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Deshacer la injusticia

 



Me tienta comenzar a hacer un análisis acerca de la justicia hablando acerca de la injusticia. Para muchos, allí es donde se comienza. Algo en la experiencia de nuestra vida - u n problema en nuestra comunidad local, un titular de un diario, o una campaña de concientización- atrae nuestra atención a la situación difícil de alguien o de un grupo de personas que sufre injusticias y opresión. Y es este sufrimiento, este horror, esta tragedia, lo que puede movernos emocionalmente y hacernos buscar maneras de responder.

Pero en el llamado a la justicia de la Biblia, aquí no es donde comienza la historia o nuestra comprensión de ella. Más bien, la justicia comienza con una apreciación de nuestro Dios de amor y justicia, de un mundo creado para ser bueno, y para proveer todo lo que es necesario para el florecimiento de la vida humana a su imagen, y nuestra vocación a ser mayordomos de ese mundo y a vivir con cuidado mutuo, compasión y respeto por cada uno de los miembros de nuestra familia humana.

Lo que viene en segundo lugar

Comenzar el análisis acerca de la justicia y la bondad de Dios, y lo que la creación "debía ser", destaca lo quebrantado que está nuestro mundo como lo vemos y experimentamos hoy. Pero también significa que vemos y experimentamos el bien antes que el mal, la totalidad antes que el quebranto, el amor antes que el temor, la esperanza antes que la desesperación y la intención de Dios antes que nuestra caída. Solo después de estas vislumbres fundacionales es que el llamado bíblico a la justicia nos conduce de vuelta a las realidades duras y horrendas de nuestro mundo. Para algunos de nosotros, estos son hechos de nuestra vida y las experiencias regulares de nuestros prójimos y comunidades. Para otros, el encuentro con la injusticia, el prejuicio y la pobreza ocurre principalmente en los titulares de los periódicos y las campañas de los medios sociales. Pero la Biblia nos llama a estar más alerta por quienes sufren, a buscar a la gente más vulnerable y a usar nuestra atención como un recurso para hacer justicia en el mundo. Nuestra hambre y sed de justicia nos llevarán a los lugares más oscuros en nuestro mundo y nuestras comunidades, y a nuestro pasado y nuestro presente (ver Mat. 5:6). Seremos confrontados por las realidades de la pobreza y el hambre que todavía experimentan casi mil millones de personas en el mundo actual.1 No podemos ignorar la situación difícil de personas que son forzadas a abandonar sus hogares por la violencia o la amenaza de violencia, con un total de más de 68 millones y medio de refugiados en nuestro mundo de hoy.2 Nos hace reflexionar el darnos cuenta de que, a pesar del aparente progreso en la eliminación de la esclavitud alrededor del mundo, más de cuarenta millones de personas siguen siendo obligadas a trabajar por la fuerza, por amenazas de violencia, y por deudas injustas en los campos y las granjas, las canteras y las minas, los barcos pesqueros y las explotaciones forestales, los hornos de ladrillos y los burdeles.3

No nos daremos vuelta o meramente cambiaremos de canal cuando escuchemos de guerras, violencia, corrupción, degradación del medioambiente, explotación económica, o tantos otros ejemplos de odio y mal que hieren a la gente en nuestro mundo.

También nos ocuparemos de historias de esclavitud, genocidio, racismo, persecución y exclusión, y cómo estas realidades históricas continúan repitiéndose hoy de diferentes maneras. Y comenzaremos a notar más y más de estos males en nuestro mundo y cómo se manifiestan de modos grandes y pequeños en la vida de la gente de nuestros vecindarios y comunidades. Al examinar nuestras vidas actuales, es importante verlas contra el telón de fondo de los ideales bíblicos, "lo que debería ser". La Escritura nos alerta acerca de las realidades de la injusticia y la tragedia en nuestro mundo caído. Describe a un Dios que ve y oye los clamores de los oprimidos y ios que sufren. Ofrece vislumbres claras en la profundidad y la naturaleza verdadera del quebranto de nuestro mundo, y da directivas acerca de cómo nosotros y nuestras comunidades podemos actuar para vencer y deshacer la injusticia.

