Notas EGW

Lección 8 - EL IMPACTO DE DIEZMAR


Sábado 17
Cristo guardara los nombres de todos los que no consideran ningún sacrificio demasiado costoso para ofrecerlos a el sobre el altar de la fe y el amor. Él lo sacrifico todo por la humanidad caída. Los nombres de los que son obedientes, los que se sacrifican y los fieles estarán esculpidos en las palmas de sus manos; no serán vomitados de su boca, sino que serán tornados en sus labios y el rogara especialmente en favor de ellos ante el Padre. Cuando los egoístas y orgullosos sean olvidados, ellos serán recordados y sus nombres serán inmortalizados. A fin de ser felices, debemos vivir para hacer felices a otros. Es bueno que presentemos nuestras posesiones, nuestros talentos y nuestros afectos en una agradecida devoción a Cristo, y en esa forma encontraremos felicidad aquí y una gloria inmortal en el más allá (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 358).
Cuando Cristo, la esperanza de gloria, este formado en el interior, entonces la verdad de Dios actuara de tal manera sobre el temperamento natural que su poder transformador se manifestara en un carácter transformado. Entonces no cambiareis la verdad de Dios en una mentira... al revelar un corazón y temperamento no santificado. Ni tampoco daréis, por un espíritu egoísta y contrario a Cristo, la impresión de que su gracia no es suficiente para vosotros en todo tiempo y lugar. Demostrareis que la autoridad de Dios sobre vosotros no es de nombre solamente, sino real y efectiva (Consejos para los maestros, p. 186).
Dios nunca se ha quedado sin testigos en la tierra. En un tiempo, Melquisedec represento al Señor Jesucristo en persona para revelar la verdad del cielo y perpetuar la ley de Dios. Fue Cristo quien hablo por medio de Melquisedec, el sacerdote del Dios altísimo. Melquisedec no era Cristo, sino la voz de Dios en el mundo, el represente del Padre. Y a través de todas las generaciones del pasado, Cristo ha hablado; Cristo ha guiado a su pueblo y ha sido la luz del mundo. Cuando Dios eligió a Abrahán como representante de su verdad, lo saco de su país, lo alejo de su parentela y lo aparto. Deseaba modelarlo de acuerdo con su propio modelo. Deseaba ensenarle de acuerdo con sus propios planes (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, pp. 1106, 1107).
El Señor dice: "Mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales que hay en los collados". "Mía es la plata, y mío el oro". "Él te da el poder para hacer las riquezas". Salmos 50:10; Hageo 2:8; Deuteronomio >8:18. En reconocimiento de que todas estas cosas procedían de él, Jehová mando que una porción de su abundancia le fuese devuelta en donativos y ofrendas para sostener su culto (Patriarcas y profetas, p. 564).


Domingo 18 - JUNTOS FINANCIAMOS LA MISIÓN
El sistema de diezmo se remonta más allá de los días de Moisés. Se requería que se presentaran ofrendas a Dios con propósitos religiosos aun antes de habérsele dado a Moisés detalladamente el plan del diezmo; este se remonta a los de Adán. En cumplimiento de los requisitos de Dios, mediante ofrendas se había de manifestar aprecio por las misericordias y bendiciones divinas. Las generaciones subsiguientes hicieron lo mismo, y el plan fue practicado por Abrahán, quien dio diezmos a Melquisedec, el sacerdote del Dios altísimo. El mismo principio existía en los días de Job (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, p. 1107).
Dios ha dispuesto que la proclamación del evangelio dependa de las labores y dadivas de su pueblo. Las ofrendas voluntarias y el diezmo constituyen los ingresos de la obra del Señor. De los medios confiados al hombre, Dios reclama cierta porción: la décima parte. Los deja libres a todos de decir si han de dar o no más que esto. Pero cuando el corazón se conmueve por la influencia del Espíritu Santo, y se hace un voto de dar cierta cantidad, el que ha hecho el voto no tiene ya ningún derecho a la porción consagrada. Las promesas de esta clase hechas a los hombres serian consideradas como obligación; £y no son más obligatorias las que se hacen a Dios? £Son las promesas consideradas en el tribunal de la conciencia menos obligatorias que los acuerdos escritos de los hombres? (Los hechos de los apóstoles, p. 61).
"A cualquiera que fue dado mucho —declaro el Salvador—, mucho será vuelto a demandar de él". Lucas 12:48. La liberalidad que se requería de los hebreos era en gran parte para beneficio de su propia nación; hoy la obra de Dios abarca toda la tierra. Cristo confió los tesoros el evangelio a las manos de sus seguidores, y les impuso la responsabilidad de dar las alegres nuevas de la salvación al mundo. Nuestras obligaciones son por cierto mucho mayores que las del antiguo Israel...
Aquel cuyo corazón refulge con el amor de Cristo considerara no solamente como un deber, sino como un placer, ayudar en el avance de la obra más elevada y más santa encomendada al hombre: la de presentar al mundo las riquezas de la bondad, la misericordia y la verdad (Los hechos de los apóstoles, p. 272).

