CAPÍTULO 9
DEMOS OFRENDAS

Dios había sido bueno con la familia de Elizabet, no había dudas de ello. Aunque no eran ricos, habían experimentado la invitación de Dios a probarlo, y él nunca les había fallado. Siempre que la familia tenía una necesidad específica, la presentaban a Dios, y él les suministraba lo que necesitaban. Aun cuando Don, el esposo de Elizabet, perdió el trabajo, Dios proveyó. Después de mucha oración, Don decidió comenzar un negocio nuevo. Aunque el dinero era todavía escaso, el nuevo negocio comenzó a crecer.

La familia ahorraba todo lo que podía, y Elizabet llegó a ser experta en encontrar lo que necesitaban absolutamente al mejor precio. Finalmente, sus dos hijos necesitaron ropa nueva, y Elizabet temía un viaje al centro de compras. Ella les explicó a los niños que solo tenían una cantidad limitada de dinero para gastar en ropa. Como era su práctica, ella le pidió ayuda a Dios para encontrar lo que necesitaban a un precio que estuviera a su alcance.

Mientras Elizabet y sus hijos caminaban por el centro de compras, su hija le señaló una tienda de las mejores y le pidió entrar en ella. El corazón de Elizabet dio un vuelco. Esa tienda era renombrada, y estaba más allá de su alcance. Pero entonces la hija dijo: "¡Mira mamá! ¡Está de liquidación!"

Elizabet decidió entrar, pero les recordó a los chicos que tenían que ceñirse a su presupuesto.

Cuando los tres entraron en la tienda, una vendedora los saludó y le ofreció a cada uno de ellos una tarjeta para raspar, que les daría un porcentaje de descuento adicional en sus compras. Rasparon la parte cubierta de la tarjeta, y encontraron que dos de ellas ofrecían un 25 por ciento de descuento, pero la tercera les ofrecía un 75 por ciento de descuento sobre todo lo que había en la tienda, aun sobre los productos en liquidación. Elizabet se quedó boquiabierta. Tal vez podrían comprar algunas prendas de vestir, de todos modos.

Elizabet y sus niños recorrieron la zona de vestimenta, eligiendo lo que más necesitaban. En lugar de un par de camisetas o poleras baratas, los niños pudieron comprar ropa de buena calidad con un 75 por ciento de descuento sobre el precio marcado, ¡aun sobre lo que estaba en liquidación! Elizabet hasta pudo conseguir algunas prendas para su esposo y para sí misma, todo dentro de su presupuesto.

Al pagar su compra, la vendedora los felicitó por obtener la tarjeta con el máximo descuento que ofrecían. Elizabet le agradeció a la vendedora, pero en su corazón sabía que no era accidente que hubieran recibido esa tarjeta. Ellos habían pedido a Dios que supliera sus necesidades, y él lo hizo, e hizo mucho más.

A Dios le gusta dar. Es parte de su naturaleza, y lo hace gratuitamente. Él creó la idea de que "más bienaventurado es dar que recibir" (Hech. 20:35). El sacrificio de Jesús en la Cruz y la gracia que su muerte proveyó son los mejores regalos que se nos hayan dado.

De hecho, dar es "una filosofía de vida y de relación que se resume y se ilustra con el ejemplo de una niñita a la que le habían regalado 10 monedas nuevecitas. Las sostuvo en su mano, admirándolas. Luego tomó una y la puso a un lado.

-Esta -dijo-, es para Jesús.

Tomó otra moneda y dijo:

-Esta es para ti, papito.Tomó una tercera, y dijo: -Esta es para ti, mamita. Y así siguió hasta la décima. -Esta es para Jesús. -Pero te olvidaste de que ya pusiste una para Jesús -le dijo la mamá. -Lo sé -dijo la niñita-, pero aquella le pertenecía a Jesús; este es un regalo para él".1 Dios desea que hagamos de este regalo del Espíritu (Rom. 12:8) una expresión automática de gratitud. Dar refleja su carácter en nuestra vida. Sin embargo, algunos cristianos no dan, o si lo hacen dan muy poco. No piensan acerca de las consecuencias. LA GRACIA: EL MÁXIMO DON Sin Cristo, la gracia es una idea desesperadamente abstracta. Pero, con Cristo es el don máximo, más complejo y maravilloso que alguna vez se otorgó a la humanidad. La gracia es misericordia divina, el don más valioso que Dios tiene para nosotros. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de.vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe" (Efe. 2:8, g). Su poder llega hasta el nivel más bajo de la perversión humana y el pensamiento humanístico más profundo. Dios dio su gracia al mundo, ya sea que la gente la quiera o no. Podemos rechazarla, pero no podemos detenerla, demorarla o cambiarla. La gracia está sola, esperándonos (Apoc. 3:20), y se activa solo si la aceptamos. No hay egoísmo en la gracia. Donde se necesita la gracia, el egoísmo está presente, pero donde la graoia es aceptada, el egoísmo es rechazado. "Bueno es que el corazón sea fortalecido con gracia" (Heb. 13:9, VM). La gracia penetra el odio y el egoísmo de modo que puedan ser completamente eliminados. La gracia de Dios incluye sus pensamientos y emociones más profundos hacia la humanidad pecadora (Sal. 139:17). Somos de tal valor para Dios, y él nos ama tanto, que dio todo lo que podía para mantenernos. "La benevolencia divina fue

Tomó una tercera, y dijo:

-Esta es para ti, mamita.

