Capítulo 11

DEUTERONOMIO EN EL RESTO DEL ANTIGUO TESTAMENTO

Las Escrituras describen a Moisés como el siervo de Jehdvá (Deut. 34:5; Jos. 1:1, 2, 7,15; Neh. 9:14). Dios lo llama "mi siervo" (Jos. 1:2), lo que significa que Moisés estaba siempre dispuesto a cumplir la voluntad de Dios. Estaba al servicio de su Rey, Amo y Señor.

MOISÉS COMO PROFETA MODELO

También se describe a Moisés como el amigo de Dios con el que el Señor se comunicaba cara a cara (Éxo. 33:ii; Deut. 34:10). Moisés comunicaba la voluntad de Dios a Israel (Hech. 7:38) e intercedía por los pecadores (Éxo. 32:30,31). Por lo tanto, era un profeta modelo (Deut. 18:15,18; 34:10), un símbolo de la autoridad religiosa en Israel y la nc>rma para todos los demás profetas. Cualquiera que tuviera un mensaje de parte de Dios debía ser evaluado según el criterio de Moisés y sus instrucciones. O sea, para ser aceptadas, las enseñanzas de otros profetas debían estar en armonía con las palabras de Dios reveladas y escritas por Moisés.

Moisés, que mató a un capataz egipcio y que al principio recibió el desprecio de su propio pueblo (Éxo. 2:11,12,14),

escogió quedarse y sufrir con el pueblo de Dios (Heb. 11:25, 27), llegando a convertirse en un gran líder. Poco después del Éxodo, en lugar de hablar a la roca en Cades, la golpeó dos veces (Núm. 20:11,12; Deut. 32:51). Esta acción privó a Dios de su gloria, por lo que a Moisés no se le permitió entrar en la Tierra Prometida. No obstante, después de su muerte, la Palabra de Dios describe a Moisés como una persona muy cercana a Dios, muy estimada, y un modelo a imitar: "Nunca más se levantó un profeta en Israel como Moisés, a quien Jehová conoció cara a cara" (Deut. 34:10).

EL PAPEL CRUCIAL DEL PENTATEUCO

Los escritos de Moisés tuvieron un profundo impacto y una influencia duradera en los textos sagrados posteriores. El Pentateuco se consideraba la máxima autoridad, por lo tanto, todo lo demás se evaluaba en función de dichas enseñanzas. La Torá, es decir, los primeros cinco libros de la Biblia, era la Carta Magna de la enseñanza, la ética, la fe y la práctica (Sal. i;.Prov. 3); por eso los salmistas la alaban (Sal. 19; 119) y el profeta Isaías la engrandece (Isa. 1:10; 5:24; 8:19,20; 30:9; £1:7).

La Torá es una antología de las instrucciones de Dios y sus enseñánzas. La palabra hebrea torah deriva de la raíz yarah, que significa señalar con un dedo el camino correcto o la dirección en la que se debe caminar. Es significativo que el término hebreo para pecado sea khatah, que significa desviarse del camino, alejarse de las indicaciones de Dios o no dar en el blanco. La palabra griega hamartia tiene el mismo significado para pecado. Otra palabra estrechamente relacionada con torah es el verbo hebreo horah, "enseñar", "instruir". Cuando alguien sigue la Palabra de Dios, sus consejos y sus enseñanzas, esa persona camina en obediencia porque transita por el camino que Dios recomienda. Moisés presentó esta filosofía de vida que más ta rde otros escritores bíblicos adoptaron y animaron al pueblo a obedecer a Dios.

Números 12:6 al 8 explica claramente la autoridad de un profeta en comparación con el ministerio de Moisés. Dios mismo declaró:

"Cuando haya entre vosot ros un profeta de Jehová, me apareceré a él en visión, en sueños le hablaré. No así con mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, claramente y no con enigmas, y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?" Moisés fue el profeta por excelencia y se convirtió en la norma para todos los profetas posteriores. "La revelación de Dios a Moisés debía comprobar todas las declaraciones proféticas".1 Se le reconoció como el profeta modelo porque

• Dios se comunicaba con él muy estrechamente, como un amigo, para revelar su Palabra (Éxo. 33:11; Deut. 34:10);

