Lección 8 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

Texto clave: Nehemías 9:38; 10:3.

Enfoque del estudio: Nehemías 10.

El pacto era un acto de coronación para establecer una relación entre Dios y su pueblo. En primer lugar, los israelitas estudiaron las Escrituras, lo que los llevó a convencerse de su pecado y confesarlo (Neh. 8; 9). Después de la confesión, las alabanzas y las súplicas de su pueblo, se llevó a cabo la renovación del Pacto. Nehemías lo firmó primero, seguido por 83 líderes de la nación. Los líderes pusieron un sello en el documento, y el resto de la congregación se comprometió, “bajo juramento, a vivir de acuerdo con la ley que Dios” (Neh. 10:29, NVI). Luego prometieron lealtad a Dios haciendo cuatro votos.

Prometieron


En otras palabras, la firma del pacto no era suficiente. Ellos sabían que tenía que ir seguida de acciones. Su compromiso con Dios tenía que ser observable y, por lo tanto, reintroducían aspectos importantes para andar con Dios como una nación santa. Mediante una relación con Dios y un comportamiento intencional, debían crecer como pueblo de Dios. Un aspecto fundamental de ser fiel a Dios y desarrollar los hábitos correctos es pedirle a Dios que nos transforme y nos ayude de manera constante y persistente. Con su ayuda y manteniendo nuestra vista fija en él, podemos desarrollar los hábitos correctos y seguir el camino correcto. Los judíos no dejaron su crecimiento al azar, sino que diligentemente trazaron planes de acción que los mantendrían cimentados en Dios.

COMENTARIO

Estructura temática del capítulo 10

La historia bíblica de la Creación comienza en Génesis 1, y ocurre en una serie de siete días. La culminación de la historia de la Creación, conocida como el relato de la Primera Creación, es el séptimo día, el sábado. Este relato nos dice a los seres humanos que fuimos creados dependientes de Dios y que debíamos vivir en relación con él. Génesis 2 describe la Creación desde una perspectiva ligeramente diferente pero aún en una serie de siete, que culminó en el establecimiento de una relación horizontal (es decir, entre seres humanos) a través del matrimonio de la primera pareja. Desgraciadamente, a causa del pecado, la Creación de Dios fue des-creada por la humanidad cuando esta cortó relaciones con Dios como resultado de intentar vivir una vida autónoma. Decirle no a la presencia de Dios en su vida hizo que el mundo se degenerara rápidamente por la maldad hasta que Dios tuvo que intervenir con el Diluvio para detener la avalancha del mal; de lo contrario, pronto no habría quedado nadie para salvar. Afortunadamente, con Dios, que es fiel a su palabra, siempre hay un nuevo comienzo. Él vuelve a crear después del Diluvio en la época de Noé. Dios conserva un remanente, y a través de él trae salvación. Esta historia de Re-Creación, escrita en una secuencia de siete, culmina con el Pacto (Gén. 8:1-9:17). Aunque Dios tuvo que volver a empezar muchas veces (torre de Babel, Abraham, Moisés, etc.), el Pacto sigue siendo un aspecto central de la relación entre Dios y la humanidad. Por lo tanto, el Pacto entre Dios y la humanidad es un elemento importante de la misión de Re-Creación que Dios asumió desde la caída de la humanidad. El Pacto es un establecimiento legal de una relación entre Dios y la humanidad. Es un intento de restaurar la relación rota entre Dios y la humanidad. Es necesario porque la humanidad no confía en Dios. Cuando hay confianza entre la gente, no se necesitan documentos ni convenios legales para garantizar que cada una de las partes del acuerdo cumpla sus promesas. Sin embargo, Dios sabe que a los seres humanos les cuesta mucho confiar en él. Entonces ideó una manera de demostrarnos que siempre es fiel. El Pacto es una manera en que Dios nos muestra que él se toma en serio su compromiso con nosotros. Dios siempre da el primer paso. Es el iniciador del Pacto. Él establece el Pacto con nosotros.

