Un pensamiento aberrante
En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? Romanos 6:2.


En ningún modo!" (Biblia deJerusalén). "¡Claro que no!" (Dios habla hoy). "¡Por supuesto que no!" (Paráfrasis, La Biblia al día). "¡De ninguna manera!" (Nueva Versión Internacional).

Como quiera que se traduzcan las palabras del texto original en griego, el resultado es el mismo: Pablo queda pasmado ante la sola idea de que los cristianos deban continuar viviendo en el pecado. La más contundente expresión de repudio del Nuevo Testamento en griego, aparece 14 veces en la Epístola de Pablo a los Romanos. Hasta ahora la ha usado en varios textos: 3:4, 6 y 31, y 6:2; pero aún habrá de emplearla seis veces más antes de concluir su carta (6:15; 7:7, 13; 9:14; 11:1, 11). La frase en cuestión proyecta indignación por el agravio, por el insulto que representa el hecho que alguien jamás pudiera considerar como sensata, semejante insensatez.

La sola idea de que el pecado pudiera, de alguna manera, ser agradable a Dios o un tributo a su honor, horrorizaba al apóstol. De ninguna manera se iba a poner a razonar con semejante estupidez. Así que, antes que responder con algún argumento en contra; prefirió formular una pregunta retórica: "Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?"

Ciertamente, es imposible para quien ha muerto al pecado continuar practicándolo como modo de vida. León Morris observa que "antes [los ahora creyentes] estaban muertos en sus delitos y pecados (Efesios 2:1); ahora, están muertos al pecado". Sólo la lógica más pervertida concluiría que para existir como tales los cristianos deberían vivir una vida de pecado.

"¿Cuál es la función de la gracia? —pregunta D. Martyn Lloyd-Jones—. ¿Permitirnos continuar pecando? ¡No! Es librarnos de la esclavitud y el reino del pecado, y ponernos bajo el dominio de la gracia".

En el texto de hoy, el tiempo del verbo "morir" sugiere una acción consumada en el pasado. Se refiere al hecho de que cuando aceptamos a Cristo, él nos dio un nuevo corazón y una nueva mente; de modo que ahora amamos lo que antes odiábamos, y odiamos lo que antes amábamos.

Con esto Pablo no dice que las personas convertidas nunca más cometen actos pecaminosos. Se refiere a la orientación de la vida del cristiano; el cristiano no vive orientado hacia el pecado. Procura la virtud. Cuando peca, por supuesto, la función condenatoria de la ley le impulsa a volver al pie de la cruz, para recibir gracia y perdón. Los cristianos no amamos el pecado; reconocemos su naturaleza destructiva. Anhelamos vivir en armonía con los principios de Dios; pero también sabemos que, si caemos en pecado, podemos recurrir a nuestro Padre Celestial, que tiene gracia abundante.


El bautismo es violento
¿0 no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Romanos 6:3.


Igo sorpresivamente, Pablo recurre a la imagen del bautismo para ilustrar lo que significa morir al pecado. A diferencia de otros vocablos utilizados con frecuencia en Romanos, la palabra bautismo no representa uno de los temas más absorbentes de Pablo. De las muchas veces que este término aparece en el Nuevo Testamento, sólo 13 son de su pluma, tres de las cuales encontramos en Romanos 6:3, 4.

En esta ocasión, sin embargo, la idea del bautismo proporciona la imagen perfecta para lo que Pablo quiere ilustrar; pues en realidad, no se trata de un término que evoca ideas o sentimientos placenteros. Significa hundir, sumergir, ahogar. Los escritores de la antigüedad solian utilizarlo para describir barcos hundidos o gente ahogada. Jesús mismo se refirió a este aspecto más bien violento del término, al hablar de su muerte como de un "bautismo" (Marcos 10:38; Lucas 12:50).

Ahora, en Romanos 6:4, el apóstol lo emplea para referirse a la muerte, como todo un modo de vivir. Más adelante, en el versículo 6, utilizará aun la crucifixión en relación con la muerte, de la misma manera en que Jesús lo hizo al instar a sus discípulos a tomar cada uno su cruz y dar la vida por él.

