6 de Diciembre 2019

El hombre más honesto de la ciudad

"No hurtarás" (Éxodo 20:15).

E1 pionero adventista José Bates nunca midió esfuerzos ni perdió ninguna oportunidad para presentar la verdad a las personas.

En 1852 Dios le mostró, en sueños, que debería llevar el mensaje a Battle Creek, una villa en el interior de Michigan, Estados Unidos. Como no conocía a nadie allí, oró a Dios y sintió una impresión tan clara como si estuviera escuchando una voz: "Ve inmediatamente y pregúntale al agente del correo quién es el hombre más honesto de la ciudad". Bates obedeció.

Sin dudarlo, el agente del correo le respondió: "El hombre más honesto de la ciudad es David Hewitt". Entonces Bates fue hasta la casa de Hewitt. Se identificó, lo invitaron para el desayuno y le dijo que tenía un mensaje para presentar a la familia. Hewitt lo invitó a dirigir el culto matinal, que terminó durando todo el día. Hasta las cinco de la tarde estudiaron sobre el sábado y el tercer mensaje angélico. La familia se convirtió, y así se transformaron en los primeros adventistas de Battle Creek.

La honestidad debería ser la marca de un verdadero cristiano. No podemos conformarnos con la fuerza de la corrupción ni aceptar la ganancia fácil, aquella que cambia los valores morales por los intereses personales.

Podemos comprender la honestidad por medio de tres principios:

1. Propiedad privada. Si algo no es mío, no puedo usarlo sin autorización.

2. Buena administración. Debo usar correctamente las cosas, el tiempo y las circunstancias. En fin, todo lo que está bajo mi

control.

3. Justicia. Involucra no sacar ventaja, ser correcto en la atribución de las tareas y no aprovecharme de las personas.

Se está haciendo cada vez más extraño encontrar una persona honesta. Por eso, Elena de White hace un llamado: "La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas [...] hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos" (La educación, p. 57).

La honestidad es una de las marcas de los cristianos genuinos. Por medio de ella, podemos testificar de manera efectiva sobre nuestra esperanza. David Hewitt fue el hombre más honesto de Battle Creek y, gracias a eso fue alcanzada aquella ciudad. Compórtate con honestidad en todas las áreas de tu vida, y conducirás a muchas personas a la ciudad celestial.