Teresa de Calcuta
31 de Diciembre 2019

Un lápiz en la mano de Dios

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Salmo 19:1.


Hoy te despertó la luz del nuevo día, abriste los ojos y advertiste que tu corazón latía, aspiraste la frescura de la mañana mientras te levantabas para iniciar tus labores. Muchos otros no pudieron hacerlo, pero tú no lo consideras especial, porque siempre es así.

Eres muy privilegiada: Hoy tu Creador y Sustentador te ha dado la oportunidad de vivir. ¡Sí, estás viva!, y eso es un privilegio; pero cuando tenemos más privilegios, tenemos también más responsabilidades. Tu responsabilidad solo Dios la sabe, y tal vez tú. Puedes guiarte por las palabras de la Biblia que dicen: ‘Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios’ (Gálatas 2:20). También puedes hacer tuya esta metáfora: “Solo soy un pequeño lápiz en las manos de Dios’.

Esta frase fue dicha por una mujer menudita, pero con un gran propósito en la vida, una mujer que, según se cuenta, realizó cambios en el mundo con muy pocos recursos: Teresa de Calcuta.

Teresa nació el 26 de agosto de 1910. Durante más de 45 años atendió y cuidó enfermos, pobres, huérfanos y moribundos. En 1950 ella fundó una congregación llamada: Misioneras de la Caridad, la que se puso al servicio de los más vulnerables. En 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Me llama la atención que en muchas de sus frases ella habla de amor y de hacer cosas pequeñas, tan pequeñas como regalar una sonrisa, atender a quien nos necesita, extender una mano al caído, etc. Pero esas pequeñas cosas, durante una vida, hacen grandes diferencias.

Hoy te invito a dar gracias a Dios porque eres hija del Rey del universo, te da vida y estás de pie. En respuesta a ese privilegio, ¿qué te parece si decides ser ese “pequeño lápiz en las manos de Dios”? Los necesitados te lo agradecerán, y Dios será glorificado. –BR