Si Baal era Dios, debían obedecerle. Se presentó la exhortación, y se dio la oportunidad al pueblo para que se expresara.
24.
Respondiere por medio de fuego.
Era muy justa la prueba que proponía Elías. El dilema era: ¿Quién era Dios, Jehová o Baal? Si Baal era lo que los sacerdotes paganos pretendían, que lo demostrara entonces haciendo descender fuego del cielo. Ciertamente, si tenía poder sobre la lluvia y la tormenta, que enviara sus rayos. Aun los sacerdotes de Baal no podían negar que era justa la propuesta, aunque deben haber temido sus resultados. 817
26.
No había voz.
¿Cómo podía haberla? Baal no era sino un producto de la imaginación del hombre, y no podía responder a la oración.
Andaban saltando.
"Danzaban cojeando" (BJ). Era una danza ritual muy movida, en la que llegaban a caer en un estado de frenesí. Se dice que esas prácticas a veces han sido acompañadas por manifestaciones de poder demoníaco, y sin duda se esperaba que por ese medio habría fuego. Pero el Señor intervino: retuvo a Satanás y sus ángeles, y no hubo fuego.
27.
Elías se burlaba de ellos.
Esos sacerdotes de Baal necesitaban aprender que su dios no podía responder a sus oraciones. Las palabras que les dirigió Elías eran la expresión de un desprecio completo. Los espectadores, que debían decidirse entre Jehová y Baal, no pasaron por alto la mofa con que los ridiculizó.
28.
Se sajaban.
La automutilación, frecuente en los estados de frenesí oriental, se empleaba con la creencia de que los dioses se deleitan en el derramamiento de sangre. No eran raros esos ritos sangrientos en los días del AT cuando se buscaba con ansiedad que los dioses paganos fueran propicios (Jer. 16: 6, 7), pero estaban prohibidos para el pueblo de Dios (Lev. 19: 28; Deut. 14: 1).
29.
Gritando frenéticamente.
"Se pusieron en trance" (BJ). Estos agentes de Baal eran llamados "profetas". El cumplimiento de su servicio puede haberse considerado como un acto de profetizar. O probablemente, en sentido más restringido, profetizaban como Saúl, quien "desvariaba" cuando "un espíritu malo" se posesionaba de él (1 Sam. 18: 10). Esta experiencia puede ser semejante a la de los adoradores del demonio en los países actuales del Oriente, quienes algunas veces se excitan hasta un alto grado de frenesí religioso cuando emiten sonidos y gruñidos incomprensibles. Satanás y sus ángeles estaban en el Carmelo y habrían hecho todo lo posible para que descendiera el anhelado fuego si Dios lo hubiera permitido. Pero el Señor, aunque permite que los demonios presenten algunos de los aspectos más repugnantes de su presencia ante los hombres, no permitió que Satanás hiciera descender fuego en el nombre de Baal.
30.
Arregló el altar.
En tiempos anteriores se había adorado al Dios del cielo en ese altar, pero éste había quedado en desuso durante mucho tiempo. Con reverencia Elías reunió las piedras esparcidas. Hay muchos hogares hoy día en los cuales el altar de Dios ha sido derribado. Es tiempo de que se haga una obra similar a la que se hizo en el Carmelo. Al anochecer, los hijos de Dios reverentemente deberían reunirse ante el altar familiar para pasar unos momentos de tranquila devoción. Por la mañana, otra vez deberían reunirse las familias para orar. El altar de la oración y de la devoción debería ser conservado siempre en buen estado.
34.
De agua.
Un manantial perenne, que nunca ha dejado de fluir, aun en las sequías más crueles, se dice que permanece en las proximidades del lugar que tradicionalmente se asigna a la escena del sacrificio. Al indicar que el agua fuera derramada sobre el holocausto y sobre la leña, Elías eliminaba toda sospecha de fraude.
36.
El holocausto.
Durante largas horas, plenas de bullicio, los sacerdotes de Baal habían recurrido a sus violentos y agitados saltos y gritos, habían proferido oraciones tumultuosas, habían hablado entre dientes en forma incoherente, pero nada habían logrado. Completamente cansados y, exhaustos, al fin se retiraron desesperados. La multitud también estaba cansada de las escenas de horror y agitación, y no estaba espiritualmente preparada para la ministración del profeta de Dios.
De Abrahán.
Elías se dirigió al Dios que es el Padre de todos. Le habló queda y reverentemente, en llamativo contraste con los frenéticos chillidos de los profetas de Baal.
Sea hoy manifiesto.
La oración fue muy sencilla y sincera, sin ninguna perturbación, directa y al punto, y procedía del corazón mismo.
37.
Tú vuelves a ti el corazón.
El gran anhelo de Elías era la conversión del pueblo de Israel: que su corazón que se había vuelto a Baal, se volviera de nuevo a Dios.
38.
Entonces cayó fuego.
En forma asombrosamente súbita, como un gran relucir de un relámpago, descendió fuego y consumió el sacrificio y aun las piedras del altar. La hueste congregada nunca antes había visto una llamarada tal. Fue visible para todos los circunstantes, aun para la multitud reunida al pie del monte. El pueblo la reconoció como el fuego consumidor de Dios. 818
39.
Jehová es el Dios.
Los que tan recientemente se inclinaban ante Baal, ahora se volvieron a Jehová como el gran Dios del cielo y de la tierra. Unánimemente la multitud elevó un clamor y reconoció a Jehová como el Señor.
40.
Prended a los profetas de Baal.
Elías no iba a permitir que el celo del pueblo se malgastara en meras palabras. Le requirió que mostrara su conversión y convicción por medio de hechos; hechos que podrían traer sobre el pueblo la ira de la impia reina, pero que una vez realizados significarían que la nación había roto con la causa de Baal. Como resultado de las maravillosas manifestaciones de aquel día la multitud había reconocido que Jehová es Dios; sólo los sacerdotes de Baal habían rehusado arrepentirse. La ejecución sumaria de esos sacerdotes realizada por Elías fue una terrible venganza, pero era necesaria, pues mostraba la indignación de Dios contra los que persisten en la rebelión y que están dispuestos a corromper y desmoralizar a todo un pueblo movidos por intereses egoístas. La sentencia contra ellos sirvió de ejemplo y de advertencia. No se puede jugar con Dios, y una terrible retribución aguarda a todos los que desean vender su alma a cambio de la corrupción del mundo.
41.
Elías dijo.
Elías dominaba completamente la situación. Fue él quien dio órdenes al pueblo y el que dirigió al rey.
Se oye.
El sonido no estaba en los oídos del profeta sino en su corazón. Por fe sabía que estaba por llover. El arrepentimiento del pueblo había suprimido el motivo del castigo, y Elías se dio cuenta de que estaban por caer las lluvias por tanto tiempo anheladas. Elías vivía una vida de fe y de oración. Cuando Dios lo envió para que anunciara la sequía, sabía que eso se cumpliría exactamente de acuerdo con la palabra del Señor. El mismo Espíritu que le había puesto en los labios la primera predicción, ahora le dio la otra.
42.
Elías subió.
Mientras Acab fue a un banquete, Elías fue a orar. Su oración fue de intercesión a favor del Israel arrepentido. Sabía que vendría la lluvia, pero se preocupaba para que se cumplieran plenamente las condiciones para recibir la bendición celestial, y para que pudieran ser permanentes los resultados de la reforma.
Dios ha prometido a su pueblo que derramará con abundancia sus bendiciones celestiales con el envío del Espíritu Santo en el tiempo de la lluvia tardía. Hoy en día, ¿están orando los santos como Elías, o están banqueteándose como Acab? Únicamente, y sólo únicamente cuando el pueblo de Dios esté imbuido de intenso fervor y cuando esté dispuesto a orar como Elías, y cuando principalmente se preocupe de cumplir con las condiciones requeridas, entonces caerá la lluvia tardía.
43.
Vuelve siete veces.
La lluvia no cayó inmediatamente, pero no vaciló la fe de Elías. Continuó orando más fervientemente que antes. Vez tras vez envió al siervo, y todavía los cielos eran como de bronce y la tierra estaba polvorienta. Sin embargo, no cesó la intercesión de Elías. Esta ferviente oración del profeta llegó a ser proverbial por la intensidad y perseverancia en la súplica (Sant. 5: 18).
44.
Una pequeña nube.
Esa nube fue para Elías la prueba del favor divino. Cesó en su oración. Había otra obra que hacer. Dio indicaciones a su siervo para que las transmitiera a Acab. El rey debía ponerse rápidamente en camino. Elías no esperó que se ennegrecieran los cielos; procedió ante la primera indicación de que había sido oída su oración. El mundo hoy necesita hombres con la fe de Elías. La obra de Dios será terminada por hombres que obren con el espíritu y poder de este profeta de la antigüedad. Para ellos el cielo estará muy cerca mientras avancen por fe para luchar contra las huestes del mal. Multitudes se apartarán de la adoración de los dioses de este mundo para adorar al Señor que hizo el cielo y la tierra. Descenderá el Espíritu de Dios sobre humildes hombres y mujeres por doquiera (Joel 2: 28, 29) a fin de capacitarlos para que hagan en su esfera lo que Elías hizo en la suya.
La mano de Dios no se ha acortado para que no pueda salvar. Dios es tan poderoso y está tan dispuesto a conceder victorias hoy como en el tiempo de Elías. Cuando el pueblo de Dios llegue al punto de tener el mismo espíritu que tuvo Elías, cuando sea tan ferviente, tan activo, tan valiente, tan dispuesto a perseverar en oración, tan intrépido frente al peligro y tan ansioso de responder a las invitaciones del Señor, entonces se terminará prestamente la obra de Dios y Jesús volverá para recibir a los suyos.
45.
Jezreel.
