Cuarta etapa de nuestro viaje con Pablo
Que pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? Romanos 6:1.


Hasta ahora, recorrimos ya tres etapas de nuestro viaje con Pablo a través de Romanos. En la primera, nos encontramos con él y con los romanos, y consideramos las razones que lo impulsaron a escribirles (1:1-17). En la segunda, asistimos a su presentación sobre la universalidad del problema del pecado —hecho que confirmó ante judíos y gentiles— por lo cual vimos que todos estamos bajo la condenación de la ley y su consecuente sentencia de muerte (1:18 - 3:20). Y en la tercera, lo acompañamos en su enérgica exploración de la solución de Dios al problema del pecado: la justificación por gracia, a través de la fe. ¡Movió cielo y tierra para demostrar que la salvación es un don de Dios! (3:21 - 5:21).

Ahora nos disponemos a iniciar la cuarta etapa de este viaje fascinante por Romanos. Pablo ya nos ha mostrado cómo Dios justifica a los pecadores. En los próximos tres capítulos (6 al 8), nos mostrará cómo los justificados deberían vivir.

La doctrina de Pablo sobre la salvación como don de Dios fue no sólo revolucionaria, sino controversiaI. "Si todo depende de lo que Dios ha hecho; si nuestros logros no ameritan nuestra justificación ni contribuyen en absoluto a que Dios la conceda, ¿de qué sirve o qué importa cómo vivimos?" Razonamientos y preguntas como éstos son inevitables cuando uno se da cuenta de que Dios ha provisto absolutamente todo para nuestra justificación.

A veces provienen de creyentes genuinos, que verdaderamente buscan saber cómo deben vivir los que son salvos por gracia. Sin embargo, también las formulan a manera de objeciones, quienes quieren vivir disipadamente; y los que nada más procuran demostrar la irresponsabilidad de la teología de Pablo, que, según creen, conduce al antinomianismo (desorden, oposición a la ley).

A la luz de Romanos 6:1, parecería que, en su respuesta, Pablo ha tenido en mente estos dos últimos grupos, cuya lógica funciona más o menos así: 1) Pablo asevera que la ley, por cuyo medio es el conocimiento del pecado (3:20), hace que éste abunde (5:20); 2) más pecado equivale a más gracia; 3) por lo tanto, sigamos pecando, para que la gracia crezca y Dios sea glorificado aún más por la sobreabundancia de su gracia (6:1; 3:8).

Semejante razonamiento invalidaría la teología de Pablo entre los pensadores de verdad, mientras que daría pie a la vida licenciosa entre los irresponsables e hipócritas.

Como pronto habremos de ver, Pablo rechazará decididamente esta perversión del evangelio; a la vez que proporcionará información esencial acerca de cómo ha de vivir el creyente justificado.