• era ei siervo fiel de Dios, se le llama "siervo de Jehová" (Deut. 34:5; Jos. 1:1,2; comparar con Éxo. 14:31; Núm. 12:7,8; Heb. 3:2,5);

• realizó milagros, "señales y prodigios" por el poder de Dios (Deut. 34:11,12);

• fue mediador del pacto en el Sinaí (Éxo. 19:3-8; 20:18-20; 24:3-8);

• « organizó la iglesia del Antiguo Testamento de forma más completa: después del Éxodo, Israel se convirtió en una sola nación;

• tenía varias funciones importantes asignadas por Dios: liderazgo, ser vocero de Dios y poner las enseñanzas por escrito y

• siguió siendo humilde a pesar de su elevada posición. Aunque su talento superaba al de otros, "Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier otro sobre la tierra" (Núm. 12:3, NVI).

De este modo, su ministerio era normativo, y otros profetas se comparaban con él y sus enseñanzas.

Moisés llevaba la presencia de Dios con él dondequiera que iba. Abraham Heschel afirma: "El profeta pretende ser mucho más que un mensajero. Es una persona que está en la presencia de Dios (Jer. 15:19), que está en el consejo del Señor' (Jer. 23:18, NVI), que es un participante, por así decirlo, del consejo de Dios, no un portador de despachos cuya función se limita a ser enviado a hacer recados. Es un consejero, además de mensajero".2 Mediante los profetas, el Dios invisible se hace audible. Los profetas hacen más real la presencia de Dios; declaran que estuvieron en su presencia. Samufel Meier afirma que "solo el profeta podía afirmar que estuvo en la presencia de Dios".3 Abraham Heschel observa que la tarea de un profeta era llevar a la gente a la presencia de Dios. "No podían utilizar el lenguaje de la esencia; tenían que utilizar el lenguaje de la presencia. No trataban de representarlo; trataban" de presentarlo, de hacerlo presente. En un esfuerzo así solo pueden servir palabras de grandeza e intensidad, no abstracciones".4

REFLEXIONES EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Todos los escritos de Moisés son especiales, pero Deutero-nomio es el climax del Pentateuco, que marca la pauta para el resto del Antiguo Testamento. He aquí algunos ejemplos de cómo el libro de Deuteronomio se refleja en otras partes del Antiguo Testamento.

Los estudiosos reconocen que la teología del libro del Deuteronomio tuvo una enorme influencia en los libros históricos (Josué, Jueces, i y 2 Samuel, y i y 2 Reyes), en los libros proféticos (por ejemplo, Oseas, Jeremías y Ezequiel) y en la literatura sapiencial de tipo polémica (Job o Eclesiastés) o afirmativa (Proverbios). La ley de la vida, de la siembra y la cosecha, se presenta en Deuteronomio de una manera clara: si una persona ama y obedece al Señor, le siguen bendiciones; si uno desobedece las instrucciones de Dios, le sobrevienen maldiciones. El libro de Job, el Salmo 73 y Habacuc presentan una comprensión más compleja de las bendiciones y maldiciones.

El Señor le ordenó a Josué: "Esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este liljro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien" (Jos. 1:7,8). El "Libro de la Ley" (Torah) es el libro del Deuteronomio, pero va más allá de Deuteronomio para incluir todo lo que Moisés escribió, es decir, el Pentateuco en su forma original. Se menciona a Moisés como escritor en Éxodo 24:4; 34:27,28 y en Números 33:2; 3i:9,24, 25. El llamado a ser esforzado y valiente también aparece en Deuteronomio (Deut. 31:6,7,23; comparar con Jos. 10:25). David repite las mismas palabras a Salomón (1 Crón. 28:20), y el rey Ezequías hace lo mismo con los israelitas antes de la batalla con los asirios (2 Crón. 32:7). La amonestación de no apartarse "ni a la derecha ni a la izquierda" de la Ley de Dios se menciona también en Deuteronomio (Deut. 5:32; 17:11,20; 28:14; comparar con Deut. 2:27).

Los autores posteriores utilizaron la frase de Moisés "andar en sus caminos" con el sentido de andar en obediencia (Deut. 5:33; 8:6; 10:12; 11:22; 19:9; 26:17; 28:9; 30:16). Se pueden encontrar frases similares en Josué 22:5; 1 Reyes 2:3; 3:14; 8:58; 11:33,38; 2 Reyes 21:22; 2 Crónicas 6:31; 31:21; Salmo 128:1; Jeremías 7:23; y Zacarías 3:7. El Señor requiere que sus seguidores que lo aman presten atención a sus instrucciones y caminen por la senda que él ha señalado. Al hacer esto, serán conducidos a la prosperidad y al éxito.

