Lección 3: Para el 17 de julio de 2021
LAS RAÍCES DEL DESCONTENTO

Sábado 10 de julio Audio  Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adultos Audio Pr. Bullón

Mateo 10:34–39; Lucas 12:13–21; Filipenses 2:5–8; Lucas 22:14-30; Mateo 23:1–13.

Para memorizar

“Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Sant. 3:16).

Los álamos son árboles hermosos, que alcanzan entre 15 y 30 metros de altura. Prosperan en climas fríos con veranos frescos. Su madera se utiliza en muebles, y también para hacer fósforos y papel. Los ciervos y otros animales a menudo se alimentan de álamos jóvenes durante los duros inviernos, ya que su corteza contiene muchos nutrientes.

Sin embargo, los álamos son más notorios por el hecho de que tienen uno de los sistemas radiculares más grandes del mundo vegetal. Las raíces se reproducen por brotes subterráneos y forman un entramado que puede extenderse con relativa rapidez, y llegan a cubrir grandes áreas. Los árboles individuales de álamo temblón pueden vivir hasta 150 años, pero el organismo más grande, ubicado debajo del suelo, puede vivir miles de años.

En el estudio de esta semana, queremos descubrir algunas de las raíces de nuestro descontento. Hay muchas cosas que pueden impedirnos encontrar el verdadero descanso en Jesús. Algunas de ellas son obvias y no requieren mucha atención. Otras pueden ser menos obvias para nosotros y, al igual que con el enorme sistema subterráneo e invisible del álamo temblón, es posible que no siempre seamos conscientes de las actitudes y las acciones que nos separan de nuestro Salvador.

Reavivados por su Palabra: Hoy, Juan 5
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Comentarios Elena G.W

Es un espíritu perverso el que se deleita en la vanidad de las obras propias, el que se jacta de sus excelentes cualidades, que trata de hacer aparecer a los otros como inferiores, a fin de exaltarse a sí mismo, pretendiendo más gloria que lo que el frío corazón está dispuesto a dar a Dios. Los discípulos de Cristo oirán las instrucciones del Maestro. Él nos ha ordenado que nos amemos unos a otros como él nos amó. La religión está fundada en el amor a Dios, el cual también nos induce a amarnos unos a otros. Está llena de gratitud, humildad, longanimidad. Es abnegada, tolerante, misericordiosa y perdonadora. Santifica, toda la vida y extiende su influencia sobre los demás.

Los que aman a Dios no pueden abrigar odio o envidia. Mientras que el principio celestial del amor eterno llena el corazón, fluirá a los demás, no simplemente porque se reciban favores de ellos, sino porque el amor es el principio de acción y modifica el carácter, gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la enemistad y eleva y ennoblece los afectos. Este amor no se reduce a incluir solamente “a mí y a los míos”, sino que es tan amplio como el mundo y tan alto como el cielo, y está en armonía con el de los activos ángeles. Este amor, albergado en el alma, suaviza la vida entera, y hace sentir su influencia en todo su alrededor… Este amor es el Espíritu de Dios. Es el adorno celestial que da verdadera nobleza y dignidad al alma y asemeja nuestra vida a la del Maestro (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 221).

Procurad ser un árbol de hojas perennes. Llevad el ornamento de un espíritu humilde y tranquilo que a la vista de Dios es de gran precio. Atesorad la gracia del amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la templanza. Este es el fruto del árbol cristiano. Plantado junto a los ríos de agua, siempre da fruto a su tiempo (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 3, p. 1160).

Ante vosotros hay dos caminos —el camino ancho de la complacencia propia y la senda estrecha del sacrificio. Yendo por el camino ancho, podéis elegir el egoísmo, el orgullo, el amor al mundo; pero aquellos que recorren la senda estrecha, deben abandonar todo peso, y el pecado que tan fácilmente nos acosa. ¿Cuál camino habéis escogido, el camino que lleva a la muerte eterna, o el camino que conduce a la gloria y a la inmortalidad?

