13 . La última etapa

Elias, un destacado profeta del Antiguo Testamento, es bien conocido por ser un hombre de oración. Santiago, el autor del libro del Nuevo Testamento que lleva su nombre, también era un hombre de oración y conocía bien su poder: «La oración eficaz del justo puede mucho» (Sant. 5: 16). Para probar su declaración, Santiago cita la poderosa petición de Elias: «Elias era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses» (vers. 17).

«Elias vivió en una época en la que se estaban destruyendo los cimientos [de la religión y la sociedad]. Era un tiempo de apostasía espiritual y decadencia moral. La nación [de Israel] había abandonado la ley de Dios y se había volcado a la adoración de Baal». Santiago deja claro que Elias «era tan humano como nosotros». Tenía las mismas pasiones, las mismas tentaciones y las mismas luchas que tenemos hoy. Pero «también era un hombre con una valentía poco común, un hombre dispuesto a arriesgar su vida por la gloria y la causa de Dios.

»¿De dónde sacó Elias ese valor tan fuera de lo común? ¿Se le apareció el Señor en un sueño o le habló desde un arbusto como a Moisés?». No, lo que se nos dice es que Dios se reveló a Elias «de una manera menos sensacional pero incluso más milagrosa», y que es la misma manera en que él quiere revelarse a sí mismo hoy. De la misma manera en que Dios se comunicaba con Daniel durante sus oraciones diarias, él se revelaba a Elias cuando este apartaba tiempo con él. «Su valentía era el producto de conocer íntimamente a Dios y vivir en estrecha comunión con él por medio de la Palabra y la oración. En el proceso, los propósitos, las cargas, los valores y los deseos de Dios quedaron grabados en su corazón». «Convencido de la respuesta de Dios» a su oración, no pudo evitar declarar valientemente su mensaje al rey Acab.1

Hoy, el mensaje de Elias es más importante que nunca. Los adventistas del séptimo día necesitan que Dios les dé la misma valentía y decisión para alzar su voz contra las fuerzas que amenazan con destruir a nuestros hijos y a nosotros mismos. Elena G. de White afirma con total convicción: «La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos».2

Ganemos finalmente los corazones

Cuando finalizó la conquista de la Tierra Prometida, Josué, que también estaba al final de su vida y su carrera, desafió al pueblo: «Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Éufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor» (Jos. 24: 15, DHH). Al igual que el mensaje de Elias, su mensaje estuvo cargado de sentimientos y fue un mensaje familiar, un desafío para salir de lo convencional y volverse a Dios. Su llamado a los israelitas, el pueblo elegido de Dios, era a convertirse en el Israel espiritual.

Hoy resuena la misma llamada: Dios nos está llamando a adorarlo y a unirnos al Israel espiritual con todo nuestro corazón. He aquí algunas ideas sobre cómo las familias modernas pueden emular el llamado de Josué y disfrutar de la comunión en la familia espiritual de Dios:

1. La familia espiritual adora junta. La familia espiritual elige asistir a la iglesia y compenetrarse con otros creyentes. También deben esforzarse para que la adoración diaria sea parte integral de su vida.

2. La familia espiritual honra la Palabra de Dios y la pone en práctica en el hogar. La familia espiritual reconoce que la Palabra de Dios «es una lámp.u.i .1 | | |sus| pies; es una luz en [...] [su] sendero» (Sal. 119: 105, NVI). los padres deben prestar atención a las instrucciones de Moisés en cuanto a los mandamientos de Dios: «Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes» (Deut. 6: 7). 3. La familia espiritual considera la oración como una parte diaria de su vida. Creo que todos hemos escuchado alguna vez una frase popular que dice: «Familia que ora unida, permanece unida». ¡Es una gran verdad! Es difícil encontrar una familia que ore junta todos los días y que termine rompiéndose y desmoronándose. Si quieres que tu familia permanezca unida, entonces ora con ella. Algunos consideran que una familia sin oración es una familia sin poder.3

En Colosenses 1: 9-14, el apóstol Pablo describe cómo orar por aquellos que amamos. Puede usar las siguientes siete peticiones mientras intercede por sus seres queridos delante de Dios en oración.

