Lección 2 - MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

TEXTOS CLAVE: HECHOS 2:1-13, 22-39; JOEL 2:28-32.

ENSEÑA A TU CLASE A:

BOSQUEJO DE LA LECCIÓN:

I. Saber: La promesa y el Pentecostés

II. Sentir: La preparación y la proclamación

III. Hacer: El poder del Espíritu y la cosecha de almas

Resumen: En Pentecostés, cuando los discípulos estaban unánimes en estudio y oración, Dios derramó el Espíritu Santo sobre ellos. ¿Cómo podemos experimentar este derramamiento hoy?

CICLO DE APRENDIZAJE

Texto destacado: Hechos 2:38.

Concepto clave para el crecimiento espiritual: Aunque Pentecostés no es el primer derramamiento del Espíritu Santo sobre el pueblo de Dios, nunca debemos olvidar que representa un hecho poderoso en la historia de la redención. El Jesús resucitado pasó cuarenta días con sus discípulos, sin duda enseñándoles sobre el significado de la Cruz y la tumba vacía, sobre el cumplimiento de la promesa de que no dejaría indefensos a sus seguidores después de su ascensión (Juan 14:16, 17) y sobre el derramamiento del Espíritu para cumplir la gran comisión evangélica (Mat. 28:19, 20; Hech. 1:8). El Espíritu que estuvo presente en la Creación y en la experiencia del nuevo nacimiento (Juan 3:5) es también el Espíritu que concluirá la comisión evangélica.

1: ¡Motiva!

Solo para los maestros: Si bien el Pentecostés es un acontecimiento significativo en la historia de la iglesia, no debemos cometer el error de asumir que la obra del Espíritu comenzó recién ese día. Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu son eternamente presentes, coeternos, coexistentes e iguales. Cuando Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen” (Gén. 1:26), se refería a la pluralidad de tres Personas y a la singularidad de un propósito. Cuando Pablo dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Tim. 3:16), se refiere al papel activo del Espíritu Santo en la Palabra escrita de Dios. Desde la Creación hasta los nuevos cielos y la nueva Tierra, los tres miembros de la Deidad son participantes activos. La lección de esta semana sobre el Espíritu Santo nos da un nuevo énfasis en cuanto a cómo obra el Espíritu dentro de cada discípulo individualmente y en la comunidad de los fieles. Lucas menciona al Espíritu Santo unas 55 veces en el libro de Hechos, lo que lleva a algunos eruditos a describir el libro como el Evangelio del Espíritu Santo. De hecho, la iglesia primitiva era una iglesia llena del Espíritu. Así debe ser la iglesia de hoy

Actividad para dialogar: Desde el momento del Pentecostés, el Espíritu Santo se convirtió en la abrumadora realidad de la vida y el ministerio de la iglesia. Invita a algunos miembros de la clase a elegir uno de los siguientes pasajes del libro de Hechos y a indicar de qué manera el Espíritu guio la obra de la iglesia:

2: ¡Explora!

Solo para los maestros: Aunque era gentil, Lucas tenía una comprensión imponente de la historia, las costumbres y las leyes judías. Por lo tanto, en su relato de los comienzos de la iglesia cristiana, Lucas se apoya en las fiestas veterotestamentarias de la Pascua y el Pentecostés. La Pascua conmemora la liberación de Israel, por parte de Dios, de la esclavitud en Egipto (Éxo. 12:1-28; Lev. 23:5-8), y el Pentecostés es una fiesta de gratitud a Dios por las primicias (Éxo. 34:22; Núm. 28:26) y la cosecha (Éxo. 23:16). El Nuevo Testamento interpreta que la Pascua se cumplió en la Cruz: “Nuestra pascua, que es Cristo [...] sacrificada por nosotros” (1 Cor. 5:7). El Nuevo Testamento también considera que el Pentecostés, que tiene lugar cincuenta días después de la Pascua/crucifixión, se cumplió en los acontecimientos de Hechos 2 cuando el descenso del Espíritu Santo produjo la primera gran cosecha de tres mil almas (Hech. 2:41). Permite que el estudio de esta semana refuerce tres aspectos del Espíritu Santo: (1) los preparativos para recibir al Espíritu; (2) la predicación llena del Espíritu; y (3) los resultados de la predicación llena del Espíritu.

Comentario de la Biblia

I. Preparativos para el Espíritu
(Repasa, con tu clase, Hech. 2:1-13.)

Después de su resurrección, Jesús pasó cuarenta días con sus discípulos, “hablándoles acerca del reino de Dios” (Hech. 1:3). El tiempo que pasaron con Jesús quizás haya sido el período de preparación más intenso para los discípulos: para aprender más del evangelio y para llevar el evangelio hasta los confines de la Tierra. Jesús “les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre” (Hech. 1:4). La evangelización sin el derramamiento del Espíritu es vacía e inútil. De allí la preparación: “Estos días de preparación fueron di´as de profundo escudrin~amiento del corazo´n.
Los discípulos sentían su necesidad espiritual, y clamaban al Sen~or por la santa unción que los habi´a de hacer idóneos para la obra de salvar almas.
[...] Estaban abrumados por la preocupación de salvar almas. Comprendían que el evangelio habi´a de proclamarse al mundo, y demandaban el poder que Cristo habi´a prometido” (HAp 30).
Los discípulos esperaron. Oraron. Estudiaron. Entonces de repente, en el día del Pentecostés, cuando estaban todos unánimes juntos en un solo lugar, con oración y propósito (Hech. 2:1), ocurrió lo esperado. El Espíritu de Dios, como un “viento recio que soplaba”, llenó la casa, “y fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hech. 2: 2, 4). Con la llegada del Espíritu, todos los días que los discípulos habían pasado con Jesús –todos sus cuestionamientos, la Cruz, la tumba abierta– estaban impregnadas de un significado y de una importancia más profundos.

