Lección 4 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

Textos clave: Isaías 8:20; Marcos 7:1–13; 1 Corintios 11:2; 2 Tesalonicenses 3:6; Romanos 2:4; Tito 3:4, 5; 1 Juan 2:15–17; 2 Corintios 10:5, 6; Proverbios 1:7; 9:10; Juan 5:46–48; 7:38.

RESEÑA

Muchas veces no somos conscientes de la influencia de otras fuentes en nuestro pensamiento y nuestra teología. Incluso si queremos vivir solo de acuerdo con la Biblia, nuestra comprensión de la Escritura está significativamente moldeada e influenciada por una serie de factores: las tradiciones a las que estamos acostumbrados y con las que crecimos, la forma en que se nos educó para pensar y usar la razón para explicar las cosas, nuestra experiencia con ciertas personas e ideas, y la cultura formativa que nos rodea. La prioridad dada a cualquier fuente o combinación de fuentes tiene una influencia significativa en nuestra teología; finalmente determinará la dirección de toda la tarea teológica. En las iglesias católicas y ortodoxas, la tradición a menudo juega un papel importante y decisivo. En las iglesias carismáticas y pentecostales, la experiencia a menudo cuenta como autoridad final. En la teología liberal, la razón humana a menudo asume la última palabra, que decide qué es aceptable y qué no. Además, cada iglesia se ve afectada hasta cierto punto por la cultura local. Y ninguna iglesia existe sin la Biblia. No queremos una fe desprovista de experiencia, ni una fe en la que no pensemos (una fe irracional y no bendecida por las tradiciones positivas). Es importante estar al tanto de todas esas influencias y comprender la contribución positiva que cada fuente tiene en nuestra fe. Pero también es de vital importancia ver claramente las limitaciones de cada fuente. La cuestión determinante es esta: ¿a qué fuente otorgamos la autoridad suprema y final en materia de fe y práctica?

COMENTARIO

La tradición

La tradición a menudo tiene mala reputación. Se la asocia con una mentalidad estrecha que se apega servilmente a la rígida repetición y ejecución de ciertos rituales y prácticas. Pero la tradición no es del todo mala.

Piensa en algunos aspectos positivos que cualquier tradición podría tener.

Brinda actos recurrentes de estructura y estabilidad. Nos conecta con nuestro pasado y quizá incluso con nuestros orígenes. Transmite valores y cosas que son importantes para nosotros. Ayuda a mantener vivo el recuerdo de acontecimientos y cosas importantes. Todo esto es bueno.

El problema surge cuando esas tradiciones cobran vida propia y finalmente se vuelven más importantes que las cosas originales que intentan preservar. Las tradiciones también tienden a crecer con el tiempo y a agregar aspectos que van más allá de lo que inicialmente desencadenó la tradición.

En Gálatas 1:9, Pablo exhorta a los creyentes a no predicar otro evangelio que el que habían recibido. Por lo tanto, existe una tradición que Dios inició, pero también hay tradiciones humanas que originalmente no forman parte del plan de Dios ni de la Palabra de Dios.

La experiencia

Los seres humanos fueron creados con la capacidad de experimentar amor.

Podemos experimentar la belleza, la armonía, la música y el arte, y podemos relacionarnos con cosas y otras relaciones mucho más que de una manera racional. La experiencia es parte de nuestra vida y también forma parte importante de nuestra vida espiritual con Dios.

Piensa en aspectos de tu fe donde el hecho de experimentar alegría, perdón, una conciencia limpia y actos de bondad y amor ha impactado positivamente en tu relación con Dios y con otros creyentes.

Tu experiencia de rechazo, prejuicio, odio, sospecha, duda, envidia y celos ¿cómo impactó negativamente en tu relación con Dios y en tu comprensión de él? ¿Qué nos enseña eso sobre nuestra responsabilidad de ser cartas vivas de Cristo (2 Cor. 3:2, 3) que otras personas podrían leer cuando quisieran aprender algo acerca de Dios?

Ilustración

Nuestra experiencia humana es poderosa pero también puede ser engañosa y errónea. ¿Cómo reaccionarías si un cristiano carismático te dijera que, según su experiencia, Dios le ha dicho que adore a Dios en domingo, mientras que la Biblia establece claramente que el séptimo día es el día santo de descanso para Dios? ¿Qué debemos hacer si la experiencia de un don espiritual específico se convierte en la norma de lo que significa vivir una vida llena del Espíritu?

La cultura

La palabra cultura deriva del latín cultura, procedente, a su vez, de colere, que significa cultivar. La cultura abarca, entre otras cosas, el conjunto de costumbres, valores, el comportamiento social y las normas que se encuentran en las sociedades humanas. Dios nos ha dado la capacidad de darle forma a la cultura, pero al mismo tiempo todos estamos influenciados por las respectivas culturas en las que vivimos.

La Biblia llegó a la existencia en una cultura específica. Es de gran ayuda familiarizarse con la cultura de las Escrituras para comprender mejor algunas de sus declaraciones. La cultura bíblica no hace que la Escritura sea relativa a la cultura. Al fin y al cabo, la Escritura es la Palabra revelada de Dios. Como tal, la Biblia puede tener un impacto positivo en la cultura humana y elevar cualquier sociedad.

