Notas EGW

Lección 6 - Adán y Jesús


Sábado 4 de noviembre

El unigénito Hijo de Dios era el único que podía librar a los que estaban sujetos a Satanás por el pecado de Adán.
El Hijo de Dios accedió a que Satanás ensayara todas sus estratagemas contra Él. El enemigo había tentado a los ángeles en el cielo y después al primer Adán. Este cayo, y Satanás supuso que tendría éxito en entrampar a Cristo después que el asumiera la humanidad. Toda la hueste contemplo esta lucha como la oportunidad de obtener la supremacía sobre Cristo. Habían anhelado tener la ocasión de mostrar su enemistad contra Dios. Cuando los labios del Maestro fueron sellados por la muerte, Satanás y sus ángeles imaginaron que habían obtenido la victoria…
En esta lucha mortal el Hijo de Dios podía depender únicamente de su Padre celestial; todo fue por la fe. El mismo era el rescate, el don dado para la liberación de los cautivos. Por su propio brazo había traído salvación a los hijos de los hombres, pero ¡a que costo para sí mismo! (Alza tus ojos, p. 355).
Cuando Dios perdona al pecador, le condona el castigo que merece y lo trata como si no hubiera pecado, lo recibe dentro del favor divino y lo justifica por los méritos de la justicia de Cristo. El pecador solo puede ser justificado mediante la fe en la expiación efectuada por el amado Hijo de Dios, que se convirtió en un sacrificio por los pecados del mundo culpable. Nadie puede ser justificado por ninguna clase de obras propias. Puede ser liberado de la culpabilidad del pecado, de la condenación de la ley, del castigo de la transgresión solo por virtud de los sufrimientos, muerte y resurrección de Cristo. La fe es la clínica condición por la cual se puede obtener la justificación, y la fe implica no solo creer, sino confiar…
La fe que es para salvación no es una fe casual, no es el mero consentimiento del intelecto; es la creencia arraigada en el corazón que acepta a Cristo como a un Salvador personal… Cuando el alma se aferra de Cristo como de la única esperanza de salvación, entonces se manifiesta la fe genuina. Esa fe induce a su poseedor a colocar todos los afectos del alma en Cristo (A fin de conocerlo, pp. 110, 111).
Habrá paz, constante paz fluyendo del alma, porque el reposo se encuentra en la perfecta sumisión a Jesucristo. La obediencia a la voluntad de Dios genera verdadero descanso. El discípulo que anda en los humildes pasos del Redentor, encuentra el reposo que el mundo no puede darle ni quitarle. “Tú le guardaras en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado”. Isaías 2 6 : 3 (Mente, carácter y personalidad, t. 2, p. 833).