Esta es la primera mención de 819 Jezreel como una ciudad real. Allí tenía un palacio Acab, aunque Samaria continuaba siendo su capital (cap. 21: 1). Al palacio de Jezreel era al que Acab deseó añadir la viña de "Nabot de Jezreel", y para cuyo logro Jezabel hizo dar muerte a Nabot (cap. 21: 1-16). También era aquí donde los perros debían comer el cuerpo de Jezabel (1 Rey. 21: 19, 23; 2 Rey. 9: 10, 33-37) y donde Joram fue muerto por Jehú (2 Rey. 9: 15-26). Jezreel estaba en el territorio de Isacar (Jos. 19: 17, 18), en una ubicación pintoresca que dominaba la llanura de Esdraelón. Había aproximadamente 45 km desde el monte Carmelo hasta Jezreel.
46.
Corrió delante de Acab.
Acab volvió a Jezreel de noche, envuelto en una cegadora tormenta de lluvia, por caminos peligrosos de montaña. Debido a la dificultad de ver el camino, el profeta corrió delante del rey para guiar a salvo el carro real hasta las puertas de Jezreel. Con este acto de bondad, mostró Elías que no tenía ningún rencor para con el rey y que estaba dispuesto a realizar cualquier servicio -por humilde o inconveniente que fuera- para bien de su señor.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-46 PR 97-117; 3T 274-288
1 3T 277
1, 2 PR 100
2 3T 274
4 PR 92
6-14 PR 101
8 3T 277
10 3T 276
11 3T 277
13 3T 276
14 3T 277
15-17 PR 101
17 CS 111; DTG 538; 3T 276, 278
17, 18 CS 648
18 PR 103; 3T 278
18-21 PR 132
19 PR 85, 106
21 CH 562; CV 209; 2JT 32, 58, 420; 3JT 156; MM 96; PR 108,140; 3T 280; 4T 338, 350, 446; 5T 173; 8T 68; TM 138
22 Ed 145; 3T 274
22-24 PR 109
22-26 3T 281
24 DTG 186
25, 26 PR 109
26 3T 282, 283
26, 28 1T 231
27-29 PR 110; 3T 282
30-32 PR 111
30-39 3T 283
33-37 PR 111
36 2JT 396; OE 269
36-40 Ed 145; PR 167; 3T 285
37, 38 MeM 17
38, 39 PR 113
39, 40 Ed 57
40 PR 113
41 PR 114
41-44 3T 286
42-44 PR 115
45, 46 PR 116; 3T 287



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 19      AUDIO
1 Elías, amenazado por Jezabel, huye a Beerseba. 4 Estando en el desierto, cansado de su vida, es confortado por un ángel. 9 Dios se le aparece en Horeb, lo envía a ungir a Hazael, a Jehú y a Eliseo. 19 Eliseo se despide de sus amigos y sigue a Elías.

1 ACAB dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de cómo había matado a espada a todos los profetas.
2 Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos.
3 Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado. 820
4 Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.
5 Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.
6 Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.
7 Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.
8 Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.
9 Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?
10 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
11 El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto.
12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.
13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
14 El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.
15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria.
16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar.
17 Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.
18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.
19 Partiendo él de allí, halló a Elisco hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto.
20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo?
21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Dio a Jezabel la nueva.
Era un relato maravilloso de lo que había hecho Elías mediante la fuerza y el poder de Dios, pero no conmovió el corazón de Jezabel ni la indujo a corregir su mal proceder. Escuchar la verdad tan sólo endurece, cuando no salva.
2.
Tu persona.
He aquí a un varón de Dios que había servido valientemente a su amo, y a cambio de sus nobles esfuerzos se lo amenazaba con la muerte. No es en este mundo donde los justos reciben la debida recompensa por el servicio realizado en el nombre del Señor. Una de las evidentes tragedias de la vida es que a veces quienes hacen lo máximo en la causa de injusticia son los que más sufren. Quizá no siempre se entienda la razón. Pero es consolador el pensamiento de que Jesús -quien no cometió pecado- sufrió más que lo que será llamado a sufrir cualquier hijo de la humanidad. El siervo no es mayor que su señor.
3.
Se fue para salvar su vida.
Después de un triunfo tan completo sobre los profetas de Baal y de una demostración tan grande de valor, habría parecido que el profeta de Dios estaba listo para hacer frente a cualquier prueba de su fe. Uno podría suponer que Elías nunca permitiría que flaqueara su fe habiendo tenido una evidencia tan notable de la presencia y la bendición de Dios, pero 821 estaba sufriendo por la reacción que tan frecuentemente acompaña a un éxito notable. Había esperado que la gloriosa victoria del Carmelo quebrantaría la fascinación que Jezabel ejercía sobre el rey. El profeta quedó abrumado cuando se le informó de la obstinada resistencia de la reina ante la nueva exhortación a una reforma. No estaba preparado para el odio frío, calculado y pertinaz de esta impía reina. Sólo podía pensar en la forma de escapar de las garras de una enemiga tan perversa e implacable. Sin pensar en las consecuencias de su conducta, huyó para salvar la vida.
Elías no hizo bien al abandonar su puesto del deber. Aún no había terminado su obra. Sólo había comenzado la batalla. Si hubiese resistido valientemente y respondido con un mensaje para la reina a fin de que recordara que el Dios que le había dado la victoria sobre los profetas de Baal no lo abandonaría ahora, habría contado con ángeles listos para protegerlo. Manifiestamente los castigos de Dios habrían caído sobre Jezabel, se habría producido una tremenda impresión y por todo el país se habría difundido una gran reforma (ver PR 118). Al huir para salvar su vida, Elías ayudó al enemigo. La fuga a Beerseba tuvo mucha influencia para anular la victoria del Carmelo.
Beerseba.
La ciudad estaba en la frontera meridional de Judá, a 152 km de Jezreel. Pertenecía al reino del sur -Judá-, que en ese tiempo estaba tan íntimamente unido con Israel que Elías no hubiera estado a salvo allí.
4.
Un día de camino.
Elías no se detuvo en Judá. Su temor lo impulsó a proseguir. Tan sólo se detuvo para descansar cuando hubo recorrido un día de camino por la desolada zona del sur. Parece que hasta ese punto Elías prosiguió noche y día sacando fuerzas del temor que tanto lo había abrumado. Cuando se sentó debajo de un enebro, estaba completamente extenuado.
Deseando morirse.
La depresión del profeta había alcanzado su grado máximo. En la hora de victoria en el monte Carmelo, se había exaltado hasta los cielos. Ahora, al recordar lo que le había sucedido sólo unos pocos días antes, su ánimo llegó a la más profunda depresión. Deseó morir. Su sufrimiento fue una reacción ocasionada por una gran tensión. Es lo que se experimenta a veces después de que el alma es exaltada hasta las alturas de la gloria y de la victoria; lo que suele venir después de un gran reavivamiento religioso, cuando el alma cede ante el desánimo y la depresión que provocan las pruebas de la vida diaria. Es bueno recordar que nadie en este mundo puede morar para siempre en la cima de la montaña. La senda de la vida a veces desciende por el valle, donde las penalidades y los desengaños son los factores inevitables de la existencia. Es fácil estar feliz y animado cuando nos va bien en todo sentido, pero no es tan fácil cuando decae el ánimo y parece que todo el mundo quisiera deprimirnos. Es entonces cuando uno más necesita aferrarse de Dios para no abandonarse a la duda y a la desesperación. Cuando estemos en la hondonada, elevemos la vista y subamos de nuevo a las alturas.
5.
Le tocó.
Mientras dormía Elías, una mano lo tocó y lo saludó una voz agradable. Era un ángel enviado por Dios con un mensaje de vida y esperanza. En primer lugar, había alimento para suplir las necesidades de su organismo y para ayudarlo a fin de que su alma se reanimara. Es maravilloso lo que puede hacer el alimento para reconfortar el ánimo decaído de una persona y para devolverle el valor. Había sabiduría divina en la sencilla forma en que Dios trató al profeta cansado y exhausto.
7.
La segunda vez.
En ese momento Elías necesitaba alimento y descanso, y Dios otra vez bondadosamente se los proporcionó. Fue un ángel de Dios quien le preparó la comida.
Largo camino.
El camino de regreso habría sido más corto que el camino que tenía por delante, pero Dios no reconvino al profeta ni le ordenó que volviera sobre sus pasos. Este viaje no había sido ordenado por el Señor sino por Elías; sin embargo, los ángeles de Dios no abandonaron al profeta y, por el contrario, lo ayudaron en su camino. La provisión de alimento sirvió para reanimarlo y le dio fuerza para los difíciles días que tenía por delante. Aunque Elías había cometido una falta, el Señor no lo rechazó sino que procuró que recobrara la confianza de modo que pudiera llevar a cabo su valiente obra para Dios.
8.
Hasta Horeb.
Su viaje hizo que pasara por el desierto donde Israel había estado durante 40 años. El viaje por los áridos yermos no fue largo sino penoso. Sólo se trataba de 328 km, pero no había motivo para apresurarse. Ahora no había peligro de persecución, 822 y podía darse tiempo para meditar mientras iba sin premura hacia el monte de Dios. En las mismas montañas escabrosas donde Moisés había estado en comunión con el Señor, Elías iba a estar en comunión especial con Dios.
9.
En una cueva.
Fue desde una "hendidura de la peña" en el Sinaí de donde se le había dado a Moisés una visión de Dios (Exo. 33: 22), y pudo haber sido en la misma cueva donde ahora se guareció Elías.
¿Qué haces aquí?
La pregunta debe haber sido punzante para Elías. Sin embargo, ésa era necesariamente la pregunta que él necesitaba considerar. Después de todo, ¿por qué estaba allí? ¿Quién lo había llamado allí? ¿Era ése su deber? ¿Qué debía hacer ahora? ¿Por qué no estaba en Israel instruyendo y animando a quienes tan recientemente él mismo había apartado de Baal? Había una gran necesidad de su ministerio en su patria; sin embargo, Elías se encontraba solo en un país extranjero. Pero no era tiempo de recriminaciones sino más bien de escudriñamiento del corazón. Tan sólo cuando Elías recobrara su dominio propio, cuando hubiera aprendido a reconfortarse en Dios y a emprender para él las tareas en la forma indicada, estaría listo para volver a su patria a fin de llevar a cabo la obra de la cual había huido. Tenía que aprender muchas lecciones. La cueva sería su aula y el Señor su maestro (ver PR 123, 124).
