13 de Septiembre 2019
Florence Nightingale
“La dama de la luz”

Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida, Juan 8:12.
Audio


Florence Nightingale nació en Florencia, Italia en 1820, en un hogar pudiente. Creció en Inglaterra, y a los 17 años Dios la llamó a servir a los pobres y enfermos. En 1845, la ciudad donde vivía fue azotada por una epidemia de influenza, y Florence atendió a muchas personas afectadas. En ese tiempo se consideraba a las enfermeras damas de clase muy baja, un poco mejor que las prostitutas, pero Florence cambió ese concepto. Rompió su compromiso con su prometido de varios años, para dedicarse a atender a los enfermos.

A pesar de la oposición de su familia, Florence siguió preparándose para servir mejor a los enfermos. En 1853 aceptó el cargo, sin salario, de jefa de enfermeras en una institución de Londres para el cuidado de mujeres ricas, con la condición de que fueran admitidas pacientes afiliadas a cualquier iglesia, no solo a la Iglesia de Inglaterra. Florence rebajó el costo del tratamiento de las pacientes y mejoró la calidad de la atención.

En 1854, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Rusia, y el secretario de guerra, Sidney Herbert, envió a Florence con un grupo de enfermeras a atender el hospital militar de Scutari, en Turquía. Cerca de 18.000 soldados moribundos estaban alineados en cuartos y corredores. Las vendas eran apenas trapos ensangrentados, los alimentaban con sopas ralas y las condiciones sanitarias eran tales que el cólera y los piojos habían colonizado el lugar. Florence trabajó allí casi dos años. Ella y sus enfermeras bañaban a los soldados, lavaban la ropa de cama y les daban la mejor alimentación que podían. Estableció una cocina separada, costeada con su propio dinero, para la preparación de alimentos más nutritivos para sus pacientes; consiguió fuentes de agua limpia para beber y mejoró las condiciones sanitarias. Con su lámpara en la mano hizo tantas rondas a altas horas de la noche que se la conocía como “La dama de la lámpara”.

La abnegación de esta dama nos recuerda a Jesús, quien descendió de las mansiones celestiales a darnos ejemplo de compasión y amor hacia la humanidad, aunque sufrió adversidad y torturas indecibles.

Socorramos al que sufre, tal como Jesús y Florence Nithingale nos dieron ejemplo. –RC