Nunca hubo otro tiempo más solemne en la historia del mundo que este en el cual vivimos. Nuestros intereses eternos están en juego, y debemos despertar a la importancia de asegurar nuestro llamamiento y elección. No nos atrevamos a arriesgar nuestros intereses eternos en base a meras probabilidades. Debemos estar resueltos a perseverar. Lo que nosotros somos, lo que estamos haciendo, la conducta que adoptaremos en el futuro, son todos asuntos de gran importancia, y no podemos permitirnos ser descuidados, indiferentes y despreocupados. Cada uno de nosotros debe preguntarse: “¿Qué es la eternidad para mí?” ¿Van nuestros pies por la senda que conduce hacia el cielo, o por el camino amplio que lleva a la perdición? (Nuestra elevada vocación, p. 10).


 

Domingo 11 de julio
JESÚS TRAE DIVISIÓN
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adultos


Muy pocos disfrutan de los conflictos. Anhelamos armonía y paz. Incluso impartimos seminarios para promover la paz y resolver conflictos en nuestras iglesias o instituciones.

Lee Mateo 10:34 al 39. ¿Qué tenía en mente Jesús al decir que no vino para traer paz sino espada? ¿Qué significa esto, considerando que Jesús es “el Príncipe de Paz” (Isa. 9:6)?

La declaración de Jesús en Mateo 10:34 al 39 parece sorprendentemente contradictoria. El Salvador, que vino como un bebé indefenso –no como un rey poderoso rodeado de guardaespaldas de élite–, quien predicaba el amor al prójimo y a los enemigos, ahora les dice a sus seguidores que él trae división y conflictos. Los discípulos y la audiencia quizá se hayan preguntado, al igual que nosotros: ¿Cómo puede ser esto?

Mateo 10:35 al 39 en realidad trata sobre lealtades. Jesús cita Miqueas 7:6 y desafía a su audiencia a tomar decisiones por la eternidad. Un hijo debe amar y honrar a sus padres. Ese era un requisito legal de la Ley que Moisés había recibido en el monte; era parte del modo de actuar requerido por Dios. Sin embargo, si ese amor superaba el compromiso del oyente con Jesús, requería una decisión difícil. Un padre y una madre deben amar y cuidar a sus hijos. Sin embargo, si ese amor sobrepasaba el compromiso de los padres con Jesús, requería una decisión difícil. Vayamos por partes, nos recuerda Jesús en este pasaje.

Jesús expresa esta decisión formulando tres frases, y en cada una utiliza el término digno. Esta dignidad no se basa en normas morales elevadas; ni siquiera en el hecho de vencer el pecado. Se basa en nuestra relación con Jesús. Somos dignos de él cuando lo elegimos a él por sobre todo lo demás (lo que incluye a nuestra madre, padre o hijos). Elegimos el sufrimiento de la Cruz y seguimos a Jesús.

“No tengo mayor deseo que el de ver a nuestra juventud imbuida por el espíritu de la religión pura que los conducirá a tomar su cruz y seguir a Jesús. ¡Adelante, jóvenes discípulos de Cristo, gobernados por los sanos principios, ataviados de vestimentas de pureza y de justicia! Vuestro Salvador os guiará hacia el puesto que se adapte mejor a vuestros talentos y en el que podáis ser más útiles” (TI 5:82).

A veces nos vemos obligados a llevar una cruz que no elegimos; y a veces, voluntariamente, llevamos una cruz. Cualquiera que sea el caso, ¿cuál es la clave para llevar esa cruz fielmente?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Juan 6
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Comentarios Elena G.W

El Salvador ordenó a sus discípulos que no esperasen que la enemistad del mundo hacia el Evangelio sería vencida, ni que después de un tiempo la oposición cesaría. Dijo: “No he venido para meter paz, sino espada”. La creación de esta lucha no es efecto del Evangelio, sino resultado de la oposición que se le hace. De todas las persecuciones, la más difícil de soportar es la divergencia entre los miembros de la familia, el alejamiento afectivo de los seres terrenales más queridos. Pero Jesús declara: “El que ama padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.