Y así siguió hasta la décima.

-Esta es para Jesús.

-Pero te olvidaste de que ya pusiste una para Jesús -le dijo la mamá.

-Lo sé -dijo la niñita-, pero aquella le pertenecía a Jesús; es te es un regalo para él".1

Dios desea que hagamos de este regalo del Espíritu (Rom. 12:8) una expresión automática de gratitud. Dar refleja su carácter en nuestra vida. Sin embargo, algunos cristianos no dan, o si lo hacen dan muy poco. No piensan acerca de las consecuencias.

LA GRACIA: EL MÁXIMO DON

Sin Cristo, la gracia es una idea desesperadamente abstracta. Pero, con Cristo es el don máximo, más complejo y maravilloso que alguna vez se otorgó a la humanidad. La gracia es misericordia divina, el don más valioso que Dios tiene para nosotros. "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de.vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe" (Efe. 2:8, g). Su poder llega hasta el nivel más bajo de la perversión humana y el pensamiento humanístico más profundo. Dios dio su gracia al mundo, ya sea que la gente la quiera o no. Podemos rechazarla, pero no podemos detenerla, demorarla o cambiarla. La gracia está sola, esperándonos (Apoc. 3:20), y se activa solo si la aceptamos.

No hay egoísmo en la gracia. Donde se necesita la gracia, el egoísmo está presente, pero donde la graoia es aceptada, el egoísmo es rechazado. "Bueno es que el corazón sea fortalecido con gracia" (Heb. 13:9, VM). La gracia penetra el odio y el egoísmo de modo que puedan ser completamente eliminados.

La gracia de Dios incluye sus pensamientos y emociones más profundos hacia la humanidad pecadora (Sal. 139:17). Somos de tal valor para Dios, y él nos ama tanto, que dio todo lo que podía para mantenernos. "La benevolencia divina fue conmovida hasta sus insondables profundidades; fue imposible para Dios dar más".2 Somos su tesoro; su corazón está enfocado en la humanidad.

La gracia satisface nuestra alma al reemplazar nuestras vestimentas viles por mantos blancos de justicia (Apoc. 7:13, 14). Cuando lo aceptamos, llegamos a ser dadores de gracia. Sin aceptar el don de la gracia, estaremos motivados para hacer pocas ofrendas sinceras de gratitud.

NUESTRA MEJOR OFRENDA

Nuestra mejor ofrenda para Dios somos nosotros mismos, un "sacrificio vivo" (Rom. 12:1). Aunque parezca extraño, somos el bien más valioso que podemos dar. Esto es cierto solo por causa de lo que Jesús hizo por nosotros. Al darnos a nosotros mismos, ponemos a Dios primero con nuestra mejor ofrenda. María comprendió esto cuando le ofreció lo mejor que tenía a Jesús (Mat. 26:7,12). En el siglo XXI, el frasco de perfume que compró puede valer unos 44.000 dólares. Ella sabía del sacrificio que Jesús pronto haría. Los que lo aman mucho dan mucho, y los que lo aman poco dan poco.

Cuando damos una ofrenda, estamos devolviendo a Dios lo que es suyo (1 Crón. 29:14). Él lo acepta porque proviene de un corazón lleno de gratitud (2 Cor. 9:7).

MOTIVO PARA DAR

Como joven pastor, mi inexperiencia me puso en más de un problema complejo. Recuerdo a dos hombres ricos en mi iglesia, George (no es su nombre verdadero), que no era miembro de la iglesia pero nunca faltaba los sábados; y el otro, Sam (tampoco es su nombre), un hombre mayor que había sido bautizado recientemente. En un día de actividad en el que muchos miembros participaban en el arreglo del templo, algunos de los diáconos querían que yo hablara con George porque a ellos no les gustaba lo que él hacía. De inmediato entré en acción y le expresé lo que los diáconos querían que yo dijera. George respondió:

-Si esa es la manera en que quieren hacerlo, me voy -y arrojó su herramienta, entró en su automóvil y se fue.

Sam compró un órgano para la iglesia, sin avisar nada. Algunos de los dirigentes me pidieron que le dijera que esas cosas necesitaban previamente la aprobación de la Junta Directiva. Otra vez, en mi inexperiencia, le repetí a Sam lo que habían dicho los miembros de la Junta. Mientras escuchaba de pie mi explicación de la posición de la Junta, lágrimas asomaron a sus ojos y dijo con voz temblorosa:

-Pastor, lo lamento. No tenía la intención de hacer nada fuera de lugar. Sencillamente, quería hacer algo para mi iglesia.

