Lección 9- MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

TEXTOS CLAVE: HECHOS 16:6-10; 18:9, 10.

ENSEÑA A TU CLASE A:

BOSQUEJO DE LA LECCIÓN:

I. Saber: Una asociación emocionante

II. Sentir: Nunca solos

III. Hacer: ¡Anda!

Resumen: Saber que somos colaboradores de Dios puede alejarnos del miedo o de la falta de confianza y darnos coraje para compartir el evangelio. Además, a partir del registro de los viajes misioneros de Pablo, podemos aprender principios sobre cómo compartir.

CICLO DE APRENDIZAJE

Texto destacado: Hechos 16:1-4, 22-24. Concepto clave para el crecimiento espiritual: El segundo viaje misionero de Pablo merece nuestra atención por al menos dos razones: (1) el hecho de que haya seguido trabajando en circunstancias extremas es motivador, y (2) la forma en que ministraba a diversas audiencias es instructiva.

1: ¡Motiva!

Solo para los maestros: El segundo viaje misionero de Pablo está lleno de una fascinante variedad de experiencias: exorcismos, testimonios silenciosos a orillas del río, azotes, conversiones, rechazos, evangelización pública, encarcelamiento, ataques caóticos de la multitud y otras. Hay una tendencia a evaluar la presencia de Dios y su voluntad en nuestra vida sobre la base de un espectro de buenos o malos resultados. La crónica de las hazañas de Pablo desafía esa noción y muestra que nosotros, al igual que Pablo, podemos estar en el centro de la voluntad de Dios y, sin embargo, a la vez experimentar desafíos terribles y sufrimiento total.
Comparte la siguiente historia, y luego subraya que, por más que nos guste vernos como el anciano sabio, instintivamente respondemos como los vecinos.

Diálogo inicial: Una antigua parábola nos cuenta de un anciano cuyo caballo escapó de sus establos. Sus vecinos fueron a consolarlo. “Qué mala suerte”, se lamentaron. Pero el anciano no pareció afectado y respondió: “No sé si es algo malo o bueno”. Un poco confundidos, los vecinos se fueron a su casa. Más tarde, los vecinos volvieron al enterarse de la noticia de que el semental que se escapó había regresado, trayendo consigo una manada de caballos que llenaron los compartimientos del establo del anciano. “Tienes una suerte impresionante”, dijeron los vecinos, entusiasmados. El anciano volvió a reflexionar: “Si es algo malo o bueno, no puedo decirlo”. Una vez más, los vecinos se fueron a su casa, solo para regresar más tarde a consolar al hombre porque su hijo se había lastimado el pie al montar uno de los caballos nuevos. Los vecinos y el anciano intercambiaron las mismas reflexiones metafísicas que antes sobre el último acontecimiento. Finalmente, el ejército local pasó por la ciudad, obligando a todos los jóvenes físicamente aptos a sumarse a ellos en un peligroso ataque tribal. El hijo del anciano quedó exento debido a su lesión. Los vecinos una vez más regresaron y felicitaron la buena suerte del anciano, pero por supuesto, se encontraron de nuevo con una sabiduría que no poseían.

Preguntas para analizar:

1. Imagina que eres compañero de Pablo y que tienes la mentalidad de los “vecinos”. ¿Cuánto tiempo piensas que durarías en cualquiera de sus viajes misioneros? 2. ¿Tenemos que suavizar nuestra descripción del carácter de Dios para dar cabida al hecho de que él permitiera que Pablo sea despojado y azotado con varas (Hech. 16:22)?

2: ¡Explora!

Solo para los maestros: Esta lección aborda dos temas relativamente diferentes en la experiencia de Pablo:

Comentario de la Biblia

I. Eliminación de obstáculos innecesarios
(Repasa, con tu clase, Hech. 16:1-5.)

La ironía es notoria al pasar del veredicto sobre la circuncisión en el concilio de Jerusalén (Hech. 15:19, 20) a la próxima mención de la circuncisión (Hech. 16:3). Con una carta que anula la necesidad del rito pactual en una mano, y un instrumento cortante en la otra, Pablo realiza la circuncisión de Timoteo. La razón que da es: “por causa de los judíos” (Hech. 16:3). Una cosa era liberar a los gentiles creyentes de la circuncisión, pero liberar a los judíos del antiguo rito era una cuestión totalmente diferente. Por otro lado, Pablo personalmente considera que la circuncisión no es un problema, y repite en varias cartas que ni la circuncisión ni la incircuncisión “vale[n] nada” (1 Cor. 7:19; Gál. 5:6, 6:15). Sin embargo, Pablo por cierto no quiere tener fama de ser quien les haya dicho a los judíos “que no circunciden a sus hijos” (Hech. 21:21).
Pero justo aquí, en el nexo de la convicción teológica y la práctica misionera, Pablo muestra que siempre es consciente y considerado con las convicciones de su audiencia. Con un supuesto reconocimiento de lo que es esencial y lo que no, Pablo invoca un criterio de infracciones en una serie de cuestiones. Pablo y Timoteo sin duda creen que la circuncisión es innecesaria, pero para no ofender a su audiencia cumplen con convicciones distintas de la suya. ¿Deberíamos consumir alimentos ofrecidos a los ídolos? Teológicamente, Pablo sabe que “un ídolo nada es” y admite que no somos “más” si comemos ni “menos” si nos abstenemos de ese alimento (1 Cor. 8:4, 8). Sin embargo, no todos los cristianos están convencidos; entonces, Pablo explica que no es lo que uno come, sino con quién comes, lo que se vuelve determinante (Rom. 14).
Ser sensible a la conciencia ajena, no ejercer sus propias convicciones de manera unilateral, no ser un obstáculo: estas son las consideraciones que sustentaron el ministerio eficaz del apóstol Pablo.