La misión de los siervos de Cristo es un alto honor y un cometido sagrado. “El que os recibe a vosotros —dice él—, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió”. Ningún acto de bondad a ellos manifestado en su nombre dejará de ser reconocido y recompensado. Y en el mismo tierno reconocimiento, él incluye a los más débiles y humildes miembros de la familia de Dios. “Cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un vaso de agua fría solamente —a aquellos que son como niños en su fe y conocimiento de Cristo— en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su recompensa”. (El Deseado de todas las gentes, pp. 324, 325).

Poco antes de su crucifixión, Cristo les dio a sus discípulos un legado de paz… Esta paz no es la paz que se adquiere a través de la conformidad con el mundo. Es una paz interna más bien que una paz externa. Afuera habrá guerras y luchas, causadas por la oposición de enemigos confesados, y la frialdad y suspicacia de aquellos que pretenden ser amigos. La paz de Cristo no hará desaparecer la división, sino que permanecerá entre las dificultades y la división.

Aunque llevaba el título de Príncipe de Paz, Cristo dijo de sí mismo: “No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada”. Mateo 10:34… Aunque era el Príncipe de Paz sin embargo, era causa de división.

Las familias deben ser divididas para que todos aquellos que invocan el nombre del Señor se salven. Todos los que rehúsan su amor infinito encontrarán que el cristianismo es una espada, un factor perturbador de su paz (Nuestra elevada vocación, p. 330).

En el don incomparable de su Hijo, Dios rodeó al mundo entero con una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo. Todos los que decidan respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta alcanzar la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús.

Como la flor se vuelve hacia el sol para que los brillantes rayos le ayuden a perfeccionar su belleza y simetría, así debemos volvernos hacia el Sol de justicia, a fin de que la luz celestial brille sobre nosotros y nuestro carácter se transforme a la imagen de Cristo (El camino a Cristo, p. 68).

 

 

Lunes 12 de julio
EGOÍSMO
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

Como en el caso del álamo y su gran sistema subterráneo de raíces, el egoísmo es parte del enorme entramado subterráneo llamado “pecado”, que nos impide hallar verdadero descanso en Jesús. De todas las expresiones del pecado en nuestra vida, el egoísmo parece ser la más fácil de manifestar, ¿verdad? Para la mayoría de nosotros, el egoísmo es tan natural como respirar.

Lee Lucas 12:13 al 21. Describe el problema destacado en la parábola de Jesús. Planificar el futuro ¿es egoísta y expresa desprecio por el Reino de Dios? Si no, o al menos no necesariamente, ¿contra qué nos advierte Jesús?

Esta parábola aparece solo en el Evangelio de Lucas y se relata en respuesta a una pregunta anónima de la audiencia. Cuando se le pregunta sobre una herencia, Jesús responde rechazando el papel de árbitro entre hermanos. En vez de eso, opta por señalar con el dedo el problema subyacente más grande; es decir, el egoísmo. Excava más profundo para mostrar la masa de raíces debajo de nuestras acciones individuales.

Piensa en las expresiones de egoísmo en tu vida. ¿Cómo afecta el egoísmo nuestra relación con Dios, con nuestro cónyuge y nuestra familia, con la familia de la iglesia, con nuestros vecinos y nuestros colegas de trabajo? ¿Qué clave se encuentra en Filipenses 2:5 al 8?

Al centrarse únicamente en sus propias necesidades y ambiciones, el rico anónimo de la parábola de Jesús se olvidó de considerar las realidades celestiales invisibles. Más grande, mejor y más no son los principios fundamentales del Reino de Dios. Pablo nos ofrece un vistazo de lo que motivó a Jesús cuando decidió convertirse en nuestro Sustituto.

Filipenses 2:5 al 8 describe el modelo del altruismo, la humildad y el amor. Si el amor a Dios y a los demás no impulsa nuestras decisiones y prioridades, seguiremos construyendo más “graneros” para nosotros aquí y pondremos menos tesoros en el cielo (Mat. 6:20).

