1 de Mayo 2020

¿Qué harás con lo que entiendes?


Dice un proverbio de la India: “A los ignorantes, los aventajan los que leen Libros; a los que leen libros, los aventajan los que retienen lo que han leído; a los que retienen lo que han leído, los aventajan los que comprenden lo que han leído; y a los que comprenden lo que han leído, los aventajan los que lo ponen por obra”. Este proverbio, aparte de bonito, es profundo y certero: sí, es importante cultivar la mente por medio del conocimiento que da la lectura, pero mucho más importante aún es dar el paso de que ese conocimiento se refleje en nuestra manera de ser y de actuar. En otras palabras: menos sermonear y más pasar a la acción.

Estoy de acuerdo, porque me parece sencillamente lógico; pero además de ser lógico, es también ciento por ciento bíblico. En estas palabras lo expresó el apóstol Santiago: “No basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos” (1:22). Desde luego, a los demás, no los podemos engañar, porque grita más alto lo que hacemos que lo que decimos. Pero engañarse a una misma no sería un camino nada atractivo para tomar en la vida.

Hay un pasaje de la Biblia que se adapta muy bien a este tema que estamos tratando hoy: el caso del funcionario de Etiopía que “iba de regreso a su país, sentado en su carro y leyendo el libro del profeta Isaías” (Hech. 8:28). Felipe, por indicación del mismo Espíritu Santo, le salió al encuentro y le preguntó: ” ¿Entiende usted Lo que está leyendo?’. El etíope le contestó: ¿Cómo lo voy a entender, si no hay quien me lo explique?'” (vers. 30, 31). Felipe, pacientemente, te explicó lo que de Cristo decían las Escrituras; y el funcionario etíope le preguntó: “¿Hay algún inconveniente para que yo sea bautizado?” (vers. 37). Un ejemplo claro de: lectura, retención, comprensión y paso a la acción. El etíope aventajó en ese momento a miles de judíos que leían y retenían, pero sin comprender y sin actuar en consonancia con el espíritu de la letra. Por eso, lo que practicaban, estaba errado.

¿Qué me dices de ti, querida amiga? ¿Cuáles son tus respuestas? Las preguntas son sencillas, directas, pertinentes y al punto: 1) ¿Lees? 2) ¿Retienes lo que lees? 3) ¿Comprendes lo que lees? 4) ¿Lo pones por obra?

 

“No basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica, pues de lo contrario se estarían engañando ustedes mismos”
(Sant. 1.22).