Notas EGW

Lección 7 - Como vencer el pecado


Sábado 11 de noviembre

Hoy Satanás presenta las mismas tentaciones que presento a Cristo, ofreciéndonos los reinos del mundo a cambio de nuestra sumisión. Pero no tienen poder las tentaciones de Satanás sobre aquel que contempla a Jesús como el Autor y Consumador de su fe. No puede hacer pecar al que acepte por fe las virtudes de Aquel que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para librarnos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.
Dios tendrá un pueblo celoso para las buenas obras, firme en medio de las contaminaciones de esta época de degeneración. Habrá un pueblo cuyos miembros se aferrarán de tal manera a la fuerza divina que podrán resistir a toda tentación (Maranatha, p. 91; parcialmente en Maranata: el Señor viene, pp. 93, 94).
Dios pide a los hombres que se opongan a los poderes del mal. Él dice: “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como vivos de los muertos, y vuestros miembros a Dios por instrumentos de justicia”. Romanos 6:12, 13.
En este conflicto de la justicia contra la injusticia, podemos tener éxito únicamente mediante la ayuda divina. Nuestra voluntad finita debe someterse a la voluntad del Infinito; la voluntad humana debe unirse a la voluntad divina. Esto nos proporcionara la ayuda del Espíritu Santo, y cada conquista ayudara a recuperar la posesión adquirida por Dios, a restaurar su imagen en el alma (Nuestra elevada vocación, p. 155).
Nadie recibe la santidad como un derecho al nacer, o como una dadiva de alguien otro ser humano. La santidad es la dadiva de Dios por medio de Cristo. Los que reciben al Salvador, se convierten en hijos de Dios. Son sus hijos espirituales, nacidos de nuevo, renovados en justicia y verdadera santidad. Su mente se ha cambiado. Con visión más clara contemplan las realidades eternas. Son adoptados en la familia de Dios, y se transforman conforme a su imagen; son cambiados por el Espíritu de gloria en gloria. Han cultivado un supremo amor por el yo, pero llegan a albergar un supremo amor por Dios y por Cristo…
Aceptar a Cristo como el Salvador personal y seguir su ejemplo de abnegación este es el secreto de la santidad (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1117).

 


