CAPÍTULO 5

Los siete sellos



Los siete sellos de Apocalipsis repasan la misma historia que las siete iglesias. Comenzando con los famosos cuatro jinetes de Apocalipsis, los sellos describen la experiencia de la iglesia a lo largo de los siglos. La clave para destrabar el significado teológico de los cuatro jinetes y del resto de los sellos reside en la relación de pacto del Antiguo Testamento entre Dios e Israel. En el Nuevo Testamento, la clave que ayuda a explicar los sellos es una correcta comprensión del sermón apocalíptico de Jesús sobre el monte de los Olivos.

En el Sinaí, Dios hizo un pacto con Israel: le prometió que, si le era obediente, él lo reconocería como su pueblo elegido (Exo. 19:5, 6). Mientras los israelitas se mantuvieran dentro de la relación del Pacto, Dios prometía bendecirlos. Los libros de Levítico y Deuteronomio (especialmente Lev. 26:3-9; Deut. 28) contienen una larga lista de bendiciones para los israelitas si ellos vivían de acuerdo con las instrucciones de Dios. Inversamente, si los israelitas quebrantaban el Pacto, seguiría una serie de maldiciones (Lev. 26:21-36; Deut. 32:23-25). Estas advertencias incluían cuatro plagas -animales salvajes, espada, pestilencia y hambre- que vendrían sobre Israel por quebrantar el Pacto. A fin de ganar de vuelta a la gente, las maldiciones actuaban como medidas disciplinarias por las cuales Dios castigaba a su pueblo cuando se alejaban de él. Él prometió perdonar a su pueblo si se arrepentía y volvía a él.

Apocalipsis describe gráficamente la experiencia de la iglesia desde Pentecostés hasta la Segunda Venida por medio de las imágenes de las maldiciones del Pacto. Los cuatro jinetes simbolizan la victoriosa experiencia del pueblo de Dios, que le da el derecho de compartir el Trono de Jesús (cf Apoc. 3:21). El jinete del caballo blanco simboliza la victoriosa difusión del evangelio. Pero, al ser predicado, los cristianos caen en la infidelidad y la desobediencia. Por lo tanto, Dios permite que el mundo los castigue como al Israel antiguo. El jinete del caballo rojizo trae persecución; el jinete del caballo negro trae hambre espiritual; y el jinete del caballo amarillo [gris ceniciento] trae plaga y muerte espiritual. El cuadro gráfico de los cuatro jinetes entrega una advertencia solemne a los cristianos a lo largo de la historia: no tomen el evangelio en forma liviana.

Hay también una estrecha correlación entre los siete sellos y el Apocalipsis Sinóptico (es decir, Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21), que es un discurso que presentó Jesús poco antes de su crucifixión. En esta presentación, Jesús explicó lo que ocurriría hasta el tiempo del fin.

Primero, Jesús describió las realidades generales de la Era Cristiana en términos de guerras y rumores de guerras, hambres, pestilencias, persecución, terremotos, engaños y señales en los cielos (Mat. 24:4-14); estos eventos también ocurren en Apocalipsis 6. Segundo, Jesús habló acerca de un largo intervalo en la historia desde la destrucción de Jerusalén hasta la gran tribulación, durante el cual el pueblo de Dios experimentaría persecuciones intensificadas (vers. 15-28). Tercero, Jesús indicó las señales celestiales que muestran la proximidad de la Segunda Venida, seguida por señales específicas que anuncian la venida de Cristo con poder y gloria (vers. 29-31).

Estas comparaciones muestran que tanto Mateo 24:4 al 14 como el primero de los cuatro sellos (Apoc. 6:1-8) se refieren a las realidades generales de la Era Cristiana. Los jinetes y las maldiciones del Pacto en Levítico 26 tienen la misma función que las señales generales que predijo Jesús (Mat. 24:4-14). Estas señales mantienen despierto al pueblo de Dios y le recuerdan la realidad del retorno de Cristo.