Enumeren ejemplos en los que el pensamiento bíblico haya cambiado tu sociedad y tu cultura para mejor o donde podría tener un impacto positivo. Piensen con los miembros de la Escuela Sabática sobre las estrategias para presentar la Biblia y las ideas bíblicas de manera que sean bien recibidas, creando una contracultura bíblica positiva en nuestra sociedad.

Ninguna cultura es perfecta, y cada cultura se ve afectada por el pecado. Por lo tanto, no todo en la cultura es positivo. Algunos aspectos culturales pueden tener un impacto negativo en nuestra fe o incluso pueden ser de origen demoníaco.

¿Cómo podemos distinguir entre los aspectos positivos y los negativos de nuestra cultura? ¿Cómo podemos evitar simplemente copiar nuestra cultura en nuestra adoración? ¿Por qué tenemos que ser culturalmente relevantes para llegar a otras personas? ¿Cómo puede la Biblia ser la norma final en esta búsqueda?

La razón

Dios nos creó con la capacidad de pensar. Gran parte de la Biblia nos llama a reflexionar sobre lo que está escrito en ella, y estimula nuestros pensamientos y el razonamiento. La repetición de la pregunta: “¿Qué te parece?” (Mat. 17:25; 18:12; 21:28; 22:17; 22:42; 26:66; y otros) o la de la pregunta conexa: “¿No habéis leído?” (Mat. 12:3, 5; 19:4; 21:16; 21:42; 22:31; y otros) implica que Dios quiere que usemos nuestra mente para entenderlo a él y su Palabra. Si bien podemos entender a Dios adecuadamente y con sinceridad, debemos reconocer que nunca comprenderemos plenamente todo acerca de Dios. A fin de cuentas, somos seres creados. ¡No somos Dios! Además, nuestro pensamiento está oscurecido y se ve afectado por el pecado. Por lo tanto, necesitamos incluso llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Cor. 10:5). Si no estamos dispuestos a someter nuestro pensamiento a la autoridad superior de la Escritura, rápidamente comenzaremos a juzgar cada vez más partes de la Escritura de acuerdo con lo que creemos que es razonable y verdadero, convirtiendo así nuestra razón en la norma de lo que podemos aceptar o no. Esta mentalidad eliminará los milagros de la Biblia y afectará verdades bíblicas como la doctrina de Dios y su naturaleza trina o la divinidad de Cristo, la personalidad del Espíritu Santo, la resurrección corporal, la relación entre los seres humanos, el libre albedrío y la soberanía de Dios, por mencionar solo algunas enseñanzas. Al fin y al cabo, “un método crítico está destinado al fracaso, porque presenta una imposibilidad interna. Porque lo correlativo o el contrapunto de la revelación no es la crítica sino la obediencia; no es corregir [...] sino un ‘permítanme ser corregido’ ” (G. Maier, The End of the Historical-Critical Method, p. 23).

La Biblia

La Biblia es nuestra autoridad suprema y definitiva en todos los asuntos de fe y práctica, porque creemos que el Espíritu Santo ha inspirado a los autores bíblicos para escribir de manera confiable lo que Dios quería comunicar a través de ellos. Jesús y los apóstoles abordaron las Escrituras partiendo de esta premisa. Para Jesús, la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). En lo que respecta a Jesús, si no le creemos a Moisés, no creeremos sus palabras (Juan 5:46, 47). Para Jesús, las Escrituras son la norma de nuestra fe: “El que cree en mí, como dice la Escritura” (Juan 7:38). De igual modo, los apóstoles repetidamente hicieron referencia a las Escrituras como la norma de sus enseñanzas (Hech. 17:11; Rom. 10:11; y otros) y creían en las Escrituras, “porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Rom. 15:4). No podemos ser más apostólicos en nuestro abordaje de las Escrituras que los apóstoles mismos, y no podemos ser más cristianos que el mismo Cristo. Él es nuestro ejemplo. Hacemos bien en seguir sus pasos en su forma de usar y referirse constantemente a las Escrituras como la norma decisiva para su fe.

APLICACIÓN A LA VIDA

Cuando amamos a otra persona, entran en juego varios de los factores que hemos analizado esta semana. En el amor experimentamos algunos sentimientos fuertes. Sin embargo, el amor es más que un sentimiento. Cuando amamos a otra persona, normalmente tenemos algunas buenas razones de por qué nuestro amor por esa persona es real y por qué la otra persona nos ama. Sin embargo, no es sabio basar nuestro amor solo en la razón.

Cuando comenzamos una relación amorosa, tendemos a desarrollar algunas prácticas o tradiciones comunes que nos recuerdan momentos significativos que pasamos juntos. Pero, cuando esas tradiciones se vuelven más importantes que la relación en sí, hemos ido por mal camino y perdimos algo esencial.

Cuando mostramos nuestro amor por otra persona, normalmente lo hacemos de una manera que se asemeje y refleje las costumbres y normas comunes de nuestra cultura. Pero, cuando permitimos que solo la cultura defina cómo se debe practicar el amor, podemos ser conducidos rápidamente a hacer cosas que están explícitamente prohibidas en las Escrituras. Por esta razón, necesitamos una fuente que guíe e informe nuestro amor y nuestra vida que no sea solo de origen humano. Necesitamos una fuente confiable que sea más profunda de lo que sentimos, más elevada de lo que pensamos y más significativa que cualquier tradición o cultura humanas. Gracias a Dios por su Palabra duradera y confiable que encontramos en la Biblia.