1 de Diciembre 2010

Rahab

¿Encuentro cuestionable o cita divina?

Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.
Josué 2:1.


Un buen jefe militar procura conocer a su enemigo y su entorno. A casa de Rahab llegaron dos espías con un propósito oficial: "reconocer la tierra, y a Jericó". Debían explorar, examinar cuidadosamente, observar a sus moradores, informarse de sus capacidades y estrategias, sus puntos fuertes y sus puntos débiles, entregar un informe detallado sobre los moradores de Jericó y sus fortificaciones, y todo lo que pudiera ser útil para la conquista.

No era inusual que allí llegasen toda clase de hombres, por lo que les sería ventajoso entrar allí. Teniendo en cuenta que todo el pueblo de Jericó estaba alerta contra el pueblo hebreo que acampaba al otro lado del Jordán, no sería oportuno merodear por la ciudad a su antojo, como turistas. Sería menos sospechoso entrar en casa de una mujer conocida por sus servicios inmorales. Ellos no entraron solicitando los servicios de una prostituta. Fueron con un claro sentido de la misión que tenían por delante. Todavía recordaban la historia de cómo, cuarenta años antes, quienes llevaron un mal informe sobre Canaán fueron el impedimento para que Jehová cumpliera su propósito para con Israel.

La falta de recursos, la falta de educación, la baja estima propia, el ambiente familiar inestable, un sentimiento de inferioridad e impotencia, el trauma por haber sufrido abusos sexuales y de otro tipo, la falta de valores morales y el tráfico humano son algunas de las causas de la prostitución. La falta de instrucción religiosa acentúa la incapacidad de tomar decisiones sabias. Oremos por las víctimas de abuso, víctimas del tráfico humano, vendidas para sufrir la explotación sexual. Ellas viven un infierno interminable. Muchas perecen intentando salir. ¿Las otras encontrarán en mí, en ti, el amor y la compasión de Cristo?

Rahab vivía en Jericó, donde abundaban los recursos. También abundaban la idolatría y los excesos sexuales. No sabemos qué la llevó a una vida de esa índole. No nos incumbe juzgarla. Nos corresponde aprender de su historia y extraer lecciones útiles para nuestra vida espiritual.

Los espías procuraron pasar inadvertidas, entrando a casa de Rahab. ¿Fue ese un encuentro cuestionable? ¿No los habrá llevado allí la misma mano de Dios? Recuerda: sus pensamientos son siempre más altos que los nuestros. -RL