CAPÍTULO 4
NUESTRA ESPERANZA PARA ESCAPAR DEL MATERIALISMO

os expertos nos dicen que, para escapar del materialismo, deberíamos mirar menos televisión, evitar mirar las vidrieras y simplificar nuestra vida. El principal factor motivador detrás de esta creencia es que cuanto menos bienes materiales posea una persona mayor será la feli-cidad que obtendrá. Pero ¿permitirá esto que lleguemos real-mente a la meta deseada de escapar del materialismo? Tempo-rariamente, tal vez. Sin embargo, nuestro foco en Cristo -en su carácter y sus caminos- es la razón más valiosa para vivir, y eso solo determinará si tenemos libertad y felicidad duraderas. Aquí hay algunas herramientas que nos ayudarán a escapar de las garras del materialismo.

COMPROMISO

En esta vida, tenemos esperanza: o en nuestras posesiones o en Cristo. Con la esperanza en cosas materiales, ponemos nuestra fe en tesoros terrenales que “la polilla y el moho des-truyen” (Mateo 6:19), y tratamos de estar satisfechos por medio de la gratificación propia. Pero esa esperanza se transformará en chasco. La esperanza en Cristo pone nuestra fe en un Re-dentor viviente y eterno: donde no encontraremos chascos.
Para fortalecer la esperanza y encontrar con éxito la felici-dad en un mundo materialista, debemos comprometernos con una relación con Cristo (Mateo. 16:24). Primero, recono-cemos una vía de escape de los adornos del mundo, por el sa-crificio de la muerte y la resurrección de Jesús, y entonces nos comprometemos con él.
El compromiso no es simplemente una promesa, sino una promesa transformada en acción. No es un evento único, sino una devoción continua a Cristo, con una dedicación a él re-novada con frecuencia (Salmo 34:1). Este compromiso man-tiene viva nuestra esperanza en medio de los altibajos de la vida. Renovar un compromiso con Cristo es parte del proceso de la santificación.
El compromiso con Jesús crea una relación muy necesaria entre el administrador y el Dueño. Los mayordomos deben discernir entre una convicción y una preferencia. Las prefe-rencias están sujetas a cambio, pero las convicciones no lo están (Daniel 1:8). La relación comprometida no vacila ni cesa.
Jesús es el Ejemplo supremo de compromiso total; él lo de-mostró por su fidelidad a su Padre. Él dijo: "Nada hago por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, así hablo” (Juan 8:28). Él glorificó a su Padre sobre la Tierra y terminó la obra que había venido para hacer (Juan 4:34).
En el compromiso, figuradamente, cruzamos un puente y quemamos lo que está detrás de nosotros, y no volvemos atrás. Cuando deseamos permanecer con Cristo, él restaura nuestra dignidad y la eleva por encima del valor de nuestras posesio-nes. Él da forma a principios nobles en nosotros. Nuestro compromiso con Cristo es el único camino por el que podemos romper el ciclo de pensamiento materialista (Lucas 18:22). Nos mejoramos a nosotros mismos por un compromiso total, no por hacer algunos pocos ajustes (Gálatas 2:20).

ESTUDIO DE LA BIBLIA

El mundo hoy mayormente ignora la Biblia, no la lee y la entiende mal. Estudiarla nos llevará más cerca de Dios. Es la forma más clara de comunicación que él usa para alcanzar-nos (Salmo 119:105). Los valores materialistas duran solo el tiempo de una vida, para la mayor parte de la gente, pero la aplicación de los principios bíblicos en la vida de uno perdu-rarán para siempre (Marcos 13:31). El estudio de la Biblia eleva nuestro carácter y nos ayuda a enfocarnos en la verdad eter-na, en lugar de hacerlo en las posesiones mundanas.
La Biblia nos da esperanza por medio de las promesas de Dios. Estas promesas no tienen limitaciones de tiempo (1 Pe-dro 1:25), y tratan de absolutos morales y espirituales. Lo que es el ejercicio para el cuerpo lo es el estudio de la Biblia para la mente. Un estudio cuidadoso nos pone delante de otros en la comprensión de las realidades de la vida.
El estudio de la Biblia nos enseña disciplina mental para tomar decisiones diarias y nos proporciona los principios para guiar esas decisiones. El materialismo, en contraste, es relativo; en un mundo materialista y naturalista, todos determinan lo que es correcto y lo que es equivocado de acuerdo con su si-tuación y preferencias. El materialismo es una manera de pen-sar limitada a esta Tierra (1 Juan 2:17), y alimenta el orgullo y disminuye nuestro bienestar. El orgullo es el camino a la des-trucción (Prov. 16:18). Pero los humildes serán exaltados (Ma-teo 5:5,6), nos dijo Jesús. El materialismo es un “saco roto" (Ha-geo 1:6), mientras que los principios bíblicos son agua viviente en un recipiente a prueba de filtraciones.
"No hay otro libro que sea tan poderoso para elevar los pen-samientos y dar vigor a las facultades como las vastas y enno-blecedoras verdades de la Biblia. Si se estudiara la Palabra de Dios como es debido, los hombres tendrían una grandeza de entendimiento, una nobleza de carácter y una firmeza de pro-pósito que rara vez se ven en estos tiempos’’.1

