Eunice
16 de Noviembre 2019
Una fe no fingida - 2

Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice.
( 2 Tim. 1:5 )
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La más alta educación es la que imparte un conocimiento y una disciplina que conducen a un mejor desarrollo del carácter, y prepara el alma para aquella vida que se mide con la vida de Dios. En nuestros cálculos no debe perderse de vista la eternidad. La más alta educación es la que enseña a nuestros niños y jóvenes la ciencia del cristianismo, la que les da un conocimiento experimental de los caminos de Dios, y les imparte las lecciones que Cristo dio a sus discípulos acerca del carácter paternal de Dios” —CM, 45.

¡Cuánto sabía de esto Eunice! Seguramente, influida por su madre Loida, entendió que la mejor herencia que ella podía dejarle a su hijo Timoteo no era una mansión terrenal, ni oro ni plata, sino el conocimiento de Dios que se obtiene mediante el estudio sistemático y constante de la Escritura Sagrada.

Pablo, en su epístola al joven Timoteo, menciona su conocimiento temprano de la Escritura como una cualidad sobresaliente de este muchacho: “Persiste tú en lo que has aprendido y te has persuadido, sabiendo de quiénes lo has aprendido y que desde tu niñez has conocido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:14,15, RV15).

Los psicólogos entienden que hay algo innegable en la formación del carácter de un individuo: la influencia de la madre. La vida y la obra de Eunice se vio reflejada en la vida y la obra de su hijo, porque entendió la importancia de instruirlo en los caminos del Eterno. Sus enseñanzas acerca de Dios no fueron “teóricas”, sino de modelaje. Con su vida y ejemplo de fe enseñó a su hijo a conocer la voluntad de Dios y a depender de él.

Si como madre quieres darles lo mejor a tus hijos, dales un ejemplo de fe y amor al prójimo, y enséñales lo importante y fundamental de depender del Señor. Estudia la Biblia con ellos y ora por los desafíos de cada día. Enséñales a depender de Dios aun cuando las cosas vayan bien. Ellos no estudiarán ni orarán si no te ven hacerlo. -LCh