El primer sello (6:1, 2)

Mientras Cristo el Cordero abre el primer sello, un caballo blanco entra en la escena. El jinete tiene un arco y se le da una corona. La palabra griega para corona es stéfanos, "la corona de victoria" (cf. 2 Tim. 4:8), que era una guirnalda que se les daba a los vencedores en los antiguos Juegos Olímpicos. Este jinete es un conquistador, que sale para conquistar totalmente. En los días de Juan, los generales romanos cabalgaban caballos blancos para celebrar una gran victoria.

Esta escena es simbólica. En el Antiguo Testamento, Dios es representado a veces como a caballo con un arco en su mano, conquistando a los enemigos de su pueblo (Sal. 45:4,5; Hab. 3:8-13). Apocalipsis 19:11 al 16 presenta a Cristo como sobre un caballo blanco, conduciendo los ejércitos celestiales en la batalla final de la historia de esta Tierra. Además, en Apocalipsis, el blanco es un símbolo de pureza, y regularmente está asociado con Cristo y sus seguidores. También, la corona stéfanos que lleva el jinete a menudo está asociada con Cristo y su pueblo victorioso. Finalmente, el concepto de conquistar es un eco claro de las referencias de Apocalipsis 3:21 y 5:5 a Cristo, que vence en el Calvario.

El jinete del caballo blanco significa la difusión del evangelio de Jesucristo, comenzando desde Pentecostés. Justo antes de este evento, Cristo fue exaltado a la diestra del Padre en el Trono celestial, y comenzó la expansión de su reino haciendo guerra contra las fuerzas del mal. Había muchos territorios para conquistar y muchas personas para ganar para el Reino. En su etapa inicial, la proclamación del evangelio tuvo un comienzo poderoso como resultado de la manifestación del poder del Espíritu Santo. Miles se convirtieron en un día (Hech. 2:41, 47; 4:4). Esta "conquista del evangelio" continuará a lo largo de toda la historia hasta el triunfo final que ocurrirá en el tiempo del fin {cf. Mat. 24:14).

El segundo sello (6:3,4)

Al abrir Cristo el segundo sello, se presenta un caballo rojo-fuego en la escena. Rojo es el color de la sangre, y se corresponde con la misión de este caballo. El jinete, que tiene una gran espada, no mata él mismo. En cambio, quita la paz de la Tierra, y la gente comienza a matarse entre sí.

El primer jinete muestra que, por medio de la predicación del evangelio, Cristo está librando una guerra espiritual contra las fuerzas del mal. Pero las fuerzas del mal ofrecen fuerte resistencia al evangelio, y reúnen a los que lo rechazan contra los que lo aceptan. Inevitablemente, sigue una persecución.

Por supuesto, el registro muestra que el evangelio siempre divide a la gente. Mientras que su aceptación trae paz, su rechazo resulta en una pérdida de ella. "No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada, porque he venido a poner en enemistad al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra. Así que los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mat. 10:34-36). Como en el Antiguo Testamento, los enemigos del pueblo de Dios a menudo se volvían los unos contra los otros, así que en la escena del segundo sello los que resisten y rechazan el evangelio se vuelven y se persiguen entre sí.

El tercer sello (6:5,6)

El tercer sello revela un caballo negro. Su jinete se ve trayendo una balanza para pesar alimentos. Juan oye también un anuncio de uno de los cuatro seres vivientes: "Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino" (Apoc. 6:6).

En Palestina, los granos, el aceite y el vino eran las cosechas principales. Se los menciona en el Antiguo Testamento como los elementos básicos para la vida. Como parte de las bendiciones del Pacto, Dios prometió a Israel que tendría alimentos en abundancia; pero la medida cuidadosa indica una gran escasez o hambre, que es parte de las maldiciones del Pacto (cf Lev. 26:26; Eze. 4:16). En los días de Juan, un denario era el salario de un día de trabajo (cf Mat. 20:2); y en circunstancias normales, era suficiente para la necesidad de una familia. Pero, en condiciones de hambre, el precio sería grandemente inflado. En la escena del tercer sello, sería necesario el jornal de un día para comprar alimentos para una sola persona, ya que una libra de trigo era la ración diaria para una persona. Para alimentar una familia pequeña, el jornal de un día de trabajo permitiría comprar tres libras de cebada, un alimento más barato y áspero, que usaban los pobres.