LA ORACIÓN DE UN MAYORDOMO

La oración es una práctica que está en casi todas las religio-nes, pero que rara vez es comprendida. La oración no es magia, meditación o pensamiento positivo. Es un acertijo para la ciencia y una disciplina paradojal para la psicología. Para un materialista, la oración, aun cuando se dirija a una divinidad, es realmente solo un murmurar a uno mismo. Para un mayor-domo de Dios, la oración es una conversación santa, persisten-te, con Cristo (Lucas 18:1) y una ciencia divina que los creyentes comprenden.
La disciplina de la oración produce esperanza y poder, mien-tras que el materialismo mezcla la oración con los deseos mun-danos. El materialismo no tiene vocabulario para la verdadera oración. Habla en una lista de deseos para comprar y ocupa el lugar del hablar con Dios como con un amigo. La expresión ora-ción materialista describe una insistencia de que hay agua po-table en un pozo vacío. Los pozos vacíos no valen nada y nunca satisfacen. Sin embargo, la oración sincera es para nuestra espi-ritualidad lo que el agua pura es para nuestro cuerpo.
Donde hay oración verdadera, hay fe; donde hay fe verda-dera, habrá oración. Los mayordomos entienden y practican esto para conquistar los desafíos de la vida. “La oración es el medio ordenado por el Cielo para tener éxito en el conflicto con el pecado y desarrollar el carácter cristiano [...]. La ora-ción de fe es el arma con la cual podemos resistir con éxito cada asalto del enemigo”.2
La esencia de la oración es estar abierto a Dios (Efe. 6:18). Cuando descuidamos la oración, descuidamos la fe, lo que es el escenario perfecto para el fracaso espiritual. Pero la aten-ción diaria a la oración fortalece nuestra conexión con Dios y nos capacita para hacer lo que es correcto. "Jesús, cuando se prepa-raba para una gran prueba o para algún trabajo impor-tante, se retiraba a la soledad de los montes y pasaba la noche orando a su Padre. Una noche de oración precedió a la orde-nación de los apóstoles, al Sermón del Monte, a la transfigu-ración y a la agonía del pretorio y de la Cruz, así como la gloria de la resurrección’’.3 Las oraciones de Jesús muestran una inquebrantable relación con su Padre e ilustran cómo la ora-ción venció al pecado en el Getsemaní (Lucas 22:46).
Satanás afirma que la oración es innecesaria, y si escucha-mos sus mentiras no ejercitaremos nuestra fe. La verdadera fe y la oración verdadera “son como dos brazos por los cuales el suplicante humano se ase del poder del Amor infinito”.4 Cuan-do oramos, Jesús habla al Padre en nuestro favor. Nuestras oraciones pueden ser débiles, desorganizadas o incultas, pero si provienen de un corazón sincero Jesús ruega por nosotros ante su Padre en los términos más fuertes posibles.