1. Ore para que conozcan la voluntad de Dios (vers. 9).

2. Ore para que avancen de una manera que sea digna (vers. 10).

3. Ore para que sus vidas sean fructíferas (vers. 10).

4. Ore para que tengan hambre de conocer a Dios (vers. 10).

5. Ore para que sean fuertes y poderosos (vers. 11).

6. Ore para que sean pacientes, persistentes y alegres (vers. 11).

7. Ore para que expresen gratitud cada día por los tres mayores regalos de la vida (vers. 12-14). ¿Cuáles son esos tres grandes regalos? El perdón de los pecados, la liberación del pecado y la entrada al reino de Dios.

Al igual que el llamado de Josué al antiguo Israel, el mensaje de Elias viene a ser más que un llamado al arrepentimiento y preparación para la Segunda Venida de Jesús. Es también un llamado para que las familias regresen a Dios y lo adoren solo a él.

El gran conflicto cósmico entre el bien y el mal pronto llegará a su fin y Elena G. de White ofrece una extraordinaria descripción de la reunión familiar que tendrá lugar: «Los justos vivos son mudados "en un momento, en un abrir de ojo" (1 Cor. 15: 52). A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo su Señor en los aires. Los ángeles "juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro" (Mat. 24: 31). Santos ángeles llevan niñi-tos a los brazos de sus madres. Amigos, a quienes la muerte tenía separados desde largo tiempo, se reúnen para no separarse más, y con cantos de alegría suben juntos a la ciudad de Dios».4 Aquel momento será sin duda la reunión familiar más grande que el mundo haya visto. ¿Qué estamos esperando?

Renovación en el altar familiar

Volvamos ahora al mensaje a Acab en 1 Reyes 17: 1. Este versículo contiene tres declaraciones que arrojan luz sobre la fe y el valor de Elias, además del estado espiritual de su corazón. Sin duda, Elias estaba lleno del amor de Dios, y «si queremos entender a este hombre y aprender de su ejemplo, debemos examinar estas palabras poderosas y reveladoras».5 Son palabras dignas de mención, porque Jesús nos recuerda que «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mat. 12: 34).

1. «Vive Jehová, Dios de Israel» (1 Rey. 17: 1). Elias estaba convencido de que Dios era un ser real, no un personaje ficticio como Santa Claus o un ídolo como los que crean los hombres «de oro, plata, bronce, piedra y madera, las cuales no pueden ver ni oír ni andar» (Apoc. 9: 20). Elias tenía la confianza de Job, quien en medio de sus pérdidas proclamó sin reservas: «Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo» (Job 19: 25).

2. «En cuya presencia estoy» (1 Rey. 17: 1). Elias reconocía la persona de Dios y su presencia. Dios no está «observándonos desde la distancia», como dice una canción de la cantante estadounidense Bette Midler.6 Él está cerca de nosotros, junto a nosotros, especialmente cuando caminamos a través del horno de las pruebas (ver Dan. 3). Tal vez no siempre lo escuchamos, pero no es porque él no está allí. El escritor británico C. S. Lewis dice: «Dios nos susurra en nuestros placeres, habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestro dolor». Elias, Daniel, Sadrac, Mesac, Abed-Nego, Pablo y muchos otros campeones de la fe vivieron heroicamente ante la realidad de la persecución. Conocían a Dios personalmente y sentían su presencia en sus vidas. 3. «¡No habrá lluvia ni rocío en estos años, hasta que mi boca lo diga!» (1 Rey. 17: 1). Elias «confiaba en las promesas de Dios». Hay que tener en cuenta que «los profetas de Baal afirmaban que Baal-Melkart era el dios del trueno, la lluvia y las buenas cosechas. La declaración de Elias en 1 Reyes 17: 1 desafía de forma directa la realidad de su dios y su fe, y dejaba al descubierto que Baal era un dios falso e impotente». Por otro lado, las palabras de Elias «demostraron que la verdad y la salvación solo se podían encontrar en los profetas de Je-hová». Elias nos recuerda que hablar de Dios y su poder no es suficiente: necesitamos vivir lo que predicamos. El Nuevo Testamento reitera esto: «¿Entienden esto? Dichosos serán si lo ponen en práctica» (Juan 13: 17, NVI). «¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!» (Luc.ll: 28).

