CAPÍTULO 4

La entronización del Cordero



La escena de Apocalipsis 4 y 5 es introductoria y no se adecúa a la secuencia cronológica de la visión. Antes de que el futuro se revele a Juan, es llevado a la sala del Trono celestial y se le da una vislumbre de la exaltación de Cristo al Trono, a la diestra del Padre, dando la perspectiva celestial de lo que significan los eventos futuros. Al desarrollarse la historia, Jesucristo, el Gobernante soberano del Universo, llevará a su conclusión los eventos de este mundo, y tratará definitivamente con el problema del pecado.

La sala del Trono (4:2,3, 5, 6)

Cuando se ocupa de Dios, Juan no intenta describirlo usando el lenguaje antropomórfico que usan los profetas del Antiguo Testamento. En cambio, se concentra en la radiante gloria de Dios. El Antiguo Testamento a menudo habla de la gloria espléndida que rodea a Dios (Sal. 104:1, 2; Eze. 1:26-28), que difícilmente puede expresarse en lenguaje humano. Juan lo describe en términos de relucientes piedras preciosas: jaspe, cornalina y esmeralda (Apoc. 4:3). Añadiendo al esplendor de la escena está el relampagueante brillo de un arcoíris alrededor del Trono de Dios (vers. 3b). Siglos antes, Ezequiel presenció en visión un arcoíris alrededor del Trono de Dios, que significa "la semejanza de la gloria de Jehová" (Eze. 1:28). Y mucho antes de Ezequiel, Dios dio el arcoíris a Noé como una señal de su pacto con la humanidad. El arcoíris que ve Juan, irradiado de piedras preciosas, tiene la intención de proveer confianza en la promesa del pacto de Dios a su pueblo, y de su fidelidad a esa promesa (Gén. 9:12-17).

Delante del Trono, hay una expansión plana que le pareció a Juan "como un mar de vidrio semejante al cristal" (Apoc. 4:6), como un eco de la visión de Ezequiel (Eze. 1:22). Siglos antes, Moisés y los ancianos vieron a Dios como parado sobre algo "como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno" (Éxo. 24:10).

Finalmente, Juan observa destellos de relámpagos, sonidos y el retumbar de truenos que salían del Trono (Apoc. 4:5). Estos acentuaban el esplendor y recordaban la entrega de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí (Éxo. 19:16; 20:18), cuando Israel, habiendo sido redimido de Egipto, era inaugurado como el pueblo de Dios y "un reino de sacerdotes" (Éxo. 19:6). En forma similar, Juan ahora observa cuando Cristo, habiendo redimido a la humanidad con su sangre, recibe el rollo sellado de Dios e inaugura a los redimidos como "un reino de sacerdotes" para Dios (Apoc. 5:10).'

La asamblea en la sala del Trono (4:4-11)

La sala del Trono en el Templo celestial es un lugar grandioso y majestuoso, que permite acomodar a incontables seres celestiales. Juan especifica cuatro grupos separados de participantes en la escena.

Los miembros de la Deidad. La primera persona que Juan observa en la sala del Trono es Dios el Padre sentado en el Trono (Apoc. 4:2). Él es objeto de adoración de la asamblea celestial entera. Luego está el Espíritu Santo, el segundo Miembro de la Deidad {cf. Apoc. 1:4). Se refiere a él como "los siete Espíritus de Dios" y está simbolizado por las siete lámparas de fuego delante del Trono (Apoc. 4:5). La frase "los siete espíritus de Dios" denota la plenitud y la universalidad de la obra del Espíritu Santo en la iglesia. Aparentemente ausente está el tercer Miembro de la Deidad. Jesús no aparece en la escena hasta el capítulo 5, cuando es saludado y adorado por toda la asamblea celestial.

