Cristo al rescate
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa delpecado, condenó al pecado en la carne. Romanos 8:3.


Cómo en Romanos 8:2, la palabra "porque", con la cual se inicia también el versículo 3, es de particular importancia. Reafirma, sobre el sólido fundamento de la obra de Cristo, los dos primeros versículos

del capitulo 8: la proclama de que no hay "ninguna condenación" y el anuncio de la intervención del Espíritu, para librar al cristiano de "la ley del pecado y de la muerte". Por la vida y la muerte de Jesucristo, la salvación no sólo es una posibilidad, sino una realidad.

Pero respaldando a Jesucristo, está Dios mismo; el Padre que ha enviado a "su Hijo en semejanza de carne de pecado". Esta significativa frase dice mucho acerca de Jesús, el Dios-hombre. En primer lugar, se refiere a Jesús como "su" Hijo, el Hijo de Dios. Es verdad que en cierto sentido, cada cristiano lo es; pero, tal como señala A. M. Hunter, Cristo es el "Hijo por naturaleza", mientras que el cristiano lo es "por gracia". Cristo no es idéntico a nosotros. Es el Hijo de Dios. De ahí que, cuando el ángel anunció a María el nacimiento de Jesús, se refirió a él como "el Santo Ser que nacerá"'y que "será llamado Hijo de Dios" (Lucas 1:35). La Biblia no se refiere de ese modo a ninguna otra criatura; porque de manera por demás significativa, Jesús fue diferente a todo ser humano: fue el propio Hijo de Dios, con la herencia directa del Espíritu Santo de su Padre.

Por otro lado, Jesús vino "en semejanza de carne de pecado". Note cuán cuidadoso fue Pablo en la selección de sus palabras. Si hubiera dicho que vino "en carne de pecado", habría creado un verdadero desastre teológico, pues ya había señalado en el capítulo 7, que la carne de pecado es incapaz de sobreponerse al pecado. De haberse referido a Cristo como si hubiera poseído "carne de pecado" como cualquier otro ser humano, habríamos llegado a la conclusión de que Jesús fue un pecador como el resto de la humanidad. Por otra parte, sin embargo, era el plan de Dios identificar a Cristo con todos los que había venido a salvar. De ahí que Pablo seleccionara cuidadosamente las palabras "en semejanza de carne de pecado". Por este medio indicó que Cristo participó plenamente en la humanidad, sin ser exactamente como los demás.

Elena G. de White concordó en esto con Romanos 8:3, al señalar que "no es correcto decir, como muchos autores lo han hecho, que Cristo fue como todos los demás niños... Su inclinación hacia lo recto era una constante satisfacción para sus padres" (Youth's Instructor, 8 de septiembre, 1898).

Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de los demás niños. Leemos en La educación, página 29, que "En la vida de todo hombre se manifiesta el resultado de haber comido del árbol del conocimiento del bien y del mal. Hay en su naturaleza una inclinación hacia el mal, una fuerza que solo, sin ayuda, él no podría resistir".


Cristo lidia contra el pecado —
Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne. Romanos 8:3


I Padre envió a Cristo "en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado". Pablo no deja duda alguna en cuanto a por qué Dios envió a su Hijo. La raza humana estaba perdida y era incapaz de salir por sus propios esfuerzos del pozo del pecado y de su condenación.

Cristo fue enviado... "a causa del pecado". Fue enviado para lidiar con él de una vez por todas. ¿Qué quiso decir Pablo con la expresión "a causa del pecado"? En la Nueva Versión Internacional de la Biblia, el texto de hoy se traduce así: "Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado". Con ello sigue el modelo de la versión griega del Antiguo Testamento, en la cual la expresión "por el pecado" ("a causa del pecado", en el texto de hoy) suele traducirse como "ofrenda por el pecado". El pasaje de Hebreos 10:6-8 refleja precisamente esa interpretación. Sin embargo, el contexto de Romanos 8:3 pareciera exigir una interpretación más amplia. Y por cierto, es verdad que Jesús lidió con el pecado en más de un aspecto.

