12 de Septiembre 2019
El llamado de los discípulos
 Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:13).

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Al establecer las bases de la iglesia, Jesús llamó a doce hombres para que fueran sus discípulos más próximos. Con ese número, confirmó que sus planes no habían cambiado, solamente sus representantes. Originalmente, Dios estableció a doce patriarcas, que después organizaron doce tribus. Al elegir a doce apóstoles, él dejó claro que seguía buscando salvar al mundo por medio de sus representantes.

Sin embargo, antes de esa elección pasó la noche orando, para dejarnos el ejemplo de que antes de una gran decisión es necesario pasar un gran tiempo en oración. Aunque pareciera que sus elegidos no eran los mejores, él llamó, aceptó y amó a cada uno de ellos. Estos fueron algunos de los escogidos.

Felipe. Escuchó la predicación de Juan el Bautista, pero tenía dudas sobre la divinidad de Cristo. Consiguió ver en él solamente a “Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45).

Juan. Era conocido como “el hijo del trueno” por tener un fuerte temperamento. Además de esto, él y su hermano, Santiago, eran ambiciosos.

Pedro. Era sincero en su búsqueda, pero muy impulsivo. Hablaba y actuaba sin pensar, y esto produjo muchas situaciones difíciles.

Judas. Se ofreció para ser discípulo, y Jesús lo aceptó. A pesar de conocer la avaricia que él tenía, Jesús le dio las mismas oportunidades que a los demás.

¿Por qué Jesús eligió a hombres con tantas fallas como ellos? Según dice Elena de White: “Como representantes suyos entre los hombres, Cristo no elige ángeles que nunca cayeron, sino a seres humanos, hombres de pasiones iguales a las de quienes tratan de salvar” (El Deseado de todas las gentes, p. 263). Al elegir a cada uno de los apóstoles, Jesús pensaba en cada uno de nosotros. Él los eligió para decirte: “Yo llamé, acepté y amé a los Doce porque quiero hacer lo mismo contigo”.

Los discípulos fueron transformados cuando entregaron completamente su vida a Cristo. Juan dejó de ser el “hijo del trueno” y pasó a ser el “discípulo amado”. Pedro se entregó en el camino al Calvario, cuando la mirada de Jesús lo encontró. Felipe se entregó antes de Pentecostés. Judas, lamentablemente, nunca se entregó de manera completa: y aunque había sido aceptado en el grupo de los discípulos, terminó perdido. ¿Y tú? ¿Ya entregaste tu vida de manera integral al control de Cristo?