Los 24 ancianos (4:4). En círculo alrededor del Trono hay 24 otros tronos, con 24 ancianos sentados sobre ellos. Están vestidos de blanco y portan coronas de oro. ¿Quiénes son estos 24 ancianos? Algunos los consideran como un grupo de ángeles. Pero en ninguna parte de la Biblia o de la tradición judía se llama ancianos a los ángeles, y los ancianos y los ángeles están claramente distinguidos en Apocalipsis 7:11. Además, los ancianos comparten el Trono de Dios, mientras que los ángeles siempre están de pie en la presencia de Dios. Los ancianos representan a los vencedores, que reciben la promesa de sentarse con Jesucristo en su Trono (Apoc. 3:21). También visten mantos blancos, que es la vestimenta del pueblo fiel de Dios (Apoc. 3:4, 5,18; 6:11; 7:9, 13,14). Finalmente, ellos tienen coronas de oro de victoria sobre sus cabezas, reservadas exclusivamente para los santos triunfadores (Apoc. 2:10; 3:11; cf. 2 Tim. 4:8; Sant. 1:12). Estas coronas de victoria no son coronas regias. Más bien, muestran que los 24 ancianos son seres humanos victoriosos, no gobernantes de otros mundos.

Todos estos detalles señalan a los 24 ancianos^ como un grupo simbólico, que representa a la humanidad redimida. Los dos conjuntos de doce se refieren a las doce tribus de Israel como el símbolo del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento y a los doce apóstoles como el símbolo del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento. En la Nueva Jerusalén, las doce puertas reciben el nombre de las doce tribus de Israel, y los doce fundamentos reciben el nombre de los doce apóstoles (Apoc. 21:12-14). Los 24 ancianos, entonces, representan el cuerpo entero del pueblo de Dios tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento: la iglesia en su totalidad.

En el Antiguo Testamento había 24 divisiones de sacerdotes que tomaban sus turnos en los servicios del Templo (1 Crón. 24:4-19). Cada división era dirigida por un sacerdote jefe, lo que hacía un total de 24 sacerdotes jefes (vers. 5). En la tradición judía, estos sacerdotes jefes eran llamados "ancianos". En forma similar, los cantores del Templo estaban organizados en 24 grupos (1 Crón. 25:8-31). Note que las actividades de los 24 ancianos en Apocalipsis consistían en la adoración y el culto continuos a Dios (Apoc. 5:9, 10; 19:4), y la presentación de las oraciones de los santos a Dios reflejaban la obra de los sacerdotes y los cantores en el Templo antiguo. Por lo tanto, sentados en tronos, los 24 ancianos actúan en su doble rol de sacerdotes y reyes (cf. Apoc. 5:8-10).

Los cuatro seres vivientes (4:6b-8). A ambos lados del Trono hay cuatro seres celestiales que miran hacíalos cuatro puntos cardinales. Son diferentes de cualquier ser celestial que Juan hubiera visto antes, y son bastante similares a los querubines de la visión que tuvo Ezequiel del Trono de Dios (Eze. 1:5-14; 10:12-15). Tanto Ezequiel como Juan vieron el mismo número de seres, y ambos se refieren a ellos como "cuatro seres vivientes". Ambos se asemejan a un león, un ternero o buey, un hombre y un águila en vuelo; y en ambos casos están cubiertos de ojos. Finalmente, ambas visiones los asocian estrechamente con el Trono.

Mientras los seres vivientes de la visión de Ezequiel tienen cuatro caras y cuatro alas (Eze. 1:6), los cuatro seres vivientes de Apocalipsis tienen seis alas como las de los serafines de la visión de Isaías (Isa. 6:2). Al igual que los serafines de la visión de Isaías, los cuatro seres vivientes de Apocalipsis 4 incesantemente alaban a Dios con estas palabras de aclamación: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso" (Apoc. 4:8; cf. Isa. 6:3).

Todo esto indica que los cuatro seres vivientes son ángeles exaltados cercanos a Dios, que lo sirven como agentes y guardianes de su Trono. Siempre se los ve en la proximidad del Trono (Apoc. 4:6; 5:6; 14:3), y su asociación con el Trono recuerda a los querubines sobre el Arca del Pacto. Estos querubines estaban frente a frente con sus alas extendidas sobre el Propiciatorio (Exo. 25:18-21; 1 Rey. 6:23-28), donde se describe que Dios está sentado (2 Rey. 19:15; Sal. 80:1; 99:1; Isa. 37:16).

