Notas EGW

Lección 5 Mayordomos después del Edén


Sábado 27 de enero

Bajo la maldición del pecado, toda la naturaleza daría al hombre testimonio del carácter y las consecuencias de la rebelión contra Dios. Cuando Dios creó al hombre lo hizo señor de toda la tierra y de cuantos seres la habitaban. Mientras Adán permaneció leal a Dios, toda la naturaleza se mantuvo bajo su señorío. Pero cuando se rebeló contra la ley divina, las criaturas inferiores se rebelaron contra su dominio. Así el Señor, en su gran misericordia, quiso enseñar al hombre la santidad de su ley e inducirle a ver por su propia experiencia el peligro de ha-cerla a un lado, aun en lo más mínimo.
La vida de trabajo y cuidado, que en lo sucesivo sería el destino del hombre, le fue asignada por amor a él. Era una disciplina que su pecado había hecho necesaria para frenar la tendencia a ceder a los apetitos y las pasiones y para desarrollar hábitos de dominio propio. Era parte del gran plan de Dios para rescatar al hombre de la ruina y la degradación del pecado (Patriarcas y profetas, pp. 43, 44).
Dios desea que sus obreros lo consideren como el Dador de todo lo que poseen, que recuerden que todo lo que tienen y todo lo que son procede de él, cuyos consejos son admirables y cuyas obras son exce-lentes. El delicado toque de la mano del médico, su poder sobre los nervios y los músculos, su conocimiento del delicado organismo del cuerpo, constituyen la sabiduría del poder divino que debe emplearse en beneficio de la humanidad doliente. La habilidad con que el car-pintero usa el martillo y la fuerza con que el herrero hace resonar el yunque proceden de Dios. Él ha dado a los hombres habilidades, y desea que éstos acudan a él en busca de consejos. Así podrán emplear sus dones con una eficacia infalible, y podrán testificar que son obreros juntamente con Dios...
Todo lo que poseemos pertenece al Señor, sin ninguna duda. Él nos invita a despertamos, a compartir las cargas de su causa para que su obra tenga prosperidad. Cada cristiano debe llevar a cabo su parte como un mayordomo fiel (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 120).
Dios ha hecho a los hombres administradores suyos. Las propie-dades que él puso en sus manos son los medios provistos por él para la difusión del evangelio. A los que demuestren ser fieles administradores, les encomendará responsabilidades mayores. Dijo el Señor: “Yo honraré a los que me honran”. ( Patriarcas y profetas, p. 569).
Todas las cosas buenas que tenemos son un préstamo de nuestro Salvador. Nos ha hecho mayordomos. Nuestras ofrendas más ínfimas, nuestros servicios más humildes, presentados con fe y amor, pueden ser dones consagrados para salvar almas en el servicio del Maestro y para promover su gloria. El interés y la prosperidad del reino de Cristo deben superar toda otra consideración. Los que hacen de sus placeres e intereses egoístas los objetos principales de su vida, no son mayor-domos fieles.
Los que se nieguen personalmente con el fin de hacer bien a otros y se consagren con todo lo que tienen al servicio de Cristo, experimen-tarán la felicidad que en vano busca el egoísta...
Los cristianos se olvidan de que son siervos del Maestro; de que le pertenecen ellos mismos, su tiempo y todo lo que tienen (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 436, 437).