Samuel aceptó el oblato del Éxodo como un acontecimiento histórico (1 Sám 12:0-8). Cuando Salomón fue investido rey de Israel, David le encargó que observara "los preceptos de Jehová, tu Dios, andando en sus caminos y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés" (1 Rey. 2:3).

En el año 622 a. C., una nueva lectura del libro del Deuteronomio provocó una reforma en Judea durante el reinado de Josías, que fue su último rey piadoso. Este joven gobernante aplicó esta enseñanza en la vida práctica y se deshizo de los ídolos de Judá, aunque ya había iniciado una reforma anteriormente (2 Crón. 34:3-13). Dos pasajes bíblicos (2 Rey. 22:3-23:25 y 2 Crón. 34:14-33) describen cómo los sacerdotes descubrieron el libro olvidado, el "libro del pacto" (2 Rey. 23:2) en el templo de Jerusalén. Su lectura trajo consigo un mayor reavivamiento y reforma. Es sorprendente cómo un líder piadoso, en estrecha colaboración con los sacerdotes y otros líderes, puede influir en muchos para bien y ayudarles a seguir el camino correcto de Dios.

En Ezequiel 16, una hermosa mujer representa a Israel, lo que también se asemeja a la línea de la historia de Deuteronomio 32, donde Dios cuidó amorosamente de su pueblo (identificado como Jacob en el versículo 9), proveyendo tiernamente todo para ellos (vers. 10-15). Como ocurría a menudo, el pueblo se apartó de Dios y se refugió en ídolos y dioses extranjeros (vers. 5,15-18), pero el Señor no los desamparó. Lamentablemente, al final, se vio obligado a rechazarlos porque ellos se obstinaron en rechazarlo. A pesar de su infidelidad, Dios, en su misericordia, mostró gracia y finalmente hizo "expiación" por su pueblo„(vers. 43).

La parábola de Ezequiel 16 sobre la niña abandonada es un relato conmovedor, algo así como la historia de una hija pródiga. La niña es adoptada por una familia y su nuevo y cariñoso padre se hace responsable de suplir todas sus necesidades. Ya de adulta, se casa con ella, cuando es una bella y atractiva dama. La rodea de grandes riquezas y telas finas, y la convierte en su reina. Pero ella no aprecia su amor y sus cuidados, y su ingratitud la lleva a un estilo de vida lujurioso, desenfrenado y promiscuo, que resulta en una gran desgracia y enfurece a su marido. Se le dice que sus amantes se volverán contra ella y la castigarán severamente. Sin embargo, su marido, en lugar de castigarla, le muestra misericordia y amor abnegado. El comportamiento insólito e indulgente de su marido culmina con el establecimiento de un pacto nuevo y eterno que debería hacer reflexionar y volver al buen camino.

En esta parábola, el Señor mismo es el padre de esta hija pródiga y el esposo de la esposa infiel. Israel debe'arrepen-tirse y vivir una vida radicalmente diferente porque Dios era el Señor.de la nación. Al final de esta complicada historia de amor, Dios, en su misericordia, hace expiación (vers. 63), que culmina con su especial cuidado por su esposa infiel. Aquí, como en Deuteronomio 32:43, se utiliza la palabra hebrea kapar, que implica expiación, purificación, perdón, reconciliación y restauración. Dios mismo es el sacerdote y hace expiación por su pueblo desleal e infiel.

EL PROFETA ES EL PORTAVOZ DE DIOS

La autoridad de un profeta deriva de Dios, de su revelación y de su Palabra. El oficio profético no se compra ni se hereda, sino que se recibe de lo alto. Si un profeta es llamado por Dios, él o ella tiene autoridad como Moisés y su mensaje divino es normativo. Cuando un profeta habla, es como si Dios hablara, porque él o ella presenta la Palabra de Dios y no sus propias palabras (2 Ped. 1:19-21). Deuteronomio 18:17-19 describe por qué un profeta tiene autoridad y merece respeto: "Y Jehová me dijo: 'Bien está eso que han dicho'. Un profeta como tú lés levantaré en medio de sus hermanos; pondré mis palabías ensu boca y él les dirá todo lo que yo le mande. Pero a cualquiera que no oiga las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuenta".