10.
Un vivo celo.
Elías no podía olvidarse de que había sido muy ferviente en su obra para el Señor; sin embargo, el pueblo lo buscaba para matarlo. Este mundo es la tierra del enemigo, en cuyo servicio hay muchos hombres y mujeres. Los hijos de Dios deben comprender que en el gran conflicto no debe trabarse del todo la acción de Satanás, para que la contienda sea reñida en forma imparcial y Satanás no pueda decir que no se le ha dado una oportunidad de obtener la victoria. Irritarse y sentirse intranquilo porque las cosas no salen de acuerdo con sus deseos, difícilmente es un proceder sensato para un santo o la conducta correcta de un profeta.
11.
Jehová que pasaba.
Lo que más necesitaba Elías era una nueva visión del poder de Dios y de su propia debilidad. Fue en el Sinaí donde el Señor pasó delante de Moisés y se reveló como "¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad"(Exo. 34: 6). Aquí también Elías debía recibir un nuevo concepto de Dios.
Poderoso viento.
Cuando Elías salió de la cueva, una tormenta barrió la montaña y un terremoto sacudió la tierra. Todo parecía agitarse, los cielos parecían arder y la tierra estar conmovida por fuerzas que estuvieran prontas para destruirla. Todo esto concordaba con la agitación del espíritu del profeta. Lo que necesitaba aprender era que, aunque esas fuerzas fueran poderosas e imponentes, por sí mismas no corresponden con un cuadro fiel del Espíritu de Dios. El que crea las grandes conmociones no es siempre quien realiza lo máximo para Dios.
12.
Silbo apacible y delicado.
Después del viento, del terremoto y del fuego, vino un silencio y la apacible y delicada voz de Dios. Por fin allí estaba el Señor en la forma que eligió para revelarse a su siervo.
13.
Cubrió su rostro.
Instintivamente Elías cubrió su rostro delante de la presencia de Dios. Se calmó su irritado espíritu, se doblegó su impaciencia. El agresivo e impetuoso profeta se había vuelto manso y sumiso, listo para escuchar la voz del Señor. "En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza" (Isa. 30: 15). No por hacer descender fuego del cielo, no por matar a los profetas de Baal, sino mediante una obra tranquila en la cual el Espíritu de Dios suavizaría y subyugaría los endurecidos corazones de los pecadores, Elías vería los mayores resultados de su servicio para Dios. No siempre medíante elocuencia, lógica o sabiduría se logran los mayores resultados en el servicio para Dios, sino mediante la obra queda del Espíritu Santo.
14.
Vivo celo.
El profeta responde con las mismas palabras de antes, pero con un espíritu diferente. Ahora, tranquilo y sumiso, presenta los hechos, pero no los enfoca de la misma manera. Sus prójimos pueden pretender quitarle la vida, pero ahora está dispuesto a proseguir su obra para Dios. Fue un nuevo Elías el que salió, no como un fuego o una tormenta para producir grandes convulsiones que fueran contempladas por multitudes humanas, sino en una forma más tranquila, hablando a individuos por doquiera para producir resultados perdurables en el corazón y en la vida de los hombres.
15.
Vuélvete.
Esta palabra enseña que Elías se equivocó cuando se retiró de su obra, que su misión aún no había terminado y que Dios todavía tenía una obra para que él hiciera. 823
Ungirás.
Ver com. vers. 16.
Hazael.
Ver com. 2 Rey. 8: 7, 8.
16.
Hijo de Nimsi.
En realidad, Jehú era nieto de Nimsi, pues era hijo de Josafat que era hijo de Nimsi (2 Rey. 9: 2, 14). Pero es comúnmente conocido como el hijo de Nimsi (2 Rey. 9: 20; 2 Crón. 22: 7). La palabra hebrea para "hijo" se puede usar para designar a nietos o aun a descendientes más remotos.
Eliseo hijo de Safat.
No se registra que los profetas jamás hubieran sido ungidos en el sentido literal del término, aunque tal puede haber sido el caso aquí. Fueron ungidos ciertos sacerdotes (Exo. 40: 15; Núm. 3: 3) y reyes (1 Sam. 9: 16; 10: 1; 16: 3, 13; 2 Rey. 9: 3, 6; Sal. 89: 20) cuando primero fueron apartados para sus misiones específicas. A veces también eran ungidos los objetos inanimados, tales como los objetos del santuario (Exo. 29: 36; 30: 26; 40: 9; Lev. 8: 10, 11; Núm.7: 1) y aun piedras (Gén. 28: 18). Algunos sugieren que la palabra "ungirás" debiera entenderse aquí en un sentido más amplio, que sólo significa poner aparte a algún individuo o alguna cosa para la realización de cierto servicio para Dios sin que implique un ungimiento verdadero, manifiesto y formal (ver Juec. 9:8). Los tres Hazael, Jehú y Eliseo debían servir para el cumplimiento de la voluntad y del propósito de Dios. Sin embargo, cada uno en una forma diferente. Mediante Hazael, rey de Siria, Israel fue continuamente muy oprimido desde el exterior (2 Rey. 8: 12, 29; 10: 32; 13: 3,7). El Señor empleó a este rey pagano como su instrumento para la ejecución de su castigo (PR 190; cf. Isa. 10: 5). Mediante Jehú, el reino de Israel fue sacudido internamente. Fue el instrumento en las manos del Señor para poner fin a la casa de Acab y al culto de Baal (2 Rey. 9: 24, 33; 10: 1-28).
17.
La espada de Hazael.
Una obra de castigo debía realizarse en Israel, y Hazael y Jehú fueron los instrumentos elegidos para realizarla.
Eliseo lo matará.
Ciertamente la obra de Eliseo no era de la misma categoría que la de Hazael y Jehú. No se registra que Eliseo Jamás usara la espada literalmente para matar a nadie. Quizá la obra de matar de Eliseo debía ser hecha en un sentido figurado: "Los corté por medio de los profetas, con las palabras de mi boca los maté"(Ose. 6: 5); o en el sentido en que fue descrita la obra de Jeremías: "Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar"(Jer. 1: 10). Es con la palabra de Dios, que es "viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos"(Heb. 4: 12), con la que los profetas hacen su obra de herir y matar. La misión de Eliseo no fue de una guerra física sino espiritual (2 Cor. 10: 3-6); el pecado era el enemigo, y era la impiedad la que debía ser desarraigada del país, no los hombres.
18.
Siete mil.
No vale la pena aun en el caso de un profeta de Dios que se ocupe de contar a los fieles de Israel. Dos veces había dicho Elías que él era el único fiel que quedaba en Israel (vers. 10, 14).
Lo besaron.
Con frecuencia los idólatras besaban la mano como una parte de su culto (Job 31: 26, 27), o besaban el objeto mismo (Ose. 13: 2). Todavía hoy los paganos besan los ídolos de sus templos.
19.
Araba.
Eliseo pertenecía a una familia de algunos recursos, como se puede ver por las 12 yuntas de bueyes. No debemos suponer que las 12 yuntas de bueyes estaban uncidas a un arado. Eliseo tenía siervos que trabajaban con él en el campo, cada uno con su arado, y quizá los bueyes estaban distribuidos para que hubiera un par para cada arado (ver PR 162). Eliseo fue llamado directamente del arado al ministerio profético para Dios.
Manto.
El manto, hecho de pelo de camello, era el manto característico de los profetas (ver Mar. 1: 6). Al echar Elías su manto sobre Eliseo, lo llamaba al ministerio.
20.
Dejando él los bueyes.
La respuesta de Eliseo fue inmediata. Aunque había estado tras los bueyes labrando la tierra, Dios vio en él cualidades que lo convertirían en un predicador poderoso para la causa de la justicia.
Besar a mi padre.
Eliseo, reconociendo el significado de su llamamiento, sólo pidió que antes de partir se le permitiera dar un beso de despedida a sus amados.
Ve, vuelve.
Eliseo estaba siendo puesto a prueba, no era rechazado. ¿Iría con Elías o eligiría permanecer en casa? Estaba realizando la elección máxima de su vida.
21.
Un par de bueyes.
Eliseo tomó el par de bueyes con que había estado arando, los mató, y coció la carne con un fuego encendido con el arado y el yugo. De esa manera demostró que nunca más los necesitaría. Daba la espalda al pasado y entraba en el servicio de Dios. 824
Le servía.
El profeta de más edad necesitaba un compañero y ayudante más joven. De allí en adelante los dos fueron como uno en el trabajo para el Señor. Esta relación nos hace recordar a la de Moisés y Josué y a la de Pablo y Silas. Los dos hombres tenían personalidades diferentes, y el más joven y más sereno sería de gran ayuda para su compañero mayor y más impetuoso.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-21 PR 117-131, 162-165
1-14 3T 288-292
1 3T 288 1-4 3TS 153
2 PR 117; 3T 289
3 PE 162
3, 4 PR 119
3-9 3T 289
4 DTG 268; Ed 146; PR 118, 170; 3T 290
5-8 PR 121
5-9 3T 291
9 PR 127 9-13 PR 123
10-14 3T 291
11, 12 DTG 188; MC 23
13-17 PR 124
14 PR 141
15 PR 190; 5T 77
16 Ed 146; PR 162
17 PR 190
18 Ev 407; OE 360; PR 125, 140, 141, 168,
194; SC 63; 7T 38; 9T 142
19 MC 106; OE 348; PR 162, 164
19-21 Ed 55; 5T 82
20, 21 PR 164

1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 20      AUDIO
1 Ben-adad, desconforme con el homenaje de Acab, sitia a Samaria. 13 Los sirios son muertos por instrucciòn de un profeta. 22 Tal como el profeta le advirtió a Acab, los sirios se reúnen en la llanura para pelear contra Acab en Afec. 28 Por palabra del profeta y como juicio de Dios, los sirios se vuelven a ser derrotados. 31 los sirios se someten y Acab despacha a Ben-Adad con un pacto. 35 El profeta, bajo la parábola de un prisionero, hace que Acab pronuncie juicio contra sí mismo, y anuncia el juicio de Dios contra él.

