Todo está en la forma de pensar
Porque la inclinación de la carne es contraria a Dios, y no se sujeta a la Ley de Dios,ni tampoco puede. Así, los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Romanos 8:7, 8.


La inclinación de la mente es importante. La forma como pensamos es uno de los principales aspectos de nuestra vida. Pablo ha estado des tacando esta verdad desde Romanos 8:5, donde dice que la forma • como pensaba la gente expresaba su naturaleza básica y los identificaba como cristianos o incrédulos. Luego en el versículo 6 dice que la inclina ción no sólo dice algo de nosotros ahora, sino que también tiene consecuencias eternas.

En el versículo 7 el apóstol amplía un poco más el concepto diciendo que "la inclinación de la carne", que se ocupa de los asuntos de este mundo, "es contraria a Dios". "Contraria" no quiere decir ligeramente en desacuerdo. Los que tienen esa tendencia realmente son enemigos de Dios, un tema que Pablo ya tocó en Romanos 5:10. La contrariedad hacia Dios expresa una hostilidad profunda. Juan Stott declara que "es oposición a su nombre, su reino, su voluntad, su día, su pueblo, su Palabra, su Hijo, su Espíritu y su gloria".

Pablo se empeña en recalcar que la inclinación hacia las cosas de este mundo, contradice especialmente las normas morales de Dios expresadas en su ley. La mente carnal "no se sujeta a la Ley de Dios, ni tampoco puede". Es por eso que la Biblia dice que una persona que se convierte, recibe una mente y un corazón nuevos. Vuelve a nacer, porque el bautismo por inmersión simboliza la muerte y la resurrección (Romanos 6:2-4).

Por eso, la conversión al cristianismo no es un paso más para mejorar. ¡No! Es el abandono completo de la forma antigua de pensar y de vivir, es una vida totalmente distinta. Una vida "en Cristo", en oposición a una vida "en Adán".

La consecuencia final de inclinarse a la carne o a las cosas de este mundo, es que tales personas "no pueden agradar a Dios".

Pablo ha estado hablando en cuatro versículos acerca de dos alternativas (la mente carnal y la mente espiritual) que conducen a dos modelos de conducta (vivir de acuerdo con la carne, o de acuerdo con el Espíritu), y que se relacionan directamente con dos estados espirituales (muerte, o vida y paz). Por eso, la forma como pensamos, nuestras tendencias y lo que valoramos, tiene una función central tanto en nuestra conducta actual como en nuestro destino futuro. Con razón Pablo dijo a los filipenses: "Haya en vosotros el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús" (Filipenses 2:5).