11 de Septiembre 2019
Marie Durand
Resistid

Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.
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Muchas mujeres valientes fueron encarceladas en el siglo XVIII en la enorme torre llamada Tour de Constance, después de que el malvado rey Luis XIV de Francia revocara el Edicto de Nantes y condenara a tortura y muerte a millares de hombres y mujeres nobles de Francia. Las paredes de los calabozos tenían más de cuatro metros de grosor, y la escasa iluminación provenía de unas rendijas angostas. La hermana de un ministro martirizado vivió en esa prisión durante 36 años, desde 1730 hasta 1768, pero nunca se dio por vencida. Su nombre fue Marie Durand.

En 1768, cuando por fin algunas mujeres fueron puestas en libertad, alguien encontró la palabra “Resistir” esculpida en una de las piedras duras del suelo de un calabozo. Para identificarla había que arrodillarse y alumbrar con una linterna la piedra donde esa borrosa palabra apenas se podía leer. Se cree que fue grabada con una aguja, y que la grabó Marie Durand. Esa palabra debe haber ayudado a resistir el encierro y las condiciones terribles por las que pasaban día tras día y año tras año esas mujeres que confiaban en la verdadera libertad que solo Jesucristo les podía dar. Ellas no tenían Biblia ni libros para leer, estaban destituidas de todo; lo único que tenían era a Dios, quien las sostuvo y nunca las abandonó. Les dio la fortaleza de vivir un día a la vez, aferradas de la esperanza de aquel día cuando el Gran Libertador abriría no solo las puertas de esa cárcel infernal, sino las del cielo, para llevarlas a vivir allí para siempre. La salud de muchas mujeres se quebrantó y fallecieron en la prisión, pero su fe se mantuvo firme, esperando el regreso y la liberación de Jesús.

¡Es imposible comprender el sufrimiento de estos mártires! Al pensar en los millones de víctimas de todas las épocas que han pasado o están pasando por injusticias, siendo torturadas por su fe, no podemos menos que ver nuestras dificultades como pequeñas inconveniencias de la vida; que si bien es cierto, nos causan dolor y sufrimiento, no se comparan con las horrendas y espantosas situaciones por las que otras mujeres están pasando.

“Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones… ¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?” (1 Pedro 3:12,13). -RC