¿Por qué es tan fácil quedar atrapado en el deseo de riquezas y posesiones materiales? Aunque todos necesitamos una cierta cantidad de dinero para sobrevivir, ¿por qué parece ser que, sin importar cuánto tengamos, siempre queremos más?

 

 


Comentarios Elena G.W
Reavivados por su Palabra: Hoy, Juan 7
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Comentarios Elena G.W

Por medio de la parábola del hombre rico, Cristo demostró la necesidad de aquellos que hacen del mundo toda su ambición. Este hombre lo había recibido todo de Dios. El sol había brillado sobre sus propiedades, porque sus rayos caen sobre el justo y el injusto. Las lluvias del cielo descienden sobre el malo y el bueno. El Señor había hecho prosperar la vegetación, y producir abundantemente los campos. El hombre rico estaba perplejo porque no sabía qué hacer con sus productos. Sus graneros estaban llenos hasta rebosar, y no tenía lugar en que poner el excedente de su cosecha. No pensó en Dios, de quien proceden todas las bondades. No se daba cuenta de que Dios lo había hecho administrador de sus bienes, para que ayudase a los necesitados. Se le ofrecía una bendita oportunidad de ser dispensador de Dios, pero solo pensó en procurar su propia comodidad.

Al vivir para sí mismo había rechazado aquel amor divino que se hubiera derramado con misericordia hacia 203sus semejantes. De esa manera había rechazado la vida. Porque Dios es amor, y el amor es vida. Este hombre había escogido lo terrenal antes que lo espiritual, y con lo terrenal debía morir.

“Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 201-203).

Entre los que serán amargamente chasqueados en el día del cómputo final, estarán los que han sido externamente religiosos, y que aparentemente han vivido vidas cristianas. Pero el yo está entretejido en todo lo que hacen. Se enorgullecen de su moralidad, su influencia, su habilidad para ocupar puestos más elevados que los de otros [y] su conocimiento de la verdad, pues creen que esos atributos les ganarán la alabanza de Cristo. “Señor —suplican—, delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste”. Lucas 13:26. “¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Mateo 7:22.

Pero Cristo dice: “Nunca os conocí; apartaos de mí”. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Mateo 7:21 (Mensajes selectos, t. 1, p. 94).

Pablo… estaba convencido de que, con tal que se lograse que los hombres considerasen el asombroso sacrificio realizado por la Majestad del cielo, el egoísmo sería desterrado de sus corazones… Dirige primero el pensamiento a la contemplación del puesto que Cristo ocupaba en el cielo, en el seno de su Padre. Después lo presenta abdicando de su gloria, sometiéndose voluntariamente a las humillantes condiciones de la vida humana, asumiendo las responsabilidades de un siervo, y haciéndose obediente hasta la muerte más ignominiosa, repulsiva y dolorosa: la muerte en la cruz. ¿Podemos contemplar tan admirable manifestación del amor de Dios sin agradecimiento ni amor, y sin un sentimiento profundo de que ya no somos nuestros? A un Maestro como Cristo no debe servírsele impulsado por móviles forzados y egoístas (El ministerio de curación, p. 401

 

Martes 13 de julio
AMBICIÓN
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

Estudiar la última semana del ministerio de Jesús en la Tierra ofrece una instantánea de cómo la inquietud y la ambición llevan a la gente a hacer y decir cosas desacertadas.

Lee Lucas 22:14 al 30 y escucha discutir a sus discípulos, durante esta comida solemne, sobre quién de ellos debería considerarse el más grande (Luc. 22:24). ¿Por qué los discípulos se desviaron de esta ocasión trascendental y se centraron en la grandeza humana?

Rara vez hablamos con otros sobre quién es el mejor en la iglesia, la familia o nuestro lugar de trabajo. Podemos pensar mucho sobre ello, pero ¿quién, en realidad, habla abiertamente de eso?

Esta no era la primera vez que se planteaba esta cuestión en la comunidad de seguidores de Jesús. Mateo 18:1 nos informa que los discípulos presentaron el tema a Jesús y lo formularon de una manera más abstracta: “¿Quién es el mayor en el Reino de los cielos?” La respuesta de Jesús conlleva una lección objetiva. Después de llamar a un niño, lo coloca en el centro del grupo. La acción de Jesús requiere una explicación, y en Mateo 18:3 el Maestro la ofrece también: “De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos”.