La proclamación de la Palabra de Dios es crucial, ya que podemos confirmar la ortodoxia y autenticidad de un profeta posterior examinando sus palabras (Isa. 8:19,20). Las palabras del profeta establecen el papel espiritual y visionario de ese profeta. Cualquiera puede decir que tiene una revelación especial de Dios, pero el profeta puede ser evaluado y juzgado por sus palabras. Estas pueden compararse con la revelación anterior para ver si hay contradicciones.

Deuteronomio 13:1 ai 4 describe la necesidad de verificar el mensaje de un profeta. Este pasaje afirma que incluso los falsos profetas pueden hacer milagros, y los profetas que hacen maravillas pueden engañar. Los prodigios y milagros no son prueba de la confiabilidad y autenticidad de la profecía o de las enseñanzas del profeta. "Por lo tanto, ningún verdadero profeta bíblico puede proclamar un mensaje que promueva a otros dioses y su adoración".5 "Las señales o prodigios que el profeta realiza son de importancia secundaria respecto al mensaje que acompañan".6 "Una persona no es necesariamente un profeta porque sea capaz de anunciar con acierto una señal o un prodigio. Si su mensaje llama a las personas a la obediencia fiel al Dios de las Escrituras, solo entonces la señal o prodigio debe ser reconocida como legítima".7El principio es claro: el mensaje profético debe estar en armonía con la revelación anterior, y el nuevo mensaje no puede contradecir los principios básicos de lo que los libros de Moisés y los otros profetas han enseñado. El don del Espíritu, demostrado por el fruto del Espíritu, es la verdadera señal de la verdad: "No todo el que me dice: '¡Señor, Señor!', entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?' Entonces les declararé: 'Nunca os conocí. ¡Apartaos d,e mí, hacedores de maldad!'" (Mat. 7:21-23).

MOISÉS: EL TIPO DE CRISTO

Desde los tiempos de Moisés, todos los profetas han sido comparados con él para ver si su vida y sus enseñanzas están en armonía con la norma que él estableció. Pero Jesucristo, el verdadero Profeta, es el único que superó a Moisés y no tiene punto de comparación. Moisés fue un tipo de Cristo porque comunicó fielmente la palabra de Dios, intercedió por los pecadores y condujo al pueblo de Dios por medio de muchas dificultades hasta la Tierra Prometida. Pero el pueblo no debía mirarlo a él, sino esperar a un profeta como Moisés y obedecerlo. Deuteronomio 18:15 señala esta esperanza mesiánica: "Un profeta como yo te levantará Jehová, tu Dios, de en medio de ti, de tus hermanos; a él oiréis".

Pedro destacó este punto en su sermón del Pentecostés (Hech. 3:17-23). Cristo dio cumplimiento a esta predicción. Él es nuestra esperanza, el verdadero portavoz de Dios, el verdadero profeta y el sabio maestro de Israel. Por eso le entregamos nuestra vida diariamente y elegimos ser sus discípulos.

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1  Willem A. VanGemeren, Interpreting the Prophetic Word: An Introductíon to the Prophetic Literature ofthe Oíd Testament [Interpretar de la Palabra Profética: Una introducción a la literatura profética del Antiguo Testamento] (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1990), P- 38.

2  Abraham J. Heschel, The Prophets [Los profetas] (Nueva York: Harper & Row, 1962), 1.1, p. 21.

3 ' Samuel A. Meier, Themes and Transformations ¡n Oíd Testament Pro-phecy [Temas y transformaciones en la profecía del Antiguo Testamento] (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2009), p. 19.

4  Abraham J. Heschel, The Prophets [Los profetas] (Nueva York: Harper & Row, 1962), t. 2, p. 55; la cursiva está en el original.

5 Michael J. Williams, The ProphetandHis Message: Reading Oíd Testament Prophecy Today [El profeta y su mensaje: Cómo leer la profecía del Antiguo Testamento en la actualidad] (Phillipsburg, NJ: P & R, 2003), p. 16.

6  Ibíd., p. 17.

7  Ibíd., p. 18.