Las declaraciones de que Dios vive, de que él está presente y de que sus promesas son confiables, resumen nuestras creencias. Estas creencias deben ser transmitidas a nuestros hijos desde sus primeros días, asegurando que la próxima generación las adopte como suyas. Es por eso que el tiempo de adoración familiar es tan importante ahora como lo era el altar en los días de Elias. La adoración, el estudio y la oración, tanto en la mañana como en la noche, son baluartes seguros en la vida diaria de cada familia. Si nos distraemos y descuidamos estos valiosos minutos en familia, aumentará el riesgo de que terminemos adorando ídolos falsos en lugar de dedicarnos al único y verdadero Dios.

Confíen en Dios usted y su familia

A veces, las circunstancias adversas hacen que sea difícil confiar en Dios y en el futuro. Para disipar nuestros temores, el Antiguo Testamento incluye la historia del encuentro que Elias tuvo con la viuda de Sarepta. Hay por lo menos tres lecciones que podemos extraer de esta historia.

1. El registro bíblico indica que esta viuda fue seleccionada por Dios. «Luego llegó a Elias una palabra de Jehová, que decía: "Levántate, vete a Sa-repta de Sidón y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente"» (1 Rey. 17: 8-9). Jesús mencionó el detalle de que «muchas viudas había en Israel en los días de Elias, [... ] pero a ninguna de ellas fue enviado Elias, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón» (Luc. 4: 25-26).

Tome unos minutos para leer el relato en 1 Reyes 17: 8-16. Nadie puede decir que la elección de Dios de esta viuda fue injusta: ella estaba ya en las últimas y él vino a rescatarla. Aun así, resulta interesante que la liberación de esta viuda incluyó actos de servicio de su parte. Dios no la seleccionó simplemente para salvarla de la hambruna, sino también para servir al gran propósito de Dios para Elias e Israel. Ella apenas entendía las implicaciones de confiar en Dios en el peor momento de su vida, pero ante todo era una mujer de fe. Movida por esta fe, actuó con determinación y preparó la torta cocida primeramente para Elias, satisfaciendo las necesidades del profeta. Solo entonces experimentó la multiplicación de la harina y el aceite.

2. Dios se comunica con nosotros, pero no siempre lo hace con palabras. La historia dice que Dios le ordenó a esta viuda que le diera algo de comer a Elias, pero no se especifica cuándo, dónde o cómo lo hizo. De alguna manera, Dios debe haber trabajado en su corazón y en su mente, motivándola a salir a recoger leña para preparar aquella última comida para ella y su hijo. Tal vez usted también ha tenido la experiencia de «sentirse movido» a hacer algo en lo que no pensó mucho o que no entendía completamente en ese momento, para luego darse cuenta de que Dios estaba actuando en su vida. El impulso de ir a algún lugar, a hacer algo o actuar de cierta manera repentinamente, se vuelve significativo cuando nos enteramos de que, sin saberlo, fuimos de bendición en la vida de alguien. Resulta estimulante pensar que el Espíritu Santo nos está guiando a hacer la voluntad de Dios. Él sabe bien a dónde necesita llevarnos.

3. Esta historia nos enseña que la viuda de Sarepta fue un instrumento voluntario de Dios. Tenemos aquí a una mujer escogida por Dios para sustentar al profeta, no en medio de un estado de abundancia, sino en la pobreza. Cuando Dios llamó a Moisés, este esgrimió cuatro excusas para librarse de la responsabilidad. Cuando Dios se acercó a Isaías, este dijo: «Soy demasiado pecador». Cuando Dios se acercó a Jeremías, este dijo: «Soy demasiado joven». Cuando Dios convocó a Amos, este se mostró reacio: «No estoy calificado». Y ni hablar de Jo-nás y su desafortunada huida de la voluntad de Dios. Pero esta pobre viuda, que no tenía nada más que un poco de harina y aceite, algunos palos y un hijo, obedeció de buena manera la invitación de Dios a participar en la misión del profeta.