SABIDURÍA

Salomón acumuló enormes cantidades de posesiones (1 Reyes 10:26) y vivió sin restricciones en placeres egoístas. ¿Por qué tomó una decisión poco sabia tras otra? Al seguir su propia sabiduría, dejó a Dios fuera de la ecuación. La sabidu-ría de un mayordomo es el resultado de la madurez espiritual e intelectual. Es servir a su dueño con humildad. "El dinero, las posesiones, el intelecto, solo son prestados a nosotros pa-ra ser tenidos como un precioso legado para el servicio de Cristo. Jesús nos ha dado la razón, la capacidad, el conoci-miento, el afecto, las propiedades, y han de ser usados con sabiduría para traer honra y gloria a su nombre’’.5
Sin Cristo, la sabiduría está más allá de nuestro alcance. "Conmigo están el consejo y el buen juicio. Yo soy la inteligen-cia, y mío es el poder” (Proverbios 8:14), dice la voz de la sabidu-ría verdadera. Podremos tener toda la sabiduría del mundo, pe-ro no es suficiente para enfrentarse con lo que ofrece el mate-rialismo, a menos que estemos fielmente conectados con Dios.
La sabiduría viene como un resultado del conocimiento, la comprensión y la experiencia. El conocimiento es información, y la comprensión viene de darse cuenta y aprender de las im-plicaciones del conocimiento en situaciones (buenas o malas) que he experimentado. La combinación de estas tres cosas da sabiduría. Pero es más que eso. "La humildad, la reverencia, el respeto, la adoración, la fe; estos son aspectos de la sabiduría que sobrepasan el conocimiento terrenal. ¿Qué es la inteligen-cia? ‘Apartarse del mal’. La inteligencia no es solo intelectual; es ética. Exige una norma de vida. Reverencia y rectitud son los dos grandes requisitos de Dios. En Miqueas 6:8 se habla de estas dos características con los nombres de justicia y miseri-cordia para con el hombre, y humildad ante Dios”.6

EL ESPÍRITU SANTO

A menudo vemos un gran choque entre el deseo de Cristo y el deseo de posesiones (2 Reyes 5:20-27). Esto puede ser una lucha vaga pero intensa para los mayordomos cristianos. ¿Cómo podemos evitar que las posesiones controlen nuestra experiencia espiritual?
Las cosas materiales son parte de la creación de Dios, y tienen su lugar y su valor apropiados. Por causa del pecado, caemos en la trampa de poner un valor demasiado alto a las cosas materiales, y nuestra escapatoria del materialismo de-pende de comprender al Espíritu Santo y cooperar con él. El materialismo nos controla mientras pueda usar nuestros sentidos para determinar la verdad. Pero no podemos confiar en nuestros sentidos para discernir la verdad; esa es la res-ponsabilidad del Espíritu Santo (Juan 16:13). La verdad es ab-soluta, pero el materialismo trata de establecer nuestras po-sesiones como absolutas: una teoría falsa. Nuestra vía de es-cape es permitir que Dios tenga “el absoluto dominio de pro-piedad”, lo que significa que llegamos a ser su propiedad para siempre, y él es nuestro Dueño por medio del Espíritu Santo. “Solo es por el ingreso del mensaje del Nuevo Testamento acerca del Espíritu Santo que el materialismo puede ser ven-cido y evitado en el futuro".7
El Espíritu Santo guía al mayordomo en la administración de una vida piadosa. É] es una protección para nosotros con-tra el mal y la corrupción (2 Pedro 1:3,4). Tendemos a volver-nos cómodos en nuestra vida y permitir que nuestra espiri-tualidad vaya a la deriva. La apostasía comienza en forma
sutil e imperceptible, y llega a ser como un resfrío espiritual. Entonces, cuando nuestra condición espiritual debilitada en-frenta con plena fuerza el deseo de este mundo, el hechizo del materialismo llega a ser mortal para nuestra alma (Éxodo 32:1-6). Necesitamos la presencia del Espíritu Santo para man-tener nuestra salud espiritual como una defensa contra los deseos materiales.
Esta vida es una batalla entre la obediencia al mundo y la obe-diencia al Espíritu. La obediencia verdadera es un asunto de amor, aunque estamos constantemente enfrentados con odio, egoísmo y avaricia. Satanás es el epítome de la perfidia (2 Corin-tios 11:149) y la rebelión contra Dios (1 Pedro 5:8). Él quiere atraer-nos a su espiral descendente de materialismo. Los mayordomos que eligen a Dios y lo sirven fielmente tienen la provisión del Es-píritu Santo para guiarlos a la vía de escape de cualquier cosa que este mundo tenga para ofrecer (1 Corintios 10:13).


1 Elena de White, La educación cristiana (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1963), p. 225: ver también p. 233.
2 White, La oración (Buenos Aires: ACES, 2006), p. 52.
3 Ibíd. p. 173.
4 White, Obreros evangélicos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sud-americana, 1971), p. 274.
5 White, "Unselfish Service, Nº 1”, Pacific Union Recorder (14 de julio de 1904), p. 7.
6 Francis D. Nichol, ed., Comentario bíblico adventista (Mountain View, CA: Publicaciones Interamericanas, 1984), tomo 3, p. 577.
7 W. H. Griffith Thomas, The Holy Spirit of God (Eugene, OR: Wipf and Stock, 2011), p. 3.