El motivo para dar, sea en tiempo, dinero u objetos, es una de las luchas espirituales internas más frecuentes que un cristiano tiene que pasar. Las acciones revelarán los motivos de nuestro corazón.

Jesús observó a una pobre viuda poner dos monedas en la caja de las ofrendas en el Templo. Les dijo a sus discípulos: "De su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento" (Mar. 12:44). "Esta viuda pobre echó más que todos" (Luc. 21:3). Jesús reconoció una asombrosa exhibición de carácter, aunque los motivos de ella estaban ocultos para los que la rodeaban. Dar todo lo que uno posee es una experiencia radical de fe que refleja un compromiso total.

Solo Dios pesa nuestros motivos al dar (Prov. 16:2; 2 Cor. 8:12). "El ojo de Dios observa cada centavo que se dedica a su causa, al igual que la actitud regocijada o mezquina del dador".3 Amar a Dios por lo que él ha hecho por nosotros (1 Juan 4:19) es el único motivo verdadero para dar (1 Cor. 13:3). Un joven regala a su novia una docena de rosas porque son novios. Él está motivado por el amor. "El amor al dinero" (1 Tim. 6:10) y el amor al mundo (1 Juan 2:15) son las motivaciones que tratan de impedirnos dar a Dios. Pero el verdadero amor, "la base de toda verdadera benevolencia, es más frecuente y más enfáticamente ordenado que cualquier otro deber cristiano [,..] (Mat. 22:37-40). Aquí tenemos un resumen conciso y amplio de todo el deber de la benevolencia cristiana".4

LOS POBRES

Jesús dijo: "Siempre tendréis pobres con vosotros" (Mat. 26:11). También ellos deben ser fieles mayordomos. El Antiguo Testamento dice que a los pobres se les permitía rebuscar los campos en el tiempo de la cosecha (Rut 2:3). Pero el concepto de pobres en la Escritura es mucho más amplio que solo los que tienen necesidad de comida o dinero.

Cristo dejó las riquezas del cielo y se hizo pobre para que nosotros pudiéramos llegar a ser ricos (2 Cor. 8:9). Él consideraba a los pobres como un grupo especial que destacó para nuestra atención, en su ministerio terrenal. Dos cosas ocurren cuando ayudamos a esta clase especial. Primera, dar a los pobres transfiere riqueza de la Tierra al cielo (Mar. 10:21). "Cada oportunidad de ayudar a un hermano en necesidad o a la causa de Dios en la difusión de la verdad es una perla que podéis enviar de antemano y depositar en el banco del cielo, donde estará segura".5

Segunda, y mucho más importante, es que cuando ayudamos a los pobres es como si estuviéramos haciéndolo a Dios mismo (Mat. 25:40). Ayudar a los pobres es como prestar dinero a Dios, de manera que él llega a ser un deudor, pues "Dios pagará esas buenas acciones" (Prov. 19:17, NVI; Ecl. 11:1). Ustedes guardarán por la eternidad solo lo que hayan dado a otros al hacer el bien.

DADORES ALEGRES

¿Cómo puede usted ser un "dador alegre"? (2 Cor. 9:7). Tres pasos: la gratitud conduce a la generosidad, y la generosidad lleva a la alegría. Aquí hay dos metáforas: "Gustad y ved que es bueno Jehová. ¡Bienaventurado el hombre que confía en él!" (Sal. 34:8):

La alegría es el producto de gustar, ver y sentir la generosidad. "Cada uno dé [...] no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre" (2 Cor. 9:7). La palabra hilarás, traducida como "alegre", realmente significa divertido, así que estamos hablando de dar divertidos.

"La experiencia es conocimiento derivado del experimento. Lo que se necesita ahora es religión experimental. 'Gustad y ved que es bueno Jehová'. Algunos -sí, un gran número (de personas)- tienen un conocimiento teórico de la verdad religiosa, pero nunca han sentido el poder renovador de la gracia divina en sus propios corazones".6 Dios nos invita a hacer el bien como él ha hecho el bien (Sal. 119:68; 3 Juan 11). Él promete que no seremos chasqueados. Como Jesús dio su vida por nosotros, y sigue proveyendo diariamente para nuestras necesidades, él desea que les demos algo de vuelta a él y a la humanidad, y gustemos los resultados.


1 Carlyle B. Haynes, The Legión ofthe Tenth (Nashville: Southern Publishing Association, 1956). Introducción.

2 Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 48. 3Ibíd„ t. 2, p.460.

4 J. Ashworth, Christian Stewardship, 4a ed., p. 29.

5 White, Servicio cristiano (Mountain View, CA: Publicaciones Interame-ricanas, 1973), p. 274.

"White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 205.