La conversión es fundamental para hallar verdadero descanso en Jesús. Reconocemos que necesitamos ayuda externa. De repente, nos damos cuenta de que no podemos depender de nosotros mismos, sino que debemos confiar en Jesús. Experimentamos una transformación de nuestros valores y ambiciones. Jesús les dice a sus discípulos: Confíen en mí y dependan de mí como este niño. La verdadera grandeza está en renunciar a sus “derechos” y adoptar los valores del Reino.

Lamentablemente, parece que los discípulos aún no habían aprendido esta lección cuando Jesús participó con ellos de la Última Cena. Sus disputas y sus luchas internas arruinaron un momento de perfecta comunión, que nunca se repetiría.

¿Todo esto, incluso después de años de estar con Jesús, de servir con Jesús y de escuchar y aprender a sus pies? ¡Qué triste ejemplo de cuán corrupto continúa siendo el corazón humano! Sin embargo, entre los factores más positivos, piensa en la realidad siempre presente de la gracia del Señor, por la que, a pesar de esta patética discusión entre sus seguidores, Jesús no los abandonó.

Mantenernos centrados en Jesús en la Cruz ¿por qué debería ser un poderoso remedio contra el deseo de exaltación propia, del que todos somos presa como seres humanos caídos?

 

 
Reavivados por su Palabra: Hoy, Juan 8
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Miércoles 14 de julio
HIPOCRESÍA
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

Un hipócrita es alguien que actúa, que quiere mostrarse como alguien que no es realmente. El término se usa siete veces en Mateo 23, en un discurso en el que Jesús avergüenza públicamente a los escribas y los fariseos, el núcleo de la dirigencia religiosa judía (Mat. 23:13, 14, 15, 23, 25, 27, 29). Los evangelios muestran que Jesús ofrecía gracia y perdón a los adúlteros, los recaudadores de impuestos, las prostitutas, e incluso a los asesinos, pero demostró poca condescendencia con los hipócritas (ver muchas otras referencias en Mat. 6:2, 5, 16; 7:5; 15:7-9; 22:18).

Lee Mateo 23:1 al 13 y enumera cuatro características principales de un hipócrita que Jesús menciona.

Jesús asocia cuatro características con los escribas y los fariseos. En el espectro del judaísmo del siglo I d.C., los fariseos representaban la derecha religiosa conservadora. Se interesaban por la Ley oral y escrita, y enfatizaban la pureza ritual. En el otro extremo del espectro estaban los saduceos, un grupo de líderes, en su mayoría ricos, a menudo asociados con la clase sacerdotal de élite. Estaban sumamente helenizados (es decir, hablaban griego y se sentían cómodos con la filosofía griega), y no creían en un juicio ni en una vida futura. Los podríamos describir como liberales. Ambos grupos eran culpables de hipocresía.

Según Jesús, somos hipócritas cuando no hacemos lo que decimos; cuando hacemos que la religión sea más difícil para los demás y no aplicamos esos mismos estándares para nosotros mismos; cuando queremos que otros aplaudan nuestro fervor religioso; y cuando exigimos honor y reconocimiento que solo pertenecen a nuestro Padre celestial.

Más allá de sus palabras incisivas y directas, el compromiso de Jesús con aquellos a quienes llamaba hipócritas estaba lleno de amor y preocupación, incluso por estos hipócritas.

“La compasión divina caracterizaba el semblante del Hijo de Dios mientras dirigía una última mirada al Templo y luego a sus oyentes. Con voz ahogada por la profunda angustia de su corazón y amargas lágrimas, exclamó: ‘¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!’ ” (DTG 572).

¿Por qué no necesitas ser un líder religioso para ser culpable del tipo de hipocresía que Jesús condena tan rotundamente aquí? ¿Cómo podemos aprender a ver ese tipo de hipocresía en nosotros mismos, si existiera, y cómo podemos deshacernos de ella?