Domingo 5 de noviembre - Justificados por la fe
Dios será para nosotros todo lo que le permitamos ser. Nuestras oraciones lánguidas y sin entusiasmo no tendrán respuesta del cielo.
¡Oh, necesitamos insistir en nuestras peticiones! Pedid con fe, esperad con fe, recibid con fe, regocijaos con esperanza, porque todo aquel que pide, encuentra. Seamos fervientes. Busquemos a Dios de todo corazón.
La gente empeña el alma y pone fervor en todo lo que emprende en sus realizaciones temporales, hasta que sus esfuerzos son coronados por el éxito. Con intenso fervor, aprended el oficio de buscar las ricas bendiciones que Dios ha prometido, y con un esfuerzo perseverante y decidido tendréis su luz, y su verdad, y su rica gracia.
Clamad a Dios con sinceridad y alma anhelante. Luchad con los gentes celestiales hasta que obtengáis la victoria. Poned todo vuestro ser, nuestra alma, cuerpo y espíritu en las manos del Señor, y resolved que seréis sus instrumentos vivos y consagrados, movidos por su voluntad, controlados por su mente, e imbuidos por su Espíritu (Nuestra elevada vocación, p. 133).
En esta vida debemos arrostrar pruebas de fuego y hacer sacrificios costosos, pero la paz de Cristo es la recompensa. Ha habido tan poca abnegación, tan poco sufrimiento por amor a Cristo, que la cruz queda casi completamente olvidada. Debemos participar de los sufrimientos de Cristo si queremos sentarnos en triunfo con el sobre su trono. Mientras elijamos la senda fácil de la complacencia propia y nos asuste la abnegación, nuestra fe no llegara nunca a ser firme, y no podremos conocer la paz de Jesús ni el gozo que proviene de una victoria consciente. Los más encumbrados de la hueste redimida que estarán vestidos de blanco delante del trono de Dios y del Cordero, habrán conocido el conflicto necesario para vencer, porque habrán pasado por la gran tribulación. Los que hayan cedido a las circunstancias en vez de empeñarse en este conflicto, no sabrán como subsistir en aquel día…
¡Ojala que tengamos fe viva y activa! La necesitaremos; debemos tenerla, o desmayaremos y caeremos en el día de la prueba. Las tinieblas que descansaran entonces sobre nuestra senda, no deben desalentarnos ni desesperarnos. Son el velo con que Dios cubre su gloria cuando viene a impartir ricas bendiciones. Por nuestra experiencia pasada, debemos saber esto (Testimonios para la iglesia, t. 5, pp. 199, 200).
La paciencia, cuando hay pruebas, evitara que digamos y hagamos aquellas cosas que herirán nuestras propias almas, y herirán a aquellos con quienes nos relacionamos. No importa cuántas sean vuestras pruebas, ninguna cosa podrá dañaros seriamente si ejercitáis la paciencia, si manifestó calma y serenidad cuando estáis en situaciones difíciles…
La paciencia debe realizar su obra perfecta, o no podremos ser perfectos y completos, sin que nada nos falte. Se nos han señalado dificultades y aflicciones, que nosotros debemos soportar pacientemente, ¿O bien amargaremos a todos con nuestras quejas? El oro se pone en el crisol para quemar la escoria. ¿No seremos nosotros pacientes bajo el ojo del refinador? Debemos rehusar hundirnos en un estado mental deprimido y desconsolado; debemos mostrar una tranquila confianza en Dios, experimentando gozo cuando se nos permite soportar las pruebas por Cristo (Nuestra elevada vocación, p. 72).

Lunes 6 de noviembre - Cuando todavía eramos pecadores


No porque le hayamos amado primero nos amó Cristo a nosotros… La gracia es un atributo de Dios puesto al servicio de los seres humanos indignos. Nosotros no la buscamos, sino que fue enviada en busca nuestra. Dios se complace en concedernos su gracia, no porque seamos dignos de ella, sino porque somos rematadamente indignos. Lo único que nos da derecho a ella es nuestra gran necesidad.
Por medio de Jesucristo, el Señor Dios tiende siempre su mano en señal de invitación a los pecadores y caídos. A todos los quiere recibir.
A todos les da la bienvenida. Se gloria en perdonar a los mayores pecadores. Arrebatara la presa al poderoso, libertara al cautivo, sacara el tizón del fuego. Extenderá la cadena de oro de su gracia hasta las simas más hondas de la miseria humana, y elevara al alma más envilecida por el pecado.
Todo ser humano es objeto del interés amoroso de Aquel que dio su vida para convertir a los hombres a Dios (El ministerio de curación, p. 119).
Cristo y el crucificado debiera llegar a ser el tema de nuestros pensamientos, debiera despertar las más profundas emociones de nuestra alma. Los verdaderos seguidores de Cristo apreciaran la gran salvación que el logro para ellos; y dondequiera que él los guie, ellos lo seguirán.
Consideraran un privilegio llevar cualquier carga que Cristo pueda colocar sobre ellos. Es solo por medio de la cruz como podemos estimar el valor del alma humana. Es tan grande el valor de los hombres por quienes Cristo murió que el Padre está satisfecho con el precio infinito que el paga por la salvación del hombre al entregar a su propio Hijo para morir por su redención. ¡Qué sabiduría, que misericordia y que amor en su plenitud se manifiestan aquí! El valor del hombre se comprende solo al ir al Calvario. En el misterio de la cruz de Cristo podemos estimar el valor del hombre (Exaltad a Jesús, p. 236).
Los ojos de Adán y Eva fueron realmente abiertos, pero ¿para qué?
Para ver su propia vergüenza y ruina, para comprender que el ropaje de luz celestial que los había protegido ya no los rodeaba como una salvaguardia. Sus ojos se abrieron para ver que su desnudez era el fruto de la transgresión. Cuando oyeron a Dios en el jardín se ocultaron de él, porque anticipaban aquello que antes de su caída no habían conocido: la condenación de Dios…
Dios ha declarado que el único medio de seguridad para el hombre es la completa obediencia a todas sus palabras. No debemos intentar el experimento de probar el mal camino, con todos sus resultados. Esto traerá debilidad mediante la desobediencia. El plan de Dios era dar al hombre claridad de visión en toda su obra (Conflicto y valor, p. 20).
Martes 7 de noviembre - Muerte por el pecado

