Lección 7 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Textos clave: Deuteronomio 32:46, 47; 1 Reyes 3:6; Números 6:24–26; Génesis 1:26, 27; 2:15–23; 15:1–5.

RESEÑA

Las palabras tienen poder. Pueden despertar a un pueblo de la opresión de la esclavitud a una vida fiel de liberación. Josué instó al pueblo: “Escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15). Las palabras también pueden ser devastadoras y usarse para destruir y engañar. Cuando Satanás tentó a Eva en el Jardín del Edén, insinuó la duda: “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gén. 3:1). Las palabras pueden ser acusatorias y críticas, y pueden ser relajantes y afables, que traen sanidad al alma.

Dios eligió comunicar la historia de la Creación, la Caída, el plan de redención, la promesa de restauración y la Segunda Venida al mundo a través de profetas y escritores. Estos escribieron en hebreo, arameo y griego, idiomas que a menudo son bastante diferentes de los que aprendimos en la infancia. La Biblia entera ha sido traducida, por lo menos, a 636 idiomas; y el Nuevo Testamento, a otros 3.223 idiomas o más, por lo que el 95 por ciento de la población de la puede leer la Palabra de Dios. En la lección de esta semana, analizaremos cómo interpretar las palabras, las frases y los relatos de las Escrituras dentro de sus contextos originales para poder comprender mejor el mensaje de Dios para nosotros hoy.

COMENTARIO

Texto bíblico

Es importante entender que el significado deriva de las partes más pequeñas del lenguaje, la palabra individual en sí, y se expande al contexto de una oración, una narración y finalmente un libro. La palabra dabar, en hebreo, es muy rica semánticamente, ya que puede significar una “palabra”, una “cosa” o incluso una “profecía”. Por esta razón, es importante estudiar el contexto más amplio de las palabras y cómo se pueden usar en la Biblia. Las palabras hebreas chesed (misericordia) y shalom (paz) son ejemplos de las clases de palabras que tienen un amplio rango semántico y pueden entenderse más profundamente si se estudian desde todo el contexto de la Escritura. En otros casos, hay enseñanzas bíblicas (doctrinas) o ideas que se entienden mejor al estudiar un grupo de palabras con significados similares que juntos brindan una gama completa de interpretación. Una de esas enseñanzas que se beneficia con un enfoque como este es el concepto bíblico del remanente.

Ilustración

La Iglesia Adventista del Séptimo Día se identifica como la iglesia remanente de la profecía bíblica. Surgió como un movimiento en este tiempo del fin para proclamar el mensaje de los tres ángeles con claridad. La iglesia remanente proclama el sábado como el sello que distinguirá a los que guardan los mandamientos y tienen la fe de Jesús (Apoc. 14:12). Su capacidad para guardar los mandamientos solo puede venir a través de los méritos y el poder de Cristo, como lo demuestra su ejemplo para vencer y heredar la corona de la vida (Juan 16:32, 33; 1 Juan 4:4; 5:4, 5; Apoc. 2:7, 11, 17, 26; 3:5, 12, 21). Sin embargo, esta afirmación de ser el Remanente suena bastante exclusivista y arrogante en nuestro entorno moderno. ¿Cómo podemos saber que Dios tiene un remanente? La idea de remanente se encuentra en toda la Escritura. Una de las palabras para “remanente” es she’ar, que en sus diversas derivaciones aparece 226 veces en el Antiguo Testamento. La forma nominal she’ar puede designar al “remanente” de Israel (Isa. 10:20, RVA-2015, NVI), o “su pueblo” (Isa. 11:11, 16; 28:5). En este caso, el texto indica que este es un remanente elegido por Dios. Isaías 4:2 al 6 y 6:13 describen aún más a un remanente que ha pasado por un fuego purificador de juicio divino y se presenta como un pueblo santo. Otras palabras hebreas que describen al remanente también pueden estudiarse e incluir términos como palat, malat, yathar, sarid y ‘aharît. Estos términos también deben estudiarse en sus contextos. Cualquiera puede hacer esto con una buena concordancia. Un estudio de este tipo revela que la Biblia describe el concepto de “remanente” de varias maneras: (1) El “remanente histórico” es el de Isaías 1:4 al 9, que son los sobrevivientes de una catástrofe; (2) el “remanente fiel” son los que permanecen fieles a Dios y que cumplen todas las promesas del pueblo de Dios; y finalmente, (3) el “remanente escatológico” son los que pasan por las tribulaciones del tiempo del fin y salen victoriosos en el gran día del Señor para recibir su Reino. En Apocalipsis, el dragón se enfurece con la mujer y hace guerra “contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo” (Apoc. 12:17). La rica naturaleza de cada uno de estos términos en sus contextos se suma a los demás hasta que, dentro de todo el contexto de la Biblia, el concepto emerge con claridad, y el que estudia comienza a comprender la totalidad de la idea del “remanente” (ver G. F. Hasel, Understanding the Living Word of God, pp. 113–116).