El propósito de Pablo en este pasaje era explicar cómo los cristianos podían obtener la victoria sobre el pecado, siendo que la ley era impotente para esto. Ésa era la razón por la que Dios envió a Jesús, quien acabó con este asunto para siempre. Cristo vino para cargar con la condenación del pecado por medio de su muerte, pero también, para destruir el poder controlador del pecado en la vida de quienes le aceptaron por fe. Las palabras "a causa del pecado" o "en sacrificio por el pecado" resumen su misión para este mundo.

Por lo demás, este pasaje (8:3) también dice que lo que Cristo hizo en lo que respecta al pecado fue condenarlo "en la carne".

¿Y cómo condenó Jesús al pecado "en la carne"? En primer lugar, porque fue enviado "en semejanza de carne de pecado", y en ese estado vivió una vida de completa obediencia a Dios. Como segundo Adán venció en lo que el primer Adán falló.

En segundo lugar, Jesús no sólo vivió una vida en completa armonía con la ley divina, convirtiéndose por ello en el inmaculado Cordero de Dios, sino que murió "en la carne" la muerte en sacrificio, "una vez por todas" (6:10), para ser así nuestra ofrenda, en "sacrificio por el pecado". Lo que Jesús hizo "en la carne", tanto en su vida como en su muerte, "condenó al pecado".

Por su vida y su muerte, Cristo no sólo anuló la sentencia de condenación de los que aceptamos su gracia, sino que sentó las bases para eliminar el dominio poderoso que el pecado ejerce aun en los creyentes. Cristo lidió con el pecado de tal manera, que abrió el camino de la victoria para todos sus seguidores.


Cómo andar conforme al espíritu
[Cristo enfrentó el pecado] "para que el requisito de la Ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu". Romanos 8:4.


I analizar el versículo anterior, vemos que Cristo enfrentó el pecado, condenándolo en la carne a través de su vida sin pecado y el sacrificio de su muerte. Uno de los propósitos de su obra fue "para que el requisito de la Ley se cumpla en nosotros".

¿Qué quiere decir con eso de que la ley "se cumpla en nosotros"? Algunos dicen que Pablo sugiere que, por cuanto Cristo guardó la ley perfectamente, nos transmite su obediencia perfecta. Que no sólo murió por nosotros vicariamente, sino que también vive por nosotros vicariamente. Desde ese punto de vista, el texto de hoy no estaría refiriéndose a nuestra conducta personal como cristianos.

Aunque en la lectura exista esa posibilidad, no parece ser eso lo que Pablo tenía en mente en Romanos 8. Antes bien, pareciera referirse a lo que les sucede a los que están en Cristo. F. F. Bruce dice: "Los mandamientos de Dios han llegado a ser ahora la oportunidad que Dios da" a los que están bajo el poder del Espíritu Santo.

Eso implica que en las vidas de los creyentes, los frutos de la justificación y la santificación no están separados. Dios considera justos a los que están "en Cristo", y mediante el Espíritu Santo les da el poder de vivir los principios de la ley en sus vidas diarias (santificación).

Esa vida victoriosa, como vimos en el capítulo 7, no está libre de dificultades y errores. Pero proporciona un estilo de vida totalmente distinto al que teníamos cuando éramos esclavos del pecado.

La metáfora de andar, del versículo de hoy, nos ayuda a comprenderlo. Pablo habla de los que "no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu". Para la mayoría de nosotros, el progreso en la vida cristiana es más parecido a caminar que volar. Tal vez nuestro crecimiento espiritual diario no sea espectacular, pero es estable.

Sin embargo, aún esa caminata progresiva es posible sólo mediante el poder capacitador del Espíritu Santo. Los que viven "conforme al Espíritu" no sólo tienen el poder de triunfar, sino también sus horizontes se amplían en cuanto a lo que es importante y posible en la vida. Caminar con el Espíritu es realmente una experiencia transformadora. Dios no sólo desea hacer algo por los que están en Cristo (justificación); sino desea hacer algo en ellos (santificación).