31 de Marzo 2020

Libertad en Cristo


La esclavitud, el hecho de que una persona fuera propiedad de otra, existió desde tiempos muy remotos. En el Imperio Romano, la esclavitud era una práctica social y económica muy común. La Edad Media también mantuvo viva la esclavitud, y nadie olvidará jamás la triste historia que vivió la humanidad durante la colonización de nuevos mundos. Los historiadores proponen ciñas que difieren, pero se estima en millones el número de personas que han sido mano de obra esclava en América. Asia o Europa.

En la Biblia hay una carta escrita por el apóstol Pablo a Filemón que tiene que ver con un esclavo llamado Onésimo. Este esclavo se había escapado de su amo. Filemón. y Pablo había hecho amistad con él en prisión. La cárcel cambió la vida de Onésimo. Pablo le habló de Jesús y Onésimo se convirtió en una nueva criatura. En esta bella carta. Pablo hace una conmovedora apelación a Filemón: le pide que reciba a Onésimo de nuevo, ya no como esclavo sino como a un hermano amado en el Señor. Finalmente le advierte que. si en algo lo dañó, lo ponga en la cuenta del mismo Pablo, que se lo pagaría al salir de prisión (File. 1:19). Qué bonita historia, que nos habla del concepto que tiene el cristiano sobre las relaciones humanas: han de ser en libertad, de igual a igual, sin explotaciones mutuas y cada uno dependiendo de Cristo.

Espiritualmente hablando, todas hemos nacido esclavas del pecado, pero "Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud" (Gál. 5:1. NVI). Esa salvación que Cristo logró por nosotras nos liberta también de la esclavitud del miedo: "Ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: ;¡Abba! ¡Padre!* " (Rom. 8:15. NVI).

Nuestra libertad nos ha sido conferida gracias al sacrificio de Cristo en nuestro favor. Jesús le pidió al Padre que nos aceptara, nos perdonara y nos recibiera como hijas amadas. Nuestras deudas han sido pagadas y las huellas de la esclavitud son solo un recuerdo. Y "ahora que han sido liberados del pecado y se han puesto al sen-icio de Dios, cosechan la santidad que conduce a la vida eterna" (Rom. 6:22. NVI).


"He visto todas las obras de Dios, y que el hombre no puede conocer toda la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que trabaje el hombre buscándola,
"Ya no como un esclavo, sino como algo mejor que un esclavo: como un hermano querido"
(File. 1:16).