CAPÍTULO 7
EL PRIMER VIAJE MISIONERO DE PABLO (HECHOS 13:1-14:28)

"Por tanto, hermanos, sepan que por medio de Jesús se les anuncia a ustedes el perdón de los pecados. Ustedes no pudieron ser justificados de esos pecados por la ley de Moisés, pero todo el que cree es justificado por medio de Jesús" (Hech. 13:38,39, NVI).


El valle de Angrogna, ubicado en la región alpina del Piamonte, Italia, es uno de los cuatro valles principales que integran el hogar histórico de los valdenses. Recordados por su dedicación y perseverancia, la lealtad incansable a la Escritura frente a crueles persecuciones continúa inspirando. En la parte más alta del valle yace Pra del Torno, el villorrio más aislado en las alturas rocosas de Angrogna. Hasta mediados del siglo veinte, angostas gargantas solo permitían bajar en muía hacia el final del valle.

Este aislamiento hizo que los valdenses eligieran Pra del Torno como su lugar de refugio y resistencia final durante la persecución del gobierno de Saboya. Por esta misma razón, Pra del Torno fue el lugar de adiestramiento para los barba, los pastores y misioneros valdenses. En la parte superior del caserío todavía permanece en pie un rústico edificio de piedra donde se cree que una vez existió el Colegio de los Barba, entre los siglos XIV y XVI.

Entrando en la antigua estructura, tratando de penetrar la débil luz del interior, es posible imaginarse a los "barba" estudiando alrededor de una gran mesa de piedra. Una Biblia, su único libro de texto, todavía se encuentra abierta como un testimonio de su fe y dedicación. De este lugar, después de tres o cuatro años de estudio salían los estudiantes durante el invierno. Después de una consagración, se embarcaban en su peligroso viaje, generalmente de a dos personas. Su misión a menudo duraba el resto de sus vidas, hasta que quedaban exhaustos o eran martirizados. Al hacer esto, seguían en los pasos de Pablo, abrazando la misma misión que él había recibido de Cristo.1

Hechos registra tres viajes misioneros de Pablo a los gentiles. El primero (capítulos 13 y 14) fue el más breve, tanto en tiempo como en distancia. No obstante, este viaje marcó su lanzamiento oficial como misionero a los gentiles, y en especial, hizo que la iglesia atendiera al problema de los gentiles más completamente que en el caso de Cornelio. Esto demostró ser el mayor desafío que enfrentó Pablo en todo su ministerio.

EL EVANGELIO EN ANTIOQUÍA

Aunque había recibido su apostolado y su asignación misionera directamente de Jesucristo, la misión de Pablo a los gentiles está indisolublemente vinculada con la iglesia de Antioquía de Siria, el primer centro cristiano y el más importante fuera de Jerusalén. Antioquía, a unos 480 kilómetros (trescientas millas) al norte de Jerusalén, era la capital de la provincia romana de Siria y la tercera ciudad en tamaño en el imperio, después de Roma y Alejandría. Su población, de ochocientos mil habitantes, era mixta, e incluía un gran número de judíos que gozaban de todos los derechos. Josefo alaba la belleza de su gran sinagoga, cuyos servicios atraían a una multitud de gentiles que se habían incorporado a la comunidad judía como prosélitos.2 Nicolás, uno de los conversos en Pentecostés y el último en la lista de los Siete, era un prosélito de Antioquía (Hech. 6:5).

La iglesia fue establecida allí como resultado de la persecución que siguió a la muerte de Esteban. Lucas afirma que algunos de los creyentes helenistas de Jerusalén huyeron hacia el norte, donde probablemente establecieron congregaciones en Tolemaida, Tiro y Sidón (Hech. 21:3, 4, 7; 27:3). Desde esos puertos, algunos navegaron a Chipre y otros a Antioquía de Siria. Por causa de su predicación a los judíos en Antioquía, comenzaron a hacer incursiones también a los gentiles. Antes de mucho, estos creyentes helenistas también estaban predicando, y muchos aceptaron la fe (Hech. 14:21).

Por este tiempo, Pablo ya había estado en Tarso por varios años (cf. Hech. 9:30), aparentemente trabajando solo entre judíos y gentiles (cf. Hech. 22:21), con alguna medida de éxito (cf. Hech. 15:41). Sin embargo, no hay información adicional acerca de este período de ministerio, así que este informe de Antioquía es el primero que tenemos de gentiles que se unían a la fe en gran escala. Esto explica por qué razón la primera congregación cosmopolita cristiana se formó en esta ciudad.