Responderá la injusticia
En las primeras páginas de la Biblia encontramos la historia de una mujer esclava egipcia -Agar- quien fue usada, abusada y luego obligada a escapar de sus amos (Gén. 16:6-14). Ella no se sentía capaz de ver a su hijo, quien parecía que moriría de sed cuando, más tarde, fueron expulsados otra vez (Gén. 21:8-18).
Aun en la profundidad de esta injusticia que se le hizo, y en su situación física extrema, Agar no estaba sola, invisible u olvidada.
Un ángel vino hasta ella con un mensaje de que Dios había visto su angustia y ella no estaba abandonada. Le aseguró que Dios estaba con ella y resolviendo las cosas. El ángel hasta le dio instrucciones acerca del bebé que tendría: "Le pondrás por nombre Ismael", -que significa "Dios oye"- "porque el Señor ha escuchado tu aflicción" (Gén. 16:11, NVI). En sus años de maternidad, cada vez que decía el nombre de su hijo se acordaría de que, en la peor situación de su vida, Dios había presenciado su desesperación. Agar respondió dando a cambio un nombre dedicado a Dios: "Agar le puso por nombre 'El Dios que me ve', pues se decía: Ahora he visto al que me ve' " (Gén. 16:13, NVI).4
Este es el primer nombre dado a Dios por un ser humano en la Biblia -por una esclava marginada, abusada y extranjera, nada menos- indicando un paso significativo en nuestra comprensión humana de Dios.
Una presentación similar dio Dios cuando se apareció a Moisés en la zarza ardiente en el desierto. Al aproximarse Moisés a esta extraña visión, Dios lo llamó, advirtiéndole en contra de que se acercara demasiado, y se presentó a sí mismo como Dios. "El Señor siguió diciendo: Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias" (Exo. 3:7, NVI). Este fue el comienzo del Éxodo, la gran liberación de los israelitas de la esclavitud, y la obra de Dios de establecerlos como su pueblo, y como su nación que debía ser el modelo de su intención de cómo podría ser una sociedad justa, aún en un mundo quebrantado.
Como pueblo que busca conocer y seguir a este Dios-que-ve, esta promesa cambia la manera en que respondemos a la injusticia en el mundo que nos rodea. Primero, no podemos elegir no ver ni oír. En un mundo con tanta información y conectividad, la ignorancia no es una excusa, la apatía es un pecado, y el prejuicio es malo. Segundo, tenemos fuerzas para escuchar con Dios: "Dicho en forma sencilla, nunca seremos los primeros en la escena de nada en nuestro mundo hoy, sea en nuestra vida personal o en la vida de la gente del otro lado del globo. Cuando encontramos una injusticia, sea en un relato o cara a cara, estamos encontrándonos con una realidad que Dios conoce hasta sus rincones más profundos. Y cuando Dios nos invita a actuar frente a la injusticia, nos está invitando a unirnos en la obra que él ya está haciendo".5

Diagnóstico de la injusticia
A qué se parece una respuesta a una injusticia en nuestras vidas y relaciones, requiere una comprensión de la injusticia. Podemos ser movidos a responder a una situación de injusticia o de sufrimiento dando dinero o bienes para "resolver" la necesidad inmediata.
Y en situaciones de emergencia, esto es importante. Si alguien tiene hambre hoy, él necesita alimentos. Pero si esa misma persona está hambrienta la semana que viene, el mes que viene y el año que viene, deberán atenderse cuestiones mayores acerca de por qué eso sigue ocurriendo y cuál es la mejor respuesta de largo plazo.
Por eso el nombre de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales es tan apropiado. En situaciones de emergencia y crisis, la obra de asistencia es vital. Cualquiera que sea la causa subyacente, la gente en necesidad de comida, agua, abrigo y seguridad los necesita rápidamente. Pero la obra mayor de justicia es el trabajo de desarrollo de más largo plazo, construir la capacidad de la gente de proveerse por sí misma, de tener más elecciones disponibles, de ser más resiliente en el contexto de los golpes de la vida, y de cambiar percepciones, prejuicios y expectativas.
Esta obra puede hacerse por medio de la educación, construcción de infraestructura, desarrollo económico, mejora en los servicios de salud, y el abogar por cambios en leyes y reglamentos.
Los cristianos a menudo son buenos en obras de caridad, especialmente al responder ante situaciones críticas y necesidades inmediatas; pero hemos estado en menor sintonía con el trabajo, Esta disfunción personal también fue el catalizador para el comienzo del rompimiento de su relación mutua. Cuando Dios les hizo preguntas, comenzaron a acusarse y echarse la culpa mutuamente: "La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí" (vers. 12). La trágica pero lógica conclusión de estas relaciones humanas rotas se demostraría entre sus dos hijos -Caín y Abel- en Génesis 4.
Las maldiciones o consecuencias que Dios explicó a Adán y Eva en Génesis 3:16 al 19 detallaron más cómo se verían estas relaciones rotas entre las personas, así como con la tierra y el medioambiente natural. Aunque fueron expulsados de su hogar jardín, la tierra todavía era buena y fructífera. No obstante, ella también sufriría las consecuencias del pecado y se requeriría trabajo duro para producir alimento. A su vez, ella sufriría degradación y agotamiento debido a la avaricia, explotación y falta de atención de sus cuidadores humanos.
Una comprensión bíblica de la injusticia, la opresión y la pobreza debe considerar cada una de estas relaciones rotas: "Por cuanto las cuatro relaciones son los bloques de construcción de todas las actividades humanas, los efectos de la caída se manifiestan en los sistemas económicos, sociales, religiosos y políticos que los humanos han creado a lo largo de la historia".7 Como tal, una respuesta de fe a la injusticia debe considerar y esforzarse hacia la sanación de estas cuatro relaciones. En muchas situaciones, será difícil trabajar en todas las relaciones por igual o en formá consistente, pero darse cuenta y comprender este apuntalamiento teológico y práctico de la injusticia es importante como punto de partida.