Las imágenes del caballo negro y su jinete apuntan a lo que ocurriría a quienes rechazaran el evangelio. Correspondiendo a la misión del caballo y su jinete, el negro es lo opuesto al blanco y denota la ausencia del evangelio. En las Escrituras, el grano simboliza la Palabra de Dios (Luc. 8:11), y el pan también representa las palabras de Jesús (Juan 6:35-38). El rechazo del evangelio resulta en un hambre de la Palabra de Dios que es similar al hambre espiritual profetizado por Amos con respecto a los israelitas (Amos 8:11-13).

Pero el hambre del tercer sello no es fatal. La misma voz que comisionó al jinete también anuncia que el aceite y el vino no serán afectados por el hambre, sino que seguirán estando disponibles. Espiritualmente, el aceite simboliza al Espíritu Santo, y el vino simboliza la salvación en Jesucristo. Aun cuando la Palabra de Dios sea escasa, el Espíritu Santo todavía está trabajando entre la gente, y la salvación todavía está disponible para todos los que la deseen.

El cuarto sello (6:7, 8)

Se abre el cuarto sello, y aparece un caballo pálido. La palabra griega para el color del caballo es jlorós (de la cual deriva nuestra palabra "cloro", para el compuesto químico), y denota el color amarillo-verdoso de un cadáver en descomposición. El nombre del jinete es Muerte, y está acompañado por el Hades, el lugar de los muertos. Se les permite destruir a la gente con la espada, el hambre, la plaga y los animales salvajes, sobre una cuarta parte de la Tierra. Es de notar que las acciones del cuarto jinete incluyen las acciones de los tres jinetes anteriores.

El cuarto sello llama a la pestilencia y la muerte. El gráfico retrato de este jinete provee una advertencia adicional a quienes rechazan el evangelio. El caballo pálido que sigue al caballo negro transmite la verdad del hambre espiritual de la Palabra de Dios que típicamente resulta en la muerte espiritual.

Sin embargo, la buena noticia es que el poder de la Muerte y del Hades es limitado; se les da autoridad solo sobre la cuarta parte de la Tierra. El comienzo del Apocalipsis provee la seguridad de que, por su propia muerte y resurrección, Jesús ha ganado la victoria sobre la Muerte y el Hades, los dos enemigos de la raza humana. Cuando se acepta el evangelio, se recibe la vida como un regalo. La muerte ya no tiene poder o autoridad sobre los que aceptan el evangelio porque Cristo tiene las llaves de la Muerte y del Hades (ver Apoc. 1:18).

El quinto sello (6:9-11)

El quinto sello describe a las almas de los que murieron como mártires por causa del evangelio como estando debajo del altar.

Alma, en la Biblia, denota a la persona completa (Gén. 2:7; Hech. 2:41; 27:37). En esta escena, los mártires debajo del altar aluden a la sangre de los sacrificios que era derramada en la base del altar de los sacrificios en el Santuario terrenal (Éxo. 29:12; Lev. 4:7; 8:15). La muerte de los mártires se describe aquí como derramando su sangre en sacrificio ante Dios (2 Tim. 4:6).

Juan oye a los mártires clamando a Dios por vindicación contra quienes los persiguieron: "¿Hasta cuándo, Señor?" (Apoc. 6:10) fue el clamor de los oprimidos y perseguidos del pueblo de Dios a lo largo de la historia (cf. Sal. 79:5; Dan. 12:6,7; Hab. 1:2). De ese modo, el clamor de los mártires en la escena del quinto sello representa el clamor del sufriente pueblo de Dios a lo largo de la historia, desde el tiempo de Abel hasta el tiempo en que Dios juzgue y vengue "la sangre de sus siervos" de sus enemigos (Apoc. 19:2).

