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¿Por qué es necesaria la interpretación?

 

 

Se ha preguntado alguna vez por qué los teólogos y las

iglesias cristianas basan su trabajo y su ministerio en la | Biblia? Lo hacen, porque la Biblia es el punto de referencia aceptado por el cristianismo. Es imposible hablar de Dios y de la fe cristiana sin íiacer referencia a la Biblia. Sorprendentemente, aunque la enorme mayoría de los comentaristas y las organizaciones comparten una base bíblica, a menudo llegan a conclusiones diferentes debido a la gran cantidad de denominaciones que existen bajo el paraguas del cristianismo. Esto ocurre en parte porque no todos los teólogos e iglesias están dispuestos a acatar solo las Escrituras. Aceptan otras fuentes como autoritativas. La razón, la experiencia y la tradición se infiltran, influyendo en la interpretación de la Biblia y las conclusiones teológicas. Pero incluso los creyentes que sostienen el principio de sola Scriptura, que consiste en tomar la Biblia tal como se lee, llegan a diferentes opiniones sobre algunos temas. ¿Por qué ocurre esto? La respuesta a esta pregunta involucra las ideas y las experiencias de vida del lector.

Nadie se acerca a la Biblia con la mente en blanco

Todos, sin excepción, tenemos creencias e ideas preconcebidas a la hora de interpretar la Biblia.1 Nadie llega a estudiar a la Biblia con la mente en blanco. Nuestras variadas experiencias, nuestra educación, cultura, capacitación y opiniones influyen al momento de leer las Escrituras. La neutralidad total o la objetividad absoluta es un ideal poco realista. La reflexión teológica siempre se da bajo el marco de presuposiciones fundamentales sobre la naturaleza del mundo y la naturaleza de Dios. En el caso del intérprete individual, la sociedad moldea drásticamente su contexto e influye en su visión de las Escrituras. Estas dinámicas deben tenerse en cuenta porque siempre afectan la interpretación del texto.

Nuestros preconceptos

Una influencia significativa que puede sesgar nuestra interpretación de las Escrituras y alejarnos del significado del texto bíblico es lo que se conoce como preconceptos.2 Esto quiere decir que cada vez que realizamos un estudio detallado de la Biblia traemos nuestras propias nociones y pensamientos preconcebidos. Consciente o inconscientemente, estas ideas y opiniones previas siempre están activas y han sido formadas por «experiencias concretas y encuentros anteriores con el texto que tienden a hacernos suponer que ya entendemos lo que se está diciendo».3 Los preconceptos incluyen todo lo que hemos escuchado «en la iglesia, en los estudios bíblicos, y en [nuestra] Lectura personal de la Biblia. Pe'rb no solo esto, sino que nuestra comprensión previa de los textos bíblicos está también condicionada por los himnos que hemos escuchado, así como por toda clase de música, arte y literatura, tanto cristianos como seculares con que hayamos tenido alguna relación. Por otra parte, la cultura se introduce constantemente en este proceso».4

El problema con las presuposiciones es que pueden estar acertadas en algunas cosas y en otras no. De esta forma, aunque la comprensión previa de cualquier pasaje sea correcta, no goza de fundamento si el texto bíblico no se ha estudiado de manera cuidadosa y detallada. Es peligroso suponer que las presuposiciones siempre tienen la razón. La búsqueda de la verdad requiere de gran humildad, ya que la naturaleza humana confía en sí misma de manera innata. Esta confianza en sí misma, u orgullo, es una influencia corruptora en el intérprete, debido a que «nos anima a pensar que tenemos el significado correcto antes de haber hecho el esfuerzo apropiado para obtenerlo. El orgullo generalmente no espera para escuchar; sino que ya sabe».5 El orgullo eleva la opinión del lector por encima de la Palabra de Dios y, en un giro desconcertante, «es posible enorgullecerse del escepticismo y la certeza propios».6 El orgullo, en su peor forma, no conduce a la humildad sino a la humillación y ridiculización del texto bíblico.7

El gemelo malvado del orgullo interpretativo es la pereza interpretativa. Esta, ignora la libertad y responsabilidad del lector y depende de terceros para la interpretación del texto: del predicador en la televisión, del maestro, de un libro, e incluso el Espíritu. Conduce al lector a renunciar al esfuerzo de prestar atención cuidadosa a la lectura.8

En vez del orgullo que no escucha; o de la pereza que escucha sin criterio propio, simplemente absorbiendo los pensamientos de los demás; necesitamos temperar nuestro conocimiento con la humildad.9 La actitud de humildad es la Voluntad de someter nuestras creencias a una autoridad superior. Abarca' la creencia de que Dios y su Palabra son mayores que la razón humana y nuestra comprensión propia. Debemos estar dispuestos a permitir que el texto bíblico moldee y reforme nuestra comprensión previa para que nuestro pensamiento y nuestras acciones estén cada vez más alineados con la perspectiva bíblica.

Colocarnos por encima de la Palabra en lugar de entender la Palabra

Abordar el texto con un propósito teológico predeterminado es otro de los peligros de la comprensión previa. Hacerlo trae conclusiones al estudio de la Palabra de Dios en vez de permitir que la investigación revele los hallazgos. Esta tendencia humana exige una mentalidad abierta, sinceridad y búsqueda en oración para evitar colocarnos por encima de la Palabra de Dios. También exige determinación para colocarnos deliberadamente por debajo de la Palabra de Dios; debemos estar dispuestos a dejar que la Biblia moldee nuestros pensamientos y nuestra comprensión. En este sentido, Elena G. de White ofrece este consejo:

«En el estudio de la Palabra, dejen en la puerta de la investigación sus opiniones preconcebidas y sus ideas heredadas del ambiente y cultivadas individualmente. Nunca descubrirán la verdad si estudian las Escrituras para vindicar sus propias ideas, Dejen estas ideas a la puerta y acérquense con el corazón compungido para oír lo que el Señor tiene que decirles. [...] No lean la Palabra a la luz de opiniones anteriores; investíguenla, en cambio, cuidadosamente y con oración, con una mente libre de prejuicios. Si al leerla se produce la convicción, y ven que las opiniones que han acariciado no están en armonía con la Palabra, no traten de hacer concordar la Palabra con esas opiniones. Hagan concordar sus opiniones con la Palabra. No permitan que lo que han creído o practicado en lo pasado gobierne el entendimiento».10

Sin esta honestidad y mentalidad abierta, los intérpretes quedan a merced de la comprensión previa; a la deriva del texto de la Sagrada Escritura. Dejar a un lado nuestros prejuicios y presuposiciones errados amplía la comprensión bíblica. A medida que nuestra comprensión.se va reformando y expandiendo con la lectura de las Escrituras, comenzamos a concentrarnos en la verdad bíblica. La exposición repetida a la Palabra de Dios agudiza la visión y la comprensión previa del lector y la va alineando cada vez más con la verdad bíblica, permitiéndole pensar con el texto, en lugar de únicamente sobre el texto. Durante este proceso, Dios trabaja a través de la Biblia y el Espíritu Santo, creando en el intérprete las hipótesis necesarias y las ideas esenciales para una comprensión adecuada de las Escrituras.11

La Biblia confirma una y otra vez que por muy atada que una persona esté a sus presuposiciones, siempre podrá experimentar una transformación. En Tesalónica, por ejemplo, Pablo «usó las Escrituras para razonar con la gente. Explicó las profecías y demostró que el Mesías tenía que sufrir y resucitar de los muertos» (Hechos 17: 2-3, NTV). Como resultado, «algunos judíos que escuchaban fueron persuadidos y se unieron a Pablo y Silas, junto con muchos hombres griegos temerosos de Dios y un gran número de mujeres prominentes» (Hechos 17: 4, NTV).

Falsa familiaridad con la Palabra

Otro peligro latente es el de la falsa familiaridad con la Palabra. Es extraordinario y digno de elogio estar íntimamente familiarizados con el contenido de la Biblia, pero esto conlleva un peligro. Si creemos que conocemos la historia, dejamos de leerla con ojos atentos y nos sentimos tentados a renunciar al estudio cuidadoso. Algunos pasajes bíblicos familiares y frecuentemente citados pierden su verdadero significado. Por ejemplo, cuando hablamos de las bendiciones de dos o tres que se unen en oración, a menudo citamos las palabras de Jesús: «Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18: 20). Si bien es cierto que la presencia de Jesús en medio nuestro es una bendición, este texto no hace referencia a una reunión de oración moderna. Una lectura cuidadosa y atenta del contexto original muestra que él se estaba refiriendo a restaurar a un hermano a la comunión. Seguir los pasos que había descrito anteriormente (en Mateo 18: 15-18), traería la presencia y la bendición de Dios. ¡Él prometió estar presente cada vez que se siguiera este modelo de reconciliación, independientemente de la cantidad de personas involucradas!

El desafío cultural que influye en nuestra interpretación de las Escrituras

Uno de los elementos que más influyen en nuestra comprensión previa es el contexto cultural. Este contexto cultural está formado por una combinación de influencias formativas por parte de nuestras familias y nuestra herencia nacional. «Su influjo se deja sentir por todas partes: en el desayuno con mamá, entre los niños de la clase en la escuela, en la televisión. Es una mezcla de lenguaje, costumbres, películas, literatura y hábitos nacionales».12 Los antecedentes familiares también dan forma a nuestro contexto cultural. De nuestras familias, para bien o para mal, heredamos muchos de nuestros valores, opiniones y conceptos. Si crecimos con un padre abusivo, la imagen bíblica de Dios como un padre amoroso será un desafío para nosotros. En este caso, eHastre de los antecedentes familiares dificulta la comprensión de la verdad bíblica sobre Dios. Sin embargo, este lastre no significa que sea imposible que aquellos que han sido maltratados comprendan el verdadero significado de la verdad bíblica, «pero sí que los tales tendrán que hacer un esfuerzo especial para vencer algunas de las imágenes negativas procedentes de su infancia».13