Reavivados por su Palabra: Hoy, Juan 9
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Jueves 15 de julio
CÓMO ERRADICAR LA ANSIEDAD
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

Lee Juan 14:1 al 6. En medio de nuestra ansiedad, ¿qué podemos hacer para que nuestro corazón no se sienta turbado? ¿Cuál es la clave para superar la división, el egoísmo, la ambición, la hipocresía, y hallar el verdadero descanso?

Para superar la ansiedad, el punto de partida siempre es Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él conoce la dirección correcta cuando deambulamos sin rumbo fijo en el desierto de nuestro mundo saturado de medios; como Legislador divino, él mismo es la Verdad personificada, y su Espíritu nos guiará a toda la verdad (Juan 16:13). Cuando estamos heridos, cansados, agotados, enfermos y desanimados, él es la Vida. No cualquier vida. De hecho, nos ha prometido vida en abundancia (Juan 10:10). Esto incluye nuestro hogar eterno y la vida eterna, pero también implica una calidad de vida diferente aquí. El Creador seguramente puede darnos eso en abundancia y sin medida, aun ahora.

“No se turbe vuestro corazón” es una invitación a vivir con expectativas. Cuando nos sentimos deprimidos, él puede ponernos en un plano superior. Cuando luchamos contra las tinieblas y el pecado, él es el que no solo comenzó, sino también terminará la buena obra en nosotros (Fil. 1:6).

Por más que las cosas empeoren aquí (algo que bien podemos esperar), considera la promesa que se nos ha dado en Jesús. Él está preparando un “lugar” para nosotros, un lugar donde nuestro dolor, ansiedad y sufrimiento serán desterrados para siempre. Esa es la esperanza que se nos ha dado en Cristo Jesús, y se nos ofrece a todos, sin importar quiénes seamos, sin importar nuestro origen, sin importar cuán miserable haya sido o sea nuestra vida ahora.

Sin embargo, la clave es que acudamos a Dios en nuestra debilidad de todos modos, con nuestro dolor, nuestro estado pecaminoso en general, destrozados, sabiendo que él nos acepta a pesar de estas cosas. De eso se trata la gracia, y la razón por la que debemos creer que nos fue dada si la buscamos con fe.

Lee Jeremías 3:22. ¿Qué nos pide Dios que hagamos nosotros? Y luego, ¿qué hará por nosotros en respuesta?

Piensa en las palabras de Jesús: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). ¿Qué debería decirnos esto acerca de la importancia de la promesa de la Segunda Venida? Especialmente para nosotros como adventistas (con nuestro conocimiento sobre la muerte), ¿por qué es tan preciosa la promesa de la Segunda Venida?

 

 

Viernes 16 de julio
Audio Diálogo Bíblico   Mat. Damas Mat. Adulto

Para Estudiar y Meditar

“No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centra en el yo. Si has aceptado a Cristo como tu Salvador personal, debes olvidarte de ti mismo y tratar de ayudar a otros. Habla del amor de Cristo, cuenta de su bondad. Haz todos los servicios que se presenten. Lleva la carga de las almas sobre tu corazón, y por todos los medios que estén a tu alcance trata de salvar a los perdidos. A medida que recibas el espíritu de Cristo –el espíritu de amor desinteresado y trabajo por otros–, crecerás y darás frutos. Las gracias del Espíritu madurarán en tu carácter. Tu fe se incrementará, tus convicciones se profundizarán, tu amor se perfeccionará. Reflejarás más y más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y precioso” (PVGM 47). En cuanto al abordaje de cuestiones entre los miembros de la iglesia, “la conversación se prolongaba por horas entre las partes interesadas, y no solo habían malgastado su tiempo, sino también habían retenido a los siervos de Dios para que los escuchasen, cuando el corazón de ambas partes no estaba subyugado por la gracia. Si se pusieran a un lado el orgullo y el egoísmo, cinco minutos bastarían para eliminar la mayoría de las dificultades” (PE 50).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

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