La noticia de tales acontecimientos llegó a los dirigentes de la iglesia en Jerusalén, y Bernabé fue enviado para investigar (vers. 22). Las actitudes pudieron no haber sido hostiles en este punto, pero en el horizonte había cambios dramáticos, dando origen a uno de los capítulos más difíciles en la historia de la iglesia primitiva.

Bernabé, judío helenista de Chipre, tuvo posibles conexiones con chipriotas que habían llegado a Antioquía (Hech. 11:20). Cualquiera haya sido la asignación específica que le dieron, él notó oportunidades para el avance del evangelio, entonces fue a ver a Pablo en Tarso, sintiendo que podría ser de ayuda vital (vers. 25). El año que pasaron juntos vio grandes multitudes, mayormente de gentiles que escuchaban y aceptaban el evangelio. La etapa final de la comisión de Jesús en Hechos 1:8 estaba en pleno avance. Aquí, en Antioquía, los creyentes fueron llamados "cristianos" (Hech. 11:26) por primera vez, un término no tan geográficamente restringido como "nazarenos", que se usó inicialmente en círculos judíos (cf. Hech. 24:5).

Con los apóstoles todavía ubicados en Jerusalén, la Antioquía de Siria finalmente ocupó un lugar de honor en la historia de la iglesia, siendo reconocida como lugar de nacimiento de las misiones cristianas. El celo misionero de aquellos que primero predicaron el evangelio allí fue tal que siguió reverberando entre los nuevos creyentes. Elena de White alaba esta fortaleza del cristianismo primitivo, cuando afirma que "todo verdadero cristiano ha de poseer un espíritu misionero".3

Después de un año completo de evangelización local, el equipo de Bernabé y Pablo, todavía bajo el liderazgo de Bernabé (Hech. 3:1,2,7), fue enviado por la iglesia en un viaje misionero por tierras extranjeras. En la primera parte del viaje fueron acompañados por Juan Marcos, primo de Bernabé. Esta es la primera empresa misionera en Hechos que es intencional y cuidadosamente concebida; no obstante, Lucas hace claro que Dios fue quien tomó la iniciativa (Hech. 13:2). Él actúa por medio de decisiones humanas, pero la historia de la salvación sigue un plan superior, concebido en el corazón y la mente de Dios (cf. 2:23; 4:27,28; 13:36).

Su primer destino fue la isla de Chipre, una provincia romana en el rincón noreste del Mar Mediterráneo y no lejos de Antioquía. Chipre pareció un lugar natural para comenzar porque no solamente Bernabé era natural de allí, sino además la población judía local era lo suficientemente grande como para sostener varias sinagogas. Estos centros de adoración podían usarse como foros para predicar el evangelio tanto a judíos como a gentiles. Además, el evangelio ya se había introducido en la isla con los judíos helenistas de Jerusalén refugiados allí (Hech. 11:19,20), abriendo el camino para más obra misionera.

De Chipre, Bernabé y Pablo navegaron hacia el noroeste a Perge, ubicada en Panfilia, en la costa sur central del Asia Menor (hoy Turquía). De allí siguieron, ahora por tierra, a Antioquía de Pisidia, ciudad principal en Frigia, luego a Iconio, todavía en Frigia (Hech. 13:51), y finalmente a Listra y Derbe, en Licaonia (Hech. 14:6). De acuerdo con las divisiones políticas de la época, estas cuatro ciudades formaban parte de la provincia de Galacia, a la cual Pablo escribiría una de sus cartas principales un tiempo más tarde. Después de Derbe, los misioneros volvieron sobre sus pasos a Perge, y luego a Antioquía de Siria (vers. 25,26).

Todo el viaje parece haber durado más de dos años, pero realizaron mucho aun cuando recorrieron solo unos dos mil kilómetros (1.200 millas) (cf. Hech. 13:49, 52; 14:1,3, 6, 7, 21, 25). La movilidad era esencial para gobernar el vasto imperio, y bajo el dominio romano las condiciones de los viajes fueron mejores que en cualquier otro período de la historia humana antes del siglo XIX.4 La mayor parte del imperio estaba en paz, con mínima actividad militar: la así llamada pax romana ("paz romana"). El Mediterráneo, que había tenido una larga historia de piratería y correrías, era ahora un lugar seguro para viajar. Unos 85 mil kilómetros de caminos, puentes y túneles comunicaban a todo el imperio, desde Escocia hasta la Mesopotamia. Algunos de ellos siguen en uso hasta hoy, testificando de la calidad de la ingeniería romana.

