CAPÍTULO 10

LA FUNCIÓN DE LA MAYORDOMÍA

Miguel había aceptado un trabajo en una gran corporación y estaba conociendo el funcionamiento de su nuevo departamento. Se reunió con otros empleados para el almuerzo, a fin de conocer a sus compañeros de trabajo. Notó que la mayoría de los empleados eran amables y que gozaban al conversar entre ellos durante las pausas del trabajo y, a menudo, aun por más tiempo. A Miguel le gustó la camaradería de su nuevo departamento y se acomodó a ella.

También notó que un hombre, Frank, era diferente. Frank era amigable y ayudador, pero cuando terminaba la hora del almuerzo volvía a su mesa de trabajo. Raramente se detenía para hablar con alguien, a menos que fuera por razones de trabajo, y si algo lo detenía durante la hora de trabajo se quedaba después de hora para recuperar el tiempo perdido.

Miguel tenía curiosidad por saber más acerca de Frank. Un día, cuando ambos salían del edificio, Miguel le preguntó:

-¿Qué ocurre contigo, Frank? He notado que no te quedas en el comedor después de la una y que siempre estás en tu escritorio trabajando. Realmente tu trabajo tiene que gustarte mucho.

Frank sonrió y le contestó a Miguel:

-El trabajo me gusta, Miguel. Pero mi lealtad no es hacia la compañía, es hacia Dios, y él demanda responsabilidad. Tomar tiempo del trabajo de la oficina para conversar o hacer algo I personal es robar. Esta empresa me paga para hacer un trabajo

' específico, y si tomo tiempo de mi trabajo para cosas personales -aunque sea charlar con un amigo- llego a ser un ladrón.

Miguel quedó callado un momento. Finalmente, respondió:

-Esto me resulta difícil de digerir. Todos conversan con otros durante el día; eso mantiene alta la moral y nos ayuda a hacer mejor nuestro trabajo. ¿No te parece que el jefe entiende eso y lo espera?

-Sí, supongo que es así, pero eso no lo convierte en algo bueno. Ser un trabajador honrado es parte de ser un buen mayordomo. Eso es lo que Dios espera de aquellos que le pertenecen.

Miguel quedó pensando unos momentos.

-No lo había pensado. Yo soy cristiano, devuelvo mi diezmo y doy ofrendas, pero pensé que eso era todo lo que Dios requería.

-En realidad -dijo Frank-, Dios nos dice exactamente lo que él espera de sus seguidores. Se encuentra en Miqueas 6:8: "Él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios".

-Frank, creo que tienes algo importante allí -dijo Miguel-, , Comenzaré a orar para que Dios haga que Miqueas 6:8 sea real

i en mi vida. Gracias por tu consejo. De paso, tu vida refleja lo

que me acabas de decir.

Los mayordomos deben rendir cuentas a alguien. O son mayordomos sabios como José, quien sirvió a Potifar (Gén. 39:4-6), o no sabios, como el mayordomo deshonesto de la parábola de Cristo (Luc. 16:1-13). Por esta razón, la mayordomía juega un rol vital en la vida del cristiano.

Podemos entender la importancia y el rol de la mayordomía estudiando las partes de una rueda de un carruaje, algo como las ruedas de los carros del templo en 1 Reyes 7:33, en su relación con nuestra experiencia con Cristo y la jornada de fe. Primero, debemos identificar a Dios como el fabricante de ruedas de madera. Ese fabricante ha sido llamado artesano, porque hacer una rueda requiere gran precisión. Debe combinar las habilidades de un carpintero con el conocimiento de un herrero. Las habilidades matemáticas y la destreza manual del fabricante son los factores principales que determinan la calidad y la durabilidad de la rueda.

EL EJE: CRISTO COMO CENTRO

El eje viviente de nuestra rueda es Cristo. Un eje viviente es el buje dentro del cual gira el eje y, también, el mecanismo que transmite la fuerza a las ruedas. Como es el eje central para el movimiento de la rueda, así es Cristo central para nuestro progreso. No podemos movernos sin su poder. El eje mantiene las ruedas en posición, así como Jesús nos mantiene a nosotros en posición cuando llegamos a estar unidos a él. El eje viviente también lleva el peso del vehículo, así como Cristo lleva el peso de la salvación, haciendo que nuestra carga sea ligera (Mat. 11:28-30). "Recordemos que Cristo es el gran corazón central del cual fluye la sangre vital a cada parte del gran cuerpo de la humanidad".1 Cristo es el centro, del mayordomo y de la mayordomía, que lleva el peso de nuestras acciones, así como un eje viviente provee estabilidad, permitiendo que las ruedas giren y lleven el carro hacia adelante.