1 ENTONCES Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la combatió.
2 Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo:
3 Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos.
4 Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo.
5 Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás.
6 Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas.
7 Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado.
8 Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide.
9 Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta.
10 Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue.
11 Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe.
12 Y cuando él oyó esta palabra, estando 825 bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad.
13 Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová.
14 Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú.
15 Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil.
16 Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda.
17 Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria.
18 Él entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos.
19 Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército.
20 Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería.
21 Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago.
22 Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.
23 Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si pelearemos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.
24 Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos.
25 Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así.
26 Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel.
27 Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra.
28 Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová.
29 Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie.
30 Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento.
31 Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida.
32 Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es.
33 Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro.
34 Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir.
35 Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle.826
GUERRAS DE ISRAEL CONTRA SIRIA EN DÍAS DE BAASA Y ACAB
827
36 El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató.
37 Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida.
38 Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos.
39 Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata.
40 Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado.
41 Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas.
42 Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo.
43 Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.
1.
Ben-adad.
Este capítulo es muy diferente en contenido y espíritu de la mayor parte del material de Reyes. Presenta un cuadro interesante y valioso de la vida política de ese tiempo. Ben-adad había progresado hasta ser un rey poderoso y era el principal entre los gobernantes del Asia occidental, lo que se ve porque los registros asirios lo ponen en primer lugar entre los aliados occidentales que combatieron contra Salmanasar III en Qarqar (ver com. vers. 34).
Treinta y dos reyes.
Eran los caudillos de pequeñas ciudades-estados sirias que reconocían la soberanía de Damasco.
Caballos y carros.
No se da el número, pero se nos informa que en la batalla de Qarqar, Ben-adad tuvo 1.200 carros, 1.200 jinetes y 20.000 infantes, en comparación con los 2.000 carros y 10.000 infantes de Acab.
3.
Tu plata y tu oro son míos.
Los hechos históricos consignados en la Biblia con frecuencia se presentan muy sucintamente. Por eso no sabemos qué influyó para que Ben-adad hiciera esa demanda. Podría haber sido la consecuencia de alguna ventaja militar ganada por el rey sirio sobre Acab, o, lo que es más probable, sencillamente pudo haber sido una demanda de Ben-adad para que Acab lo reconociera como su amo, con lo cual Israel sería en adelante un Estado vasallo de Siria.
4.
Yo soy tuyo.
Acab respondió en términos conciliatorios y humildes. Estaba temeroso. 0 había sido superado por Ben-adad en alguna confrontación previa, o no tenía valor para arriesgarse a una guerra.
6.
Registrarán tu casa.
Una imposición tal sólo añadía un insulto a una injuria. Acab ya había sido humillado al reconocer que su plata y su oro, y aun su familia, pertenecían al rey sirio, pero este nuevo pedido demandaba una inmediata búsqueda en el palacio y en los hogares de Samaria para que se entregara, conforme a la voluntad de los saqueadores, cualquier pertenencia de cualquier persona. Eso significaba una rendición incondicional y abyecta.
7.
No busca sino mal.
Es evidente que Ben-adad buscaba un pretexto para saquear la ciudad.
9.
Decid al rey mi señor.
La negativa de Acab está expresada en los términos de la mayor amabilidad posible. Continuó reconociendo la soberanía de Ben-adad que había aceptado cuando se sometió la primera vez, y estaba dispuesto a reconocerse como "siervo" o esclavo del rey sirio. Expresó su disposición para cumplir con las imposiciones ya aceptadas, pero la última no podía "hacer". Mediante una respuesta tan conciliatoria, Acab esperaba que Ben-adad asumiera un proceder más mesurado.
10.
El polvo de Samaria.
Las palabras de Ben-adad implicaban una amenaza de destrucción completa y se jactaba de un poder irresistible. La expresión parece indicar que eran tan numerosos los seguidores del rey sirio, que el polvo de Samaria sería insuficiente para llenar las manos de los soldados.
11.
No se alabe.
La valiente respuesta de Acab, expresada con cuatro palabras hebreas, tiene el sabor de un proverbio.
12.
Estando bebiendo.
Ben-adad recibió el mensaje mientras estaba bebiendo en un 828 banquete. Se dieron órdenes a sus subordinados con una sola palabra, Ñimu, que significa "disponeos", o "tomad posiciones" (BJ). Quizá el rey sirio estaba demasiado indignado y atónito para usar más palabras. Procedía movido por su completo desprecio a ese insignificante rey hebreo, y bajo la influencia de la bebida se había vuelto neciamente temerario. Se cumplía el proverbio: "A juicio perdido, valor aumentado".
13.
Un profeta.
Probablemente la situación en Israel había cambiado mucho desde el gran día del Carmelo. Tal vez se permitía que otra vez los profetas recorrieran el país.
Yo te la entregaré.
Sin las instrucciones del profeta, Acab podría no haber tenido valor para atacar. Habría sido inconcebible para Acab, para los ancianos y la nación que la vergonzosa humillación se convirtiera en una victoria gloriosa.
14.
¿Quién comenzará?
Acab debe haber tenido mucha confianza en Dios y en sus profetas para hacer las preguntas que hizo. Estaba en juego la suerte de la nación, y un profeta que procedía como portavoz de Dios fue aceptado por el rey como el virtual comandante en efe.
15.
Los siervos.
"Los jóvenes" (BJ). El profeta había dado instrucciones, y el rey obedecía. "Siervos" ("jóvenes") probablemente se emplea como un término militar específico. Pueden haber sido un cuerpo selecto de tropas de choque, bien adiestradas y bien armadas, bajo el mando de los príncipes de las provincias.
Siete mil.
Quizá era el ejército permanente de Israel. Se nos informa que Acab, en Qarqar, dispuso de 10.000 infantes.
16.
A mediodía.
La incursión se hizo al mediodía, cuando, en pleno calor, tal vez los atacantes descansaban sin armas y sin esperar que se los atacara.
Bebiendo y embriagándose.
Quizá en ese momento Ben-adad estaba completamente sumido bajo el sopor de la bebida, incapaz de comprender la situación o de tomar medidas adecuadas.
17.
Han salido hombres.
Puesto que el ataque se hizo al mediodía, fue advertido y no se trató de una sorpresa completa. Se avisó al rey que se había visto un grupo de hebreos que se aproximaban.
18.
Tomadlos vivos.
Movido por su altivez, Ben-adad ordenó que se capturara a todos los hebreos, sin importar por qué hubieran salido: negociar condiciones de paz, rendirse, pelear o cualquier otro propósito.
20.
Mató.
Fue una lucha cuerpo a cuerpo. Un pelotón de arqueros o lanceros podrían haber mantenido a raya a los pocos hebreos, pero los sirios no comprendieron la situación hasta que fue demasiado tarde. El pánico se apoderó del ejército, y éste huyó.
2l.
Hirió la gente de a caballo.
Acab estaba muy bien equipado con carros. Atacó a los jinetes y los carros que quizá no estaban preparados para el ataque hebreo. El resultado fue una completa derrota del ejército sirio.
22.
Pasado un año.
"El año que viene" (BJ). El año de los reinados de Israel parece haber comenzado en el segundo trimestre con el mes de Nisán (ver pág. 141). En esta estación [la primavera del hemisferio norte] era cuando comenzaban las campañas militares en Mesopotamia y Palestina, y recibe el nombre de "el tiempo que salen los hombres a la guerra" (2 Sam. 11: 1). El Señor advirtió a Acab que esperara otro ataque de Siria al año siguiente, después de que terminara la estación lluviosa del invierno.
23.
De los montes.
Aun los sirios atribuyeron la victoria hebrea a la ayuda divina; pero no comprendían bien la omnipotencia de Jehová. El antiguo politeísmo se basaba en la idea de poderes locales e influencia de las deidades. Por ejemplo, había un Baal de Hermón, un Baal del Líbano, un Baal de la cumbre del Zafón y un Baal-shamín que era el dios de los cielos, de las cimas de los montes y de los relámpagos y truenos respectivamente. Hay antiguos textos religiosos en que a estos diversos baales (Baalim) se los menciona tanto como dioses de la guerra como dioses de las montañas, las nubes y el trueno. Quizá los sirios pensaron principalmente en Baal -tan importante en Israel desde los días de Jezabel- como el dios que había dado la victoria a Acab. Samaria estaba en la religión montañosa de Efraín. Creían que para que venciera Siria, había que inducir a los israelitas a abandonar los montes, para así darles a los sirios superioridad estratégica y religiosa.
24.
Saca a los reyes.
El consejo de eliminar a los reyes quizá se debió al hecho de que, como vasallos, esos reyes acompañaban al rey sólo a la fuerza y, por lo tanto, no eran tan dignos de confianza en la batalla como los capitanes nombrados por Ben-adad. 829
25.
El ejército que perdiste.
Las pérdidas sirias deben haber sido sumamente graves. Se requería prácticamente que se formara un nuevo ejército. La guerra hace que se desdeñen la vida humana y los tesoros.
26.
Pasado un año.
"A la vuelta del año" (BJ). Añade la BJ en nota de pie de página: "El equinoccio de primavera". El tiempo acostumbrado para las campañas militares en Palestina (ver com. vers. 22).
Afec.
Varios lugares bíblicos llevan este nombre (ver com. 1 Sam. 4: 1). La ciudad a la que aquí se hace referencia tal vez era la que estaba a 6 km al este del mar de Galilea, en el camino entre Bet-seán y Damasco. No importa de qué ciudad se trate, tal vez era la Afec donde más tarde -de acuerdo con la profecía de Eliseo- Joás de Israel debería derrotar a los sirios hasta exterminarlos (2 Rey. 13: 14- 19).
27.
Tomando provisiones.
Israel se había movilizado con las debidas provisiones o vituallas necesarias para la guerra. Hubo tiempo y oportunidad para hacer esto, pues como se había predicho la contienda (vers. 22) se la esperaba.
Rebañuelos.
"Rebaños de cabras" (BJ). Heb.jaÑif, palabra que sólo aparece en este lugar de las Escrituras. Pareciera indicar algo separado, como dos rebañitos de cabras separados del rebaño principal.
