1 de Diciembre 2019

Osadía en la misión

"Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte"
(Apocalipsis 12:12).



El inicio de la obra adventista en el Paraguay es resultado del evangelismo familiar. En 1898, algunos adventistas de la Argentina y del Uruguay enviaron literatura a sus parientes que vivían en aquel país. Varios aceptaron el mensaje en Colonia Nacional y solicitaron que un misionero los fuese a visitar, para enseñarles más sobre la Biblia.

En 1900, Elwin W. Snyder y su familia fueron enviados al Paraguay en un tiempo en que los medios de locomoción y de comunicación eran difíciles. En 1901, cinco personas fueron bautizadas en Colonia Nacional, y en 1903 se organizó la primera iglesia en Encarnación, con 14 miembros.

El trabajo avanzó. Y la historia de la obra en el país fue marcada por el sacrificio y la fidelidad. Un ejemplo importante es lo que ocurrió en 1910 con un dedicado líder de la iglesia, conocido como hermano Flores, que viajaba acompañado por su esposa y un matrimonio más a visitar la iglesia de Villa Rica. Durante todo el trayecto mantuvieron la Biblia y el himnario en las manos.

En medio del camino encontraron una procesión. Con gritos de ira, la multitud les ordenó que tiraran las Biblias al suelo para pisotearlas, amenazándolos de muerte. Eso no intimidó al hermano Flores ni a quienes estaba con él. No negaron su fe.

De pronto, uno de los participantes de la procesión sacó un cuchillo e hirió al hermano Flores. Tambaleando, cayó en el suelo sangrando; pero aun así mantuvo la Biblia en la mano. En brazos de su esposa, dijo sus últimas palabras: “Sé fiel. Yo muero por Cristo”. La sangre del hermano Flores fue como semilla para el crecimiento de la obra adventista en el Paraguay.

Los tiempos cambiaron, y las pruebas hoy son otras. Muchas veces, la fidelidad no nos cuesta la vida, pero sí el empleo, la graduación, la relación o la realización de un sueño. Elena de White declara: “Mientras más cerca lleguemos al fin de la historia de esta Tierra, más engañosos e insidiosos serán los ataques del enemigo. Sus ataques se harán más violentos y más frecuentes” (Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.111).

Aunque las pruebas sean otras en nuestro tiempo, la recompensa para la fidelidad continúa siendo la misma. El cielo valdrá cualquier renuncia.

Sé fiel a toda prueba, y se colocará la corona de la vida eterna sobre tu cabeza cuando Jesús regrese.