INTRODUCCIÓN
Clayton M. Christensen, un autor de temas de negocios, observó que muchos de sus compañeros de estudios fracasaron en la administración de la vida, con los años. Concluyó: "No mantuvieron el propósito de su vida frente a ellos y en el foco cuando decidían cómo gastar su tiempo, sus talentos, su energía".1 ¿Mantenemos el propósito de nuestra vida frente a nosotros y en nuestro foco? ¿Sabemos cuál es? Yo creo que la respuesta se encuentra en un tema que algunos llaman aburrido o irrelevante, pero que realmente es muy importante para nuestra vida espiritual.
Vivimos en u n mundo lleno de caos y egoísmo. Aun algunos que van a la iglesia piensan, inconscientemente: ¿Qué tiene ella para mí? Algunas personas buscan la paz interior a la vez que rehusan ser responsables y creen que la espiritualidad sin obligaciones es el camino por el que deben ir, mientras que otros están dispuestos a dar una segunda mirada a los principios que la Biblia plantea con respecto a la identidad de un mayordomo, y lo que la mayordomía podría significar para ellos. Queremos ser mayordomos que^epan cómo vivir, comportarse y donar en u n mundo de caos, de modo que, en última instancia, vivamos nuestra vida con libertad.
El resultado de una buena mayordomía es una vida de "piedad con contentamiento [...] el verdadero secreto de la felicidad".2 Pero esto requiere disciplina espiritual, esfuerzo, trabajo, compromiso y responsabilidad: precisamente aquello acerca de lo cual la cultura que nos rodea y la mayor parte del mundo están en contra. Estas acciones y decisiones responsables se representan como necias e irrelevantes, surgidas de principios escritos por fabulistas, para personas que usan muletas, para los que no son lo suficientemente inteligentes para reconocer que no hay Dios. Sin embargo, para nosotros como creyentes, llegar a nuestro destino en el cielo depende de una comprensión correcta de la mayordomía.
Por amplio que sea el tema de la mayordomía, hay un denominador común en todos sus subtemas: la mayordomía toca todo lo que hacemos, todo lo que somos y todo lo que tenemos.
Alguien dijo cierta vez que las cosas materiales son los únicos competidores de Dios. Jesús lo describió de esta manera: "Ninguno puede servir a dos señores, popque odiará al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mat. 6:24).
El dinero siempre ha sido un problema para el pueblo de Dios, y el consumismo moderno no ayuda en nada. Este libro t r a t a sobre la administración de nuestras posesiones, acerca de la relación con el dinero y acerca de las maneras en que nos relacionamos con Dios, como el Dueño de todo lo que tenemos. De todos los temas variados que incluye la mayordomía, ¿por qué nos enfocamos en el dinero, las posesiones, la riqueza y el dar? Dos razones serán nuestro comienzo.
Primera, en este momento de la historia, la riqueza de la gente y su amor al dinero son las mayores amenazas al cumplimiento de la misión de la iglesia de Dios. El dinero es el competidor de Dios. Una cantidad de estudios muestra que las personas que pretenden ser cristianas siguen dando menos y menos, mientras que otras prioridades requieren más de sus recursos financieros. ¿Qué será necesario para revertir esta tendencia?
Segunda, ¿cómo nos relacionamos, ricos o pobres, con todas las posesiones que el dinero puede comprar? ¿Revela algo acerca de nuestra salvación? Gene A. Getz nos presenta un principio supracultural. Un principio supracultural de la Biblia puede aplicarse en cualquier tiempo de la historia, en cualquier lugar del mundo y dentro de cualquier contexto cultural.
Con respecto a las posesiones, escribe: "Una de las maneras más importantes en que se prueba la fe salvadora, en cuanto a su validez y realidad, es la manera en que los cristianos profesos consideran y usan sus posesiones materiales".3 Entonces, menciona Santiago 2:17, que dice: "Así también la fe, si no tiene obras, está completamente muerta". Finalmente, Getz comenta: "Esto es importante, pues la manera en que usamos nuestras posesiones materiales es la ilustración exacta que usó Santiago para probar si u n cristiano profeso realmente es salvo".4
Comencemos la jornada para ver cómo podemos tener éxito, ser relevantes y felices al manejar nuestras posesiones tangibles e intangibles para la gloria de Dios. Deseamos oír algún día: "Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor" (Mat. 25:23).
1 Clayton M. Christensen, "How Will You Measure Your Life?", en On Managing Yourselfr (Bo" ston: Harvard Business School, 2010), p. 5. 2Elena de White, Testimonios para la iglesia, 1.1, p. 473. 3 Gene A. Getz, A Biblical Theology of Material Possessions (Eugene, OR: Wipf and Stock, 1990), p. 174