Deshacer injusticia
Como lo descubre la historia bíblica, vemos más y más del plan de Dios para restaurar estas cuatro relaciones. Un ejemplo temprano viene en la forma de las leyes y directivas que Dios les dio a los israelitas después de que los sacó de su esclavitud en Egipto.
Estas leyes proveen una vislumbre muy fascinante de cómo Dios imagina que podría funcionar la sociedad humana. Los reglamentos religiosos, sociales, económicos y políticos detallados en los libros de Éxodo, Levítico y Deuteronomio, ofrece un marco de referencia para la sociedad que opera para el beneficio de todos, incluyendo los pobres, los vulnerables y los de afuera.
También actúan como un mecanismo de "resetear" cada séptimo y cada quincuagésimo años las inevitables disfunciones y acumulaciones de riqueza, poder y explotación.
Por supuesto, comenzó con una renovación de la relación de los israelitas con Dios. En Éxodo 20, Dios se apareció al pueblo de Dios con humo, terremotos, truenos y relámpagos en la cumbre del monte Sinaí. Tan majestuosa era su presencia que la gente recibió la instrucción de prepararse y purificarse durante los tres días anteriores, y se puso un cerco a la montaña para su propia protección.
Dios mismo se presentó no solo como el Dios que escucha, sino también como el Dios que actúa: "Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre" (Éxo. 20:2).
Basado en su milagrosa liberación y su presencia inspiradora de respeto, Dios planteó las leyes básicas para la nueva nación, incluyendo un documento similar a una constitución, generalmente conocido como los Diez Mandamientos.
Un poco más tarde -como se registra en Éxodo 25 al 31- Dios dio instrucciones estrictas y detalladas para construir un hermoso y santo lugar de adoración que debía reflejar la majestad de Dios en forma física, y su deseo de tener una conexión más estrecha con su pueblo: "Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos" (Exo. 25:8). Los planos que siguieron eran precisos y ornamentados, demandando una ofrenda generosa, habilidad artesanal, y máxima reverencia.
Estos fueron dos eventos significativos y fundacionales para esta nación recientemente redimida, así como para todos los que valoran la ley de Dios y su santuario por su importancia en el gran plan para la redención y la recreación. Esperaríamos que lo que viene entremedio sea igualmente profundo y ocupe el Lugar Santo entre estos dos pilares del pacto.
Es profundo, pero de un modo que podríaparecer sorprendente. Considera como un panorama rápido los títulos de las secciones, en Éxodo 21 al 23, que figuran en mi Biblia: "Esclavos hebreos"; "Injurias personales"; "Protección de la propiedad"; Responsabilidades sociales"; Leyes de justicia y misericordia". Es un plan para una ordenación justa de la sociedad, con una inclinación particular hacia el respeto a los pobres, a los que son injuriados, a los esclavos y a los extraños. Este es un plan para restaurar las relaciones interhumanas.
Entre la grandeza aterradora de la cumbre de la montaña y la pureza y la belleza del santuario hay instrucciones prácticas, justas, realistas e inclusivas sorprendentes, para vivir bien como pueblo de Dios.
Este esquema se continúa durante los muchos capítulos de leyes y reglamentos para seguir: "Aún en medio de los escritos sacerdotales y el código de santidad con su preocupación por la pureza y el evitar la contaminación, los extranjeros han de ser tratados con justicia, y más aún, los extranjeros han de ser amados".8 Como se detalla en este patrón bíblico, la pureza de Dios siempre está entretejida tanto con la justicia y la generosidad: "Nada hay que distinga tanto a las leyes dadas por Moisés como el espíritu generoso, tierno y hospitalario manifestado hacia los pobres [...]. En aquel entonces, como ahora, las personas estaban expuestas al infortunio, la enfermedad y la pérdida de sus propiedades; pero mientras siguieran estrictamente las instrucciones dadas por Dios, no habrían mendigos en Israel ni quien sufriera por falta de alimentos".9
s Siendo que los Mandamientos y el Santuario eran los pilares definitorios de la relación de Dios con su pueblo, ellos habían de vivir en el espacio entre ellos. La de ellos no debía ser una reverencia temerosa o una pureza pietista, sino una santidad práctica.
Debían amar a sus prójimos, tratar con los demás seres humanos con justicia, o aún mejor de lo que se esperaba, alimentar a los hambrientos y dar la bienvenida a los extranjeros y extraños.10 Este era el patrón divino para atender la injusticia y restaurar las relaciones vitales que originalmente Dios había tenido la intención de que fueran. Esta es la percepción singular que tiene la Biblia de los problemas y realidades de la injusticia en nuestro mundo, y las herramientas que nos ofrece para comenzar la obra de deshacerla.


Referencias 1 "Hunger & Nutrición" [Hambre y nutrición], ADRA International, ingresado el 28 de agosto de 2018, https://adra.org/impact-areas/hunger-nutrition/. 2"Refugees" [Refugiados], ADRA International, ingresado el 28 de agosto de 2018, https:// adra.org/refugees/. '"Slavery Today" [Esclavitud hoy], International Justice Mission, ingresado el 28 de agosto de 2018, https://www.ijm.org.slavery. 4 Esta sección está adaptada de Nathan Brown, "The God Who Sees" [El Dios que ve],