Juan en el Apocalipsis predice la proclamación del mensaje evangélico precisamente antes de la segunda venida de Cristo. El contempla a un "ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a todos los que moran en la tierra, y a toda nación y tribu y lengua y pueblo, diciendo en alta voz: Temed a Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida" Apocalipsis 14:6,1... La invitación del evangelio ha de ser dada a todo el mundo...
El último mensaje de amonestación y misericordia ha de iluminar el mundo entero con su gloria. Ha de llegar a toda clase de personas, ricas y pobres, encumbradas y humildes. "Ve por los caminos y por los vallados —dice Cristo—, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa" (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 179, 180).

Lunes 19 - LAS BENDICIONES DE DIOS


Es Dios quien bendice a los hombres con propiedades, y lo hace a fin de que puedan dar para el avance de su causa. El envía la luz del sol y la lluvia. Él hace crecer la vegetación. El da la salud y la habilidad de adquirir medios. Todas nuestras bendiciones proceden de su generosa mano. A su vez, quiere que los hombres y mujeres manifiesten su gratitud devolviéndole una parte como diezmos y ofrendas, ofrendas de agradecimiento, ofrendas voluntarias, ofrendas por la culpa. Si los medios afluyeran a la tesorería de acuerdo con este plan divinamente señalado, a saber, la décima parte de todos los ingresos, y ofrendas liberales, habría abundancia para el adelantamiento de la obra del Señor (Los hechos de los apóstoles, p. 61).
El Señor nos ha hecho sus mayordomos. Coloca en nuestras manos sus dones para que los compartamos con los necesitados; y esta generosidad practica constituirá una infalible panacea para nuestro orgullo. Expresando en esta manera amor hacia los que necesitan ayuda, haremos que los corazones de los necesitados agradezcan a Dios porque él ha derramado la gratia de la generosidad sobre los hermanos, y les ha hecho aliviar las necesidades de los afligidos. Mediante el ejercicio de este amor practico es como las iglesias se acercaran a Cristo en unidad. Mediante el amor de los hermanos aumenta el amor a Dios, porque él no ha olvidado a los que están en aflicción, y en esta forma las ofrendas de gratitud ascienden hacia Dios por su cuidado. "Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios". 2 Corintios 9:12. La fe de los hermanos aumenta en Dios, y estos son inducidos a encomendar sus almas y sus cuerpos a Dios como a un Creador fiel. "Pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos". 2 Corintios 9:13 (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 357).
Los que cultivan la benevolencia no solo están haciendo una buena obra para otros, y bendiciendo a los que reciben su buena acción, sino que también se están beneficiando a sí mismos, al abrir sus corazones a la benigna influencia de la verdadera benevolencia. Cada rayo de luz que brilla sobre otros, será reflejado sobre nuestros propios corazones. Cada palabra bondadosa y llena de compasión que se dirija a los dolientes, cada acción que tienda a producir alivio a los oprimidos, y cada don que supla las necesidades de nuestros prójimos, dado y realizado para la gloria de Dios, resultara en bendiciones para el dador. Los que trabajan de esta manera están obedeciendo una ley del cielo, y recibirán la aprobación de Dios. El placer que se siente al hacer bien a otros, imparte un resplandor a los sentimientos que se irradia por los nervios, estimula la circulación de la sangre e induce salud mental y física (Testimonios para la iglesia, t. 4, p. 60).
Aquel cuya vida consiste en recibir siempre y no dar jamás, pronto pierde la bendición. Si la verdad no fluye de el en dirección de los demás, pierde la capacidad de recibir. Debemos impartir los bienes del cielo si queremos recibir bendiciones frescas... Si los hombres quieren ser canales por medio de los cuales fluyan las bendiciones de Dios en dirección de los demás, el Señor los mantendrá bien provistos (Cada día con Dios, p. 301).
Martes 20 - EL PROPÓSITO DEL DIEZMO