Domingo 12 noviembre - Cuando el pecado abundó
Tenemos el relato animador de que Enoc caminó con Dios. Si Enoc caminó con Dios, en esa época de degeneración justamente antes de la destrucción del mundo por el diluvio, debemos recibir valor y ser estimulados con su ejemplo, en el sentido de que no necesitamos ser contaminados por el mundo, sino que, en medio de todas sus influencias y tendencias corruptoras, podemos caminar con Dios. Podemos tener la mente de Cristo.
Podemos llegar hasta Dios por medio de los méritos de Cristo, y Dios nos invita a que le llevemos nuestras pruebas y tentaciones, pues él las comprende todas… Así como un padre terrenal anima a su hijo para que vaya a él en todo momento, así también el Señor nos anima a deponer ante el nuestras necesidades y perplejidades, nuestra gratitud y nuestro amor. Cada promesa es segura. Jesús es nuestro Fiador y Mediador, y ha colocado a nuestra disposición todos los recursos para que podamos tener un carácter perfecto. La sangre de Cristo, con una eficacia permanente, es nuestra única esperanza, pues solo a través de sus méritos tenemos perdón y paz. Cuando la eficacia de la sangre de Cristo se convierta en una realidad para el alma mediante la fe en Cristo, el creyente hará que su luz brille en buenas obras, dando frutos para justicia (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6, p. 1116).
Si suponéis por un momento que Dios tratara livianamente al pecado, o hará provisiones, o excepciones, para que podáis seguir cometiendo pecados, sin que el alma sufra la penalidad por su conducta, estáis bajo un terrible engaño de Satanás. Cualquier violación voluntaria de la recta ley de Jehová expone vuestra alma a los desembozados asaltos de Satanás…
Recordad que la tentación no es pecado. Recordad que no importa cuán angustiosa sea la circunstancia en la cual un hombre este colocado, ninguna cosa puede realmente debilitar su alma, mientras no ceda a la tentación y mantenga su propia integridad. Los intereses más vitales para vosotros individualmente, están bajo vuestro propio cuidado. Nadie puede dañarlos sin vuestro consentimiento. Todas las legiones satánicas no pueden haceros daño, a menos que abráis vuestra alma a las artes y dardos de Satanás. Vuestra ruina nunca puede ocurrir a menos que vosotros consintáis. Si no hay contaminación de vuestra mente, toda la contaminación que os rodea no puede mancharos.
Debemos considerar la vida eterna por encima de todo, o no valdrá nada para nosotros. Solamente aquellos que desplieguen esfuerzos perseverantes y celo incansable, con intenso deseo de apropiarse del valor del objeto que persiguen, obtendrán esa vida que se mide con la vida de Dios…
Tenemos el ejemplo de Adán y Eva, y el resultado de su transgresión debe conducir a cada alma a evitar el pecado, a aborrecerlo como la cosa odiosa que es, y a pensar que, en vista de los sufrimientos que causa el pecado, es mejor perder todas las cosas, que apartarse en lo más mínimo de los mandamientos de Dios (Nuestra elevada votación, p. 96).
Lunes 13 de noviembre - Cuando el pecado reina
La justificación propia es el peligro de esta era; separa al alma de Cristo de los que confían en su propia justicia no pueden entender como la salvación viene por medio de Cristo. Al pecado llaman justicia, y a la justicia, pecado. No perciben la malignidad de la transgresión, ni comprenden el terror de la ley; porque no respetan la norma moral de Dios.
La razón por la cual hay tantas conversiones espurias en estos días es porque hay una estimación muy baja de la ley de Dios. En lugar de la norma divina de justicia, los hombres han erigido un patrón de su propia hechura por el cual miden el carácter. Ven a través de un vidrio, oscuramente, y presentan ante la gente ideas falsas acerca de la santificación, estimulando así el egotismo, el orgullo y la justificación propia… pero lo más bondadoso que se le puede predicar al pecador es la verdad de los requerimientos obligatorios de la ley de Dios. La fe y las obras deben ir de la mano; porque la fe sola, sin obras, es muerta (Fe y obras, p. 99).
El Señor hizo al hombre recto, pero este peco y se ha degradado, porque rehúsa rendir obediencia a las demandas sagradas de la Ley de Dios. Si las pasiones del hombre son apropiadamente controladas y correctamente orientadas, contribuirán para el bien de su salud física y moral, y le aseguraran felicidad en abundancia… No hay placer autentico para el transgresor de la Ley de Dios. Sabiendo esto, el Señor ha puesto restricciones al hombre. El dirige, comanda y categóricamente prohíbe… El Señor sabe muy bien que la felicidad de sus hijos depende de la sumisión a su autoridad, y de vivir en obediencia a su norma de gobierno santa, justa y buena (Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 113).
No podemos servir a Dios con un corazón dividido. La religión de la Biblia no es una influencia entre muchas otras; su influencia ha de ser suprema, impregnando y dominando todo lo demás. No ha de ser como un reflejo de color aplicado aquí y allá en la tela, sino que ha de impregnar toda la vida, como si la tela fuese sumergida en el color, hasta que cada hilo de ella quede tenido por un matiz profundo e indeleble…
El que desee conocer la verdad debe estar dispuesto a aceptar todo lo que ella revele. No puede transigir con el error. El vacilar y ser tibio en obedecer la verdad, es elegir las tinieblas del error y el engaño satánico.
Los métodos mundanales y los invariables principios de la justicia, no se fusionan imperceptiblemente como los colores del arco iris. Entre los dos, el Dios eterno ha trazado una separación amplia y clara. La semejanza de Cristo se destaca tanto de la de Satanás como el mediodía contrasta con la medianoche. Y únicamente aquellos que vivan la vida de Cristo son sus colaboradores. Si se conserva un pecado en el alma, o se retiene una mala práctica en la vida, todo el ser queda contaminado.
El hombre viene a ser un instrumento de iniquidad (El Deseado de todas las gentes, p. 279)
Martes 14 de noviembre 2017 - No bajo la Ley, sino bajo la gracia