PABLO Y LA SINAGOGA

Sin embargo, viajar en tiempos romanos no era algo sin desafíos. El viaje por mar, preferible por ser más económico y menos agotador que el viaje por tierra, estaba sujeto a la disponibilidad de barcos de carga que viajaran en la ruta deseada. También había tormentas que afrontar, y peligro de naufragio, especialmente durante el invierno (cf. Hech. 27:9-44; 2 Cor. 11:25). En cuanto a los viajes por tierra, había la posibilidad de ser asaltado por ladrones, debido a la escasa protección fuera de las ciudades (cf. vers. 26) y la dificultad de encontrar un lugar decente para dormir por la noche. El cursus publicus ("camino público"), una red de estaciones pertenecientes al Estado, eran usados por los correos y los servicios de transporte, y era una opción para los viajeros ricos, mientras que las posadas comunes no siempre gozaban de buena reputación, tanto en calidad como en moralidad. Dormir junto al camino era, a veces, la mejor opción, lo que ayuda a comprender por qué la hospitalidad es fomentada en el Nuevo Testamento (Rom. 12:13; i Tim. 3:2; 5:10; Tito 1:8). En el caso de los obreros del evangelio, sin duda ellos apreciaban altamente este don espiritual (Rom. 15:24).S


LA ENFERMEDAD DE PABLO EN GALACIA

Pablo dice en Gálatas 4:13 que fue "a causa de una enfermedad del cuerpo" que "os anuncié el evangelio al principio", en Galacia. La construcción gramatical "a causa de" (día con acusativo) no puede ser suavizada como para decir sencillamente que el apóstol enfermó en algún momento de su primera visita allí, sin importar cuán seria haya sido la enfermedad. No obstante, no es claro cómo el problema físico de Pablo llegó a ser la razón de su predicación del evangelio a los gálatas.

Es difícil de identificar la clase de enfermedad que afligía a Pablo. La mayoría de los intérpretes alegan que su famosa "espina en la carne", que le fue dada para mantenerlo humilde (2 Cor. 12:7), se refiere a la misma situación, por causa de la metáfora que usa enseguida, la de que los gálatas estaban dispuestos a sacarse los ojos y dárselos a él (Gál. 4:i5). Parece razonable concluir que la referencia es a alguna enfermedad severa, periódica o persistente relacionada con la vista de Pablo. Ver también Gálatas 6:11 y Hechos 23:1 al 5 (cf. Hech. 9:8,9).
La hospitalidad era también una práctica judía (Mar. 6:10), y muchas sinagogas tenían habitaciones para huéspedes con ese propósito. Esto no solo hacía que fuera conveniente para Pablo frecuentar las sinagogas en sus viajes, sino también les daba acceso directo a personas temerosas de Dios que podrían proporcionarle un puente para alcanzar a los gentiles.

Sin embargo, la razón principal detrás de la práctica de Pablo era principalmente teológica. Como judío de toda la vida, entendió su experiencia del camino a Damasco como una conversión a Jesucristo, no de la fe judía y de sus aspectos fundamentales. Aunque experimentó un cambio radical con respecto a muchos de sus conceptos religiosos (cf. Fil. 3:4-n), nunca entendió esta transformación en términos de abandonar una religión y abrazar otra.

El cristianismo organizado todavía no existía como entidad separada, por lo que para la mayoría de los judíos, incluyendo al Pablo anterior a su conversión, los seguidores de Jesús eran simplemente otro movimiento sectario radical (Hech. 9:1, 2). Para la mayoría de los observadores externos, incluyendo las autoridades romanas, las diferencias entre los cristianos y los judíos eran un asunto judío interno (Hech. 18:12-16). Este escenario solo cambiaría después del gran incendio de Roma en el año 64 d.C. El infierno, que los historiadores sospechan que fue ordenado por Nerón, limpió el terreno para un nuevo complejo palaciego, el Domus Aurea. Posteriormente Nerón puso en la mira a los cristianos y los acusó de esa barbarie, en un esfuerzo por dispensar la culpa, ordenando que fueran torturados y ejecutados.

En cuanto a los primeros cristianos, ellos creían que eran los verdaderos preservadores de la fe y la esperanza tradicionales judías (Hech. 2:22-24). Pablo estaba persuadido de que había sido llamado por el Dios de Israel, quien siempre había demandado la adoración exclusiva. Para el apóstol, la fe en Jesucristo no era una deserción del monoteísmo judío (1 Cor. 8:6); era una extensión lógica de su comprensión de Dios. Permanecía leal a las Escrituras judías, y en forma consistente obtenía sus conceptos teológicos de la historia y la literatura de Israel, no de la historia y la literatura de los griegos.