La descripción de los seres vivientes es simbólica. Sus alas señalan su celeridad en cumplir las órdenes de Dios, y los ojos representan su inteligencia y discernimiento. Su apariencia en términos de un león, un ternero o buey, un hombre y un águila en vuelo representa el orden entero de la Creación. Como representantes de toda la Creación, están constantemente ocupados en dirigir a las huestes celestiales en la adoración y la alabanza a Dios (Apoc. 4:8, 9; 5:8, 8, 14; 7:11, 12; 19:4), y son los agentes divinos involucrados en la ejecución de la ira de Dios sobre la Tierra (Apoc. 6:1,3,5,7; 15:7).

Las huestes celestiales. El grupo mayoritario en la asamblea de la sala del Trono consiste en la multitud de las huestes angélicas, cuyo número es "miríadas de miríadas y miles de miles" (Apoc. 5:11). Elena de White sugiere que, siendo que a este grupo se le une "toda criatura" (vers. 13), ellos son los enviados del resto del Universo, que representan los mundos no caídos.2 Estos enviados, junto con los 24 ancianos y los 4 seres vivientes, están reunidos en la sala del Trono celestial para celebrar el triunfo de Cristo sobre Satanás, y para expresar su aprobación y endoso de esta entronización.


El rollo con siete sellos (5:1)

La magnífica liturgia en la sala del Trono se interrumpe por un momento, mientras todos los ojos enfocan el Trono. El texto griego muestra claramente que el rollo que Juan vio estaba sobre el Trono, a la diestra de Dios. Estar sentado a la mano derecha del rey era el lugar del honor más alto (cf 1 Rey. 2:19), y los israelitas comprendían que el rey en Israel se sentaba a la derecha de Dios como corregente con él (Sal. 80:17; 110:1). El rollo que yacía sobre el Trono implica que la persona que toma el rollo ha de ocupar su lugar en el Trono. De este modo, cuando Jesús, unos momentos más tarde, toma el rollo (Apoc. 5:8), toma su asiento en el Trono a la mano derecha del Padre, con lo que asume su rol como el nuevo gobernante de la línea real davídica (vers. 5).

El rollo está "sellado con siete sellos" (vers. 1). En los tiempos antiguos, se realizaba la ratificación de un documento legal mediante una impresión hecha por un anillo al final del contenido. Para evitar alteraciones, se enrollaba y se ataba con hilos. El sello se imprimía en porciones de arcilla o de cera donde estaban anudados los hilos. El documento no se podía abrir ni difundir su contenido sin quebrar el sello. Solo una persona autorizada podía romper los sellos y abrir el documento, sin sufrir consecuencias.

En los días de Juan, la práctica de sellar documentos con más de un sello era común. La ley romana exigía que algunos documentos debían ser sellados con un mínimo de siete sellos. El rollo simbólico que Juan vio en la visión era como un documento legal enrollado, atado con una cuerda y sellado a lo largo del borde exterior con sellos de cera fijados a los nudos. Como tal, no podía ser abierto ni su contenido revelado hasta que los siete sellos fueran rotos.3

Daniel y Apocalipsis muestran que, si un mensaje debía ser comprendido en un tiempo posterior, el sellado era la manera de Dios de esconder la revelación hasta el tiempo señalado (Dan. 12:4, 9; Apoc. 10:4). El rollo de Apocalipsis 5 está sellado con el propósito obvio de ocultar su contenido y mantenerlo escondido. Por cuanto estaba sellado, no se encontraba a "nadie que fuera digno de abrir el rollo, ni mirarlo" (Apoc. 5:3). No era posible abrirlo a menos que una persona autorizada rompiera todos los sellos.