Así también ordeno el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio". 1 Corintios 9:7-14. El apóstol se refirió aquí al plan del Señor para sostener a los sacerdotes que ministraban en el templo. Aquellos que eran apartados para este sagrado cargo eran sostenidos por sus hermanos, a quienes ellos ministraban las bendiciones espirituales...
El pago del diezmo no era sino una parte del plan de Dios para el sostén de su servicio. Se especificaban divinamente numerosas dadivas y ofrendas. Bajo el sistema judío, se le ensenaba al pueblo a abrigar un espíritu de liberalidad, tanto en el sostén de la causa de Dios, como en la provisión de las necesidades de los pobres (Los hechos de los apóstoles, pp. 270, 271).
El propósito de Dios es que los medios que se nos han confiado sean empleados para edificar su reino. Se confían sus bienes a sus mayordomos, para que estos negocien cuidadosamente con ellos, y le produzcan réditos en la salvación de almas para la vida eterna. Y estas almas a su vez se convertirán en mayordomos de la verdad, para cooperar con los intereses del reino de Dios (Cada día con Dios , p. 301).
Así también el Señor nos ha impartido el tesoro más rico del cielo al darnos a Jesús. Con él nos ha dado todas las cosas para que disfrute cosechas, los tesoros de oro y plata, son sus dones. Ha entregado a los hombres casas y tierras, alimento y vestido. Nos pide que lo reconozcamos como el Dador de todas las cosas, y por esta razón ha dicho: De todas vuestras posesiones me reservo la décima parte para mí mismo, además de los donativos y las ofrendas, que deben ser llevados a mi tesorería. Esto constituye la prueba de la provisión que Dios ha hecho para promover la obra del evangelio. Este plan fue trazado por el Señor Jesucristo mismo, quien dio su vida por la vida del mundo. El, que dejo los recintos celestiales, el, que dejo de lado su honor como Comandante de las huestes celestiales, el, que vistió su divinidad con la humanidad a fin de levantar a la raza caída, y el, que se empobreció por amor a nosotros para que por su pobreza fuésemos hechos ricos, ha hablado a los hombres, y en su sabiduría les ha presentado su propio plan para el sostenimiento de los que llevan el mensaje al mundo (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 69, 70).
"El plan de Dios en el sistema del diezmo es hermoso por su sencillez e igualdad... Todos pueden sentir que son capaces de hacer una parte para llevar a cabo la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede llegar a ser un tesorero del Señor, un agente para satisfacer las demandas de la tesorería. Dice el apóstol: 'Cada uno de vosotros aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pudiere.'" 1 Corintios 16:2 (La fe por la cual vivo, p. 246).

 