Ilustración

Dos descubrimientos o avances en los últimos tiempos nos han ayudado a comprender el origen de la Biblia. La lengua egipcia, escrita en jeroglíficos, fue descifrada en 1822 por Jean Champollion. Este descubrimiento reveló los secretos perdidos hace mucho tiempo de una de las civilizaciones más antiguas y nos permitió comparar los antiguos textos egipcios con el texto bíblico. Surgieron varias contribuciones interesantes con el tiempo: (1) Los egipcios, que regularmente hacían campaña e intercambios con Canaán, registraron muchos de los lugares geográficos mencionados en la Biblia. Se encontró mucha correspondencia y precisión entre los nombres y los lugares mencionados en Egipto y en la Biblia. (2) Se encontraron muchos términos egipcios de préstamo, especialmente en los primeros cinco libros del Pentateuco. Los académicos han documentado una serie de préstamos, como tevah, la palabra para “arca”, que deriva de la palabra egipcia que significa “caja”, “cofre” o “baúl”. Esta palabra se usa tanto para el arca de Noé como para el arca en la que Moisés fue puesto cuando era bebé. El nombre para Egipto que se utiliza en la Biblia es Mitzraim. Este nombre es una palabra dual en hebreo que proviene del egipcio msr, la palabra para Egipto. El sufijo dual indica las “dos tierras” del Alto y el Bajo Egipto. También se usan modismos egipcios. La frase “brazo extendido”, usada para describir la protección de Dios, es una expresión egipcia común de fuerza. El autor utilizó títulos egipcios, así como modales y costumbres del lenguaje. Finalmente, aparece una serie de nombres personales egipcios. Todos estos descubrimientos apuntan a la conclusión de que los primeros libros de la Biblia se escribieron durante la generación del Éxodo y que el autor estaba íntimamente familiarizado con Egipto, sus costumbres y su historia. Moisés indudablemente tenía la educación y el bagaje necesarios para escribir los libros de Génesis a Deuteronomio, como a menudo afirma la Biblia.

Otro descubrimiento se refiere al manuscrito original de las Escrituras por parte de Moisés. La invención del alfabeto, derivado de los jeroglíficos egipcios, tuvo lugar en la península del Sinaí aproximadamente un siglo antes del Éxodo. Este gran avance en la comunicación simplificó la escritura e hizo posible la alfabetización para la gente común. Por ende, Moisés podría haber escrito no en jeroglíficos egipcios complicados, sino en el alfabeto protocananeo simplificado que con el tiempo se convertiría en hebreo. Los tiempos de Dios siempre son perfectos para poner su mensaje en manos de su pueblo.

Texto bíblico

Otros conceptos y palabras de la Biblia son completamente únicos. En el relato de la Creación se da más énfasis a la creación de la humanidad que a cualquier otro elemento o criatura. La humanidad se coloca en el pináculo de la Creación. Es la obra del Dios trino cuando proclaman su intención: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gén. 1:26). El énfasis triple de este versículo en el verbo bara’, “crear”, reitera la intención de Dios de crear al hombre y a la mujer de manera única a su imagen y semejanza. El contexto inmediato de Génesis 1 indica que tanto ‘Elohim, “Dios”, en su majestuosa pluralidad como ruach Elohim, “el Espíritu de Dios”, participan de la obra creadora (Gén. 1:1, 2). Juan 1:1 al 3 deja en claro que Jesús era el agente de la Creación, porque “en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Al permitir que la Escritura en su totalidad se interprete a sí misma, descubrimos que el “hagamos” de Génesis 1:26 incluía a los tres miembros de la Deidad. Por ende, la humanidad fue creada por una relación para una relación, a fin de que pudiera “fructifica[r] y multiplica[rse]; llena[r] la tierra” (Gén. 1:28). Fueron creados para comulgar con Dios en el día de reposo que él creó para ellos (Gén. 2:1–3; Éxo. 20:8–11). Su propósito para nosotros por toda la eternidad es que Dios pueda habitar entre su pueblo.

APLICACIÓN A LA VIDA

Entonces, ¿cómo podemos estudiar la Biblia en profundidad sin entender los idiomas bíblicos originales? Tenemos herramientas disponibles en Internet como miconcordancia.com y BibleGateway.com, o concordancias impresas, que son accesibles hoy más que nunca. Podemos estudiar cómo se usan las palabras dentro de las frases, dentro de los libros y en toda la Biblia. Los fundadores de nuestra iglesia no tenían todas las herramientas disponibles que tenemos hoy. Tenían sus Biblias y concordancias. Siguieron cuidadosamente los principios protestantes de la interpretación bíblica y, bajo la inspiración del Espíritu Santo, pudieron conocer el plan de salvación de Dios y las verdades enseñadas por los profetas y por Jesús. A continuación, hay algunas preguntas para debatir que puedes usar para guiar al grupo: