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Solo por medio de las Escrituras

 

 

Sola Scríptura

Los adventistas del séptimo día han confirmado el papel de la Biblia al dar su sólido apoyo al principio sola Scríptura originado en la Reforma, el cual afirma que los asuntos de la fe y de la práctica religiosa solo deben definirse por las Escrituras. Ya en 1847, Jaime White declaró inequívocamente: «La Biblia es la revelación perfecta y completa. Es, nuestra única regla de fe y práctica».1

Al acto de juzgar toda fe y práctica solo por las Escrituras se le conoce como «el grito de batalla» de la Reforma Protestante.2 En junio de 1520, una bula papal condenó 41 de las enseñanzas de Martín Lutero, acusándolo de rechazar a todos los santos maestros de la iglesia. En defensa de su posición, Lutero escribió que «la Escritura sola es el verdadero señor y maestro de todos los escritos y doctrinas en la tierra. Si eso no se garantiza, ¿para qué sirve la Escritura? Cuanto más la rechacemos, más nos sentiremos satisfechos con los libros de hombres y los maestros humanos».3 Más tarde, durante una audiencia ante el Emperador Carlos V en la Dieta de Worms, declaró: «Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios».

Esta valiente posición del reformador, la Biblia y el nacimiento del protestantismo comparten una historia común y están estrechamente relacionados. La Reforma rechazó la tradición patrística, la filosofía escolástica y la autoridad papal a la que se permitió reemplazar la autoridad bíblica. Hoy, la lucha continúa, y el papel de la Escritura como el único estándar y la norma final en materia de teología sigue siendo un principio fundamental de las iglesias protestantes.

La autoridad divina del Antiguo Testamento

Últimamente, sin embargo, el principio de sola Scriptura ha recibido críticas por parte de teólogos protestantes liberales, así como de católicos romanos. Algunos cuestionan la validez de sola Scriptura porque «ninguna declaración en la Escritura define sola Scriptura».5 La Biblia, supuestamente, no contiene evidencia para apoyar sola Scriptura. Por muy bíblico que parezca, ¿es este un concepto bíblico?

Si bien es cierto que la frase sola Scriptura no aparece en la Palabra de Dios, hay un momento en la historia humana que precede a la Biblia. Algunos señalan que tomar la Escritura completa como punto de partida de nuestra teología es ubicarnos automáticamente fuera del contexto de los escritores bíblicos, ya que la Escritura completa no existió sino hasta mucho después de que ocurrieron los acontecimientos centrales narrados en ella.6 Este detalle los lleva a concluir que sola Scriptura no tiene fundamento bíblico. Pero este punto de vista carece de sustento por varias razones. El hecho de que una palabra o frase no aparezca en la Biblia no significa que esa noción o concepto estén ausentes. Por ejemplo, términos como «Trinidad» no se encuentran en las Escrituras, pero en ella encontramos claramente la enseñanza bíblica de un Dios compuesto de tres Personas.

Es lógico que los cristianos nos fijemos en el papel que jugaron las Escrituras en la vida de Cristo y los apóstoles. Ya en el Antiguo Testamento, hay evidencia del reconocimiento canónico y autoritativo de que Dios dio su palabra en forma escrita para gobernar y dirigir a su pueblo.7 La documentación escrita acompaña el pacto entre Dios y su pueblo, quedando registradas sus palabras con el propósito de que gobernara y dirigiera sus vidas.8 De hecho, este es el origen del Antiguo Testamento.9

El Nuevo Testamento reconoce el canon que nosotros conocemos ahora como el Antiguo Testamento. Tanto Jesús como los apóstoles usaron las Escrituras del Antiguo Testamento en un sentido normativo canónico. Emplearon palabras como «Escritura» (grafé) y expresiones como «la ley y los profetas» (Lucas 16: 16) «escrito está» (Lucas 19: 46) «Dios dijo» (2 Corintios 6: 16) y «la Escritura dice» (Romanos 9: 17). Jesús consideraba al Antiguo Testamento y las enseñanzas de Moisés como la Palabra de Dios (Marcos 7: 10-13). Citó a David como un escritor inspirado (Marcos 12: 36). Para él, los escritos inspirados del Antiguo Testamento eran sagrados y autoritativos (Juan 10: 35; Lucas 16:17).

En la misma tónica, los apóstoles afirmaron que el Dios del Antiguo Testamento habló por boca de sus profetas (Hechos 3: 21), que las Sagradas Escrituras están inspiradas por Dios (Hechos 1: 16; 2 Timoteo 3: 16), y que lo que dice la Escritura, ¡Dios lo dice! (Romanos 9: 17; Gála-tas 3: 8). Por lo tanto, la Escritura divina se acepta como la verdad (Salmos 12: 6; 19: 7-9; 119: 160).

El Nuevo Testamento declara que Pablo sirvió al Dios de sus padres, y lo registra diciendo: «Creo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas» (Hechos 24: 14). Para él, estaba claro que «todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza» (Romanos 15:4, NVI, itálicas añadidas).10 Pedro revalidó este principio, al afirmar que «ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios» (2 Pedro 1: 21, LBLA).

La autoridad divina del Nuevo Testamento

Para los escritores del Nuevo Testamento, la autoridad divina también selló los mensajes de los apóstoles. Pablo creía que hablaba «no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu» (1 Corintios 2: 13). Su mensaje fue recibido por la iglesia apostólica «no como palabra humana, sino como lo que realmente es, palabra de Dios» (1 Tesalonicenses 2: 13, NVI). Sin lugar a dudas, el testimonio del Nuevo Testamento es claro: los escritos de los apóstoles eran «considerados fidedignos, representando con precisión el mensaje divino», y tenían autoridad divina, así como la capacidad de resolver temas controvertidos.11

Además, existe la creencia de que la autoridad de los escritos del Nuevo Testamento está a la par con la del Antiguo Testamento.12 En 1 Timoteo 5: 18 se demuestra que es así. Pablo dice que «la Escritura dice: "No pondrás bozal al buey que trilla" y "Digno es el obrero de su salario"». La primera parte de este versículo es una cita de Deuterono-mio 25: 4, y la segunda parte de Lucas 10: 7. De manera similar, Pedro se refiere a los escritos de Pablo como Escritura (2 Pedro 3: 16), y los apóstoles colectivamente esperaban que su mensaje fuera ratificado o rechazado en base a las Escrituras existentes.13

Los cristianos en Berea fueron elogiados porque «todos los días examinaban las Escrituras para ver si era verdad lo que se les anunciaba» (Hechos 17: 11, NVI). Ellos verificaban ansiosamente el testimonio de los apóstoles utilizando la prueba del Antiguo Testamento: «¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido» (Isaías 8: 20). Aludiendo a este principio, el apóstol Pablo exhortó a los cristianos en Corinto a «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4: 6, NVI; cf. 14: 37).

En general, Cristo y los apóstoles apelaron a la autoridad de la Escri-' • tura existente con el «escrito está» (Mateo 4: 4-10; Hechos 23: 5; Romanos 3: 4, 10, etc.). Establecieron firmemente que toda la vida debe ser juzgada por las Escrituras. Esperar que estas declaren el sola Scríptura más explícitamente ignora el contexto histórico y el crecimiento de la Escritura. Ignora el hecho de que tanto Jesús como los escritores del Nuevo Testamento consideraron las escrituras existentes del Antiguo Testamento como autoritativas y a la par con los escritos del Nuevo Testamento.14

Continúa siendo una autoridad

Para los protestantes tradicionales, el principio de sola Scriptura es intuitivo e incuestionable. Sin embargo, este ha sido cuestionado por algunos que se han convertido del protestantismo al catolicismo romano.15 Afirman que las Escrituras por sí solas no pueden ser la norma final autorizada de la teología, ya que la Biblia ha producido interpretaciones contradictorias. Stanley Hauerwas sostiene que sola Scriptura es el «pecado de la Reforma», y John C. Peckham dice que carece de un «medio objetivo para interpretar las Escrituras y conduce al individualismo extremo».16 Se dice que este pluralismo interpretativo generalizado constituye un problema debilitante para los cristianos que se fundamentan en el principio de «solo por medio de las Escrituras».17 A la luz de este desafío interpretativo, una cantidad creciente de teólogos protestantes y católicos ha abogado por un refuerzo del rol autoritativo de la iglesia, la tradición y los credos como parte integral de la comprensión debida que debe darse al principio de sola Scriptura,18

Pero esto plantea preguntas cruciales e importantes. Incluso una lectura superficial de los escritos de los padres de la iglesia revela que nunca hubo una tradición cristiana uniforme y monolítica. Históricamente, los cristianos nunca aceptaron universalmente un credo. Sin esta característica, «¿cuál de las tradiciones de los primeros siglos del cristianismo» debería ser normativa?19 ¿A qué iglesia y qué tradición se debería dar la prominencia en la interpretación de las Escrituras? ¿No necesita la misma tradición interpretación? ¿Cómo puede la Escritura ser una autoridad final si su interpretación correcta depende de la iglesia y la tradición?

Además, entre las denominaciones que afirman que la Escritura es la norma definitiva de su teología, existe una armonía impresionante en cuanto a las enseñanzas bíblicas más importantes, lo que demuestra que el principio de sola Scriptura no es la causa de la desunión entre los cristianos. Por el contrario, el pluralismo interpretativo no es un problema de las Escrituras, sino de mentes humanas dispares y presuposiciones defectuosas, lo cual discutiremos en el próximo capítulo.

Apelar únicamente a la Escritura no tendría sentido si esta no tuviera autoridad, si no fuera necesaria para nuestro conocimiento de la verdad divina, si no tuviera un significado claro o si fuera insuficiente en términos de intención divina.20 Si hay algo que queda claro de este estudio es que la adhesión a la Palabra de Dios sigue siendo un desafío continuo para el pueblo de Dios. Debemos estar seguros de mantener a «la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico "Así dice Jehová"».1'1


Referencias
1. Jaime White, Joseph Bates y Elena G. de White, A Word to the Little Flock (Fort Oglethorpe, GA: TEACH Services, 2014), p. 13.
2. Gerhard Ebeling, «Sola Scriptura and Tradition», en The Word of God and Tradition: Historical Studies Interpreting the Divisions of Christianity, ed. Gerhard Ebeling, trad. S. H. Hooke (Filadelfia: Fortress Press, 1968), p. 102. Graham Colé lo llam{itel gran grito de la Reforma Protestante. Graham Colé, «Sola Scriptura: Some Historical and Contemporary Perspectives», Churchman 104, no. 1 (1990): p. 21.
3. Martín Lutero, Luther's Works, Volume 32: Career of the Reformer II, ed. Jaroslav Jan Pelikan, Hilton C. Oswald y HelmutT. Lehmann (Filadelfia: Fortress Press, 1999), pp. 11-12.
4. Según se cita en Roland H. Bainton, Here 1 Stand: A Life of Martin Luther (Nashville, TN: Abingdon Press, 1950), p. 185.
5. Robert A Sungenis, «Point/Conterpoint: Protestant Objections and Catholic An-swers», en Not by Scriptone Alone: A Catholic Critique of the Protestant Doctrine of Sola Scriptura (Santa Bárbara, CA: Queenship, 1997), p. 212. Del mismo modo, JohnWhiteford, Sola Scríptura: An Orthodox Analysis of the Cornerstone of Reformation Theology (Chesterton, IN: Ancient Faith Publishing, 1996). Más recientemente se ha afirmado que el término sola Scríptura es una invención bastante tardía de la teología luterana del siglo XIX, y que no es característico de la teología reformada. Henk van den Belt, «"The Problematic Character of Sola Scríptura"» en Sola Scríptura: Biblical and Theological Perspectives ofScripture, Authority, and Hermeneutics, ed. Hans Burger, Amold Huijgen y Eric Peels (Leiden: Brill, 2018), pp. 38-55.

6. James Barr, Holy Scripture: Canon, Authority Criticism (Filadelfia: Westminster Press, 1983), p. 3. Para Barr, «la fe en la Biblia no estaba controlada por las escrituras: más bien las escrituras se derivan de la fe» p. 4. En otra parte, Barr niega la posibilidad de formular una visión de la Escritura a partir de la Escritura misma. Afirma: «No existe tal cosa como "la visión de la Biblia de sí misma" de la que se puede obtener una respuesta totalmente autoritativa a estas preguntas» (James Barr, Fundamenta-lism [Londres: SCM, 1977], p. 78). Por una respuesta a la crítica aguda de Barr y un informe equilibrado de la evidencia que las Escrituras brindan sobre este tema, vea la discusión en Sinclair B. Feiguson, «How Does the Bible Look at Itself?» en Inerran-cy and Hermeneutic: A Tradition, a Challenge, a Debate, ed. Harvie M. Conn (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988), pp. 47-66, reimpreso en Peter A. Lillbacky Richard B. Gaffing, Jr„ eds. Thy Word Is Still Truth: Essential Writings of the Doctrine of Scripture from the Reformation to Today (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2013), pp. 1207-1222; John M. Frame, «Scripture Speaks for Itself », publicado originalmente en God's Inerrant Word, ed. John Warwick Montgomery (Grand Rapids, MI: Bethany Fellowship, 1974), pp. 178-200, reimpreso como Apéndice F en John M. Frame, The Doctrine ofthe Word ofGoct A Theology ofLordship (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2010 ), pp. 440-462; y en Lillback y Gaffing, Thy Word is Still Truth, pp. 1224-1241; y Wayne A. Grudem, «Scripture's Self-Attestation and the Problem of Formu-lating a Doctrine of Scripture» en Scripture and Truth, ed. D. A. Carson y lohn D. Woodbridge (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1983), pp. 19-59.

7. Aquí seguimos el argumento hábilmente expuesto en Ferguson, «How Does the Bible», pp. 50-54.

8. Cf. Éxo. 17: 14; Deut. 5: 22, 32; 6: 4-8; 29: 9; 30: 9-10, 15-16; 31: 24-29; Jos. 1: 7-8; 8: 34; 1 Rey. 2: 3; Neh. 8: 8-18; 9: 3; Jer. 30: 2; cf. Deut. 4: 2). Ver John C. Peckham, Canonical Theology: The Biblical Canon, Sola Scríptura, and Theological Method (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2016), p. 31.

9. Véase también la discusión en Peckham, Canonical Theology, pp. 16-47.

10. Cf. el paralelismo entre Romanos 15: 4 y 5, donde la perseverancia y el aliento de la Escritura son paralelos con la perseverancia y el aliento de Dios.

11. Richard M. Davidson, «¿Quién es el autor de la Biblia?» en Textos bíblicos controver-siales, ed. Gerhard Pfandl (Doral, Florida: IADPA, 2013), p. 3. ¡Jesús citó las Escrituras para contrarrestar las tentaciones del diablo!

12. Juan, por ejemplo, presenta citas del Antiguo Testamento con la frase «escrito está» (Juan 6: 31; 8: 17, 12: 14, etc.). Es una frase que pone fin a toda contradicción y expresa la autoridad de lo que se cita. Ver Ferguson, «How Does the Bible», p. 51. Sin embargo, una expresión similar: «estas se han escrito», marca el final del propio Evangelio de Juan (Juan 20: 31). Aquí el verbo grafo (escribir) parece retener su sentido casi autoritativo (cf. las palabras de Pilato: «Lo que he escrito, he escrito» Juan 19: 22). La iglesia solía leer las Epístolas de los apóstoles conjuntamente con los escritos sagrados del Antiguo Testamento (cf. Col. 4: 16). En el libro de Apocalipsis, a los lectores se les prometen bendiciones y se les advierte que no deben agregar nada ni quitar nada (Apocalipsis 22: 18-19). Esto parece hacer'eco de la advertencia en el Antiguo Testamento (Deut. 4: 2). El libro de Apocalipsis parece reclamar la misma autoridad del Antiguo Testamento.

13. Cf. John C. Peckham, Canonical Theology, p. 148.

14. Esto lo señala Peckham en el excelente capítulo «Sola Scriptura: reduction ad absur-dum?» en su libro Canonical Theology, p. 147.

15. Christian Smith, The Bible Made Impossible: Why Biblicism Is Not a Tnily Evangelical Reading of Scripture (Grand Rapids, MI: Brazos Press, 2012) y Klaus Berger, «Bis der Notarzt kommt: Zurück zur Bibel? Der Ókumenismus treibt neue, welke Blüten», en FAZ 214, (14 de septiembre de 2004) p. 33.

16. Stanley Hauerwas, Unleashing the Scripture: Freeing the Bible from Captivity to America (Nashville, TN: Abingdon, 1993), p. 155, como se cita en Peckham, Canonical Theo-logy, p. 159.

17. Smith, The Bible Made Impossible, xi y passim.

18. Richard Bauckham declara que «se ha reducido la brecha entre los puntos de vista católicos y protestantes sobre la relación entre la Escritura y la tradición, al punto de que algunos eruditos hablan de una «convergencia ecuménica"» (Richard Bauckham, «Tradition in Relation to Scripture and Reason» en Scripture, TYadition, and Reason: A Study in the Criteria of Christian Doctrine, ed. Richard Bauckham y Benjamín Drewery (Nueva York: T & T Clark, 2004), p. 125, según se cita en Peckham, Canonical Theology, pp. 151-152.

19. Peckham, Canonical Theology,, p. 152. '■*

20. Cf. Graham Colé, «Sola Scriptura: Some Historical and Contemporary Perspectives», The Churchman 104, no. 1 (1990): p. 24.

21. Elena G. de White, El conflicto de los siglos, cap. 38, p. 581.