La conversión al cristianismo conlleva cierta violencia. Entramos a él por el bautismo, símbolo de muerte a la pasada manera de vivir. De ahí que en Romanos 6:2, 3, Pablo infiera que si una persona ha muerto al pecado, resulta ridículo pensar que todavía quiera vivir en él. Ningún cristiano genuino querría continuar viviendo una vida de pecado.

Al utilizar el término "bautismo", sin embargo, el apóstol introduce otro elemento. El bautismo no sólo representa la muerte a la antigua manera de pensar y de vivir. También significa "bautismo en Cristo Jesús". Como el propio Pablo señala en 1 Corintios12:13: "Por un solo Espíritu, fuimos todos bautizados en un cuerpo". Así, por el Espíritu, el creyente bautizado se integra al cuerpo de Cristo, representado en la tierra por la iglesia.

Por último, hay algo más que debemos notar respecto al texto de hoy; y es que los creyentes son "bautizados en su muerte". Cristo proveyó para nuestra justificación en la cruz, a través de su propia muerte. Se nos incorpora a ese evento en el momento en que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, escogiendo morir a la antigua vida de pecado; y se simboliza ese cambio siendo "bautizados en su muerte".

Desde ese momento, estamos en Cristo antes que en Adán, habiendo pasado de muerte a vida. Hemos muerto al pecado; y ahora vivimos para hacer la voluntad de Dios.


El símbolo perfecto
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Romanos 6:4.


EI bautismo es el símbolo perfecto tanto de la muerte a la antigua manera de vivir, como de la resurrección a la nueva. C. H. Dodd señala, acertadamente, que "la inmersión es una especie de entierro; mientras que emerger del agua es como una resurrección". El pasaje bíblico de hoy es uno de los más claros en cuanto al significado del bautismo en el Nuevo Testamento. Al bautizarse, el creyente no sólo es "sepultado" juntamente con Cristo en una fosa de agua, sino también "resucitado" de ella, tal como cuando Dios resucitó a Cristo de los muertos. Cualquier otra forma de bautismo carecería del simbolismo que le adjudica Pablo. En realidad, si en los días del apóstol el bautismo se hubiera administrado de cualquier otra manera (asperjando agua sobre el creyente, por ejemplo), Pablo no hubiera utilizado esta ilustración. No habría tenido sentido emplearla. La inmersión, sin embargo, ¡lustra perfectamente el proceso de muerte, entierro y resurrección, representado por todo nuevo cristiano, cuando se convierte en parte del cuerpo de Cristo.

Si Romanos 6:3 resalta el bautismo como símbolo exterior de la muerte a la antigua manera de vivir del creyente, el versículo 4 destaca el aspecto positivo de tal acto, pues el bautismo no sólo ¡lustra la muerte a la antigua manera de vivir, sino la resurrección a un nuevo modo de vida, basado en los principios de Dios.

Pablo afirma que, así como Cristo resucitó, también nosotros resucitamos con él, para que "andemos en vida nueva". El término "andemos" es importante aquí, porque no sólo expresa la idea de un proceso de comunión con Dios en marcha, sino también dirección, dado que todo aquel que anda tiene un objetivo en mente. Este pensamiento se amplía en 1 Juan 1:6, 7: "Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en |uz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado". De nuevo: "El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que permanece en él, debe andar como él anduvo" (1 Juan 2:4-6).

Pablo recalca en Romanos 6 que los cristianos hemos de andar con Dios en vida nueva, o sea, a la manera de Dios. Para el cristiano es imposible andar por el sendero del pecado como manera de vivir. Lo último que se le ocurriría sería abusar del don de la gracia de Dios.


Unidos a Cristo
Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección. Romanos 6:5.


!Juntamente con Cristo! Éste es un pensamiento poderoso. Quien ha aceptado a Cristo por fe, se ha unido a él, no sólo en una muerte a "semejanza" de la suya, sino también en una vida semejante a la suya. Pablo utiliza aquí la palabra "semejante", porque obviamente, nuestra experiencia no es idéntica a la de Cristo, sino sólo similar. Él, por ejemplo, murió y resucitó físicamente, mientras que nosotros morimos espiritualmente a una vida de pecado, y resucitamos espiritualmente para andar con Dios.

