16 de Noviembre 2019
Sacrificio para salvar
“Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos”
(2 Corintios 12:15).
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Cuando vino al mundo, Jesús pagó un alto precio por nuestra salvación. Según Isaías: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isa. 53:3). La presión fue grande; el dolor, terrible; el peso, insoportable; pero ¡él no se rindió! Avanzó en dirección a la Cruz con confianza, porque entendía el resultado de su sacrificio.

Frente a esto, Elena de White nos ayuda a reflexionar: “¿Cómo podremos ser estimados dignos de entrar en la ciudad de Dios si no estamos dispuestos a consentir verdaderos sacrificios para salvar a las almas que están por perecer?” (Joyas de los testimonios, t. 3, p. 372). Así como Cristo, necesitamos “gastar y dejarnos gastar”, pagando el precio necesario para compartir la salvación con más personas.

Necesitamos llevar a las personas a Jesús y librarlas del enemigo. El precio de eso es alto, pues llevamos a las personas a que comprendan la esencia del Gran Conflicto, y el enemigo nunca queda satisfecho con eso.

Así como Jesús pagó el precio en la Cruz, también necesitamos estar dispuestos a sufrir por aquellos que queremos salvar. Tal vez sea necesario enfrentar el riesgo del rechazo, el chasco, la incomprensión, el desprecio, y hasta la persecución. Como el Salvador no permitió que el sufrimiento lo apartara del plan de Dios, también necesitamos permanecer firmes frente a las dificultades.

Las palabras de Elena de White nos ayudan a entender el costo de nuestro llamado: “Dios tendrá hombres que aventurarán cualquier cosa para salvar almas. […] Debe haber ahora obreros que avancen en las tinieblas así como en la luz, y que perseveren valientemente bajo los desánimos y los chascos, trabajando aun con fe, con lágrimas y paciente esperanza, sembrando a lo largo de todas las aguas, confiando en que el Señor producirá el crecimiento. Dios llama hombres de fibra, de esperanza, de fe y de resistencia para trabajar con este propósito” (El evangelismo, p. 65).

No desistas frente a personas que no aceptan a Jesús de la manera o en el tiempo que a ti te gustaría. Continúa trabajando en favor de ellas con sacrificio, dedicación y oración.

Jesús hizo todo lo que era necesario para tu salvación. Como respuesta, “gástate y desgástate” por la salvación de los demás.