Domingo 28 de enero: Mayordomos en el Antiguo Testamento
Todo nuestro trabajo debe hacerse por amor a Dios y de acuerdo con su voluntad.
Es tan esencial hacer la voluntad de Dios cuando se construye un edificio como cuando se toma parte en un servicio religioso. Y si los obreros han empleado los principios correctos en la edificación de su propio carácter, entonces en la erección de cualquier edificio crecerán en gracia y conocimiento.
Pero Dios no aceptará los mayores talentos o el servicio más es-pléndido a menos que el yo sea puesto sobre el altar, como sacrificio vivo, que se consume. La raíz debe ser santa; de otra manera no puede haber fruto aceptable a Dios.
El Señor hizo de Daniel y de José mayordomos perspicaces. Pudo obrar mediante ellos porque no vivieron para satisfacer sus propias inclinaciones, sino para agradar a Dios (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 284, 285).
En el momento en que el hombre pierde de vista el hecho de que sus capacidades y posesiones son del Señor, en ese momento está defrau-dando las posesiones del Señor. Está actuando como un administrador infiel, haciendo que el Señor transfiera sus dones a manos más fieles. Dios demanda a los que él ha confiado sus dones que los administren fielmente, para demostrar al mundo que están trabajando por la salva-ción de los pecadores. Demanda a los que profesan estar bajo su direc-ción, que no desvirtúen su carácter (En los lugares celestiales, p. 304).
“Jehová fue con José, y fue varón prosperado... Y vio su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano”. La confianza de Potifar en José aumentaba diariamente, y por fin le ascendió a mayordomo, con dominio completo sobre todas sus posesiones. “Y dejó todo lo que tenía en mano de José; ni con él sabía de nada más que del pan que comía”. Véase Génesis 39-41.
La notable prosperidad que acompañaba a todo lo que se encargara a José no era resultado de un milagro directo, sino que su industria, su interés y su energía fueron coronados con la bendición divina. José atribuyó su éxito al favor de Dios, y hasta su amo idólatra aceptó eso como el secreto de su sin igual prosperidad. Sin embargo, sin sus esfuerzos constantes y bien dirigidos, nunca habría podido alcanzar taléxito. Dios fue glorificado por la fidelidad de su siervo. Era el propósito divino que por la pureza y la rectitud, el creyente en Dios apareciera en marcado contraste con los idólatras, para que así la luz de la gracia celestial brillase en medio de las tinieblas del paganismo (Patriarcas y profetas, p. 216).
Cuando los hombres pasan por alto las pretensiones de Dios establecidas claramente delante de ellos, el Señor permite que sigan sus propios caminos y cosechen el fruto de sus acciones. Quienquiera que se apodere para su propio uso de la porción que Dios se ha reservado está demostrando que es un mayordomo infiel. Perderá no solo lo que ha retenido de Dios sino también lo que se le dio como suyo (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 93).