Considera: Un incidente que dejó “atónitos y maravillados” a los que se congregaron en Jerusalén desde diferentes partes del mundo fue que cada grupo oyó a los discípulos predicar en su propio idioma (Hech. 2: 7, 8). En Hechos 2:9 al 11 se identifican al menos 16 de estos grupos de idiomas. ¿Qué entiendes que significa este “don de lenguas”? (Comparar con 1 Cor. 14.)

II. Predicación llena del Espíritu
(Repasa, con tu clase, Hech. 2:14-19.)

El primer sermón de la iglesia cristiana, registrado en Hechos 2:14 al 39, nos proporciona tres elementos esenciales de la predicación: su inspiración, sus raíces y su contenido.
La inspiración para predicar sigue siendo la misma hoy que en Pentecostés: “Fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hech. 2:4). Sin el poder del Espíritu, sin un compromiso total con la Palabra que el Espíritu ha inspirado, no puede haber una verdadera predicación. Es el poder del Espíritu lo que le dio poder a Pedro para predicar su primer sermón. Un predicador nace, no por erudición, elocuencia, habilidad o riqueza, sino por el Espíritu. Un sermón es un milagro realizado por el Espíritu, construido por el compromiso con la Escritura y expresado a través de humildes labios de barro.
Las raíces de cada sermón son la Palabra de Dios. Casi el cincuenta por ciento del sermón de Pedro en Hechos 2 son citas del Antiguo Testamento. Un sermón que no brota de la Biblia no puede hacer que la Palabra cobre vida ante la congregación. Sin la Palabra inspirada, ¿cómo podríamos hablar sobre el Verbo encarnado? Un sermón debe comenzar con ese entendimiento y arraigarse firmemente en la revelación de Dios. Es esa perspectiva bíblica, iluminada por el Espíritu Santo, lo que llevó a los apóstoles a relacionar lo que estaba sucediendo ese día con la profecía de Joel. “Esto es lo dicho por el profeta Joel”, resonó Pedro (Hech. 2:16). La predicación debe ser capaz de conectar el presente con el pasado y luego señalar el futuro.
El contenido del sermón debe ser siempre Jesús: el Jesús encarnado, crucificado, resucitado, ascendido y pronto a venir. Para los seguidores de Jesús, no había ninguna duda al respecto: “Los disci´pulos habi´an de realizar su obra en el nombre de Cristo. Todas sus palabras y hechos habi´an de llamar la atencio´n al poder vital de su nombre para salvar a los pecadores. [...] El nombre de Cristo habi´a de ser su consigna, su divisa distintiva, su vi´nculo de unio´n, la autoridad para su curso de accio´n y la fuente de su e´xito” (HAp 30).

Considera: El sermón de Pedro a menudo se refiere a “este Jesús”. ¿Cómo usa el apóstol esta frase para convencer a su audiencia?

III. Los resultados de la predicación llena del Espíritu
(Repasa, con tu clase, Hech. 2:38-42.)

La predicación efectiva y llena del Espíritu debe conducir a la audiencia a un único objetivo: de hecho, la audiencia debe “compungir[se] de corazón” y preguntarse: “¿Qué haremos?” (Hech. 2:37). La predicación pentecostal sacudió a la ciudad de Jerusalén con la manifestación del poder del Espíritu y con la predicación bíblica del apóstol, y las masas se volvieron a Pedro con la pregunta: “¿Qué haremos?” Ningún sermón debería terminar sin que alguien se haga esa pregunta. La predicación no es un entretenimiento. No es información que se reparte. Predicar es hablar de “este Jesús”, conducir a las personas a la Cruz, mostrarles sus heridas, describirles su triunfo, ofrecerles esperanza e invitarlas a aceptarlo como su Señor y Salvador. Un sermón que no invita a los oyentes a responder a Jesús refleja la timidez del predicador o su falta de confianza en el poder del Espíritu Santo para transformar vidas.

Considera: Un sermón eficaz debería conducir al pecador al bautismo en el nombre de Jesús. Debería confirmar al santo para recibir al Espíritu Santo. ¿Cómo puede un discípulo moderno de Jesús hacer que ese sermón sea parte de su vida?

3: ¡Aplica!

Solo para los maestros: ¿Te sorprende el resultado del Pentecostés? ¡Un bautismo de tres mil personas en un solo día en Jerusalén! Donde está la Palabra, donde está el Espíritu, hay poder, y la iglesia crece. Ese fue el mensaje de Pedro. Y ese es nuestro desafío.

Pregunta para reflexionar: Desde el comienzo de su historia, se reconoce a los adventistas por la evangelización. Nuestros métodos de evangelización actuales ¿son eficaces? Si no, ¿por qué no?

4: ¡Crea!

Solo para los maestros: Entre algunos grupos cristianos, se considera que el hablar en lenguas es una señal esencial de haber recibido al Espíritu Santo. Hechos 2:6 habla de diversos grupos lingüísticos que se habían reunido en Jerusalén y que oyeron el mensaje en su propio idioma. Algunos se asombraban. Otros pensaban que el grupo estaba ebrio. El tema de hablar en lenguas ha sido problemático en la iglesia desde entonces. El apóstol Pablo da algunos buenos consejos sobre cómo abordar el asunto de una manera que no afecte negativamente la unidad entre los creyentes. Analicen el consejo de Pablo a la iglesia sobre la cuestión de las lenguas en 1 Corintios 14.