17 de Noviembre 2019
Acceso
"Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia"
(Hebreos 4:11).

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E1 libro de Hebreos es un gran argumento en defensa del cristianismo. Sus trece capítulos presentan a Cristo como el nuevo, el
último y el superior Sumo Sacerdote. Su lectura es fundamental para quien desea tener una visión más clara de la salvación y del ministerio de Cristo en el Santuario celestial.

Su contenido es rico y muy bien elaborado. Sin embargo, la esencia de su mensaje, de acuerdo con Mark Finley, puede ser bien representada por la palabra acceso. A fin de cuentas, la vida, la muerte, la resurrección y el ministerio sacerdotal de Cristo nos dan acceso a tres bendiciones especiales, presentadas en el libro.

Acceso al perdón en Cristo. Podemos ir a él con confianza "para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:16). El Hijo de Dios se transformó en Hijo del hombre y nos entiende mejor que nosotros a nosotros mismos. Él se identificó con nuestras necesidades y debilidades; por eso podemos dejar en sus manos el peso de nuestra culpa, para recibir la paz de su gracia y la bendición de su perdón.

Acceso a la presencia de Cristo. Por la fe, podemos "asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo" (6:18,19). Él nos lleva a su presencia, "hasta adentro del velo", haciendo posible lo que ningún hebreo alcanzaría por medio de sus rituales religiosos. Tenemos un Dios presente que nos ofrece una esperanza real, que es "ancla del alma" y nos da estabilidad en las tempestades de la vida. No importa la dimensión de la crisis, en su presencia el corazón encuentra seguridad.

Acceso al poder de Cristo. Su ministerio en el Santuario cefestial "puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos" (Heb. 7:25). No recibimos meramente el perdón de los pecados, sino especialmente el poder para enfrentar las tentaciones del presente y la seguridad de la victoria completa en el futuro. "Jesús ama vernos ir a él tal como somos: pecadores, impotentes, dependientes. Podemos ir con todas nuestras debilidades, locuras y maldades, y caer arrepentidos a sus pies. Es su gloria estrecharnos en los brazos de su amor y vendar nuestras heridas, limpiarnos de toda impureza" (El camino a Cristo, p. 46).

"El iniciador y perfeccionador de nuestra fe" (Heb. 12:2, N VI) está intercediendo permanentemente por ti y ofreciéndote acceso a los recursos ilimitados del Cielo. ¿Por qué no recurrir a él en la lucha contra el pecado y contra el mal?