Cristo está en el centro de nuestra rueda. Él es el ancla para nuestra conducta. "Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe" (Heb. 12:1,2). Él es el Cristo viviente y poderoso, y solo por medio de él podemos tener éxito en cualquier aplicación práctica de nuestra teología. "Poner nuestros ojos en Jesús" lo hace el centro de nuestra vida. Su influencia afecta todo lo que pensamos y hacemos. Él es el núcleo que identifica nuestro propósito terrenal y nuestra seguridad eterna. Si Cristo no es nuestro centro, no somos sus mayordomos, y cualquier intento de mayordomía es inútil.

EL CUBO: LA DOCTRINA DEL SANTUARIO

Una vez, mientras estaba en medio de un estudio bíblico sobre el Santuario, un oyente preguntó:

-De todos modos, ¿qué diferencia produce esta enseñanza?

No recuerdo la respuesta exacta que le di, pero nunca olvidaré su pregunta. La diferencia que produce la doctrina del Santuario se puede ilustrar con el cubo de la rueda.

El cubo mantiene la rueda junto al eje. El cubo de una rueda de carro está hecho con cierta madera porque su grano no es fácilmente partido cuando se insertan los rayos. Para que la rueda gire en forma equilibrada, el cubo debe estar exactamente en el centro de la rueda. Cuando se insertan los rayos, estos pueden ser ajustados o aflojados de modo que el cubo quede bien en el centro. El cubo es vital para sostener la rueda junto al eje. Debe ser fuerte, estable, y hecho precisamente para que el eje y el cubo se ajusten bien y trabajen juntos.

El cubo de la rueda ilustra la doctrina del Santuario, que estudiamos en la Biblia y aplicamos a la vida. Esta doctrina bíblica es la piedra angular de los adventistas del séptimo día (ver Dan. 8:14; Heb. 8:1-5). Ningún texto aislado puede abarcar todos sus aspectos. Esta doctrina provee una lente singular a través de la cual miramos todas las otras creencias bíblicas. Cuando entendemos la importancia de Cristo en el Santuario actuando como nuestro Juez y Abogado, podemos ver por qué nuestro sistema cristiano de creencias es singular. Proporciona la guía moral que se refleja en una conciencia despierta en el mayordomo. Anclado en esta verdad, el mayordomo puede distinguir la verdad del error. Entender la centralidad del Santuario en nuestra teología es lo que nos guía para usar "bien la palabra de verdad" (2 Tim. 2:15). La teología afecta la vida práctica, nuestra mayordomía. Una doctrina correcta producirá una vida correcta y es crucial para que la mayordomía tenga un resultado redentor.

La doctrina del Santuario "reveló todo un sistema de verday al poner de manifiesto la situación y la obra de su pueblo le indicaba cuál era su deber".2 "Es la base de un sistema coordinado de verdad".3 Es "el marco hermenéutico básico para el desarrollo de un sistema doctrinal singular".4

LOS RAYOS: CREENCIAS DOCTRINALES CENTRADAS EN CRISTO

Las primeras ruedas inventadas eran círculos de madera sólidos, pesados. Los rayos se inventaron para que la rueda fuera más liviana; y el carro, más rápido. Los rayos actúan como tirantes o tensores y tienen que ser fabricados muy cuidadosamente, para que se inserten en el cubo. No pueden quedar sueltos ni demasiado apretados, porque eso disminuiría la fuerza de la rueda. Como dijimos, este proceso de insertar los rayos es lo que hace que la rueda esté bien equilibrada.

Los rayos de la rueda representan las diferentes doctrinas (2 Tim. 3:16; Tito 1:9) y creencias5 que sostienen los cristianos. Ellas revelan lo que es importante para nosotros y gobiernan nuestra conducta. Las creencias pueden ser cambiadas o distorsionadas, como vemos en la vida del rey Saúl (i Sam. 13). Una creencia que uno está dispuesto a cambiar es una preferencia que se acomoda a nuestros caprichos, según la situación. No tiene norma moral y está desajustada. Las creencias no las cambiamos, son convicciones sólidas que nos dan absolutos morales (Hech. 9:1-22) por los cuales vivir. Los rayos de las doctrinas y las creencias deben estar anclados en Cristo e influidos por su ministerio en el Santuario, y deben ser probados para ver si son verdades bíblicas (Isa. 8:20). Cada generación lucha buscando la verdad, pero cuando el sistema está en su lugar, entonces, se cumple la declaración "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). Este sistema tiene un elevado impacto en nuestra mayordomía.

EL ARO: LA MISIÓN DE LOS TRES ÁNGELES

El fabricante de las ruedas le añade un borde exterior de madera, que se prepara de modo que forme un círculo perfecto, al cual se sujetan los rayos. Está formado por varios trozos de madera al que deben ajustarse perfectamente los rayos.

