Todo cristiano tiene el espíritu
Pero vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Romanos 8:9


Pero.
En los versículos anteriores, Pablo ha estado hablando de los que se inclinan a la carne, de los que tienen sus mentes enfocadas en el — mundo actual. "Pero" no todos están en ese lado. En posición opues-In n los de la carne, están los que "tienen el Espíritu". El apóstol considera este Irma de tal importancia que continúa diciendo que "el que no tiene el I spirítu de Cristo" no le pertenece, no es cristiano.

En este versículo se destacan dos verdades importantes acerca del Espíritu Snnto. Primero, todo cristiano (más bien todo miembro de iglesia) tiene el don (Id Espíritu Santo. Eso es precisamente lo que Jesús enseñó a Nicodemo durante su encuentro nocturno: "Te aseguro: El que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; y lo que nace del Espíritu, es espíritu" (Juan 3:5, 6).

Según Pablo, la presencia del pecado caracteriza a los que están "en Adán" (Romanos 7:17, 20), pero la marca del cristiano es la morada interior del Espíritu de Dios. La promesa que hace Jesús en Juan 14:16, 17 refleja esa morada espiritual: "Y yo rogaré al Padre" que envíe al Espíritu Santo, "al Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce. Pero vosotros lo conocéis, porque está con vosotros, y estaré en vosotros". Debido a esa Presencia interior, Pablo se refiere a nuestro cuerpo como "templo del Espíritu Santo" (1 Corintios 6:19).

El Espíritu Santo es el don de Dios para todo cristiano genuino, una bendición universal para todo el que viene a Jesús. Por supuesto, además del don del Espíritu para todos los cristianos, la Biblia también habla de los dones o talentos especiales que algunos reciben para llevar a cabo ministerios específicos. Sin embargo, no debemos confundirlos con la morada del Espíritu en toda persona que confía en Cristo como Señor y Salvador.

El otro punto importante que debemos notar en Romanos18:9, que se relaciona con el Espíritu, es su implicación para la doctrina de la Trinidad. El pasaje no sólo se refiere en forma intercambiable al Espíritu como "el Espíritu de Cristo" y "el Espíritu de Dios", sino también vincula a los miembros del "trío celestial" o los "tres grandes poderes" que Elena de White menciona (Evangelismo, pág. 446), en intima unión, empeñados en su obra a favor de