Miércoles 21 - EL DEPOSITO

Los que están verdaderamente convertidos son llamados a hacer una obra que requiere dinero y consagración. Las obligaciones que asumimos cuando nuestros nombres figuran en el registro de la iglesia nos hacen responsables de trabajar para Dios al máximo de nuestras posibilidades. Él quiere un servicio indiviso, la devoción total del corazón, el alma, la mente y la fuerza. Cristo nos ha dado la oportunidad de trabajar en la iglesia para que podamos dedicar todas nuestras capacidades, y aumentarlas, en un servicio consagrado por la salvación de los demás. Todo lo que no alcance esta norma implicara oposición a la obra. Hay solo dos lugares en el universo donde podemos depositar nuestros tesoros: en el almacén de Dios, o en el de Satanás. Y todo lo que no se dedique al servicio de Dios se cuenta como si estuviera del lado de Satanás, para fortalecer su causa (Cada día con Dios, p. 301).
Por este sistema se alcanzan grandes objetivos. Si todos lo aceptaran, cada uno sería un tesorero de Dios vigilante y fiel, y no faltarían recursos para llevar a cabo la gran obra de proclamar el último mensaje de amonestación al mundo. La tesorería estará llena si todos adoptan este sistema, y los contribuyentes no serán más pobres por ello. Mediante cada inversión hecha, llegarán a estar más vinculados a la causa de la verdad presente. Estarán "atesorando para sí buen fundamento para lo por venir" a fin de "que echen mano de la vida eterna". 1 Timoteo 6:19 (Testimonios para la iglesia, t. 3, p. 428).
Los miembros de la iglesia deben contribuir alegremente al sostén del ministerio. Deben practicar la renunciación y la economía, para no quedar atrasados en ningún buen don. Somos peregrinos y advenedizos, que buscan una patria mejor, y cada alma debe hacer un pacto con Dios con sacrificio. Es corto el tiempo que nos queda para salvar almas, y todo lo que no se necesita para suplir necesidades positivas debe ser traído como ofrenda de acción de gracias a Dios. Y es deber de los que trabajan en palabra y doctrina revelar igual renunciación. Descansa una solemne responsabilidad sobre los que reciben los generosos donativos de la iglesia y administran los recursos de la tesorería de Dios. Deben estudiar cuidadosamente las providencias de Dios, para discernir donde impera la mayor necesidad. Han de ser colaboradores con Cristo en establecer su reino en la tierra, en armonía con la oración del Salvador: "Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra". Mateo 6:10 (Obreros evangélicos, p. 469). Si las personas a quienes se ha confiado el dinero de Dios fueran fieles en llevar a la tesorería del Señor los medios que les fueron prestados, su obra avanzaría con rapidez. Mucha gente seria ganada para la causa de la verdad, y el día del regreso de Cristo se apresuraría...
De modo que nuestra obra en el mundo debe llevarse adelante. Los mayordomos fieles deben depositar el dinero del Señor en su tesorería, para que los obreros puedan ser enviados a todas partes en el mundo. La iglesia aquí en la tierra debe servir a Dios con abnegación y espíritu de sacrificio. Así es como debe llevarse a cabo su obra y ganarse los triunfos más gloriosos (Testimonios para la iglesia, t. 9, p. 47).

 


Jueves 22 -EL DIEZMO Y SALVACION POR LA FE

El plan de salvación no se aprecia como debería apreciarse. No se lo discierne o comprende. Se lo estima como un asunto común. No se advierte que para unir lo humano con lo divino se requirió el ejercicio de la Omnipotencia...
Cristo, al cubrir su divinidad con la humanidad, elevo a la humanidad en la escala del valor moral hasta colocarla en una dignidad infinita ¡Que condescendencia de parte de Dios y de su Hijo unigénito, que era igual con el Padre!...
Ha sido tan grande la ceguera espiritual de los hombres, que han procurado hacer ineficaz la Palabra de Dios. Con sus tradiciones han declarado que el gran plan de salvación se prepare para abolir la ley de Dios y terminar con su vigencia. En cambio, el Calvario es el poderoso argumento que prueba la inmutabilidad de los preceptos de Jehová...
Se asegura la victoria mediante la fe y la obediencia... La tarea de vencer no ha quedado restringida a los días de los mártires. Nosotros debemos luchar en estos tiempos de sutil tentación y mundanalidad (A fin de conocerle, pp. 254, 255).
Cuando miréis el gran espejo moral del Señor, su santa ley, su norma de carácter, ni por un momento supongáis que puede limpiaros. No hay virtudes salvadoras en la ley. Ella no puede perdonar al transgresor. Debe imponerse el castigo. El Señor no salva a los pecadores aboliendo su ley, el fundamento de su gobierno en el cielo y en la tierra. El castigo fue soportado por el Sustituto del pecador. No es que Dios sea cruel e inmisericorde y Cristo tan misericordioso, que murió en la cruz del Calvario, en medio de dos ladrones, para abolir una ley tan arbitraria que debía ser quitada. El trono de Dios no puede tolerar una mancha de crimen, una mancha de pecado. En los concilios del cielo, antes de que el mundo fuera creado, el Padre y el Hijo convinieron en que si el hombre se tronaba desleal a Dios, Cristo —uno con el Padre— tomaría el lugar del transgresor y sufriría el justo castigo que debía caer sobre él. Cuando el pecador arrepentido, contrito delante de Dios, discierne la expiación de Cristo en su favor y acepta esa expiación como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados. Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe amoldar eternamente su voluntad con la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria. Perdón y justificación son una y la misma cosa. El creyente pasa mediante la fe de la condición de rebelde, hijo del pecado y de Satanás, y la condición de leal súbdito de Cristo Jesús; no por una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como a su hijo por adopción (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1070).