Este reborde representa los mensajes de los tres ángeles como nuestra misión. Mientras los conceptos amplios de los mensajes de los tres ángeles incluyen todo lo que nos representa como adventistas del séptimo día y, por lo tanto, son parte del marco hermenéutico ilustrado por el cubo, la misión de Apocalipsis 14:6 al 12 es la acción que nos mantiene rodando, como ocurre con el borde de la rueda. Evita que lleguemos a estar estáticos y concentrados hacia adentro, de modo que perdamos la razón y el propósito por el que existe la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Cando los mensajes de los tres ángeles para la misión rodean nuestro sistema de doctrinas (los rayos), que está basado en una comprensión bíblica de la doctrina del Santuario y que está enfocada en Cristo, obtenemos una cosmovisión singular diseñada para el pueblo de Dios que vive en este momento de la historia de la Tierra. "Los tres ángeles de Apocalipsis 14 representan a aquellos que aceptan la luz de los mensajes de Dios, y salen como agentes suyos para pregonar las amonestaciones por toda la anchura y longitud de la Tierra. Cristo declara a los que lo siguen: 'Sois la luz del mundo' (Mat. 5:i4)".6

LA LLANTA DE HIERRO: LA MAYORDOMÍA

El paso final de la rueda del carro es la instalación de la "cubierta". Una banda de hierro, o llanta, se calienta al rojo, se forja, se pone en su posición con martillos y luego se enfría con agua. Al contraerse la llanta, ajusta apretadamente todas las partes de la rueda. De este modo, bien ajustada, la rueda dura mucho más, ya que no se anda aflojando al rodar por caminos ásperos. No hay pegamento o cola ni clavos en la rueda, de modo que la llanta de hierro es todo lo que mantiene ajustadas las partes de la rueda.

Esta llanta representa la mayordomía. Todos somos mayordomos que tenemos contacto con el mundo en toda clase de situaciones. Nuestra mayordomía mantiene todo lo demás en su lugar. Es la manera en que administramos situaciones pasadas en nuestra religión cristiana. "La teología procura pensar el significado [...] del encuentro [con Dios], Los mayordomos procuran vivirlo".7 Nuestra cosmovisión singular monta el escenario para que la teología sea práctica y pragmática, donde administramos las posesiones tangibles e intangibles para la gloria de Dios. Esto nos lleva a ser responsables ante el Fabricante de ruedas que unió todas esas partes. La mayordomía es el momento de la verdad cuando aplicamos lo que creemos a nuestra vida. Esto hace que cada contacto con la vida sea una extensión de nuestras creencias.

Una banda de hierro debidamente colocada ilustra la santificación práctica, la manera en que se relacionan nuestras actividades diarias con nuestra experiencia de la salvación. Esta armonía es una conversión diaria de la vida, que demuestra "que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Fil. 1:6). "Cada cristiano debe adelantar diariamente en la vida divina. A medida que avanza hacia la perfección, se convierte a Dios cada día; y esta conversión no se consuma hasta que alcanza la perfección del carácter cristiano".8

La noche en que Pedro negó a Cristo tres veces fue la noche en que la mayordomía apesadumbrada de Pedro fue restablecida. Después de que Cristo ascendió al cielo, Pedro se paró ante quienes lo habían escuchado maldecir y habló, sin temor, acerca de Jesús. Pedro se había convertido de nuevo. Sus valores se realinearon. La "llanta de hierro" de su vida había sido puesta firme y correctamente. Del mismo modo, nuestras acciones conducidas por el Espíritu nos realinearán continuamente con nuestras doctrinas bíblicas y con la verdad de Jesús. Este no es un ejercicio teológico de ideas, sino un vivir diariamente la voluntad de Dios (Rom. 12:2; Sal. 84:11).

NUESTRO MAYOR DESAFÍO

En cada punto donde la llanta de la mayordomía hace contacto con el suelo, estamos confrontados con la responsabilidad de comprender y ejecutar hábilmente una administración de éxito. Dios es verdad (Juan 14:6), pero lo que el dinero reclama es una media verdad. El mayor desafío que un mayordomo encontrará es la relación con la vida que Dios ha provisto y su administración adecuada. Nuestra cosmovisión singular, ilustrada por la rueda del carro, nos ayudará a alejarnos de la ruina cierta.


1 Elena de White, "Duty to the Poor, the Erring, and the Wandering", Review and Herald (16 de octubre de 1894).

2 White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana 1993), p. 476.

3LeRoy Edwin Froom, Movement of Destiny (Wáshington, DC: Review and Herald, 1971), p. 87.

4 Alberto R. Timm, "Seventh-day Adventist Eschatology, 1844-2001: a Brief Historical Overview", p. 287.

5 Como en las 28 creencias fundamentales.

6 White, Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 431.

7T. A. Kantonen, A Theology for Christian Stewardship (Filadelfia: Fortress Press, 1956), p. 6.

8 White, Meditaciones matinales [1953] (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1953), p. 257.