28.
Para que conozcáis.
Dios tenía el propósito de que tanto Acab como los sirios atribuyeran la victoria venidera a la intervención divina y no a otra causa. Al conceder Dios la victoria a su pueblo, los paganos sabrían que sólo Jehová era Dios (ver 2 Rey. 19: 16-34). Dios se proponía vindicar la majestad de su nombre delante de todos los pueblos de la tierra (ver Sal. 67: 2; 102: 15; 138: 4; Eze. 20: 9). Al conceder la victoria a Israel sobre el gran ejército de los sirios, Jehová mostraría ante las naciones circundantes que él era Dios no sólo de los montes sino también de los valles y, ciertamente, de toda la tierra.
29.
Cien mil hombres de a pie.
Esta vez los sirios perdieron mayormente de su infantería, mientras que en la ocasión previa habían sido "gente de a caballo y los carros" (vers. 21) los que sufrieron las mayores pérdidas.
30.
El muro cayó.
Quizá la ciudad era pequeña, y un gran número de sirios se apretujaron dentro de los muros. La confusión general que se produjo fácilmente podría haber resultado en la muerte de un gran número de hombres.
De aposento en aposento.
"En una habitación retirada" (BJ). Literalmente, en un "aposento dentro de un aposento". Tal vez el refugio de Ben-adad estaba dentro de la ciudadela de la ciudad, un lugar particularmente fuerte que con frecuencia había en las ciudades amuralladas orientales, y que podría haberse usado como el último refugio.
31.
Reyes clementes.
Era un buen informe el que se había difundido entre las naciones circunvecinas: que los reyes de Israel eran misericordiosos. Si todos los gobernantes tan sólo gobernaran con misericordia y compasión, si la bondad tomara el lugar de la crueldad, y injusticia y el amor fraternal el lugar de la opresión y la injusticia, nuestro mundo sería muy diferente.
32.
Tu siervo Ben-adad.
Sólo poco tiempo antes Acab había sido el siervo y Ben-adad el amo (vers. 20). El jactancioso Ben-adad no se vanagloriaba más, y tenía buenos motivos para considerar el mensaje de Acab de la ocasión anterior: "No se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe" (vers. 11).
33.
Por buen augurio.
¿Cuál sería la respuesta de Acab? ¿Significaría vida o muerte? Los hombres quedaron esperando cualquier señal que pudiera indicar la reacción de Acab. Tuvieron la respuesta cuando se dirigió a Ben-adad como "hermano". Habían pasado el suspenso y el peligro. El vencedor se había expresado. Habría clemencia y amistad en vez de exterminio y muerte. Se manifestó la notable cortesía de Acab cuando recibió a Ben-adad en su propio carro.
34.
Las restituiré.
Se refiere a las ciudades que "Ben-adad hijo de Tabrimón, hijo de Hezión " quitó a Baasa por instigación de Asa (cap. 15: 18-22). El hecho de que este Ben-adad dijera que era su "padre" el rey anterior que tomó esas ciudades de Israel, es una prueba concluyente de que ese rey y este Ben-adad no podían haber sido uno y el mismo individuo, como lo sostienen hoy algunos. Ben-adad I fue el contemporáneo de Baasa, y Ben-adad II el contemporáneo de Acab.
Haz plazas.
"Pondrás bazares" (BJ). Se ha pensado que eran bazares para comerciar, cuyos dueños gozarían de privilegios de extraterritorialidad. Es interesante notar que 830 Siria había disfrutado de esos privilegios en Samaria.
36.
Te herirá.
La orden de herir había sido dada por "palabra de Jehová" (vers. 35). El compañero, que quizá era un profeta colega, debería haber obedecido prestamente a pesar de lo desagradable y repulsivo de la tarea. El rápido castigo que cayó sobre él sirvió para hacer resaltar la lección de la obediencia sin reparos que debía merecer una orden del Señor.
38.
Una venda.
Quizá la venda cumplía un doble propósito: cubrir la herida y disfrazar al profeta para que Acab no lo reconociera.
39.
Dio voces.
Es claro el significado de la parábola. El profeta vendado representaba a Acab, y Ben-adad era el hombre que le había sido confiado.
40.
Ocupado.
No en lo que le correspondía, sino atendiendo todo lo demás menos el asunto de importancia suprema.
Tu sentencia.
El rey dio el veredicto sin darse cuenta de que lo pronunciaba contra sí mismo. La sentencia es semejante a la de David contra sí mismo en la parábola de la oveja (2 Sam. 12: 5-7) o en el relato de los dos hermanos (2 Sam. 14: 10, 11).
42.
Tu vida.
El propósito de Dios era que Acab destruyera a Ben-adad. Acab no sintió su responsabilidad ni aprovechó de su oportunidad. En las duras demandas que le había impuesto Ben-adad tan sólo un año antes (vers. 3-6), Acab podría haberse dado cuenta del carácter del hombre con quien estaba tratando, y debiera haber actuado de acuerdo con esa convicción. Ben-adad era indigno de confianza. Tan sólo procuraba ganar tiempo. Pocos años después Acab iba a perder la vida por su lenidad (cap. 22: 31-36).
43.
Triste y enojado.
Acab rehusó aceptar Injusticia de su sentencia. Se enojó y entristeció, y no dio ninguna señal del verdadero arrepentimiento que proviene de Dios. Pero había pronunciado esa sentencia contra sí mismo, y con ella una decisión inapelable. En su ira, sin duda Acab habría preferido apresar al profeta por su reproche manifiesto, pero no podía hacer eso en justicia, porque él mismo había dado la sentencia. Volvió a casa sin experimentar felicidad alguna, desagradado con el profeta y no consigo mismo; encontraba faltas en los caminos de Dios y no en sus propios errores. El corazón humano irregenerado procura justificar sus faltas. El camino del hombre generalmente es recto en su opinión.


1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 21      AUDIO
1 Acab se aflige porque le niegan la viña de Nabot. 5 Jezabel escribe cartas contra Nabot y lo hace condenar por blasfemia. 15 Acab toma posesión de la viña. 17 Elías anuncia juicios contra Acab y Jezabel. 25 El malvado Acab se arrepiente y Dios difiere su juicio.

1 PASADAS estas cosas, aconteció que Nabot de Jezreel tenía allí una viña junto al palacio de Acab rey de Samaria.
2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana a mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta; o si mejor te pareciere, te pagaré su valor en dinero.
3 Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres.
4 Y vino Acab a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió.
5 Vino a él su mujer Jezabel, y le dijo: ¿Por qué está tan decaído tu espíritu, y no comes?
6 El respondió: Porque hablé con Nabot de Jezreel, y le dije que me diera su viña por dinero, o que si más quería, le daría otra viña por ella; y él respondió: Yo no te daré mi viña.
7 Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate; yo te daré la viña de Nabot de Jezreel.
8 Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y las selló con su anillo, y las envió a los ancianos y a los principales que moraban en la ciudad con Nabot. 831
9 Y las cartas que escribió decían así: Proclamad ayuno, y poned a Nabot delante del pueblo;
10 y poned a dos hombres perversos delante de él, que atestigüen contra él y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacadlo, y apedreadlo para que muera.
11 Y los de su ciudad, los ancianos y los principales que moraban en su ciudad, hicieron como Jezabel les mandó, conforme a lo escrito en las cartas que ella les había enviado.
12 Y promulgaron ayuno, y pusieron a Nabot delante del pueblo.
13 Vinieron entonces dos hombres perversos, y se sentaron delante de él; y aquellos hombres perversos atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon, y murió.
14 Después enviaron a decir a Jezabel: Nabot ha sido apedreado y ha muerto.
15 Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate y toma la viña de Nabot de Jezreel, que no te la quiso dar por dinero; porque Nabot no vive, sino que ha muerto.
16 Y oyendo Acab que Nabot era muerto, se levantó para descender a la viña de Nabot de Jezreel, para tomar posesión de ella.
17 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
18 Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella.
19 Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre.
20 Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová.
21 He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel.
22 Y pondré tu casa como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías, por la rebelión con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel.
23 De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel.
24 El que de Acab fuere muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo.
25 (A la verdad ninguno fue como Acab, que se vendió para hacer lo malo ante los ojos de Jehová; porque Jezabel su mujer lo incitaba.
26 Él fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los amorreos, a los cuales lanzó Jehová de delante de los hijos de Israel.)
27 Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestidos y puso cilicio sobre su carne, ayunó, y durmió en cilicio, y anduvo humillado.
28 Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo:
29 ¿No has visto cómo Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.


1.
Una viña.
La ciudad de Jezreel estaba en la planicie de Esdraelón, al norte del monte Gilboa. Estaba en una cumbre rocosa que desciende rápidamente hacia el norte y el este. Puesto que las antiguas viñas parecen haber estado al este de la ciudad, probablemente el palacio de Acab estaba al mismo lado (ver com. cap. 18: 45), y dominaba un espléndido panorama hasta el mismo Jordán.
2.
Acab habló a Nabot.
Este relato revela el temperamento ambicioso, irritable y egoísta del rey y la fría y calculadora crueldad de la reina.
3.
Guárdeme Jehová.
Para Nabot hubiera sido una falta desprenderse de su viña. El código levítico disponía que "la heredad de los hijos de Israel" no fuera "traspasada de tribu en tribu" sino que "cada uno" poseyera "la heredad de sus padres" (Núm. 36: 7-9). Si por alguna razón la propiedad era vendida, 832 se promulgaron leyes específicas para su retorno a la familia que la poseyó originalmente (Lev. 25: 13-28). Nabot creía que iba contra el propósito espiritual de la ley levítica si él transfería su heredad al rey.
4.
Triste y enojado.
Ya antes Acab había vuelto a casa "triste y enojado" al saber que su proceder con Ben-adad no estaba de acuerdo con el propósito del Señor (cap. 20: 43). No pudiendo conseguir la viña que le agradaba, otra vez regresó a casa "triste y enojado". Su proceder era como el de un niño mimado y egoísta que sólo se interesa en sí mismo. Cuando no pudo hacer lo que quería, quedó hosco y enojado, rehusó comer y se acostó en su cama. Parecía que todo su reino no significaba nada para él si no poseía la viña de Nabot.