Considera: Timoteo también merece reconocimiento. Fue él quien soportó el verdadero dolor físico por el simple hecho de no ofender a los demás judíos. ¿De qué otras formas podemos seguir el ejemplo de Timoteo hoy?

II. Encontrar la Providencia en el caos
(Repasa, con tu clase, Hech. 18:9, 10; 2 Cor. 11:16-29.)

Indudablemente, Dios acompañó a Pablo durante sus viajes misioneros.
Si Pablo hubiera tenido alguna duda, esta se habría disipado ante la aseveración visionaria de Dios, “yo estoy contigo”, que Pablo recibió en Corinto (Hech. 18:10). Esta construcción sin adornos de que Dios está “con” alguien es un sello distintivo de la intimidad y la providencia divinas. Los “patriarcas” abusaron de José, el hijo de Jacob, pero Esteban asegura que “Dios estaba con él” (Hech. 7:9). La explicación de Pedro a Cornelio y su familia acerca del milagroso poder sanador y de las buenas obras de Jesús fue que “Dios estaba con él” (Hech. 10:38). Como hito del Nuevo Testamento, Jesús viene como Emmanuel, es decir, “Dios con nosotros” (Mat. 1:23), y prefigura el eterno cielo nuevo y la nueva Tierra, donde “Dios mismo estará con ellos” (Apoc. 21:3).
Pero ¿qué se puede esperar de una vida “con Dios”? Esa asociación, ¿conlleva protección especial, conducción divina o paz interior? Tal vez los tres, pero ten en cuenta lo que Pablo incluyó en su resumen de su ministerio “con Dios”: cinco azotes, cada uno con cuarenta latigazos menos uno; o dicho de otra manera, doscientos latigazos menos cinco, que hacen un total de 195 latigazos; tres palizas con varas; un apedreamiento; tres naufragios, incluyendo una noche y un día a la deriva en el mar; peligros varios; insomnio; hambre; sed; frío y desnudez (2 Cor. 11:24-27). Y, finalmente, el martirio.
La extensa descripción de la vida de Pablo en Hechos, una vida que es sabido que estaba bajo el cuidado de Dios, nos brinda la oportunidad de alinear debidamente nuestras expectativas del servicio cristiano con la realidad de una vida “con Dios”. Primero, debería observarse que el profundo sufrimiento de Pablo no niega el cuidado protector personal de Dios. Lamentablemente, en la mayoría de los casos desconocemos los hechos que Dios impide. Es interesante notar que Dios le prometió a Pablo en Corinto: “Ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal” (Hech. 18:10). El hecho de permitir que se sanaran las heridas de Pablo recibidas en Filipos y proporcionara un alivio psicológico de las (según los estándares actuales) torturas muestra que Dios puede poner límites al sufrimiento (comparar con Job 1:12, 2:6).
En segundo lugar, el sufrimiento puede servir para propósitos superiores. Las palizas y el encarcelamiento de Pablo en Filipos llevaron a la conversión de un anónimo carcelero romano y su familia. Además, las aflicciones de Pablo pusieron en marcha una cadena de acontecimientos que llevó a los magistrados romanos a pedirle disculpas a un apóstol cristiano (Hech. 16:39). De hecho, el César le rindió homenaje a Cristo. Por último, el sufrimiento puede servir para autenticar nuestro compromiso con Cristo.
Pablo relata una letanía de padecimientos que soportó al defender su ministerio contra los ataques de falsos apóstoles (2 Cor. 11:13-29). Hablar es fácil, y la profesión religiosa puede ser efímera. Jesús predijo que los oyentes de los “pedregales”, que de inmediato reciben con gozo la “palabra del reino”, pueden “tropezar” fácilmente cuando surge la aflicción o la persecución (Mat. 13:19-21). A la inversa, las tribulaciones constantes servirían para poner a prueba la autenticidad. Pablo pasa la prueba y, por la gracia de Dios, nosotros también lo haremos.

Pregunta para dialogar: ¿Cómo le responderías a alguien que creyó que las pruebas fueron el resultado del desagrado de Dios?

3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: El dolor y el sufrimiento en el mundo es el hecho número uno que se utiliza para negar la existencia de Dios. Aunque los cristianos quizá no sucumban a ese argumento exactamente, igualmente pueden negar la presencia de Dios en su vida a causa del dolor y el sufrimiento. Comunícale a la clase que el sufrimiento es un tema complejo y que no deberíamos apresurarnos a asumir que el sufrimiento supone que Dios nos abandonó.

Pregunta de aplicación: ¿Cuántas razones para el sufrimiento se te ocurren, y cómo interviene Dios en cada caso?

4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Si hay buena predisposición, fomenta un ambiente de vulnerabilidad en el que te ofrezcas en primer lugar para realizar la actividad siguiente. Actividad: Comparte una experiencia personal de sufrimiento que ahora ves de manera diferente a la luz de la providencia de Dios.