Apocalipsis 10:7 muestra que su contenido está relacionado con "el misterio de Dios" y su propósito de resolver el pecado, salvar a la humanidad caída y establecer su Reino eterno. Este misterio ha estado escondido por edades, pero ha sido parcialmente revelado con la venida de Cristo y la predicación del evangelio (Rom. 16:25, 26; Efe. 3:1-12). Elena de White comenta que el rollo sellado contiene el registro del Gran Conficto, que incluye "el rollo de la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia. En él estaban contenidas las declaraciones divinas, su autoridad, sus mandamientos, sus leyes, todo el consejo simbólico del Eterno, y la historia de todos los poderes gobernantes en las naciones. En ese rollo, en lenguaje simbólico, estaba contenida la influencia de cada nación, lengua y pueblo desde el comienzo de la historia hasta el final".4

El rollo sellado, entonces, actúa como una referencia simbólica al plan divino de salvación. Si el rollo está sellado, el plan de salvación queda sin cumplirse. Cuando se rompe el sello final al sonar el séptimo sello -la Segunda Venida-, entonces el plan de salvación será finalmente cumplido (Apoc. 10:7).

La entronización de Cristo (5:7-14)

Apocalipsis 5 describe la entronización de Jesús en el Templo celestial después de su ascensión al cielo. El lenguaje usado para describirlo está conectado con los reyes israelitas del Antiguo Testamento. El rollo de siete sellos que Juan vio que tomó Jesús del Trono a la derecha del Padre es comparable con el rollo del pacto de la Ley que era entregado a los reyes de Israel en su entronización. Tomar el rollo simbolizaba el derecho de sentarse en el trono y reinar. Desenrollar el libro significaba revelar el plan de salvación para la humanidad caída.

La victoria de Cristo en la Cruz lo hizo digno de tomar el rollo del Pacto y quebrar sus sellos, el que, por causa de la desobediencia humana, fue sellado. En la sala del Trono celestial, cuando Cristo el Cordero se acercaba al Trono para tomar el rollo, un himno de alabanza y adoración surgió de la asamblea celestial, que reconocía ese acto (Apoc. 5:7-14). Este es el momento culminante de la escena. El libro del Pacto, que había sido sellado y guardado por mucho tiempo, fue entregado al Cristo triunfante, el por largo tiempo esperado Rey del linaje de David y el León de la tribu de Judá.

Siendo que el rollo significaba el derecho a reinar, el acto simbólico de tomar el rollo hace de Cristo el rey legítimo sobre el Universo. Él toma asiento en el Trono y comparte las prerrogativas gobernantes de su Padre (Apoc. 3:21). El Padre ahora gobierna el Universo por medio del Hijo. Toda la autoridad y la soberanía son entregadas a él (Mat. 28:18). Cristo está ahora "sobre todo principado y autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero" (Efe. 1:21).

El acto simbólico en que Cristo el Cordero toma el rollo significa la transferencia de la autoridad de Satanás a Cristo. Como nota la erudita Adela Yarbro Collins: "El problema que afronta el concilio celestial es la rebelión de Satanás, que tiene su paralelo en la rebelión en la Tierra".5 Desanimado por estas circunstancias, las lágrimas de Juan "expresan el deseo de los fieles de que esta situación sea rectificada".6 Con la caída de la raza humana en la esclavitud del pecado, la humanidad llegó a estar perdida y sin esperanza. Al usurpar el señorío y el dominio de la Tierra [cf. Luc. 4:6), Satanás llegó a ser "el príncipe de este mundo" (Juan 12:31; cf. Juan 14:30; 16:11).

Pero, lo que se perdió con Adán ha sido ahora recuperado por Cristo. Su instalación sobre el Trono celestial demuestra que su sacrificio en favor de la humanidad ha sido aceptado. La muerte de Jesús compró al pueblo de Dios de toda tribu, lengua, pueblo y nación (Apoc. 5:9).