7.
¿Eres tú ahora rey?
Las palabras de Jezabel estaban llenas de amargura y sarcasmo. Un hombre que es el señor de un reino, ¿debe admitir que no puede lograr una parcelita de terreno? ¿Permite el rey Acab que su voluntad sea frustrada por uno de sus súbditos insignificantes? El asunto tenía una fácil solución; ella misma se encargaría de eso y le mostraría cómo se hacían las cosas.
8.
Cartas.
Es evidente que no le importaba a Acab la forma en que Jezabel obtuviera la viña. No le impidió que escribiera cartas en su nombre y que les pusiera su sello. Así se convirtió en coautor del cobarde hecho.
9.
Ayuno.
Esto debe haber sido para encubrir el odioso crimen con un manto de santidad religiosa, y para dar la impresión de que se había cometido algún pecado secreto que atraería la ira divina sobre toda la ciudad si no se lo expiaba. Así se prepararía el camino para la falsa acusación y la muerte de la víctima.
Poned a Nabot.
No para que recibiera honores sino para que fuera juzgado.
10.
Dos hombres.
Dos hombres, de acuerdo con los requisitos judiciales (Núm. 35: 30; Deut. 17: 6).
Perversos.
Hijos de iniquidad, despreciables e impíos, viles truhanes, de quienes podía esperarse cualquier maldad (ver Juec. 19: 22; 20: 13; 1 Sam. 1: 16; 2: 12; 10: 27; 25: 17, 25; 30: 22; 2 Sam. 16: 7; 20: 1; etc.). Es muy triste que en Israel -el profeso pueblo de Dios- hubiera hombres de tal calaña.
11.
Conforme a lo escrito.
El presto consentimiento de los gobernantes de la ciudad para llevar a cabo este sucio complot es característico de lo peor que podía encontrarse en el despotismo oriental. La palabra del rey era ley. Aun podía realizarse un vil asesinato con la apariencia de justicia. Esta pronta sumisión de los ancianos y de los nobles implicaba una profunda degradación moral entre el pueblo.
13.
Lo apedrearon.
Parece por 2 Rey. 9: 26 que no sólo Nabot fue apedreado, sino también sus hijos. Cuando fue muerto Acán, se apedreó a sus hijos e hijas junto con él (Jos. 7: 24, 25). Desapareciendo los hijos de Nabot, no quedarían herederos que reclamaran la viña. Así fue el crimen doblemente atroz.
15.
Toma la viña.
Nabot fue muerto con sus hijos, y toda su propiedad ahora pertenecía al dominio real. Sin importarle las consecuencias, Acab inmediatamente tomó posesión de la propiedad.
17.
Vino . . . a Elías.
Jezabel pensó que había arreglado todas las cosas perfectamente, pero no tuvo en cuenta a Dios. El Señor del cielo vio todo lo que estaba sucediendo. No podía permitirse que quedara impune el terrible crimen de Acab. Dios envió a Elías para dar su mensaje, pues cuando el Señor tiene una obra que hacer, encuentra al que está dispuesto a realizarla.
18.
Samaria.
No la ciudad, sino el distrito de Samaria, como en el cap. 13: 32.
19.
¿No mataste?
En el encuentro de Elías con Acab no debía haber preliminares de cortesía. El profeta fue directamente al punto, llamando la atención al atroz acto de bandolerismo y asesinato en que había incurrido el rey de Israel. No se dio la oportunidad para que Acab se excusara ni presentara subterfugios; inmediatamente fue desenmascarado el terrible crimen y el rey se presentó tal como era: un descarado asaltante y asesino que mataba sin piedad y luego se apropiaba de los bienes de su víctima.
Lamerán también tu sangre.
La sentencia fue completamente justa. "Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gál. 6: 7).
LOS REINOS DE ISRAEL Y JUDÁ EN LOS TIEMPOS DE ELÍAS
20.
¿Me has hallado?
Fue su propia conciencia culpable la que arrancó esas palabras de los labios de Acab. El hombre a quien menos deseaba ver se le había presentado y lo había sorprendido en el sitio de su crimen. Elías no era enemigo de Acab, sino su amigo. El peor enemigo de Acab era él mismo, y Elías trataba de que se salvara de sí mismo. El mensaje 833 de Dios, aunque era condenatorio, todavía estaba mezclado con misericordia. Se le mostró a Acab el terrible fruto de la semilla que estaba sembrando, pero no se quitó la oportunidad para que se arrepintiera.
21.
Yo traigo mal.
Ver com. cap. 16: 12.
22.
Como la casa.
En la destrucción de la casa de Jeroboam, Acab tenía una lección objetiva que no podía contradecir. Esa casa había desaparecido. Pereció debido a la impiedad. Acab seguía el mismo camino y sufriría la misma suerte.
23.
Los perros.
En el Cercano Oriente de esa época había perros semisalvajes que se alimentaban de carroña. Si se tiraba el cuerpo de Jezabel a la intemperie, pronto sería devorado por esos animales.
24.
El que fuere muerto.
La suerte predicha para Jezabel también fue predicha para sus hijos.
25.
Ninguno fue como Acab.
Los vers. 25 y 26 forman un paréntesis que presenta la razón de la terrible suerte que sobrevino a la casa de Acab.
Lo incitaba.
El pecado era como un fuego que ardía en el corazón de Acab, pero Jezabel se encargaba de avivar continuamente esa llama para que brillara en su intensidad máxima. La influencia de Jezabel indujo a Acab a rendir culto a Baal (cap. 16: 31), a permitir la muerte de los profetas de Dios (cap. 18: 4), a tolerar que Elías fuera desterrado (cap. 19: 2) y finalmente a asesinar a Nabot y a apropiarse de su viña (cap. 21: 7, 15).
26.
Conforme a todo lo que hicieron los amorreos.
Sólo mediante las investigaciones recientes, ahora se sabe cuán completamente abominables fueron las prácticas de la antigua idolatría. Significaban vicio e inmoralidad en sus formas más viles, crueldad y derramamiento de sangre, así como culto a los demonios ofrecido con los ritos más repugnantes y degradantes. Por todas estas cosas, los amorreos y otros pueblos de Canaán debían ser raídos de la faz de la tierra. Sin embargo, Acab se había entregado a esas mismas prácticas abominables.
27.
Cuando Acab oyó.
Fue una terrible acusación la que pronunció Elías contra la conducta del rey, y las palabras se le hundieron como un puñal en lo más hondo del corazón, que no era enteramente malo. Podía ser conmovido. Entonces Acab se vio a sí mismo como era en realidad, y tembló de temor ante el pensamiento de su condenación venidera.
Rasgó sus vestidos.
Ante la severa censura de Elías, Acab se humilló hasta el polvo y se vistió de cilicio. Era extraño que el orgulloso y tiránico rey se pusiera la vestimenta de un enlutado y se portara como un suplicante.
29.
Acab se ha humillado.
Acab se vistió de cilicio no sólo para que lo vieran los hombres, pero ellos lo vieron y también lo vio Dios. Ese proceder habría tenido una gran influencia en el pueblo si tan sólo el rey se hubiera vuelto al Señor en años anteriores de su reinado. Eso podría haber provocado un gran reavivamiento que se habría difundido por todo el país. Tal como se efectuó, es probable que el arrepentimiento hubiera sido demasiado tardío o que mayormente se hubiera debido al temor. Sin embargo -no importa cuál hubiera sido su naturaleza- Dios vio la aflicción de la conciencia, por débil que hubiera sido, y no desdeñó el remordimiento y el dolor del rey. Dios tuvo en cuenta el cilicio y el ayuno de Acab, como más tarde también tuvo en cuenta el cilicio y el ayuno del rey de Nínive y de su pueblo (Jon. 3: 5-10).
En sus días.
Cuando el cielo pronuncia un juicio, con frecuencia éste es condicional. Si el hombre se arrepiente con sinceridad, Dios perdona y se puede evitar el castigo (Jer. 18: 7, 8; Jon. 3: 4, 5, 10). Acab tuvo la satisfacción de saber que la condenación predicha por lo menos sería pospuesta por un tiempo.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-29 PR 152-154
1 PR 152
2-8 PR 152
9-11 PR 153
17-21 PR 153, 168
22-24 PR 154
25 PR 152
25, 26 PR 84
27-29 PR 154 834



1 LIBRO DE REYES - CAPÍTULO 22      AUDIO
1 Acab, seducido por falsos profetas, es muerto en Ramot de Galaad en cumplimiento de la palabra de Micaías. 37 Los perros lamen su sangre y Ocozías reina en su lugar. 41 El buen reinado de Josafat. 45 Sus obras. 50 Joram reina en su lugar. 51 El reinado impío de Ocozías.

1 TRES años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel.
2 Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel.
3 Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria?
4 Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos.
5 Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová.
6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey.
7 Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos?
8 El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así.
9 Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla.
10 Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
11 Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos.
12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey.
13 Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito.
14 Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré.
15 Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey.
16 Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová?
17 Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz.
18 Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal.
19 Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda.
20 Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra.
21 Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera?
22 El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así.
23 Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti.
24 Entonces se acercó Sedequías hijo de 835 Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti?
25 Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte.
26 Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey;
27 y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz.
28 Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos.
29 Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad.
30 Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla.
31 Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel.
32 Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó.
33 Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él.
34 Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido.
35 Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro.
36 Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: ¡Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra!
37 Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria.
38 Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado.
39 El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel?
40 Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.
41 Josafat hijo de Asa comenzó a reinar sobre Judá en el cuarto año de Acab rey de Israel.
42 Era Josafat de treinta y cinco años cuando comenzó a reinar, y reinó veinticinco años en Jerusalén. El nombre de su madre fue Azuba hija de Silhi.
43 Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los Ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos.
44 Y Josafat hizo paz con el rey de Israel.
45 Los demás hechos de Josafat, y sus hazañas, y las guerras que hizo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de Judá?