Dios responde al ruego de los santos martirizados de dos maneras. Primero, se les dan mantos blancos, que significan la justicia de Cristo, con la que Dios cubre a los que son aceptados por Cristo (Apoc. 3:18). También representa la recompensa futura de los vencedores (vers. 5). Los santos martirizados han recibido la seguridad de la salvación y la vida eterna, no por causa de su martirio, sino por causa de lo que Dios ha hecho por ellos.

Segundo, se les dice a los mártires que tendrán que esperar todavía un poco mientras el número de sus hermanos de experiencia -los que deben pasar por un martirio similai;- se haya completado. Dios promete que él "vengará la sangre de sus siervos" (Deut. 32:43; cf Sal. 79:10). En Apocalipsis 8, los juicios de Dios ya han sido derramados sobre "los que habitan en la tierra" (vers. 13). Sin embargo, viene el día cuando Cristo vendrá con juicios "a los que no [...] obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Estos sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron; y vosotros habéis creído en nuestro testimonio" (2 Tes. 1:8-10). El cumplimiento de esta profecía es el tema de la escena del sexto sello.

Mientras la escena del quinto sello representa la experiencia del pueblo de Dios oprimido a lo largo de la Era Cristiana, también puede aplicarse al período específico de la historia que siguió a la Edad Media. Durante este período, millones de cristianos fueron martirizados por causa de su fidelidad a la Biblia. Las profecías de Daniel hablan del poder del enemigo, descrito como un cuerno pequeño que "hacía guerra contra los santos y los vencía" (Dan. 7:21; cf veis. 25). Surge la pregunta: ¿Cuánto tiempo durará esta situación? La respuesta es que duraría el período profético de 1.260 días, que significan 1.260 años (Apoc. 12:6,7). La apertura del sexto sello nos lleva a ese punto en el tiempo.

El sexto sello (6:12-17)

La apertura del sexto sello por Cristo el Cordero resulta en señales cósmicas y catastróficos, tales como un oscurecimiento del Sol y la Luna, una caída de meteoros, un terremoto desastroso y una convulsión en el cielo. Estas señales cósmicas son recordativos que traen a la mente los eventos predichos por Jesús en Mateo 24:29 y 30, que ocurrirían al final de la tribulación de la Edad Media. En el Antiguo Testamento, estos eventos regularmente acompañan una manifestación de juicio.

Estos eventos sobrenaturales serán presenciados en ocasión del retorno de Cristo a la Tierra. Isaías profetizó que el día del Señor vendría como "devastación del Todopoderoso" (Isa. 13:6). Aquí Juan observa a personas de todos los ámbitos de la vida, llenos de temor, tratando de esconderse del aterrador cataclismo en ocasión de la venida de Cristo. Ellos piden a las rocas y a las montañas que los protejan de la ira de Dios y del Cordero.

El día de la ira divina finalmente ha llegado. Con la venida de Cristo en poder y gloria, las oraciones de los santos martirizados que están debajo del altar en la escena del quinto sello serán finalmente respondidas (Apoc. 6:9-11). Ha llegado el tiempo para administrar justicia, cuando Cristo venga "para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron" (2 Tes. 1:10).

La escena concluye con la pregunta retórica de los impíos aterrados: "El gran día de su ira ha llegado y ¿quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6:17). Su pregunta es como un eco de la gente en Nahum: "¿Quién puede resistir su ira? ¿Quién quedará en pie ante el ardor de su enojo" (Nah. 1:6), y de Malaquías: "Pero ¿quién podrá soportar el tiempo de su venida? O ¿quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?" (Mal. 3:2). Apocalipsis 7 responde claramente esta pregunta: los que podrán mantenerse en pie en ese día son el pueblo sellado de Dios; los que se han lavado en la sangre del Cordero (vers. 14).