En Apocalipsis 5, Cristo ha sido instalado en su ministerio real y sacerdotal en el Santuario celestial. Al recibir el rollo, él toma el destino de toda la humanidad en sus manos. Su capacidad de romper los sellos y abrir el rollo lo autoriza a conducir el plan de salvación a su finalización última. El rollo contiene los términos y las condiciones de la promesa de Dios a su pueblo. Señala a su única esperanza, que su Señor reine sobre el Trono del universo. Él estará para siempre con ellos, para sostenerlos y protegerlos hasta que regrese para llevarlos a casa.

La escena pentecostal

La inauguración de Cristo en el Trono celestial ocurrió en el tiempo de Pentecostés (Hech. 2:32-36)7 Durante su inauguración a la diestra del Padre, Jesús llegó a ser el gobernante legítimo de la Tierra. El Espíritu Santo descendió sobre los discípulos para cumplir la promesa que les hizo Jesús (Juan 14:16-18). Apocalipsis 5:6 menciona los siete Espíritus "enviados por toda la tierra". Los siete Espíritus denotan la plenitud de la actividad del Espíritu Santo en el mundo (siete es un número de plenitud). Aunque antes en el libro, el Espíritu Santo está regularmente delante de l Trono {cf. Apoc. 1:4; 4:5), en el capítulo 5 él es enviado a toda la Tierra. El envío del Espíritu Santo está directamente relacionado con la inauguración del ministerio de Cristo posterior al Calvario.

La obra del Espíritu Santo sobre la Tierra en conexión con la exaltación de Cristo al Trono celestial es significativa. De acuerdo con Juan 7:39, el Espíritu Santo "aún no había venido [...] porque Jesús no había sido aún glorificado". Pero, en su sermón de Pentecostés, Pedro explicó que la venida del Espíritu Santo a la Tierra era el resultado de la exaltación de Cristo al Trono celestial a la derecha de Dios (Hech. 2:32-36). La venida del Espíritu Santo en Pentecostés era la seguridad de que Jesús había aparecido ante el Padre y que su sacrificio había sido aceptado en favor de la humanidad. Después de esto, Jesús fue instalado en su ministerio posterior al Calvario como nuestro Rey y Sacerdote. Él es ahora nuestro Mediador en el Santuario celestial, y por medio de él los humanos caídos tienen acceso a Dios.

Cristo está ahora exaltado sobre el Trono del Universo e instalado en su ministerio pos-Calvario, y la obra del Espíritu Santo continúa aplicando su muerte victoriosa a la vida de los humanos y anuncia el Reino de Dios por toda la Tierra. Pentecostés señala el comienzo de la difusión del evangelio por todo el mundo, y su proclamación continuada es la expansión del reino al ganar los corazones humanos. Para quienes responden al evangelio, la gracia divina está disponible. Para los que rechazan el evangelio, las consecuencias son inevitables. Esto prepara el escenario para la escena de Apocalipsis 6: la apertura de los siete sellos.


Referencias

1 Richard M. Davidson, "Sanctuary Typology", en Symposium on Revelation-Book 1,

ed. Frank B. Holbrook, Daniel and Revelation Committee Series (Silver Spring,

Maryland: Biblical Research Institute, 1992), t. 6, p. 123.
Elena de Whit t. El Deseado de todas las gentes (Florida, Bs. As.: ACES, 1976), p. 773. George Eldon Ladd,A Commentary on theRevelation ofjokn (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1972), p. 81.

Elena de White, "MRN° 667 -Prophetic Interpretación", enManuscriptReleases (Silver Spring, Maryland: Ellen G. White Estate, 1990), t. 6, p. 7.

Adela Yarbro Collins, TheApocalypse, NewTestamentMessage22 (Collegeville, Minnesota: Liturgical Press, 1979), p. 39. Yarbro Collins, ibíd., p. 39.

El Nuevo Testamento está repleto de textos que afirman que, en su ascensión, Cristo se sentó a la derecha de Dios, y se le dio autoridad, poder y dominio universal (Rom. 8:34; Efe. 1:20-22; Col. 3:1; Heb. 10:12; 12:2; 1 Ped. 3:21, 22).