Cómo se hace un pacto

El pacto es un documento legal, escrito según los tratados hititas entre dos partes (generalmente entre un soberano y sus vasallos), lo que hace que la relación sea vinculante. El mejor ejemplo de cómo se hacía un pacto en la cultura mesopotámica se encuentra en Génesis 15, en el que Dios hace un pacto con Abram.
Abram sigue la costumbre establecida de hacer un pacto entre dos partes. La traducción literal para hacer un pacto es “cortar” un pacto, porque implicaba el “corte” de animales. Dependiendo de cuán rico fuera el vasallo (el sirviente), este traería una variedad de animales para dividirlos por la mitad. El vasallo hacía el trabajo de dividir los animales por la mitad y luego prestaba juramento ante el señor supremo. Como Abram es rico, trae una becerra, una cabra, un carnero, una tórtola y un palomino (Gén. 15:9). Cortó a cada uno de los animales por la mitad y los colocó uno frente al otro en el suelo, creando un camino entre ellos.
Las aves quedaron enteras debido a su tamaño pequeño y se colocaron una frente a otra. El trabajo del vasallo ahora era caminar entre las piezas cortadas y proclamar algo así como: “Que se haga conmigo como se hizo con estos animales si rompo este pacto”. El soberano no caminaba entre el piezas porque esto solo lo hacía quien tenía el estatus más bajo en la relación. Entonces, como era habitual, Abram habría caminado entre las piezas como vasallo a pesar de que eso no se menciona específicamente en el texto.
Sin embargo, aunque es de esperar que ese acto sea el final de la historia y la culminación del Pacto, Dios no termina la ratificación del Pacto allí. Cuando el sol se pone, Abram ve de repente “un horno humeando, y una antorcha de fuego” que pasan entre las piezas. El humo y el fuego representan a Dios en el Antiguo Testamento (el humo en la montaña, cuando la presencia de Dios desciende; y una columna de fuego, en el desierto; más adelante, en el Nuevo Testamento, tenemos las lenguas de fuego [Hech. 2], etc.). ¿Qué significan estas cosas? Dios mismo caminó a través de las piezas. Él no le exigió a Abram que cruzara y prestara juramento; fue el mismo Dios quien prometió: “Si rompo este pacto, que yo sea cortado al medio como estos animales”. Increíblemente, los seres humanos fueron los que rompieron el Pacto una y otra vez. Al final, Dios fue el que estuvo dispuesto a ser “cortado” en la Cruz y morir por la humanidad pecaminosa para demostrar su fidelidad y su increíble amor. Dios nunca rompió el Pacto. Pero, como nosotros sí lo hicimos, él tomó nuestro lugar en ser partido al medio; Dios murió por nosotros en nuestro lugar.
Dios hace un pacto con nosotros para demostrarnos su compromiso y su bondad. Aunque nosotros rompemos la relación con él, él sigue obrando para repararla. Él quiere restaurarnos para sí (Éxo. 19:4; Juan 12:32).

Promesas del pacto Los judíos de la época de Nehemías reconocen que Dios es fiel. Ahora quieren comprometerse a ser una nación santa para Dios. Los líderes firman un documento que testifica que quieren ser fieles a Dios. Luego, el resto de los israelitas está de acuerdo con esto y jura seguir la Ley de Dios. Son conscientes de que la responsabilidad de andar con Dios descansa sobre ellos. Pero, no alcanza con hablar para andar con Dios; debe haber hechos concretos. El pueblo debe ser obediente a las enseñanzas de Dios.
Por ende, en una demostración de la intención del pueblo de ser obediente, el resto del capítulo se dedica a describir los detalles de su promesa a Dios.

(1) No tendrán matrimonios mixtos con los pueblos circundantes y no darán a sus hijos en matrimonio a aquellos que no vivan para Dios. (2) No comprarán ni venderán en sábado y lo respetarán como un día santo, un día diferente, sabiendo que la compraventa se realiza durante el resto de los días de la semana. (3) También perdonarán cualquier deuda cada séptimo año y dejarán que el terreno descanse como se indica en Levítico 25 durante el año del jubileo.
Finalmente, (4) se centrarán en restaurar los servicios del Templo proveyendo para los levitas y los sacerdotes mediante el pago de diezmos y ofrendas, y la regulación de todas las normativas del Templo. Los sacerdotes debían recibir una décima parte de los diezmos. Al comienzo, cuando los levitas eran mucho más numerosos que los sacerdotes, esta parte era una gran provisión. Pero, para la época de Nehemías, era tan pequeño el grupo de personas que quedaban que recibir un décimo de la décima parte era una asignación escasa. El hecho de que los sacerdotes estuvieran de acuerdo con esta asignación demuestra su actitud desinteresada y humilde. Las medidas adoptadas por la asamblea y los que servían en el Templo muestran su sincero compromiso con Dios.

APLICACIÓN A LA VIDA

El pacto con Abram

El pacto de Nehemías