Un detalle importante para las familias de hoy es que Dios muchas veces interviene de la manera más inesperada. Elias no podía esconderse en ningún lugar de Israel porque el rey lo estaba persiguiendo; necesitaba huir a otro país. La reina Jezabel era de Sidón, y si alguien se daba cuenta de que Elias estaba ahí, lo capturarían. Pero entre toda la gente, Dios preparó a una viuda que vivía justo en la frontera para que cuidara al profeta. A ninguno de nosotros se le habría ocurrido un plan semejante, pero Dios escogió a una viuda cuya insignificancia y pobreza sirvieron para garantizar la seguridad del profeta.

A veces, Dios espera hasta que estemos en el límite, en el punto de quiebre, antes de intervenir de manera inesperada y milagrosa a nuestro favor. Qué maravilloso es descansar en su providencia, con la seguridad de que él tiene siervos en todo lugar. Él entiende cada dificultad que enfrentamos y obra para cumplir su voluntad en nuestra vida. Las estaciones pueden variar, pero su amor no lo hace.

Preguntas para reflexionar

 

1. Si usted es padre o madre, ¿de qué manera puede hacer que sus momentos devocionales sean más significativos para sus hijos? ¿Es el tipo de adoración apropiada para su edad?

2. Recuerda algún momento de su vida en el que Dios intervino y trabajó de forma sorprendente. Esta experiencia es parte de su testimonio. ¿Alguna vez la ha contado a alguien? Pídale a Dios que le muestre a alguien que necesita escuchar su historia.


Referencias:

1. J. Hampton Keathley III, «3. The Message of Elijah (1 King 17:1)», Bible.org, 4 de junio de 2004, https://bible.org/seriespage/message-elijah-1 -kings-171.

2. Elena G. de White, La educación, cap. 7, p. 54.

3. Adaptado de Claudio Consuegra y Pamela Consuegra, «Building a Healthy Home» en Disciples-hip and Service: Reaching Families for lesus, ed. Willie Oliver y Elaine Oliver (Silver Spring, MD: Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 2017), p. 47, http://bit.ly/FM2018Plan-bookENG.

4. White, Conducción del niño, cap. 83, p. 548.

5. Keathley, «The Message of Elijah».

6. lulie Gold, «From a Distance», (Nueva York: BMI, 1985), http://www.songfacts.com/detail. php?lyrics=4273.

7. C. S. Lewis, The Problem ofPain, ed. rev. (Nueva York: HarperOne, 2015), p. 91.

8. Keathley, «The Message of Elijah».

EPÍLOGO

La eternidad con Jesús

«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:

Tiempo de nacer y tiempo de morir,
tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado,
tiempo de matar y tiempo de curar,
tiempo de destruir y tiempo de edificar,
tiempo de llorar y tiempo de reír,
tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar,
tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntarlas,
tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar,
tiempo de buscar y tiempo de perder,
tiempo de guardar y tiempo de tirar,
tiempo de rasgar y tiempo de coser,
tiempo de callar y tiempo de hablar,
tiempo de amar y tiempo de aborrecer,
tiempo de guerra, y tiempo de paz» (Ecl. 3:1 -8).

Cuando Dios haga nuevo este mundo, todos estos «tiempos» cambiarán. Ya no habrá tiempo para la guerra, la muerte, el odio y el llanto. Solo habrá tiempo para la risa, la paz, la adoración y la vida eterna. La existencia de los redimidos nunca más se verá empanada por el pecado y las consecuencias trágicas del odio, la muerte y el dolor.

«Jehová ha retirado su juicio contra ti; ha echado fuera a tus enemigos. Jehová es Rey de Israel en medio de ti; no temerás ya ningún mal» (Sof. 3:15).

Durante este tiempo de paz eterna,

«Ciertamente, el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días» (Sal. 23:6).

Habrá trabajo, muy agradable y fructífero: «Edificarán casas y morarán en ellas; plantarán viñas y comerán el fruto de ellas» (Isa. 65: 21). Los niños no necesitarán visitar más los zoológicos, porque:«Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará» (Isa. 11:6).

Finalmente, el tiempo de pasar toda la eternidad con Jesús habrá llegado para todas las familias.