46 Barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa.
47 No había entonces rey en Edom; había gobernador en lugar de rey.
48 Josafat había hecho naves de Tarsis, las cuales habían de ir a Ofir por oro; mas no fueron, porque se rompieron en Ezión-geber.
49 Entonces Ocozías hijo de Acab dijo a Josafat: Vayan mis siervos con los tuyos en las naves. Mas Josafat no quiso.
50 Y durmió Josafat con sus padres, y fue sepultado con ellos en la ciudad de David su padre; y en su lugar reinó Joram su hijo.
51 Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria, el año diecisiete de Josafat rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel.
52 E hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel;
53 porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre.
1.
Tres años.
Este capítulo continúa con el relato bélico que se interrumpió en el cap. 21. Esos fueron años tormentosos en la historia 836 del Asia occidental. Asiria aumentaba su poder cada vez más y se convertía en una clara amenaza para Palestina y Siria. Por regla general, se afirma que éste fue el período cuando -debido al aguijón de la amenaza asiria- Israel y Siria durante un tiempo arreglaron sus diferencias y se unieron en una coalición contra Asiria. Tal vez esta alianza concedió a Israel y Siria un período de tres años de paz. Sabemos que Acab y Ben-adad eran amigos, a lo menos durante un tiempo, debido a que ambos lucharon juntos contra Salmanasar III en la batalla de Qarqar (ver pág. 61).
3.
Ramot de Galaad es nuestra.
Es evidente que Ben-adad no cumplió con la promesa que había hecho (cap. 20: 34) a Acab de devolverle todas las ciudades de Israel que retenía, y Acab comprendió que si quería que fueran devueltas a Israel, debían ser rescatadas por la fuerza.
4.
Yo soy como tú.
Josafat ya estaba aliado con Acab. Esta alianza se formó debido al casamiento de Atalía, hija de Acab, con Joram, hijo y heredero de Josafat (2 Rey. 8: 18, 27). Puesto que Ocozías, el hijo de esa unión, tenía 22 años cuando subió al trono (2 Rey. 8: 26), la alianza debe haber durado durante algún tiempo. El hecho de que los reyes que sucedieron a Josafat en Judá son Joram y Ocozías (2 Rey. 8: 16,25) y que los dos hijos de Acab que lo sucedieron en el trono recibieron los nombres de Ocozías y Joram (1 Rey. 22: 40; 2 Rey. 1: 17; 3: 1), es una indicación adicional de la amistad que existía entre las dos casas reales en ese tiempo.
Mis caballos.
Tanto Judá como Israel parecen haber tenido un ejército provisto de caballería y carros. Josafat era un fuerte caudillo militar, temido y respetado por las naciones circunvecinas (2 Crón. 17: 10-19).
5.
Consultes.
Josafat, con su piedad característica (1 Rey. 22: 43; cf. 2 Crón. 17: 3-9; 19: 3-11; 20: 5-32), sugirió a Acab que consultara al Señor antes de que se emprendiera la expedición, y que la consulta se hiciera ese día.
6.
Los profetas.
Probablemente no eran profetas de Baal, ya que no es probable que Acab hubiera ofendido a Josafat -quien claramente había pedido que se consultara a un profeta de Jehová- convocando a los supuestos profetas de una deidad pagana. Ellos pretendían hablar en el nombre de Jehová, pero eran falsos profetas.
Jehová la entregará.
La palabra hebrea aquí usada para "Jehová" es 'adonai, no Yahweh, y podría aplicarse a cualquier dios considerado como señor y amo tanto como al único Señor verdadero -Yahweh, es decir Jehová (YahveH, en la BJ)-. Si se hubiera tratado de profetas de Baal, podría haberse esperado que usaran el término "Baal" en vez de "Jehová". Sin embargo, más tarde esos mismos profetas claramente usaron el término Yahweh ("Jehová" en la RVR) aplicándolo a su dios (vers. 11, 12).
7.
De Jehová.
El rey de Judá estaba claramente desconforme con los profetas de Israel, con lo que indicaba que debían ser colocados en una categoría muy diferente de los profetas del único Dios y Señor verdadero, Jehová. Con todo, de aquí en adelante, la palabra Yahweh ("Jehová" en la RVR) es usada tanto por el verdadero profeta de Jehová como por los profetas falsos (vers. 8, 11, 12, 14-17, 19, 21, 24).
8.
Micaías.
Según Acab, había un hombre que podía consultar con Yahweh, pero Acab no lo quería. Ese hombre era un verdadero profeta de Jehová. Josefo afirma que fue Micaías (Antigüedades viii. 14. 5) el que había profetizado un castigo para Acab por el necio comportamiento del rey para con Ben-adad (cap. 20: 35-43).
Le aborrezco.
Los malos generalmente aborrecen a los buenos. Acab aborrecía a Micaías porque le daba mensajes que no concordaban con sus deseos impíos; el rey de Israel deseaba hacer su propia voluntad y quería que los profetas estuvieran de acuerdo con él.
10.
Entrada de la puerta.
Después de un banquete de gala en el cual fueron regiamente agasajados Josafat y su séquito (2 Crón. 18: 2), los dos reyes fueron a una plaza pública cerca de la puerta de la ciudad. La puerta de una ciudad era un lugar de gran importancia. Con frecuencia los reyes iban allí para administrar justicia (2 Sam. 15: 2; 19: 8; cf. Rut 4: 1; Sal. 127: 5).
11.
Cuernos de hierro.
Tal vez uno para Israel y otro para Judá, para simbolizar los poderes que debían derrotar a Siria. En las Escrituras con frecuencia se usan cuernos para representar fuerzas victoriosas (Deut. 33: 17; 1 Sam. 2: 1) o naciones o poderes (Dan. 7: 7, 8, 24; 8: 2-10; Zac. 1: 18, 19). Era común que los profetas usaran actos simbólicos para ilustrar sus mensajes (Jer. 13: 1-11; 837 19:1; 27: 2; Eze. 4: 1-4, 9; 12: 3-7; 24: 3-12, 15-24).
Así ha dicho Jehová.
Debe notarse que Sedequías ahora pretendía hablar en nombre de Jehová. Esto no indicaba que era un verdadero profeta de Jehová, sino que tan sólo disimulaba para complacer el pedido de Josafat (vers. 5).
12.
Todos los profetas.
Los profetas de Israel presentaban el mensaje que quería escuchar el rey de Israel. No lo sabían, pero su proceder acarrearía la muerte del rey. En realidad, lo animaban para que emprendiera esa necia y desastrosa misión.
Jehová.
Los profetas ahora usaban el nombre de Jehová, título que al principio habían rehuido (ver com. vers. 6). Eran falsos profetas y no hablaban en nombre de Jehová, aunque ahora se atrevían a emplear su nombre en sus afirmaciones engañosas.
13.
Cosas buenas.
Los profetas de Dios reciben sus mensajes de Dios, no de los hombres. Es el Señor quien los dirige y les dice lo que deben decir, ya sea en armonía con las declaraciones de otros, o no. El mensajero que fue enviado en busca de Micaías tenía, en general, un bajo concepto de los profetas, pues pensaba que mediante un consejo podría influir en el mensaje que se diera.
Buen éxito.
Lo bueno no siempre es lo que parece ser bueno o lo que quizá se desee oír. Animar a Acab para que fuera a esa desastrosa misión en la que moriría, no era nada bueno para el rey. Mucho mejor es una verdad amarga que una falsedad agradable.
14.
Lo que Jehová me hablare.
Los profetas verdaderos no se dejan sobornar ni forzar para profetizar cosas balagüeñas. "Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Ped. 1: 21).
15.
Sube, y serás prosperado.
Parece que Micaías, con llamativa ironía, toma las declaraciones de los falsos profetas y se burla. "Sí, 'sube, y serás prosperado' -eso es lo que te han estado diciendo los profetas- y 'Jehová la entregará en mano del rey'. ¡Haz tan sólo la prueba, y verás lo que te pasa!" Uno puede oír el desprecio y la burla en la voz de Micaías mientras repite el mensaje que el rey había oído de "todos los profetas", el mensaje que él quería oír.
16.
La verdad.
Parece que Acab comprendió inmediatamente que el profeta hablaba irónicamente. Acab conocía bien a Dios y a los que falsamente pretendían hablar en su nombre, como para saber que Micaías no tenía el propósito de que sus palabras se tomaran como verdaderas.
17.
Israel esparcido.
Ahora cambia su tono Micaías y se vuelve muy serio. Da el mensaje que Dios le confió. Israel sería esparcido por los montes, y volvería a sus hogares sin su rey.
18.
¿No te lo había yo dicho?
Sí, le había dicho (vers. 8), y ahora otra vez el mensaje de Micaías presentó el mal que había de caer tanto sobre el rey como sobre el pueblo. Cuando un proceder es malo, un profeta verdadero sólo puede llamarlo malo. Lo que se necesitaba no era un cambio del mensaje del profeta, sino un cambio de la conducta del rey.
19.
Vi a Jehová.
Fue una visión asombrosa. Se permitió que el profeta viera todos los tejemanejes de los asuntos humanos. Recuerda la vívida escena de Job 1: 6-12.
22.
Espíritu de mentira.
Con frecuencia, en la Biblia se presenta a Dios como haciendo lo que no impide. Todo este cuadro es una parábola. Acab había preferido ser guiado por profetas falsos, y Dios tan sólo permitió que fuera guiado por esos profetas para su ruina.
4.
Golpeó a Micaías.
El espíritu del mal siempre se manifiesta como mal. Es duro, no es bondadoso; es cruel, no es misericordioso. Se amonesta al pueblo de Dios: "No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios" (1 Juan 4: 1). "Por sus frutos los conoceréis" (Mat. 7: 20). En Gál. 5: 19-23 hay una lista de las obras de la carne y de los frutos del Espíritu, y con esto se puede probar la naturaleza de los espíritus. Al golpear a Micaías en la mejilla, Sedequías demostró que era malo el espíritu que había dentro de él.
25.
Tú lo verás.
Micaías tuvo en cuenta no tanto las palabras exactas de la pregunta de Sedequías como el principal asunto en disputa: cuál de ellos era el verdadero profeta. Pronto vería esto Sedequías. Con los reveses provenientes de la derrota de Acab, sufriría el mismo Sedequías.