Comentando la expresión "juntamente" —o "unidos" (como dicen otras versiones de las Escrituras)— William Sanday y Arthur Headlam señalan que "este término expresa exactamente el proceso por el cual el injerto se une a la vida del árbol. Del mismo modo, el cristiano se 'injerta' en Cristo". Aunque el concepto en cuestión es más amplio que el de injertar, esta bella metáfora nos ayuda a comprender la relación del cristiano con Cristo. La unión entre ambos es la más estrecha; del mismo modo como la vid nutre al injerto con su savia, Cristo suple las necesidades de quienes por fe hemos aceptado su sacrificio y le hemos entregado nuestras vidas. La vida espiritual del creyente no se origina en sí mismo; proviene de Cristo. De ahí que, paso a paso, la vida cristiana dependa enteramente de la unión del creyente con Cristo; del mismo modo que, para sobrevivir, el injerto depende enteramente de su unión con la vid.

Nótese que las ramas abandonadas a su suerte, al lado de la vid, no reciben alimento. Las que están cerca no obtienen los elementos nutritivos que sólo la vid puede dar.

Sin embargo, algunos cristianos que necesitarían estar unidos a Cristo, nunca lo están lo suficiente como para recibir de él la energía y el entusiasmo que anhelan. Más de una vez me pregunto si estoy realmente unido a la vid, o si únicamente ando por sus alrededores. ¿Cuánto tiempo paso, cada día, en comunión con Cristo, por medio de la oración, de la lectura de su Palabra o de la meditación?

No es de extrañar que algunos de nosotros padezcamos de anemia espiritual.

Hoy, amado Señor, quiero volver a consagrarme a ti. A partir de hoy quiero dedicar tiempo, diariamente, a la comunión contigo, para que pueda verdaderamente, experimentar la unión contigo a la que alude Pablo.


Crucificados con Cristo
Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él. Romanos 6:6.


Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena: 'ven y muere'." Las palabras de Dietrich Bonhoeffer reflejan la prueba esencial del discipulado. Bonhoeffer lo sabia. Murió por Cristo.

Muchos años antes, en Cesarea de Filipo, Pedro representó el papel del tentador frente a Cristo, al reconvenirle instándolo a que no muriera. Sin embargo, tras reprender a Pedro llamándolo Satanás, Jesús les dio a los discípulos una de sus enseñanzas más difíciles de asimilar: "Si alguno quiere venir en pos de mi, niegúese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mi, la hallará" (Mateo 16:24, 25).

La gente de hoy desconoce el significado desolador que ha de haber tenido este pasaje para los apóstoles. La idea de ser crucificado no aporta demasiado a la imaginación del siglo XXI. Nunca hemos visto una crucifixión real. Para nosotros, esa palabra es historia: esté muerta; pero no era así para los discípulos. Cuando veían un contingente de soldados romanos escoltando a un hombre que cruzaba el pueblo cargando una cruz o arrastrando parte de ella, sabían que su viaje era de ¡da. Veían en la cruz, la perspectiva de la más cruel y humillante de las muertes; una que las autoridades romanas estaban más que dispuestas a dar, para mantener bajo control las regiones problemáticas, como Palestina.

Para Jesús y sus discípulos, la cruz significaba, lisa y llanamente, crucifixión. Simbolizaba una sola cosa: muerte.

Cuando Pablo habla de "nuestro viejo hombre", se refiere a nuestra actitud y estilo de vida egocéntricos, por los cuales colocamos nuestro propio ser como centro de nuestra existencia, y nuestros deseos y placeres, antes que a Dios y las necesidades ajenas.

Cristo tuvo su cruz, y nosotros, la nuestra. El murió en la ^uya a causa de nuestros pecados, en los que no había participado; y nosotros morimos en las nuestras a todo orgullo, confianza propia y egoísmo, para que podamos participar de su vida.

Según Pablo afirma en el texto de hoy (6:6), quien ha sido crucificado con Cristo no tendrá el más mínimo deseo de vivir una vida de pecado. No sólo está muerto al pecado, sino vivo "para Dios en Cristo Jesús". Por eso, jamás se le ocurrirá la idea de perseverar en el pecado para que la gracia abunde (6:1). Antes, haré todo lo posible para andar en los caminos de Dios.