El cielo se entristeció al comprender que el hombre estaba perdido que el mundo creado por Dios iba a poblarse de mortales condenados a I. seria, la enfermedad y la muerte, sin remisión para el ofensor. Toda la familia de Adán debía morir. Vi al amable Jesús y contemple una expresión de simpatía y tristeza en su semblante. Luego lo vi acercarse a la deslumbradora luz que envolvía al Padre. El ángel que me acompañaba dijo: “Esta en intimo coloquio con su Padre”… [Cuando] salió de junto al Padre, y fue posible ver su persona. Su semblante era tranquilo, exento de perplejidad y duda, y resplandecía de amor y benevolencia inefables. Dijo entonces a los ángeles que se había hallado un medio para salvar al hombre perdido; que había estado intercediendo con su Padre, y había ofrecido dar su vida como rescate y cargar el mismo con la sentencia de muerte, a fin de que por su intervención pudiesen los hombres encontrar perdón; para que por los méritos de la sangre y la obediencia de el a la ley de Dios, ellos obtuviesen el favor del Padre y volviesen al hermoso huerto para comer del fruto del árbol de vida (Primeros escritos, p. 149).
Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José; resucito y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1. El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y esto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado en favor del hombre. El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de la aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre. Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios.
Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en “el Señor, nuestra justicia”…
Nunca podemos alcanzar la perfección por medio de nuestras propias obras buenas. El alma que contempla a Jesús mediante la fe, repudia su propia justicia. Se ve a sí misma incompleta, y considera su arrepentimiento como insuficiente, débil su fe más vigorosa, magro su sacrificio más costoso; y se abate con humildad al pie de la cruz. Pero una voz le había desde los oráculos de la Palabra de Dios. Con asombro escucha el mensaje: “Vosotros estáis completos en él”. Ahora todo está en paz en su alma. Ya no tiene que luchar más para encontrar algún mérito en sí mismo, alguien acto meritorio por medio del cual ganar el favor de Dios (Fe y obras, pp. 111, 112).
El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos muertos. Por sus palabras y por sus obras, se declare el Autor de la resurrección.
El que iba a morir pronto en la cruz, estaba allí con las llaves de la muerte, vencedor del sepulcro, y aseveraba su derecho y poder para dar vida eterna (El Deseado de todas las gentes, p. 489).

 


