INTRODUCCION

Al final de algunos capítulos de este libro, encontrarás unas historias ambientadas en un lugar ficticio llamado "el bosque Fenton". Durante mis trece años como pastor de la iglesia de la Southern Adventist University en Collegedale, Tennessee, descubrí que, cuando concluía mis sermones con una historia que ilustraba el mensaje principal del sermón, podía llegarles fácilmente tanto a los adultos como a los niños. Espero que las historias que incluyo en esta obra sirvan para que los niños entiendan el mensaje principal del capítulo y para que los adultos también lo recuerden fácilmente.

Quiero agradecer a los miembros de la iglesia de la Southern Adventist University, y a todos sus alumnos, desde preescolar hasta la universidad, que me animaron a través de sus comentarios y su participación en los servicios. Sobre todo, estoy agradecido a mi familia, Cynthia, Gina y Julie, por su disposición a escuchar pacientemente las fábulas del bosque Fenton y sus valiosas sugerencias.1

La palabra "educación" viene del latín educare, que significa "alimentar". Así como necesitamos el alimento físico diariamente, también necesitamos nutrirnos espi-ritualmente de forma habitual. La educación cristiana es

La educación

ese alimento espiritual para la mente. A través de ella, los maestros pueden estimular el análisis y despertar el deseo de un compromiso espiritual más profundo entre los estudiantes. Un buen maestro de la Escuela Sabática cumple con su responsabilidad de enseñanza creando ocasionalmente una incongruencia que obliga a sus alumnos a pensar en cómo resolverla. Puedes hacer esto a través de las fábulas del bosque Fenton, preguntando a lardase qué moraleja comunica la historia.

Además, como maestro, debes crear un ambiente inclusivo en el que los miembros de la clase se sientan libres de participar en la discusión. Una forma de lograrlo es utilizando algunas de las historias e ilustraciones de este libro como temas de discusión.

Por ejemplo, en el capítulo i cuento la historia de cómo mi abuelo se mudó para estar cerca de la iglesia y así lograr que sus hijos pudieran recibir una educación cristiana. Entre las preguntas que puedes hacer, están:

• ¿Es razonable hoy en día tomar una decisión como esa?

• ¿Cómo podemos hacer hincapié en la importancia de la educación cristiana en nuestro contexto social?

• ¿Existe hoy en día ese mismo nivel de compromiso para educar a nuestros jóvenes en la vida cristiana?

• ¿Cómo se manifiesta actualmente un elevado nivel de compromiso con la educación cristiana?

El llamado a los maestros de la Escuela Sabática es noble y sagrado. En este libro, me esfuerzo por ayudarte a responder a ese llamado de una manera que edifique a tu iglesia. Cuando repases las ilustraciones y las historias contenidas en estas páginas, ten presente el potencial que tienen para iniciar análisis y alimentar el espíritu de nuestras familias adventistas del séptimo día.

Capítulo 1

LA EDUCACIÓN EN EL JARDÍN DEL EDÉN

Mi abuelo emigró a los Estados Unidos desde un asentamiento alemán en Ucrania a finales del siglo XIX. Durante sus primeros años, era poco el inglés que sabía. En una ocasión en la que asistió a un campamento campestre, compró un libro de Elena de White que estaba traducido al alemán. En él, leyó una declaración que decía: "Los padres deben comprender que ya no es seguro mandarlos [a los niños] a las escuelas fiscales [públicas]". Esta declaración se convirtió en un problema para mis abuelos.1

Ellos se instalaron en el condado de Kidder, en Dakota del Norte, donde construyeron una casa de dos pisos en un terreno de su propiedad. El problema era que la casa estaba a varios kilómetros de la Iglesia Adventista más cercana, en el condado de Bowdon, demasiado lejos como para que sus nueve hijos se fueran en carreta y a caballo a la escuela todos los días. Así que mis abuelos decidieron mudarse. Compraron un terreno de unas 6o hectáreas a menos de dos kilómetros de la iglesia, pero había otro problema.

El nuevo terreno no tenía casa, ya que solo era tierra de cultivo, así que mi abuelo decidió mudar la casa que había

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1 Algunos me expresaron su preocupación por contar historias ficticias en las que los animales hablan. Mi recomendación, a los que tienen dudas sobre el uso de la ficción, es que lean Jueces 9:7-15, donde Jotam cuenta una historia que incluye árboles que hablan; así como la historia ficticia que Jesús contó sobre el hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31.

Elena de White, Conducción del niño, p. 287.