Lunes 29 de enero: Mayordomos en el Nuevo Testamento


En el gran campo de la mies hay abundancia de trabajo para todos, y los que dejan de hacer lo que pueden, serán hallados culpables delante de Dios. Trabajemos delante de Dios. Trabajemos para este tiempo y la eternidad. Trabajemos con todas las facultades que Dios nos ha concedido, y él bendecirá nuestros esfuerzos bien encauzados (Consejos para los maestros, p. 120).
La actitud de Dios de no permitir que su pueblo perezca ha sido la razón de tan larga demora. Pero la venida de la mañana para los fieles, y de la noche para los infieles, está a punto de producirse. Al esperar y velar, el pueblo de Dios debe manifestar su carácter peculiar, su separación del mundo. Mediante nuestra actitud vigilante debemos demostrar que somos verdaderamente extranjeros y peregrinos sobre la tierra. La diferencia entre los que aman al mundo y los que aman a Cristo es tan clara que resulta inconfundible. Mientras los mundanos dedican todo su entusiasmo y su ambición a obtener los tesoros terrenales, el pueblo de Dios no se conforma a este mundo, sino que manifiesta, mediante su actitud fervorosa de vigilia y espera, que ha sido transformado; que su hogar no está en el mundo, sino que está buscando una patria mejor: la celestial (Testimonios para la iglesia, tomo 2, p. 175).
Los principios que debieran motivamos como obreros en la causa de Dios han sido expresados por el apóstol Pablo: “Somos colaboradores de Dios”. 1 Corintios 3:9. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Colosenses 3:23. Y Pedro exhorta a los creyentes: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo”. 1 Pedro 4:10-11.
Existen leyes admirables que gobiernan el mundo de la naturaleza, y las cosas espirituales están controladas por principios igualmente ciertos. Hay que emplear los medios necesarios para obtener un fin si es que deseamos alcanzar los resultados deseados. Dios ha dado a cada persona su obra en conformidad con sus habilidades. Por medio de la educación y la práctica las personas quedarán calificadas para satisfacer cualquier emergencia que pudiera presentarse; y se necesita una planificación adecuada para colocar a cada uno en el lugar debido, para que pueda obtener la experiencia que lo capacitará para llevar responsabilidades (Testimonios para la iglesia, tomo 9, p. 177).
El Señor viene pronto, y debemos estar preparados para salir a su encuentro en paz. Resolvamos hacer todo lo que podamos para impartir luz a los que nos rodean. No debemos estar tristes, sino gozosos, y debemos tener al Señor Jesús siempre delante de nosotros... Debemos estar listos y esperar su venida. ¡Cuán glorioso será verle y recibir la bienvenida como sus redimidos! Hemos esperado mucho, pero nuestra fe no debe menguar. Si solo podemos ver al Rey en su hermosura, seremos benditos para siempre. Siento que debo gritar: “¡Al hogar!” Se acerca el tiempo cuando Cristo vendrá con poder y gran gloria para llevar a sus redimidos a su eterno hogar (Maranatha, p. 104).
Martes 30 de enero: Mayordomos de los misterios de Dios
El Señor me ha mostrado que hay hombres que ocupan puestos de responsabilidad que están directamente estorbando su obra, porque piensan que la obra debe hacerse y que la bendición debe provenir de cierta y determinada forma, y no reconocen lo que viene en otra forma diferente. Hermanos míos, que el Señor os haga ver este asunto tal como es. Dios no obra de la manera que los hombres disponen, o como ellos desean; él “obra en forma misteriosa para llevar a cabo maravillas”.
¿Por qué rechazar los métodos de trabajo del Señor solo porque no coinciden con nuestras ideas? Dios tiene asignados sus canales de luz, pero estos no son necesariamente las ideas de un grupo de hombres en particular. Cuando todos ocupen su lugar designado en la obra de Dios, y con empeño busquen su sabiduría y dirección, entonces se habrá hecho un gran avance para que la luz brille en el mundo. Cuando los hombres dejen de estorbar el camino, Dios obrará entre nosotros como nunca antes (Testimonios para la iglesia, tomo 5, p. 678). Dios quiere que sean siempre reveladas las verdades de su Palabra al investigador ferviente. Aunque “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios”, “las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos”. Deuteronomio 29:29... Es necesario recalcar con frecuencia el hecho de que los misterios de la Biblia no son tales porque Dios haya tratado de ocultar la verdad, sino porque nuestra debilidad e ignorancia nos hacen incapaces de comprender o posesionamos de la verdad. El límite no está fijado por su propósito, sino por nuestra capacidad. Dios desea que comprendamos tanto como lo permite nuestra mente, precisamente aquellas porciones de las Escrituras que a menudo se pasan por alto por considerárselas imposibles de comprender...
Es imposible para cualquier mente humana abarcar completamente siquiera una verdad o promesa de la Biblia. Uno comprende la gloria desde un punto de vista, otro desde otro, y sin embargo solo podemos percibir destellos. La plenitud del brillo está fuera del alcance de nuestra visión. Al contemplar las grandes cosas de la Palabra de Dios, observamos una fuente que se amplía y profundiza bajo nuestra mirada. Su amplitud y profundidad sobrepasan nuestro conocimiento. Al mirar, la visión se expande; contemplamos extendido delante de nosotros un mar sin límites (La educación, p. 17).
Los planes eternos de Dios están por cumplirse, y el fin de todas las cosas está cerca. Es la hora cuando los que poseen un conocimiento de la verdad de Dios debieran alistarse bajo la bandera manchada de sangre del Príncipe Emmanuel. Debieran levantarse como defensores de la fe dada a los santos. Debieran hacer conocer al mundo qué significa guardar los mandamientos de Dios y tener la fe de Jesús. Debieran permitir que su luz brille claramente, derramando poderosos rayos sobre la senda de los que caminan en la oscuridad. Los soldados de Cristo debieran defender la verdad hombro a hombro, ser leales a ella, vindicando la ley de Jehová (Hijos e hijas de Dios, p. 271).