No hay poder capaz de quebrantar el yugo del mal y libertar de él los corazones de los hombres, sino cl poder de Dios en Jesucristo… Solo la gracia de Cristo puede habilitarnos para resistir y dominar las inclinaciones de nuestra naturaleza caída.
El valor infinito del sacrificio requerido por nuestra redención da a conocer el hecho de que el pecado es un mal tremendo. Por causa del pecado, el organismo humano completo está en desarreglo, la mente pervertida, y la imaginación corrompida. El pecado ha degradado las facultades del alma. El corazón reacciona positivamente a las tentaciones de afuera, y los pies se apresuran imperceptiblemente hacia el mal.
Así como el sacrificio expiatorio en nuestro favor fue completo, también nuestra restauración de la contaminación del pecado ha de ser completa. La ley no excusa ningún acto de maldad; no hay injusticia que se escape de la condenación. La vida de Cristo fue un cumplimiento perfecto de todos los preceptos de la ley. Él dijo: “Yo he guardado los mandamientos de mi Padre”. Juan 15:10. Su vida es nuestra norma de obediencia y servicio (Maranata: el Señor viene, p. 93).
La voluntad del hombre es agresiva, y constantemente se esfuerza por someter todas las cosas a sus designios. Si se alista al lado de Dios y del bien, los frutos del Espíritu aparecerán en la vida, y Dios ha señalado gloria, honra y paz a cada persona que obra el bien.
Cuando se permite que Satanás moldee la voluntad, el la utiliza para cumplir sus fines.. .Estimula las propensiones al mal, despierta las pasiones y las ambiciones impías. Él dice: “Yo te daré todo este poder,
estos honores, riquezas y placeres pecaminosos”; pero, pone por condición la entrega de la integridad y el embotamiento de la conciencia. Así degrada las facultades humanas, y las pone en cautividad para obrar el mal (Nuestra elevada vocación, p. 155).
La sofistería de Satanás consiste en hacer creer que la muerte de Cristo trajo la gracia que reemplazo a la ley. La muerte de Cristo no cambia o anula o debilita en el menor grado la ley de los diez mandamientos.
Esa preciosa gracia ofrecida al hombre por medio de la sangre de Cristo, establece la ley de Dios. Desde la caída del hombre, el gobierno moral de Dios y su gratia son inseparables. Van de la mano a través de todas las dispensaciones. “La misericordia y la verdad se encontraron: la justicia y la paz se besaron”…
La obediencia a los estatutos y leyes divinas, significa la vida y prosperidad de su pueblo.
La influencia del evangelio de esperanza no llevara al pecador a ver la salvación de Cristo como un mero asunto de gracia gratuita que le permite seguir viviendo en la transgresión de la ley de Dios…
Reformara sus actos, se hará leal a Dios mediante la fuerza que obtenga del Salvador y vivirá una vida nueva y más pura.
Para los obedientes hijos de Dios, los mandamientos son una delicia” (The Faith I Live By, p. 89; parcialmente en La fe por la cual vivo, p. 91).

 


Miércoles 15 de noviembre - ¿Pecado u obediencia?

La santificación es una obra cotidiana. Que nadie se engañe pensando que Dios perdonara y bendecirá a los que están pisoteando uno de sus requerimientos. La comisión voluntaria de un pecado conocido, silencia el testimonio del Espíritu, y separa el alma de Dios. Cualquiera sea el éxtasis del sentimiento religioso, Jesús no puede morar en el corazón que desobedece la ley divina. Dios honrara a aquellos que lo honran (La edificación del carácter, p. 91).
Nadie puede servir a dos señores. Los hijos del maligno son los siervos de su señor, al cual se entregaron para obedecerle; son sus siervos, y no pueden ser siervos de Dios a menos que renuncien a todas sus obras. No puede ser inofensivo para los siervos del Rey celestial tomar parte en los placeres y diversiones en que participan los siervos de Satanás, aun cuando repitan a menudo que las tales diversiones son inocentes. Dios ha revelado verdades sagradas y santas que han de separar a sus hijos de los impíos y purificarlos para sí. Los adventistas del séptimo día deben vivir conforme a su fe. Los que obedecen los Diez Mandamientos consideran el estado del mundo y las cosas religiosas desde un punto de vista completamente diferente del que tienen los que profesan ser cristianos, pero son amantes de los placeres, rehúyen la cruz y viven violando el cuarto mandamiento (Testimonios para la
iglesia, t. 1, p. 358).
Una gran cantidad de los que profesan ser siervos de Cristo no lo son en realidad. Están engañando a sus almas para su propia destrucción. Mientras profesan ser siervos de Cristo, no viven en obediencia a su voluntad. ‘¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” Muchos, mientras profesan ser siervos de Cristo, obedecen a otro amo, trabajando diariamente en contra del Maestro al que profesan servir (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 394).
Encareced al tentado a que no mire a las circunstancias, a su propia flaqueza, ni a la fuerza de la tentación, sino al poder de la Palabra de Dios, cuya fuerza es toda nuestra. “En mi corazón —dice el salmista— he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. “Por la palabra de tus labios yo me he guardado de las vías del destructor”. Salmos 119:11; 17:4.
Muchos vencidos por la tentación se sienten humillados por sus caídas, y les parece inútil acercarse a Dios; pero este pensamiento es del enemigo. Cuando han pecado y se sienten incapaces de orar, decidles que es entonces cuando deben orar. Bien pueden estar avergonzados y profundamente humillados; pero cuando confiesen sus pecados, Aquel que es fiel y justo se los perdonara y los limpiara de toda iniquidad.
No hay nada al parecer tan débil, y no obstante tan invencible, como el alma que siente su insignificancia y confía por completo en los méritos del Salvador (El ministerio de curación, p. 136).