Del mismo modo, las imágenes y conductas automáticas a las que estamos acostumbrados son un desafío para comprender adecuadamente los pasajes bíblicos. Por ejemplo, Pablo nos amonesta en Romanos 13: 1-7 a estar sujetos a las autoridades gubernamentales. ¿Qué significa esto si vivimos en un país con una democracia pacífica? ¿Qué pasa si vivimos bajo el gobierno autocrático de un gobernante despótico? Ciertos autores estadounidenses de un libro de reciente publicación sobre hermenéutica, utilizan este pasaje para plantear las siguientes preguntas (dirigidas principalmente a los lectores estadounidenses): «Con este pasaje en mente, ¿habría sido erróneo participar en el famoso Boston Tea Party de 1773 para protestar por un nuevo impuesto sobre el té? Los "patriotas" estadounidenses de aquel tiempo arrojaron varias toneladas de té ajeno al puerto de Boston. ¿Fue correcto este comportamiento desde un punto de vista cristiano?».14 O planteando una pregunta aún más significativa: ¿Se inició la Revolución Americana en desobediencia a los principios de Romanos 13: 1-7? Tenga en cuenta que las razones de la Revolución respondían más a cuestiones económicas que de libertad religiosa. Hay que recordar también que cuando Pablo escribió la Epístola a los Romanos, el gobierno de Roma era mucho más opresivo y tiránico de lo que nunca fue el que representaba el rey Jorge III. ¿Qué piensa?».15

Si bien este ejemplo lo presentan autores estadounidenses y está dirigido a los sentimientos estadounidenses, ilustra un punto interesante. Raramente cuestionamos la moralidad de nuestra propia cultura, ya que suele presentarse como maravillosa y gloriosa. Pero ninguna cultura, por muy amada que sea, es neutral y libre de culpa. Si comenzamos nuestra interpretación del texto bíblico (en este caso, Romanos 13: 1-7) con la conclusión preconcebida «de que este pasaje no puede estar en contra de la Revolución, estamos poniendo nuestra cultura por encima de la Biblia».16 El incómodo desafío que enfrentamos consiste en permitir que la Biblia critique incluso a nuestra propia cultura, y no lo contrario. Después de todo, somos primeramente ciudadanos del reino y nos hemos comprometido a seguir a Dios y sus enseñanzas.

Dos errores en la interpretación

Finalmente, debe quedar claro que el desafío del sesgo cultural es ineludible. Ejerce mucho peso en la tarea de interpretación debido a la dificultad que implica salirse de-uno mismo para comprender un libro que fue escrito en un idibma diferente y desarrollado en un tiempo y lugar diferentes. Debemos esforzarnos para evitar las trampas de la comprensión previa, las presuposiciones y los prejuicios culturales. Este arduo trabajo se recompensa evitando dos errores fundamentales.

El primer error es acercarse a la Biblia con el método equivocado, interpretándola como si Dios no existiera. Debemos poner a un lado nuestra visión del mundo, permitiendo que las Escrituras proporcionen los parámetros para su propia interpretación. El segundo error que debe evitarse involucra el método correcto pero empleado de manera incorrecta: usar el principio de sola Scriptura pero de manera incoherente. Es necesario permitir que la Biblia reconfigure toda nuestra comprensión previa. Someterse a este método de estudio de la Biblia traerá luz y comprensión al humilde buscador de la verdad.

Para los creyentes, evitar el primer error es probablemente más fácil que lidiar con la segunda trampa. Llegar a un acuerdo con nosotros mismos requiere determinación y voluntad de someterse a las Escrituras, permitiendo que la Biblia funcione como un vínculo unificador. A través de su Palabra, Dios llevará a cabo su obra de unir nuestra teología, nuestros corazones y nuestras mentes.


Referencias

1. Sobre la enorme influencia que ejerce nuestra comprensión previa en la tarea de interpretación, ver Frank M. Hasel, «Presuposiciones en la interpretación de las Escrituras» en Entender las Sagradas Escrituras, ed. George W. Reid (Doral, Florida: IADPA, 2009): pp. 33-58.

2. Aquí seguimos la excelente discusión sobre la comprensión previa en). Scott Duvall y J. Daniel Hays, Entendiendo la Palabra de Dios, pp. 122-133.

3. Ibíd., p. 122.

4. Ibíd., p. 123.

5. Kevin J. Vanhoozer, Is There a Meaning in This Text?: The Bible, the Reader, and the Morality ofLiterary Knowledge (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1998), p. 462.

6. Vanhoozer, Is There a Meaning in this Text?, p. 463.

7. Vanhoozer, p. 463.

8. Vanhoozer, p. 463.

9. Sobre la importancia de la humildad, ver Hasel, «Presuppositions», pp. 34-35.

10. Elena G. de White, Mensajes para los jóvenes, § 83, p. 152.

11. Cf. Gerhard F. Hasel, Understanding the Living Word of God (Mountain View, CA: Pacific Press, 1980), pp. 77-78.

12. Duvall y Hays, pp. 125-126.

13.IbiU, p. 127.

14. Ibíd., p. 128.

15. Ibíd., p. 129.

16. Ibíd., p. 130.