 


Miércoles 31 de enero: Mayordomos de la verdad espiritual
No es la intención de Dios que la luz de ustedes brille de modo que las palabras o las obras les traigan la alabanza de los hombres, sino que ellos exalten y glorifiquen al Autor de todo bien. Jesús, en su vida, presentó a los hombres un modelo de carácter. ¡Cuán poco poder tuvo el mundo para moldearlo de acuerdo con sus normas!... Podríamos decir con Cristo: “Yo no busco mi gloria” Juan 8:50. Su vida estuvo llena de buenas obras, y es nuestro deber vivir como vivió nuestro gran Ejemplo. Nuestra vida tiene que estar escondida con Cristo en Dios, y así la luz de Cristo se reflejará sobre nosotros y la reflejaremos sobre los que nos rodean, no simplemente en palabras o profesión, sino en buenas obras y en la revelación del carácter de Cristo. Los que reflejan la luz de Dios mostrarán una disposición amante. Serán alegres, dis-puestos, obedientes a todos los requerimientos de Dios. Serán mansos y abnegados y trabajarán con amor dedicado a la salvación de las almas (Reflejemos a Jesús, p. 33). Satanás observa ansiosamente para hallar desprevenidos a los cris-tianos. ¡Oh, si los seguidores de Cristo recordaran que la eterna vigi-lancia es el precio de la vida eterna! Muchos poseen una fe ador-mecida. A menos que sean fortalecidos, reanimados, instados a obrar, sus almas se perderán.
El yo debe morir y Cristo debe reinar en el corazón como supremo y único. Los pensamientos deben estar sujetos a él. Entonces la vida será una honra para su nombre. El alma recibirá poder de lo alto para resistir los engañosos ardides de Satanás (Alza tus ojos. p. 198). ¿Se han olvidado los adventistas del séptimo día de la advertencia dada en el sexto capítulo de Efesios? Estamos comprometidos en una lucha contra las huestes de las tinieblas. A menos que sigamos de cerca a nuestro Guía, Satanás obtendrá la victoria sobre nosotros.
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. Efesios 6:13-17 (Alza tus ojos, p. 198).
Si nuestros ojos se abrieran veríamos en nuestro derredor a los ángeles malignos tramando alguna nueva manera de dañarnos y des-truimos; pero también veríamos a los ángeles de Dios que con su poder nos amparan, porque el ojo vigilante de Dios está siempre sobre Israel para el bien, y él protegerá y salvará a su pueblo si éste confía en él...
Vi que debemos vigilar y ponemos la armadura completa, embra-zando el escudo de la fe para permanecer en pie y para que no nos dañen los ígneos dardos del maligno (Primeros escritos, p. 60).

 

 


Jueves 1 de febrero: Nuestra responsabilidad como mayordomos
¡Qué prueba significó para los tres amigos de Daniel la orden de adorar la gran imagen instalada por el rey Nabucodonosor en la llanura de Dura! Sus principios les prohibían rendir homenaje al ídolo, porque era un rival del Dios del cielo. Sabían que le debían a Dios toda fa-cultad que poseían, y aunque sus corazones estaban llenos de generosa simpatía hacia todos los hombres, tenían la elevada aspiración de mantenerse enteramente leales a su Dios...
Así estos jóvenes, imbuidos del Espíritu Santo, declararon a toda la nación su fe de que el que ellos adoraban era el único Dios verdadero y viviente... Para impresionar a los idólatras con el poder y la grandeza del Dios viviente, sus siervos deben mostrar su reverencia hacia Dios. Deben manifestar que él es el único objeto de su honra y adoración y que... ni aun la preservación de su misma vida podrá inducirlos a hacer la menor concesión a la idolatría (En los lugares celestiales, p. 151).
Cada uno de nosotros decide su destino eterno, y de nosotros de-pende en absoluto que alcancemos la vida perdurable. ¿Viviremos las enseñanzas encerradas en la Palabra de Dios, que es el incomparable libro de texto de Cristo? Este es el libro más grandioso aunque el más sencillo y comprensible de todos cuantos se escribieron con miras a dar instrucciones respecto a la conducta conveniente en lo que a modales, lenguaje y sentimientos se refiere. Es el ún9co libro que puede preparar a los seres humanos para la vida que se compara con la vida de Dios. Y los que estudien diariamente esta Palabra serán los únicos que mere-cerán el diploma que les dará derecho para educar y preparar a los niños para entrar en la escuela superior, donde serán coronados como triunfantes vencedores.
Cristo Jesús es el único que puede juzgar si los seres humanos están en condiciones de recibir la vida eterna. Los portales de la santa ciudad se abrirán ante los que hayan sido humildes, mansos y sencillos se-guidores de Cristo, ante los que aprendieron sus lecciones... por haber formado según la divina semejanza (Mi vida hoy, p. 350).