Hamutal
11 de Noviembre 2019
La educación materna

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios 22.6.
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“Un rey no mata a otro rey, pero la alevosía y la ruindad de este hombre no podían consentirse”. Fueron las palabras del sultán Saladino al rey Guido de Lusignan, después de ejecutar a Reinaldo de Chatillon. Fue como si le reclamara al difunto: “¿No estuviste cerca de un gran rey para seguir su ejemplo?” Ese gran rey fue Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén; para unos, “el cerdo”; para la mayoría, “el santo”. Balduino fue el rey mejor y más respetado en la época de los templarios (1095-1314). Reinó desde los trece años, y murió a los 24 (1161-1185 a.C.).

Lo mismo ocurrió con Josías y sus hijos. Hamutal fue una de las esposas del rey Josías, el mejor de su época. “No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas… ni después de él nació otro igual” (2 Reyes 23:25). Josías es recordado como el rey que volvió el corazón del pueblo hacia Dios, y reformó la adoración, pero su hogar no siguió su ejemplo.

Hamutal, como toda “ama de casa”, debía educar a sus hijos. Si una mujer no ejerce su papel de reina en el hogar, será su destructora. “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba” (Proverbios 14:1).

Los hijos de Hamutal, Joacaz (Salum) y Sedequías, reinaron después de Josías, su padre, pero hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y las consecuencias fueron muy tristes (ver 2 Reyes 23:31,32; 24:18-20; Jeremías 22:11,12; 1 Crónicas 3:14,15; 2 Crónicas 36). Quizá Hamutal los consintió y les permitió que siguieran sus inclinaciones; o tal vez fue una buena madre, pero sus hijos eligieron el mal camino.

Cualquiera que haya sido su realidad, la responsabilidad de toda madre es criar bien a sus hijos, porque “si no se instruye correctamente al niño en el hogar, Satanás lo educará por instrumentos elegidos por él. ¡Cuán importante es, pues, la escuela del hogar!” — CM, 103.

Amiga, si eres madre o estás a punto de serlo, pide sabiduría al Señor, e instruye a tu hijo en su camino (ver Proverbios 22:6). -LCh