Fue a los gentiles decidido a compartir la riqueza de las revelaciones de Dios a Israel (Rom. 15:27), no a traducir la fe judía en los términos del pensamiento griego. Aunque él hablaba y escribía en griego, el vocabulario y los conceptos clave de su pensamiento eran bíblicos y desarrollados con atención específica a la historia religiosa de Israel (2 Cor. 3:7-18). Debe notarse, sin embargo, que sus incursiones en esta historia no indican una discontinuidad radical entre el Antiguo Testamento y la nueva era de salvación. En Gálatas, por ejemplo, Pablo reflexiona sobre el específico rol transitorio ejercido por la Ley dentro del antiguo pacto (Gál. 3:19-25; 4:1-7, 21-31), sabiendo muy bien que la Ley trasciende ese rol (Rom. 7:12-14), no contradice los principios duraderos del pacto abrahámico (Rom. 3:31; Gál. 3:21), y no es invalidada por la gracia de la salvación en Cristo (Rom. 3:3).

Pablo nunca comprometió su creencia en Israel como el pueblo del pacto de Dios (Rom. 3:1-4; n:i-5), aun cuando los gentiles comenzaron a ser más numerosos que los judíos en la fe (cf. vers. 11-32). Aunque ya no concebía la elección de Israel en un sentido estrecho, creía que el rol de Israel en la historia de la salvación les daba prioridad en la predicación del evangelio (Rom. 1:16). Esta no era solo la comprensión de Pablo, era la prioridad que Jesús preveía en su comisión a los discípulos, en Hechos 1:8.

La adhesión de Pablo a la sinagoga, por lo tanto, no era solo por razones logísticas y pragmáticas. Permanecía como fiel judío, y dondequiera que hubiese una comunidad judía, él estaba convencido de que el principio de "[al] judío primeramente y también [al] griego" (Rom. 1:16) se aplicaba. Solo después de que los judíos rechazaron expresamente el evangelio él se volvió a los gentiles (Hech. 13:46,47; 18:6; 28:25-28). No obstante, decía, "el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios" (Rom. 10:1) era la conversión de los gentiles y su ayuda para traer a más judíos a Jesús (Rom. 11:14,23,26).6

OBSERVACIONES FINALES

El primer viaje de Pablo lo consagró como el misionero principal entre los apóstoles. Sin embargo, tal reconocimiento es solo parte de la historia. Desde el comienzo, enormes dificultades y fuerzas sobrenaturales trabajaban contra él y Bernabé. Ellos se encontraron con Elimas, el hechicero judío y falso profeta en Pafos (Hech. 13:6-12; cf. vers. 10). Juan Marcos los abandonó y regresó a Jerusalén (vers. 13). Algunos judíos difamadores lo expulsaron de Antioquía de Pisidia (vers. 45, 50). Pablo fue apedreado, arrastrado fuera de Listra y dejado por muerto (Hech. 14:19). En cada regreso arriesgaba su vida por causa del evangelio (15:26).

Dios nunca prometió que el sendero de Pablo sería fácil, y las pruebas nunca disminuyeron su celo misionero (cf. Hech. 14:21-26). Al regresar a Antioquía de Siria, él y Bernabé "reunieron a la iglesia y les refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles" (vers. 27). Puerta que nunca se cerraría.


Referencias:

1 Gabriel Audisio, Preachers by Night: The Waldensian Barbes (I5th-i6th Centuries), trad. Claire Davison, Studies in Medieval and Reformation Tra-ditions (Leiden: Brill, 2007), p. 34.

2 Josefo, Antigüedades judaicas 7.3.3.

3 Elena de White, Testimonios para la iglesia (Miami: Asociación Publica-dora Interamericana, 1997), t. 5, p. 363.

4Everett Ferguson, Backgrounds ofEarly Christianity, 2a ed. (Grand Rapids, Michigan: Wílliam B. Eerdmans, 1993), p. 82.

5 El verbo griego usado en tales pasajes es propémpó, que significa "ayudar/ enviar en su viaje". La ayuda en cuestión incluía todo lo que pudiera haber sido necesario, como comida, ropa y dinero. Danker, A Greek-English Lexicón of the New Testament, p. 873.

6Sobre Romanos 11:26, ver el capítulo 13.