Miércoles 8 de noviembre: - Desde Adán hasta Moisés

A consecuencia del pecado de Adán, la muerte paso a toda la raza humana. Todos descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salvación, todos saldrán de los sepulcros.
“Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos”. Hechos 24:15. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados”. 1 Corintios 15:22. Pero queda sentada una distinción entre las dos clases que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal a resurrección de condenación”. Juan 5:28, 29. Los que hayan sido “tenidos por dignos” de resucitar para la vida son llamados “dichosos y santos”. “Sobre los tales la segunda muerte no tiene poder”. Apocalipsis 20:6 (VM). Pero los que no hayan asegurado para sí el perdón, por medio del arrepentimiento y de la fe, recibirán el castigo señalado a la transgresión: “la paga del pecado”.
Así se pondrá fin al pecado y a toda la desolación y las ruinas que de él procedieron (El conflicto de los siglos, pp. 532, 533).
La muerte entro en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra oportunidad. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurarle al hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para que el pecado llegara a ser un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Sufrió plenamente la sanción que merecía el quebrantamiento de la ley por parte del mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que reanudaran su lealtad y guardaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo (Testimonios para los ministros, p. 134).
Satanás se alegró muchísimo de haber conseguido éxito al lograr que Moisés pecara contra Dios. Por causa de esa transgresión cayó bajo el dominio de la muerte. Si hubiera seguido siendo fiel, y su vida no hubiera sido malograda por esa única transgresión, al no dar gloria a Dios cuando salió agua de la roca, podría haber entrado en la tierra prometida y haber sido trasladado al cielo sin pasar por la muerte (La
historia de la redención, p. 177).
La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundo, sobreabundo la gracia de Dios. La tierra misma, el campo que Satanás ni lama como suyo, ha de quedar no solo redimida sino exaltada.
Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha obscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios. Aquí, donde el Hijo de Dios habito en forma humana; donde el Rey de gloria vivió, sufrió y murió; aquí, cuando renueve todas las cosas, estará el tabernáculo de Dios con los hombres, “morara con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos”. Y a través de las edades sin fin, mientras los redimidos anden en la luz del Señor, le alabaran por su Don inefable: Emmanuel; “Dios con nosotros” (El Deseado de todas las gentes, p. 18).


Jueves 9 de noviembre: - Jesús, el segundo Adán

En el momento cuando [el hombre] rehusó obedecer las leyes del reino de Dios, en ese momento se volvió desleal al gobierno del Creador y se hizo enteramente indigna de todas las bendiciones con que el la había favorecido.
Esta era la situación de la raza humana después que el hombre, por su transgresión, se divorció de Dios. Entonces ya no tenía más derecho a una bocanada de aire, a un rayo de sol o a una partícula de alimento. Y la razón por la cual el hombre no fue aniquilado, fue porque Dios lo amo de tal manera que otorgo el don de su amado Hijo para que el sufriera la penalidad de la transgresión. Cristo estuvo dispuesto a convertirse en el fiador y sustituto del hombre a fin de que este, mediante su incomparable gracia, pudiera tener otra oportunidad —una segunda prueba—, teniendo la experiencia de Adán y Eva como una advertencia para que no transgredieran la ley de Dios como ellos lo hicieron. Y en cuanto el
hombre disfruta las bendiciones de Dios en la dadiva del sol y la dadiva del alimento, debería inclinarse delante del Hacedor en agradecido reconocimiento de que todas las cosas provienen de él. Todo lo que se le devuelve a Dios es tan solo su propiedad, que él nos ha concedido (Fe y obras, p. 19).
El Hijo de Dios se colocó en lugar del pecador, y camino por el mismo terreno en donde Adán peco; y soporto la tentación en el desierto, que era cien veces más fuerte de lo que alguna vez tendría que soportar la raza humana. Jesús resistió las tentaciones de Satanás de la misma manera en que cualquier alma tentada puede resistir, remitiéndolo al registro inspirado, y diciendo: “Escrito esta”.
Cristo venció como hombre las tentaciones. Cada hombre puede vencer como Cristo venció. Él se humillo a si mismo por nosotros. Fue tentado en todo punto, así como nosotros. Redimió el desgraciado fracaso de la caída de Adán, y fue vencedor, testificando así ante todos los mundos no caídos y ante la humanidad caída, que el hombre podía guardar los mandamientos de Dios por medio del poder divino que el cielo le concedía. Jesús, el Hijo de Dios, se humillo por nosotros, soporto la tentación por nosotros, y venció en nuestro favor para mostrarnos como podemos vencer. Así vinculo sus intereses divinos con la humanidad, con los lazos más estrechos; y ha dado la positiva seguridad de que no seremos tentados más de lo que podemos soportar, sino que con la tentación dará una vía de escape (Mensajes selectos, t. 3, p. 154).