30 de Noviembre 2019

La verdad con amor

“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder,
y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo;
porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”
(Apocalipsis 12:10).

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Ya debes haber visto personas que andan siempre con cara de tristeza y sufrimiento. Viven en crisis con su fe. Lamentándose por sus pecados o marcando los errores de los otros. Creen que esos sentimientos vienen del Espíritu Santo; pero están engañadas. pues esa obra es del acusador, quien fue expulsado del cielo. El objetivo del Espíritu Santo no es oprimirnos con nuestros pecados, sino liberarnos de ellos.

No podemos cumplir la misión usando los métodos del acusador. Somos representantes del Consolador, y no defendemos nuestras creencias con hostilidad. Vivimos en un tiempo de intolerancia religiosa. En nombre de la fe se ejecutan actos terroristas; las personas son agredidas o muertas por cambiar de religión; miembros, líderes e iglesias utilizan palabras agresivas y de bajo nivel para “defender” sus intereses; confesiones que se dicen representantes de Dios no son capaces de respetar sus diferencias.

Soy un adventista del séptimo día convencido, y no dejo de lado mis creencias; pero reconozco que cada persona tiene el derecho de asumir su elección religiosa. Si Dios nos creó con libre albedrío y respeta nuestras decisiones equivocadas, ¿cómo deberíamos actuar en relación con aquellos que no comparten nuestros valores espirituales? Nuestra función es llevar esperanza y salvación, nunca enfrentamiento y agresión. Debemos siempre presentar el mensaje bíblico con equilibrio y con amor.

Las personas están buscando primero un pedazo de nuestro corazón, para después recibir una porción de nuestro cerebro. El pastor Dwight Nelson cuenta que vio a una niña en la calle temblando de frío, que vestía un vestido delgado, y tenía hambre. Se enojó con Dios y le dijo: “¡Señor! ¿Por qué permites esto? ¿Por qué no haces alguna cosa para solucionar ese problema?” Esa misma noche, entendió la respuesta divina: “Es claro que ya he hecho algo: ¡te he creado!” Entonces, el pastor Nelson concluye: “Muchos se quedan pensando por qué Dios no actúa; y Dios se queda pensando por qué tantos que pertenecen a su pueblo no le dan importancia”. Tal vez tengamos que orar más veces así: “Señor, perdónanos las veces que miramos al mundo con nuestros ojos indiferentes” (Frank Laubach).

No podemos olvidarnos de que estamos en guerra, y que nuestra arma más poderosa debe ser el amor.