27.
En la cárcel.
Por la forma en que atropelló a Micaías, Acab reveló cuán impío era. Puso en la cárcel al profeta cuyo consejo, si hubiera obedecido, le habría salvado la vida.
En paz.
Acab quería que Israel pensara que 838 no creía al profeta y que estaba seguro de su feliz regreso. Pero su conducta posterior (vers. 30) muestra que quizá tenía serias dudas del resultado del compromiso en que estaba.
28.
Oíd, pueblos todos.
Micaías aceptó el reto del rey, y quiso que todo el pueblo estuviera advertido. Si Acab volvía en paz, admitiría que Jehová no había hablado por él y que era un profeta falso. Por supuesto, lo opuesto también sería verdadero. Si el rey no volvía en paz, entonces toda la nación podría saber que los 400 profetas que habían vociferado tan osadamente no eran sino engañadores, y que el Señor no estaba con ellos. Era una prueba justa (Deut. 18: 22).
29.
Subió.
Podría haberse esperado que Josafat, que había preguntado por un profeta de Jehová (vers. 5), escucharía el mensaje del profeta y rehusaría emprender la expedición que Micaías había predicho que terminaría en un desastre. Es verdad que se había comprometido temerariamente mediante una promesa solemne (vers. 4) a participar en la guerra, y es indudable que estaba ligado a Acab por una alianza militar. Sin embargo, podría haberle aclarado a Acab que no podía ir en contra de la voluntad de Jehová. Ciertamente, al proceder así, podría haber disuadido a Acab para que no emprendiera la guerra. Al estar dispuesto a acompañar a Acab, Josafat lo estaba animando a buscar el desastre. Por eso Josafat recibió un severo reproche del Señor por haberse unido en esa empresa (2 Crón. 19: 2).
30.
Me disfrazaré.
La precaución de Acab es característica de su temperamento de medio creyente y medio incrédulo. En el fondo, creía que Micaías era un profeta verdadero, y temía que se cumpliera su profecía, pero haría todo lo posible para evitar el cumplimiento de la predicción.
31.
Peleéis.
Esta orden provenía del hombre cuya vida había respetado Acab, y por lo cual había recibido Acab el reproche del profeta (cap. 20: 42).
32.
Josafat gritó.
En 2 Crón. 18: 31 se añaden estas palabras: "Y Jehová lo ayudó, y los apartó Dios de él". Probablemente fue un grito espontáneo dirigido a Dios en procura de ayuda y para que los suyos lo socorrieran de inmediato. Los sirios reconocieron que el grito no provenía del rey de Israel.
34.
A la ventura.
Las más grandes victorias de la vida y sus más grandes derrotas a veces dependen de causas que ciertamente parecen pequeñas. El arquero sirio al disparar su arco al azar, mató a un rey y ganó una batalla. Es poco probable que ese arquero conociera el resultado de su acción. Los disparos al azar a veces son disparos del destino. Pero debemos saber que ningún dardo imprevisto puede herir sin que lo sepa Aquel que todo lo rige.
Da la vuelta.
El cochero podía hacer que el carro volviera, pero no podía dar vuelta las manecillas del reloj del destino. Había llegado la última hora de Acab, y él supo que era cierta la profecía de Micaías.
35.
El rey estuvo.
Valientemente Acab trató de continuar haciendo que lo sostuvieran en su carro hasta el mismo fin.
36.
Cada uno a su ciudad.
La muerte del rey, al atardecer, fue la muerte de las esperanzas de victoria de Israel. Por su terquedad, Acab no sólo se acarreó una tumba deshonrosa, sino que también acarreó tragedia y derrota para toda una nación.
37.
En Samaria.
Desde los días de Omri en adelante, Samaria era el lugar donde se sepultaba a los reyes de Israel (1 Rey. 16: 28; 2 Rey. 10:35; 13: 9; 14: 16).
38.
El estanque de Samaria.
En las excavaciones arqueológicas se ha encontrado lo que se cree que fue este estanque. Estaba en un atrio en el ala norte del palacio de Acab, y medía 10,2 m por 4,9 m con una profundidad de 4,66 m. El estanque estaba cavado en la roca y recubierto con una gruesa capa de mezcla.
También las rameras se lavaban allí.
Esta parte del versículo es difícil de entender. La LXX dice que se lavaron en la sangre. Esto puede referirse a alguna práctica hoy desconocida. La paráfrasis del historiador Josefo dice: "Desptiés las rameras continuaron lavándose en esa fuente" (Antigüedades viii. 15. 6).
39.
La casa de marfil.
Compárese con los "palacios de marfil" de Sal. 45: 8 y "las casas de marfil" de Amós 3: 15. Se dio ese nombre al palacio de Acab debido a sus ricos adornos de marfil. Esta descripción ha sido plenamente corroborada por las excavaciones arqueológicas del palacio de Acab, donde se encontraron muebles con incrustaciones de marfil. En Palestina y Siria se han encontrado miichas esculturas de marfil (ver pág. 83).
Las ciudades.
No se ha encontrado más 839 registro de estas ciudades. Hubo gran prosperidad durante el reinado de Acab.
40.
Ocozías.
Es cierto que Ocozías reinó inmediatamente después de la muerte de Acab, pero los detalles de su reinado no aparecen hasta el vers. 51.
41.
Josafat.
Después del relativamente largo relato del reinado de Acab (1 Rey. 16: 29 a 22: 41), la narración trata ahora de un rey de Judá (ver pág. 148).
43.
El camino de Asa.
En Reyes se dan pocos detalles específicos del reinado de Josafat. Todo lo registrado sólo va de los vers. 41 a 50. El registro de Crónicas es mucho más completo (2 Crón. 17: 1 a 21: 1). Lo que más se hace resaltar es que fue un rey bueno, que anduvo en el camino de su padre Asa. Acerca de la piedad de Asa, ver 1 Rey. 15: 11-15; 2 Crón. 14: 2-5; 15: 8-18. Pero Josafat parece haber sido un rey mejor que su padre, pues no se dice que se desviara en su vejez como lo hizo Asa (2 Crón. 16: 2-12).
No fueron quitados.
Esto concuerda con 2 Crón. 20: 33. Pero en 2 Crón. 17: 6 se consigna que "quitó los lugares altos y las imágenes de Asera de en medio de Judá". Quizá esto signifique que Josafat quitó los lugares de culto más viles, tales como los que tenían imágenes de Asera, pero permitió que permanecieran algunos santuarios no autorizados. O puede haberlos eliminado, y algunos fueron restaurados después.
44.
Hizo paz.
De acuerdo con 2 Crón. 18: 1, Josafat "contrajo parentesco con Acab". La alianza entre ambos fue sellada con el casamiento de Atalía, la hija de Acab, con Joram, el hijo de Josafat (2 Rey. 8: 18, 26; 2 Crón. 21: 6). Ocozías, el hijo de esta unión, posiblemente recibió este nombre a semejanza del hijo y heredero de Acab, y parece que al siguiente hijo de Acab se le dio un nombre igual al del yerno de Acab, Joram, heredero del trono de Judá (ver com. vers. 4). Debido a esta alianza, que evidentemente continuó con los herederos de Josafat y Acab, los miembros de las dos casas reales se visitaban mutuamente (1 Rey. 22: 2; 2 Rey. 8: 29; 2 Crón. 18: 1, 2), unían sus fuerzas para la batalla (1 Rey. 22: 4; 2 Crón. 18: 3; 22: 5, 6) y emprendieron juntos empresas de comercio con el extranjero (2 Crón. 20: 35, 36).
45.
Las guerras que hizo.
Las guerras de Josafat están registradas en 2 Rey. 3: 9-27; 2 Crón. 20: 1-27; y sus "hazañas" pueden verse en 2 Crón. 17: 12-19; 18: 1; 20: 29, 30.
Libro de las crónicas.
Ver 1 Rey. 14: 29; 15: 7, 23; 2 Rey. 7: 23; etc. Además Jehú, hijo de Hanani, escribió una biografía de la vida de Josafat (2 Crón. 20: 34).
46.
Sodomitas.
Ver com. caps. 14: 24; 15: 12.
47.
No había entonces rey en Edom.
No había ninguna referencia a la situación de Edom desde el tiempo de Salomón, cuando Hadad - habiendo vuelto de Egipto- fue "adversario a Salomón" (cap. 11: 14). Sin embargo, parece que Edom otra vez había sido sometido quizá por Asa o Josafat, y lo gobernaba un comisionado o virrey, el cual, sin embargo, no podía usar el título de rey (ver 2 Rey. 3: 9, 12, 26).
48.
En Ezión-geber.
Ezión-geber fue el puerto marítimo de Salomón (1 Rey. 9: 26; 2 Crón. 8: 17), en territorio edomita, ahora gobernado por un rey vasallo. Un relato más amplio de 2 Crón. 20: 35-37 aclara que Ocozías de Israel al principio se unió con Josafat en esta empresa, pero que la alianza fue condenada por el profeta Eliezer. Como resultado, el Señor destruyó los navíos en Ezión-geber, donde eran construidos.
49.
No quiso.
Después de que el castigo divino cayó sobre su flota, Josafat no quiso renovar el pacto anterior con Ocozías.
50.
Joram su hijo.
Joram comenzó a reinar como corregente con su padre antes de la muerte de Josafat, como se puede ver al comparar las dos declaraciones de 2 Rey. 1: 17 y 2 Rey. 3: 1.
51.
Dos años.
Dos años según el cómputo inclusivo. En realidad, un año.
53.
Sirvió a Baal.
En este corto reinado, se manifestó otra vez la influencia de Jezabel, madre de Ocozías. Aquí termina el primer libro de los Reyes. Los asuntos restantes del reinado de Ocozías están registrados en el primer capítulo de 2 Reyes.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-53 PR 142-145, 154
8 PR 144
16, 17 PR 144
22 TM 416
29, 36 PR 145
43 PR 142
46 PR 142
50 PR 158
51-53 2JT 50
52, 53 PR 154