 


Jueves 16 de noviembre 2017 - Libres de pecado
En el corazón renovado el obedecer la voluntad de Dios será un principio fijo, porque habrá amor por lo que es justo y bueno y santo. No habrá duda, no se harán concesiones al gusto, ni se considerara la conveniencia, ni se seguirá un proceder simplemente porque otros así lo hagan. Todos debieran vivir independientemente. Las mentes renovadas por la gracia serán un instrumento receptivo, al que continuamente se le envía luz, gracia y verdad de lo alto, y que la transmite a otros. Sus obras son fructíferas. Su fruto es para santidad y tienen como fin la vida eterna (Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 434).
Cuando el hombre se coloca bajo el control de Dios, la voluntad adquiere fuerza y fortaleza para obrar el bien, el corazón es limpiado de egoísmo, y llenado del amor de Cristo. La mente se somete a la autoridad de la ley del amor y cada pensamiento es sometido a la obediencia de Cristo.
Cuando se pone la voluntad del lado del Señor, el Espíritu Santo se posesiona de aquella voluntad y la hace una con la voluntad divina.
El Señor ama al hombre. Él ha dado evidencia de este amor dando a su Hijo unigénito para que muriera por el hombre, para poder, mediante su gracia, redimirlo de su hostilidad hacia Dios, y conducirlo a la lealtad a él. Si el hombre quiere colaborar con Dios, el Señor pondrá la voluntad humana en relación con él, y la vitalizara por su propio Espíritu…El evangelio debe ser recibido para regenerar el corazón, y la recepción de la verdad significante la entrega de la mente y la voluntad a la voluntad
del poder divino.
La voluntad del hombre está segura, clínicamente cuando se une con la voluntad de Dios (Nuestra elevada votación, p. 106).
Satanás está contendiendo por las almas de los hombres y ha echado su diabólica sombra a través de nuestro camino, para que no percibamos la luz. No quiere que tengan una vislumbre del futuro honor y de las glorias eternas preparadas para los que serán habitantes del cielo, ni que prueben la experiencia que les daría un anticipo de la felicidad del cielo. Pero con los atractivos celestiales ante la mente para inspirar esperanza, despertar el deseo y estimular al esfuerzo, ¿como podremos rechazar la posibilidad y elegir el pecado y su paga, que es la muerte?
Los que aceptan a Cristo como su Salvador personal tienen la promesa de la vida presente y también de la venidera. El agente humano no debe ninguna parte de su legibilidad al servicio de Satanás; toda su lealtad es debido al Dios infinito y eterno. El más humilde discípulo de Cristo puede llegar a ser un habitante del cielo, heredero de Dios, de una herencia incorruptible que jamás se marchitara. ;Oh, que cada cual se decida a aceptar el don celestial, para que llegue a ser heredero de Dios, de esa .herencia cuyo título esta fuera del alcance de todo destructor, y que es un mundo sin fin! Oh, no elijáis el inundo; elegid la herencia mejor! Apresuraos y esforzaos para alcanzar la meta que es el premio de vuestra elevada votación en Cristo Jesús. Por el amor de Cristo, que el propósito de su educación sea forjado por el aliciente de un mundo mejor (The Review and Herald, 21 nov. 1893; parcialmente en (Maranata: el Señor viene!, pp. 368, 369).